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jueves, 5 de marzo de 2026

8-M y discriminación mujeres: lenta mejoría

Este domingo se celebra el 8-M, el Día de la Mujer, cuya discriminación olvidamos el resto del año. Este 8-M celebramos que hay más mujeres que nunca trabajando, menos paradas y que su “brecha” salarial con los hombres sigue reduciéndose. Pero tenemos más mujeres inactivas, menos trabajando, con peores contratos, empleos y sueldos, más paradas cobrando menos desempleo, con pensiones más bajas y más mujeres mayores dependientes sin ayudasDemasiadas discriminaciones, que apenas mejoran. Y tienen varias causas, que urge resolver: la atadura de los cuidados (a hijos y padres), el desigual acceso al trabajo y a los mejores empleos junto a las interrupciones en su carrera laboral, que recortan sus pensiones, además de la poca colaboración en casa de los hombres (“ayudan” pero no comparten tareas). Es hora de tomar medidas más efectivas, en los cuidados, las guarderías, la selección de personal y la negociación de los convenios, para mejorar de verdad la situación de las mujeres. Tenemos que acabar con la discriminación de media España.

                            Enrique Ortega

En España siguen viviendo más mujeres que hombres: a 1 de enero de 2026, había censadas 25.237.515 mujeres, frente a 24.333.210 hombres, según el INE. En 2025, la población femenina aumentó menos (+199.587 mujeres censadas) que la masculina (+242.841 hombres), aunque las mujeres han aumentado más desde 2020 (+1.130.133 frente a +1.122.542 hombres) y en lo que va de siglo (+4.593.672 mujeres desde el año 2000, frente a +4.506.871 hombres). Pero hay un dato importante: crecen las mujeres inmigrantes, no las nacidas en España, cuya población ha caído este siglo (-100.202 nacidas en España entre 2000 y 2025). Este ha sido el gran cambio demográfico: en el año 2.000 vivían en España 452.413 mujeres nacidas fuera (el 2,18% de todas las mujeres) y en 2026 están censadas 5.111.724 mujeres nacidas fuera (el 20,25%), 1 de cada 5 mujeres.

Hay pues más mujeres que hombres y también más mujeres en edad de trabajar (con más de 16 años) : 21.702.500 mujeres frente a 20.612.700 hombres, en diciembre de 2025. Pero este desequilibrio se corrige si miramos las personas que tienen entre 16 y 64 años, la franja de edad en que normalmente se trabaja: hay 15.974.600 mujeres y 16.115.000 hombres, porque hay muchas más mujeres que hombres con más de 65 años (son más longevas). A partir de aquí, empiezan las discriminaciones a la mujer. La primera, que hay más mujeres “inactivas”, que ni trabajan ni buscan trabajo, que “tiran la toalla” aunque están en edad laboral, básicamente porque se dedican a “las tareas de la casa, a cuidar a los hijos (y maridos) o a padres y adolescentes “dependientes” (el 75% de los cuidadores son mujeres). A finales de 2025 había 9.921.300 mujeres inactivas frente a 7.453.600 hombres. A lo claro: hay 2,5 millones de mujeres que han renunciado de entrada a trabajar fuera de casa.

A causa de esta alta inactividad, la tasa de actividad de las mujeres españolas (trabajan o buscan trabajo entre los 16 y 64 años) es del 72,30%, frente al 80,08% de los hombres: son 11.781.300 mujeres “activas” frente a 13.159.100 hombres, según la EPA 2025. Una tasa de actividad algo superior a la de las mujeres europeas: allí eran “activas” el 75,3% de las mujeres de 20 a 64 años, frente al 75,8% en España en esa edad, muy inferior a la tasa de actividad femenina en Alemania (80,2%) o Francia (77,5%), aunque es menor en Italia (61,9%), según Eurostat (2024). Tras la pandemia  aumentaron más las mujeres “activas” (+937.200 desde 2019) que los hombres (+844.400), por la llegada de mujeres inmigrantes y porque más mujeres mayores, con hijos “criados”, buscan ahora trabajo.

La 2ª gran discriminación es que hay menos mujeres trabajando. No sólo porque hay menos mujeres “activas” (buscando trabajo) que hombres sino porque las que buscan tardan más en encontrar trabajo y lo encuentran peor que los hombres, a pesar de estar más formadas (según las estadísticas educativas), aunque tienen menos estudios “técnicos” (carreras  STEM: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). A finales de 2025 había 10.457.500 mujeres ocupadas, frente a 12.005.800 hombres, según la EPA. Son más mujeres que nunca trabajando (eran 5,8 millones ocupadas en el año 2000, frente a 9,9 millones de hombres), pero sigue habiendo más hombres trabajando (+1,54 millones), aunque hay más mujeres. Y otra vez, la tasa de empleo femenino en España (66,5% población de 20 a 64 años) es inferior a la europea (70,8%) y a la de Alemania (77,7%) o Francia (72,2%), superando a Italia (57,4%).

Con todo, las mujeres han conseguido llevarse más nuevos empleos que los hombres tras la pandemia: trabajan ahora 1.299.200 mujeres más que a finales de 2019, frente a 1.197.200 nuevos empleos conseguidos por los hombres estos 6 años. Eso sí, la mayor parte de estos nuevos empleos “ganados” por las mujeres han sido para las mayores de 50 años (+920.500 empleos, el 70,85% del total), junto a las de 45 a 49 años (+176.100), mientras perdieron empleo las mujeres de 35 a 44 años (-284.700 entre 2019 y 2025) y apenas ganaban empleo las chicas más jóvenes (+158.800 empleos). En resumen, quienes consiguieron trabajo estos 6 años son mujeres mayores, que dejaron de trabajar en su momento y han vuelto, sobre todo en los servicios: empleo doméstico y cuidados mayores y niños, hostelería, comercio, campo y trabajos eventuales, muchas mujeres inmigrantes.

Los datos revelan que las mujeres copan menos del 50% de los empleos en 73 de los 100 sectores económicos. Y aquí tropezamos con la 3ª gran discriminación de las mujeres: trabajan en sectores más precarios y peor pagados, con contratos de menos calidad, peores puestos y categorías. El tipo de contrato es clave. Primero, las mujeres copan los contratos a tiempo parcial, por horas o días: de los 3.089.700 asalariados a tiempo parcial (menos jornada) que había a finales de 2025, 2.250.700 eran mujeres (el 72,84%), según la EPA . Y si trabajan mucho más a tiempo parcial que los hombres no es porque quieran: la mayoría dicen que es porque no han encontrado trabajo a tiempo completo. Y 389.371 mujeres trabajan a tiempo parcial para cuidar a un familiar (11 veces más que los hombres).

Y segundo, las mujeres tienen más contratos temporales que los hombres: 1.633.600 mujeres con contrato temporal a finales de 2025, frente a 1.265.500 hombres “temporales. Y aunque han caído con la reforma laboral (había 2,21 millones de mujeres con contrato temporal en 2019), crece el porcentaje (eran el 50,31% del total en 2019 y ahora son el 56,34%).

Además, el 44% de las mujeres trabaja en los 7 sectores económicos con los sueldos más bajos. Y de las 10 actividades con peores nóminas, 7 tienen una mayor proporción de mujeres que de hombres trabajando, según un estudio de CCOO: servicio doméstico, hostelería, sanidad, cuidados, actividades auxiliares, actividades artísticas y recreativas, comercio. Pero además, hay muchas más mujeres que hombres trabajando en las categorías laborales más bajas y en los empleos menos cualificados, ocupando también menos puestos directivos, una muestra de la menor promoción de la mujer en las empresas: sólo el 34,5% de las mujeres trabajadoras ocupan puestos de gerentes y directivos.

Esta mayor precariedad de los contratos y la mayor actividad en sectores y puestos peor pagados conduce a la 4ª gran discriminación de las mujeres: tienen peores sueldos que los hombres. El sueldo medio bruto de los hombres era de 2.593 euros mensuales en 2024, frente a 2.163,2 euros las mujeres, según el Decil de Salarios de la EPA. Eso supone una “brecha salarial” para las mujeres del 16,58%, “brecha” que ha ido bajando tras la pandemia, ya que era del 18,58% en 2019. Una mejoría que se explica por la fuerte subida del salario mínimo (SMI) desde 2018 (+66%, de 735 a 1.221 euros en 2026), que afecta sobre todo a las mujeres (son el 61% de los 2,5 millones que cobran el SMI), y por los Planes de igualdad en algunas empresas (no en la mayoría). Una mejora de la brecha salarial que se está dando en toda Europa, donde es más baja (12%).

La “brecha salarial”, aunque ha mejorado, sigue siendo muy desigual por edad, nivel de estudios, sectores y empleos, tamaño empresa, tipos de contrato, puestos de trabajo y sector de actividad, complementos y autonomías, según este estudio del Instituto de las Mujeres. La brecha salarial de las mujeres es mayor entre los trabajadores más jóvenes (20-24 años) y entre los mayores de 40 años, más entre las inmigrantes (22,7%) que entre las españolas (16,30%), más entre los que tienen poca formación (29,5%) que entre los universitarios (16,7%), más en la industria y los servicios que en la construcción, más en las actividades administrativas  (29,55%), sanidad y servicios sociales (23,8%), actividades científicas y técnicas (22,8%), comercio (22,44%), finanzas y seguros (20,52%), inmobiliarias (19,89%), industria (17,10%), energía (16,67%) y hostelería (16,18%), más según la antigüedad, pluses y complementos (que cobran menos las mujeres) y más en las pymes que en las grandes empresas. Y por autonomías, la mayor brecha salarial se da en Navarra (20,68%), Asturias (20,06%), Murcia (19,15%), Aragón (19,14%) y Cantabria (18,59%), siendo intermedia en la Comunidad Valenciana (16,92%), Cataluña (16,75%), Madrid (16,55%) y Andalucía (16,14%) y baja en Canarias (4,74%), Baleares (8,76%), Extremadura (11,91% y País Vasco (12,81%).

Y pasamos a otra gran discriminación de las mujeres, la 5ª: hay más mujeres en paro que hombres. A finales de 2025 había en España 2.477.100 parados EPA, de los que 1.323.800 eran mujeres paradas y 1.153.300 hombres desempleados. El paro femenino cayó en 2025 la mitad que el masculino (-38.800 frente a -79.500), aunque ha caído algo más desde 2019 (-362.000 frente a -352.800 el masculino), sobre todo entre las mujeres de 25 a 54 años (-354.500 paradas) , mientras subió el paro entre las mujeres mayores de 55 años ( +19.900 paradas), porque intentan ahora recolocarse y aportar ingresos al hogar. Con todo, la tasa de paro femenina (11,24% en 2025) es mayor que la masculina (8,76%) y casi duplica la tasa de paro de las mujeres europeas (6%), siendo mucho mayor el paro en las mujeres jóvenes (24,1% de paro en España y 14,8% en la UE-27).

No es solo que haya más paradas que parados, es que además, las mujeres cobran menos desempleo, la 6ª discriminación, porque la mayoría han cotizado menos años y por sueldos más bajos. Así, en 2025, había 452.994 mujeres cobrando una prestación de desempleo contributiva y 410.820 hombres. Y estas paradas cobraban de media 31,24 euros de paro al día (937,20 euros mensuales), frente a 36,35 euros diarios que cobraban los parados hombres (1.087,5 euros mensuales). Eso supone una “brecha en el desempleo” del -13,83% (en 2024 era el -14,20%), según los datos del SEPE. Pero hay más: esta brecha en el desempleo contributivo (el paro asistencial es igual para hombres y mujeres: 480 euros mensuales) es mayor entre las paradas con más edad: sube al -17,2% en las paradas de 50 a 54 años, al -20,72% en las de 55 a 59 años y al -21,72% en las paradas de más de 60 años.

Y tras una vida con menos actividad y menos empleo peor pagado, las mujeres se jubilan con peores pensiones, la 7ª discriminación. Por un lado, la pensión media de los hombres es de 1.629,91 euros frente a los 1.130,24 euros de las mujeres, según los datos de la Seguridad Social al 1 de febrero de 2026. Una “brecha de pensiones” del -30,66%, que se ha reducido los últimos años gracias a la subida del SMI y de algunos sueldos, más el complemento de brecha de género que el Gobierno aplica desde febrero de 2021. Y en las pensiones de jubilación, la pensión media de las mujeres es de 1.259,6 euros, una “brecha” del -29,56% sobre la jubilación media de los hombres (1.778,08 euros mensuales). Sólo en las pensiones de viudedad, las mujeres cobran más que los hombres (1.003,89 euros frente a 666,10 euros).

Queda otra discriminación, la 8ª: la desigualdad en Dependencia, debido a que las mujeres viven más años que los hombres (86,53 años de media frente a 81,38 años) y por tanto tienen más riesgo de ser dependientes al final de su vida y necesitar ayuda. De hecho, casi 2 de cada 3 dependientes con más de 80 años son mujeres (el 62,66% en 2025). Y por eso, sufren más que los hombres los problemas de la Dependencia, tanto el retraso en las ayudas (a finales de 2025 había 258.167 dependientes en listas de espera y 32.704 mayores murieron el año pasado antes de recibirlas) como en su escasa cuantía o servicio (pocas residencias y más ayudas low cost, como la teleasistencia o la ayuda a domicilio).

Y por si fueran pocas estas discriminaciones, las mujeres sufren otra más, la 9ª de la lista: la discriminación que sufren en su propia casa, porque cargan con la mayor parte de las tareas del hogar y de los cuidados de niños y padres, complicando más su vida laboral. De hecho, el 45,86% de las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas del hogar, algo que sólo hacen el 14,92% de los hombres. Y otro 34,96% realizan una parte importante  de las tareas, aunque compartida. Esto significa que el 80,82% de las mujeres cargan con las tareas del hogar, frente al 48,61% de los hombres. Y un 51,37% de los hombres (unos 12 millones) confiesan que “hacen poco o nada”, según la última Encuesta del INE (2021). Además, el 40,2% de las mujeres se ocupan “mayoritariamente” de los niños, frente al 4,8% de los hombres. Y un 48,3% cuida a los mayores (frente al 20,5% de los hombres).

En resumen, un preocupante panorama, donde persisten las discriminaciones año tras año, aunque algunas mejoren lentamente, por lo que la igualdad tardará décadas. Por eso, urge tomar medidas en tres terrenos claves. Uno, en los cuidados, tanto de los niños como de los mayores dependientes. Eso exige mejorar la atención a la infancia, desde las guarderías a la gratuidad de la enseñanza de 0 a 3 años, junto a la multiplicación de guarderías en empresas y centros públicos, para facilitar el trabajo de las mujeres y la conciliación familiar. Por otro lado, hay que dotar de más financiación y mejorar la gestión de la Dependencia, para reducir las listas de espera y facilitar la atención externa a los mayores dependientes en sus casas, quitando presión a las mujeres. En segundo lugar, hay que lograr un pacto laboral en las empresas para mejorar el acceso laboral de las mujeres y reducir las diferencias laborales y salariales en los convenios. Y en tercer lugar, todas las políticas públicas deben fijarse como objetivo reducir las discriminaciones de las mujeres, desde la educación al empleo, el desempleo, las ayudas sociales y la jubilación.

Al final, cada año pasa lo mismo con el 8-M: se habla mucho de la discriminación de la mujer y se hacen manifestaciones de protesta, pero se avanza poco. Y menos cuando la derecha y la ultraderecha ponen en duda esta desigualdad y promueven que a los hombres no les preocupe. Estamos ante uno de los grandes retos de este siglo, junto a la emergencia climática, la demografía o la tecnología. Afrontarlo y resolverlo a medio plazo no debería depender de las posturas políticas porque es un objetivo justo y necesario: lograr que nadie sea discriminado por nacer mujer. Conseguir la igualdad para media España. Ganaríamos todos.

martes, 4 de marzo de 2025

8-M: las mujeres siguen discriminadas

Este sábado se celebra el 8-M, el Día de la Mujer, cuya discriminación olvidamos el resto del año. Este aniversario celebramos que hay más mujeres que nunca (25 millones) y que trabajan más de 10 millones. Pero sigue habiendo más mujeres inactivas, menos trabajando, con peores contratos, empleos y sueldos (la brecha salarial con los hombres se mantiene en -19,6%), más paradas y cobrando menos desempleo, con pensiones más bajas y más mujeres dependientes sin ayudas… Demasiadas discriminaciones que apenas mejoran. Y que tienen tres orígenes: los cuidados (las mujeres tienen que cuidar a hijos y padres), el desigual acceso al trabajo y a los mejores empleos y las interrupciones en la carrera laboral que recortan sus pensiones. Y sobre todo, porque los hombres “ayudamos” en casa pero no “compartimos tareas” para que puedan trabajar más y mejor. Es hora de mejorar la atención a la Dependencia, aumentar guarderías y mejorar la contratación y los convenios para las mujeres. Acabar con la discriminación de media España.

                            Enrique Ortega

Curiosamente, el número de mujeres ha aumentado en España este siglo mucho más que los hombres. Así, el 1 de enero de 2025 se superaron los 25 millones de mujeres censadas (25.009.634), casi 1 millón más que hombres (24.068.350 habitantes), según el INE. Es la mayor distancia entre mujeres y hombres en este siglo (+817.504 en el año 2.000 y +485.970 en 2008). Y de los 8,6 millones de habitantes más que hay en España (49,07 millones frente a 40,47 millones en el 2000), las mujeres han aumentado en +4.365.791 personas este siglo, más que los hombres (+4.242.011). Ha crecido el número de mujeres nacidas en España (+1,84 millones desde 2002), pero sobre todo han crecido las mujeres inmigrantes (+2,2 millones), que ya eran 3.390.951 en enero de 2025. Así que viven en nuestro país más mujeres que nunca (25 millones) y el 13,5% son mujeres nacidas fuera de España (en 2002, las extranjeras eran sólo el 5,5% de las mujeres).

Más mujeres que hombres y también más mujeres en edad de trabajar (más de 16 años): 21.487.600 mujeres frente a 20.322.500 hombres. Pero a partir de ahí, empiezan las discriminaciones a la mujer. La primera, que hay más mujeres inactivas, que ni trabajan ni buscan trabajo, que “tiran la toalla” aunque están en edad laboral, básicamente porque se dedican a “las tareas de casa”, a cuidar a los hijos (y maridos) o a padres y adolescentes dependientes (el 75% de los “cuidadores” son mujeres). A finales de 2024, había 9.973.700 mujeres inactivas frente a 7.383.000 hombres. A lo claro: hay 1.900.000  mujeres que han "renunciado" de entrada a trabajar.

A causa de esta 1ª discriminación, la tasa de actividad de las mujeres (trabajan o buscan trabajo entre 16 y 64 años) es del 71,38%, frente al 77,91% en los hombres. Una tasa mucho menor a la de las mujeres europeas: allí son “activas” el 70,2% de las mujeres de 20 a 64 años, frente al 65,7% en España, el 77,2%% en Alemania, el 71,7% en Francia y el 56,5% en Italia (otro país con pocas mujeres “activas”), según Eurostat. Desde la pandemia y tras la crisis de la energía y la alta inflación, hay en España más mujeres “activas” (+669.800 que en 2019), pero todavía sigue habiendo menos mujeres “activas” que hombres (11,4 millones frente a 12,77), aunque sean más población.

La 2ª gran discriminación es que hay menos mujeres con empleo. No sólo hay menos mujeres “activas” que lo buscan, sino que las mujeres tardan más en encontrar trabajo y lo encuentran peor que los hombres, a pesar de que están más formadas, según las estadísticas educativas. Así, a finales de 2024 había 10.151.200 mujeres ocupadas, frente a 11.706.600 hombres ocupados, según la EPA. Son más mujeres que nunca trabajando en España (había 5,8 millones de mujeres trabajando en el año 2000, frente a 9,9 millones de hombres), pero sigue habiendo más hombres con trabajo (+1,55 millones), aunque hay más mujeres. Y otra vez, la tasa de empleo femenino en España (70,5% de las que tienen entre 20 y 64 años) es inferior a la de las mujeres europeas (75,3% trabajan).

Además, las mujeres han conseguido llevarse más nuevos empleos que los hombres tras la pandemia: trabajan ahora 992.900 mujeres más que en 2019, frente a 898.000 hombres más. Eso sí, la mayor parte de estos empleos “ganados” por las mujeres han sido para las mayores de 50 años (+642.200 empleos), ya que las de menos edad apenas han ganado empleo (+64.000 para las mujeres entre 16 y 40 años) y lo han perdido las mujeres de 40 a 50 años (-7.200 empleos). Así que las que consiguieron trabajo son mujeres mayores, que dejaron de trabajar en su momento y han vuelto, sobre todo en los servicios (empleo doméstico y cuidados, hostelería, comercio y trabajos eventuales, muchas inmigrantes).

Con todo, las mujeres copan menos del 50% de los empleos en 73 de los 100 sectores económicos. Y aquí tropezamos con la 3ª gran discriminación laboral de las mujeres: trabajan en sectores más precarios y peor pagados, con contratos de menos calidad, peores puestos y categorías. Empezando por el tipo de contrato, las mujeres copan los contratos a tiempo parcial: de 3.059.000 asalariados a tiempo parcial (menos jornada o menos días), 2.252.600 son mujeres (el 73,6%), según la última EPA. Y si trabajan menos horas o días que los hombres no es porque quieran: la mayoría de las mujeres dicen que es porque no encuentran otro trabajo a tiempo completo. Y 357.000 mujeres trabajan a tiempo parcial para cuidar a un familiar (11 veces más que los hombres: sólo 33.000 lo hacen).

Las mujeres tienen también más contratos “temporales” que los hombres: de los 2.876.700 asalariados con contrato temporal (diciembre 2024), 1.609.800 son mujeres (el 17,90% de las que trabajan, frente al 13,20% de los hombres).

Además, el 44% de las mujeres trabaja en 7 sectores económicos que son los que tienen los sueldos más bajos. Y de las 10 actividades con nóminas más bajas, en 7 hay más mujeres que hombres trabajando: servicio doméstico, hostelería, sanidad, cuidados, actividades auxiliares, actividades artísticas y recreativas y comercio, según este estudio de CCOO. Pero también, hay muchas más mujeres trabajando en las categorías laborales más bajas y en empleos menos cualificados, ocupando menos puestos directivos, donde se frena la promoción a mujeres: sólo el 34,5% ocupan puestos de gerentes y directivos.

Esta mayor precariedad en los empleos de las mujeres conduce a la 4ª gran discriminación laboral: tienen peores sueldos que los hombres. El sueldo medio bruto de los hombres es de 29.615 euros frente a 24.758 euros las mujeres, según la EPA (Decil de Salarios 2023). Eso supone una “brecha salarial” para las mujeres del -19,6% (lo que tendría que subir su sueldo para igualarse a los hombres). Una brecha que se ha estancado: era del -19% en 2022, aunque mejora respecto a 2019 (-22,6%), 2014 (-31,4%) y 2008 (-30%), según CCOO. Y una brecha salarial que es menor en España que en el resto de Europa, según Eurostat: era del -8,7% en 2022 (diferencia por sexo en el salario hora), frente al -17,7% en Alemania, -13,9% en Francia y -4,3% de diferencia salarial en Italia.

Esta brecha salarial” del -19,6% en España, según el INE, es mayor en 6 sectores de actividad, algunos con mucho peso del empleo femenino: actividades administrativas (-36% de diferencia salarial las mujeres), actividades profesionales, científicas y técnicas (-35%), sanidad y servicios sociales (-31%), comercio (-31%), inmobiliarias (30%) y finanzas (-28%). Los estudios revelan que la principal causa de esta “brecha salarial” entre mujeres y hombres es el alto porcentaje de empleo femenino a tiempo parcial, que explica el 64% de la brecha, según CCOO. Y otro factor clave son los “complementos salariales”, la parte que se cobra junto al sueldo base: las mujeres apenas cobran “pluses” por nocturnidad, penosidad, esfuerzo físico o disponibilidad horaria, que pesan mucho en las nóminas de los hombres. Además, las mujeres cobran también menos por “antigüedad”, porque muchas han interrumpido sus carreras laborales para cuidar hijos y padres.

Y pasamos a otra discriminación de las mujeres, la 5ª: hay más mujeres en paro que hombres. A finales de 2024 había en España 2.595.500 parados EPA , de los que 1.362.600 eran mujeres paradas y 1.232.900 hombres desempleados. La tasa de paro femenina es más alta (11,83%) que la masculina (9,53%) y también mucho más alta que la tasa de paro de las mujeres europeas (6,2%). Eso sí, tras la pandemia, el paro femenino se ha reducido algo más (-296.200 desde 2019) que el masculino (-273.200), aunque esta bajada se ha dado sobre todo entre mujeres de 25 a 54 años, mientras subió el paro femenino entre las más jóvenes (+11.000) y entre las mujeres mayores de 55 años (+13.400 paradas que en 2019), porque intentan ahora recolocarse y ayudar económicamente en casa.

No sólo es que haya más mujeres paradas que hombres, es que además cobran menos desempleo, la 6ª discriminación, porque han cotizado menos años y por sueldos más bajos. Así, aunque hay más mujeres paradas que hombres, en noviembre de 2024 (último dato de Trabajo) había 451.041 paradas cobrando una prestación contributiva y 430.615 parados hombres. Y estas paradas cobraban una media de desempleo de 941 euros al mes, frente a los 1.076,4 euros que cobraban los parados hombres. Una “brecha” en el desempleo del -14,20%, que es mucho mayor en las paradas de más edad (-18,47% de brecha en las paradas de 50 a 54 años, -23,18% las desempleadas de 55 a 59 años y -24,11% de brecha en el desempleo para las paradas de 60 y más años). Sólo cobran el mismo subsidio (463,21 euros mensuales) que los hombres el millón largo de mujeres (1.006.862 paradas) que cobran el subsidio asistencial (frente a 795.591 hombres).

Y tras una vida con menos actividad, menos y peores empleos, las mujeres se jubilan con peores pensiones, la 7ª discriminación. Por un lado, la pensión media de los hombres es de 1.564,53 euros, frente a 1.071,76 euros las mujeres, según los datos de la Seguridad Social al 1 de enero de 2025. Una “brecha” de pensiones del -45,97%. Y si miramos la diferencia de pensiones de jubilación (las cobran 3,84 millones de hombres y 2,71 millones de mujeres), la brecha es similar, del -43,95%: 1.714,47 euros de jubilación media para los hombres, frente a 1.190,95 euros la jubilación de las mujeres. Sólo cobran más pensión las viudas (por sus maridos) que los viudos: 960 euros (2,14 millones de mujeres viudas) frente a 639,90 los hombres (sólo las cobran 209.625 viudos).

Queda otra discriminación más, la 8ª: la desigualdad en la Dependencia, debido a que las mujeres viven más años que los hombres (86,20 años de media frente a 80,74) y por tanto tienen más riesgo de necesitar ayuda y ser dependientes al final de su vida. De hecho, casi 2 de cada 3 dependientes con más de 80 años son mujeres (el 61,06% en 2024). Y por eso sufren más que los hombres el problema de los retrasos en las ayudas (142.446 dependientes a finales de 2024) y en el reconocimiento de la dependencia (otros 127.879 están pendientes de valoración), según el balance de los Directores de Servicios Sociales. Y estos retrasos provocan que 94 dependientes mueran cada día sin recibir la ayuda solicitada o a la que tienen derecho, 57 de ellas mujeres dependientes.

Por si fueran pocas estas discriminaciones, las mujeres sufren otra discriminación más, la 9ª de la lista, la que sufren en su propia casa, porque cargan con la mayor parte de las tareas del hogar y de los cuidados de niños y padres, complicando más su vida laboral. De hecho, el 45,86% de las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas del hogar, algo que sólo hacen el 14,92% de los hombres. Y otro 34,96% de mujeres realizan una parte importante de las tareas, aunque compartida. Esto significa que el 80,82% de las mujeres cargan con las tareas del hogar, frente al 48,61% de los hombres. Y un 51,37% de los hombres (unos 12 millones) confiesan que “hacen poco o nada”, según la última Encuesta del INE (2021). Además, el 40,2% de las mujeres se ocupan “mayoritariamente” de los niños, frente al 4,8% de los hombres. Y un 48,3% de cuidar a los mayores (frente al 20,5% los hombres).

En resumen, que trabajan más mujeres que nunca, pero siguen con la discriminación de trabajar menos, con empleos más precarios y peor pagados, con más paro y peor desempleo y pensiones, con más años de vida y un mayor riesgo de ser dependientes. Y con poca ayuda en casa de los hombres, que “ayudan” pero no comparten tareas y cuidados.

Cara al futuro, hay tres medidas claves para reducir las discriminaciones de las mujeres. Una, mejorar la atención a la Dependencia, para que los ancianos y jóvenes dependientes tengan más ayudas públicas (a domicilio y en centros de día y residencias) y no supongan “una carga” para las mujeres, a costa de su vida laboral. La segunda, una mayor atención a la infancia, desde el aumento de guarderías públicas asequibles a las ayudas por hijo, fomentando la conciliación entre la vida laboral y familiar, con más tareas compartidas por los hombres. Y la tercera, un Pacto social entre patronal y sindicatos, para reducir las desigualdades en las empresas y los convenios, desde el acceso al primer empleo a la igualdad en la contratación y en la promoción, buscando reducir la brecha salarial con mayores subidas de los sueldos más bajos (que suelen ser los de las mujeres).

Al final, cada año pasa lo mismo con el 8-M: se habla mucho de la discriminación de la mujer, se hacen manifestaciones de protesta, pero se avanza poco para conseguir una igualdad que, a este paso, tardará décadas en conseguirse. Avanzar en la igualdad de la mujer requiere pactar medidas concretas, en el Parlamento, en los convenios y en las familias, al margen de posiciones políticas y enfrentamientos de género. Estamos ante uno de los grandes retos de este siglo, como la crisis climática, la digitalización o la tecnología: lograr que alguien no sea discriminado por nacer mujer. Conseguir la igualdad para media España. Ganaríamos todos.

domingo, 5 de marzo de 2023

8-M: las mujeres, algo mejor (poco)

Llega el 8-M, uno de los pocos días que hablamos de la discriminación de las mujeres. Este año, el balance es algo más positivo: hay más mujeres trabajando que antes de la pandemia y 908.700 ocupadas más que en 2007, casi 9,5 millones en total, un récord histórico. Y 300.000 paradas menos que hace 15 años. Además, la reforma laboral ha reducido las mujeres con trabajo parcial o temporal. Y la subida del salario mínimo desde 2018 ha recortado su brecha salarial. Pero su situación sigue siendo preocupante: trabajan 1,5 millones mujeres menos que hombres, en peores puestos y con peores ingresos: ganan un 20,9% menos, cobran un 17% menos de paro y un 46% menos de jubilación. Y siguen ocupándose mayoritariamente de las tareas de casa, de los hijos y padres. Así que su mejora es lenta y a este ritmo, la igualdad tardará más de un siglo. Urge un Pacto por la igualdad, desde la escuela al trabajo y los hogares, para mejorar la situación de medio país. Tomémoslo en serio.

Enrique Ortega

En España hay algo más de 40 millones de personas en edad de trabajar (con 16 años y más). Y más de la mitad son mujeres (20.652.700), más que hombres (19.483.800). A partir de aquí, se rompe la igualdad. La primera discriminación llega en el paso siguiente, al pensar en ponerse a trabajar o no: las mujeres son menos “activas”, se lanzan menos a buscar trabajo, unas porque se casan y se dedican a las tareas del hogar y otras porque tienen que cuidar a sus hijos o a sus padres. La cifra es esclarecedora: de los 40,16 millones de españoles en edad de trabajar, 16,64 millones son “inactivos” (ni trabajan ni buscan trabajo) y más de la mitad de estos “inactivos” son mujeres (9.543.500 en 2022), según la EPA. Así que ya se ha roto la igualdad de partida y hay 2,4 millones de mujeres “inactivas” más que hombres. De hecho, la tasa de actividad de las mujeres españolas es sólo del 53,79% (61% las mujeres europeas) frente al 63,50% los hombres.

Sin embargo, en esta desigualdad de partida, la menor “actividad”, se ha dado un avance en los últimos 15 años: ahora hay 11.109.200 mujeres “activas” en España, trabajando o buscando trabajo (el 53,79% de las mayores de 16 años), frente a 9.572.100 mujeres activas en 2007 (menos de la mitad, el 49,61%). Son 1.537.100 mujeres más “buscándose la vida”, que se han visto obligadas a buscar trabajo (y atender a la vez la casa, los niños y padres o discapacitados) para ayudar a su familia tras la crisis financiera, primero, y la pandemia y la inflación después. Pero aún hay muchas más inactivas que hombres.

La segunda discriminación de partida es que las mujeres que buscan trabajo consiguen menos empleos que los hombres. Los datos educativos indican que están más formadas que los hombres, pero hay una discriminación efectiva en el acceso al primer empleo, les cuesta más a las chicas que a los chicos. Así, entre 16 y 19 años, trabajan hoy 65.000 mujeres frente a 88.400 hombres. Entre 20 y 24 años, 438.700 chicas frente a 529.900 chicos. Y entre 25 y 29 años, 829.000 mujeres frente a 924.000 hombres. Esta discriminación se continúa después, en cascada, en el resto de edades, lo que produce la mayor discriminación para las mujeres, peor que la de sus salarios: en España trabajan hoy 9.486.200 mujeres frente a 10.977.700 hombres. Hay más mujeres en edad de trabajar, pero hay 1.491.500 mujeres ocupadas menos que hombres. La tasa de empleo de las mujeres es del 60,5% (65,2% en la UE y 73,5% en Alemania), frente al 70,3% los hombres.

Pero aquí, con ser datos preocupantes, también ha habido un gran avance en los últimos 15 años. Por un lado, hay más mujeres trabajando (9.486.200) que antes de la pandemia (9.158.300) y las mujeres se han llevado más empleos de los creados desde 2019 que los hombres (+327.900 frente a +169.100). Y por otro, se ha dado un salto de gigante en el empleo femenino respecto a 2007: hoy trabajan 908.700 mujeres más que antes de la crisis financiera (9.486.200 frente a 8.577.500), una cifra de mujeres ocupadas que nunca se había alcanzado en España, según la EPA. Y en contrapartida, hoy trabajan 1.198.200 hombres menos que en 2007 (10.977.700 frente a 12.175.900). Pero no olvidemos que todavía, hay casi 1,5 millones de mujeres menos trabajando que hombres.

La tercera discriminación de partida que sufren las mujeres es que tienen peores contratos, ocupaciones y categorías que los hombres, lo que se traduce en peores sueldos, según se detalla en este estudio de CCOO. Respecto a los contratos, se les imponen más dos tipos de contratos precarios y mal pagados: los contratos a tiempo parcial (por horas o días) y los contratos temporales. Veámoslo. Del total de ocupados a tiempo parcial, 2.781.700 a finales de 2022, el 73,5% son mujeres (2.045.600). Y la mayoría reconocen que tienen este contrato “porque no encuentran otro a jornada completa” (el 51,7%) o porque es el único que les permite cuidar a hijos y padres (lo argumentan el 16,2% de las mujeres y el 2,7% de los hombres). Consecuencia: ganan menos, porque el salario de estos contratos a tiempo parcial  es el 40,3% del salario a jornada completa (11.642 euros frente a 28.881), según el INE.

Las mujeres tienen también más contratos temporales que los hombres: a finales de 2022 eran temporales el 20,55% de los contratos de las mujeres (1.724.300) y el 15,47% de los hombres (1.390.400), según el INE. Y en el sector público, la discriminación es mayor, según CSIF: hay el doble de mujeres con contrato temporal (712.000) que hombres (352.000). Y esto lleva acaparado, además de más precariedad, peores sueldos para las mujeres: un trabajador con contrato temporal gana el 72,2% que uno con contrato indefinido (19.228 euros de media frente a 26.623 euros), según el INE.

Aquí también, las mujeres han avanzado en el último año, gracias a la aprobación de la reforma laboral, que ha reducido los contratos a tiempo parcial y temporales. Así, los contratos a tiempo parcial de las mujeres se han reducido en -25.000 en 2022 (y  crecieron +68.700 en los hombres) y aumentaron en +157.000 sus contratos a tiempo completo (sólo aumentaron +78.100 en los hombres), según el INE. Y los contratos temporales se han reducido drásticamente el año pasado (de 2.290.500 a 1.724.300): cayeron del 27,77 al 20,55% del total de contratos de las mujeres (y del 23,12 al 15,47% en los hombres). Pero no olvidemos que, a pesar de esta mejora, las mujeres tienen más contratos precarios.

Otra discriminación laboral de las mujeres, además de tener peores contratos, es que trabajan más en las actividades peor pagadas. Así, trabajan más mujeres (el 41% de las mujeres y el 32% de los hombres) en los 7 sectores que tienen un salario inferior a la media, según el informe de CCOO: empleo doméstico, hostelería, agricultura, cuidados, servicios administrativos y auxiliares, actividades artísticas y recreativas y comercio. Y además, las mujeres se concentran en las ocupaciones no cualificadas y peor pagadas: técnicos y profesionales salud y enseñanza (70% mujeres y un 10% menos de sueldo), oficinas y atención al público (72% mujeres y -12% sueldo), trabajadores de los servicios de salud y cuidados (80% mujeres y -36% ingresos), restauración y comercio (62% mujeres y -21% sueldo medio) y trabajadores no cualificados de los servicios (82% mujeres y -40% de sueldo).

Otra discriminación laboral es que las mujeres acceden menos a los puestos directivos y a responsabilidades de dirección: España tiene sólo un 6% de mujeres en puestos de dirección general, sólo un 17% de mujeres entre los directivos que reportan al CEO (primer cargo ejecutivo) y un 33% de los consejeros de las empresas, según el estudio “Woman matter España: tramos pendientes”, de la consultora McKinsey. Y la presencia de mujeres sólo alcanzan el 16,5% de los Comités de Dirección, el 37,4% de los consejeros de las empresas del IBEX-35, donde sólo hay 4 presididas por mujeres. Y si se analizan 119 grandes empresas, sólo 13 cuentan con alguna mujer en sus órganos de gestión, según el IESE.

Todas estas discriminaciones de la mujer en el trabajo, desde el tipo de contrato al sector donde trabajan, su cualificación o su categoría y responsabilidad se traducen en la discriminación más conocida (aunque no sea la peor): la discriminación salarial. En 2021, la “brecha salarial, lo que debería subir el sueldo de las mujeres para igualarse al de los hombres, fue del 20,9% (ganaron de media 22.601 euros brutos frente a 27.322 los hombres), según el cálculo de CCOO a partir de la EPA. Una “brecha” salarial peor que la de 2020 (19,3%), pero que ha bajado sensiblemente desde 2018 (26,5% de “brecha”), gracias sobre todo a la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), que aumentó un 47% estos 5 años (de 735 a 1.080 euros), lo que ha beneficiado más a las mujeres (que son un 55% de los 2,5 millones de trabajadores que cobran el SMI).

Con todo, la “brecha salarial” entre mujeres y hombres sigue siendo muy elevada. La culpa de un 40% de esta brecha se debe a que las mujeres copan los contratos a tiempo parcial (73,5% del total), según el análisis de CCOO. Otro factor clave son los complementos salariales (por puesto directivo, peligrosidad, nocturnidad, disponibilidad horaria, antigüedad…), que suponen el 39,4% del salario final de los trabajadores y que tienen mucho más peso en las nóminas de los hombres que en las de las mujeres. Y el tercer factor clave para explicar la brecha salarial, según CCOO, es la maternidad, que lastra el salario de las mujeres” y también su empleo. Así, la tasa de empleo (entre 25 y 34 años) está más próxima entre hombres (83,7%) y mujeres sin hijos (71,9%), pero empieza a caer cuando las mujeres tienen un hijo (al 68,9% de empleo, mientras en los hombres sube al 88,6%: ojo, ellos trabajan más con 1 hijo) y se desploma con 3 hijos (64,6% de empleo en las mujeres y el 90% en los hombres). Y tras el primer hijo, el salario de las mujeres cae un 11%, llegando a perder a medio plazo hasta el 28% de su sueldo inicial.

La brecha salarial de las mujeres (-20,9% de sueldo) aumenta si trabajan en una serie de sectores "malpagados", que además son los más feminizados, con más porcentaje de mujeres: administrativas y servicios auxiliares (-44% de brecha salarial y 56% trabajadoras son mujeres), cuidados (-43% de brecha y 68% mujeres), actividades profesionales científicas y técnicas (-42% sueldo sobre hombres y 57% mujeres), inmobiliarias (-42% brecha y 61% mujeres), finanzas y seguros (-37% brecha y 55% mujeres), sanidad y servicios sociales (-27% brecha y 78% mujeres) y comercio (-35% brecha y 52% mujeres), según el informe de CCOO.

Esta no es la única brecha de ingresos que sufren las mujeres. Si se quedan en paro (había 1.740.085 mujeres paradas inscritas en las oficinas de empleo en febrero de 2023, frente a 1.168.312 hombres), también cobran menos que los hombres, generalmente porque muchas de ellas han cotizado por desempleo menos tiempo o con interrupciones (por la maternidad y los cuidados). Así, la media que cobraron las mujeres en paro que recibieron un subsidio contributivo  (395.816, una minoría, porque la mayoría reciben un subsidio asistencial) fue de 823,50 euros, una “brecha” del -17,23% sobre lo que cobraron los parados hombres (965,4 euros de media). Y esta brecha es mayor del 20% para las mujeres paradas con más de 50 años (alcanza el 29,72% de diferencia entre las mayores de 60 años), según datos del SEPE.

Al final de su vida laboral, cuando se jubilan, las mujeres se encuentran con otra brecha mayor: cobran de media un 48,94% menos de pensión (966,40 euros frente a 1.439,42 euros), según los datos de pensiones de la SS a 1 de febrero. Y en el caso de la pensión de jubilación, la brecha de las mujeres es del -46,84% sobre lo que cobran los jubilados hombres (1.071,45 euros frente a 1.573,56 euros). Esto se debe a que las mujeres cobran normalmente menos sueldos y tienen más interrupciones en sus cotizaciones, por la maternidad y los cuidados a padres y discapacitados (que básicamente hacen ellas). Eso explica también que las mujeres reciban un menor número de pensiones de jubilación: 2.555.661 pensiones de jubilación de mujeres frente a 3.772.863 de hombres, según la SS.

Y después de jubilarse, las mujeres viven más años que los hombres (su esperanza de vida es de 85,8 años, frente a 80,2 los hombres), con lo que tienen más riesgos de necesitar ayuda y convertirse en dependientes al final de su vida. De hecho, 2 de cada 3 dependientes con más de 80 años son mujeres. Y por eso, sufren más los problemas de faltas de residencias y atención especializada y las “listas de espera” (dependientes con derecho reconocido que esperan atención), que afectan a 179.380 dependientes. Y eso provoca que sean mujeres 44 de los 70 dependientes mayores que mueren cada día sin que les llegue la ayuda de la dependencia que tienen reconocida.

Por si fueran pocas todas estas discriminaciones, la mujer sufre también otra discriminación en su propia casa, porque carga con la mayor parte de las tareas del hogar y de los cuidados de hijos y padres, lo que además complica su trayectoria laboral. Los datos son evidentes: el 49,7% de las mujeres que viven en pareja se ocupan de la mayor parte de las tareas domésticas, frente a sólo el 4,3% de los hombres, según la Encuesta ECEPOV del INE (diciembre 2022). Y si se suman las que hacen una parte importante de las tareas, resulta que el 95,1% de las mujeres asumen la totalidad o buena parte de las tareas domésticas, frente a sólo el 50% de los hombres. Un 40,2% de las mujeres se ocupan mayoritariamente del cuidado de los niños, frente al 4,8% de los hombres. Y un 48,3% se encargan mayoritariamente del cuidado de los mayores, frente al 20,5% de los hombres.

En los últimos dos años, se aprobaron dos Decretos-Leyes para conocer la discriminación salarial de las mujeres (es obligatorio que las empresas lleven un registro) y para implantar Planes de igualdad en empresas de más de 50 trabajadores (obligatorios desde el 8 de marzo de 2022). Así que ahora, sindicatos y empresas conocen  mejor la situación, Pero falta que aprueben medidas en los convenios para reducir la discriminación laboral y salarial, donde se ha avanzado poco, junto a más incentivos al empleo femenino. Y en paralelo, hay que actuar en otros frentes: en la educación (para extender la educación pública de 0 a 3 años), en la Universidad (para promover que las mujeres estudien más carreras técnicas y FP), en las empresas y organismos públicos (para promover el acceso de mujeres y su promoción interna, además de medidas de conciliación laboral y racionalización de horarios) y en los hogares, para que los hombres se repartan de verdad  las tareas y el cuidado de niños y mayores. 

Con la desigualdad entre hombres y mujeres pasa lo mismo que con el Cambio Climático: si se avanza poco a poco, poniendo parches, la solución no llegará este siglo: al ritmo actual, la igualdad de las mujeres tardaría 135 años, según el Foro de Davos. Urge acelerar las medidas económicas, laborales, educativas y sociales, como uno de nuestros grandes retos en las próximas décadas, al margen de las ideologías. Media España exige igualdad.

lunes, 7 de marzo de 2022

8-M: las mujeres mejoran poco

Mañana, 8 de marzo, es uno de los pocos días que hablamos de la discriminación de las mujeres. Y mejora poco: han conseguido más empleos que los hombres, tras 2 años de pandemia, en la sanidad, educación y los cuidados. Pero el paro femenino aumentó. Y sigue la peor “brecha”: hay 1.476.720 mujeres menos trabajando que hombres. Además, sus contratos son más precarios, trabajan más en sectores peor pagados, tienen peores puestos y cobran menos complementos. Resultado: ganan un 19,5% menos que los hombres. También cobran menos paro (-14%) y menos jubilación (-32,76%). La esperanza es que su situación mejore ahora con los planes de igualdad en las empresas (obligatorios desde mañana), la subida del salario mínimo (afecta más a las mujeres) y la reforma laboral, que mejorará sus contratos y sueldos (subcontratas). Pero urge avanzar más en la igualdad de las mujeres en casa, los cuidados, la educación y las empresas. Si no, a este ritmo, tardarán un siglo en ser iguales.

Enrique Ortega

Lo más preocupante de la discriminación laboral entre hombres y mujeres no es la brecha salarial, que ganen un 19,5% menos, sino que trabajen mucho menos que los hombres, lo que limita su vida y su futuro. En principio, hay más mujeres que hombres (20.414.400 mujeres adultas, con más de 16 años, frente a 19.292.600 hombres), pero trabajan muchas menos: 9.354.100 mujeres ocupadas frente a 10.830.700 hombres, a finales de 2021, según la EPA. Esta es la gran brecha de género: 1.476.800 mujeres menos trabajando que los hombres. Y eso se debe a que muchas mujeres son “inactivas”: ni trabajan ni buscan trabajo, unas porque creen que no lo van a encontrar y otras porque tienen que cuidar de hijos y padres. Eso explica que haya 9.404.700 mujeres adultas inactivas en España, frente a sólo 7.013.500 hombres inactivos. Y luego, entre las mujeres que sí buscan trabajo, hay más mujeres paradas que hombres: 1.656.600 paradas frente a 1.448.200 hombres parados a finales de 2021, según la EPA.

Son cifras (oficiales) muy explícitas. Otra forma de verlo es en porcentaje. De cada 100 adultos, si son hombres, trabajan 56,14 y si son mujeres, menos de la mitad, 45,82%. Y de las personas activas (que trabajan o buscan trabajo), el 11,79% de los hombres están en paro mientras están sin trabajo el 15,04% de las mujeres activas. Esto es fruto de la mayor dificultad de las mujeres para acceder a un empleo (aunque ahora están más “preparadas” que los hombres) y a que muchas interrumpen su vida laboral para atender a su familia.

En los dos últimos años, con la pandemia, el balance laboral para las mujeres es desigual. Por un lado, trabajan ahora más mujeres que en 2019: el empleo femenino ha aumentado en +195.800 personas, una mejoría mucho mayor que la de los hombres (+22.300 empleos), según la EPA de diciembre de 2021. La mayor parte del nuevo empleo de las mujeres se ha dado en los servicios (+463.000 empleos femeninos frente a +241.500 empleos masculinos), debido sobre todo a la contratación de mujeres durante la pandemia en la sanidad, la educación, los cuidados y servicios sociales, además del comercio y la hostelería. Pero ha crecido muy poco en el campo (+24.100 empleos femeninos frente a +33.900 masculinos) y la construcción (+31.200 empleos femeninos y -25.600 masculinos), mientras caía el empleo femenino en la industria (-39.700 mujeres ocupadas y +111.300 hombres).

Un dato revelador es que el empleo femenino apenas ha crecido entre las mujeres jóvenes (+23.600 ocupadas entre 16 y 34 años), ha bajado en edades medias (-61.200 empleos entre mujeres de 35 a 44 años) y ha crecido sobre todo entre mujeres mayores de 45 años: +64.100 empleos entre 45 y 49 años, +32.300 entre 50 y 54 años y +184.900 empleos en las mujeres de más de 55 años, las que han salido mejor paradas de la pandemia, quizás porque la necesidad les ha impulsado a trabajar en empleos temporales del sector servicios, sanidad, educación, cuidados, limpieza y subcontratas, muchos precarios y mal pagados.

Al hacer balance del paro durante estos 2 años de pandemia, las mujeres salen peor paradas: el desempleo total ha bajado en -88.100 parados, de los que -57.800 son hombres y -30.200 son mujeres. Eso sucede porque, aunque las mujeres han conseguido más empleos que los hombres, también han aumentado las mujeres “activas”, las que han dejado de “estar en casa” y se han lanzado a buscar trabajo: hay 165.600 mujeres “activas más que en 2019 y por eso crece el paro femenino. Y aquí sucede al contrario que con el empleo: en las mujeres mayores hay más paro (+54.100 paradas más entre las mayores de 55 años que en 2019), porque son las que más han salido a buscar trabajo, como entre las mujeres más jóvenes (+3.300 paradas entre 16 y 19 años), bajando sólo el paro entre las mujeres de 20 a 24 años (-10.700 paradas) y, sobre todo, entre las de 25 a 54 años (-76.900 paradas).

Visto lo que ha pasado con el empleo y el paro de las mujeres, entre 2019 y 2021, veamos qué ha pasado con sus sueldos. La “brecha salarial”, la diferencia entre lo que ganan las mujeres y los hombres ha mejorado ligeramente, del -21,42% en 2018 al -19,5% en 2019, el último dato salarial publicado por el INE: 21.682 euros de sueldo bruto las mujeres frente a 26.934 los hombres (-5.252 euros de diferencia). La mayor brecha salarial se da en las mujeres mayores de 45 años, especialmente entre las mujeres de 55 a 59 años (-22,01 de diferencia salarial) y las mayores de 65 años (-33,93% de brecha salarial). La diferencia salarial mayor se da en Aragón (-30%) y Navarra (-29%) y la menor en Baleares (-13%) y Canarias (-15%). En todas las autonomías ha bajado, salvo en Extremadura, donde empeora la brecha salarial.

La culpa de esta “brecha salarial” está en la “brecha laboral” entre hombres y mujeres, según detalla este informe de CCOO. Empezando por el acceso al trabajo, donde las mujeres tardan más en conseguir un empleo y muchas lo retrasan por cuidar a sus hijos y familiares. Y sigue después, en el tipo de contratos que las mujeres consiguen: el 25% de las mujeres tienen un trabajo a tiempo parcial frente al 7% de los hombres. A finales de 2021, el 75% de todos los que trabajaban en España a tiempo parcial eran mujeres (2.738.000 ocupadas). Y como en estos contratos a media jornada (o menos)se cobra mucho menos (un 40% menos, según el INE), eso explica el 53% de toda la brecha salarial de las mujeres, según CCOO. Y si las mujeres trabajan menos horas y ganan menos no es porque quieran, en muchos casos: un 49% dicen que es porque no han encontrado otro empleo, un 14% porque necesitan cuidar niños o discapacitados y un 8% más para atender obligaciones familiares.

Otro factor que explica la brecha salarial de las mujeres es que tienen más contratos temporales (donde se gana un 33% menos, según el INE): un 27% de todos los contratos de las mujeres son temporales, frente a un 25% los hombres. Y no sólo tienen contratos precarios en las empresas, también en la Administración pública: en diciembre de 2021, había 754.400 mujeres con contrato temporal (149.400 más que en 2019) frente a 321.800 hombres (+21.500), según un informe de CSIF.

Otra causa de la brecha salarial es que las mujeres trabajan más en sectores donde se gana menos, donde hay más diferencias de sueldo por género: en las actividades administrativas  y servicios auxiliares (30,68% de brecha salarial), los servicios (30,21%), la sanidad y servicios sociales (26,86%), las actividades profesionales, científicas y técnicas (29,66%), las inmobiliarias (29,39%) y el comercio (25,81% de brecha salarial). Además, las mujeres trabajan más en puestos menos cualificados, con menos ascensos y promociones, lo que rebaja también su sueldo. Y otro factor muy decisivo: las mujeres cobran menos “complementos” salariales (por esfuerzo físico, penosidad, disponibilidad horaria, nocturnidad, puesto directivo…), la mayoría muy “masculinizados y que suponen casi el 40% del salario final de muchos trabajadores. De hecho, CCOO alerta que esta desigualdad en los complementos salariales explica el 39,4% de la brecha salarial de las mujeres.

Y hay todavía dos factores más que penalizan el trabajo y los sueldos de las mujeres. Uno, la maternidad: reduce drásticamente su tasa de empleo (70% de ocupación las mujeres de 16 a 65 años sin hijos y 57% las que tienen tres hijos o más), suele reducir también su jornada, aumenta su petición de excedencia y muchas acaban dejando el empleo. Según un estudio del Banco de España, el primer año de maternidad recorta los ingresos de las mujeres un 11% (los hombres cobran igual) y, a largo plazo, pierden un 28% de sus ingresos. El otro factor que lastra los ingresos de las mujeres son los cuidados de familiares: la pandemia ha elevado a 337.300 las mujeres que reducen su jornada para cuidar a familiares, según el CSIF.

Vistas las desigualdades de las mujeres, las arrastran cuando se quedan en paro: al tener peores contratos y sueldos, las mujeres tienen también un peor subsidio de desempleo. Por un lado, porcentualmente hay menos mujeres que hombres cobrando el paro: si las mujeres son el 58,72% de todos los parados registrados, son solo el 54,27% de todos los que cobran un subsidio, según los datos de Trabajo. Y aunque había 569.610 mujeres más que hombres apuntados al paro en España en febrero 2022 (1.840.647 frente a 1,271.037 hombres), son el 50,76% de todos los que cobran el subsidio contributivo (900 euros de media) y el 54,38% de los que cobran un subsidio asistencial (463 euros mensuales), según los datos del SEPE (2021). Además, a las mujeres se les reconocen menos meses de desempleo (porque han cotizado menos) y cobran menos que los parados hombres: 801 euros en 2021 frente a 931,20 euros, una brecha en el subsidio del 14% (que sube al 17,5% para las paradas de 50 a 54 años y hasta el 21% para las paradas con más de 60 años).

Y vayamos a “otra brecha”, la de las pensiones. Aunque hay más mujeres adultas en España, como trabajan menos, hay menos mujeres pensionistas cobrando una jubilación: 2.472.071 jubiladas frente a 3.746.446 jubilados, con datos a diciembre de 2011 (en total, de los 9.916.966 pensiones, las mujeres reciben 5.181.332 pensiones, más que los hombres, porque hay muchas más viudas que viudos, con pensiones de miseria). Y como han cotizado por salarios más bajos (la “brecha”) y durante menos tiempo (por la maternidad y las interrupciones para los cuidados), reciben pensiones de jubilación más bajas: 924,70 euros de media frente a 1.375,20 euros los hombres, una “brecha” del -32,76% en todos los regímenes, según los datos de la Seguridad Social. Y baja al -28,66 % de diferencia en el Régimen General (1.072 € frente a 1.503,35 €).

Además, las mujeres sufren más años estas menores pensiones, porque su esperanza de vida es mayor: 85,1 años frente a 79,6 años los hombres, según el INE. Con ello, corren más riesgo de necesitar ayuda en su vejez, como lo demuestra que el 63,22% de los solicitantes de ayuda a la dependencia son mujeres. Y por ello, sufren más que los hombres el retraso de las ayudas, al ser mujeres los dos tercios de los 194.369 dependientes que esperan recibir la ayuda que tienen reconocida (un 13,75% de dependientes en “listas de espera”), muchas más en Cataluña (32% dependientes esperando), La Rioja (31%) y Canarias (28%). Y 130 dependientes (82 mujeres) murieron cada día en 2021 esperando esa ayuda que tenían reconocida.

Como se ve, la discriminación de la mujer no es sólo que ganen un 19,5% menos, sino que va desde trabajar menos, tener más paro, peores contratos y puestos a cobrar menos paro o menos pensión y morir sin recibir las ayudas a la dependencia. Y por si fuera poco, la mujer está discriminada en su propia casa. Antes y después de la pandemia, las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas del hogar, como lavar (69%), cocinar (59%) y limpiar (64%), los deberes de los niños (62%) y su cuidado, según datos del INE y CaixaBank Research.

Tras este preocupante panorama, hay que decir que el futuro se presenta mejor para las mujeres. Por un lado, mañana 8 de marzo entra en vigor la obligación de que las empresas de más de 50 trabajadores tengan aprobado un Plan de Igualdad, lo que afectará a más de 30.000 empresas y 8,4 millones de trabajadores (en el último año lo han tenido que aprobarlo las empresas de 50 a 100 trabajadores y las grandes antes). Ese Plan de igualdad se une a otra obligación que tienen todas las empresas, desde el 14 de abril de 2021: tener registros salariales de sus empleados y auditorias retributivas por sexo, lo que será clave para que los sindicatos puedan pactar en las empresas una mayor equiparación salarial.

Otra medida positiva para las mujeres es la subida del salario mínimo (SMI), la última con efectos al 1 de enero (1.000 euros mensuales en 14 pagas), la 5ª subida importante desde los 707,7 euros de 2017. Estas subidas del SMI  benefician más a las mujeres, porque son el 55% de todos los que lo cobran (1.809.000 trabajadores), sobre todo a las mujeres más jóvenes (entre 16 y 34 años) de la agricultura y los servicios, la mayoría en Andalucía, Extremadura y Canarias, según un reciente informe de UGT. Y como el grupo de Trabajo ha propuesto al Gobierno seguir subiendo el salario mínimo, hasta los 1.047 euros en 2023, estos 6 años de subidas deberían reducir la brecha salarial de las mujeres.

Pero la principal esperanza para las mujeres es la reforma laboral recién aprobada, por tres de los cambios que incluye. El primero y fundamental, porque reducirá la temporalidad de los contratos, causa del 53% de la brecha salarial de las mujeres. Lo van a notar más las mujeres que trabajan en los sectores con más temporalidad: servicio doméstico, agricultura, comercio, hostelería y hoteles, servicios, sanidad, servicios sociales y residencias de ancianos. El segundo cambio es que la reforma prohíbe el encadenamiento de contratos temporales, que es mayor en las mujeres (42,7% frente al 38,5% en los contratos de hombres). Y el tercero, el cambio en las subcontratas, con la prevalencia del convenio de sector sobre el de empresa, lo que aumentará el sueldo de muchas mujeres que trabajan en subcontratas de limpieza, administración y servicios auxiliares, telemarketing y ferias.

Tres cambios (Planes de igualdad, subida del salario mínimo y reforma laboral), más la aprobación (febrero 2021) de un complemento para reducir la brecha de género en las pensiones, que deben mejorar la situación de las mujeres. Pero no bastan. Urge actuar en otros frentes: en la educación (con la extensión de la educación pública de 0 a 3 años), la Universidad (con más mujeres en carreras técnicas y FP Superior, que facilitan su empleo), en su acceso y promoción laboral en empresas y la Administración pública, en la racionalización de la jornada laboral y la conciliación familiar, en la economía de los cuidados (para “liberar” a las mujeres) y en el reparto de las tareas de la casa y los hijos, una asignatura pendiente para la mayoría de los hombres. Hacen falta Planes y medidas pro-activas, porque al ritmo actual, la igualdad de las mujeres tardaría 135 años, según el World Economic Forum. Es un reto de todos, al margen de las ideologías. Media España exige igualdad.