España se recuperó de la pandemia ya en 2022 y en 2023 creció un 2,5% (cinco veces más del 0,5% que creció la zona euro), empujada por un turismo récord, un consumo que aguanta (por la menor inflación y la creación de 783.000 empleos el último año) y unas exportaciones casi récord (+31,9% sobre 2019). Pero el 4º motor del crecimiento, la inversión, apenas crece y es el único indicador importante que sigue por debajo de 2019 (232.034 millones de inversión bruta, un -1,6% menos que antes de la pandemia), mientras en el resto de Europa (salvo en Alemania) y en EE. UU. ya crece más que en 2019. De hecho, la inversión en España ha crecido un 2,7% de media entre 2021 y 2023 mientras la economía (el PIB) ha crecido un 4%. Así que la inversión no está ayudando al crecimiento. Y eso es preocupante, porque la inversión es clave para modernizar el tejido productivo, este capital es el cimiento básico para asegurar el crecimiento y el empleo en el futuro.
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lunes, 8 de abril de 2024
España crece, pero la inversión no tira
España crece cinco veces más que la zona euro,
gracias al tirón del turismo, el consumo y las exportaciones.
Pero el 4º motor de la economía, la inversión, falla: apenas
crece y es menor que en 2019, antes de la pandemia. Un problema
preocupante, porque la inversión es el mejor cimiento del crecimiento y
empleo futuros. La inversión pública ha mejorado tras la
pandemia, pero no despega la inversión privada (el 90% de toda la
inversión), porque las empresas han destinado sus mayores beneficios a “desendeudarse”
(devolver créditos), no a invertir. Y por la fuerte subida de tipos. Lo
positivo es que gana peso la inversión en maquinaria y tecnología y lo
pierde la inversión inmobiliaria. Bruselas ha pedido a España que
las empresas inviertan más en innovación y tecnología, porque gastan la
mitad que las europeas. Hay que agilizar la ejecución de los Fondos europeos,
promover la inversión por todos los medios (incluidos fiscales) y rebajar
la crispación política, porque no ayuda a invertir. Enrique Ortega
España se recuperó de la pandemia ya en 2022 y en 2023 creció un 2,5% (cinco veces más del 0,5% que creció la zona euro), empujada por un turismo récord, un consumo que aguanta (por la menor inflación y la creación de 783.000 empleos el último año) y unas exportaciones casi récord (+31,9% sobre 2019). Pero el 4º motor del crecimiento, la inversión, apenas crece y es el único indicador importante que sigue por debajo de 2019 (232.034 millones de inversión bruta, un -1,6% menos que antes de la pandemia), mientras en el resto de Europa (salvo en Alemania) y en EE. UU. ya crece más que en 2019. De hecho, la inversión en España ha crecido un 2,7% de media entre 2021 y 2023 mientras la economía (el PIB) ha crecido un 4%. Así que la inversión no está ayudando al crecimiento. Y eso es preocupante, porque la inversión es clave para modernizar el tejido productivo, este capital es el cimiento básico para asegurar el crecimiento y el empleo en el futuro.
¿Qué está pasando con la inversión? Hay dos
causas que la han retraído, en España y en todo el mundo. Una, la
debacle económica de la pandemia, que hundió las ventas y la economía y
que tardó en recuperarse, en 2020 y 2021, por los “embudos” en las cadenas de
suministro internacionales. Y este factor ha afectado más a la inversión
en España, porque muchas de las inversiones dependen más de las cadenas
internacionales (automoción, textil, energía, química y farmacia). La otra
causa ha sido la
drástica subida de los tipos de interés (del 0 al 4,5% entre
2021 y 2023), que ha retraído la inversión, más en España porque aquí
las empresas dependen más del crédito bancario. Y otro factor autóctono es que
las empresas españolas han aprovechado sus altos
beneficios de los últimos años no para invertir sino para devolver
créditos, con lo que ahora están menos endeudadas que las europeas: así,
entre diciembre de 2021 y septiembre de 2023, las empresas españolas han
reducido su deuda en 38.924 millones, según
el Banco de España, dejándola en el
menor porcentaje de los últimos 10 años (939.924 millones, el 64,2% del PIB
frente al 80% en 2021).
Además, no ha ayudado a recuperar la inversión la
incertidumbre geopolítica internacional, con la guerra de Ucrania primero y
el conflicto en Palestina ahora. Y en España, los cambios electorales y la
tremenda crispación política. Ahora, debería ayudar al despegue de la inversión
la esperada bajada de tipos (en junio), aunque será lenta y larga, la
moderación salarial (los españoles cobran 18 euros por hora de trabajo, 6
euros menos que la media europea y 13 euros menos que en Alemania, según Eurostat) y el mantenimiento del consumo y el empleo, que permiten a las
empresas mantener beneficios, con los que podrían invertir más.
Pero al margen de la coyuntura, la
inversión lleva siendo un problema en España desde hace década y media.
Entre 1995 y 2007, España vivió un “boom
inversor”, apoyado en el ladrillo y las inversiones inmobiliarias,
lo que duplicó la inversión bruta (de 141.493 millones en 1995 a 288.335
millones en 2007). Pero llegó la crisis financiera y estalló la burbuja
inmobiliaria, desplomando la inversión (hasta un mínimo de 177.852 millones de
euros en 2013, una caída del -38,3% sobre 2007). A partir de ahí, la inversión
empezó a remontar, hasta los 235.829 millones en 2019. Luego llegó la
pandemia y volvió a caer, en 2020 y 2021, recuperándose en 2022 y 2023
(232.034 millones), pero quedando todavía por
debajo de la inversión anterior a la pandemia. Y en 2023, cuando la
economía ha crecido un 2,5%, la inversión ha crecido sólo la tercera parte
(0,8%), según el INE.
Las cifras totales de inversión no revelan tanto el problema
como su menor
peso en la economía: lo que ha pasado es que la economía ha
crecido (desde 2014) más que la inversión. Y así, si la inversión llegó
a suponer el 30% de la economía (del PIB) en 2006, el mejor año, redujo ese
peso año tras año, hasta suponer el 20% en 2019 e incluso bajar ese
porcentaje al 19,34% del PIB en 2023. Un peso de la inversión, antes y
ahora, que es menor al que tiene la inversión en el resto de Europa,
donde supone un 22% de media (del PIB). Y en la mayoría de los paises,
salvo Alemania, la inversión pesa más ahora que en 2019.
Este menor peso de la inversión en España, año tras
año desde 2006, es especialmente preocupante porque la
inversión es la clave para modernizar la economía y destinar recursos a las
nuevas tecnologías y a la innovación. Pero junto a este menor peso de la
inversión, hay otro dato positivo del balance de la última década
y media, según
este reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie: ha perdido peso la
inversión inmobiliaria y lo ha ganado la inversión en maquinaria, servicios
privados y públicos. A lo claro: menos ladrillo y más tecnología.
El gran cambio es que la inversión
inmobiliaria ha pasado de representar el 41% de la inversión total en
2007 a representar el 29% de toda la inversión en 2021-23, según
el estudio. Y en contrapartida, ha crecido el peso de la inversión no
residencial, del 59 al 71%. Esto se ve más claro en los últimos tres años
(2021-2023): ha crecido la inversión en servicios privados (+4,8%),
tanto los tradicionales (+5,5%) como los servicios de intensidad digital
(+4,3%), en industrias manufactureras (+3,7%) y la inversión en
servicios públicos (+2,1%), mientras cayó la inversión residencial, en
construcción (-3,7%), en energía (-1,5%) y en agricultura,
ganadería y pesca (-5,2%).
Eso se ha traducido en mayores
inversiones estos últimos 3 años
en maquinaria (26,95% del total), equipos de transporte (10%), tecnología
de la información (TIC, el 10% de la inversión) y activos inmateriales (servicios,
el 12,8%), mientras la construcción no residencial (infraestructuras, naves,
locales) se lleva ahora el 33,4% restante de la inversión total, la mitad que
hace 16 años. En definitiva, todavía se invierte poco, menos que la mayoría
de Europa, pero se invierte más que antes en destinos más productivos que el
ladrillo.
Con todo, la vieja burbuja del ladrillo es todavía un
gran lastre para España y para el futuro de la inversión. Y eso,
porque los activos inmobiliarios suponen un 88% del stock de capital que
tenemos, del capital acumulado (4,2 billones de euros en 2023), un stock que
hay que mantener cada año para cubrir su depreciación. De
hecho, el 75% de la inversión que se hace cada año es para “mantener” ese stock
de capital, donde pesa demasiado el ladrillo (naves, locales,
terrenos, inmuebles), mucho más que en el resto de Europa (en Alemania,
los activos inmobiliarios suponen el 82% del stock de capital y en Reino Unido
el 80%).
Por eso, por tener que dedicar un 75% de la inversión a
cubrir la depreciación del capital, el
capital neto sólo supone un 25% de lo que se invierte cada año y
es lo que podemos dedicar a modernizar la economía. Esta inversión neta
ha caído también desde 2007 (era de 146.498 millones), a la mitad en 2009
(75.704 millones) y a menos de la 6ª parte en 2013 (21.558 millones),
recuperándose después hasta 2019 (62.538 millones) y cayendo con la pandemia,
para no haberse todavía recuperado en 2023 (51.760 millones). La
inversión pública se ha recuperado en parte por las ayudas frente a la
COVID y la inflación (aunque sigue un 55% por debajo de 2009), pero la
inversión privada (que supone el 90% de la inversión
total) se ha recuperado más lentamente desde 2021.
Ahora, la prioridad debe ser recuperar la inversión
(sobre todo la privada), que puede generar más crecimiento y empleo,
dado que se dirige a sectores y destinos más productivos que el
ladrillo. La propia Comisión
Europea acaba de pedir a España
que refuerce la inversión empresarial, sobre todo en innovación y tecnología,
donde las empresas españolas invierten la mitad que las europeas (el 0,8% del
PIB frente al 1,5% de media en la UE-27 y el 2,5% que invierten en I+D+i las
empresas de Bélgica o Suecia). Además, la mayoría de expertos
reiteran la importancia de recuperar la inversión, porque es
la clave para aumentar la productividad de España, más baja que la de la
mayoría de Europa: nuestra producción por habitante (PIB per cápita
descontando la inflación) es el
89% de la media UE-27, porque trabajamos menos gente (2 millones menos
de los que deberían) y porque trabajan con menos eficacia, entre otras causas
porque invertimos menos en modernizar la economía.
El resultado es que España, la 4ª mayor economía
de la UE (tras Alemania, Francia e Italia) ocupa el puesto 16º en
producción por habitante (y en renta o nivel de vida), tras Luxemburgo,
Irlanda, Holanda, Dinamarca, Austria, Bélgica, Suecia, Alemania, Finlandia,
Malta, Francia (estos 11 paises tienen un PIB por habitante superior a la media
UE), Italia (97%), Chipre (95%), Eslovenia y Chequia (91%), según
el ranking recientemente publicado por Eurostat. Y ojo, España
lleva más de una década produciendo por debajo de la media europea: tenemos
una “brecha” con Europa desde 2010 (96% del PIB por habitante de la
UE-27 ese año, mejor del 89% que tenemos ahora, en 2023).
Si queremos recortar esta “brecha” económica con Europa, ser
más productivos, los
expertos insisten en que hay que reconvertir la economía, fomentar la
innovación y la tecnología, apostar por la industria, mejorar la formación de
los trabajadores y de los gestores, aumentar el tamaño de las empresas,
fomentar la exportación, conseguir una economía más verde y digital. Y todo
esto exige aumentar la inversión, tanto la pública (en
servicios públicos e infraestructuras) como sobre todo la inversión privada.
Y para ello, urge promover nuevos proyectos, con el apoyo de los Fondos
europeos, reduciendo burocracia y agilizando las inversiones, que deben
fomentarse con ayudas e incentivos fiscales. Y también es clave reducir
la crispación política y clarificar el futuro de esta Legislatura,
porque la incertidumbre no ayuda. Todo para relanzar la inversión,
la clave para asegurar el crecimiento y el empleo del futuro.
España se recuperó de la pandemia ya en 2022 y en 2023 creció un 2,5% (cinco veces más del 0,5% que creció la zona euro), empujada por un turismo récord, un consumo que aguanta (por la menor inflación y la creación de 783.000 empleos el último año) y unas exportaciones casi récord (+31,9% sobre 2019). Pero el 4º motor del crecimiento, la inversión, apenas crece y es el único indicador importante que sigue por debajo de 2019 (232.034 millones de inversión bruta, un -1,6% menos que antes de la pandemia), mientras en el resto de Europa (salvo en Alemania) y en EE. UU. ya crece más que en 2019. De hecho, la inversión en España ha crecido un 2,7% de media entre 2021 y 2023 mientras la economía (el PIB) ha crecido un 4%. Así que la inversión no está ayudando al crecimiento. Y eso es preocupante, porque la inversión es clave para modernizar el tejido productivo, este capital es el cimiento básico para asegurar el crecimiento y el empleo en el futuro.
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jueves, 30 de junio de 2016
España y Europa: 20 años perdidos
Rajoy ha ganado las elecciones repitiendo que España ha crecido más y ha creado más
empleo que el resto de Europa. Pero no ha
dicho que hoy estamos más lejos de Europa que antes de la crisis: nuestra
renta es el 92% de la media europea,
cuando en 2007 estábamos por encima de la renta media de los 28, en el 105%. Hemos
retrocedido a la distancia que nos separaba de Europa en 1995 y 1996. A lo
claro: hemos perdido 20 años en
nuestro acercamiento al nivel de vida europeo. Y somos el país 13 de los 28 con menor renta por habitante. La razón es
doble: trabajamos menos gente y
trabajamos peor que en Europa. Y esto porque tenemos empresas más pequeñas, menos industrias y demasiados servicios, menos
tecnología, menos exportadores, menos formación y una economía menos digital.
Urge un cambio de modelo económico,
para ser más competitivos, y recuperar la distancia perdida con Europa. Debería
ser el objetivo de todos para la próxima década.
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| enrique ortega |
La reciente historia
de España es una dura carrera por acercarnos a Europa, por no perder el tren de su crecimiento y su nivel de
vida. En 1930 teníamos un 53% de la renta media de los 15
mayores países europeos, según el histórico economista Julio Alcaide. Con la guerra civil y la II Guerra
Mundial, la distancia aumenta hasta el 44% de su renta en 1945. Y a partir de
ahí, mejoramos lentamente hasta alcanzar el 59,1% de la renta media europea en 1960,
el primer año que empieza a medirlo Eurostat. Y con el desarrollismo español de
los 60 y primera mitad de los 70, la distancia con Europa se reduce más, hasta alcanzar
el 79,9% de su renta en 1975. Pero llegan las crisis de los 70
y 80 y España ingresa en la UE, el 1 de enero de 1986, con sólo el 71,6% de la renta de los 12
países comunitarios entonces. Vuelven años buenos y en 1992 llegamos a un acercamiento récord: tenemos el 80,9% de la renta media europea. Nueva
crisis y nuevo salto en el crecimiento español, entre 1996 y 2007, que nos
permite superar la renta media europea (el 101% en 2002) y llegar a un récord : alcanzar el 105% de su renta en 2007.
Pero llega la gran recesión de 2008 y como ya había
pasado antes, España cae más que el resto de Europa (también creció más en los años buenos).
Y los recortes de ZP y Rajoy hacen el resto. La consecuencia es que España
desanda el camino y se aleja de Europa. En 2010 ya estamos por debajo de la media (99% de su renta) y en 2015 teníamos el 92% de su renta (100% la UE-28), según el dato publicado por Eurostat hace unos días. Y la distancia es aún mayor si tomamos el
nivel de vida de los 19 países del euro (92
frente a 106%). Con ello, España retrocede a la distancia con Europa que teníamos
en 2005 y 2006, cuando tuvimos también el 92% de la renta media
europea. O sea, 20 años perdidos.
Con estos últimos datos de 2015, España es el país nº 13 por
nivel de renta (PIB por habitante) entre los 28 países de la UE. Estamos muy
lejos del nivel de vida de los más ricos: tenemos un 92% de la renta media UE frente al 271% de Luxemburgo (triple renta que
España), Irlanda (145% de la renta media UE), Holanda (129%), Austria (127%), Alemania (125%), Dinamarca (124%) y Suecia (123%). Y también lejos de Bélgica
(117% de la renta media UE-28), Reino
Unido (110%), Finlandia (108%), Francia
(106%) e Italia (95% de la renta
media UE). Y sólo estamos por delante de la renta de Portugal (77% de la media
UE), Grecia (71%), Malta (89%), Chipre (81%) y once paises del Este de Europa.
Esto España como país. Pero a su vez, aquí dentro hay muchas diferencias de renta entre las autonomías. Y así hay 5 regiones españolas que están por
encima del 100% de la renta media europea, según datos de Eurostat (2014): Madrid (tiene el 128% de la renta media
UE-28), País Vasco (122%), Navarra
(116%), Cataluña (111%), Aragón (103%) y la Rioja (102%). Pero las 11
autonomías restantes, más Ceuta y Melilla, tienen una renta por
debajo de la media europea. Y todas, salvo Baleares (99% de la renta
UE-28) están por debajo de la renta media española (92% de la renta UE-28).
Entre el 75 y el 90% de la renta media europea están Castilla y León (89%),
Cantabria (86%), Asturias (84%), Galicia (83%), Comunidad Valenciana (82%),
Canarias (81%), Murcia y Ceuta (77%) y Castilla la Mancha (76%). Y en el furgón
de cola, entre las 50 regiones europeas con menos renta, están Andalucía (70% de la renta
media UE-28), Melilla (70%) y Extremadura (65%).
Esto en cuanto a la renta
media (PIB por habitante). Pero Eurostat publica otra estadística que indica mejor la riqueza relativa de cada país:
la capacidad de consumo per
cápita, que tiene en cuenta no sólo la renta sino los precios de cada país,
para comparar mejor el bienestar de los europeos. Y aquí, España sale perdiendo: su nivel de consumo per cápita es el 88% de la media europea (en renta era el 92%) y el 88% frente al 105% de los paises euro. También aquí hemos desandado el camino con
la crisis, porque en 2007 nuestro consumo per cápita era justo el 100% de la
media europea. La capacidad de compra también ha caído respecto a 2007 (pero
menos) en Francia, Reino Unido, Italia, Portugal, Grecia e Irlanda, aunque ha
subido en Alemania, Bélgica, Austria, Luxemburgo y Dinamarca, paises cuyos
ciudadanos tienen ya más capacidad de consumo que antes de la crisis.
En resumen, que estamos más lejos de Europa en riqueza y
capacidad de compra. Y aunque la brecha puede mejorar algo en los próximos
años porque España pierde población (las estadísticas son en PIB por habitante), será
insuficiente para igualarnos. Por eso, el próximo Gobierno, cualquier Gobierno,
debería tener como objetivo que los españoles vivieran como el resto de
europeos, recuperar el camino perdido. Para ello, tenemos que saber
por qué somos más pobres que 12
paises de los 28 países europeos. Y corregirlo.
¿Por qué tenemos
menos renta (92%) que la media de Europa? La causa es doble: porque en España trabaja menos gente y trabajan peor, con menos eficacia. Primero, en España
trabajan sólo el 56% de los adultos, frente al 64,9% en Europa (UE-28) y el 73,8%
en Alemania, según datos de Eurostat (2014). Eso significa que si trabajaran tantos españoles
como en Europa, debería haber 2.678.392 personas más trabajando. Y si fuéramos como Alemania, deberían trabajar 5.356.785 españoles más. Pero no bastaría con
eso: la segunda razón de nuestro retraso es que trabajamos peor, con
menos eficacia. Más de la mitad del retraso que tenemos con Europa se debe a la
menor productividad de España, según un estudio de la Fundación BBVA e IVIE. A que cada
español produce menos por hora: la productividad del trabajo en España era
de 31,3 euros por hora trabajada (3º trimestre 2015) frente a 46,1 euros por
hora en Alemania, según un estudio de La Caixa. O sea, que cada
trabajador español produce dos tercios de lo que produce un trabajador alemán.
Veamos el por qué.
Hay dos razones. Una, que en España
tienen más peso sectores económicos
que exigen más personal y son menos productivos, como la construcción, el comercio, el turismo o la
hostelería, y tienen menos peso sectores con más tecnología y menos personal,
más productivos. Ello explicaría una parte, la más pequeña (el 17,6%) de la
diferente productividad entre España y Alemania, según el estudio de la Caixa. La otra causa es la importante, porque explica el
82,4% de la diferencia de productividad: que España es menos productiva que Alemania en cada sector y empresa,
sean los mismos o diferentes.
Y ¿por qué nuestras
empresas son menos productivas que las alemanas? Los expertos aportan varias razones. La primera y más importante, el tamaño de las empresas. De las 2.779.146 empresas censadas en España en 2015, el 94,5%
eran microempresas
(0-9 trabajadores), un porcentaje mayor que en Europa (92,1%) y muy superior al
de Alemania (81,8% microempresas), según Eurostat. También tenemos muchas más pymes
(10-49 trabajadores) y menos empresas
medianas y sobre todo grandes (+250 trabajadores): en España son el 0,1 %
del total (3.918 grandes empresas), frente al 0,5% en Alemania (más de 9,000).
Y está demostrado que las grandes y
medianas empresas son más productivas que las pymes, consiguen más capital y mejor financiación,
exportan más y crean un empleo más estable y mejor pagado. Si España tuviera la
misma estructura empresarial de Alemania, la productividad de nuestra economía
sería un 13% mayor, según cálculos del Círculo de Empresarios. Produciríamos
142.000 millones más al año. Sólo por eso.
Pero hay más razones
para que seamos menos productivos (y tengamos menos renta). Otra importante es la tecnología. En España, los recortes en Ciencia (-2.183 millones entre 2012 y 2016) han llevado a que sólo
invirtamos el 1,23% del PIB en tecnología,
frente al 2% en Europa (y el 2,84% en
Alemania). Y este retraso es aún
mayor en las empresas privadas: las empresas españolas
invierten sólo el 53% del gasto español en tecnología, mientras en Alemania las
empresas invierten el 68% del total. Y eso se traduce en lo que fabrica cada país: España fabrica en sectores de baja tecnología (alimentos, calzado y textil) y
media (coches, maquinaria), mientras Alemania y los paises europeos más competitivos
(y más ricos) fabrican más en sectores de media y alta tecnología, vinculados a
grandes empresas.
Otro factor clave es el peso de la industria, que ha
caído drásticamente en España (del 39% del PIB en 1977 al 15,5% actual), mientras en Europa
supone el 19% (UE-28) y en Alemania
aporta el 25% de la producción, con
mayor productividad que los servicios o la construcción, que tienen más peso en
España. También explica la mayor o menos riqueza que un país consiga exportar más. Y
España es el 5º país europeo con menos peso de las exportaciones (el 23,63% del PIB), sólo
por delante de Chipre, Grecia, Reino Unido y Francia, pero muy alejado de
Alemania (las exportaciones aportan el 39,6% del PIB), Irlanda (51,5%),
Portugal (27,8%) y muchos países más pequeños como Bélgica (exportaciones
suponen 87,8% del PIB) y Holanda (75,35% del PIB). Y eso pasa porque en España sólo exportan 150.000 de los 2,77 millones de empresas. Y de ellas, menos de
50.000 de forma habitual.
Un factor decisivo de nuestra menor riqueza y productividad
es la baja formación de los españoles: un 45% de los adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera) frente
al 21% en Europa (UE-21), el 24% de
la OCDE o el 14% en Alemania. Y tenemos también menos
adultos con formación media (Bachillerato y FP básica), un 22% en España frente
a un 48 % en Europa, mientras por arriba estamos a la cabeza en universitarios,
un 32% en España frente al 29% en la UE, todo según datos de la OCDE. Y también hay otros factores que juegan en contra de nuestra
productividad: los mayores costes
financieros (aunque han bajado los créditos a pymes), los mayores costes de la energía (entre un 10 y un 20% superiores) y los mayores costes logísticos y de transportes
(además, estamos en “una esquina” de Europa). Eso sí, nuestras empresas pagan menos impuestos “efectivos” que en la mayoría de Europa y pagan salarios más bajos: 15,8 euros
por hora trabajada frente a 21,8 euros en la zona euro y 25 euros en Alemania, según Eurostat.
Vistas las causas de
que seamos más pobres y menos productivos que la media europea, se puede
vislumbrar el camino para recuperar la distancia perdida. Por un lado, hay
que conseguir que trabajen más españoles, al
menos 3 millones más. Y eso pasa por
una política económica que reanime el
consumo y la inversión, con un mayor gasto e inversiones públicas, mayores
salarios y ayudas a la contratación estable. Por otro, hay que actuar sobre los grandes problemas de fondo que nos restan productividad:
conseguir empresas más grandes (facilitar las fusiones), apoyar la
reindustrialización, destinar más recursos a la innovación y la tecnología,
favorecer la digitalización de las empresas y la economía, fomentar las
exportaciones y, sobre todo, invertir en formación y educación, en
capital humano.
Son tareas a medio plazo, que exigen un Pacto político y social para caminar todos en la misma dirección: conseguir una economía más competitiva, que crezca más y cree más empleo y riqueza. Que nos acerque a Europa, que no se va a quedar parada esperándonos. Tenemos que forzar el paso para recuperar el retraso en la próxima década. Debería ser un reto de todos, como país.
Son tareas a medio plazo, que exigen un Pacto político y social para caminar todos en la misma dirección: conseguir una economía más competitiva, que crezca más y cree más empleo y riqueza. Que nos acerque a Europa, que no se va a quedar parada esperándonos. Tenemos que forzar el paso para recuperar el retraso en la próxima década. Debería ser un reto de todos, como país.
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