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jueves, 31 de julio de 2025

Cinco libros para entender mejor nuestro mundo

Cada verano acostumbro a recomendar algunos libros que yo he leído antes y que me parecen de interés para comprender mejor la economía y nuestro mundo. En una sociedad de tuits y memes, falta dedicar tiempo a la lectura sosegada de libros que explican el trasfondo de los problemas y plantean alternativas, como los 5 libros que aquí recomiendo. Uno, del Nobel Stiglitz, es una crítica detallada del capitalismo neoliberal, que explota a consumidores, trabajadores y medio ambiente, proponiendo un capitalismo “progresista” (socialdemócrata). Otro libro aborda los paraísos fiscales y cómo los ricos esconden su dinero. El tercero reflexiona sobre el tiempo y su reparto, a propósito del recorte de la jornada de trabajo. El cuarto analiza las redes sociales y explica cómo han provocado polarización y derechización política, manipulando conductas y elecciones. Y el último libro explica claramente cómo funcionan los algoritmos y la inteligencia artificial, tan imprescindible como peligrosa. Miren a ver si alguno les interesa. ¡Buen verano¡


El primer libro, “Camino de libertad. La economía y la buena sociedad” es el último publicado por Josep E. Stiglitz, un divulgador economista estadounidense que ganó el Premio Nobel en 2001. Parte de analizar que la derecha se ha apropiado de la palabra “libertad, en EEUU y en el mundo (es la palabra favorita de la presidenta Ayuso) y que eso significa la defensa de un modelo económico y social que defiende la libertad de mercado para “explotar” a los consumidores, trabajadores y al medio ambiente”. Stiglitz analiza el concepto de libertad económica desde los economistas clásicos hasta los neoliberales actuales, para desvelar las consecuencias de las políticas “neoliberales” en EEUU y en el mundo, que han provocado explotación, desigualdad y un enorme poder de las grandes corporaciones, en perjuicio de la mayoría de la sociedad y del Planeta. Y llega a plantear que este tipo de economía pone en riesgo la propia democracia.

Lo interesante no es sólo que Stiglitz disecciona los males del capitalismo neoliberal actual y el poder incontrolado de las grandes plataformas de Internet sino que plantea alternativas, otro modelo económico, un “capitalismo progresista” (socialdemócrata), que ponga la economía al servicio de la sociedad y limite el poder de las grandes corporaciones, fomentando la competencia y una economía sostenible, con reglas, instituciones públicas potentes y una menor desigualdad, recuperando la libertad de verdad, pero la libertad de la mayoría frente a la concentración de poder de una minoría cada vez más rica y menos democrática. Y todo ello escrito antes de la 2ª llegada al poder de Trump, que este libro ayuda a entender mejor.

El segundo libro, “Donde se esconde el dinero. Cómo los ricos atracan al mundo”, es el fruto de una larga investigación de la periodista suiza-iraní-canadiense Atossa Araxia Abrahamian. El libro desvela un universo paralelo de estrategias empresariales y fiscales para que los millonarios y las grandes empresas desvíen su dinero a cerca de 6.000 paraísos fiscales que dibujan una “geografía oculta”, un mundo paralelo donde las acrobacias legales y la contabilidad creativa permite la opacidad de los poderosos. El libro sigue una ruta, desde Ginebra a los puertos francos y ciudades y zonas libres de impuestos, deteniéndose en Luxemburgo, Singapur y sobre todo Dubái, el mayor paraíso fiscal donde radican hoy múltiples empresas y sociedades financieras de todo el mundo.

En paralelo a todos esos paises que están al margen de la fiscalidad “normal”, el libro aborda otros componentes de este “mundo paralelo, como los paises donde se registran la mayoría de los barcos mercantes (Liberia, Panamá, Bahamas), los paises que acogen fábricas (o presos) de terceros paises y las ciudades que se construyen sólo para absorber el juego, la prostitución o el contrabando de paises vecinos (como en la frontera de Laos con China). Se trata de una investigación sin precedentes, que descubre un mundo paralelo al que conocemos, construido y moldeado por las grandes fortunas, empresas, multinacionales para escapar de los impuestos y comportarse sin apenas normas ni regulación. Asusta.


El tercer libro, “La política del tiempo”, lo ha escrito el profesor británico Guy Standing, famoso por su defensa de “la renta básica universal”. Aquí, el economista analiza el papel del tiempo de trabajo en la historia, desde la antigüedad (los griegos distinguían entre “laborar” y trabajar) a la Edad Media y al tiempo en la era industrial, el primer periodo de la historia donde el capitalismo controló férreamente el horario de los trabajadores. Y posteriormente, el uso del tiempo en la sociedad modera, dominada por los servicios, donde los trabajadores dedican su jornada a realizar múltiples actividades, dentro y fuera de su jornada laboral. Standing es muy crítico sobre la imposición del tiempo de trabajo y la escasez de tiempo de ocio que no se dedique al consumismo y a las redes sociales e Internet.

El libro analiza cómo la pandemia ha sido un punto de inflexión en la valoración del tiempo, porque mucha gente ha reflexionado sobre su trabajo y su vida. Y Standing propone otra concepción del trabajo y del tiempo, analizando las propuestas de reducción de jornada (a 4 días semanales de trabajo) y defendiendo una sociedad más “emancipada del tiempo”, que vuelva a distinguir entre trabajar y hacer cosas (como los griegos), participar en actividades comunales y formativas, en un ocio creativo. En lugar de buscar un crecimiento sin límite del PIB y del consumo, el autor defiende que el Estado promueva “un tiempo lento”, la democracia deliberativa y la actividad comunal como trabajos “des mercantilizado”. Al final, más que un libro sobre el tiempo es una reflexión sobre la vida que llevamos.


El cuarto libro, “Las redes del caos”, es una impresionante investigación sobre la evolución de las redes sociales, escrito por Max Fisher, periodista del New York Times. Un análisis detallado del funcionamiento de las redes sociales, omnipresentes en el mundo (Facebook tiene 3.000 millones de seguidores, YouTube 2.540, Instagram 2.000 millones y WhatsApp otros 2.000 millones) y cómo provocan violencia social, creciente polarización, radicalización y que han gestado el auge de la extrema derecha en todo el mundo. El autor hace un seguimiento a las principales redes (sobre todo a Facebook) y explica cómo han ido cambiando la sociedad, apoyados por unos algoritmos que buscan y promueven los comentarios más extremos para tener más seguidores y ganar más dinero con la publicidad.

Lo más interesante del libro es que sigue paso a paso la evolución de las redes, desde su inicio (2008) hasta hoy y explica todo lo que han hecho para captar más seguidores y conseguir más negocio, aunque eso suponga promover una guerra civil en Birmania (ayudando al exterminio de los rohinyás), en Sri Lanka, la India, Indonesia, Alemania o Estados Unidos, donde han promovido conflictos y muertes. Y, sobre todo, explica que todo esto no es casualidad, sino que se debe al algoritmo de las redes, que promociona las opiniones más extremas para conseguir más clics (y más ingresos). Es clave su análisis de cómo las redes han fomentado a la extrema derecha en todo el mundo y cómo han aupado a Trump, promoviendo el ataque al Capitolio y poniendo en peligro la democracia. Como reflexión, el autor revela que todo esto se podría cambiar, modificando el algoritmo. Pero eso recortaría el negocio y el poder de las grandes tecnológicas que están detrás de las redes. Y que manipulan el mundo.

El quinto libro, “Esclavos del algoritmo. Manual de resistencia en la era de IA”, escrito por la periodista española Laura González de Rivera, analiza también las redes sociales pero va más allá, profundizando en la Inteligencia Artificial (IA) y su evolución en los últimos años, con un lenguaje sencillo y comprensible. Analiza sobre todo el papel de los algoritmos, esas instrucciones que están detrás de las redes sociales y la IA y que son “peligrosos”, porque en muchos casos fomentan los bulos y la desinformación o la violencia, el machismo y la xenofobia) o sesgos varios si se utiliza la IA  para contratar a alguien, conceder un crédito o decidir una vigilancia policial o una libertad provisional. Y explica el nefasto papel de los algoritmos en algunos comportamientos (forzando a internautas a atentar contra la reina de Inglaterra, por ejemplo, o a suicidarse) , en la derechización de los paises y en el auge de la extrema derecha o en la llegada al poder de Trump y Bolsonaro.

La autora defiende la Inteligencia Artificial (IA) si se utilizan los algoritmos y la tecnología para beneficiar a los ciudadanos (y no a las grandes tecnológicas), lo que exige atacar los monopolios actuales (disgregando empresas: Facebook, Instagram y WhatsApp son propiedad de Meta), intentando “democratizar la IA”, algo que ahora no sucede porque su logística, sus bases de datos y sus algoritmos son inaccesibles para Gobiernos y expertos y los controlan un reducido grupo de oligarcas tecnológicos (blancos y superricos) a los que les molesta la democracia (y por eso financian y apoyan a autócratas como Trump). Hace falta también una legislación que controle la IA (como la ha aprobado Europa), educar a la población (para conocer los riesgos) y una “ética” en la configuración y control de los algoritmos (las plataformas no pueden ser éticas, porque sólo buscan el beneficio). Al final, el libro aporta una sentencia clave: lo que puede ser verdaderamente peligroso no es la IA ni los algoritmos sino las personas que hay detrás. Por eso hay que controlarlas.

Bueno, espero que alguno de estos 5 libros te interese. ¡Buen verano y hasta septiembre¡

lunes, 3 de agosto de 2020

5 libros para reformar el capitalismo


El coronavirus ha sumido al mundo en la mayor crisis económica y social de la historia reciente. Pero antes de la pandemia, el capitalismo no conseguía recuperarse y los ciudadanos sufrían las consecuencias de un crecimiento muy desigual, una guerra comercial y un auge del nacionalismo económico, con el Brexit y Trump. Aquí les traigo 5 libros recientes para intentar comprender mejor la situación de las economías antes de la pandemia y los problemas que siguen ahí, agravados por esta nueva recesión: bajo crecimiento, precariedad, desigualdad, proteccionismo, cambio tecnológico y climático y, sobre todo, falta de esperanza en un futuro mejor, con un auge de extremismos y populismos. Un libro divulgativo de un economista español, un análisis histórico, económico y político sobre la desigualdad de un economista francés con ventas millonarias, una historia (increíble pero real) sobre los megaricos y sus paraísos fiscales y dos Premios Nobel USA que proponen reformas posibles para salvar el capitalismo y nuestro futuro. Espero que les resulten interesantes. ¡Hasta septiembre!

enrique ortega

El título del primer libro que recomiendo es muy explícito: “Excesos. Amenazas a la prosperidad global”, del profesor Emilio Ontiveros, conocido por sus colaboraciones en El País y la SER. Es un buen principio para comprender el estado de la economía mundial antes del coronavirus, los problemas que teníamos y seguimos teniendo (agravados): un crecimiento muy desigual, que deja fuera a paises y ciudadanos, guerras comerciales y proteccionismo económico, excesivo peso de las finanzas, precariedad laboral y salarial, deterioro condiciones de vida, desigualdad educativa, destrucción del medio ambiente, falta de colaboración internacional y, al final, inseguridad global y pérdida de confianza en el futuro.

El libro de Ontiveros analiza cómo hemos llegado hasta aquí, los errores de la tercera globalización (1980-2010), iniciada con la llegada al poder de Reagan y Thatcher y la caída del muro de Berlín. Analiza con detalle la desregulación económica, la financiarización de las economías, el reparto internacional de la producción, el deterioro del trabajo, la “elusión” fiscal internacional,  la digitalización de las economías y las alteraciones en el poder mundial, con el ascenso de los paises emergentes, en especial China. Y cómo todo este proceso se ha traducido en un aumento de la desigualdad global y la sensación en muchos paises de que los jóvenes viven peor que sus padres, junto a una destrucción del medio ambiente y una demografía muy preocupante. Además, existe una mayor concentración empresarial y más poder de las multinacionales y mercados, que dictan normas y “vician” la democracia, decepcionando a millones de ciudadanos. Y asistimos a una nueva “guerra fría” entre USA y China, muy preocupante para el mundo, mientras Europa “no se encuentra”.

“Excesos” es un libro muy actual, con continuas referencias a China, USA (Trump) y Europa, sin olvidarse de España. Y un libro fácil de leer, escrito en un lenguaje entendible que nos ayuda a entender cómo hemos llegado a la economía de hoy. Pero Ontiveros no se queda ahí y propone soluciones (“Nada está perdido”), que pasan por un crecimiento inclusivo, fortalecer las instituciones multilaterales y “regenerar” el capitalismo, compatibilizando la rentabilidad de las empresas con las exigencias sociales y una fiscalidad justa. “Compatibilizar capitalismo y progreso, para que en los próximos años el mundo sea habitable”. Amén.

El segundo libro se centra en uno de los problemas más graves del capitalismo actual: la creciente desigualdad. Lo escribe el “economista estrella” del mundo, el francés Thomas Piketty, que vendió 2,5 millones de ejemplares de su anterior libro, “El capital del siglo XXI” (2013). Ahora, Piketty ha publicado “Capital e ideología”, que es una historia económica, social y política de la desigualdad, desde el siglo XIX hasta hoy. Y eso porque el autor cree que “la desigualdad es el gran desafío del mundo en el siglo XXI”, porque “resulta imposible afrontar el desafío climático o migratorio sin reducir las desigualdades”.

El libro de Piketty puede asustar si se ve en una librería, porque es un “tocho” de 1.247 páginas. Pero tiene “varios niveles de lectura”. Yo les sugiero dos. Empezar por leer la Introducción (57 páginas), seguir con la tercera parte ( Capítulo 16: las transformaciones del siglo XX, con un análisis muy interesante de la historia reciente de Europa y la desigualdad, incluyendo 6 páginas sobre “la trampa separatista y el nacionalismo catalán”) y acabar con el Capítulo 17 y las Conclusiones, donde diseña su modelo económico y social contra la desigualdad: una socialdemocracia avanzada, con un reparto del poder en las empresas, un impuesto progresivo sobre la propiedad, garantizar la justicia educativa y fiscal y conseguir una democracia justa y un nuevo orden económico internacional. Y luego, a ratos perdidos, ir leyendo el resto del libro, que es básicamente un libro sobre la historia económica, política y social del mundo, desde Europa y USA a China, Rusia, India y paises emergentes.

Capital e ideología” no es un libro de economía, es un gran libro de historia del mundo donde mezcla un análisis económico, político, social y cultural, analizando incluso décadas de resultados electorales en medio mundo para analizar la evolución de las ideologías. Porque Piketty cree que la desigualdad no es económica ni tecnológica, sino ideológica y política. Y que la historia del mundo la explican las ideologías, no la economía ni la lucha de clases. Por eso, culpa a la socialdemocracia de dejación de responsabilidades y de no haber sido alternativa al capitalismo neoliberal que nos ha traído la crisis y la desigualdad. Y aboga por un nuevo modelo económico, de cogestión económica y progresividad fiscal, similar al que rigió Europa tras la II Guerra Mundial. Atrévase con Piketty.

Para “desengrasar” un tercer libro más “liviano”: “Moneyland. Por qué los ladrones y los tramposos controlan el mundo y cómo arrebatárselo”, del periodista británico Oliver Bullough, considerado “libro del año 2019” por The Times y The Economist. Cuenta con detalle cómo viven y se mueven los megaricos, los que se han beneficiado de la tremenda desigualdad que desvelaba Piketty. Es una exhaustiva investigación por la tierra del dinero (“Moneyland”), el territorio que se han creado los superricos del Planeta, rusos, chinos, europeos o africanos supermillonarios que tienen pasaportes malteses, empresas pantalla panameñas, villas en Londres, fondos en Jersey o fundaciones en Liechtenstein. Estos “cleptócratas”, opina el autor,  son “una amenaza para la democracia porque con su impunidad minan la confianza de la gente en el sistema”.

El libro detalla cómo estos megaricos de China, Nigeria, Ucrania, Rusia, Europa o EEUU han creado un Estado propio (“Moneyland”) donde “no existen fronteras”: hacen circular su dinero, sus hijos, sus propiedades y a ellos mismos dónde quieren, eligiendo las jurisdicciones para que las reglas y las restricciones de los demás no les afecten. “Una infraestructura global que permite a los corruptos robar en un sitio, ocultarlo en otro y gastarlo en el de más allá”, señala el autor. Y ofrece detalles de cómo se ha construido este sistema, que mueve 2,6 billones de dólares anuales, desde Suiza y los paraísos fiscales a Europa y USA. Y también propone soluciones para combatirlo, básicamente leyes, transparencia y colaboración internacional.

El cuarto libro que propongo leer es “Contra los zombis. Economía, política y la lucha por un mundo mejor”, del Premio Nobel norteamericano Paul Krugman. Es una recopilación de más de 90 artículos publicados en prensa (la mayoría en The New York Times) en los últimos 15 años. Su denominador común es desactivar una serie de ideas “zombis, un montón de ideas que Krugman llama así porque son “ideas que se resisten a morir”, que “deberían estar muertas porque no funcionan, pero que son repetidas por motivos políticos”.

La idea “zombi” a la que Krugman dedica más tiempo es que las rebajas fiscales producen un efecto milagroso y que bajar impuestos reanima la economía”, algo que “jamás ha funcionado” (insiste Krugman), que se ha demostrado falso desde la época de Reagan y Thatcher (aunque Pablo Casado lo siga repitiendo). La 2ª idea zombi más repetida es la austeridad, los recortes como salida a una crisis que tanto defendió Europa en 2010 y Rajoy desde 2012. “La austeridad es mala para la economía”, señala Krugman y lo argumenta. Otras ideas zombis que critica Krugman son que los programas sociales no se pueden financiar y son inviables, que no se puede dar cobertura sanitaria a todos los norteamericanos, que la desigualdad es inevitable, que la deuda es una bola de nieve imparable, que la tecnología supone desigualdad y paro o la bondad del proteccionismo de Trump. En definitiva, Krugman trata de denunciar las “malas ideas económicas” y  su libro ofrece también “alternativas para conseguir un mundo mejor”, como hacen también los demás libros que recomiendo.

Y acabo con el quinto libro, “Capitalismo progresista”, de otro Premio Nobel USA, Joseph Stiglitz, calificado de “manifiesto brillante y provocados para salvar al capitalismo de sí mismo”. El autor explica que hemos pasado de la economía del bienestar a “la era del malestar”, donde el capitalismo “ha fallado a mucha gente”, por su crecimiento escaso y desigual. El autor hace un repaso a los últimos 40 años de la economía mundial, de Reagan a Trump, deteniéndose en los tres grandes males del sistema: globalización mal gestionada, financiarización desmedida y un poder creciente del mercado, con la tremenda consecuencia de que “la economía se ha adueñado de la política y la democracia”. Y al final, plantea Stiglitz, “antes que la reforma económica hay que hacer la reforma política”.

El grueso del libro es la primera parte, que analiza ¿Cómo se ha perdido el rumbo?, detallando esos males ya apuntados: enorme poder del mercado, concentración desmedida de la riqueza, excesivo peso del sector financiero, una globalización mal gestionada (“el proteccionismo no es la respuesta”, insiste frente a Trump) y el desafío de las nuevas tecnologías para el empleo, la desigualdad y el poder del mercado. “Necesitamos que el Gobierno controle el mercado, que el mercado controle al Gobierno y que la sociedad controle a ambos”, señala. Una segunda parte propone medidas para reconstruir la economía y la política en EEUU. Y la parte final plantea alternativas para mejorar la vida de la gente, con una Agenda progresista para la regeneración del capitalismo, darle la vuelta a lo que se ha hecho mal en estos 40 años y “gobernar para el 99%, no para el 1% más rico”: controlar mercados, regular las finanzas, fiscalidad más justa, reequilibrar la globalización, aprovechar socialmente los cambios tecnológicos y frenar el deterioro ambiental. “No es demasiado tarde para salvar al capitalismo de sí mismo”, señala al final Stiglitz. Ojalá sea verdad.

Espero que estos 5 libros les interesen y ayuden a entender mejor el mundo. Lean, descansen y ¡hasta septiembre!

jueves, 4 de agosto de 2016

Cinco libros (con historia) para este verano


En verano hay más tiempo para leer y por eso llevo cinco años recomendando lecturas que ayuden a entender mejor la economía y esta larga crisis. Son libros recientes, rigurosos pero fáciles de leer, escritos por especialistas críticos, que tratan de hacernos pensar. Dos son las últimas obras de tres Premios Nobel de Economía norteamericanos, sobre la creciente desigualdad (Stiglitz) y sobre cómo muchas empresas engañan a los consumidores (Akerlof y Shiller). El tercero es de una periodista sueca, que analiza la economía desde un enfoque femenino, muy novedoso y nada sectario. El cuarto bucea en un grave problema de España, el déficit público y la deuda, desde los Reyes Católicos a hoy (aviso de Bruselas por déficit excesivo). Y el quinto es otro libro de historia económica, sobre la Guerra Civil iniciada hace 80 años: un exhaustivo estudio donde se ve que los errores económicos y las malas políticas pueden ser más decisivas que las armas para perder una guerra. Que los disfruten y aprendan.

enrique ortega

El primer libro tiene un título muy directo que induce a leerlo: “La economía de la manipulación. Cómo caemos como incautos en las trampas del mercado”. Sus autores son dos norteamericanos Premios Nobel de Economía, Robert J. Shiller (galardonado en 2013) y George A. Akerlof (premiado en 2001), éste más famoso por su mujer: Janet Yellen, la actual presidenta de la Reserva Federal de EEUU. Dos sesudos economistas que se atreven a contradecir una de las viejas teorías económicas, desde Adam Smith (1776): que el libre mercado es el que hace moverse el mundo y nos proporciona riqueza y bienestar. Para Shiller y Akerlof, lo que mueve el mundo es el beneficio y por eso las empresas, los vendedores, no dudan en explotar las debilidades de los compradores, de los consumidores, para manipularles y engañarles si pueden. El libro trata de demostrar que los mercados no son perfectos y que están plagados de manipulaciones y trucos para que una minoría de empresas y entidades financieras se enriquezcan a costa de la mayoría.

Los autores analizan la gran recesión de 2008, cómo los bancos de inversión se dedicaron a vender activos manipulados (hipotecas basura y derivados) a cambio de grandes beneficios y de la codicia de los inversores. Y  buscan las pautas de “la economía de la manipulación”, desde los hipermercados que tratan de vendernos lo que no necesitamos a la publicidad que nos “vende historias” para que compremos coches, viviendas o tarjetas de crédito. Y analizan también los mecanismos de la manipulación política en EEUU, a través de lobbys (hay más de 12.000) que financian las costosas campañas de los políticos y promueven luego Leyes para defender intereses minoritarios.

Los casos más llamativos de “la economía de la manipulación” son los de las industrias alimentaria y farmacéutica, donde los autores desvelan cómo se manipulan las nuevas autorizaciones de fármacos y los estudios sobre los daños de algunos alimentos. Y lo mismo hacen con las cuatro grandes adicciones en USA: tabaco, alcohol, drogas y juego. Como conclusión, Shiller y Akerlof señalan que el mercado es un arma de doble filo, que precisa regulación y vigilancia para evitar que se abuse de los consumidores, una gran tentación para muchas empresas y sectores, dispuestos a ganar más dinero a cualquier precio. Y más porque los consumidores tomamos nuestras decisiones de una forma no siempre racional, marcados por el subconsciente y nuestras debilidades: por eso somos fácilmente manipulables por las empresas.

Otro Premio Nobel norteamericano (2001), Joseph Stiglitz, coincide también en criticar a los mercados como “imperfectos”, por lo que se hace necesario regularles y controlarles. Y precisamente, la desregulación de Reagan y Bush y todas las medidas de liberalización financiera de los años 90 y 2000 aparecen como los principales culpables de la gran recesión de 2008, según señala Stiglitz en su último libro, La gran brecha, que analiza uno de los grandes problemas de la economía USA y mundial: la desigualdad. Una gran “brecha” separa al 1% muy rico, que controla el 25% de los ingresos y el 40% del patrimonio norteamericano del 99% restante. Una desigualdad que se inició con Reagan y Bush, que bajaron los impuestos a los más ricos, y que se ha agravado con la recesión de 2008, liquidando la clase media y haciendo más pobres a todos los norteamericanos, cuyos ingresos reales son ahora inferiores a los de 1979. Y una desigualdad que ha crecido también en España, donde los 20 españoles más ricos tienen tanto como los 14 millones de españoles más pobres (30% de la población), según los datos de Intermón Oxfam.

Para Stiglitz, La tremenda desigualdad, en el mundo, Europa y España, no es sólo totalmente injusta e inmoral. Es que además, debilita la economía y el crecimiento, según distintos expertos. En todos los estudios, la razón es la misma: la caída de los ingresos de las clases media y los más pobres reduce el consumo y el crecimiento. Si los de abajo ingresan y gastan menos, las ventas y el crecimiento se frenan. Además, la desigualdad, el enorme poder político del 1% más rico, pone en peligro la democracia.

Stiglitz repasa la desigualdad en EEUU, desde la pobreza infantil (1 de cada 5 niños), las dificultades para acceder a la universidad los más pobres, la enorme población reclusa (2 millones, el 25% de los presos del mundo), el desplome de los salarios o de la población activa, para contraponerlo con el creciente patrimonio de los más ricos, que apenas pagan impuestos. Y analiza las causas de esta desigualdad, reiterando que es fruto de políticas equivocadas, en defensa del 1% que más tiene, políticas que están minando la igualdad de oportunidades. Por eso, insiste, reducir la enorme desigualdad es posible pero hacen falta otras políticas, que regulen la economía y los mercados y gobiernen en defensa del 99% de la población, no del 1%.

También de los mercados habla el tercer libro, de la periodista sueca Katrine Marçal, con un título muy sugerente: “¿Quién hacía la cena a Adam Smith?”. Adam Smith, el padre de la economía moderna (1723-1790) escribió que podíamos cenar cada noche gracias a que el panadero, el carnicero y el cervecero trabajaban movidos por el ánimo de lucro, por el mercado. Pero la autora da una respuesta más simple: Adam Smith podía cenar cada noche porque su madre, Margaret, le hacía la cena. Con ello, Marçal da un repaso a las teorías económicas vigentes hasta hoy y reflexiona sobre el hecho de que la economía y el mercado han podido funcionar gracias al papel de la mujer, gracias a que junto al “homo economicus” ha estado la mujer, desempeñando tareas no remuneradas en el hogar o un doble trabajo, en casa y en la empresa, discriminadas y peor pagadas que los hombres.

No se trata del libro de una feminista trasnochada sino de una interesante reflexión sobre el papel de la mujer en la economía y su reiterada marginación, incluso hoy día. La autora indaga en las razones por las que las mujeres ganan menos y tienen menos puestos directivos  y sobre su papel en la familia actual, demostrando que la pobreza y la desigualdad se han cebado en la mujer. Y plantea que el mundo “no puede seguir ignorando lo que la mitad de la población hace la mitad del tiempo y no se computa en el PIB”. Katrine Marçal señala que las crisis de los mercados son causadas por el “hombre económico” y sus valores, mientras se ha dejado a la mujer tareas complementarias, sin valorar su función económica. Y que si hay que buscar una salida a la crisis, hay que encontrarla sin dejar fuera a la mitad de la población, huyendo de una “lógica de mercado asentada básicamente en el hombre”.

Y ahora vamos a un tema de actualidad, el elevado déficit público y deuda de España, que nos ha supuesto una amenaza de multa de Bruselas, tras 8 años superando el 3% del PIB de déficit público (y con una deuda que supera el 100% del PIB). Pero por desgracia, no es algo nuevo: lo llevamos arrastrando desde la época de los Reyes Católicos, según analiza con mucho detalle el catedrático Francisco Comín en su reciente libro “La crisis de la deuda soberana en España 1500-2015”. Un trabajo que revela que España es “un país adicto” al déficit público y a la deuda  en los últimos seis siglos. Y además, que somos el país con más largo historial de suspensiones de pagos y renegociaciones de la deuda, desde la época de los Austrias a la postguerra española pasando por los Borbones, los reyes absolutistas o los liberales.

El libro de Comín parte de la Hacienda de los Reyes Católicos para analizar primero a los Austrias, desde Carlos V (1516-1556) a Carlos II (1665-1700). En todos los casos, la secuencia es similar: los Reyes se embarcan en múltiples y costosas guerras por Europa y asfixian  con  impuestos a sus súbditos pero los ingresos no les llegan y se ven forzados a emitir deuda tras deuda, que hace millonarios a los banqueros (castellanos, genoveses o alemanes) y que finalmente no pueden pagar, con lo que impagan la deuda y emiten otra para seguir adelante. Y lo mismo los Borbones (siglo XVIII), aunque fueron más cautos que los Austrias. Y después, entre 1808 y 1851 (repletos de guerras), la Hacienda española estuvo en una situación de permanente bancarrota, que trató de evitar el Estado liberal (1851-1898) con la reestructuración de la deuda de ministro Bravo Murillo (1851), aunque a finales de siglo, con la pérdida de Cuba, la deuda estaba otra vez en máximos históricos: 168,9% del PIB en 1879 y 125% en 1902 (el tercer máximo, el 100,6% del PIB, se ha alcanzado este año 2016).

El siglo XX empieza con otro Plan de estabilización de la deuda, del ministro Fernández Villaverde que, unido a la ausencia de guerras (salvo la de Marruecos) evitó una crisis de la deuda, aunque siguió aumentando. Y en 1936, con la Guerra Civil, volvió a estallar la crisis de la deuda, atemperada por el recurso de Franco al Banco de España, la inflación y el sistema de forzar a bancos y cajas a financiar la reconstrucción y el crecimiento del país. Con ello, la dictadura dejó de tener déficits a partir de 1952 (salvo en 1959 y 1971), aunque la Hacienda era mínima, sin apenas recaudación de impuestos y pocos gastos públicos. El libro de Comín analiza después el déficit y la deuda en la democracia y finaliza con la crisis de la deuda en la zona euro (2010), que todavía está ahí y el problema estructural que tiene España para reducir su déficit: se debe más a que recaudamos mucho menos que Europa que a que gastemos más.

Y para terminar otro libro de historia económica, “La financiación de la Guerra Civil española”, el trabajo de toda una vida de José Ángel Sánchez Asiaín, presidente del Banco de Bilbao y luego del BBVA. Son 1.309 páginas, un verdadero “Tratado” sobre una guerra que estalló hace 80 años: explica con sumo detalle cómo se financió la sublevación, la ayuda decisiva de Juan March, el papel clave de Portugal, los cambios en el sistema financiero con la guerra, la política monetaria de los dos bandos (es clave su investigación sobre la estrategia de Franco de debilitar a la peseta republicana en Europa como “arma de guerra”), la financiación de la compra de armas, el papel de las autonomías, el funcionamiento de la banca en las dos zonas,  el papel de los dos Bancos de España y la historia completa del oro que se mandó a Moscú. Llama la atención todo el análisis del comportamiento económico, financiero, industrial, comercial y agrícola de la República, sus múltiples errores y divisiones, que provocaron inflación, hundimiento de la economía y desconfianza internacional, frente a la unidad y una estrategia económica más ortodoxa del Gobierno de Burgos, que les ayudó, junto al papel clave de Alemania e Italia, a ganar la guerra.

Una de las partes más extensas del libro de Sánchez Asiaín analiza el comportamiento de bancos y Cajas durante la guerra, en los dos bandos, y la política republicana de incautaciones, de cuentas y patrimonios. Y todo el análisis de las cuentas y presupuestos en los dos bandos, así como su financiación y endeudamiento exterior. Y después, todo el proceso de liquidación del dinero y los activos republicanos y la asunción de deudas (con Alemania e Italia), así como el impacto del conflicto en los déficits y la economía de la postguerra. Y para terminar, dos capítulos destacables. Uno, sobre el coste humano (600.000 muertos) y material (33.000 millones de pesetas) de la guerra. Y  otro más triste: la división y las peleas financieras del exilio republicano, en Francia y en México, desde marzo de 1936 hasta la noche del 15 de junio de 1977, cuando Fernando Valera dimitió como último presidente de la República en el exilio. Si les gusta la historia y la economía y quieren saber qué  pasó en nuestra guerra, no dejen de leer este libro, objetivo, riguroso y documentado hasta el límite.

Espero que estos cinco libros les interesen y puedan leer alguno. Por lo demás, ¡Felices vacaciones¡ . Y hasta septiembre.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Elecciones USA: nos jugamos mucho todos


No votamos, pero en las elecciones norteamericanas del 6 de noviembre nos jugamos mucho todos, sobre todo España: si ganara Romney y aplicara recortes del gasto, provocaría una mayor recesión en el mundo, ya preocupado por la crisis del euro. Y afectaría a las inversiones allí de nuestras empresas y a las exportaciones a EEUU, nuestro sexto cliente mundial. Por no hablar del mayor riesgo de una guerra militar (otra) con Irán y una guerra comercial con China si ganan los republicanos. Victoria que envalentonaría a Merkel y a los fundamentalistas de Bruselas en sus recortes. Si gana Obama, podría reanimar la economía USA y ayudar a un mayor crecimiento mundial. Con todo, Estados Unidos tiene un problema grave de creciente desigualdad, que hace peligrar su futuro y el de todos.

Estados Unidos sale de la recesión aunque lentamente. La economía crece ahora el +2%, frente al -6,2% que caía en las elecciones de 2008. Y el FMI augura este año un crecimiento del 2,2%, el tercer año en positivo tras las caídas de 2008(-0,3%) y 2009(-3,1%, el peor dato desde 1946). Un crecimiento similar al de Japón (+2,2%), superior al de una Europa en recesión (-0,4% en 2012) pero muy por debajo del +5,3% que crecerán los países emergentes (+7,8% China, +4,9% India, +3,7% Rusia, +1,5% Brasil). Con todo, es un crecimiento todavía bajo y EEUU no crecerá por encima del 3%, como antes de la crisis, hasta 2016. Por eso, el paro seguirá alto (para ellos), por encima del 7,5%, aunque Obama lo ha bajado al 7,9% desde el 10,2 % que llegó a subir en 2009. El problema es que no se crea suficiente empleo (5,5 millones en los últimos dos años y medio). Y que sólo cobra el paro un 38% de los 14 millones de desempleados (y sólo 6 meses).

El paro es el primer problema para los norteamericanos, pero hay otro del que no son tan conscientes: la enorme desigualdad, que ha crecido con la crisis. EEUU es el país con más desigualdad de la OCDE (0,47 de coeficiente Gini, frente a 0,32 España, 0,30 la UE o 0,29 Alemania). Si hace treinta años, el 1% más rico se llevaba el 12% de las rentas, ahora se lleva el 20%. Y con la recesión, los ricos se han hecho más ricos: se llevaron el 93% de los ingresos adicionales conseguidos por el país en 2010. Los 6 herederos de Wal-Mart (supermercados) han recibido un patrimonio equivalente al del 30% de la población más pobre (93 millones de personas). El patrimonio de los hispanos ha caído un 66%, el de los negros un 53% y el de los blancos un 16%. La clase media está desapareciendo y el salario real de un trabajador es menor que hace 30 años. Los negros y las mujeres ganan el 80% que los blancos. Uno de cada seis norteamericanos está en la pobreza y uno de cada cuatro niños (el 40% de los niños negros). Y uno de cada 7 norteamericanos depende del Gobierno para alimentarse.

Esta tremenda desigualdad económica aboca a una gran fractura social: 50 millones de norteamericanos no tienen seguro médico, la esperanza de vida es menor que en España (78 años frente a 82), la mortalidad infantil (8%) es mayor que la de Cuba o Malasia(6%) y 1 de cada 100 adultos está en la cárcel (1 de cada 3 negros es condenado alguna vez).Ocho millones de familias han perdido su casa y otros 11 millones deben más al banco de lo  que vale su vivienda. Crece el abandono escolar (30% en secundaria) y los que viven con sus padres (19% entre 25 y 34 años). Sólo se  licencian a tiempo un 22 % de los universitarios y dos tercios salen con deudas de más de 25.000 dólares.

Todos son datos aportados por Joseph E. Stiglitz, premio Nobel 2001, en su reciente libro “El precio de la desigualdad”, una impresionante radiografía de EEUU hoy. Su tesis es que el 1% de los ricos se ha hecho más rico con la recesión a costa del 99% restante, gracias a una serie de factores que analiza con rigor: la desregulación financiera de Reagan, Bush y Clinton, la bajada de impuestos a los ricos y grandes empresas, el poder de los monopolios y grandes empresas para fijar precios y cobrar más al Estado, el clasismo en el acceso a la educación, la financiación de lospolíticos y sus campañas y la Justicia a favor del 1% más rico. Destaca el capítulo donde explica cómo ese 1% convence al 99% de sus tesis, defendiendo sus privilegios en debates sobre el déficit y los recortes, las hipotecas, la sanidad o las ayudas a la banca. Y lanza tres duros mensajes: la desigualdad está destruyendo la democracia ("un dólar, un voto"), la desigualdad está destruyendo el mito americano de la igualdad de oportunidades (ahora, si naces pobre, negro o hispano, no tienes futuro) y la desigualdad lastra el crecimiento y la salida de la crisis.

Por desgracia, estos temas no centran el debate electoral norteamericano, enfocado en el paro y el déficit público. La receta de Obama es seguir reanimando la economía (lo ha hecho en 2009, 2011 y en septiembre 2012, aportando liquidez y tipos al 0% hasta 2015), pero la política monetaria es insuficiente y tendrá que subir impuestos y aumentar las inversiones públicas. La receta de Romney es recortar el déficit público (8,9% PIB) y el Estado (privatizando la sanidad y las pensiones, cuya gestión privada sería más cara, según Stiglitz), y bajando impuestos (a los ricos). Precisamente, el déficit actual se debe en buena parte a la bajada de impuestos de Bush (20%), a la guerra de Irak (15%), a la prestación pública de medicamentos (1%) y a la recesión (16% por las medidas de estímulo y 48% por la menor recaudación).Por eso, Stiglitz defiende, para recortar el déficit, subir impuestos a los ricos, recortar el gasto en armamento, reestructurar las hipotecas, recortar subvenciones y ayudas injustificadas a  bancos y grandes empresas y estimular la economía con más decisión, con inversiones públicas en educación, tecnología, energía e infraestructuras.

En estas elecciones se juegan dos modelos de política económica: Obama, que apuesta por reanimar la economía desde el Estado y Romney que apuesta por recortar el Estado y apoyarse en los mercados (que nos trajeron esta crisis). Si gana Romney y recorta gastos, se resentirá el crecimiento y frenará la economía mundial, con Europa en recesión. Además, la política de recortes de Merkel y los fundamentalistas de Bruselas tomaría más aire. Y si hay recortes en EEUU, harían mucho daño a España: son nuestro sexto país cliente y nuestras empresas tienen una fuerte presencia allí en energías renovables, infraestructuras, telecomunicaciones, alta velocidad (AVE), tecnología médica, gestión del agua y alimentación.

En definitiva, que votan los norteamericanos (pocos, el 57%) pero se la juega el resto del mundo. No sólo la economía, sino el mundo que defienden: si gana Romney puede meternos en otra guerra cruenta (su mayor preocupación es” un Irán nuclear”) o comercial (con China) y en conflictos con Rusia (“el enemigo geopolítico nº 1”). Y crecería la desigualdad  y la fractura social en EEUU, algo que se ha contagiado al resto del mundo con la recesión. Crucemos los dedos y a ver si gana Obama. Por nuestro bien.