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lunes, 26 de diciembre de 2016

Compras: las tarjetas ganan al cajero


Son días de compras masivas  que pagamos a golpe de tarjeta y con dinero en efectivo. Estamos enganchamos al móvil y a Internet, pero los pagos electrónicos son minoritarios. El número de tarjetas bate récords y los pagos con ellas superan ya el dinero que se saca de los cajeros. Pero sigue dominando el pago en efectivo: con dinero hacemos todavía el 70% de los pagos. Y eso, a pesar de las campañas de los bancos para que paguemos con tarjetas o el móvil y de las medidas del Gobierno, que ha prohibido los pagos en metálico de más de 1.000 euros desde el 1 de enero, para reducir el fraude fiscal. Pero el dinero en efectivo tardará mucho en desaparecer, a pesar del avance del dinero electrónico, que debe resolver problemas de seguridad y comisiones. Y ojo: pagar sin dinero es una tentación que puede endeudarnos más. Cuidado con darle a la tarjeta o a la tecla: luego hay que pagarlo.
 
enrique ortega

En España hay más tarjetas de crédito que habitantes. A primeros de octubre había 73,66 millones de tarjetas, cerca ya del récord de 2008, cuando llegaron a 76,40 millones. Dos de cada tres tarjetas son de crédito (la otra, de débito: pagar y sacar dinero) y su número ha batido este año todos los récords históricos, con 48,09 millones de tarjetas a principios de octubre, casi 4 millones más que en el anterior récord de 2008 (44,82 millones), según datos del Banco de España. Y no sólo es hay más tarjetas que nunca, sino que también se usan más: las operaciones con tarjetas superan desde esta primavera las 250.000 al mes, con pagos superiores a los 10.000 millones de euros mensuales, algo nunca visto.

Otro dato que habla del tirón de las tarjetas es que mueven más dinero del que se saca en los cajeros, algo que tampoco había pasado antes. Desde enero de 2016, los pagos con tarjeta (crédito y débito) superan al importe que se extrae de los cajeros de los bancos: fueron 32.713 millones en el tercer trimestre, frente a 31.317 millones extraídos en cajeros. Esto es fruto del auge de las tarjetas pero también de un cierto declive de los cajeros, que se resienten del aumento de comisiones aplicado por los bancos desde la Navidad de 2015: si antes cobraban entre 0,65 y 0,75 euros por sacar dinero en bancos ajenos, ahora cobran el triple, entre 1,80 y 2 euros por extracción. Con todo, aunque crecen menos, los cajeros también están funcionando más este año, con más operaciones y más dinero sacado: 31.317 millones en el tercer trimestre frente a 30.210 extraídos en el tercer trimestre de 2015.

Indudablemente, las mayores comisiones en los cajeros han dado alas a las tarjetas, con más operaciones (789.937 en el tercer trimestre) y más importes de compras (32.713 millones entre julio y septiembre de 2016). España es el quinto país de Europa por número de tarjetas (73,66 millones), por detrás de Reino Unido, Alemania (147 millones), Francia (80 millones) e Italia (77 millones), aunque ocupamos el puesto 13º en el ranking de tarjetas por habitante (1,48 tarjetas, frente a 1,82 de Alemania o 1,21 de Francia). Y todavía utilizamos menos las tarjetas que la mayoría de Europa: 52 operaciones por habitante y año frente a 79 de media en la UE (y más de 200 en los paises nórdicos).

Eso sí, la operativa de tarjetas está cambiando y cada vez se hacen más operaciones de pequeños importes, incluso de menos de 10 euros, sobre todo tras el auge de los pagos “Contact less” (acercando la tarjeta al datafono), que ya aceptan la mitad de los TPV (hay 820.000 terminales “Contact less” de los 1.647.646 terminales disponibles para tarjetas). El gasto medio por tarjeta es de 2.838 euros (+3,5% sobre 2015), de los que 413 euros se gastan ahora por Navidad.  Y en contra de lo que se piensa, gastan más los hombres (2.917 euros) que las mujeres (2.369 euros). Y más los que tienen entre 40 y 50 años, seguidos de los de 50 a 60 años, siendo bajo el gasto con tarjeta de los jóvenes. Y sobre su uso, el 23% de los pagos con tarjeta se hacen en el súper, el 16% en viajes, el 13% en gasolineras, el 12% en restaurantes, el 11% en grandes almacenes, el 9% en comprar moda, el 7% en electrónica y telefonía y el 6% en artículos para el hogar. Y un dato importante: en las compras online, el 67,2% de los pagos se hacen con tarjeta de crédito.

Los pagos con tarjeta no dejan de crecer y suponen un importante gasto para los usuarios y una creciente fuente de ingresos para la banca. Los que tienen tarjeta pagan por tres vías. Una, la comisión anual, que a veces se perdona el primer año pero no después (salvo en algunos bancos online): es de 35 a 43 euros al año. La segunda, el pago de intereses cuando se aplaza el pago de lo comprado con la tarjeta: un tercio de las tarjetas que tenemos lo hacen (se llaman “revolving”). Entonces se paga un interés, que oscila entre el 20 y el 25% (la media actual es el 21,1% TAE), aunque hay entidades que cobran el 15% (ING o Bankinter) y otras hasta el 30%. En noviembre de 2015, una sentencia del Tribunal Supremo estableció que los intereses superiores al 24% son “usurarios” y por tanto “nulos”. Y la tercera vía son los elevados costes en que se incurre por descubierto, por superar el límite de la tarjeta: se pagan dos comisiones, por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y por descubierto (30 euros), más los intereses de demora (más del 20% TAE).

Además, los comercios tienen que  pagar una comisión a los bancos que les instalan el terminal (TPV) con el que poder cobrar compras con tarjeta. Esta comisión (“tasa de descuento”) es libre y oscila entre el 0,5% y el 1,10% por operación, con un mínimo (que suele ser de 0,35 euros). Y a veces también les cobran una reducida cuota mensual por el TPV. Luego, el banco que ha instalado el PTV y que recibe el importe de la compra tiene que pagar una comisión (“tasa de intercambio”) al banco emisor de la tarjeta con la que se paga, una comisión que sí está fijada por el Gobierno y que tiene un máximo (0,3% por operación  en las tarjetas de crédito y 0,2% en las de débito). Al final, serán casi 3 millones de operaciones este año, con casi 120.000 millones pagados, de los que una parte (entre 600 y 1.000 millones de euros anuales) van a aumentar los ingresos por comisiones de la banca, que suponen ya un 23% de sus ingresos totales (vea aquí el porcentaje de comisiones que cobran los bancos españoles).

Por eso los bancos tienen tanto interés en “colocarnos” más tarjetas y en que no usemos el cajero, que les supone ingresos pero también muchos costes, no sólo en comprarlos e instalarlos sino en toda la intendencia de manejar “dinero físico”: almacenamiento, transporte, seguridad… En esto coinciden con los Gobiernos, que también mantienen una “guerra contra el dinero en efectivo”, porque alimenta la economía sumergida y es una fuente de fraude fiscal: el dinero electrónico deja huella y se rastrea con cierta facilidad, no así el dinero en metálico. Por eso, el Gobierno Rajoy limitó los pagos en efectivo a un máximo de 2.500 euros, en noviembre de 2012. Y ahora ha vuelto a hacerlo: desde el 1 enero de 2017, no se podrá pagar en efectivo más de 1.000 euros, a una empresa o a un profesional, no entre particulares (ahí, el pago es libre). Y si no se cumple, Hacienda puede multar por el 25% de los pagos ilegalmente hechos.

A pesar del auge de las tarjetas y de las prohibiciones, el dinero en efectivo es “el rey de los pagos, en España (84% de los pagos), en Europa (66%) y en todo el mundo (85% de los pagos), según datos de la consultora PwC. Además, el efectivo es el único medio de pago utilizado por el 100% de los españoles, en todas las edades. Las tarjetas las usan el 90,8% de españoles y el 66,7% de los que tienen entre 25 y 34 años. Les siguen los pagos por transferencias (85,8% españoles), los pagos alternativos tipo Pay-Pal (52,5% usuarios), los cheques (38,8%), las tarjetas virtuales (18% españoles), los pagos Contact less (15,2%), las APPs (4,4%) y el pago por móvil (sólo 2,4% pagos), según el estudio de PwC.

Actualmente, se estima que un 70% de todo el consumo privado se paga todavía con dinero en efectivo y sólo un 30% mediante tarjeta o dinero electrónico, según datos recientes de MasterCard. Y lo que es más llamativo: sólo hay un 7% de españoles que pagan exclusivamente con tarjeta mientras hay un 22,6% que lo pagan todo sólo en efectivo, según Tecnocom. Eso indica que los pagos electrónicos aún están muy retrasados en España, aunque en los últimos años crezcan las propuestas para pagar online, por ordenador o móvil. Y todo apunta a que el dinero en efectivo tiene mucha vida por delante, no va a desaparecer a corto plazo, aunque los expertos vaticinan que 3 de cada 4 transacciones de dinero en el mundo serán on line o través del móvil para 2020, según la consultora Accenture.

La última apuesta por los pagos electrónicos ha llegado a España en diciembre de la mano de Apple, que ha lanzado su servicio “Apple Pay”, dos años después que en EEUU. Un servicio que permite pagar con el iPhone (iPad, Apple Wach o Mac) en tiendas físicas, en APPs y en comercios online y que complementa la oferta de Google para los smartphones Android, el “Google Wallet”, lanzado en 2009 y mejorado en 2013 con una tarjeta de débito prepago. Y otros gigantes de Internet, como Facebook o Twitter también han lanzado servicios de pagos en sus redes, aunque todavía no están operativos en España.

En paralelo, otras empresas tecnológicas se han lanzado a ofrecer compras online con tarjetas. La pionera, en el año 2.000, fue PayPal (eBay), que ya tiene 130 millones de cuentas activas en el mundo, con las tarifas más baratas para compras y envío de dinero persona a persona. Amazon lanzó en agosto de 2014 un lector de tarjetas de crédito que conectado a un móvil o una tablet permite a pequeños negocios aceptar pagos. Y las empresas chinas Alibaba y Tencent o la japonesa Rakuta ofrecen también desde hace años plataformas de pago a través de móviles, como la mayoría de empresas que venden por Internet.

Las grandes empresas de telefonía también se han lanzado a este negocio de los pagos electrónicos. Vodafone ofrece su monedero electrónico para pagos (“Vodafone Wallet”) desde 2014 en Reino Unido, Alemania, Italia, Holanda y España. Y en noviembre de 2015 renovó su aplicación para permitir el pago con móvil asociado hasta con 5 tarjetas diferentes. También Orange ofrece el servicio de pago por móvil “Orange Cash”. Y Samsung lanzó en España, en junio de 2016, su sistema de pago por móvil “Samsung Pay”, que ya funcionaba en otros tres paises europeos. Y Movistar ofrece  también un pago por móvil limitado, vinculado a una VISA de la Caixa, uno de sus principales accionistas.

Mientras los gigantes de Internet y las telecos avanzan en los pagos digitales, la banca española ha ido a la zaga, con dispersas aplicaciones desde 2013, la mayoría en colaboración con las telecos. En 2014, CaixaBank y Santander intentaron hacer una apuesta conjunta (con Movistar) de pago por el móvil, la plataforma Yapp, pero fue un fracaso que cerró en junio pasado, tras perder 8 millones de euros. Y finalmente, a finales de septiembre, toda la banca (27 bancos y cajas, el 95% del sector) lanzó Bizum, un servicio de transferencias y pagos por móvil de la banca española, con requisitos técnicos homologados con Europa, donde hay plataformas similares en Reino Unido, Suecia y otros paises. Con Bizum, las transferencias de dinero entre particulares no exigen saber el número de cuenta, sólo el móvil. En octubre se estrenaron las compras online y en diciembre han empezado las compras en comercios, acercando el móvil al TPV e introduciendo una clave que ofrece el banco al cliente que solicite el alta en  Bizum, tras el pago de una comisión que fijará cada entidad (algunos ofrecen gratis las 10 primeras operaciones o el primer año, pero luego cobrarán).

Precisamente, los dos problemas que tienen los pagos electrónicos son las comisiones (más “visibles” que las de las tarjetas) y la seguridad: los expertos creen que los ciberdelincuentes se van a volcar en estas operaciones en 2017, sobre todo en los pagos por móvil, aunque sus requisitos de seguridad son muy altos. Pero hay bastante “sensación de inseguridad” entre muchos usuarios y eso ha restado auge al comercio electrónico y puede frenar también los pagos electrónicos. Sobre todo si los bancos no refuerzan sus inversiones en ciberseguridad  y en seguros específicos, para compensar a los clientes (sin “peleas” y complejas reclamaciones) en caso de fraude online.

En definitiva, que cada vez compramos más por tarjeta pero todavía el dinero en efectivo es el rey de los pagos y lo será por mucho tiempo, a pesar de que crecen  los pagos electrónicos y por el móvil. Pero cuidado: estos nuevos pagos son una forma sencilla de endeudarnos más, de gastar sin control y luego darnos “sustos”. Ojo con darle a la tarjeta o a la tecla: luego hay que pagarlo.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los españoles prefieren pagar en metálico


Diciembre es el mes de las compras y lo chocante es que la mayoría se pagan en metálico, aunque estamos en la era de Internet: el 84% de las compras se pagan en efectivo, lo que explica que seamos el país de Europa con más cajeros. Precisamente, los bancos van cobrar desde enero 2 euros por sacar dinero en cajeros a los no clientes, una medida que muchos creen que pretende acabar con el dominio del dinero en metálico, que no gusta al Gobierno (por el fraude fiscal) ni a los bancos (es más barato manejar el dinero online). Los expertos prevén que los pagos en metálico irán a menos y ya hay países, como Suecia, donde muchas tiendas no aceptar pagar “cash”. Esperan que crezcan los pagos online y con el móvil, donde Google, Apple y nuevas empresas compiten con los bancos y las tarjetas. Parece que el dinero quedará para coleccionistas. Pero, de momento, el "cash" manda en nuestras compras.
 

enrique ortega


La historia del dinero es casi tan antigua como nuestra reciente civilización. Tras largos siglos de trueque, en el año 9.000 a.C. se empezó a pagar con sal, especias, semillas de cacao y conchas, hasta que se acuñan las primeras monedas, en el siglo VII a.C., en el reino de Lidia (hoy Turquía), del que era rey Craso. Los romanos inventaron el cheque, pero hubo que esperar hasta el siglo VII de nuestra era para asistir a la primera impresión de billetes, en China (su uso oficial empezó en el año 802), billetes que no se imprimieron en Europa hasta 1661, en Suecia. Y en España, los primeros billetes se imprimieron en 1783, con Carlos III. Un largo camino que ha llevado al dinero “en metálico” a ser el gran protagonista de nuestras compras, en todo el mundo: el 85% de las transacciones y en el 60% de su valor se realiza en dinero contante y sonante, según un reciente estudio de la consultora PwC.

Sin embargo, el uso del dinero metálico varía mucho de unos países a otros: desde utilizarse en el 99% de las compras en África al 45% de las compras en Estados Unidos, pasando por el 66% en Europa, donde también hay muchas diferencias. De hecho, el dinero se usa menos que otros medios de pago en el norte de Europa (40% en Holanda, 41% en Suecia y Francia, 44% en Bélgica y 48% en Gran Bretaña), salvo en Alemania (67% pagos son en efectivo), y más en la Europa del sur, en especial en España: aquí se utiliza en el 84% de las compras, según el estudio de MasterCard Advisors 2013, y somos el cuarto país europeo con más uso del efectivo, tras Grecia (98%), Polonia (95%) e Italia (94%).

En España, el pago en efectivo lo utilizan el 100% de los españoles, mientras sólo el 90,8% usan la tarjeta de débito, el 85% los pagos por transferencia, el 76% hacen pagos con tarjeta de crédito y el 30% de españoles pagan ya online, según una encuesta de PwC. Con estas preferencias se obtiene que el 84% de los pagos en España se hacen en metálico, el 8% por domiciliaciones y transferencias, el 7% por tarjetas y el 1% por cheques, según datos del Banco de España. Esta preferencia de los españoles por el pago en efectivo puede tener dos razones. Una, el alto fraude fiscal, los muchos pagos que se hacen “en negro” y sin pagar el IVA (España es uno de los países europeos con más “economía sumergida”, casi un 25% del PIB). Y la otra, que a los españoles les gustan menos las tarjetas (por su coste y porque muchos comercios no las aceptan todavía) y no acaban de fiarse de pagar online.

Este gusto de los españoles por pagar “a tocateja” nos lleva a ir mucho al cajero, para tener efectivo con el que pagar. España tiene la mayor red de cajeros de Europa: 50.441 cajeros en 2015, 1 cajero por cada 920 habitantes. Y se hacen 905 millones de extracciones al año (2014), una media de dos veces al mes por cada español adulto. Esta enorme “dependencia” de los españoles del efectivo y los cajeros es utilizada por la banca para conseguir ingresos extras, cobrando comisiones a los que sacan dinero y no son clientes. Hasta ahora cobraban 0,75 euros de media por extracción (si era en otro banco de una red distinta) o 0,65 euros (si era en un cajero de la misma red del banco emisor de la tarjeta). Pero en marzo de 2015, la Caixa rompió las reglas y empezó a cobrar una segunda comisión de 2 euros directamente a los no clientes que sacaban dinero en sus cajeros, medida que iban a seguir los demás bancos en otoño. Pero el Gobierno intervino y sacó en octubre  un Decreto obligando a los bancos a cobrar sólo una comisión, no dos, por sacar dinero en cajeros de otros bancos.

Ahora, los bancos están ultimando su estrategia, pero todo apunta a que empezarán a cobrar en enero una sola comisión de 2 euros (entre 1,5 y 2 euros, pero luego aplicarán el máximo) a los bancos de los no clientes que saquen dinero en sus cajeros, comisión que luego los bancos repercutirán integra o en parte a sus clientes. Todo apunta a que los que saquen dinero fuera de su banco pagarán más que ahora y que la banca ingresará unos 100 millones extras por las nuevas comisiones, salvo que el Gobierno (en campaña) lo pare antes.

En cualquier caso, muchos interpretan esta subida de comisiones como un intento de la banca por acabar con el dinero en metálico: los cajeros les reportan comisiones, pero mover dinero tiene también un alto coste para la banca. Y desde luego, es mucho más barato moverlo online, con un simple apunte informático. Al Gobierno, a cualquier Gobierno, tampoco le gusta  el dinero metálico: es una gran fuente de fraude fiscal. Por eso, tampoco verían mal una subida de la comisión de los cajeros (aunque digan lo contrario por electoralismo). Y de hecho, Rajoy ha penalizado los pagos en metálico: desde el 19 de noviembre de 2012 están prohibidos los pagos en metálico superiores a 2.500 euros de un particular a un profesional o a una empresa y entre empresas, medida que intenta frenar los pagos “en negro” y sin IVA. Hacienda pone multas del 25% de los pagos ilegales, aunque el particular infractor se puede librar de pagar la mitad de la multa si lo denuncia. Y sólo en 2014 hubo casi 5.000 denuncias.

Como vemos, los españoles seguimos agarrándonos al pago en efectivo, incluso cuando están prohibidos. Pero en el resto de Europa y del mundo, la tendencia es que el dinero en efectivo se usa cada vez menos. Y hay países, como Suecia, donde ya hay tiendas que no aceptan pagos en cash. Los expertos creen que esto pasará cada vez más y que vamos hacia un mundo sin dinero, algo que muchos expertos defienden porque reduciría los negocios ilegales (droga, prostitución, armas), la falsificación y sobre todo el fraude fiscal internacional, quitando fuerza al crimen organizado, una lacra económica que mueve ya 3 billones de dólares al año, un 22% del comercio legal, según datos del Foro Económico Mundial.

Dinero seguirá habiendo, pero menos. Y también se espera que bajen los pagos por tarjeta (inventados en 1950 por Diner´s Club, en EEUU), que han aumentado en el mundo los últimos años por el tirón de los países en desarrollo, que se están sumando a los pagos con plástico mientras caen en los países ricos, donde los pagos con tarjeta suponen el segundo medio de pago, con un peso del 9,1%, que es muy elevado en Estados Unidos (38,8% de las compras), menos en Europa (12,7%), algo más en Asia (24,8%) y muy escaso en Latinoamérica (3%) y África (1%), según un estudio de PwC.

En España, se paga con tarjetas de crédito sólo el 7% de las compras. En verano había 68,25 millones de tarjetas (43,64 millones de crédito y 24,61 millones de débito), 8,15 millones menos que en 2008, antes de la crisis, según el Banco de España. Hay menos tarjetas, pero se usan bastante: se hacen 72 compras y un gasto de 3.360 euros por segundo, 105.854 millones al año pagados con tarjeta. Pero los españoles usamos las tarjetas menos que la mayoría de europeos: 52 compras al año por persona (una a la semana, frente a 79 compras en la UE-28, según el BCE. Los que más compran con tarjeta son los nórdicos (230 compras los suecos, 224 los daneses, 167 los británicos, 130 los franceses y sólo 39 los alemanes) y los que menos los europeos del sur (4 compras los búlgaros y rumanos y 7 los griegos).

En general, Europa está retrasada en el uso de las tarjetas respecto a EEUU: se usan para hacer el 12,7% de los pagos, frente al 38,8% en EEUU, según PwC. Por eso, el BCE quiere fomentar su uso, como un instrumento de pago “eficiente, seguro y fiable”. Y la Comisión Europea lleva desde 2009 peleando con VISA y MasterCard (les ha abierto varios expedientes) para que bajen las comisiones que cobran por el uso de las tarjetas. Y en abril de 2014, el Parlamento europeo aprobó un Reglamento que regulará las comisiones máximas de las tarjetas, como hicieron antes EEUU, Canadá o Australia: será de un 0,3% máximo para las tarjetas de crédito y un 0,2% para las tarjetas de débito. El Reglamento y las nuevas comisiones entrarán en vigor en Europa en 2016.

Pero el Gobierno Rajoy quiso adelantarse y aprobó en junio de 2014 estas nuevas comisiones europeas, que entraron en vigor en julio de 2014. Con ello, las comisiones de las tarjetas de crédito, que eran de las más altas de Europa, bajaron del 0,74 de media al 0,30%, y las de débito, que estaban en el 0,30% (mínimo 0,32 € por operación) pasaron al 0,20% (y 0,07€). Una buena noticia para los comerciantes, que siempre se han quejado de que las altas comisiones eran la causa de que las tarjetas se utilizaran poco en España, sobre todo en los pequeños pagos, que tenían comisiones abusivas (25 céntimos por un pago de 3 euros). Sin embargo, los consumidores no tenemos motivos de satisfacción, según ADICAE. Primero, porque los comercios se han quedado con la rebaja de la comisión en las tarjetas y no han bajado precios. Y sobre todo porque los bancos, que ahora ingresan menos, han tratado de resarcirse subiendo el coste y la anualidad por tarjeta a sus clientes.

El caso es que las compras con tarjeta crecen poco y el número de plásticos cae año tras año. Por un lado, eso se debe a que todavía hay muchos comercios y negocios que no las aceptan, por su elevado coste (del TPV y la comisión) y sus riesgos: de hecho, sólo el 39% de las empresas que facturan entre 1 y 100 millones de euros aceptan tarjetas (en 2010 eran el 22,7%), según un reciente informe de MasterCard. Y a los usuarios les sigue preocupando la seguridad (aunque las tarjetas con Pin ya no pueden clonarse) y su alto coste, no sólo la anualidad del banco sino el altísimo coste que tiene aplazar los pagos (se pagan intereses por lo pendiente) y las tres comisiones que se pagan por un descubierto.

Cara al futuro, los expertos creen que el pago con tarjeta irá a menos en todo el mundo (como el pago en metálico) y que en unas décadas la mayoría de los pagos se harán online, sobre todo a través de los móviles inteligentes. Ya hoy, el 21,7% de los españoles realiza pagos a través del móvil, la cuarta parte a través de “monederos virtuales” (wallets), el medio de pago que más crece en todo el mundo. A nivel global, la pelea está entre Google Wallet  y Apple, que en octubre 2014 sacó en USA su canal Apple Pay, mientras también se han sumado a esta batalla (no en España todavía) Samsung Wallet y PayPal , que domina desde el año 2.000 los pagos a través de Internet, con 162 millones de cuentas activas en 203 países (4 millones de cuentas en España). La banca trata de reaccionar y no perder los pagos vía móvil, con propuestas de BBVA Wallet (1 millón de descargas en 4 países) y la Caixa Wallet, sobre todo. Y tampoco quieren perder un trozo de pastel las operadoras de telecomunicaciones, con propuestas como Yaap (Telefónica) o YvPay (bancos), a las que acaba de sumarse con fuerza Vodafone Wallet, que permite pagar por móvil con cualquier tarjeta. Y además proliferan las propuestas de pagos entre particulares (los usan el 5,4% de españoles), como Paym o Pingit . Y también están las propuestas de pago a través de las redes sociales (Facebook y Twitter).

Todavía son fórmulas de pago incipientes, que necesitan un mayor conocimiento, más seguridad y un mayor desarrollo. Pero parece claro que con el auge de Internet y los móviles, el pago del futuro será online, aunque necesitan mejorar la tecnología y la seguridad, con el respaldo (y la competencia) de bancos, gigantes tecnológicos y telecos. Será una auténtica revoluciónen los medios de pago, a costa de las tarjetas y el dinero metálico, que pasará a ser un recuerdo para coleccionistas. Pero eso, aún tardará: el dinero se resiste a morir.