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jueves, 6 de septiembre de 2018

Otoño gris: atasco político y economía más débil


Los españoles vuelven a la rutina diaria y se encuentran con una economía peor que hace dos meses: Europa apenas crece y en España han pinchado el turismo, las exportaciones, el consumo y el empleo, que tuvo en agosto la mayor caída desde 2008. Y en vez de buscar soluciones, los políticos están más enfrentados que nunca, presionando sin límite a un Gobierno débil. Consecuencia: los problemas se enquistan y parece difícil que el Gobierno Sánchez apruebe un Presupuesto para 2019. Lo malo es que unas elecciones no resolverán  nada, porque no habría mayorías y harán falta acuerdos para afrontar los problemas, como ahora. Y los políticos no están por pactar nada, mientras peligra la recuperación y se avecina un otoño gris para los ciudadanos. Urge poner la economía y los problemas  del país por delante de los intereses de los partidos, como hacen muchos países europeos. Y si no, luego no se quejen de que la gente rechaza a los políticos.


enrique ortega

Tenemos por delante un otoño bastante complicado. La economía, tras 5 años de recuperación, empieza a enfriarse. Primero en Europa, que crece el 0,4% (primer semestre), casi la mitad que hace un año (+0,7%) y que Estados Unidos (crecen al 1%), con Italia y Francia casi estancadas (crecen al 0,2%), la crisis turca y los efectos negativos del Brexit y del proteccionismo comercial de Trump, que han frenado las exportaciones y el crecimiento europeo. Y lo mismo en España, donde los últimos datos confirman que se ha frenado la recuperación: el consumo lleva tres meses cayendo (ventas minoristas y grandes superficies), porque la alta inflación (+2,2%) se ha comido la subida de salarios y pensiones (1,5/1,6%), las exportaciones han “pinchado” (crecen un 2,9% hasta junio, frente al 10% en 2017) y el turismo, el gran motor de la recuperación, se ha desinflado: la llegada de turistas cayó en julio (por primera vez en 8 años), debido a la recuperación de países competidores como Turquía, Túnez y Egipto, así como por los altos precios y la saturación de muchos destinos. Y el petróleo sigue caro (76-78 dólares barril), mientras España se confirma como uno de los países más endeudados del mundo, con un récord histórico de deuda pública en junio: 1.162.000 millones de euros (el 98,8% del PIB), una hipoteca que será una pesada losa en cuanto el BCE suba los tipos de interés, en 2019.

La consecuencia de todos estos datos recientes es que España crece ahora menos (el 0,6% en el segundo trimestre frente al 0,7% los tres anteriores) y, sobre todo, que se crea menos empleo, incluso llevamos dos meses perdiendo ocupados: sólo en agosto se han perdido  203.000 empleos, el peor dato ese mes desde 2008.

Así que volvemos a la rutina diaria con un panorama económico peor, debido a una coyuntura internacional adversa (bajo crecimiento en Europa, petróleo caro, tipos al alza, proteccionismo comercial, crisis en Turquía y Argentina…) y un pinchazo en los tres motores del crecimiento estos años: el consumo, las exportaciones y el turismo. Y por supuesto, siguen ahí este otoño, los problemas de fondo que llevamos años soportando sin buscarles una salida. El más preocupante para la mayoría de españoles, el elevado paro (15,1% frente al 6,8% en la UE-28) y el hecho de que la mitad de los parados lleven más de un año sin trabajar y no cobren ningún subsidio. El “agujero” de las pensiones, que se ha agravado en los últimos meses, tras el acuerdo del Gobierno Rajoy y el PNV para subir un 3% las pensiones mínimas y el 1,6% el resto, un “parche” que ha agravado las cuentas de la Seguridad Social: si en 2017 tuvo un déficit de -18.800 millones de euros, la previsión ahora es que el agujero crezca hasta los -19.500 millones este año y los -22.000 millones en 2019, sin que nadie ponga remedio. Y seguimos con un grave problema de pobreza (afecta al 27,9% de la población, casi 13 millones de españoles, según Eurostat) y desigualdad (el 10% más rico concentra el 53,8% de la riqueza frente al 46,2% que se lleva el 90% restante y somos el tercer país con más desigualdad de Europa, tras Rumanía y Bulgaria). Y tenemos un Estado del Bienestar (sanidad, educación, Dependencia y ayudas sociales) sin recursos.

Estos son los problemas más graves, pero no los únicos. No podemos olvidar la enorme desigualdad entre hombres y mujeres y el grave problema demográfico: tenemos la tasa de natalidad más baja de Europa, perdemos población y cada vez hay más viejos y menos jóvenes para sostener la economía, las pensiones y los impuestos. Para muchos, sobre todo los jóvenes, otro gran problema es la vivienda, donde escasean los alquileres y son cada vez más caros, por la especulación de fondos buitre y el abuso de los pisos turísticos. Y no olvidemos el grave problema  de la energía (la luz ha vuelto a subir un 12,4% en agosto, agravando la subida de los meses anteriores, con lo que pagamos la 3ª luz más cara de Europa), mientras aumentan nuestras emisiones de CO2. Y seguimos sin apostar por la Ciencia, tras haberse perdido 40.000 millones de euros en I+D+i desde 2009, con un gasto en tecnología muy alejado de Europa (el 1,23% del PIB frente al 2,03% en la UE-28). Y como telón de fondo, seguimos con una economía poco productiva (en el puesto 34 del mundo, según el Foro Económico Mundial), debido al escaso peso de la industria, al bajo valor añadido de nuestras exportaciones, al pequeño tamaño de nuestras empresas, a la escasa digitalización de la economía y a la baja formación de nuestros trabajadores.

Todos estos son problemas reales, de fondo, que llevan ahí sin afrontarse años y hasta décadas. Y que se agravan ahora si  la economía y el empleo crecen menos. Lo normal sería que los políticos, ante estos problemas que afectan a los ciudadanos, volvieran al trabajo pensando en solucionarlos, buscando acuerdos, como hacen partidos muy diferentes en Europa (el último ejemplo, el gobierno de coalición en Alemania). Pero no, volvemos de vacaciones con un panorama político “de bronca perpetua”, con los partidos más enfrentados que nunca: el PP y Ciudadanos forzando elecciones a cualquier precio, los nacionalistas catalanes a lo suyo y chantajeando al Estado y Podemos presionando para imponer salidas extremas, todos dejando sólo a un Gobierno débil, que aguanta tratando de tomar medidas escaparate que le hagan avanzar en las encuestas. Y mientras, los parados, los pobres, la sanidad o los jóvenes sin casa, esperando en vano. Y con dos problemas más que se enquistan y donde los políticos tampoco pactan soluciones: los refugiados (hasta finales de agosto, han llegado a España por mar 28.579 inmigrantes, casi el triple que en 2017) y la crisis política en Cataluña, que afecta muy seriamente a la economía (son el 19% del PIB español) y al futuro de nuestra democracia.

Un buen instrumento para tomar medidas sería pactar un Presupuesto para 2019, que tratara de afrontar los problemas más urgentes, con más recursos. Pero no parece que el Gobierno Sánchez consiga aprobarlo y todo apunta a que tendrá que volver a prorrogar el Presupuesto 2018. El mayor escollo es que PP ni Ciudadanos rechazan aprobar un nuevo techo de gasto para 2019, mientras los nacionalistas y Podemos presionan con no aprobarlo mientras no consigan otras contrapartidas a cambio. Y así se produce un contrasentido que nadie entiende en Europa: Bruselas nos ha autorizado a gastar 6.000 millones más en 2019 pero la mayoría de los partidos españoles lo boicotean, por puro interés político, aunque este mayor gasto permitiría mejorar el Estado del Bienestar (2.500 millones irían a las autonomías, para gastar más en sanidad, educación y Dependencia), mejorar las pensiones (2.500 millones irían a subirlas) y hacer algunas inversiones necesarias (1.000 millones restantes), en empleo, pobreza, Ciencia, carreteras, industrialización, infraestructuras y digitalización.

Pero no, no se va a permitir al Gobierno Sánchez a que gaste esos 6.000 millones más que tanta falta hacen. Sólo para forzarle a que convoque elecciones. Mientras, el Gobierno trata de ganar tiempo, buscando anular la Ley de estabilidad que aprobó el PP en 2012 para que el Senado (donde tienen mayoría) bloquee el mayor gasto. Algo que se puede retrasar a noviembre o más (hasta 6 meses o más, al vetar PP y Ciudadanos que se debata como Ley urgente), con lo que no habría Presupuesto hasta abril o mayo de 2019, si Sánchez consigue aprobarlo con el apoyo de Podemos y los nacionalistas, algo muy difícil. Y mientras, tendrá que prorrogar el actual Presupuesto 2018 (de Rajoy). O convocar elecciones.

Haya o no Presupuesto 2019, la clave es que la economía española necesita que se tomen medidas, para reanimar el crecimiento y el empleo. Y esas medidas exigen acuerdos y dinero, dos temas casi imposibles. Acuerdos que nadie quiere pactar, solo elecciones cuanto antes. Algo que no soluciona nada, porque si hay elecciones, ningún partido tendrá la mayoría y tendrán que intentar pactar. Como ahora, pero perdiendo medio o un año más, lo que agravará los problemas. Y entonces, cuando los partidos comprendan que hay que pactar acuerdos, saltará el tema de fondo: hará falta más dinero. Porque los grandes problemas económicos, desde el paro a las pensiones, la pobreza o la sanidad y la educación exigen contar con más recursos, tras 6 años de duros recortes. Y eso obliga, esté quien esté en el Gobierno, a recaudar más, a subir algunos impuestos. Sí o sí.

Y no se trata de un tema ideológico, sino práctico. España tiene muchas necesidades pendientes (la más urgente, un ambicioso Plan de empleo), que no se pueden afrontar con unos recursos públicos tan limitados. El problema de fondo, del que casi nadie habla, es que España recauda mucho menos que el resto de Europa: en 2017, España recaudó el 37,9% del PIB, frente al 44,9% que recaudó la UE-28, el 45,8% que recaudaron los países euro y la alta recaudación de Francia (59,3% del PIB), Italia (46,6%), Alemania (42,5%) e incluso Reino Unido (39,1%), según los datos de Eurostat. Eso significa que si España recaudara impuestos como los demás países europeos, ingresaríamos 81.456 millones más cada año. Con ello podríamos hacer frente a las necesidades más urgentes (empleo, pensiones, pobreza, sanidad, educación, dependencia, vivienda, tecnología, digitalización…) y además reduciríamos el déficit público (que sigue siendo el mayor de Europa).

En definitiva, afrontar los graves problemas económicos de fondo exige tener más recursos y se pueden conseguir, sólo con que España recaude como el resto de Europa. Eso no significa subir todos los impuestos, sino equiparar la recaudación con Europa, sobre todo en sociedades, IVA, impuestos especiales y algo en IRPF. En sociedades, el impuesto que pagan las empresas, se recaudó en 2017 menos de la mitad que en 2007 (24.511 millones frente a 51.642), a pesar de que los beneficios empresariales son mayores. Eso se explica porque las grandes empresas pagaron en 2016 el 6,14% de sus beneficios, aunque el tipo de sociedades es el 25%, gracias a un rosario de exenciones. Y las multinacionales no pagan ni eso. Hay además mucho fraude en IVA y demasiados productos con tipos reducidos. Los carburantes, el tabaco y el alcohol pagan menos impuestos que en Europa y España ingresa 5.000 millones menos que la UE en impuestos medioambientales. Y 20.000 millones menos en el IRPF, por el exceso de deducciones (2.000 millones en planes de pensiones) y porque las rentas altas pagan menos que en Europa. Sobre todo las rentas del capital, los que reciben dividendos e intereses, que sólo pagan un 23% máximo de IRPF.Y tenemos más fraude fiscal en general.

Así que hay que recaudar más porque se puede y se necesita. Es una urgencia económica, que no afectará al 90% de los españoles, que pagarán igual o menos. Hace falta una reforma fiscal completa y justa. Pero tanto PP como Ciudadanos y los nacionalistas no quieren oír hablar de subir impuestos. Es un tema ideológico, porque muchos expertos económicos defienden que España recaude como el resto de Europa. Pero ellos defienden los intereses de los poderosos, de grandes empresas, bancos, multinacionales, rentistas y grandes fortunas, que son los que tendrían que pagar más, no la mayoría de nosotros.

Este debate se va a producir en los próximos meses, de cara a la propuesta de Presupuestos 2019 del Gobierno Sánchez, que está pensando en subir los impuestos al gasoil, a las operaciones financieras (Tasa Tobin), a los gigantes de Internet (tasa Google) y a los que ganan más de 150.000 euros (ojo: son solo 91.408 españoles), para recaudar unos 8.500 millones más que tanta falta hacen para crear empleo, paliar la pobreza, mejorar las pensiones, reforzar la educación, la sanidad y la dependencia o construir viviendas para alquiler. PP y Ciudadanos rechazan cualquier subida y prometen incluso bajar impuestos (a los más ricos), con lo que si ganan las elecciones, habrá menos recursos y se podrá gastar menos en lo que hace falta. Este es el gran debate, de los Presupuestos 2019 y de las próximas elecciones.

En definitiva, que retomamos el curso político con una economía más débil, con “vientos en contra” que vienen de fuera y agravan los problemas que ya teníamos, desde el paro a las pensiones, la educación o la vivienda. Y en vez de afrontar los problemas con decisión, seguimos perdiendo el tiempo en vanas peleas políticas: llevamos casi 3 años sin tomar decisiones sobre los problemas económicos de fondo, desde octubre de 2015, cuando Rajoy convocó las elecciones de diciembre de 2015, repetidas en junio de 2016. Y ahora, todo apunta a unos meses más de “bronca política”, sin medidas económicas  importantes, hasta unas elecciones que no van a resolver nada. Y mientras, los españoles de a pié vemos que los problemas siguen ahí, agobiándonos, sin poder hacer nada más que enfadarnos o esperar a votar. No me extraña que cada vez haya más personas decepcionadas de la política.

lunes, 20 de marzo de 2017

Las empresas ganan más que antes de la crisis


Tras 8 años de crisis, España y los españoles no han recuperado aún la producción y la renta  de antes de la crisis. Pero las empresas sí: en 2016 ganaron ya más dinero que en 2008, según el INE. Los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,2% en 2016 y aumentarán otro 24,8% este año, mientras los sueldos suben un 1,1%. Con ello, las empresas han aumentado su trozo del pastel de la renta desde 2008, mientras los trabajadores tocan a menos. Ahora, cuando las empresas entran en su 4º año con beneficios, deberían aprovecharlos para cumplir 4 tareas claves: invertir, crear más empleo estable, pagar más impuestos (para reducir la pobreza y desigualdad)  y subir más los salarios (del 1,8 al 3%), para relanzar el consumo, el crecimiento y el empleo. Es bueno que las empresas ganen más, pero no puede ser a costa de empleo precario y trabajadores pobres. Hay que repartir mejor el crecimiento y los beneficios.
 
enrique ortega

España lleva tres años seguidos creciendo: un +3,2% en 2016 y 2015, tras subir el PIB un +1,4% en 2014. Pero antes, hemos sufrido cinco años de crisis, con bajadas de la producción y la renta en 2009 (-3,6%), 2010 (+0,01%), 2011 (-1%), 2012 (-2,9%) y 2013 (-1,7%). Y por eso, lo que España produjo el año pasado fue todavía menos de lo que producía en 2008, el último año “bueno” antes de estallar la crisis: la riqueza generada (PIB) en 2016 fue de 1.113.851 millones de euros, frente a 1.116.207 millones producidos en 2008. El ministro de Economía ha dicho que este primer trimestre de 2017, España recuperará la producción y el nivel de vida de 2008. Habrán sido 8 años largos de crisis.

Pero las empresas ya se recuperaron de la crisis en 2016, año en que ganaron por primera vez más que en 2008: 473.032 millones de euros de beneficios (excedentes empresariales) en 2016, frente a 465.182 millones en 2008, según la Contabilidad Nacional del INE. Sin embargo, los trabajadores todavía ganan un 6% menos que en 2008: la masa salarial (remuneración de los asalariados) alcanzó los 526.098 millones en 2016, frente a 559.777 millones de 2008. Y eso porque hay 2,2 millones menos de personas trabajando y los que tienen un empleo han visto bajar o subir muy poco sus salarios en esta crisis.

El resultado de que los beneficios empresariales vayan mejor que los salarios es que se ha producido un cambio en el reparto de la tarta de la renta, en el reparto de la riqueza que España genera. Así, si antes de la crisis, en 2008, los salarios se llevaban el 51,6% de la renta nacional, en 2015 se llevaron sólo un 47,8%, un 4% menos del pastel. Y mientras, los beneficios empresariales han pasado de llevarse el 42,82% de la renta en 2008 al 43,09% en 2015, según los últimos datos del INE, siendo el tercer trozo los impuestos, que también ganan en el reparto del pastel (del 8,8 al 9,23%). Y todo apunta, a falta que el INE publique los datos, que en 2016, los salarios habrán vuelto a perder en el reparto (hasta el 47,2%), a favor de los beneficios empresariales (que subirán al 43,3%).

Volviendo a los beneficios empresariales, 2016 fue el año de su mayor recuperación, con un 13% de mejora global de beneficios, según los datos de la Central de balances del Banco de España. Concretando ya en las 126 mayores empresas que cotizan en Bolsa, sus beneficios aumentaron un 13,32% en 2016, aunque las 35 grandes empresas del IBEX ganaron mucho más, un 65,78% más. ¿Por qué las empresas españolas llevan tres años aumentando sus beneficios, sobre todo en 2016? Básicamente, porque venden más, dentro y fuera de España, y porque han recortado mucho sus costes.

El motor del crecimiento en 2016 fue el consumo, el mayor gasto de las familias y la Administración (tras los recortes de 2012 a 2015). Hay 1,3 millones más de españoles trabajando que en 2013 y aunque sus contratos son muy precarios y sus sueldos bajos, eso se ha traducido en más consumo y más ventas para las empresas, sobre todo porque la inflación media anual ha sido negativa (ha caído) en 2014 (-0,2%), 2015 (-0,5%) y 2016 (-0,2%). Y las ventas no sólo han crecido dentro de España sino también fuera, porque estos últimos tres años han seguido aumentando las exportaciones, alcanzando un récord histórico de ventas fuera de España (254.530 millones en 2016), gracias sobre todo a que nuestras empresas han tirado los precios para competir y a la ayuda de un euro débil. En las grandes empresas, las 35 del IBEX, el negocio fuera de España ha sido clave para aumentar las ventas y beneficios: ya supone un 65,3% de sus ingresos totales (crecen sobre todo las ventas fuera de Europa, en Latinoamérica y Asia), frente al 34,7% del  negocio en España.

Pero si las empresas han ganado más no es sólo porque hayan vendido más sino, sobre todo, porque han recortado mucho sus costes entre 2013 y 2016. Empezando por sus costes salariales. A raíz de la reforma laboral de 2012, los costes laborales unitarios cayeron en 2013 (-0,5%) y 2014 (-0,4%), se estancaron en 2015 (+0,2%)  y apenas subieron en 2016 (+0,8%) ni subirán en 2017 y 2018 (+1,1%), según los datos de la Comisión Europea, siendo España el país que más ha sufrido la devaluación de los salarios estos años, tras Grecia, Portugal, Chipre e Irlanda, donde también cayeron los costes laborales.  Y el resultado es que los costes salariales reales (descontando la inflación) han sido negativos para las empresas, desde 2013 (-0,8%) hasta 2016 (-0,3%) y lo seguirán siendo en 2017 (-0,3% y 2018 (-0,4%), según el informe de febrero de la Comisión Europea.

Todo esto significa que las empresas han podido recomponer sus beneficios gracias a que han recortado los salarios reales de sus trabajadores. Y así, entre 2008 y 2014, el sueldo medio bruto de los españoles ha crecido sólo 81 euros al mes (de 21.883 a 22.858 euros anuales), según el INE. Un aumento del 4,4% que se ha comido con creces la inflación de estos años, del 15,2%, con lo que los trabajadores han perdido poder adquisitivo. Y las subidas de los convenios han sido mínimas. 0,53% en 2013, 0,57% en 2014, 0,48% en 2015 y 1,1% en 2016, el año en que los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,32%. Y para 2017, la patronal CEOE defiende subidas salariales hasta el 1,5%.

Pero las empresas no sólo han recortado sus costes salariales, también sus costes financieros. Primero, porque han aprovechado su aumento de ventas y beneficios para devolver deuda, para “desendeudarse”: si en 2009 las empresas españolas debían 1.200.000 millones de euros, a finales de 2016 debían ya “solo” 915.743 millones de euros (82% del PIB, algo más que las empresas europeas). Y además, han pagado menos intereses por esta menor deuda, porque los tipos han bajado: si en 2012 pagaban por la deuda empresarial un 5,47%, en 2016 han pagado un 3,94%. El ahorro en intereses ha sido importante y un ejemplo puede ser Telefónica: si en 2012 pagaba 3.659 millones de gastos financieros, en 2016 ha pagado 2.219 millones, un tercio menos. Este ahorro financiero ha permitido aumentar los beneficios de muchas empresas, que además han conseguido también créditos más baratos: si en 2011, las empresas españolas pagan un 4% por la financiación bancaria, en 2016 pagaban menos del 2,4%, lo que supone un 40% de ahorro financiero.

Las empresas también han ahorrado estos años en costes energéticos y logísticos. Por un lado, ha bajado entre 2014 y 2016 el petróleo y con él el gasóleo y el transporte. Y también la electricidad, un coste básico en muchas empresas: entre 2013 y 2016, la tarifa eléctrica para uso industrial ha pasado de 1,101 euros por kilovatio a 0,086 euros, lo que supone una rebaja en la factura del 14,85%, según datos del Ministerio de Industria. Un ahorro importante para las empresas, aunque todavía paguen la luz un 30% más cara que en Europa.

En definitiva, que las empresas españolas llevan tres años mejorando sus beneficios gracias a la mejora de ventas, a la baja inflación y al recorte de muchos de sus costes, sobre todo los salarios. Ahora, la previsión es que, en 2017, las empresas aumenten aún más sus beneficios, un 24,3% las empresas del IBEX, según el consenso de mercado recogido por Factset. Y eso porque se espera que sigan creciendo el consumo y las ventas, aunque quizás menos que en 2016, porque la economía crecerá menos (entre el 2,3 y el 2,5%) y por los temores en la economía y el comercio internacional, ante la política de Trump y la incertidumbre política en Europa. También preocupa que suban los tipos de interés en Europa, ante las subidas en EEUU (la última fue el 15 de marzo), y que eso aumente el coste de la deuda y los créditos de las empresas. Y el petróleo y la luz ya están subiendo en los últimos meses, lo que también podría encarecer los costes energéticos y logísticos  de las empresas.

Por todo ello, no es seguro que la mayoría de las empresas puedan aumentar sus beneficios en 2017 y 2018, aunque las previsiones son optimistas. Pero pase lo que pase, ha llegado la hora de que las empresas asuman cuatro grandes retos, ahora que sus cuentas están más saneadas y han salido de la crisis: invertir más, crear más empleo estable, pagar más impuestos para recomponer las cuentas públicas y el estado del Bienestar y, sobre todo, subir más los salarios, tras cuatro años de sacrificios de los trabajadores.

Invertir más debía ser una de las prioridades de las empresas ahora que tienen beneficios. Y eso porque la inversión empresarial es uno de los principales motores del crecimiento y del empleo del país. Y aunque ha subido desde 2013, la inversión de las empresas en renovar sus instalaciones ha sido en 2016 de 78.489 millones, todavía  un 8% por debajo de la inversión empresarial hecha en 2008. Y muchas grandes empresas se dedican a repartir más dividendo entre sus accionistas o a hacer compras especulativas en vez de invertir parte de sus beneficios en modernizarse. Las empresas deberían aprovechar sus mayores beneficios para “fortalecer sus cimientos”, para invertir en innovación y tecnología, en digitalizar su actividad. Porque el gasto empresarial en I+D+i se ha reducido un 15% entre 2008 y 2015, según datos del INE, y hay 5.000 empresas que han dejado de investigar, un tercio de las 15.000 que lo hacían en 2008. Y en paralelo, las empresas españolas deben afrontar más decididamente el reto digital, porque están retrasadas respecto a las europeas, ocupando el puesto 17 en el ranking europeo de digitalización de empresas.

Otra prioridad de las empresas españolas, ahora que tienen más beneficios, debería ser crear más empleo, porque España tiene el doble de paro que Europa. La creación de empleo se ha ralentizado (de 433.900 empleos creados en 2014 a 525.100 en 2015 y 413.900 empleos en 2016) y este año se espera que sea aún menor : 370.162 empleos nuevos, según estima la Comisión Europea. Las empresas, aunque ganan más, tienen muchas reticencias a contratar y apuestan por tener “plantillas muy justas”, a las que fuerzan a hacer muchas horas extras: a finales de 2016 había 7.778.400 trabajadores (50,5% de los asalariados) haciendo horas extras, de media 5,48 millones a la semana, más de la mitad  sin cobrarlas. Eso evita crear 150.000 empleos nuevos. Y aunque para 2017 se espera que mejoren los beneficios empresariales, sólo el 45% de las empresas se plantean crear empleo este año: otro 35% no aumentará plantilla y un 20% la recortará, según la consultora KPMG.

Una tercera tarea de empresas que ganan más dinero debería ser pagar más impuestos. Con la crisis y, sobre todo, con la rebaja de impuestos que aprobó  a las empresas el Gobierno Zapatero en 2007, se ha derrumbado la recaudación de Hacienda con el impuesto de sociedades: de ingresarse 44.823 millones en 2007 se pasó a recaudar 16.611 millones en 2011. Y el Gobierno Rajoy, aunque aumentó la recaudación por sociedades hasta los 18.713 millones en 2014, les bajó el tipo a las empresas, al 28%, con la reforma fiscal de 2015. Al dispararse el déficit, se vio obligado a subir este impuesto 8.000 millones para 2017, año en que confía recaudar 25.099 millones, todavía casi la mitad que en 2007. Y eso porque las grandes empresas se benefician de múltiples bonificaciones y exenciones, con lo que pagaron sólo el 7,6% sobre sus beneficios en 2015, frente al 18% que pagan las pymes y el 21 % de media los demás contribuyentes. La patronal CEOE ha atacado duramente al Gobierno Rajoy por subirles este año los impuestos (“el discurso de Montoro con las empresas es más agresivo que el de Podemos”…, han dicho), pero el propio ministro de Hacienda les ha replicado que han subido los impuestos “para preservar la cohesión social”. Y así es. En un país con una de las mayores tasas de pobreza y desigualdad de Europa, es crucial que las empresas con beneficios paguen más impuestos para mejorar el Estado del Bienestar y corregir las desigualdades, para ayudar a los españoles que más han sufrido la crisis.

Y el cuarto reto de unas empresas con más beneficios es subir más los salarios a sus trabajadores, tras cuatro años de sacrificios, mejorando además la calidad del empleo, con más contratos estables y a jornada completa (que hoy son 1 de cada 20 nuevos contratos). Es inadmisible que la patronal CEOE no se siente a negociar con los sindicatos, que piden subidas del 1,8 al 3% para 2017, según sectores y empresas, un aumento bastante razonable para empresas que esperan ganar este año un 24,3% más. Subir más los salarios, a cambio de mejoras en la productividad, es una condición básica para que las empresas vendan más, porque sólo con sueldos más altos y contratos más estables se puede recuperar el consumo y las ventas en España, el verdadero motor del crecimiento y el empleo. Los empresarios españoles tienen que entender que no pueden seguir compitiendo a base de sueldos miserables y contratos basura, que no podemos aspirar a ser “la China de Europa”. Que tienen que invertir en renovar, modernizar y digitalizar su actividad, para competir en producto y calidad, no tirando precios y salarios y pagando pocos impuestos.

En resumen, es una buena noticia que las empresas ganen ya más que antes de la crisis, pero han de “compartir” sus beneficios con más inversión, más empleo, más salarios y más impuestos, para que esos mayores beneficios generen futuro y riqueza para todos, no solo para ellos. Si no lo hacen, que no se quejen luego de la mala imagen de los empresarios.

lunes, 14 de octubre de 2013

Las grandes empresas apenas pagan impuestos


En 2014, el Gobierno Rajoy volverá a aplicar su receta: más impuestos y más recortes para bajar el déficit, a costa de estancar la economía y no crear empleo. Pero hay otra vía: ingresar más, que paguen impuestos los que apenas pagan. Las grandes empresas sólo pagan el 4% de sus beneficios y las multinacionales (Google, Apple, Amazon...) ni eso. Mientras, las pymes pagan el 15% y las familias un 12% de sus rentas. Si grandes empresas y multinacionales pagaran lo que deben, recaudaríamos hasta 15.000 millones más al año. Y habríamos evitado los duros recortes en Sanidad, Educación y Dependencia. Hace falta una reforma a fondo del impuesto de sociedades, para terminar con los “regalos fiscales” que hizo Zapatero en 2007 a las grandes empresas. Curiosamente, Rajoy les está haciendo pagar más, aunque menos que al resto. Ahora que recuperan beneficios, las grandes empresas deben pagar más impuestos. Y la mayoría menos.
                                
                                                                                                Enrique Ortega
Lo acaba de decir Hacienda: las grandes empresas siguen sin pagar apenas impuestos. Sólo han tributado un 4,13% de sus beneficios en 2012, según los Presupuestos 2014 enviados al Congreso. En 2011, según la Memoria Tributaria, las grandes empresas españolas (4.000 grupos y 32.000 empresas) habían pagado a Hacienda sólo el 3,5% de sus beneficios, mientras el total de empresas (algo más de 1 millón) habían pagado el 8,8% de sus beneficios. Algo que contrasta con el 15% pagado por las pymes y el 11,9% de su renta bruta pagado por las familias españolas.

Las grandes empresas pagaron en 2011 a las arcas públicas 3.012 millones de euros, la cuarta parte que en 2006 (12.673 millones). Y eso, no porque les hayan caído tanto los beneficios (bajaron un 31%, mientras sus impuestos cayeron un 76%), sino gracias a los “regalos fiscales” que les hizo el Gobierno Zapatero en 2007, con la excusa de fomentar la inversión y el empleo. Por un lado, les bajó el tipo nominal de sociedades del 35 al 30%. Pero, sobre todo, les creó un abanico de exenciones, deducciones y beneficios fiscales que reducían al mínimo la tributación. Y todo ello, con más ventajas para los grandes grupos que para el conjunto de empresas. Por un lado, las normas fiscales de los grupos consolidados permiten compensar los resultados entre las compañías del grupo: restar las pérdidas de unas de los beneficios de otras. Y por otro, son las grandes empresas las que mejor pueden aprovechar las deducciones y beneficios fiscales creados en 2007.

El resultado de estos beneficios fiscales, junto a la crisis, fue un agujero en los ingresos: la recaudación por sociedades pasó de 44.823 millones en 2007 a 16.611 millones en 2011, la tercera parte. Y con ello, España se convirtió en el país europeo donde las empresas pagan menos impuestos, sólo por delante de los países bálticos, Eslovenia y Hungría: la recaudación por sociedades (2011) suponía un 1,9% del PIB, frente al 2,5% de media europea (y el 2,3 % en Italia o Francia, el 2,6% en Alemania o el 3,1% en Reino Unido).

Y  en esto, Rajoy llega al poder a finales de 2011. “Nos encontramos con que algunas empresas del IBEX no pagaban impuestos”, dijo este año el presidente en el debate del Estado de la Nación. Y agobiados por el déficit, el PP, que había acusado a Zapatero en 2007 de ser “poco ambicioso” en los beneficios fiscales a las empresas, inicia una contrarreforma fiscal, en 2012 y 2013,con la que fuerza a las empresas, sobre todo a las grandes a pagar más impuestos, recortando o suprimiendo beneficios fiscales: por  gastos financieros, por fondo de comercio, supresión de la libertad de amortización, límites a las deducciones por pérdidas de cartera, supresión deducciones por pérdidas participadas, no deducción pérdidas en el extranjero… Medidas que han permitido recaudar casi 3.000 millones más por sociedades en 2012 (19.581 millones), aunque las grandes pagan sólo el 4,13% de sus beneficios.

Otro gran problema son las multinacionales, que apenas pagan impuestos, ni en España ni en la mayoría de Europa. Basten tres ejemplos. Google declaró pérdidas en España en 2011, por segundo año consecutivo, gracias a que factura a través de Irlanda y deriva sus beneficios a Holanda y luego al paraíso fiscal de Bermudas. Apple también declaró pérdidas en España, a pesar de su éxito de ventas, y lo mismo Amazon. De hecho, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia tienen abiertas investigaciones a Google, Apple, Starbucks, Amazon, Facebook, Microsoft, HP, Yahoo y Samsung por evadir impuestos “legalmente”, a través de mecanismos similares: inflar precios de ventas entre filiales para encubrir beneficios, traspasar deudas a filiales de países donde deducen los gatos financieros (España) y ubicar las sedes y beneficios en paraísos fiscales. La diferencia  es que muchas de estas investigaciones europeas (y en EEUU) son públicas, incluso en el Parlamento (Gran Bretaña), mientras aquí Hacienda no informa de las inspecciones abiertas a Google o Apple, aunque es positivo que haya abierto en 2013 una Oficina de fiscalidad internacional para “vigilarlas”.

En uno y otro caso, grandes empresas y multinacionales, hacen falta cambios legales para obligarles a pagar más impuestos. En el caso de las multinacionales, la normativa fiscal ha de ser internacional y en ello está trabajando, aunque despacio, la OCDE y Bruselas, que tiene parada también la tasa Tobin, el impuesto a las transacciones financieras, que no entrará en vigor en 2014, como aprobaron 11 países europeos, entre ellos España. En el caso del impuesto de sociedades, el Gobierno Rajoy ha prometido una reforma para 2015, en la que trabaja un Comité de expertos para aprobarla en marzo de 2014.

La reforma del impuesto de sociedades exige cambios en profundidad, tras los parches de estos años (70 cambios) para subir la recaudación. Y hay que vigilar más a las empresas españolas con filiales en paraísos fiscales: el 94% de las empresas del IBEX tienen presencia en paraísos como Delaware (USA), Holanda, Luxemburgo, Suiza, Hong Kong y Bermudas. Los expertos proponen varias medidas: bajar el tipo nominal (está en el 30%, de los más altos de Europa donde la media es el 25,7%), eliminar deducciones (en otros países no existe libertad de amortización ni por provisiones de cartera ni por gastos financieros sin límite), revisar y eliminar los regímenes especiales (más de una docena) y acercar la base imponible al resultado contable. En definitiva, tanto ganas tanto pagas, como las pymes o las familias. Sin “regalos” que acabamos pagando el resto de los contribuyentes.

Ahora es un buen momento para reformar sociedades, porque las empresas, sobre todo las grandes, han vuelto a aumentar sus beneficios: las empresas del IBEX ganaron 15.292 millones en el primer semestre, un 18,8% más, por primera vez desde 2011 (+1%). Y además, nos hace falta, para reducir el déficit público sin tener que hacer más recortes: los cambios en sociedades y multinacionales podrían suponer entre 10.000 y 15.000 millones más de ingresos al año, el equivalente a los recortes hechos en Sanidad, Educación y Dependencia.

Al final, las cuentas son muy sencillas: o las grandes empresas y multinacionales pagan impuestos como en otros países y como los demás (pymes y familias) o el Estado tendrá que recaudar más de los asalariados y del consumo, como ahora, y tapar el agujero de las cuentas públicas con más recortes. Las grandes empresas y multinacionales tienen que ganar dinero, para invertir y crear riqueza y empleo, pero también pagar los impuestos que deben. Lo que pasa ahora es un escándalo.