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lunes, 25 de enero de 2016

Ojo a la subida de los alimentos


En 2015, la media de los precios (IPC) no subió nada, pero hubo muchas partidas que sí subieron, la que más los alimentos: un +1,8%, cuando en 2014 habían bajado. Han subido tanto los alimentos preparados como los frescos, sobre todo el aceite, las patatas, las frutas y verduras. Subieron por  el aumento de turistas (3 millones más), que tiró de la demanda este verano, y, sobre todo, por el clima: la sequía de primavera y el fuerte calor del verano y otoño han trastocado muchas cosechas, disparando  precios. Ahora, se espera que los precios suban más este año (un +0,7%) y que los alimentos sean otra vez  lo que más suba, un 1,6%. Sobre todo, por el clima cambiante que tenemos, aunque también encarecen la comida  la industria y los supermercados, que nos suben precios ahora que mejora el consumo. Eso sí, el campo no se beneficia: su renta apenas sube. Ya lo saben: comer es y será más caro.
 

enrique ortega


El año 2015 se cerró con una subida de precios del 0% y una inflación media anual del -0,5%, clara prueba de la debilidad de una economía donde las empresas tienen que bajar precios para vender (como en la zona euro, que cerró con una inflación anual del +0,2%). Pero de las 12 partidas de gasto del IPC, sólo dos bajaron de precio: transporte (por los carburantes) y vivienda (por la calefacción, luz y gas). Las 10 restantes subieron de precio y la que más la alimentación, cuyos precios subieron un 1,8% anual, cuando en 2014 habían bajado un 0,3%, según el INE (IPC). Una subida tanto de los alimentos frescos (+1,8%) como de los elaborados (+1,8%), mayor que la subida de los alimentos en Europa, un 1,2% según Eurostat.

La subida de los alimentos ha sido casi general y se ha notado sobre todo en los aceites  (+23,6%), las patatas (+14,9%), las frutas frescas(+5,2%) y en conserva (+4,9%) o el pescado fresco y congelado (+3,5%) y los crustáceos y moluscos (+2,4%), sin olvidar las legumbres y hortalizas (+2%), el agua mineral, zumos y refrescos (+1,6%), los preparados alimenticios (+1,3%) y el café, cacao e infusiones (+1,1%). Sólo bajaron la leche (-4,4%), el azúcar (-1,9%), las carnes (del -0,1% al -2,1%) y el pan (-0,1%). La subida de los alimentos no ha sido igual en toda España: ha sido mayor en las autonomías que más crecen (más consumo), como la Rioja (+2.8% subieron los alimentos), Baleares (+2,4%), País Vasco (+2,3%), Cantabria (+2,2%), Cataluña y Madrid (+2,1%), y menor en las que crecen menos, como Ceuta (+0,9% subida alimentos), Canarias (+1%), Murcia y Melilla (+1,3%), Extremadura (+1,2%) o Galicia (+1,4%).

El precio de los alimentos subió en 2015 por dos causas. Una, la mayor demanda, sobre todo por el tirón de consumo del turismo: llegaron a España 3 millones de turistas más que en 2014 y los españoles volvieron a viajar, en el mejor verano turístico desde 2005. La otra y fundamental, el clima, con muchos calores y sequía en mayo, verano y otoño, que han trastocado las cosechas, sobre todo la de aceite (tras una cosecha anterior excepcional), las frutas y hortalizas y en especial la patata, que recupera su precio tras una menor siembra por el desplome de precios el año anterior. En general, la falta de lluvias ha encarecido los cultivos de regadío (hortalizas, cítricos y parte del olivar) y ha recortado los de secano (cereales y vino), mientras se encarecían las carnes por falta de pastos. Y los barcos, con pésimo tiempo, también han salido menos a faenar, encareciéndose el pescado.

Ahora, la previsión de los expertos es que la inflación total repunte algo en 2016, hasta un +0,7% a finales de año, y que la alimentación vuelva a ser lo que más suba este año, un +1,6%, según Funcas. Y eso, porque también va a aumentar el consumo (de españoles y turistas) y sobre todo porque el clima sigue igual de loco y vamos a pagar la falta de lluvias del otoño y una previsión de mayor calor en 2016 (junto a inundaciones sufridas ya en algunas zonas).

Esta subida de los alimentos afecta mucho a las familias, porque la comida supone la segunda partida de gasto de los españoles, tras la vivienda, según la Encuesta de presupuestos familiares del INE: supone un 14,9% del gasto familiar, 4.028 euros de media al año (datos 2014). Y además, el gasto en alimentación pesa más en las familias con menos rentas. Por eso resulta preocupante que la comida haya subido un 1,8% en 2015 cuando los sueldos han subido casi la tercera parte (+0,74%) y las pensiones siete veces menos (+0,25%). Y este año 2016, la subida de salarios (+1%) y pensiones (+0,25%) será similar, mientras los alimentos subirán un 1,6%.

¿Quién se beneficia de esta subida de los alimentos? Desde luego,  no los agricultores y ganaderos que los producen. La renta agraria sólo ha subido un 1,7% en 2015, hasta un ingreso medio de 22.170 euros por explotación, que está por debajo de la renta de 2001. Y  lleva varios años cayendo, desde 2003, con lo que el campo español tiene ahora unos ingresos (renta agraria) que son un 30,1% inferiores a los de hace 12 años. Eso se debe a que los precios que reciben agricultores y ganaderos son muy volátiles, fluctúan mucho y apenas suben, mientras se les encarecen los costes (fertilizantes, energía, agua, impuestos), que les han subido un 46% desde 2003. Y eso les come cualquier posible beneficio.

Los agricultores y ganaderos se quejan de que las subidas de precios de los alimentos se quedan por el camino, entre el cultivo o la granja y el supermercado. Y lo demuestran con el índice IPOD, que refleja la diferencia entre el precio que cobran los agricultores/ganaderos y el que pagamos los consumidores: en los productos agrícolas, los precios de venta son 4,87 veces los precios pagados al agricultor y en las carnes se paga 3,37 veces más, según el IPOD 2015 elaborado por COAG y los consumidores. Hay saltos de precios llamativos (ver lista): brócoli (921% de subida entre el campo y el súper), lechuga (+708%), naranjas (+632%), manzana (+409%), patata (+257%), cerdo (+448%), ternera (+314%), leche (+168%)…

¿Quiénes pelean por este margen que suben los alimentos por el camino, entre el campo y el súper? Básicamente, las industrias que los transforman y los distribuidores que los transportan y los venden. Por un lado, las industrias agroalimentarias, para conseguir vender más barato y ganar margen, presionan a los productores (agricultores y ganaderos), el eslabón más débil de la cadena alimentaria, porque está dispersos y poco organizados (hay 4.000 cooperativas agrarias, la mayoría demasiado pequeñas), con lo que no tienen fuerza para negociar precios y condiciones. Y luego, estas industrias tienen que pelear precios con los distribuidores y grandes cadenas de supermercados, que son el eslabón más fuerte de la cadena y presionan a las industrias para que les den más por menos, a costa del campo. Y así, al final, un litro de leche, que se paga al ganadero a 0,28 céntimos litro (diciembre 2015) nos acaba costando en el súper el triple, 0,75 céntimos (IPOD diciembre 2015).

La mayor parte del margen se queda en la distribución, cada día más concentrada en media docena de empresas, que controlan ya más de la mitad de las ventas totales: Mercadona (22,7% de cuota), Día y sus marcas (8,7%), Carrefour (8,4%), Eroski (5,9%), Auchan (3,8%) y Lidl (53,2%), según el último ranking de Kantar Worldpanel. Unos gigantes de la distribución que imponen condiciones y precios a las industrias alimentarias y en consecuencia a los agricultores y ganaderos. Y cuyo poder aumenta año tras año, por el auge de las “marcas blancas” (39% de cuota) y la guerra de precios, que deja por el camino a los súper más débiles, que venden o cierran. De hecho, la tendencia en Europa es a una concentración de la distribución alimentaria, mayor que en España: así, los 5 mayores distribuidores controlan el 89% del mercado en Portugal, el 80% en Reino Unido, el 58% en Francia y el 55% en Alemania, mientras en España copan el 49,5% del mercado. Eso se debe al auge aquí (40% mercado) de los súper regionales (Ahorramas en Madrid, Consum en Valencia, Covirán en Andalucía, Gadisa en Galicia o Lupa en Cantabria), que hacen sombra a los grandes, aunque muchos acaban cayendo en sus redes. Y todo apunta a una mayor concentración cada año.

Al final, unos distribuidores con más poder y unas industrias que llevan años conteniendo precios por la crisis han aprovechado el ligero repunte del consumo para subir precios, apoyados también en el hecho cierto de las malas cosechas por la variable climatología. Algo que choca con la tendencia del mercado mundial, donde los alimentos han vuelto a bajar de precio en 2015, por cuarto año consecutivo, según la FAO, debido al exceso de oferta y al menor crecimiento de los países emergentes. Un hecho que también nos afecta, porque las industrias españolas y los grandes supermercados no dudan en comprar más alimentos importados cuando los alimentos en España se encarecen: las importaciones de alimentos han crecido un +7,6% en 2015, sobre todo de lo que más sube aquí, aceites (+24,9% importaciones), frutas (+16%) y pescado (+12,6%). Y así, importan aceite de Túnez, naranjas de Sudáfrica, carne de Brasil o pescado de Vietnam, a precios más bajos si suben en España. Y aunque baja la calidad, no baja el precio y la diferencia va a sus márgenes.

Al final, el mayor consumo de las familias españolas (porque hay un millón de personas más trabajando y porque han bajado precios e impuestos) se traduce en una mayor compra de alimentos, que se había recortado con la crisis. Y el aluvión de turistas aumenta más la demanda, sobre todo en verano. Como el clima no ayuda, con sequía, inundaciones y heladas a destiempo, las cosechas no crecen como la demanda y menos en un campo donde a los agricultores y ganaderos no les salen las cuentas. El resultado de esta situación, más demanda y menos oferta, es una subida constante de precios. Y más si son pocos los que controlan el mercado, las ventas finales. Así que ya lo saben, comer será cada vez más caro. Al margen de las ofertas gancho que nos ponen para que no cambiemos de súper. Ojo a la subida de los alimentos.  

domingo, 4 de marzo de 2012

Frutas y hortalizas: otro palo a la Europa del sur



Francia y los países del centro y norte de Europa acaban de meterle otro rejón a la Europa del sur, sobre todo a España: un nuevo acuerdo agrícola con Marruecos, que facilita la entrada de aceite, frutas y hortalizas a precios más bajos. A cambio, Francia, Alemania, Holanda y Reino Unido colocarán mejor sus excedentes de cereales, leche y carnes en Marruecos, además de importar alimentos más baratos. Los agricultores españoles se quejan de competencia desleal y de falta de control a los productos marroquíes, que van a hundir los precios del tomate, las frutas y el aceite en España, con pérdida de empleos en Andalucía, Canarias, Comunidad Valenciana y Murcia. Los consumidores tenemos que mirar el origen de lo que compramos, porque si no, un día nos quedaremos sin alimentos de aquí, sin agricultura.

El acuerdo agrícola UE-Marruecos, aprobado  por el Parlamento Europeo (369 votos a favor, y 255 en contra), facilita la entrada de alimentos marroquíes en los próximos 10 años. Su aceite podrá entrar ahora en la UE sin limitaciones de cantidad (contingentes) y sin aranceles (pagaba 1,25 € por Tm), mientras que el aceite comunitario (y español) tendrá aranceles en Marruecos a partir de las 2.000 Tm. Las naranjas marroquíes ya no tendrán contingentes en la UE y baja su precio de entrada un 30%, lo que hace imposible competir a las españolas. En clementinas, también se les sube el contingente y se baja el precio de entrada. Se quitan los contingentes a los pimientos, sandías y melones marroquíes. Y se aumentan los de calabacín (duplican), pepino (triplican), ajo y fresa, una fruta que podrán exportar más en abril y mayo, compitiendo con la española. Y el resto de frutas y verduras, exportación libre.

España, por su clima, produce frutas y hortalizas en las mismas fechas que Marruecos, pero a precios más altos. Primero, porque un obrero marroquí cobra 5 euros al día recogiendo tomates y en Almería ganan 50 €. Y la empresa cotiza por él y paga impuestos, mucho más que en Marruecos. Además, nuestros productos tienen más controles fitosanitarios, mientras Marruecos utiliza pesticidas prohibidos en la UE. Al final, todo esto se traduce en que un kilo de tomate español para la exportación cuesta 0,85 € mientras el marroquí entra a 0,46 €. Y menos, ya que nuestros  agricultores se quejan de que las aduanas europeas son “un coladero”, donde no se vigilan ni precios de entrada ni cantidades en las importaciones agrícolas marroquíes. Que hay un fraude generalizado, denunciado por los propios servicios antifraude de la UE (OLAF).

Al final, los agricultores españoles se quejan de competencia desleal de Marruecos, que va a tirar los precios de nuestras frutas y verduras en Europa, donde exportamos 8.100 millones de euros (2011). El mayor daño lo tendrá el  aceite (exportamos 2.000 millones €), que ya sufre la caída de ventas y precios, con grandes excedentes. Luego se verán muy afectados los productores de naranjas (exportamos 864 millones a la UE), mandarinas (756), nectarinas (433) y fresa (575). Y  los productores de tomate (800 millones exportación a Europa), pimientos (547), pepino (273), calabacín (160) y ajo (148).

Al final, son 450.000 agricultores de frutas y hortalizas, más los del aceite, que venderán menos y a menos precio, lo que puede suponerles perder 3.500 millones €  al año. Y peligran unos 50.000 empleos (cada 1.000 Tm de tomate que se deja de exportar son 50 empleos), en Andalucía, Canarias, Murcia y Comunidad Valenciana, algunas ya con más del 30% de paro. Por eso, los agricultores piden más controles y compensaciones a la UE por este acuerdo, que van a denunciar ante el Tribunal europeo de Luxemburgo.

Teóricamente, este acuerdo beneficia a Marruecos y se ha vendido como “una ayuda a su desarrollo y democratización”. Pero los expertos destacan que la agricultura exportadora del país vecino gira en torno a grandes empresas, ligadas al rey marroquí y a empresas mixtas con europeos (incluso empresas españolas están plantando olivos en Marruecos). Y que no beneficia ni al pequeño agricultor marroquí ni a sus consumidores, ya que el país importa alimentos básicos para poder exportar otros a Europa.

A quien beneficia el acuerdo es a Francia, sobre todo, y a Alemania, Países Bajos y Gran Bretaña, que ahora podrán exportar mejor a Marruecos sus excedentes de cereales, leche, carnes y aceites de semilla. Por eso, Francia quiere extender este acuerdo a Túnez, Egipto y Jordania. También ganan los países del centro y norte de Europa, ya que no producen aceite, frutas y hortalizas y ahora las podrán consumir más baratas. Y Bruselas trata de ahorrarse ayudas a la Europa del sur, preparando ya los recortes de la PAC en 2013.

Los consumidores españoles también salimos ganando, en teoría, ya que los alimentos marroquíes van a tirar a la baja de los precios. Pero habrá que ver si la rebaja se traslada al consumidor, o aumenta el margen de la distribución: de hecho, pagamos los alimentos cinco veces más caros que el precio que recibe el agricultor, según el observatorio de COAG. Y hay  que pedir a esos mismos distribuidores que informen sobre lo que comemos: si compramos tomate, aceite, naranjas o fresas marroquíes, que sea sabiéndolo. Y sabiendo que contribuimos a cargarnos el campo español.

El problema es que llueve sobre mojado: este acuerdo con Marruecos se suma a la crisis del pepino (E.coli) y al aumento de importaciones agrícolas de terceros países, un proceso imparable que ha provocado una caída del 11 % del valor de la producción de frutas y verduras, un tercio de nuestra agricultura, donde la renta ha caído otro 4,5 % en 2011. Hay que tomárselo en serio y planificar el futuro. Y como consumidores, saber que o cuidamos a nuestros agricultores, eligiendo sus productos y su calidad, o desaparecerán. Nuestro campo se deteriorará (ellos cuidan el medio ambiente) y dependeremos de otros países para alimentarnos, con otro sabor y menos calidad  y seguridad. Podemos evitarlo.

domingo, 26 de junio de 2011

Sortear la crisis con las exportaciones

Lo único que parece ir bien en la economía española son las exportaciones y el turismo. Dependemos de fuera: lo poco que crecemos es gracias a los extranjeros que nos visitan y nos compran. Vamos a tener un verano récord de turistas, sobre todo europeos. Y España está ganando cuota de mercado, gracias a que nuestras empresas aumentan sus ventas en China, Norteamérica, Latinoamérica, Rusia y también en Europa. Ahora, los retos son exportar productos más sofisticados y vender más a los países emergentes, los que más crecen. Y que haya más empresas que exporten, ya que ahora sólo lo hacen 3 de cada 100. El objetivo debe ser vender fuera tanto como dentro, para conseguir sortear la crisis.
El turismo despega, ayudado por la recuperación europea y la crisis del norte de África. Y todo apunta a que este podría ser el cuarto mejor año de nuestra historia, tras la incipiente recuperación de 2010.Ya han llegado 19 millones de turistas hasta mayo (+4,2%), sobre todo británicos, franceses, holandeses y nórdicos, aunque han caído los alemanes. Y tanto las islas como Andalucía y la costa levantina están ya a tope de reservas para el verano.
Las exportaciones están siendo la válvula de escape de muchas empresas, que no consiguen vender en España. Entre enero y abril han crecido un 22,2 %, el mayor aumento desde 1.994.Y lo más llamativo es que donde más crecen las ventas es fuera de la UE, a EEUU (+49%), Canadá (+52%), Latinoamérica (+40,9%), China (+31,9%), Rusia (+46,1%) y países nórdicos. Las principales exportaciones españolas son bienes de equipo (un 19,5 %: maquinaria, motores, material de transporte), automóviles (16,6%: se exportan el 87% de los fabricados), alimentos (14,7%, la mitad frutas y verduras), productos químicos (14,2%, sobre todo medicamentos y plásticos), metales, hierro y acero (12,1%) y ropa y calzado (8,1%).
España es el único país europeo que ha ganado cuota exportadora en 2011, ya que la mayoría la ha perdido por la competencia de los países emergentes, que son ya 11 de los 20 países que más exportan (con China a la cabeza). Tenemos un 1,70% de la cuota mundial, algo menos que antes de la crisis, y estamos en el puesto 18 del ranking exportador, tras habernos superado India y Taiwán. Pero mantenemos el nivel y, lo más importante, hemos ganado fuerza en Europa: llevamos 7 meses seguidos con superávit comercial con la UE, algo impensable al entrar en el euro: vendemos a los europeos más de lo que nos venden.
El problema es también nuestra excesiva dependencia de Europa, donde van el 74,7 % de las exportaciones (66,8% a la UE).El primer reto es diversificar más y aumentar las ventas en Asia (ya hay 6.500 empresas españolas en China) y en Latinoamérica (no tiene sentido que vendamos menos en Brasil, México o Argentina que en China), así como a Rusia y norte de África, las zonas más dinámicas del mundo, sin olvidar Norteamérica y el norte de Europa.
El segundo reto es diversificar lo que vendemos, exportar productos de más valor y más tecnología, que no compitan sólo por precio (salarios). La mayor parte de la exportación española, según el Banco de España, son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles), mientras Alemania, el segundo exportador del mundo, vende más productos de alta tecnología. Con todo, está creciendo la exportación española de medicamentos y aviones (alta tecnología), sin olvidar las polémicas exportaciones de armamento, donde España es el 8º exportador mundial.
El tercer reto, el básico, es animar a más empresas a exportar. Hoy, sólo exportan 110.000 empresas de las 3,2 millones censadas en España. Y sólo 39.000 lo hacen de forma regular: 24.000 son pymes y 500 son grandes empresas que exportan ellas solas más de la mitad del total. De hecho, las 35 empresas del IBEX ya hacen fuera de España la mitad de su negocio y diez de ellas (Telefónica, bancos y constructoras) facturan fuera el 70% de las ventas. Para que más empresas den el salto al exterior hace falta más ayudas, más financiación y más promoción (España tiene 98 oficinas comerciales frente a 153 Francia o 120 Alemania), pero aquí hemos chocado con los recortes presupuestarios y de créditos.
Con más o menos ayudas, es vital que tire la exportación porque todo lo que va a crecer España en 2011 (entre 0,8 y 1,3%) será por el sector exterior, que puede chocar con dos problemas: la subida del euro (un 7,5 % este año) y nuestra mayor inflación (3,5 % frente al 2,7 en la UE), dos factores que encarecen nuestros productos en el mundo.
Como la crisis va para largo, las empresas tendrán que seguir exportando como algo habitual para sobrevivir. Y eso va a fortalecer nuestra economía, ya que las empresas exportadoras son más innovadoras, más productivas, invierten más, hacen más formación y mantienen un empleo más estable (aunque no creen mucho empleo). España tiene todavía un gran potencial exportador, ya que nuestra riqueza es el 2,5 % del PIB mundial y sólo tenemos un 1,70% de cuota en el comercio mundial. Italia, por ejemplo, con una economía del tamaño de la nuestra, exporta el doble. Ese es el gran objetivo, que pasa por duplicar el número de empresas que exportan y por lanzarse a vender por los cinco continentes  productos más complejos, no sólo frutas, coches y ropa. Y lo mismo con el sol y playa. Ahora, el mercado es el mundo.