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jueves, 8 de septiembre de 2016

Economía colaborativa: las otras empresas


Mientras las empresas y el empleo van al ralentí, por el impasse político, ahí sigue la economía colaborativa, las “otras empresas” que nacen al amparo de Internet y de jóvenes que exploran nuevos negocios, desde alquilar casa a compartir coche, aparcamiento, comida o energía. Una nueva economía que, como Uber, Airbnb o BlaBlaCar, mueve ya millones de dólares y provoca airadas protestas de taxistas, hoteleros o empresas de autobuses, que los acusan de competencia desleal. En España, cada autonomía los regula a su aire, mientras la Comisión de la Competencia sale en su ayuda, con recursos ante los Tribunales. Y la Comisión Europea aprobó en junio unas directrices donde las apoya a fondo y pide a los paises que no las prohíban. Con todo, sólo un 5% de consumidores las usan, aunque seguirán creciendo, amparadas en sus bajos precios. Pero también esconden economía sumergida y subempleo, lo que obliga a regularlas. Y por mucho que crezcan, no sustituirán a la economía tradicional, sobre todo en empleo.
 
enrique ortega

Internet y la larga crisis económica son los padres de la llamada “economía colaborativa”: iniciativas de jóvenes emprendedores que han lanzado nuevas plataformas (empresas) para poner en contacto directo a los que ofrecen y buscan un producto o un servicio. El objetivo es que millones de personas ofrezcan lo que tienen o les sobra a millones de consumidores que lo necesiten, sin tener que montar una empresa, sino a través de una plataforma creada por un  tercero que cobra una comisión por la intermediación a través de Internet. La “economía colaborativa” nació en Estados Unidos, en 2008, en la ciudad de San Francisco, a través de 2 iniciativas que hoy son ya millonarias: Uber, una plataforma para compartir el coche en la ciudad que ya utilizan 40 millones de usuarios en 400 ciudades de 64 paises, y Airbnb, otra plataforma para compartir y alquiler apartamento que ofrece ya más de 2 millones de alojamientos en 34.000 localidades de 191 paises. Y detrás de ellas han ido más de 7.500 plataformas de Internet donde se ofrece de todo en todo el mundo.

La economía colaborativa movió ya 28.000 millones de dólares en 2015, según estimaciones de la Comisión Europea. Y los expertos de la consultora Price Waterhouse Coopers estiman que seguirá con su avance imparable y llegará a facturar hasta 335.000 millones de dólares en 2025. Actualmente, en sólo siete años, Uber está valorada en 50.000 millones de dólares, por encima de Twitter o Linkedin (y que Repsol), y Airbnb otros 25.500 millones. De momento, el 62% de la economía colaborativa en el mundo se centra en el transporte (compartir coches en ciudades y viajes), donde destacan Uber (USA), Didi Kuaidi (China), BlaBlaCar (Francia) y Lyft (USA). Otro 18% en el turismo (alojamientos), con Airbnb (USA), junto a HomeAway, Niumba y Windu. Un 6% en las finanzas (transferencias y créditos entre particulares), con Lending Club (USA), Jimubox (China), Crodcube y Dwolla. Y un  5% en servicios, 4% en productos y el restante 4% en otras ofertas, desde Parclick, ParkWihz o Coparto (aparcamientos) a Wallapop o Perby (ropa y cosas de casa) a EatWith o Social Eaters (comida) y SolarCity o SomEnergia (electricidad), según un reciente estudio de la Comisión de la Competencia (CNMC). Pero cada día aparecen nuevas propuestas, desde plataformas para compartir plazas de garaje, oficina, comida, energía o el cuidado de perros a vender ropa o solucionar problemas y enseñar ciudades. Todo lo que la gente pueda necesitar y alguien pueda ofrecer.

La mayoría de las plataformas de economía colaborativa nacen y crecen en Estados Unidos y bastante menos en Europa, salvo Gran Bretaña, que reúne un 10% de la oferta mundial, tanto como Alemania, Francia o España juntas. En nuestro país no hay un listado de “empresas colaborativas”, pero se estima que rondan ya las 500 plataformas, aunque sólo las 30 más importantes están agrupadas en la asociación Sharing España. Y por encima de todas destacan tres plataformas: Uber (compartir coches ciudades), Airbnb (apartamentos y casas de alquiler) y BlaBlaCar (compartir coche en viajes). Tres empresas que han provocado una gran polémica y la dura oposición de tres sectores económicos que los acusan de competencia desleal y los han llevado a los tribunales: los taxistas, los hoteleros y las empresas de autobuses. Uber, con problemas en media Europa, tuvo que cerrar en España en diciembre de 2014 y ha abierto de nuevo en marzo de 2016, bajo la fórmula Uber X, que se basa en licencias VTR, como otra plataforma muy polémica de alquiler de vehículos, Cabify. BlaBlaCar está pendiente de un recurso presentado por la patronal de autobuses y Airbnb es objeto de los ataques de la patronal turística Exceltur, que se queja de que ofrecen ya en España 1,1 millones de casas y apartamentos sin regular, sin control y sin pagar impuestos en muchos casos.

La realidad es que la economía colaborativa no está regulada, ni en Europa ni en España, donde cada autonomía va a su aire a la hora de establecer normas y controles. De hecho, la Comisión nacional de la Competencia (CNMC), un organismo dependiente del Ministerio de Economía, se ha erigido en “defensora” de la economía colaborativa, presentando recursos e impugnaciones contra algunas normas autonómicas y municipales. De momento, en junio pasado, el Tribunal de Justicia de Madrid ha fallado contra la Comunidad de Madrid, anulando un decreto de 2014 donde prohibía que las viviendas de uso turístico pudieran alquilarse por menos de 5 días. La CNMC también ha impugnado las ordenanzas de los Ayuntamientos de Córdoba y Málaga que restringían el alquiler de coches sin conductor. E incluso, la CNMC ha impugnado en enero un Reglamento aprobado en diciembre pasado por el Ministerio de Fomento (en funciones) que restringía las plataformas de alquiler de vehículos con conductor. Y está pendiente de que la Generalitat de Cataluña publique un decreto restrictivo sobre alquileres turísticos para impugnarlo. La CNMC ha elaborado incluso una serie de recomendaciones en defensa de la economía colaborativa, planteando al Gobierno que no se le planteen restricciones porque “beneficia a la competencia y a los usuarios”.

Pero el mayor apoyo a la polémica economía colaborativa se lo acaba de dar Bruselas: la Comisión Europea aprobó el pasado 2 de junio una serie de recomendaciones en las que pide a los Gobiernos de los 28 que “dejen de restringir la economía colaborativa”, porque no es ninguna amenaza para las empresas y ofrece un gran potencial de crecimiento y de empleo. Los dirigentes europeos, preocupados por el paro y el estancamiento de la economía, destacan que la economía colaborativa aporta 3.500 millones de euros de ingresos a la economía europea y por eso la van a apoyar, aunque señalan que debe pagar impuestos y cumplir con las exigencias laborales. Se trata de unas directrices no vinculantes para los paises, pero la Comisión advierte que “examinará las actuaciones de los Gobiernos” y que “cualquier restricción injustificada a la economía colaborativa será denunciada ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea”. Uber, Airbnb, BlaBlaCar y otras han saltado de alegría…

La economía colaborativa tiene el apoyo de Bruselas y de la CNMC en España, pero todavía se usa poco en Europa. El 52% de los europeos han oído hablar de ella, pero sólo el 17% lo han usado al menos una vez, según un Eurobarómetro de junio pasado. Y sólo el 5% de los consumidores europeos utiliza estas plataformas colaborativas de forma habitual, algo en lo que coincide también el último estudio del Observatorio español de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI): un 5% de españoles usa estas plataformas de forma esporádica y sólo un 3% las usa a diario. La mayoría (56%) por su precio, para reducir gastos, una cuarta parte (26,6%) por comodidad y otros tantos para probar algo nuevo. Eso sí, un 80% de los que usan esas plataformas están bastante satisfechos, según un estudio de la OCU, que pide una regulación europea para garantizar la seguridad de los consumidores.

No es sólo que pocos usuarios utilicen aún la economía colaborativa. La mayor crítica que puede hacerse es que todavía, la mayoría de las propuestas están poco maduras y son empresarialmente muy débiles. De hecho, parece que sólo cinco plataformas de las que operan en España son rentables, ganan dinero: Uber (coches), Rentalia y Airbnb (alquileres), BlaBlaCar (compartir viajes) y Traity (reputación online). Con todo, muchos críticos de estas plataformas denuncian que en bastantes casos enmascaran proyectos de economía sumergida: iniciativas que no se dan de alta, que no pagan impuestos ni cotizaciones, que no hacen contratos legales y malpagan a sus empleados, con mucha explotación laboral. Y además, la mayoría son proyectos que crean poco empleo: Uber, por ejemplo, valorada en 50.000 millones de dólares, sólo tiene 6.000 empleados en todo el mundo.

En cualquier caso, todo indica que la economía colaborativa va a seguir creciendo imparable, empujada por tres factores: el enorme desarrollo de Internet, el auge de los móviles y el aumento de la economía “low cost” (bajo coste), con una gran parte de la población inmersa en la inestabilidad y los bajos salarios, que busca consumir y tener servicios al menor precio posible, al margen de la calidad. Y mientras la industria y los sectores tradicionales estén en retroceso, con un elevado nivel de paro en Europa y en España, seguirá habiendo jóvenes y emprendedores que busquen una salida profesional en la economía colaborativa, con miles de iniciativas de las que la mayoría no cuajen pero otras sí.

Eso sí, no parece que a medio plazo la economía colaborativa acabe con la economía tradicional, con las empresas de siempre, que también buscarán negocios nuevos. Todo indica que será una economía “complementaria”, que cubra los huecos y “nichos de mercado” que no ofrece la economía tradicional. Y puede ser una salida laboral para alguna gente, pero no parece que sea suficiente y económicamente atractiva, en la mayoría de casos. Eso sí, siempre habrá intermediarios "poco  colaborativos” que se harán también con el grueso de estos nuevos negocios. Si  los usamos, seamos precavidos y miremos bien lo que contratamos y “compartimos”. Porque ya lo decían nuestros abuelos: “nadie da duros a cuatro pesetas”.

jueves, 31 de marzo de 2016

España: demasiados autónomos y pymes


Rajoy, en funciones, sigue presumiendo de que su Gobierno ha creado más empleo que nadie en Europa. Pero no dice dos cosas. Una, que ahora trabajan 58.800 españoles menos que cuando llegó a Moncloa en 2011. Y otra, que el empleo creado ha sido sobre todo de autónomos, personas que montaron un negocio para huir del paro, mientras hay muchos menos asalariados trabajando. Y este tirón de los autónomos es “pan para hoy y hambre para mañana”, porque el 61% acaba cerrando antes de 5 años. Y los que sobreviven, lo hacen en precario, con bajos ingresos, poco empleo, mínimas cotizaciones y bajas pensiones. Tenemos un problema de fondo: hay demasiados autónomos y pymes (94,5% de las empresas), responsables del 40% del empleo, mientras en Europa emplean sólo al 29% (y en Alemania al 19%). Eso implica un empleo menos estable y duradero, menos productividad e innovación, menos crecimiento. Urge que el futuro Gobierno promueva fusiones: más empresas medianas y grandes y menos autónomos y pymes. Porque el tamaño importa y mucho.
 

enrique ortega


Rajoy no deja de “hacer campaña” ni estando en funciones y siempre utiliza el empleo creado como “el gran balance económico” de su Legislatura. Pero aunque se ha creado empleo neto en 2014 y 2015, en los dos años anteriores se perdió más, con lo que el balance de ocupados en su Legislatura es negativo: a finales de 2015, había 58.800 españoles menos con trabajo (18.094.200, según la EPA) que en diciembre de 2011 (18.153.000). Pero el balance de su Legislatura sería aún peor si no fuera por el fuerte aumento del número de autónomos, de trabajadores independientes o empresarios sin asalariados: han aumentado en 141.400 entre 2011 y 2015, según la EPA, mientras caía mucho más el número de asalariados (-161.700). Y España ha sido el tercer país europeo donde más han crecido los autónomos en estos años, tras Reino Unido y Francia, el doble que la media europea.

Una gran parte de los nuevos autónomos son parados (sobre todo menores de 30 años) que han cobrado el paro de una vez y han montado un pequeño negocio. Otros son “autónomos temporales”, que se dan de alta para ofrecer un servicio coyuntural a una empresa (2 de cada 3 empresas subcontratan autónomos, según un estudio de Infojobs y Tower Lane). Y en muchos casos, se trata de “falsos autónomos”, personal que trabaja casi en exclusiva para una empresa pero cotizando como autónomos. Se estima que hay unos 250.000 falsos autónomos, sobre todo en la construcción, el turismo y la hostelería y muchos profesionales.

El Gobierno Rajoy se lanzó desde 2012 a promover este “boom” de los autónomos (reales y ficticios) porque así bajaba las cifras de parados y “creaba empleo”. Para ello, además de facilitar el cobro del desempleo de una sola vez, ha utilizado el gancho de la “tarifa plana” de 50 euros en la cotización de los autónomos a la Seguridad Social, aunque con truco: es sólo para los primeros 6 meses. Y además de ser una rebaja temporal, esta tarifa plana ha provocado un agujero de más de 600 millones a las cuentas de la SS, lo que ha agravado su déficit y obligado a echar mano de la “hucha de las pensiones”.

Con todo, el problema de fondo es que toda esta política del Gobierno Rajoy de “promover a los emprendedores”, de convertir parados en autónomos, además de costosa es poco efectiva. Porque la mayoría de los autónomos, el 61%, “no cuajan”. De hecho, el 27% de los nuevos autónomos sólo sobrevive un año, el 60% dos años, el 51% tres años, el 45% cuatro años y sólo el 39% de los autónomos sobreviven a los 5 años, según un informe de la Fundación BBVA e IVIE. O sea, que dos tercios de los nuevos autónomos creados durante la Legislatura de Rajoy cerrarán su negocio antes del final de la próxima Legislatura. Un despilfarro de esfuerzos e ilusiones.

Las razones de tan “alta mortalidad” entre los nuevos autónomos son varias: muchos negocios se montan con poco dinero (5.000 euros es lo habitual), sin formación (el 43,5% de los autónomos tienen sólo estudios básicos, frente al 23,8% en la UE) y sin tener un Plan de negocio, en actividades poco innovadoras (tiendas, bares, Webs…) y con poca tecnología (el 90%), que además crean poco empleo (en el 57% de los proyectos sólo está ocupado el propio autónomo y otro 36% tienen entre 1 y 5 empleados). Basta ver el perfil de los nuevos negocios que se están creando, según detalla el estudio GEM 2014, para entender por qué la mayoría duran pocos años: prestan servicios a consumidores locales, la mitad no emplean a nadie más, 7 de cada 10 están en el sector servicios, 6 de cada 10 no innovan, 7 de cada 10 no tienen vocación internacional y la mayoría no aspiran a crecer.

Los autónomos que sobreviven tampoco lo tienen fácil. Por un lado, pierden más empleo que las empresas más grandes: de cada 100 autónomos dados de alta en 2007, 37 sobrevivían a los 5 años, pero sólo habían contratado a 26 personas, con lo que se mantenía el 63% del empleo inicial, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y han sufrido más duramente la crisis, por la mayor caída de ventas, la alta morosidad y la falta de financiación: aún hoy, sólo un tercio de los autónomos piden dinero a los bancos (y se lo dan al 62%). Y declaran a Hacienda unos ingresos medios de 9.100 euros al año, que aunque en parte camuflen la realidad son la mitad de lo que declaran los asalariados (18.692 euros anuales). Tal es así que CCOO calcula que un 35,5% de los autónomos españoles están en el umbral de la pobreza.

Cobran menos y también cotizan menos a la Seguridad Social (un 80% en mínimos), con lo que reciben unas pensiones más bajas: 691,49 euros de jubilación en 2015, casi la mitad que un pensionista del régimen general (1.171 euros). Ante estas bajas pensiones, han caído los autónomos que se jubilan (sólo 3.063 en 2015) y retrasan su retirada lo más posible, mientras muchos de los que abandonan tampoco cobran el paro, ya que tienen que haber cotizado al desempleo al menos un año y cotizar 4 para cobrar un año de paro. Además, las Mutuas (que son las que pagan este paro) rechazan la mayoría de solicitudes.

Como se ve, ser autónomo no es ningún “chollo”, aunque sirva al Gobierno para bajar las cifras de paro y decir que ha creado mucho empleo. Pero sobre todo, un exceso de autónomos no nos ayuda a salir de la crisis. Porque uno de los problemas de fondo de España, ahora y en los años de bonanza, es su estructura empresarial: tenemos un exceso de autónomos y pymes y eso es negativo para el empleo, la productividad y el crecimiento, según los expertos. En total, de las 2.779.146 empresas censadas a 1 de enero de 2015, había 1.090.021 empresas con 1 a 9 trabajadores y 1.537.788 autónomos sin asalariados. En total, un 94,5% de microempresas (0-9 trabajadores), cuando en Europa son el 92,5% y en los países más competitivos, muchas menos: un 81,8% de micropymes en Alemania y un 89,4% en Reino Unido, aunque nos acercamos a Italia (94,4%) y Francia (93,9%), según datos de Eurostat. En empresas pequeñas (10-49 trabajadores) tenemos menos (5,4% España frente a 6,6% la UE-28, 8,7% Gran Bretaña y 15,1% Alemania) pero en empresas medianas (50-249 trabajadores) tenemos muchas menos: 0,7% del total en España frente al 1,1% UE-28, 2,6% en Alemania,1,5% en Gran Bretaña, 0,8% en Francia y 0,5% en Italia. Y donde hay una diferencia es en las grandes empresas (+250 trabajadores): en España son sólo el 0,1% del total (3.918 empresas en 2015), la quinta parte que en Alemania (un 0,5%, unas 9.000 empresas) y menos que Reino Unido (0,4%) y Francia (0,2%), aunque igual  que Italia (0,1%).

España es también diferente” en el tamaño de las empresas, con un exceso de “microempresas” y autónomos y pocas medianas y grandes empresas. Y por eso, hay demasiado empleo que depende de las microempresas: el 40,5% en España, frente al 29,5% en Europa (y sólo el 19,2% en las pymes alemanas y el 17,3% en las británicas). Un empleo muy inestable: todos los estudios revelan que las pymes han perdido más empleo en la crisis, porque son las menos productivas e innovadoras. De hecho, sólo el 42% de las microempresas (1-9 trabajadores) sobreviven a los 5 años, mientras lo logran el 54% de las empresas con más de 10 trabajadores y el 70% de las grandes empresas, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Las empresas medianas y grandes “viven más” porque son más productivas, porque aprovechan mejor las “economías de escala” (al producir más, les bajan los costes medios), emplean a trabajadores más formados, utilizan más capital, tienen mejor financiación, están mejor organizadas, innovan más y están más volcadas a la exportación que las pymes, según un completo estudio de la Caixa.

España es un país menos competitivo (estamos en puesto 13 del ranking europeo de productividad) por nuestra estructura económica pero también  porque tenemos más autónomos y micropymes: si nuestras empresas tuvieran un tamaño similar a las alemanas, nuestra productividad aumentaría un 13% sólo por eso. Y si nuestras empresas hubieran sido tan grandes como las de Gran Bretaña, se habrían salvado 500.000 empleos en esta crisis, según cálculos del Círculo de Empresarios. Así que el tamaño sí importa. Y mucho. Porque otro de los problema de fondo de España es que fabricamos en sectores con baja y mediana tecnología, ocupando el último lugar en el ranking europeo en sectores de tecnología alta y media-alta. Y precisamente, estos sectores de futuro suelen estar ligados a grandes empresas, que nosotros apenas tenemos. Y otro factor clave para crecer,la exportación, también está muy ligado al tamaño de las empresas: sólo exportan el 0,9% de las microempresas, frente al 44% de las pequeñas, el 79% de las medianas y el 88% de las grandes empresas.

Parece claro, con tantos datos abrumadores, que aumentar el tamaño de nuestras empresas es clave para el futuro, que no tiene sentido perseverar sin más en el “culto a lo pequeño”, hacer “demagogia” con emprendedores y pymes, como ha hecho Rajoy y la mayoría de los políticos. Es “un espejismo”. El objetivo debería ser, según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie, promover que autónomos se conviertan en pymes, que pymes creen empresas medianas y que la fusión de negocios medianos aumente el número de grandes empresas. Ganar tamaño a todos los niveles. Es lo que pretende la iniciativa Proyecto Cre100do: ayudar a 100 empresas medianas de distintos sectores económicos a convertirse en grandes en cinco años.

El próximo Gobierno debería poner en marcha un Plan similar más ambicioso, para que las empresas españolas ganen tamaño, para reducir el “raquitismo empresarial. Porque no podemos competir en un mundo global  ni crear empleo suficiente cuando el 97,6% de nuestras empresas facturan menos de 2 millones de euros anuales y sólo hay 500 empresas que facturan más de 250 millones. Hay que ganar tamaño a todos los niveles, aumentando el número de medianas y grandes empresas, para que “tiren” de las pymes, dentro y fuera de España. Para ello, urge poner en marcha un Plan de ayudas fiscales y financieras que promuevan las fusiones de empresas, sector a sector.  Y revisar la normativa y las ayudas públicas, porque muchas perjudican a las empresas cuando ganan tamaño, exigiendo más controles y requisitos que les disuaden de crecer.

Hace falta un gran acuerdo político y social para conseguir empresas más grandes sin por ello abandonar a los emprendedores y las pymes. Crear una estructura empresarial más sólida, que compita mejor, innove, exporte y cree más empleo. Y eso pasa por tener más empresas grandes y medianas, menos autónomos y pymes. Porque el tamaño importa y mucho.