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lunes, 9 de junio de 2014

Reactivación, no: vienen más ajustes


El Gobierno, tras perder 2,5 millones de votos en las europeas, quiere dar un mensaje positivo con un Plan de reactivación que es un bluff : poco dinero y sólo 175 millones nuevos, para comprar coches. Pura propaganda. Y mientras, nos esconden dos hechos. Uno, que han exigido un Plan de ajuste para este año a 6 autonomías que incumplieron el déficit en 2013: Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha, Murcia, Aragón y Navarra. Y otro ajuste a 361 grandes Ayuntamientos donde viven 1,5 millones de españoles. Y por si fuera poco, Bruselas acaba de recordarnos que sin más ajustes no cumpliremos el déficit de 2015, con lo que exige a Rajoy que suba el IVA y otros impuestos y recorte más gastos. O sea, que en vez de reanimar la economía, nos esperan más recortes, este año y el próximo. Más de lo mismo, mientras el BCE aprueba medidas largamente esperadas para reanimar el crédito. Y cuando el 86,5% de españoles ven la situación económica “mala” o “muy mala”.
 
enrique ortega

Frente a la propaganda de la reactivación, empecemos por los ajustes que vienen. Primer hecho: Hacienda envió el 13 de mayo una carta a 6 autonomías que habían incumplido el déficit en 2013 para que en el plazo de un mes (esta semana) enviaran al Gobierno un Plan de ajuste de sus cuentas para este año 2014 y para 2015, detallando los gastos que iban a recortar y los ingresos extras que iban a conseguir. Los mayores ajustes los tendrá que hacer Murcia (1,58% de su PIB, 421 millones), seguida de Castilla la Mancha (0,83% PIB, 300 millones), Aragón (0,76% PIB, 247,3 millones), Comunidad Valenciana (0,73% PIB, 712,6 millones), Cataluña (0,38% PIB, 731,6 millones) y Navarra (0,35% PIB, 62,1 millones). En total, un ajuste extra de 2.474,7 millones de euros para hacer este año y que afecta a 18 millones de españoles y casi al 40% de nuestra economía.

Pero además de este ajuste extra para 6 autonomías, las 17 tendrán que hacer otro ajuste este año, para reducir su déficit del 1,53% del PIB en 2013 al 1% que tienen de tope en 2014. Son otros 5.300 millones de ajuste, que ya están en marcha en sus Presupuestos 2014. En total, casi 8.800 millones de ajuste autonómico en 2014, que sólo pueden salir por dos vías: recortando gastos y subiendo impuestos. De hecho, todas las autonomías se han visto obligadas a recortar sus gastos corrientes, a seguir reduciendo plantillas de interinos, a no invertir en instalaciones y a recortar más en educación, sanidad y gastos sociales, que son el 60% de sus Presupuestos. Y han subido los impuestos de sucesiones (herencias) y donaciones, el patrimonio, los del juego, tasas y vendido edificios.

El ajuste no se queda en las autonomías. Segundo hecho: Hacienda ha ofrecido a 361 grandes Ayuntamientos que están asfixiados y no pueden devolver los 4.574 millones que les prestaron, un balón de oxígeno: 2 años más para empezar a pagar  y 10 años más para devolverlos (ahora, en 20 años). A cambio, tendrán que enviar un Plan de ajuste, donde detallen los recortes y la subida de tasas para sostener los servicios municipales. Y la mayoría tendrá que pasar por el aro. Son grandes Ayuntamientos, como Alicante, Jaén, Marbella, Fuenlabrada, Torrevieja, Sanlúcar, Vélez-Málaga, Tortosa, Almendralejo, Villarreal Crevillent, Loja, Porriño o Xixona, más algunas Diputaciones, como Granada, Cáceres o La Gomera. En total, casi 1,5 millones de habitantes a sumar a los de otros 373 Ayuntamientos que ya se han acogido a Planes de ayuda a cambio de ajustes duros que pagan sus vecinos.

Y queda el tercer hecho, que de momento es una exigencia: la Comisión Europea acaba de reiterar, por enésima vez, que España no va a poder cumplir el objetivo de déficit en 2015: será del 6,1% del PIB, en vez del 4,2% que dice el Gobierno. Y por ello, exige al Gobierno que tome medidas para corregirlo. O sea, otro ajuste más, de 20.000 millones extras para el Presupuesto 2015, que se presenta en septiembre. Bruselas le dice a Rajoy que no puede bajar impuestos, como promete, sino subirlos: recomienda subir el IVA (cobrando el 21% a productos que hoy pagan el 10%, como alimentos y el turismo), subir los impuestos a los carburantes (son de los más bajos de Europa), al alcohol y al tabaco, crear impuestos medioambientales, subir los impuestos a la vivienda (el IBI) y reducir las deducciones a empresas (sociedades) y ciudadanos (quitar la deducción por vivienda en el IRPF, con efecto retroactivo). Además, proponen seguir con los recortes en sanidad (gasto farmacéutico en hospitales), pensiones y desempleo, exigiendo a Rajoyrealizar antes de febrero de 2015 una reducción sistemática del gasto en todos los niveles de la Administración”.

Los deseos de Bruselas son órdenes, aunque Rajoy dice que no subirá el IVA. Pero algo tendrá que hacer, porque ya le han dicho varias veces que no puede bajar impuestos y que tiene que seguir con los recortes y la subida de impuestos, no sólo en 2015 (año electoral) sino en 2016: Bruselas exige otro ajuste de 14.000 millones más, para bajar el déficit al 2,8%.

Así que hay tres ajustes en el horizonte inmediato, a nivel autonómico, municipal y estatal, para lo que queda de 2014 y en 2015 y 2016. Más recortes de gastos, que pondrán al límite el Estado del Bienestar, y más subidas de impuestos, aunque se quieran camuflar con algunas bajadas. Y estos nuevos ajustes van a frenar de nuevo la recuperación, reduciendo el consumo, las ventas y la inversión, debilitando el crecimiento y el empleo, como ha pasado desde 2010. Un suicidio económico que no se puede enmascarar con un Plan de reactivación para la galería que es un bluff: el Gobierno sólo aporta 3.630 millones para reindustrialización e inversiones (más 4.400 millones en créditos), pero no es dinero nuevo, sino fondos europeos y Planes que estaban ahí y se presentan juntos de otra manera, para que haga bonito. Sólo hay 175 millones nuevos, del Plan PIVE 6, para subvencionar la compra de coches. Demasiado poco para reanimar una economía estancada (crecemos el 0,4%) y amenazada por próximos recortes.
Bruselas y los políticos europeos, que también perdieron votos el 25-M, han presionado al BCE para que les saque las castañas del fuego y apruebe medidas para reactivar la economía europea, que apenas crece. Y Draghi ha sacado toda su artillería, con tres medidas que llevaba 8 meses retrasando: rebaja del precio oficial del dinero al 0,15% (más testimonial que efectiva), penalizar el dinero que los bancos depositan  en el BCE y no mueven (cobrándoles el 0,1%) y, sobre todo, prestar 400.000 millones a los bancos europeos para que den créditos a empresas y particulares (no para hipotecas), a partir de septiembre. Esta futura liquidez debería bajarle los humos al euro (todavía por encima de 1,36 euros/dólar), lo que ayudaría mucho a las exportaciones y al turismo español. Y debería aumentar los precios en Europa, alejando el problema de la baja inflación, más grave para España y la Europa del sur, porque desalienta el consumo, la inversión y el empleo, además de encarecer el pago de la deuda.

Las medidas del BCE deben ayudar a un mayor crecimiento de Europa y España, pero aún son insuficientes. Porque  para que el sur de Europa se reanime y sus empresas pidan créditos y creen empleo hace falta reanimar el consumo y la economía, además de ayudar a los países y empresas a pagar sus deudas (con eurobonos y quitas). Pero ni Bruselas ni Merkel (que defienden a los bancos acreedores) quieren mutualizar y reducir la deuda ni aprobar un Plan Marshall europeo para reactivar las economías, con inversiones de 250.000 millones anuales durante 10 años, como proponen los sindicatos.

Las elecciones europeas han sido un aviso, pero la derecha y los fundamentalistas del déficit  siguen en el poder en Bruselas y en Madrid y no parece que nada vaya a cambiar, salvo Planes y medidas de reactivación para la galería, mientras siguen dictando planes de ajuste para la Europa del sur, dificultando su recuperación. Hace falta un cambio real de política económica, en Europa y más en España, porque tenemos más del doble de paro. Hay que hacer un Plan de reactivación de verdad, con recursos suficientes que han de salir de una mayor recaudación, haciendo que paguen impuestos las grandes empresas (sólo pagan un 4% de sus beneficios), las multinacionales y los más ricos. Un Plan que ha de centrarse en fomentar la inversión en la industria, la tecnología y la formación de empleados y parados, a la vez que suben los salarios en los sectores con beneficios, para aumentar el consumo (no es de recibo, por ejemplo, que los hoteleros de Baleares, con récord de turistas, ofrezcan a sus trabajadores salarios congelados para los próximos 4 años: así no hay recuperación posible). Y un Plan con ayudas de urgencia para los que más sufren la crisis: pobres, parados y familias.

La economía sigue con un pulso débil y un 86,5% de españoles ven la situación económica como “mala” o “muy mala”, según el Barómetro del CIS (mayo), por mucho que hagan propaganda de la recuperación y del empleo (escaso y precario). España necesita crecer mucho más y crear mucho más empleo estable. Así no se consigue, incluso con la gran ayuda de las últimas medidas del BCE. Y menos con los ajustes que vienen. El problema es que siguen mandando los mismos, aunque con menos votos. Y se empecinan en su política de ajustes, con pequeños retoques de cara a la galería, esperando ganar tiempo y que la economía mejore para las elecciones de 2015, aprovechando que la oposición está hundida y dividida. Así, con estas políticas, nos costará el doble salir de la crisis. Y muchos se quedarán por el camino.   

lunes, 12 de mayo de 2014

4 años de recortes suicidas e innecesarios


Hoy hace cuatro años, Zapatero presentó los primeros recortes de la democracia, presionado por Bruselas. Después, Rajoy ha hecho seis ajustes más. El balance es sangrante: recesión, 1.800.500 empleos perdidos y casi 6 millones de parados, mientras la mitad de los españoles ingresan menos de 1.000 euros al mes. Y encima, Rajoy no ha cumplido con el déficit en 2012 y 2013. Lo peor es que estos ajustes eran innecesarios: España recauda menos que Europa y si ingresara lo mismo, tendríamos 90.000 millones más y no harían falta recortes. Nuestro problema no es el gasto sino que ricos, bancos y empresas no pagan lo que debían. En lugar de afrontarlo, el Gobierno promete bajar impuestos en 2015 (elecciones).Pero Bruselas acaba de decirle que tiene que hacer más recortes: 20.000 millones para 2015.Y también lo dijo el FMI. Si sigue la tijera, peligra la recuperación. Vayan por otro camino: ingresen más.
 
enrique ortega

El 12 de mayo de 2010, Zapatero fue al Congreso y anunció un tijeretazo de 15.000 millones en año y medio: congelar pensiones, bajar 5% sueldo funcionarios, quitar cheque bebé, subir impuestos y recortar la inversión pública. Año y medio después, Rajoy profundiza en los recortes, 50.000 millones en tres años: fuerte subida de impuestos, 400.000 despidos públicos, recortes en desempleo, sanidad, educación, dependencia y gastos sociales, bajada de salarios, congelación de pensiones y sueldos funcionarios y desplome de la inversión pública, más una drástica reforma laboral que ha devaluado salarios y trabajo, con la mitad de los españoles ingresando ya menos de 1.000 euros, según Eurostat.

El balance de estos cuatro años de recortes es bien conocido: la economía española (que estaba recuperándose a principios de 2010) entró en una segunda recesión, cayendo -2,9% entre 2010 y 2013 (-22,9% Grecia y -4% Portugal) mientras Europa crecía +3,3% en esos años (y Alemania un +8,4%). Con los recortes, se han destruido 1.800.500 empleos (dos tercios Rajoy) y el paro roza los 6 millones (1.278.000 más desde 2010, la mitad con Rajoy). Y los que tienen empleo o pensión han perdido poder adquisitivo (-7%, la tercera mayor pérdida en Europa tras el -12% de Portugal y el -23% de Grecia), mientras aumentaba la pobreza (13,1 millones de españoles) y la desigualdad (somos el 2º país más desigual de la UE).

Tanto sacrificio para que Rajoy no haya cumplido con el déficit prometido a Bruselas, ni en 2012 (6,7% frente al objetivo del 5,3%) ni en 2013 (6,62% frente al 6.5% prometido). Y eso porque la recesión ha provocado un desplome de la recaudación: los recortes y la caída del empleo y los salarios reducen el  consumo, se recauda menos y hay que hacer más recortes. Es el círculo vicioso de la austeridad, en el que llevamos atrapados 4 años.

España tiene además un problema propio, estructural, que Bruselas reitera y el Gobierno no quiere ver: somos el segundo país del euro que menos recauda, tras Irlanda (“paraíso fiscal”). En 2013, España ingresó un 37,8% del PIB, frente al 46,8% de la zona euro. Son 90.000 millones menos de recaudación que la media. Eso se debe a que tenemos más fraude fiscal, porque hay sectores que pagan menos de lo que debían: el 90% de los ingresos proceden de las rentas medias y bajas y sólo el 10% de los más ricos, rentas de capital y empresas. De hecho, la banca sana ha pagado este año sólo un 4,95% de su beneficio bruto y las grandes empresas sólo pagaron un 4,13% de sus beneficios en 2012, según los Presupuestos. Y las multinacionales, ni eso. Y los ricos que tienen una SICAV, pagan el 1% de impuestos.

Luego es un mito que en España se paguen muchos impuestos: pagamos mucho los que vivimos de un sueldo o de una pensión, no el resto. Y otro mito es que España gasta mucho: el gasto público suponía en 2013 el 44,8% del PIB, frente al 49,8% de la UE-28, según Eurostat. O sea que gastamos unos 50.000 millones menos de media que el resto de Europa. En definitiva, que si España tiene el tercer mayor déficit de la zona euro (tras Grecia e Irlanda), no se debe a que el Estado gaste más (gasta menos) sino a que recauda mucho menos, a que tenemos mucho fraude fiscal, ilegal (economía sumergida) y legal (demasiadas deducciones). De hecho, los técnicos de Hacienda (Gestha) estiman que se podrían ingresar 70.000 millones más cada año si los ricos, grandes empresas, bancos y multinacionales pagaran lo que deben.

Por eso, Bruselas lleva dos años diciendo al Gobierno Rajoy que tiene que subir la recaudación, sobre todo el IVA (subiendo el tipo del 10 al 21% a más productos) y los impuestos especiales (carburantes, tabaco y alcohol). Pero Rajoy va por el camino contrario y ha prometido bajar los impuestos en 2015 (año electoral) y 2016, aunque sólo algunos: el IRPF (-5.300 millones) y sociedades (-2.200 millones), según el Programa de Estabilidad enviado a Bruselas. Eso sí, lo que no publicitan es que, a cambio, van a subir otros impuestos, según dicho Programa: el IVA sanitario (del 10 al 21% para gafas, lentillas, material y equipo sanitario, +427 millones en 2015), los impuestos a carburantes (1 enero 2015), los impuestos medioambientales (+2.076 millones), la tasa Tobin a las operaciones en Bolsa (+640 millones, retrasados a 2016), nuevos copagos por servicios, subida de impuestos autonómicos (+3.047 millones entre 2015 y 2016) y subida de impuestos locales (+1.943 millones, la mayoría por una futura subida del IBI, por la posible actualización del valor catastral de las viviendas).

Al final, probablemente paguemos más, mientras hacen bandera de la bajada de los impuestos que más se notan, sobre todo el IRPF. Pero Bruselas no se chupa el dedo y acaba de decirle a Rajoy que las cuentas no salen: que si las subidas de impuestos hechas en 2012 hasta 2014 no se mantienen, en 2015 el déficit será del 6,1% del PIB y no del 4,2% que promete el Gobierno. Y tendrán que recortar 20.000 millones extras en el Presupuesto 2015. El FMI también se lo dijo en abril: España tiene que hacer más recortes en educación, sanidad, pensiones y funcionarios. Pero Montoro y el Gobierno Rajoy, enfrascados en las elecciones europeas, insisten que no subirán impuestos. Al final, no salen las cuentas y Bruselas les obligará a hacer más recortes y conseguir más ingresos.

Hay otro camino: subir los ingresos públicos, no tocando los impuestos a la mayoría. Se podrían ingresar 50.000 millones más reduciendo el fraude legal (recorte deducciones en sociedades e IRPF) y haciendo pagar más a las grandes fortunas, grandes empresas, bancos y multinacionales. Recaudando como el resto de Europa. Para ello sólo hace falta decisión política y más medios: España tiene 1 funcionario por cada 1.928 contribuyentes frente a 860 en Francia o 729 en Alemania. Y recaudando más, no habría que hacer más recortes e incluso se podría gastar más en educación, sanidad, empleo, tecnología y gastos sociales, como el resto de Europa.

Este es el debate que ahora se oculta: si no se hace una reforma fiscal de verdad, que haga pagar más a los que pagan poco, las cuentas no salen y Bruselas nos obligará a más recortes, no sólo en 2015 (-20.000 millones) sino en 2016 (-14.000 millones) y 2017 (-17.000 millones). Y tres años más de recortes serán otro torpedo para la incipiente recuperación y para el empleo. De hecho, el cuadro macroeconómico enviado por el Gobierno a Bruselas espera crear sólo 102.800 empleos este año y 206.800 en 2015 (es falso que vayan  a crear 600.000 empleos estos dos años), insuficientes para compensar los 1.017.800 perdidos en 2012 y 2013. Así, Rajoy despediría esta Legislatura con una pérdida neta de -708.200 empleos y con 5.330.000 parados. Una barbaridad. Y si hay más recortes, más parados.

En definitiva, el Gobierno trata de ocultarnos con sus cifras optimistas que España tiene un problema de fondo: recauda poco y así no hay Estado del Bienestar que aguante. Y sin ingresos suficientes, vamos de recorte en recorte, a costa del crecimiento, el empleo y el nivel de vida de la mayoría. Hay que afrontar que hay mucho fraude fiscal, que los que más tienen pagan poco y así no salimos del bucle. Pero parece difícil que el Gobierno Rajoy haga pagar más a los “suyos”. Por eso, nos envuelve en el espejismo de que baja impuestos, cuando lo que hace es bajar algunos, subir otros y volver a congelar sueldos de funcionarios, pensiones (+0,25% para 2015, 2016 y 2017) y salarios (-0,5% en 2015 y 2016), según el Programa de Estabilidad. Y crecer tan poco como para no recuperar los empleos que han perdido. Encima quieren que les votemos.

lunes, 21 de abril de 2014

FMI: España, estancada 6 años más


El Gobierno y sus voceros mediáticos han reiterado que el FMI subió tres décimas su previsión de crecimiento para España este año, hasta el 0,9%. Pero no dicen que el FMI prevé también que España crezca en torno al 1% hasta 2019, que estemos 6 años con la economía estancada. Y que el paro sólo baje al 21,8% en 2019: casi 5 millones de parados. Seremos uno de los países que menos crezca en Europa, a pesar de tener el doble de paro. Un grave panorama que puede enturbiarse más por la baja inflación y la falta de crédito, según el FMI. Y aún podríamos crecer menos si el Gobierno Rajoy hace más recortes para 2015, como le pide ahora el FMI (que recorte en gastos sociales y pensiones) y antes la Comisión Europea (recorte 24.000 millones para 2015).Y si sube el IVA, como le pide Bruselas. Estancarse varios años o cambiar de política para crecer más. Ese es el dilema.
 
enrique ortega

El Fondo Monetario Internacional (FMI) cree que España será de los países euro que menos crezca en esta década: poco más del 1%, frente a una media del 1,5% en la UE-18. Mientras el Gobierno y algunos expertos aseguran que la recuperación viene con fuerza, el FMI da unas estimaciones de crecimiento para España estremecedoras: +0,9% en 2014, +1% en 2015, +1,1% en 2016, +1,2% en 2017 y 2018 y +1,3% en 2019, muy lejos del +3,5% que crecía  España antes de la crisis, entre 2000 y 2007. Y claro, con este mínimo crecimiento, el FMI prevé que apenas se creará trabajo: 50.000 empleos netos este año y 61.000 en 2015. Y eso nos lleva a una tasa de paro que todavía será del 21,8% en 2019. O sea, que dentro de 6 años, España tendrá todavía casi 5 millones de parados (4.938.681). Un drama.

Y eso “si todo va bien”, si no hay una marcha atrás en la tímida recuperación iniciada en otoño pasado. El FMI, en su reciente reunión en Washington, ha hablado de varios riesgos para la recuperación de Europa y en especial de España. El primero, la baja inflación. El FMI cree que España es el país europeo con más riesgo de caer en deflación, lo que hundiría la economía, al caer el consumo, bajar los márgenes empresariales y subir el coste real de la deuda. Y por eso piden medidas urgentes al BCE, para bajar más los tipos y aumentar la liquidez en Europa, como han hecho EEUU, Japón, China, Brasil y hasta el Reino Unido. El segundo riesgo para España es la falta de crédito, que debería ser la gasolina de la recuperación: el FMI cree que tardará aún dos años en fluir y propone acelerar el saneamiento de la banca para que llegue antes. Y el tercer riesgo, una posible crisis de los países emergentes, que afectaría mucho a España: la banca española es la que tiene más riesgo, tras la austriaca, si se producen tensiones en países como Brasil, México, Turquía, India o Indonesia, según el FMI.

En medio de todos estos riesgos para la recuperación, otra previsión: España tiene un déficit público demasiado elevado, que va a bajar muy despacio, y una abultada deuda pública que va a seguir creciendo (hasta el 102,4% del PIB en 2019). Y la receta del FMI es la de siempre: recortes del gasto, concretando incluso: en gastos sociales (educación y sanidad), en funcionarios (sugieren “reformas”: en castellano, despidos) y en pensiones (elevar edad de retiro, reducir prestaciones y elevar contribuciones). “No ajustar no es una opción”, comentaba un funcionario del FMI en Washington, obviando que España lleva cuatro años de ajustes. El problema es que esos recortes, que apenas han rebajado el déficit, llevaron al país en  2011 a una segunda recesión, que duró hasta 2013.

El FMI se suma así a la receta de la Comisión Europea, que ya dijo en febrero a España que necesita hacer un ajuste extra de 24.000 millones en 2015, porque si no, el déficit público del año que viene será del 6,5% del PIB en lugar del 4,2% que exige Bruselas. Y hace unos días, un informe de la Comisión le ha marcado a Rajoy el camino para hacerlo: subir el IVA y los impuestos especiales (tabaco y carburantes). Montoro dice que no va a subir el IVA y sigue hablando de bajar impuestos incluso, pero las cuentas no salen: tenemos un déficit elevado, hay que bajarlo mucho más, según Bruselas y ahora el FMI, sobre todo en 2015. Y para eso habrá que hacer más recortes y subir impuestos, no bajarlos, salvo algún retoque en el IRPF de cara a la galería, pero subiendo por otro lado para intentar reducir el déficit público.

El problema que tiene España es que apenas crece y así se recauda poco y los gastos no son fáciles de bajar más, porque ya están bajo mínimos (educación, sanidad, gastos sociales, inversiones públicas). La mejor estrategia contra el déficit es ingresar más, dado que España ingresa menos impuestos que el resto de Europa: los ingresos fiscales suponen el 37,8% del PIB frente al 45,4% en la UE-28. Se podrían recaudar 50.000 millones más por tres vías: lucha contra el fraude fiscal (sólo recortándolo un tercio se conseguirían 20.000 millones), reducir el fraude “legal” (recorte deducciones en sociedades e IRPF y aumentando los productos que paguen IVA general) e introducir nuevos impuestos, a las grandes fortunas, a las transacciones financieras (la tasa Tobin se va a quedar descafeinada) e impuestos verdes. Los técnicos de Hacienda (GESTHA) creen incluso que se podrían recaudar 70.000 millones más sin tocar los impuestos a la mayoría de los españoles.

O se ingresa más o adiós al Estado del Bienestar. Pero no parece que la anunciada reforma fiscal de este verano vaya por aquí: puede quedarse en un simple retoque electoral, bajando algunos impuestos que se notan (IRPF) y subiendo otros que no se notan tanto. Si al final no suben el IVA, tendrán que volver a recortar gastos (donde siempre: funcionarios, sanidad, educación, gastos sociales…) para el Presupuesto 2015, que se presentará a finales de septiembre. Y con menos gastos, menos actividad y menos crecimiento del escaso que se espera. Y si sube el IVA, aún menos.

Volvemos otra vez a un callejón sin salida: nos obligan a hacer recortes (desde Bruselas, tras las elecciones europeas, y desde el FMI-la troika) y esos recortes provocan un menor crecimiento, poco empleo, bajos salarios y menor recaudación, con lo que incumplimos la rebaja del déficit y hay que hacer nuevos recortes. Es el círculo vicioso de la austeridad, el bucle en que llevamos metidos cuatro años ya. Y si ya íbamos a crecer poco esta década, con más recortes o subiendo el IVA, caeríamos en la tercera recesión de esta crisis.

El panorama es desolador: mínimo crecimiento, poco empleo (precario), no hay crédito, inflación baja  y  un déficit y deuda elevados, que nos hacen muy dependientes de los mercados. No se ve una salida, por más que remachen sobre la recuperación. Los españoles son pesimistas: el 84,5% ven la situación económica mala o muy mala y el 68,7% piensa que dentro de un año será igual o peor, según el Barómetro del CIS de marzo. Demoledor.

Es hora de cambiar de política económica, en Europa y en España, para reanimar el crecimiento y el empleo. El BCE debe bajar los tipos e inyectar liquidez como ha hecho EEUU, favoreciendo el crédito. Y los futuros dirigentes de Bruselas deberían lanzar un Plan Marshall europeo, que fomente inversiones productivas, tecnología, formación y empleo, para que Europa no sea el farolillo rojo de la recuperación mundial. Y en España, Rajoy debería promover un gran acuerdo contra el paro, dedicando más recursos a reanimar los sectores clave (industria, turismo, exportadores, nuevas tecnologías) y a políticas activas de empleo, con más formación e incentivos a la contratación de jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Se trata de dejar atrás la austeridad y tratar de crecer más, porque nuestro primer problema no es el déficit ni la inflación, sino que tenemos más del doble de paro que Europa. Y que más de la mitad de nuestros parados llevan más de 2 años sin trabajar y ya no cobran nada.

El Gobierno Rajoy sigue tratando de ganar tiempo, machacando cada día con el espejismo de la recuperación, a ver si la economía se da la vuelta sola. Pero la realidad está ahí: apenas crecemos, estamos estancados, creando poquísimo empleo marginal, y así seguiremos el resto de la década, según el FMI. Es como para pensárselo. Y tratar de cambiarlo.