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jueves, 18 de diciembre de 2025

España: sigue la brecha Norte-Sur (y otras)

España crecerá este año un +2,9%, pero no todas las regiones crecerán tanto, destacando Murcia, Canarias, Baleares, Castilla la Mancha, Madrid y Cataluña, casi las mismas que más crecieron en 2024. Pero el grueso del crecimiento español (el 72% del total) lo aportan sólo 6 autonomías: Madrid, Cataluña, Andalucía, Comunidad Valenciana, País Vasco y Galicia, las mismas que en el año 2.000. Y si tenemos en cuenta la población, lo que se produce por habitante, hay 7 autonomías productivas y ricas, 5 pobres (Andalucía, Extremadura y Canarias, Murcia y Castilla la Mancha, más Ceuta y Melilla) y otras 5 intermedias. Se mantienen las 3 Españas, como en el año 2.000 y como en el siglo pasado. Y dentro de cada autonomía, hay grandes desigualdades de renta entre provincias y municipios. Vamos, que el crecimiento sigue mal repartido, según donde uno viva. Habría que resolverlo, con un Pacto autonómico y local que incluya medidas económicas, fiscales y de financiación. Reducir la histórica “brecha” entre las 3 Españas.

                             Enrique Ortega

España espera crecer un +2,9% este año 2025 (menos del 3,5% de 2024), según las previsiones del FMI, la Comisión Europea y el propio Gobierno. Pero no todas las regiones crecerán igual: este año habrán crecido más la Comunidad Valenciana (+3,6%), Canarias (+3,5%), Murcia y Madrid (+3,3%), Baleares (+3,2%), Cataluña y Castilla la Mancha (+3,1%), según las previsiones de BBVA Research. Lo que tienen en común estas autonomías es el turismo y las exportaciones, así como el impulso de las inversiones públicas y los Fondos europeos, factores que también están detrás de los mayores crecimientos por autonomías en 2024: Canarias y Murcia (+3,7%), Castilla León y Castilla la Mancha (+3,4%), Galicia y la Rioja (+3,3%), Madrid y Andalucía (+3,1%).

Lo importante no es tanto lo que crece una u otra autonomía sino lo que aporta cada una al crecimiento español. Y aquí hay una gran desigualdad. El crecimiento se concentra en 6 autonomías, que aportan el 72,1% de todo el crecimiento (2024): Madrid (19,8% de todo el PIB español), Cataluña (18,9%), Andalucía (13,3%), Comunidad Valenciana (9,3%), País Vasco (5,7%) y Galicia (5,1%), según el INE. Así que las 11 autonomías restantes (más Ceuta y Melilla) sólo aportan el 27,9% de todo el PIB español. Una concentración del crecimiento que apenas ha variado en este siglo, porque en el año 2000, las 6 autonomías más productivas aportaban el 71% del PIB. Madrid es la que más ha aumentado su aportación (del 17,5% al 19,8%), mientras Cataluña, Andalucía y la Comunidad Valenciana la han mantenido y ha caído algo la aportación del País Vasco y Galicia.

Madrid se consolida como la región que más produce en España (316.241 millones de euros, el 19,8% del PIB total), reforzando su liderazgo frente a Cataluña (301.894 millones de euros, el 18,9% del total), a la que sobrepasó económicamente en 2012. Madrid está ganando la carrera apoyada por un fuerte crecimiento de la población (+405.000 habitantes entre 2019 y 2024, frente a +399.227 en Cataluña y +202.145 en Andalucía), los menores ajustes durante la crisis, el efecto negativo del procés sobre la economía catalana, el tirón de inversiones y  turismo y el “factor capitalidad” (concentra empleo público, multinacionales y grandes empresas), así como la oferta de servicios de alto valor añadido. Ahora, el president Illa ha aprobado un Plan a medio plazo, que prevé invertir 18.500 millones en infraestructuras, formación, servicios públicos y modernización de su economía para que Cataluña consiga recuperar el liderazgo económico en España en 10 años (“o en 5, si podemos”).

Pero lo importante no es lo que produzca cada región o cada país, sino lo que se produce por habitante (PIB por habitante), el indicador que permite conseguir un mayor o menor nivel de renta. Así, España es el 4º país que más produce en la UE (1.504.330 millones de euros en 2024), tras Alemania (4.328.970 millones producidos), Francia (2.921.412 millones) e Italia (2.199.619 millones de PIB). Pero luego, al tener en cuenta la población de cada país, España baja hasta el puesto nº 14 en PIB por habitante, según Eurostat: produjimos 32,633 euros por habitante (2024), frente a 39.870 euros de media en la UE-27, con lo que “nos adelantan” 13 paises en PIB por habitante, no sólo los tres grandes (Alemania, Francia e Italia, que también tienen más PIB total) sino otros paises más pequeños, como Luxemburgo, Irlanda, Paises Bajos, Dinamarca, Bélgica, Austria, Suecia, Malta, Finlandia y Chipre. Producimos menos que ellos por habitante (y por eso somos “menos ricos”).

Dentro de España pasa lo mismo: hay regiones que producen mucho (como Andalucía o la Comunidad Valenciana) pero que, como tienen mucha población, en realidad son “menos productivas” que otras que producen menos y tienen poca población. La clave es comparar la producción por habitante (el PIB por habitante). Ese es el verdadero ranking de las autonomías: las más productivas (y por ello las más ricas) y las menos productivas (y más pobres), según los datos de 2024 publicados por el INE en septiembre. Y así podemos perfilar el mapa de las 3 Españas: la rica (7 autonomías), la pobre (5 regiones más Ceuta y Melilla) y la intermedia (5 autonomías restantes).

La España rica, la que produce por habitante más que la media (32.633 euros en 2024) la integran Madrid (44.755 euros por habitante, un 37,1% superior a la media), País Vasco (41.016 euros, el 25,7% más), Navarra (39.076 euros, el 19.7% más), Cataluña (37.426 euros, el 14,6% más), Aragón (36.446 euros, el 11,6% más), Baleares (36.011 euros, el 10,3% más) y la Rioja (34.475 euros, el 5,6% más que la media). La España intermedia la componen 5 autonomías que producen por habitante menos que la media española, pero no demasiado: Castilla y León (31.140 euros, el 95,4% de la media), Galicia (30.105 euros, el 92,2%), Cantabria (29.791 euros, el 91,3%), Asturias (29.658 euros, el 90,9%) y la Comunidad Valenciana (27.611 euros, el 84,6%). Y el resto componen la España pobre: Castilla la Mancha (26.588 euros, el 81,5% de la media), Murcia (26.592 euros, el 81,5%) y, sobre todo, Canarias (25.925 euros, el 79,4%%), Extremadura (25.227 euros, el 77,3%), Andalucía (24.566 euros, el 75,3% de la media), Ceuta (23.228 euros, el 71,2%) y Melilla (produce 21.128 euros por habitante, el 64,7% de la media), los dos “farolillos rojos”.

Estos datos revelan que Melilla produce por habitante menos de la mitad que Madrid (el 47,2%) y Andalucía el 56%. Lo peor no es sólo esta tremenda “brecha” entre dos regiones  (una produce el doble que la otra) sino que esa diferencia apenas ha mejorado desde 2019 (Melilla producía el 49,36% y Andalucía el 53,92%) e incluso desde el año 2.000 (Extremadura, entonces la más pobre, producía el 49,53% que Madrid), según los datos del INE. Y además, las 7 regiones más ricas en 2024 (Madrid, País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón, Baleares y Rioja) son las mismas que en 2008 y casi las mismas que en el año 2.000 (Madrid, Navarra, Baleares, País Vasco, Cataluña, la Rioja y Aragón). Y las más pobres de hoy (Melilla, Ceuta, Andalucía, Extremadura y Canarias) son las mismas que en 2019, casi las mismas que en 2008 (entraba Castilla la Mancha) y casi las mismas que en el año 2.000 (Melilla, Ceuta, Extremadura, Andalucía y Castilla la Mancha).

Pero hay algo más llamativo: esta brecha entre regiones más o menos productivas se arrastra desde hace siglo y medio, según el libro “La desigualdad regional en España 1860-2015”, escrito por tres catedráticos universitarios (Díez Minguela, Martínez-Galarraga y Tirado). Ahí documentan que la desigualdad regional aumentó entre 1860 y 1910, se redujo después entre 1910 y 1950, volvió a bajar entre 1960 y 1985 y lleva siendo elevada desde 1986, a raíz de la entrada de España en Europa, debido a que una economía más abierta ha agravado las diferencias regionales, al competir mejor unas autonomías que otras.

¿Por qué hay tanta desigualdad en la producción y riqueza de las autonomías? La existencia de 2 o 3 Españas tiene mucho que ver con la estructura económica de cada región (más o menos industria, más o menos servicios y el tipo de agricultura), su población (poca o mucha y nivel de envejecimiento), la educación y formación de sus trabajadores, el nivel tecnológico, la mayor o menor inversión pública o privada, las infraestructuras disponibles o el peso de la exportación. Y en el caso de Madrid, el factor “capitalidad”, que aporta un “crecimiento extra” porque las instituciones públicas y ser la capital del país atrae empresas, inversiones, población y talento, según este estudio del IVIE. Por todo ello hay regiones más o menos productivas, aunque el factor que más ha jugado en este siglo para explicar la brecha regional es la desigual creación de empleo.

Tras la mayor o menor producción por habitante, luego entran en juego “los contrapesos”, mecanismos que intervienen para que esas regiones tengan más o menos renta. En principio, las regiones más productivas son también las más ricas, pero hay factores de corrección de esa “brecha económica”: las transferencias públicas (pensiones, desempleo, ayudas a la Dependencia), subvenciones y prestaciones sociales, el gasto público en sanidad y educación, las inversiones públicas, impuestos y la financiación autonómica. Y dentro de estas “medidas correctoras” destacan las ayudas europeas, que buscan corregir los desequilibrios regionales y que han sido ingentes (España ha recibido 176.000 millones de Fondos estructurales europeos entre 1989 y 2020, muchos para las regiones más desfavorecidas).

Pero estas transferencias y políticas públicas no han conseguido corregir las diferencias de renta entre las autonomías. En consecuencia, nos tropezamos otra vez con 3 Españas, según la renta neta por persona publicado por el INE. En 2023, la media española fue de 14.807 euros, siendo muy diferente según la región donde vivimos. Otra vez nos encontramos con una España rica, con más renta que la media, integrada por 7 autonomías: País Vasco (19.078 euros), Madrid (17.275 euros), Navarra (17.253 euros), Cataluña (16.546 euros), Asturias (16.201 euros), Baleares (15.926 euros) y Aragón (15.747 euros). Son las mismas regiones que tienen un mayor PIB por habitante, salvo Asturias (donde el envejecimiento y las pensiones suben la renta por persona). El mapa de la España pobre, con menos renta por persona, lo integran otras 8 regiones: Murcia (11.967), Andalucía (12.191), Melilla (12.745), Castilla la Mancha (12.357), Extremadura (12.421 euros), Comunidad Valenciana (13.374), Canarias (13.372) y Ceuta (13.403 euros). Coinciden con las autonomías menos productivas, aunque en otro orden (por las compensaciones de transferencias e impuestos). Y quedan las 4 autonomías de la España intermedia: Castilla y León (14.940 euros de renta por persona), Cantabria (14.708), Galicia (14.558) y La Rioja (14.529).

Estos datos significan que la renta media por persona en Murcia es un tercio menor (el 62,6%) que en el País Vasco y en Andalucía un 30% menos que en Madrid. Un problema que llevamos arrastrando décadas: hace casi 50 años, en 1977, un balear (los más ricos entonces) tenía 1,81 veces la renta de un extremeño (los más pobres), según un informe de la Fundación Alternativas. Luego, a lo largo de este siglo XXI, la brecha ha mejorado algo, pero poco: en el año 2000, un aragonés ingresaba 1,53 veces la renta de un extremeño, en 2008 (antes de todas las crisis), un vasco tenía 1,65 veces la renta de un extremeño y en 2023 (último dato publicado) , un vasco tiene una renta 1,6 veces superior a la de un murciano… Y España es el 2º país occidental (tras EEUU) donde más creció la brecha entre regiones entre 2019 y 2022, según la OCDE, por la pandemia y la inflación.

Esta desigualdad regional se arrastra también a las provincias (Guipúzcoa, Vizcaya y Madrid son las que tienen más renta por habitante y Almería, Jaén y Huelva las que menos) y a las ciudades: entre los 12 municipios de más de 2.000 habitantes con más renta hay 5 de Madrid, 6 de Barcelona y 1 de Vizcaya) y entre los 12 con menos renta hay 9 de Andalucía, 1 de Toledo y 2 de Extremadura (ver listado). Y el País Vasco tiene un 90,9% de municipios con renta alta, el 68% en Navarra, el 49,3% en Baleares y el 40,4% en Cataluña, mientras Murcia tiene un 91% de municipios con renta baja, Andalucía un 82,7% y Extremadura el 81,2 % de sus municipios, según los últimos datos del INE (renta 2023).

¿Qué se puede hacer? Lo primero, gastar e invertir pensando en corregir estos desequilibrios regionales, tanto los Presupuestos como los Fondos europeos, esos 103.000 millones de euros que van a llegar hasta 2026. El objetivo es regionalizar la mitad de estos Fondos UE, pero la otra mitad, la que gestione el Estado, debería  invertirse con el objetivo de reconducir el crecimiento y el empleo de las regiones más pobres. Una segunda medida es planificar las inversiones públicas e infraestructuras para fomentar la inversión e instalación de empresas en la España más atrasada, que no debe vivir sólo del turismo, la agricultura o las pensiones. Un tercer frente de actuación es la fiscalidad, homogeneizando impuestos y evitando “paraísos fiscales” (Madrid). Y en cuarto lugar, urge aprobar un nuevo sistema de financiación autonómica (pendiente desde 2014), porque el actual beneficia claramente al País Vasco y Navarra (reciben un 80% más por habitante que el resto, según la Fundación Alternativas), así como a Cantabria, la Rioja, Extremadura, Asturias, Aragón y Castilla y León, curiosamente a 7 de las 11 regiones españolas con más renta.

En resumen, vivimos en un país muy desigual desde hace décadas, donde el crecimiento y la riqueza se genera y se queda en las regiones más ricas. Una desigualdad que se traslada también a las provincias y a las ciudades. Urge aprobar un nuevo sistema de financiación, que tenga más en cuenta la población, su edad y los servicios públicos prestados, contemplando un Fondo de Compensación para que las autonomías más ricas ayuden a las más pobres a reducir la brecha de renta. Y pactar una hoja de ruta, con medidas económicas y sociales, inversiones y fiscalidad que promuevan un mayor crecimiento de las autonomías más pobres, para reducir la brecha de productividad y riqueza en una o dos décadas. Hay que repartir mejor el crecimiento.

jueves, 17 de enero de 2019

Las 3 Españas siguen ahí


Este año 2019 hay elecciones autonómicas, pero a nadie parece preocuparle (salvo a la extrema derecha) la creciente desigualdad entre las regiones españolas: diferente crecimiento, paro, riqueza y servicios públicos. Por eso, nadie ha comentado los últimos datos del INE, que demuestran que hay dos Españas o mejor tres: la España rica (País Vasco, Navarra, Madrid, Cataluña y Baleares), la España pobre (Extremadura, Murcia, Canarias, Castilla la Mancha y  Andalucía) y “la España intermedia” (las 7 regiones restantes, Ceuta y Melilla). Y lo peor es que son las mismas que el año 2.000 y que en 1977. Así que 41 años largos de democracia no han resuelto esta desigualdad entre españoles y ni las inversiones públicas ni los impuestos y el gasto social lo corrigen, como denuncia la OCDE. Urge aprovechar estas elecciones para perfilar una España más igualitaria, reformando la financiación autonómica, igualando los servicios públicos, el empleo y los impuestos. Acabar con las 2 ó 3 Españas, otra asignatura pendiente de nuestra democracia.


En vísperas de Nochebuena, el INE hizo públicos sus datos anuales de renta por habitante, lo que ingresa cada español (referido a 2016). Y quedó claro, otro año más, que hay dos Españas, o quizás mejor tres. Una, la España rica, con una renta por persona que supera los 12.000 euros anuales en 8 autonomías: País Vasco (14.397 euros), Navarra (13.583), Madrid (13.099), Cataluña (12.712), Baleares (12.665), Asturias (12.244), La Rioja (12.131) y Aragón (12.110 euros). En total, ahí viven 20.806.290 españoles, el 44,5% de la población total. Curiosamente, estas 8 autonomías son las mismas que tenían más renta en el año 2.000 y en 2014, tras lo peor de la crisis. Pero lo más llamativo es que son casi las mismas autonomías que eran las más ricas en 1977, al inicio de la democracia, aunque entonces cambiaba el orden: Baleares, Madrid, Cataluña, La Rioja, País Vasco y Navarra, según puede comprobarse en las estadísticas históricas 1850-2000 que recopiló en su día el Banco de Bilbao (una joya). A comienzos de siglo se incorporó al grupo Aragón y en 2008, tras la Ley del Cupo (2002), el País Vasco y Navarra encabezan el grupo de las más ricas.

La España pobre son 6 autonomías más Ceuta, que tienen una renta por habitante inferior a los 10.000 euros, según las últimas estadísticas del INE (referidas a 2016): Extremadura (8.250 euros), Murcia (8.702), Canarias (8.863), Castilla la Mancha (9.045), Andalucía (9.116), Ceuta (9.676) y la Comunidad Valenciana (9.801 euros). En total, ahí viven 20.144.190 españoles, el 43,1% de la población.  Son las mismas autonomías pobres que en el año 2000, 2008 y 2014, salvo Galicia, que ha salido de este grupo y la Comunidad Valenciana, que no estaba al inicio del siglo y ha entrado entre las pobres. Pero, otra vez, lo preocupante es que estas autonomías pobres son casi las mismas que en 1977, al inicio de la democracia: entonces eran las más pobres Extremadura, Andalucía, Castilla la Mancha, Murcia, Galicia y Canarias, por este orden, según las series históricas del BB.

En medio quedan las 4 autonomías y Melilla que conforman “la España intermedia”, que rondan la renta media española (11.074 euros en 2016), según los últimos datos del INE: Cantabria (11.293 euros), Castilla y León (11.239), Galicia (10.753 euros) y Melilla (10.161 euros). En conjunto, 5.772.500 habitantes, el 12,4% de la población española. Un grupo intermedio que ha cambiado algo más en los últimos 40 años, ya que antes incluía a Galicia, Asturias y Aragón, que han mejorado su estatus, y a la Comunidad Valenciana, que lo ha empeorado y pasa al grupo de las “pobres”.

Estas 3 Españas por la renta son el resultado de que también hay 3 Españas económicas, debido a la desigualdad en la producción (PIB) por el diferente modelo económico de cada región (más o menos industria, más o menos exportación, más o menos capital humano y tecnología) y por la diferencia inversión y estructura empresarial. Ahí empieza la desigualdad, en lo que produce cada región, que se mide por el PIB por habitante.

La España más productiva la integran 6 autonomías, según los recientes datos del INE, esta vez referidos a la producción de 2017: Madrid (33.824 euros por habitante), País Vasco (32.969), Navarra (30.853 euros), las tres producen más que la media europea (30.000 euros por habitante), Aragón (27.648), Baleares (26.287) y La Rioja (26.194 euros por habitante). Son las mismas que en el año 2.000, según el INE, aunque entonces Navarra ocupaba el 2º lugar y Baleares el 4º. Y la España menos productiva, en 2017, estaba formada por 5 autonomías más Ceuta y Melilla: Extremadura, el farolillo rojo (17.554 euros producidos por habitante, casi la mitad que Madrid), Melilla (18.007), Andalucía (18.557), Ceuta (19.561), Castilla la Mancha (19.819), Canarias (20.573) y Murcia (20.636 euros por habitante). Un bloque sin cambios desde el año 2000, salvo Canarias, que no estaba entonces en el grupo de las autonomías menos productivas. Y queda “la España intermedia”, 5 autonomías con una productividad también inferior a la media de España (25.064 euros/habitante en 2017): Comunidad Valenciana (22.034), Asturias (22.243), Galicia (22.404), Cantabria (22.700) y Castilla y León (23.446 euros producidos por habitante).

Esta mayor o menor productividad de las regiones explica, junto a la población que tienen,  las grandes diferencias en el paro, según las autonomías. Así, hay 6 autonomías, de la España más productiva, con una tasa de paro “europea”, por debajo del 10%: Baleares (7,16%), Cantabria (8,99%), País Vasco (9,42%), La Rioja (9,60%), Navarra (9,65%) y Aragón (9,87%), según la última EPA. Y 3 autonomías, de la España menos productiva, que tienen una tasa de paro rozando o superando el 20%: Andalucía (22,85%), Extremadura (21,68%) y Canarias (19,64%), más Ceuta (30,79% de paro) y Melilla (24,01%). Y las 8 autonomías restantes tienen un “paro intermedio”: Cataluña (10,63%), Castilla y León (11,30%), Madrid (11,86%), Galicia (12,24%), Asturias (13,45%), Comunidad Valenciana (15,29%), Murcia (16,33%) y Castilla la Mancha (16,71%), mientras el paro de toda España está en el 14,55%, según la EPA del tercer trimestre de 2018.

El crecimiento es un factor clave para corregir las desigualdades de renta y el paro, pero el problema es que no todas las regiones crecen por igual. Entre 1987 y 2016, la economía española creció un 93,5% (casi duplicó su PIB: de producir 569.833 millones de euros pasó a producir 1.102.850 millones), según un interesante libro de AFI, pero hubo dos regiones que crecieron muy poco, Asturias (+39,5%) y Cantabria (+56,4%), lo que explica que haya caído su PIB por habitante y su renta estos años. Pero hubo otras 7 regiones que crecieron más que el conjunto de España, sobre todo Madrid (+119%), Murcia (+111,07%) y  la Rioja (+110,13%), seguidas de Andalucía (99,8%), Canarias (+97,4%), Navarra (96,7%) y Cataluña (96,05%). En los tres años más fuertes de la recuperación (2015, 2016 y 2017), las tres autonomías que han crecido más que la media de España (+3%, +3,2% y +3,6%) han sido Madrid (+3,3, +3,2 y +3,9%), Cataluña (+3,2, +3,5 y +4,2%) y Murcia (+3,1,+4,3 y +6,6%). Y las que “pincharon” estos años han sido Castilla y León (+1,7, +3,1 y +2,5%) y la Rioja (+1,5, +2,6 y +3,2%), según la Contabilidad regional del INE.

Como se ve, la mayor o menor productividad y crecimiento no explican por sí solos las diferencias de renta entre regiones ricas y pobres, aunque sean dos factores claves. Hay otros factores que agravan o mejoran las diferencias, como el distinto modelo económico (más industria y más exportación mejoran el empleo y los ingresos), la estructura empresarial (más empresas grandes suponen más riqueza), el “capital humano” (la formación de los trabajadores y parados), el envejecimiento de la población, la innovación y la tecnología, las infraestructuras disponibles (desde autopistas a centros de transporte y distribución o red de Internet) y el papel del Estado en la región, con la financiación presupuestaria, las  inversiones públicas y los impuestos, que en las últimas décadas son menos redistributivos (han crecido los indirectos y baja el peso de los directos, en perjuicio de las familias y regiones más desfavorecidas). Y han sido decisivas las ayudas europeas: 81.000 millones de fondos europeos recibidos entre 1986 y 2017, de los que se beneficiaron  sobre todo Extremadura (5.300 euros/habitante), Castilla y León (4.000), Galicia (3.800), Asturias (3.500), Castilla la Mancha (2.500) y Andalucía (2.400 euros/habitante), según el citado libro de AFI.

Un elemento clave para reducir las diferencias entre regiones ricas y pobres debería ser el sistema de financiación autonómica, que cuenta con un Fondo de compensación interterritorial. Pero el sistema aprobado en 2009 (aún vigente) no es justo, porque beneficia más a unas regiones que a otras. Según los datos de Hacienda, estas son las 10 autonomías que salen ganando, porque reciben más de lo que aportan: País Vasco (recibe +2.483/euros por habitante al año), Navarra (+1.563 euros), Cantabria (+347), La Rioja (+248), Extremadura (+233), Castilla y León (+169), Galicia (+111), Aragón (+107), Asturias (+78) y Canarias (+78 euros/habitante). Sólo se benefician 2 regiones pobres (Extremadura y Canarias) pero entre las 7 autonomías perjudicadas por el sistema de financiación hay otras 4 regiones pobres: Comunidad Valenciana (recibe -373 euros/habitante y año), Murcia (-331), Andalucía (-256), Cataluña (-249), Baleares (-96) y Castilla la Mancha (-42 euros/habitante). Y si tenemos en cuenta las ayudas de Estado recibidas desde 2012 (créditos para pagar proveedores e intereses deuda), Cataluña y Baleares pasarían al lado de las 10 autonomías que salen ganando con el actual sistema de financiación (12 de 17).

Así que ya tenemos el mapa de los factores que configuran la España rica y la España pobre: modelo económico, tejido empresarial, capital humano, inversiones e infraestructuras, papel del Estado, impuestos, ayudas y sistema de financiación. Factores que no han ayudado en 41 años largos de democracia a perfilar otro mapa de España, ya que las regiones pobres y ricas son casi las mismas. Y lo peor, han aumentado las diferencias de renta. Si en 1977, un balear tenía 1,81 veces la renta de un extremeño, mejoró algo en el año 2000, cuando un aragonés ingresaba 1,53 veces lo que un andaluz, pero ha empeorado después: si un vasco tenía una renta en 2008 que era 1,65 veces la de un extremeño, en 2017 es ya 1,74 veces mayor que antes de la crisis. Se agrava la desigualdad.

Un fracaso de España y los distintos gobiernos democráticos. Y más cuando, tras 33 años en Europa,  6 regiones españolas siguen todavía con una renta por debajo del 75% de la renta media europea: Extremadura (63% renta media UE-28), Melilla (67%), Andalucía (68%), Castilla la Mancha (72), Ceuta (73%) y Canarias (75%), según los últimos datos de Eurostat (para 2016). Y sólo 3 regiones españolas superan la renta media europea: Madrid (125% de la renta media UE-28), País Vasco (121%), Navarra (114%) y Cataluña (110%).

¿Qué se puede hacer? Lo primero, abrir el debate sobre la desigualdad interregional, sobre estas graves diferencias entre españoles según donde vivan, no sólo en renta, paro, sueldos sino en servicios públicos, desde sanidad a educación, dependencia o ayudas a la pobreza, la familia o la vivienda. No podemos dejar que la extrema derecha encabece este debate sobre la España de las autonomías. Denunciar las desigualdades no es poner en cuestión el modelo autonómico sino afrontar una grave situación, reforzada por cientos de datos. Y una desigualdad que se puede mejorar, en unas décadas, si se toman medidas.

La primera y fundamental es reforzar el papel reequilibrador del Estado, a través de múltiples instrumentos que deben ir a corregir las desigualdades entre regiones: políticas económicas, Planes de empleo, inversiones públicas, planes de reindustrialización, infraestructuras, ayudas públicas e impuestos. Porque los Gobiernos gastan mucho dinero en inversiones y ayudas públicas, pero gastan mal, no ayudan a reducir las desigualdades, según le acaba de decir a España un informe de la OCDE. Es clave reformar la política fiscal y que los impuestos ayuden al reequilibrio territorial.

Otro objetivo clave del Gobierno central debería ser asegurar la homogeneidad de los servicios públicos, porque no es de recibo que la atención sanitaria, la educación, la dependencia, las ayudas al desempleo o a la pobreza sean distintas según donde uno viva, porque hay autonomías que gastan más y otras menos, además de gestionar mejor o peor. Así, por ejemplo, si uno enferma, no es lo mismo hacerlo en el País Vasco (cuya sanidad recibe 90 puntos sobre 114 de la Fundación en Defensa de la Sanidad Pública), Navarra (90 puntos) o Aragón (82 puntos) que en Canarias (49 puntos), Comunidad Valenciana (59), Cataluña o Andalucía (59 puntos). Y lo mismo si uno es un anciano dependiente, un parado o un pobre. Urge garantizar unos servicios mínimos equivalentes y crear un Fondo de compensación para mejorar el Estado del Bienestar en las autonomías más pobres y con menos recursos.

Otra medida urgente es reformar el sistema de financiación autonómica, que se debería haber modificado en 2014. Hay que reequilibrar ingresos y aportaciones, para que no haya autonomías ganadoras y perdedoras, y reforzar el Fondo de Compensación interterritorial, dando más peso a criterios como paro, renta, envejecimiento y dispersión de la población. Y además, hay que asegurar más recursos públicos a las autonomías, porque tienen muchas competencias y les faltan ingresos. Y eso hay que hacerlo a costa de reducir la parte del Estado, porque ya somos un país muy descentralizado: si hoy el Gobierno central gasta el 50% de los ingresos totales (y el 35% las autonomías y 15% los Ayuntamientos), habría que pasar a un reparto 40/40/20 al menos. Esa debería ser la base fiscal del Estado federal que se defiende.

Al final, las elecciones autonómicas de mayo deberían ser una oportunidad de hacer balance de la España autonómica y reconocer que las desigualdades regionales siguen ahí, tras 41 años de democracia, e incluso se han agravado. Y habría que corregirlas, con un Pacto político dirigido a reequilibrar el país, sobre todo desde el Estado. Para que dentro de 40 años, no haya 3 Españas, sino una más equilibrada. Pero no parece que ningún partido, salvo la extrema derecha, quiera afrontarlo. Así que la campaña electoral volverá a girar sobre las polémicas habituales y no sobre cómo conseguir una mayor igualdad entre españoles, vivan donde vivan. Otra asignatura pendiente de la democracia.

lunes, 18 de abril de 2016

Más desigualdad entre las 2 Españas


La economía mejora y crea empleo, pero aún no hemos salido de la crisis: la producción (PIB) por persona es menor que en 2007. Y la crisis ha agravado las diferencias entre las regiones ricas y pobres: sólo hay 6 autonomías que estén mejor que en 2007 y cuatro de ellas son ricas. La diferencia de renta entre el País Vasco y Extremadura es ahora mayor que antes de la crisis. Además, el mapa de la desigualdad no ha cambiado: las 7 autonomías más pobres (Extremadura, Melilla, Andalucía, Castilla la Mancha, Murcia, Ceuta y Canarias) son las mismas que en 2007. Y que hace 30 años. Seguimos con las 2 Españas y cada vez más lejos. Urge reformar la financiación autonómica, no sólo para que las regiones tengan más recursos, sino para corregir sus grandes diferencias. Y utilizar los impuestos, la industria, la tecnología, las inversiones y la educación para homogeneizarlas. Trabajar para que los españoles seamos más iguales en una década. No es mucho pedir.
 
enrique ortega

La actual crisis económica ha tenido en España dos periodos muy diferentes. Uno, el de la Legislatura de Zapatero (2008-2011), cuando la crisis financiera que estalló en EEUU (Lehman Brothers, septiembre 2008) hundió a la economía española en 2009 (-3,6% PIB), para estabilizarse después (+0,01% en 2010) y caer un poco en 2011 (-1%), por los primeros recortes. Pero no hubo “un desplome” y aunque la producción (PIB por habitante) cayó algo (-0,53%) hubo 7 autonomías cuya producción aumentó en esta Legislatura (País Vasco, Navarra, Aragón, La Rioja, Asturias, Castilla y León, Galicia), 2 autonomías donde se estabilizó (Castilla la Mancha y Extremadura), para caer en las 10 restantes (más en Melilla, Ceuta y Canarias).

En la siguiente Legislatura (2012-2015), la de Rajoy, estalló la segunda recesión, en Europa y en España, que provocó una fuerte caída de la economía en 2012 (-2,6%) y 2013 (-1,7%), que hundió el empleo y la renta. Y aunque el crecimiento se ha recuperado después, en 2014 (+1,4%) y 2015 (+3,2%), el balance es muy negativo: la producción (PIB per cápita) cayó en estos cuatro años un -2,10%, cuatro veces más que en la Legislatura anterior. Y de las 17 autonomías, más Ceuta y Melilla, sólo dos regiones ricas aumentaron su producción (Madrid y Cataluña), dos la estabilizaron (Canarias y Extremadura) y las 14 restantes empeoraron, sobre todo Cantabria, Melilla, Asturias y Castilla y León.

Al final, si sumamos las dos Legislaturas de la crisis, el balance es muy claro: España aún no ha recuperado el PIB por habitante de 2007. Si en ese año producíamos 23.396 euros por español, en 2015 produjimos 23.290 euros, un 0,45% menos, según el INE. Aún no nos hemos recuperado de esta crisis. Eso sí, hay 4 regiones ricas que sí: Madrid (+6,16% ha aumentado su PIB/habitante), La Rioja (+3,19%), Cataluña (+0,80%) y Aragón (+0,75%). Otra intermedia que también, Galicia (+3,18%) y una pobre, Extremadura (+0,53%), aunque ahora esté más lejos de la renta de la región más rica (en 2007, su PIB/habitante era el 52,5% y en 2015 es sólo del 50,8%). Y todavía hay 13 regiones cuya producción (PIB por habitante) no ha recuperado los niveles de 2007, destacando la caída en todos estos años de Melilla (-18,5%), Ceuta (-11,8%), Cantabria (-10,8%), Andalucía (-5,6%), Canarias (-5,25%) y Murcia (4,17%). O sea, las que más cayeron con la crisis son 5 de las 7 más pobres.

Este mayor crecimiento o caída de las regiones durante la crisis explica que en unas haya más o menos empleo y paro que en otras. Y aquí, las diferencias son muy llamativas. En todas se ha creado empleo, pero no trabaja el mismo porcentaje de personas. Si la media en España es del 47% (47 ocupados por cada 100 españoles mayores de 16 años), hay 12 autonomías con menos empleo, en especial las más pobres: Melilla (37,5% empleados), Extremadura (39,5%), Andalucía (40,98%), Asturias (41,2%), Ceuta (42,9%) y Galicia (43,8%), según la EPA de 2015. Y otras 7 autonomías, las más ricas, donde trabajan la mitad o más de los adultos: Madrid (54,05%), Baleares (53,4%), La Rioja (51,06%), Cataluña (51,03%), Navarra (50,7%), Aragón (50,03%) o País Vasco (49,4%). Y lo mismo pasa con el paro: si España está en el 20,9% (EPA diciembre 2015), hay 5 autonomías, las más pobres, con un paro mucho mayor: Melilla (32,6%), Andalucía (29,8%), Canarias (26,7%), Extremadura (26%) y Castilla la Mancha (24,9%). Mientras, 4 de las autonomías ricas tienen un paro “casi europeo”: País Vasco (12,8%), Navarra (13,5%), La Rioja (13,9%) y Aragón (14,6%).

Y claro, con distinto crecimiento y distinto paro, los salarios también son muy desiguales entre las autonomías. En Extremadura, el salario medio es de 19.129 euros, un 29% menos del salario en el País Vasco (26.915 euros), según el INE (datos 2013, los últimos publicados). Y lo peor es que la caída de los salarios con la crisis ha sido mayor en las regiones más pobres y con más paro, que la brecha salarial se ha agravado también con la crisis.

El Estado, cualquier Gobierno, tiene una serie de mecanismos para tratar de reducir las diferencias entre sus ciudadanos y sus regiones. La principal son los impuestos, haciendo que paguen menos los que menos tienen. El problema en estos años es que han subido más los impuestos indirectos (IVA, carburantes, tasas, etc.), que se pagan igual se gane lo que se gane. Eso ha restado eficacia a que los impuestos redistribuyan riqueza. Lo mismo ha pasado con las prestaciones sociales: desde el paro a las pensiones, becas y ayudas, se han recortado drásticamente y eso afecta a los que menos tienen y a las regiones más atrasadas. Y también se han recortado las inversiones públicas, que ayudan a “repartir” infraestructuras y recursos que “tiren” de las regiones más deprimidas.

Así que al final, el cocktail de la crisis, la subida de impuestos y los recortes han agravado las desigualdades, no sólo entre españoles sino también entre regiones, según los datos del INE. La renta media por persona ha caído en toda España por la crisis, un 3,2% (de 10.737 euros en 2008 a 10.391 en 2014). Pero esta misma renta ha crecido en 5 de las 7 autonomías más ricas: Aragón (+4,8%), La Rioja (+1,96%), País Vasco (+1,73%), Madrid (+0,8%) y Navarra (+0,75%). Y en el resto, la renta por persona sólo ha mejorado en Ceuta (+8,2%), Galicia (+7,9%) y Melilla (+5%). Y la renta ha caído más que en el conjunto de España en varias autonomías pobres o medianas: Murcia (-14,8%), Cantabria (-12,5%), Andalucía (-10,3%), C. Valenciana (-7,3%), Castilla la Mancha (-5,7%) y Extremadura (-4,6%). Lo peor es que la renta por persona en Extremadura (7.729 €) no sólo es casi la mitad que la del País Vasco (14.281 €), sino que en 2008 era el 57,7% de la renta vasca y en 2014 suponía aún menos (el 54,12%). Las regiones ricas son más ricas ahora.

Y las regiones pobres son ahora más pobres que antes de la crisis, según los datos del INE. Si en 2008 había 7 autonomías con más de una cuarta parte de su población “pobre” (que ingresan menos del 60% que la media de españoles), esas mismas autonomías eran las que tenían más pobres en 2014: Ceuta (44,3% de pobres), Murcia (37,2%), Andalucía (33,3%), Extremadura (33,1%), Castilla la Mancha (28,4%), Canarias (27,65) y C. Valenciana (26,25), mientras hay menos pobres que en 2008 en el País Vasco (10,2%) y Madrid (14,7%).

Al final de tantas cifras, el balance es claro: España es más desigual que antes de la crisis. Y además, se mantienen inmutables las 2 Españas, la rica y la pobre. Esta es la lista de las 7 autonomías más ricas (PIB por habitante) en 2015: Madrid (31.812 euros por habitante), País Vasco, (30.459), Navarra (28.682), Cataluña (27.663), Aragón (25.552), La Rioja (25.507) y Baleares (24.394). Son las mismas que en 2007, cambiando que Madrid superó en 2014 al País Vasco y que Aragón ha superado en 2015 a la Rioja. Y tampoco ha cambiado la lista de las 7 autonomías más pobres, salvo porque haya salido Galicia y haya entrado Ceuta: son Extremadura (16.166 euros por habitante), Melilla (17.173), Andalucía (17.263), Castilla la Mancha (18.354), Murcia (18.929), Ceuta (19.399) y Canarias (19.900). Y lo peor: esta lista de regiones pobres y ricas en España es la misma que hace 30 años.

¿Por qué sigue habiendo 2 Españas? La respuesta habría que buscarla en la distinta estructura económica de las regiones. Es un hecho que la industria aporta un empleo más estable y más productividad. Y pesa más en Navarra (29% PIB), la Rioja (28%), País Vasco (25%) o Aragón (22%) que en Andalucía (11,7% PIB) o Extremadura (13%). Las exportaciones también ayudan decisivamente y dos tercios se concentra en cinco regiones (25,5% en Cataluña, 11, 4% en la Comunidad Valenciana, 11,3% en Madrid, 10% en Andalucía y 8,8% en el País Vasco), mientras apenas cuentan Extremadura (0,7% exportaciones totales, Asturias (1,5%), Cantabria (0,9%), Castilla la Macha (2,4%) o Murcia (3,7%). La innovación y la tecnología son claves para competir  y no es casualidad que las 4 autonomías que invierten más que la media en I+D+i, País Vasco (2,03% del PIB), Navarra (1,75%), Madrid (1,68%) y Cataluña (1,47%) estén entre las más ricas, mientras Ceuta, Melilla, Castilla la Mancha, Extremadura, Cantabria y Murcia, estén a la cola, gastando menos del 0,8% de su PIB en tecnología. Y también el País Vasco y Navarra están a la cabeza de España (con Asturias y Extremadura), en el gasto en educación por habitante.

Además de estos factores económicos, también hay factores financieros, ligados a la concentración del dinero y del crédito en las regiones más ricas. Y luego está la distinta financiación de las regiones. Está claro que el País Vasco y Navarra se benefician de un régimen fiscal especial, el cupo vasco o régimen foral, que se les concedió en 1981 (en los tiempos más duros de ETA) y que ahora nadie se atreve a quitarles. Pero también está claro que el actual sistema de financiación autonómica es insuficiente para prestar los servicios básicos (por eso, 13 autonomías están “rescatadas” por el Estado central, a través de un Fondo, el FLA,  que les ha inyectado ya 93.645 millones en créditos a muy bajo interés). Como para pedirle al sistema de financiación que además corrija las desigualdades entre autonomías.

Urge aprobar un nuevo sistema de financiación autonómica que aumente sus ingresos con dos fines. Uno, sostener las competencias básicas de las autonomías (sanidad, educación, dependencia y protección social). Y el otro, ayudar a las autonomías pobres a crecer más y recuperar la brecha que les separa de las autonomías más ricas: hay que crear un Fondo de compensación eficaz (ahora hay 4 Fondos), con más recursos, asegurados por Ley. Y en paralelo, tratar de corregir los desequilibrios regionales con la política fiscal (deducciones e incentivos a empresas) y la política económica (inversiones públicas, política industrial, exportaciones, tecnología, educación y formación). Y con un Plan contra la pobreza.

No puede ser que los españoles sean más o menos ricos según donde nazcan o vivan. Ni tampoco que la democracia y el desarrollo no hayan servido apenas para reducir la desigualdad entre la España rica y la pobre, agravada con la crisis. Si pedimos solidaridad a Europa, tenemos que empezar a aplicarla entre nosotros. No puede haber 2 Españas.

lunes, 5 de mayo de 2014

Las dos Españas, cada vez más lejos


Las elecciones europeas han retrasado a junio la cumbre del Gobierno con las  autonomías para abordar la reforma del sistema de financiación, que no contenta a nadie: todos piden más dinero. El problema de fondo es que España recauda menos que el resto de Europa (90.000 millones menos) y que el Estado central gasta más que las autonomías, con lo que faltan recursos para pagar la sanidad, educación, dependencia, gastos sociales  y  funcionarios. Pero hay un tema más grave y que no se va a debatir: la crisis ha agravado las diferencias entre autonomías: las pobres son ahora más pobres y son las mismas que en 2008. Incluso las mismas que hace 30 años. Por eso, además de mejorar la financiación autonómica, urge buscar mecanismos para reducir la brecha entre norte y sur. La España rica tendrá que ser más solidaria, para que la España pobre avance más. No puede haber dos clases de españoles.
 
enrique ortega

El impacto de la segunda recesión (caída crecimiento -1,6% y -1,2% en 2012 y 2013) ha sido preocupante en cuatro autonomías, que han sufrido fuertes caídas: Asturias (-2,1% en ambos años), Castilla y León (-2% y -2,1%), Cantabria (-0,9 y -1,9%) y el País Vasco (-1,3 y -1,9%). Y se salda mejor en Canarias (- 1,4% y -0,4%), Baleares (-0,8 y -0,4%),  Cataluña (-1,3% y -0,8%) y Galicia (-0,9% y -1%). Si ampliamos  el análisis a los cinco años de crisis (2009-2013), el balance es algo diferente: la autonomía que más ha sufrido la crisis ha sido la Comunidad Valenciana (ha perdido el 9% de su PIB y el 21 % del empleo), junto a Andalucía, Castilla la Mancha y Murcia (han perdido el 7% de su PIB y el 21% del empleo). Y las que han sufrido menos son el País Vasco, Navarra, Madrid y Castilla y León.

Esta distinta recesión ha tenido una desigual consecuencia en el paro. Hay una España, del norte, con una tasa de paro casi europea (17,12% Navarra, 17,36 País Vasco, 19,58% La Rioja, 20,43% Madrid o 20,95 % Cantabria) y otra España, la del sur, con un nivel de paro tercermundista (34,94% Andalucía, 32,55% Canarias, 32,14% Extremadura, 31,56% Ceuta y 30,30% Castilla la Mancha). Y con ello, España concentra las cinco regiones europeas con más paro y siete entre las diez con más paro de las 272 regiones UE.

A menos crecimiento, también menos salarios: durante la última parte de la crisis (2011-2013), los sueldos han caído más en las autonomías pobres (-6% en Andalucía y -2% en Extremadura) mientras subían en las ricas (+3% en País Vasco y +2% en Madrid). Eso ha agravado la brecha salarial entre regiones, según datos del INE (2011): 26.370 euros de salario bruto en el País Vasco (25.845 en Madrid y 24.499 en Cataluña) frente a 19.516 € en Canarias (19.879 en Extremadura o 19.970 en Galicia). Y con diferentes sueldos, también diferentes pensiones de jubilación, según la Seguridad Social (marzo 2014): 1.229 euros en País Vasco (1.183 en Madrid, 1.118 en Navarra o 1.009 en Cataluña) frente a 830 euros de pensión en Extremadura (878 en Murcia, 905 en Andalucía o 922 en Castilla la Mancha).

El resultado es un nivel de renta muy diferente entre españoles, según donde vivan. Hay siete autonomías con una riqueza por encima de la media (22.279 euros por habitante 2013), según el INE: País Vasco (29.959 €/habitante), Madrid (28.915 euros), Navarra (28.538€) y Cataluña (26.666€), las cuatro únicas con más renta que la media europea (25.600 euros/habitante), más La Rioja (25.277€), Aragón (24.732 y Baleares (23.446€). Y del resto, hay otras 7 que son las más pobres: Extremadura (15.026 euros/habitante, el 58% de la renta europea), Melilla (16.426€), Andalucía (11.626€), Castilla la Mancha (17.780€), Murcia (17.901€), Ceuta (18.771€) y Canarias (18.873€). Y también es desigual el creciente mapa de la pobreza: sólo el 8% de las familias en Navarra (12% en País Vasco y 15% en Cantabria y Madrid) están en riesgo de pobreza mientras afecta  a un tercio de hogares en Melilla (36,6%),Ceuta(36,2%), Extremadura(34,1%), Canarias(33,2) y Castilla la Mancha (33,1%).

A esta foto fija de las dos Españas se suman dos datos dramáticos. Uno, que las diferencias se han agravado con la crisis: las cuatro autonomías más ricas (País Vasco, Madrid, Navarra y Cataluña) tienen ahora más diferencia de renta con las cuatro más pobres (Extremadura, Melilla, Andalucía y Castilla la Mancha) que en 2008. Y el otro, que las siete más ricas en 2013 son las mismas que en 2008, salvo Cantabria. Y cinco de las siete más pobres son también las mismas: sólo han salido Galicia y Comunidad Valenciana para entrar Ceuta y Melilla. Y lo peor: la lista de pobres y ricas es básicamente la misma que hace 30 años.  

¿Por qué se ha agravado la desigualdad? Básicamente, por el distinto modelo económico de las autonomías, además del tema fiscal (el cupo es un indudable regalo al País Vasco y Navarra): salen mejor paradas las regiones con más industria y turismo, que exportan más, que gastan más en tecnología y formación, con menos peso del sector público y más empleo privado (el empleo y la inversión pública han sufrido serios recortes). Y ganan las autonomías con más ahorro privado y menos endeudamiento. También han jugado un papel negativo los impuestos: al subir más el IVA y los indirectos, los menos progresivos, que afectan más a los ingresos más bajos, concentrados en las autonomías más pobres.

En medio de este desigual panorama, se lanzará en junio el debate sobre un nuevo sistema de financiación, que sustituya en 2015 al vigente (aprobado en 2009). Todas las autonomías se quejan del sistema actual, mientras Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía dicen que les perjudica, porque pagan más de lo que reciben. De hecho, los estudios más serios coinciden en que el sistema actual beneficia a las autonomías más pobres (salvo Andalucía y Murcia) y perjudica a las más ricas (salvo País Vasco, Navarra y Aragón, que salen ganando), en especial a Madrid, Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana y la Rioja.

En este debate sobre la financiación autonómica, hay dos problemas de fondo. Uno, que las autonomías tienen una financiación insuficiente. Todas. Les faltan recursos para pagar los servicios básicos (educación, sanidad, dependencia, servicios públicos y sociales). Por eso, entre 2012 y 2014 el Gobierno Rajoy les ha tenido que rescatar (como Europa a Grecia o Portugal), inyectándoles 30.219 millones en tres Planes de pago a proveedores y otros 23.000 millones del Fondo de Liquidez autonómica. Y el otro, que el gasto del Estado central ha crecido más que el de las autonomías (+7% frente al +2%, entre 2009 y 2012). Y las autonomías han hecho más recortes (también en 2013) que el Estado central.

Ahora, el reto es doble. Por un lado, aumentar el pastel de los ingresos y que las autonomías se lleven un trozo mayor, para poder financiar el Estado del Bienestar. Eso se puede hacer, recaudando mejor: España ingresa sólo un 37,8% de su riqueza (PIB) frente al 45,7% que ingresa la UE-28. Eso significa que deberíamos recaudar 90.000 millones más, reduciendo el fraude y haciendo que paguen más los que pagan poco (bancos, grandes empresas, multinacionales y los más ricos).  El otro reto es ayudar a las autonomías más pobres a crecer más y recuperar la brecha que les separa de las autonomías más ricas. Habrá que crear un Fondo de compensación eficaz (ahora hay 4), con más recursos, asegurados por Ley. Y poner el énfasis en la política fiscal (incentivos) y en la política económica (inversiones públicas, política industrial, tecnología, educación y formación) para que un objetivo sea reducir las diferencias entre la España rica y la pobre en esta década.

La España de las autonomías tiene muchos defectos, pero parece que no hay vuelta atrás. Lo que hay que hacer es no triplicar competencias y gastos, recortar los del Estado y destinar más recursos a las autonomías, para que financien el Estado del Bienestar sin déficit ni deudas. Pagarlas lo que cuesta atender la sanidad, la educación, la dependencia y los servicios públicos esenciales. Y la que quiera prestar más servicios, que los pague con impuestos propios, autonómicos. Pero a partir de ahí, los españoles de las regiones más ricas tendrán que pagar más para ayudar a la España más pobre. Es la solidaridad que pedimos a Europa. Un debate que hay que afrontar sin demagogia. No puede haber dos clases de españoles, según donde vivan.