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jueves, 7 de octubre de 2021

Más jóvenes "ni-nis" (sin salida)

Todo el mundo sabe, por sus hijos y nietos, que los jóvenes no lo tienen fácil, tras sufrir dos crisis en una década. Pero el último dato de la OCDE es escalofriante: 1 de cada 5 jóvenes españoles de 18 a 24 años ni estudia ni trabaja. Son 666.252 “ni-nis”. Y si miramos a los de 15 a 29 años, salen 1.510.511 jóvenes “ni-nis”. Son más que antes de la pandemia y el peor dato en Europa tras Italia. El problema no es tanto que el 46% de estos “ni-nis” no estudien (menos que en Europa) sino que la mayoría (54%) no trabajan. Y no porque no busquen  trabajo (lo buscan) sino porque no lo encuentran. Tardan más que en Europa en trabajar y cuando lo hacen, dos tercios sólo consiguen contratos temporales y mal pagados. La solución es formarles mejor y ayudarles a conseguir su primer empleo, lo que pretende el nuevo Plan de Garantía Juvenil 2021-2027.  Pero es insuficiente: urge un Plan de choque. Hay que dar una salida a los jóvenes.

Enrique Ortega

La pandemia ha afectado negativamente a la economía de casi todos, pero especialmente a los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes. Y sobre todo, ha agravado la situación de los jóvenes de 26 a 36 años, “la generación de las 2 crisis” (la de 2008-2013 y la de 2020-21). Pero hay un grupo de jóvenes que preocupa especialmente, los llamados “ni-nis”, que ni estudian ni trabajan. Eran ya un número importante en 2010(el 20% de “ni-nis” entre 16 a 29 años), porque muchos jóvenes habían dejado sus estudios para trabajar en la construcción o en la hostelería, pero luego, con la anterior crisis, el porcentaje creció hasta un máximo del 22,5% de “ni-nis” en 2013. Y a partir de ahí, con la mejora de la economía, bajaron hasta un mínimo  del 14,9% de ni-nis en 2019. Pero con la pandemia, volvieron a crecer los jóvenes (16-29 años) que ni estudian ni trabajan: el 17,3% en 2020, según la EPA.

De hecho, España es el país europeo donde más han crecido los “ni-nis” en 2020, según el informe de la OCDE publicado en septiembre, “Education at a Glance 2021”: aumentaron un +14,4% frente a un +10,7% en Europa (UE-22) y +16,1% en la OCDE (37 paises). Y además, España es el 2º país de Europa con más “ni-nis” (tras Italia) y el 4º del mundo (tras Brasil, México e Italia). Con datos de 2020, España tenía un 19,9% de ni-nis entre los jóvenes de 18 a 24 años (son 666.252 jóvenes), frente al 13,3% Europa (UE-22) y el 15,1% la OCDE, destacando los porcentajes altos de Brasil (35,9%), México (23,4%) e Italia (35,9%) y los muy bajos de Holanda (7,6%), Alemania (8,1%), Noruega (8,8%) y Suecia (9,4%). Y si ampliamos la franja de edad, entre los 15 y los 29 años, España sigue como el tercer país del mundo con más ni-nis (tras Italia y México), con un 20,7% (1.510.511 jóvenes que ni estudian ni trabajan), por  delante la UE-22 (13,6% de “n-nis”) y de la OCDE (13,6%), según el informe.

Los “ni-nis” incluyen a los jóvenes que ni estudian ni trabajan (porque no buscan trabajo o porque lo buscan y no lo encuentran). ¿Qué porcentaje supone cada uno de los dos problemas? El informe de la OCDE lo deja claro y evidencia que en España, el problema de los ni-nis es más “laboral” que “educativo”. Así, centrándonos en los jóvenes de 18 a 24 años que son ni-nis (el 19,9% en España), menos de la mitad (un 46%, el 9,2% de los jóvenes de esa edad) son inactivos, no buscan trabajo (básicamente porque cuidan hijos o familiares, están enfermos o trabajan en la economía sumergida), mientras el 10,7% (el 56% de los ni-nis) no trabajan porque no pueden, porque no encuentran empleo aunque lo buscan. Sin embargo, en Europa (UE-22) y la OCDE la situación es diferente: el 60% de los ni-nis son inactivos, no buscan empleo, la mayoría mujeres que cuidan hijos o familiares o que ni pretenden trabajar. Concretamente, en todos los paises de la OCDE, salvo España, Portugal y Francia, hay más jóvenes “ni-nis” inactivos que parados buscando empleo.

Otra forma de ver que el problema de los “ni-nis” es más laboral que educativo es mirar lo que hacen los jóvenes de 18 a 24 años, según los datos que aporta la OCDE. En España, el 58,9% de esos jóvenes (3.348.002 en 2020) están estudiando, un porcentaje muy similar al de los jóvenes europeos (58,5% están educándose) y algo más que en la OCDE (53,2% jóvenes estudian). Sin embargo, al mirar cuántos jóvenes (18 a 24 años) trabajan, en España son sólo el 21,3%, frente al 28,1% en la UE-22 y el 31,8% en la OCDE. Y hay paises donde los jóvenes trabajan aún más, como Reino Unido (43%), Noruega (40%), Suecia (33,4%), Portugal (31,5%), Irlanda (30,3%) o Alemania (28,7%). En definitiva, en España hay un porcentaje similar de jóvenes estudiando pero mucho menos trabajando, la razón básica por la que tenemos más ni-nis. Aunque también tenemos más “abandono escolar” (jóvenes que no completaron la 2ª etapa de Secundaria, que no acabaron Bachillerato o FP): son el 16% de los jóvenes españoles (18 a 24 años), frente al 10,2% de media en Europa.

En consecuencia, reducir el porcentaje de “ni-nis” en España pasa por actuar en dos frentes: reducir el abandono escolar temprano (evitar que los jóvenes abandonen los estudios antes de terminar Secundaria), lo que exige reducir el número de repetidores y reforzar a los alumnos con problemas, y, sobre todo, conseguir que haya más jóvenes trabajando, el problema más grave. Porque actualmente, los jóvenes españoles tienen una tasa de empleo muy inferior a la del resto de Europa y la OCDE, según el informe “Education at a Glance”. Y eso pasa en todos los jóvenes, tengan más o menos formación. Entre los jóvenes universitarios (18 a 24 años), en España trabajan el 75% frente al 83% con empleo en la UE-22 o la OCDE (y el 88% en Alemania). Entre los jóvenes con Bachillerato hecho o FP, trabajan el 65% en España y el 76% en la UE o la OCDE. Y entre los jóvenes con la ESO o menos, trabajan sólo el 58% en España, similar a la OCDE y más que en la UE (56%).

Los jóvenes trabajan menos en España por el modelo económico español (que ofrece menos empleo a todos: el 69% de los españoles de cualquier edad trabajan frente al 77% en la UE y el 82% en Alemania) y, sobre todo, porque tienen más dificultades para acceder a un empleo, según el informe de la OCDE. Así, un 28% de los  licenciados en España (los jóvenes con más empleo) siguen en paro a los 4-5 años de terminar sus estudios, mientras en la UE y en la OCDE sólo están en paro un 12% tras esos años. De hecho, la tasa de empleo de los jóvenes en España (16-24 años) es el 38,4%, casi la mitad que la del conjunto de españoles (63,5% de las personas de 16 a 64 años trabajaban en junio 2021, según la EPA).

Y además de tener muchas dificultades para conseguir su primer empleo, los jóvenes en España consiguen trabajos muy precarios y mal pagados. Lo más escandaloso es el altísimo porcentaje de contratos temporales que tienen: un 67,9% de los jóvenes que trabajan (16 a 24 años) tienen contratos temporales, frente al 25,1% en el conjunto de trabajadores, según datos de Trabajo. Y lo peor es que el 67,2% son “temporales involuntarios”, los cogen porque no tienen otra cosa (en la eurozona, son el 26,3%). Y los jóvenes duplican los contratos a tiempo parcial, por horas o días: un 41,28 de sus contratos, frente al 24,4% en el conjunto de los trabajadores. Y aquí también, el 43,5 % tienen estos contratos de forma “involuntaria”, sin escogerlos, frente al 21,4% entre los jóvenes europeos.

Y luego están los sueldos, que en muchos casos no llegan ni a “mileuristas”. Si el sueldo medio anual (bruto) es en España de 24.395 euros (2019), según el INE, los jóvenes menores de 20 años ganan dos tercios menos (9.101 euros brutos anuales), los de 20 a 24 años la mitad (12.640 euros) y los de 25 a 29 años, más de una cuarta parte menos (17.772 euros brutos anuales). Además, los jóvenes que han empezado a trabajar en la última década ganan menos que antes de la crisis: en 2018, el sueldo medio de los menores de 30 años era 12.954 euros anuales, un 5,66% menos de lo que ganaban en 2010 (13.732), según denuncia UGT con datos del INE. Y los que entraron a trabajar en 2013 cobraban un -7,2% menos que los jóvenes que empezaron a trabajar en 2007. Y ahora, tras la pandemia, los sueldos de los jóvenes se verán lastrados a la baja durante 15 años, según Fedea.

Un panorama poco halagüeño para los jóvenes que sí trabajan, aunque es peor para los jóvenes en paro, que son todavía un 33% de los menores de 25 años (451.000 jóvenes a finales de agosto), más del doble que la media europea (16,2% de paro juvenil) y el peor dato de toda Europa, alejado incluso de Grecia (30,8% de paro juvenil), Italia (27,3%) o Portugal (22,6%) y muy lejos del paro juvenil de Alemania (7,5%) o Francia (19,9%), según Eurostat. Y un paro juvenil que se ha agravado con la pandemia: hay 134.400 jóvenes más en paro (menos 25 años)  ahora que a finales de 2019, según la última EPA.

Volviendo a los “ni-nis”, los jóvenes que ni estudian ni trabajan, la clave para que salgan de esa situación es mejorar su formación, según la mayoría de los expertos. Porque la formación de los jóvenes españoles es peor que la del resto de Europa y la OCDE, según el último informe “Education at a Glance”: entre los 25 y 34 años, tenemos más universitarios que Europa (47,4% de estos jóvenes frente a 44,5% en la UE-22) y la OCDE (45,5%), pero la mitad de jóvenes con mediana formación, con el Bachillerato o la FP (24,3% frente al 43,1% en la UE-22 y el 40,2% en la OCDE) y también más jóvenes con poca formación, con la ESO o menos (28,3% en España frente al 12,3% en la UE-22 y el 14,8% en la OCDE). Y eso explica, en buena medida, que nuestros jóvenes trabajen aquí menos que fuera: a más nivel de formación, más acceso al empleo, según el informe de la OCDE.

Esta mejora de la formación de los jóvenes, sobre todo de los “ni-nis”, pasa por completar la formación de los que no han terminado Bachillerato y FP (“repescarlos”) y por redirigir a más jóvenes a la Formación Profesional, tras la ESO: España tiene un bajo porcentaje de jóvenes en FP (el 33% de los titulados en Secundaria), frente a la media europea (46,3% jóvenes Secundaria hacen FP en la UE-23) y a paises como Alemania (44,2%), Italia (58%) o Reino Unido (62,6% de los titulados), paises con una elevada tasa de empleo joven. Eso obliga a crear más plazas públicas en Formación Profesional, donde este curso han faltado 50.000.  Y además, urge reconvertir la formación universitaria, para conseguir una enseñanza más ligada a lo que piden las empresas y evitar la baja empleabilidad de los licenciados.

Frente al grave problema de los “ni-nis”, la Comisión Europea creó en 2013 la Garantía Juvenil, un sistema por el que se hacía una oferta a los jóvenes europeos que ni estudiaban ni trabajaban: ofrecerles en 4 meses un trabajo o un curso de formación. De momento se han beneficiado 24 millones de jóvenes europeos, aunque el problema de los “ni-nis” sigue ahí y creciendo ahora tras la pandemia. En España, el sistema de la Garantía Juvenil no ha tenido demasiado eco y se ha informado poco sobre sus resultados, aunque había 2 millones de jóvenes inscritos a finales de agosto, según el SEPE. En junio pasado, el Gobierno aprobó un nuevo Plan de Garantía Juvenil Plus 2021-2027, que se financiará con fondos europeos (del FSE). Un programa que ofrece dos opciones a los jóvenes “ni-nis”: un curso de formación o un empleo, en 4 meses, con la colaboración de 50 Centros de inserción juvenil, 50 Clúster de empleo joven y 15.000 empresas colaboradoras.

Está bien, pero urge además poner en marcha un Plan de choque contra el paro juvenil, que el presidente Sánchez anunció en mayo (“1.365 millones para facilitar la formación y contratación de 1 millón de jóvenes)  pero del que no se sabe más. La grave situación de los jóvenes (un tercio parado y el resto trabajando en precario) exige un Plan ambicioso, a medio plazo, con medidas en varios frentes: educación (lucha contra abandono escolar y refuerzo alumnos con problemas), formación, acceso al primer empleo (un contrato de formación y prácticas sin abusos, como en el caso de “los becarios”), ayudas a la contratación de jóvenes, mejora de su calidad en el empleo y salarios dignos, más un abanico de medidas para facilitar su emancipación y la creación de nuevas familias. Aquí es clave resolver su problema de vivienda, para lo que el cheque de 250 euros para alquilar puede ser un principio.

En definitiva, reitero lo abordado decenas de veces en este blog: los jóvenes son uno de los graves problemas pendientes que tenemos, empeorado con la pandemia. Su penosa situación es un fracaso de todos nosotros como país. Los jóvenes, empezando por los “ni-nis”, deben ser una prioridad en la recuperación. Hay que darles una salida. Son nuestro futuro.

lunes, 29 de abril de 2019

1º mayo: el trabajo no es (ni será) lo que era


Viene otro 1º de mayo y aprovecharemos el “Día del trabajador” para coger puente y olvidarnos del trabajo, cada vez más difícil, precario e incierto. El que lo tenga, porque 1 de cada 7 españoles siguen en paro. España crece y las empresas ganan dinero, pero el poco empleo que se crea es temporal (90%), por semanas y mal pagado. Y más de un tercio, a tiempo parcial. España es el país con empleo más precario de Europa, un cáncer para la economía: los trabajadores precarios gastan menos, cotizan menos, pagan menos impuestos, no pueden tener familia ni piso y acaban “pasando” de la política o en las redes populistas y extremistas. Y encima, más de la mitad de los empleos actuales están en peligro por la tecnología y los robots, según la OCDE, que pide a los gobiernos una nueva estrategia para conseguir un empleo de calidad y más seguro. Urge que el próximo Gobierno Sánchez pacte una reforma laboral eficaz para conseguir empleos más dignos. Felices 1º de mayo... futuros.


España lleva 5 años creciendo y las empresas aumentando sus beneficios, pero el empleo que se crea es precario y mal pagado. En 2018, el 89,75% de los empleos creados fueron temporales, casi igual que en plena crisis (92% empleos fueron temporales entre 2011 y 2015), según los datos de Trabajo. Y más de un tercio (el 35,8%) a tiempo parcial, por horas o días. Con ello, sólo el 6,5% de los empleos creados en 2018 (566.200) fueron “de calidad”, como deberían ser: empleos indefinidos y a tiempo completo, una “rareza” hoy día.

Como esta precariedad ha sido la tónica de la última década, vemos que una cuarta parte de los asalariados (4.419.500, el 26,86% del total) trabajan en España con un contrato temporal, según la EPA, el mayor porcentaje de temporales en Europa, por delante de Polonia (26,1%): son casi la mitad en la UE-28 (14,3%) y estamos peor que Francia (16,8% de temporales), Italia (15,5%), Alemania (12,9%) o Reino Unido (5,6%), según Eurostat. Y además de ser el país con más contratos temporales (sobre todo entre jóvenes, mujeres, inmigrantes y trabajadores no cualificados), somos el país con más contratos de menor duración: en España, el 60% de los contratos temporales son por menos de 6 meses (la cuarta parte, por menos de una semana), frente a sólo el 15% en Alemania, según la OIT. Y resulta además que un 85% de estos contratos temporales son “involuntarios (se cogen porque no se encuentra un empleo indefinido), frente a un 75% en Italia, 30% en Holanda o 15% en Alemania.

Otro signo de precariedad son los contratos a tiempo parcial, por horas o días, que tienen ya un 14,8% de los trabajadores españoles, todavía menos que en Europa (19,4% de los contratos son a tiempo parcial en la UE-28), Francia (18,2%), Italia (18,5%), Reino Unido (24,9%) y Alemania (26,9%), según Eurostat. Pero la diferencia es que en esos paises hay gente que “busca” trabajos por horas o días, mientras en España es la única opción que tiene mucha gente para trabajar, sobre todo jóvenes y mujeres: aquí el 61,1% del trabajo a tiempo parcial es “involuntario” frente al 26,4% en la UE-28.

Lo más preocupante de esta alta precariedad es que no ha venido con la crisis sino que es estructural en España, viene de tres décadas atrás. Los “contratos temporales no causales” nacen en 1984, con el primer Gobierno de Felipe González, que los crea para fomentar la contratación con indemnizaciones más bajas que los indefinidos. En 1987 son ya el 23% de los contratos y en 1995 ya alcanzan el récord del 40%. Y en 2007, antes de la crisis, tenían un contrato temporal el 32% de los trabajadores, más que ahora. Con la recesión, las empresas empiezan a despedir por los temporales, con lo que su peso baja, al 29,98% en 2011 y al mínimo del 23% en 2012. Y ya en 2013 suben ligeramente (23,52%), hasta el 24% en 2014 y el 26,86% de 2018, todavía menor que en 2007 (32%). Esto significa que, con recesión o con recuperación, los empresarios apuestan por los contratos temporales y tienen “miedo” a hacer contratos fijos, aunque ahora sea más fácil y barato despedir, tras la polémica reforma laboral aprobada por Rajoy en 2012.

Podría pensarse que las empresas utilizan los contratos temporales para “probar” a sus trabajadores, en el camino a hacerlos luego fijos. Pero la realidad es que sólo el 8% de los contratos temporales se hicieron fijos en 2017, casi la mitad que en Europa (el 24% de los temporales se hacen fijos en la UE-28). Y esto tampoco ha cambiado con la recuperación, porque siempre han sido pocos los trabajadores  temporales que pasaban a fijos: si eran un 18/20% en los años de bonanza, bajaron al 15/16% en los años de crisis y ahora se mantienen en el 14,6%, según el Banco de España. Lo que hacían y hacen las empresas es contratar a mucha gente para un mismo puesto, una gran rotación: en 2018 se hicieron 5,2 contratos temporales por cada empleo, cuando en 2007 se hacían 3,4 contratos. A lo claro: se reparten los trabajos entre más gente y por eso hay más gente trabajando (en precario).

El uso generalizado de los contratos temporales supone un freno para el potencial de crecimiento y la cohesión social en España”, alertó en febrero de 2019 la Comisión Europea, en su último informe sobre España. Y es que la precariedad laboral no sólo es algo injusto para los que la sufren sino que además es un cáncer para la economía y toda la sociedad: los trabajadores precarios ganan menos (un 23% son “pobres”) , gastan menos (menos consumo y menos crecimiento), cotizan menos (más déficit pensiones), pagan menos impuestos (peor Estado del Bienestar), no pueden emanciparse y formar una familia (baja natalidad) y tienen un menor arraigo social y político, lo que favorece su “pasotismo” o su extremismo, dificultando la cohesión social y política como advierte Bruselas.

Como se ve, el trabajo fijo y estable es una entelequia del pasado lejano y a la precariedad laboral actual se suma la preocupación por el futuro, porque la tecnología, la digitalización y los robots van a revolucionar el trabajo en las próximas décadas, como revela el reciente estudio de la OCDE “Cómo es la vida en la era digital”. El dato es muy impresionante: un 52% de los actuales empleos en España están en riesgo por la tecnología y la automatización (un 30,2% sufrirán cambios importantes y un 21,7% podrían desaparecer), frente al 45,6% en la OCDE (donde el 14% de empleos podrían desaparecer y un 30,2% cambiar). España (ver informe OCDE 2019 sobre futuro del empleo) es el 9º país más afectado de la OCDE (36 paises desarrollados), sólo por detrás de Eslovaquia, Lituania, Turquía, Grecia, Japón, Alemania, Chile y Eslovenia (con el 60-70% de sus empleos en riesgo). Y estamos lejos de Noruega o Nueva Zelanda (sólo tienen un 30% de empleos en riesgo), Reino Unido (35%), Francia e Italia (50% de empleos en riesgo).

El dato llama a la reflexión y a tomar medidas, como propone la OCDE, básicamente en el terreno de la educación y la formación, para adaptar a los jóvenes actuales a esos empleos futuros que imponen la digitalización y robotización de todas las economías. La OCDE plantea a los Gobiernos, en su reciente informe “Buenos empleos para todos en un mundo cambiante” una estrategia laboral que ayude a trabajadores y empresas a adaptarse a ese mundo laboral futuro, impulsando más empleo, de calidad e “inclusivo”, que no deje atrás parados sin futuro. La propuesta de la OCDE es que si antes se hizo hincapié en la flexibilidad laboral (década 1990) y en el fomento del empleo (década 2000), ahora hay que hacer hincapié en un empleo de calidad, combinando “eficiencia” y “equidad”. Y pone como ejemplo de esta estrategia a cuatro paises nórdicos: Dinamarca, Islandia, Suecia y Noruega.

El problema de España es que su punto de partida para lograr ese triple objetivo (más cantidad de empleo, de calidad e “inclusivo”) es peor que el de otros paises, según el análisis que nos hace la OCDE. En cantidad de empleo, el dato de España es bajo: trabajan el 65,5% de los mayores de 20 años, sólo mejor que Turquía (55,3%) y lejos de la media OCDE (72,1%) y del mejor país, Islandia (trabajan el 87,2%). En tasa de paro, también somos el 2º peor (14,3%), tras Grecia (18,5%) y muy lejos de la media OCDE (5,2% de paro). Y en población laboralmente “subutilizada (inactivos, parados o con trabajos por horas), España es también el segundo peor país de la OCDE, con un 39,3% de adultos “subutilizados”, sólo por detrás del Grecia (44,8%), lejos del 27,2% de la OCDE y del 12,6% de Islandia.

En calidad del empleo, ya hemos visto que somos líderes en precariedad y estamos peor que  la mayoría de la OCDE en calidad de ingresos (salarios/hora), seguridad laboral y tensión laboral. Y en “inclusividad”, somos el 2º país con más trabajadores con bajos ingresos (tras Grecia) y uno de los paises OCDE  con menos empleo de los grupos sociales más débiles (madres con hijos, jóvenes poco formados, mayores de 55 años y discapacitados).

Así que conseguir crear más empleo, de calidad y para todos (“inclusivo”), los tres grandes objetivos que marca la OCDE para las próximas décadas, nos va a costar más que a otros paises. Y más porque la OCDE señala otra característica preocupante en España: nuestra economía tiene menor capacidad de resistencia (“resiliencia”) ante las crisis, la peor de la OCDE. Así, señala el informe, una caída del 1% del PIB aumenta la tasa de paro en los 3 años siguientes un 0,9% en España, frente al 0,4% que lo aumenta en la OCDE y el 0,1% en Luxemburgo. Esta menor “resistencia” de la economía española contra el paro tiene mucho que ver con nuestro modelo económico (más servicios y menos industrias), la baja tecnología, el exceso de pymes (las grandes empresas aguantan mejor la crisis) y, sobre todo, 2 factores claves: la elevada precariedad (los trabajadores temporales son más fáciles de despedir) y la baja formación (el 40,9% de adultos españoles tienen sólo la ESO o menos, frente al 21,8% en la OCDE y el 19,8% en la UE-22, según el informe Panorama de la Educación 2018 de la OCDE).

Así que España tiene una gran tarea por delante para conseguir mejorar el empleo y que llegue a más gente. Para conseguirlo, la gran receta de la OCDE es “invertir en un sistema de educación y formación eficaz, que dote a los trabajadores de las competencias que piden las empresas y les formen a lo largo de toda su vida laboral”. Además, el informe de la OCDE proponemejorar la protección social”, para que todas las personas estén cubiertas por regulaciones laborales básicas y tengan derecho a prestaciones sociales, “al margen del tipo de contrato o empleo que tengan”, ampliando los subsidios no contributivos y las prestaciones sociales (incluida una posible renta básica). Una propuesta que tiene un gran sentido en España, donde casi la mitad de los parados EPA no cobran nada: sólo hay  1.844.843 parados con subsidio, el 55,83% de los españoles que se declaran en paro, según Trabajo. Y de ellos, la mayoría  (1.053.869 parados) cobraban  un subsidio asistencial, de 430 euros al mes, mientras los 790.974 restantes cobran un subsidio contributivo, 824,80 euros de media (con grandes diferencias, según autonomías, sexo y trabajo que hayan tenido). Y el 44,17% de parados restante no cobran nada.

Al margen de estas propuestas a medio plazo, urgen medidas a corto plazo para reducir la precariedad laboral, que entorpece la recuperación. Para ello, el futuro Gobierno debería actuar en 2 frentes. Por un lado, hacer cumplir la Ley, reforzando la inspección de Trabajo para descubrir y multar a las empresas que utilizan fraudulentamente los contratos temporales (sólo en 2018, la inspección forzó la transformación de 195.000 falsos temporales en indefinidos) y los falsos contratos a tiempo parcial (contratos por horas que encubren jornadas completas sin cotizar ni pagar por ellas), elevando las multas en ambos casos (hoy son muy bajas y a las empresas les compensa arriesgarse). Y por otro, pactar con sindicatos y patronal una nueva reforma laboral, que simplifique la contratación y penalice con un aumento de cotizaciones a las empresas que abusen de los contratos precarios. Una reforma laboral que debe incluir a las nuevas plataformas digitales, donde la falta de legislación está multiplicando la precariedad y los abusos laborales sobre muchos jóvenes.

El trabajo ya no es como era y lo será menos en unas décadas, por la creciente competencia global y la tecnología. Pero no se puede dejar al mercado laboral y a las empresas a su aire, sino que hay que anticiparse a esos cambios con formación y con normas legales, para evitar la precariedad laboral y los abusos. Y como dice la OCDE, los Gobiernos deben anticiparse, de la mano de unos sindicatos que han de reconvertirse y de unas empresas que tienen que olvidarse de competir a base de precariedad, que han de ganar dinero sin explotar a sus trabajadores. Este es el gran pacto social que hay que configurar en Europa y en España, con fuertes inversiones en educación y formación y con ayudas a trabajadores y empresas para afrontar mejor el futuro. Porque si no, el trabajo en el siglo XXI será “una nueva esclavitud”  y destrozará la cohesión social y política conseguida. Trabajar sí, pero más dignamente. 

jueves, 12 de noviembre de 2015

Jóvenes: viven peor que sus padres (y con ellos)


La OCDE ha presentado un informe demoledor sobre la situación de los jóvenes españoles: tardan el doble que los alemanes en encontrar trabajo (no de lo que han estudiado), no consiguen un contrato fijo antes de 6 años, el 71% tiene contratos temporales, trabajaban por horas (sin quererlo) más que nadie en Europa y ganan 890 euros, un 35% menos que en 2008 (dos de cada tres jóvenes no ingresan nada). En resumen: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y un 78% se ven forzados a vivir con ellos, frente al 21% en Francia o el 16% en Alemania. ¿Qué se puede hacer? La OCDE da la receta: mejorar su formación, desde el colegio a la Universidad, volcándose en la lectura, las matemáticas y la tecnología. Y ofrecer más cursos para los parados jóvenes, reformando las oficinas de empleo. Urge tomar medidas, porque la mitad de los jóvenes están parados y la otra mitad subempleados. Así no hay futuro.
 

enrique ortega


Los jóvenes españoles ya empiezan con problemas cuando acaban sus estudios: necesitan 2 años para encontrar trabajo, el doble que los alemanes, según el informe sobre España presentado por la OCDE a finales de septiembre. Y tardan 6 años en encontrar un trabajo fijo, frente a 2 años los alemanes o daneses. Un trabajo que en la mayoría de los casos (71%) no tiene que ver con su perfil: el 55% están “sobrecualificados” para el empleo que tienen. O sea, han hecho una carrera para acabar de tele operadores o cajeras de supermercado. Y encima, a la mayoría, las empresas no les tutelan ni forman, según la OCDE. Y después de todo, dos de cada tres jóvenes becarios acaban sus prácticas sin quedarse en la empresa.

Cuando finalmente trabajan, su empleo es muy precario: 3 de cada 4 jóvenes españoles (71%) tienen un contrato temporal (el triple que los jóvenes europeos), según la OCDE (tras la EPA de septiembre, son ya el 73,1%). Y casi la mitad (42,9%) tienen un contrato a tiempo parcial, por horas o días, el triple que el conjunto de trabajadores (15,3%). Y no trabajan por horas porque lo busquen, sino porque no encuentran trabajos a jornada completa: el 22% trabaja por horas de forma involuntaria, más que en ningún otro país de la OCDE (sólo trabajan por horas de forma involuntaria el 4% de jóvenes y en Europa el 8%). Con esta precariedad, los jóvenes españoles son muy vulnerables si la empresa va mal o si caen las ventas.

Actualmente, los jóvenes se benefician poco de los nuevos empleos: sólo 26.100 de los 544.700 empleos creados en el último año han ido a jóvenes de 16 a 29 años (EPA). Y si tomamos toda la Legislatura, hay 2.895.100 jóvenes (16-29 años) trabajando, 431.000 jóvenes menos con empleo que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Eso sí, el paro juvenil ha bajado: hay 1.378.000 parados jóvenes (16-29 años), 237.400 menos que en diciembre de 2011. Esta aparente contradicción se debe a que muchos jóvenes han tirado la toalla y ya no son "activos", son desanimados” que han dejado de buscar trabajo: o no buscan ya trabajo o estudian o se han ido al extranjero: en esta Legislatura, 525.328 jóvenes (18-35 años) han abandonado España y se estima que al menos la mitad lo han hecho para buscar trabajo en el extranjero.

El paro juvenil ha bajado, pero está a un nivel escandaloso: el 46,6% de los menores de 25 años está sin trabajo, el doble que en Europa (25%) y seis veces más que en Alemania (7,5%). Lo grave no es que casi la mitad de los jóvenes españoles esté sin trabajo, sino tres datos más poco conocidos. Uno, que dos tercios de estos parados jóvenes no cobran desempleo. Dos, que casi la mitad (47,2%) llevan más de un año sin trabajar y casi un tercio (29%) más de dos años, según la EPA. Y cuanto más llevan sin empleo, más difícil les resulta encontrarlo. Y tres, que muchos parados jóvenes  tienen poca formación: el 48% de los parados menores de 30 años tienen sólo la ESO obligatoria o menos, según la EPA. Y así, les resulta muy difícil colocarse, cuando ahora hay una vacante por cada 102 parados. Y menos si el 80% de los jóvenes parados carece de experiencia, porque buscan su primer empleo.

Hablemos de lo que ganan los jóvenes. Dos tercios (64,5%) no ingresan nada, porque no tiene trabajo remunerado o porque son parados sin subsidio, según el Observatorio de la Juventud (2014).Y los que trabajan, como tienen contratos precarios, están muy mal pagados y, con la crisis, han perdido un tercio de su sueldo, según la OCDE: si en 2008 ganaban 1.210 euros al mes de media, en 2013 ganaban 890 euros. Otro estudio de Fedea cifra el sueldo de los jóvenes españoles entre 600 y 1.100 euros al mes. Y un estudio del Observatorio de la Juventud (2014) lo sitúa en 990 euros, mientras el INE acaba de decir que los menores de 25 años ganan de media 1.030,6 euros (ojo,brutos: netos serían  850 euros). Eso los que tienen sueldo, porque muchas veces trabajan como becarios y no cobran nada: sólo el 42% de los jóvenes becarios recibe alguna compensación económica (y al 71% de ellos no les da para vivir). Incluso el 52% de los becarios mayores de 30 años no percibe un salario, según InfoJobs.

Con estos bajos salarios, muchos de los jóvenes que “tienen la suerte de trabajarson “pobres” (ganan un 60% de la renta media española): el 33% de los jóvenes españoles (y el 53,6% entre los jóvenes parados). Pobres o no, la mayoría tiene una “economía de subsistencia”, con graves problemas para llegar a fin de mes. Y por eso, la mayoría no pueden pagar un alquiler (605 euros de media), menos después de que el Gobierno Rajoy haya recortado las ayudas para el alquiler de los jóvenes: sólo la reciben un 16,2% de los jóvenes en España (Renta básica de emancipación), frente al 54,2% de los jóvenes franceses o el 36% de los holandeses, según el estudio de la OCDE. Y ni sueñan con comprar un piso: les supondría pagar entre 788 y 900 euros al mes por una hipoteca y eso si se la dan: la mayoría de los bancos exigen un contrato estable y unos ingresos mínimos (2.000 euros, el triple del pago) para concederla.

Así que sólo les queda una salida: vivir con sus padres. Actualmente, el 78,5% de los jóvenes españoles (hay 6.663.801 jóvenes de 16 a 30 años) viven con sus padres, más hombres (82,6%) que mujeres (74,4%), según los últimos datos del Consejo de la Juventud (2014). El informe de la OCDE habla de que un 70% de los jóvenes españoles (22-29 años) con contratos fijos siguen viviendo con sus padres, frente a un 16% en Francia, un 21% en Alemania y un 30% en Reino Unido. Y que sólo un 10% de los jóvenes españoles (22-29 años) viven en alquiler, frente al 58% de los jóvenes en Alemania, el 47% en Francia, el 42% en Holanda y el 33% en Reino Unido. Datos de los que no presume Rajoy…

En resumen, que los jóvenes españoles, tras la crisis, viven peor que sus padres (y con ellos). Y la mayoría cree que va a seguir siendo así: sólo el 29% de los jóvenes españoles cree que vivirá mejor que sus padres en el futuro (y el 43% de los alemanes), según un estudio europeo de YouGov. Un pesimismo que se traduce en su actitud ante la política, la sociedad  y su propio futuro: 1 de cada 6 jóvenes (16-24 años) son “ni-ni”, ni estudia ni trabaja, 608.100 jóvenes “ni-nis” a mediados de 2015, según Afi y Asempleo. Y la quinta parte de ellos (un 21%) son “ni-ni-nis”: ni estudian, ni trabajan ni buscan trabajo. Son 128.000 jóvenes menores de 25 años que están en casa “a verlas venir”, sin perspectivas. Excluidos. Y si ampliamos la edad, hay 1.549.000 jóvenes españoles menores de 30 años que son “ni-nis” (según la última EPA), casi uno de cada cuatro jóvenes (23,24%), el mayor porcentaje de “ni-nis” de Europa (13%) y el 2º mayor de la OCDE, tras Turquía (29%). Una estadística escalofriante, que no cita Rajoy.

¿Qué se puede hacer? Algunos repiten “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso en 2014 a Europa bajar el salario mínimo (que en España es de 648,60 euros, una miseria) para incentivar que las empresas contraten a los jóvenes. Y la patronal CEOE ya ha pedido varias veces al Gobierno aprobar un contrato de formación para menores (… ¡de 35 años¡) que tenga un salario inferior al mínimo (los famosos “mini-jobs” de 400 euros que tanto se dan en Alemania). En definitiva, ofrecerles contratos basura para aprovecharse de que la mitad están en paro.

La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España, es más y mejor formación, mejorar la enseñanza de los jóvenes españoles, desde la secundaria a la Universidad. Y eso porque nuestros jóvenes están mal formados, no sólo en las asignaturas habituales de la enseñanza obligatoria (la cuarta parte deja la ESO antes de acabarla, un tercio repite curso y casi la cuarta parte de los alumnos acaba sus estudios 2 años más tarde que el resto) sino que además, están a la cola de Europa (informe PISA) en “habilidades” que son claves para encontrar un trabajo y ser más productivos en las empresas : competencia matemática (estamos por detrás de 21 de los 24 países analizados), comprensión lectora (“dificultades para manejar una información sencilla y razonar”) y ciencia (tecnología e informática). Y lo mismo pasa entre los universitarios: el 40% de los jóvenes (25-34 años) acaba una carrera, pero carece de habilidades y de la formación que necesitan las empresas. Por eso (y por nuestro modelo económico) tenemos el doble de jóvenes en paro que Europa.

La OCDE propone que España se vuelque más en mejorar la educación, con más medios y más profesores y una enseñanza más volcada en lo que demandan las empresas, sobre todo en la Universidad. Y pide un esfuerzo especial en la Formación profesional (FP), donde el atraso de España es más patente: sólo uno de cada tres alumnos que acaban la ESO van a FP, frente al 45% en la UE-28 o en Alemania. Y en la Universidad, insisten en fomentar las carreras técnicas y en informar mejor a los alumnos de los estudios que demanda el mercado : actualmente, las empresas contratan universitarios que estudiaron Administración de Empresas(ADE), Economía y Derecho (40,2% contrataciones), Ciencias e Ingenierías (27,6%), Informática y las TIC (17,7%) frente a sólo un 4,8% de contratos a los que estudiaron Humanidades y Ciencias Sociales, según el ranking de la Fundación Universidad-Empresa.

Y en paralelo, la OCDE propone reforzar la formación de todos los trabajadores y de los parados. Y eso, porque España tiene un problema serio, una mano de obra con poca formación: casi la mitad de los españoles (45%) adultos (25-64 años) tiene un nivel de educación bajo (sólo con la ESO acabada o menos), frente a un 21% de adultos poco formados en Europa y un 24% en la OCDE, según el estudio “Panorama de la Educación 2014”. En medio, tenemos la mitad de adultos medio formados (con Bachillerato y FP básica: un 22%, frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, estamos a la cabeza en universitarios: 32% en España frente a 29% en Europa y 33% en la OCDE. Y eso en cuanto a “títulos”. Pero si tenemos en cuanta las “habilidades”, la situación es peor: hay 10 millones de españoles adultos (1 de cada 3) con bajas competencias en lectura y/o matemáticas, según el informe de la OCDE presentado en septiembre.

La otra prioridad, según la OCDE, es formar a los parados, con cursos más eficaces y atractivos (hoy, sólo el 4% de los parados españoles hacen cursos, según la Fundación Tripartita). Ello exige más recursos y una mayor implicación de las empresas. Además, la OCDE reitera que España gaste más en políticas activas de empleo, donde el Gobierno Rajoy ha recortado un tercio el Presupuesto (de los 7.714 millones de 2011 a 4.746 en 2015. Y recuerda que gastamos menos en políticas activas de empleo que los países nórdicos, Alemania y el centro de Europa, que tienen una tercera parte de paro. La OCDE insiste también en otra vieja petición a España: que reforme a fondo las oficinas públicas de empleo (SEPE), que sólo encuentran trabajo a un 2% de parados. Pide más funcionarios (dan el dato que en España hay 1 funcionario por cada 269 parados, en Alemania 1x47 parados y en Reino Unido 1x22), más recursos y que las oficinas de empleo se vuelquen con los jóvenes parados, yendo en su busca y ayudándoles a emplearse (como hace Finlandia).

Urge un Plan de empleo juvenil, dentro de un Plan global por el empleo. Y más tras el fracaso del publicitado Plan europeo de empleo juvenil, el Sistema de Garantía Juvenil, aprobado por Europa en 2013, con 6.500 millones  (1.887 para España), con el objetivo de ofrecer un trabajo, un curso o unas prácticas a todos los jóvenes europeos menores de 25 años. En España no se puso en marcha hasta julio de 2014, pero de momento sólo hay 85.000 jóvenes inscritos de 800.000 jóvenes potencialmente beneficiarios. Hay que volcarse en este Plan, con medios y recursos, y complementarlo con formación y políticas de colocación, con más incentivos. Y a medio y largo plazo, urge un Pacto educativo que prepare mejor a los jóvenes para trabajar, forzando que las empresas les hagan contratos dignos y estables.

No podemos permitir que nuestros hijos vivan peor que nosotros, forzados a vivir a costa nuestra. Es un gran fracaso, nuestro más que suyo, como generación y como país. Tenemos que presionar para que hagan algo ya.