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lunes, 17 de mayo de 2021

La generación de las 2 crisis

La generación nacida entre 1985 y 1995 tiene la maldición de ser la única en el último siglo que ha vivido 2 grandes crisis, la de 2008 y la pandemia. Y por eso viven peor que sus padres, pero sólo en la Europa del sur: en Alemania viven mejor, según un estudio reciente. Esta generación, entre 26 y 36 años, es “la pagana” de las dos crisis y eso ha afectado a su empleo, precariedad, bajos ingresos y problemas para emanciparse y crear una familia. Y ha cambiado la política en el sur de Europa, porque desconfían más de la democracia y son pasto de la apatía y el radicalismo de populistas y la extrema derecha. Urge tomar medidas, por ellos (quizás sea tarde) pero sobre todo para evitar que la siguiente generación, los nacidos entre 1995 y 2005, sean otra “generación perdida”. El Plan de Recuperación contempla inversiones europeas para crear empleo y oportunidades a los jóvenes. Hay que ofrecerles una salida ya.

Enrique Ortega

Europa se construyó, tras la II Guerra Mundial, gracias a un pacto político, económico y social entre democristianos y socialdemócratas que buscaba conseguir un alto crecimiento y repartirlo con potentes Estados del bienestar. Y funcionó: Europa tuvo tres décadas de fuerte crecimiento (“los treinta gloriosos”, entre 1945 y 1.973) y las generaciones europeas de postguerra vivieron “mejor que sus padres, una tras otra. Pero a mediados de los 70 empezaron las crisis, primero del petróleo, luego de las divisas y la deuda, enfriando el crecimiento y, sobre todo, repartiéndolo peor, por el auge de los neoliberales (Thatcher y Reagan), la reunificación alemana (que pagó toda Europa) y el recorte generalizado del Estado del bienestar. Y en 2008 estalló la crisis financiera, que en la Europa del sur se amplió con la crisis de la deuda, hasta 2013. Y tras sólo 6 años de débil recuperación, saltó una segunda gran recesión, por la pandemia, la mayor del último siglo. Con todo ello, el pacto político y social que alumbró la mejor Europa se ha derrumbado.

Las dos crisis han afectado duramente a todos los europeos, pero los grandes “paganos” han sido los jóvenes, que han visto caer y precarizarse su empleo, aumentar su paro, rebajar sus ingresos y no poder acceder a una vivienda y a crear una familia, obligados a vivir con sus padres hasta pasados los 30 años. Y con ello, la generación nacida entre 1985 y 1995, los que tienen ahora entre 26 y 36 años, “viven peor que sus padres”, algo que no sucedía en Europa desde antes de la II Guerra Mundial. Pero no pasa en todos los paises. Viven” peor que sus padres” los jóvenes de la Europa del sur, porque en Alemania y la Europa del norte, esa misma generación vive mejor que sus padres, según el estudio “La generación de la doble crisis”, elaborado por Esade y la Friedrich Naumann Foundation. Y eso, porque la crisis de la deuda (2010-2013) y los recortes impuestos a Grecia, Portugal y España han dañado más a los jóvenes del sur de Europa.

En España, los datos oficiales revelan con claridad que los jóvenes han sido los principales “paganos” de las 2 últimas grandes crisis. Por un lado, perdiendo más empleo. Entre junio de 2008 y marzo de 2014, España perdió 3.696.300 empleos, una caída del -17,90%, según la EPA. Los jóvenes de 16 a 19 años perdieron 251.500 empleos (-77,7%), los de 20 a 24 años otros 894.500 (-58,48%) y los de 25 a 29 años perdieron 1.198.400 empleos (-43,18%). En total, los jóvenes de 16 a 29 años perdieron con la crisis de 2008-2013 un total de 2.344.400 empleos (-50,65%), casi dos tercios de todo el empleo perdido en España.

Y al llegar la recuperación, en marzo de 2014, los jóvenes también se aprovecharon menos del mayor crecimiento conseguido hasta finales de 2019. Si España recuperó en estos casi 6 años un total de 3.016.300 empleos (+17,79%), un 81,6% del empleo perdido, los jóvenes de 16 a 19 años recuperaron 74.400 empleos (el 29,58% de los perdidos), los de 20 a 24 años otros 272.000 empleos (el 30,4% de los perdidos) y los de 25 a 29 años recuperaron 141.800 empleos más (el 11,8% de los perdidos). Así que en conjunto, los jóvenes de 16 a 29 años sólo recuperaron el 20,84% de los empleos perdidos.

Y en esto llegó la pandemia, con la mayor recesión del último siglo. Y otra vez se ha cebado sobre los jóvenes, sobre una generación que todavía no se había recuperado de la anterior gran crisis. Así, entre diciembre de 2019 y marzo de 2021, España ha perdido 760.000 empleos (casi la quinta parte que en la crisis anterior, por los ERTEs y las ayudas públicas), un -3,8% del empleo que había al final de la recuperación, según la EPA. Pero los jóvenes de 16 a 19 años han perdido 65.800 empleos (-44,91%, casi 12 veces más), los de 20 a 24 años han perdido otros 145.500 empleos (-16,06%, cuatro veces más que la media) y los de 25 a 29 años perdieron otros 131.900 empleos (-7,6%, el doble que el país). En conjunto, los jóvenes españoles de 16 a 29 años han perdido con la pandemia 343.200 empleos, casi la mitad (el 45,15%) de todos los empleos perdidos en los últimos 15 meses en España.

Esta mayor pérdida de empleo con las dos crisis se ha traducido también en un mayor paro, porque si antes les resultaba difícil encontrar trabajo, ahora, con la pandemia les cuesta mucho más. Veamos el salto del paro juvenil tras las dos crisis. Si el paro en España saltó del 9,3% en febrero de 2008 al 26,2% en julio de 2013 (+16,9%), el paro juvenil (menores de 25 años) subió del 23% en 2008 al 56,2% en 2013 (+33,2%, el doble de aumento que el paro total). Y aunque bajó el paro juvenil con la recuperación, todavía estaba en el 32% a finales de 2019. Ahora, con la pandemia, volvió a subir hasta el 37,7% en marzo de 2021, la tasa de paro juvenil más elevada de toda Europa, más del doble que la media de la UE-27 (17,1% de paro juvenil) y 6 veces el paro que tienen los jóvenes en Alemania (6%), según Eurostat.

Está claro que las dos crisis se han cebado más en los jóvenes en España y también en la Europa del sur (Grecia, Portugal e Italia), que ya sufrió mucho más la crisis financiera y de deuda de 2008 y que también está sufriendo más la recesión de la pandemia, por el gran peso del turismo y los servicios, donde los jóvenes tienen un mayor peso que los adultos. Esto, más los recortes de la última década y el menor gasto en políticas sociales y formación, explican que la generación de las 2 crisis, los nacidos entre 1985 y 1995, vivan ahora “peor que sus padres”, según el estudio de Esade y la Fundación Naumann. Estiman que esta generación ha perdido entre 1.000 y 2.000 euros de ingresos al año y que al llegar a los 33 años, han conseguido unos 13.000 euros menos de patrimonio que sus padres. Y esto les provoca no poder comprar una vivienda, emanciparse ni formar una familia.

Pero, ojo, el estudio revela que esto ha sucedido con los jóvenes del sur de Europa, en concreto los jóvenes de España, Italia y Portugal, donde la generación post crisis (nacidos entre 1985 y 1995) “vive peor que sus padres”. Pero en Alemania (y la Europa del norte) no ha pasado esto: la generación post crisis alemana (los jóvenes de 26 a 36 años) “vive mejor que sus padres” (igual que sus padres vivían mejor que sus abuelos): han conseguido acumular un patrimonio 40.000 euros mayor que sus progenitores. Y eso, porque sufrieron menos la crisis financiera y de deuda de 2008-2013, no les alcanzaron los ajustes y tienen una economía robusta y más saneada que ha aguantado mejor la pandemia.

El estudio revela con múltiples datos que la generación post-crisis (nacidos 1985-1995) de la Europa del sur tiene unas menores tasas de empleo y menores ingresos que la generación anterior pre-crisis (nacidos entre 1975 y 1984), que tienen menos patrimonio acumulado, menos viviendas en propiedad y más dependencia del alquiler, tardan más en emanciparse y formar una familia, lo que provoca una fuerte caída de la natalidad. Y este retraso en el nivel de empleo e ingresos no lo recuperan, frente a la generación pre-crisis, hasta los 33 años, lo que les retrasa construir su proyecto vital. Y más entre los jóvenes con menos formación.

Esta lamentable situación de la generación post-crisis en el sur de Europa explica muchas cosas, según detalla el estudio. La primera que estos jóvenes, pasados por “la trituradora” de dos graves crisis, tienen una percepción muy pesimista de las oportunidades que les ofrece la sociedad, al contrario que sus padres y abuelos, que confiaban en vivir cada vez mejor. La percepción sobre las oportunidades de trabajo que tienen por delante es de 5 sobre 10 en España y Portugal y de 4,1 en Italia, frente a 7 puntos en Alemania. Y eso nos lleva al siguiente punto que refleja el estudio, asentado en encuestas a jóvenes europeos post-crisis: creen que tienen una falta de oportunidades, están insatisfechos con la democracia (en España le dan una nota de 4,75 sobre 10, frente al 4,1 que puntúan italianos y portugueses) y defienden una mayor redistribución, para no ser “los paganos de todas las crisis”.

Esta ruptura del gran pacto político económico y social europeo de postguerra (“vivir mejor que nuestros padres”) ha provocado también una ruptura del mapa político europeo, del bipartidismo tradicional (democristianos y socialdemócratas, “aderezados” con liberales), alejando a los jóvenes post-crisis de la política y acercándoles a nuevas opciones políticas, ligadas al populismo y la extrema derecha, según revela el estudio. Sólo Portugal se salva de la ruptura del viejo sistema institucional, mientras Italia sufrió una primera ruptura en los años 90 (con Berlusconi y Matteo Renzi) que se ha agravado en la pasada década (con la irrupción de la Liga norte, de extrema derecha, y el Movimiento populista 5 estrellas). Y donde se ha puesto más en cuestión tras las dos crisis el viejo consenso institucional, según el estudio, ha sido en Grecia (irrupción de la izquierdista Syriza y la ultraderecha de Amanecer Dorado) y en España, con la irrupción de Podemos (2011) y Vox (2013). Partidos radicales a los que votan más los jóvenes de la generación post-crisis que la generación pre-crisis, según el estudio.

Hasta aquí, el tremendo panorama de una generación (1985-1995) que ha sufrido dos graves crisis, que trata de sobrevivir en la treintena. Pero ahora, tenemos delante otro problema: la falta de oportunidades de la generación siguiente, los nacidos entre 1995 y 2005. Y sus perspectivas son aún peores, según revela un reciente informe del Banco de España. Tienen un serio problema educativo (con un 29% de alumnos repetidores, una tasa de abandono escolar del 16% y un sistema educativo que no les forma para trabajar) y un grave problema de inserción en el mercado laboral (les resulta muy difícil trabajar en lo suyo) y de precariedad en el empleo (54% con contrato temporal). La consecuencia es que hay un 36% de jóvenes sin ingresos (frente al 19,5% en toda la población) y los sueldos de los que trabajan apenas llegan a los 1.000 euros, con lo que se repite el drama de la generación anterior: no pueden acceder a una vivienda, viven con sus padres (a los 26 años, el 87%) y no pueden pensar en formar una familia ni tener hijos (la natalidad cayó un 20% en enero de 2021).

Y además de cargar con este negro presente, el informe del Banco de España les augura un futuro muy gris, porque esta última generación de jóvenes va a tener que afrontar el pago de la deuda pública que les dejamos en herencia tras dos crisis, 1,5 billones de euros (120% del PIB), cuyos intereses y principal tendrán que pagar en los próximos 30 años, con sus impuestos. Y otra hipoteca más: tendrán que pagar las pensiones a los 15 millones de jubilados que tendrá España en 2050, sin saber qué pasará con las suyas. Y además, los salarios de la “generación millenials” (16-36 años) se verán lastrados a la baja durante los próximos 15 años, aunque la economía se recupere, según otro informe de Fedea.

Por eso, el Banco de España y muchos expertos coinciden en que hace falta un pacto generacional, para repartir mejor los costes de estas dos crisis y para dar más oportunidades a los jóvenes en la esperada recuperación, ya que en la anterior se beneficiaron más los más adultos y mayores. El informe de ESADE y la Fundación Naumann propone cuatro vías de actuación. Una, reorientar el Estado del Bienestar y las ayudas sociales, para mejorar la formación, la empleabilidad, la vivienda y la emancipación de los jóvenes. Dos, una política laboral que no les precarice. Tres, garantizarles la posibilidad de formar una familia, facilitando el trabajo de las mujeres jóvenes. Y cuatro, garantizar un sistema de protección social sostenible, que garantice las pensiones sin desatender a los jóvenes.

La pandemia podría ser una oportunidad para volver al pacto político, económico y social de la postguerra en Europa, para garantizar que las futuras generaciones “viven mejor que sus padres”. Una vía es destinar gran parte de los Fondos europeos a garantizar la formación, el empleo y las condiciones de vida de los jóvenes, sobre todo en la Europa del sur. De momento, el Plan de recuperación propuesto por España incluye gastar 765 millones en tres años (2021-2023) en un programa de empleo joven, un programa de primer trabajo en la Administración pública y un programa para el empleo de jóvenes investigadores. Y además, seguir con la Garantía Juvenil en 2021-2027 (ofrecer formación o empleo) y darles prioridad en las reformas de las políticas de empleo y en la modernización y digitalización de la economía.

Es un comienzo para intentar revertir una situación que viene de lejos y que debería darnos vergüenza como sociedad. Se ha medio perdido una generación (1985-1995) y no podemos permitir una nueva “generación perdida” (1995-2005). Tenemos que poner a estos jóvenes en el centro de nuestras prioridades económicas y sociales, en el centro de todas las políticas públicas. Sólo así podrán integrarse en la democracia y ayudarnos a construir un país con futuro. Hay que volcarse con nuestros hijos y nietos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Europa : calderilla contra la recesión

Un fantasma recorre Europa, el fantasma de la recesión. Una amenaza que ya está aquí: las principales economías, desde Alemania a España pasando por Italia, Francia o Reino Unido, han decrecido en el último trimestre de 2011.Y el FMI pronostica que Europa caerá en 2012, superando los 25 millones de parados. Este negro panorama ha hecho que la última Cumbre europea haya hablado de crecimiento y de empleo, por primera vez en dos años y 17 Cumbres. Un mínimo avance, ya que los dirigentes europeos se han centrado en aprobar una reforma de los Tratados para prohibir el déficit público en las Constituciones y sólo han dedicado palabras y los restos de los Fondos estructurales a crear empleo. Frente a la recesión, más ajustes y ni un euro nuevo para el empleo.

enrique ortega
Algunos llevamos más de un año diciendo que por el camino de los recortes, impuestos por Merkozy y los conservadores de Bruselas, Europa acabaría estancada y en recesión. ¡Que viene el lobo¡. Y aquí está: España decreció un 0,3% en el cuarto trimestre de 2011, como Alemania (-0,25%), Gran Bretaña (-0,2), Italia, Francia y por supuesto, Grecia y Portugal. Y lo peor: el FMI ha pronosticado que la Europa del euro decrecerá -0,5% en 2012, con caídas fuertes en España (-1,7%), Italia (-2,2%), Portugal y Grecia y crecimientos mínimos para Alemania (0,3%), Francia (0,2%) y  Gran Bretaña (0,9%), recesión que también continuará durante el año 2013 en España (-0,3%) y en Italia (-0,3%). Con ello, el paro en Europa superará los 25 millones de parados a fin de año, 5,8 millones de ellos en España.
Con estos datos sobre la mesa, los dirigentes europeos debían haber centrado la Cumbre de esta semana en cómo crecer y salir del agujero, en cómo crear empleo. Pero no, sólo han hecho declaraciones grandilocuentes a favor del empleo, los jóvenes y las pymes y ni un euro nuevo para reanimar la economía. Sólo van a dejar que se adelante el gasto de los recursos no consumidos del Fondo Social Europeo 2007-2013, unos 22.000 millones, de los que 2.700 corresponderían a España. Servirían básicamente para programas de formación a parados, sobre todo jóvenes. Calderilla para un problema que afecta al 22% de los jóvenes europeos y al 48% de los españoles, que están en paro. Y la misma fórmula, utilizar Fondos estructurales no gastados (otros 60.000 millones), para financiar proyectos de pymes.
Poco y poco concreto. Lo que sí ha sido concreto es el acuerdo para consagrar el ajuste y la austeridad presupuestaria en la Constitución de los 27 (sólo lo rechazan Gran Bretaña y la República Checa): déficit máximo del 0,5% (Rajoy, en España, ha ido más lejos y ha aprobado el déficit cero, rompiendo el pacto constitucional con el PSOE). Y el que no lo cumpla, será sancionado por el Tribunal de Justicia Europeo con multas del 0,1% del PIB (1.000 millones € en el caso de España). Además, sólo los que rebajen el déficit podrán resguardarse bajo el paraguas del nuevo Fondo de Rescate europeo, todavía no aprobado.
El problema es que “hacer los deberes”, reducir el déficit público, es mucho más difícil con recesión, ya que bajan los ingresos y suben las necesidades. Merkel y los conservadores de Bruselas lo saben, pero no quieren suavizar los objetivos, bajar la guardia, aunque los ajustes nos estén llevando a la parálisis. Pero lo tendrán que hacer, porque la realidad es tozuda y muchos países no van a poder cumplir con el déficit del 4,4 % en 2012 y el 3% en 2013. El primero España, que tendría que recortar 38.000 millones en 2012 (o más si entramos en recesión), algo imposible. Tampoco podrán cumplir Grecia y Portugal y por eso han vuelto los ataques de los mercados con la deuda lusa. Y lo tienen muy difícil incluso Italia y Francia, a pesar de sus planes de recortes y aumento de impuestos.
Mal de muchos, podría forzar a Merkel y a los fundamentalistas de Bruselas a suavizar los recortes en la Cumbre de principios de marzo, ampliando un año los objetivos y dejando el 3% para 2014. Eso sería un alivio para unas economías en recesión, pero no resolvería el problema de fondo: hay que crecer y crear empleo. Y sobre todo, lo necesita la Europa del sur, en especial España, que tiene el doble de paro: 22,9% frente al 10,3% de la UE (y el 5,5% de Alemania o el 4% de Austria). Estamos en una situación insostenible, que exige medidas para reanimar la economía europea y española, fomentando el empleo con urgencia, no seguir con los recortes que nos han conducido a la recesión.
Esto pasa por hacer un Plan Marshall en Europa, movilizando recursos públicos para fomentar la contratación, rebaja de cotizaciones, formación, I+D+i, infraestructuras y educación, como ha hecho Obama en EEUU. Hay que mejorar la liquidez y el crédito, para que haya más financiación y más barata. Y los países del norte, con Alemania a la cabeza, tienen que fomentar su consumo y sus importaciones, para tirar de la Europa del sur. Y del resto del mundo, preocupado porque la recesión en Europa nos meta en una recesión mundial.
Los líderes europeos no acaban de ver las orejas al lobo y mira que está cerca. Se han vuelto de Bruselas con su mensaje de austeridad y la palabrería del empleo. Pero ya no sirve. La recesión avanza y basta con ver nuestras tiendas, nuestros bares, nuestras empresas: no hay demanda, no hay ventas. No es un tema de reforma laboral, ni financiera. Es un tema de confianza en el futuro, de decisión para que la política tire de la economía, de medidas de estímulo y no más recortes. Porque el malestar social es creciente, como han visto los líderes europeos con la huelga general en Bélgica. Y ya hay 115 millones de pobres en Europa. Por este camino, vamos de ajuste en ajuste hasta el fracaso final. Los 6 millones de parados.

domingo, 24 de julio de 2011

Europa salva el euro a medias

La Cumbre del euro de este jueves ha sido más efectiva de lo esperado. Europa ha visto las orejas al lobo y los pasajeros de primera clase (Francia y Alemania) han visto tan cerca el hundimiento del euro (el Titanic) que han aceptado medidas que llevaban año y medio rechazando, la última vez en la Cumbre de junio. De entrada, se le da un respiro a Grecia (también a Portugal e Irlanda) para que paguen su deuda, con algún coste para los bancos. Y se utiliza al Fondo de rescate como fuerza de choque para defender a la Europa del sur de la especulación de los mercados, que de momento han plegado velas. Pero los líderes europeos se han quedado a medio camino y no han avanzado en crear la deuda y el Tesoro europeos. Y no reaniman la economía de la UE, que apenas crece. Y así no se sale de la crisis.
Europa sólo parece reaccionar cuando se encuentra el borde del precipicio. Y las últimas dos semanas, el euro ha estado al borde de la ruptura. A las tensiones sobre la deuda de Grecia, Portugal e Irlanda, habituales en el último año, se sumó un grave encarecimiento de la deuda española y algo inédito: los ataques a Italia, uno de los cinco fundadores de Europa. Y para colmo, los seguros de la deuda francesa llegaron a duplicar a los de la deuda alemana. Era la luz roja definitiva. Merkel y Sarkozy, acompañados del presidente del BCE, estuvieron hasta la madrugada para acordar las medidas de urgencia que llevaban año y medio sin aceptar. Y el jueves, a los demás sólo les quedó hacer el paripé y firmar.
La primera decisión ha sido dar un respiro a Grecia, para evitar que suspenda pagos. Para ello, la UE y el FMI le van a prestar otros 109.000 millones de euros, a devolver en más plazo (un mínimo 15 años y hasta 30, frente a los 7,5 años del Plan de ayudas 2010) y con menos interés (3,5% en vez del 5). Además, Merkel salva la cara ante sus contribuyentes y logra que Francia y el BCE acepten que la banca privada acreedora de Grecia también ayude, aportando otros 50.000 millones, de una de estas tres formas: canje de la deuda actual por otra con otras condiciones (menos tipo), ampliación del plazo de devolución de la deuda actual y recompra por Grecia de la deuda que tienen las entidades. Al final, les supondrá una pérdida media (quita) del 21%, pero los principales bancos europeos (BBVA entre ellos) ya lo han aceptado. Mejor eso, dar un respiro a Grecia, a que suspenda pagos y no cobrar.
Bruselas acuerda también bajar los tipos y ampliar los plazos para que Irlanda y Portugal devuelvan mejor los créditos de la UE y del FMI. Pero Sarkozy dice que implicar a la banca privada ha sido una excepción sólo para Grecia, aunque Merkel no ha sido tan radical. La realidad es que si ambos países siguen estancados, sin crecer, no podrán pagar y habrá que repetir el esquema griego: más facilidades de la banca privada si quieren cobrar.
Otra decisión importante ha sido dotar a Europa de armas para defender la deuda de los países atacados por los mercados. Para ello, se permite que el Fondo europeo de rescate (dotado con 440.000 millones de euros) pueda hacer tres cosas básicas: comprar deuda en el mercado secundario (para que no caiga), dar créditos a los países atacados para defenderse (sin tener que pasar por la humillación de pedir un rescate) y dar ayudas para recapitalizar los bancos con problemas por tener deuda de países atacados (caso de los bancos griegos si las agencias bajan el rating de Grecia por este acuerdo). Tres medidas que son una respuesta eficaz al pulso a los mercados, ahora más calmados.
En resumen, se trata de dar oxígeno a Grecia, Irlanda y Portugal (con algún coste para la banca, que les prestó sin tino) y defender la deuda de los países atacados por los mercados, lo que beneficiará a España. Si estas dos decisiones se hubieran tomado en mayo de 2010, Europa se hubiera ahorrado muchos disgustos y los ciudadanos de Grecia, Irlanda, Portugal y España no habrían sufrido en sus carnes ajustes tan duros. Además, no habríamos estado año y medio pagando un coste extra por la deuda, más de 15.000 millones, que se han llevado los especuladores. Y los bancos y las empresas no tendrían tantos problemas para financiarse, invertir y crear empleo. Es el coste de año y medio de parches, nacionalismos egoístas e indecisiones de los dirigentes europeos, con Merkel y Sarkozy a la cabeza.
Ahora, han avanzado, pero se quedan a medio camino. No han decidido la creación de una Agencia europea de rating, que se enfrente al chantaje de las tres hermanas (Mody´s, Standard &Poors y Finch). No han hablado de emitir deuda europea, la solución definitiva para evitar las tensiones (como en EEUU, con estados, como California, en quiebra), algo que no quiere Alemania, porque pagaría más con la deuda común. Y no quieren ni hablar de un Tesoro único europeo, el único instrumento de intervención rápida que tienen 15 países para defenderse juntos sin toda la burocracia y lentitud actual.
Y sobre todo, los dirigentes europeos (casi todos conservadores) no han hablado de reanimar la economía europea, de un Plan Marshall no para Grecia, sino para Europa. De acabar con la política de recortes y reactivar selectivamente la economía (lean este artículo del Nobel Krugman). Media Europa, sobre todo la del sur (incluso Francia), está estancada. Y en lugar de reanimar la actividad, como ha hecho EEUU, promoviendo la inversión y el empleo, se deja que el BCE suba los tipos (y lo volverá a hacer). Habría que lanzar un mensaje no sólo a los mercados, sino a los ciudadanos: vamos a tomar medidas para salir de la crisis, para crear empleo. Pero no. Esperarán otro año más, a que la Europa del sur no vea una salida, a que los ciudadanos se indignen más, a que los mercados vuelvan a la carga. Y quizás entonces hagan algo. Otra vez tarde.

miércoles, 29 de junio de 2011

El problema es Europa, no Grecia

Se repite la historia de marzo con Portugal. La última Cumbre europea ha dejado a Grecia a los pies de los mercados, forzando al país a un nuevo ajuste, aún más duro, a cambio de nuevas ayudas muy condicionadas. Trece meses después de estallar la primera crisis de la deuda, en mayo de 2011, sigue la inestabilidad  en los mercados y los tres países intervenidos están peor que antes, pagando cada vez más por financiarse, sin crecer y en medio de una grave crisis social. Y España, con un año largo de ajuste duro, sigue presionada por los mercados y tampoco crece ni mejora. El problema no son los países periféricos, sino la errónea política adoptada por los conservadores de Bruselas, injusta e ineficaz. La crisis seguirá.

La última Cumbre europea, del 23 y 24 de junio, ha sido una encerrona a Grecia, como lo fue la Cumbre de marzo con Portugal. En la tarde del jueves, antes de la cita oficial, el presidente del Consejo europeo, Van Rompuy, acompañado de Merkel, Sarkozy y Trichet (presidente BCE), convocó en su despacho al presidente Papandreu para darle un ultimátum: no habría un euro para Grecia si no había garantías de que gobierno y oposición aprobaban un nuevo Plan de ajuste. Primero, la aprobación del Parlamento heleno y luego los 12.000 millones pendientes de entrega del primer Plan de rescate (110.000 millones), que Grecia necesita para pagar su deuda en agosto. Y sólo así se aprobaría en julio un segundo Plan de rescate (100.000 millones, pero poco de ello dinero nuevo).
En paralelo, los Gobiernos europeos se reunían con sus bancos para “pedirles” que echaran una mano a Grecia. Merkel y Sarkozy habían comprendido, tras un año de desgaste, que si Grecia suspendía pagos, iban a tener que pagarlo sus contribuyentes y ellos en las elecciones. Y que la salida era que los bancos e inversores, sobre todo alemanes y franceses (que tienen el 50% de la deuda griega), y el BCE, dieran una tregua a Grecia: renovar la deuda que vence, al menos otros cinco años, en vez de exigir su cobro, como garantía de que algún día la cobrarán. Y mientras, garantizarse el pago de intereses, el doble de los habitualesAbrir algo la mano o forzar las condiciones y no cobrar.
A cambio, Bruselas exige a Grecia un nuevo plan de ajuste, para que recorte gastos y libere 28.300 millones para pagar los intereses de la deuda y no aumentarla. Un durísimo Plan que pasa por el despido de 150.000 funcionarios (1 de cada 4), recorte de sueldos (15%) y pensiones (10%), y un fuerte aumento de impuestos para la inmensa mayoría de griegos. Y un plan de privatizaciones, para ingresar otros 50.000 millones, en el que ya están “pescando” empresas alemanas (Deutsche Telecom, Fraport) y de otros países europeos.
Este nuevo Plan de ajuste va a agravar la crisis económica griega, como los anteriores, que han provocado una recesión (-4,5% PIB en 2010 y -3,5% en 2011), un  paro del 16 % y una caída de rentas (al 89% de la renta UE), con el consumo y la inversión por los suelos. Es lo que ha pasado con Irlanda y Portugal: los planes de ajuste han empeorado la economía, han encarecido los intereses y ven cada día más difícil pagar su deuda. Incluso España, con un año largo de duro ajuste, está pagando un 1% más por la deuda (5,64%) que en mayo de 2010: son 12.400 millones más de gasto para el Presupuesto, se encarece la financiación de bancos y empresas y se dificulta la recuperación y el empleo (deuda 1% más cara = 160.000 empleos).
Las recetas de los conservadores de Bruselas son injustas e inútiles y han hecho perder 13 meses a Europa y muchos millones de euros, que han ganado los especuladores. Hay que ir por otro camino. La clave es admitir que ni Grecia ni los demás países periféricos son los culpables de la crisis: se debe al excesivo endeudamiento, propiciado por los bancos europeos, que se lanzaron a prestar sin tino hasta 2008. Y ahora quieren imponer unas condiciones leoninas a sus deudores. Grecia es un desastre de economía, pero no es la única culpable de tener 320.000 millones de deuda. Y todos saben que no podrá pagarla tal cual.
Por eso, lo primero es renegociarla, ajustar plazos y tipos de interés, flexibilizarla para que puedan pagarla, lo mismo que Portugal o Irlanda. La banca tiene que pagar su parte de esta crisis que ayudó a crear. Y eso va mucho más allá de lo que han aceptado esta semana los bancos franceses y alemanes.Hará falta también emitir deuda europea y un mayor protagonismo del BCE y de Bruselas ante el FMI (que ha llevado la iniciativa en la crisis griega) y ante los mercados (no dejarles que fijen su ley). Y en paralelo, ayudar a estos países a reanimar sus economías, con planes europeos de inversiones, con ayudas estructurales, con políticas sensatas, no con duras políticas de ajuste que van a matar al enfermo en vez de curarlo y a crear una grave fractura social en el sur de Europa.
Pero este camino no interesa a la Europa rica del norte, que ya ha salido de la crisis y que no quiere gastar un euro más en la Europa del sur, con la que se hicieron más ricos sus bancos e inversores. Y eso es lo que representan Bruselas y los gobiernos conservadores de 23 de los 27.Pero no es una cuestión ideológica, sino económica y práctica: por este camino, el de los últimos 13 meses, los países con problemas estarán cada vez peor, los mercados seguirán nerviosos y harán falta nuevas ayudas a cambio de más recortes. Y se condena a una serie de países a una década de atraso y estancamiento, abriendo una peligrosa brecha social y política, con millones de indignados. Hasta que el sistema estalle porque la crisis llegue a un país grande, España o Italia. Está en juego el euro y Europa. Reaccionen y prueben otro camino.

domingo, 27 de marzo de 2011

Una Europa a dos velocidades

La Cumbre Europea del 24 y 25 de marzo ha dejado a Portugal a los pies de los mercados, sin ayuda y con exigencias. Merkel ha vuelto a imponer su voluntad y se aplaza hasta junio la reforma del Fondo de rescate, a la espera de que los países hagan sus deberes y sus ajustes. Zapatero ha vuelto a ser un alumno aventajado y ha presentado a Bruselas un tercer catálogo de medidas. La principal, que va a recortar el gasto público por Ley, lo que se suma a la obligación de que la Unión Europea dé el ok previo a los Presupuestos de 2012. La Cumbre ha aprobado el Pacto del Euro, por el que 23 países aceptan las recetas económicas impuestas por Merkel y los conservadores europeos. Unas recetas que obligan a un duro ajuste a los países del sur, que van a crecer poco y no van a crear empleo, mientras los del norte crecen y exportan. Una Europa a dos velocidades, con un alto coste para los más débiles.
Portugal vuelve de la Cumbre de Bruselas sin apoyo de sus socios europeos ante la durísima presión de los mercados. No les preocupa que caiga, incluso parecen provocarlo al hablar el presidente del Eurogrupo de que el rescate podía cifrarse en 75.000 millones de euros. Pero  han dejado claro que “gobierne quien gobierne en Portugal, tendrá que hacer recortes”. Es un mensaje claro a los portugueses: da igual a quien votéis en las próximas elecciones, porque la política la dictamos en Bruselas. Es precisamente este mensaje, el hecho de que Sócrates informara antes a la Comisión que a su Parlamento del cuarto Plan de ajuste el que le ha forzado a dimitir. Porque si es por recortes, Portugal ya no puede hacer más de los que ha hecho. ¿Y para qué? Para llevar seis meses desangrándose en los mercados. Y todo porque Merkel y la Comisión no resuelven el problema de fondo, como tampoco lo hicieron antes con Grecia e Irlanda: hacer un frente común ante los mercados, establecer un Fondo de rescate flexible, que compre deuda y ayude de verdad a los países en dificultades.
El problema de fondo es que Merkel y la mayoría de conservadores que gobiernan en Europa quieren hacer cargar la crisis de la deuda sobre los países deudores, sin reconocer su parte de culpa, la de los países y los bancos (como los alemanes), que han prestado alegremente y han provocado también la burbuja de esta crisis. Y así, en lugar de buscar una solución conjunta, que pasaría por renegociar la deuda, tipos y vencimientos, han querido salvar sus bancos a costa de los países deudores. Y les imponen unos planes de ajuste de caballo que van a dificultar su salida de la crisis y el propio pago de la deuda (lean este  artículo : "El error Merkel", de Antón Costas).
España ha conseguido una tregua con los mercados, pero es sólo algo temporal. Si cae Portugal o si los especuladores aprecian la más mínima duda en Bruselas o en Madrid, volverán a oler sangre y a conspirar contra la deuda. Sobre todo hasta junio, cuando se espera aprobar los cambios en el Fondo de rescate, que ya serán tardíos e insuficientes. Mientras, lo que si se ha aprobado es el Pacto del Euro, que obliga a los países a presentar en abril unos Planes para aplicar las recetas económicas impuestas por Merkel y los conservadores de Bruselas: recorte de déficits y deuda, salarios ligados a la productividad, saneamiento de la banca, recorte de la edad de jubilación y reformas en los sistemas de protección social.
Zapatero, siempre haciendo méritos, no ha querido esperar y ha sido uno de los cuatro países (junto a Alemania, Francia y Bruselas) que ha presentado en la Cumbre un paquete de medidas para cumplir con el Pacto. Unas están en marcha, como el recorte de las pensiones, la reforma de las Cajas o el esperado acuerdo de negociación colectiva que modere los salarios. Entre las nuevas, la más importante es el anuncio de una Ley para recortar el gasto público, vinculándolo al crecimiento: tanto creces, tanto gastas. Una decisión por la que ningún Gobierno podrá hacer frente a una crisis gastando más, para luchar contra la recesión, como se ha hecho siempre desde Keynes. Y eso conlleva a que cualquier Presupuesto que apruebe el Parlamento tendrá que tener el visto bueno (previo) de Bruselas. Se acabó la autonomía de la política económica.
Otra medida anunciada es un Plan contra la economía sumergida. Pretende aflorar el empleo irregular, con un doble objetivo: reducir las cifras de paro y recaudar más. La idea es buena, pero hay que ir con cuidado: la economía sumergida (17% del PIB) ha crecido por la crisis y combatirla ahora puede llevar a que muchas empresas despidan a los ilegales  o cierren por no poder pagar cotizaciones o impuestos (sobre todo las pymes).
La Cumbre Europea se ha saldado con el triunfo de las políticas conservadoras en Europa y la idea de que los países del sur, manirrotos y poco competitivos, han de ajustarse para salir de la crisis. Pero no son España, Portugal, Grecia o Irlanda los que han  provocado esta crisis, sólo los que más la sufren. Y con los recortes que nos imponen, ayudados por los mercados, se reduce el consumo, la inversión y el crecimiento (no dejen de leer este artículo del Nobel Krugman : "La falsa ilusión de la austeridad"). No en vano, Alemania y la Europa del norte está creciendo y creando empleo mientras España y los países presionados por los mercados apenas van a crecer este año (en algunos,caerá el PIB) y van a perder empleo. Es el fruto de dar ricino a un enfermo que está en la UVI, en lugar de reanimarle. De nuevo, una Europa a dos velocidades, donde ha triunfado el ajuste a costa de los países más débiles. Así saldremos más tarde de la crisis, con un alto coste para la mayoría de los españoles. Esta no es la Europa que soñábamos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Menos mal que nos queda Portugal

Tras otra semana de infarto en la crisis de la deuda, a pesar del rescate de Irlanda, todo el mundo mira a Portugal y a España, como los próximos en “caer”. Portugal no es Irlanda: menos deuda, menos déficit, una banca bastante saneada y un Gobierno que ha hecho los deberes este viernes, aprobando un duro Presupuesto 2011 (menos gastos e inversiones, bajada de salarios, congelación de pensiones y subida de impuestos), que cuenta con el apoyo tácito (abstención) de la oposición. Pero los rumores interesados apuntan a que tendrá que ser rescatado por Bruselas. Pero si vuelve el baile, que volverá, Portugal no será un cortafuegos:  España es la gran pieza a cobrarse y los mercados tienen más que ganar con nosotros.
Ahora, a los inversores les sale más a cuenta especular con España porque nuestro mercado es más liquido(es más fácil entrar y salir) y mueve nueve veces más volumen que los de Irlanda, Portugal y Grecia juntos. O sea, se puede ganar (y perder) más. Los inversores especulan con España por tres caminos. Uno, vendiendo y comprando luego deuda pública por la que ya piden una rentabilidad del 5,2 % (un 30% más que hace mes y medio). Eso va a costarnos como país unos 2.000 millones más este año, que ellos se ganan. El segundo,  comprar un seguro (CDS) que protege de un posible impago de la deuda: cuando suena que van a rescatar a un país, el seguro sube (hasta un 53 % estas semanas) y ellos ganan. Y el tercero, entrar en Bolsa, pero apostando a la baja: piden prestado un valor, lo venden y al cabo de un tiempo lo vuelven a comprar para devolverlo. Si tomaron el BBV a 9 euros, por ejemplo, buscan que baje hasta 7,50, como ha pasado y lo recompran con euro y medio de beneficio. Todos los días, varios fondos agresivos juegan así con los bancos españoles y han hecho perder ya a 55.000 millones a la Bolsa española, a 4 millones de ahorradores.
A río revuelto, ganancia de especuladores. Es legal (mientras el G-20 no tome medidas) y no se puede poner puertas al campo. Máxime cuando España necesita colocar el año 2011 casi 200.000 millones de emisiones brutas de deuda, el doble que este año. La cuestión es cómo convencer a los inversores que es rentable comprarla más barata (o al menos, que no se encarezca más). Hacen falta hechos, no palabras. Hacerles ver que tenemos una política económica seria y que no les va a ser rentable especular contra España. Aquí, Europa podría echarnos una mano, si el BCE compra deuda española, para bajar los precios.
España no es Irlanda y hay datos que deberían calmar a los mercados, como que el déficit público ha caído a la mitad hasta octubre, que la deuda pública es más baja que la alemana (62% del PIB frente a 75%), aunque ha crecido mucho y que tenemos los bancos más saneados de Europa. Pero da igual. Los mercados saben que especulando contra España ganan el premio gordo. Pero la Unión Europea debe darse cuenta de que si cae España, se rompe el euro. Y los costes serían demasiado altos para todos (sólo la banca alemana tiene 136.000 millones de deuda española, otros 121.000 la francesa y 83.000 más la británica). Ahí es donde tendría que presionar Zapatero, aunque le falta peso político y credibilidad ante Merkel, Sarkozy y el BCE. Tendría más si la presión a Bruselas la hiciera de la mano de Rajoy, con un frente común para salvar la economía, que sería el mejor mensaje a los mercados.
Todo apunta a que Bruselas seguirá sin tomar decisiones firmes y unitarias para dar confianza y que en España, el debate político impedirá un frente unido para sacar adelante el país. Con ello, los mercados seguirán a lo suyo, a presionar para ganar más, y no habrá una tregua estable. Nos costará más financiar la deuda, los bancos y empresas sufrirán los efectos de un dinero más escaso y más caro, y se agravará la crisis. Un panorama que nos lleva, antes o después,  a nuevos ajustes, a más recortes, a menos crecimiento. Y a salir más tarde de la crisis.    

martes, 16 de noviembre de 2010

España y el efecto mariposa de la crisis irlandesa


Irlanda ha ganado tiempo esta noche en Bruselas, al rechazar solicitar formalmente la ayuda de la Unión Europea. Se ha resistido como gato panza arriba (antes tigre celta), pero al final ha tenido que aceptar el envío a Dublín de una de una misión de la Comisión Europea, el BCE y el FMI para discutir sobre la situación y el apoyo a los bancos irlandeses, que pueden necesitar otros 50.000 millones de euros de ayudas, además de las inyecciones de dinero ya recibidas del Gobierno irlandés (hasta 286.000 millones de euros, el 170% del PIB de Irlanda), que han  colocado el déficit público en el 32% de su riqueza.

 Ilustración: Enrique Ortega
Bruselas, una vez más, ha cerrado en falso la crisis, al dejar a Irlanda, un país con menos de 100 años de independencia, salvar la cara de la “soberanía” ante sus electores (al menos hasta que pasen las elecciones parciales del 25 de noviembre). Pero nadie pone en duda que habrá un plan de salvación o rescate para Irlanda, aunque la ayuda se venderá como créditos para salvar la banca. Al final da lo mismo, porque será el Estado irlandés (sus contribuyentes) los que tendrán que devolver los millones. Pero nadie da dinero sin condiciones (y menos Alemanía, que pondría la cuarta parte), así que Irlanda tendrá que anticipar y endurecer  su plan de ajuste previsto para diciembre: recortar más gastos y salarios y aumentar impuestos. 

Irlanda ha acabado aceptado un rescate de tapadillo  por la presión del Banco Central Europeo (BCE), que estaba manteniendo a los bancos irlandeses con inyecciones de liquidez que mantenían vivo al enfermo pero que se convertían en una burbuja peligrosa. Y sin liquidez, la banca irlandesa hubiera engordado aún más la pelota de la deuda de Irlanda, que ya nadie se atrevía a financiar (incluso al 8,36% de interés).Y eso era la quiebra del país.Ahora, milagros de la economía, Gran Bretaña quizás también aporte dinero al rescate de Irlanda, cuando no quiso ni oír hablar de participar en el rescate de Grecia. Claro que aquí, es el principal acreedor de Irlanda y sus bancos están contagiados por el virus celta.
La Unión Europea ha sido incapaz de lanzar un mensaje firme y claro a los mercados, con lo que refuerza la falta de liderazgo de una región que apenas crece, sin cohesión política y económica, incapaz de aprobar su Presupuesto para 2011(han prorrogado el de 2010). Y han sentado un grave precedente : si han sido capaces de dejar pudrirse la situación en Irlanda (haciendo ganar más dinero a los especuladores de bonos), se puede repetir la jugada en otros países.
Mientras se concreta el plan de ayuda para Irlanda, las miradas se centran ahora en Portugal, que tiene todas las papeletas para abrir el próximo “baile”, a pesar de que ha aprobado ya dos paquetes de ajuste y un duro Presupuesto para 2011 que ha contado con el apoyo tácito(abstención) de la oposición. Portugal no es Irlanda, su agujero fiscal es menor y la banca no está tan tocada, pero al final, si se les encarece la deuda (ahora la colocan al 6,95 % frente al 8,36% de Irlanda y el 4,60% de España), el proceso de deterioro puede ser muy rápido. Y España es el primer acreedor de Portugal, con 6.500 millones de euros.

Al final, España no es Irlanda ni Portugal, pero la crisis de la deuda nos afecta de lleno. De entrada, además de la caída de la Bolsa (que afecta a 4 millones de accionistas), esta crisis ya está encareciendo el dinero al Estado (deuda pública), a las empresas y a los particulares, con lo que el crédito va a ser aún más escaso y costoso. Además, si el euro se debilita, nos costarán más las importaciones y pueden subir la energía y muchos precios. Y todo ello será una zancadilla para el crecimiento y el empleo. Pero lo peor es que si la tormenta europea no amaina y seguimos en el punto de mira, Zapatero se verá obligado a presentar un ajuste adicional y hay pocos sitios donde hacerlo: seguro de paro, pensiones o sanidad.  Es el efecto mariposa de la crisis de Grecia e Irlanda. Que es la crisis del modelo europeo actual, incapaz de afrontar la crisis unidos y con decisión.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Irlanda: Una tregua inestable con España al fondo

Por si no tuviéramos bastante con la crisis de cada día, salta de nuevo la incertidumbre en los mercados financieros, con Irlanda de protagonista y España al fondo. ¿Qué está pasando?. Irlanda es el país de Europa con más déficit público (un 32 % de su riqueza), como secuela de la crisis y por haber destinado 50.000 millones de euros a salvar a sus bancos. Y lógicamente, los inversores o se deshacen de la deuda irlandesa o les piden casi un 11% por financiarles, cuando están comprando deuda alemana a 10 años al 2,5 % (a España nos piden el 4,5%). El riesgo es que Irlanda quebrara como país y tuviera que pedir ayuda al Fondo de Rescate europeo que se creó en mayo para salvar a Grecia (recibió 110.000 millones de euros en préstamos).

Pero esta semana, Alemania echó  más leña al fuego irlandés, al proponer que para el futuro Fondo de rescate europeo, a partir de junio de 2013, los acreedores privados que tengan deuda de un país con problemas asuman una quita de la deuda antes de que el país entre en el Fondo. O sea que si el inversor tiene deuda irlandesa por 100, sólo se le garantizaría cobrar por 70, por ejemplo. Los inversores y los mercados se pusieron de uñas y se lanzaron a vender deuda irlandesa o a prestar más caro a Irlanda (y de paso, a Portugal, Italia y España).
Los líderes europeos trataron de calmar los ánimos desde Seúl, pero Alemania volverá a la carga en diciembre, cuando se debata el nuevo Fondo, porque es el país que más paga: 120.000 millones de los 420.000 avalados por los 16 países del euro. Merkel, quizás con la ayuda de Sarkozy y Cameron, quiere lanzar un mensaje de dureza a los países “manirrotos” y a los que ganan dinero extra financiándolos: “no vamos a pagar los platos rotos”.
De momento, Irlanda no ha pedido ayuda a Bruselas y prepara un ajuste de caballo, con 15.000 millones de euros de recortes para diciembre. Irlanda no es Grecia: no necesita más dinero hasta el verano de 2011, su economía es más eficiente, pero es uno de los dos países del euro que decrece este año (-1,8%).El otro es Grecia (-4,5%).El tercero en este nefasto ranking es España, que sólo crece un 0,2 %. España no es Irlanda ni Grecia, tenemos mucho menos deuda y mucho menos déficit, pero formamos parte, con Portugal e Italia, de la otra Europa: la menos competitiva, la que menos crece, la que tiene un mayor agujero fiscal y comercial.
Y claro, los inversores, o no quieren prestarnos o nos prestan a un interés de usura. Y si cae Irlanda, el efecto contagio hará que España tenga que pagar mucho más por financiarse. Y eso, encarecerá el dinero para todos nosotros  y dificultará aún más la salida de la crisis. Pero no valen ya las frases de “España no es Irlanda”. Hace falta dar confianza a los inversores, con políticas económicas creíbles. Y hace falta que la Unión Europea sea un club unido, donde los más sanos salgan en ayuda de los más débiles. Ninguna de las dos cosas se cumple. Por eso estamos tan a merced de los mercados.