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lunes, 25 de febrero de 2019

Elecciones 28-A : lo que queda por hacer


Muchos españoles se quedan sin ayudas y se perderán inversiones al no aprobarse los Presupuestos 2019. Y 31 Leyes quedan sin aprobarse. Pero el Gobierno Sánchez quiere aprobar en su último Consejo varios decretos Leyes : subsidio para 114.000 parados mayores de 52 años, pago de cotizaciones a 180.000 cuidadoras de dependientes o ampliación del permiso de paternidad de 5 a 8 semanas. Y medidas de igualdad laboral entre hombres y mujeres, más algunos cambios urgentes en la reforma laboral. E incluso, la revalorización de pensiones con el IPC o reformas en alquileres. También pretende aprobar algunas Leyes antes del cierre del Parlamento (5 marzo). Pero como ha aprobado gastos y no más ingresos, deja como “herencia” un agujero de 8.000 millones (mínimo). Así que el futuro Gobierno, o consigue más ingresos o tendrá que hacer más recortes. Y tanto PP como Ciudadanos prometen bajar impuestos, con lo que la tijera sería mayor. Mientras, quedan pendientes los grandes problemas: paro, pensiones, sanidad, educación, vivienda, cambio climático, pobreza y desigualdad, tecnología o modernización del país. Retos mucho más importantes que Cataluña


enrique ortega

El Gobierno Sánchez, con sólo 84 diputados, ha echado mano del decreto-ley para gobernar estos 8 meses: han sido 25 decretos-leyes aprobados en Consejo de ministros y luego todos convalidados en el Congreso, salvo el de alquileres, rechazado por Podemos. El decreto-ley está limitado por la Constitución a casos de “extrema y urgente necesidad”, pero ha sido un instrumento muy utilizado en los últimos años, más por Aznar y Rajoy que por Sánchez. Primero fue José María Aznar, que en su primera Legislatura (1996-2000), sin mayoría absoluta, aprobó 85 decretos-leyes, un 32,95% de sus 173 Leyes. Pero le ganó Mariano Rajoy, que en su primera Legislatura (2012-2016), aprobó el 33,8% de sus Leyes por decreto-Ley (y eso que tenía mayoría absoluta): fueron en total 76 decretos-leyes, entre ellos 15 de las 16 primeras Leyes que aprobó (143 en total). Sólo en julio de 2014, el Gobierno Rajoy aprobó un “macrodecreto” Ley que modificó 26 importantes Leyes, entre ellas el IRPF o la Ley de Empleo. En su segunda Legislatura (octubre 2016-mayo 2018), Rajoy sólo aprobó 16 decretos-Leyes y otros 9 proyectos de Ley, la mayoría por obligada trasposición de Directivas europeas.

El Gobierno Sánchez ha justificado su apelación a gobernar por decreto-Ley al filibusterismo” parlamentario del PP y Ciudadanos, que han utilizado su mayoría en la Mesa del Congreso (5 de 9 miembros) para torpedear la aprobación de las Leyes enviadas al Parlamento. La estrategia, denuncian, ha sido la ampliación sistemática e indefinida de los plazos para presentar enmiendas. Un ejemplo es la Ley para reformar el Código Penal, para reducir las penas a los piquetes de huelga (como exigen los sindicatos): no se aprueba porque PP y Ciudadanos han conseguido ampliar los plazos de enmiendas… hasta 59 veces. Con este sistema y otras maniobras en las Comisiones, la oposición de PP y Ciudadanos ha bloqueado muchas de las 13 Leyes aprobadas por el Gobierno Sánchez y sus 25 decretos-leyes, convalidados por el Congreso pero luego muchos tramitados como proyectos de Ley.

Ahora, el Gobierno Sánchez intenta que algunas de estas 31 Leyes pendientes (ver listado) se aprueben en el Congreso antes del 5 de marzo, fecha de disolución de las Cortes. El pasado jueves 21 de febrero, el Pleno aprobó la Ley Hipotecaria, una trasposición de una Directiva Europea que debería haberse aprobado hace casi 3 años, en marzo de 2016. Pero el Gobierno Rajoy fue retrasando su aprobación, que incluye nuevas obligaciones para la banca y mayor protección para los hipotecados (en materia de reclamaciones, embargos y desahucios), además de una nueva regulación de las clausulas suelo y la asunción por la banca de todos los gastos hipotecarios (salvo la tasación), dos cambios introducidos por el Gobierno. De no aprobarse in extremis, Bruselas podría multar a España con 100.000 euros diarios.

Otras tres Leyes aprobadas en el Pleno del pasado jueves fueron la modificación de la Ley de Propiedad Intelectual (incluye más control de las sociedades de gestión, como la SGAE, y más medidas contra la piratería y cierre de Webs), otra Ley obligada para trasponer una Directiva europea, la mejora de la situación de orfandad de los hijos de mujeres víctimas de violencia de género (pasarán de cobrar 140 euros a 600) y  una Ley para mejorar las condiciones de los profesores en la enseñanza no universitaria (volver a los alumnos por clase y régimen de sustituciones anteriores a los recortes de la Ley Wert). Y también se aprobó la convalidación de decreto-ley de medidas urgentes para paliar los daños de inundaciones y catástrofes.

Para el próximo jueves 28 de febrero, el último Pleno del Congreso, el Gobierno Sánchez quiere llevar otros proyectos de Ley que estaban a punto de aprobarse, algo que intentarán torpedear  PP y Ciudadanos. Quizás acepten incluir la aprobación de un paquete de medidas urgentes para la Ciencia, destinadas a eliminar trabas burocráticas y que el Gobierno aprobó el 8 de febrero. Y quizás el Gobierno Sánchez intente convalidar algunas de las 5 medidas pactadas con las asociaciones de autónomos el 26 de diciembre de 2018, que necesitan ser aprobadas por el Congreso para que beneficien a 3,3 millones de autónomos: mejorar el paro y las bajas de los autónomos, cotizaciones por ingresos reales, que no paguen el IVA hasta que cobren las facturas, acabar con los falsos autónomos y mejorar sus pensiones. El Gobierno Sánchez sólo enviará al Pleno temas que cuenten con el apoyo seguro de Podemos y nacionalistas.

Pero la mayoría de las 31 Leyes pendientes (casi todas aprobadas por el Gobierno Sánchez) se quedarán sin aprobar en el Congreso, a la espera del nuevo Parlamento. Y muchas son importantes y afectan a muchos españoles. Como la Ley de Seguridad Ciudadana (o “Ley Mordaza”) o la Ley del voto rogado (para facilitar el voto emigrante), la Ley de Eutanasia (bloqueada por PP y Ciudadanos, que han aprobado 23 prorrogas para presentar enmiendas), la Ley de Cuidados paliativos (pendiente del Senado), la Ley de prevención del suicidio, la Ley contra las “pseudociencias”, la nueva regulación de las especialidades médicas, la nueva Ley de Industria, la regulación del contrato de relevo, la creación de la Autoridad de protección del cliente financiero o la Autoridad de supervisión macro prudencial, el organismo que debe vigilar y avisarnos si viene otra crisis. O el proyecto de nueva Ley de Educación aprobado por el Gobierno Sánchez el 15 de febrero. Y dos Leyes que ha aprobado el último Consejo de Ministros del 22 de febrero, porque las exigía Europa antes de finales de 2018: una Ley de Cambio Climático y un Plan Nacional de Energía y Clima (España ha sido el último país UE en aprobarlo). 

En paralelo, el Gobierno Sánchez no se resiste a aprobar antes de irse algunas medidas que iban en los Presupuestos 2019 y que benefician a muchos españoles. Tratará de aprobarlas  por decreto-ley, en los Consejos del 22 de febrero y el 1 de marzo. La primera, el seguro de paro para los que tienen entre 52 y 55 años (que les quitó Rajoy en 2013), unos 114.000 personas beneficiadas (la medida cuesta 700 millones). La segunda, el pago de la cotización a la Seguridad Social  (que les quitó Rajoy en 2012) a los cuidadores familiares de los dependientes, 180.000 beneficiarios, en su mayoría mujeres (315 millones). La tercera medida, la ampliación del permiso de paternidad de 5 a 8 semanas, que podría beneficiar a 18.000 padres (cuesta 302 millones). 


Y además, mañana martes 26 de febrero, negociará con sindicatos y patronal un consenso laboral para aprobar, en el próximo Consejo de Ministros, un decreto-ley para anular algunas medidas de la reforma laboral aprobada por Rajoy en 2012 y que exigen los sindicatos: la prórroga automática indefinida de los convenios (ultraactividad), suprimir la prevalencia del convenio de empresa sobre el de sector y la prohibición de la subcontratación, así como el control horario de jornada, para evitar el abuso de las horas extras (la mayoría, sin cobrar).  Incluso, el presidente Sánchez anunció el sábado que va a aprobar, en el Consejo de este viernes 1 de marzo, un decreto-ley de medidas urgentes sobre igualdad laboral entre hombres y mujeres, incluyendo la obligación a las empresas de llevar un registro salarial. Y el Gobierno no descarta negociar otro decreto de alquileres con Podemos y aprobarlo como decreto-ley antes de las elecciones. 

Si finalmente el Gobierno Sánchez aprueba “in extremis” estas medidas (u otras, como la revalorización de las pensiones con el IPC), por decreto-ley, luego tendrá que conseguir convalidarlas en el Congreso, bien en el último Pleno o en la Diputación Permanente, el organismo que sigue abierto, "de guardia", tras el cierre de las Cortes el 5 de marzo, donde hay 64 miembros y la presidenta del Congreso (24 del PP, más Ana Pastor, y 6 de Ciudadanos, lo que dejaría la convalidación en manos del PSOE, 15 votos, Podemos, con 12, Grupo mixto, 4, Ezquerra con 2 y PNV con 1). A ver quien “se retrata” y vota en contra del seguro de paro a los mayores de 52 años, la cotización a las cuidadoras, aumentar el permiso de paternidad o la revalorización de las pensiones.

Y queda otra importante tarea pendiente: la reforma de las pensiones. La Comisión del Pacto de Toledo, integrada por 48 diputados de todos los partidos, lleva reuniéndose más de 2 años, desde noviembre de 2016, sin ser capaces de pactar medidas para asegurar el futuro de las pensiones. El 19 de febrero, cuando parecía que tenían unas recomendaciones medio pactadas, se rompió el posible acuerdo, por Podemos y el PP. Y eso cuando había consenso sobre varias recomendaciones para eliminar el déficit en 2025: revalorizar las pensiones con el IPC real, pagar las prestaciones asistenciales con impuestos, que el jubilado pueda escoger sus mejores años de cotización (15 ahora y 25 en 2022) y limitar la jubilación parcial. No es mucho para afrontar una reforma que exige conseguir más recursos (vía cotizaciones e impuestos) y ver cómo repartirlos para que haya para los pensionistas actuales y futuros. Así que 7 años perdidos para afrontar una reforma clave que también queda para la próxima Legislatura. 

Ahora, tras estas dos semanas contra reloj para aprobar las medidas más urgentes, el Gobierno entra en funciones y el país se paraliza durante 2 meses de larga campaña electoral. Y hasta junio o julio no habrá nuevo Gobierno, con lo que habremos perdido medio año para afrontar los graves problemas del país, mucho más preocupantes para los ciudadanos que Cataluña: el empleo, las pensiones, la sanidad, la educación, la dependencia, la pobreza y la desigualdad, los impuestos, la vivienda, la situación de las mujeres y los autónomos,  la Ciencia, la crisis de la industria, la energía y el cambio climático, la digitalización y la modernización de la economía, en una Europa que apenas crece y con Brexit. Esos deberían ser los temas centrales de la campaña electoral, no sólo el 155.

Y por encima de todo, una cuestión clave: los impuestos. Porque la no aprobación de los Presupuestos 2019 nos ha creado un problema serio: hay una serie de gastos que van a seguir adelante (subida de las pensiones y sueldos de los funcionarios, algunos gastos sociales e inversiones), pero no se van a aprobar los nuevos ingresos que contemplaba el Presupuesto (subida impuestos sucesiones empresas, subida patrimonio, tasa Google, impuesto transacciones financieras), con los que el Gobierno Sánchez esperaba ingresar 5.600 millones extras. Y por ello, el déficit público va a ser mayor del previsto: entre el 2 y el 2,4% del PIB, no el 1,8% previsto ni el 1,3% inicial impuesto por el techo de gasto. Eso supone que el próximo Gobierno, sea el que sea, sólo tiene 2 opciones: o subir esos impuestos (u otros) o no tocar los ingresos, aplicar la tijera y recortar 8.000 millones de euros o más. Es “la herencia” que deja Sánchez por no haberle aprobado los Presupuestos. Lo preocupante es que, tanto PP como Ciudadanos se presentan a las elecciones con la bandera de “bajar impuestos: si lo hacen, el ajuste tendrá que ser todavía mayor.

Así que lo serio sería plantear en la campaña electoral los retos que tenemos, lo que queda por hacer: las necesidades que hay que cubrir (en empleo decente, pensiones, Estado del Bienestar, ayudas sociales, igualdad, vivienda, tecnología, industrialización, infraestructuras, modernización de la economía…) y decirles a los españoles que todo esto no se puede hacer sin aumentar los ingresos públicos, porque España recauda menos que Europa (82.000 millones menos cada año). Y por eso, es obligatorio subir los impuestos, no a la mayoría, que ya pagamos bastante (trabajadores y jubilados), sino a los que pagan menos de lo que deben: grandes empresas, multinacionales, bancos y los más ricos. Y si alguien le vende que “se puede hacer todo bajando impuestos”, no le crea: no salen las cuentas y antes o después hará nuevos recortes y le echará la culpa a “la herencia de Sánchez”. ¿Les suena?

jueves, 7 de diciembre de 2017

Suben petróleo, euro y tipos: un mal cóctel



Está pasando desapercibido, por Cataluña y el puente, pero el petróleo cuesta ya más de 63 dólares barril, un precio que duplica con creces el mínimo de 2016 y que supone una subida del 42% sobre este verano. Y en paralelo, el euro ha subido otro 12,5% este año frente al dólar, mientras el precio del dinero se prepara para subir, tanto en EEUU como en Europa, tras varios años de coste cero. Son tres subidas preocupantes, porque el petróleo barato, el euro débil y el dinero barato han sido responsables de más de la mitad del crecimiento de la economía española en los últimos tres años, no la política de Rajoy. Y ahora, si cambia el viento exterior y en vez de tenerlo “de cola” lo tenemos “de cara”, la recuperación y el empleo peligran. Por eso, ante esta incertidumbre exterior, es importante que el Gobierno no recorte más en el Presupuesto 2018 y reanime la economía. Que "empuje" desde dentro.


enrique ortega


El petróleo agudizó la crisis financiera, al saltar de los 36,61 euros por barril en septiembre de 2008 a 126,65 euros en la primavera de 2011 (+245%), un elevado precio que se mantuvo hasta los 115 euros de junio de 2014. A partir de ahí, empieza a bajar con fuerza y cierra el año 2014 con un precio de 55,46 dólares por barril. Durante 2015 siguió bajando, con altibajos, hasta los 37,36 dólares a fin de año. Y el 20 de enero de 2016 alcanzó su precio mínimo, 27,88 dólares por barril. O sea, el precio del petróleo cayó un 75% entre 2014 y 2016, la tercera mayor caída del crudo en los últimos 24 años, desde la década de los 90. A partir de este desplome, el petróleo volvió a subir en 2016, hasta cerrar el año pasado en 57 dólares barril y luego bajó a un mínimo de 44,82 dólares en  junio de 2017. Pero es sólo una tregua, porque el crudo volvió a subir este verano y el 27 de octubre superaba la barrera de los 60 dólares barril, un precio que se mantiene y ahora ronda los 63 dólares.

Eso significa que el petróleo vuelve a costar caro, un 128% más que en enero de 2016 y un 41% más que este verano. Es mucha subida en poco tiempo. El primer detonante de estas nuevas subidas fue la decisión de la OPEP y Rusia, el 30 de noviembre de 2016, de recortar la producción de crudo (en 1,8 millones de barriles diarios), por primera vez en 8 años, para reanimar los precios. El 25 de mayo de este año, los firmantes acuerdan extender el recorte hasta marzo de 2018 y hace dos semanas, el 29 de noviembre, una nueva reunión en Viena de la OPEP (14 países) y otros 10 países productores (entre ellos Rusia, el 2º productor mundial, México y Nigeria y Libia, que no se habían sumado a los recortes anteriores) acordó extender los recortes de producción durante todo 2018.

Si cumplen con los recortes, como han hecho en 2017, los precios del petróleo podrían  mantenerse en los próximos meses entre 60 y 65 dólares barril, por encima de la última previsión del Gobierno Rajoy para 2018, que es un precio del petróleo de 54,8 dólares por barril. Este mayor precio puede trastocar el crecimiento y las cuentas de la economía mundial y muy especialmente de España, uno de los países europeos más dependientes del crudo. De hecho, la factura energética hasta septiembre se ha encarecido en 9.000 millones de euros sobre la del año pasado (30.000 millones frente a 21.000). Y esta mayor factura del petróleo (y del gas) puede restar a España un 0,5% de crecimiento del PIB, más incluso que la crisis política en Cataluña. Para entender la importancia del cambio de tendencia, recordemos que la bajada del petróleo entre 2014 y 2016 ahorró a España casi 60.000 millones de euros en la factura energética, añadiendo un 2,5% al crecimiento del PIB esos años.

Además, esta subida del petróleo ya está encareciendo los costes de las empresas y recortando sus beneficios, según los datos del Banco de España: el margen de las 884 mayores empresas ha crecido sólo un 0,8% hasta septiembre, por el alza de costes de la energía, y eso ha provocado que sus beneficios suban solo un 4,8%, la mitad que en 2016. Y también notamos la subida del petróleo los ciudadanos, en el coste de la luz (la factura media ha subido 79 euros hasta finales de noviembre) y en los carburantes. La gasolina sube ya un 6% sobre el precio de julio y el gasóleo otro 9,2%. Y esta subida del crudo se arrastrará a toda la economía, con lo que la inflación media de 2017 subirá al 2%, comiéndose la mínima subida de los salarios (+1,4% aumento convenios) y pensiones (+0,25%). Y los expertos apuestan porque el petróleo mantenga alta la inflación también en 2018, en el 1,6%.

Otra subida clave para España es la del euro. La cotización nos había dado una tregua, como el petróleo, bajando de un máximo de 1,35 euros por dólar a principios de 2014 a 1,038 euros por dólar el 20 de diciembre de 2016, un 23% menos. Y muchos expertos apostaban porque este año 2017 iba a llegar al 1x1 con el dólar: que cotizaran igual el euro y el dólar. Pero la errática política de Trump en USA y la recuperación política y económica en Europa (débil) han trastocado la bajada y este año 2017, el euro ha vuelto a subir, superando incluso los 1,20 euros por dólar (1,2065 el 20 de agosto), para quedar ahora en torno a 1,185 euros por dólar, lo que supone una revalorización del 12% sobre el valor de principios de año. Y si Merkel consigue armar un gobierno de coalición la próxima semana o si la Reserva Federal USA no sube los tipos este mes, es probable que el euro acabe el año cerca de los 1,20 euros por dólar y se encamine a los 1,25 euros/dólar en 2018, según los expertos.

La subida del euro es una mala noticia para Europa, porque es un continente que exporta más de lo que importa y ahora sus productos son un 12% más caros que en enero. Pero tener un euro fuerte hace aún más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo. Y si estos países exportan ahora menos fuera de Europa (por la fortaleza del euro), también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españolas al resto del mundo por la subida del euro, que encarece nuestros productos un 12%. Y eso es especialmente preocupante porque un 48% de las exportaciones españolas se dirigen a países no euro, que pagan ahora en dólares y otras monedas devaluadas, con lo que nuestros productos les salen más caros. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores del crecimiento español en los tres últimos años: sólo en 2016, aportaron la 8ª parte del PIB (0,5% del 3,2%).

Pero el daño de tener un euro fuerte no acaba ahí, en encarecer y dificultar nuestras exportaciones. Es también un torpedo al turismo, el gran motor de nuestro crecimiento: si el euro ha subido un 12% este año, significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 12% más para venir a España, además de sufrir ya la subida de viajes (el combustible supone un tercio de los costes de las aerolíneas) y hoteles. Y esto afecta al 40% delos turistas que nos visitan, a 32 de los 82 millones que se esperan este año, especialmente a los británicos, nórdicos, rusos, americanos y asiáticos. Menos mal que el euro se ha revalorizado menos frente a la libra, un +2,6% este año, con lo que su fortaleza afecta menos a los turistas británicos, que suponen el 23% de todos los que nos visitan.

Y hay un tercer efecto negativo de tener un euro fuerte, del que no se suele hablar. Los empresarios exportadores, turísticos y el resto (a los que les suben costes por la mayor inflación), tratan de contrarrestar esta subida del euro, que encarece un 12% sus productos y servicios, recortando otros costes. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: ahora tratarán de que suban poco o nada, deteriorando más los sueldos y contrataciones. Y además, si estaban pensando en aumentar la plantilla, esperarán a que el euro (y el petróleo) bajen. Así que, mira por donde, la subida del euro y de la energía son dos obstáculos para que los trabajadores consigan mayores subidas de salarios en 2018. Y con ello, las familias tendrán menos dinero para gastar, sobre todo ahora que sube la inflación. Eso debilitará el consumo interno y frenará el crecimiento y la recuperación.

Y vayamos a la tercera subida que se barrunta, la de los tipos de interés. La bajada del precio del dinero, desde 2008, salvó al mundo de una catástrofe, a Europa del hundimiento del euro y a España del rescate: el BCE bajó los tipos del 3,75% en 2008 al 0% en que están desde 2015, inyectando además liquidez en la economía con la compra masiva de deuda pública, lo que salvó a Europa y a España (no la política de Rajoy). Ahora, todo apunta a que va a cambiar la situación. Por de pronto, en EEUU ya se han producido 4 subidas de los tipos de interés en los dos últimos años (diciembre 2015, diciembre 2016, marzo y junio 2017), con lo que los tipos oficiales están ahora entre el 1 y el 1,25%. Y la próxima semana se reúne la Reserva Federal USA (12 y 13 diciembre) para decidir si los sube otro 0,25%, algo que quizás retrase a la primavera de 2018 (porque la recuperación y el empleo no son fuertes). Pero haga lo que haga EEUU ahora, el BCE tendrá que acabar siguiendo su senda y subiendo los tipos en 2018, entre 0,25 y 0,50% a lo largo del año. Así que se acabará la época del dinero barato, lo que puede frenar la recuperación, en Europa y en España.

La subida de tipos, antes o después, es más preocupante para nosotros porque España es uno de los países más endeudados del mundo, con más de 2,73 billones (con b) de deuda actualmente, que nos cuesta una enorme factura en intereses, factura que aumentará en 2018.La mayor parte de la deuda, 1.135.869 millones de euros, es deuda pública, del Estado y la Seguridad Social ( 821.250 millones), las autonomías (283.984) y Ayuntamientos(30.635 millones), deuda que ha aumentado un 40% desde que gobierna Rajoy. La otra parte es deuda privada, de las empresas (897.876 millones de euros, a septiembre 2017) y de las familias (706.023 millones de deuda, sobre todo en hipotecas), deuda que ha bajado ya por debajo de la que tenían en 2006, gracias a importantes amortizaciones. Este elevado endeudamiento hace a España muy vulnerable, según la Comisión Europea,  ante las esperadas subidas de tipos, que van a suponer un mayor pago de intereses a la administración, las empresas y las familias. O sea, más gasto público (que puede forzar más recortes) y más costes privados, otra amenaza para la inversión, el consumo, el crecimiento, la recuperación y el empleo.

En definitiva, que está cambiando el panorama económico: si entre 2014 y 2017 España se benefició de “viento de cola” exterior, con ayuda de un petróleo más barato, un euro débil y dinero casi gratis, que han sido claves para la recuperación, ahora empezamos a sufrir el “viento de cara”, con subidas del petróleo, el euro y los tipos que pueden frenar el crecimiento y el empleo, más de lo ya esperado para 2018, un año donde Bruselas espera que España crezca el 2,5%, seis décimas menos que 2017 (+3,2%). Así que ojo a la coyuntura internacional, que nos puede hacer más daño que la crisis en Cataluña.

Ante este cóctel peligroso (petróleo caro, euro fuerte y tipos al alza), España tendría que reforzar su frente interno, tratando de reanimar la economía el próximo año, no aprobando más recortes, como piensa el Gobierno Rajoy para el Presupuesto 2018. No está la coyuntura exterior como para forzar más ajustes, sobre todo si España cierra este año con un déficit público del 3,1% del PIB, casi en línea con el sacrosanto 3% que exige la disciplina del euro. Y sin embargo, sí hace falta tomar medidas para crecer más y contrarrestar el freno que van a suponer el petróleo, el euro, los tipos y la crisis en Cataluña. Habría que reanimar los salarios, con subidas por encima del 2%, y reanimar la inversión pública, con la ayuda de una mayor recaudación, que es posible si se reduce el fraude fiscal y pagan más impuestos los que pagan pocos (grandes empresas, multinacionales y los más ricos). Recordemos que hay margen para recaudar más, porque España ingresa 96.000 millones menos al año que la media de países euro (el 37,7% del PIB en vez del 46,1%, según Eurostat).

La clave, pues, está en ingresar más para gastar más y contrarrestar así el “viento en contra” que se ha levantado en la economía mundial y que afecta especialmente a España, más vulnerable que otros países europeos a las subidas del petróleo, el euro y los tipos. Un debate que nadie plantea, ni Gobierno ni “oposición”, enfangados en las elecciones catalanas, pero que es de gran calado para todos: nos jugamos la recuperación y el empleo.

jueves, 19 de enero de 2017

Llega Trump... y lo sufriremos


Mañana 20 de enero toma posesión Donald Trump como nuevo presidente de EEUU. El mundo entero espera a ver qué hace, porque sus propuestas populistas y ultraconservadoras pueden llevarnos a otra recesión. Antes de llegar a la Casa Blanca, ya ha acelerado 2 cambios que nos afectan mucho: han subido los tipos de interés y el dólar. Y España paga más por su deuda y por el petróleo (al alza). Ahora, si Trump baja impuestos, gasta más y pone aranceles a los productos extranjeros, el precio del dinero y el dólar subirán más y habrá guerras comerciales que dificultarán las exportaciones españolas y nuestras inversiones en USA y Latinoamérica. Y este coctel de tipos altos, dólar fuerte y proteccionismo comercial podría provocar una crisis en China y paises emergentes, agravando el estancamiento de Europa. Desde aquí, poco podemos hacer para frenar a Trump. Pero Europa y España sí pueden contrarrestar sus errores con otra política, que reanime la economía europea y española. Es hora de “blindarse” frente a Trump.
 
enrique ortega

Estados Unidos ha sido la economía que mejor ha salido de la crisis económica de 2008, que superó ya en mayo de 2014. El país creció un 2,4% en 2016, el doble que Europa. Y con Obama, EEUU ha creado casi 12 millones de empleos y el paro ha bajado a la mitad, al 4,7%, (9,9% en 2009), la mitad del paro europeo (9,8% zona euro). Pero por debajo de este brillante balance, hay otros datos preocupantes que afectan al norteamericano medio. Como el enorme subempleo: 9,3% de trabajadores a tiempo parcial, sin seguro médico ni vacaciones, porque no encuentran trabajo a tiempo completo. Y 6 millones de estadounidenses han tirado la toalla y ya ni buscan trabajo, están “desanimados”: sólo el 62,7% de las personas adultas son activos (trabajan o buscan trabajo), el porcentaje más bajo en 40 años. Y los que trabajan, tienen sueldos muy bajos, que apenas suben, con lo que el poder adquisitivo de los trabajadores lleva tres décadas estancado. Al final, todo desemboca en un aumento de la desigualdad tras la crisis: el 1% de hogares más ricos ingresan 27 millones de dólares al año y el 90% de las familias sólo  unos 30.000 dólares. Y el 10% más rico se lleva el 75% de la riqueza USA mientras el 10% más pobre no llega al 1%.

Este descontento es el que lleva a Trump a la Casa Blanca, con los votos de millones de norteamericanos que piensan que su vida puede mejorar con soluciones “mágicas”. Y el resto del mundo “cruza los dedos”, esperando que Trump no pueda cumplir ni la mitad de lo prometido. Cumpla o no su programa, el triunfo de Trump ya ha supuesto importantes cambios para la economía mundial. Básicamente dos. Uno, ha acelerado la subida de los tipos de interés que se avecinaba: el 16 de diciembre, la Reserva Federal subió el precio oficial del dinero un 0,25% (al 0,50-0,75%), rompiendo 8 años de tipos bajos para ayudar a salir de la crisis. Y ahora, la Reserva federal anticipa tres nuevas subidas de tipos en 2017, lo que colocaría el precio del dinero en el 1,50% a finales de 2017. Esta subida de tipos y el triunfo de Trump han reforzado al dólar, que lleva un par de meses subiendo frente al euro (cotiza a 1,05 dólares) y otras divisas, camino de cotizar a la par (1 euro por 1 dólar).

Estos dos importantes cambios, antes incluso que Trump tome posesión, ya han afectado al resto del mundo y muy especialmente a España. Porque somos un país muy endeudado, que emite cada día 600 millones de euros de deuda pública. Y si el 20 de octubre de 2016, España pagó un 1,043% por sus bonos a 10 años, el 17 de noviembre, después del triunfo de Trump, tuvo que pagar ya el 1,498%. Y el 1 de diciembre, el 1,540%, medio punto más. Esto es lo que le ha pasado a todos los paises endeudados, de Europa y emergentes: la llegada de Trump crea incertidumbres y los inversores exigen más interés por prestar su dinero. Y así seguirá pasando a lo largo de 2017: los tipos subirán y financiar la deuda será más caro. En cuanto a la subida del dólar, un 4% desde finales de octubre, supone para España tener que pagar un 4% extra por el petróleo, que ya se paga más caro (+10%) y en dólares más caros, lo que encarece doblemente la factura energética del Estado, las empresas y las familias.

Y todo esto, sin que Trump haya pisado todavía la Casa Blanca. Ahora va a tener todo el poder para aplicar su programa, más conservador que el de Reagan y Bush juntos, con la ventaja adicional de contar con mayoría republicana en el Congreso y el Senado. Y se apoyará en un Gobierno de supermillonarios (vean aquí la fortuna de sus altos cargos). Recordemos las 4 propuestas  básicas de su programa populista y ultraconservador. La primera, bajar los impuestos a las personas, pero sobre todo a los más ricos y a las empresas, que podrán traer sus beneficios del extranjero pagando sólo el 10%. La segunda, lanzar un Plan de inversiones públicas en infraestructuras de 1 billón de dólares en cuatro años, más un aumento del gasto militar, que podrían servir a corto plazo para reanimar la economía y el empleo. La tercera, adoptar medidas contra la importación de productos extranjeros (poniendo aranceles, impuestos, del 35 al 45% a los productos chinos y mejicanos) y frenar los acuerdos comerciales con Asia y Europa, renegociando el Tratado comercial con México y Canadá (NAFTA). Y la cuarta, liberalizar el sistema financiero, quitar a la banca y a la Bolsa muchas trabas y regulaciones que puso Obama tras la crisis financiera de 2008. Sin olvidar su propuesta más peligrosa: no hacer frente al cambio climático. ("es un cuento", ha dicho). Si consigue que EEUU no recorte sus emisiones de CO2 un 27% para 2025, como se comprometió Obama en la Cumbre de París, ni financie parte del Fondo verde del Clima (100.000 millones de dólares), será un grave problema para el resto del mundo y la salvación del Planeta.

Bajar impuestos y gastar más son dos medidas que van a tener unas consecuencias claras: subirá la inflación (está en el 2,1%), el déficit público (es el 4% del PIB) y la deuda pública (muy elevada: es el 250% del PIB), lo que provocará que la Reserva Federal suba aún más los tipos de interés (incluso hasta el 2%), para contrarrestar la inflación, y que haya más inversores que pongan su dinero en bonos y valores USA, lo que hará subir más al dólar. Y el proteccionismo comercial podría provocar “guerras”comerciales de EEUU con China y Europa, perjudicando las exportaciones y el comercio mundial (ya débil). Y si a la banca y a los inversores se les regula y vigila menos, como hicieron Reagan y Bush, ya sabemos qué puede pasar: que aumente la especulación (lo que pasó con las hipotecas basura y los bancos de inversión) y nos llevan antes o después a otra crisis financiera internacional.

El coctel  de tipos altos, dólar fuerte y proteccionismo comercial es muy peligroso para los paises emergentes, desde Latinoamérica a Asia: son paises muy endeudados, que van a tener que pagar más intereses por su deuda y cuyas monedas se van a desplomar, como ya ha pasado con el peso mejicano, un país donde  el 80% de sus exportaciones van a EEUU. Y preocupa especialmente que este coctel sea letal para China, uno de los paises más endeudados del mundo: debe 26 billones de dólares y el 42% de esa deuda está nominada en dólares, con lo que tendrá que pagar más intereses por partida doble. En el caso de Europa, la subida de tipos, el fortalecimiento del dólar y los posibles aranceles son especialmente preocupantes porque el continente apenas crece, está estancada. Y, sobre todo porque el Banco Central Europeo (BCE), que está tirando del carro con su política de dinero barato (al 0%) y compra de deuda, tendrá que cambiar de política: o sube los tipos o los inversores se fugarán a EEUU, buscando más rentabilidad. Y eso debilitará aún más al euro, encareciendo las importaciones y el petróleo, reanimando la inflación (que ya está en el 1,1%).

En este contexto, España es uno de los paises más vulnerables al coctel fatídico de Trump. Básicamente, porque somos uno de los paises más endeudados del mundo: debíamos 2.738.441 millones de euros a finales de septiembre de 2016 (2,7 billones), entre las administraciones públicas (1,1 billones), las empresas (914.883 millones) y las familias (715.865 millones, la mayoría en hipotecas). Y eso significa que por cada 1% que suban los tipos de interés, España tendrá que pagar en intereses 27.000 millones más. Eso si nos financian, porque si los mercados se ponen nerviosos, pedirán más por prestar y sobre todo a los paises más débiles (está subiendo nuestra prima de riesgo: de 111 en octubre a 120 en enero). Y España necesita que le presten 220.000 millones más este año 2017, sólo en emisiones de deuda pública (600 millones diarios), con lo que tendremos que pagar más, unos 3.000 millones extras, que habrá que quitar de otros gastos. Y también será más cara la financiación de las empresas, retrayendo su inversión y empleo.

La subida del dólar encarecerá doblemente el petróleo, que lleva subiendo desde noviembre, por el acuerdo de recorte de producción de los paises OPEP y no OPEP. Y esta doble subida (la del petróleo y la del dólar en que hay que pagar el barril) es especialmente importante para España, un país que importa casi toda la energía y cuya factura energética podría subir más de 10.000 millones en 2017, aumentando los costes del Estado, las empresas y familias (carburantes, luz y calefacción más caros), en perjuicio de su inversión y su consumo. Y subirá la inflación, que ya está en el 1,6%, hasta un 2% de media en todo 2017. Un IPC que se comerá lo poco que suban este año los salarios (1,5%) y las pensiones (0,25%), retrayendo el consumo y el crecimiento.

El tercer componente del “cocktail Trump”, el proteccionismo comercial también afecta mucho a España, por varias vías. De entrada, EEUU es el 6º país del mundo al que más vendemos (tras Francia, Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido), 11.410 millones de euros en 2015 (9.290 millones de enero a octubre de 2016). Si Trump poner aranceles a nuestras exportaciones a USA, se encarecerán nuestros productos y lo tendrán más difícil las empresas españolas que venden allí combustibles, máquinas, coches, alimentos y fármacos. Pero además, EEUU es el país extranjero con más inversiones españolas, donde hay colocados 65.000 millones de euros de empresas españolas, que ahora pueden tener más complicado operar allí. Y eso afecta mucho a nuestras grandes empresas, las del IBEX, porque el 15% de sus ingresos (y por tanto de su empleo) dependen del negocio en EEUU. Colateralmente, si Trump pone obstáculos a las importaciones de México y el resto de Latinoamérica, eso afectará mucho a empresas y bancos españoles muy asentados allí, como BBVA, Santander, telefónica, Iberdrola, Mapfre y muchas constructoras.

Al final, como se ve, lo que haga Trump en Estados Unidos será clave para el resto del mundo y especialmente para Europa y España. Si apelamos a la historia, veremos que el giro nacionalista de EEUU con Trump no es nuevo: ya en 1921, tras la resaca de la I Guerra Mundial, llegó al poder en Norteamérica el conservador Warren G. Harding (1921-1923), que replegó a EEUU sobre sí mismo (tras el internacionalismo activo de Woodrow Wilson), con la máxima “Estados Unidos primero” (valdría para Trump). Le sucedieron John Calvin Coolidge (1923-1929), también aislacionista, y el republicano Herbert Clark Hoover (1.929-1933), un defensor del proteccionismo como Trump, que aplicó fuertes aranceles, agravando así la Gran Depresión de 1929 durante los años treinta. Ahora, el temor de los expertos (incluido Moody’s) es que Trump lleve al mundo a una nueva recesión, a finales de 2017 o en 2018.

Y eso, porque la política de Trump, aunque aplique sólo la mitad de sus propuestas, va a ser nefasta también para EEUU, además de para el resto del mundo. Porque el déficit provocado por la bajada de impuestos y el mayor gasto va a aumentar el endeudamiento de EEUU y con ello los tipos de interés y la inflación, frenando la recuperación y aumentando  las  desigualdades. Y el proteccionismo y las guerras comerciales, junto a un dólar fuerte, frenarán las exportaciones, deteriorando el empleo. Un gigante que se cierra es un gigante que vende menos. Y si encima los demás van peor, se contagiará de una nueva recesión mundial, si llega, como en los años treinta

Al final, no podemos impedir que Trump cumpla su programa, pero Europa y España pueden  hacer políticas para contrarrestar los efectos negativos de su coctel fatídico (tipos altos, dólar fuerte, proteccionismo comercial). Primero, Bruselas debía aprobar un Plan extra de inversiones, para reanimar la economía europea, como pide ahora el BCE y  propuso la Comisión Europea (aunque sólo eran 50.000 millones extras) y rechazó el Eurogrupo. Y ya en España, Gobierno y oposición deberían pactar otro Plan de choque interno, reanimando gastos e inversiones necesarias y suavizando el ajuste previsto en los Presupuestos 2017. Porque si de fuera vienen “malos vientos de cara” y encima aquí recortamos y subimos impuestos, creceremos aún menos. Algo que no podemos permitirnos con el doble de paro que Europa. Así que tomen nota: Trump ya está ahí y sus políticas van a afectarnos negativamente, aumentando costes al Estado, empresas y familias (por los tipos y el dólar) y recortando exportaciones e inversiones. Hay que reaccionar ya, tomar medidas para contrarrestar lo que viene. “Blindarse” frente a Trump.