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jueves, 12 de diciembre de 2024

Bajan tipos, pero suben pisos e hipotecas

El Banco Central Europeo (BCE) ha bajado hoy jueves el precio oficial del dinero, un -0,25%, hasta el 3%. Es la 4ª bajada de tipos desde junio, tras las 10 subidas hechas en 2023 y 2024, que pusieron los tipos en el 4,5%. Esta bajada ha sido posible porque los precios siguen moderados, en Europa y en España, pero los tipos son aún demasiado altos, dado que la economía europea está estancada y Alemania en recesión. Pero el BCE no quiere bajarlos más rápido y quedarán en el 2% en 2025, aunque dependerá de los conflictos geopolíticos y las medidas de Trump, que podrían relanzar la inflación. Mientras, familias, empresas y Gobiernos disfrutan ahora de tipos más bajos, pero mucho más elevados que en 2022. Y aunque ha bajado el Euribor (2,395% en diciembre), como los pisos son ahora mucho más caros, hay que pagar más de cuota hipotecaria que en 2021,2022 y 2023. Así que aunque bajen los tipos, comprar piso es más caro.

                            Enrique Ortega

La inflación europea parece controlada (2,3% en noviembre la UE-27 frente al 10,6% que llegó a alcanzar en octubre de 2022) y eso ha decidido al BCE a abrir la mano y volver a bajar hoy un -0,25% los tipos de interés, dejando el tipo de referencia  en el 3%, el precio del dinero que teníamos en 2006. Es la 4ª bajada de tipos que hace el BCE, tras las de junio, septiembre y octubre de 2024, rebajado los tipos oficiales del 4,50 al 3%. Unas bajadas que todavía no compensan las 10 subidas de tipos aprobadas por el BCE entre julio de 2023 y septiembre del 2024, que dispararon el precio del dinero del 0% (en que estaban desde marzo de 2016) hasta el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2001.

Esta 4ª bajada de tipos del BCE sigue la senda de las bajadas hechas por otros grandes bancos centrales. Así, la Reserva Federal USA, que marca la política monetaria mundial, hizo su 1ª  bajada de tipos en septiembre de 2023, tras haberlos subido 11 veces desde marzo de 2022 (hasta un máximo del 5,25%). Y los bajó por 2ª vez, el 7 de noviembre de 2023, dejándolos en el 4,50% actual. Y el Banco de Inglaterra, que también subió 14 veces sus tipos oficiales (del 0 al 5,25%, entre julio de 2022 y septiembre de 2023), empezó a bajarlos también en agosto de 2024  y por 2ª vez en noviembre pasado, dejándolos en el 4,75% actual.

El BCE ha bajado los tipos más veces (4 en vez de 2) y los mantiene más bajos (3% en vez del 4,50 y el 4,75% de USA y Reino Unido) porque la economía europea está estancada y apenas crece: tiene que suavizar “el ricino monetario” que aplicó contra la alta inflación y que ha provocado un mayor debilitamiento de la economía europea. En 2023, la UE-27 sólo creció un +0,4%, siete veces menos que la economía USA (+2,9%) y algo más que Reino Unido (+0,3%), mientras Alemania cerró en recesión (-0,3%). Y para este año 2024, la Comisión Europea prevé un crecimiento bajo, del +0,9% en la UE-27, con Alemania otra vez en recesión (-0,1%), un bajo crecimiento de Italia (+0,7%) y Francia (+1,1%) y mayor en España (+3%). Y mientras, EEUU crecerá el triple (+2,7%) y Reino Unido un +1%.

Así que no está la economía europea como para tener tipos altos, aunque esos mayores tipos de EEUU y Reino Unido estén atrayendo capitales y fortaleciendo el dólar, en perjuicio del euro, que sigue depreciándose casi un -7% (ha llegado a cotizar en noviembre a 1,042  dólares, cuando cotizaba a 1,119 dólares en agosto). Este es otro motivo de preocupación para el BCE, porque si el euro sigue depreciándose y cotiza a 1x1 con el dólar, las importaciones europeas que se hagan en dólares (energía y equipos) serán más caras y eso reanimará la inflación, que ahora parece controlada. Pero de momento, preocupa más el estancamiento de la economía europea, que exige bajar los tipos para reanimarla.

De hecho, muchos expertos critican al BCE por haber aplicado este ajuste monetario tan drástico, esa subida de tipos del 0 al 4,50% en sólo 14 meses, que fue la puntilla para la débil economía europea. Ya insistí al escribir sobre las 10 subidas de tipos de 2022 y 2023 que podía provocar este “estancamiento” y que no era una política correcta, como señalaban muchos expertos, porque la inflación de los últimos años era una inflación de costes (básicamente, por la subida de la energía), una “inflación de oferta” y no la típica “inflación de demanda” que teníamos a principios de siglo, cuando los precios subían por el fuerte crecimiento económico y el exceso de consumo, con lo que la subida de tipos sí resultaba efectiva para “enfriar la economía”. Pero en 2022 y 2023, los precios subieron no por un exceso de consumo sino por la subida del gas, el petróleo y las materias primas, más los embudos en las cadenas de suministro y el comercio internacional. Así que la subida de tipos poco podía hacer y de hecho, la bajada drástica de la inflación se ha conseguido por medidas de los Gobiernos en los mercados energéticos y las ayudas a familias y empresas, no con las subidas de tipos, que han hundido a economías, familias y empresas.

El propio Banco de España, que cree que las subidas de tipos han servido para “anclar las expectativas, para evitar males mayores (que subieran más los salarios y los márgenes empresariales, disparando más la inflación), reconoce y cuantifica el daño que han hecho a la economía española estas subidas de tipos: han restado al crecimiento un -2,65% del PIB entre 2022, 2023 y 2024, lo que supone un coste cercano a los 40.000 millones de euros. Un coste que han sufrido directamente en sus bolsillos las familias (al pagar más por hipotecas y créditos), las empresas y hasta los Gobiernos, al encarecerse su deuda. Y aunque han bajado los tipos, todos pagan ahora mucho más que en 2021 y 2022.

Las familias españolas se han beneficiado de la bajada de la inflación, pero a un alto coste para los que pagan una hipoteca o un crédito. Así, los 4 millones de familias que están pagando una hipoteca se han “empobrecido”, al subirles su cuota mensual: los tipos medios de las hipotecas pasaron del 1,38% en 2021 al 2,96 en 2022 y al 3,80% en diciembre de 2023, estando ahora (octubre 2024) en el 3,20%, todavía por encima de 2021 y 2022, según los datos del Banco de España. Y los créditos personales (para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje) han pasado del 6,10% en 2021 al 7,69% a finales de 2023 para costar en octubre un 7,41%, subiendo también el tipo de las tarjetas. A lo claro: una hipoteca de 150.000 euros, a 25 años y un tipo variable del Euribor+1%, costaba en noviembre de 2021 una mensualidad de 532,85 euros, pasó a 878,81 euros en noviembre de 2023 y ahora cuesta algo menos, 751,42 euros, pero mucho más que hace 3 años.

Las empresas también han sufrido la dureza de la subida de tipos y aún pagan más por el dinero que antes del ajuste. Así, el tipo por descubierto saltó del 1,56% en 2021 al 4,79% en diciembre de 2023 y en octubre estaba en el 4,46%, según el Banco de España. Los créditos de hasta 250.000 euros pasaron del 1,69% en 2021 al 5,33% a finales de 2023 y todavía cuestan el 4,43%.Los créditos de 250.000 euros a 1 millón saltaron del 1,29% en 2021 al 5,08% en 2023 y están ahora en el 4,11%. Y los créditos de más de 1 millón de euros, que costaban el 1,04% en 2021, saltaron al 4,98% en 2023 y estaban en octubre en el 4,22%.

Y la subida de tipos también hizo daño a los Estados, al encarecer su deuda, que siguen colocando a tipos muy altos aunque hayan bajado los tipos. El bono español a 10 años pasó de pagar el 0,415% de interés en noviembre de 2021 al 3,65% en diciembre de 2022 y un máximo del 3,949% en septiembre de 2023, bajando ahora (diciembre 2024) al 2,763%. Eso se traduce en que España tiene que pagar más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024, frente a 30.175 millones pagados en 2022), con lo que se puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas y pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE ha sido alto y no se compensa con las 4 bajadas hechas desde junio. Pero hay un sector que ha salido muy beneficiado estos años: la banca, gracias a los mayores intereses cobrados a familias, empresas y Estados. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron sus beneficios un +28% en 2022 (ganaron 20.850 millones) y otro +26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos del BCE, los 6 grandes bancos españoles han ganado un +19,7%% más en 2024 (23.656 millones de enero a septiembre),un beneficio histórico. 

Ahora, el BCE irá decidiendo que hace con los tipos “mes a mes, con un ojo puesto en la inflación y el otro en la marcha de la economía. En principio, su objetivo es aprobar más bajadas de tipos en 2025, al menos 4 más de -0,25% cada una, para dejar los tipos en el 2%, para el verano o para fin de año (si hay problemas por medio). Los riesgos de que repunte la inflación son elevados, por varias causas: los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, así como la incertidumbre geopolítica internacional, especialmente la toma de posesión en enero de Donald Trump y el temor a que imponga aranceles a América, China y Europa, que aumentarían la inflación mundial y frenarían el comercio y el crecimiento internacional. Y no ayudará tampoco la tensión política dentro de Europa, con una Comisión más virada a la derecha ( que conlleva un mayor peso de las posturas ortodoxas duras en el BCE), con crisis políticas en Francia y Alemania y un constante enfrentamiento en España.

Así que lo que hagan los tipos en 2025 va a depender mucho de las circunstancias geopolíticas y de su efecto sobre la inflación. Pero de momento, las 4 rebajas ya hechas por el BCE apenas suponen un alivio para las familias, empresas y el Presupuesto, como hemos visto. En el caso de las hipotecas, la bajada del Euribor ya beneficia a los que tienen una hipoteca y revisan anualmente su cuota: cerró noviembre en el 2,5006% (el 8º mes consecutivo que baja), frente al 4,022% de noviembre de 2023 y el 2,828% de 2022 (ojo: en noviembre de 2021 era negativo, -0,487%). Eso supone un “alivio” de 127 euros menos al mes en una hipoteca tipo (150.000 euros a 25 años al Euribor+1%). Y lo mismo pasará en los próximos meses, con pequeñas rebajas: el Euribor puede cerrar el año en el 2,350% (frente al 3,679% en diciembre 2023) y bajar al 2% para el verano de 2025.

El problema lo tienen los que piensan en pedir una hipoteca ahora, con los tipos y el Euribor más bajos: tendrán que pagar una cuota mayor que si hubieran pedido la hipoteca en 2021,2022 y 2023. Y eso porque la subida de los pisos se ha comido con creces el ahorro en los tipos de las hipotecas. Veamos las cuentas, a lo claro. Un piso medio en España, de 90m2, costaba 162.900 euros en noviembre de 2021, 170.460 en noviembre de 2022, 182.430 en noviembre de 2023 y 201.960 euros en noviembre de 2024, según el portal Idealista. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 462,94 euros en 2021, 706,91 euros en 2022, 855 euros en 2023 y 809,37 euros al mes ahora. Mínimo ahorro.

Pero las cuentas salen peor en las grandes ciudades, donde el coste de los pisos ha subido mucho más. Veamos el caso de Madrid, con los datos el portal idealista. Un piso medio, de 90 m2, costaba 289.120 euros en noviembre de 2021, 252.440 euros en noviembre de 2022, 365.760 euros en noviembre de 2023 y 440.190 euros en noviembre de 2024. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 821 euros en 2021, 1.461,60 euros en 2022, 1.714 euros en 2023 y 1.764,09 euros en noviembre de 2024. Siempre más cuota, ahora por la subida de los pisos.

En resumen, que las 4 rebajas de tipos del BCE apenas reducen la cuota de la hipoteca a los que la estaban pagando (-127 euros al mes) y la subirá para la mayoría de los que piensan ahora en hipotecarse y compran piso, porque los precios han subido mucho más de lo que han bajado las hipotecas. Así que no hay que confiarse: sin medidas drásticas para aumentar la oferta de viviendas (los últimos estudios indican que hacen falta 3,5 millones), la mayoría de españoles no podrán pagar una hipoteca, aunque bajen los tipos. Y aunque los bancos han entrado en una nueva “guerra” por colocar hipotecas a tipo fijo, del 3 al 3,5%, aprovechando que “están bajando los tipos”. Sí, bajan, pero no la cuota de la hipoteca que hay que pagar por conseguir una vivienda mucho más cara.

Cara a 2025, la evolución de los tipos será muy incierta, por Trump, las guerras y la incertidumbre geopolítica. Y existen muchos riesgos de que vuelva a subir la inflación. Por eso, habría que evitar que el BCE vuelva a las andadas y frene las bajadas actuales o incluso vuelva a subir tipos. Las medidas contra la inflación deben ser otras, actuando sobre los mercados energéticos y eléctricos, con ayudas y bajadas del IVA, no a golpe de tipos, que frenan la economía y tienen un alto coste para familias, empresas y Estados. Tomen nota.

jueves, 4 de mayo de 2023

7ª subida de tipos: el BCE persiste en su error

Hoy 4 de mayo, el BCE volverá a subir los tipos de interés, la 7ª subida en menos de 9 meses. Se espera que los suba +0,25%, hasta el 3,75%, el tipo más alto desde 2008. La autoridad monetaria persiste así en su política “ortodoxa”, de subir los tipos para luchar contra la inflación, aunque ahora sea un error: la inflación no sube porque la economía esté “recalentada” y haya que “enfriarla” sino por la energía, los alimentos y la guerra, junto al aumento de los márgenes empresariales. Y por eso, los tipos suben pero la inflación apenas baja. Lo preocupante es que esta vieja receta “ortodoxa”  tiene un alto coste para familias (las hipotecas suben 3.500 euros al año), empresas (créditos) y paises (deuda), llevando a la economía europea al estancamiento: la zona euro crece +0,1% y Alemania 0%. Es hora de buscar otras medidas contra la inflación y acabar con el ricino inútil de los tipos altos, que hacen tanto daño. Es peor el remedio que la enfermedad.

Enrique Ortega

Los bancos centrales occidentales siguen “erre que erre” con su vieja receta ortodoxa de atacar la inflación a golpe de subidas de tipos de interés, una política monetaria que ya nos llevó a dos grandes recesiones en los años 80. Primero fue el Banco de Inglaterra, que ya ha subido 11 veces los tipos desde diciembre de 2021, del 0 al 4,25% actual (y espera subirlos otro +0,25% más el 11 de mayo). Luego le siguió la Reserva Federal USA, que desde el 16 de marzo de 2022 ha subido ya 10 veces sus tipos de interés, la última vez ayer 3 de mayo, otro 0,25%, dejándolo en el 5,25% actual, el tipo más alto desde septiembre de 2007 (5,25%). Y hoy le toca mover ficha al Banco Central Europeo (BCE): se espera que suba el tipo oficial del dinero en Europa un +0,25%, hasta el 3,75%, el tipo más alto desde noviembre de 2008 (3,75%). Eso siempre que en el Consejo del BCE de hoy no se impongan “los halcones, los paises que defienden una subida mayor (Holanda, Alemania, bálticos y nórdicos), del +0,5%, frente a “las palomas” (Italia, Francia, España, Portugal y Grecia), que defienden no subir más los tipos.

Este aluvión de subidas de tipos en Occidente ha sido la más rápida de la historia y  ha provocado ya un conato de crisis financiera, más en Estados Unidos que en Europa, debido a que los bancos (sobre todo medianos) se han encontrado con una cartera de deuda pública y de hipotecas que ahora valen mucho menos, al haberse disparado los tipos, lo que les hace incurrir en pérdidas contables si los clientes quieren recuperar sus depósitos. Eso ha frenado las últimas subidas de tipos en EEUU (+0,25% tres veces este año, tras subidas del +0,50% y del +0,75% cada vez en 2022), aunque no en Europa (el BCE subió un +0,50% en febrero y marzo), a pesar de la crisis del Credit Suisse.

Además, la Reserva Federal USA ha bajado la guardia, sugiriendo que va a frenar la subida de tipos en los próximos meses, porque la economía está creciendo la mitad de los esperado (un +1% en  el primer trimestre de 2023) y teme que caigan más bancos. Sin embargo, el BCE no se muestra preocupado porque sus 7 subidas de tipos (en menos de 9 meses) hayan llevado al estancamiento de la economía europea: los 20 paises de la zona euro sólo crecieron un +0,1% en el primer trimestre de 2023 (y un 0% el trimestre anterior), según Eurostat, con Alemania sin crecer nada (+0% en el primer trimestre de 2023), Francia casi nada (+0,2%) e Italia y España creciendo el 0,5% al inicio de este año. Y con la última previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que la zona euro sólo crecerá un +0,8% en 2023, cayendo Alemania (-0,1%) y Reino Unido (-0,3%), mientras esperan que EEUU crezca +1,6%, China +5,2%, Japón +1,2% y las economías emergentes +5,2%.

El BCE persiste en su ortodoxia monetaria y reitera que seguirá subiendo los tipos mientras la inflación siga elevada, una receta en la que le acaba de apoyar el FMI, quien le pidió en abril que subiera los tipos (mientras volvía a pedir ajustes en el gasto a los paises, como en los viejos tiempos…). Eso indica que podría volver a subirlos en junio o julio, otro +0,25% (hasta el 4%), aunque sabe que la inflación va a seguir alta varios años más: su previsión es que los precios subirán un +5,3% en 2023, un +2,9% en 2024 y un +2,1% en 2025, tres años por encima de su objetivo “ideal” de inflación para la eurozona, el 2%. Así que auguran tipos altos este año y el que viene y no bajarán los tipos al menos hasta 2025.

El problema es que esta política monetaria ortodoxa es ahora poco eficaz, ya que la inflación actual es diferente a la de otras veces, cuando la economía estaba “recalentada” por un aumento de demanda, que podía “enfriarse” encareciendo el dinero y frenando así el consumo y la inversión, los detonantes de la inflación “de demanda”. Ahora, la inflación tiene un origen diferente, es una inflación “de oferta: los precios suben porque suben los costes (inflación “de costes”), sobre todo la energía, las materias primas y los alimentos, no porque se haya disparado el consumo y la actividad. Y los tipos altos poco pueden hacer para bajar el precio del petróleo, el gas, la electricidad, los alimentos y las materias primas, así como las consecuencias inflacionistas de la ruptura de las cadenas de suministros o los embudos en el comercio mundial. Y menos, parar la guerra de Ucrania, un detonante de esta inflación disparada desde el verano de 2021. Por eso, esta vez, la subida de tipos es ineficaz para bajar la inflación, sobre todo en Europa.

Los datos demuestran que las duras subidas de tipos apenas bajan la inflación. De hecho, la inflación en la zona euro estaba en el 8,6% en junio de 2022 (antes de la primera subida del BCE, en julio), siguió subiendo hasta un máximo del 10,1% en noviembre (tras las subidas de julio y septiembre), bajó al 8,5% en febrero (casi igual que antes subidas) y ha subido del 6,9 al 7% en abril de 2023, según Eurostat: 7 subidas para bajar la inflación del 8,6 al 7%, más del triple del 2% objetivo del BCE. Y si analizamos la inflación de fondo (subyacente: sin energía y alimentos frescos), ha subido, del +4,6% que estaba en junio de 2022 (antes de la 1ª subida de tipos del BCE) al 7,5% en marzo y el +7,3% con que cerró abril de 2023, casi el doble de la inflación subyacente que teníamos antes de aplicar “el ricino monetario”. Vaya fracaso.

Las subidas de tipos del BCE (y de la Reserva Federal, aunque menos: la inflación ha bajado del 9,1 en junio 2022 al 5% en marzo 2023) no solo han sido ineficaces sino que  han tenido un alto coste para familias, empresas y paises, algo que ya sabían de antemano los responsables de la política monetaria (“el ajuste es doloroso, pero necesario para combatir la inflación”, advertían hace meses en el BCE). Y han llevado a la economía europea al estancamiento, a no crecer, encima para apenas bajar la inflación, lo que se traduce en menor empleo e inversión, en no salir de la crisis de la pandemia y la inflación.

La subida de tipos del BCE está dañando especialmente a las familias, porque las 7 subidas aprobadas han disparado el coste de sus hipotecas y créditos. El Euribor, el tipo al que se prestan los bancos entre sí y que marca la revisión de las hipotecas a tipo variable, se ha disparado en los últimos meses: ha pasado de estar 6 años en negativo (desde 2016) a empezar a subir en abril de 2022 (+0,013%), dispararse en agosto (+1,249%), septiembre (+2,233%) y diciembre (+3,018%) para seguir subiendo hasta rozar el 4% en marzo y luego bajar algo (por temor a una crisis financiera), cerrando abril en el +3,757%. Con ello, la familia que tenga que revisar ahora una hipoteca media  (180.000 euros a 25 años, contratada al Euribor+1%) pagará 291 euros más al mes (+3.500 euros anuales). Eso coloca a muchos de los 4 millones de hipotecados (con tipos variables) en una situación muy vulnerable, teniendo que dedicar el 40% y más de sus ingresos a pagar la hipoteca, después de que la inflación les haya comido unos sueldos que apenas han subido los dos últimos años.

Además de afectar a los que tienen una hipoteca, la subida de tipos va a dificultar que muchas familias piensen ahora en endeudarse para comprar un piso. Los tipos de las nuevas hipotecas se han encarecido del 1,38% de media en 2021 al 3,664% en marzo de 2023, según el Banco de España (menos, el 3,47%, de media en la zona euro). Con ello, pedir hoy una hipoteca ha subido, hasta una franja del 3,34% al /5,74% para las de tipo fijo y Euribor +0,48/+0,89% las de tipo variable, que los bancos vuelven a recomendar (porque ganan más). Y encima, como se ha producido una caída de la demanda de hipotecas, los bancos han frenado las subidas y a cambio endurecen la concesión, exigiendo más sueldos y garantías. Con todo ello, comprar una casa es ahora más caro y eso disparará la demanda de alquileres, cuyos precios suben cada día. Y en paralelo, la subida de tipos ha encarecido también los créditos consumo (para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje): han pasado del 6,27% en febrero de 2022 al 7,55% en febrero 2023, según el Banco de España.

Lo que no sube apenas es lo que los bancos pagan por los depósitos, salvo a los más ricos y a las grandes empresas (que tienen más poder de negociación): los depósitos a la vista de las familias se remuneran en España al 0,08% (frente al 0,12% en Europa), los depósitos hasta a 2 años al 0,30% (pagan el 1,07% en la zona euro) y los depósitos a más de 2 años se remuneran al 0,51% (1,72% pagan en Europa). Con este “racaneo” en el pago de depósitos, la banca española se ahorra casi 1.500 millones de euros (924,16 millones que dejan de cobrar las familias y 547,97 millones las empresas), según cálculos del BCE. Así que los bancos ganan con la subida de tipos por partida doble: cobran más por el dinero que prestan (hipotecas y créditos) y pagan casi lo mismo por los depósitos. Resultado: los grandes bancos españoles han ganado 5.696 millones netos en el primer trimestre (entre un +10 y un +69% más), después de pagar 1.120 millones por el nuevo impuesto que han recurrido a los Tribunales.

Junto a las familias, las empresas también llevan meses perdiendo con la inútil subida de tipos del BCE. El tipo medio de los créditos de menos de 250.000 euros, a pymes, ha subido del 1,70% (febrero de 2022) al 4,05%, los créditos de 250.000 euros al millón han triplicado su coste (del 1,35 al 3,93%) y los créditos superiores al millón de euros han cuadruplicado su coste, del 0,83% (febrero 22) al 3,87% (febrero 2023), según el Banco de España. Además de pagar más por financiarse, las empresas tienen ahora más difícil conseguir créditos. Y si miramos a los paises, los Gobiernos tienen más dificultades para colocar su deuda pública, que en el caso de España es muy elevada (1,5 billones): ahora tienen que pagar más intereses a los inversores, por la subida de tipos del BCE. Así, el tipo del bono español a 10 años ha subido del 0,76% (febrero 2022) al 3,657% (diciembre 2022) y al 3,306 ayer. Con ello, más dinero del Presupuesto para pagar la deuda (estaban previstos 31.275 millones en 2023, la 2ª mayor partida tras las pensiones) y menos para gastos sociales.

Como se ve, muchos y elevados costes para familias, empresas y paises derivados de la equivocada política de tipos del BCE y otros bancos centrales. Pero la presidenta del BCE y los consejeros “halcones” no se fijan en estos costes y defienden “seguir erre que erre”, volver a subir tipos (otro +0,25%, hasta el 4%) en la próxima reunión del 15 de junio. Y luego, esperar y ver, sin prisa para bajar tipos hasta 2025. Les importan poco los daños a las familias vulnerables, que no se puedan financiar algunas pymes o que pueden tener problemas para colocar su deuda Italia, Grecia, Portugal o España. Tampoco temen que algún banco europeo pueda entrar en crisis, como los bancos USA, porque tienen el mismo riesgo: los bancos han acumulado mucha deuda pública estos años, deuda que ahora vale menos de lo que indican sus libros (la vieja deuda baja su rentabilidad cuando la nueva sube). Y si tienen que venderla, para afrontar retiradas de depósitos, incurrirían en pérdidas. Nada de esto les preocupa: ortodoxia, ortodoxia, ortodoxia. Seguir recetando ricino para purgar la economía aunque el enfermo entre en coma. Todo vale para bajar la inflación.

El problema es que la inflación apenas baja e incluso hay el riesgo de que suba, por el repunte del petróleo (tras el recorte de producción de la OPEP y Rusia), las subidas de los alimentos y materias primas y el posible recrudecimiento de la guerra en Ucrania. Y sobre todo, porque no se afrontan las causas de fondo de la inflación actual: el mal funcionamiento de los mercados energéticos, el lento avance en la lucha contra el Cambio climático,  la subida desorbitada de los alimentos y materias primas, los embudos en las cadenas de producción y comercio, el debilitamiento del comercio mundial… Y, sobre todo, el aumento de los márgenes empresariales, que están disparando los beneficios de algunos sectores y empresas a costa del bolsillo de los consumidores.

El propio BCE acaba de reconocer que los márgenes empresariales han contribuido a dos tercios del crecimiento de la inflación en 2022, sobre todo en la energía, agricultura, industria, construcción, hostelería y restauración. Pero en lugar de pedir a las empresas que moderen sus márgenes, que suben más que los salarios, vuelven a subir los tipos. Y, de paso, dan otra receta a los Gobiernos europeos: que retiren los estímulos para luchar contra la inflación (rebajas de impuestos, ayudas, etc.), porque están ayudando a que no caiga más el consumo y los precios… Ojo, en España, el consumo de las familias ha caído en los últimos 6 meses (según el INE) a pesar de los estímulos, por la inflación y la subida de tipos. Si no existieran, como pide el BCE, la crisis sería peor, sobre todo para los más desfavorecidos. Aún así, defienden quitarlos. Y subir tipos. No les importan las consecuencias. Es la vieja ortodoxia neoliberal que triunfó en la política europea durante la crisis financiera de 2008. Ahora, los Gobiernos están en otra onda, pero el BCE no, como denuncia el Nobel Stiglitz. Aunque sean “independientes”, alguien debería pararles los pies.

lunes, 24 de octubre de 2022

3ª subida de tipos: hipotecas disparadas

Este jueves 27, el Banco Central Europeo (BCE) sube los tipos de interés, tras las subidas de julio y septiembre. Intenta bajar la histórica inflación europea (+10,9%), sabiendo que el dinero caro no servirá para abaratar la energía y terminar la guerra. Lo que sí hará es frenar más la actividad y llevar a Europa a la recesión. Y, sobre todo, hundir (más) las cuentas de los Estados (deuda), empresas y familias, que ya han visto dispararse sus hipotecas: el pago mensual ha subido 180 euros y el Euribor seguirá aumentando, poniendo en riesgo el pago del 14% de familias con hipoteca, las más vulnerables. Para evitar  impagos masivos, la banca propone prorrogar hasta 5 años estas hipotecas, para estabilizar la mensualidad. Pero la mayoría de hipotecados no se beneficiarán y tendrán que pagar más o renegociar su crédito. Así que la subida de tipos es una receta dolorosa, además de inútil. Urge no subir más los tipos y atajar la inflación sin provocar una recesión. Se puede y se debe.

Enrique Ortega

Los precios siguen muy altos, más en Europa (+10,9% inflación en la UE-27 y +9,9% en la zona euro), y los bancos centrales de todo el mundo buscan doblegarlos con una vieja receta contra la inflación: subir los tipos de interés. El primero en tomar medidas fue la Reserva Federal USA, que subió los tipos un +0.25% el 17 de marzo de 2022, cuando llevaban en el 0% desde marzo de 2020, por la pandemia. Y los ha subido después, cuatro veces más (mayo, junio, julio y septiembre), hasta el 3%. El Banco Central Europeo (BCE) retrasó la subida de tipos, por temor a hundir una economía europea más débil que la norteamericana, pero la inició el 21 de julio (+0,50%), ampliándola el 8 de septiembre (+0,75%. Y se espera que este jueves vuelva a subir los tipos otro +0,75%, dejando el precio oficial del dinero en el 2%. Y anunciando que volverá a subirlo en noviembre y diciembre, con lo que puede cerrar el año con los tipos en el 3% (estaban en el 0% en junio y desde noviembre de 2011).

La presidenta del BCE sabe que la subida de tipos es una receta bastante ineficaz y dolorosa, según se desprende de sus palabras: “la política monetaria no puede reducir el precio del gas y no puede parar la guerra”. Lagarde sabe que no estamos ante una inflación de demanda (causada por un exceso de consumo e  inversión) sino ante una inflación de oferta (subida de costes), donde encarecer el dinero no va a frenar los precios de la energía ni de los alimentos. Pero está obligada, por el papel del BCE, a “hacer lo que tengamos que hacer para frenar los precios”. Aunque eso provoque una recesión. Se trata de que la inflación baje, aunque sea “por las malas”, porque la economía esté tan hundida que ya no suben más los precios: inducir  al coma al enfermo como tratamiento. La directora general del FMI ha alertado sobre lo que va a pasar: “las subidas de tipos acabarán influyendo en los precios cuando hayan ahogado definitivamente la demanda, con el riesgo de que eso signifique una recesión larga y profunda y un incremento del desempleo”.

El BCE admite que su política monetaria es “más un machete de pescadería que un bisturí”, ya que actúa sobre toda la economía y con retraso. Pero reconoce que “no tiene otra alternativa”, aunque subir tipos será “doloroso. Primero, porque el BCE va “a remolque” de Estados Unidos: la Reserva Federal volverá a subir los tipos en noviembre y diciembre y cerrarán el año con el dinero al 4/4,40%. Y estos tipos más altos que en Europa arrastran a EEUU a los inversores, fortaleciendo el dólar y depreciando al euro. Y este menor valor del euro (ha caído un -13,8% este año frente al dólar, cotizando a 0,98 €/$)  agrava la inflación, porque encarece (+13,8%) más de la mitad de las importaciones, que se pagan en dólares ahora mucho más caros. Segundo, porque los Gobiernos europeos se dedican a gastar más, en ayudas a empresas y familias contra la inflación, y eso “alimenta también la inflación”, al mantener o aumentar el gasto público y privado.  Por eso, Lagarde se queja de que le toca hacer “el papel de mala” (subir los tipos) mientras los Gobiernos hacen “el papel de buenos”, echando dinero en la economía y alimentando la inflación. Claro que si no lo hicieran, la actual crisis de inflación se convertiría en una grave crisis social.

Así que el BCE, forzado por EEUU y por una inflación disparada, subirá los tipos por tercera vez esta semana (un 0,75%?) y volverá a hacerlo en los próximos meses, aún sabiendo que eso va a precipitar que Europa caiga en recesión, quizás en el 4º trimestre de 2022 y el 1º de 2023. Lo prefiere, aunque sea “doloroso”, porque cree que la inflación descontrolada es peor. Pero estas subidas de tipos van a agravar la crisis, tanto de los Gobiernos como de las empresas y familias. Ya lo están haciendo. La subida de tipos ha provocado que España esté pagando más  por financiar su abultada deuda pública (1,475 billones): si en enero se colocaban los bonos a 10 años pagando un 0,60%, en junio se pagaba ya el 2,779% y el viernes 21 de octubre había que pagar el 3,652%...Las empresas españolas han visto encarecer sus créditos un +43% sólo hasta julio: han pasado de pagar un 1,61% a finales de 2021 al 2,3% en julio, según el Banco de España. Y las familias llevan meses pagando más por los créditos personales (+8,6%) y, sobre todo, por las hipotecas.

Centrémonos en las hipotecas: en España hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo de interés variable y el 90% de ellas están referenciadas al Euribor (el tipo al que se prestan los bancos entre sí). Y este Euribor lleva meses subiendo, desde su mínimo en diciembre 2021 (era negativo: -0.502) hasta dispararse al +2,233% en septiembre 2022 (la mayor subida de la historia en un mes y en un año). Y en octubre, antes de que el BCE haga su tercera subida de tipos, ya está en el 2,60% mensual, lo que significa una subida real de las hipotecas del +3,1% en lo que va de año. Y los expertos apuestan porque el Euribor siga subiendo, hasta el +3,25% a finales de 2022, según FUNCAS.

Las familias con hipotecas ligadas al Euribor (3,6 millones) van a notar esta subida (el “dolor” que dice el BCE) en la próxima revisión, que suele ser anual (o semestral). Los que la revisen en octubre, con la subida del Euribor hasta septiembre, ya sufrirán un enorme susto: si tienen una hipoteca tipo (137.921 euros a 24 años, según los datos del INE), con un tipo del Euribor+1% (muy bueno), pagarán ahora 180 euros más al mes (+2.160 euros al año), un 35% más de recibo. Y si sigue la tendencia al alza, en los próximos meses será peor, por encima de 200 euros más al mes por hipoteca.

¿Qué pueden hacer los hipotecados? En teoría, tienen 3 opciones: cambiar la hipoteca, cancelar y contratar otra o amortizar lo que le falta de pagar (total o parcialmente). La opción que más se escoge actualmente es cambiar de hipoteca, optando por un tipo fijo en lugar de por un tipo variable ligado al Euribor. Pero no es fácil, porque los bancos han reaccionado  y han subido los tipos fijos en estos meses (la mayoría de ofertas superan ya el 3%), ofertando hipotecas a tipo variable más atractivas (Euribor+0,80%), porque con ellas obtienen más margen del cliente y no se pillan los dedos con las hipotecas a tipo fijo. Hay que echar cuentas y pensar a medio plazo: el Euribor puede llegar al 4% en 2023, pero si la inflación baja en 2024 y 2025 al entorno del 2%, debería bajar a ese entorno también el Euribor a medio plazo y mantenerse hasta otra crisis. Así que a la hora de cambiar de tipo, pensemos en que una hipoteca es a 20/25 años y que es arriesgado “atarse” a un tipo alto.

Una vez decidido el cambio de hipoteca de variable a fijo, queda decidir si se hace con el propio banco (“novación”) o si se cambia la hipoteca a otro banco (“subrogación”), un proceso que suele tener más gastos y que a veces incluye “costes ocultos” (comisiones, nueva tasación, seguros, tarjetas…). El consejo suele ser renegociar primero con nuestro banco y luego preguntar al resto, con ofertas siempre escritas y comparables. Y si le queda menos de la mitad de hipoteca por pagar, lo aconsejable es no cambiar de banco (ni de hipoteca). La opción de cancelar y contratar otra suele ser la más cara, salvo que tengamos una pésima hipoteca. Y la tercera, amortizar la hipoteca (toda o en parte), puede ser una buena decisión si se cuenta con un dinero extra al que le sacamos poca rentabilidad. Pero siempre es mejor hacerlo en los primeros años de la hipoteca, cuando se pagan más intereses que capital. Luego, en la segunda mitad, se paga la mitad de intereses que de capital y compensa menos.

En general, es mejor no dejarse llevar por la corriente de cambiar de hipoteca, salvo casos muy claros. Lo evidente es que, por culpa de la subida de tipos, las familias hipotecadas tienen otro gasto extra en los próximos meses, además pagar más en la factura de la luz, el gas, los carburantes, los alimentos y casi todo. El problema que más preocupa es que esta subida de tipos tiene un efecto desigual, afecta más a las familias con menos recursos y sobre todo a las que se han endeudado más estos meses, por la inflación: este verano y ahora con ”la cuesta de otoño”, muchas familias han tirado de tarjeta y de préstamos personales para llegar a fin de mes, aumentando peligrosamente su endeudamiento. Y ahora, con la subida de tipos, tienen más difícil pagar, lo que preocupa a la autoridad bancaria europea, al Banco de España y a los bancos.

De hecho, el Banco de España ya ha “alertado que el encarecimiento de las hipotecas hará que el 14% de las familias con hipoteca  (unas 770.000 familias) se conviertan en “vulnerables”, al subirles ahora los intereses a pagar por encima del 40% de sus ingresos. El temor es que eso dispare la morosidad en los bancos y los desahucios. Para evitarlo, el Gobierno lleva semanas estudiando ayudas, a las que se ha “apuntado” la banca, por dos razones: para evitarse problemas (saben que muchas hipotecas que han concedido para mantener el negocio son “una bomba de relojería”) y para mejorar su imagen pública. Así, llevan días “vendiendo que proponen al Gobierno una ampliación de hasta 5 años de las hipotecas (ojo: sólo de 1ª vivienda) de las familias más vulnerables, aquellas para las que la próxima revisión les suba la cuota más del 30%, siempre que la cuota les suponga más del 40% de sus ingresos y que ganen menos de 24.318 euros al año. Otra condición es que, con la ampliación de la hipoteca, el pago mensual no baje sobre lo que pagaban antes de la revisión por la subida del Euribor (o sea, que los bancos no cobrarán menos mensualidad ).

Con todas estas “condiciones”, serán pocos los hipotecados que se beneficien de esta moratoria, no más del 10% del total. Los bancos tienen prisa por anunciar la medida antes de que esta semana se publiquen sus resultados, los beneficios del tercer trimestre, que se espera sean "extraordinarios" gracias a la subida de tipos: la previsión es que los 6 grandes bancos aumenten sus beneficios un +25%, según este cuadro de posibles resultados por entidades de Bloomberg. Ya en el primer semestre de 2022, por efecto de la subida de tipos desde abril, la gran banca ganó un 36% más en su actividad en España, según Neovantas. Y además de ganar más de sus clientes cuando suben los tipos, los bancos también cobran más del BCE por el dinero que tienen allí depositado: si antes les cobraban por el dinero que “no  movían”, en julio les pagaron un 0% y en septiembre un +0,75%. Y con la próxima subida de tipos, les pagarán más: se estima que, en el 4º trimestre, la banca europea ganará unos 8.000 millones extras por esos 4,3 billones que tienen “aparcados” en el BCE, según la previsión de Jefferies. Y tres bancos españoles, Unicaja, Bankinter y CaixaBank están entre los bancos europeos que más ingresos “extras” tendrán (ver cuadro).

Así que la subida de tipos es “dolorosa” para las cuentas públicas (más pago intereses), las empresas y las familias, pero va a recomponer los beneficios de la banca, este año y más el próximo. Por eso, el Gobierno Sánchez ha aprobado un nuevo impuesto temporal a la banca (sobre el margen de intereses y comisiones), con el que busca ingresar 3.000 millones entre 2023 y 2024, para afrontar el coste de las ayudas contra la inflación. Un impuesto duramente atacado por la banca española, que ha pedido ayuda al BCE, banca que todavía tiene “un colchón” de 65.471 millones para rebajar su pago de impuestos, un “cheque fiscal” con el que seguirán reduciendo el pago del impuesto de sociedades, a costa de los ajustes (de activos y créditos) que hicieron tras la crisis inmobiliaria…

En resumen, que este jueves nos cae encima otra subida de tipos, que no frenará los precios de la luz, gas, carburantes o alimentos, pero sí va a empeorar la situación económica de las familias, las empresas y el Estado. Y va a acelerar que Europa (y España) entre en recesión los próximos meses, forzando a la economía a “entrar en la UVI” como receta contra la inflación, en lugar de optar por otras vías, como bajar los precios de la energía (excepción ibérica, tope al gas) y moderar  los márgenes y beneficios empresariales que se alimentan de las subidas. Será “una recesión anunciada”, fruto de una subida de tipos que se reconoce como “dolorosa”. Lo peor es que es una receta inútil, que sólo surte efecto con el enfermo en coma. Sería bueno que los Gobiernos europeos y el BCE se dejaran de “ortodoxias suicidas” y buscaran soluciones menos dolorosas. Las hay.

jueves, 21 de julio de 2022

Subida de tipos: poco efecto y muchos riesgos

Hoy 21 de julio, el Banco Central Europeo (BCE) sube los tipos de interés, por primera vez en 11 años. Y volverá a subirlos en septiembre. Intenta así combatir la alta inflación en la zona euro (+8,6%). Pero la medida parece poco eficaz, porque esta inflación no se debe a que la economía esté “recalentada” por mucho consumo y haya que “enfriarla” encareciendo el dinero, sino a la subida de la energía y los alimentos, que no bajarán porque suban los tipos. Ahora, el dinero más caro va a encarecer créditos e hipotecas, agobiando aún más a familias y empresas. Y a los Gobiernos, porque les subirán los intereses de la deuda pública, recortando su margen para ayudas. Y si Putin corta el gas, las subidas de tipos serán la puntilla que lleve a Europa a otra recesión en otoño. La “medicina” del BCE contra la inflación puede ser inútil y peligrosa. Atajen la inflación por otras vías.

Enrique Ortega

El mundo lleva décadas de dinero barato, para atajar primero la crisis de 2008, reanimar luego las economías, afrontar la pandemia y después ayudar a la recuperación. En Europa, tras el doble error del BCE con Trichet (subió los tipos dos veces, en abril y julio de 2011, agravando la crisis de la deuda), llegó Draghi el 1 de noviembre de 2011 y dos días después utilizó el BCE para bajar los tipos de interés 6 veces, del 1,50% al 0% en marzo de 2016, un nivel en el que se han mantenido hasta ahora. Y en paralelo, puso en marcha un programa de compra de deuda, para ayudar a los paises más endeudados del sur (Grecia, Italia, España y Portugal), dos medidas que ayudaron a superar la grave crisis financiera europea de 2010. A partir de 2018 y 2019, la economía europea empezaba a recuperarse, pero sin mucha fuerza, por lo que el BCE mantuvo los tipos a cero y las compras de deuda. Y en 2020 y 2021, con la pandemia, siguió “dopando” con dinero barato la economía, otra vez en crisis.

Pero en 2022, Putin invade Ucrania (24-F) y se acelera la inflación, que ya repuntaba desde el verano de 2021, por la mayor demanda tras la pandemia, el cierre parcial de China (“la fábrica del mundo”), los “atascos” en el comercio mundial y la brusca subida de la energía. En marzo, los precios se dispararon  y EEUU toma la iniciativa: subir los tipos de interés (en el 0% desde 2020, por la pandemia), un +0,25%. Y vuelve a hacerlo en mayo y junio de 2022, colocando los tipos en el 1,50-1,75%  (la Reserva Federal volverá  a subirlos otro +0,75% el próximo 27 de julio). Mientras, el BCE no se decide a seguirles, porque la economía europea está más débil que la de EEUU y la presidenta Lagarde teme frenarla más si sube tipos.

Pero la inflación europea sigue disparada (+8,6% en junio, una subida nunca vista) y los “ortodoxos” del BCE presionan para subir tipos, como en USA. Así que, el mes pasado, Lagarde (BCE) se compromete a subirlos dos veces, hoy (+0.25%, aunque podría ser un +0.5%) y en septiembre (otro +0,50% o más, según se comporten los precios este verano. Y no se descarta otra tercera subida en diciembre, para colocar los tipos oficiales en el 1,5% a finales de 2022 (con una inflación prevista entonces del 7,1%). Y en el 2% en 2023 (donde se espera una inflación del 3,5%, aún lejos del 2% de objetivo de inflación), todavía muy por debajo de los tipos en EEUU, que se pueden colocar en el 3,75% en 2023. Además, desde el 1 de julio, el BCE ha dejado de comprar deuda pública de los paises (sobre todo de Italia, España y Grecia), para retirar estímulos a la economía y atajar así la inflación.

La subida de tipos oficiales en Europa es una medida de primera magnitud, que va a afectar drásticamente a familias, empresas y paises. De hecho, la expectativa de que el BCE subiera los tipos, como USA, lleva subiendo el precio del dinero en los mercados desde principios de año. Así, el Euribor (el interés al que se prestan los bancos entre ellos) está subiendo, tras estar en tipos negativos desde febrero de 2016 (ver gráfico): llegó a su mínimo histórico en diciembre de 2021 (Euribor al -0,501%) y a partir de ahí empezó a subir en enero, febrero y marzo de 2022 (todavía en negativo, en el -0,237%), para ponerse en positivo en abril (Euribor medio al +0,013%), seguir subiendo en mayo y junio (Euribor al +0,852%, el interés más alto de los últimos 10 años) y alcanzar ayer, un interés del +1,164%, un Euribor desconocido desde 2011 (+2,044%).

Así que, aunque los tipos oficiales del BCE suban hoy,  las familias con una hipoteca ya han visto subir su cuota en los últimos meses, si les ha tocado la revisión anual con el Euribor. Y son muchas las familias afectadas: se estima que hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo variable, y el 90% de ellas referenciadas al Euribor (se paga un interés del Euribor+ un porcentaje, del 1 al 3%). Así que 3,6 millones de familias tienen una hipoteca variable que les ha subido ya o les va a subir en los próximos meses, cuando se prevé que el Euribor llegue al 1,5% (y al 2% en 2023). La estimación de subida, para una hipoteca media de 150.000 euros a 25 años, es de 1.396 euros al año, unos 116 euros más de cuota cada mes.

Además, la subida del Euribor y la subida oficial del BCE ya han encarecido los créditos al consumo (para comprar desde un electrodoméstico, un coche o un viaje) que subirán aún más en los próximos meses, dificultando las cuentas de las familias, que tendrán más difícil el que se les conceda (por el temor de la banca a los impagos). La subida de tipos es preocupante para las familias, porque ahora están más endeudadas que antes de la pandemia: tienen deudas por 704.000 millones de euros, según el Banco de España.

La subida de tipos también perjudica mucho a las empresas, que tienen una deuda financiera de 962.000 millones de euros, también más que en 2019, según el Banco de España. Ahora, les subirán los intereses y tendrán más dificultad para financiarse, sobre todo las pymes de los sectores con alta inflación y que más se han visto afectadas por la pandemia. De hecho, el Banco de España ha alertado que están en riesgo de impago el 24% de los créditos concedidos a empresas de sectores vulnerables (hostelería, restaurantes, refino, ocio y transporte), unos 21.500 millones de créditos dudosos o en vigilancia especial.

La subida de tipos del BCE afecta mucho a los distintos paises europeos, sobre todo a los más endeudados: Grecia (su deuda pública alcanza el 193,3% del PIB), Italia (150,8%), Portugal (127,4%), España (118,4%), Francia (112,9%), Bélgica (108,2%) y Chipre (103,6%), según la Comisión Europea. Y les afecta de dos maneras: pagarán ahora más intereses por su elevada deuda pública y además, tienen el riesgo de que “los mercados” (inversores y bancos) se pongan nerviosos y vendan la deuda de estos paises, dificultado su financiación (y encareciéndola) y provocando otra crisis financiera en la Europa del sur, como en 2010-2012.

España es uno de los paises más afectado negativamente por la subida de tipos. Por un lado, tendremos que pagar más por colocar la deuda pública, que en mayo (tras el aumento de las ayudas pública por la pandemia y la inflación) ascendía ya a 1.456.000 millones de euros. De hecho, si en enero de 2022 España colocaba sus bonos a 10 años al 0,60%, en junio ya nos pedían el 2,779% para financiarnos y ahora el tipo es el 2,53%. Eso supone que habrá que dedicar más dinero del Presupuesto a pagar intereses: +12.000 millones extras entre 2022 y 2025, según la estimación de la AIReF, que prevé que tengamos que pagar hasta el 3% para colocar la deuda pública española.

El otro riesgo es que España, y los paises de la Europa del sur (en especial Italia y Grecia) tengan problemas para financiarse, que los inversores no quieran nuestra deuda, ahora que el BCE ha dejado de comprarla. Eso se detecta ya en la subida de la “prima de riesgo”, el porcentaje extra que tenemos que pagar respecto a Alemania para que nos financien: ahora está en el 238% para Italia (ha de pagar un 2,26% más que Alemania para financiar su deuda), en el 219% para Grecia, el 124% para España y el 114% para Portugal. El BCE ha dicho que aprobará un sistema para evitar estas diferencias, para que el sur no pague más por endeudarse y eso rompa el euro, pero no será fácil… Y más con el problema añadido de la inestabilidad política en Italia.

En definitiva, que la subida de tipos (la que ya tenemos en los mercados y la oficial aprobada hoy por el BCE) va a encarecer aún más los costes de las familias y empresas y de los paises, obligándoles a gastar más en pagar intereses, a costa de recortar ayudas y otros gastos. Así que si teníamos un grave problema con la inflación disparada (más costes para todos), ahora las familias, empresas y Gobiernos tienen otro problema: el dinero más caro. O sea, más costes aún, menor margen de maniobra para gastar e invertir. Un mayor riesgo de que se frene más el crecimiento y el empleo, de que vayamos a otra recesión, sobre todo en Europa, donde la economía creció sólo un 0,7% en el primer trimestre (UE-27), pero mucho menos en Alemania (+0,2%), Italia (+0,1%) y España (+0,3%), cayendo en Italia (-0,2%), según Eurostat. Y con la amenaza del corte total del gas ruso, que si se confirma, llevaría a Alemania, Italia y a toda Europa a otra recesión en el último trimestre de 2022.

Como se ve, el coste y los riesgos de subir los tipos de interés, tras 11 años en el 0%, son muy elevados. Entonces, ¿por qué se encarece el dinero? La teoría monetaria “ortodoxa” indica que es la mejor arma contra la inflación que atenaza al mundo: con el dinero más caro, se gasta y se invierte menos, baja la demanda y con ella los precios. Pero en la actual coyuntura, esto no es así, porque la teoría funciona cuando tenemos una “inflación de demanda”, cuando una economía está “recalentada”, hay demasiado gasto y hay que frenarlo para bajar los precios. Pero ahora no pasa esto, sino que tenemos “una inflación de oferta”: han aumentado los costes, sobre todo la energía y los alimentos, y no van a bajar ni la luz ni los carburantes ni los cereales porque el dinero sea más caro. Al contrario, van a aumentar otros costes (créditos, hipotecas e intereses de la deuda pública y privada) y eso alimentará aún más la inflación, reduciendo el margen de familias, empresas y Gobiernos.

Pero las autoridades monetarias de EEUU y Europa no quieren ver este análisis, se agarran a la vieja ortodoxia de que la mejor arma contra la inflación es subir los tipos. Pero ahora no es así: es una medida poco eficaz y con múltiples costes. Lo que puede provocar es deteriorar más la salud del enfermo, al quitarle la respiración asistida del dinero barato. El gran objetivo no es sólo bajar la inflación sino evitar que el mundo entre en otra recesión, tras la larguísima crisis de 2008 y la pandemia. Y con las subidas de tipos hechas y anunciadas, el enfermo entrará en coma. Y encima no bajará la inflación.

Es hora de que Europa (y EEUU y el G-7) se planteen otras alternativas frente a la inflación, que no sea “el ricino” de los tipos. Hay que negociar a nivel mundial una recomposición de las economías, aumentando la oferta de energía (petróleo y gas), con acuerdo con la OPEP y los principales productores (dejando a Rusia al margen). Hay que reestructurar los mercados de alimentos y materias primas, con acuerdos internacionales y la creación de stocks de seguridad, que eviten los altibajos de precios y las hambrunas. Y hay que recomponer las cadenas de suministros, desde Asia a Europa y EEUU, racionalizando el tráfico marítimo de mercancías y la globalización. Y hay que replantear una política racional de producción internacional de bienes y servicios, para evitar los cuellos de botella derivados de la falta de inversiones y la escasez de plantillas (mal pagadas) en medio mundo. En definitiva, hay que “redefinir el capitalismo”, tras la crisis, la pandemia y la guerra.

Pero claro, todo esto es muy difícil y exige tiempo y valentía política, algo que no parecen tener los líderes actuales, que prefieren dejar la solución a la inflación en manos del BCE y la Reserva Federal, anclados en sus viejas recetas monetarias, hoy inútiles y peligrosas. Así que ahora, por si no teníamos bastante con la inflación disparada, nos subirá la hipoteca, los créditos y el coste de la deuda pública. Un nuevo problema para arreglar otro. Y “más boletos” para que este otoño entremos en crisis, tras el espejismo del turismo récord este verano. Lo siento, pero con la subida del BCE hoy, hay menos motivos para la esperanza.