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lunes, 26 de diciembre de 2022

Los medicamentos vuelven a bajar

A partir del 1 de enero, notará que algunos medicamentos son más baratos, aunque sólo unos céntimos la mayoría. Bajan otro año más los precios de referencia, para rebajar la abultada factura en recetas y hospitales. Pero tiene dos efectos negativos. Uno, que agrava las débiles cuentas de miles de farmacias pequeñas, que venden más y ganan menos. Y otro, que desalienta a los laboratorios para vender en España, porque tenemos los medicamentos más baratos de Europa. Eso fomenta las exportaciones de medicinas (han crecido más del 40% en 2021 y 2022) y el desabastecimiento de algunos medicamentos en España (637 ahora). Además, las sucesivas rebajas de precios (15 desde 2010) han hecho que la mitad de las medicinas cuesten menos de 3,50 euros (pagamos entre 1 y 1,40 euros: menos que un café), lo que desalienta la investigación de nuevos fármacos. Urge ahorrar bajando las recetas, pero  evitando que falten medicamentos y  logrando que lleguen sin retraso los nuevos fármacos. Apostar por nuestra salud sin racanear.

Enrique Ortega

El aumento del gasto farmacéutico es una obsesión de todos los Gobiernos en las últimas dos décadas y sobre todo de las autonomías, que tienen que pagar la mayor parte de la factura (la otra parte la pagamos los pacientes, con los copagos). Y además, la previsión es que este gasto farmacéutico crezca más en el futuro, por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y los nuevos medicamentos (cada vez más caros). Además, en España, el deterioro de la atención primaria fomenta que los médicos (sin tiempo para atender a los pacientes) receten más, a lo que se une un abuso de los antibióticos, los ansiolíticos y la automedicación. De hecho, las recetas han pasado de 706 millones en 2004 a más de 1.000 millones que se financiarán este año 2022.

El gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas más otros 4.000 millones de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos, más baratos, que ya suponen en España el 41% de los medicamentos vendidos (65% en Europa) y el 21% de las ventas.

La rebaja de los precios de referencia, desde 2010, surtió afecto, pero poco, ya que el gasto en recetas sólo bajó a 11.135 millones en 2011. Al llegar Rajoy a la Moncloa, en 2012, estableció un copago farmacéutico (los pacientes pagaban del 10 al 60% de la receta), que fue bastante efectivo: el gasto en recetas se redujo drásticamente en 2012 (9.770 millones) y 2013 (9.183 millones). Pero luego, el gasto en recetas volvió a aumentar en 2014 (9.360 millones) y año tras año, hasta 2019 (10.793 millones). En 2020, con la pandemia, el gasto en recetas  aumentó más (a 11.678 millones), pero sobre todo el gasto farmacéutico en hospitales (otros 7.883 millones, frente a 5.153 en 2014). Y en 2021, el gasto farmacéutico volvió a subir: 12.531 millones en recetas (+7,3%) y 8.425 millones (+6,9%) en hospitales, un total de 20.956 millones de euros, el 24% del gasto sanitario total. Y este año 2022, llevamos un gasto hasta septiembre de 16.122 millones, con lo que se podría cerrar el año con 21.500 millones de gasto farmacéutico en recetas y hospitales, todo un récord.

Frente a esta bola creciente del gasto farmacéutico, el Gobierno (este y los anteriores) han tomado dos medidas. Una, poco conocida, es la revisión mensual de precios de medicamentos, según van caducando las patentes y entran los genéricos: Sanidad envía una comunicación cada mes a los Colegios farmacéuticos con los precios que bajan, con el precio máximo que paga el SNS por un medicamento con receta. Y la segunda medida, a finales de cada año (en 2019 se hizo dos veces), es la publicación de una Orden con los nuevos precios de referencia y las nuevas agrupaciones de miles de medicamentos, que bajan de precio desde el 1 de enero, para ahorrar en el gasto en recetas y hospitales.

Esta vez, la Orden con los nuevos precios de referencia (BOE 28 noviembre) revisa los precios de 17.097 presentaciones de medicamentos, 13.552 dispensados en farmacias y 3.545 medicamentos hospitalarios, estableciendo los nuevos precios  a los que se financian desde el 1 de enero de 2023. La medida supondrá un ahorro de 270,89 millones en la factura farmacéutica pública (sólo un 1,25% del gasto esperado), que se repartirá entre un ahorro de 229,14 millones para los hospitales y 41,75 millones para las recetas en farmacia (que ahorrarán en su mayoría  las autonomías y poco los pacientes: pagaremos unos 4,7 millones menos en copagos en 2023). Este año, la rebaja de los precios de referencia es mayor que la hecha para 2022 (234,13 millones de ahorro) y para 2021 (170 millones).

Para la mayoría, los que compramos medicamentos con receta en la farmacia, esta nueva rebaja se va a notar poco, (ver listado con los nuevos precios). Veamos algunos ejemplos: crema Betnovate para la dermatitis (baja de 2,87 a 2,86 euros, -0,38%), Pulmicort, para el asma (baja de 3,08 a 3,06 euros, -0,65%), Climen para terapia hormonal menopausia (baja de 3,70 a 3,14%. -15%), Ursobilane para cálculos biliares (baja de 15,05 a 14,99 céntimos, -0,4%), heparina Clexane (baja de 40,62 a 38,29 euros, -5,73%), Equasym para el déficit de atención hipercinético (baja de 29,18 euros a 26,07, -10,6%) o Forsteo pluma recargada para la osteoporosis (baja de 317,27 euros a 252,16, -20,5%). Estos son los nuevos precios venta al público, no los que pagan los pacientes, que sólo abonan el copago (10% los jubilados y entre el 30 y el 40% del PVP los trabajadores). Así que en muchas de las 13.552 presentaciones rebajadas en las farmacias, la rebaja será de unos céntimos.

Los que sí van a notar esta nueva rebaja de los medicamentos (y van 15 ya) son las 22.164 farmacias que hay en España, sobre todo las más pequeñas (3.000 venden menos de 300.000 euros anuales) y especialmente las 858 farmacias rurales “con viabilidad económica comprometida”. Ya sufrieron una caída de ventas en 2020, con la pandemia, y aunque se recuperaron algo en 2021, su facturación vuelve a estancarse o caer en 2022, con la menor venta de test COVID y mascarillas. Lo que sucede a la mayoría de las farmacias es que dispensan más recetas y facturan menos, porque los precios de los medicamentos financiados llevan bajando desde 2010, además de los “sustos mensuales” (revisión adicional de algunos precios). Eso pone en riesgo la viabilidad económica de muchas farmacias,  claves en la atención sanitaria, como se ha visto con la pandemia: ven reducir su facturación mientras les aumentan los costes. Y tratan de buscar alternativas en las ventas sin receta (cremas y demás), que les suponen el 30% de los ingresos. Pero el núcleo de su actividad, las recetas (el 70% de las ventas) se resiente año tras año.

Otro riesgo de esta nueva bajada de precios de los medicamentos está en los laboratorios. Tras 15 años de rebajas de precios, los medicamentos en España son los más baratos de Europa, un 15% por debajo de la media de la eurozona. Y tras cada rebaja, los laboratorios (extranjeros y españoles) se ven desincentivados a vender en España, donde la mitad de los medicamentos cuestan menos de 3,50 euros, según Farmaindustria (y nosotros, con el copago, los pagamos entre 0,35 y 1,40 euros: más baratos que un café). Esta rebaja continuada de los precios de referencia provoca dos consecuencias: hay desabastecimiento de algunos medicamentos en España y cada vez más se desvían a otros mercados, sobre todo al centro y norte de Europa, donde los cobran más caros que en España.

El problema más serio es el desabastecimiento de algunos medicamentos en España, que se ha agravado en los últimos años, a pesar de que las últimas Órdenes de nuevos precios de referencia aplican excepciones y precios ponderados para determinados medicamentos esenciales, asegurando además un precio mínimo de 1,60 euros. Pero aún así, los farmacéuticos alertan que cada vez hay más medicamentos “en falta”, en concreto 637 hoy, según la web de la Agencia del Medicamento, que quita importancia al problema señalando que el desabastecimiento afecta sólo al 3,42% de las presentaciones. Pero la propia Agencia reconoce que el desabastecimiento de medicamentos ha crecido un 31% en el primer semestre de 2022. Según su informe, el 25,3% se deben a problemas de fabricación, otro 24,6% a déficit de capacidad en las plantas, un 22% a aumentos de la demanda y el 8% restante a problemas en el suministro de principios activos. Pero muchos expertos reiteran otra causa: con los bajos precios que tienen algunos medicamentos, a los laboratorios no les compensa producirlos. O les compensa más venderlos fuera de España, más caros.

Un indicador de lo que está pasando es el tremendo salto que han dado las exportaciones de medicamentos desde España, sobre todo en 2021 y 2022: ya saltaron de 7.162 millones de euros exportados en 2007 a 10.482 en 2012 y luego volvieron a saltar a 12.558 millones en 2020, para crecer más del 40% el año pasado y este: 17.646 millones exportados en medicamentos en 2021 y 20.017 en 2022, sólo entre enero y octubre, lo que duplicarán este año las exportaciones de medicamentos de antes de la pandemia. Los medicamentos son la 3ª mayor partida exportadora de España, tras los coches y los derivados del petróleo. Y las principales exportaciones han ido,  en 2022,  a Bélgica, Suiza, China y Francia.

Los recortes continuados en el precio de los medicamentos (que apenas suponen ahorro en la factura farmacéutica), no sólo ponen  en peligro las cuentas de muchas farmacias y provocan desabastecimiento de medicamentos sino que además, desincentivan la llegada a España de nuevos fármacos innovadores. Los datos son muy explícitos. Por un lado, los españoles sólo accedemos a la mitad de los nuevos medicamentos que se autorizan en Europa: en 2022, solo estaban disponibles en España 85 de los 160 nuevos fármacos autorizados en Europa entre 2017 y 2020, según la patronal Farmaindustria. Un porcentaje (53%) que, además, baja año tras año (llegaron el 62% en 2018) y es muy inferior al de Alemania (llegan el 92% de los nuevos fármacos), Italia (79%), Reino Unido (68%) o Francia (62%). Y además de no llegar la mitad, los nuevos fármacos que llegan tardan 517 días en autorizarse su inclusión para financiarlos, frente a 337 días de media en Europa (y los 180 días que debería tardarse legalmente).

Los dos problemas, nuevos medicamentos que no llegan y otros que tardan demasiado en poder recetarse, tienen una causa común: los bajos precios que se pagan en España. Hay una negociación permanente entre Sanidad y los laboratorios para fijar el coste de los nuevos fármacos, donde algunos laboratorios intentan “abusar” con los precios que piden y Sanidad intenta “ahorrar en la factura farmacéutica” retrasando la autorización, a costa ambos de los pacientes que esperan un nuevo fármaco para sus dolencias (muchas graves).

Además, el racaneo en los precios de los nuevos medicamentos (una parte justificado y otra no) disuade también a los laboratorios para investigar en España, máxime cuando el proceso de crear un nuevo medicamento tarda de 10 a 12 años y sólo 3 de cada 10 nuevos medicamentos generan retornos suficientes como para compensar la inversión realizada en la investigación, según Farmaindustria. Eso sí, España compensa a los grandes laboratorios por su excelente sanidad hospitalaria y el potencial investigador de nuestras Universidades, lo que se traduce es que somos el país líder en Europa en ensayos clínicos de nuevos medicamentos y el 2º del mundo, tras EEUU. Y esta es una baza que utiliza Sanidad, la aportación pública a la investigación, para intentar pagar menos por los nuevos fármacos.

Otro factor a tener en cuenta, según la industria farmacéutica, es que la inversión en nuevos medicamentos acaba ahorrando costes al sistema sanitario: por cada euro invertido en fármacos innovadores, se ahorran entre 2 y 7 euros en prestaciones sanitarias (consultas, ingresos hospitalarios e intervenciones), según algunos estudios. Eso sí, en España, las bajadas de precios y los intentos de ahorro han reducido el peso de los fármacos innovadores (los que tienen menos de 10 años): tenían un 32,5% de cuota en 2013 y bajaron al 28,3% en 2018, según el último dato de Farmaindustria. Y los propios médicos se quejan de que no disponen de fármacos nuevos para muchas enfermedades.

Al final, hay una oportunidad de mejorar la oferta de medicamentos a un precio asumible: potenciar la industria farmacéutica, aprovechando las ayudas europeas. Es lo que pretende Europa, para ser más autosuficiente tras el “susto” de la pandemia: en noviembre de 2021, el Parlamento Europeo aprobó la Estrategia Farmacéutica Europea, que contempla ayudas públicas a la investigación farmacéutica para conseguir nuevos fármacos “europeos” a precios asequibles, potenciando las compras públicas, como se hizo con las vacunas. A partir de ahí, las multinacionales ya han empezado a posicionarse, para trasladar sus actuales fábricas de Asia a la Unión Europea. En esta carrera, España quiere adelantarse, para lo que aprobó, ya en noviembre de 2021, un Plan, el PERTE de Salud de Vanguardia, para movilizar y financiar la fabricación de medicamentos y terapias innovadoras, destinando a ello 982 millones de Fondos europeos entre 2022 y 2023. El PERTE pretende digitalizar el sistema sanitario y parte de la atención sanitaria y potenciar terapias avanzadas en el tratamiento de enfermedades (en especial la diabetes, enfermedades degenerativas y el ELA) y el desarrollo de fármacos innovadores, en colaboración con la industria farmacéutica, los investigadores y los grandes hospitales, buscando que España sea un país atractivo para las multinacionales farmacéuticas y sus ensayos clínicos.

La semana pasada, el PERTE de Salud de Vanguardia consiguió un gran logro: los directivos de las 14 principales multinacionales farmacéuticas y de los mayores laboratorios españoles acudieron a La Moncloa para ofrecer al presidente Sánchez su colaboración para convertir a España en un polo europeo de producción de nuevos medicamentos, al igual que somos el 2º mayor fabricante europeo de automóviles: se comprometieron a invertir 8.000 millones de euros entre 2023 y 2025 para impulsar la investigación y producción de fármacos en España y contratar a 4.500 jóvenes al año para sus 103 plantas españolas. Y creen que el Gobierno español puede atraer a otros paises a seguir este camino, promoviendo una potente industria farmacéutica europea. Por su parte, el presidente Sánchez se comprometió a elaborar un Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica, para reforzar el abastecimiento, facilitar el acceso a nuevos fármacos y colaborar en la sostenibilidad del sistema sanitario.

En definitiva, que parece que se abre el camino para que España sea un país puntero en la producción de medicamentos innovadores, que facilite la investigación y asegure nuestro suministro a precios asequibles. Eso obligará a respaldar esas inversiones de futuro con precios razonables y financiables, huyendo del racaneo que apenas ahorra y provoca desabastecimientos. Por nuestra salud y nuestra economía.

lunes, 4 de enero de 2021

Bajan otra vez los medicamentos


El 1 de enero bajaron 1.292 medicamentos que se venden en farmacias y utilizan los hospitales, una bajada que se repite cada año (2 veces en 2019) para reducir la factura farmacéutica. Sin mucho éxito, porque el gasto sube desde 2014, al haber más personas mayores, más enfermos crónicos y nuevos fármacos más costosos. Y ojo a los riesgos de estas bajadas, que sólo notaremos en unos céntimos. Porque el ahorro que suponen (170 millones) hundirá más las cuentas de muchas farmacias y fomenta unos bajos precios de muchos  medicamentos que provocan desabastecimientos: muchos se exportan a paises donde les pagan hasta un 30% más y otros se dejan de fabricar porque a los laboratorios ya no les compensa. Con la mitad de las medicinas costando menos de 3,5 euros (y que pagamos entre 35 céntimos y 1,70 euros), hay que tener cuidado con estas rebajas de precios anuales: racanear puede traernos problemas, con las farmacias y la investigación de nuevos fármacos. Al final, lo barato es caro.

El gasto farmacéutico es una obsesión de todos los Gobiernos y sobre todo de las autonomías, que son las que tienen que pagar la mayor parte de la factura (la otra parte la pagamos casi todos con los copagos). Por eso, en las últimas dos décadas se aplica el sistema de precios de referencia, creado en 1997 para pagar menos a los laboratorios por los medicamentos: la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar a la venta de genéricos (más baratos), que sólo suponen en España el 40% de los medicamentos vendidos y el 21% de las ventas.

En los primeros años, apenas se utilizó esta rebaja de los precios de referencia. Y en 2009 se batió el récord de gasto farmacéutico, con casi 1.000 millones de recetas y 12.506 millones de euros de gasto sólo en farmacias, más otros 4.000 millones en hospitales. A partir de 2010 se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia, lo que rebajó la factura, pero poco: 11.135 millones de gasto en farmacia en 2011. Al llegar Rajoy a la Moncloa, estableció en 2012 un copago farmacéutico (por el que los pacientes pagan del 10 al 50% de la receta) y el gasto se redujo drásticamente en 2012 (9.770 millones) y 2.013 (9.183 millones). Pero luego, el gasto volvió a aumentar en 2014 (9.360 millones) y así año tras año, hasta 2019: 10.793,9 millones de gasto en farmacias y 7.373 en hospitales (donde más crece). Y este año 2020, con la pandemia, el gasto farmacéutico será mayor: se llevan gastados 10.121,5 millones (hasta noviembre) en las farmacias y 5.487,4 en los hospitales (hasta septiembre).

El gasto farmacéutico crece, en España y en todo el mundo, por tres razones básicas: aumenta el número de personas mayores (en España, de 7,9 millones mayores de 65 años en 2010 a 9,28 en 2020), crecen los pacientes con enfermedades crónicas (el 9% de españoles toma 5 fármacos diarios o más) y los nuevos medicamentos, en especial los tratamientos hospitalarios, son más caros. Además, la falta de medios en la atención primaria fomenta que los médicos (sin tiempo) receten más, además de existir un abuso en la utilización de antibióticos.

El caso es que los Gobiernos tratan de frenar esta factura farmacéutica por 2 vías. Una, poco conocida, es la revisión constante a la baja por Sanidad de los precios de los medicamentos, que se retroalimenta por una guerra de precios entre laboratorios, para poder colocar sus medicamentos de marca frente a los genéricos. La otra vía es la Orden que fija cada año los precios de referencia, el precio máximo que paga el SNS por un medicamento con receta. En 2019, el Gobierno bajó estos precios 2 veces, el 1 de enero (una rebaja de 256 millones) y el 1 de noviembre (otra rebaja de 118 millones). Ahora, en noviembre de 2020 se publicó la Orden que modifica, desde el 1 de enero, los precios de venta de 16.872 presentaciones de medicamentos (13.824 se dispensan en farmacias y 3.048 en hospitales), para ahorrar otros 170 millones este año en el gasto farmacéutico.

La mayor parte del ahorro lo van a tener los hospitales (126,20 millones) y las autonomías (ahorraran 43,92 millones en el pago de recetas), siendo sólo de 5,06 millones el ahorro de los ciudadanos al comprar medicinas en la farmacia. Y ojo, la mayoría no bajan de precio: de las 13.824 presentaciones revisadas que se dispensan en las farmacias, sólo el 9,3% (1.292 medicamentos) bajaron de precio el 1 de enero, según un estudio del Colegio de Farmacéuticos de Madrid. Y de ellas, la mayoría sólo bajan unos céntimos: un 5,8% bajan menos del 1%, un 2,2% entre el 1 y el 10%, otro 1,2% bajan entre el 10 y el 50% y sólo un 0,2% de las que bajan (1.292 presentaciones) reducen su precio más del 50%.

Los medicamentos que más han bajado (repito: céntimos para el paciente, al pagar su copago) son algunos anti cancerígenos (Fulvestrán, de 297,55 a 231,20), fármacos para la colitis ulcerosa ( Salofak 1gr., de 85,28 a 79,85), heparinas (Clexane 40, de 50,74 euros a 44,43), algunos anticonceptivos (Loette, de 8,52 a 8,10), fármacos para el TDH (Concerta 36 mgr., de 36,75 a 30,24 euros), medicamentos con fentanilo, fármacos para la dermatitis (Sebiprox, de 13,19 a 12,60 euros), algunos antibióticos en jarabe (Benoral, de 5,76 a 2,50 euros) y aerosoles para el asma (Atrovent, de 4,70 a 4,56 euros), según este listado oficial con los nuevos precios desde enero.

Esta nueva rebaja de precios de muchos medicamentos parece una buena noticia, pero tiene varios riesgos. El primero es que afecta mucho a las cuentas de las 22.000 farmacias españolas, que llevan años en declive, porque dispensan más recetas (trabajan más) pero con menos ingresos, debido a las rebajas mensuales de precios en los medicamentos y a las rebajas anuales en los precios de referencia. De hecho, ya en 2019, las farmacias españolas facturaban un 29,38% menos que en 2009, según la patronal FEFE. Y ahora, con esta nueva bajada de enero, perderán 34 millones de facturación este año, más otros 46 millones menos de ingresos por los cambios de precios que se hacen cada mes, según estima la consultora IQVIA. Eso afecta especialmente a las farmacias pequeñas : 3.000 venden menos de 300.000 euros anuales y, en Madrid, el 22% de las farmacias facturan menos de 20.000 euros al mes. Y especialmente a las 903 farmacias rurales con “viabilidad económica comprometida”.

Otro riesgo de esta nueva bajada (y de la guerra de precios a la baja entre genéricos y medicamentos de marca) es que los precios de muchos fármacos son ahora tan bajos que no compensa venderlos en España (interesa “desviarlos” a otros paises donde tienen precios más altos) o que no les compensa ya fabricarlos a los laboratorios. Ambos motivos provocan lo mismo: el desabastecimiento de algunos medicamentos, un problema muy serio en toda Europa y en España: a fin de año había 381 medicamentos con problemas de suministro (ver la web de la Agencia del Medicamento), tras haberse resuelto 850 problemas de suministro en los últimos 6 meses. El problema es serio porque los casos de desabastecimiento de fármacos se han más que duplicado: han pasado de 700 casos en 2015 a 1.650 en 2019, según este informe de la OCU y Salud por Derecho. Los desabastecimientos se concentran en fármacos contra el cáncer, para enfermedades cardiovasculares, dolencias digestivas y enfermedades metabólicas, según los datos de la Agencia del Medicamento (AEMPS). Y los laboratorios con más casos en 2019 fueron Pfizer, Mylan y Sanofi (líder en 2018).

Una parte de los desabastecimientos son por causas productivas, por problemas en  la cadena de fabricación y en la llegada de materias primas, que vienen de Asia o Europa del Este (con más problemas al inicio de la pandemia) o en la distribución entre paises. Pero otros se deben, según los expertos, a los bajos precios que tienen los medicamentos en España, que fomentan su exportación a otros paises donde los laboratorios los venden más caros. España es el 5º país con los medicamentos más baratos de Europa (tras Eslovaquia, Portugal, Estonia y Letonia): se pagan un 15% por debajo de la media de la eurozona, según los datos de la consultora IMS Health. Y un medicamento cuesta de media en España un 33% menos que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que en Francia o Italia. Esto fomenta la exportación de medicamentos fuera de España, que se ha multiplicado por 21 entre 1955 (562 millones exportados) y 2019 (11.897 millones), según Comercio.

Otra causa de los desabastecimientos es que si un fármaco baja “demasiado”, al laboratorio ya no le compensa fabricarlo, al menos en España. Ese fue el caso de Neobrufen, que ya no se comercializa.  El informe de la OCU y Salud por Derecho recuerda el caso de Laboratorios Aspen, único comercializador de cinco medicamentos para el cáncer: en 2013, aumentó su precio un 4.000 por 100 en España y Sanidad se negó a aceptar este aumento, lo que tuvo como respuesta el fin de la comercialización de esos fármacos y el consiguiente desabastecimiento. Ahora, con esta bajada de enero, la patronal de farmacias FEFE alerta que incluir en la Orden la bajada de un 41,3% a medicamentos derivados de la penicilina (considerados esenciales por la OMS) “puede acarrear consecuencias como el desabastecimiento, por falta de rentabilidad de estos fármacos”. De hecho, la propia Orden de Sanidad establece tres “cautelas” para evitar desabastecimientos con las bajadas: un precio mínimo de 1,60 euros, un precio de referencia ponderado para medicamentos de enfermedades graves o con precios revisados en los 2 últimos años y la no revisión de 91 medicamentos considerados “esenciales” por la OMS.

Con todo, existe el  riesgo de que otra bajada de precios más ponga en peligro algunas farmacias (un eslabón clave de la atención sanitaria) y la fabricación y abastecimiento de algunos medicamentos. Sobre todo cuando las bajadas anteriores y la guerra de precios han llevado a que el 50% de los medicamentos con receta cuestan ya menos de 3,5 euros, según Farmaindustria (y nosotros pagamos por ellos entre 35 céntimos y 1,70 euros, lo que cuesta un café). Y ahora, con la rebaja actual, la industria farmacéutica pierde otros 170 millones de ingresos, más otro tanto o más por las rebajas mensuales de precios. Y aunque es la industria española que más gasta en investigación (1.211 millones en I+D+i en 2019), no parece lógico recortarles cada año sus ingresos si queremos que saquen nuevos fármacos. Porque cuanto más les recortemos, más riesgo hay de que no innoven. De hecho, sólo 2 de cada 10 medicamentos autorizados en España son innovadores. Y llevamos 18 años sin nuevos fármacos contra el Alzheimer, 20 años sin nuevos antibióticos y 30 años sin ansiolíticos innovadores, según han denunciado los farmacéuticos de Orense.

Quizás los laboratorios ganen mucho, pero son un eslabón clave para la salud, como se ha visto con esta pandemia, al igual que las farmacias. Por eso, hay que tener mucho cuidado con racanearles en los precios, porque lo podemos sufrir en cierres de farmacias, desabastecimiento de medicamentos y menos inversión en nuevos fármacos. Hay que buscar otras vías de ahorro del gasto farmacéutico. Primero, hay que bajar las recetas y el consumo de medicamentos, a todas luces excesivo, evitando el despilfarro (a pesar de los copagos), que se visualiza en viviendas repletas de medicamentos. Y hay que evitar la automedicación o la medicación innecesaria, “forzada” a nuestros médicos (ansiolíticos y antibióticos). Incluso Sanidad considera “inadecuadas entre el 40 y el 50% de las prescripciones de antibióticos, tanto en atención primaria como en hospitales.

Habría que aprobar un Plan de choque para rebajar la factura farmacéutica por la vía de que los médicos receten menos y que todos nos automediquemos menos y no despilfarremos los medicamentos, porque “nos cuestan menos que un café”. Ahorrar en gasto farmacéutico innecesario para poder gastarnos más en los nuevos tratamientos y fármacos innovadores, que forzosamente serán más caros. Y pagar un precio justo a los laboratorios (no cediendo a sus chantajes de precios), sosteniendo de paso a las farmacias, que son nuestro asesor sanitario más cercano. Por todo ello, cuando vaya a comprar una medicina, piense lo que hay detrás, lo que nos jugamos en que les salgan las cuentas. Al final, lo barato es caro.

jueves, 21 de abril de 2016

Más gasto en medicamentos "extranjeros"


El gasto en medicamentos ha crecido en 2015 y en 2016, como en 2014, tras el fuerte recorte de 2010 a 2013, por el copago y la retirada de medicamentos financiados. Han vuelto a crecer las recetas (se hacen 100.000 por hora), pero sobre todo el gasto farmacéutico de los hospitales (+26%),por el fármaco para la hepatitis C. Y la mayor parte de ese gasto va a las multinacionales farmacéuticas, mientras los laboratorios españoles pierden peso en el ranking. Ahora, Montoro y Bruselas presionan a las autonomías para que recorten su gasto farmacéutico, como “atajo” para reducir el déficit público. Y aunque todavía hay mucho despilfarro en las recetas, el gasto farmacéutico público es un 25% inferior al europeo y los precios de las medicinas son de los más bajos de Europa, lo que disuade a las multinacionales de investigar en España. Habría que poner orden: gastar más en medicamentos innovadores, que tardan hasta 2 años en venir a España, y no acumular un inútil botiquín en casa.
 
enrique ortega

El gasto farmacéutico público ha vuelto a subir en 2015, como en 2014, tras los drásticos  recortes sufridos en 2012 y 2013. El récord de gasto farmacéutico se alcanzó en 2009 (12.505 millones) y ya en 2010, Zapatero tomó las primeras medidas de ahorro (imposición de rebajas de precios a los laboratorios y descuentos a las farmacias), que luego amplió Rajoy en 2012, con el copago a pensionistas (10%) y activos (40-60%) más el “medicamentazo”, la retirada de 412 fármacos de la financiación pública, además de las sucesivas rebajas de precios impuestas a laboratorios y farmacias. Con todo ello, el gasto farmacéutico se redujo un 26,5%, hasta un mínimo de 9.183 millones de gasto en 2013. Pero en 2014, el efecto ahorro del copago se redujo y aumentaron las recetas y el gasto, un 1,93%. Y en 2015 crecieron otra vez las recetas (882 millones, 100.000 recetas por hora) y el gasto (+1,85%), hasta los 9.360 millones. Una tendencia que continúa este año 2016: el gasto en recetas ha crecido un 2,93% hasta finales de febrero.

Pero el mayor aumento del gasto farmacéutico no se está dando en las recetas de los particulares sino en los hospitales, cuyo gasto farmacéutico creció un 26,2% en 2015, hasta sumar 6.668 millones de euros (dos tercios del gasto en recetas). Y eso, sobre todo, por la inclusión de los medicamentos contra la hepatitis C, que ha supuesto un gasto “extra” de 1.100 millones en 2015 (uno de los “culpables” de haberse disparado el déficit público, según el ministro Montoro). Pero no es sólo por eso: el gasto farmacéutico en los hospitales lleva dos años subiendo mucho por la inclusión de tratamientos innovadores (más costosos) contra el cáncer, enfermedades autoinmunes y contra la esclerosis múltiple. Y se espera que este gasto farmacéutico hospitalario crezca los próximos años por encima del 10%.

Precisamente, la inclusión en la sanidad pública de un nuevo tratamiento contra la hepatitis C ha revolucionado el ranking de ventas de medicamentos en España en 2015, al situar como líder al laboratorio estadounidense Gilead, con su medicamento Sovaldi contra la hepatitis C, desplazando al líder habitual, el laboratorio suizo Novartis, según los datos de IMS Health. En tercer lugar se sitúa Johnson&Johnson (USA), que también ha crecido en el mercado hospitalario con su nuevo producto contra la hepatitis C, Olysio. Y ha bajado al cuarto lugar del ranking el gigante norteamericano Pfizer, que fue el líder en España hasta 2013. Le siguen dos laboratorios norteamericanos, MSD y Abbvie (6º en el ranking por la venta de otro medicamento hospitalario contra la hepatitis C, Viekirax), el suizo Roche, la francesa Sanofi, el británico Glaxo (que también crece en hospitales por su medicamento contra el VIH, Triumeq), siendo 10º el alemán Bayer.

Estos 10 grandes laboratorios venden casi la mitad (48,8%) de todos los medicamentos que se consumen en España. El primer laboratorio español es Cinfa, en el puesto 11º del ranking, y en el Top 20 sólo hay 3 laboratorios españoles más: Esteve (16º), Almirall (19º) y Ferrer (20º). Los laboratorios españoles han ido perdiendo peso y retrocediendo en el ranking. Si en 2006 había 2 españoles entre los 10 grandes (Almirall en el 4º puesto y Esteve en el 9º), en 2013 ya habían bajado (Almirall al 11º puesto, Esteve al 8º y uno nuevo, Cinfa al 10º)  y en 2014 habían desaparecido del Top 10 (Esteve al 14º, Cinfa al 16º y Almirall al 17. En el mercado de las farmacias, los tres laboratorios líderes son Novartis (Suiza), Pfizer (USA) y Sanofi (Francia), colocándose en cuarto lugar la empresa navarra Cinfa, líder en la venta de medicamentos genéricos (sin patente) y situándose lejos Esteve (8º), Almirall (12º), Ferrer (13º) y Normon (18º). En el mercado de hospitales, el líder es Gilead (USA, por la hepatitis C), Roche (Suiza, por sus terapias contra el cáncer), Johnson &Johnson (USA), Novartis (Suiza) y 5 multinacionales más, con única excepción de la española Grifols en el Top 10.

En general, los laboratorios españoles han sufrido más que las multinacionales los recortes de ventas y la rebaja de precios impuestas entre 2010 y 2014, que han tratado de eludir exportando más. Pero, sobre todo, les afecta mucho su menor tamaño para lanzar nuevos medicamentos innovadores, que son los que más están creciendo de ventas en hospitales. En general, se están especializando en fabricar medicamentos genéricos, que suponen ya la mitad de las ventas en farmacias (y un 70% de los envases vendidos) pero que les dejan poco margen. Y es una pescadilla que se muerde la cola: no tienen tamaño, no innovan, no compiten y caen en el ranking de ventas, cada vez más dominado por las multinacionales.

Las multinacionales farmacéuticas consideran a España un mercado importante, el 5º europeo en ventas (tras Reino Unido, Francia, Alemania e Italia) y el 6º en fabricación de medicamentos (tras los 4 anteriores e Irlanda), con importantes fábricas destinadas al mercado europeo y terceros países. Pero en los últimos años, con la caída drástica de ventas, se han planteado reducir su peso aquí. Y eso porque hasta 2015 no aumentaron las ventas de medicamentos (un 3,7%, según el INE) tras 5 años de caídas. Y esto es preocupante, porque las multinacionales invierten e innovan en base a sus perspectivas de ventas. Por otro lado, las multinacionales invierten bastante en innovación en España (953 millones de euros en I+D+i en 2014), pero más de la mitad de esos recursos se destinan a ensayos clínicos, a probar aquí sus medicamentos innovadores, pero sólo destinan un 15% de ese dinero a investigación básica, que es la clave para desarrollar futuros medicamentos.

Así que el mercado de los medicamentos está copado por las multinacionales pero investigan fuera (aquí “prueban” sus nuevas medicinas) y los laboratorios españoles tienen poco tamaño e innovan poco. Los expertos alertan que en España hay dinero (público en su mayoría) para las dos primeras fases de la investigación farmacéutica (I y II), pero faltan recursos para la siguiente fase, cuando los investigadores necesitan 1,5 millones de euros para desarrollar una molécula. Y eso pasa por contar con capitales privados (business angels) y alianzas entre investigadores, laboratorios españoles y multinacionales para lanzar medicamentos innovadores. Pero para eso necesitan que tire el mercado.

Y el mercado farmacéutico español no despega. Crece el gasto (en 2014,2015 y 2016), pero todavía poco si lo comparamos con el resto de Europa. España era en 2014 el segundo país europeo con menos consumo de medicamentos por habitante: 988 unidades al año, sólo por detrás de Italia (802) y  un 12% menos que la media de la eurozona (1.116 unidades/año), muy alejados de Francia (1.391) o Alemania (1.223). Y dadas las rebajas de precios impuestas a los laboratorios y farmacias, los medicamentos en España tienen el precio más bajo de toda Europa, según datos de Farmaindustria (año 2014): una media de 0,20 euros por unidad estándar, un 15% menos que la media de precios de la eurozona (0,24 €/Ud.)) y un 33% menos que el precio en Alemania (0,30 euros).

La consecuencia de que España, tras los recortes, tenga ahora los precios de los medicamentos más baratos de Europa (salvo Portugal y algunos países del Este), es doble. Por un lado, que los laboratorios tienen menos incentivos para investigar y descubrir fármacos innovadores: de hecho, lo son 2 de cada 10 medicamentos autorizados. Es la primera consecuencia de que el 51% de los medicamentos cuesten menos de 3,5 euros. La segunda es que con precios tan bajos, los laboratorios tienden a exportarlos, a venderlos en  Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y algunos países del Este, donde los precios están hasta un 30% más altos que en España. Y también se exportan ilegalmente, a través de “redes” de almacenes y farmacias, que “distraen” fuera medicamentos y vacunas destinados a los españoles. Esto provoca desabastecimientos de algunas medicinas en España, en farmacias y hospitales, sobre todo de algunas vacunas, anticancerígenos y fármacos contra los efectos de la quimioterapia, los trasplantes, la leucemia, la epilepsia y el Parkinson. Ahora, en abril de 2016, hay 199 medicamentos “en falta, según esta lista que publica cada día la Agencia Española del Medicamento. La mayoría se sustituyen por otros fármacos, pero eso causa incertidumbre a muchos pacientes, sobre todo a los más mayores.

Y hay una tercera consecuencia: la continua rebaja de precios y la caída de ventas está hundiendo las cuentas de muchas farmacias (sus márgenes han caído un 34% en los últimos 5 años), asfixiadas además por el retraso en los pagos de muchas autonomías (en especial Cataluña). Y esto es especialmente grave en España, porque las farmacias no son una tienda más sino un eslabón clave de la atención sanitaria, ya que colaboran con los médicos en el correcto tratamiento de los pacientes.

En definitiva, que en España había un gasto farmacéutico excesivo, con bastante despilfarro en muchos casos, pero que al Gobierno Rajoy y a las autonomías se les ha ido la mano con los recortes y corremos el riesgo de cargarnos una industria, la farmacéutica, que no va a lanzar medicamentos innovadores si no les salen las cuentas, si España tiene los precios de las medicinas mucho más bajos que en el resto de Europa. Y además, hay otro riesgo: que ahora, el Gobierno y las autonomías utilicen los medicamentos para rebajar más el déficit público, para cumplir con Bruselas, como ya hicieron entre 2010 y 2014.

Otra consecuencia de estos recortes: los españoles tardamos más que los demás europeos en probar los nuevos medicamentos, que en muchos casos salvan vidas. Así, desde que la Agencia Europea del Medicamento aprueba un nuevo fármaco hasta que lo prescribe un médico, en Alemania pasan 3,5 meses, en reino Unido 3,9 meses, en Francia, 10,8 meses, en Italia 14,5 meses y en España, 15,8 meses, según la consultora IMS Health. Y para tratamientos oncológicos (los más caros), aquí pasan hasta 24 meses. La única razón de esta demora es el intento de ahorrar en medicamentos, para lo que demoran la autorización Sanidad, las propias autonomías y hasta la comisión de cada hospital (que es la que autoriza cada medicamento en Madrid, las dos Castillas, Extremadura o Murcia). Y en ocasiones, los recortes en los tratamientos provocan muertes: es el caso de Galicia, donde la Fiscalía ha llevado al Gobierno autonómico a los tribunales por la muerte de 6 pacientes a quien no se aplicó la vacuna contra la hepatitis C por "ahorro presupuestario".

Está claro que hay que combatir el despilfarro de medicamentos, aunque parece que ya han bajado las “bolsas” de medicamentos inútiles en casa (acumulados por jubilados que los tienen casi gratis y activos que se han "acostumbrado" al copago). Pero no hay que frenar el gasto farmacéutico “necesario”, sobre todo en hospitales, que va a crecer más cada año, a medida que aumente la esperanza de vida y los fármacos innovadores. Y un dato importante, frente al mito del “despilfarro”: España gasta menos en medicamentos que el resto de Europa. El gasto farmacéutico público por habitante en España es 224,8 euros (2013), un 25,3% inferior a la media de gasto farmacéutico de la eurozona (300,9 euros) y menor al de Bélgica (342 euros), Francia (369), Alemania (402) o Irlanda (424).

Así que ojo a la hora de hacer más recortes en medicamentos: si no hay ventas, si la mayoría de los medicamentos cuestan lo que una cerveza, las multinacionales buscarán otros mercados y lanzarán sus nuevos fármacos donde haya demanda. Quedaremos al margen de la innovación. Y nuestros laboratorios serán cada vez más pequeños y menos innovadores. Hay que ordenar el mercado, recortando consumos innecesarios y promoviendo demandas justificadas, que tiren de la industria más innovadora. Y promover fusiones y alianzas de los laboratorios españoles, para que no queden al margen del futuro y lo paguen nuestros enfermos. Ayudar a planificar un mercado con sentido, huyendo del recorte por el recorte. La salud tiene un precio y hay que pagarlo. Sin despilfarro, pero sin una tacañería que puede costar vidas.