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lunes, 24 de febrero de 2025

Exportaciones estancadas (antes de aranceles)

Las exportaciones parecen un tema teórico para economistas, pero nos afectan a todos: aportan un tercio del crecimiento y mantienen 4,6 millones de empleos. En 2024, las exportaciones se estancaron (+0,2%), tras 40 años aumentando año tras año (salvo en 2009, 2020 y 2023). La culpa es del estancamiento de la economía europea, donde van el 73,7% de nuestras exportaciones, aunque subieron las ventas a Latinoamérica, Asia y África. Ahora preocupa que caigan en 2025 y 2026, dos años en que nos restarán crecimiento, por la debilidad de la economía europea y los aranceles con que amenaza Trump. España se verá menos afectado que la mayoría de Europa, pero dañarán a la industria siderúrgica, farmacéutica y al campo, sobre todo al aceite, vino, carnes y pescados. Por eso, urge que Europa tome medidas defensivas ante los aranceles USA y ayude a los paises a diversificar sus exportaciones. Y en España, hay que aprobar un Plan de choque para ayudar a nuestros exportadores, un motor clave de la economía y el empleo.

                            Enrique Ortega

España ha protagonizado un histórico “milagro exportador, promovido por el ingreso de España en la CEE, la apertura exterior de nuestra economía y la crisis financiera de 2008, que obligó a muchas empresas a buscar mercados fuera. Así se explica que España lleve 40 años aumentado sus exportaciones, desde 1995: año tras año hemos exportado más, salvo tres años en que cayeron (2009, 2020 y 2023). Con ello, hemos pasado de exportar 22.933 millones de euros en 1986 (el 10% del PIB) a 159.889 millones en 2009 (15% del PIB) y 384.465 millones en 2024 (el 24,13% del PIB). O sea, que exportamos 16 veces más que hace 40 años. Y además, aunque también importamos más, el “agujero comercial” (-40.275 millones de euros) se cubre de sobra con los ingresos por las exportaciones de servicios y por el turismo, con lo que España ha conseguido algo que parecía imposible hace unas décadas: tenemos “superávit con el exterior” desde 2013, algo inaudito en nuestra historia (de 1961 a 2012 tuvimos déficit con el exterior 45 de estos 52 años).

Las exportaciones no sólo facturan ya una cuarta parte de nuestros ingresos como país y nos permiten ser más autosuficientes (tener divisas suficientes para crecer y no tener que endeudarnos tanto) sino que han sido claves para conseguir el crecimiento y el empleo de las últimas dos décadas. Así, tras la crisis de 2008, la economía española entró en recesión, pero hubiera caído mucho más de no ser por la ayuda de las exportaciones: en 2009, por ejemplo, el PIB cayó un -3,6%, pero hubiera caído bastante más (también el empleo) si las exportaciones no hubieran aportado un +2,8% al crecimiento. Y las exportaciones volvieron a salvarnos con la pandemia: en 2020, cayeron menos que la economía (-2,2%, frente al -10,9% que cayó el PIB). Y en la recuperación posterior, las exportaciones han sido un motor clave: en 2022 aportaron más de un tercio del crecimiento (2,3% del 6,2% que creció el PIB) y lo mismo en 2023 (1% del 2,7% de crecimiento del PIB).

En 2024, la aportación de las exportaciones al crecimiento español (y al empleo) ha sido algo menor, aunque importante: un 0,4% del 3,2% que creció el PIB (la 8ª parte). Y eso porque las exportaciones se han estancado en 2024, creciendo sólo un +0,2% sobre 2023. Aún así, las ventas al exterior de España han sido de 384.464 millones de euros, el 2º mejor dato de nuestra historia (tras el récord de 387.599 millones en 2022, el “repunte” tras la pandemia). Y las exportaciones han conseguido mantenerse” en un año malo para todos los paises, por el bajo crecimiento europeo y el proteccionismo comercial. Así, las exportaciones alemanas cayeron -1,3% y las francesas -1,6%, mientras las británicas caían un -5%, creciendo un +2,3% las de EEUU, un +7,1% las de China y un 6,2% las de Japón.

El estancamiento de las exportaciones españolas en 2024 se debe a la caída de las ventas a Europa (-0,6%), debido a que la UE creció sólo un 0,8%, Alemania siguió en recesión (-0,2%) y apenas crecieron Francia (+1,1%) e Italia (+0,5%), mientras España creció un 3,2%. La mayor caída de nuestras exportaciones, según Comercio, se ha dado con Francia (-3,9%), nuestro primer cliente, seguida de las ventas a  Alemania (-1,2%) y Bélgica (-18,1%), aunque han crecido las exportaciones a Italia (+0,9%), Paises Bajos (+0,8%) y Portugal (+0,8%). Con todo, España cerró 2024 con un superávit comercial (más exportaciones que importaciones) con toda Europa (+43.247,3 millones de euros, +2,5% que en 2023). Y tenemos superávit comercial con 17 de los 26 paises restantes de la UE (con todos, salvo Alemania, Paises Bajos, Austria, Eslovaquia, Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Hungría y República Checa). En contrapartida al “pinchazo” de las exportaciones a Europa, en 2024 aumentaron nuestras ventas a Latinoamérica (+1,9%), Asia (+3,5%), Africa (+6,4%) y Australia (+18,1%), bajando sólo las exportaciones a EEUU (-3,8%), China (-1,5%) y Oriente Medio (-1%).

Por sectores, las exportaciones españolas que más cayeron en 2024 fueron las de bienes de equipo (-0,5%, por menores ventas de material de transporte y maquinaria industrial), productos químicos (-2,3%, por la bajada del -12,4% en la exportación de medicamentos), automóviles (-1,4%), semimanufacturas (-1,4%, sobre todo por la caída del -11,6% en la exportación de hierro y acero o el -3,4% de las ventas de cerámicas) y energía (-7,6%, por menores exportaciones de petróleo, gas, carbón y electricidad). Pero crecieron el año pasado las exportaciones españolas de alimentos (+6,8%), nuestra 2ª mayor partida exportadora (71.793 millones), de ropa y calzado (+2,7%) y materias primas (+6,2%). Por autonomías, la mayoría exportó más, salvo Madrid (-5,4%), País Vasco (-5,1%), Comunidad Valenciana (-2,7%) y Cataluña (-0,5%), según Comercio.

Lo que preocupa ahora es la esperada bajada de las exportaciones españolas en 2025 y 2026, rompiendo la racha de las últimas cuatro décadas. La última previsión del Gobierno apunta que las exportaciones se frenarán, por las tensiones proteccionistas en el comercio mundial y el bajo crecimiento europeo: la Comisión Europea prevé que la UE-27 crezca sólo un +1,5% en 2025, con crecimientos mínimos del +0,7% en Alemania, un +0,8% en Francia y un +1% en Italia (muy por debajo del 2,6% de crecimiento previsto para España este año). De cumplirse estas previsiones, las exportaciones no ayudarían al crecimiento de España ni en 2025 ni en 2026: “restarían” un -0,3% y un -0,4%, después de varios años en que han aportado (“sumado”) un tercio del crecimiento (y la 8ª parte en 2024).

Estas perspectivas “sombrías” sobre las exportaciones españolas en 2025 y 2026 podrían incluso empeorar si Trump cumple con sus amenazas de imponer aranceles a los productos europeos, lo que frenaría aún más todas las exportaciones. De momento, Trump ha amenazado con subir un 25% los aranceles (impuestos) que han de pagar las exportaciones de hierro y acero que entren en EEUU. Y anuncia que el próximo 2 de abril concretará los aranceles  (podrían ser un 25%) que impondrá a las importaciones europeas, en especial a los coches, chips, productos farmacéuticos y alimentos vendidos por Europa.

Estados Unidos es un mercado clave para Europa, ya que allí se dirigen el 20% de las exportaciones europeas y la UE-27 tiene un superávit comercial (más exportaciones que importaciones) con EEUU de 200.000 millones de euros (2024), según Eurostat. Imponer un arancel del 10% al 25% a los productos europeos (que ahora pagan un 2% de media) dañaría sobre todo a la industria europea del automóvil, a la industria química y farmacéutica, a la de material de transporte, muebles y bienes de equipo, así como a los alimentos europeos, según un estudio de CaixaBank Research. Y los paises más afectados serían Irlanda, Alemania e Italia, los paises europeos que más exportan a USA.

España sería el 4º país europeo menos afectado por un aumento de los aranceles de EEUU (tras Rumanía, Eslovaquia y Croacia), según este estudio, pero nos provocarían unas pérdidas de ventas de 1.338 millones de euros anuales. EEUU es el 6º país cliente de las exportaciones españolas (tras Francia, Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido), con 18.179 millones exportados en 2024 (el 4,7% del total) y 28.192 millones importados (el 6,6% del total), lo que significa que tenemos un déficit comercial de -10.120 millones de euros con EEUU (-9.363 en 2023), mientras toda la UE-27 tiene superávit. Nuestras compras a USA se concentran en energía (gas y petróleo) y tecnología, mientras nuestras ventas (las que pueden sufrir si imponen aranceles) se concentran en bienes de equipo (6.228 millones en 2023, básicamente maquinaria y material de transporte), semimanufacturas (4.974 millones, sobre todo metales, hierro y acero), alimentación (2.441 millones) y manufacturas de consumo (1.146 millones, sobre todo ropa, calzado y juguetes).

Ahora queda esperar a ver cómo la Administración USA concreta sus amenazas de aranceles, que ya implantó Trump en su primer mandato y afectaron mucho a las exportaciones españolas de hierro y acero y a ciertos alimentos (aceituna negra, aceite y vino). Ahora, el mayor temor se centra en las exportaciones españolas de hierro y acero, en medicamentos y productos químicos, en maquinaria y material de transporte, en el automóvil (España apenas exporta coches directamente a USA, pero sí automóviles y componentes a Europa, que luego se verían negativamente afectados por una subida de aranceles) y, sobre todo en alimentos: aceites, aceitunas, vino, carnes, pescados y mariscos.

Mientras las empresas de estos sectores están muy preocupadas, Europa espera a concretar su reacción comercial a que Trump concrete sus aranceles. Pero todo el mundo apuesta a que habrá subida recíproca de aranceles europeos y eso se traducirá en menores exportaciones y un menor crecimiento económico en Europa, así como un repunte de la inflación (si la UE-27 se ve obligada a imponer aranceles a los productos importados de EEUU, en especial al gas y petróleo, así como a algunos productos tecnológicos). Por ello, la clave es que Europa reaccione también con otras medidas, especialmente dos: diversificar mercados (multiplicando los acuerdos comerciales con Latinoamérica, India, Asia, África y Australia) y favorecer a los exportadores europeos, con promoción, financiación e incentivos.

Entre tanto, España debe tomar también sus propias medidas, acordado el Gobierno, las autonomías y las fuerzas sociales (patronal y sindicatos) un Plan de choque de apoyo a la exportación, para evitar que frene el crecimiento y pueda seguir manteniendo y creando empleo. Es básico también diversificar mercados, promoviendo oficinas comerciales y Ferias en más paises, con nuevas ayudas a la internacionalización de las empresas, no sólo las grandes que ya exportan (sólo 45.931 empresas han exportado en 2024 y los tres años anteriores), con más financiación pública y privada, mejorando la formación exportadora de los jóvenes emprendedores y las empresas y promoviendo la exportación de productos y servicios de más valor añadido (sólo exportamos un 6,8% de productos de alta tecnología, frente al 17,7% de media en las exportaciones europeas).

En definitiva, la economía ha crecido más gracias al “tirón exportador” pero ahora está en riesgo, por el menor crecimiento en Europa (nuestros tradicionales compradores) y por la amenaza de Trump de subir los aranceles, encareciendo (y frenando) nuestras exportaciones y las del resto del mundo. Los aranceles perjudican a todos, pero hay que responder a esta imposición con aranceles europeos y buscando nuevos mercados. Y para ello, hacen falta medidas y ayudas europeas, pero también españolas. Urge que los políticos acuerden un Plan de choque para apoyar a la exportación, clave para el crecimiento y el empleo.

jueves, 21 de noviembre de 2024

Las exportaciones, estancadas

Al leer que este Blog va de exportaciones, muchas personas pensarán que no les interesa. Pero es un tema importante para los españoles, por tres razones: son el 2º motor de nuestro crecimiento, mantienen 4,6 millones de empleos y los paises más ricos son los que más exportan. Por eso, si las exportaciones españolas (y europeas) están “estancadas”, tenemos un problema. Sobre todo porque España lleva décadas abierta al exterior y exportamos 17 veces más que en 1986, cuando ingresamos en Europa. Eso nos permite tener superávit comercial con la UE , aunque tengamos déficit con el resto del mundo, por las compras de energía. Y tanto en 2022 como en 2023, un tercio del crecimiento  (y el empleo) de España fue gracias a las exportaciones. Ahora, una Europa estancada y la amenaza de aranceles en EEUU (más el proteccionismo y las guerras), amenazan nuestras exportaciones y el crecimiento futuro. Urge aprobar un Plan de estímulo a las exportaciones, porque nos jugamos el crecimiento, la competitividad y el empleo.

                            Enrique Ortega

Uno de los grandes cambios de la economía española en las últimas décadas ha sido la apertura al exterior. En 1986, España ingresa en la Comunidad Europea y a partir de ahí, las empresas extranjeras entran en España y nuestras empresas empiezan a vender fuera. Sobre todo, tras la crisis de 2008, cuando se desploma la demanda interna. Con ello, España pasa de exportar 22.933 millones de euros en 1986 (el 10% del PIB) a 159.889 millones en 2009 (15% del PIB) y 389.208 millones en 2023 (25,6% del PIB). Un salto tremendo: las exportaciones se han multiplicado casi por 17 en los últimos 37 años. Y España, que era un país cerrado al exterior, es hoy el 6º país que más exporta en Europa, sólo por detrás de Alemania (exportó 4 veces más: 1.574.602 millones de euros en 2023), Paises Bajos (866.610 millones exportados con menos de la mitad de población que España), Italia (625.949 millones), Francia (602.233 millones) y Bélgica (525.287 millones exportados).

Este “milagro exportador” de España ha sido constante y continuado en las últimas décadas, con las exportaciones creciendo año tras año, salvo en 2008 (por la crisis financiera) y en 2020 (por la pandemia), hasta alcanzar un máximo histórico en 2022 : 389.208 millones de euros. Y aunque las exportaciones “pincharon” ligeramente en 2023 (-1,4%, hasta 383.688 millones de euros), España es el país europeo donde más han crecido las exportaciones respecto a antes de la pandemia: +32,3% entre 2019 y 2023, frente al +27,9% en la UE-27, +30,4% en Italia, +20% en Francia y +17,6% en Alemania. Y fuera de la UE, las exportaciones crecieron también menos: +16,4% en Reino Unido, +22,9% en USA y +31,1% en Japón, superándonos sólo China (sus exportaciones crecieron +39,7% entre 2019 y 2023). Con ello, España superó la pandemia mejorando su cuota exportadora en  Europa: de suponer el 5,7% de las exportaciones europeas pasó al  5,9% en 2023.

Pero quizás lo más importante es que este “milagro” exportador ha ayudado mucho al crecimiento de la economía en los últimos años, sobre todo en las dos últimas crisis. Primero con la crisis de 2008: entre 2009 y 2013, la economía estuvo en recesión, con bajadas del PIB, pero habríamos caído mucho más si las exportaciones no hubieran crecido. Un ejemplo, el año 2009, el peor de esa crisis financiera: el PIB cayó un -3,6%, pero habría caído mucho más (y el empleo) si las exportaciones no hubieran aportado un +2,8% al crecimiento. Y las exportaciones volvieron a salvarnos en la pandemia: en 2020, las exportaciones cayeron menos que la economía (-2,2% frente al -10,9% que cayó el PIB). Y en la recuperación posterior han sido claves, aportando un tercio del crecimiento en 2022 (2,3% del 6,2% que creció el PIB) y en 2023 (1% del 2,7% que crecimos). Y en 2024, aportan una quinta parte del crecimiento (0,7% del 3,4% anual hasta septiembre).

Así que las exportaciones llevan décadas creciendo, ganando cuota de mercado en Europa y ayudando a que España crezca más que la mayoría de paises occidentales (3% creceremos este año, según Bruselas, y la cuarta parte lo aportarán las exportaciones). Por eso, preocupa que se hayan estancado en 2024, cayendo un -0,3% hasta septiembre, según los últimos datos publicados por Comercio (tras caer un -1,3% en todo 2023). Y eso, a pesar de que las exportaciones llevan creciendo tres meses seguidos (julio, agosto y septiembre, +4,6% el tercer trimestre) y también en el 2º trimestre (+4,5%) , pero todavía no se han recuperado del desplome en el primer trimestre (-9%). Una caída que se explica por el estancamiento económico de Europa y la recesión en Alemania (nuestro 2º cliente) y por el bajo crecimiento y el aumento del proteccionismo comercial en el resto del mundo.

En concreto, las exportaciones españolas a Europa han caído un -0,8% hasta septiembre, cayendo más las dirigidas a la UE (-1,1%) y sobre todo a Francia (-2,1%), nuestro primer cliente, a Alemania (-1%) y a Bélgica (-21,9%), creciendo sin embargo nuestras exportaciones a Paises Bajos (+1,4%) y a Portugal (+0,9%), también al Reino Unido (+5,5%). Pero la caída de exportaciones es mayor fuera de Europa: -2,1% cayeron nuestras ventas a América (-1,2% a USA), -3,1% las exportaciones a Latinoamérica y -4,9% a Oriente Medio. Eso sí, crecen las exportaciones a Asia (+1,2%), aunque caen las ventas a China (-0,7) y mejoran las ventas a Africa (+5%), por la reanudación del comercio con Argelia (+220% exportaciones). Y por productos, siguen creciendo las exportaciones españolas de alimentos (+7% hasta septiembre) y calzado (+6,8%), pero “han pinchado” las exportaciones de automóviles (-0,6%), medicamentos (-20,3%) y bienes de equipo (-0,6%).

Lo positivo es que las importaciones, las compras españolas en el extranjero (que crean riqueza y empleo fuera, no en España) también caen y más que las exportaciones (-1% hasta septiembre, hasta 313.896 millones de euros), porque España ha comprado mucho menos gas (-34,4%), carbón y electricidad (-34,6%), por el auge de las energías renovables, aunque sigue comprando más petróleo (+3,6%). Estas menores compras energéticas han conseguido que el déficit comercial (importaciones- exportaciones) se reduzca este año (-8,4%), hasta los -27.091 millones de euros, aunque el 82% de ese déficit sea por las compras de energía.

España consigue “tapar” sin problemas este déficit comercial, gracias a los ingresos por turismo y a otras exportaciones de servicios (no de mercancías) que hacen las empresas españolas, desde consultaría e ingeniería a servicios financieros, de transporte o tecnológicos en el extranjero. Así, en 2023, las exportaciones españolas de servicios batieron otro récord, con 183.095 millones de euros de ingresos (y 90.072 millones de pagos), menos de la mitad por ingresos turísticos (85.181 millones) y la mayoría (97.955 millones) por exportaciones de servicios prestados fuera de España (el 66,5% en Europa y el 22,7% en América, donde exportamos muchos más servicios que mercancías).

Con estos ingresos por turismo y servicios, España consigue tener superávit con el exterior desde 2013, algo inaudito en nuestra historia: de 1961 a 2012, España tuvo déficit con el exterior 45 de estos 52 años, lo que limitó extraordinariamente la capacidad de maniobra económica del franquismo y la democracia. Ahora, este histórico superávit con el exterior (ingresamos más divisas de las que pagamos) desde 2012 a 2023 (+36.600 millones de euros), que se repetirá en 2024 (+25.400 millones hasta junio), nos convierte en un país más solvente y más independiente, con más inversión extranjera y más capacidad para invertir sin endeudarse tanto en el exterior y poder reducir nuestra deuda externa : debemos 791.115 millones en 2023 (52,8% del PIB), frente a un billón de deuda en 2013 (96,2% del PIB). Más independencia y más solvencia económica gracias a todas las exportaciones, desde las mercancías al turismo y los servicios empresariales en el extranjero.

Como ha podido verse, las exportaciones son una cuestión económica clave, no sólo para crecer y ser un país solvente sino porque mantienen 4,6 millones de empleos en España. Por eso preocupa que se hayan estancado y que aunque este año “se salven”, caigan más en 2025, no ayudando o incluso restando crecimiento a la economía. Y eso porque Europa, donde se dirigen el 74% de todas las exportaciones de mercancías (y dos tercios de los servicios, así como la mayoría de turistas que nos visitan) apenas va a crecer en 2025, según la última previsión de la Comisión Europea: un +1,5% la UE-27 (tras un +0,9% en 2024), un +0,7% Alemania (tras 2 años en recesión), un +0,8% Francia (menos que el 1,1% de 2024) y +1% Italia (tras 0,7% este año). Y encima, Trump amenaza con poner un arancel del 10% a las exportaciones europeas (serían un 10% más caras), mientras China y muchos paises toman medidas proteccionistas que dificultarán nuestras exportaciones.

Las exportaciones españolas han aguantado bien hasta la fecha, creciendo más que las del resto de Europa, ayudadas por una inflación contenida (en España era del +1,7% anual en septiembre, frente al +2,1 en la UE-27 y el +1,8 en Alemania, aunque Francia tiene un +1,4% e Italia el +0,7%) y, sobre todo, por unos salarios que son de los más bajos de Europa: 18,2 euros por hora trabajada en 2023, un -24,2% menos que en la UE-27 (24 euros) y bastante menos que en Dinamarca (42 euros/hora), Bélgica (36,3), Irlanda (33,3), Paises Bajos (33), Alemania (31,6), Francia (28,7)o Italia (21,5), según Eurostat. O sea, que nuestra fortaleza, que nos permite ganar mercados, es intentar ser “la China de Europa” (bajos precios y salarios). Pero nuestras exportaciones tienen varias debilidades estructurales: un exceso de concentración, en destino (Europa), en origen (sólo 6 autonomías exportan de verdad y pocas empresas, la mayoría muy grandes) y en productos (mercancías de poco valor añadido).

El primer problema de fondo que tienen las exportaciones españolas es que están demasiado concentradas en Europa: allí van el 74% de las exportaciones, de ellas el 62,2% a la UE-27. Y además, en los últimos años, esta tendencia a exportar a Europa se ha agravado (en 2019 sólo exportábamos allí el 71,5%), aunque ahora exportamos más a paises europeos que no están en la UE. Lo más preocupante es que nuestras exportaciones a Asia suponen sólo el 7,7% del total (y ha bajado, porque en 2019 iban el 9% de las exportaciones), cuando esa zona concentra el 40% del comercio mundial. Y otro tanto pasa con las exportaciones a EEUU (estancadas en el 4,7% del total, ahora y antes de la pandemia) y a Latinoamérica (estancadas también en el 5,2% del total), mientras ha caído el peso de nuestras exportaciones a Oriente Medio (del 2,6 al 2,1%) y a Africa (del 6,5 al 5%).

Otro problema de fondo es el origen de estas exportaciones. Están concentradas en 6 autonomías y el resto apenas exportan: Cataluña (25,9% del total), Madrid (12,7%), Andalucía (10,6%), Comunidad Valenciana (9,9%), País Vasco y Galicia (8% cada una). Y eso ahora (74,9% de las exportaciones proceden de ellas) y en 2019 (74,3%). Y lo mismo pasa con las empresas: la exportación se concentra en 44.838 empresas (de casi 3 millones), que son las que venden fuera regularmente más de 50.000 euros anuales. Y ojo, las 1.000 empresas españolas que más exportan hacen el 66,3% de todas las exportaciones.

Un tercer problema es lo que exportamos. España se ha especializado en exportar alimentos (el 18,7% de nuestras exportaciones: somos “la despensa de Europa”), automóviles (el 13,8% de las exportaciones) y semimanufacturas (metales, hierro, papel y cerámica, un 9,9% más). Y por ello, exportamos pocos productos de alta tecnología, de alto valor añadido: un 6,8% del total, frente al 17,7% de las exportaciones europeas. Y hay otro problema más: mucho de lo que exportamos obliga antes a incorporar productos intermedios  importados, lo que agrava nuestro déficit comercial. A lo claro; que España, por sus bajos salarios y su posición geográfica, es un país ideal para producir, importando productos intermedios y exportando luego los productos finales, dentro de las cadenas internacionales de producción (un ejemplo es el automóvil). La consecuencia es que sólo una parte de las exportaciones españolas, el 75%, generan realmente “valor añadido doméstico”, frente al 77,4% de media en Europa y el 92% de las exportaciones en EEUU, según un estudio de la Fundación BBVA.

En definitiva, que aunque las exportaciones se hayan disparado en las últimas décadas, queda mucho por mejorar para que España tenga un sector exportador más potente, donde haya más empresas de todas las regiones exportando productos de más valor por todo el mundo. Un reto que es clave para conseguir una economía más competitiva, más eficiente y que mejore el nivel de vida de los españoles. Porque basta ver los países europeos donde las exportaciones tienen más peso (en % del PIB) para hacer la lista de los paises más ricos: Bélgica (exportaciones aportan el 88% del PIB), Paises Bajos (81%), Austria (43,80%), Alemania (38%), Suecia (34%), Irlanda (37,7%), Dinamarca (32%), Italia (29,43%) …, todos por delante de España (aportaron 25,6% del PIB en 2023).

Ahora que las exportaciones se han estancado y se enfrentan a un año 2025 comercialmente muy difícil, sería un buen momento para que el Gobierno propusiera un Plan de choque para reanimar las exportaciones, con medidas en varios frentes, que llevan años pidiendo los exportadores españoles: más oficinas comerciales y asistencia por el mundo, más viajes y misiones comerciales en paises emergentes, más ayudas a la internacionalización de las pymes, aumentar y mejorar la financiación pública a la exportación, facilitar la integración de empresas para ganar tamaño y vender fuera, mejorar la formación exportadora y aumentar las ayudas e incentivos fiscales a las empresas exportadores, que generalmente facturan e invierten más, tienen más tecnología e innovación y crean más empleo estable que las empresas no exportadoras. Hay que “mimar” las exportaciones, que nos salvan a todos.

jueves, 22 de febrero de 2024

Las exportaciones nos salvan otra vez

Las exportaciones fueron uno de los tres motores del crecimiento de la economía y el empleo en 2023, junto al turismo y al consumo: aportaron un tercio del total (0,8 del 2,5%), después aportar la mitad en 2022. Pero ojo, a pesar de esta ayuda, las exportaciones españolas “pincharon” en 2023: cayeron un -1,4%, después de 40 años creciendo (salvo en 2008, 2009 y 2020). La causa, el estancamiento de Europa, donde vendemos dos tercios de las exportaciones. A cambio, han caído más las importaciones (-7,2%), por las menores compras de gas, y el déficit comercial se redujo a la mitad. Además, como se dispararon las exportaciones de servicios y el turismo, España vuelve a tener superávit con el exterior, por 11º año consecutivo, solventando un problema endémico (déficit de divisas) que hemos padecido desde la postguerra hasta 2012. Ahora, los exportadores piden un Plan de choque, para reanimar las exportaciones y que sigan ayudando al crecimiento y al empleo (sostienen 5,3 millones de empleos). Apóyenlos.

                   Enrique Ortega

España lleva casi 40 años detirón exportador: las ventas al extranjero llevan creciendo, año tras año, desde 1985, al amparo de la entrada de España en la Comunidad Europea (1986), con la excepción de tres años en que cayeron (2008, 2009 y 2020). A raíz de la crisis financiera (2008), las empresas españolas multiplicaron sus esfuerzos para exportar, a la vista de la crisis del mercado interno. Y han conseguido duplicar con creces las exportaciones de bienes, desde 159.859 millones en 2019 a 389.208 millones en 2022, según Comercio. Pero en 2023, las exportaciones han “pinchado” otra vez (como con la crisis financiera y la pandemia), cayendo ligeramente (-1,4%), hasta los 383.688 millones de euros, según los datos publicados esta semana.

La causa de esta ligera bajada es que se han frenado en 2023 las exportaciones españolas de energía (-20,6%), sobre todo de petróleo, carbón y gas, de materias primas (-15,5%), metales, papel y cerámica (-10,8%), productos químicos (-11,1%), electrodomésticos (-16,8%) y ropa (-8,9%), por el estancamiento económico en Europa y la crisis en los precios energéticos tras el tirón de 2021 y 2022. Sin embargo, han aumentado mucho las exportaciones españolas de automóviles (+20,6%), maquinaria y bienes de equipo (+10,1%), y alimentos (+4,6%), sobre todo carnes (+6,4%), frutas y hortalizas (+5,1%). Por zonas, cayeron nuestras exportaciones a Europa (-0,7%), donde van el 74,3% de todas las exportaciones, especialmente a la Unión Europea (-1,6%), y también a Asia (-6,6%) y Oriente Medio (-12,4%) y a África (-5,9%), aunque crecieron nuestras ventas a América (+3,3%) y a Australia (+9,9%).

Las exportaciones españolas han pinchado ligeramente en 2023, pero menos que las exportaciones europeas, que cayeron un -2,5% en 2023, sobre todo las alemanas (-2%), estancándose las italianas (+0%) y creciendo sólo las francesas (+1,7%). Las exportaciones de Reino Unido cayeron más en 2023 (-3,5%) y también las de EE. UU. (-2,2%), creciendo sólo las de Japón (+2,8%) y las de China (0,6%). Esta tendencia en 2023 sigue la de los años anteriores, donde las exportaciones españolas se han comportado mejor que las restantes europeas. Y así, España es el país grande de la UE que más ha aumentado sus exportaciones entre 2019 y 2023, un +32,3%, casi el doble que Alemania (+17,6%) y más que Francia (+20%), Italia (+30,4%), la UE-27 (+27,9%), Reino Unido (+16,4%), EE. UU. (+22,9%) y Japón (+31,1%). Sólo nos ha superado el aumento de las exportaciones de China (+39,7%). Y gracias a ello, España ha ganado cuota en las exportaciones europeas (el 5,9% del total). Y en 2023, han batido récords las exportaciones españolas a Alemania, Italia, Polonia, Reino Unido, Marruecos y Turquía, según los datos de Comercio.

España pincha sus exportaciones en 2023, pero menos que la mayoría de Europa y del mundo gracias a una mejora de la competitividad de nuestros productos, sobre todo por dos factores: menos inflación y unos salarios más bajos, además de la mejora de los “engranajes” de la exportación fuera de Europa. Por un lado, la inflación española en 2023 acabó con una subida del +3,3%, inferior a la media de la UE-27 (+3,4%), Alemania (+3,8%) o Francia (+4,1%), siendo sólo menor en Italia (+0,5%), según Eurostat. Y los salarios crecieron menos y son más bajos que en la mayoría de Europa: 17,50 euros por hora en España, un 24% inferiores a la media UE-27 (22,9 euros/hora), un 42% menores que en Alemania (30,3 euros por hora) y por debajo de los sueldos de Francia (27,7), Paises Bajos (30,7%), Bélgica (33,4), Italia (21,2) y sobre todo Dinamarca (41 euros por hora), según Eurostat.

Si bajaron algo las exportaciones en 2023 (-1,4%), han caído más las importaciones (-7,2%), gracias al desplome en las compras de energía (-30,2%), por la caída de las compras y los precios del petróleo, el carbón y sobre todo el gas: nos hemos gastado 27.400 millones menos en importar energía que en 2022 (de ellos, 12.344 millones menos en comprar gas, por la caída de los precios), un ahorro que da para pagar 2 meses las pensiones. Gracias a esta mayor bajada de las importaciones, el déficit comercial se ha reducido drásticamente (-40,5%), de -68.122 millones en 2022 a -40.560 millones en 2023. Y además, España ha mejorado el superávit que tenía con Europa (donde vendemos bienes por 42.185 millones de euros más del valor de los que compramos) y Australia (+927 millones), mientras hemos bajado a la mitad el déficit con América (-12.806 millones), reduciendo también el déficit con Asia (-62.117 millones) y África (-14.418 millones).

Hasta aquí he hablado de las exportaciones e importaciones de bienes. Pero España exporta (e importa) también servicios (no sólo mercancías), servicios de empresas y turísticos. Y en este renglón, las empresas españolas han vuelto a batir otro récord, con un superávit de +56.940 millones de euros (otro récord histórico), gracias a los crecientes ingresos por asesoría, consultoría y ventas en el extranjero de filiales de empresas españolas, más los ingresos por servicios turísticos. Estas dos importantes fuentes de ingresos exteriores, exportaciones de servicios e ingresos turísticos, permiten a España “tapar” con creces el déficit comercial (esos -40.560 millones) y tener superávit con el exterior. Hasta noviembre, era de +36.400 millones de euros, frente a +6.700 un año antes, según el Banco de España.

Este saldo positivo de divisas frente al exterior puede parecer algo técnico, pero es clave, porque nos permite invertir y endeudarnos fuera, además de poder reducir la deuda actual.  En definitiva, tenemos superávit con el exterior, ingresamos más divisas de las que gastamos y eso nos da una mayor autonomía económica como país. Y con 2023, son ya 11 años seguidos de superávit exterior, que conseguimos por primera vez en 2013. Un logro histórico, porque uno de los males endémicos de España ha sido su déficit exterior: lo sufrimos casi todos los años del siglo XX y al inicio del siglo XXI. Un dato concreto: entre 1961 y 2012, España tuvo déficit exterior 45 de esos 52 años… Y eso condicionó la política económica del franquismo y de la democracia: no teníamos divisas suficientes para importar y eso limitaba nuestro crecimiento económico y nos obligaba a endeudarnos fuera.

Lo importante del sector exterior en 2023 no es sólo que las exportaciones sigan fuertes (aunque bajen un 1,4%), que caigan las importaciones de energía, se reduzca el déficit comercial y este agujero lo “tapen” los servicios empresariales y el turismo, asegurando otro año de superávit con el exterior. Lo realmente importante es que las exportaciones y los servicios empresariales y turísticos, “el sector exterior” ha vuelto a salvar el crecimiento y el empleo en 2023: aportó un tercio del crecimiento total de España (0,8% del 2,5% que creció el PIB), tras habernos salvado también en 2022, cuando aportó la mitad del crecimiento (2,9% del 5,8% que creció el PIB). Y aunque restó crecimiento en 2021 (-0,2% del 6,4%), ayudó al crecimiento entre 2019 y 2014. Y antes, en la crisis financiera, la aportación del sector exterior evitó que la economía cayera más (entre 2009 y 2013). Por eso, las exportaciones son clave para la economía y el empleo: sostienen 5,3 millones de empleos (el 25% del total).

Ahora, cara a 2024, todo apunta a que será un año difícil para la exportación y su posible ayuda al crecimiento y al empleo. Por un lado, las empresas creen que mejorarán sus exportaciones a Europa, dado que se espera un mayor crecimiento en el continente (+1,3%, frente al 0,6% en 2023) y que los costes laborales y la inflación crecen moderadamente en España. Y la bajada de tipos mejorará la exportación de servicios empresariales y turísticos. Pero hay una gran incertidumbre, la geopolítica: los conflictos en Ucrania y Palestina pueden frenar el comercio mundial, sobre todo si se agudiza el corte del Canal de Suez, por el que se mueve el 30% del tráfico mundial de contenedores. Si se mantiene el colapso marítimo en el Mar Rojo, España sería el tercer país europeo más afectado, sólo por detrás de Grecia e Italia, según un estudio de UniCredit Research: estaría en riesgo el 10% del comercio exterior de España, sobre todo las exportaciones a Asia y Oriente Medio.

Ante esta incertidumbre y tras el “leve pinchazo” de 2023, el sector exportador pide al Gobierno un Plan de choque, para ayudarles y reanimar las exportaciones españolas en 2024 y 2025, años que serán difíciles. El Club de Exportadores acaba de señalar que les preocupa que las exportaciones “estén perdiendo dinamismoy proponen acometer con el Gobierno una serie de políticas para afrontar los problemas estructurales que tiene la exportación española. Y citan tres. Uno, la insuficiente diversificación, por paises y productos. Dos, el reducido número de exportadores: sólo hay 44.000 empresas (de casi 3 millones) que exporten regularmente (en el año y durante tres años antes). Y tres, la excesiva concentración en pocas empresas: dos tercios de toda la exportación española la hacen 1.000 empresas.

En toda Europa preocupan las exportaciones, claves para el crecimiento y el empleo y sometidas a la competencia de EE. UU., China y paises emergentes. De hecho, Alemania ya aprobó en septiembre un Plan de choque (32.000 millones de ayudas en 4 años). Algo así piden en España los exportadores, un Plan centrado en abrir nuevos mercados, más gasto en promoción, ayudas fiscales y mayor financiación (pública y privada), tratando de implicar más en la tarea de exportar a las pymes. Pero en paralelo, habría que avanzar en medidas estructurales para corregir a medio plazo los “problemas de fondo” que tienen las exportaciones españolas: están demasiado concentradas en origen (sólo 25.000 empresas exportan más de 50.000 euros al año, las tres cuartas partes de ellas concentradas en Cataluña, Madrid, País Vasco, Comunidad Valenciana, Galicia y Andalucía) y en destino (el 74,3% de las exportaciones van a Europa y sólo el 7,6% a EE. UU., China y Japón). Y dominan las exportaciones con poco valor: sólo el 6,8% de las exportaciones españolas tienen alta tecnología, frente al 17,7% de las exportaciones europeas, según reconoce el Club de Exportadores.

El gran reto exportador de España es conseguir exportar más de otros productos con más valor y tecnología, a más paises de fuera de Europa y que exporten muchas más empresas de todas las regiones de España. Casi nada. Pero de ello depende en gran medida que seamos un país con más riqueza y empleo, como Alemania, Holanda, Irlanda, Italia, Chequia o Bélgica, los grandes exportadores europeos. No basta con “tirar los sueldos”, intentar ser la China de Europa”,  para competir en el mundo. Hay que modernizar la economía, mejorar la productividad de las empresas, incorporar la innovación, la tecnología y la calidad a los productos “made in Spain”. Sólo así venderemos más fuera, la clave para ser más ricos y tener más empleo dentro. Por eso hay que “mimar” a las exportaciones. Pero nadie habla de ello. Esto no “vende” noticias ni gana votos. Sigan con la amnistía…

lunes, 17 de julio de 2023

España se internacionaliza

España fue el país europeo que más cayó con la pandemia y ahora crecemos 4 veces más que la media, gracias a dos motores: exportaciones y turismo. En el primer trimestre, las ventas al exterior (récord histórico) y los turistas y su gasto han sido responsables de dos tercios del crecimiento español (4,2% anual), ayudados por los bajos salarios y una inflación inferior al 2%, que nos hacen mucho más competitivos. Con ello, la economía lleva 15 años “internacionalizándose”: 4 de cada 10 euros que se generan en España los compran extranjeros, lo que sostiene el crecimiento y el empleo (más de 4,6 millones de trabajos dependen del exterior). Y España ha cambiado su tradicional “déficit con el exterior” (falta de divisas), que nos limitó durante décadas, por 11 años con “superávit exterior”, el 4º más elevado en Europa  (tras Alemania, Holanda e Irlanda). Hay que “mimar” a las exportaciones y al turismo, que están “salvando” la economía. Mientras, España busca su lugar en la nueva “desglobalización” mundial.

Enrique Ortega

España ha recuperado en el primer trimestre el PIB que teníamos antes de la pandemia. Fuimos el país europeo donde la economía más cayó en 2020 (-11,3%, frente al -5,7% en la UE-27), por el enorme peso que tienen el turismo y los servicios (colapsados por el COVID), y somos también uno de los paises donde más ha crecido la economía en 2021 (+5,5%), 2022 (+5,5%) y primer trimestre de 2023 (+0,6%, frente al +0,1% en la UE-27). Y curiosamente, el motor de esta recuperación post pandemia es el sector exterior: las exportaciones y el turismo son responsables de dos tercios del crecimiento del primer trimestre, según el INE: aportaron el  2,8% al 4,2% anual que creció la economía española en el primer trimestre de 2023. Y aunque no tanto, las exportaciones y el turismo también “nos salvaron” en 2022 (aportaron casi la mitad del crecimiento total: 2,6% del 5,5% que aumentó el PIB) y algo también en 2021 (0,2% del 5,5% que crecimos).

Las exportaciones españolas crecen imparables. Entre enero y abril de 2023, último dato publicado, habían crecido un +9,2%, alcanzando los 132.026 millones de euros vendidos fuera, un máximo histórico y +26% que en el primer cuatrimestre de 2019, antes de la pandemia. Lo que tira de las exportaciones españolas son las ventas de maquinaria y bienes de equipo (+20,5% este año), los automóviles (+26,5%) y la exportación de alimentos (+9,2%). Y estas exportaciones crecen a Europa (+10,2%), pero más a EEUU (+10,4%) y Latinoamérica  (+25%), aunque crecen menos las ventas a China (+3,3%) y caen a Oriente Medio (-9,7%) y África (-9,7%). Las importaciones españolas crecen menos en los 4 primeros meses de 2023 (son 142.980 millones de euros, un +0,2%), debido a la menor factura de la energía. Y con ello, el déficit comercial (importaciones-exportaciones) ha caído a la mitad en el primer cuatrimestre: -10.954 millones, frente a -21.811 millones de enero a abril de 2022. Así que exportamos mucho más e importamos casi lo mismo, lo que nos ayuda a crecer.

El otro motor del crecimiento, este año y los dos anteriores es el turismo. Hasta finales de mayo de 2023, llegaron a España 29.178.962 millones de turistas extranjeros, un 28% más que el año pasado y sólo 167.000 menos que en los 5 primeros meses de 2019, antes de la pandemia (se espera que en junio, el acumulado de turistas supere ya al de 2019). Y lo más importante: estos turistas extranjeros se han gastado en España, de enero a mayo, 35.405 millones de euros, un 32% más que el año pasado y +16% que en los 5 primeros meses de 2019. Junto a este empujón del turismo, hay otro empujón que no se ve tanto: las exportaciones de servicios no turísticos: ingresos en España de trabajos que hacen en el extranjero consultoras españolas, bancos y financieras, empresas de transporte, constructoras y múltiples compañías españolas que prestan servicios en el extranjero. Una “exportación” que no sale en barco o avión o que no son los turistas, pero que aporta un buen pellizco a la economía española, el crecimiento y el empleo. Sólo en 2022, estas exportaciones de servicios ingresaron 160.000 millones de euros (+58% que en 2021), casi el doble que los ingresos por turismo (87.061 millones en 2022, +149% que en 2021).

El boom de las exportaciones españolas, el turismo y las exportaciones de servicios lleva años. Si tomamos las exportaciones de los últimos 12 meses, España ha superado ya en abril los 400.000 millones de exportaciones anuales (400.310 millones), una cifra que supone casi triplicar lo que España exportaba en 2010 (159.889 millones) y un tercio más que las exportaciones logradas en 2019 (290.892 millones), antes de la pandemia. Este salto nos da idea del “boom” exportador de España, que ya dura 12 años: cada año vendemos más mercancías fuera, desde 2010. Y otro dato muy explícito: las exportaciones españolas llevan 2 años largos creciendo más que el resto de exportaciones europeas. Sólo este año 2023, de enero a abril, aumentan un +9,2%, más que las exportaciones de Alemania (+5,3%), Francia (+7,2%), Italia (+6,8%), EEUU (+3,2%) y Japón (+4,2%), sólo por debajo del aumento exportador de Reino Unido (+11,6%) y China (+10,6), según Comercio.

¿Por qué crecen más las exportaciones españolas que las de la mayoría de paises? Básicamente, porque la crisis financiera de 2008, primero, y la pandemia y la inflación de 2020 a 2022, después, han forzado a las empresas españolas a buscar mercados fuera y dar un tirón a sus exportaciones desde 2010. No en vano, las exportaciones y el turismo es la 2ª vez que nos salvan ahora de una crisis, tras hacerlo entre 2009 y 2013. En estos años, la economía española estuvo en recesión, con caídas del PIB que hubieran sido mucho mayores si no hubieran crecido esos años malos las exportaciones, el turismo y las exportaciones de servicios. En 2009, por ejemplo, el PIB español cayó un -3,6%, pero hubiera caído casi el doble si el sector exterior no hubiera aportado un +2,8% al crecimiento ese año. Y también en 2020, el sector exterior cayó menos (-1,9%) que el conjunto de la economía (-11,3%).

Lo que ahora está ayudando a los exportadores españoles de bienes y servicios (y al turismo) son 2 factores: los bajos salarios y la baja inflación, que mejoran la competitividad de los productos y servicios españoles en el extranjero. Los datos son muy explícitos. En 2022, el salario medio por hora en España era de 23,5 euros, un -23% que la media salarial en Europa (30,5 euros/hora en la UE-27), un -40,5% inferior al salario hora en Alemania (39,5 euros) y un -42,5% más bajo que en Francia (40,8 euros/hora). Así que los bajos salarios en España, que apenas han subido estos años de alta inflación, son el gran arma de los exportadores españoles, además de sus esfuerzos por internacionalizarse. La otra “arma” es que tenemos la inflación mucho más baja que en el resto de Europa, por la menor dependencia del gas ruso y las medidas anti inflación tomadas por el Gobierno Sánchez: en junio de 2023, la inflación en España era del 1,6% (dato armonizado con la UE-27), frente al 5,5% de media en la zona euro, el 6,8% en Alemania, 6,7% en Italia y 5,3% en Francia, según Eurostat. Menos inflación y menos costes laborales ayudan a vender el “made in Spain”…

Este salto en las exportaciones españolas de bienes y servicios (incluido el turismo) ha provocado un cambio estructural en la economía española en las dos últimas décadas: su internacionalización. En 2022, las exportaciones totales de bienes y servicios aportaron casi el 42% del PIB, cuando entre 2000 y 2010 sólo aportaban el 26% del PIB. Eso significa, a lo claro, que 4 de cada 10 euros que se generan en España los vendemos a extranjeros, una actividad clave (exportaciones, turismo y exportaciones de servicios) para mantener el crecimiento (dos tercios) y el empleo (4,6 millones) dentro de España. Este cambio ha revolucionado la economía española, aislada del mundo durante décadas. Y con ello, España ocupa el 19º puesto en el ranking de exportadores mundiales, según la OMC. Y dentro de Europa, somos el 8º país más exportador (las exportaciones sólo de mercancías suponen el 30% del PIB), tras Bélgica (exporta el 109,9% de su PIB), Paises Bajos (97,8%), Suiza (49,66%), Austria (44,9%), Alemania (exporta el 40,7% de su PIB), Portugal (32,79%) e Italia (32,72%), por delante de Francia  (exportan el 22,25% de su PIB).

Hay otro cambio estructural importante, que se ha consolidado en la última década: tenemos superávit con el exterior. En el pasado, desde el franquismo a la democracia, una “lacra” de la economía española era que teníamos un “agujero con el exterior”: comprábamos fuera (importaciones) más de lo que vendíamos y los ingresos por turismo y exportaciones de servicios “no tapaban este agujero”. Y teníamos que endeudarnos, en divisas, para que el país siguiera funcionando, lo que limitaba nuestro margen de maniobra e independencia económica. Para que se vea la gravedad del problema: entre 1961 y 2012, España tuvo déficit con el exterior 45 de esos 52 años… Una tremenda “hipoteca” económica. Pero en 2013, la situación cambió radicalmente: tuvimos “superávit “con el exterior (+7.130 millones). Y así año tras año, hasta 2022 (+7.259 millones), con “picos”  en 2016 (+22.306 millones) y 2019 (+26.236 millones). Y tenemos superávit porque se han disparado las exportaciones, los ingresos por turismo y por exportaciones de servicios no turísticos. En el primer trimestre de 2023, el superávit exterior de España es de +10.300 millones de euros, el 4ª mayor superávit de la UE, tras Alemania (+69.900 millones), Paises Bajos (+25.900 millones) e Irlanda (+13.600 millones), según los datos de Eurostat.

Así que ahora, gracias a las exportaciones, el turismo y las ventas de servicios al exterior, España se ha internacionalizado y “juega en otra Liga” en Europa, la de los paises donde una gran parte del crecimiento, el empleo y la riqueza se consiguen compitiendo por el mundo. Ahora, con “superávit” exterior, ingresamos más divisas de las que gastamos y esto nos da una mayor autonomía económica como país. Podemos importar más, invertir más fuera y devolver parte de la deuda que acumulamos cuando nos faltaban divisas. De hecho, esta década de superávit exterior nos ha permitido reducir la deuda externa neta: de rozar el billón de euros en 2013 (96,2% del PIB) se bajó a 926.100 millones en  2019 (74,4% PIB), a 802.400 millones en 2022 (el 60,5% PIB) y 826.100 millones este primer trimestre (60,7% del PIB), un tercio menos que hace una década. Un país más saneado frente al exterior.

La internacionalización de la economía española se apoya en un aumento de la inversión española en el extranjero y también en la creciente inversión extranjera en España. Sólo en 2022, las empresas españolas invirtieron 29.000 millones de euros en el extranjero (+33% sobre 2021), mientras España se ha consolidado como el 2º país europeo (tras Francia) que recibe más inversión extranjera: 34.178 millones en 2022 (+13,9%), la 2ª cifra más alta recibida nunca, la mayoría de inversores USA (27,7% del total), de Reino Unido (17,8%), Alemania (14%), Francia (10%) y Australia (4%). Junto a estos “cimientos” inversores, las empresas española han tejido una red mundial de filiales y empresas, para apoyar su esfuerzo exportador. Y eso ha mejorado el índice de solidez de la internacionalización de España, que elabora AMEC y que mide 19 indicadores: si en 2014 era 5,95 puntos, ahora ha subido a 7,36 sobre 10. Un notable que mide el esfuerzo exterior de España.

Los avances en la internacionalización de las empresas españolas son evidentes, según AMEC: mayor presencia y cuota de mercado, mayor participación en las cadenas de valor mundiales, mayor intensidad tecnológica y digitalización. Pero seguimos teniendo 4 retos pendientes. Uno, la excesiva concentración de las exportaciones (y el turismo) en Europa, donde van el 75,2% de las exportaciones españolas (y sólo un 7,8% van a USA, China y Japón, que suponen el 28% de las importaciones mundiales). Dos, la excesiva concentración de las exportaciones en 25 grandes empresas (exportan el 25,8% del total), mientras sólo 43.179 empresas exportan de forma regular (más de 1.000 euros) y únicamente 4.631 empresas exportan más de 50 millones de euros. Tres, que el 77,2% de toda la exportación se concentra en 6 autonomías (Cataluña, Madrid, Andalucía, Comunidad Valenciana, País Vasco y Galicia), mientras las 11 restantes apenas exportan. Y cuatro, que las exportaciones españolas tienen “poco valor añadido”: sólo el 6,8% de lo exportado incluye tecnología avanzada, frente al 17,7% en la UE.

Ahora, España tiene otro reto, como la mayoría de Europa: buscar su lugar en el nuevo mapa mundial del comercio y la desglobalización. Tras la pandemia y la guerra de Ucrania, se han trastocado las cadenas de valor y muchos paises están optando por acercar y diversificar sus cadenas de suministros. Y está creciendo el proteccionismo entre bloques (las barreras al comercio se han multiplicado por 10 en la última década), con EEUU y China en cabeza y Europa buscando su hueco en la futura globalización (o desglobalización). Todo esto a suponer una revolución en los próximos años, con industrias que se van a relocalizar, modificando las pautas mundiales del comercio. Lo normal es que España se recoloque en línea con Europa, pero buscando ampliar su presencia comercial e inversora en tres zonas donde tenemos una ventaja comparativa: Latinoamérica, Oriente Medio y África.

En definitiva, que España ha dado un salto de gigante en la internacionalización de su economía y de sus empresas, que han de afrontar sus retos propios (excesiva concentración en Europa y algunas autonomías, pocas empresas exportadoras y bajo valor añadido de lo que vendemos) y los retos derivados de un cambio en la globalización. Por eso, el futuro Gobierno debería “mimar” a las exportaciones, el turismo y los servicios en el extranjero, porque son claves en la economía, el crecimiento y el empleo (4,6 millones de empleos dependen del sector exterior). Eso exige ayudas a las empresas (sobre todo a las pymes), plataformas de venta del “made in Spain”, financiación asequible y una política económica volcada en apoyar a las empresas españolas en el extranjero. Abrirnos aún más al mundo. Ahí nos jugamos el futuro.

jueves, 20 de abril de 2023

España: 10 años de superávit exterior

Hoy se ha conocido el dato de las exportaciones en febrero, que volvieron a crecer más que las europeas, como en enero. Y llevamos ya 12 años de récord exportador, vendiendo más mercancías fuera año tras año, desde 2010. Este “boom” exportador es importante porque aporta casi la mitad del crecimiento español y mantiene 2,5 millones de empleos. Pero hay más. También crecen las exportaciones de servicios (empresas españolas que trabajan fuera) y, sobre todo, los ingresos por turismo. Y con todo ello, España lleva 10 años con superávit con el exterior (somos el 8º país europeo con más superávit exterior), ingresando más divisas de las que pagamos. Algo inaudito en nuestra historia, donde siempre hemos tenido déficit con el exterior, en todo el siglo XX y hasta 2012. Ahora, las exportaciones y el turismo consiguen que tengamos superávit, lo que permite invertir fuera y reducir deuda externa. Y nos convierte en un país económicamente más independiente y más solvente. Parece técnico pero es un cambio histórico, un logro de todos que debemos preservar.

Enrique Ortega

España ha sido siempre un país poco abierto económicamente al exterior, al menos hasta el ingreso en la CEE (1986) y en el euro (2000). Pero en este siglo, las exportaciones españolas han crecido con una fuerza desconocida, sobre todo a partir de la crisis de 2008, que forzó a nuestras empresas a vender fuera para compensar la caída de la demanda dentro. De hecho, las exportaciones españolas crecieron, año tras año, desde 1995 a 2022, con sólo tres años de caída (2008,2009 y 2020), según los datos de Comercio. El tirón de las exportaciones se aceleró en 2010 y son ya 12 años consecutivos de récords anuales (2010-2022, salvando la bajada en 2020, por la pandemia). Y con ello, el valor de las exportaciones de mercancías se ha más que duplicado: de 159.889 millones de euros vendidos fuera en 2009 a 389.208 millones exportados en 2022, según Comercio.

Con ello, las exportaciones de mercancías han aumentado su peso en la economía: si en 2009 aportaban sólo el 15% del crecimiento total (PIB), en 2022 aportaron casi el doble (el 29,32% del PIB). Y si sumamos las exportaciones de servicios (los prestados por empresas y entidades españolas en el extranjero y que ayudan al crecimiento del PIB en España), la aportación de la actividad exterior es ya del 35% del PIB, un tercio del crecimiento total. Y lo más importante, las exportaciones (de mercancías y servicios) nos han salvado” ya dos veces en poco más de una década, contrarrestando la crisis económica interna. La primera vez, a raíz de la crisis de 2008: entre 2009 y 2013, la economía española estuvo en recesión, con bajadas del PIB, pero habríamos caído mucho más si las exportaciones no hubieran crecido esos años malos. Baste un ejemplo. En 2009, el PIB cayó un -3,6%, pero hubiera caído más si las exportaciones no hubieran aportado un +2,8% de crecimiento. Ahora, con la pandemia y la crisis por la guerra de Ucrania y la inflación, las exportaciones nos han vuelto a salvar: cayeron menos que la economía en 2020 (-1,9% frente a -10,8% el PIB total) y han ayudado al crecimiento en 2021 (+0,2% de +5,5%) y sobre todo en 2022: las exportaciones aportaron casi la mitad del crecimiento español (+2,6% del 5,5%).

En 2022, las exportaciones españolas crecieron un +22,9%, más que el conjunto de las exportaciones europeas (+20,9% en la UE-27) y de la zona euro (+21%), pero también más que las exportaciones de Alemania (+14,1%), Francia (+19,1%) o Italia (+19,9%), nuestros tres principales competidores y clientes. Y más de lo que crecieron las exportaciones de EEUU (+17,7%), China (+10,5%) y Japón (+18,2%), siendo superados sólo por el aumento de las exportaciones británicas (crecieron +26%), según Comercio. ¿Por qué crecen más las exportaciones españolas? Básicamente, porque son una “válvula de escape” a la baja demanda interior y, sobre todo, porque nos ayuda tener menos inflación (5,5% en diciembre 2022 frente al 10,4% en la UE-27 y 9,6% en Alemania) y salarios mucho más bajos (17,5 euros la hora frente a 22,9% en la UE y 30,3 euros en Alemania), lo que hace nuestros productos más competitivos en Europa y el resto del mundo.

En 2022, las exportaciones españolas crecieron sobre todo a Europa (+24,9% a la UE-27), especialmente a Bélgica (+66,1%), Irlanda (+41,1%), Portugal (+29%), Francia (+18,9%), Italia (+18,5%) y Alemania (+15,6%), pero también aumentaron mucho las exportaciones de mercancías a EEUU (+28,1%), Brasil (+37,6%), Argentina (+32,5%) o México (+26,2%), Arabia Saudita (+56,5%) y Marruecos (+26,2%), cayendo nuestras ventas a China (-7,5%) y Argelia (-45.9%). Por productos, las exportaciones que más crecieron fueron las de energía (+80,1%), medicamentos (+55,5%), buques (+56%), productos químicos (+37%), aceites y grasas (+32,2%), electrodomésticos (+30,6%), leche y huevos (+25,3%), calzado (+22%) y automóviles (+9,7%), según los datos de Comercio.

Si en 2022 se batió el récord histórico de exportaciones, también se alcanzó el récord de importaciones, por culpa de los precios disparados de la energía y los alimentos: alcanzaron los 457.321 millones de euros, +33,4% sobre 2021. Y eso fue porque las importaciones energéticas duplicaron su factura (90.879 millones frente a 46.575 millones en 2021), aumentando también mucho el coste de los alimentos importados (51.917 millones frente a 39.556 en 2021, +31,2%, sobre todo por el encarecimiento de aceites, lácteos, frutas y pesca), los metales, hierro y papel (34.602 millones, +30%), las importaciones de calzado (4.659 millones, +46,5%) y ropa (28.052 millones, +27,8%).

Al final, el shock de la energía y los alimentos en 2022 duplicó con creces el déficit comercial de España, la diferencia entre importaciones y exportaciones: pasó de -26.177,9 millones de euros en 2021 a -68.112 millones en 2022. Un viejo problema de España: compramos fuera más de lo que vendemos, lo que lleva a crear más riqueza y empleo fuera, lo que nos resta riqueza y empleo. De hecho, los paises más ricos de Europa son los que tienen superávit comercial, que venden fuera más de lo que compran: Noruega (+156.000 millones  en 2022), Alemania (+80.367 millones), Paises Bajos (64.624 millones),  Irlanda (+64.411 millones), Suiza (+43.815 millones), Bélgica (+11.909 millones), Dinamarca (+2.317 millones). Mientras, paises punteros tuvieron también déficit comercial en 2022, por el shock energético: Francia (-190.867 millones), Italia (-30.718 millones), Austria (-19.541 millones), Finlandia (-10.638 millones) o Suecia (-4.311 millones).

A la hora de “tapar este déficit comercial”, España ha contado en 2022 con dos aliados. Uno, el aumento de las exportaciones de servicios, los ingresos por asesoría, consultoría y ventas de filiales de empresas españolas en el extranjero: ingresamos 160.000 millones de euros, un +58% sobre 2021. Y lo más importante: los ingresos por turismo extranjero: se ingresaron 87.061 millones de euros, casi el triple que en 2021 (34.903 millones) y un 95% de las divisas por turismo ingresadas en 2019. Con estas dos fuentes de ingresos, exportaciones de servicios e ingresos por turismo extranjero, España pudo “tapar” el déficit comercial y tener superávit con el exterior: +11.800 millones de euros en 2022, según el Banco de España, algo más que en 2021 (+11.500 millones), a pesar del shock energético y la inflación. Con ello, España mantiene un saldo positivo de divisas, un superávit con el exterior que es del +0,9% del PIB, el 8º país con más superávit exterior de Europa, tras Irlanda (18,1% del PIB), Dinamarca (6,7%), Paises Bajos (5,7%), Malta (5,1%), Alemania (+3,7%), Luxemburgo (3,5%) y Suecia (3,3%) del PIB). Y unas cuentas exteriores mucho más saneadas que las de Francia (tiene un déficit exterior del -2,5%) e Italia (superávit del +0,8%), según la Comisión Europea.

Lo importante es que este superávit exterior de España no es fruto de un año, sino que llevamos ya con este superávit exterior una década, desde 2013 (+7.130 millones) a 2022 (+11.800 millones), con dos “picos” en 2016 (+22.306 millones y 2019 (+26.236 millones de superávit exterior). Y que esta “racha”, este saldo positivo de divisas no se ha roto ni con la pandemia (+6.789 millones de superávit exterior en 2020) ni con el shock de la energía y los alimentos de 2021 y 2022. Y esto es algo histórico, porque uno de los males endémicos de España ha sido su déficit con el exterior: lo sufrimos en casi todos los años del siglo XX y al inicio del siglo XXI. Un dato concreto: entre 1961 y 2012, España tuvo déficit exterior 45 de esos 52 años… Y eso condicionó la política económica del franquismo y de la democracia: no teníamos divisas suficientes para importar y eso limitaba nuestro crecimiento económico y nos obligaba a endeudarnos fuera.

Ahora, la situación de la economía española es radicalmente distinta: tenemos superávit con el exterior, ingresamos más divisas de las que gastamos y eso nos da una mayor autonomía económica como país. Podemos importar más, invertir más fuera y devolver parte de la deuda externa que acumulamos cuando nos faltaban divisas. De hecho, esta década de superávit exterior nos ha permitido reducir la deuda externa neta: de rozar el billón de euros en 2013 (96,2% del PIB) se bajó a 926.100 millones en 2019 (74,4%) y a 802.400 millones en 2022 (el 60,5% del PIB, un tercio menos que hace una década), según los datos del Banco de España. Gracias al superávit con el exterior, España podrá seguir reduciendo y amortizando esta deuda con el exterior, a la vez que puede invertir fuera. Y en paralelo, están creciendo también las entradas netas de capital extranjero (+13.200 millones en 2022), que, sumadas a nuestro superávit exterior, aumentó en +25.000 millones nuestro saldo con el resto del mundo en 2022. Unas cuentas que revelan una independencia y solvencia económica que España no ha conocido en su historia reciente, aunque parezca un tema complejo del que no se habla. Unos mejores cimientos económicos que revelan un país más saneado frente al exterior.

Este año 2023 va a ser difícil que España consiga otro récord de exportaciones, aunque el año ha empezado bien: crecieron +16,2% en enero y otro +9,7% en febrero, también más que las exportaciones europeas. Por un lado, se augura un menor crecimiento del comercio mundial: aumentará un +1,7%, casi la mitad que en 2022 (+2,7%), según la previsión de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y todo apunta a un menor crecimiento de la economía mundial (+2,8% frente al +3,4% en 2021, según el FMI), pero sobre todo de las economías europeas, donde van las tres cuartas partes de las exportaciones españolas: la zona euro sólo crecerá un +0,8% (frente al 3,5% en 2022), Alemania entrará en recesión (-0,1%) y Francia e Italia apenas crecerán (un 0,7%), con perspectivas también de recesión en Reino Unido (-0,3% de caída en 2023), un panorama que también afectará negativamente al turismo y sus ingresos. Y el euro no ayuda, porque está cotizando cerca de 1,10 dólares, lo que encarece los productos españoles (un +14%) en los mercados no europeos que pagan en dólares.

Ante este preocupante panorama, la prioridad debe ser mantener este superávit exterior, lo  que exige seguir apoyando las exportaciones, controlar las importaciones, aumentar la presencia exterior de nuestras empresas y “mimar” el turismo, la clave de que tengamos más divisas. Todo esto exige volcarse en la exportación, aumentando más  las empresas que exportan (hay sólo 43.000 exportadores “regulares”, un 30% más que hace una década pero pocos dado que tenemos 3 millones de empresas), diversificando los compradores en Asia y América, fuera de Europa (donde van el 73,4% de nuestras exportaciones) y mejorando nuestra competitividad e innovación, para conseguir exportar productos con más valor añadido. Tras las elecciones, debería alcanzarse un Pacto de Estado por la exportación y el turismo, para asegurar esos cimientos y mantener el superávit exterior de nuestra economía, un logro histórico que no podemos volver a perder. Es clave para avanzar y crecer como país solvente.