España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.
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jueves, 11 de julio de 2024
España, un país de bares y restaurantes
En junio, casi la mitad del empleo nuevo se creó en la
hostelería (+32.030 ocupados), gracias al dinamismo de bares y
restaurantes, llenos cada día. España es el país de Europa con más
bares y restaurantes, aunque hay menos bares que en 2010 pero muchos
más restaurantes. Entre ambos, dan trabajo a 1,4 millones de personas.
Todo apunta a que el sector irá a más,
porque el 70% de los españoles come y bebe fuera de casa, cada
vez más, a pesar de la fuerte subida de precios en la hostelería. La
tendencia, tanto en bares como en restaurantes, es una mayor especialización
y al auge de las cadenas y grandes empresas, que ya suponen un
tercio de la facturación en restauración. Falta mejorar la formación del
personal y la productividad del sector, aún baja. Y cada vez habrá más
competencia, lo que provocará múltiples cierres y aperturas. Una “criba”
drástica en la hostelería, propiciada por Internet y las redes
sociales. Menor bares y restaurantes tradicionales y más locales "de diseño". Enrique Ortega
España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.
El gasto de los españoles en bares y restaurantes cayó
con la crisis de 2008 y empezó a recuperarse en 2015, hasta que volvió a caer
en 2020 y 2021, por la pandemia. Pero ya se ha recuperado con
creces, según la última
Encuesta de Presupuestos Familiares (INE): el gasto en restaurantes y
hoteles es la 4ª mayor partida de gasto familiar, 3.311
euros en 2023 (el 10,22% del gasto total), sólo por detrás del gasto en vivienda,
luz y agua (se lleva el 31,8% del presupuesto familiar), en alimentación
y bebidas (17,9% del gasto) y transporte (11,6% del gasto familiar).
Si restamos el gasto en hoteles, el gasto familiar en bares y
restaurantes fue de 2.804
euros en 2023, un 8,60% del gasto total, superando ya el gasto de 2019 (2.478,09 euros, el 8,19% del gasto total). Y el gasto
por persona en bares y restaurantes es de 1.128 euros, el 8,6% del
total (8,4% en 2019).
Los españoles tenemos muchos más bares y restaurantes que
el resto de europeos y además los visitamos mucho más: acudimos a
beber o comer fuera de casa una media de 175 veces al año (eran 186 veces en
2008), frente a 150 veces los franceses o alemanes y 258 veces los italianos, según
datos de la consultora NPD Group. Pero, curiosamente, gastamos más
que el resto de europeos en “beber y alternar” y menos en comer fuera de
casa: 800 euros de media en
restaurantes, por detrás de Italia (1.044 euros), Alemania (989 euros), Reino
Unido (975 euros) y Francia (851 euros).
La recuperación de bares y restaurantes, tras
el duro bache de la pandemia, ha venido de la mano de una mayor apuesta
de los españoles (y europeos) por el turismo y el ocio, por salir y
viajar más tras los confinamientos. Así, los datos de 2023 reflejan que han
seguido creciendo en España los bares y restaurantes, un sector que
aporta el 3,9% del valor añadido a la economía, que supone el 7% de las
empresas y del empleo y que ingresa el 9% de toda la facturación en
España del sector servicios, según
un reciente informe de CaixaBank Research, que resume así el sector: 264.000
establecimientos, de los que dos tercios son bares y cafeterías (62%),
casi un tercio (31%) son restaurantes y el 7% restante son servicios
de catering, de comidas y bebidas para eventos y domicilios.
La pujanza de la restauración no puede ocultar la
evolución interna en los últimos años, donde se ha reducido el número
de bares y han aumentado mucho los restaurantes, según
el estudio de CaixaBank Research. Así, en 2023 había en
España 148.200 empresas de bares y cafeterías, frente a 202.699
bares y cafeterías en 2010 (-54.499 empresas, un 26,88% menos),
lo que supone que han desaparecido 1 de cada 4 bares y cafeterías que
había hace 13 años. Por el contrario, hay 69.410 restaurantes (2023),
10.406 más que en 2010 (había 58.950 restaurantes), lo que indica que casi
1 de cada 5 restaurantes actuales son nuevos, no existían hace 13 años.
Y también ha aumentado “la tercera pata” del sector de la restauración, los
servicios de catering: han pasado de unas 10.000 empresas en 2010 a
14.218 empresas en 2023, un crecimiento superior al 40%.
De estas 231.828 empresas de restauración en España (1
por cada 209 habitantes) la mayoría son propiedad de personas físicas (el 63%, más que en el conjunto de la
economía, donde son el 57%) y dominan las “microempresas”: el 91,5%
de los bares, restaurantes y servicios de catering tienen menos de 9
empleados, según
CaixaBank Research. Y las grandes empresas de restauración,
con más de 250 empleados, suponen sólo el 0,05% del total, pero aportan el 17%
del valor añadido del sector y mantienen el 21% del empleo total del sector. En
los últimos años, hay una mayor concentración del sector,
con menos empresas familiares y más grandes empresas, que copan nuevos
bares y restaurantes.
El número de empresas de restauración (bares, restaurantes y
servicios de catering) ha bajado desde 2013 (de 258.850 a 231.828), pero la
facturación del sector ya se ha recuperado del bache de la pandemia: en
2023, facturaron 230.000 euros por empresa, un 11,11% más que en 2019 (207.000
millones), según
el estudio de CaixaBank. Pero esta recuperación ha sido desigual.
Los bares y cafeterías facturan 127.000 euros por empresa, +6% que en
2019. Y los restaurantes facturan más del triple, 436.000 euros por empresa (+18%
que en 2019). La facturación por empresa ha crecido porque bajó el número de
empresas y subieron los precios, sobre todo en 2022 y 2023. Y, sobre todo,
por el récord de turistas: el 30% de locales de restauración dependen del
turismo, tanto nacional como extranjero. Y el 10% de los ingresos de toda la
restauración depende del turismo internacional, que bate récords año tras año.
La restauración en España no sólo factura más cada año
(con menos bares y más restaurantes), sino que además ofrece un servicio
con más calidad. Una forma de medirlo es el número de restaurantes
con estrellas Michelín, que ha aumentado un 43%: de 190 que la tenían
en 2019 a 272 en 2023, lo que nos coloca como el 4º país europeo con más
restaurantes con estrella (tras Francia, con 636, Italia con 395) y
Alemania, con 340 restaurantes premiados). Tienen 1 estrella 223 restaurantes
españoles, dos estrellas otros 34 y 3
estrellas tienen 15 restaurantes, siendo España el 2º país europeo con más
restaurantes con 3 estrellas Michelín, tras Francia (27 restaurantes).
El sector restauración es, con los hoteles y la información,
el que más empleo ha creado en los últimos años. En el primer
trimestre de 2024, los bares, restaurantes y catering empleaban a 1.380.968
trabajadores, +54.955 empleados más que antes de la pandemia y +357.712
ocupados en la restauración que en 2010 (+35%), según
CaixaBank Research. Las regiones con más empleo en el sector son Andalucía
(241.150 trabajadores), Cataluña (211.950), Madrid (172.900), Comunidad
Valenciana (153.100), Canarias (98.850), Galicia (65.600), Baleares
(58.575) y Castilla y León (53.675 ocupados en restauración).
Lo más destacado del empleo en restauración es que ahora
es mucho menos precario, tras la reforma laboral aprobada en 2021. Así,
el porcentaje de empleos temporales en la hostelería (incluye
alojamiento y restauración) ha caído del 36,7% en 2019 al 7,7%, gracias
al aumento espectacular de los contratos fijos discontinuos: los trabajadores
de bares y restaurantes tienen un contrato fijo y trabajan unos meses al año,
cobrando el paro el resto. Además, estos trabajadores están ahora mejor
formados y un 27% se matriculan en cursos de FP Superior. Y destaca el creciente peso de los trabajadores extranjeros: son el 26,2%
de los trabajadores de la restauración, más que en 2019 (23,3%) y el
doble de los trabajadores extranjeros en la economía (11,1%), según
CaixaBank Research.
El punto negro del sector restauración es su baja
productividad (VAB por empleado) : su índice es 42 sobre 100, menos
de la mitad que toda la economía (100) y la más baja del sector servicios (la
hostelería tiene un índice 55 y el comercio 85). Los expertos
señalan varias recetas para mejorar la productividad de bares
y restaurantes: mejorar la formación de los trabajadores (habilidades técnicas,
gestión del negocio y servicio al cliente), aumentar el tamaño de las empresas
(las grandes suelen ser más productivas) y mejorar la innovación tecnológica
del sector, con mejores sistemas de gestión de pedidos y reservas, la automatización
en las cocinas o con nuevas herramientas de análisis de datos.
Los establecimientos de restauración están muy repartidos
por todo el territorio, aunque se concentran más en las zonas turísticas y las
más pobladas, pero también en la España rural, donde ejercen el papel de “vertebrar
el territorio”. Tal es así que la España vaciada se identifica
con la España sin bares: 1 de cada 5 municipios (el 18%) carece
de un bar, aunque en ellos sólo vive el 0,30% de la población española. La
media española está en 3,05 bares por 1.000 habitantes. Curiosamente, las
provincias con más bares por 1.000 habitantes
están en el interior: son León (3,5), Salamanca y Zamora (3,4), Palencia
(3,3) Ávila y Burgos (3), seguidos de Baleares y Asturias (3), Orense
(2,9) y Segovia (2,8 bares por cada 1.000 habitantes). Y los pueblos con más
bares son Sallent de Gallego, en Huesca (15,7 bares por 1.000 habitantes),
Comillas, en Cantabria (9,8) y Peñíscola, en Castellón (9,4).
Lo que alimenta el negocio de la restauración es la
tendencia de los españoles a consumir más bebidas y comidas fuera de casa,
por tradición y como forma de” socialización” y ocio. De todo el consumo de
alimentación y bebidas en 2023, el 12,6% ya se hizo fuera de casa,
un gasto de 34.941 millones, una media de 1.001 euros por persona al año (el
67% en comida y el 33% en bebida), según
el Anuario del Ministerio de Agricultura 2023, que revela una ligera bajada
de comidas y cenas y un aumento de los desayunos hechos fuera de casa. La
tendencia a comer y cenar fuera está muy extendida, como revela que el
70% de españoles comieron o bebieron fuera de casa en 2023, para “socializar”
y para “evadirse y disfrutar”, a pesar de la fuerte subida de precios: saltó
del +1,2% en 2021 al +4,5% en 2022, del +6,7% en 2023 y el +4,8% en mayo de
2024, según el INE,
aunque este verano subirán todavía más.
La tendencia de salir a bares y restaurantes
está muy afianzada y crecerá. En mayo de 2024, un 50% de
los consumidores comen en un restaurante al menos una vez por semana (+28%
que hace un año), según
Horeca. Y el 44% de las personas desayunan a media mañana en un bar
o cafetería, porcentaje que sube hasta el 73% en el caso de los trabajadores
. Y aunque un 46% de empleados lleva “la tartera” al trabajo, un 43% opta por comer
en un bar o restaurante (+19% que hace un año). Y los fines de semana, el 74%
de españoles toma el aperitivo, un 57% sale de cañas o copas por la tarde y un
55% por la noche. En los últimos meses, aumenta más
el ocio diurno que nocturno, que casi la mitad prefiere salir a
comer que a cenar y que se adelantan las horas de beber y comer fuera.
Otra tendencia, según
el Observatorio de Marcas (KPMG), es
el auge de la comida para llevar y el ascenso de los restaurantes
de comida rápida, con un peso creciente de las cadenas de bares y
restaurantes: la “restauración de marca”, con 40 grandes empresas, ha
conseguido ya un 30% de cuota de mercado en bares y, sobre todo,
restaurantes. Y esperan seguir abriendo locales y creando nuevos empleos en
2024, empujados por el peso creciente del ocio y los récord del turismo
nacional y extranjero. Respecto a los
clientes, cada vez apuestan más por la digitalización
(en reservas, cartas con códigos QR y valoraciones a posteriori) y la
sostenibilidad, popularizándose los menús bajos en calorías, con productos
de temporada y vegetarianos.
En definitiva, hay una fiebre
por salir de casa y de la ciudad donde vivimos que alimenta el
negocio de los bares y restaurantes, consolidando el sector en España. Un
sector, la restauración, cada vez más profesionalizado y sofisticado,
con fuertes inversiones y una oferta muy variada, que pretende no sólo ofrecer
comida y bebida sino “una experiencia”, con locales de moda y cartas
cada vez más diversificadas (y más caras), con la ayuda de Internet y las
redes sociales. Y con un auge de la comida a domicilio, que busca
convertir nuestras casas en restaurantes a la carta . Nada que ver con los
bares y restaurantes “de siempre”, cada vez más difíciles de encontrar (y
muchos, sin “relevo generacional”). Mientras seamos un país al que le gusta
vivir en la calle, ir a las terrazas y comer fuera, los bares y
restaurantes seguirán creciendo, al amparo del “boom turístico”. El
problema es que la oferta será cada vez menos propia, menos “typical spanish”
y más internacional, más “industrializada”. Es lo que viene.
España es un país con una arraigada tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que “choca mucho” (y atrae) a los turistas extranjeros que nos visitan. De hecho, España es el país del mundo con más bares y restaurantes, 1 por cada 209 habitantes, más del doble que en Francia (1 por 350 habitantes) o Reino Unido (1 por 500). Y también somos el país europeo que más gasta (en porcentaje) en bares, restaurantes y hoteles: el 11,3% del gasto por persona, el doble que la media europea (6%) y el triple que Alemania (4%), según las estadísticas de Eurostat.
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lunes, 4 de mayo de 2020
Desescalada: 49 días muy complicados
Hoy 4 de mayo empieza la fase 0 de la “desescalada”, que durará un mínimo de 7 semanas, más quizás para Madrid y Barcelona. Entramos en la 8ª semana de confinamiento, pero el 11 de mayo se abrirá algo más la mano, en algunas provincias, para ir a comercios y bares, con muchas restricciones, que provocan quejas de empresas, autonomías y la oposición. Pero el coronavirus sigue ahí, contagiando y matando, y no podemos bajar la guardia, aunque aumente el paro y se asfixien empresas. Nos quedan 7 u 8 semanas más complicadas que el sencillo confinamiento en casa: habrá que salir poco y con cuidado, rehacer algo nuestras vidas sin multiplicar el virus. Y a finales de junio, volver a una “nueva normalidad” que no lo será, con un verano y un curso hipotecados por el coronavirus hasta que haya vacuna, a principios de 2021. El mayor problema sigue siendo la desunión política y autonómica ante el virus, mientras los españoles nos sacrificamos. Sumen esfuerzos. Hay que salvar vidas.
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| enrique ortega |
Acaban de cumplirse los 4 primeros meses del coronavirus y la pandemia avanza a una velocidad increíble: tardó 3 meses en contagiar al primer millón de personas, sólo 12 días al 2º millón y otros 12 días al tercero. Hoy 4 de mayo, ha contagiado ya a 3.507.424 personas, en 187 paises, causando 247.497 muertos, a pesar de que un tercio del mundo está confinado. El epicentro de la pandemia sigue siendo Europa (1,5 millones de contagiados), pero el líder es Estados Unidos (1.158.041 contagiados), seguido de España (217.466 contagiados), Italia (210.717), Reino Unido (187.842), Francia (168.925), Alemania (165.664), Rusia (134.687), Turquía (124.375), Irán (97.424), Brasil (97.100) y China (83.959), según la Universidad Johns Hopkins. En muertos, el líder es también EEUU, con 68.598 fallecidos, seguido de Italia (28.884), Reino Unido (28.446), España (25.264 muertos), Francia (24.864), Bélgica (7.844) y Alemania (6.866). España es el 2º país con más muertos por millón de habitantes (537), tras Bélgica (685), aunque nuestra tasa de letalidad (muertos/contagios: 11,6) , es inferior a la de Francia (18,9), Bélgica (15,7), Reino Unido (15,4), Italia(13,7), Holanda (12,4) y Suecia (12,1), según los datos de Sanidad.
Tras 7 semanas de confinamiento, en España sigue bajando el ritmo de contagios: crecen menos del 1% la última semana (+0,39% ayer), la mitad que la anterior y muy lejos del 32% que crecían antes del 14 de marzo. Pero sigue habiendo nuevos contagios cada día (+838 ayer, frente a +2.870 una semana antes), porque ahora se hacen más test, aunque las cifras son poco homogéneas entre autonomías. Y aumentan, aunque mucho menos, los hospitalizados (+547 ayer) y los ingresados en las UCIs (+65 ayer). Pero todavía hay muchos muertos: 164 ayer, menos de la quinta parte que los 950 muertos del peor día de esta pandemia (1 de abril), según los datos de Sanidad. Varias autonomías llevan días sin ningún nuevo enfermo COVID en UCIS (Canarias, Cantabria, Aragón, Baleares, Ceuta y Melilla). Y varias no tenían ayer ningún muerto por coronavirus: Canarias, Aragón, Baleares, Ceuta y Melilla.
Esto confirma lo que sucede desde el principio: un alcance muy desigual de la pandemia por autonomías. El mapa del coronavirus concentra los contagios en 8 autonomías con un nivel de enfermos superior a la media española (57,94 contagiados por 100.000 habitantes): son Cataluña (129,08), Castilla y León (118,73) y La Rioja (114,90), seguidas de Navarra (82,39), Castilla la Mancha (81,41), Madrid (76,81), País Vasco (60,42) y Galicia (59,60), regiones donde viven 24,5 millones de personas, el 51% de españoles. Las 9 autonomías restantes, más Ceuta y Melilla, tienen un contagio inferior a la media, siendo muy bajo en Murcia (4,08 contagiados por 100.000 habitantes), Canarias (8,22), Ceuta (9,44), Melilla (12,72), Asturias (14,67), Extremadura (15,08), Baleares (15,49), Comunidad Valenciana (16,53) y Andalucía (16,66), según los datos de Sanidad ayer. También hay muchas diferencias en el balance de los hospitalizados: destacan Madrid (40.597) y Cataluña (27.257), seguidos por Castilla la Mancha (8.676), Castilla y León (8.085), País Vasco (6.692) y Andalucía (5.961). Y en los enfermos COVID que han entrado en las UCIs: 3.421 en Madrid, 2.844 en Cataluña, 736 en Andalucía, 698 en la Comunidad Valenciana, 604 en Castilla la Mancha o 533 en el País Vasco y Castilla y León, frente a 79 en Aragón, 88 en la Rioja, 108 en Catabria o 110 en Murcia.
Estas enormes diferencias en el alcance de la pandemia son las que justifican ahora que la salida del confinamiento, la “desescalada”, vaya a ser gradual y desigual por autonomías, algo diferente a lo que hacen otros paises (ver aquí una comparativa de la desescalada en varios paises europeos). Así, Alemania inició la desescalada el 20 de abril, con normas aprobadas por cada Estado federal (hay 16 “länder”) y apertura de colegios desde el 4 de mayo, aunque sin abrir bares y restaurantes. Francia inicia la desescalada el 11 de mayo, en todo el país, con aperturas de colegios y comercios, pero no bares, restaurantes o playas (al menos hasta el 2 de junio). Portugal inicia desescalada hoy, aunque no abre algunos colegios hasta 18 de mayo. Y en Italia, se fijan 3 fechas para la desescalada, uniforme en todo el país: 4 mayo (salidas y compras básicas), 18 mayo (comercios y museos) y 1 de junio (bares y restaurantes).
En España, el Gobierno, asesorado por los expertos, ha aprobado un Plan de desescalada más gradual y más exigente, que se va a aplicar por fases y de forma desigual por provincias, según una serie de indicadores epidemiológicos, sanitarios, de movilidad y económico-sociales. Cada provincia entrará en una fase o pasará a la siguiente según cumpla o no estos indicadores que se miden cada día.
¿Qué se va a tener en cuenta? Primero, los indicadores epidemiológicos: casos confirmados por PCR, número de hospitalizados y en UCIs, sanitarios contagiados, casos posibles detectados y, sobre todo, la capacidad de los centros de salud para detectar, aislar y rastrear los nuevos contagios y sus contactos. Segundo, los indicadores sanitarios: enfermos COVID hospitalizados (no más del 30%) y en UCIs (no más 50% del total), material sanitario disponible (equipos de protección, test PCR, respiradores, medicamentos...), capacidad de los laboratorios y centros no sanitarios disponibles en caso de urgencia. Tercero, indicadores de movilidad: movilidad de las personas y vehículos (utilizando el estudio Big Data del Ministerio de Transportes y los datos de móviles analizados por el INE) y utilización del transporte público. Y en cuarto lugar, indicadores económicos y sociales: evolución de las cotizaciones a la Seguridad Social, datos de ERTEs, consumo de electricidad y otros indicadores socioeconómicos sobre los efectos del confinamiento.
Con todo este panel de indicadores, Sanidad será la responsable de decidir qué provincias están en disposición de pasar a cada fase de la desescalada. Se han previsto 4 fases, que llegarían hasta finales de junio. La primera, la fase 0, empieza hoy 4 de mayo, y es de preparación para las siguientes, aunque supone un alivio más, tras los paseos de los niños (desde el domingo 26) y las salidas para deporte y paseos de los adultos, desde el 2 de mayo (ver guía). Se obliga a llevar mascarilla en los transportes públicos. Y se permite recoger comida a domicilio y acudir a peluquerías con cita previa (o recoger pedidos en tiendas). La fase 1 (inicial) empieza el 11 de mayo para las provincias que cumplan y durará 2 semanas, si no hay retroceso sanitario. Podrán abrir los comercios preparados (no los Centros comerciales), los mercadillos al aire libre (25% puestos), las terrazas de los bares (50% aforo y grupos hasta 10 personas debidamente separadas), los hoteles (excluyendo zonas comunes), las bibliotecas y actos culturales (aforo limitado), las iglesias (30% capacidad) y las visitas limitadas a familiares (hasta 10 personas en un domicilio, respetando distancias).
La fase 2 (intermedia) empezaría el 25 de mayo y amplía la desescalada: bares y restaurantes abrirían su interior (30% aforo), mercadillos al 50%, apertura exposiciones, cines y teatros (30% aforo), iglesias al 50%, apertura controlada centros comerciales, hoteles abrirían 40% zonas comunes, autoescuelas y academias, caza y pesca, locales culturales y conciertos (máximo 400 personas al aire libre) y se abren colegios para que asistan niños menores de 6 años cuyos padres trabajen, refuerzo y examen de selectividad. Y se permiten viajes a la 2ª residencia dentro de la misma provincia. En la fase 3 (avanzada), que podría iniciarse el 8 de junio para las provincias que cumplan entonces los requisitos (el resto, cuando los cumplan), supone ampliar más la desescalada: bares y restaurantes abren dentro el 50% aforo (y las barras, con distancia 1,5 metros) y el 50% de las terrazas, los centros comerciales al 50%, los mercadillos al 50%, los hoteles abren el 50% de las zonas comunes, las actividades culturales con el 50% del aforo, los gimnasios (30% aforo) y funcionan los ferris. Se abren las playas (con restricciones) y se permite viajar a otra provincia en la misma fase.
A partir del lunes 22 de junio, las provincias más afortunadas entrarían en lo que se ha dado en llamar la “nueva normalidad”: se podrá salir, ir a bares, comercios e instalaciones con medidas de protección, separación y a ser posible mascarilla. Y viajar a otra provincia o hacer turismo, siempre que el destino haya salido también de la fase 3. Y así, el resto del año, tanto para trabajar, como para actividades de ocio como para estudiar: el curso se reanudará en septiembre con clases online y presenciales (limitadas). Y con múltiples controles para viajar fuera de España, cuando se pueda (no antes de octubre). Todo ello hasta que exista una vacuna, como pronto en el primer trimestre de 2021.
Este Plan de desescalada es, como se ve, muy complejo, y va a aplicarse de forma desigual, porque las autonomías sufren la pandemia de forma muy distinta. Sanidad ya ha dicho que tres islas canarias (la Gomera, Hierro y La Graciosa), más Formentera, inician hoy la fase 1, mientras los demás entramos en la fase 0. Y dentro de una semana, el 11 de mayo, parece claro que habrá autonomías (y provincias) que no entrarán en la fase 1, especialmente Madrid, Cataluña, las dos Castillas y la Rioja, con dudas sobre Navarra y País Vasco. En esta parte de España, el desconfinamiento podría empezar una semana más tarde y acabar el 29 de junio. Habrá que verlo semana a semana, como dice Sanidad. Todo va a depender de cómo repercuta en la epidemia el abrir la mano. Porque la estrategia gradual significa que si una provincia da marcha atrás, se restringe la movilidad y el desconfinamiento.
El Plan de desescalada ha recibido múltiples críticas. Primero de las autonomías, porque querían “pilotarlo” ellas (y decidir quién entra en cada fase), sobre todo Cataluña, el País Vasco y las gobernadas por el PP. También piden que la desescalada sea por áreas sanitarias y no por provincias, pero eso sería complicarla aún más: si ya es difícil controlar la movilidad entre provincias, mucho más entre comarcas. Otras críticas han venido de la hostelería y el comercio, que amenazan incluso con no abrir, porque “no les compensa el aforo que les dejan”. Hay que decirles dos cosas: se les permite abrir antes que en otros paises. Y sobre el aforo, salvar vidas está antes que el negocio. Eso sí, han aprovechado para exigir que les extiendan los ERTES a después del estado de alarma (el Gobierno lo hará esta semana) y “más flexibilidad” (a lo claro: que les dejen despedir, algo prohibido durante 6 meses).
Las críticas más duras han venido de la oposición, no sólo de la ultraderecha (desaforada) sino del PP, que amenaza con no aprobar esta semana la prórroga del estado de alarma, lo mismo que el PNV y ERC, que apoyaron la investidura del Gobierno. Es un grave problema, porque una cosa es utilizar la pandemia para hacer oposición (en Francia, la oposición se ha abstenido o votado en contra, lo mismo que en Italia, mientras en Alemania o Portugal hay consenso) y otra querer “tumbar al Gobierno” en medio de la pandemia. Ya bastante difícil pone la lucha contra el coronavirus la poca colaboración de algunas autonomías (Cataluña y Madrid sobre todo) y los ataques constantes a todo lo que se hace por parte del PP y Vox, que están dividiendo a una ciudadanía que debe estar más unida que nunca. Y más ahora, que se pide una esfuerzo extra con la desescalada: colaborar al máximo para evitar contactos y contagios, muertes. Quedarse en casa era más fácil.
Ahora, la claves en la lucha contra el coronavirus va a estar en que los ciudadanos seamos muy prudentes y que la Administración funcione mejor para estudiar los contagios y rastrearlos, con el estudio de seroprevalencia que se está haciendo a 30.000 familias (la semana que viene, el Gobierno tendrá una primera información del nivel de contagios) y los test que se hagan en hospitales, centros de salud, residencias de ancianos y empresas (se hacen 40.000 PCR diarios). Pero lo más importante será reforzar los centros de salud estas semanas (Ojo, hay menos médicos de atención primaria que la media en Baleares, Madrid, Murcia, Canarias, Andalucía, Cataluña y Comunidad Valenciana: ver aquí los datos), porque son los primeros responsables de detectar los rebrotes, descubrir el origen de los nuevos contagios y, sobre todo, rastrear sus contactos para prevenir otros. Y sólo tenemos 500 sanitarios destinados a la vigilancia epidemiológica, cuando España necesitaría 14.000 investigadores, según estima el Instituto Johns Hopkins. En paralelo, urge acelerar una aplicación en los móviles para toda España, que ayude a vigilar contactos de contagiados.
Mientras la desescalada y la lucha contra el coronavirus concentran los mayores esfuerzos, la emergencia económica revela su gravedad día a día, con miles de empresas medio paradas o cerradas y 6,5 millones de trabajadores y autónomos que han perdido temporal o definitivamente su empleo. De entrada, la economía española ha caído un -5,2% en el primer trimestre, más que Italia (-4,7%) o Europa (-3,8% la UE-27), aunque menos que Francia (-5,8), según Eurostat. Y el paro aumentó en marzo en España (+0,6%: del 13,6 al 14,5%), más que en ningún otro país europeo y que la media UE-27 (+0,1%: del 6,5 al 6,6%), según Eurostat. Y los datos del segundo trimestre serán peores, con una caída de la economía española que puede superar el -10% (y el -6% en Europa), lo que se traducirá en más paro todavía.
Y por mucho que la economía empiece a medio funcionar, a finales de junio, no servirá para recuperarnos, como reconocen las previsiones que el Gobierno mandó a Bruselas el viernes: la economía española caerá el -9,2% en 2020 y no se recuperará lo suficiente en 2021 (+ 4,5% de crecimiento). Y lo más importante: cerraremos 2020 con 4.400.000 parados (1.200.000 más), de los que 3.900.000 seguirán parados en 2021. Sin olvidar otra abultada factura del coronavirus: nos obligará a aumentar la deuda pública en 116.737 millones de euros este año (hasta 1,306 billones, el 115,5% del PIB) y pagar casi 50.000 millones sólo en intereses en 2020.
Son datos muy preocupantes, muy graves. Pero no perdamos la perspectiva: más grave es que mueran 300 españoles diarios. La prioridad es la vida, no la bolsa. Y si ahora no tenemos cuidado y responsabilidad en la desescalada, si el coronavirus repunta, pondrá en peligro la salud y la economía. Lo ha advertido el director ejecutivo de la OMS: “si dan pasos demasiado pronto, se arriesgan a sufrir un impacto mayor en la economía”. No hay que precipitarse: el virus no está vencido y es muy peligroso. No bajemos la guardia, actuemos con responsabilidad, cada persona, cada familia, cada empresa, salvaguardando antes la salud que el negocio. Nos jugamos mucho con el desconfinamiento. Y por favor, acaben con las peleas y colaboren todos juntos, autonomías, políticos y Gobierno. Ganemos al virus y frenemos juntos la recesión, el paro y la pobreza. Hay mucho que hacer.
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lunes, 6 de enero de 2020
Menos bares y más restaurantes
Estas Navidades, bares y restaurantes han estado a tope. Pero también el resto del año: somos un país aficionado a los bares y restaurantes y tenemos más que ningún país. Y 2019 fue el 5º año consecutivo en que aumentó nuestro gasto en hostelería, aunque aún es menor que antes de la crisis. Pero detrás de esta vuelta a “beber y comer fuera de casa”, hay una reconversión callada: casi 20.000 bares y cafeterías han desaparecido desde 2010, sobre todo en los extrarradios de las ciudades y en la España “vaciada”. Y en cambio, se abren sin parar nuevos restaurantes, casi 8.000 desde 2014, sobre todo de cadenas con varios establecimientos, muchos con fondos de inversión detrás. Y con un auge de la comida enviada a domicilio (“food delivery”). Al final, la recuperación ha aumentado el gasto en bares y restaurantes, pero también la competencia y la especialización, con múltiples cierres y aperturas. Una “criba” drástica en la hostelería, propiciada por Internet y las redes sociales.
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| enrique ortega |
Los españoles somos un país con mucha tradición de frecuentar bares y restaurantes, que están por todas partes en pueblos y ciudades, algo que choca mucho (y atrae) a los turistas que nos visitan por primera vez. De hecho, España es el país del mundo con más bares, uno por cada 255 habitantes. Y en Europa, somos el país que más porcentaje de nuestro presupuesto gastamos en bares y restaurantes: el doble que la media europea y el triple que Alemania, según la última estadística de Eurostat (2018).
El gasto en bares y restaurantes cayó drásticamente con la crisis, como el resto del gasto, y lleva 5 años consecutivos recuperándose (desde 2015), aunque todavía gastamos menos que antes de la crisis (como en lo demás), según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE. Así, en 2018, el gasto en restaurantes y hoteles supuso 2.948 euros por hogar, el 4º mayor gasto de las familias (un 9,9% del total), tras el gasto en vivienda, agua, gas y electricidad (30,7% del total), el gasto en alimentación y bebidas (14,1%) y en transporte (12,7%), aunque todavía por debajo del gasto familiar en restaurantes y hoteles en 2008 (3.069 euros, un 9,6% del total). Si restamos el gasto en hoteles, el gasto familiar en bares y restaurantes fue de 2.521 euros en 2018 (un 8,4% del presupuesto total), todavía por debajo de los 2.783 euros que se gastaban las familias en 2008 (el 8,7%). Y el gasto por persona en bares y restaurantes era 1.014 euros en 2018 (un 8,4% del gasto total), algo menor a los 1.041 euros que nos gastábamos en bares y restaurantes en 2008.
Los españoles tenemos muchos más bares y restaurantes que los europeos y además los visitamos mucho más: acudimos a beber o comer fuera de casa 161 veces al año (eran 186 veces en 2008), frente a 150 veces los franceses o alemanes y 258 veces los italianos, según datos de la consultora NPD Group. Pero, curiosamente, gastamos más en beber y “alternar” pero gastamos menos en comer fuera de casa: 800 euros de media, por detrás de Italia (1.044 euros), Alemania (989 euros), Reino Unido (975 euros) y Francia (851 euros).
Con todo, la recuperación económica y el mayor gasto en bares y restaurantes han aumentado la facturación del sector de la hostelería desde 2015, alcanzando un negocio de 123.612 millones en 2018, el 6,2% del PIB. Con ello, la hostelería se consolida como el tercer sector con más peso económico en España, con el 8,8% del empleo total (1,7 millones de ocupados), sólo por detrás del comercio (15,6% del empleo) y la industria (12,8% del empleo total). Si descontamos el negocio del alojamiento, la restauración (bares y restaurantes) facturó en 2018 por valor de 93.705 millones de euros (el 4,7% del PIB español) y dio trabajo a 1,3 millones de personas, según el último balance del sector.
Pero el sector de la restauración (bares y restaurantes) está teniendo una recuperación desigual: crece mucho más el negocio de los restaurantes (facturaron 47.090 millones en 2018, un +3,9%) que el de los bares y cafeterías (facturaron 36.289 millones, +0,2% en 2018), cuyo número además no para de crecer desde 2010. Y también crece el negocio de las 17.000 empresas dedicadas a colectividades y catering (facturaron 10.326 millones, +3,8% en 2018). Veámoslo con más detalle.
En España había 183.306 bares y cafeterías a finales de 2018, lo que supone que siguen cerrándose establecimientos: -1.124 en 2018 y 19.393 bares y cafeterías menos que en 2010 (-9,5%), según el sector. Eso supone que han desaparecido una media de 2.400 bares por año, la mayoría en la periferia de las grandes ciudades y muchos en los pueblos, en “la España vaciada”, sobre todo pubs y discotecas. Las autonomías que han perdido más bares son Madrid (-3.088 bares que en 2010), Comunidad Valenciana (-1.924), Cataluña (-1.907) y Galicia (-1.895), aunque porcentualmente destacan las pérdidas de bares en el País Vasco (-14%), Asturias (-12,9%), Castilla la Mancha (-12,36%), Galicia (-11,5%) y Castilla y León (-11,33%).
En paralelo, han crecido los restaurantes (y facturan un 30% más que los bares), hasta alcanzar un máximo de 78.950 establecimientos a finales de 2018: son casi 8.000 más que en 2014 (cuando alcanzaron su número mínimo) y 25.000 restaurantes más que hace 20 años. Crecen más los restaurantes y su facturación porque los españoles hemos empezado a comer y cenar más fuera de casa y porque esta mayor demanda ha relanzado la inauguración constante de nuevos restaurantes, empujados por inversores nacionales e internacionales (fondos que ven la restauración en España con mucho futuro, tanto por la demanda interior como por el aluvión de turistas). De hecho, las visitas a los restaurantes aumentaron un 13,1% en 2018 y ese aumento se debió a las nuevas aperturas (7%), el aumento de tamaño de algunos restaurantes (+1,8%), el auge del envío de comida a domicilio (´+2,1%) y por los nuevos conceptos ligados al restaurante como “experiencia” (+2,2%), según detalla el Anuario de la Restauración Organizada 2019.
Mucho de este auge de los restaurantes en España tiene que ver con el “boom” de las cadenas de restaurantes (40 empresas y 90 marcas), ligadas a restauradores famosos e inversores, que abren varios establecimientos donde ofrecen no sólo comida sino también diseño moderno y servicio esmerado, lo que se entiende como “una experiencia gastronómica”. Estas cadenas de restaurantes no paran de crecer y en julio 2019 tenían ya una cuota de mercado del 25,6%. Y cada mes abren nuevos locales, empujados por importantes restauradores y fondos de inversión nacionales y extranjeros, muchos enfocados a la elaboración de comida a domicilio, otro componente clave del crecimiento de los restaurantes. Incluso se prodigan los “restaurantes fantasmas”, cocinas sin meses que sólo trabajan para atender los pedidos de comidas que les llegan por Internet (y que entregan las empresas de reparto).
Las palancas que tiran de los restaurantes en general (y no de los bares) son la comida rápida, la mayor afluencia de familias, el envío de comida a domicilio y la “sociabilidad”: el comer fuera de casa, con amigos o conocidos. Y también la llegada de marcas internacionales, según el Anuario de la Restauración Organizada 2019. En cuanto a bares y cafeterías, les está salvando algo el buen tiempo fuera de temporada (terrazas) y el mayor tráfico en las mañanas, con una recuperación de los desayunos y pinchos a media mañana.
El sector de la hostelería espera seguir creciendo en 2019 y 2020, en tanto se mantenga el consumo, con un nuevo aumento de los restaurantes y una nueva caída del número de bares y cafeterías, sobre todo por el aumento de los alquileres y traspasos. En todos los casos, el sector espera un fuerte aumento de la competencia, un peso creciente de la comida a domicilio y un fuerte componente digital del negocio, donde el futuro se juegue cada vez más en Internet: lo que digan las redes sociales y las webs de búsqueda sobre la calidad, precio y servicio de tal bar, cafetería o restaurante será cada vez más importante. Por eso, uno de los grandes retos del sector hostelero será la transformación digital. Y el otro, la especialización: ofrecer algo que no tengan los demás, desde una tortilla a una carne, unas vistas o un local de diseño. Ya no basta con “dar de comer y beber”.
En definitiva, seguimos siendo un país de bares y restaurantes, pero más sofisticado, donde la comida y la bebida son cada vez un negocio más profesionalizado y con mayores inversiones y “ofertas de diseño”, donde las pequeñas iniciativas sólo sobrevivirán a base de ingenio y especialización, con la ayuda de Internet y las redes sociales. Y en el futuro, crecerán cada vez más los restaurantes de moda, las “gastro experiencias” y la comida a domicilio, que convertirá nuestras casas en restaurantes a la carta. Nada que ver con los bares y restaurantes de siempre, cada vez más difíciles de encontrar. Aprovéchenlos mientras queden.
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lunes, 7 de marzo de 2016
El empleo es para mayores
Resulta chocante, pero es así: casi 2 de cada 3 empleos creados
en España en 2014 y 2015 fueron para
mayores de 50 años, según la EPA. Y los menores de 35 años han perdido empleo. Pero lo chocante no acaba
aquí. Durante la crisis, desde 2007 hasta
hoy, ha pasado lo mismo: hay casi un
millón más de mayores de 50 años trabajando mientras los menores de 35 años han perdido 3,5 millones
de empleos. ¿Qué pasa? Unos creen que las empresas, ante tanto parado, eligen
los que tienen más experiencia. Otros, que los mayores tienen más necesidad
de trabajar y aceptan cualquier empleo.El caso es que los empleos más precarios, en
hostelería, comercio y construcción, van
a los mayores de 50 años.
Y a la vez, los mayores llevan más tiempo en el paro y reciben menos ofertas de
empleos “normales”. Una locura de mercado laboral que discrimina y enfrenta a
jóvenes y mayores. Mientras, el futuro exige otros empleos.
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enrique ortega |
España lleva dos años
creando empleo pero no para todos.
Así, de los 959.000 empleos netos creados
entre 2014 y 2015, casi dos tercios (63,67%),
610.600 empleos han ido a personas mayores
de 50 años, según la EPA (INE),
algo más hombres (51,5%) que mujeres (48,5%). Y los jóvenes, los menores de 35 años, han seguido perdiendo empleo, 90.000 puestos de
trabajo en estos dos años (en esta franja de edad, sólo los jóvenes de 20 a 24
años han aumentado empleo). Y el resto del empleo creado entre 2014 y 2015, otros
274.700 empleos, fueron a edades medias, entre 35 y 50 años.
Pero lo chocante
no es sólo que el empleo creado haya
ido mayoritariamente a los mayores.
Es que, además, son los que más han
ganado empleo durante la crisis. Así, mientras España ha perdido 2.416.400 empleos entre septiembre de 2007 y diciembre de 2015, los mayores de 50 años
han ganado 944.100 empleos. O sea que hay casi un millón más trabajando que
antes de la crisis. Y en cambio, los
jóvenes, los menores de 35 años, han
perdido 3.555.900 empleos en estos casi ocho años. Y el grupo intermedio,
los que tienen entre 35 y 50 años, apenas han ganado 195.500 empleos. Ahí puede
verse quien ha sufrido el paro en esta crisis.
¿Cómo se explica que dos de cada tres empleos nuevos vayan a
los mayores de 50 años, que en general tienen más problemas para colocarse? La respuesta no es fácil, pero hay
que empezar diciendo que son los mayores
los más activos
en buscar empleo. Durante la pasada Legislatura (2012-2015), crecieron
mucho (en 833.000 personas) los
mayores de 50 años que se animaron a buscar trabajo (activos), sobre todo mujeres que dejaron sus tareas de ama de casa
para ayudar a una familia donde el padre o los hijos se habían quedado en paro.
Y por el contrario, hubo 1.527.500 jóvenes (menores de 35 años) que
“tiraron la toalla”, que dejaron de ser “activos”, o bien porque volvieron a estudiar (ahora que no
había casi trabajo) o se marcharon al
extranjero: más de 800.000 jóvenes españoles emigraron al extranjero en los últimos 4 años, según el
INE. En ambos casos, una pérdida de talento y un “despilfarro
como país”: en cada joven formado, España ha invertido una media de 50.000
euros, lo que supone haber transferido unos 10.000 millones de euros anuales (1% del PIB) a otros países, un capital humano del que se benefician
Europa o América.
Pero no es sólo que los
mayores busquen más trabajo, por necesidad. Es que parece que lo encuentran mejor. Y eso puede ser
porque las empresas, entre tanto
parado donde elegir, prefieran contratar a alguien con experiencia. O también, porque estos trabajadores mayores “aceptan
cualquier cosa”, empleos muy precarios
(temporales y por horas) y muy mal pagados. De hecho, los datos de las oficinas de empleo (SEPE) revelan que los mayores de 50 años son los que más solicitan los empleos con más
ofertas en los dos últimos años: limpiadoras, vendedores, administrativos,
peones del campo y albañiles.
El empleo que se
está creando es muy poco cualificado y quizás por ello no
precisa de los jóvenes, normalmente más formados. Veamos los 10 empleos con más contratos en el tercer trimestre de 2015: peones agrícolas (12% contratos), camareros (10,4%), peones industriales (6,4%), limpiadoras
(5,2%), vendedores (4,8%), peones jardinería (2,7%), peones transporte y descargadores
(2,3%), monitores de ocio (2,3%), pescadores (1,7%) y albañiles (1,7%). Entre estos 10 trabajos suman la mitad de los contratos firmados.
Como se ve, trabajos muy poco
cualificados. De hecho, más de la mitad de los que han encontrado un
trabajo en 2014 y 2015 son
personal “sobrecualificado” para ese puesto, que tiene más formación
de la que se le exige. Y eso no pasa sólo estos dos años. Actualmente, más de
la mitad de los trabajadores españoles, 9,5 millones de asalariados,
están “sobrecualificados”, tienen
más formación de la que exige su trabajo, según Asempleo.
Y el retrato-robot de estos “sobrecualificados”
no es de un joven, sino de un trabajador
mayor de 45 años, con una formación media, empleado sobre todo en la
hostería, el turismo, el comercio y la construcción.
Volviendo al empleo creado
durante la crisis, se ha creado sobre
todo en la hostelería (+137.000 empleos), el comercio (+20.000) y en
el sector público, a pesar de los recortes de 2012 y 2013 (se han creado
91.200 empleos en 2014 y 2015). Al final, el
80% del nuevo empleo creado ha sido en los servicios. O sea, que España está creando empleo en los bares y restaurantes, las tiendas y algo en la
construcción. Un modelo de empleo muy
inestable y temporal, para un país de
servicios. Y este año 2016, los nuevos empleos que
se esperan crear (entre 400.000 y 425.000, si
no vuelve la crisis) volverán a ser en la hostelería, el comercio y la
construcción, un empleo poco cualificado otra vez.
España se ha
convertido en un país de bares, hoteles, tiendas y grúas y así tenemos
difícil el empleo futuro, que pasa
por trabajos
más cualificados, que exigen más formación. De hecho, para 2020, el 50% de los empleos en
Europa serán para trabajadores con formación media, el 35% para niveles altos y
sólo
quedará un 15% para niveles bajos de formación, que son los que tienen el 45% de los españoles,
según un estudio de CEDECOP. Y centrados en España,
de los nuevos empleos disponibles
aquí dentro de una década (entre 8,8 y 10 millones), sólo el 2,3% serán para los que
tienen baja formación (la ESO o menos), un 39,3% para los que tengan
estudios medios (bachillerato o FP) y más de la mitad (58,4%) para los que
tengan educación superior (estudios universitarios o FP superior), según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y el
drama es que en España, casi la mitad de los adultos (45%) tiene una formación
baja (ESO o menos) frente al 21% en Europa, según el estudio Panorama de la Educación 2014” (OCDE).
Y cara a este futuro,
que exigirá trabajadores más formados, los
mayores de 50 años están en clara desventaja, porque su nivel de
formación es inferior al de los jóvenes. De hecho, entre los parados con más de
50 años (1.106.000 parados), casi el 70% tienen poca formación y quizás eso explica que la gran mayoría de esos parados (el 75%) lleven
más de un año buscando trabajo. Así que se produce un aparente contrasentido:
los pocos trabajos que hay van sobre todo a los mayores de 50 años, pero los mayores que no los consiguen se tiran
mucho tiempo en paro y sin salida: no se pueden jubilar anticipadamente y han de esperar a los 65
años cobrando un subsidio de 426 euros (quien lo cobra).
Para los jóvenes, la situación es aún peor: no les ofrecen los pocos empleos que hay y están muy preparados, pero no para los trabajos que se ofrecen.
España tiene más jóvenes universitarios que la media europea (32% frente al 29%), pero nuestros
jóvenes están por debajo de la media de países
occidentales en comprensión lectora,
matemáticas y capacidad para resolver problemas, según los últimos datos de la OCDE. Y también en informática
e idiomas. Todo ellos son “habilidades”
que las empresas valoran cada vez más a la hora de dar un trabajo. Y además, las empresas españolas se quejan de que no encuentran los perfiles que buscan, porque la Universidad no les forma para trabajar. Y además, muchos estudian carreras sin salida, mientras todavía se ofrecen pocas licenciaturas con futuro.
Así, las carreras que tienen menos paro
son las que cuentan con menos estudiantes: matemáticos y estadísticos (5,7%
de paro), servicios de seguridad (7,45%), Derecho (10,63% paro), veterinarios
(10,65%) y Salud (12,8%), según el INE.
En pocos años, la
digitalización y la robótica van a revolucionar
el mercado de trabajo: se esperan perder 7 millones de empleos en los próximos cinco años y que se creen a
cambio 2 millones de empleos nuevos,
en computación, ingeniería, arquitectura
y matemáticas, según un estudio presentado en la última Cumbre de Davos. Así que “la cuarta revolución industrial” obliga a España a cambiar su modelo
económico y laboral, dejando se ser “un país de servicios” y tratando
de incorporar más industria y más tecnología, empleos más cualificados y de más calidad. Pero eso pasa por cambiar drásticamente la educación de los jóvenes y la formación de los parados, sobre todo de los mayores de 45
años, para no condenarlos al “desempleo eterno”.
En resumen, que el poco empleo que se crea va a los mayores de 50 años, pero es
sólo un espejismo, fruto de que el
empleo que se crea es muy poco cualificado y precario. Y en
cuanto se quiera crear empleo más cualificado, en sectores de futuro, tenemos
el problema de que nuestros jóvenes tienen muchos títulos y master pero poca formación para los trabajos
concretos que las empresas necesitan.
Y así, acaban de teleoperadores o cajeras de supermercado. Es un
doble reto, asegurar el trabajo futuro de jóvenes y mayores,
que pasa por un cambio drástico en la educación y en la formación , gastando mucho más y
con más eficacia. Algo que exige otro gran acuerdo político y social, para no
perder el tren del empleo futuro. Porque el
trabajo actual es pan para hoy y
hambre para mañana.
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