Mostrando entradas con la etiqueta endeudarse. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta endeudarse. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de marzo de 2018

El lastre de una deuda pública récord


España va bien, reitera Rajoy, pero somos uno de los países más endeudados del mundo y la deuda pública acaba de batir un récord histórico: 1.144.629 millones de euros, 24.500 euros de deuda por cada español. Una deuda que ha crecido en 400.000 millones desde que gobierna Rajoy. Y lo peor: esta deuda pública se ha hecho crónica y en 2028, pesará casi tanto como hoy (el 95% del PIB), según la Comisión Europea. La deuda pública de España, la 6ª mayor de Europa, es una losa  para todos, porque pagarla nos cuesta 32.000 millones cada año, la cuarta mayor factura tras las pensiones, la sanidad y la educación. Y en cuanto suban los tipos, en 2018 o 2019, pagar los intereses de esta deuda nos costará mucho más (si los mercados quieren financiarnos). Parece que esto de la deuda pública no va con nosotros, pero es un pesado lastre que van a heredar nuestros hijos. Convendría aprovechar la recuperación para dejarles menos deuda. Bastante tienen ya con el mundo que reciben.


enrique ortega

La economía se recupera pero el mundo está mucho más endeudado que antes de la crisis. Y eso, porque la receta para evitar una debacle mundial en 2008 fue inundar el mundo de dinero barato. Esta medicina reanimó las economías y salvó a EEUU y a Europa, pero a cambio las economías se hicieron “adictas” al crédito casi gratis: si en el año 2000, el endeudamiento mundial (público y privado) era del 250% de la producción mundial (PIB), en 2008 había aumentado al 275% y hoy supera ya el 300% del PIB, según datos oficiales. El problema ahora, para las autoridades monetarias del mundo (Reserva Federal USA o BCE), es como “desenganchar” a las economías de la droga del dinero barato y que “no les dé el mono”, que no se paren y volvamos a la recesión. Tienen que recortar la dosis, porque el mundo está demasiado endeudado (“dopado”), pero lo tienen que hacer con cuidado, subiendo poco a poco los tipos, para no frenar en seco la recuperación.

En medio de este panorama, España es uno de los países más endeudados del mundo, junto a EEUU, Japón, Italia o Grecia. La deuda total del país, entre empresas, familias y administraciones públicas, alcanzó los 2.473.150 millones de euros (2,4 billones) a finales de 2017 (el 236% del PIB), según el Banco de España, una deuda más elevada que antes de la crisis, cuando alcanzó 2.609.887 millones de euros en 2008. En estos últimos 10 años, la deuda total ha crecido porque ha aumentado la deuda pública, casi la mitad del total (1.144.150 millones en 2017) mientras se ha reducido la deuda de las empresas (894.131 millones en 2017) y las familias (704.390 millones), según el Banco de España.

Como vemos, la mayor parte de toda la deuda española (58%) es deuda privada, de las empresas y familias, que aumentaron mucho su endeudamiento en los años 90 y a principios de este siglo, alimentando la “burbuja del ladrillo”. Así, las empresas españolas pasaron de tener sólo 200.951 millones de deuda en 1995 a 1.009.429 millones en 2002 y seis veces más en 2008: 1.261.105 millones de euros de deuda empresarial, la cifra récord. A partir de ahí, vino la crisis, los bancos se cerraron como lapas y las empresas se dedicaron a devolver créditos como pudieron, bajando su deuda un 29%, hasta 894.130 millones que debían a finales de 2017. Las familias hicieron lo mismo: de tener una deuda de 139.075 millones de euros en 1995, la subieron a 783.932 millones en 2002 y luego, a golpe de pedir hipotecas, la multiplicaron por seis en 2008: 908.160 millones de deuda de las familias, el récord. A partir de ahí, con el paro y la caída de ingresos, los hogares se dedicaron a devolver créditos y no pedir más, con lo que su deuda ha caído un 22%, hasta 704.390 millones en 2017.

Mientras empresas y familias reducían su deuda, el sector público, la Administración, hacía todo lo contrario: endeudarse más cada año, para hacer frente a los gastos extraordinarios de la crisis. Y así, la deuda pública, que era baja en 2008, sólo 440.621 millones de euros (el 35% del PIB), la quinta parte que la abultada deuda privada, dio un primer salto entre 2008 y 2011, con Zapatero, que la dejó en 744.323 millones a finales de 2011. Pero el mayor salto de la deuda pública lo ha dado Rajoy, que la subió a 1.041.621 millones en 2014 y la ha vuelto a subir a 1.144.150 millones de euros a finales de 2017 (el 98,08% del PIB), un récord histórico y 400.306 millones más de deuda (+53.8%) que cuando llegó a la Moncloa. O sea, que debemos ya 24.589 euros por cada español, casi el triple de lo que debíamos en 2008. La mayor parte de esta deuda pública es del Estado (996.472 millones), seguido de las autonomías (288.313 millones), Ayuntamientos (29.161) y Seguridad Social (27.393 millones). La suma no da los 1.144.150 millones de deuda total 2017 porque hay que hacer ajustes por la deuda entre distintas administraciones.

La deuda pública se ha disparado porque los gastos públicos durante la crisis se multiplicaron  mientras caían los ingresos, lo que ha profundizado el déficit público: de tener superávit en 2007 se pasó a un déficit del 3,8% del PIB en 2008, que acabó siendo del 8,5% en 2011 para bajar después despacio hasta el 3,1% esperado en 2017. Y cada año ha habido que “tapar” este agujero en las cuentas públicas pidiendo prestado, endeudándonos. Los “culpables” de esta deuda histórica que ahora tenemos son miles de partidas, pero podemos citar algunas más importantes: rescate bancario (50.000 millones), déficit eléctrico (30.000 millones), Plan pago a proveedores (40.000 millones), pago parte española rescate de Grecia, Portugal e Irlanda (30.000 millones), financiación de las pensiones (10.192 millones prestados por el Tesoro a la SS, a los que se sumarán otros 15.000 este año)… Suma y sigue.

Muchos países han visto disparar su deuda en estos años de crisis, pero España tiene ahora más deuda que la mayoría: somos el 6º país de Europa con más deuda pública relativa (en relación al PIB): 1.144.150 millones de euros a finales de 2017, el 98,08% del PIB, sólo por detrás de Grecia (su deuda pública es el 177,2% del PIB), Italia (133,3%), Portugal (128,9%), Bélgica (106,5%) y Chipre (103,2%), según Eurostat. Y estamos muy por encima de la media de deuda de toda Europa (84,8% la UE-28) y del límite fijado a los países euro (60% del PIB).

El gran problema de la deuda es que hay que pagarla: hay que destinar cada año muchos millones a pagar intereses a los inversores y bancos que la compraron, dinero que no se puede gastar en otras cosas. Así, en 2017, España destinó 32.171 millones de euros a pagar intereses de la deuda, la cuarta mayor partida de gasto del país, tras las pensiones (130.000 millones), la sanidad (80.000 millones) y la educación (50.000 millones). Y así, año tras año, hasta dentro de 10, 20, 30 ó 50 años que vence mucha de esa deuda. Baste decir que si en 2008 nos gastábamos 15.000 millones al año en pagar la deuda pública, en 2011 ya pagábamos 22.000 millones y este año 2018 volveremos a pagar 32.000 millones. En conjunto, desde hace 10 años ya hemos pagado en intereses por la deuda pública más de 250.000 millones de euros, lo que cuesta pagar dos años de pensiones.

El problema se complica ahora, porque pagar la deuda va a ser más caro. Desde 2015, el Banco Central Europeo (BCE) ha salido en auxilio de España y los países más endeudados, con dos medidas muy eficaces: bajar el precio oficial del dinero a cero y comprar deuda pública en el mercado, para rebajar su coste. Sólo en 2017, el BCE compró 80.000 millones de deuda pública española, el 60% de lo emitido ese año. Y con la rebaja de tipos, el Tesoro español se ahorró 2.500 millones sólo en 2017. Ahora, las tornas van a cambiar: el BCE quiere “desenganchar a los países europeos de la droga del dinero barato y que funcionen sin “dopaje”, por lo que  va a reducir sus estímulos. En enero de 2018 ya ha reducido a la mitad sus compras de deuda pública europea y comprará este año sólo 39.000 millones de deuda española (la mitad que en 2007), Además, aunque el BCE quiere mantener sus tipos este año y no subirlos hasta 2019, el hecho cierto es que los mercados están ya pidiendo más interés por comprar deuda, dado que EEUU ha subido ya 4 veces los tipos de interés oficiales y los volverá a subir este año, lo que ha servido para encarecer el precio del dinero en todo el mundo y también financiar la deuda española.

La consecuencia es que pagar la deuda será más caro este año 2018 y sobre todo en 2019. Se calcula que por cada 1% que suba el precio oficial del dinero, España paga 12.000 millones más por su deuda pública. Y  las empresas 9.000 millones más y las familias otros 7.000 millones extras. Así que van a cambiar las tornas y tras una década de dinero barato, volverá a ser caro. Y lo sufriremos más los países más endeudados, España entre ellos. El Presupuesto tendrá que recortar otros costes, las empresas tendrán menos dinero para invertir y crear empleo y las familias menos dinero para consumir. A final, menos crecimiento por subir los tipos y encarecerse la deuda, pública y privada.

Y el problema no se va a arreglar a corto plazo, porque la recuperación (4 años de fuerte crecimiento) no ha servido para bajar la deuda pública, sino que sigue subiendo en España año tras año. La propia Comisión Europea ha advertido a España (aunque Rajoy no diga nada) de que la deuda pública se ha hecho crónica y se va a enquistar en niveles altos en los próximos 10 años: si 2017 cerró casi con tanta deuda como lo que produce el país (98,08% del PIB), en 2020 seguirá en el 95,6% del PIB y para 2028 prevén que España mantenga todavía una deuda casi igual, el 95,1% del PIB. Y eso se traduce en que si hoy dedicamos el 3% de la riqueza a pagar intereses (32.000 millones anuales), en 2020 seguiremos con el lastre de pagar ese 3% del PIB en intereses (entonces ya serán más de 50.000 millones de euros de la época). Y eso hace a España muy vulnerable, porque de aquí a 10 años tendrá que buscar la financiación de los mercados y que no se pongan nerviosos, como en 2012, para que nos financien y no nos cobren  muchos intereses.

De hecho, la Comisión Europea acaba de publicar un informe donde alerta de que hay 5 países europeos considerados “de alto riesgo” en caso de que Europa vuelva a tener un grave shock de deuda, si vuelven los nervios a los mercados, como en 2012 y 2013: Bélgica, España, Italia, Francia y Portugal. Por eso, ahora que hay recuperación, les piden medidas para ir reduciendo su deuda pública  y poder cumplir el 60% de deuda sobre PIB, objetivo de la Comisión para 2032. Para España, ese objetivo supone reducir la deuda un 38% del PIB en 14 años, recortarla en 460.000 millones hasta 2032, unos 33.000 millones al año.

Parece un objetivo imposible. Pero no lo debería ser reducir la deuda lo más que se pueda, para no cargar cada año con la losa de los intereses, que pueden dispararse los próximos años. El ministro Montoro ha apuntado una primera medida: perdonar parte o toda la deuda a las autonomías, como compensación a la falta de financiación que han tenido estos años. Pero es una solución “falsa e injusta”. Falsa, porque sería engañarnos a nosotros mismos: cambiar la deuda de sitio, para que en vez de ser deuda de Cataluña o Valencia (ver reparto) lo sea del Estado central. E injusta, porque cargaría sobre los bolsillos de todos los españoles una deuda que han generado los catalanes o valencianos, por ejemplo. La solución sólo puede pasar por ingresar más, porque no se pueden hacer más recortes en pensiones, sanidad, educación, desempleo, gastos sociales o inversiones públicas, faltas de recursos.

Así que para recortar la deuda, el camino pasa, como casi todos, por recaudar más, sobre todo el Estado central (no bajar impuestos: eso iría "en la dirección contraria"). Y se puede hacer, porque España tiene un problema de fondo que genera los déficits públicos: ingresa menos que el resto de Europa. Concretamente, en 2018, está previsto recaudar un 38% del PIB en España mientras la media europea (UE-27) recaudará el 44,6% del PIB, según Bruselas. Traducido, eso significa que si recaudáramos como el resto de Europa, Hacienda debería recaudar 72.000 millones de euros más al año. Eso pasa por reducir el fraude fiscal y hacer que paguen más los que ahora pagan poco, las grandes empresas, multinacionales y los más ricos. Con esa mayor recaudación, esos 72.000 millones, podríamos destinar una parte a bajar el déficit y amortizar deuda y el resto a costear los gastos públicos necesarios, desde Planes contra el paro y la pobreza a mejorar las pensiones, la sanidad, la educación, los gastos sociales y las inversiones públicas.

El Gobierno Rajoy ha visto crecer la bola de la deuda pública sin tomar medidas, amparado en la ayuda del BCE y los tipos bajos. Pero ahora van a cambiar las tornas y pueden volver las turbulencias. Aunque los mercados estén calmados, es una barbaridad destinar 32.000 millones a pagar intereses mientras hace falta de todo. Y lo peor, esa deuda es la herencia que dejamos a nuestros hijos, que tendrán que seguir pagándola sin haberla generado. No es justo. Intentemos dejarles una deuda menor. Bastante tienen ya.

miércoles, 27 de abril de 2011

Bajan los alquileres

Cada vez hay más casas en alquiler. Muchos propietarios han cambiado el cartel “Se vende” por “Se alquila”, porque no quieren bajar más el precio de venta. Y muchos jóvenes y familias han tenido que optar por el alquiler al no poder pagar una hipoteca, por la crisis. El caso es que los alquileres llevan bajando desde 2008 y se espera que no suban hasta después de 2015. Con todo, la mayoría de los jóvenes siguen viviendo con sus padres y ni siquiera se van de alquiler, porque están en paro o con un empleo precario. España es el país europeo con menos alquileres, a pesar de las ayudas y deducciones. Nos va ser propietarios, aunque eso nos lleve a estar endeudados de por vida.
www.enriqueortega.net
Los alquileres han caído un 3,1 % en el primer trimestre de 2011, quedando en un precio medio de 7,80 euros/m2, según el informe de Fotocasa. Y en el último año, la bajada de los alquileres ha sido del 7,3%. Los alquileres están bajando sobre todo en Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla y León y Aragón, aunque suben en Galicia, País Vasco y Asturias. Los alquileres más baratos se encuentran en Orense, Castellón, Lugo y  Extremadura (todos por debajo de los 5 euros/m2). Y los más caros en Bilbao, San Sebastián, Madrid, Barcelona, Vitoria, Baleares, Navarra y Gerona, entre 7,8 y 11,4 euros/m2.
Con marzo, son ya 37 meses de descensos ininterrumpidos de los alquileres en España. El precio máximo del alquiler se registró en mayo de 2007 (cuando había bofetadas por encontrar un piso en alquiler) y desde entonces han bajado un 23 %. Ahora hay donde elegir (más oferta y pisos de más calidad) y los alquileres están entre 100 y 200 euros más bajos que antes de la crisis. Y todavía se espera que bajen hasta el 2015, en torno al 5% anual, según APEI.
Bajan los alquileres porque hay más oferta, porque hay 600.000 pisos sin vender y muchos propietarios prefieren alquilarlos a venderlos con más descuento (ya han bajado un 20% y deberían bajar otro 20% más).También ha ayudado que los propietarios han perdido el miedo a alquilar, gracias a una normativa más ágil en los desahucios por impagos y a la ayuda de  seguros y agencias públicas de alquiler. Y también se ha reanimado la demanda: con la crisis, muchas familias han visto que no podían pagar una hipoteca (cada vez más caras y difíciles) y se han animado al alquiler, compartiendo piso en muchos casos.
El perfil del inquilino medio es un español mileurista, menos de 30 años, soltero y que trabaja en el sector servicios, según un informe. La mayoría de los inquilinos buscan el alquiler por Internet, cerca de su trabajo y están de media unos 2 años. Un tercio gana menos de 20.000 euros al año, casi la mitad tienen entre 26 y 35 años, la mayoría solteros (44%) y casados (31,5%) y dos de cada tres (65,5%) son españoles, tras haber bajado los emigrantes.
Un empujón al alquiler han sido las deducciones fiscales y ayudas a los jóvenes. El propietario se puede deducir el 60% de los alquileres que ingrese y si alquila a jóvenes (18-30 años), la deducción puede llegar al 100%.Para el inquilino, la deducción estatal en el IRPF es del 10,05%, con un máximo de 6.063 a 9.040 euros, según sus ingresos. Además, 12 autonomías tienen deducciones fiscales del 10 al 20 % sobre los alquileres que se pagan, sobre todo para inquilinos de menos de 35 años. Y luego está la renta de emancipación: 210 euros al mes durante 4 años que pueden recibir los jóvenes que pagan un alquiler (más un préstamo sin interés de 600 € para la fianza), si ingresan menos de 22.000 euros al año.
Se trata de ayudar a los jóvenes a emanciparse, pero no se van de casa ni con agua caliente: un 54,2% de los jóvenes entre 18 y 34 años sigue viviendo con sus padres en España, mientras en la UE son un 46%. El porcentaje ha aumentado con la crisis y son ya 5.850.000 jóvenes no emancipados, más de la mitad con menos de 25 años. Y entre los nacidos a finales de los años ochenta, más del 80% viven con sus padres.
La mayoría vive con sus padres porque no se puede marchar. Unos, porque están en paro (el paro juvenil es ya del 43,5%). Y otros, porque ganan poco (8 de cada 10 jóvenes empleados ganan menos de 1.500 euros al mes) y tienen un trabajo precario (37,4% jóvenes tienen contratos temporales). En consecuencia, los jóvenes ganan menos de la mitad de lo que necesitan para pagar una hipoteca (necesitarían ganar 2.267 €/mes) y muchos no pueden solos pagar el alquiler medio, que está en 639,48 € mes. Así que se quedan con los padres.
Con todo, el alquiler es la solución ideal para que un joven se emancipe, aunque la mayoría han aprendido de sus padres y prefieren ser propietarios, según las encuestas. Pero lo van a tener muy difícil, al menos en una década. Por eso hay que seguir promoviendo el alquiler, desde la promoción pública (el 40% de las nuevas VPO del Plan de Vivienda 2009-2012 son para alquiler) y con estímulos a los promotores privados. España es el país con menos alquileres de Europa: 17%, frente al 35% en la UE o el 47% en Alemania. Somos un país de propietarios y eso nos ha llevado a la crisis del ladrillo y a estar endeudados de por vida. Nuestros hijos deberían cambiar el chip y alquilar más, para endeudarse menos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ahora nos riñen por ahorrar

Mi madre me enseñó a ahorrar desde pequeñito, con la paga de los domingos. Pero España no ha sido, tradicionalmente, un país ahorrador. En parte, porque no podíamos y sobre todo porque los ahorros se iban en comprar piso: somos el país con más viviendas en propiedad de Europa. Y en las dos últimas décadas, cuando crecíamos más que nadie, lo hemos hecho a base de endeudarnos, no ahorrando. Con la crisis, nos hemos asustando y España se convirtió en el país más ahorrador de Europa. Ahora, el Gobierno nos pide que ahorremos menos y gastemos más, para que la economía crezca. Pero las familias no hacen caso, porque ingresan menos y tienen que tirar de la hucha para llegar a fin de mes, con lo que el ahorro está bajando. Pero volver a ahorrar es clave para crecer sano.
En los últimos veinte años, el ahorro ha caído en los países desarrollados (del 22,9% de la renta en 1989 al 18,9% en 2009), mientras subía en los países emergentes (del 22 al 24,8%). Los países ricos se han dedicado a gastar y a endeudarse, con menos ahorro por el mayor envejecimiento de la población. Y los países en desarrollo, más jóvenes y con fuerte crecimiento, se han dedicado a ahorrar y a financiar a Occidente. Es el contraste entre Estados Unidos (14% de ahorro) y China (54% de ahorro). Con la crisis, el ahorro ha subido en todo el mundo y la previsión es que crezca hasta 2020, para bajar a partir de 2025, por el mayor consumo de los países emergentes y el envejecimiento de los países desarrollados.
Hasta la crisis de 2007, España era el país que menos ahorraba de la zona euro: un 11,3 % de la renta disponible, por debajo de Alemania (16%), Francia (15,4%) o Italia (15,6%). Y si no ahorrábamos, en la década de los ochenta y los noventa, era porque nos endeudábamos, sobre todo para invertir en una vivienda. Así, España es el país europeo con más viviendas en propiedad (83%), muy por encima de Italia (72,5%), Francia (63%), Reino Unido (70%), Alemania (57%) o la media de la UE (73,5%). Tras la crisis, los españoles ven las orejas al lobo  y el ahorro crece en España, entre 2007 y 2009 más que en ningún otro país europeo (del 11,3 al 18% de la renta), salvo Irlanda. Pero en 2010, tras tres años de crisis, el ahorro ha vuelto a caer (13,1%), porque las familias han tenido que tirar de la hucha para sobrevivir.
En este contexto, el Gobierno nos pide ahorrar menos y consumir más: “si la tasa de ahorro bajase en dos puntos, la economía crecería un 1% más”, señaló el 1 de marzo el Secretario de Estado de Economía. Y es cierto: el consumo de las familias aporta  la mitad del crecimiento del país. Pero a pesar de estas llamadas de atención, los españoles siguen sin consumir. Y ahorrando menos, porque tienen menos ingresos y muchas deudas que pagar. De hecho, hay más de 15 millones de españoles que lo están pasando mal: 4,7 millones de parados, 3 millones de funcionarios a los que les han bajado el sueldo y 8 millones de jubilados con la pensión congelada. Y un tercio de los hogares tiene problemas para llegar a fin de mes. Muchos, porque tienen que pagar la hipoteca, que se ha encarecido en la última revisión.
En consecuencia, la renta disponible de las familias ha caído y va a seguir cayendo: entre un 1 y un 1,7% en 2011, tras haber caído entre un 3,9% y un 5% en 2010. Con menos renta, las familias no pueden ahorrar e incluso tiran de la hucha, con lo que la previsión es que el ahorro vuelva a caer en 2011 (al 12,1%) y 2012 (11,7%), a niveles de antes de la crisis. Pero ese ahorro no irá a consumir más, sino a sobrevivir y tapar agujeros, sobre todo deudas (el endeudamiento de las familias asciende a 1,78 billones, con b, de euros). Además, la subida de precios y de los tipos de interés dificulta más el ahorro. Y cara al futuro, el envejecimiento de la población española: entre 2010 y 2050, los mayores de 65 años se van a duplicar (de 7,7 a 15,3 millones de personas). Y a más viejos, menos ahorro.
Sin embargo, España necesita que ahorremos, para no estar tan endeudados (4,2 billones, con b, de euros) y no tener que financiarnos con el ahorro externo y los mercados. Pero para eso, hace falta volver a crecer, recuperar el nivel de ingresos y ayudar al ahorro, no penalizarlo fiscalmente como se hace desde los años ochenta. Diga lo que diga el Gobierno, obsesionado sólo con el corto plazo, yo voy a seguir ahorrando y estoy enseñando a mis hijos a ahorrar. Y todos deberíamos hacerlo, al menos por tres razones: nos va a hacer falta dinero para la jubilación, nos están recortando el Estado del bienestar (habrá que dedicar más dinero a sanidad privada y a educación) y cuando seamos viejos, habrá que seguir ayudando a nuestros hijos, con empleos e ingresos precarios. Así que habrá que pensar en el futuro y ahorrar más (el que pueda).