Mostrando entradas con la etiqueta Merkel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Merkel. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de enero de 2018

Rey en Davos: hablen en español si quieren apoyarlo


Este miércoles 24 de enero, el presidente Rajoy hablaba en un acto en Madrid de que “tenemos la obligación de custodiar y legar el español, anunciando un Plan para promocionarlo por el mundo. Una hora antes, el Rey Felipe VI intervenía por primera vez en la Cumbre de Davos y lo hacía… en inglés. Ese mismo día, intervenían también en Davos el presidente Macron (la mitad en inglés y la otra mitad en francés, bien sûr) y la canciller Merkel (en alemán, natürlich). Todo un ejemplo para el Rey y para tantos dirigentes políticos y empresariales que se pasean por el mundo presumiendo de su inglés y no dándose cuenta que el español se defiende… hablándolo, no con Planes y campañas de promoción. Y hay que saber que el español, la segunda lengua del mundo, es también un gran valor económico, que se resiente con tantos anglicismos como usamos cada día. Hablen en español, por favor.






Hace menos de dos años publiqué un blog titulado “No apreciamos el valor del español. Y ahí señalaba que nuestro idioma no es sólo el segúndo más hablado del mundo (570 millones de personas y podría llegarse a 700 millones en 30 años), tras el inglés, sino que tiene también un gran valor económico: aporta un 15% del PIB por las actividades educativas, audiovisuales o de edición y su ayuda en el comercio y las inversiones internacionales. Pero se trata de un idioma que no apoyamos, ni dentro ni fuera de España. Y ponía como ejemplo el auge de los anglicismos en la publicidad y en los medios, así como el contrasentido de que nos presentáramos a Eurovisión 2016 con una canción en inglés (“Say Yay), que además quedó en el puesto 22 de 26 países... Y la consecuencia es que el español es una lengua minoritaria en las instituciones internacionales, desde la Unión Europea (el español es un idioma marginal en las reuniones y documentos oficiales) a la UEFA (somos una "potencia futbolística", pero los tres idiomas oficiales son el inglés, el francés y el alemán, no el español).

Y en este contexto, el rey Felipe VI se descuelga en Davos, un “escaparate mundial", hablando en inglés, curiosamente para promocionar “la marca España”. Vale, tenemos un rey “preparado”, con un inglés de Georgetown (donde se graduó en 1995), pero así no se promociona el español. Sería impensable un discurso importante de un presidente francés en inglés, como demostró Emmanuel Macron en Davos (aunque intervino la mitad en inglés). Y lo mismo hizo Ángela Merkel, pronunciando su discurso en alemán. Defienden  su lengua, más minoritaria que el español.

De poco vale que una hora después, en Madrid, el presidente Rajoy presentara un “ambicioso Plan” para promover el español por todo el mundo, anunciando la creación de un Erasmus latinoamericano y desgravaciones fiscales para empresas y multinacionales que se impliquen en fomentar el español por el mundo. “El español es un patrimonio que tenemos obligación de custodiar y legar”, dijo muy solemnemente. Dígaselo al Rey. Den ejemplo. Cuiden el español.

jueves, 23 de marzo de 2017

60 años UE: Europa debate su futuro


Este sábado 25 de marzo, los líderes europeos se reúnen en Roma para celebrar los 60 años del nacimiento de la Unión Europea y reflexionar sobre la Europa del siglo XXI, ya sin Reino Unido. Los grandes paises, con Alemania a la cabeza, apuestan por una “Europa a 2 velocidades”, donde algunos avancen más en Defensa, seguridad o inmigración mientras otros se queden rezagados. Es una mala salida. La receta debería sermás Europa”, más Presupuesto único, más unión bancaria, eurobonos y deuda compartida, más inversiones europeas y, sobre todo, políticas para crear más empleo y reducir el paro, la pobreza y la desigualdad, las grandes preocupaciones de los europeos y el origen de tantos populismos. Hay que avanzar hacia los Estados Unidos de Europa, para ser más fuertes y competitivos en un mundo globalizado, donde si los europeos no lo remediamos, el futuro será de Asia y América. Una Europa más fuerte, no varias Europas y volver al nacionalismo en cada país.
 
enrique ortega

Antes de afrontar el futuro de Europa, será útil echar un vistazo al pasado, a esos 60 años donde Europa ha ido creciendo, lentamente y con muchos problemas, desde los 6 miembros (Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) que crearon la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957 a los 12 miembros de 1986 (con Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, que entraron en 1973, más Grecia, España y Portugal), los 15 de 1995 (con Austria, Suecia y Finlandia), los  25 de 2004 (tras la entrada de 8 paises del Este, más Malta y Chipre) y los 28 de 2013 (tras la entrada de Rumanía y Bulgaria, en 2007, y de Croacia). Por el camino se creó en 1993 el mercado único (libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales) y en 1999 el euro, ahora con 19 países, la segunda moneda más usada del mundo, mientras se avanzaba menos en fiscalidad, unión bancaria, inmigración o Europa social.

Dos han sido los grandes logros de la Unión Europea en estos 60 años. El primero, asegurar la paz entre los europeos, tras dos Guerras mundiales y muchos siglos antes de conflictos armados. El segundo, una cierta riqueza y prosperidad. Europa salió de la II Guerra mundial exhausta (leer el excelente libro “Postguerra”, de Tony Judt), con 55 millones de muertos, la economía destruida y mucho hambre hasta mediados de los 50, pero en dos décadas se recompuso y a pesar de las crisis (años 70, 80, 90 y la actual), la Unión Europea es la segunda zona del mundo con mayor nivel de vida (29.500 euros per cápita), tras EEUU (51.000 euros per cápita).

Ahora, el Brexit, la salida de la UE de Reino Unido (que intentó ingresar tres veces, por el veto francés) y el cambio geopolítico mundial provocado por la llegada de Trump fuerzan a Europa a replantearse su futuro, aprovechando los 60 años del Tratado de Roma. Pero los problemas están ahí de antes: es la Gran Recesión de 2008 la que ha puesto a prueba la Unión Europea y la que ha desvelado claramente sus fallos, básicamente la falta de liderazgo político y económico para avanzar en el proceso de integración, que ha sido muy lento. Europa tiene una moneda común pero ha avanzado muy poco en otras políticas: fiscales, financieras, deuda, laborales, sociales, Defensa y Seguridad, medioambientales, migratorias, educativas, tecnológicas, digitales… Y con la crisis, se ha notado más esta “no unión”.

El mayor problema de la Unión Europea ha sido lo mal que han gestionado esta crisis sus líderes, los de Bruselas y los de los distintos paises, con Merkel a la cabeza. Hay un dato clave: en octubre de 2009, en el peor momento de esta crisis, Europa y EEUU tenían el mismo nivel de paro, el 10% (ver este gráfico). Y hoy, USA tiene el 4,8% de paro y la zona euro justo el doble, el 9,6%, según Eurostat. ¿Qué ha pasado, por qué el balance es tan diferente? Pues porque ambos continentes han aplicado recetas distintas. Estados Unidos básicamente tres: inyectar liquidez al sistema (bajando tipos, del 5,25% en 2007 al 0,25% en 2008, y comprando deuda), aprobar un enorme Plan de inversiones (800.000 millones de dólares en 2009) para reanimar la economía y bajar los impuestos. Mientras, Europa abandonó sus estímulos en 2010, forzó  recortes a los paises más débiles (Grecia, Portugal, Irlanda y España)  y bajó más lentamente los tipos de interés (en 2008, cuando USA los tenía en el 0,25%, aquí estaban en el 2,5%) para incluso subirlos después (en abril y julio de 2011, el BCE subió los tipos, del 1 al 1,50%), llevando a Europa a una segunda recesión, en 2012 (-0,7% PIB) y 2013 (-0,3%), mientras EEUU crecía ya desde 2010 (+2,5%).

Los líderes europeos, Bruselas y sobre todo Merkel y Alemania, se empecinaron en “ir contra corriente”, en frenar en 2010 las políticas de dinero barato y reactivación de la economía que aplicaron con éxito EEUU, Reino Unido, Japón, China, Brasil y muchos paises. Optaron por “el fundamentalismo del déficit”, la austeridad, que ha sido “un suicidio para Europa”, porque ha metido a muchos paises en un bucle siniestro: hacen recortes, recaudan menos, aumenta su déficit y su deuda, crecen menos, recaudan menos, tienen que hacer más recortes y así siguiendo. Es lo que ha pasado en Grecia, en Portugal y en España, países que tienen hoy más deuda que en 2010 y donde la austeridad se ha llevado por delante empleos y riqueza, agravando la pobreza y la desigualdad. Y todo con un objetivo, digámoslo claro: se recetaban recortes para asegurar que los paises tenían dinero para pagar los intereses de la deuda de los bancos alemanes y franceses, los más “pillados” por el exceso de deuda en la Europa del sur. Incluso las presiones de Merkel y Bruselas llevaron a Zapatero a cambiar la Constitución, en 2011, con apoyo de Rajoy, para asegurar que el pago de intereses de la deuda tiene prioridad sobre los demás gastos, pensiones incluidas. Inaudito pero cierto.

Esta política de recortes y austeridad podría haber roto el euro y Europa si no hubiera actuado “de bombero” el Banco Central Europeo, el BCE. En noviembre de 2011, con Europa al borde de la segunda recesión (2012 y 2013), Draghi accedió como presidente del BCE y empezó a bajar los tipos de interés, del 1,50% que los encontró al 0% en que los situó en marzo de 2016 y donde siguen ahora. Además, en julio de 2012 soltó a los mercados su famosa frase (“el BCE hará lo necesario para sostener el euro”), que ciertamente salvó la moneda europea y evitó el rescate de España (fue Draghi, no Rajoy), aunque no el rescate bancario. Y en 2013 volvió a calmar a los mercados, con bajadas de tipos y el anuncio de compras de deuda pública y privada, que empezaron en marzo de 2015 (7 años más tarde que en USA y Reino Unido)  y que han inyectado ya 1,4 billones de euros en la débil economía europea. Una inyección de dinero barato que mantendrá hasta 2018.

El BCE ha impedido que el euro y Europa se rompan, pero la economía europea languidece, a pesar de estar “dopada” por el BCE. “No vemos cimientos sólidos en el crecimiento actual”, acaba de decir de Europa la economista jefe de la OCDE. Y es que la zona euro creció un 1,7% en 2016 (1,9% la UE-28) y para 2017 se espera un menor crecimiento, del 1,5%, que será igual en Alemania y menor en Italia (+0,9%), Francia (+1,4%) y Reino Unido (+1%), con un +2,3% en España. Y con tan bajo crecimiento, el empleo crecerá poco (+1%) y el paro se mantendrá en el 9,6%, con casi 21 millones de europeos sin trabajo. Y mientras la economía no despega, hay ya 119 millones de pobres en Europa (un 23,7% de europeos viven con menos del 60% de los ingresos medios, según Eurostat) y ha aumentado la desigualdad, con un 20% de los jóvenes europeos sin trabajo, cuatro veces los de EEUU. Y así, con un continente estancado, que no crece y pierde peso en el comercio mundial (ha perdido cuota, del 42,7%en 2005 al 38% en 2016, según la OMC), con mucha deuda, mucho paro y demasiada pobreza y desigualdad, crece el populismo y los euroescépticos.

¿Qué se puede hacer? Los dirigentes de la Comisión Europea (la mayoría, como su presidente Juncker, culpables del estancamiento económico y político actual por su pésima gestión de la crisis) se han “sacado de la manga” un pretendido Libro Blanco que propone 5 soluciones de futuro resumibles en tres: seguir como estamos, avanzar en la integración o quedarse en un punto medio, ir a una Europa a 2 velocidades donde los paises que quieran avancen en algunos temas y los demás no. Una propuesta, la de una Europa a varias velocidades, que gusta a Alemania (siempre que sea ella quien mande) y que apoyan también Francia (Hollande se va en mayo), Italia (con un líder desconocido y elecciones pronto) y España, donde Rajoy ve la oportunidad de afianzarse en la política europea entre tanto líder caducado. Pero que no gusta a los paises del Este, porque temen quedar relegados frente a un "club de élites" (la centro Europa rica). De momento, lo que Merkel y Rajoy piensan es en avanzar en la Europa de defensa y Seguridad, gastar más en armamento para construir un esbozo de Ejército europeo ante las críticas de Trump. Pero no les preocupa avanzar en crecer más, en recortar el paro y la pobreza, en invertir más, en apostar por la tecnología y la competitividad, los grandes retos del futuro para Europa.

La Europa a 27 tiene hasta la Cumbre de diciembre de 2017, cuando pasen las elecciones en Francia (mayo) y Alemania (septiembre), para decidir entonces por dónde avanza sin Reino Unido y con Trump y la crisis internacional ensombreciendo el panorama. Todo apunta a que si gana Merkel, Alemania seguirá pilotando la futura UE, con el apoyo de Francia, Italia y España, pero sin querer afrontar los problemas de fondo, que exigen más Europa y no varias Europas, con un acuerdo entre distintos paises (no siempre los mismos) para afrontar cada problema.

El gran reto de la futura Unión Europea es unirse más, no dispersarse. Y eso pasa por aprobar un potente Presupuesto europeo, que tenga más fondos para sacar a Europa del letargo. Hoy día, el Presupuesto europeo es sólo el 1% del PIB de la UE, mientras en EEUU el Presupuesto federal es el 20% del PIB. Así que hay que conseguir más recursos para Europa, con mayor aportación de los paises y, sobre todo, con nuevos impuestos europeos, como la Tasa Tobin (sobre operaciones financieras) que han aprobado 11 paises y no se aplica, impuestos medioambientales, recargos sobre el IVA y más control fiscalmultinacionales, grandes empresas y los más ricos (que apenas pagan impuestos). Y luego, con más recursos, la futura UE podría gastar más en políticas de empleo y formación, en tecnología y en inversiones públicas, en reindustrialización y digitalización, en política social y en los jóvenes y las mujeres.

Además, la UE debería funcionar como una verdadera Unión y crear ya un Tesoro europeo que emitiera  deuda pública conjuntamente (eurobonos), para que los paises más endeudados y más pobres del sur pagaran menos intereses (Alemania pagaría más y por eso Merkel no quiere). También hay que avanzar en la Unión Bancaria, creando un Fondo europeo de Garantía de depósitos (Alemania tampoco quiere). Y en la Unión Fiscal, para que no suceda como ahora, que las empresas pagan en unos paises el 35% (Bélgica) y en otros el 12,5% (Irlanda). Y en la Europa de la energía, cuando Alemania se busca su gas en Rusia. Y en un seguro de paro europeo, así como prestaciones sociales a 27. Sin olvidar una política realista de inmigración, en vez de plantearse “echar a 1 millón de emigrantes ilegales”, al estilo Trump: Europa es un continente envejecido, el único que perderá población para 2050 (habrá 31 millones menos de europeos) y necesitará emigrantes a medio plazo.

El gran problema de Europa es que se ha quedado a medio camino en su unión y los grandes paises quieren retomar poder y competencias, para crear no una Europa sino varias, al menos tres: los paises ricos del norte, con Alemania y sus paises limítrofes, la retrasada Europa del sur y la más pobre Europa del Este, que no despega y teme quedarse relegada, mientras tienen allí cada vez más poder políticos antieuropeos, como los de Polonia o Hungría. Habría que recuperar el espíritu de los fundadores de Europa, avanzar en la Europa económica, política y social, que defiende la democracia real y la prosperidad, frente al autoritarismo y el populismo. Una Europa más competitiva y abierta, que gane en riqueza y empleo, para que 510 millones de personas no teman la “invasión” de emigrantes que se sumen a los 49 millones actuales. No es un reto fácil, porque Asia y América pelean por dominar el futuro. Pero Europa puede mantenerse, avanzando todos juntos, explotando el potencial de 27 paises, no buscando salvarse cada uno como pueda. Es la hora de unirse más, de avanzar, no de buscar atajos dispersando fuerzas. Más juntos y más Europa.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Europa, estancada y sin rumbo


Este domingo 4 de diciembre, Europa se la juega otra vez: se celebra un referéndum en Italia y hay elecciones presidenciales en Austria, dos paises donde pueden avanzar la ultraderecha y el populismo, tras el triunfo del Brexit y de Donald Trump. Eso agravaría la situación de Europa, sumida en el estancamiento económico y la falta de rumbo político, dividida entre los que quieren seguir con la austeridad (la Comisión ha pedido más recortes a 8 paises, entre ellos España) y los que defienden un Plan de estímulo de 50.000 euros, una miseria (0,5% del PIB), pero supondría un cambio de rumbo para salir del estancamiento. Y más, con el riesgo de que el paro, la pobreza y la desigualdad en Europa, más la emigración, alimenten el populismo y la extrema derecha en las elecciones que habrá en 2017 en Francia, Holanda, Austria y Alemania. Europa se la juega y España mucho más, porque mucho de nuestro crecimiento y empleo dependen de que la economía europea despegue. Estén atentos.
 
enrique ortega

Europa, y sobre todo la zona euro, llevan más de dos años atrapados en una trampa de bajo crecimiento y baja inflación, con mucho paro, sin inversión y con demasiada pobreza y desigualdad. Es “el estancamiento a la japonesa”, que allí ha durado décadas. Los últimos datos son muy explícitos. Los 19 paises de la zona euro crecieron un 0,3% en el tercer trimestre, con Alemania, Francia y Bélgica creciendo sólo un 0,2%, Italia el 0,3%, Reino Unido el 0,4% y España y Holanda el 0,7%, según Eurostat. El paro está en el 10%, el doble que en EEUU (5,1%) y en los jóvenes se duplica, al 20,3% (42% en Grecia y España). Y como muestra de que la economía “no tira”, la inflación está en el 0,5% (frente al 2% objetivo), a pesar de que el Banco Central Europeo (BCE) sigue con su política de dinero barato y comprando deuda. Y el euro roza los 1,05 dólares, el nivel más bajo desde hace 14 años, una muestra clara de la debilidad europea.

Y lo peor. No es sólo que Europa no crezca apenas y haya casi 21 millones de parados. Es que además, la crisis ha agravado la situación de las familias europeas. Por un lado, se ha reducido la clase media en toda Europa, según acaba de advertir la OIT. Y por otro, hay ya 119 millones de pobres en Europa, un 23,7% de la población que vive con menos del 60% de ingresos que la media, según Eurostat. Y hay pobres en todos los paises, desde el 20% de la población en Alemania, el 23% en Reino Unido, el 28,7& en Italia o el 17,7% en Francia al 28,6% de la población en España, el 35,7% en Grecia, el 37,3% en Rumanía o el 41,3% en Bulgaria. Y de ellos, algo más de un tercio (8,2%) están en pobreza severa, no pueden cubrir sus necesidades básicas: son 41 millones de europeos, 3 millones en España, 4 millones en Alemania y Reino Unido, 5 millones en Rumanía y 7 millones en Italia. Sin olvidar que 25,2 millones de niños y jóvenes europeos (0-17 años) son también pobres, según Eurostat. Y además, en Europa ha aumentado la desigualdad entre ricos y pobres con la crisis.

Esta situación de estancamiento, paro, pobreza y desigualdad explica en buena medida, junto a la emigración, el Brexit británico y alimenta el populismo y la extrema derecha en toda Europa. Por eso son decisivas las dos votaciones que se celebran este domingo 4 de diciembre. Una, en Italia, el referéndum constitucional con el que Renzi busca más poder y que si pierde puede conducir a unas elecciones anticipadas, donde avanzarían los populistas de Beppe Grillo y la extrema derecha de la Liga Norte. La otra, la repetición de las elecciones presidenciales en Austria, donde podría ganar Norbert Hofer, del ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPO). Y en 2017, si no se corrige el declive económico y político europeo, hay riesgo de que estos movimientos “antieuropeos” triunfen en las elecciones generales de marzo en Holanda (Partido Libertad de Holanda, PVV de Geert Wilders), en las presidenciales francesas de abril (Marine Le Pen, del frente Nacional), en las elecciones generales de septiembre en Alemania (partido Alternativa para Alemania, AfD) o en las generales de octubre en Austria (FPO).

Toda esta incertidumbre política en Europa se suma al daño que ya han causado a la economía y a la política europea el Brexit británico de junio y el reciente triunfo de Donald Trump en  Estados Unidos. A falta de que tome posesión el 20 de enero y empiece a tomar medidas, el triunfo del populista y derechista Trump va a tener dos efectos muy negativos sobre la maltrecha economía europea. Uno, las consecuencias de su proteccionismo comercial. Europa es un continente que crece (poco) gracias en gran parte a las exportaciones, al superávit comercial que consigue tras vender a todo el mundo. Y un 20,7% de esas exportaciones van a Estados Unidos, que amenaza con aranceles (impuestos) y limitaciones a los productos extranjeros. La consecuencia sería un menor crecimiento y menos empleo en Europa (también a España, porque el 4,5 % de las exportaciones van a USA). El otro efecto negativo de la victoria de Trump es que su política de estímulos internos va a aumentar la inflación en EEUU y subirán los tipos de interés, que llevan 8 años en cero. Y eso obligará a Europa, al BCE, a subir también los tipos, si no quiere una fuga de capitales y un desplome del euro. Y con tipos más altos, Europa crecerá aún menos y habrá menos empleo (y España, unos de los paises más endeudados, tendrá más gasto en intereses).

Así que la victoria de Trump, junto al Brexit y el avance de los populismos y la extrema derecha, obligan a Europa a tomar medidas urgentes, antes de que la situación pueda empeorar más en 2017. Mario Draghi, el presidente del BCE, lleva meses repitiendo que él ya no puede hacer más, que el dinero barato y comprar deuda de los paises ya ha agotado su efecto, que hay un exceso de liquidez y sin embargo la economía no despega. Es más: la inflación se ha recuperado, de estar en negativo a subir el 0,5%, pero es un espejismo, porque se debe a la subida del petróleo y los alimentos. Si no fuera por ellos, la inflación “de fondo” estaría en cero o en negativo. Así que la economía está sin pulso. Por eso, el BCE, como antes el FMI, la OCDE y el G-20 llevan meses pidiendo a las autoridades europeas que tomen medidas para reanimar la economía europea, con más gasto y más inversión.

Hace unas semanas, el 19 de noviembre, la Comisión Europea vio por fin “las orejas al lobo”, tras el triunfo de Trump, y su presidente, Jean Claude Juncker propuso que Europa aprobara un Plan de estímulo para la eurozona de 50.000 millones de euros. “No soy un fanático de la austeridad”, aseguró el político conservador, que lleva defendiendo recortes en Europa desde 2010 y que es responsable, junto a otros “fundamentalistas” del déficit, de la segunda recesión en Europa (2011-2013). Parece “un cambio de rumbo”, pero ojo, tardío y muy tímido: supone inyectar muy poco dinero, sólo 50.000 millones (el 0,5% del PIB), 200 veces menos del billón de dólares que ha prometido Trump como Plan de choque para EEUU… Haría falta 10 veces más de dinero, al menos, para inversiones en infraestructuras, tecnología, industrias, medio ambiente y educación, para relanzar la economía europea.

El problema es de dónde sale ese dinero, quien lo paga. Y Alemania, que financia el 17% del presupuesto comunitario, no está por la labor de pagar más. Ni tampoco gastar e invertir más ella por su cuenta, dado que tiene superávit en sus cuentas públicas, como le vienen pidiendo a Merkel el FMI, la OCDE, el BCE, Obama y el G-20. “Nein” (no) han reiterado una y otra vez, en defensa de la austeridad a ultranza en Europa. Por eso, no ven con buenos ojos la propuesta de Juncker de gastar más, aunque sólo sean 50.000 millones. Y han presionado a la Comisión, junto a otros “fundamentalistas” de Bruselas, para que envíe primero una carta (en octubre: verla aquí) y haga después un apercibimiento público (el 16 de noviembre) a 8 paises de la zona euro para que recorten más sus proyectos de Presupuestos para 2017, porque incumplen el déficit exigido por Bruselas. Es una petición oficial de más ajustes a España, Italia, Portugal, Bélgica, Finlandia, Lituania, Eslovenia y Chipre.

¿En qué quedamos: Europa gasta 50.000 millones más o se exige a 8 paises que recorten sus Presupuestos? Son medidas contradictorias, que revelan las diferencias políticas en Europa, aunque siga dominando la austeridad de Alemania y parte de la Comisión. Pero la realidad es muy tozuda y al Brexit se ha sumado la victoria de Trump para enturbiar el futuro de un continente estancado. Los políticos europeos saben que o hacen algo o la economía seguirá estancada, habrá poco empleo, mucho paro y demasiada pobreza y desigualdad. Y si no dan soluciones la derecha neoconservadora y la socialdemocracia desnortada, los europeos se echarán en los brazos de políticos populistas y ultraderechistas, que prometen "soluciones nuevas" para viejos problemas que otros no resuelven. Es lo que ha pasado en Reino Unido y Estados Unidos y lo que puede pasar en Italia, Austria, Holanda e incluso Francia o Alemania, los países clave. Por eso, si la situación se agrava políticamente en 2017, con los efectos de la política de Trump y del Brexit, Merkel, Hollande y Renzi tendrían que forzar un golpe de timón en Bruselas para no ser desalojados del poder.

Pero a Europa no le basta con “parches” como los 50.000 millones de gasto extra que defiende Juncker. Es una gota en un océano. Harían falta al menos 500.000 millones de gasto adicional, en un Plan de choque destinado a inversiones transeuropeas, en infraestructuras, tecnología, digitalización, industria, energía, medio ambiente, formación y ayudas al empleo, para conseguir crecer mucho más, crear más empleo y bajar el paro a la mitad (al 5% de USA). Y ese dinero extra se puede conseguir con nuevos impuestos (tasa Tobin sobre operaciones financieras, impuestos medioambientales) y haciendo que paguen más impuestos los grandes empresas y sobre todo las multinacionales, que apenas pagan en Europa (Apple, el 0,005% de sus beneficios). Y en  paralelo, los paises más ricos y sin déficit, como Alemania, Holanda, Austria y los del norte de Europa, deberían gastar más por su cuenta, además de aumentar salarios, para crecer más y tirar del resto, de la Europa del sur. Es lo que llevan dos años pidiéndoles el FMI, la OCDE, el BCE, el G-20 y Obama.

España se juega mucho a que Europa cambie el rumbo y reanime su economía, a que no sigan los recortes. Primero, porque Bruselas nos pide que recortemos este año y en el Presupuesto para 2017 (8.000 millones de euros, no los 5.500 de los que se hablaba), lo que frenará un crecimiento y un empleo que ya de por sí serán más bajos por la coyuntura internacional (2,3% de crecimiento frente a 3% este año y 400.000 nuevos empleos frente a 480.000). Pero además, lo que pase en el mundo y en Europa afecta mucho a la economía española. Baste decir que más de la mitad de la recuperación económica de 2014 a 2016 ha sido por tres factores externos, no por la política de Rajoy: bajada del precio del petróleo, bajada del euro y de los tipos de interés. Y España es un país muy vulnerable a lo que pase por el mundo y en Europa, porque somos uno de los países más endeudados y dependemos mucho de los mercados y de los tipos de interés (si suben un 1%, los intereses de la deuda, nos cuestan 3.000 millones más, que habrá que recortar de otro lado). Además, dependemos mucho de Europa para exportar (el 72% de nuestras ventas al exterior) y para recibir turistas (el 88% son europeos), dos motores claves de nuestro crecimiento.

Así que atentos a lo que pasa ahora en Europa y como digiere el Brexit y la futura política de Donald Trump. Rajoy y la oposición deberían “hacer piña ante Bruselas”, para forzar un cambio de rumbo, para que los líderes europeos aprueben un ambicioso Plan de reactivación para Europa, del que España sería uno de los paises más beneficiados. Y mientras, en España, deberían aprobar un Plan propio para reanimar también nuestra economía, porque tenemos el doble de paro que Europa y no podemos esperar a ver qué hace Bruselas. La clave es recaudar más, sin subir los impuestos a la mayoría, consiguiendo más ingresos de las grandes empresas, las multinacionales y los más ricos, que pagan menos de lo que deben. Así se podrían recaudar 40.000 millones de euros más al año, según los técnicos de Hacienda (GESTHA). Y con esos mayores recursos, España podría gastar una parte (30.000 millones) en políticas de empleo (ayudas a parados y formación), en salvar las pensiones, en sanidad, educación, dependencia y algunas inversiones en tecnología e infraestructuras, destinando otra parte (10.000 millones) de esos mayores ingresos a reducir el déficit público. Se puede hacer. Es cuestión de voluntad política y de hacer pagar más a algunos muy poderosos.

En resumen, que Europa está estancada y en una encrucijada donde nos jugamos el proyecto europeo y hasta la propia democracia. Y esta es una batalla que afecta mucho a España. Así que estemos atentos a lo que pasa en el próximo año, en Europa y en Estados Unidos, porque de ello va a depender en buena medida nuestro trabajo y nuestro nivel de vida. Y también nuestro futuro como ciudadanos de un continente que no puede perder libertad y bienestar. Europa se la juega y nosotros con ella.