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jueves, 2 de mayo de 2019

Más ricos, más pobres y menos clase media


La OCDE ha lanzado la alerta: la clase media se reduce en todos los paises, a costa del aumento de ricos y pobres. Y España es el único país donde los que dejan de ser clase media han bajado a ser pobres. Detrás de esta pérdida de clase media, motor de la estabilidad económica y política, está su caída de ingresos, por el deterioro del empleo y los mayores gastos en educación, sanidad y vivienda. Y lo peor es que la clase media seguirá recortándose, mientras crecen los ricos y pobres, porque mucho empleo actual está en peligro por los cambios tecnológicos (en España más: el 24% de la clase media podría perder su empleo por la automatización). Las recetas de la OCDE son reformar los impuestos y ayudas públicas para compensar la desigualdad, mejorar la política de vivienda, sanidad y educación y apostar por una mejor formación de jóvenes y adultos. Si se pierde clase media, el futuro será más incierto


Ser “clase media ha sido el gran sueño de todos los europeos desde los años 60 y 70. Para muchas generaciones de españoles, formar parte de la clase media era su gran “aspiración vital”: tener un trabajo estable, una casa, un coche y una familia donde los hijos pudieran estudiar para estar más preparados que sus padres. Nadie quería ya ser “obrero” sino “clase media”, una “nueva clase social” que iba a acabar con la lucha de clases y que se convirtió, a finales del siglo XX y principios del XXI, en el motor de la economía y la estabilidad política en Europa y en España. Pero en esto llegó la gran Recesión de 2008 y todo se trastocó: los empleos y los ingresos dejaron de ser estables, el consumo se retrajo, la vivienda, la educación y la sanidad se encarecieron y los hijos empezaron a vivir peor que sus padres. Y muchos europeos y españoles dejaron de ser “clase media”, pasaron a ser “clase baja”.

Los recientes datos aportados por la OCDE (la organización que integra a los 36 mayores paises del mundo desarrollado) son muy ilustrativos: la clase media, que llegó a suponer el 70% de la población occidental en los años de bonanza, cayó al 64% en 1985 y ahora ha vuelto a caer al 61% de la población en 2016, según el informe “Bajo presión: la exprimida clase media”, publicado en abril. Se entiende por “clase media”, las familias que ingresan entre el 75% y el 200% de la renta media de cada país (entre 11.500 y 30.000 euros de media en la OCDE), lo que para España supone hoy ganar entre 12.911 y 34.488 euros, según Manuel Escudero, embajador de España ante la OCDE.

Con este baremo de ingresos, en España la clase media ha bajado al 58% de la población en 2016, un 3% menos que en Occidente, según el informe específico sobre nuestro país que adjunta la OCDE. Esto supone un retroceso sobre el dato de 2014, donde había un 61% de españoles que eran clase media, según el estudio de Luis Ayala publicado por la Fundación Alternativas. Y también un retroceso respecto al final del franquismo (en 1973, eran el 60,9%) y el inicio de la crisis (66,2% de clase media en 2010, según ese estudio).

España tiene ahora menos clase media que los principales paises europeos, donde los porcentajes más altos se dan en los paises nórdicos, paises del Este y Centroeuropa, según este ranking de la OCDE (datos 2016): Islandia (71,9% de clase media), República Checa (71,2%), Noruega (70,8%), Eslovaquia (69,5%), Holanda (69,4%), Dinamarca (69%), Hungría (68,4%), Finlandia y Francia (68,3%), Austria (67%), Polonia  (65,5%), Luxemburgo (64,7%), Suiza (64,7%), Alemania (64%), Japón (65%) e Italia (59%). Y tienen la misma clase media que España o menos Reino Unido, Canadá y Australia (58%), Rusia (53,1%) o EEUU (51%), así como China (48,2%), India (40,2%), México (44,9%) o Brasil (44,8%).

En la mayoría de los paises, ha bajado la proporción de clase media porque una parte han ido a engrosar a los más ricos (los que ingresan más del 200% de la renta media) y otra parte han pasado a ser pobres (ingresan menos del 75% de la renta media). Sin embargo, España es el país de la OCDE donde casi toda la clase media que se ha perdido (-3,7% entre 1985 y 2016) ha ido a alimentar la clase baja (+3,6%) y sólo una mínima parte (0,1%) han pasado a ser “ricos”. En Suecia (el país que más clase media ha perdido en los últimos 30 años: -7,4%), una parte cayó a la clase baja (4,1%) y casi otro tanto aumentó el porcentaje de ricos (+3,3%). En Alemania, donde la clase media ha caído un 5%, la mayoría han ido a engrosar la clase alta (+2,8%) y menos han pasado a ser clase baja (+2,2%). Y lo mismo en Estados Unidos: pierden un 4,3% de clase media, pero un 3,1% es porque pasan a clase alta y sólo un 1,2% pasan a clase baja. Y sólo tres paises OCDE han visto aumentar su clase media en los últimos 30 años: Dinamarca (+1,4%), Francia (+3,2%) e Irlanda (+3,9%), los tres porque han conseguido que familias de clase baja suban en la escala social.

Este es el panorama general, pero los jóvenes lo están sufriendo más en todos los paises, según el informe de la OCDE. Así, la generación “baby boomers” (nacidos entre 1942 y 1964) llegaba a ser clase media (a los 20 años) en un 68% en la OCDE y un 60% en España. Sus hijos, la “generación X” (nacidos entre 1965 y 1982) sólo consiguieron ser clase media en un 64% en la OCDE y un 58% en España. Y sus nietos, “los millenials” (nacidos entre 1983 y 2002), sólo llegan a ser clase media (al cumplir los 20 años) en un 60% en la OCDE y un 50% en España (por debajo del 58% de toda la población que es clase media). Eso significa que los jóvenes de hoy tienen un 10% menos de posibilidades de ser clase media que sus abuelos.

¿Por qué ha caído la clase media? Básicamente, porque ingresan menos con la crisis y tienen más gastos, según la OCDE. Lo que está pasando es que la clase media se beneficia menos que los ricos de la recuperación e incluso que los pobres (por el contrapeso de ayudas e impuestos). Así, en los últimos 30 años, los ingresos totales de la clase media han crecido un 33% menos que los ingresos del 10% más rico, según la OCDE. Y eso porque sus ingresos anuales han pasado de crecer el 1% (entre 1985 y 1995) al 1,3% (entre 1995 y 2006) y sólo un 0,3% anual entre 2007 y 2016, básicamente porque se han deteriorado sus empleos y sus sueldos con la crisis. Con ello, se ha acrecentado la desigualdad y ahora, el 10% más rico acumula ahora casi el 50% de toda la riqueza de los paises OCDE, frente a sólo el 3% el 40% más pobre y el 47% de la riqueza que se lleva la clase media.

Además de tener menos ingresos, la clase media ha deteriorado su economía porque ahora tiene más gastos, según detalla el informe de la OCDE. Y más gastos en 3 partidas que son claves para la clase media: la vivienda, la educación y la sanidad. El repunte de los precios de la vivienda ha hecho que si en 1995, el gasto en vivienda se llevaba la cuarta parte del gasto total de las clases medias (24% en España y 25% en la OCDE), en 2015 se lleva ya casi un tercio del gasto total (33% en España y 32% en la OCDE). Eso se traduce en un mayor esfuerzo para comprar un piso: si en 1995 suponía 7,4 años de ingresos, en 2015 suponía ya 10,2 años de media, según la OCDE. Lo mismo pasa con la educación: las familias de clase media han disparado su gasto en los estudios y másteres de sus hijos. Y también se gastan más en sanidad privada, como complemento del deterioro de la sanidad pública.

El resultado de este doble efecto (menos ingresos y más gastos) es que muchas familias de clase media tienen problemas para llegar a fin de mes, aunque la mayoría tengan 2 sueldos: en 24 de los 36 paises de la OCDE, 1 de cada 2 hogares de clase media tienen dificultades económicas (y son 2 de cada 3 en el sur de Europa). Y un 40% de los hogares de clase media no pueden hacer frente a “imprevistos”, lo que les obliga a endeudarse cada año más. Y todo esto lleva a que muchas familias de clase media se hayan “despeñado” a la clase baja entre 2007 y 2015: 1 de cada 7 hogares de clase media (14%) en la OCDE y el 20% en España, según el informe de la OCDE.

Ante este panorama, la clase media que todavía se sigue considerando como tal (aunque muchos, por sus ingresos, no lo sean) contempla el futuro con mucho pesimismo, sobre todo por sus hijos: un 60% de los padres occidentales temen que sus hijos vivan peor que ellos (y un 70% en Francia, Italia y Grecia), según una Encuesta de la OCDE hecha en 2018. Y es que la crisis, la globalización y el reto tecnológico han acrecentado la desigualdad y bloquean “el ascensor social”, la posibilidad de que los hijos vivan mejor que sus padres. Así, ahora hay menos “movilidad social” y el 60% de la población más pobre está atascada en su escalón social y  no puede mejorar, según la OCDE. Y los niños occidentales nacidos en familias con bajos ingresos tardarán 4,5 generaciones en pasar a ser clase media, mientras en España serían 4 generaciones, 2 en Dinamarca, 3 generaciones en Finlandia o Suecia y 6 generaciones en Alemania o Francia, según el estudio  “¿A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility”, de la OCDE (2018).

Así que el futuro de la clase media y sus hijos parece muy problemático. Y sobre todo por la enorme incertidumbre que se cierne sobre el futuro del empleo. Si ya en los últimos 20 años, la clase media ha visto cómo subía la exigencia sobre su trabajo (si en 1995, un 33% de sus empleos eran altamente cualificados, en 2015 lo eran el 48%), ahora, el gran riesgo es que una parte de sus empleos desaparezcan con la tecnología y la automatización, que van a penalizar más a la clase media. Así, un 18% de los empleos (1 de cada 6 empleos)  de los actuales trabajadores de clase media están en peligro en la OCDE, frente al 11% de los empleos de clase alta y el 22% de los empleos de los más pobres. Y en el caso de España, el riesgo es mayor, según la OCDE: pueden desaparecer el 24% de los empleos de la clase media (1 de cada 4 empleos), frente al 15% en riesgo de los trabajadores ricos y el 29% de los trabajadores de clase baja. Con ello, España es el tercer país con más riesgo de empleo futuro para la clase media, tras Eslovenia y Eslovaquia. Las mayores pérdidas de empleos se darán en operarios, administrativos, comerciales y servicios, según la OCDE.

Así que el futuro se vislumbra preocupante para la clase media, “un barco que navega en aguas turbulentas”, según dice el informe de la OCDE. Y esto supone un gran riesgo económico y político para el mundo, porque la clase media ha sido y es un elemento clave para el crecimiento económico (consumo, ahorro, inversión, capital humano) y la estabilidad política. Ahora, alerta la OCDE, su deterioro provoca sentimientos de “vulnerabilidad, incertidumbre y ansiedad”, que promueven “nuevas formas de nacionalismo, aislamiento, proteccionismo y populismos”, que desafían a las instituciones y a la democracia (Trump, Bolsonaro, Brexit…) y debilitan la recuperación (menos clase media son menos ingresos fiscales y cotizaciones, con un deterioro del Estado del Bienestar y las pensiones).

La OCDE advierte a los Gobiernos que el deterioro de la clase media les obliga a  afrontar 3 retos, para que estas familias dejen de pensar que el sistema es injusto (porque ellos contribuyen más que los demás y reciben menos), que su modo de vida (vivienda, educación, sanidad, estatus) es insostenible y no teman por su futuro, ante la incertidumbre del empleo. Para conseguirlo, la OCDE plantea medidas en tres frentes: mejorar los impuestos y las ayudas sociales (para que sean más progresivos y compensen más a la clase media), ofrecer un mejor acceso a la vivienda (con más oferta de viviendas públicas y ayudas al alquiler y a la compra, bonificando intereses y dando garantías), a la sanidad y a la educación y luchar contra la vulnerabilidad del empleo, con más formación, más protección social  y una combinación de flexibilidad y seguridad en el trabajo. Y añaden que “los Gobiernos tienen muchas herramientas para atajar los problemas de la clase media”.

En España, hay que trasladar estas recetas al próximo Gobierno, que debería promover y pactar un Plan de apoyo a la clase media, asentado en 4 medidas. Una, reforma fiscal, para reducir la desigualdad y gravar más a los que más tienen. Dos, ampliar y reformar las ayudas sociales, que son pequeñas y poco eficaces, según nos ha dicho la OCDE. Tres, mejorar el Estado del Bienestar (sanidad, educación y dependencia) y el acceso a la vivienda de la clase media, sobre todo de los jóvenes. Y cuatro, una reconversión a fondo de la enseñanza y la formación de jóvenes y adultos, para adaptarse a los empleos futuros.

En definitiva, perdemos clase media porque cada año hay más ricos que tienen más y más pobres que sobreviven a duras penas. Y esto crea “un mal clima social” que provoca el desinterés por la política y los extremismos y populismos, atacando las bases de la democracia y la construcción europea. Por eso, la advertencia de la OCDE: ojo a seguir perdiendo clase media, es un gran riesgo para la economía y la estabilidad política. Tomen medidas.

lunes, 4 de julio de 2016

Adiós a la clase media


Esta larga crisis  nos ha hecho a todos más pobres: la renta de las familias ha caído un 20% y hemos vuelto a los ingresos de 2003. Más de una década perdida. Pero el recorte del nivel de vida no ha sido uniforme y “el tajo” ha ido por barrios, afectando sobre todo a las rentas bajas y medias. Con ello, 3,5 millones de españoles han dejado de ser “clase media” y ahora son  “clase baja”, como un tercio de ciudadanos. Y el 1% más rico lo es aún más. Cara al futuro, se reducirá más la clase media, por la incertidumbre laboral, la precariedad y los bajos salarios. Se vislumbra una sociedad “low cost”, con una clase alta reducida y poderosa y una clase baja mucho más extendida, la “clase low cost”. Para evitarlo, habría que crecer más, conseguir más empleo “decente”, mejorar los salarios y utilizar los impuestos y las ayudas públicas para reducir las diferencias entre españoles. Nos jugamos la sociedad de nuestros hijos.
 
enrique ortega

La actual crisis  ha provocado una caída generalizada en los ingresos de todos los españoles, por cuatro vías. La primera, la pérdida de empleo que sufrieron 3.802.800 españoles entre el verano de 2007 y la primavera de 2014. Y aunque después se han recuperado 1.079.000 empleos, son más precarios y peor pagados, y todavía hay 2.733.800 españoles menos trabajando que antes de la crisis. La segunda vía de pérdida de renta son los salarios, que bajaron una media del 15% tras la reforma laboral de 2012 y que sólo han empezado a crecer (poco) en 2015 (+0,75%) y 2016 (1,20%). Y además, han caído más los salarios más bajos, menos los de los mandos intermedios y han subido incluso los de los directivos de las empresas. La tercera vía de pérdida de rentas fueron las subidas de impuestos, sobre todo en 2011 y 2012, que no han sido compensadas por las bajadas de 2015 y 2016. Además, unas subidas que han cargado más sobre las rentas más bajas, al centrarse mucho en el IVA, impuestos especiales y tasas. Y la cuarta vía de pérdida de ingresos son los recortes de servicios públicos (sanidad, educación, ayudas sociales y Dependencia) y de ayudas, desde becas a servicios sociales y copagos farmacéuticos.

Todo ello explica que la renta familiar disponible, lo que los hogares tienen para gastar, haya caído un 20% entre 2007 y 2013, según el INE: de 27.560 euros a 22.146 euros, la renta de las familias españolas en 2003. O sea, que la crisis nos ha hecho más pobres y hemos retrocedido más de una década. La caída de rentas ha sido mayor en Murcia (-27%), Comunidad Valenciana (-25,8%), Castilla la Mancha (-23,2%), Canarias (-22,6%) y Andalucía (-21,4%) y bastante menor en el país Vasco (-7,2%), Aragón (-16,6%) y Navarra (-17,7%). Los expertos creen que al ser tan grande la pérdida de rentas, España tardará años en recuperarse, al menos otra década, porque los menores ingresos de las familias afectarán negativamente a su formación y la de sus hijos, al consumo, al ahorro y a la inversión.

Pero hay otro problema con la caída de las rentas: no se ha producido de forma homogénea, sino que “ha ido por barrios”, afectando más a unas familias que a otras. La mayor caída de ingresos se ha dado en las familias más pobres y luego en la clase media, debido a que han sido las más afectadas por la caída de empleo y salarios y las que más han sufrido los recortes y la subida de impuestos. Y con ello, se ha producido “un trasvase social”: 3,5 millones de españoles han dejado de ser “clase media” durante la crisis y se han sumado a la “clase baja”, según un documentado estudio de la Fundación BBVA y el IVIE, con datos del INE. Significa que si en 2007 había un 60,6% de hogares que se consideraban “clase media” (con ingresos entre un 75% y un 200% de la media del país), en 2013 eran sólo el 52,3%. Y han pasado a engrosar la “clase baja” (los que ingresan menos del 75% de la media española), que de ser el 26,6% de los hogares en 2007 han pasado a ser el 38,5%, más de un tercio de la población.

La clase media apareció en los años 60 del siglo pasado, en toda Europa y en España (con el “desarrollismo” y el 600), como un “invento” del sistema para difuminar la vieja lucha de clases, entre obreros y empresarios. La economía crecía al máximo y muchos trabajadores empezaron a sentirse “superiores” porque su trabajo les permitía tener una casa, un coche, vacaciones y mandar a sus hijos a la Universidad. No eran trabajadores sino “clase media”. Y a principios de este siglo, con el “boom inmobiliario” y el dinero barato, se endeudaron a tope para comprar todo lo que deseaban. Y creían que “el mundo era suyo”. Pero en esto vino la crisis, cayeron el empleo y los ingresos mientras las deudas estaban ahí. Y familias enteras pasaron de vivir en la abundancia a apuntarse al paro e incluso a la pobreza. Adiós al sueño de la clase media.

Lo peor de todo es que, antes y ahora, muchos españoles se creen clase media y no lo son realmente, ni por sus ingresos ni por su patrimonio. Así, en el último Barómetro del CIS, un 56% de los españoles se considera clase media, frente al 63% que se consideraba así en 2007. Pero los datos de salarios nos dicen que hay mucha menos clase media. Así, sólo un 33,2% de hogares ingresan entre 2.000 y 5.000 euros al mes, mientras son ya un 64,4% las familias que ganan menos de 2.000 euros al mes (y de ellas, el 47,9% menos de 1.500 euros mensuales), según un estudio de la Fundación Encuentro a partir de los datos del INE. Y no olvidemos que el sueldo más habitual en España son 16.490 euros brutos anuales (942 euros netos en 14 pagas), según el INE (2014). Y que casi un tercio de los trabajadores, 4,5 millones, son mileuristas: ganan menos de 1.000 euros netos al mes.

Los mismos datos del INE (Encuesta de Condiciones de Vida 2014) nos hablan de un país donde el 40,6% de españoles no pueden ir una semana de vacaciones, donde un 39,4% no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos, donde un 9,4 % de familias tienen que retrasar pagos relacionados con su vivienda y donde el 13,7% de los hogares tienen muchas dificultades para llegar a fin de mes. Eso sin olvidar que, en 2015, un 28,6% de los españoles (13.300.000) tenían una situación de pobreza, escaso empleo o carencias materiales severas, según el indicador europeo AROPE.

Así que sólo mirando los salarios, no hay tanta clase media como se cree. Pero la clave no son los salarios, que se gastan, sino el patrimonio que tienen las familias, el verdadero “termómetro” de su clase. Y aquí, el economista Luis Molina ha clasificado los hogares españoles en “5 clases”, a partir de los datos de riqueza incluidos en el último estudio de Credit Suisse (2014). Y concluye que un 70% de los españoles son “clase baja”: un 20% los llama “precariado” (la clase más baja), que tiene sólo el 0,3% de la riqueza total del país (con más deudas que patrimonio), y otro 50% son la “clase trabajadora”, con un 21,9% del patrimonio total del país y una riqueza promedio de 35.000 euros por familia. A partir de ahí, el estudio considera que sólo un 20% de los hogares son “clase media”, que tienen un 28,6% de la  riqueza del país y 90.000 euros de patrimonio medio. Más arriba coloca a un 9% de los hogares como “clase media alta”, que representan el 28,6% de la riqueza total y tienen un patrimonio medio de 260.000 euros. Y finalmente está ese 1% de españoles, “la superclase alta”, que acapara el 27% de la riqueza total (tanto como el 50% de españoles que son clase trabajadora), con un patrimonio entre 1 y 72.330  millones de euros (la fortuna de Armando Ortega, el dueño de Inditex, según Forbes).

Vistas así las clases sociales, hay que añadir que la crisis ha provocado una caída del patrimonio en las clases más bajas y un aumento del pastel de la superclase alta, que ha aumentado “su trozo” del 22,3% de la riqueza total que tenían en 2008 al 27% de 2014. El número de millonarios españoles ha subido un 50% con la crisis: de 127.100 (2008) a 192.500 (2015), según un informe de Capgemini.Y eso porque se han visto menos afectados por la crisis, la caída del empleo y los salarios o los recortes y la subida de impuestos. Por eso ha aumentado drásticamente la desigualdad en España: es el segundo país de la OCDE donde más ha crecido la desigualdad desde 2007, sólo por detrás de Chipre, casi 10 veces más que la media europea (incluso 14 veces más que en Grecia). Y ahora, España es el cuarto país más desigual de Europa, tras Portugal, Italia y Grecia, según un informe de Morgan Stanley. Baste un dato escandaloso: los 20 españoles más ricos tienen tanto patrimonio como los 14 millones de españoles más pobres (el 30% de la población), según el último informe de Intermón Oxfam.

Si en realidad la mayoría de españoles son “clase baja” y la clase media real no llega al 25% de las familias, todo apunta a que aún serán menos en el futuro. Y eso porque la actual crisis ha destruido un elemento clave de la clase media: la seguridad en el empleo. Hasta ahora, muchos españoles vivían con la seguridad de que su empleo les permitiría tener coche, casa, vacaciones, segunda residencia, hijos en la Universidad y un futuro cada año mejor. Pero ahora saben que ya no es así, que pueden mantener su empleo o haber conseguido uno, pero que no tienen asegurado el futuro, que cualquier día su mundo se puede venir abajo. Que vivimos en un mundo “low cost”, donde se busca el bajo coste a cualquier precio y eso exige empleos y sueldos “low cost”, que conforman una nueva clase social, la clase “low cost”. Y ya hay muchos jóvenes que sólo conocen esta forma de vida, que se va a generalizar en el futuro, aunque la economía se recupere. Es otro modelo económico y social que se impone, empujado por la globalización, la tecnología y la robotización de los trabajos.

El riesgo de esta precarización de la mayoría de la población, del recorte de las clases medias, no es sólo el deterioro del nivel de vida de la mayoría y la inseguridad ante el futuro. Es que se configure una sociedad políticamente apática o descontenta, que desconfíe del sistema y de la democracia. Las clases medias sirvieron, en España y en todo el mundo, para atenuar las tensiones sociales. Ahora, con la generalización de la “clase low cost”, resurgen los antisistema, los populismos y los extremismos, en España y en Europa. Porque la crisis no sólo se ha llevado nuestras rentas, también nuestra seguridad y nuestras esperanzas.

Se impone que los Gobiernos tomen medidas, para recomponer el mapa social y la democracia. Y eso pasa por recomponer los ingresos y el nivel de vida de la mayoría, con una política activa para crecer más y crear más empleo “decente”. Eso pasa por recaudar más, no de la mayoría que ya pagamos sino de los que pagan menos de lo que deben (grandes empresas, multinacionales y los más ricos, que han salido ganando de esta crisis). Luchando contra el fraude fiscal y subiendo los impuestos sólo a estos grupos, se podrían recaudar 40.000 millones de euros más al año. Y con ellos, destinar una parte a inversiones públicas e incentivos al empleo estable, para que haya más españoles trabajando. Y además, hace falta tomar otras medidas para mejorar la productividad de las empresas, para que puedan pagarles más. Y con más empleo “decente”, mejores salarios y unos impuestos más justos, además de más gasto social y más ayudas a los que menos tienen, se pueden recomponer los ingresos de las familias, para que la clase baja no sea tan precaria y haya más clase media. Un camino que exige al menos una década para dar frutos. Pero hay que empezar ya.