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jueves, 22 de febrero de 2024

Las exportaciones nos salvan otra vez

Las exportaciones fueron uno de los tres motores del crecimiento de la economía y el empleo en 2023, junto al turismo y al consumo: aportaron un tercio del total (0,8 del 2,5%), después aportar la mitad en 2022. Pero ojo, a pesar de esta ayuda, las exportaciones españolas “pincharon” en 2023: cayeron un -1,4%, después de 40 años creciendo (salvo en 2008, 2009 y 2020). La causa, el estancamiento de Europa, donde vendemos dos tercios de las exportaciones. A cambio, han caído más las importaciones (-7,2%), por las menores compras de gas, y el déficit comercial se redujo a la mitad. Además, como se dispararon las exportaciones de servicios y el turismo, España vuelve a tener superávit con el exterior, por 11º año consecutivo, solventando un problema endémico (déficit de divisas) que hemos padecido desde la postguerra hasta 2012. Ahora, los exportadores piden un Plan de choque, para reanimar las exportaciones y que sigan ayudando al crecimiento y al empleo (sostienen 5,3 millones de empleos). Apóyenlos.

                   Enrique Ortega

España lleva casi 40 años detirón exportador: las ventas al extranjero llevan creciendo, año tras año, desde 1985, al amparo de la entrada de España en la Comunidad Europea (1986), con la excepción de tres años en que cayeron (2008, 2009 y 2020). A raíz de la crisis financiera (2008), las empresas españolas multiplicaron sus esfuerzos para exportar, a la vista de la crisis del mercado interno. Y han conseguido duplicar con creces las exportaciones de bienes, desde 159.859 millones en 2019 a 389.208 millones en 2022, según Comercio. Pero en 2023, las exportaciones han “pinchado” otra vez (como con la crisis financiera y la pandemia), cayendo ligeramente (-1,4%), hasta los 383.688 millones de euros, según los datos publicados esta semana.

La causa de esta ligera bajada es que se han frenado en 2023 las exportaciones españolas de energía (-20,6%), sobre todo de petróleo, carbón y gas, de materias primas (-15,5%), metales, papel y cerámica (-10,8%), productos químicos (-11,1%), electrodomésticos (-16,8%) y ropa (-8,9%), por el estancamiento económico en Europa y la crisis en los precios energéticos tras el tirón de 2021 y 2022. Sin embargo, han aumentado mucho las exportaciones españolas de automóviles (+20,6%), maquinaria y bienes de equipo (+10,1%), y alimentos (+4,6%), sobre todo carnes (+6,4%), frutas y hortalizas (+5,1%). Por zonas, cayeron nuestras exportaciones a Europa (-0,7%), donde van el 74,3% de todas las exportaciones, especialmente a la Unión Europea (-1,6%), y también a Asia (-6,6%) y Oriente Medio (-12,4%) y a África (-5,9%), aunque crecieron nuestras ventas a América (+3,3%) y a Australia (+9,9%).

Las exportaciones españolas han pinchado ligeramente en 2023, pero menos que las exportaciones europeas, que cayeron un -2,5% en 2023, sobre todo las alemanas (-2%), estancándose las italianas (+0%) y creciendo sólo las francesas (+1,7%). Las exportaciones de Reino Unido cayeron más en 2023 (-3,5%) y también las de EE. UU. (-2,2%), creciendo sólo las de Japón (+2,8%) y las de China (0,6%). Esta tendencia en 2023 sigue la de los años anteriores, donde las exportaciones españolas se han comportado mejor que las restantes europeas. Y así, España es el país grande de la UE que más ha aumentado sus exportaciones entre 2019 y 2023, un +32,3%, casi el doble que Alemania (+17,6%) y más que Francia (+20%), Italia (+30,4%), la UE-27 (+27,9%), Reino Unido (+16,4%), EE. UU. (+22,9%) y Japón (+31,1%). Sólo nos ha superado el aumento de las exportaciones de China (+39,7%). Y gracias a ello, España ha ganado cuota en las exportaciones europeas (el 5,9% del total). Y en 2023, han batido récords las exportaciones españolas a Alemania, Italia, Polonia, Reino Unido, Marruecos y Turquía, según los datos de Comercio.

España pincha sus exportaciones en 2023, pero menos que la mayoría de Europa y del mundo gracias a una mejora de la competitividad de nuestros productos, sobre todo por dos factores: menos inflación y unos salarios más bajos, además de la mejora de los “engranajes” de la exportación fuera de Europa. Por un lado, la inflación española en 2023 acabó con una subida del +3,3%, inferior a la media de la UE-27 (+3,4%), Alemania (+3,8%) o Francia (+4,1%), siendo sólo menor en Italia (+0,5%), según Eurostat. Y los salarios crecieron menos y son más bajos que en la mayoría de Europa: 17,50 euros por hora en España, un 24% inferiores a la media UE-27 (22,9 euros/hora), un 42% menores que en Alemania (30,3 euros por hora) y por debajo de los sueldos de Francia (27,7), Paises Bajos (30,7%), Bélgica (33,4), Italia (21,2) y sobre todo Dinamarca (41 euros por hora), según Eurostat.

Si bajaron algo las exportaciones en 2023 (-1,4%), han caído más las importaciones (-7,2%), gracias al desplome en las compras de energía (-30,2%), por la caída de las compras y los precios del petróleo, el carbón y sobre todo el gas: nos hemos gastado 27.400 millones menos en importar energía que en 2022 (de ellos, 12.344 millones menos en comprar gas, por la caída de los precios), un ahorro que da para pagar 2 meses las pensiones. Gracias a esta mayor bajada de las importaciones, el déficit comercial se ha reducido drásticamente (-40,5%), de -68.122 millones en 2022 a -40.560 millones en 2023. Y además, España ha mejorado el superávit que tenía con Europa (donde vendemos bienes por 42.185 millones de euros más del valor de los que compramos) y Australia (+927 millones), mientras hemos bajado a la mitad el déficit con América (-12.806 millones), reduciendo también el déficit con Asia (-62.117 millones) y África (-14.418 millones).

Hasta aquí he hablado de las exportaciones e importaciones de bienes. Pero España exporta (e importa) también servicios (no sólo mercancías), servicios de empresas y turísticos. Y en este renglón, las empresas españolas han vuelto a batir otro récord, con un superávit de +56.940 millones de euros (otro récord histórico), gracias a los crecientes ingresos por asesoría, consultoría y ventas en el extranjero de filiales de empresas españolas, más los ingresos por servicios turísticos. Estas dos importantes fuentes de ingresos exteriores, exportaciones de servicios e ingresos turísticos, permiten a España “tapar” con creces el déficit comercial (esos -40.560 millones) y tener superávit con el exterior. Hasta noviembre, era de +36.400 millones de euros, frente a +6.700 un año antes, según el Banco de España.

Este saldo positivo de divisas frente al exterior puede parecer algo técnico, pero es clave, porque nos permite invertir y endeudarnos fuera, además de poder reducir la deuda actual.  En definitiva, tenemos superávit con el exterior, ingresamos más divisas de las que gastamos y eso nos da una mayor autonomía económica como país. Y con 2023, son ya 11 años seguidos de superávit exterior, que conseguimos por primera vez en 2013. Un logro histórico, porque uno de los males endémicos de España ha sido su déficit exterior: lo sufrimos casi todos los años del siglo XX y al inicio del siglo XXI. Un dato concreto: entre 1961 y 2012, España tuvo déficit exterior 45 de esos 52 años… Y eso condicionó la política económica del franquismo y de la democracia: no teníamos divisas suficientes para importar y eso limitaba nuestro crecimiento económico y nos obligaba a endeudarnos fuera.

Lo importante del sector exterior en 2023 no es sólo que las exportaciones sigan fuertes (aunque bajen un 1,4%), que caigan las importaciones de energía, se reduzca el déficit comercial y este agujero lo “tapen” los servicios empresariales y el turismo, asegurando otro año de superávit con el exterior. Lo realmente importante es que las exportaciones y los servicios empresariales y turísticos, “el sector exterior” ha vuelto a salvar el crecimiento y el empleo en 2023: aportó un tercio del crecimiento total de España (0,8% del 2,5% que creció el PIB), tras habernos salvado también en 2022, cuando aportó la mitad del crecimiento (2,9% del 5,8% que creció el PIB). Y aunque restó crecimiento en 2021 (-0,2% del 6,4%), ayudó al crecimiento entre 2019 y 2014. Y antes, en la crisis financiera, la aportación del sector exterior evitó que la economía cayera más (entre 2009 y 2013). Por eso, las exportaciones son clave para la economía y el empleo: sostienen 5,3 millones de empleos (el 25% del total).

Ahora, cara a 2024, todo apunta a que será un año difícil para la exportación y su posible ayuda al crecimiento y al empleo. Por un lado, las empresas creen que mejorarán sus exportaciones a Europa, dado que se espera un mayor crecimiento en el continente (+1,3%, frente al 0,6% en 2023) y que los costes laborales y la inflación crecen moderadamente en España. Y la bajada de tipos mejorará la exportación de servicios empresariales y turísticos. Pero hay una gran incertidumbre, la geopolítica: los conflictos en Ucrania y Palestina pueden frenar el comercio mundial, sobre todo si se agudiza el corte del Canal de Suez, por el que se mueve el 30% del tráfico mundial de contenedores. Si se mantiene el colapso marítimo en el Mar Rojo, España sería el tercer país europeo más afectado, sólo por detrás de Grecia e Italia, según un estudio de UniCredit Research: estaría en riesgo el 10% del comercio exterior de España, sobre todo las exportaciones a Asia y Oriente Medio.

Ante esta incertidumbre y tras el “leve pinchazo” de 2023, el sector exportador pide al Gobierno un Plan de choque, para ayudarles y reanimar las exportaciones españolas en 2024 y 2025, años que serán difíciles. El Club de Exportadores acaba de señalar que les preocupa que las exportaciones “estén perdiendo dinamismoy proponen acometer con el Gobierno una serie de políticas para afrontar los problemas estructurales que tiene la exportación española. Y citan tres. Uno, la insuficiente diversificación, por paises y productos. Dos, el reducido número de exportadores: sólo hay 44.000 empresas (de casi 3 millones) que exporten regularmente (en el año y durante tres años antes). Y tres, la excesiva concentración en pocas empresas: dos tercios de toda la exportación española la hacen 1.000 empresas.

En toda Europa preocupan las exportaciones, claves para el crecimiento y el empleo y sometidas a la competencia de EE. UU., China y paises emergentes. De hecho, Alemania ya aprobó en septiembre un Plan de choque (32.000 millones de ayudas en 4 años). Algo así piden en España los exportadores, un Plan centrado en abrir nuevos mercados, más gasto en promoción, ayudas fiscales y mayor financiación (pública y privada), tratando de implicar más en la tarea de exportar a las pymes. Pero en paralelo, habría que avanzar en medidas estructurales para corregir a medio plazo los “problemas de fondo” que tienen las exportaciones españolas: están demasiado concentradas en origen (sólo 25.000 empresas exportan más de 50.000 euros al año, las tres cuartas partes de ellas concentradas en Cataluña, Madrid, País Vasco, Comunidad Valenciana, Galicia y Andalucía) y en destino (el 74,3% de las exportaciones van a Europa y sólo el 7,6% a EE. UU., China y Japón). Y dominan las exportaciones con poco valor: sólo el 6,8% de las exportaciones españolas tienen alta tecnología, frente al 17,7% de las exportaciones europeas, según reconoce el Club de Exportadores.

El gran reto exportador de España es conseguir exportar más de otros productos con más valor y tecnología, a más paises de fuera de Europa y que exporten muchas más empresas de todas las regiones de España. Casi nada. Pero de ello depende en gran medida que seamos un país con más riqueza y empleo, como Alemania, Holanda, Irlanda, Italia, Chequia o Bélgica, los grandes exportadores europeos. No basta con “tirar los sueldos”, intentar ser la China de Europa”,  para competir en el mundo. Hay que modernizar la economía, mejorar la productividad de las empresas, incorporar la innovación, la tecnología y la calidad a los productos “made in Spain”. Sólo así venderemos más fuera, la clave para ser más ricos y tener más empleo dentro. Por eso hay que “mimar” a las exportaciones. Pero nadie habla de ello. Esto no “vende” noticias ni gana votos. Sigan con la amnistía…

jueves, 28 de julio de 2022

EPA junio: empleo crece, con guerra e inflación

La guerra de Ucrania y la inflación no han frenado la creación de empleo en España esta primavera, según la EPA conocida hoy: se han creado 383.300 nuevos empleos en el 2º trimestre y trabajan ya 20,46 millones de personas, la cifra más alta desde 2008. Y hay 255.300 desempleados menos, por debajo de los 3 millones de parados, lo que no sucedía desde 2008. El empleo creado es de más calidad, gracias a la reforma laboral: el 34,8% de los nuevos contratos son indefinidos (el 44,3% en junio), frente al 10,90% en 2021. Y crece más el empleo entre jóvenes y mujeres. Pero se estancan los parados de larga duración (el 47,8%) y casi la mitad de los parados no cobran ayudas. Ahora se espera que el empleo mejore este verano, por el turismo, pero caerá en otoño, por el menor crecimiento, el corte del gas y la subida de tipos. Urge un Plan para incentivar el empleo si se agrava la crisis. Garantizar el trabajo es otra vez la gran prioridad.

Enrique Ortega

El segundo trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa y los contratos previos al verano, salvo en 2020, donde la ocupación cayó en picado entre abril y junio (-1.074.000 empleos), por la pandemia y el grueso del confinamiento. Este año 2022, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-100.200), el 2º trimestre ha dado la sorpresa y el empleo ha crecido en 383.300 personas, según la EPA, más que en la primavera de 2019 (+333.800 empleos), a pesar de la guerra de Ucrania y la inflación disparada. Con ello, se afianza  la recuperación del empleo iniciada el verano pasado y la ocupación aumenta en 796.400 empleos en el último año, con 20.468.000 personas trabajando en España, la mayor cifra de ocupados desde 2008 (20.646.000 en junio de 2008).

En el 2º trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+320.200 empleos creados), sobre todo la hostelería, el turismo y el comercio, pero también ha creado mucho  empleo la industria (+79.500) y la construcción (+21.900), bajando en la agricultura (-38.400 empleos).  El empleo se ha creado sólo en el sector privado (+397.600 empleos), mientras bajaba en el sector público (-14.300), por el fin de contratos en enseñanza y sanidad, según la EPA. Y sorprende que la mayor creación de empleo se haya dado en las mujeres (+196.000 empleos frente a +185.300 en los hombres) y entre los jóvenes (+239.000 empleos, dos tercios del total, se los llevaron los menores de 35 años) y los mayores de 55 años (+69.800 nuevos empleos). Y por autonomías, el empleo ha crecido en el 2º trimestre en todas, salvo País Vasco (-18.400), Asturias (-5.200) y Melilla (-1.200), pero sobre todo en Baleares (+80.200 empleos), Cataluña (+63.800) y Madrid (+61.200).

La importante mejora del empleo en el 2º trimestre (+383.300) no se traducido toda en una bajada del paro (-255.300 parados, la mayor reducción en este trimestre desde 2018) porque en paralelo han aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora, tras lo peor de la pandemia: los “activos” han aumentado en 128.000 personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 171.900 personas más buscando trabajo que hace un año). Y ya hay más adultos “activos” (trabajando y buscando trabajo) que en 2019: 23.387.400 frente a 23.158.800 a finales de 2019. Y todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

El  paro ha bajado en el 2º trimestre (-255.300 personas) gracias sobre todo a los servicios (-120.700 parados), por el fuerte despegue en el turismo, la hostelería y el comercio, y a los que perdieron su primer empleo hace un año (-99.100 parados ahora), bajando también el paro en la industria (-18.100) y la agricultura (-10.000) y subiendo sólo en la construcción (+400 parados), según la EPA de junio. El desempleo baja sobre todo entre las personas de 25 a 54 años (-245.100 parados) y sólo sube entre los jóvenes de 16 a 19 años (+20.900). Y también baja más el paro entre las mujeres (-133.300) que entre los hombres (-121.900 parados). Por autonomías, baja en todas , salvo en Melilla (+900 parados), Comunidad Valenciana (+800) y Castilla la Mancha (+300), destacando la bajada del paro durante el 2º trimestre en Madrid (-59.700 parados), Baleares (-54.400), Canarias (-29.600) y Andalucía (-22.600).

La cifra total de parados EPA baja de los 3 millones (2.919.400 parados a finales de junio 2022), un dato que no se veía desde septiembre de 2008 (2.600.700 parados). Y la tasa de paro baja al 12,48%, según la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor tasa de paro desde el verano de 2008 (11,23%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (6,1% en la UE-27) y cuadruplicamos la alemana (2,8% de paro), según Eurostat. También baja mucho este trimestre la tasa de paro de los jóvenes (menores 25 años), al 28,52% (13,3% en la UE-27).

Hay otros datos preocupantes del paro que también mejoran. El primero, que hay 990.300 hogares con todos sus miembros en paro (-62.600 que el trimestre pasado) . El segundo, que seguimos con 5 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa”, aunque ahora casi todas bajan del  20%: Melilla (24,66%), Ceuta (22,75%), Andalucía (18,68%), Canarias (17,76%) y Extremadura (16,73%), que contrastan con 6 autonomías que tienen una tasa de paro casi europea (8,17% Cantabria, 8,75% el País Vasco, 8,76% Navarra, 8,96%% Aragón  y 9,29% Baleares y Cataluña). Y el tercero, que se estabilizan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son 1.395.500 parados, el 47,8% de los parados (eran el 47,78% el trimestre pasado, pero el 43,5% a finales de 2019).

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En mayo de 2022, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.675.407 desempleados: menos de la mitad (40,5%%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 888,6 euros de media y el resto (59,5%) cobraban un subsidio asistencial de 463,21 euros. Pero en esta cifra están incluidos los 17.898 trabajadores que están en ERTE y cobran las tres cuartas partes de su sueldo del SEPE. Así que, en realidad, sólo 1.657.559 parados cobra algún subsidio, el 56,77% de los parados que refleja la EPA de hoy. Eso significa que casi la mitad de los parados (43,23%) no cobran ninguna ayuda pública, empeorando la cobertura sobre 2019 (no cobraban el 38,5%). Así que baja el paro, pero también los que reciben ayudas.

Visto los datos del empleo y el paro en el 2º trimestre de 2022, queda patente que España supera de momento la nueva crisis de la guerra de Ucrania, porque tenemos más ocupados (+ 283.100) y menos parados (- 184.400) que a finales de 2021. Concretando más, desde el inicio de la guerra (24F) hasta finales de junio, hay 654.058 afiliados más a la Seguridad Social, con un récord de 20.102.037 afiliados, tras 14 meses consecutivos de aumento (desde mayo de 2021). Y el paro se ha reducido, a pesar de la guerra y la inflación, en 231.102 parados desde febrero hasta finales de junio, según Trabajo.

Con todo, la mejor noticia es que el empleo que se está creando en 2022 es menos precario, de más calidad, gracias a la reforma laboral aprobada a finales de 2021. Ya en el primer trimestre de 2022, el 22,7% de todos los contratos firmados fueron indefinidos, frente a sólo el 10,9% de los firmados en todo 2021, según los datos de Trabajo. Ahora, con datos del primer semestre, el dato es espectacular: el 34,28% de todos los contratos firmados de enero a junio fueron indefinidos (3.281.900 contratos), más del triple que en todo el año 2021 (sólo el 10,9% de los contratos fueron indefinidos) y mucho más que entre los años 2014 y 2020 (sólo entre el 6 y el 8% de los contratos fueron indefinidos). Y cada mes suben más los contratos indefinidos: en junio de 2022, fueron el 44,3% de los contratos firmados (783.595 contratos fijos, un récord histórico. De ellos, más de un tercio (292.679) fueron contratos fijos discontinuos, contratos muy usados en hostelería y construcción para trabajadores que son fijos aunque trabajan sólo unos meses al año (y el resto del tiempo no cuentan como parados aunque estén inactivos, una norma que viene de 1985).

La  reforma laboral se va a notar más en las contrataciones del verano, donde los contratos que se hagan deben ser fijos y los temporales (por 6 meses) han de ser la excepción (por circunstancias “ocasionales e imprevisibles” o por “picos de producción”). Así que el aumento de asalariados con contrato fijo se verá aún más en la EPA del tercer trimestre. Y, además,  los que más se están beneficiando de la reforma laboral son los jóvenes: si entre 2015 y 2021 sólo conseguían un 37% de contratos fijos (el 63% eran temporales), en el último mes, junio de 2022, los menores de 30 años han tenido un 64% de contratos indefinidos (52% fijos y 12% fijos discontinuos) y sólo un 36 % de los contratos firmados el mes pasado fueron temporales, según Trabajo. Una “revolución” laboral.  

Mientras mejora la calidad del empleo que se crea, el gran reto sigue siendo crear más empleo, porque en España trabaja menos gente que en Europa, en relación a la población: aquí trabajan el 62,7% de los que tienen entre 15 y 64 años, frente al 68,4% que trabajan de media en Europa, el 67,2% en Francia, el 58,2% en Italia y el 75,8% en Alemania, según Eurostat (2021). Eso quiere decir (“a lo claro”) que debería haber 1,8 millones de españoles más trabajando si tuviéramos el nivel de empleo europeo. Y  4 millones más trabajando si fuéramos como los alemanes. Por eso  (y por nuestra menor productividad) tenemos menos nivel de vida que los paises del centro y norte de Europa.

Para crear más empleo, España necesita crecer más, lo que ya consiguió en 2021, donde el empleo creció más que la economía (+8,8% frente al +5,1% del PIB), lo que permitió crear 840.700 nuevos empleos en 2021. Ahora, por culpa de la guerra de Ucrania y de altísima inflación, todo apunta a que este año 2022 creceremos mucho menos: el Gobierno acaba de estimar que creceremos un +4,3%, aunque la Comisión Europea y el FMI rebajan ese crecimiento al +4% (muy superior al 2,5% previsto para la zona euro y al 1,3% de Alemania). Y además de crecer menos, el problema estará en que el empleo crecerá menos que la economía (+3,7%), con lo que sólo se podrán crear 475.000 nuevos empleos en 2022, poco más de la mitad que el año pasado. Y lo peor es que en 2023, la economía crecerá aún menos (+2,7%  según el Gobierno y +2,1% estima la Comisión Europea) y sobre todo el empleo (+0,8%), lo que sólo permitirá crear 105.000 nuevos empleos en 2023. 

Así que tras superar en 2021 el empleo de antes de la pandemia (20.184.900 ocupados frente a 19.966.900 en diciembre de 2019),  ahora vienen dos años en que España creará menos empleo, aunque será de más calidad (la mayoría indefinido). Por eso, es crucial que el Gobierno apruebe un Plan de incentivos al empleo, centrado en promover la contratación de los colectivos que tienen más difícil trabajar: jóvenes, mujeres y mayores de 50 años. Y también planes de empleo específicos para las autonomías con más parados: Canarias, Ceuta, Melilla, Andalucía y Extremadura. Además, urge una reforma a fondo de las Oficinas de empleo (SEPE), que apenas sirven para recolocar a los parados. En especial, hay que recolocar a los parados de larga duración (1 año y más en paro), que actualmente tienen graves problemas para trabajar: sólo consiguieron el 9% de los contratos firmados en junio (cuando son el 48% de los parados), mientras el 80% de los nuevos contratos se fueron a los que llevan menos de 6 meses en el desempleo (el 42% de los parados).

El futuro del empleo va a depender de lo que dure la guerra y de la marcha de la inflación, aunque se espera que la contratación siga elevada en el tercer trimestre y caiga a finales de año, cuando ya no tire del empleo el turismo y se noten más los efectos negativos de las dos subidas de tipos (la de julio y la esperada en septiembre). Por eso, hay que redoblar los esfuerzos para gastar bien los Fondos Europeos (que ayudan al empleo) y mantener el consumo y la actividad, con subidas (moderadas) de sueldos y pensiones  y también de los márgenes y beneficios empresariales. La inflación exige la colaboración de todos, para evitar abusos y que no lo pague el empleo. Porque seguimos teniendo el doble de paro que Europa y necesitamos crear más empleo que ellos. A pesar de  la guerra, la inflación y el menor crecimiento, el empleo debe ser nuestra prioridad como país. Como lo fue durante la pandemia. 

jueves, 29 de julio de 2021

EPA junio 2021: empleo récord

La recuperación del empleo en España ya se ha producido esta primavera, según la EPA conocida hoy. Y con fuerza: en el 2º trimestre se crearon 464.900 empleos, como en 2018. Y en el último año se han creado más de 1 millón de empleos, la mayor creación de empleo en un año desde 2005. El motor de esta recuperación son los empleos recuperados en los servicios (hostelería, turismo y comercio), aunque nos hayan costado la 4ª y 5ª ola de contagios. Faltan 295.200 empleos para recuperar la ocupación de antes de la pandemia (queda recuperar 1 de cada 10 empleos perdidos) y en 5 autonomías ya hay más gente trabajando que en 2019. Eso sí, el paro baja menos (-110.100) porque han aumentado mucho los que buscan empleo, más ya que antes de la pandemia. Ahora, el Gobierno espera recuperar en otoño el empleo de antes y que el Plan de recuperación baje el paro en 2021 y 2022. Pero urge aprobar un Plan de choque para emplear a jóvenes, mujeres y parados de larga duración y reformar a fondo las oficinas de empleo. El empleo debe ser la prioridad de la recuperación.

Enrique Ortega

El segundo trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa y los contratos previos al verano, salvo en 2020, donde la ocupación cayó en picado entre abril y junio (-1.074.000 empleos), por la pandemia y el grueso del confinamiento. Este año 2021, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-137.400), el 2º trimestre ha dado la sorpresa y el empleo ha crecido en 464.900 personas, según la EPA publicada hoy, más que en la primavera de 2019 (+333.800 empleos) y similar al empleo creado en el 2º trimestre de 2018 (+469.900). Con ello, se afianza  la recuperación del empleo iniciada el verano pasado y la ocupación aumenta en 1.064.600 empleos en el último año, la mayor creación anual de empleo desde 2005. Eso sí, gracias también a que figuran como ocupados 340.000 trabajadores “aparcados” en ERTEs.

En el 2º trimestre, la ganancia de empleo ha sido gracias a la recuperación de los servicios (+365.700 empleos creados), sobre todo la hostelería, el turismo y el comercio, pero también ha creado bastante empleo la construcción (+63.100) y, menos, la industria (+23.000) y la agricultura (+13.100), mucho más en el sector privado (+422.700 empleos)  que en el público (+42.100), según la EPA. Y sorprende que la mayor creación de empleo se haya dado en las mujeres (+241.400 frente a +223.500 en los hombres) y entre los jóvenes (+79.600 nuevos empleos entre 20 y 24 años y +72.900 entre 25 y 29 años). Y por autonomías, el empleo ha crecido en el 2º trimestre en todas, pero más en Andalucía (+102.400 ocupados), Baleares (+60.300), Comunidad Valenciana (+55.100), Cataluña (+43.300) y Murcia (+35.700).

A pesar de la histórica mejoría del empleo en el último año, España no ha recuperado todavía el empleo anterior a la pandemia: estamos 295.200 empleados por debajo de los ocupados a finales de 2019 (19.671.700 ocupados frente a 19.966.900), según la EPA. Falta recuperar 1 de cada 10 empleos perdidos con la pandemia. Entre los hombres falta recuperar 200.000 empleos, pero sólo 95.200 entre las mujeres. Y por edades, todavía hay menos jóvenes trabajando que en 2019, pero hay más ocupados de 45 a 49 años (+54.500) y de más de 55 años (+237.000), los menos afectados laboralmente por la pandemia.  Y hay ya más gente trabajando en la construcción  (+40.900) y en el campo (+17.200), aunque todavía menos en la industria (-98.600) y sobre todo, en los servicios (-254.800). Destaca también que 5 autonomías tienen ya más gente trabajando que en 2019: Murcia (+36.700), Extremadura (+20.500), Andalucía (+18.000)  Castilla la Mancha (+15.300) y Canarias (+12.000 ocupados).   

La importante mejora del empleo en el 2º trimestre de 2021 (+464.900) no se traducido toda en una bajada del paro (-110.100 parados) porque en paralelo han aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora, tras lo peor de la pandemia: los “activos” han aumentado en 354.800 personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 1.240.000 personas más buscando trabajo que hace un año). Y ya hay más adultos “activos” (trabajando o buscando trabajo) que en 2019: 23.215.500 frente a 23.158.800 a finales de 2019. Y todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.

El  paro ha bajado en el 2º trimestre (-110.100 personas) sobre todo en los servicios (-306.200 parados), por las menores restricciones en el turismo, la hostelería y el comercio, aunque también en la industria (-43.300), la construcción (-35.500) y la agricultura (-21.900), pero ha subido entre los que perdieron su primer empleo hace un año (+240.000) y los que buscan ahora su primer empleo (+56.900 parados). El desempleo sólo baja entre las personas de 25 a 54 años (-160.800 parados), pero sube entre los jóvenes (+46.300) y los mayores de 55 años (+11.600). Y baja más entre los hombres (-60.700) que entre las mujeres (-49.400). Por autonomías, baja en todas salvo en la Comunidad Valenciana (+15.600 parados), Cantabria (+2.200), Comunidad Valenciana (+800) y la Rioja (+100), destacando las bajadas del paro en Murcia (-22.200), Cataluña (-21.200), Andalucía (-19.800), Baleares (-16.200) y Extremadura (-11.500), según la EPA.

La cifra total de parados se sitúa en 3.543.800 desempleados, con una tasa de paro del  15,26% , todavía muy lejos de la tasa de paro europea (7,3%) o alemana (3,7%). Y baja unas centésimas la tasa de paro de los jóvenes (menores 25 años), al 38,38% (17,3% en la UE-27). Hay otros datos también preocupantes. El primero, que hay 1.157.900 hogares con todos sus miembros en paro (+44.700 que hace un año y medio). El segundo, que seguimos con 4 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa”, superior o rondando el 20%: Canarias (24,71%), Ceuta (24,20%), Andalucía (21,58%), Extremadura (19,15%) que contrastan con cuatro autonomías que tienen una tasa de paro casi europea (10,02% el País Vasco, 10,30% Navarra, 10,73% Aragón  y 11,52% la Rioja). Y el tercero, que aumentan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son 1.735.600, el 49% de los parados (eran 1.387.000, el 43,5% a finales de 2019).

Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En junio de 2021, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 2.070.546 desempleados: casi la mitad (43,92%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 868,5 euros de media y el resto (56,08%) cobraban un subsidio asistencial de 451,92 euros. Pero en esta cifra están incluidos los 340.000 trabajadores que están en ERTE y cobran las tres cuartas partes de su sueldo del SEPE. Así que, en realidad, sólo 1.730.546 parados cobra algún subsidio, el 48,83% de los parados que refleja la EPA de hoy. Eso significa que más de la mitad de los parados (51,17%) no cobran ninguna ayuda pública, cuando en 2019 eran sólo el 38,5%. Así que la pandemia nos ha traído más paro, pero ahora son menos los que reciben ayuda, porque muchos llevan demasiado en paro y se les ha agotado el subsidio.

En el último año y medio (diciembre 2019 - junio 2021), en el grueso de la pandemia, el paro ha crecido en +351.900 desempleados y la tasa de paro del 13,78% al 15,26%, según la EPA, sobre todo entre las mujeres (+245.500 frente a 133.000 parados más los hombres), entre los que tienen de 25 a 54 años (+163.800) y los jóvenes de 20 a 24 años (+96.400) y entre los que perdieron su empleo hace un año (+456.700 parados) y buscan su primer empleo (+74.300 parados), mientras hay menos parados que antes de la pandemia en el campo (-18.300), la industria (-10.000), la construcción (-26.500) e incluso en los servicios (-124.200 parados). Por autonomías, el paro ha bajado con la pandemia en Murcia (del 16,08 al 13,15%) y Extremadura (del 23,48 al 19,15%),  subiendo sobre todo en Baleares (del 9,91 al 15,17%), Canarias (del 18,78 al 24,71%), Cataluña (del 10,45 al 12,28%), Madrid (del 9,99 al 12,09%), y la Comunidad Valenciana (del 14,13 al 16,67%), según la EPA.

Mientras, ¿qué ha pasado con el empleo en Europa por la pandemia? Eurostat publicó un informe donde revela que España es el país que perdió más empleo en 2020, cinco veces más que la media: un -2,3%, frente al -0,6% en la UE-27. La caída del empleo en España con la pandemia duplicó con creces a la de Portugal y Reino Unido (-1% en ambos casos) y fue muy superior a la de Italia (-0,9%), Alemania (-0,2%) y Francia (-0,2%), mientras en Grecia aumentó ligeramente el empleo el año pasado (+0,1%). En este año 2021, el empleo siguió cayendo en toda Europa (del 72,7 al 71,9%, según Eurostat), aunque se perdió menos en España en el primer trimestre (-137.500 frente a -1.074.000 el año anterior).

El paro también creció mucho más en España que en el resto de Europa en 2020: +2,35% en España (del 13,78 al 16,13%, según la EPA), frente a una subida del +0,6% en la UE-27 (del 6,3 al 6,9%).En este año 2021, con datos de Eurostat hasta mayo, el paro ha bajado en toda Europa (-0,4% en el último año, en la UE-27 y en la zona euro) y también en España (-0,4 % desde mayo de 2020), bajando menos en Alemania (-0,1%) y más en Francia (-0,5%), siendo Italia el único país donde subió el paro en el último año (del 8,5 al 10,5%). Y ha bajado más el desempleo juvenil en España (-2,1% de mayo 2020 a mayo 2021), mientras subía ligeramente en Europa (+0,3%), Italia (+2,6%) y Alemania (+0,6%), bajando en Francia (-1,3%), según los últimos datos de Eurostat.

La pandemia ha destrozado nuestro mercado laboral, pero los ERTES y ayudas públicas, junto a las menores restricciones a la movilidad, colocan al empleo cerca ya de la situación anterior a la pandemia. De hecho, la EPA de hoy revela que hay ya 19.671 ocupados en España. Con lo que estamos 295.200 empleos por debajo de finales de 2019 (19.966.900 ocupados). Pero si afinamos más por meses, a finales de junio de 2019 había 19.267.920 afiliados a la Seguridad Social, sólo 202.000 menos que los afiliados de finales de febrero de 2020 (19.479.810), justo antes del confinamiento de marzo. Y la previsión del Gobierno es que alcanzaremos en otoño (septiembre/octubre 2021) el nivel de empleo anterior a la pandemia.

Ahora, el Gobierno confía en que el empleo mejore aún más en el tercer trimestre (por la mejora del turismo, sobre todo el de los españoles) y sobre todo en el cuarto, cuando alcancemos la inmunización de rebaño (ahora, con la variante Delta, exige vacunar del 80 al 92% de los españoles, no sólo al 70% del que se hablaba antes). Su última previsión es aumentar el empleo este año 2021 un 4% (+768.000 empleos), todavía insuficiente para compensar la caída de empleo de 2020 (-7%). Así que España no volverá a tener el empleo de 2019 hasta 2022. Y lo mismo pasará con la tasa de paro, que bajará este año al 15,2% (desde el 15,5% de 2020) y hasta 2022 no alcanzaremos la tasa de paro pre-COVID (14,1% en 2019), según el último escenario macroeconómico presentado por el Gobierno.

Ahora, el empleo debe ser la prioridad de la recuperación, tratando además de pactar una reforma laboral que consiga crear empleos estables (no temporales ni precarios) y mejor pagados. El Plan de Recuperación prevé crear 800.000 empleos en los próximos 3 años, pero habrá que ver cuántos empleos se destruyen todavía, una vez que terminen los ERTEs (prorrogados hasta el 30 de septiembre) y se levante la veda para presentar concursos de acreedores (cerrados hasta diciembre). Por eso, resulta clave aprobar un Plan de choque para el empleo, centrado en los jóvenes, las mujeres y los parados de larga duración, asentado en dos frentes: formación y asesoramiento de los parados e incentivos a su contratación en los programas del Plan de Recuperación. Y no retrasar más la reforma de las oficinas de empleo (SEPE), que hoy no ayudan a los parados a recolocarse.

La pandemia y la crisis no han acabado, pero la EPA de hoy indica claramente que el empleo ha aguantado mejor ahora que tras la crisis de 2008, gracias a las ayudas públicas y los ERTEs. Pero España tiene un gran reto por delante: recuperar el empleo perdido con la pandemia y conseguir un modelo económico y laboral que suba el empleo a niveles europeos (aquí trabajan el 65,7% de los adultos, frente al 72,5% de media en Europa y el 80% en Alemania). Y con ello, rebajar nuestro histórico paro a niveles también europeos (del 15,2 al 7,3%). Ese es el gran reto de España en esta década.

jueves, 7 de junio de 2018

España, un país de bares y tiendas


La recuperación sigue ahí (el PIB volvió a crecer un 0,7% en el primer trimestre), a pesar de las turbulencias internacionales y políticas, pero está demasiado centrada en los servicios. De hecho, 2 de cada 3 empleos creados desde 2014 lo han sido en los servicios, sobre todo en el turismo, la hostelería y el comercio. Y España es el tercer país europeo donde más han crecido los servicios desde 2008, mientras perdía peso la industria: somos el país con más bares y tiendas de Europa mientras la mayoría de nuestra industria más competitiva son multinacionales extranjeras. El problema de los servicios es que aportan un empleo precario y mal pagado, muy estacional (ligado al verano y las rebajas), poco competitivo y muy vulnerable a futuras crisis. El reto es apostar por la industria, la tecnología y la economía digital y no por ser la California de Europa, una país de bares, hoteles, comercios y servicios. Cambiar el modelo económico español de aquí a 20 años. Recuperar hoy el Ministerio de Industria y crear un Ministerio de Ciencia puede ser un buen comienzo.

enrique ortega

La recuperación económica se ha traducido en 1.923.600 nuevos empleos creados en España desde marzo de 2014, según la EPA. Pero el 68% de este nuevo empleo (2 de cada 3) se ha creado en el sector servicios (1.311.400 empleos), sobre todo en la hostelería (+310.000), el comercio (+120.100), la sanidad y los servicios sociales (+172.900), la educación (+138.000) y las actividades administrativas (+56.800 empleos). En la industria sólo se crearon 377.800 nuevos empleos (1 de cada 5), en la construcción 209.800 y en el campo 24.700 nuevos empleos.

Si comparamos el empleo actual con el de antes de la crisis, todavía hay 1.772.700 españoles menos trabajando que en junio de 2008, cuando en España trabajaban 20.646.900 personas (frente a 18.874.200 en marzo de 2018). Eso se debe al pinchazo en el empleo de la construcción (trabajan 1.407.500 españoles menos) y de la industria (607.900 trabajadores industriales menos), mientras en el campo trabajan casi los mismos (+3.200) y donde hay más personas trabajando que antes de la crisis es en los servicios, con 239.600 empleados más hoy que en 2008. En la hostelería trabajan 77.400 personas más, en el comercio 304.200 menos (por el hundimiento del pequeño comercio frente a supermercados e híper) y donde más ha crecido el empleo respecto a 2008 es en la sanidad y servicios sociales (+311.200), la educación (+142.000) y la administración pública (+27.800).

Mirando más atrás, el gran cambio de España en los últimos 40 años ha sido pasar de ser un país con gran peso de la industria (aportaba el 38,87% del PIB en 1972) a un país donde las manufacturas aportan al crecimiento la tercera parte: el 26% del PIB en 1980, el 16,29% en 1995, a un mínimo del 12,15% del PIB en 2010 y el 13,06% que aportaron al crecimiento del PIB en 2017, según el INE. En contrapartida, los servicios han aumentado su peso y de representar menos del 50% del crecimiento en 1980 han pasado a aportar dos tercios, el 66,4% del PIB en 2017, según el INE. Y la construcción, que representaba el 8,59% del PIB en 1995 aporta ahora sólo el 5,21% y bajando. Así que somos, cada año más, un país de servicios, el verdadero motor del crecimiento y el empleo.

De hecho, España es el 9º país europeo con más peso de los servicios en la economía: trabajan ahí el 75,5% de los españoles (2017), por encima de la media del empleo en los servicios en la UE-28 (72%) y la zona euro (73,4%), así como de Grecia (73%), Alemania (71,1%), Portugal (70,3%) e Italia (70,1%), aunque nos gana Francia (75,8% de empleo en los servicios)  y Reino Unido (80,7%, por los servicios financieros), según los datos recientes de Eurostat. Pero lo más llamativo es que España es el tercer país europeo donde más han crecido los servicios desde 2008 (del 68,1 al 75,5%, un +7,4%), sólo por detrás de Croacia (+9,4%) y Portugal (+8,2%). O sea, que los servicios han crecido en toda Europa (+4,6%), pero mucho más en España .

De hecho, España es el país con más bares del mundo por habitante, 1 por cada 275 personas, según un estudio de Nielsen. En 2017 había 277.539 bares y restaurantes en España, según el INE, más de la mitad entre Andalucía (49.642), Cataluña (43.859) y Madrid (30.888). Y en cuanto a comercios, también estamos a la cabeza de Europa, con 462.450 comercios minoristas en 2016, según la patronal, a pesar de que la propia Comisión Europea denunciaba recientemente que somos el 2º país europeo (tras Francia) que más restringe el comercio: barreras para abrir nuevos establecimientos, horarios restrictivos, más impuestos específicos  y excesiva regulación autonómica.

¿Cuál es el problema de que los servicios pesen más en España? Básicamente, que el empleo en los servicios es más precario, está peor pagado y es más vulnerable. En los servicios se concentran el 71,7% de todos los contratos temporales (la cuarta parte ya, por menos de una semana de duración) y el 83,5% de todos los subempleados (los españoles que trabajan por horas porque no encuentran trabajos a tiempo completo). Y en consecuencia, el empleo en los servicios está peor pagado: el sueldo medio bruto en la hostelería es de 14.125 euros anuales (827 euros netos en 14 pagas), de 16.139 euros brutos en las actividades administrativas, de 19.781 euros brutos en el comercio y  de 22.289 euros brutos en la educación, frente a un sueldo medio en España de 23.156 euros brutos, un sueldo de 50.992 euros brutos en la energía (3,6 veces el de la hostelería) y 42.684 euros brutos en la banca y los seguros (el triple de lo que gana un camarero), según la encuesta de salarios del INE.

Además, los empleos en los servicios son más vulnerables, porque muchos son empleos de temporada (vinculados al verano, la temporada turística o las rebajas) y además son muy sensibles a la coyuntura, a los vaivenes del consumo y se destruyen con la misma facilidad que se crean, son menos estables que en la industria. Y encima, el sector servicios está más formado por empresas pequeñas, que tienen más difícil financiarse, vender y competir que las grandes: el 81,9% del comercio son empresas con 2 asalariados o menos y lo mismo en la hostelería, donde el 70,7% de los establecimientos tienen 2 empleados o menos.

Otro hándicap de los servicios es que son empleos que requieren poca formación y poca tecnología, con lo que aportan menos valor añadido, menos riqueza y poca productividad a la economía. De hecho, España está a la cola de Europa en productividad (ocupa el puesto 34 en el mundo, según el ranking del Foro Económico Mundial)  y uno de los factores es el mayor peso de los servicios de poco valor añadido, junto al menos peso de la industria y la tecnología, el mayor peso de las pymes y la escasa innovación.

Además, un factor clave es que las empresas del sector servicios sobreviven menos que el resto, “mueren” antes. Si la tasa de supervivencia de las empresas españolas es ya de las más bajas de la OCDE (a los 5 años sólo sobreviven el 40%), es menor aún entre las empresas del sector servicios. De hecho, de las empresas activas con menos de 2 años de antigüedad, el 26,8% se encuentran en la hostelería, el 19,9% en el comercio y el 22,2% en el resto de los servicios, mientras sólo un 12,9% son empresas industriales.

En definitiva, que el gran peso de los servicios explica en buena medida que España sea un país con empleo tan precario, con bajos sueldos, baja productividad y empresas que desaparecen en pocos años. Por eso, si queremos construir una economía más competitiva y que cree más riqueza y empleo, hay que apostar más por la industria y menos por los servicios. Sobre todo porque el peso de la industria no se recupera apenas y está por debajo de la media europea: aporta el 13,06% del PIB (2017), frente al 17% de la zona euro, el 15,3% de Reino Unido,  el 17,2% de Francia, el 23,4% de Italia o el 24% de peso de la industria en Alemania, según los datos de Eurostat (2017).

La ventaja del empleo industrial es que es un empleo menos precario, mejor pagado (26.698 euros de sueldo bruto frente a 14.125 euros brutos en la hostelería y 19.781 euros brutos en el comercio, según el INE) y más estable frente a las crisis, además de que produce más valor añadido y contribuye a la exportación (muchos servicios no). Por eso, la Comisión Europea ha lanzado el objetivo del 20% en 2020: que la industria europea aporte el 20% de la riqueza (del PIB) en el año 2020, un objetivo que ya han superado algunos países pero que parece muy difícil de conseguir para España.

La industria española tiene una serie de debilidades estructurales, señaladas en un reciente documento de CCOO. La primera, el reducido peso de la industria tecnológicamente avanzada (sólo el 6,2% del total), frente al enorme peso de las industrias tradicionales (agroalimentaria, química, farmacéutica, automóvil y transporte suponen el 55% de la industria), lo que se traduce en una menor productividad y competitividad. La segunda, el elevado peso de las pymes: sólo el 15% de las empresas industriales españolas tienen más de 10 empleados, frente al 38% de las alemanas. Y ese menor tamaño redunda en menos inversión, menos tecnología y peor acceso al crédito. La tercera debilidad es el atraso tecnológico, derivado de la baja inversión empresarial en tecnología (invierten la mitad que las empresas europeas: un 0,64% del PIB frente al 1,07% en la UE-28) y de los recortes de la inversión pública en Ciencia (es del 1,23% del PIB frente al 2,02% de la UE-28). La cuarta debilidad es la falta de financiación de la industria: los grandes inversores y la banca han “huido” de la industria, a los bonos y la especulación inmobiliaria. Y hay un quinto “hándicap”, la geografía: nuestras industrias están a 2.300 kilómetros de los mercados del centro de Europa, aunque están bien situadas como “puente” frente a América y África.

Todavía hay otras 2 debilidades muy importantes. Una, que las industrias españolas pagan la electricidad mucho más cara que la europea, lo que les resta competitividad: el precio del kilowatio industrial era de 0,083 euros en 2017 (sin impuestos), un 20,3% más caro que en la UE-28, un 29,7% más caro que en Alemania (0,064 euros/kw) y un 40,7% más caro que en Francia (0,059 euros/kw), según datos del Ministerio de Energía. Y la otra, que la industria española cuenta con una mano de obra poco formada: el 41,7% de los adultos españoles tienen una formación baja (la ESO o ni siquiera) frente al 22% en la OCDE y el 20% en Europa (15% en Alemania) y otro 22,6% tienen una formación media (Bachillerato o FP), frente al 44% en la OCDE y el 46% de adultos en Europa, según los preocupantes datos del informe de la OCDE “Panorama de la educación 2017”.

Eso sí, la industria española tiene una gran ventaja comparativa, con la que han estado jugando las empresas estos años: sueldos mucho más bajos. En todos los sectores, pero comparativamente menos en la industria: el coste por hora trabajada en España era de 23,3 euros en 2017, un 43% menos que el coste salarial en la industria de la zona euro (33,40 euros/hora) y un 17,6% que en la UE-28, según Eurostat. Y la diferencia salarial es aún mayor con Alemania (40,2 euros/hora sueldos en la industria, un 72,5% más que en España) y Francia (38,8 euros/hora, un 66,5% más), así como con Italia (27,8 euros/hora) y Reino Unido (24,2 euros/hora). Así que son los trabajadores, con sus bajos salarios, los que compensan en parte las debilidades y “hándicaps” de la industria española.

Si queremos un país que cree más riqueza, más competitivo y con un empleo más estable, hay que apostar por la industria y las nuevas tecnologías más que por los servicios. De hecho, en noviembre de 2016 ya sucedió en España algo inaudito: los sindicatos y las principales patronales firmaron un Pacto de Estado por la Industria, un acuerdo donde se pedían una serie de medidas para impulsar la industria en España: más apoyo a la tecnología y a la innovación, otra política energética, ayudas a la internacionalización de las empresas, más financiación, mejora de las infraestructuras y el transporte, políticas activas de formación, menos dispersión normativa en las autonomías y más ayudas fiscales a la industria. Y que el Gobierno crease una Secretaría de Estado de Industria, como motor de la reindustrialización

Ha pasado un año y medio y el Gobierno Rajoy no tomó ninguna medida para reindustrializar España, salvo desmantelar el anterior Ministerio de Industria y pasar las competencias al de Economía, como una secretaría general (ver organigrama). Y no se apoya a la Ciencia ni se recorta el coste de la electricidad industrial ni se asegura financiación. El ya ex presidente Rajoy ha seguido con la vieja política de la derecha conservadora: “la mejor política industrial es la que no existe”. Y mientras, siguen creciendo cada día los bares, hoteles y tiendas, que cierran al poco tiempo, como motor de una recuperación de base muy débil. Y así nos va, con un país muy precario y muy desigual. No podemos seguir apostando a ser “la California de Europa


Hay que cambiar de modelo productivo, apostar por la industria, la tecnología y la innovación, por un crecimiento y un empleo más sólido y estable. Una tarea a 20 años vista, pero que hay que empezar ya. Un buen punto de partida puede ser haber recuperado hoy el Ministerio de Industria y que el presidente Sánchez haya apostado explícitamente por "visibilizar la potencia industrial de nuestro país" en su primera aparición ayer, al presentar su Gobierno. Falta seguir por ahí en los próximos meses y que le dejen.