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lunes, 30 de julio de 2018

Verano 2018: muchos turistas y más españoles


Esta semana, media España se coge vacaciones y nos encontraremos con muchos turistas extranjeros (600.000 más que el verano pasado) pero, sobre todo, con más españoles, que cubrirán la caída de británicos y alemanes, que han vuelto a Turquía, Egipto y Grecia. Será otro verano récord, con más de 30 millones de turistas extranjeros, que empiezan a gastar más, porque vienen de más lejos (USA, Latinoamérica y China). Y los precios turísticos no han subido tanto como el verano pasado, aunque sí los billetes de avión y los carburantes. Con todo, hay zonas de costa colapsadas de turistas y el sector pide más control de los apartamentos particulares, que disparan la “turismofobia” en Cataluña, Baleares y Levante. Habría que apostar por repartir más las vacaciones y desconcentrar el turismo de las zonas saturadas, mientras se mejora y se digitaliza la oferta y se consigue un empleo turístico decente. Hay que hacer un Plan a 20 años para reconvertir el turismo y hacerlo más sostenible.

enrique ortega

La mayoría de España comienza esta semana sus vacaciones, pero no todos pueden cogerse unos días y escapar de la rutina diaria: una de cada tres familias españolas (el 34,4%) no puede permitirse coger una semana de vacaciones al año fuera de casa, según la última Encuesta de Condiciones de Vida 2018, del INE. Son 15.800.000 españoles sin vacaciones, aunque la cifra ha bajado en los últimos años (en 2013, el peor año de la crisis, el 48% de los españoles no tomaron vacaciones, según el INE). La mayoría son menores de 29 años (el 39,7%) y mayores de 65 (otro 36,8%), sobre todo personas con baja formación (52,7%), parados (61,1% no cogen vacaciones), madres solteras con niños (47,7% no salen) y personas con bajos ingresos (dos tercios de los que ganan menos de 6.500 euros anuales y más de la mitad de los que ganan entre 12.000 y 15.600 euros), según el INE.

La España que sí va de vacaciones, los 30 millones de españoles restantes, tampoco salen fuera un mes entero, sino que se van de vacaciones unos días o una semana: el 12% menos de una semana, un 50% entre 7 y 12 días, un 18% entre 13 y 15 días y sólo un 19% se coge más de 15 días, según la encuesta realizada este año por Observatur. La mayoría de españoles se coge vacaciones en agosto (40%) y menos son los que eligen julio (23%) o septiembre (15%). Y dos tercios se quedan en España (64%), sobre todo en la playa (37%), más en un hotel (43%) que en un apartamento propio (28%) o alquilado (18%), al que llegan sobre todo en coche (53%), aunque también en avión (34%), tren (5%) y autobús (3%). Y gastarán 719 euros por persona de media estas vacaciones, aunque la mitad gastarán 1.000 euros y sólo el 10% gastarán más de 3.000 euros, según Observatur.

Este verano, los españoles que salgan de vacaciones se encontrarán con más extranjeros que el año pasado, aunque habrá menos británicos y alemanes, sobre todo en Levante, Cataluña, Baleares y Canarias. Ya entre enero y mayo, España ha perdido 140.000 turistas británicos (respecto a 2017), 95.000 alemanes y 67.000 suizos, mientras aumentaban las llegadas de todos los demás, sobre todo de Norteamérica (+10,8%) y Latinoamérica (+12,4%), según FRONTUR. Pero, a pesar de este “pinchazo” de británicos y alemanes, que vuelven este año a Turquía, Egipto, Grecia y Túnez, este será otro verano récord: se esperan 30,4 millones de turistas extranjeros entre julio y septiembre, un 2,1% más que el verano pasado, que ya fue récord histórico (29,8 millones), según las previsiones del nuevo Gobierno. Y lo más importante: se gastarán 34.000 millones de euros, un 4,1% más que el verano pasado.

En definitiva, que encontraremos más turistas extranjeros por todos lados, pero no será la “avalancha” de los dos últimos veranos: vendrán 600.000 extranjeros más este verano, la cuarta parte de aumento que el verano pasado (+2,2 millones de turistas extranjeros) y que el de 2016 (+2,4 millones de turistas extranjeros). Esta ralentización en la llegada de turistas se debe a dos factores básicos, según la patronal Exceltur: el menor crecimiento en Europa y el Brexit (que afecta a una menor llegada de británicos y alemanes, junto a un pequeño aumento de franceses e italianos) y, sobre todo, al “trasvase de turistas” a países competidores del Mediterráneo, en especial a Turquía (ha recuperado 2,7 millones hasta mayo), Egipto (+ 1,2 millones), Túnez y Grecia, países con precios turísticos más bajos que España. Tampoco ha ayudado la subida del petróleo (que encarece los billetes de avión y casi todo), la amenaza de conflictos aeroportuarios (Ryanair, Aena, controladores), la crisis del tour operador ruso NatalieTours y la quiebra de la aerolínea británica low cost Monarch, que operaba con España.

Por el contrario, el hueco de británicos, alemanes y suizos (que se notará sobre todo en Cataluña, Levante, Baleares y Canarias) lo están cubriendo los turistas más lejanos, sobre todo los que vienen de EEUU (+9,5% hasta mayo), Rusia (+12,7%), Latinoamérica (+14%) y países nórdicos (+10,8%), según FRONTUR, que además son los que más gastan: un turista USA se gasta en España 137,3 euros al día (2017), un ruso 116 euros, un latinoamericano 113 y un nórdico 106 euros, por encima de la media de todos los turistas (97,80 euros de gasto diario en 2017) y mucho más que los franceses (75,65 euros), británicos (88,61 euros), italianos (89 euros) o alemanes (97,80 euros diarios). Eso explica que el gasto medio por turista haya crecido en 2018 un 2,4%, incluso descontando la inflación (un +0,3%), algo que no pasaba en España desde 2011, según la patronal Exceltur, debido a que el aluvión turístico de los últimos 6 años se apoyó en el turismo “low cost”. Ahora, parece que empieza a mejorar la calidad del turismo extranjero, con la llegada de turistas “más lejanos”.

Otra novedad de este verano es que nos vamos a encontrar precios más altos pero no tan disparados como en 2017, debido a que agencias y hoteleros saben que tienen ahí la competencia de Turquía y otros países mediterráneos. La subida del turismo y la hostelería en el IPC es del 2% anual hasta junio (por debajo del 2,3% que sube el IPC general) y el índice de paquetes turísticos del INE sube un 3,7% anual, la tercera parte que en junio 2017 (+9,1%). Y el índice de precios hoteleros sube un 1,7%, con una tarifa media por habitación de 88,7 euros, frente a 87,3 euros en junio 2016, según los datos del INE. Lo que sí ha subido han sido las tarifas aéreas y llenar el depósito del coche: llenarlo de gasóleo cuesta 10 euros más que a finales de julio de 2017 y de gasolina 8 euros más. Y también los peajes de las autopistas: han subido este año el 1,91 % (y un 2% adicional en Galicia).

El turismo, la primera industria española (aporta el 12% del PIB) crecerá este año un 2,6%, según la estimación de Exceltur, casi la mitad que en 2017 (+4,5%) y menos que toda la economía (PIB crecerá un 2,7%), algo que no pasaba desde 2009, ocho años en que el turismo ha sido uno de los grandes motores del crecimiento español, junto a las exportaciones y el consumo. Ahora, cuando el turismo crece a otro ritmo, ha llegado el momento de replantearse su futuro, afrontando sus problemas de fondo, que han pasado desapercibidos entre tanto récord: saturación turística y protestas en algunas zonas (“turismofobia”), empleo precario y mal pagado, necesidad reconversión destinos de playa maduros, infraestructuras y servicios colapsados, escasa digitalización y excesiva concentración de la demanda y la oferta en algunas zonas y países. Sabiendo que España afronta este futuro con un dato incontestable: es el destino más competitivo del mundo, según el ranking bianual del World Economic Forum, que nos colocó en primer lugar en 2017 (y en 2015), con 5,4 puntos sobre 7, por delante de Francia, Alemania y Japón (5,3 puntos), Reino Unido (5,2 puntos) y EEUU (5,1 puntos), por infraestructuras, seguridad, sanidad, clima y patrimonio cultural, aunque no seamos la oferta más barata.

Quizás el primer problema a afrontar sea la saturación turística en algunas zonas, sobre todo en Barcelona, Baleares, Levante, San Sebastián y Madrid, provocada por un aluvión de turistas baratos (low cost) y el exceso de apartamentos turísticos, muchos ilegales, que atraen un turismo masivo, ruidoso y molesto, que provoca las protestas de los vecinos y demás turistas (“turismofobia”). Y en otras zonas, el problema de la saturación provoca problemas de falta de servicios, desde los aeropuertos colapsados a la escasez de agua, servicios sanitarios, comisarías o aparcamientos, lo que complica las vacaciones, sobre todo en agosto.

El segundo gran problema del turismo es que crea un empleo masivo pero muy precario. En junio, el turismo contaba con 2.523.715 afiliados a la Seguridad Social, un 13,3% del empleo total, de ellos 1.558.000 son empleos en la hostelería, un sector líder en precariedad laboral, según un informe de CCOO: el 35% asalariados tienen un contrato temporal (en todos los sectores, los trabajadores temporales son el 26%), porcentaje que llega casi a la mitad en Andalucía (48% hostelería con contrato temporal), Murcia (46%) y la Comunidad Valenciana (43%). Y el 31% trabajan a tiempo parcial (por horas o días), un porcentaje que ronda la mitad en Euskadi (51% del empleo), Murcia (48%), Navarra (46%) o Andalucía (39%). Y con contratos tan precarios, el sueldo es el más bajo de todos los sectores: 14.125 euros brutos al año (857 euros netos en 14 pagas), el 61% del sueldo medio de España (23,156 euros brutos anuales)  y un tercio el sueldo de la banca (42.684 euros brutos), según el INE. Y las mujeres (que ocupan en 56% de los empleos en la hostelería) aún ganan un 26% menos que los hombres: 12.608 euros brutos anuales frente a 15.907 euros los hombres.

Esta precariedad y altísima rotación en los empleos (se ha pasado de firmar 1,5 millones de contratos anuales a 4 millones) hace que muchos trabajadores del sector turístico tengan poca formación y las empresas no inviertan en ellos, para mejorar la calidad de la oferta. Máxime cuando sólo 439 empresas turísticas tienen más de 100 trabajadores (el 0,17%) y el 96,6% de las empresas tienen menos de 10 empleados (el 64,6%) o ninguno (32%), según el informe  de CCOO, lo que se traduce en dificultades para invertir en formación, planes de carrera y reconversión de la actividad turística. Urgen fusiones y empresas turísticas más grandes.

Otro gran problema del sector turístico es la necesidad de digitalizar su oferta, para ofrecerla directamente por Internet y poder competir con los grandes tour operadores, básicamente británicos y alemanes, que se quedan con la mayor parte del “pastel turístico español”, a través de los paquetes turísticos. Urge la digitalización a fondo del sector turístico, potenciando plataformas online de captación de un turismo de calidad. Y para ello, urge renovar la oferta turística, ofreciendo paquetes más atractivos, no sólo basados en “sol y playa” sino incorporando otro turismo (cultural, gastronómico, deportivo, de negocios, sanitario…), lo que obliga a reconvertir infraestructuras y servicios, algunos con 50 años de vida.

Con todo, el gran problema del turismo español es la excesiva concentración de la oferta turística, tanto por origen como por destino. En 2017, el 87% de todos los turistas extranjeros llegaron de Europa y sólo el 13% procedían de América y Asia (llegaron sólo 400.000 turistas chinos) y el resto del mundo, las zonas donde más crece el turismo y el gasto. Urge modificar la política de promoción y dedicar más recursos a vender España en esos mercados. Y en paralelo, hay que diversificar la oferta de destino, porque el 90,5% de los turistas vienen a 6 autonomías (6,52% Cataluña, 5,79% Canarias, 4,14% Andalucía, 3,31% Baleares, 3,20% Comunidad Valenciana y 2,86% Madrid), mientras las 11 restantes sólo reciben el 9,5% de los turistas extranjeros (y de sus ingresos). Repartir mejor el turismo, fuera de las playas.

La propia patronal del sector, Exceltur, cree que ha llegado la hora de apostar por otro modelo turístico, que no busque batir récords (este año, llegaremos a 83 millones de turistas) sino que busque un turismo más sostenible y rentable. Para ello piden un Plan para recuperar los destinos turísticos tradicionales (similar al Plan Litoral siglo XXI, de 2011, que no se aplicó), avanzar más rápido en la digitalización del sector, controlar el crecimiento descontrolado de los apartamentos turísticos y aumentar y mejorar el gasto en promoción turística. Mientras, CCOO pide un Pacto nacional por el turismo, que rechace la subcontratación y la precariedad y apueste por contratos justos y bien pagados, mejorando la formación y el turismo de calidad. Y el nuevo Gobierno Sánchez propone una política turística para el siglo XXI basada en una triple sostenibilidad: económica (turismo de calidad), medioambiental y territorial (repartiendo mejor entre regiones la riqueza del turismo).

Otro verano más, España está a tope, con muchos extranjeros y más españoles que el año pasado. Y al margen del triunfalismo (“otro verano y otro año récord”, nos repetirán), convendría que el sector, las autonomías y el Gobierno se sentaran de una vez para repensar el futuro del turismo, para sentar las bases del turismo del año 2030 y 2050. Planificar lo que hay que hacer y gastar para consolidar la primera industria del país, para que no “colapse de éxito”. Por un turismo sostenible y de calidad, que no nos agobie cada verano.

lunes, 2 de octubre de 2017

Refugiados: Europa incumple (y España más)


La semana pasada se cumplieron los 2 años dados por Bruselas para que los paises acogieran a 120.000 refugiados, de los 2,6 millones que entraron entre 2015 y 2016. Pero los Gobiernos europeos han dado asilo a la tercera parte (38,5%). Y España peor: ha acogido a 1.980 refugiados, sólo el 11,4 % de los que nos tocaban. Ahora hay más de un 1 millón de inmigrantes ilegales por Europa y millones esperando en Turquía, Líbano o Jordania, mientras las pateras siguen llegando a Italia, Grecia y España, con 2.000 muertos este año. El aluvión de inmigrantes ha bajado en 2017, pero el problema sigue ahí y no parará. Europa tiene que afrontarlo con más dinero y medios, porque son una cifra mínima (2 inmigrantes irregulares por cada 1.000 europeos) y un gasto asumible (10.000 millones, el 0,06% del PIB UE). Urge otro acuerdo europeo para afrontar la inmigración, por solidaridad y economía: pueden ayudar a una Europa envejecida. Y un Pacto político en España, para acoger más inmigrantes.



                                                                                            enrique ortega

El mundo se ha llenado de refugiados y desplazados: 68,5 millones en 2016, la mayor cifra conocida desde finales de la II Guerra Mundial, según el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR). Y de ellos, 21,3 millones son refugiados, sobre todo de Siria (5 millones en 120 paises), Afganistán (2,7 millones) y Somalia (1,1 millones), más los palestinos (5,2 millones). Europa es un destino principal para muchos refugiados, sobre todo a partir de 2011, cuando las “primaveras árabes” acabaron con los controles migratorios en Libia y Túnez. Pero el gran salto migratorio a Europa se dio a partir de 2014 y sobre todo en 2015, con 1.354.000 solicitantes de asilo en Europa, a los que siguieron otros 1.259.265 solicitantes en 2016. Un aluvión de 2,6 millones de migrantes que provocó una auténtica crisis humanitaria y que puso en apuros a la Unión Europea y sus reglas, favoreciendo los controles, los muros y la xenofobia.

Hasta entonces, Europa se regía por una norma, la Regulación de Dublín (aprobada en 1977 y modificada en 2003), por la que el responsable de gestionar a los refugiados era el país al que el migrante llegaba en primer lugar. Y si se le denegaba, no podía volver a solicitarlo en otro estado miembro, para lo que se creó una base de datos de huellas dactilares en 2003 (Eurodac). El sistema europeo común de asilo (CEAS) funcionó bien mientras el flujo de migrantes fue bajo (Europa recibió 300.000 solicitudes de asilo al año entre 1994 y 2002), incluso en 2014 (663.000 solicitudes), pero no en 2015, al superar de repente las 1,3 millones de solicitudes. Y más porque los migrantes llegaban por paises del sur de Europa que estaban colapsados y sin medios (Grecia, Italia, España), que no podían aplicar las normas de asilo y “dejaban pasar el problema” a los Balcanes y centro y norte de Europa.

En un momento dado, a partir del verano de 2015, el aluvión migratorio puso en peligro uno de los pilares básicos de la Unión Europea, el acuerdo de Schengen, vigente desde 1995, que aseguraba la libre circulación de personas entre los paises comunitarios. Muchos paises empezaron a poner controles fronterizos y barreras por los migrantes (Austria, Alemania, Francia, Suecia, Dinamarca), e incluso muros (Hungría), que ponían en peligro la Europa del euro. Y en paralelo, crecían por toda Europa los partidos xenófobos, alimentados por el “miedo a la invasión extranjera” en un continente con 19 millones de parados. Ante todo esto, los líderes europeos convocaron una Cumbre extraordinaria el 23 de septiembre de 2015 para buscar una salida, repartiéndose un contingente de 120.279 refugiados,  a los que los paises tendrían que dar acogida en el plazo de 2 años, según un reparto pactado contra el que votaron Hungría, República Checa, Eslovaquia y Rumania.

El plazo para este reparto limitado de refugiados terminó la semana pasada  y el balance es muy pobre. De los 120.729 refugiados comprometidos a asilar, los paises europeos sólo han concedido asilo a 46.475 refugiados, un 38,5% del total, según los datos aportados por Intermón Oxfam y la Comisión Europea. Ha funcionado mejor el reasentamiento de refugiados que están en campos de Turquía, Líbano y Jordania (de 22.474 previstos, se ha concedido asilo a 17.331, el 77%) pero peor la reubicación de los refugiados instalados en Italia y Grecia (los europeos sólo han asilado a 29.144 de los 98.255 previstos, un 29,7%). Hay 9 paises europeos que han reasentado al 100% de los refugiados de Turquía, Líbano y Jordania que les tocaba (Finlandia, Irlanda, Estonia, Suecia, Alemania, Liechtenstein, Suiza y Reino Unido) y otros tres más que han asilado a casi todos (Noruega, Austria y Francia), pero la mayoría ha fallado en dar asilo a los refugiados que están en Grecia e Italia. Y hay paises del Este, como Hungría o Polonia, que no han acogido a ningún refugiado. Y otros a casi ninguno, como Bulgaria, Eslovaquia, República Checa, Polonia, Rumanía, Croacia o Eslovenia. De hecho, la Comisión Europea ha abierto procedimiento de infracción a Hungría, Polonia y República Checa por negarse a aceptar refugiados.

España está también entre los paises con más baja acogida de refugiados: se ha concedido asilo en estos dos años a 1.980 refugiados, el 11,45% de los 17.337 asignados. De ellos, 1.257 proceden de Grecia (1.089) y de Italia (190) y otros 701 refugiados vivieron de los campos de Turquía (506) y Jordania (195). El Gobierno, por boca de los ministros de Exteriores e Interior, culpa de esta baja acogida a Grecia e Italia, a que no les han ofrecido refugiados que cumplan los requisitos del acuerdo europeo. Y las ONGs se quejan de la excesiva burocracia, que ha dificultado los asilos en toda Europa, al incluir solamente a los refugiados de tres paises (Siria, Eritrea y Yemen) que están en Grecia e Italia y no al resto (de Afganistán y resto de África). De momento, Intermón Oxfam ha denunciado a España ante la Comisión Europea por su incumplimiento en el asilo a refugiados, mientras 9 ONGs han puesto en marcha este vídeo de denuncia (“Orgullo de incumplir”) de la política de asilo del Gobierno Rajoy.

En definitiva, la Operación asilo de refugiados ha sido un fracaso en Europa (y más en España). Y el problema sigue ahí, con millones de refugiados esperando en Turquía (3 millones), Líbano (1,1 millones) y Jordania (700.000), en Grecia e Italia y dentro de la propia Europa, donde se estima que hay más de 1 millón de migrantes ilegales, una parte refugiados y la mayoría migrantes económicos, personas que huyen de la miseria. Frente a esta migración ilegal, Europa ha vuelto a dar otra respuesta equivocada: en marzo de 2017, la Comisión Europea ha pedido a los paises europeos que expulse a más de 1 millón de inmigrantes sin papeles, que acelere las devoluciones a sus paises de origen. En lugar de intentar regularizar su situación, les plantea dos medidas a tomar. Una, ampliar el plazo de detención de los inmigrantes ilegales que permite la directiva europea, hasta los 18 meses (en España se trabaja con 60 días), para dar tiempo a los trámites de devolución. Y la otra, que Bruselas amplíe el número de paises con los que tiene acuerdos de readmisión, que ahora son sólo 17 (la Comisión trabaja ahora con Nigeria), para facilitar las expulsiones.

Así que frente a millones de inmigrantes y refugiados a las puertas o dentro, Europa reacciona con las expulsiones de la mayoría y el asilo de una minoría que ni siquiera cumple. Y ahora, la Comisión propone conceder asilo a otros 50.000 refugiados, pagando 10.000 euros por asilado a los paises terceros que los acojan (como han hecho con Turquía) y buscando ampliar el marco de asilo también a los refugiados que vienen del resto de África y Asia, no sólo de Siria, Eritrea y Yemen. Pero la cifra es ridícula para hacer frente al problema que ya existe y al futuro. Porque aunque la migración a Europa ha bajado a la mitad este año (350.000 solicitudes de asilo hasta junio, unas 700.000 esperadas), se debe al acuerdo de la UE con Turquía, firmado en marzo de 2016, para aceptar migrantes llegados a Grecia y atender a los que les llegan, a cambio de mucho dinero europeo. Es sólo un pequeño muro que cualquier día puede romperse. Y más cuando la miseria y el atraso de África y Asia no mejoran y la mayoría de su población son jóvenes dispuestos a todo por buscar un futuro en Europa y EEUU.

Europa (y España) se tienen que tomar en serio de una vez el reto migratorio, que va mucho más allá de acoger a refugiados que huyen de la guerra y que tiene que ver con millones de extranjeros que pugnan por trabajar y vivir en Europa (y en España). La única opción razonable es establecer una política de integración de inmigrantes a medio plazo, con reglas claras y fondos, no tomar medidas sólo cuando llegan avalanchas humanas. Primero, porque el fenómeno migratorio está ahí y va a seguir durante décadas. Segundo, porque si no se toman medidas, se alimenta entre los europeos el miedo y la xenofobia contra los extranjeros, lo que puede poner en peligro la propia democracia, ante el auge de la ultraderecha en muchos paises (Francia, Alemania, Austria, Holanda, Grecia, Noruega, Finlandia…). Y tercero, porque la inmigración regulada puede ser una baza positiva para Europa, un continente envejecido que necesita mano de obra y jóvenes para seguir creciendo y pagando sus pensiones.

La política migratoria europea (y española) necesita, antes que nada, contar con más medios. Los 8 mayores paises de la UE dedicaron 10.275 millones de euros en 2016 para gastos de acogida a refugiados, una cifra ínfima, que supone sólo el 6,5% del Presupuesto comunitario (y el 0.06% de su PIB). Es casi el Presupuesto de los 32 equipos de fútbol que juegan la Champions… Y además de ser poco, la mitad recae sobre un país, Alemania, que hace un enorme esfuerzo con los refugiados, como algunos paises nórdicos, mientras el resto hace muy poco (y los paises del Este, nada). España está a la cola del gasto en refugiados: 32 millones de euros en 2016, una miseria. Y además, estos Presupuestos para refugiados están saliendo de los Fondos de Ayuda al Desarrollo (AOD) de España y los demás paises europeos. O sea, que encima de ser recursos escasos, se los están quitando a proyectos de ayuda en los paises del Tercer Mundo, proyectos ya recortados (España gastará en 2017 en Ayuda al desarrollo 2.177 millones del Estado, la mitad que en 2007).  

No basta con gastar más en acoger a los refugiados, ayudando específicamente a Grecia, Italia y España, los paises que más los reciben. Hay que gastar más en integrar a los inmigrantes, regularizando en lo posible la situación de los que lleven más tiempo. Un millón de inmigrantes ilegales son muchos, pero sólo suponen el 0,2% de la población europea, 2 por cada 1.000 europeos. Y pueden ser a medio plazo la mano de obra que necesita una Europa (y una España) que envejecen y pierden población (Alemania necesitará 8 millones de trabajadores extranjeros de aquí a 2030, según los expertos). Pero para eso hacen falta políticas de integración, con medios y medidas laborales, educativas y de vivienda, que eviten su explotación y su precariedad (en España, los marroquíes por ejemplo tienen una tasa de paro del 52%), como ha propuesto incluso el FMI.

Y en paralelo, Europa (y España) se tienen que implicar más en las zonas de origen de los inmigrantes, en dos sentidos: colaborando en la pacificación de los países (es irresponsable el interés europeo, con la excepción de Francia, en las guerras de Siria, Afganistán o la mayor parte de África) y favoreciendo su desarrollo, para que los jóvenes no emigren. En esta línea, urge aprobar “un Plan Marshall europeo” para África y Oriente Medio, que incluso ha pedido Rajoy para el norte de África. Invertir en evitar las futuras avalanchas de inmigrantes.

No se pueden poner puertas a personas desesperadas. Ni afrontar un problema tan grave con parches como “el reparto de refugiados” de 2015. Europa tiene serios problemas de fondo a medio plazo (euro, paro, desigualdad, fiscalidad, competitividad…)  y uno de ellos es la inmigración. Un problema además, que si no se resuelve bien, puede romper la propia convivencia entre europeos (extremismos y populismos). Así que urge una nueva Cumbre europea que ponga las bases de una política común de inmigración, empujada por Macron (ha propuesto crear una Oficina europea de Asilo) y Merkel (aunque esté debilitada y con la presión de Alternativa para Alemania), con el apoyo decidido de España, una país que se juega mucho en ello, por su posición geográfica. Y en paralelo, urge un Pacto de estado sobre inmigración y refugiados en España, para afrontar con realismo el problema de la inmigración ilegal y los refugiados. Por pura solidaridad de una España que ha emigrado mucho y por puro egoísmo, porque nosotros también vamos a necesitar a los extranjeros para crecer y pagar las pensiones en el futuro. Piénsenlo.

jueves, 21 de enero de 2016

Turismo récord con pies de barro


Esta semana se celebra la Feria de turismo (FITUR) y los profesionales del sector están eufóricos: se ha batido otro récord de turistas extranjeros (68 millones) y los españoles han vuelto a viajar y llenar los hoteles, en el mejor verano desde 2005. Pero también saben que el turismo, nuestra primera industria, tiene varios “talones de Aquiles”: crece el turismo “low cost” y baja el gasto real por turista, muchos vienen porque han caído el euro y los billetes de avión o por los problemas en Túnez, Egipto y Turquía (que nos han “prestado” 6 millones de turistas), hay poco turismo de invierno y de fuera de Europa y el sector crea poco empleo y muy precario. Entre tanto récord, habría que pensar en la reconversión del sector, con nuevas inversiones en las costas y promoción de un nuevo turismo, con más calidad y más gasto, apoyado más en Internet. Hay que planificar una nueva industria turística, a 20 años vista.
 

enrique ortega


El turismo ha vuelto a ser en 2015 el motor de la economía española: por sexto año consecutivo, el sector creció más que la economía, un 3,7% (frente al 3,2% del país), según a patronal turística Exceltur. Y ello se debe no sólo al aluvión de turistas extranjeros (se espera cerrar 2015 con 68 millones, 3 millones más que en 2014), sino a la recuperación del turismo interior, de los españoles, que han vuelto a viajar y llenar los hoteles este año, con el mejor verano desde 2005. Y con ello, la industria turística ha recompuesto sus beneficios sobre  todo los hoteles de interior y del norte, los que más habían sufrido la crisis. Y han podido subir los precios, algo que todos hemos notado este verano.

Si 2015 ha sido otro año récord para el turismo, consolidando a España como la tercera potencia turística del mundo (tras Francia y EEUU), se debe en buena parte a factores externos, que poco tienen que ver con la actuación del sector o del Gobierno. El primero y fundamental, la depreciación del euro, que ha abaratado los viajes a España de los turistas que vienen con dólares (-16,5% de caída del euro frente al dólar) y con libras (-12,1%). No es casualidad que el turismo que más creció en 2015 fuera el de EEUU (+24,2%), Reino Unido (+4,1%), Suiza (+8,9%), resto de América (+10,8%) y resto del mundo (+25,8%). Otro factor externo clave ha sido la bajada del precio del petróleo (-37% en 2015), que abarata los vuelos, un tema clave para España, porque el 80% de los turistas vienen en avión. Y el tercer factor, los problemas de seguridad y terrorismo que siguen teniendo países competidores, como Túnez, Egipto o Turquía: la patronal Exceltur estima que 1 millón de los 3 millones más de extranjeros que nos han visitado en 2015 iban antes a esos países. Y que, desde 2010, entre 4 y 6 millones de turistas son“prestados” por esos tres países.

Además, también ha ayudado la mejora de la economía británica (de donde proceden el 23% de los turistas extranjeros) y la ligera recuperación de las economías alemana, francesa e italiana (que suman otro 38% más de turistas extranjeros). Y hay un factor interno importante: la recuperación de la inversión extranjera en España, sobre todo en el sector inmobiliario, que ha tirado del turismo de negocios: ha crecido un 17,5% en 2015, casi el triple que el turismo de ocio (+6,5%), con un mayor gasto medio (164 euros al día frente a 98,3).

Como se ve, mucho del récord turístico español en 2015 se debe a circunstancias externas, que no dependen de nosotros y que no sabemos si se van a mantener en 2016. Por un lado, cabe esperar menos ayuda del euro, porque caerá menos (ahora está subiendo), hasta el euro por dólar (- 7%). Por otro, el petróleo puede caer, pero no tanto, lo que abaratará menos los billetes de avión. Eso sí, la crisis de Túnez y Egipto sigue ahí y se ha agravado la de Turquía, con el último atentado, lo que podría desviar este año hacia España turistas rusos (iban 19 millones). Y Europa sigue estancada, con lo que no se espera un fuerte aumento de los viajes, sobre todo de alemanes, franceses e italianos. Con todo, la patronal turística Exceltur espera un crecimiento del sector turístico algo menor en 2016, del 3,4%, aunque el turismo volverá a ser el motor de la economía, creciendo por séptimo año más que el país (2,8%).

El turismo no sólo es el motor de la recuperación sino que se consolida como la primera industria española, que aporta el 11% de la riqueza (PIB) y el 12% del empleo (2,4 millones). Y además, el turismo español está en cabeza en el ranking mundial 2015 de competitividad turística elaborado por el Foro Económico Mundial (en 2013 éramos los cuartos y en 2011 los octavos), gracias a nuestros recursos naturales y culturales, nuestras infraestructuras, la seguridad y la adaptación a los consumos digitales, estando en la media europea en precios. Pero este liderazgo y los reiterados récords de turistas (se han duplicado los visitantes extranjeros, desde los 33 millones en 2.000 a los 68 millones de 2015) no pueden hacernos olvidar los talones de Aquiles” del sector, reconocidos por sus profesionales: excesiva concentración en verano y en la costa, poco turismo de fuera de Europa, bajo nivel de gasto, poco empleo nuevo (y de baja calidad), aumento de la competencia desleal (apartamentos y transportes), poca digitalización de las ventas y nuevos impuestos turísticos.

Uno de las mayores debilidades del turismo español es que está muy concentrado, tanto por países de origen como por meses (verano) y zonas de destino. El 89% de los turistas proceden de Europa y aunque han crecido los turistas de EEUU, Asia, Oriente Medio y Latinoamérica, todavía son pocos (10%), a pesar de ser las zonas del mundo con más potencial turístico. Otro problema es que más del 80% del turismo extranjero está dirigido al turismo de sol y playa, que beneficia a 5 de las 17 autonomías (Canarias, Andalucía, Cataluña, Baleares y  Comunidad Valenciana), que se llevan el 80% de los turistas extranjeros. Y los nuevos turistas que habría que captar, desde chinos a árabes o norteamericanos, no buscan sol y playa sino cultura, ocio, compras, gastronomía, deportes o turismo sanitario.

Pero quizás el mayor “talón de Aquiles” del turismo español es el crecimiento del “turismo low cost”: somos cada vez más un destino predilecto para turistas que gastan poco, jóvenes y familias que vienen por su cuenta a apartamentos baratos o a hoteles con paquetes de “todo incluido”, masificando muchos destinos (como Magaluf en Mallorca o Barcelona). La patronal turística Exceltur ha dado la alarma, mientras el Gobierno sigue vendiendo que somos el segundo país del mundo con más ingresos por turismo (tras EEUU). Y es verdad, pero también que el gasto real de los turistas extranjeros lleva 15 años cayendo, desde el 2.000, como demuestra Exceltur con los datos del Banco de España. Y en 2015, ese gasto de los turistas bajó un 1% en términos reales y un -2,1% si se descuenta la inflación, con una media de gasto real de 741 euros por turista, frente a 1.108 en 2.000 (un tercio menos).

Los turistas extranjeros gastan relativamente menos que antes por el tipo de turistas que nos llegan, según el análisis de la patronal Exceltur. El turismo extranjero que más crece es el que llega en vuelos de bajo coste (+7%) y los que van a  apartamentos (+4,4%), que son los que menos gastan: 78 y 70 euros al día. Y los que menos crecen son los turistas que llegan por vías  tradicionales (+0,4%) y que van a hoteles (+3,7%), que son los que más gastan, 109 y 120 euros al día. Y nos visitan sobre todo los turistas de las naciones que menos gastan (británicos, 102 euros diarios, franceses, 94 euros y alemanes, 103 euros) y pocos de los que más gastan (USA, 158 euros diarios, nórdicos 123 euros y chinos, 785 euros diarios). Así que el gasto medio diario bruto (sin descontar la inflación), 116,90 euros, sale de que vienen muchos turistas de menos de 100 euros al día y pocos de 200 o 700 euros.

Otro “talón de Aquiles” del turismo español, sobre todo en los dos últimos años, es la creciente competencia de la economía colaborativa, de nuevas ofertas que se venden por Internet de apartamentos (Airbnb, Homeaway…), transportes (Blabacar) e incluso restaurantes (EatWith, VizEat, Voulezvousdiner...). La  patronal turística Exceltur estima que hay ya 2,7 millones de plazas en apartamentos turísticos paralelos  (frente a 2,4 millones de plazas regladas), que les hacen competencia desleal porque muchas son ilegales y no pagan impuestos, lo que les permite ofrecer precios hasta un 52% más bajos. Y piden, al Gobierno español y a la Comisión Europea, una regulación de estos servicios, porque están deteriorando el turismo (destacan la masificación del casco antiguo de Barcelona), encareciendo alquileres y recortando ventas y empleos en hoteles y apartamentos regulados.

Otro problema que denuncia el sector turístico es que muchas autonomías ven esta industria como “una teta que ordeñar”, por lo que han implantado el cobro de impuestos. Cataluña aplica desde noviembre de 2012 una tasa por pernoctaciones, de 0,75 a 2,5 euros, por la que ingresan unos 40 millones al año. Baleares (que ya tuvo una tasa turística de 2001 a 2003) acaba de aprobar en enero de 2016 una tasa de 0,25 a 2 euros, que se empezará a aplicar en junio y por la que esperan recaudar 50 millones este año. Y la Comunidad Valenciana estudia aprobar otra tasa turística que empezaría a cobrarse en 2017. El sector ha denunciado estos impuestos ante los Tribunales y creen que retraerán el turismo.

Otro “talón de Aquiles” del turismo es que, a pesar de los récords, crea poco empleo: en 2015 se crearon 73.347 empleos, según Exceltur, sólo 1 de cada 7 nuevos empleos creados en España. Y lo peor es que se trata de un empleo muy precario: el 73% son temporales y la mitad a tiempo parcial, por horas. Un empleo con mucho fraude (falsos autónomos, personas contratadas por 4 horas y que trabajan 8,10 o 12 horas, subcontratas de camareras de pisos…) y muy mal pagado: sueldos medios de 13.851 euros, casi la mitad de la media en España (22.697 euros, según el INE), como denuncia CCOO. Al final, este deterioro laboral se traduce en una caída de la profesionalidad y en un deterioro del servicio, en perjuicio de la calidad de nuestra industria turística, lo que retrae al turismo de calidad.

Como se ve, no todo son récords y maravillas en el turismo español. Está claro que tenemos una industria potente y competitiva, pero ha llegado el momento de pararse y repensar el modelo, configurar la industria turística de los próximos 20 años. Y en lugar de esperar que nos lleguen los turistas, España debería definir el turista que queremos atraer y perfilar una oferta ad hoc, que no sólo compita en precio sino también en calidad, vendiendo la “marca España”, un turismo que no sea sólo sol y playa sino mucho más, una experiencia de ocio.

Y para ello, el sector turístico pide al futuro Gobierno que le ayude a hacer una profunda reconversión, física (con financiación, española  y del Plan Juncker, y ayudas fiscales para reformar las instalaciones de costa, muchas de los años 60 y 70) y organizativa, facilitando la digitalización del turismo (Internet es la mejor herramienta para personalizar la oferta), la formación y la calidad, frenando la competencia desleal y facilitando visados y nuevas rutas aéreas (Iberia volverá en octubre a Tokio y Shanghái, vuelos que suprimió en los años 90) para captar el turismo de Asia y Oriente Medio (sólo suponen el 5% de los vuelos). Y en paralelo, mejorar las infraestructuras, conectando los aeropuertos con el AVE y los puertos (cruceros) y coordinar mejor las actuaciones de las autonomías y el Gobierno, en la promoción exterior y en la gestión del turismo, para lo que piden que se cree una Secretaría de Estado de Turismo.

Está claro que el turismo es “la gallina de los huevos de oro”, que aporta riqueza, trabajo y divisas. Pero ha llegado la hora de no agotar el filón, de repensar su futuro, de asegurar su crecimiento a largo plazo, sobre un turismo más diversificado, menos concentrado en Europa , las costas y el verano, con más calidad y que gaste más. Y eso supone una gestión más tecnológica, más imaginativa y más compleja. No esperar al turista que huye de otros destinos, sino buscarle y ofrecerle una oferta distinta, atractiva y rentable. Retos que hay que afrontar ya, a 20 años vista. No se duerman en los récords.