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jueves, 24 de junio de 2021

A gastar tocan

El 1 de julio empiezan las rebajas de verano y las tiendas y grandes almacenes buscan que nos lancemos a comprar, tras el parón de la pandemia. Los españoles tienen “ganas de gastar y ya se ve en bares y restaurantes, tiendas, compras con tarjeta y viajes, aunque todavía no se recuperan las ventas de coches y electrónica. La “gasolina” del consumo es el ahorro acumulado por las familias durante la pandemia, el mayor en la historia reciente y el 4º mayor en Occidente. Para animar las compras, la banca se ha lanzado a una campaña de créditos personales. Y el 71% de los españoles piensan irse de vacaciones, aunque la mayoría se quedará en España y gastará algo menos. Este relanzamiento del consumo de las familias, sobre todo este verano, es clave para la recuperación, porque aporta el 57,3% del crecimiento del PIB. Para no ponerla en peligro, hay que seguir bajando los contagios, controlar la inflación y mejorar el empleo. A gastar tocan.

Enrique Ortega

La pandemia ha disparado el ahorro en todo el mundo, por el confinamiento, la menor movilidad y el miedo al futuro, aunque muchas familias no han podido meter en la hucha porque han perdido ingresos y empleos. En conjunto, el mundo ha ahorrado 4,5 billones de euros durante la pandemia, el 6% del PIB mundial, según Moody´s. Un ahorro que ha sido desigual, por paises y por familias. Ha sido mayor en Estados Unidos (1,35 billones), por los enormes estímulos aprobados por el Gobierno (4 billones de euros en un año) y menor en Europa (400.000 millones ahorrados). Y por paises, los que más han ahorrado durante la pandemia han sido EEUU (el 12% de su PIB), Reino Unido (10%), Canadá (9,5%) y España (8% del PIB), por delante de la media mundial (6% del PIB) y la europea (4,4% del PIB ahorrado), también más que Alemania o Italia (6%) o Francia (5%).

La otra característica del ahorro durante la pandemia es que ha sido muy desigual por familias, concentrándose más en los hogares con ingresos medios y altos, que son los que han visto reducir menos sus ingresos. De hecho, en EEUU, dos tercios del ahorro total se han concentrado en el 40% de familias con más ingresos, según Moody´s. Y lo mismo ha pasado  en Europa y España, donde la pandemia ha disparado el ahorro pero también la desigualdad. Dos datos reveladores. Uno, en 2020, el mundo ha sumado 5,2 millones de millonarios en dólares (han subido de 50,9 a 56,1). Y dos, en España  hay ya 1.147.000 millonarios (tienen más de 1 millón de dólares), según el informe de Credit Suisse.

En España, el ahorro de las familias se ha disparado con la pandemia: los hogares han ahorrado el 14,8% de su renta disponible en 2020, según el INE, el mayor porcentaje en este siglo y desde que se tienen estadísticas, más del doble de lo que ahorraron en 2019 (el 6,3%), a pesar de que las familias ingresaron menos (-3,3%). El ahorro fue a más trimestre a trimestre, disparándose sobre todo en el último trimestre (ahorraron un 19%  de su renta en plenas Navidades) y alcanzando un ahorro total de 108.844 millones en todo 2020. La mayor parte de este ahorro (67.200 millones) fue a los bancos, a cuentas y depósitos, donde los españoles tenían a finales de 2020 un total de 919.054 millones depositados, un récord histórico. Y otra parte (37.000 millones) lo invirtieron en Bolsa y Fondos, aprovechando la gran bajada de cotizaciones de los valores el año pasado. Y el mayor ahorro se ha concentrado durante la pandemia en las rentas más altas, según este informe del Banco de España.

Este “ahorro embalsado” de las familias durante la pandemia empieza a gastarse ahora, desde marzo de 2021, según varios indicadores sobre consumo y ventas. Y se ha confirmado en mayo, con un aumento del gasto en tarjetas del +19% sobre mayo de 2019, según los datos de clientes de CaixaBank y BBVA. Este repunte del consumo, alimentado por el ahorro generado durante la pandemia, lo hemos visto en bares y restaurantes, en tiendas y en los viajes de fin de semana. Ahora se espera que el repunte del consumo aflore con las rebajas de julio, donde tiendas y grandes almacenes esperan un fuerte aumento de ventas (han contratado a 140.000 personas), aunque todavía serán menores a las de 2019. Y queda recuperar la venta de electrónica, bienes de consumo duradero y, sobre todo, las ventas de coches, que todavía son un 36% inferiores a las de 2019 (enero-mayo).

La esperanza es que el ahorro embalsado durante la pandemia aflore más este verano y sea “la gasolina” para un fuerte repunte del consumo en el tercer trimestre, que se mantenga después en Navidades. La previsión de BBVA Research es que el consumo de las familias crezca este año un +6,1%, tras haber caído un -12,1% en 2020, según el INE. Y que se mantenga creciendo un +6,8% en 2022, consiguiendo recuperar el nivel de consumo anterior a la crisis en el 2º semestre del año que viene, no antes. Y este repunte del consumo de las familias es clave para conseguir la recuperación de la economía, porque supone el 57,3% del crecimiento del PIB español. El resto del crecimiento esperado  (+5,5% en 2021) tiene que venir de las exportaciones, el consumo público y la inversión (pública y privada), alimentada por un Presupuesto expansivo y los Fondos europeos (19.000 millones este año).

Para relanzar este consumo de las familias, un factor clave son las vacaciones de los españoles. El objetivo del sector turístico (Exceltur) es conseguir un 90% de la ocupación turística del turismo nacional que hubo en 2019. De momento, parece que hay “ganas de irse de vacaciones”, tras tantos meses de escasa movilidad, aunque no todo el mundo piensa en viajar este verano: sólo lo harán el 71% de los españoles, según una reciente encuesta del Observatorio Nacional de Turismo emisor. El 29% restante no viajará, la mayoría por su situación económica (el 40%), otros por miedo a la pandemia (el 24%), un 15% más porque “así” no les resulta atractivo viajar y el resto porque trabajan o no pueden. Del 71% de españoles que sí viajarán este verano, la mayoría (77%) se quedará en España y optarán por el clásico “sol y playa” pero también por “destinos rurales”. La mayoría se irá de vacaciones en coche (79%) o avión (20%), una semana (56%) y sólo unos pocos (18%) dos semanas. Un tercio irá a un hotel (32%), otros tantos (32%) a su apartamento, un 22% a un apartamento, un 6% a una casa rural y un 4% a un camping (4%). Y gastarán de media 566 euros por persona, bastante menos que en 2019 (719 euros por persona).

Los españoles suponen la mitad del negocio del sector turístico. La otra mitad  del gasto lo hacen los extranjeros, que este verano volverán en parte: se esperan 45 millones de turistas extranjeros este año, más del doble que en 2020 (18,96 millones) y algo más de la mitad de turistas que antes de la pandemia (83,7 millones en 2019). Y su gasto salvará parte del negocio turístico español este año: los extranjeros podrían gastar 40.000 millones de euros en 2021, según Exceltur, el doble que el año pasado y menos de la mitad del gasto que hicieron los turistas extranjeros en 2019 (92.237 millones).

Ante este repunte del consumo de las familias, los bancos se preparan para aprovecharlo y financiar parte de las compras y viajes. Ya hay una “mini-guerra” entre las entidades con  ofertas de créditos personales, un negocio que les deja altos márgenes, con tipos que rondan el 7,90% TAE (cuando el dinero les cuesta el 0%). Se trata de créditos preconcedidos a los clientes vinculados y créditos rápidos, de 2.000 a 60.000 euros, algunos con una “tarifa plana mensual” a cambio de cero intereses. Y la otra vía de financiación son las tarjetas de crédito, cuyo uso ha crecido un 10% en los últimos meses. Aquí, muchas entidades tratan de colocar a los clientes las tarjetas “revolving, que parecen más fáciles de pagar (se paga una cantidad al mes, no todo lo gastado en el mes anterior, como los tarjetas de crédito tradicionales) pero que en realidad son un crédito que se renueva mes a mes, a costa de altísimos intereses, que llegan hasta el 20% TAE (a partir de este 20%, el tipo de interés sería “usurario”, según la sentencia del Supremo) y más, según denuncian asociaciones de consumidores.

Los bancos también han redoblado su oferta de hipotecas, para aprovechar una mayor demanda ahora, pasado lo peor de la pandemia y aprovechando la bajada de algunos pisos. En marzo de 2021 se concedieron 36.886 hipotecas sobre viviendas, un 35,1% más que un año antes, con un importe medio de 137.129 euros por hipoteca. Aquí, la batalla de la banca es conseguir que los clientes firmen una hipoteca a tipo fijo, a un tipo medio que ronda el 2,75% TAE, en lugar de una hipoteca a tipo variable, que está al Euribor+0,99% (-0,486 el Euribor hoy más casi un 1% da un TAE del 0,51% para estas hipotecas). Las entidades juegan con el miedo a una futura subida de tipos para colocar esas hipotecas a tipo fijo a 20 años, que ya suponen más de la mitad (el 56%) de las nuevas hipotecas que se firman.

Con el ahorro acumulado durante la pandemia y la ayuda de créditos y tarjetas, el consumo repunta en los últimos tres meses y se espera que crezca más este verano, con el tirón del turismo y las vacaciones. Este consumo de las familias es clave para sostener la recuperación y permitir una mejora del crecimiento y el empleo en la segunda mitad de 2021. Pero hay dos riesgos. Uno sanitario: si repuntan los contagios este verano, por la mayor movilidad y la llegada de turistas extranjeros, las familias podrían frenar su consumo y sus viajes, frenando la recuperación. El otro, que se dispare la inflación y se coma parte del ahorro y del gasto previsto, por una subida extra de los precios turísticos, en bares y restaurantes, en los alimentos, los carburantes y en la energía (luz). Habría que “vigilar” esos precios, evitar que algunos sectores y empresas aumenten en exceso sus márgenes para compensar lo perdido con la pandemia. Sería asfixiar el consumo y la recuperación.

A corto plazo, las “ganas de gastar” tras la pandemia va a relanzar sin duda el consumo y la economía. Pero pasadas las “ansias iniciales”, a medio plazo, el consumo necesita asentarse en una mejora de ingresos de la mayoría de las familias, lo que exige mejorar el empleo y los salarios, estancados durante la pandemia. Y, sobre todo, una mejora de las expectativas: si los hogares ven que la pandemia se deja atrás, que las empresas vuelven a facturar y a vender más, si los trabajadores salen de los ERTEs y hay más empleo, volverá la confianza y aumentará el consumo de las familias y el crecimiento del país. Eso exige tiempo y que no haya sobresaltos, ni en la salud ni en la economía. Y que empiece a notarse, en unos meses, el impacto del mayor gasto público y los Fondos europeos. Por eso, hasta finales de 2022 no volveremos a gastar ni a estar como antes de la pandemia. Paciencia.

jueves, 18 de abril de 2019

Las familias siguen endeudándose


En los últimos 5 años, el consumo de las familias ha sido el principal motor de la recuperación. Ahora, cuando han “pinchado” otros motores del crecimiento, como las exportaciones, la industria o el turismo, el consumo (y la construcción) nos permite  crecer (menos) y crear empleo. Pero las familias están “enfriando” su consumo, porque ven el futuro más incierto y han agotado su ahorro, del que han “tirado” estos años  para gastar. Por eso, las familias llevan dos años endeudándose, pidiendo préstamos para consumir y comprar casa, tras 8 años desendeudándose. Y eso preocupa a la Comisión Europea, el FMI y el Banco de España, que han advertido sobre el excesivo endeudamiento de las familias, que puede ser peligroso si viene otra crisis. Ahora, necesitamos que se mantenga el consumo, para crecer, pero no con la “gasolina” del crédito y a costa de no ahorrar. Para ello, las familias necesitan empleo de más calidad, mejores salarios y transferencias sociales, no más deudas. Ojo al consumo.

España lleva ya cinco años creciendo, entre 2014 y 2018, aunque ha cambiado el modelo de crecimiento: en los primeros cuatro  años, las exportaciones y el turismo ayudaron mucho a crecer y crear empleo, pero han “pinchado” en 2018, por el estancamiento europeo y del comercio internacional, con lo que no ayudan ni van a ayudar a crecer en 2019 y 2020. Y así, quedamos en manos del consumo de las familias y el Estado (el consumo público, que ha superado los recortes y gasta ya como en 2009), que han sido los dos motores del crecimiento en 2018, junto a la construcción. El consumo de las familias ha sido el principal motor de la recuperación española estos 5 años, aunque su crecimiento haya ido a menos, como el del PIB: de crecer el 2,4% en 2014 al 3% en 2015 y 2016, el 2,5% en 2017 y el 2,3% en 2018, según el INE.

La “gasolinapara que las familias consuman, gasten, es el empleo, los salarios y las transferencias que reciban (menos los impuestos que paguen). Y en estos años, el empleo ha mejorado, los salarios un poco y las ayudas públicas crecieron, sobre todo en 2018 y 2019, con una mayor revalorización de las pensiones (+1,6%), la subida de los salarios públicos (+2,25%) y del salario mínimo (900 euros en 2019), lo que ha contribuido a mantener el consumo, el crecimiento y el empleo, a costa de aumentar el déficit público. Con todo, la economía española ha recuperado ya el crecimiento de antes de la crisis (en 2017, con 1.166.319 millones de euros de PIB, superior al de 2008, 1.116.225 millones) pero el consumo de antes aún no se ha recuperado: el índice del consumo era de 102,7 en 2018 frente a 104,4 en 2008, según el INE. O sea, que es 1,7% inferior al de 2008 y los expertos creen que hasta el año 2020 no recuperaremos el nivel de consumo de antes de la crisis.

¿Por qué se ha recuperado el crecimiento pre-crisis y no el consumo? Porque España produce ya más que en 2008 (1.208.248 millones de euros, el PIB 2018) pero hay menos españoles trabajando, concretamente 1.142.000 ocupados menos que en 2008, lo que dificulta recuperar el consumo de entonces. Pero los españoles, con o sin empleo, no han querido renunciar al consumo y cuando han visto que crecía el empleo, los salarios (poco) y la economía, se han lanzado a gastar, a consumir. Y como sus ingresos normales no les llegaban, han “tirado” primero de sus ahorros y luego, cuando ya casi no les quedaban, de los créditos. Esos dos factores  han sido “la gasolina” del consumo estos últimos 5 años.

Vamos primero al ahorro. España es un país que ahorra poco, porque tenemos menos renta y empleo que los demás europeos y porque tenemos “mentalidad de propietarios”: lo que ahorramos lo dedicamos a comprar una vivienda. A principios de siglo, el ahorro de los españoles rondaba el 10% de su renta bruta disponible, frente a una media del 14% en la zona euro. Luego el ahorro se desplomó hasta 2008, porque se había destinado al ladrillo y porque el paro y la caída de los salarios destrozaron la hucha: el ahorro español bajó a un mínimo del 5,9% en 2007, mientras en Europa sólo cayó al 12%.  Y con la crisis, los españoles volvieron a ahorrar, por temor al futuro, hasta un máximo del 13,4% de su renta en 2009 y en torno al 10% hasta 2013. Pero a partir de 2014, pasado el “mono” de la austeridad, las familias empezaron a echar mano del ahorro para consumir, para comprar. Y la hucha se fue vaciando, hasta que en 2018 el ahorro fue sólo del 4,9% de su renta bruta, el más bajo de este siglo. Y muy lejos de los europeos: ahorran el 12,3% de su renta en la zona euro, el 17,3% en Alemania, el 13,7% en Francia y el 9,5% en Italia, según Eurostat.

Pero llegó un momento en que el ahorro era insuficiente para gastar y las familias pidieron créditos para consumir, se endeudaron. Pasó por primera vez en 2017 (los hogares aumentaron su deuda en 4.759 millones) y volvió a pasar en 2018 (la deuda de las familias aumentó otros 14.800 millones), rompiendo así la tendencia de los 8 años anteriores (2009-2016), en que las familias españolas se dedicaron a reducir su deuda (a devolver créditos e hipotecas), porque les asustaba mucho tenerla (y pagarla) con la crisis. Concretamente, los hogares devolvieron 216.835 millones de euros entre 2009 y 2016, según el INE. Y si las familias tenían una deuda financiera récord de 910.537 millones en 2008 (678.448 millones en vivienda), la fueron bajando año tras año, hasta quedar en 705.008 millones a finales de 2018 (520.793 deuda hipotecaria), según el Banco de España. Pero aunque la deuda global baje, lo novedoso es que muchas familias han vuelto a endeudarse en 2017 y 2018, para financiar sus compras y para comprar vivienda, ahora que los alquileres están disparados.

Los datos del “boom” del crédito, de que las familias han vuelto a endeudarse, son muy llamativos. Así, el crédito al consumo se ha duplicado, pasando de 16.330 millones concedidos en 2014 a 25.356 en 2016 y 34.617 millones en 2018, según el Banco de España,  con un saldo vivo de 85.000 millones de euros. Se trata de créditos de 1 a 5 años, por pequeño importe (de 3.000 a 30.000 euros), para comprar coche (la mitad), electrodomésticos o electrónica, muebles y viajes. Los bancos se han lanzado a competir por estos créditos al consumo, sobre todo los dos últimos años, porque tienen mucha liquidez y pocos clientes, y porque son un gran negocio: cobran un tipo medio del 8,62% (recordemos que el precio oficial del dinero es el 0%), frente al 6,26% de coste medio en Europa, según los datos de febrero del Banco de España. Y por eso, hay cientos de empresas que se han lanzado a ofrecer créditos rápidos, de 300 a 3.000 euros, algunos con intereses abusivos que superan el 20%.

Otra fuente de endeudamiento son las tarjetas de crédito que financian compras, las llamadas tarjetas “revolving” (unos 12 millones de tarjetas en España): se compra con ellas y tenemos una especie de crédito por el que pagamos una cantidad fija al mes (o un porcentaje del saldo) a cambio de pagar un altísimo interés (ronda el 20% anual, un 1,5% mensual). El crédito vía tarjeta ha pasado de 8.850 euros concedidos en 2014 a 11.040 en 2016 y 13.032 millones en 2018, según el Banco de España.

Y el tercer camino del endeudamiento de las familias son las hipotecas, donde los préstamos concedidos casi se han duplicado en los últimos 5 años: de 27.007 millones prestados en 2014 se pasó a 37.494 en 2016 y a 43.821 millones en 2018, según el Banco de España. En los dos últimos años, la banca española “ha abierto la mano con las hipotecas”, a la vista de su enorme liquidez y la falta de demanda de crédito, disparando las hipotecas concedidas y los importes prestados. Así, el número de hipotecas constituidas ha pasado de un mínimo de 199.700 en 2013 a 282.700 en 2016 y 345.200 hipotecas en 2018, según las estadísticas del INE. El importe concedido se ha más que duplicado, saltando de 19.972 millones en 2013 a 31.036 millones en 2016 y 42.708 en 2018, según la última estadística del INE. Y lo más importante: se conceden hipotecas cada vez más altas: si en 2013, la hipoteca media era de 100.000 euros, en 2018 fue de 123.700 euros, el importe más alto desde 2010. Y eso se debe, en parte, a que los bancos están concediendo más hipotecas que superan el 80% del valor de tasación, algo que no les recomienda el Banco de España: en 2018 superaron ese tope el 14,9% de las hipotecas concedidas, frente al 10,6% en 2009.

Los bancos conceden más hipotecas que antes porque lo necesitan y porque es un gran negocio, ya que tienen al cliente “cautivo” durante 25 años y le sacan comisiones por todos los lados. Pero sobre todo, porque cobran cada vez más por las hipotecas: el tipo medio estaba en febrero de 2019 en el 2,38% (2,13% en julio 2018), por encima del 2,08% de coste medio de una hipoteca en Europa, según el Banco de España. Y estos tipos van a subir este año, primero porque sube el Euribor (desde hace un año) y, sobre todo, por efecto de la nueva Ley Hipotecaria (BOE 16 marzo), que entra en vigor el 16 de junio de 2019 y va a encarecer las futuras hipotecas, según advierte el Banco de España, porque los bancos van a repercutir al cliente los gastos e impuestos que les han endosado (gestoría, notaria, registro, tasación de nota simple e impuesto AJD), por el retraso del plazo de embargo por impago (a 12 meses) y porque reduce las comisiones por cancelación anticipada.

Este fuerte aumento del endeudamiento de las familias preocupa desde hace meses a los organismos internacionales y al Banco de España. La primera alerta la lanzó el Banco Central Europeo (BCE) hace casi un año, en mayo de 2018, recomendado a la banca española “que frene su ritmo de concesión de créditos al consumo”, por ser un producto con pocas garantías y mucho riesgo, que puede crear problemas de morosidad a bancos y familias. En septiembre y octubre fue el Banco de España el que advirtió por partida doble a la banca, temiendo que estos créditos al consumo “pasen de ser una fuente de ingresos a una fuente de pérdidas”. Y en 2018 y 2019, tanto la Comisión Europea como el FMI coincidieron en advertir a España por el endeudamiento de las familias, que puede ser peligroso si viene otra crisis.

El problema de fondo es que las familias han agotado su ahorro y siguen tirando del crédito para consumir. El Banco de España intenta ahora calmar la preocupación, señalando que en el primer trimestre de 2019, las familias han solicitado a los bancos menos créditos al consumo, según una Encuesta realizada a 10 entidades. Puede ser verdad, pero algunos expertos creen que se debe a que las familias están pidiendo los créditos en entidades no bancarias, en esas empresas que prometen dinero rápido por Internet. Incluso las empresas de telecomunicaciones han entrado en el negocio y Telefónica (con CaixaBank) ofrece su servicio Movistar Money: hasta 4.000 euros en 48 horas. Y también Orange va a ofrecer créditos rápidos a partir del verano. De hecho, los datos de 2019 indican que los préstamos al consumo concedidos a las familias (5.610 millones entre enero y febrero) crecen un 8,8%, según la estadística del Banco de España.

Estamos en un dilema como país. Si las familias reducen su endeudamiento (lo que sería bueno), caerá su consumo y España crecerá menos todavía y se creará menos empleo. La alternativa sería mejorar los ingresos de las familias y su ahorro, pero no parece fácil. Por eso, la estimacion es que el consumo crezca menos en 2019 (2% frente a 2,3% en 2018), en 2020 (1,7%) y 2021 (+1,4%), según la última previsión del Banco de España (marzo 2019). Y como las exportaciones y el turismo no van a ayudar a crecer estos dos próximos años, con menos consumo y la ayuda de la construcción, España crecerá menos (PIB), como confirman la Comisión Europea y el FMI, en 2019 (2,2% frente al 2,6% en 2018), en 2020 (1,9%) y 2021 (1,2%), con la mitad de empleo (entre 200.000 y 300.000 nuevos empleos al año frente a los 566.200 empleos creados en 2018).

Pero este menor crecimiento podría ser incluso más bajo si las familias recortan más su consumo, o bien porque retrasan el cambio de coche (las ventas llevan ya 7 meses cayendo, hasta marzo), de muebles y electrodomésticos o sus viajes y estudios, o bien porque temen por el futuro y no se arriesgan a comprar casa, máxime si suben las hipotecas (y los tipos a finales de 2019). Todo va a depender de que el empleo siga creciendo, también los salarios y pensiones y que el próximo Gobierno no recorte el gasto público ni las transferencias sociales, algo que podría hacer la derecha si gana el 28-A.

El consumo de las familias es clave y hay que cuidarlo, aunque tiene que ser más sano que ahora, no basarse en el endeudamiento. Y para ello, hay que apostar por un modelo económico que asegure un empleo de calidad y unos salarios dignos (con más productividad) , que permitan recomponer el ahorro de las familias y un consumo más sano. No es fácil, pero esa ecuación (mayores ingresos estables, más ahorro y un consumo sano) es la clave del futuro, de un crecimiento y empleo estables para España. Ojo al consumo.

lunes, 11 de junio de 2018

Los retos económicos del nuevo Gobierno


España estrena esta semana un Gobierno bastante solvente que se presenta sólo para unos meses (¿cuántos?). Pero los problemas del país no se resuelven a corto plazo, son de fondo y se han enquistado estos 2 años sin reformas: paro, empleo precario, salarios, pobreza y desigualdad, pensiones, suicidio demográfico, vivienda, sanidad, educación y formación, Dependencia, Ciencia, innovación, reindustrialización, reconversión del turismo, exportación, financiación autonomías, nuevo modelo económicoUrge tomar medidas, las más necesarias, sin politiqueos, apoyadas por una mayoría sensata. Aquí propongo un paquete que costaría 10.000 millones. Y por supuesto, la forma de recaudarlos. Luego, para 2019, pactar un Presupuesto con más reformas y más recaudación. Y así, en mayo o en octubre de 2019 podríamos ir a unas elecciones sin haber perdido un año, con lo más urgente encauzado. Dejen de hacer cálculos políticos a corto y arrimen el hombro, todos, para mejorar ya la vida de ese 70% de españoles que no notan la recuperación. Suerte.


enrique ortega

Rajoy nos ha dejado una economía que crece y crea empleo (precario y mal pagado), gracias sobre todo a la ayuda exterior en estos años (que ahora Sánchez la tiene en contra): bajos precios del petróleo, euro débil, dinero al 0% de interés y una recuperación internacional y europea que han empujado las exportaciones y el turismo. Pero los problemas económicos de fondo siguen ahí, enquistados por no haberlos afrontado desde hace ya dos años, tras las elecciones de 2016. Y ahora, el reto, no de Sánchez sino de España, es afrontarlos desde ya o poner unos parches más hasta las próximas elecciones, justificándose en que el Gobierno es débil (84 diputados) y la oposición ansía poner ya las urnas para llegar a la Moncloa. Otra vez más, confunden lo que es bueno para la economía y la mayoría de españoles (el 70% no notan la recuperación) y lo que es bueno para los políticos.

El primer gran reto de España es el paro. No sólo porque sea el mayor problema de los españoles, según todas las encuestas del CIS, sino porque la cifra es muy preocupante, a pesar del triunfalismo de Rajoy: tenemos 3.796.100 parados estimados por la EPA (y muchos más que ni se animan a buscar trabajo, hoy “inactivos”), el 16,74% de la población en edad de trabajar, más del doble que Europa (7,1% en la UE-28) y cinco veces el paro de Alemania (3,4%), según los últimos datos de Eurostat (abril 2018). Encima, el paro alcanza ya a 1 de cada 3 jóvenes españoles (34,4% de paro entre los menores de 25 años), el doble que en Europa (17,2%) y casi seis veces el paro juvenil alemán (6%). Y por si fuera poco, el paro en España se ha enquistado: la mitad de los parados llevan más de 1 año sin empleo y 700.000 llevan ya más de 4 años parados.

Ante esta situación, urge actuar en dos frentes. Uno, paliar cuanto antes la grave situación de los parados, porque más de la mitad no cobran nada: en abril, 2.026.513 de los parados no cobraban ningún subsidio, el 53,39% de todos los parados estimados por la EPA (3.796.100), según Empleo. Y de los que sí reciben algún subsidio (1.769.587 parados, el 46,61% del total), la mayoría (1.086.088) cobran una prestación asistencial, de sólo 430 euros, normalmente por 6 meses. Además, el problema es más grave en algunas autonomías, especialmente en 5 regiones donde dos tercios (y más) de los parados no cobran nada: Melilla (el 72,33% de los parados EPA no cobran ningún subsidio), Baleares (67,59%), Ceuta (67,35%), Madrid (61,96%) y Murcia (61,39% parados no cobran).

El otro reto, tras ayudarles a sobrevivir, es ayudara los parados a encontrar trabajo. Y eso requiere tomarse en serio la reforma de las oficinas de empleo, que hoy no sirven ni para recolocar a los parados (sólo al 2%) ni para formarles (sólo hacen cursos el 4,12% de los parados) ni para reorientarles profesionalmente  (el 91,3% no reciben orientación personalizada). Y sobre todo, poner en marcha políticas activas de empleo, para ayudar a formarse y recolocar a los parados que lo tienen más difícil: jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Eso exige incentivos eficaces a la contratación y medidas para fomentar los contratos estables (el 26,10% de los trabajadores tienen contrato temporal, la tasa más alta en Europa, y sólo el 8% de los contratos temporales se hacen fijos), con ayudas fiscales y cotizaciones, mejorando los medios de la inspección de Trabajo (hay 1.800 funcionarios, la mitad de inspectores que en Europa, según la OIT) para evitar el fraude en la contratación y el empleo precario injustificado. Y promover mayores subidas de salarios, ahora que hay beneficios empresariales, para compensar el sacrificio hecho y reanimar el consumo.

El segundo gran reto es la pobreza y la desigualdad, que han crecido con la crisis, a pesar de la recuperación. De entrada, el 70% de los españoles aseguran que “no han notado la recuperación”, según una Encuesta incluida en el Informe FOESSA “Desprotección Social y Estrategias Familiares 2017”, encargado por Caritas. Y es lógico, porque un 70% de la población tiene  menos ingresos que en 2007, según un estudio de Intermón Oxfam presentado en la última Cumbre de Davos. Y eso se debe a que el crecimiento “ha ido por barrios”: así, en el último año, el 1% más rico de españoles captó el 40% de la riqueza creada, mientras el 50% más pobre captó el 7% del crecimiento. Un reparto desigual de la recuperación que ha agravado la desigualdad, convirtiendo a España en el tercer país con más desigualdad de Europa, detrás de Rumanía y Bulgaria. El dato presentado en Davos por Intermón Oxfam es impresionante: el 10% más rico de españoles concentran más de la mitad de la riqueza (el 53,8%) y el 90% restante se lleva el 46,2% del pastel.

La recuperación tampoco ha servido para reducir la pobreza, que ha aumentado en España desde 2007, para alcanzar un récord histórico: hay 12.989.405 españoles en riesgo de pobreza o exclusión social, según la última estadística europea de Eurostat (2016), 1.242.000 más de los que tenían una situación precaria en 2008, según la Agencia Europea contra la pobreza (EARP). Con ello, España se coloca como el 7º país europeo con más pobreza (tasa AROPE) en 2016, con un 27,9% de la población en situación vulnerable, por encima de la UE-28 (23,5%) y sólo por detrás de Bulgaria (40%), Rumanía (38,8%), Grecia (35,6%), Lituania (30,1%), Italia (30%) y Letonia (28,5%), según Eurostat.  Y lo peor es que la pobreza se ha “enquistado” en España, en determinados colectivos y familias, sobre todo en esos 4 millones de españoles que están en la pobreza extrema, según Cáritas. Y lo más sangrante es que 1.400.000 niños españoles son pobres, según Save The Children.

El tercer gran reto es la igualdad entre hombres y mujeres y la demografía. No se trata sólo de la brecha salarial (los hombres ganan un 22,3% más que las mujeres, según los últimos datos del INE) sino de otras “brechas” enormes de las que se habla menos: hay más mujeres inactivas (2.6709.500 más que hombres), menos mujeres trabajando (1.554.600 menos, una tasa de actividad del 57,12% frente al 68,02% los hombres), en peores puestos, más mujeres paradas(18,54% de paro frente a 15,18% los hombres), cobran  menos paro (el 14,06% menos que los hombres) y menos pensión (725,02 euros de media frente a 1.147,98 euros los hombres, otra “brecha” del  -36,85%). Y encima, luego en casa, las mujeres trabajan una media de 26,5 horas a la semana en casa, frente a 14 horas los hombres, según el INE. Una de las consecuencias de esta discriminación de la mujer es que tiene menos hijos y los tiene más tarde: 1,33 hijos por mujer, la mitad que en 1976 y la tasa de natalidad más baja de Europa. Con ello, España camina imparable al suicidio demográfico”: perdemos población y cada vez habrá más viejos y menos jóvenes para trabajar y sostener el sistema.

El cuarto gran reto son las pensiones, en un doble sentido: pagar y revalorizar las pensiones actuales y asegurar unas decentes pensiones futuras. Con el empleo tan precario y el envejecimiento de la población, los ingresos por cotizaciones no dan para pagar las pensiones actuales y revalorizarlas, con lo que hay un déficit (-18.000 millones en 2017) que se agravará en 2050, cuando haya 15 millones de pensionistas y menos activos para cotizar. Aquí, urge tomar medidas a corto plazo para enjugar el déficit actual (eliminar tarifas planas, ahorrar costes, aumentar cotizaciones salarios altos, mejorar la calidad del empleo para recaudar más…), pero hay que afrontar una reforma a fondo del sistema, asegurando más ingresos de forma estable (entre 30.000 y 50.000 millones de euros, vía cotizaciones e impuestos) y clarificando las pensiones que se pueden pagar.

En quinto gran reto es “apuntalar” el Estado del Bienestar, tras los drásticos recortes impuestos por el Gobierno Rajoy. Mejorar la situación de la Sanidad, con más recursos, una recomposición de plantillas (precarias, temporales e insuficientes) y una mejor gestión, tratando de homogeneizar las prestaciones sanitarias, hoy muy distintas según las autonomías, y universalizarlas (a todos los inmigrantes). En la Educación, hay que aumentar el gasto y recomponer las plantillas, luchando contra el fracaso escolar, volcándose en el refuerzo de los alumnos más retrasados y dando más peso a la formación profesional, clave del empleo. Y sobre todo, cambiar a fondo la enseñanza: formar a los jóvenes, en los empleos que va a demandar el futuro, que la Universidad deje de ser una costosa “fábrica de parados”. Y en la Dependencia, hay que aprobar un Plan de choque para acabar con esos 300.000 dependientes con derechos que están en lista de espera para recibir ayudas y reforzar las prestaciones, hoy con exceso de servicios “low cost”.

El sexto gran reto es la vivienda, donde un tercio de la población no puede ni comprar ni alquilar, por los elevados precios, lo que lleva al 80% de los jóvenes a seguir viviendo con sus padres. Urge promover un parque de vivienda pública en alquiler, a través de Ayuntamientos y autonomías, porque sólo un aumento de la oferta forzará una bajada de alquileres, no las ayudas a los inquilinos (que suben el precio). Y vigilar las condiciones de las hipotecas que dan los bancos, para que no haya tantas clausulas abusivas.

Un séptimo reto es la energía y el medio ambiente. No puede ser que las familias españolas paguen la 3ª electricidad más cara de Europa, tras Irlanda y Bélgica: 0,176 euros/kWh sin impuestos, un 40% más que la media europea (0,125 euros/kWh en la UE-28) y muy por encima de Francia (0,110 euros), Portugal (0,123), Italia (0,1326), Reino Unido (0,134) o Alemania (0,139 euros/kWh), según Eurostat. Y lo mismo les pasa a las industrias: pagan la electricidad, sin impuestos, a 0,083 euros/kWh, un 20,3% más cara que el coste medio en Europa (0,069 euros/kWh) y por encima de lo que pagan por la luz las empresas en Alemania (0,064 euros) y Francia (0,059 euros), aunque no Reino Unido, una isla (0,093 euros), según los datos del Ministerio de Energía. Y no sólo pagamos la luz más cara sino que tenemos mucho más dependencia energética del exterior y consumimos más energía que el resto de europeos, somos energéticamente menos eficientes. Y por todo ello, emitimos demasiado CO2. De hecho, somos el 5º país europeo que más aumentó las emisiones de CO2 en 2017 (+7,4%), según Eurostat. Y España es uno de los cinco únicos países de Europa (junto a Chipre, Irlanda, Austria y Portugal) que ha aumentado sus emisiones de CO2 entre 1990 y 2017. Un tema preocupante que obliga a pactar ya una Ley de Cambio Climático.

El octavo gran reto es la tecnología, apoyar a la Ciencia, que ha perdido 40.000 millones de euros desde 2009 entre los recortes y el que no se haya gastado la mitad del Presupuesto cada año (en 2016 no se gastó el 62%). El gasto público en Ciencia es del 1,23% del PIB, frente al 2,03% la UE y las empresas españolas gastan en tecnología la mitad de las europeas. Esto explica en buena medida la baja productividad de España ( en el puesto 34 del mundo, según el Foro Económico Mundial) y el menor valor añadido de lo que exportamos, junto a otros problemas como la baja formación de los trabajadores, el menor tamaño de las empresas (hay un exceso de pymes) y las dificultades de financiación. Y por supuesto, la digitalización de la economía y las empresas, otro reto pendiente.

El noveno gran reto de España es el cambio de modelo económico, para que el crecimiento se asiente más en la industria (que ha perdido peso, hasta  aportar el 13,06% del PIB, frente al  17% en Europa y el 24% del PIB en Alemania) y menos en los servicios, donde trabajan ya 3 de cada 4 españoles y que aporta un empleo más precario, peor pagado y vulnerable. Eso pasa por apoyar la reindustrialización, buscando promover empresas que encuentren su nicho en el mundo, con productos innovadores, competitividad y de calidad. Y a la vez, apostar por una reconversión del turismo, la primera industria española, que tiene que pasar de un turismo low cost masivo a un turismo de calidad no sólo centrado en sol y playa.

Y el 10ª gran reto, que es más bien el primero, una profunda reforma fiscal, para conseguir recaudar más, la condición imprescindible para poder gastar más en los retos anteriores. Hace poco comentaba en este blog que el problema nº1 de España es recaudar poco, menos que el resto de Europa: España recaudó en 2017 el 37,9% del PIB, frente al 44,9% que recaudó la UE-28, el 45,8% que recaudaron los países del euro y la alta recaudación de Francia (53,9% del PIB), Italia (46,6%), Alemania (45,2%) e incluso Reino Unido (39,1% del PIB), según los datos de Eurostat (2017). Eso significa que si España recaudara como los demás países UE, ingresaríamos 81.456 millones de euros más cada año. Con ello, podríamos tapar el agujero del déficit público (el mayor de Europa) y encima gastar más dinero en necesidades públicas, de las pensiones al paro y la industrialización. Y sólo recaudando más se puede mejorar la financiación de las autonomías, otro gran reto

Bueno, son muchos retos como para resolverlos en unos meses y más un Gobierno con sólo 84 diputados. Por ello, lo más sensato sería plantear un Plan de medidas urgentes, que diera prioridad a algunas necesidades y tratara de sacarlo adelante porque hacen falta y nadie debería oponerse. Yo propongo 10 medidas para lo que queda de año. Una, un Plan de choque contra el paro, para que 1 millón de los parados que no cobran (la mitad) cobren 430 euros al mes. En medio año, costaría 2.500 millones. Dos, un Plan de empleo centrado en los parados de larga duración jóvenes, mujeres y mayores de 45 años, con políticas de formación e incentivos a la recolocación, con otros 1.000 millones. Tres, un Plan de choque contra la pobreza, sobre todo la infantil, que costaría 1.500 millones en medio año. Cuatro, 500 millones en guarderías y ayudas a la familia (ampliar los permisos de paternidad). Cinco, 1.000 millones extras para la sanidad. Seis, otros 1.000 millones para educación (becas y recuperación alumnos problemáticos). Siete, reducir la mitad de la lista de espera de la Dependencia, gastando 348 millones este año. Ocho, 120 millones para completar la aplicación del Pacto contra la violencia de género. Nueve, 500 millones para promover con los Ayuntamientos un parque de viviendas públicas en alquiler. Y diez, 1.000 millones extras para Ciencia, para agilizar los planes tecnológicos paralizados.

La clave para hacerlas realidad es recaudar los 10.000 millones que cuestan. Unos ingresos extras que se pueden conseguir con varias medidas. Una, subir los impuestos a los carburantes (mucho más bajos que en Europa), como defiende la Comisión Europea: se podrían sacer 1.500 millones extras hasta diciembre. Dos, subir el IVA reducido y superreducido a muchos productos, como también defiende Bruselas: otros 1.500 millones extras en medio año. Tercera, ingresar 2.000 millones más subiendo el tipo de sociedades (a las grandes empresas), subiendo el tipo al ahorro, subir el tipo del IRPF a los que ganan más de 100.000 euros y limitar desgravaciones. Cuarta, conseguir otros 1.000 millones con impuestos verdes, a los que más contaminan, como defiende la Comisión Europea. Quinta, el impuesto a las tecnológicas, que podría reportar 500 millones en medio año. Y quinta, un Plan especial de lucha contra el fraude, para recaudar los 1.500 millones restantes.

Son unos objetivos necesarios y posibles, que nadie debería rechazar por motivos políticos y que beneficiarían a mucha gente, sobre todo a los que peor parados han salido de la crisis. Y además, ayudarían a reanimar el crecimiento y el empleo, ahora que “soplan vientos en contra” desde fuera que pueden hacer peligrar la recuperación: subida del petróleo, incertidumbre del euro, posible subida de tipos, crisis y bajo crecimiento en Europa, incertidumbre política internacional y proteccionismo comercial. Gastar más en lo que hace falta ayudaría a reanimar la economía y compensar las turbulencias de fuera. Y hay muchas otras medidas que no cuestan dinero al Estado, como una Ley de Igualdad Salarial, cambiar la política eléctrica, gastar lo presupuestado, eliminar las restricciones burocráticas a la investigación o escuchar a la gente.

Son tareas para estos primeros meses del Gobierno Sánchez, que podrían continuarse en la negociación de los Presupuestos de 2019. Una antesala para afrontar  de verdad los grandes retos, algo que sólo se podrá hacer tras unas elecciones, ya sean en mayo (con las autonómicas y municipales) o en octubre de 2019, con pactos de Estado a medio plazo que ahora parecen políticamente imposibles Pero antes de esas elecciones, habrá que hacer algo, avanzar en lo urgente, con realismo y sin politiqueos. El nuevo Gobierno debe de intentarlo, buscando amplios apoyos. Y si hay grupos que boicotean medidas imprescindibles que benefician a la mayoría, se “retratarán” ante los ciudadanos. No queda otra que intentar avanzar con sensatez. Ya hemos estado demasiado tiempo parados.




domingo, 22 de mayo de 2011

El turismo despega, pero sin euforia

Este verano, las costas españolas, y sobre todo las islas, van a estar repletas de turistas extranjeros, a tenor de las reservas. Los problemas políticos en el Norte de África nos pueden desviar medio millón de turistas extras. Con ello y la mejoría en el primer trimestre y la Semana Santa, se espera un buen crecimiento del turismo en 2011, aunque menor al de antes de la crisis. Pero no hay que echar las campanas al vuelo, ya que sobre el turismo acechan varias incertidumbres: el turismo de los españoles no remonta, el gasto medio del turista ha bajado, los precios han empezado a subir, la revalorización del euro encarece nuestro país y la recuperación en Europa, de donde proceden nueve de cada diez turistas, es todavía débil. Así que hay que seguir mejorando la oferta y no confiarse.
www.enriqueortega.net
El turismo, la primera industria del país, creció un 2,4% en el primer trimestre, frente al 1% en 2010 (y al 0,3% que creció la economía española). El despegue vino de la mano de los turistas extranjeros (+2,9%), ya que el turismo español sigue estancado (+0,3%). El turismo británico (uno de cada cinco turistas) y el alemán bajaron, pero han aumentado los turistas de Holanda, Bélgica, Suiza, Italia y países nórdicos, sobre todo a Canarias. Eso sí, el gasto medio (94€ día) ha bajado casi un 4%, porque aumentan los turistas que no vienen a hoteles ni con paquetes.
En Semana Santa, la ocupación hotelera ha sido del 85% (a pesar del mal tiempo) y de más del 90% en zonas de costa y ciudades de interior con turismo religioso, con un 10% más de  facturación. De cara al verano, las reservas han  crecido ya un 10%, sobre todo en el mercado alemán y nórdico, con destino a las costas, Baleares y especialmente Canarias, que espera batir este año el récord del siglo en pasajeros (35 millones), aprovechando la crisis política en Túnez, Marruecos y Egipto, que podría desviar hacia España medio millón de turistas extras este año. La previsión del sector (Exceltur) es que el turismo crezca este año un 2,2 %, más del doble de lo que preveían en enero (+1%), aunque todavía menos que antes de la crisis (el turismo creció por encima del 3% entre 2000 y 2007).
Para consolidar el despegue, planean sobre el turismo español varias incertidumbres. La primera, la dura competencia de países como Turquía, Croacia, Bulgaria o las islas del Mediterráneo, junto a Portugal y Grecia, que van a tirar los precios por su grave crisis interna. Y sin olvidar los nuevos destinos, que crecen con fuerza, como África, Latinoamérica y China, que es ya el tercer destino turístico del mundo (tras Francia y EEUU y después de haber superado a España). La segunda, nuestros precios, que han empezado a subir (IPC de abril), tras dos años de estancamiento. Y más con la subida del euro, que a pesar del freno por la crisis de Grecia, se ha revalorizado este año un 9,5 %, lo que encarece España a los británicos, americanos, japoneses y turistas de países no euro. También los vuelos se han encarecido, con una subida del 15% del combustible. 
Con todo, la clave está en la lenta recuperación de una parte de la economía europea e internacional: crecen más Alemania (+1,5%) y Francia (+1%), pero poco Reino Unido (+ 0,5%), Italia (+0,1%) y la UE (+0,8%), así como EEUU o Japón (en recesión). Si crecen poco, vienen menos turistas o se gastan menos. Es lo que pasa con el turismo español: con tanto paro y una caída de rentas del 1,5%, no se espera una recuperación este año. Y además, este verano, con el aumento de reservas de extranjeros, será más difícil que los españoles (que, en su mayoría, reservan a última hora) encuentren ofertas en la costa o las islas, donde van a subir precios de hoteles y apartamentos.
El turismo es una de las pocas alegrías de la economía, pero apenas está creando empleo: sólo Canarias, País Vasco y Navarra han creado este año empleo en el turismo, un sector que supone el 11% del empleo del país. Y hay tres zonas turísticas entre las cinco autonomías con más paro: Andalucía (29,68% de paro), Canarias (28,52%) y Baleares (25,36%). El sector estima que haría falta crecer un 3%, como en la década pasada, para crear 50.000 empleos al año, algo que no va a pasar hasta 2012. Y mucho será empleo temporal y precario.
España tiene que aprovechar el tirón de este verano, ayudado por la crisis del Norte de África, para consolidarse como potencia turística mundial a medio plazo. Y eso pasa por diversificar. Por abrir el abanico de los turistas que vienen: hoy un 91% europeos (y la mitad, británicos, alemanes y franceses). Por traerles más fuera de temporada, no sólo en verano. Por que vengan no sólo a las costas y las islas, sino al resto del país. Y porque se gasten más, con un turismo de más calidad. Son las claves del Plan Horizonte 2020, al que se acaba de sumar el  Plan Turismo Litoral siglo XXI, para renovar el turismo de sol y playa tradicional.

Más que echar las campanas al vuelo sobre el despegue del turismo, hay que hacer un gran Pacto entre el sector, el Gobierno central y las autonomías para consolidar la recuperación. Y para que cree empleo, que falta nos hace. Todos a vender España por el mundo.