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lunes, 25 de noviembre de 2019

Mileuristas: mitad jóvenes y un tercio mujeres


Los sueldos subieron un 2,9% en 2018, hasta los 1.944 euros brutos de media. Es "la mayor subida anual en la última década", dicen algunos con triunfalismo. Es cierto. Pero no dicen que la subida de salarios de la recuperación (+3,35% desde 2014) se la ha comido la inflación (+4,2%), igual que la subida desde 2007. Y que ahora los salarios son mucho más desiguales y que hay dos grupos con un salario mileurista: la mitad de los jóvenes y casi un tercio de las mujeres, cuya “brecha salarial” con los hombres ha aumentado en los dos últimos años. Y además, un tercio de los que trabajan son pobres, según las estadísticas europeas. Así que nada de triunfalismos: los sueldos siguen bajos y son un 23% menores que la media europea y un 40% más bajos que en  Alemania. Nuestras empresas siguen buscando competir  “a la China”, con sueldos bajos, en perjuicio de nuestros ingresos. Urge tener unos sueldos decentes y competir con otras cosas.


enrique ortega

En 2018, el sueldo medio de los españoles que viven de un salario (16.215.800 trabajadores) fue de 1.944,40 euros brutos (unos 1.750 euros netos), con una subida anual del 2,9%, la mayor de la última década, desde 2008 (en que subieron un 8%), según el INE. Parece que la devaluación salarial se ha acabado, tras unas subidas mínimas  en 2011 (+0,2%), 2012 (+0,5%), 2013 (+1%), 2014 y 2015 (+0,7%), 2016 (cayeron un -0,8%) y 2017 (+0,6%). Pero el dato “no es para tirar cohetes”. Primero, porque la subida del salario medio durante estos 5 años de recuperación (2014-2018) ha sido de 63,10 euros al mes, poco más de 2 euros al día. Y, sobre todo, porque esa subida (+3,35%) “se la ha comido la inflación, que subió un 4,2% estos años, según el INE. Y si tomamos la subida salarial desde 2007 (+301 euros mensuales, un +18,32%), también ha sido menor que la de los precios (+20%).


Pero lo peor es que los salarios son ahora más desiguales que antes. Hay un 30% de los asalariados (4,86 millones de trabajadores) que ganan menos de 1.250 euros brutos al mes, lo que significa que en neto (1.075 euros mensuales) son casi mileuristas. Y al otro lado, otro 20% (3,24 millones de trabajadores) que ganan más del doble, más de 2.674,70 euros brutos al mes (unos 2.280 euros netos). Y, sobre todo, hay un 10% de asalariados (1,62 millones) que malviven con sueldos inferiores a 748,7 euros brutos al mes (695 euros netos). Son trabajadores pobres, una cifra que abarca a un tercio de los trabajadores, según la estadística europea: un 32,6% de los españoles pobres trabajan,  según el último estudio de la Red Europea contra la pobreza (EAPN).


La radiografía de los salarios españoles que acaba de publicar el INE (Decil de salarios 2018) revela que hay dos colectivos que sufren especialmente los bajos salarios: los jóvenes y las mujeres. Empezando por los más jóvenes, destaca que la mitad sean mileuristas o menos: un 49,9% de los jóvenes asalariados menores de 25 años (son 462.173 jóvenes) ganan menos de 1.046,90 euros brutos al mes (962 euros netos). Y de ellos, el 29% (268.598 jóvenes) son “pobres” y ganan menos de 748 euros brutos al mes (695 euros netos). Si ampliamos la edad, de 25 a 34 años, uno de cada cuatro jóvenes son mileuristas o menos (el 24,5%, 837.434 jóvenes) porque ganan menos de 1.046,90 euros brutos (962 euros netos). Y de ellos, el 10,9% (372.572 jóvenes) son “pobres” y ganan menos de 748 euros brutos (695 euros netos), según el INE


Sumando ambos grupos, tenemos 1.299.607 jóvenes asalariados (de 16 a 34 años), casi 1 de cada 3, que son mileuristas o menos porque ganan 1.046,90 euros brutos al mes (962 euros netos). Y de ellos, la mitad (641.170 jóvenes asalariados, casi 1 de cada 7) que son “pobres”, porque ganan menos de 748 euros brutos al mes (695 euros netos). Con estos ingresos tan bajos,  se explica que el 81% de los jóvenes no puedan independizarse ni formar una familia.


Vayamos a las mujeres. El 41,1% de las mujeres asalariadas (7.759.260 en total) ganan menos de 1.260,90 euros brutos al mes (1.075 euros netos), más del doble de mujeres mal pagadas que de hombres (sólo el 19,7% de los asalariados varones ganan menos de 1.260,90 euros brutos, según el INE). Y si miramos las que son mileuristas o menos, las que ganan menos de 1.046,90 euros brutos (962 euros netos), son casi un tercio de las mujeres asalariadas, el 29,1 % (2,25 millones de trabajadoras). Fijándonos en las asalariadas “pobres”, las que ganan menos de 748,90 euros brutos al mes (695 euros netos), son un 15,6% de las mujeres trabajadoras (1.210.000 asalariadas), el triple que hombres (sólo el 4,8% de los asalariados varones ganan menos de 748,90 euros brutos al mes).

Además, las estadísticas revelan que en los dos últimos años se ha agravado la “brecha salarial” entre hombres y mujeres en España. En 2018, el salario medio bruto de las mujeres fue de 1.708,40 euros, el 79,04% del salario bruto de los hombres (2.161,40 euros), según el INE. Eso da una “brecha salarial” del 20,96%, superior a la de 2017 (20,19% de brecha) y la de 2016 (19,98%), aunque inferior a la de 2014 (23,89% de brecha salarial).


Las mujeres ganan menos que los hombres, según el INE, porque tienen más empleos a tiempo parcial, tienen más contratos temporales y trabajan más en sectores peor pagados. Son razones que explican también en buena medida por qué los jóvenes ganan menos: tienen más contratos temporales, en sectores peor pagados y no tienen apenas antigüedad, factores que juegan mucho en el sueldo, según la radiografía de salarios del INE.


El factor que más hunde los sueldos es la jornada de trabajo. Los asalariados con un contrato a tiempo parcial (muchas mujeres y jóvenes) ganan la tercera parte de lo que ganan los que trabajan a jornada completa: 746,10 euros brutos frente a 2.177,10 euros de media, según el INE. Otro factor decisivo es el tipo de contrato: los trabajadores con contratos temporales (un tercio de los asalariados españoles, la mayoría de los jóvenes y un alto porcentaje de mujeres) ganan dos tercios del sueldo de un trabajador con contrato indefinido: 1.389,70 euros brutos al mes frente a 2.142 euros brutos.


Otro factor clave para los sueldos es el sector económico donde se trabaja, según los datos del INE. Las actividades peor pagadas son las de empleadas de hogar (750,20 euros brutos frente a 1.944,40 euros de media), las tareas agrícolas (1.249 euros brutos), la hostelería (1.235 euros brutos), las actividades administrativas (1.348 euros), las inmobiliarias (1.571 euros) y el comercio (1.585 euros brutos), trabajos donde hay mayoría de mujeres. Y los trabajos mejor pagados son la energía (3.633,5 euros brutos), finanzas y seguros (3.350 euros), información y comunicaciones (2.741 euros), administración pública (2.563) y educación (2.365 euros). Obsérvese que una mujer de la limpieza gana 4,5 veces menos que un bancario y un joven que trabaja en hostelería 3 veces menos que en una compañía eléctrica.


Aún más importante que el sector es el puesto que se ocupa. Así, trabajar sin cualificación (el 16,4% de las mujeres asalariadas) tiene un sueldo medio de 1.103 euros brutos. Y los que son vendedores o trabajan en restauración (la ocupación del 29,3% de las mujeres) ganan 1.406 euros brutos de media, casi la cuarta parte del sueldo medio de un directivo (4.102 euros brutos). Además, si es en una gran empresa, las diferencias son escandalosas: los máximos directivos de las empresas del IBEX cobran 123 veces el sueldo medio de sus empleados (455 veces en Inditex), según un informe de Intermón Oxfam.


En general, en una gran empresa ganan más también los asalariados: 2.708,60 euros brutos de media, el doble de sueldo medio que tiene un asalariado en una micropyme (0-10 empleados): 1.388 euros brutos. Y también ganan más, en general, los que trabajan en el sector público: el sueldo medio de los asalariados públicos (funcionarios, sanidad, educación, etc.) es de 2.654,40 euros brutos al mes, un tercio más alto que el sueldo medio en el sector privado, que es de 1.772 euros brutos al mes, según el INE.


Otro factor clave, que explica los bajos salarios de la mayoría de  jóvenes, es la antigüedad. Los que llevan menos de 1 año en el trabajo ganan de media 1.343,70 euros brutos al mes, un 21,9% menos que la media (1.994,40 euros). Y los que llevan de 1 a 2 años ganan 1.539,50 euros brutos, un 20,8% menos. Sólo los que tienen 10 años o más de antigüedad, los contratados antes de la crisis (generalmente trabajadores mayores), ganan 2.448,40 euros brutos de media, un 26% más que la media. Y también cuenta mucho la formación: los peor formados (la ESO o menos) ganan la mitad (1.276 euros brutos de media) que los universitarios (2.455,30 euros de media).


Al final, hay grandes diferencias de sueldos por autonomías, porque tienen una diferente estructura económica (más o menos industria o servicios, más o menos empresas grandes, más o menos empleo público, más o menos trabajadores formados…). Así, las autonomías donde menos se gana son Extremadura (1612,30 euros brutos), Canarias (1.679,30), Andalucía (1.749), Murcia (1.761,80) y Castilla la Mancha (1.776,60 euros brutos). Y donde más se gana en Madrid (2.264,60 euros brutos), País Vasco (2.241,60), Cataluña (2.067,60) y Navarra (2.049,70 euros). En definitiva, un extremeño gana un 28,8% menos que un madrileño, una situación sólo algo mejor que en 2014 (ganaba un 30,10% menos), según el INE.


Bueno, ya nos hacemos una mejor idea de los salarios en España y de qué dependen. Nos falta saber que siguen siendo mucho más bajos que en Europa, porque con la crisis, las empresas han tratado de competir no subiendo apenas los salarios y contratando con salarios nuevos más bajos. Y aumentando la jornada, con muchas horas extras no pagadas. Así, en 2018, el salario por hora trabajada era en España de 16 euros, un 23,45% menos que el salario hora de Europa (20,9 euros/hora) y un 30% menos que el salario en la zona euro (22,8 euros por hora), según Eurostat. Y ahora somos el país nº 16 con sueldos más bajos de Europa, sólo más altos que en Portugal (11,3 euros/hora), Grecia (12,6), Malta, Chipre y 11 paises del Este. Y quedamos muy lejos de los sueldos de Alemania (26,9 euros/hora, un 40,5% más), Francia (24,1 euros), Reino Unido (22,5 euros) e Italia (20,2 euros/hora).


Subir los salarios en España y aproximarlos a Europa no es sólo una cuestión de justicia, para recuperar el poder adquisitivo perdido en la última década, incluso con la recuperación. Es también una cuestión de equidad, porque mientras los salarios apenas crecen y son cada vez más desiguales, los beneficios empresariales han crecido más: pasaron de 450.170 millones en 2007 a 511.842 millones en 2018 (+13,7% de aumento), la mejor cifra de la historia, mientras la remuneración de los asalariados pasaba de 522.556 millones cobrados en 2007 a 569.686 millones en 2018 (+9% de aumento), según el INE. Y eso con 1,1 millones menos de españoles trabajando hoy que antes de la crisis.


Y además, subir más los salarios es una exigencia económica: es clave para que las familias puedan mantener y aumentar su consumo, que es ahora (con el gasto público y la inversión), el principal motor de la recuperación, dado que han “pinchado” las exportaciones y el turismo. Y otro argumento adicional: sólo con mejores salarios pueden recuperarse las cotizaciones de la Seguridad Social y la recaudación de impuestos, dos factores claves para apuntalar las pensiones y el Estado del Bienestar.


En definitiva, que “llega la hora de subir los salarios”, como declaró el comisario europeo Pierre Moscovici en abril. Hay riesgo de que haya otra crisis, pero eso no puede ponerse como excusa para volver a frenar las subidas de sueldos en 2020. España tiene que seguir creciendo y compitiendo con Europa, sí, pero no a costa de “tirar” los sueldos, de que seamos la China de Europa y la mitad de los jóvenes y un tercio de las mujeres ganen menos de 1.000 euros netos y malvivan. Hay que apostar por unos salarios decentes, a cambio de mejoras en la productividad que pasan por ser más eficaces, producir con más tecnología, aumentar el tamaño de las empresas, digitalizarlas y a la vez mejorar la formación y la organización de sus empleados. Producir más y mejor para poder pagar mejores salarios. Otro reto más que tenemos pendiente.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Pensiones: las cuentas no salen


La Seguridad Social ha duplicado su déficit y el “agujero” superará este año los 10.000 millones de euros, por cuarto año consecutivo. Lo grave es que sucede cuando se está creando empleo. Y no pasa porque se haya disparado el gasto en pensiones: creció en agosto un 2,8%, el menor aumento de la historia, porque están surtiendo efecto los recortes aprobados por Zapatero y Rajoy. El problema está en los ingresos, que se han desplomado por culpa de la reforma laboral: hay más trabajadores cotizando pero ingresan menos porque tienen peores contratos y sueldos. Y encima, se deja de ingresar porque este Gobierno ha rebajado las cotizaciones a muchas empresas (tarifa plana). Por todo ello, Rajoy ha gastado ya la mitad de la hucha de las pensiones, que se acabará en 2018. Urge tomar medidas y aumentar los ingresos de la Seguridad Social, además de pagar algunas pensiones (viudas y huérfanos) con cargo al Presupuesto. Es el gran reto de la próxima Legislatura.
 

enrique ortega


La crisis y la caída del empleo agravaron la crisis de la Seguridad Social, al reducir los ingresos por cotizaciones mientras aumentaba el gasto en pensiones. Entró en déficit en 2011 (-1.000 millones) y el “agujero” se agravó durante esta Legislatura, superando los 10.000 millones de déficit en 2012 (-10.131), 2013 (11.861) y 2014 (11.202). Y este año 2015, en lugar de mejorar las cuentas por la mejora del empleo (más ingresos por cotizaciones), han empeorado: el déficit de la Seguridad Social (ingresos-gastos) se había duplicado hasta julio, alcanzando ya los -4.423 millones de euros (-2.201 entre enero y julio de 2014). Y los expertos vaticinan que la Seguridad Social  cerrará este año con un déficit entre 11.000 y 15.000 millones de euros, el mayor “agujero” de su historia.

Esta penuria financiera ha obligado al Gobierno Rajoy a tomar dos medidas extraordinarias para poder seguir pagando las pensiones. Una, echar mano de “la hucha de las pensiones, un Fondo de reserva creado en el año 2.000 para guardar los excedentes y que llegó a acumular (entre aportaciones estatales e intereses que consigue) un máximo de 66.815 millones en 2011. A partir de ahí, empezaron los déficits y el Gobierno Rajoy se vio obligado a “echar mano de la hucha” para pagar las pensiones: empezó cogiendo 7.003 millones para pagar a los pensionistas la extra de Navidad de 2012 y siguió cogiendo de la hucha en 2013 (11.648 millones) y 2014 (15.300 millones), para pagar las extras de Navidad y verano. Y ha seguido este año en julio (está previsto sacar un total de 8.500 millones en 2015) y seguirá en 2016 (la previsión del Presupuesto es sacar de la hucha otros 6.283 millones).

Con ello, el Gobierno Rajoy ya ha sacado más de la mitad de los fondos de la hucha de las pensiones (37.701 millones de 66.815) y al ritmo previsto se espera que la hucha se agote en 2018. Pero la Seguridad Social no sólo tira de esta hucha para pagar las pensiones: también ha recurrido a las Mutuas laborales, cogiendo parte de sus excedentes para financiarse otros 5.350 millones de euros hasta diciembre de 2014.

Son formas de intentar tapar agujeros, pero el déficit está ahí y no es coyuntural (ahora no cae el empleo y las cotizaciones) sino estructural y creciente. Para 2016, el Presupuesto electoral aprobado in extremis por Rajoy prevé rebajar este déficit drásticamente, de los 11.000 millones de este año a sólo 3.000 millones (0,3% del PIB). Pero nadie se lo cree y la mayoría de expertos apuntan que se han inflado los ingresos por cotizaciones (esperan que crezcan un 6,7% cuando en 2015 están creciendo sólo el 0,75%) y que así se ha pretendido “enmascarar el agujero”. Y recordemos que el Gobierno Rajoy ha enviado a Bruselas unas cuentas públicas con déficit en la Seguridad Social hasta 2018.

¿Por qué la Seguridad Social duplica su déficit en 2015 si el empleo va mejor? Veamos las cuentas. Podría ser que los gastos se hubieran disparado, pero no es así. Al contrario: el gasto en pensiones había crecido un 3,4% entre enero y julio de 2015 (el menor aumento en los últimos diez años) y todavía se moderó más en agosto, cuando el gasto en pensiones (8.270,5 millones mensuales) creció sólo un 2,8%, el menor aumento en la serie histórica. Y casi lo mismo este mes de septiembre (+2,97%). Un aumento moderado del gasto en pensiones que no es casualidad: es fruto de las reformas y recortes de Zapatero en 2011 (aumentando la edad de jubilación a 65 años y 3 meses en 2015) y de Rajoy en 2013 (menor subida anual de las pensiones, 0,25% en 2014, 2015 y 2016, y penalización más rebaja de las jubilaciones anticipadas).

Además, hay otros dos factores que están moderando también el gasto en pensiones. Uno, fruto de la crisis y  también de los sucesivos recortes: las nuevas pensiones no suben tanto (la pensión media de jubilación de los nuevos pensionistas, 1.471 euros no se distancia tanto de la media de todos, 1.023 euros) y por ello, la pensión media del sistema (889 euros al mes) sube menos, un 1,8% en 2015. Y el otro, que la demografía ayuda de momento y el número de pensiones (9,3 millones) crece poco, un 1% este año (hasta agosto), el aumento menor del número de pensiones en toda nuestra historia.

Así que si la Seguridad Social ha duplicado su déficit este año, no es por los gastos. Es porque apenas crecen los ingresos, sobre todo las cotizaciones (77% de sus ingresos, el resto son aportaciones del Presupuesto del Estado). El Gobierno Rajoy se engañó a sí mismo y en los Presupuestos de 2015 “soñó” que los ingresos por cotizaciones iban a crecer este año un 6,8%. Pero en realidad, se han estancado y sólo han crecidoun 0,75% hasta julio. ¿Cómo es posible que apenas crezcan las cotizaciones si en la primera mitad de 2015 se han creado ya casi 300.000 empleos? (y otros 433.900 nuevos empleos  en 2014).

La respuesta es doble. Por un lado, hay más españoles trabajando pero cotizan menos porque tienen empleos muy precarios (temporales y a media jornada) y bajos salarios, como resultado de la crisis y la reforma laboral aprobada por Rajoy en 2012. En estos años ha aumentado el empleo a tiempo parcial (15,8% de todos los empleos) y estas personas ganan un 38% de lo que ganan los que trabajan a tiempo completo (10.056 euros anuales frente a 26.345, según el INE). Y son muchos ya los empleos temporales (25,2% de los empleos), donde se gana un 63,4% del sueldo en un trabajo fijo (15.433 euros anuales frente a 24.333, según el INE). Así que con los trabajadores a tiempo parcial, la Seguridad Social pierde dos tercios del salario de un trabajador normal y con los temporales un tercio (las cotizaciones son un 28,3% del sueldo). Y además, los nuevos empleos suelen estar peor pagados, en un país donde hay muchos trabajadores que no llegan a mileuristas: un 34% de los trabajadores (5,7 millones) ganan menos de 645 euros al mes (en 14 pagas), según datos de la Agencia Tributaria (Hacienda).

La otra razón de que la Seguridad Social ingrese poco es que se han disparado con el Gobierno Rajoy las bonificaciones en las cotizaciones sociales de las empresas, como medida de fomento del empleo (discutible y poco efectiva, según la mayoría de expertos). Han proliferado las tarifas planas” (100 y 50 euros mensuales de cotización), que en 2015 suponen una pérdida de ingresos a la Seguridad Social de 1.614,82 millones, que aún serán más para 2016 (el Presupuesto contempla unas bonificaciones de 2.100 millones). En total, durante los cuatro años de esta Legislatura, estas ayudas a las empresas para la contratación le han costado a la Seguridad Social dejar de ingresar 3.439 millones de euros.

Así que ya sabemos de dónde viene el déficit, fundamentalmente de la falta de ingresos. ¿Qué se puede hacer? El Tribunal de Cuentas dio en julio una receta, que propuso se debatiera “con urgencia” en el Pacto de Toledo (la comisión política y social responsable del futuro de las pensiones): financiar parte de las prestaciones de la Seguridad Social con cargo a los  Presupuestos y no con cotizaciones. En agosto, el Gobierno Rajoy concretaba esta propuesta, señalando que iba a proponer a los demás partidos que fuera el Presupuesto y no la Seguridad Social  quien pagase las pensiones de viudedad ( 20.776,69 millones de gasto para 2015) y de orfandad (1.762,68 millones). Serían 22.539,37 millones menos con cargo a cotizaciones y una forma rápida de suprimir el déficit de la Seguridad Social. Eso sí, habrá que ver cómo puede asumir estas pensiones el Presupuesto, cuando para 2016, Bruselas obliga a España a recortar el déficit otros 14.000 millones.

Por eso y porque habría que diversificar medidas, no se puede desechar otra vía de la que la mayoría no quiere hablar: subir las cotizaciones. Es cierto que subir cotizaciones es malo para un país con la segunda mayor tasa de paro de Europa y por eso la Comisión Europea y la OCDE piden a España que las baje. Pero también es cierto que las cotizaciones a la SS son más bajas en España que en la mayoría de Europa. En España, las cotizaciones por contingencias comunes son el 28,3% del salario de un trabajador, algo menores que la media en Europa (28,7%) pero mucho menores que las cotizaciones en Alemania (33,3%), Francia (37,9%) o Italia (31,5%). Eso sí, las cotizaciones de las empresas (23,6 % en España) están más cerca de las de Francia (27,7%) o Italia (24,3%) que las de los trabajadores españoles (4,7%), que están muy por debajo de las cotizaciones que pagan los trabajadores alemanes (17,1%), franceses(10,2%) o italianos (7,2%).

En definitiva, que si España subiera un 2% las cotizaciones sociales (1% a la empresa y 1% al trabajador), todavía estaríamos cotizando menos (30,7%) que los grandes países europeos  y a cambio la Seguridad Social ingresaría 8.000 millones más en cotizaciones. Claro que sería pedir un esfuerzo extra a las empresas (ahora empiezan a tener beneficios) y a los trabajadores, pero ya se les está pidiendo que se hagan planes de pensiones privados. Y probablemente, la mayoría preferiría cotizar un 1% más de su sueldo para su futura pensión pública que tener que invertir 2.000 euros al año en una pensión privada, que le va a gestionar (con altas comisiones y baja rentabilidad) un banco o una aseguradora.

De hecho, la incertidumbre sobre el futuro de las pensiones públicas ha disparado los planes de pensiones privados: ya gestionan más de 100.000 millones de euros (un récord histórico) y las aportaciones a todos los Planes de pensiones (individuales y de empresa) se multiplicaron por cinco en 2014, pasando de 233 a 1.161 millones, aumentando además el número de partícipes por primera vez en los últimos cuatro años. Un “boom” de las pensiones privadas que crece sobre la incertidumbre ante el futuro de las pensiones públicas, alimentado incluso por el gobernador del Banco de España: en junio recomendó a los jóvenes que ahorrarán para hacerse una pensión privada porque “la pensión futura serán cada vez peor” (la suya no: tiene un sueldo anual de 174.733 euros).

Las pensiones atraviesan por un grave problema: los ingresos no cubren a los gastos y eso que la mayoría de pensiones son muy bajas. De hecho, dos tercios de los pensionistas cobran menos de 800 euros al mes, el 28,21 % (2,6 millones) cobra menos de 600 euros y un 15% menos de 400 euros al mes. Y casi el 40% de las viudas cobran menos de 600 euros. Y para que la Seguridad Social no estalle, apenas nos subirán las pensiones en los próximos años, con lo que algún estudio señala que la pensión media estará en 1.000 euros dentro de 20 años. Pero incluso eso está en riesgo si no aumentan los ingresos.

Por eso urge una reforma de la financiación de la Seguridad Social, apuntalando sus ingresos con más cotizaciones y quitando gastos (pensiones) que se deben pagar con los Presupuestos. Si no se consiguen más recursos estables (y más empleo), el agujero crecerá y antes o después nos vendrán con que “las pensiones son insostenibles” y nos impondrán más recortes. Hay que sanear de una vez las cuentas de la Seguridad Social, el gran reto de la próxima Legislatura. Piense en ello cuando vote.