El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2026, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-170.300), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 486.000 nuevos empleos, según la EPA publicada este martes, algo menos que la primavera de 2025 (+503.000 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España va camino de los 23 millones de personas: había 22.779.000 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.974.100 personas más trabajando que a finales de 2019.
jueves, 30 de julio de 2026
EPA junio 2026: a por los 23 millones trabajando
El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2026, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-170.300), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 486.000 nuevos empleos, según la EPA publicada este martes, algo menos que la primavera de 2025 (+503.000 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España va camino de los 23 millones de personas: había 22.779.000 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.974.100 personas más trabajando que a finales de 2019.
lunes, 30 de junio de 2025
Los jóvenes, precarios, mal pagados y aislados
El fuerte crecimiento económico de España tras la pandemia se ha traducido en un récord de nuevos empleos, pero los jóvenes se han beneficiado menos de ellos que el resto de la población. Los datos son elocuentes: la ocupación aumentó en casi 1,8 millones de personas (+1.798.500) entre finales de 2019 y marzo de 2025, según la EPA y sólo un 22% de estos nuevos empleos fueron para menores de 30 años (+403.400 empleos) mientras los mayores de 45 años aumentaron su ocupación en +1.734.600 empleos. Los jóvenes de 16 a 19 años sólo aumentaron su ocupación en +8.600 empleos (+5,8%), los de 20 a 24 años en 186.600 empleos (+20,5%) y los de 25 a 29 años en +208.200 empleos (+12,1%), mientras los mayores de 55 años, por ejemplo, ganaron +1.066.400 empleos (+29,42%).
lunes, 6 de noviembre de 2023
Jóvenes sin oportunidades
jueves, 26 de mayo de 2022
La apuesta por la Formación Profesional (FP)
Este lunes, la Comisión Europea alertó a España sobre 2 problemas graves de nuestra economía: la elevada deuda y el paro, que duplica la media europea. Un paro muy relacionado con la baja formación de los españoles, incluidos los jóvenes, que apenas estudian Formación Profesional (FP), a pesar de que con una profesión encuentran más fácil trabajo que con Bachillerato o una carrera. Por eso, en la última década, con la crisis, ya estudian FP el doble de jóvenes. Pero aún son pocos. La nueva Ley de Formación Profesional, que entró en vigor en abril, quiere multiplicar las plazas y cambiar la enseñanza de FP, haciendo que los alumnos estudien y hagan prácticas a la vez. Y acreditará una competencia profesional a 4 millones de trabajadores formados pero sin un certificado. El objetivo es aumentar la formación de jóvenes y trabajadores, para que consigan mejor empleo y bajar el paro a niveles europeos. Hará falta medios y tiempo.
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| Enrique Ortega |
La Comisión Europea, en su último “examen” de primavera nos ha recordado que tenemos un grave problema estructural de paro, al margen de la coyuntura económica de cada momento: duplicamos siempre la tasa de paro media de la UE-27. En 2013, en lo peor de la anterior crisis, el paro en España llegó al 26,1% de la población activa, más del doble que la media europea (11,6%) y cinco veces el paro alemán, según Eurostat. Luego, en 2019, en plena recuperación, el paro español bajó casi a la mitad (14,1%), pero seguía siendo más del doble del europeo (6,8%) y cinco veces el paro alemán (3%). Y ahora, en marzo de 2022, tras el COVID y la guerra, ha seguido bajando, al 13,5%, pero sigue duplicando con creces el paro europeo (6,2% en la UE-27) y cuadruplicando el paro alemán (2,9%). Y si miramos el paro juvenil (menores de 25 años), el problema es aún mayor: 29,6% de paro juvenil en España, frente al 13,9% en la UE-27 y el 5,5% en Alemania.
¿Por qué España tiene el doble de paro que Europa? Hay varias razones, desde nuestro modelo económico (demasiado peso de los servicios y poca industria: muchos bares y hoteles y pocas manufacturas), el bajo desarrollo tecnológico, el exceso de pymes y la falta de grandes empresas, el menor ahorro e inversión y un menor peso de las exportaciones, pero, sobre todo, la baja formación de los españoles, que dificulta su empleo. Los últimos datos de la OCDE (2021) son muy elocuentes: el 37,1% de los adultos españoles (25-64 años) tienen “baja formación” (ESO o menos), el doble que la media europea (17,1% de los adultos) y casi el triple que Alemania (sólo el 13,9% están poco formados).Y si nos fijamos sólo en los jóvenes (25 a 34 años), el problema persiste, aunque algo menos: un 28,3% tienen “poca formación” (ESO o menos) frente a sólo el 12,3% en Europa.
En el caso de los jóvenes, España tiene 2 problemas serios que explican que tengamos el doble de personas poco formadas. Por un lado, la baja calidad de la enseñanza, demasiado “memorística”, que alimenta los alumnos repetidores y rebaja el nivel de comprensión de los adolescentes, según indican los malos resultados en los informes PISA. Y por otro, tenemos mucho más abandono escolar temprano: un 13,3% de los jóvenes de 18 a 24 años han dejado sus estudios sin acabar la FP o el Bachillerato (y no hacen ninguna formación), frente al 9,7% de media en Europa, según los datos de Eurostat (2021). Además, este abandono escolar temprano es mayor entre los hombres jóvenes (16,7%) que entre las mujeres (9,7%).
En cuanto a los adultos, el problema de la baja formación es que muchos se pusieron a trabajar jóvenes, sin estudios o habiéndolos dejado, con lo que casi la mitad no pueden acreditar una formación, aunque tengan experiencia. Los datos indican que hay 12.382.300 adultos en edad de trabajar que tienen una profesión acreditada pero también hay 10.478.400 activos que no tienen una profesión acreditada, aunque vivan de ella. Y además, los trabajadores españoles se forman poco en el trabajo, bien porque las empresas no les ofrecen cursos de reciclaje o porque ellos no los hacen. El caso es que en España se dedica una media de 17 horas anuales a la recualificación permanente, frente a 50 horas en Alemania y entre 80 y 85 horas en las empresas líderes mundiales. Y además, en España se da el contrasentido que los fondos de formación, que se pagan con cuotas de empresas y trabajadores, no se usan (el 82% de las empresas no los utilizan) y no se gastan.
En el caso de los jóvenes, se da otro problema peculiar en España: apenas estudian Formación Profesional (FP), quizás por la mala imagen que ha tenido la FP, vinculada a “obreros” y “malos estudiantes. El resultado es que, durante décadas, todos los padres querían que sus hijos fueran universitarios (o al menos “bachilleres”). El fruto de esta percepción es que España, el país de Europa con más paro juvenil, es también uno de los paises con menos jóvenes que estudian FP: sólo un 12% se matricula en Formación Profesional, frente a un 25% de media en la UE-27 y el 40% en Alemania (el país con menos paro juvenil). Y después, a la hora de elegir en la ESO si hacen Bachillerato o FP, sólo un 36% de jóvenes españoles han elegido FP, frente a un 43% de media en Europa, que sube en el caso de Alemania (45%), Italia (55%) y Reino Unido (65%), según la OCDE.
Con la crisis de 2008-2010, esta situación empezó a cambiar, porque muchos jóvenes veían que no encontraban trabajo con Bachillerato e incluso con una carrera universitaria, mientras las empresas buscaban jóvenes con FP, más preparados para un trabajo concreto. Además, en septiembre de 2018, el Gobierno Sánchez empezó su apuesta por la FP, acompañada después en julio de 2020 con un Plan de Modernización de la Formación Profesional, un proyecto “estrella” del presidente Sánchez y su ministra Celáa, que ya había apostado por la FP como consejera del País Vasco (una autonomía “pionera”, con excelentes resultados en FP).
La crisis, el aumento de ofertas de empleo para la FP y los nuevos Planes dieron un vuelco a la Formación Profesional, que empezó a despegar desde 2012 y sobre todo desde 2019, duplicando el número de alumnos en la última década: de 582.576 matriculados en 2010-2011 se saltó a 861.906 en 2019-2020 y 1.013.912 alumnos matriculados en FP en el actual curso 2021-2022, según los datos de Educación. Y además, este es el 7º curso consecutivo en que los matriculados en FP superan a los que estudian Bachillerato (700.810).
Es un salto importante, pero aún estamos lejos de los jóvenes que estudian FP en Europa. Por eso, el Gobierno Sánchez prometió a la Comisión Europea, dentro de las reformas estructurales vinculadas a recibir los Fondos Europeos, una nueva Ley de Formación Profesional, que aprobó el 7 de septiembre de 2021 y que ha estado debatiéndose medio año en el Congreso y el Senado, donde se aprobó el pasado 23 de marzo, con el voto en contra del PP y la abstención de Vox y ERC. Ahora, la Ley ya está en vigor, desde el 20 de abril, y tiene 2 objetivos: vincular más la FP a las empresas y reducir el paro juvenil. Y, en paralelo, reconocer en los próximos 4 años un certificado profesional a 4 millones de trabajadores que no tienen acreditadas sus competencias, adquiridas por la experiencia, no por el estudio.
La primera novedad de la nueva Ley de Formación Profesional es que reformula el sistema en 5 niveles o módulos. Los tres primeros (A, B y C) son cualificaciones para adultos (mayores de 16 años), con una acreditación parcial de competencias(A), un certificado medio de competencias (B) y un certificado profesional de competencias (C), a los que podrán optar los trabajadores que conozcan los oficios pero no tengan una titulación. Serán títulos sin validez académica, pero que les facilitará su trabajo futuro. Los dos niveles siguientes (D y E) tendrán validez académica: el nivel D incluye el grado básico, medio y superior de FP y el nivel E supone un grado mayor de especialización, con cursos de especialista (en grado medio o superior), que incluyen la realización de un tipo de Máster. Los distintos niveles, del A al D, se podrán ir acumulando y acreditando en un Registro estatal de FP.
El segundo
gran cambio de la Ley se refiere a la enseñanza de FP en los niveles
educativos, el D y el E (especialista). La novedad es que toda la enseñanza
será ahora mixta, con teoría en los
centros de FP y prácticas en empresas
siempre. Así, toda la FP será
ahora “dual”, con dos niveles: el “general”
(entre el 25 y el 35% de la formación se dará en empresas) y el “intensivo” (con más del 35% de la
formación en las empresas, que se comprometen además a hacerles un “contrato de formación”).
Otra novedad de la Ley es que se facilita “el puente” de las FP con las Universidades. Hasta ahora, al final de la ESO, se abrían dos caminos disociados: Bachillerato y Universidad o FP de Grado medio y luego Superior. Ahora, se facilita que haya conexión entre las dos vías educativas, con la convalidación de asignaturas y el tránsito de la FP a la Universidad y viceversa. Ya en los últimos años se ha visto a licenciados en una carrera que luego hacen FP de grado Superior, porque ven que así se colocan mejor. Ahora lo tendrán más fácil. De hecho, la Universidad de Málaga será la primera Universidad en ofrecer ciclos formativos de FP en el próximo curso 2022-2023…
Un cuarto cambio de la nueva Ley es que se acercarán las futuras titulaciones a lo que demanden las empresas, que tratarán así de que la FP forme en lo que ellas necesitan (el 55% de las empresas se quejan de que tienen problemas para encontrar trabajadores en muchas áreas). Ya se han aprobado 25 nuevas titulaciones y estudios de FP en los últimos 2 años y ahora, las empresas tendrán más posibilidades de influir en los programas y colaborar en la formación de los alumnos, al ser obligatorias las prácticas en empresas.
El quinto punto clave de la nueva Ley de FP es la importancia que se da a la orientación profesional, tanto en colegios e institutos (para que profesores y centros fomenten la FP como una salida con futuro), como entre los alumnos y sus familias. Es clave promover “un cambio de mentalidad”, que estudiar FP no es una enseñanza de 2ª ni para ser “fontanero o mecánico”, sino que incluye temas de futuro (como inteligencia artificial o tratamiento de datos). Que es una vía formativa que facilita el empleo futuro.
Precisamente, el problema del empleo futuro es que no habrá hueco para los que estén poco formados y se va a concentrar más en la formación media, la que promueve la FP. Así, un estudio de Cedefop revela que para 2025, sólo el 16% del empleo disponible será para los que tienen baja formación (hoy acceden al 35% de los trabajos) y que el 50% de los trabajos serán para los que tienen una formación media y el otro 34% para los que tengan alta formación. Por eso, el objetivo de la Ley es que, dentro de 4 años, el porcentaje de españoles con baja formación (y pocas posibilidades de trabajo) baje del 37,1% actual al 15% (la UE-22 tiene un 17,1% hoy y Alemania el 13,9%). Y eso gracias a que haya más jóvenes estudiando FP y a que se certifique su profesión a 4 millones de adultos.
La nueva Ley de FP nace con una financiación de 5.474 millones en cuatro años (2022-2025), de los que 2.075 millones serán Fondos europeos. De momento, el Gobierno acaba de aprobar, el 17 de mayo, 1.239 millones para la Formación Profesional, un dinero que transfiere a las autonomías (ver el reparto), que gestionan la enseñanza. El objetivo es crear 88.000 nuevas plazas de FP en el próximo curso 2022-2023, que se sumarán a las 120.000 nuevas plazas creadas en los dos últimos años. Y además, acreditar a 785.000 trabajadores sin título, de los 4 millones que se pretende acreditar en estos cuatro próximos años (un objetivo ambicioso, porque sólo se acreditaron 300.000 en la última década). Y una parte del dinero aprobado (680 millones) irá también a ofrecer más cursos de reciclaje profesional a parados y trabajadores en activo.
Formación, formación y formación, en cursos de reciclaje y sobre todo en cursos de FP para jóvenes, que tengan que ver con lo que las empresas y el futuro van a demandar. Se trata de mejorar la formación de los españoles, para que tengamos una tasa de paro “europea”. Eso pasa por dedicar más dinero a la formación y a la FP, a crear centros de enseñanza suficientes (faltan en las grandes ciudades), con más autonomía y flexibilidad en los programas educativos, en estrecha relación con empresas y Universidades. Y un cambio de mentalidad en los centros educativos, en los alumnos y sus familias, para que nadie se avergüence de decir que estudia FP, sino que sea un sinónimo de formación y empleo. Es un proceso que requiere fondos, dedicación y tiempo. Pero si funciona, bajará el paro.
jueves, 28 de octubre de 2021
EPA septiembre 2021: empleo pre-pandemia ya
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| Enrique Ortega |
El verano suele ser un buen trimestre para el empleo, por la mayor actividad en el turismo y la hostelería. Y este año se ha cumplido la norma, con una creación de 359.300 empleos en el tercer trimestre, según la EPA publicada hoy por el INE. Es la mayor creación de empleo en los últimos veranos (+69.400 en 2019 y +183.900 en 2018), salvando la excepción del verano de 2020, en que el empleo tuvo un aumento histórico (+569.600 ocupados), porque España salía a finales de junio del confinamiento y la actividad se disparó ese verano. Con ello se afianza la recuperación del empleo, con una creación de +1.423.800 empleos en los últimos 15 meses (junio 2020- septiembre 2021), un aumento que compensa ya el empleo perdido en lo peor de la pandemia (-1.359.700 empleos entre diciembre 2019 y junio 2020). En resumen, que tenemos 64.100 personas más ocupadas que antes de la pandemia, aunque recordemos que hay 239.230 trabajadores “aparcados” en ERTEs. Y más de 20 millones de españoles trabajando (20.031.000), algo que no se veía desde finales de 2008.
En el tercer trimestre de 2021, la ganancia de empleo ha sido gracias a los servicios (+377.200 empleos creados), sobre todo la hostelería, el turismo y el comercio, pero también ha creado bastante empleo la industria (+63.000) y los han perdido la agricultura (-49.600) y la construcción (-31.200), creándose muchos más empleos en el sector privado (+314.800) que en el público (+44.500), según la EPA. Y sorprende que la mayor creación de empleo se haya dado en las mujeres (+185.400 frente a +173.900 en los hombres) y entre los más jóvenes (+67.000 nuevos empleos entre 16 y 19 años y +132.400 entre 20 y 24 años). Y por autonomías, el empleo ha crecido en el 2º trimestre en casi todas (salvo Andalucía y La Rioja), pero más en Cataluña (+62.300 ocupados), Canarias (+50.000), Baleares (+47.900), Galicia (+35.800) y Comunidad Valenciana (+34.600).
No todos los grupos, sectores y regiones han recuperado ya el empleo anterior a la pandemia. Por sexos, los hombres no han recuperado aún el empleo de finales de 2019 (trabajan 26.100 menos), pero las mujeres sí tienen más empleo que en 2019 (+90.200 ocupadas). Y por edades, hay más jóvenes de 16 a 24 años trabajando que en 2019 (+105.500), pero hay menos trabajando de 25 a 44 años (-437.700) y más trabajando con más de 45 años (+397.300), los menos afectados laboralmente por la pandemia. Y hay ya mucha más gente trabajando en los servicios (+122.400) y la construcción (+97.000), aunque menos que en 2019 en la industria (-35.600) y en el campo (-32.400). Y destaca también que 10 autonomías tienen ya más gente trabajando que en 2019, mientras las otras 7 no han recuperado el empleo pre-COVID: Canarias (-62.000), Madrid (-45.200), Comunidad Valenciana (-22.900), Castilla y León (-6.300), Navarra (-2.500), Aragón (-2.100) y la Rioja (-300 ocupados).
La importante mejora del empleo en el tercer trimestre de 2021 (+359.300) no se ha traducido toda en una bajada del paro (-127.100 parados) porque en paralelo han aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora, tras lo peor de la pandemia: los “activos” han aumentado en 232.200 personas, impidiendo bajar más las cifras del paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 547.900 personas más buscando trabajo que hace un año). Y ya hay más adultos “activos” (trabajando y buscando trabajo) que en 2019: 23.447.700 frente a 23.158.800 a finales de 2019. Todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo.
El paro ha bajado en el 3º trimestre (-110.100 personas), pero ha sido sólo en la industria (-18.800), los que perdieron su empleo hace un año (-171.200) y entre los que buscan su primer empleo (-28.500), porque ha aumentado el paro en los servicios (+42.100), la agricultura (+28.700) y la construcción (+20.600), porque hay más gente buscando trabajo ahora que sube el empleo. El paro ha bajado más entre las mujeres (-95.100) que entre los hombres (-32.000.Baja mucho más entre los mayores de 25 años (-119.500 parados entre 25 y 54 años), menos entre los más jóvenes (-65.500), subiendo sólo entre los mayores de 55 años (+65.500 parados). Por autonomías, el paro baja más en Cataluña (-51.900), Baleares (-28.400), Castilla y León (-27.600) y Galicia (-25.700) y sube en 6 autonomías, destacando los aumentos en Andalucía (+41.100) y Murcia (+13.800 parados), según la EPA.
La cifra total de parados se sitúa en 3.416.700 desempleados, con una tasa de paro del 14,57%, todavía muy lejos de la tasa de paro europea (6,8%) o alemana (3,6%). Y baja unas centésimas la tasa de paro de los jóvenes (menores 25 años), al 31,15% (16,2% en la UE-27). Hay otros datos también muy preocupantes. El primero, que hay 1.122.100 hogares con todos sus miembros en paro (+108.900 que antes de la pandemia). El segundo, que seguimos con 5 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa” : Ceuta (27,07%), Canarias (23,89%, un 5% más de paro que antes de la pandemia) Andalucía (22,41%, un 2% más que en 2019), Melilla (19,4 %, un 7% menor) y Extremadura (17,92%, un 6% menos que en 2019). Y las 6 regiones que tenían un paro inferior al 10% en 2019, lo han empeorado con la pandemia, sobre todo La Rioja (del 9,89% de paro a 12,21% hoy), Madrid (del 9,99% a 11,84% ahora) y Baleares (del 9,91% al 10,57%), empeorando también bastante el paro en la Comunidad Valenciana (del 14,13% al 16,12%). Y el tercero, que aumentan los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son 1.638.600, el 48% de los parados (eran 1.387.000, el 43,5% a finales de 2019).
Esto provoca que a muchos
parados se les acabe el desempleo y no
cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En
agosto de 2021, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.977.033 desempleados: casi la mitad
(46,3%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado) de 839,6 euros de
media y el resto (53,7%) cobraban un subsidio asistencial de 451,92 euros. Pero
en esta cifra están incluidos los 239.230 trabajadores que están en ERTE y cobran
las tres cuartas partes de su sueldo del SEPE. Así que, en realidad, sólo 1.737.803 parados cobra algún subsidio,
el 50,86% de los parados que refleja la EPA de hoy.
Eso significa que casi la mitad de los
parados (49,14%) no cobran ninguna ayuda pública, cuando en 2019 eran sólo el 38,5%. Así que la
pandemia nos ha traído más paro, pero ahora son menos los que reciben ayuda,
porque muchos llevan demasiado en paro y se les ha agotado el subsidio. De
hecho, CCOO
denuncia que un 40% de los parados
inscritos en el SEPE con experiencia
laboral (han trabajado antes)
no cobran ninguna ayuda por desempleo.
En los últimos 21 meses (diciembre 2019–septiembre 2021), con la pandemia, el paro ha crecido en +224.800 desempleados y la tasa de paro sube del 13,78% al 14,57%, según la EPA, sobre todo entre las mujeres (+123.400 frente a 101.400 parados más los hombres), entre los que tienen de 25 a 54 años (+44.200) y los jóvenes de 20 a 24 años (+37.800), entre los que perdieron su empleo hace un año (+285.400 parados) y los que buscan su primer empleo (+45.800 parados). Hay menos parados que antes de la pandemia en los servicios (-82.000), la industria (-28.800) y la construcción (-6.000), pero más parados en el campo (+10.400). Por autonomías, el paro ha bajado con la pandemia en Murcia (del 16,08 al 14,65%) y Extremadura (del 23,48 al 17,92%), subiendo sobre todo en Baleares (del 9,91 al 10,57%), Canarias (del 18,78 al 23,89%), Cataluña (del 10,45 al 10,92%), Madrid (del 9,99 al 11,84%), y la Comunidad Valenciana (del 14,13 al 16,12%), según la EPA.
La pandemia ha afectado más negativamente a España que a la media de Europa, en una mayor pérdida de empleo pero con un menor aumento del paro, según refleja la EPA y las estadísticas de Eurostat de junio 2021. Así, el empleo cayó en España un -1,3% en 18 meses (diciembre 2019-junio 2021), mientras en la UE-28 caía sólo un -0,4%, en Italia un -1% y en Alemania un 2,2%, aumentando el empleo sólo en Francia (+1,3%). Y el paro ha aumentado en España (diciembre 2019-junio 2021) un +0,3%, una subida del desempleo menor que en la UE-27 (+0,6%) y que en Alemania (+0,4%), Francia (bajó un 0.4%) o Italia (-0,5%), debido a que aquí ha habido en el último año y medio menos personas que se han apuntado al desempleo, menos “activos” (más “desanimados”) porque veían muy difícil encontrar empleo. Eso sí, el paro juvenil (menores 25 años), doble en España que en Europa, ha aumentado más en el último año y medio: +3% en España frente a +2,1% en la UE-27.
Ahora, todo apunta a que seguirá mejorando el empleo en España, si se asienta la recuperación en el 4º trimestre, con un mayor crecimiento que el del último medio año (+1,1 % en el 2º trimestre y una previsión de 2,7% en el 3º, según el Banco de España), un horizonte lastrado por la alta inflación (5,5% anual, la más elevada desde 1992) y los problemas de abastecimiento y materias primas de muchas empresas. Pero de momento, parece que el empleo aguanta y la Seguridad Social espera 100.000 nuevos empleos en octubre, un aumento de la afiliación mayor que el de agosto (+76.541) y septiembre (+82.184 afiliados).
El problema de fondo es la mala calidad del empleo que se crea. En los 9 primeros meses de 2021 se han firmado 13.788.700 contratos (más de 50 por cada empleo) y de ellos, el 89,42% han sido contratos temporales, por meses, semanas y hasta por días, un porcentaje similar al de los nuevos contratos firmados en la última década (del 90% al 92% temporales). Y en paralelo, un tercio de los nuevos contratos (33,63%) son contratos a tiempo parcial, por horas o días, no porque el trabajador lo quiera sino porque es el único contrato que encuentra (sobre todo mujeres y jóvenes). Con unos empleos tan precarios, los que encuentran un trabajo reciben sueldos más bajos que antes de la pandemia. Y la masa salarial cayó un -5,1% en 2020, el doble en España que en Europa (-2,2%), según Eurostat.
Esta precariedad de los nuevos empleos es la que provoca una tremenda dualidad del mercado de trabajo: tenemos ahora un 26% de trabajadores con contrato temporal (similar al 26.10% en 2019) mientras el 74% restante tienen contratos fijos, con más estabilidad y mejores sueldos (de media ganan un 32% más que los trabajadores temporales, según el INE). Esta es la principal asignatura pendiente de España, lo que exige una verdadera reforma laboral, para fomentar los contratos estables y reducir la precariedad, como nos exige Europa.
La otra gran asignatura pendiente del empleo es conseguir que en España trabaje más gente, que la economía ofrezca más empleo, dado que el modelo económico actual sólo permite emplear al 62,4% de españoles activos frente al 68,2% ocupados de media en la UE-27 y el 75,6% empleados en Alemania, según Eurostat. Eso significa que si tuviéramos la tasa de ocupación europea, en España trabajarían 1.828.000 adultos más. Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, conseguiríamos que trabajaran 4.161.000 adultos más que ahora. Lograrlo pasa por conseguir una economía más competitiva y mejorar la productividad, algo que nos va a costar tiempo. Pero hay que empezar poniendo los cimientos, avanzando en dos frentes: mejorar la formación de empleados y parados y destinar más recursos al fomento del empleo. Para 2022, España contará con 7.642 millones, un 33% más dinero que en 2020. Pero habrá que gastarlo bien, en incentivos a la contratación y en formación. Y urge modernizar las oficinas de empleo, que sólo recolocan a un 2% de los parados.
En resumen, hemos superado el bache de empleo de la pandemia, con más gente trabajando que en 2019, pero queda mucho por hacer para tener un empleo y un paro europeo. Hay que consolidar la recuperación y aprobar una reforma laboral que permita crear más empleo y de más calidad, con el apoyo de patronal y sindicatos si queremos que sea eficaz. A ello.

