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jueves, 28 de marzo de 2019

Europa se la juega: Brexit y estancamiento


Mañana 29 de marzo, Reino Unido iba a salir de la Unión Europea, pero el Brexit se retrasa, con riesgo de que acabe en un Brexit duro, nefasto para británicos y comunitarios. Pero el gran problema viene después: ¿qué relación comercial tendrá el RU con la UE? Esta negociación clave durará dos años (o más) y de ella dependerán los aranceles que se pongan a nuestras exportaciones, la operativa de nuestras empresas, bancos o pescadores y la llegada de turistas británicos, temas claves para España. Así que tenemos Brexit para rato, entorpeciendo el futuro de una Europa que se enfrenta en 2019 a dos problemas más graves: el estancamiento económico (apenas crece) y el auge de la ultraderecha y los partidos euroescépticos, cara a las elecciones de mayo. Dos cuestiones que también afectan mucho a España, porque si vuelve otra crisis la sufriremos más que el resto. Por eso, los futuros Gobiernos, europeo y español, tienen que reanimar la economía y apostar por “más Europa”.


A los británicos les costó 15 años entrar en la Unión Europea (1 enero 1973) y llevan casi 3 años intentando salir, desde el 23 de junio de 2016, cuando una estrecha mayoría (52%) votó a favor del Brexit. Ahora, muchos de los que votaron por  “irse de Europa”, azuzados por los políticos euroescépticos, la añoranza del viejo Imperio británico y el “voto de castigo” a casi todo (como en USA con Trump), están pensando que fue una mala decisión y que “se han pegado un tiro en el pié”, porque el Brexit será malo para la economía británica y para sus vidas. Pero “Brexit es Brexit (Theresa May dixit) y una mayoría de políticos británicos no quieren dar marcha atrás, aunque su aprobación sea un “culebrón político” que refleja un país que no sabe dónde va.

El resto de Europa está harta de los retrasos y las dudas británicas y les han dado un ultimátum en la Cumbre Europea del 20 y 21 de marzo: voten ya la salida, antes del 12 de abril, y cuando confirmen legalmente que se van, podemos dejarles una tregua para poner sus normas al día, hasta el 22 de mayo, un día antes de las elecciones europeas (23-26 mayo). Pero no está claro que Theresa May pueda imponerlo y si no lo consigue, el 12 de abril habría un Brexit duro, “a las bravas”, que nadie quiere, porque supondría que toda la relación comercial y empresarial entre Europa y Reino Unido (la segunda economía del continente) pasaría por aranceles (impuestos a exportaciones e importaciones) y trabas, como con un país tercero, perjudicando a los europeos que viven en Reino Unido y a los británicos repartidos por Europa.

Pero aunque se sortee el Brexit duro, porque nadie quiere caer en este “abismo” insondable, y se apruebe finalmente el Brexit pactado entre la UE y RU el 25 de noviembre de 2018, queda lo más difícil: ¿cómo vamos a relacionarnos después? Porque, una vez fuera, el Reino Unido tiene que negociar con los 27 la relación comercial que van a mantener en el futuro, en principio antes de diciembre de 2020 (la fecha antes del retraso: ahora será más tarde). Los británicos querrían que todo siguiera como hasta ahora, seguir en el espacio económico europeo, pero sin tener a cambio que cumplir las normas europeas y sin aportar al Presupuesto UE. Estar “económicamente” en Europa pero políticamente “por libre”. Pero Bruselas ya les ha dejado claro que eso no es posible. Y que el futuro será diferente.

En principio, hay dos modelos de relación que la UE tiene con otros paises y que se manejan para Reino Unido. Uno, el que se tiene con Noruega, Islandia o Liechtenstein: integrar a Reino Unido en el espacio económico europeo (EEA), una zona de casi libre comercio, a cambio de aceptar la libre circulación de personas y la Jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia, contribuyendo en parte al presupuesto europeo (3 condiciones que no les gustan a los británicos). Otra opción es firmar un Acuerdo de Libre Comercio, como el que tiene la UE con Canadá o Corea del Sur, menos favorable porque incluye aranceles y restricciones. Y todavía hay una tercera, menos interesante: un Acuerdo de Asociación, como el que tiene la UE con Ucrania.

Los británicos buscan integrarse en la primera opción, en el espacio económico europeo, pero sin obligaciones, algo imposible. De momento, lo pactado en noviembre de 2018 es que Reino Unido se mantenga en la unión aduanera y el mercado único, como ahora, al menos hasta diciembre de 2020, para negociar estos 21 meses la relación futura. Pero hay un problema que lo condiciona todo: la frontera entre las dos Irlandas. La UE se ha comprometido con la República de Irlanda a que no habrá frontera con Irlanda del Norte (una de las cuatro naciones que integran Reino Unido, con Inglaterra, Gales y Escocia), pero para que esto sea posible, Irlanda del Norte (RU) tendrá que seguir en el futuro en el mercado único. Y si el resto del Reino Unido no se queda después en el espacio económico europeo, tendría que haber una frontera entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido. Algo que no quieren los conservadores británicos, porque rompería la integridad territorial del país y porque temen que, sin frontera, arrecien las opiniones a favor de una reunificación de Irlanda. Y, sobre todo, porque si se llega a diciembre de 2020 sin acuerdo, el Reino Unido seguiría dentro del mercado único hasta que lo haya (podrían prorrogarse 1 o dos años esta negociación) y los euroescépticos temen que el Brexit no se materialice nunca. Por eso lo han torpedeado en las votaciones del Parlamento. Por eso y porque pensaban que la UE iba a ceder.

Antes o después, salvo que se dé marcha atrás con un  2º referéndum (antes de finales de 2020), el Brexit deberá materializarse en una nueva relación comercial, económica y política entre la Unión Europea y el Reino Unido, donde ambas partes perderán. Y donde España se juega mucho, uno de los paises que más, porque el futuro estatus del Reino Unido afectará a los turistas británicos, a nuestro comercio, a la actividad de nuestras empresas y bancos, a los pescadores y a los españoles que viven en Reino Unido. Veamos cómo.

Empecemos por el turismo: en 2018, el 22% de todos los turistas que llegaron a España (82,7 millones) eran británicos (18,5 millones), siendo los extranjeros que más visitan Canarias (33,6% del total de turistas), Andalucía (20,5%) y la Comunidad Valenciana (28,6%) y los que se gastan 21 de cada 100 euros ingresados por el turismo. El Brexit va a rebajar el crecimiento y el nivel de vida de los británicos, depreciando la libra, con lo que restará turistas y gasto en España. Algunos expertos del sector estiman que la caída de turistas británicos puede llegar al 20% en unos años : supondría recibir 3,6 millones menos al año.

Luego está el comercio con las islas británicas, que son hoy nuestro 5º país cliente (detrás de Francia, Alemania, Italia y Portugal): les vendimos en 2018 por valor de 18.977 millones de euros, el 6,6% de todas las exportaciones y tenemos con ellos un superávit comercial (export-import) de +7.528 millones. Si en el futuro hay aranceles, eso afectará negativamente a las empresas españolas que ahora venden a Reino Unido coches (25,5% exportaciones), frutas, hortalizas y alimentos (10,3%), maquinas (6,9%), productos farmacéuticos (3,2%) y ropa (2,5), afectando negativamente al empleo en Comunidad Valenciana, Cataluña y Castilla y León, las tres autonomías que más exportan hoy al Reino Unido, el tercer mercado de los fabricantes de coches instalados en España.

También hay que hablar de las empresas españolas que operan e invierten (unos 60.000 millones anuales, sólo por detrás de Francia y Alemania) en Reino Unido, más de 300 compañías, que consiguen en las islas una buena parte de su facturación y beneficios: Ferrovial (34% ventas son en RU), Telefónica (30% facturación), Banco de Santander (30% de su beneficio sale del RU), Iberdrola (14% ingresos), FCC (10% beneficio), Inditex (110 tiendas), Banco Sabadell (15% negocio), IAG Iberia…De hecho, se estima que un 21% del beneficio de las grandes empresas del IBEX se genera en Reino Unido. Un elemento clave será el futuro de Iberia y Vueling, controladas por la británica IAG, que podrían tener problemas para volar en Europa tras un Brexit duro.  Y no podemos olvidar la incertidumbre que tienen los 140 barcos españoles que faenan en aguas británicas (Gran Sol y Malvinas).

Por último, otro frente de preocupación es el futuro de los 300.000 españoles que viven y trabajan en Reino Unido, preocupados por sus futuros derechos (laborales, residencia, sanidad, educación, como los de ese millón de británicos que viven en España (300.000 de forma permanente). En ambos casos, pueden ser los “rehenes” de la futura negociación sobre las relaciones económicas y comerciales entre la UE y Reino Unido a partir de 2021.

Y todo esto no afecta sólo a España, porque estos mismos temas preocupan al resto de los 27 paises que seguirán en la Unión Europea, un Club que pierde a su 2º socio más importante (el PIB de RU, 2,39 billones de euros, supera al de Francia, con 2,34 billones) y a un 13% de su población (66,27 millones de habitantes), aparte de su aportación tecnológica, de defensa, inversora, social o cultural, sin olvidar su aportación presupuestaria: 10.751 millones anuales, que al perderse obligarán a que España aporte 888 millones de euros más a Bruselas, con lo que seremos un país “contribuyente neto” desde 2019 (que paga más que recibe). Pero lo peor es que la negociación post-Brexit va a tener medio paralizada a la Unión Europea este año y el próximo, precisamente cuando tiene que ocuparse de otros 2 problemas más graves: el evidente  estancamiento económico y el futuro político de la UE.

El Brexit tiene medio paralizada a Europa cuando estamos sufriendo un estancamiento económico y la zona euro es la región del mundo que menos crece, según todas las estimaciones internacionales: la OCDE acaba de bajar su crecimiento para 2019 al +1% (un 0,8 menos que en noviembre), mientras el BCE habla del 1,1%, la Comisión Europea el 1,3% y el FMI un 1,6%, muy por debajo del crecimiento mundial (+3,3%) y de EEUU (+2,9%). Ello se debe a que la economía europea es la más abierta y su principal motor de crecimiento son las exportaciones, que han “pinchado” por el proteccionismo de EEUU y China (donde van un tercio de las exportaciones europeas, según Eurostat), la caída del comercio y la crisis de algunos paises emergentes (como Turquía y Brasil). Y lo más preocupante es el mínimo crecimiento de Alemania (estiman un +0,8% este año) y la recesión en Italia (-0,2% para 2019), con un bajo crecimiento en Francia (+1,5%), muy afectada por las protestas sociales. España de momento aguanta (+2,2% de crecimiento previsto para 2019), pero el estancamiento europeo ya nos afecta en dos de los motores del crecimiento: el turismo (se ha frenado) y las exportaciones, que cayeron en enero de 2019 (por tercer mes consecutivo), según Comercio, porque 2/3 de nuestras ventas van a Europa.

La situación económica de Europa, sobre todo de la zona euro, es tan preocupante que el Banco Central Europeo (el BCE) ha decidido volver a hacer de “bombero”, como cuando la crisis de 2013-2015: va a retrasar hasta 2020 la esperada subida de tipos de interés prevista para este otoño (como también lo hará EEUU) y seguirá inyectando dinero a los bancos europeos, al 0% y menos (si demuestran que lo prestan), para seguir “dopando” la economía europea y evitar una nueva crisis en la zona euro. En paralelo, y para evitar otra recesión, 18 de los 27 países de la UE (entre ellos Alemania, Francia, Holanda, Italia, Portugal  o España, han aprobado para este año más gasto, unos presupuestos más expansivos, para evitar que la economía se desinfle más y vuelvan los problemas a la Europa del euro.

La situación se agrava porque Europa está económicamente estancada en un momento político delicado, con unos dirigentes europeos “en funciones” y unas elecciones europeas a la vuelta de la esquina (23 a 26 de mayo), que auguran un avance de los partidos euroescépticos y de extrema derecha (en Holanda acaban de ganar las elecciones regionales), lo que dificultará el trabajo de la futura Comisión Europea. Porque la amenaza de crisis económica y el auge de los populismos sólo se pueden combatir con reformas para avanzar en la unión económica y política, creando instrumentos (Presupuesto europeo potente, política fiscal y social conjunta, unión bancaria eurobonos, Tesoro europeo…) que nos preparen mejor para afrontar otra crisis, si viene. Y demostrando con hechos a los europeos que se intentan resolver sus problemas, para reducir el euroescepticismo y la abstención política (el 58% europeos no votaron en las últimas elecciones europeas).

Este es el trasfondo tras el Brexit, del que se habla menos. Urge votar un nuevo Gobierno europeo que evite otra crisis y tome medidas conjuntas más ambiciosas para reanimar las economías europeas, con un Plan de inversiones y gasto a nivel continental. Y en España, el futuro Gobierno debería ir en esa línea, porque no vale decir que "nosotros crecemos más": crecemos más gracias a que en el último año han subido los salarios públicos, el salario mínimo  las pensiones y el gasto social (mal que le pese al PP y a Ciudadanos, todo ese gasto extra mantiene el consumo y sostiene el crecimiento). Pero si Europa se estanca, este “oxígeno” del gasto público se agotará  y acabaremos también en crisis. Y somos más vulnerables, porque tenemos el doble de paro y más déficit y deuda que el resto de paises.  Habría que hablar en esta campaña del 28-A sobre cómo evitar otra crisis, cómo reanimar la economía, lo que obliga a  un Presupuesto 2019 con más ingresos y más gastos. Y si no se hace, vendrá otra crisis y habrá que hacer más recortes, forzados otra vez por Europa.

Dicen que la economía no da votos y quizás por eso ningún partido habla del Brexit, del estancamiento de la economía y del futuro de Europa. Pero es donde nos jugamos nuestro empleo y nuestro bienestar, nuestro futuro, Más que en Cataluña, el “monotema electoral” de la derecha española. Quizás porque no quieren que sepamos sus alternativas para los demás problemas que tenemos. Pero si nos cae encima otra crisis (en Europa y en España), tendrán que aplicarlas antes o después. Y quizás no nos gusten.

jueves, 22 de mayo de 2014

Elecciones 25-M : nos jugamos mucho


Este es un blog de economía, no de política. Pero quiero destacar la importancia de estas elecciones europeas para nuestros bolsillos. Si ganan los que llevan mandando en Europa una década, el continente seguirá con una recuperación lenta y nos impondrán a España más recortes: 20.000 millones para 2015. Si pierden, la alternativa no está clara (Hollande y Renzi son dos bluff de la izquierda), pero un voto de castigo al PPE (y a Merkel) obligaría a un cierto cambio en Bruselas, suavizando los ajustes a la Europa del sur y apoyando más el crecimiento y el empleo, sobre todo de los jóvenes. La elección está entre seguir con la austeridad y los sacrificios (para la Europa del sur) o reanimar la economía europea (estancada) y crear más empleo, como ha hecho EEUU. Hay muchos motivos para no votar, pero la abstención ayuda sobre todo a los padres de la austeridad. Hay que buscar otro camino para Europa.

enrique ortega

La economía es la clave de las elecciones europeas del 25-M. Seguir con la austeridad que ha llevado a Europa al estancamiento o cambiar de política y reanimar la economía y el empleo. Ese es el verdadero dilema. Jean-Claude Juncker, el candidato del PPE, es corresponsable de la política europea contra la crisis, como presidente del Eurogrupo entre 2004 y 2013, junto a Ángela Merkel (canciller alemana desde 2005) y  Durao Barroso (presidente de la Comisión desde 2004). Un trío de políticos conservadores, defensores de la austeridad para asegurar que la Europa del sur recorta y paga la deuda a los bancos de la Europa del norte. Y en 2010, cuando estalla el problema de Grecia, en lugar de aislarle, lo contagian al sur y asfixian la incipiente recuperación con una austeridad suicida: la zona euro entra en la segunda recesión (-0,7% en 2012 y -0,4 en 2013), se destruyen 7 millones de empleos y el paro llega a niveles históricos (12% en 2013, la mayor tasa desde la postguerra), mientras uno de cada cuatro europeos está en riesgo de pobreza. Enfrente, Estados Unidos reanima la economía, crece ininterrumpidamente desde 2010 (2,8% en 2012 y 1,9% en 2013) y crea 8 millones de empleos.

Ha habido mucho sufrimiento innecesario en Europa por una austeridad mal aplicada”. La crítica es de Timothy Geithner, Secretario del Tesoro USA entre 2009 y 2013. El sufrimiento se ha cebado en la Europa del sur, en especial en Grecia, Portugal y España, sometidos a la misma medicina: drásticos recortes en el Estado del Bienestar (educación, sanidad, subsidios de paro y gastos sociales), devaluación de salarios y pensiones, despidos públicos  y reformas laborales que han privado de derechos a los trabajadores, aumentando la pobreza y la desigualdad. Así, la austeridad se ha saldado en España con una segunda recesión (PIB cayó -2,8% entre 2010 y 2013) mientras Europa crecía esos años (+3,3%) y Alemania más (+8,4%). Hemos perdido 1.810.500 empleos desde 2010 (dos tercios con Rajoy), mientras Alemania creó 3,6 millones durante la crisis. La mitad de los españoles ingresan menos de 1.000 euros al mes, según Eurostat, y la renta por habitante de los españoles es el 96% de la europea (hemos retrocedido a 1.998) y un 77% de la alemana (24.400 euros por español frente a 31.500 cada alemán).

Crisis sí, pero con desigual coste entre el norte y sur de Europa, ahora más distantes. Y ahora, la incipiente recuperación europea es mínima: la zona euro creció sólo un 0,2% en el primer trimestre y hay 8 países cuya economía está cayendo (-0,1% Italia, -1,4% Holanda, -0,4% Finlandia, -0,7% Chipre y Portugal, -1,2% Estonia y falta el dato de Grecia e Irlanda). Y la propia Comisión prevé que Europa sólo crezca un 1,2% en 2014, frente al 2,8% de EEUU), con mínima creación de empleo (1,5 millones en UE-28 este año), mientras tiene por delante tres serias incertidumbres. La primera, la baja inflación : 7 países europeos tienen (abril) inflación negativa (Grecia, Bulgaria, Chipre, Hungría,Eslovaquia, Croacia y Portugal) y en toda Europa sólo sube 0,8% (0,3% en España). Esta baja inflación atenta contra la recuperación (se retrasan compras y las empresas venden y contratan menos) y dificulta el pago de las deudas, a los países (España debe casi un billón de euros), empresas y particulares (1,86 billones más).La segunda, la fortaleza del euro, que ha rozado los 1,40 € por dólar: una moneda fuerte dificulta las exportaciones y el turismo, los dos motores de la economía española. Y la tercera, los recortes anunciados en Italia y sobre todo Francia, nuestro primer cliente:los recortes de salarios,ayudas y pensiones a los franceses reducirán sus viajes y compras a España.

España, además de sufrir más que la mayoría de Europa la baja inflación, el euro fuerte y los recortes en Francia, tiene un problema propio: tenemos más del doble de paro que Europa (26,4% frente a 10,5% UE-28), así que necesitamos crecer mucho más para recuperar parte de los 3,8 millones de empleos perdidos con la crisis. Y la economía apenas crece, porque no tira el consumo, debido al mucho paro (casi 6 millones) y a que se congelan o bajan los sueldos y las pensiones. Y dependemos de las exportaciones (que crecen menos) y del turismo, que crea poco empleo y muy precario. Pero lo peor es la amenaza que tenemos encima: la Comisión Europea saliente ha advertido a España que, si no sube impuestos, no cumplirá el objetivo de déficit en 2015: será el 6,1% del PIB en lugar del 4,2%. Así que Rajoy se verá obligado a hacer otro ajuste de 20.000 millones en 2015. Y además, le piden otra “vuelta de tuerca” a la reforma laboral, básicamente contratos más “flexibles”, con menos sueldo y menos indemnización, sobre todo para jóvenes (mini-jobs).

Así que si los conservadores ganan las elecciones europeas, seguirá la austeridad para España (como para Portugal, Grecia y varios países del Este). Y volverán a poner en peligro la recuperación, con riesgo de caer en una tercera recesión (como pasó en 2011). Hace falta un cambio de política, que ponga el empleo como la prioridad de Europa y no el déficit. A corto plazo, los futuros dirigentes deberían permitir que el BCE baje los tipos (al 0%), inyecte liquidez a la economía, quite fuerza al euro y reanime el crédito, la gasolina que necesita la recuperación. Y que ayude a los países endeudados del sur, compartiendo la deuda (eurobonos), para que España y los demás paguemos menos intereses (como ha hecho el Gobierno Rajoy con las autonomías). Y es urgente reanimar la economía  europea, con un Plan Marshall como el que han propuesto los sindicatos (y rechazado Rajoy), para invertir 250.000 euros anuales durante 10 años (se crearían 11 millones de empleos). Y acelerar Planes de empleo, para jóvenes, mujeres  y mayores de 55 años, sobre todo en el sur, para dar una salida a los 26 millones de europeos sin trabajo.

Si se reanimara la economía europea, España recibiría un enorme empujón, ya que dependemos mucho de las compras, los turistas y la financiación europeas. Pero además, para crecer más y reducir la brecha de paro, habría que reanimar la economía española, con inversiones propias en reindustrializar el país, innovación y tecnología, educación y formación, apoyadas en nuevos ingresos fiscales: si España redujera el fraude fiscal y recaudara como Europa, se podrían ingresar 90.000 millones más. No habría déficit y se podría gastar más, en reanimar la economía, formar mejor a parados y jóvenes y recuperar el Estado del Bienestar. Pero todo esto es difícil si el PPE manda en Europa (y Rajoy en España, claro).

Tras cuatro años de austeridad suicida e innecesaria, las elecciones nos permiten elegir: más de lo mismo o intentar ir por otro camino, como EEUU, Japón, China o Brasil. Si gana el PPE, será más poder para la política económica de Merkel y los fundamentalistas del ajuste de Bruselas. Si hay un voto de castigo y gana la izquierda europea, podría cambiar algo, aunque hay muchas incertidumbres: Hollande y Renzi no han planteado “otra vía” contra la crisis (sólo recortes, aunque diferentes), los socialistas han estado en la Comisión que se despide (6 de los 27 comisarios) sin plantear alternativas al austericidio (empezando por Almunia) y el candidato del PSE, Martín Schulz, es alemán y miembro de un partido que gobierna en coalición con Merkel. Puede que el cambio, si ganan los socialdemócratas, no sea muy grande, pero algo se notaría (y lo necesitamos). Lo que está claro, por pura matemática electoral, es que la abstención o la dispersión de voto favorecen al PPE (y a Merkel).

No podemos perder esta ocasión de dar un toque a los políticos europeos, que nos han llevado al desastre, agravando la crisis. Deberíamos aprovechar para forzar un cambio, para que la economía mejore más rápido, aunque los españoles seamos bastante pesimistas: el 66,1% piensa que la situación económica será igual o peor dentro de un año y sólo un 23,5% la ve mejor, según el barómetro del CIS de abril. Pero el resultado de estas elecciones va a ser clave para la recuperación. España se la juega en Europa. Piense y vote.

lunes, 17 de febrero de 2014

Europa y BCE, paralizados hasta las elecciones


España se la juega en Europa, pero ni Bruselas ni Alemania quieren tomar medidas para reanimar la lenta recuperación del continente ni el grave desempleo en España y la Europa del sur. El BCE no se atreve a bajar tipos y dar más liquidez y crédito a la economía (como EEUU), aunque la inflación está por los suelos y el euro fuerte frena las exportaciones. Alemania y la Europa del norte están cómodos con la situación, porque crecen  algo más y tienen poco paro. No quieren hacer nada hasta que pasen las elecciones de mayo, porque temen que sus electores les castiguen si toman medidas (costosas)  para reanimar la economía europea, sobre todo el estancado sur. Mientras, Europa es la zona del mundo que menos crece, tiene el mayor paro desde la postguerra mundial y en el sur siguen los recortes, el paro y la pobreza. Un caldo de cultivo nefasto para votar en mayo a las europeas.
enrique ortega

Europa no acaba de despegar, tras salir el verano pasado de la segunda recesión en esta crisis. Es el continente que menos crece: prácticamente nada (0,1%) en 2013 (frente a +1,9% EEUU, +1,7% Japón y +4,7% los países en desarrollo). Y tiene un nivel de paro histórico, el más alto en Europa desde la postguerra mundial: 10,7% en UE-28 y 12% en la zona euro (7,7% en 2008), aunque en Alemania sea sólo del 5,1%. Y el problema es que para 2014 se espera una recuperación muy débil: crecer el 1,1% (1% dice el FMI), mientras EEUU espera crecer un 3%, Japón el 1,7% y los países en desarrollo un 5,1%. Y dos países clave están “tocados”: Francia, la segunda economía del continente está creciendo en 2014 sólo un 0,2%, en tanto Italia, la tercera, espera crecer este año sólo un 0,6%mientras se temen convulsiones en los mercados por la penúltima crisis política italiana, tras la dimisión de Letta.

No es sólo que Europa crezca poco. Además, se le acumulan los problemas. Por un lado, no hay apenas crédito (cayó un 2,3% en 2013) y además, hay grandes diferencias entre el norte y el sur: las empresas españolas pagan el doble por un crédito que las alemanas (6% frente al 3%). La economía está tan parada que apenas hay consumo y por eso, la inflación está por los suelos (0,7% en enero), con riesgo de deflación (bajada de precios), algo que hundiría más a las empresas, el crecimiento y el empleo. Y fortalecería más al euro, que sigue disparado (por encima de 1,37 €/dólar), debilitando las exportaciones, la válvula de escape de muchos países (España). Y encima, la crisis de las divisas de países emergentes refuerza  al euro y dificulta aún más las exportaciones, frenando el débil crecimiento esperado.

Por si fuera poco, Europa sigue sin resolver el grave problema de los países rescatados . La propia Eurocámara acaba de culpar a la troika (Comisión, BCE y FMI) de "haber agravado su paro y su pobreza"Grecia parece necesitar un tercer rescate, a cambio de más ajustes que le hundirán más en la recesión (crecen las voces a favor de su salida temporal del euro, como única solución). Portugal, con su economía hundida, puede necesitar también más préstamos, mientras Irlanda mejora por el peso de las multinacionales que no pagan impuestos, pero con el resto de su economía en grave crisis y un 25% de empleo precario (minijobs). De Chipre y Eslovenia, con economías quebradas, ni se habla. Y España, a la que alaban sus “reformas” (recortes), ha salido de la crisis pero sigue estancada: apenas crecemos, no hay consumo, seguimos muy endeudados, no hay crédito, no se crea apenas empleo y crece la pobreza y la desigualdad.

A punto de cumplirse, en mayo, cuatro años de la política europea de austeridad, impulsada por Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, el balance es un continente estancado y una Europa del sur con graves problemas, de bajísimo crecimiento, mucha deuda y mucho paro (28 % en Grecia, 26% en España o 15,4% en Portugal frente a 5,1% en Alemania), que necesita con urgencia estímulos para salir con más fuerza de la recesión: con el crecimiento previsto  para 2014 (0,6-0,9%), España sólo crearía 60.000 empleos netos, según el BBVA, para casi 6 millones de españoles sin trabajo. Un drama.

Europa está paralizada, mirando de reojo a Italia. El sur desespera, mientras Alemania y los países del norte está cómodos, con más crecimiento (bajo: Alemania creció 0,4% en 2013 y  espera +1,7% en 2014), poco paro y sin deudas. Y en medio, el BCE lleva año y medio sin tomar medidas (salvo bajar tipos en noviembre, al 0,25%), después de que en julio de 2012 salvara al euro (y a España: no Rajoy) anunciando que tomaría medidas si hacía falta para dar liquidez a Europa (como EEUU), algo que no ha llegado a hacer.

El BCE puede y debe tomar medidas para reanimar la economía europea y facilitar que la Europa del sur crezca más y cree más empleo. La primera, bajar los tipos, aunque sólo sea del 0,25 al 0% (como los tiene EEUU), una medida más “escaparate” (como mensaje a los mercados) que efectiva. Más efecto tendría una nueva “barra de liquidez”, facilitar dinero barato a los bancos europeos, como en 2012, pero a cambio de compromisos para que lo destinen a dar préstamos y no a comprar deuda pública. Otra medida podría ser la compra de deuda pública en el mercado secundario, para dar liquidez (como hace Estados Unidos desde 2009, ahora reduciéndolo), algo a lo que se opone Alemania (sería una “redistribución de la riqueza”, dice el Tribunal Constitucional alemán: ¡pues claro¡ ). Y sobre todo, tomar medidas efectivas para que el dinero cueste lo mismo en toda Europa.

Si se facilita la liquidez y el crédito, sobre todo en el sur, Europa crecerá más. Pero necesita además otro empujón de Bruselas, con un Plan Marshall europeo lanzado por la Comisión Europea, que fomente inversiones productivas en los países del sur, con los fondos estructurales y de cohesión, centradas además en planes de formación y de empleo juvenil más ambiciosos que el aprobado en 2013 (y no puesto en marcha por Rajoy, para no subir el déficit) .

En paralelo a este necesario “empujón europeo”, España debería poner en marcha un Plan de urgencia contra el paro, centrado en un ambicioso programa de formación para parados y en políticas activas de empleo, con potentes incentivos para la contratación de jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Además, un Plan para reanimar la actividad en sectores clave (industria, turismo, exportadores, nuevas tecnologías), junto a una mejora de ingresos que facilite el consumo: subida del salario mínimo (como Merkel y Obama), ayudas a parados que no cobran subsidio, rebajas fiscales a las rentas más bajas, mejoras salariales ligadas a la productividad, ayudas para la renegociación de hipotecas y un Plan contra la pobreza. Todo ello supondría más gasto público, que podría compensarse con mayores ingresos fiscales (por lucha contra el fraude y más recaudación a ricos y grandes empresas, además del aumento de ingresos derivado del mayor crecimiento y empleo conseguidos).

España poco puede hacer sola, si el BCE y Bruselas no ayudan reanimando la economía europea. Pero no parece que estén por la labor y menos antes de las elecciones europeas de mayo. Draghi (BCE) no se atreve a actuar por temor a Alemania, donde Merkel evita proponer un mayor gasto en Europa, por ideología y por temor a que sus votantes piensen que les tocará pagarlo. Y además, su situación económica le permite esperar y ver. Pero el sur, y sobre todo España (con más del doble de paro que Europa) no puede esperar más. Urge un golpe de timón en Europa, acabar con una austeridad suicida y avanzar por otro camino, el de reanimar la economía: EEUU lo tomó en 2009 y han creado ya 8 millones de empleos.

Si el BCE, Bruselas y Alemania no toman medidas, Europa seguirá a la cola del mundo y el sur seguirá languideciendo el resto de la década, con tasas de paro insoportables al menos hasta 2018, según el FMI. Con más pobreza y desigualdad, con dos Europas cada vez más distantes. Y con más desencanto ante la política y ante las instituciones europeas. Si no toman medidas urgentes, en estas elecciones ganarán los radicales y euroescépticos. Necesitamos soluciones desde Europa, no ajustes ni doctrinas. Si no se ponen las pilas y actúan, para reanimar la economía y crear empleo de verdad, no se quejen de los resultados de las elecciones de mayo. Votemos en consecuencia.