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jueves, 21 de noviembre de 2019

España falla en la formación de adultos


Casi el 40% de los adultos españoles está poco formado, más del doble que en Europa. España no se esfuerza por formarlos, ni cuando trabajan ni cuando están parados: sólo el 10,5% de los adultos se forma tras finalizar sus estudios, menos que en la mayoría de paises. La educación reglada de adultos ha caído a la mitad, los cursos de formación sólo los hacen el 3,5% de los parados y entre los trabajadores en activo, sólo 2.800.000 hacen algún curso. El problema no son los recortes, que han reducido cursos, sino que ni siquiera se gasta el dinero disponible (tenemos 2.000 millones de remanente), porque ni parados ni trabajadores se animan a formarse en cursos largos y poco atractivos. Y las empresas se quejan de hay mucha burocracia y tienen que adelantar el dinero. La formación de adultos no funciona y tanto sindicatos como patronal piden cambios. Urge mejorarla si queremos mano de obra preparada para la revolución tecnológica que está ahí. A formarse.

enrique ortega

España es un país con poca formación para trabajar. El último dato de la OCDE (2018) es muy revelador: un 39,9% de los adultos (25-64 años) tienen baja formación (la ESO o menos), frente al 18,7% de media en Europa (UE-23), el 10,9% en Finlandia, 13,3% en Alemania, 20,6% en Francia, 33,3% en Reino Unido o el 38,3% en Italia (sólo Portugal está peor, con el 50,2% de adultos poco formados). Y otro 22,9% de adultos españoles tiene una formación media (Bachillerato o FP), frente al 46,2% en Europa. Eso sí, tenemos más universitarios: un 37,3% de los adultos, frente al 35,6% en Europa (UE-23). 


No sólo tenemos menos adultos formados, según sus títulos. Es que, además, tienen menos “habilidades, menos competencias prácticas, según el informe PIACC 2013, que nos sitúa “a la cola de Europa”. En comprensión lectora, tenemos a un 27,2% de los adultos en su nivel mínimo (Finlandia tiene sólo al 10%). En matemáticas, el 30,6% de adultos se sitúan en el nivel mínimo, el porcentaje más alto de toda Europa con Italia. Y lo mismo sucede en informática (el 42% de los adultos españoles son “casi analfabetos digitales”) y en idiomas: la mitad de los adultos españoles (49%) no conocen otro idioma extranjero, frente al 34% de media en Europa, el 10% en Escandinavia o el 15% en Holanda y Suiza.


En definitiva, hay demasiados españoles con poca formación académica y con pocas habilidades prácticas, lo que explica en buena medida que tengamos el doble de paro. Y que el 72% de las empresas españolas se quejen de que no encuentran el perfil de trabajador que necesitan. Pero el problema se va a agravar en el futuro, con la revolución tecnológica, donde sólo tendrán empleo los mejor formados: para 2020, el 50% de los empleos en Europa serán para los trabajadores con formación media (sólo el 22,9% de los adultos españoles), el 35% para los que tienen alta formación (37,3% españoles adultos) y sólo quedará un 15% del empleo para los peor formados (casi el 40% de los españoles), según un estudio de CEDECOP. Y centrados en España, de los nuevos empleos disponibles dentro de diez años, entre 8,8 y 10 millones, sólo el 2,3% serán para los que tienen baja formación, un 39,5% para los que tienen estudios medios y más de la mitad (58,4%) para los que tengan educación superior, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie.


La urgencia de formarse es evidente, pero el problema es que España parte de una baja formación y se ha hecho poco por mejorarla. Otra vez más, los datos son impactantes: sólo el 10,5% de los adultos españoles se forman a lo largo de su vida laboral, por debajo del 11,1% de media en Europa y sobre todo por debajo del 14,6% que se forma en Reino Unido, del 19% que se forma en Francia y Holanda o del 30% que casi alcanzan en Finlandia o Suecia, aunque España queda por encima de la formación continua en Alemania (8%, aunque es un país con alta formación de partida), de Italia (8,1%) y Portugal (10,1%), según Eurostat. La Comisión Europea cree que la formación continua es uno de los grandes retos del continente y planteó un objetivo dentro de la Estrategia Europa 2020: que llegue al 15% el año próximo.


Ese 10,5% de adultos que se forman a lo largo de su vida lo hacen en España por 3 caminos: los estudios “reglados” que promueve el Ministerio de Educación (formación de adultos) y la formación “no reglada” (fuera del sistema educativo), que promueve el Ministerio de Trabajo y las fuerzas sociales (sindicatos y patronal), a través del SEPE y de la Fundación para la formación en el empleo (FUNDAE), para los parados y para los que trabajan.


El primer camino, la formación de adultos en centros educativos, ha caído a la mitad en los últimos años: alcanzó un máximo en 2011-2012 (474.621 alumnos) y fue cayendo después, sobre todo en 2014 (328.348 alumnos), para llegar a 230.026 alumnos matriculados en enseñanzas para adultos en el curso 2018-19, casi la mitad para sacar la Secundaria (105.746), otros 14.952 para obtener la ESO y 19.254 para acceder a la Universidad. Este desplome en la educación reglada para adultos se debe sobre todo a los recortes, que redujeron profesores y centros: hay 418 centros menos que en 2011 (-16%), 2.323 centros  educativos que imparten enseñanza para adultos (el 98,9% públicos). Pero también hay un desinterés hacia esta educación, poco flexible (horarios) y poco incentivada socialmente.


El segundo camino, que se bifurca en dos, es la formación “no reglada”, los cursos que se imparten a parados y ocupados. Se financia con las cuotas de formación que cotizan cada mes empresas y trabajadores (el 0,7% : 2.101 millones en 2018), más una pequeña aportación el Presupuesto y de los Fondos europeos (312,55 millones en 2018). En total, fueron 2.414 millones de euros en 2018, que se reparten para formar a parados (1.148 millones) y trabajadores (1.148 millones), junto a la financiación de becas y otros gastos (118 millones). El problema ha sido que la formación fue una de las partidas que más sufrieron los recortes de Rajoy: la aportación del Estado a la formación no reglada pasó de 934 millones en 2011 a 134 millones en 2015.


Vayamos a la formación a los parados, que gestionan el SEPE (antiguo INEM) y las autonomías (responsables del 95% de esta formación). En 2018, sólo 117.538 parados finalizaron cursos de formación, en 1.622 centros públicos de empleo y 18.780 entidades privadas de formación, según el SEPE. Significa que sólo el 3,5% de los parados registrados hicieron cursos: fueron básicamente mujeres (52,91%), parados de edades medias (53,23% entre 25 y 45 años) y mayores (26,37%), pocos jóvenes (20,3% eran menores de 25 años), con formación media (36% con Bachillerato o FP) y alta (14 % universitarios) y sobre todo parados con baja formación (49%). Y dos tercios de los que hicieron cursos volvieron a trabajar.


Este bajo porcentaje de parados que hacen cursos (3,5%) es doblemente preocupante si sabemos que la mayoría de los parados españoles tienen baja formación: casi la mitad de los 3.214.100 parados que había en España en septiembre (EPA) tienen la ESO o menos (49,19%), una cuarta parte Bachillerato o FP (24,62%) y otra cuarta parte son universitarios (26,17% de los parados), según el INE. Y están aún peor formados los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajar (1.243.400 en septiembre): el 53,4 % tienen la ESO o menos, el 23,3% Bachiller o FP y el mismo porcentaje de universitarios.


Y vayamos al tercer camino para formarse, los cursos para trabajadores en activo, que se imparten a través de la Fundación para la Formación (FUNDAE, integrada por Trabajo, sindicatos y patronal) y del SEPE. Existen dos fórmulas: la formación bonificada (que imparten las empresas, ellas directamente o a través de empresas de formación, a cambio de recibir ayudas en forma de recorte de cotizaciones) y la formación subvencionada, cursos gratuitos que se convocan y que se ofrecen a través de entidades de formación acreditadas. Dos tercios del dinero van a la formación bonificada que programan las empresas y el tercio restante a los cursos que convoca la FUNDAE.


En total.  en 2018 hubo 360.052 empresas que utilizaron la formación bonificada, alguna más que en 2017 (+4.545) pero 118.000 menos que en 2013 (478.621 empresas hicieron formación), según la FUNDAE. Son sólo el 21,2% de las empresas que podrían hacerlo, una cifra muy baja y que se reparte de forma desigual: hacen poca formación las microempresas (el 16,6%) y las pymes (el 49,7%) y mucho más las medianas (81,2% la hacen) y las grandes (92%), probablemente las que tienen el personal mejor formado. Las que más hacen formación son las empresas de Madrid (se llevan 156 millones), Cataluña (110) y País Vasco (28,5 millones), sobre todo empresas de servicios, hostelería, comercio e industria.


En cuanto a los trabajadores, 2.800.000 ocupados hicieron cursos de formación en 2018, sólo el 21,3% de los trabajadores que podrían formarse. Y realizaron 1,6 cursos de media, con 14,8 horas de media por curso (en 2008 eran 27 horas de media), la mayoría presenciales (75,5%) aunque crecen los online (23,5% cursos). El perfil del trabajador que hace cursos bonificados o subvencionados es hombre (54,7%), de 36 a 45 años (23,19%) y de 46 a 55 años (17,80%), pocos jóvenes (17,5% menores 35 años), con un nivel de estudios alto (29% son universitarios) y medio (45% son trabajadores cualificados), muchos directivos y jefes (30%), la mayoría trabajan en grandes empresas (el 56%) y escogen cursos de comunicación y marketing (22,85%), administración y gestión (20,20%), informática y comunicaciones (12,19%), servicios socioculturales (10,90%), hostelería y turismo (5,92%), según la Memoria 2018 de FUNDAE.


Parece claro que la formación a los trabajadores no funciona cuando sólo la hacen 360.000 empresas (hay 3 millones registradas) y 2.800.000 trabajadores (hay 16.790.000 asalariados). En 2015, el Gobierno Rajoy impuso una reforma de la formación, para atajar la ineficacia y el fraude, quitando la semi exclusividad de los cursos a sindicatos y patronal. Pero las fuerzas sociales, que ya se quejaban entonces del sistema, hoy se quejan más. Primero, porque han caído el número de empresas que hacen formación. Segundo, porque la nueva normativa ha encarecido los cursos, expulsando a las microempresas de 5 a 10 trabajadores. Tercero, por la falta de transparencia en la adjudicación de los cursos, que se concentran en menos empresas, vinculadas a grandes consultoras: sólo 19 entidades se reparten el 30% de los fondos (con 3 millones cada una) mientras las 287 restantes se llevan una dotación media de sólo 67.000 euros. Cuarto, que hay un exceso de burocracia y las empresas tienen que adelantar el 40% de los cursos y tardan en recuperarlo. Y quinto, que los cursos son demasiado generalistas y poco ligados a lo que necesitan las empresas.


Pero la mayor crítica que hacen sindicatos y patronal al sistema de formación es que es ineficaz, porque no es capaz de gastar los recursos disponibles: Trabajo les ha reconocido que hay un remanente de 1.504 millones de euros no gastados entre 2015, 2016 y 2017. Y en 2018, sólo en la formación bonificada, no se utilizaron 125 millones, el 19,3% del Presupuesto disponible, según la Memoria de FUNDAE. Pero la patronal CEOE va más lejos: entre 1993 y 2016, de los 35.215 millones pagados para la formación por empresas y trabajadores (vía cuotas a la SS), sólo se gastaron 20.682 millones. El resto, 14.533 millones (el 41,3%) es un remanente que no fue a formación (no será porque no hace falta) y que los distintos Gobiernos han gastado en otras cosas o en reducir el déficit.


Ahora, sindicatos y patronal insisten en que la reforma del sistema de formación debe de ser una prioridad de cualquieracuerdo social y con el futuro Gobierno. Hace falta un Plan integral de formación, para trabajadores y parados, que consiga gastar lo presupuestado, en cursos que sean útiles para mejorar la cualificación y afrontar la revolución tecnológica. Y es clave mejorar la transparencia en la gestión y la eficacia, con auditorías. Además, algunos expertos apuestan por no hacer la formación sólo a través de las empresas sino crear la figura del “cheque formación”, para que no haya trabajadores excluidos. Y promover en los convenios la formación continua, con incentivos a los trabajadores que se formen. En paralelo, urge reformar los cursos para parados, aumentando su utilidad y vinculándolos al cobro de prestaciones. Y en la enseñanza reglada, incluir la educación de adultos como una prioridad de un necesario Pacto Educativo, con más profesores y centros implicados.


En definitiva, se trata de conseguir que los españoles adultos estén mejor formados y más preparados para los nuevos empleos que ya se necesitan hoy y para las habilidades que se van a exigir en el futuro. Un factor clave para lograr que trabaje más gente (debería haber 1,8 millones de personas más trabajando para equipararnos al empleo europeo) y que trabajen mejor, con más eficacia (España ocupa el puesto 23 en el ranking mundial de productividad). Eso exige aprobar un Plan de formación continua (no existe), recursos y apoyo, desde las empresas y los sindicatos al poder  político. Nos jugamos el futuro.


lunes, 16 de septiembre de 2019

OCDE: las causas del fracaso escolar de España


El martes pasado, mientras nuestros políticos se peleaban por una investidura fallida, la OCDE publicaba su diagnóstico sobre la educación en los paises desarrollados. Y su dictamen sobre España es demoledor. Tanto que, al final, 1 de cada 5 jóvenes españoles no estudian ni trabajan, 1.325.747 jóvenes “ni-nis que no ven futuro, tras sufrir España el mayor abandono escolar de Europa. Un fracaso educativo muy serio, agravado en algunas autonomías, aunque nuestros alumnos dan más horas de clase y tienen más profesores. El problema es que “estudian mal”, memorizando y sin ayudarles a pensar, como demuestra el Informe PISA. Y que gastamos menos en educación, con lo que hay más alumnos por aula y faltan medios y profesores, que ganan hoy menos que en 2005. Resultado: tenemos demasiados jóvenes y adultos con poca formación y el doble de paro que Europa. Un balance dramático, aunque a nuestros políticos no les preocupe. Urge un Pacto de Estado para mejorar nuestra enseñanza: la educación de hoy es la economía de mañana. 


La radiografía que hace la OCDE en su informe “Panorama de la educación 2019” es muy preocupante para España. El dato clave es que un 39,9% de los españoles adultos (25-64 años) tiene poca formación (la ESO o menos), frente al 18,7% en Europa (UE-23) y el 21,5% en la OCDE (34 paises desarrollados). Y que otro 22,9% tiene una formación media (Bachillerato o FP básica), un porcentaje mucho más bajo que el 46,2% de Europa y el 44% de la OCDE, mientras estamos equiparados en universitarios: 37,3% de los adultos españoles, frente al 35,6% en Europa y el 38,6% en la OCDE. O sea, que el último medio siglo de educación nos han dejado un país con el doble de adultos poco formados y la mitad medianamente formados, lo que explica que tengamos el doble de paro. Y si miramos sólo a los jóvenes (25-34 años), a los formados en las últimas tres décadas, el informe revela que un 32,3% están poco formados (ESO o menos) y el 23,4% medianamente (Bachiller y FP básico), aunque un 44,3% sean universitarios.

Este mal resultado educativo es fruto de varios fracasos. El primero, que muchos niños y adolescentes repiten curso, básicamente por falta de apoyo docente: casi 1 de cada 3 estudiantes de 15 años han repetido curso alguna vez, el 31,4% en el curso 2016-17, según las estadísticas de Educación. Un porcentaje de repetidores que oscila entre el 47,4% de Ceuta, el 41,5% de Aragón o el 39,2% de Murcia y el 21,8% de Galicia o el 23,8% del País Vasco. Y antes, a los 12 años, ya han repetido curso el 14,3% de alumnos. Y así, España es el país de la OCDE con más repetidores, triplicando la media internacional (11,3%) y muy lejos de los paises líderes en educación (3% de repetidores en Finlandia). Un fracaso humano y económico (cada repetidor cuesta al país 20.000 euros, según algunos expertos).

El siguiente eslabón del fracaso escolar son los alumnos que, cansados de repetir y quedar marginados (por falta de apoyo expreso), acaban dejando los estudios al final de la ESO (etapa obligatoria) y no completan el Bachillerato o la FP básica. El dato del abandono escolar temprano en España es impresionante: un 17,9% de los jóvenes de 18 a 24 años en 2018 (eran el 30,3% en 2006), frente al 10,6% en la UE-28, según los últimos datos de Eurostat, que refleja cómo España es líder europeo en abandono escolar, muy por delante de Holanda o Austria (7,3% de abandono escolar), Finlandia (8,3%), Francia (8,9%), Alemania (10,3%) o Reino Unido (10,7%), Portugal (11,8%) o Italia (14,5%).

Al final, hayan abandonado prematuramente sus estudios o los hayan terminado, los jóvenes españoles tratan de encontrar un empleo. Y lo tienen muy difícil, según el informe de la OCDE, porque nuestro modelo económico (muchos servicios y pymes y poca industria y grandes empresas) no ofrece mucho y porque su formación no responde a lo que necesitan las empresas. El resultado es que un 78% de los jóvenes universitarios (25-34 años) trabaja en España, frente al 84% en Europa. Y que el 12% de jóvenes españoles con carrera está en paro, el doble que en Europa y la OCDE (6%), según la OCDE. Y entre los que abandonaron sus estudios y tienen la ESO o menos, el 25% están parados (16% en la UE).

Con todo ello, llegamos a un último dato preocupante: un 20,2%, 1 de cada 5 de jóvenes españoles de 18 a 24 años (649.000 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son la viva fotografía de nuestro fracaso educativo y laboral. Un porcentaje de “ni-nismuy variable por autonomías (entre el 21,4% en Canarias y el 9,9% en el País Vasco) y que es el 3º mayor de Europa (tras el 25,7% de Italia y el 22,3% de Grecia),  muy superior a la media europea (13,1%) e internacional (14,3% de “ni-nis” en la OCDE) y muy alejado de Holanda (6,9% de “ni-nis”), Noruega (8,8%) o Alemania (9,6%). Y si abrimos el abanico, a los jóvenes entre 15 y 29 años, el dato es similar: España tiene un 19,5% de ni-nis, frente al 12,7% de Europa (23,9% en Italia y 9,2% en Alemania) y el 13,2% de la OCDE. Nada menos que 1.325.747 jóvenes españoles que ni estudian ni trabajan, una generación medio perdida.

 ¿Cuáles son las causas de este fracaso educativo? El informe de la OCDE tiene el mérito de descartar algunas. Como el número de horas de clase: España es el país europeo con más horas de clase en Secundaria (1.054 horas anuales frente a 874 en Europa y 919 en la OCDE) y el 4º con más horas de clase en Primaria (792 horas anuales frente a 769 en Europa y 799 en la OCDE), mientras Finlandia, el gran modelo educativo, es quien tiene menos horas de clase (808 en Secundaria y 651 en Primaria). El problema tampoco está en el número de alumnos por profesor: en España hay menos (14 alumnos por profesor en Primaria frente a 14 en Europa y 15 en la OCDE, 12 en la ESO frente a 11 en Europa y 13 en la OCDE y 11 en Bachillerato frente a 12 en Europa y 13 en la OCDE). Y tampoco que nuestros profesores estén mal pagados: ganan más de entrada (entre 40.813 en Primaria y 45.509 euros en Bachillerato, frente a una franja de 33.000 a 35.000 euros en Europa y la OCDE)

Entonces, ¿donde está la causa? Una básica es que gastamos menos en Educación: un 4,3% del PIB entre gasto público (3,1%) y privado (1,2%) en enseñanzas no universitarias, frente al 4,5% de media en Europa (Reino Unido gasta el 6,2%, Francia el 5,2% y Alemania el 4,2%) y al 5% del PIB que gasta la OCDE. Y no es casualidad que Finlandia, un modelo en educación, gaste el 5,5% de su PIB.

Este menor gasto en educación se traduce en muchas limitaciones que ayudan al fracaso educativo. Una, el tener más alumnos por clase: 21 alumnos en Primaria en España frente a 20 en Europa y 21 en la OCDE, pero 25 en Secundaria frente a 21 en Europa y 23 en la OCDE, siendo España el país europeo con más alumnos por clase, junto a Francia. Y otra vez Finlandia como ejemplo : tiene 20 alumnos por clase en Primaria y 19 en Secundaria (6 menos que España). Otro problema de la falta de recursos: los profesores están poco incentivados. Ganan más de entrada sí, pero luego les cuesta mucho mejorar su sueldo: tardan 39 años en llegar al máximo sueldo, mientras los profesores en Europa lo consiguen a los 28 años de docencia y en la OCDE a los 25 años. Eso desincentiva su “carrera profesional”. Y más aún, los recortes salariales que han sufrido en la última década: los profesores de la ESO, por ejemplo, ganan hoy un 6% menos que en 2018, según la OCDE, mientras los europeos ganan un 4% más y los de paises OCDE un 9% más. 


Y además, tienen más carga de trabajo que sus colegas internacionales: 880 horas en Primaria (754 en la UE y 783 en la OCDE), 713 en la ESO (673 y 709) y en Bachillerato (693 frente a 643 y 667). Pero, además de trabajar más horas, dedican más horas a dar clase (el 50%, frente al 44% en la OCDE), lo que no es bueno, porque tienen menos horas que en ningún país europeo para tutorías, refuerzos y preparación de clases, que, según la OCDE son básicos para mejorar la calidad de la enseñanza.

Precisamente, la otra clave de nuestro fracaso educativo, junto al menor gasto, es el tipo de educación que se imparte en España:”demasiado memorística y poco práctica”, resumen los expertos de la OCDE. Y con un exceso de asignaturas, con programas muy diferentes según las autonomías (hasta con libros muy diferentes, según denuncian los editores). Con un exceso de clases teóricas y pocas extraescolares y prácticas (en Corea del Sur, otro país que es un modelo educativo, dan 30 horas semanales de clase y 20 extraescolares). Se trata de “cumplir el programa” más que aprender a pensar. “Lo que menos necesitan los alumnos, en un mundo donde abunda la información accesible,  es proporcionarles cantidades industriales de información. La clave es que tengan capacidad analítica y crítica, que tengan herramientas y capacidades para tener éxito”, decía Gara Rojas, analista de la OCDE al presentar el informe en Madrid.

Así que, junto a la falta de recursos (aulas, profesores, refuerzos), el gran problema es que España sigue anclada en una educación del siglo XIX, que trata de que los jóvenes aprendan las cosas de memoria y no de prepararles para el futuro, consiguiendo que analicen y piensen, que tengan “capacidades”. Y eso se traduce, año tras año, en los malos resultados en el informe PISA, que mide las capacidades de los jóvenes de 15 años en el mundo. En la edición de 2018 (resultados de 2015), España ocupó el lugar 18 en el ranking europeo de “competencia en Ciencia”, el 15º en “comprensión lectora” y el 20º en “competencia en matemáticas”, aunque en línea con la media de la OCDE. Pero además, el problema es que hay autonomías con peores resultados, sobre todo Andalucía, Extremadura, Canarias y Murcia, a la cola en educación (y en gasto). Y a la cabeza en paro.

Otra gran deficiencia de nuestro sistema educativo, según el informe de la OCDE, es el menor peso de la Formación Profesional, que durante muchos años se ha considerado una “enseñanza de segunda categoría”, para “tontos y pobres”. Y por ello, a pesar del salto dado en los últimos años, sólo un 34,8% de los que acaban la ESO en España pasan a la FP, frente al 47,2% de jóvenes en Europa y el 43,2% en la OCDE, con muchos paises donde hay más jóvenes que estudian FP que Bachillerato, según el informe OCDE: República Checa (72,9%), Finlandia (71,3%), Eslovenia (70,4%), República Eslovaca (68,9%), Austria (68,8%), Paises Bajos (67,5%), Suiza (64,8%), Luxemburgo (61%), Bélgica (59,2%), Australia (56%), Italia (55,6%), Rusia (54,4%), Reino Unido (53,1%), Polonia (51,1%) y Noruega (50,4%), la mayoría de ellos con las tasas más bajas de paro juvenil por esta mayor enseñanza “aplicada”.

Y es que, al final, el informe de la OCDE refleja con datos un hecho: a más educación, más empleo, mejores sueldos y menos paro. Por eso, con la deficiente educación y baja formación que tenemos, no debería extrañarnos que España tenga menos empleo (tenemos 1.800.000 empleos menos que la media de Europa: un 67% de adultos trabajando frente al 73,2% en la UE-28), más del doble de paro (13,9% frente al 6,3% en la UE-28) y unos salarios mucho más bajos (16 euros por hora frente a 37,4 en Dinamarca, 26,9 en Alemania, 24,1 en Francia, 22,5 en Reino Unido, 20,9 en la UE-28 y 20,2 euros en Italia, según Eurostat). En parte es por nuestro modelo económico (un exceso de servicios y una falta de industria y tecnología), por nuestra organización empresarial (demasiadas pymes, pocas grandes empresas y poco trabajo en equipo en una gestión bastante autoritaria), pero mucho es fruto de la deficiente educación, de tener una mano de obra mal formada. Y cara al futuro, con la revolución tecnológica, lo tenemos peor, porque ese 39,9 % de adultos  mal formados (sólo con la ESO o menos) van a tener muy difícil trabajar este siglo.

El informe educativo de la OCDE y los datos que aporta son apabullantes, aunque hayan pasado casi desapercibidos, sobre todo para unos políticos que sólo piensan en las elecciones. Pero deberían hacernos reflexionar y actuar, forzando a que en la próxima Legislatura se pacte una nueva Ley de Educación que empiece a cambiar las cosas, con más gasto educativo (al menos el 5% del PIB que gastan los paises OCDE, 11.200 millones más al año) y, sobre todo, con otro tipo de enseñanza, menos memorística, que enseñe a los alumnos a pensar, razonar y tener herramientas para trabajar. Una tarea que llevará varias décadas. Pero hay que empezar cuanto antes. Porque la educación de hoy es la economía de mañana.