Este 2026 se cumplen 20 años de aplicación de la Ley de Dependencia, que entró en vigor en enero de 2007 para garantizar ayudas y servicios a los dependientes, en su mayoría mayores. Es la 4ª pata del Estado de Bienestar (junto a la sanidad, la educación y las pensiones), pero ha resultado una “pata coja”: ha atendido a 4 millones de personas dependientes, pero otro millón más de dependientes se han muerto sin recibir ninguna ayuda, por una falta de financiación y un exceso de burocracia, que mantiene unas altísimas listas de espera: a finales de mayo, 265.503 dependientes estaban “desatendidos” (+7.293 más que a finales de 2025), a la espera de ser valorados (110.108) o de recibir una ayuda o servicio que tienen legalmente reconocido (otros 155.352 dependientes “en el limbo”). Y este año, hasta mayo, 13.503 de estos dependientes han fallecido esperando…
Los Directores
de Servicios Sociales creen que
la inyección de 6.200 millones extras es una buena noticia que “permite
pasar de la retórica a los hechos”, pero piden además otros cambios:
procedimientos más agiles en las autonomías para acortar los trámites, mejora
de las ayudas y prestaciones (sobre todo la ayuda a domicilio y las
prestaciones para residencias), autorizar la compatibilidad (poder recibir
varias ayudas a la vez), aumentar las prestaciones a los cuidadores familiares
y mejorar los contratos y salarios de los que trabajan en la Dependencia. Y les
preocupa “cómo va a garantizar la Administración del Estado que
este aumento de gasto mejore realmente la vida de los dependientes y sus
familias”.