Mostrando entradas con la etiqueta reanimar la economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reanimar la economía. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de febrero de 2014

Las exportaciones se desinflan


El Gobierno Rajoy vuelve a echar las campanas al vuelo con las exportaciones, reiterando que han batido otro récord en 2013. Y es verdad. Pero no dicen que pierden fuerza: crecen poco desde el verano, cayeron en noviembre y en diciembre tuvieron el menor aumento desde 2008. Es normal, porque Europa, nuestro principal cliente, no creció en 2013 y el euro, convertido en la moneda más fuerte del mundo, nos quita ventas en EEUU, Rusia y países en desarrollo. Por todo ello, las exportaciones no han ayudado a la economía en la segunda mitad de 2013, como en los dos años y medio anteriores. Ahora, con Europa al ralentí, el euro fuerte y la crisis de países emergentes, resulta más difícil que las exportaciones nos ayuden a la recuperación. Por eso, es urgente reanimar la economía y el consumo en España: las exportaciones ya no podrán salvarnos en 2014. Bastante será que se mantengan.
 
enrique ortega

Las exportaciones crecen, pero menos: sólo un +0,8% en el cuarto trimestre, tras aumentar un 2,9% en diciembre (la menor subida ese mes desde 2008) y caer un -2,2% en noviembre . Y desde junio vienen creciendo por debajo del 4% (salvo septiembre). Además, están estancadas las exportaciones de dos regiones punteras (+0,1 Cataluña y +1,2% País Vasco), que suponen un tercio de nuestras ventas fuera. Con ello, en todo 2013 las exportaciones han crecido un 5,2%, casi igual que en 2012 (+5,1%), pero la tercera parte que en 2011 (+16,8%) y en 2012 (+15,2%). Y desde el verano, el pinchazo de las exportaciones ha hecho que no aporten nada de crecimiento a la economía, cuando el tirón del sector exterior fue quien salvó a España de una recesión más profunda  en los dos años y medio anteriores.

Las exportaciones se han desinflado en 2013 por dos motivos. Uno, por la recesión en Europa, que sólo ha crecido una décima, mientras la zona euro, donde están nuestros principales clientes (Francia, Alemania e Italia) caía un -0,4%. Y el otro, la fortaleza del euro, convertida en la moneda más fuerte del mundo por la depreciación del dólar, el yen y la libra, debido a que sus países han reanimado las economías con mucha liquidez. La consecuencia es que el euro se ha apreciado en 2013 un 4,16% frente al dólar, un 26,4% frente al yen y un 2,16% frente a la libra esterlina. A lo claro: los productos españoles son ese porcentaje más caros y la apreciación del euro se ha comido el sacrificio salarial de nuestros trabajadores.

Dicho esto, el sector exterior también presenta luces. Veamos tres datos esperanzadores.  Uno, que las exportaciones españolas son las que más han crecido de Europa en 2013 (un +5,2% frente al 1% de la UE28 y caídas del -1,6% en Francia, -0,2% en Alemania y -0,1% en Italia) y las terceras con más aumento del mundo, tras Japón y China. Segundo, que gracias a esto, España ha ganado cuota de mercado en el mundo (del 1,60% al 1,69%), saltando un puesto ( a Taiwán) en el ranking exportador mundial, donde ocupamos el 17º lugar. Y tres, que el déficit comercial (la diferencia entre lo que importamos y exportamos), se ha reducido a la mitad en 2013 (-15.995 millones de euros), aunque somos el quinto país europeo con más déficit comercial, tras Reino Unido (-78.600 millones de euros), Francia (-69.900 millones), Italia (-26.800 millones) y Grecia (-17.900 millones).

Ahora, falta ver qué hacen las exportaciones en 2014. El Gobierno anticipa que crecerán, pero algo menos que en 2013, con lo que su aportación al crecimiento de la economía será menor. Lo positivo es que se espera un mayor crecimiento de nuestros clientes europeos (+1,4% la UE28 y +1% los países euro), aunque la incógnita está en si se recuperan Francia e Italia, con serios problemas para crecer. Otro factor que puede ayudar es que el comercio mundial podría crecer más que en 2013, según las estimaciones de la OMC. Pero hay dos grandes incertidumbres: si se recuperarán los países emergentes (donde van un 23,5% de las exportaciones españolas, de ellas un 6,4% a Latinoamérica) y qué hará el euro, que sigue por encima de los 1,37 dólares, reforzado por inversores que huyen de los emergentes.

España tiene difícil aumentar el ritmo de sus exportaciones en 2014, aunque aún tiene margen para crecer: exportamos la mitad que Italia, con una economía similar, y porcentualmente menos que Bélgica y Holanda, economías mucho más pequeñas. El problema es que las exportaciones en España están muy concentradas en pocas empresas, sectores y regiones. Así, sólo 5.000 empresas concentran el 86% de las exportaciones españolas, que están también centradas en cinco sectores, que suponen un tercio de todas las ventas fuera: automóviles, componentes de automoción, combustibles, acero y farmaquímica. Y dos tercios de las exportaciones proceden de 5 regiones españolas (24,9 % Cataluña, 13% Madrid, 11,1% Andalucía, 10,1% Comunidad Valenciana y 8,8% el País Vasco), mientras las 12 autonomías restantes se benefician mucho menos de la exportación.

En definitiva, se trata de atraer a la exportación a un mayor número de empresas, sectores y regiones, para intentar que las ventas al extranjero no pierdan fuelle. Para ello, sería clave poner en marcha un Plan de choque que reanime las exportaciones, con dos medidas básicas: facilitar financiación suficiente (los exportadores se quejan de falta de crédito y avales) y más ayudas para la internacionalización de empresas, que han sido recortadas por el Gobierno Rajoy (el presupuesto del IBEX se ha reducido a la tercera parte desde 2007). Además, hay que facilitar la exportación, con más información, formación  y asesoramiento a las empresas (faltan oficinas comerciales en Latinoamérica y Asia), y con ayudas fiscales que se deberían articular con valentía en la próxima reforma impositiva.

No sólo hace falta que España tome medidas. Hoy por hoy, Bruselas y el BCE tienen en sus manos buena parte de las exportaciones españolas, ya que de ellos depende que la economía europea se recupere y se debilite el euro. Haría falta un Plan Marshall para reanimar la economía europea, además de reanimar el consumo en Alemania y la Europa del norte, lo que facilitaría nuestras exportaciones. Y aprobar una nueva “barra libre de liquidez”, incluso con compras de deuda (como EEUU), medidas que debilitarían al euro. Pero el BCE y Bruselas están paralizados por las elecciones de mayo y además no quieren  enfrentarse a Merkel y los países del Norte, que están cómodos así, porque crecen más y tienen poco paro, aunque sus exportaciones están cayendo.

Las exportaciones han salvado a España de una mayor recesión y una mayor pérdida de empleo en 2011, 2012 y primera mitad de 2013. Pero desde el verano han perdido fuelle y ya no pueden ser “la tabla de salvación de la economía”. Por eso es urgente que la actividad interna tome el relevo, de la mano del consumo y la inversión. Pero no se ve claro, sobre todo porque las familias tienen menos rentas (salarios a la baja, impuestos altos, pensiones congeladas y ayudas recortadas, con la mitad de los parados sin subsidio). Y sin apenas consumo, no hay ventas ni inversión, y apenas crecemos dentro.

Ese es el gran problema de España en 2014: que ya no vamos a crecer apenas por las exportaciones y que todavía no vamos a crecer apenas dentro, porque no hay consumo ni inversión. Y según un estudio del propio Instituto de Estudios Fiscales (Ministerio de Hacienda), la demanda nacional no tirará hasta 2015. Un callejón sin salida, del que hay que salir como sea, combinando medidas para reanimar la economía dentro (con ayuda de Europa) y un Plan de choque para la exportación, para que no se desinfle más en 2014. Pero esto depende más del euro y del resto del mundo que de nosotros. Así que la clave está, sobre todo, en empezar a reanimar la economía y el consumo en España, en acabar con casi cuatro años de austeridad, que han dejado una economía paralizada. ¡Hay que reanimarla aquí ¡

lunes, 17 de febrero de 2014

Europa y BCE, paralizados hasta las elecciones


España se la juega en Europa, pero ni Bruselas ni Alemania quieren tomar medidas para reanimar la lenta recuperación del continente ni el grave desempleo en España y la Europa del sur. El BCE no se atreve a bajar tipos y dar más liquidez y crédito a la economía (como EEUU), aunque la inflación está por los suelos y el euro fuerte frena las exportaciones. Alemania y la Europa del norte están cómodos con la situación, porque crecen  algo más y tienen poco paro. No quieren hacer nada hasta que pasen las elecciones de mayo, porque temen que sus electores les castiguen si toman medidas (costosas)  para reanimar la economía europea, sobre todo el estancado sur. Mientras, Europa es la zona del mundo que menos crece, tiene el mayor paro desde la postguerra mundial y en el sur siguen los recortes, el paro y la pobreza. Un caldo de cultivo nefasto para votar en mayo a las europeas.
enrique ortega

Europa no acaba de despegar, tras salir el verano pasado de la segunda recesión en esta crisis. Es el continente que menos crece: prácticamente nada (0,1%) en 2013 (frente a +1,9% EEUU, +1,7% Japón y +4,7% los países en desarrollo). Y tiene un nivel de paro histórico, el más alto en Europa desde la postguerra mundial: 10,7% en UE-28 y 12% en la zona euro (7,7% en 2008), aunque en Alemania sea sólo del 5,1%. Y el problema es que para 2014 se espera una recuperación muy débil: crecer el 1,1% (1% dice el FMI), mientras EEUU espera crecer un 3%, Japón el 1,7% y los países en desarrollo un 5,1%. Y dos países clave están “tocados”: Francia, la segunda economía del continente está creciendo en 2014 sólo un 0,2%, en tanto Italia, la tercera, espera crecer este año sólo un 0,6%mientras se temen convulsiones en los mercados por la penúltima crisis política italiana, tras la dimisión de Letta.

No es sólo que Europa crezca poco. Además, se le acumulan los problemas. Por un lado, no hay apenas crédito (cayó un 2,3% en 2013) y además, hay grandes diferencias entre el norte y el sur: las empresas españolas pagan el doble por un crédito que las alemanas (6% frente al 3%). La economía está tan parada que apenas hay consumo y por eso, la inflación está por los suelos (0,7% en enero), con riesgo de deflación (bajada de precios), algo que hundiría más a las empresas, el crecimiento y el empleo. Y fortalecería más al euro, que sigue disparado (por encima de 1,37 €/dólar), debilitando las exportaciones, la válvula de escape de muchos países (España). Y encima, la crisis de las divisas de países emergentes refuerza  al euro y dificulta aún más las exportaciones, frenando el débil crecimiento esperado.

Por si fuera poco, Europa sigue sin resolver el grave problema de los países rescatados . La propia Eurocámara acaba de culpar a la troika (Comisión, BCE y FMI) de "haber agravado su paro y su pobreza"Grecia parece necesitar un tercer rescate, a cambio de más ajustes que le hundirán más en la recesión (crecen las voces a favor de su salida temporal del euro, como única solución). Portugal, con su economía hundida, puede necesitar también más préstamos, mientras Irlanda mejora por el peso de las multinacionales que no pagan impuestos, pero con el resto de su economía en grave crisis y un 25% de empleo precario (minijobs). De Chipre y Eslovenia, con economías quebradas, ni se habla. Y España, a la que alaban sus “reformas” (recortes), ha salido de la crisis pero sigue estancada: apenas crecemos, no hay consumo, seguimos muy endeudados, no hay crédito, no se crea apenas empleo y crece la pobreza y la desigualdad.

A punto de cumplirse, en mayo, cuatro años de la política europea de austeridad, impulsada por Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, el balance es un continente estancado y una Europa del sur con graves problemas, de bajísimo crecimiento, mucha deuda y mucho paro (28 % en Grecia, 26% en España o 15,4% en Portugal frente a 5,1% en Alemania), que necesita con urgencia estímulos para salir con más fuerza de la recesión: con el crecimiento previsto  para 2014 (0,6-0,9%), España sólo crearía 60.000 empleos netos, según el BBVA, para casi 6 millones de españoles sin trabajo. Un drama.

Europa está paralizada, mirando de reojo a Italia. El sur desespera, mientras Alemania y los países del norte está cómodos, con más crecimiento (bajo: Alemania creció 0,4% en 2013 y  espera +1,7% en 2014), poco paro y sin deudas. Y en medio, el BCE lleva año y medio sin tomar medidas (salvo bajar tipos en noviembre, al 0,25%), después de que en julio de 2012 salvara al euro (y a España: no Rajoy) anunciando que tomaría medidas si hacía falta para dar liquidez a Europa (como EEUU), algo que no ha llegado a hacer.

El BCE puede y debe tomar medidas para reanimar la economía europea y facilitar que la Europa del sur crezca más y cree más empleo. La primera, bajar los tipos, aunque sólo sea del 0,25 al 0% (como los tiene EEUU), una medida más “escaparate” (como mensaje a los mercados) que efectiva. Más efecto tendría una nueva “barra de liquidez”, facilitar dinero barato a los bancos europeos, como en 2012, pero a cambio de compromisos para que lo destinen a dar préstamos y no a comprar deuda pública. Otra medida podría ser la compra de deuda pública en el mercado secundario, para dar liquidez (como hace Estados Unidos desde 2009, ahora reduciéndolo), algo a lo que se opone Alemania (sería una “redistribución de la riqueza”, dice el Tribunal Constitucional alemán: ¡pues claro¡ ). Y sobre todo, tomar medidas efectivas para que el dinero cueste lo mismo en toda Europa.

Si se facilita la liquidez y el crédito, sobre todo en el sur, Europa crecerá más. Pero necesita además otro empujón de Bruselas, con un Plan Marshall europeo lanzado por la Comisión Europea, que fomente inversiones productivas en los países del sur, con los fondos estructurales y de cohesión, centradas además en planes de formación y de empleo juvenil más ambiciosos que el aprobado en 2013 (y no puesto en marcha por Rajoy, para no subir el déficit) .

En paralelo a este necesario “empujón europeo”, España debería poner en marcha un Plan de urgencia contra el paro, centrado en un ambicioso programa de formación para parados y en políticas activas de empleo, con potentes incentivos para la contratación de jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Además, un Plan para reanimar la actividad en sectores clave (industria, turismo, exportadores, nuevas tecnologías), junto a una mejora de ingresos que facilite el consumo: subida del salario mínimo (como Merkel y Obama), ayudas a parados que no cobran subsidio, rebajas fiscales a las rentas más bajas, mejoras salariales ligadas a la productividad, ayudas para la renegociación de hipotecas y un Plan contra la pobreza. Todo ello supondría más gasto público, que podría compensarse con mayores ingresos fiscales (por lucha contra el fraude y más recaudación a ricos y grandes empresas, además del aumento de ingresos derivado del mayor crecimiento y empleo conseguidos).

España poco puede hacer sola, si el BCE y Bruselas no ayudan reanimando la economía europea. Pero no parece que estén por la labor y menos antes de las elecciones europeas de mayo. Draghi (BCE) no se atreve a actuar por temor a Alemania, donde Merkel evita proponer un mayor gasto en Europa, por ideología y por temor a que sus votantes piensen que les tocará pagarlo. Y además, su situación económica le permite esperar y ver. Pero el sur, y sobre todo España (con más del doble de paro que Europa) no puede esperar más. Urge un golpe de timón en Europa, acabar con una austeridad suicida y avanzar por otro camino, el de reanimar la economía: EEUU lo tomó en 2009 y han creado ya 8 millones de empleos.

Si el BCE, Bruselas y Alemania no toman medidas, Europa seguirá a la cola del mundo y el sur seguirá languideciendo el resto de la década, con tasas de paro insoportables al menos hasta 2018, según el FMI. Con más pobreza y desigualdad, con dos Europas cada vez más distantes. Y con más desencanto ante la política y ante las instituciones europeas. Si no toman medidas urgentes, en estas elecciones ganarán los radicales y euroescépticos. Necesitamos soluciones desde Europa, no ajustes ni doctrinas. Si no se ponen las pilas y actúan, para reanimar la economía y crear empleo de verdad, no se quejen de los resultados de las elecciones de mayo. Votemos en consecuencia.  

domingo, 30 de junio de 2013

Cumbre europea: ayudas escasas y tardías


Mucho ruido y pocas nueces en la última Cumbre europea: 532 euros al año (2014 y 2015) para ayudar a los parados jóvenes (1.000 euros a los españoles) y 10.000 millones anuales de créditos a las pymes europeas, a costa de recortar fondos estructurales. Y nada para los 21 millones de parados restantes (5,2 millones, españoles) ni un Plan para reanimar la economía europea. Otra Cumbre más para salvar la cara, esta vez con algunos millones ya previstos y cuyo gasto adelantan o hacen “ingeniería financiera”. Pero ni un euro nuevo contra una recesión que dura ya año y medio en Europa. Y sin construir “más Europa”, negando un papel activo al BCE para comprar deuda, retrasando sine díe los eurobonos, la única manera de evitar que el crédito (escaso) esté el doble de caro en la Europa del sur. Más de lo mismo: austeridad y reformas, una política que lleva 3 años fracasando.
enrique ortega

Hace justo un año, en otra Cumbre europea, los líderes de los 27 aprobaron a bombo y platillo un Pacto por el Crecimiento y el Empleo, para relanzar la economía. Pero un año después, no se ha puesto un euro en el empeño y Europa, tras mantenerse a ultranza en su política de austeridad, lleva ya año y medio en recesión, con 1,7 millones de parados más que hace un año (600.000 de ellos en España). Ahora, presionados por la contestación social y por algunos países (Francia, Italia, España), Merkel y los fundamentalistas de Bruselas han querido dar la imagen de que se preocupan de los problemas de los europeos, poniendo sobre la mesa unos millones contra el paro juvenil y para créditos a las pymes. Poco dinero y ni un euro nuevo, ya que sólo se anticipan fondos ya previstos o se cambia el destino de otros para desatascar créditos, con “ingeniería financiera”. Pocas nueces y mucha propaganda.

Veamos primero las ayudas contra el paro juvenil. Había 6.000 millones previstos en los Presupuestos europeos 2014-2020 y lo que ha hecho la Cumbre es anticipar su gasto, entre 2014 y 2015. Son 3.000 millones al año, a repartir entre los 5.630.000 parados europeos menores de 25 años (964.000, españoles). Tocan a 532 euros por parado al año. En el reparto, España, líder en paro juvenil (56,4% frente a 22,6% UE), se llevará casi la mitad, 1.900 millones en dos años: 1.000 euros por parado al año. Ahora toca estudiar en qué se gasta y a cambio de qué, porque Bruselas impondrá contrapartidas, cambios ya solicitados en las políticas de empleo y en la reforma laboral.

La cifra, 6.000 millones (y quizás otros 2.000 más para 2016-2020), es ridícula. “Como una gota de agua en el océano”, ha dicho el presidente del Parlamento europeo. Y contrasta con las ayudas públicas al saneamiento de los bancos europeos: 1,6 billones de euros (215.000 a los bancos españoles, 40.000 millones de Bruselas). Si parece razonable que sanear la banca sea una prioridad para Europa (para asegurar crédito y liquidez a la economía), también debería serlo conseguir que los parados trabajen, para que no caigan en la pobreza, consuman, coticen y ayuden a crecer y a recortar el déficit. Pero la desproporción de ayudas es escandalosa. Y no han aprobado ni un euro para los parados mayores de 25 años: 21 millones en Europa, 5,2 millones sólo en España.

Y ahora, la medida para desatascar el crédito a las pymes en Europa: movilizar entre 60.000 y 100.000 millones de crédito en los próximos 7 años, unos 10.000 al año. Medida que tiene doble truco. Por un lado, sólo se ponen 10.000 millones en manos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para que, con la “ingeniería financiera (avales) haga el milagro de movilizar hasta 100.000 millones en créditos. Pero además, esos 10.000 millones no es dinero nuevo, sino que se recorta de los Fondos estructurales de los países, con lo que si España, por ejemplo, quiere estos créditos, tendrá que renunciar a Fondos europeos para  zonas rurales o infraestructuras. Son créditos, que las pymes tendrán que devolver con intereses. Y una cifra  a repartir entre los países: España podría conseguir unos 1.000 millones año, la cuarta parte del dinero que dispone el crédito oficial (ICO) y que no se presta por falta de demanda.

Estas ayudas a los parados jóvenes y los nuevos créditos a pymes no llegarán a España antes de enero de 2014, a pesar de nuestra recesión, los 6,2 millones de parados y de que nuestras empresas no consigan crédito (y si lo hacen, pagan el doble que en el norte de Europa). Algo que no se va a resolver mientras haya dos Europas, mientras el BCE no salga en apoyo de los países del sur, comprando deuda pública primero (para bajar los intereses) y creando después los eurobonos: un sistema para compartir la deuda europea, para que países y empresas se financien al mismo coste, como antes de la crisis del euro.

Pero esto es un tema tabú para Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, que prefieren aprobar “parches” para inyectar 10.000 millones de crédito anuales que conseguir una Europa más unida, donde pedir un crédito cueste igual en Madrid que en Berlín o Viena (porque eso significaría que ellos pagarían algo más que ahora). Y tampoco quieren aprobar un verdadero Plan Marshall para reanimar la economía europea y el empleo porque, para ser efectivo, costaría al menos 200.000 millones de euros y los países ricos del norte tendrían que pagar la mayor parte. Claro que también les beneficiaría vía exportaciones y créditos.

Así que, a falta de medidas eficaces, parches para salvar la cara de Bruselas y Merkel, que busca  llegar hasta las elecciones alemanas de septiembre sin pedir más dinero a sus electores. Y después, más de lo mismo: austeridad y reformas, nada de estímulos que cuesten dinero (para recoger mañana).Y si la Europa del sur lo pasa mal, le recetan paciencia.

Mientras, en España, el Gobierno Rajoy repite una y mil veces que hay “brotes verdes, pero la realidad es que seguimos en recesión y cualquiera puede ver que no hay consumo, no hay actividad, sigue habiendo despidos y cierres de empresas, que los parados (sobre todo los mayores de 45 años) no ven salida. Y aunque las exportaciones crecen, lo hacen la tercera parte que antes (por la recesión europea), mientras el turismo interior sigue cayendo. Y todavía nos queda ver los efectos depresivos del ajuste de 2014, porque aunque Bruselas lo haya suavizado, España tendrá que recortar otros 7.000 millones de déficit (Estado y autonomías) para 2014.Y cada vez es más doloroso recortar.

Por todo ello, la única salida es cambiar de política, en España y en Europa, abandonar la austeridad y reanimar la economía, como han hecho EEUU, Japón, Brasil o China, países que crecen mientras Europa está en recesión desde octubre de 2011. A nivel europeo, hay que conseguir recursos para lanzar un Plan Marshall de inversiones y ayudas a la Europa del sur, mientras los países del norte reaniman su consumo e  importaciones. A nivel español, hay que reanimar la economía, consiguiendo más ingresos (en este blog he explicado cómo recaudar 50.000 millones más de multinacionales, grandes empresas y los más ricos, bajando impuestos a la mayoría) para destinarlos a la formación de jóvenes y parados (la mitad no tiene), a incentivar contrataciones (un año sin pagar SS por empleo) y a ayudar a sectores clave para salir de la crisis: exportadores, industrias, tecnología, turismo y pymes. Ingresar más para gastar más y recuperarlo vía empleo que cotiza, consume y paga impuestos.

Se puede. Lo que no se puede es seguir así, con un país sumido en la desesperanza y que no ve salida. Esta Cumbre europea sólo ha aprobado migajas  para 2014, cuando lo que urge es el hoy. Y no han afrontado el problema real de España: crear empleo de verdad. Por eso, Europa, nuestra esperanza durante décadas, queda cada vez más lejos. Estamos solos. Peor: estamos atados a su desgobierno.

miércoles, 13 de junio de 2012

España: rescate por la puerta de atrás


Se puede llamar rescate suave, rescatín o simples créditos para sanear la banca, pero hay un hecho indudable: Europa nos prestará hasta 100.000 millones, más del coste de los rescates a Irlanda y Portugal y casi lo que a Grecia. Bruselas va a controlar la reconversión de nuestros bancos y Cajas, imponiendo cierres y despidos. Y si nos imponen ya  déficits y reformas, ahora con más motivo: quien presta manda. Por eso, Rajoy acelerará la subida del IVA, los recortes en pensiones y desempleo y, quizás, en el sueldo de funcionarios. En otoño o para 2013. Pero no basta con este rescate por la puerta de atrás. Los mercados siguen inquietos: les preocupa no solo la banca, sino que España está en recesión y lo estará en 2013. Y si no crecemos, será difícil que les paguemos. Hay que rescatar a los parados, no a los bancos. Y al euro, que a falta del estallido de Grecia, está en el alero y así no aguanta ni tres meses. 
enrique ortega (a partir de Magritte)

El detonante del rescate europeo ha sido Bankia: necesita 19.000 millones más de ayudas, a las que sumar otros 30.000 de tres muertos más (CatalunyaCaixa, NovaGalicia y Banco de Valencia, las tres intervenidas). Demasiado dinero para pedir en unos mercados demasiado caros (6,5%). Rajoy  intentó que este dinero saliera del Fondo Europeo de Rescate, que se lo prestaran directamente a bancos y Cajas en apuros. Pero Merkel, el BCE y Bruselas no estaban por la labor: si queréis dinero, lo pedís como Estado, garantizándolo: pasáis por un rescate. Rajoy intentó echar un pulso, pensando que España era demasiado grande para que Merkel y Bruselas la dejaran caer en un rescate que podría hacer estallar al euro. Y por eso, Bruselas planteó un rescate por la puerta de atrás: sólo para la banca, para que los mercados se pusieran menos nerviosos. Rajoy no quería, pero le montaron una encerrona, entre filtraciones y presiones. Y acabó pidiendo el  rescate por videoconferencia.

Rajoy ha intentado hacer de la necesidad virtud, vendiendo el rescate como un triunfo. Pero es un fracaso: España no puede sanear su banca por sí misma y pide ayuda a Europa, hasta 100.000 millones, más que los rescates de Irlanda (85.000 millones) y Portugal (78.000) y tanto como el primer rescate a Grecia (110.000). Un dinero que irá básicamente a capitalizar Cajas y bancos, empezando por los cuatro intervenidos y siguiendo con otras cinco Cajas en procesos de fusiones (todas, salvo Kutxabank). No necesitarán dinero los demás bancos (quizás Bankinter). En total, entre 40.000 (cálculo FMI) y 60.000 millones, por los que el Estado pagará intereses, sobre un 3,75%, que no recuperará hasta que venda las Cajas intervenidas o se lo puedan devolver las demás cuando se saneen. Y a cambio, los planes de restructuración (cierre de sucursales y más de 10.000 despidos) los tendrán que aprobar Bruselas, el FMI y el BCE.  

En definitiva, la primera factura del rescate será pagar los intereses : 2.250 millones al año (para 60.000 millones), durante 10 años.Un coste que aumenta el déficit público (y la deuda de España), con lo que habrá que recortar de otro lado. Ya Bruselas, en sus recomendaciones de mayo, nos exigió subir el IVA, acelerar la reforma laboral y de pensiones, ajustar las autonomías. Y ahora, con el rescate, con más motivo: quien presta, manda. Volverá a hablarse de recortar la factura del desempleo y el sueldo de los funcionarios, en otoño o para 2013: una rebaja del 2,5% ahorraría 2.250 millones, los intereses a pagar por el rescate bancario. Y todo para que, en unos años, estas Cajas, saneadas con dinero público, sean vendidas a otros bancos.

El rescate y el prometido saneamiento bancario (el quinto en dos años) no van a agilizar el crédito en España, por dos razones. Primera, porque las entidades van a estar ocupadas un año en fusiones y saneamientos, inmovilizando más recursos para capitalizarse. Segundo, porque empresas y familias están pensando en quitarse deuda (desapalancamiento), no en endeudarse más. Y menos cuando no hay ventas ni consumo, porque estamos en recesión.

El rescatín tampoco ha servido para calmar a los mercados, como ya se sabía: a los tres países intervenidos les ha subido la prima de riesgo desde la intervención (Grecia paga cinco veces más y Portugal el doble). Y los tres están en una profunda recesión, provocada por duros ajustes que han traído más paro y una profunda crisis social y política. En España, el problema clave no es tanto la banca (que lo es) como la recesión: somos el único país de Europa (27) que va a decrecer este año y el que viene. Y si no crecemos, el Estado no podrá recaudar ni rebajar lo prometido el déficit. Y si hay más paro, los bancos seguirán con problemas. Y  España y los españoles no podremos pagar. Eso es lo que de verdad preocupa a los mercados. Cobrar.

Para dar confianza, más que rescates hace falta otra política. Obama lo dijo muy claro la semana pasada: España e Italia no pueden seguir “cortando, cortando y cortando”, ya que eso “aumenta el paro y les resulta más difícil pagar sus deudas y los mercados cuando ven esa espiral, empiezan a hacer cálculos y los tipos de interés suben y la vida se hace mucho más dura”. Clarito. Obama propone, como ha hecho en EEUU, estimular el crecimiento, como Hollande y muchos economistas. Acabar con el fundamentalismo de los recortes, que nos ha llevado a tres rescates y medio en dos años, con 12 países europeos en recesión. Y con el paro y la crisis social como los verdaderos problemas de Europa y España, no la banca ni la deuda. Hay que rescatar a los parados, no a los bancos.

Europa se la juega de verdad y tiene menos de tres meses para salvar el euro, según Lagarde (FMI). Quizás menos, porque este domingo 17 puede saltar por los aires en Grecia. Si sobrevive, tiene este mes tres oportunidades para buscar otro camino: la Cumbre del G-20 en México (18-19 junio), la Cumbre de los 4 en Roma (22 de junio) y la Cumbre europea (28-29 junio). Si Europa no aprende y no cambia de política, bajando tipos (BCE), reanimando las economías del sur y fomentando el consumo en el norte, arreciará la tormenta de los mercados. Porque nadie quiere prestar a un moribundo al que se le hacen más sangrías cada día. Así, se morirá.