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lunes, 22 de enero de 2018

El doble chantaje de los Presupuestos 2018


El Gobierno Rajoy tiene prisa en aprobar los Presupuestos 2018, para dar imagen de estabilidad ante Europa y los mercados, dada la crisis en Cataluña. Por eso, Montoro presiona al PSOE para que los apoye, con dos estrategias. Una, decirles a las autonomías que no recibirán los 4.230 millones extras que les corresponden hasta que no haya Presupuestos. Y la otra, para los sindicatos: no subirán el sueldo a los funcionarios ni convocarán nuevos empleos públicos hasta que se aprueben. Dos “chantajes” inútiles, porque el PSOE ya ha dicho que no apoyará los Presupuestos 2018 y el Gobierno tendrá que negociarlos con PNV y nacionalistas canarios, a cambio de darles más dinero, como en 2017. Todo para que sean otros Presupuestos de ajuste, cuando la economía necesita reanimarse en 2018, porque tenemos en contra las subidas del petróleo, el euro y los tipos. Y encima, quieren bajar impuestos, cuando España recauda 72.000 millones menos que Europa y por eso tenemos déficit y recortes. Intenten pactar “otro” Presupuesto.


enrique ortega

Este 2018 es el segundo año que empieza sin Presupuestos, con la prórroga de los de 2017. Ya el año pasado, las elecciones y el retraso en la formación de Gobierno (se formó el 4 de noviembre de 2016) obligaron a prorrogar el Presupuesto de 2016 y negociar después las cuentas públicas 2017 con el PNV y los nacionalistas canarios, para asegurar una mínima mayoría de 176 votos, que alumbró un Presupuesto tardío, aprobado por el Senado el 26 de junio y que estuvo en vigor sólo medio año. Y ahora, se ha prorrogado para 2018.

El Gobierno Rajoy pretende por todos los medios aprobar cuanto antes un Presupuesto para 2018, porque se lo exige Bruselas y además porque cree que puede ser necesario para dar una imagen de estabilidad y rigor en un momento de incertidumbre económica y política por la crisis en Cataluña. Por eso, el ministro Montoro está volcado en una doble estrategia de presión frente a las autonomías y los sindicatos, con el objetivo de que ambos presionen al PSOE a apoyar los Presupuestos 2018 (o al menos, abstenerse).

La primera presión, ante las autonomías, se ha manifestado bajo la forma de una carta a las autonomías, enviada por Montoro a principios de enero, donde les comunica que el dinero extra que iban a recibir en 2018, por aumento previsto de recaudación, no les llegará hasta que esté aprobado el Presupuesto. Así que las autonomías, que han elaborado sus Presupuestos 2018 contando con estos mayores ingresos, no podrán disponer de ellos hasta que se acuerden las nuevas cuentas públicas. Son en total 4.230 millones extras, que Montoro les había prometido en julio y que ahora les retiene. Las más afectadas son las autonomías más grandes, Andalucía (les retienen 805 millones), Cataluña (779 millones), Madrid (571 millones), Comunidad Valenciana (353 millones), Galicia (321 millones), Castilla y León (279 millones) y Castilla la Mancha (208 millones). Sin embargo, las más afectadas, porque el dinero retenido les supone un mayor porcentaje de su presupuesto, son Cantabria (83 millones, el 5% de su presupuesto), La Rioja (44 millones, el 4,8%), Extremadura (137 millones, el 4,7% de su presupuesto), Galicia y Castilla la Mancha (4,7%).

Las autonomías afectadas, sobre todo las gobernadas por los socialistas, ya han puesto el grito en el cielo por esta retención de fondos de Montoro y hablan de “chantaje” injustificado. Y proponen que el dinero se les vaya entregando a cuenta, haya o no Presupuestos, en los primeros meses de 2018, como estaba previsto. Además, se quejan de que Montoro no quiera abrir la negociación del nuevo sistema de financiación autonómica, para aumentar sus ingresos de forma estable, hasta que se aprueben los Presupuestos 2018.

La otra vía de presión de Montoro al PSOE, para que apoye los Presupuestos 2018, es a través de los sindicatos, a los que reitera que no subirá el sueldo de los funcionarios hasta que se aprueben las cuentas públicas. Eso supone que los 2,5 millones de funcionarios públicos tendrán estos meses sus sueldos congelados, sin beneficiarse de la subida prometida en septiembre: un 1,5% en 2018, más un 0,25/0,50% variable según la marcha de la economía. Eso supone que los funcionarios no cobrarán, de media, unos50 euros más de subida cada mes que no haya Presupuestos (aunque los recuperarán cuando se aprueben). Además, mientras no haya Presupuestos no se podrán convocar nuevas plazas de funcionarios, a pesar de que Montoro se comprometió con los sindicatos a reponer del 50 al 75% de los puestos públicos a cubrir por jubilaciones. Y eso es especialmente importante cuando se han perdido 163.135 empleos públicos entre 2010 y 2017.

La falta de Presupuestos también afecta a otros ámbitos económicos, sobre todo a las pensiones y a las inversiones públicas. Es grave para las pensiones, porque este año 2018 se iba a “descargar” de las cuentas de la Seguridad Social y cargar a los Presupuestos el pago de las bonificaciones a las cotizaciones (tarifa plana de autónomos y empresas), que cuestan 3.700 millones anuales. Y sin ese “alivio”, la Seguridad Social tendrá peor sus cuentas y será más difícil reducir su déficit, que rondó los -18.000 millones en 2017. Además, sin Presupuesto, no se podrán aumentar los necesarios gastos sociales (sanidad, Dependencia, educación) ni las inversiones públicas, que han caído a niveles de hace 50 años. De hecho, todos los Ministerios han recibido una circular de Hacienda por lo que sólo podrán gastar este año el 50% de su Presupuesto mientras no se apruebe el Presupuesto 2018.

A pesar de estas presiones de Montoro, el PSOE ya ha dicho que no apoyará los Presupuestos2018, ni siquiera con su abstención. Y en consecuencia, el Gobierno tendrá que repetir la historia de los Presupuestos 2017, para conseguir por los pelos los 176 votos que necesita: pactar con el PNV (5 votos) y los nacionalistas canarios (2 votos, de Coalición Canaria y Nueva Canarias), para sumarlos a los del PP, Ciudadanos, UPN y Foro Asturias. Eso supondrá pagar un alto precio por esos pocos votos, como pasó en 2017. El PNV obtuvo a cambio la renovación de la Ley del Cupo por 4 años más (les aporta 4.745 millones extras al año, según Fedea), inversiones en infraestructuras (la Y vasca del ferrocarril de alta velocidad), reducción de la tarifa eléctrica a la industria vasca (un “regalo” de 50 millones que pagamos con nuestro recibo de la luz) y el desbloqueo de nuevas plazas de la policía vasca. Y los nacionalistas canarios obtuvieron 1.300 millones en inversiones públicas, ayudas al transporte marítimo y aéreo (subvención billetes entre islas) y un Plan de empleo para Canarias.

Ahora, en cuanto haya Gobierno en Cataluña, Montoro volverá a negociar con vascos (ya ha habido una reunión “secreta”) y canarios para intentar fraguar un pacto en febrero. Pero el camino está despejado por un acuerdo ya alcanzado y que ha pasado desapercibido: el 22 de diciembre, el Parlamento vasco aprobó los Presupuestos autonómicos para 2018, con el apoyo del PNV y el PSE y la inestimable ayuda del PP vasco, que se abstuvo en la votación. Es la antesala del pacto presupuestario en Madrid, que nos costará a todos nuevas contrapartidas.

Y todo para sacar adelante unos Presupuestos 2018 que pueden ser los últimos de esta Legislatura, porque es probable que Rajoy no quiera seguir con un Gobierno en minoría y convoque elecciones anticipadas en junio. Así evitaría que Ciudadanos gane tiempo para seguir creciendo a su costa y que el PSOE encuentre su hueco (algo difícil con Pedro Sánchez), mientras Podemos va para atrás, tras el fracaso en Cataluña.

Mientras Rajoy se piensa si convocar o no elecciones, los Presupuestos 2018 se anuncian como “otros Presupuestos de ajuste”, dado que el Gobierno Rajoy se ha comprometido con Europa a seguir recortando el déficit, del 3,1% del PIB en que pudo acabar 2017 al 2,3% propuesto a Bruselas para 2018 (innecesariamente, porque el tope del euro es el 3% de déficit). Eso supone recortar el déficit en 0,8% del PIB, otros 9.000 millones de euros este año. Y dado que se prevé crecer menos (y en consecuencia, aumentar menos la recaudación), el recorte tendrá que venir de reducir los gastos otra vez, un poco en casi todo, desde la educación y la sanidad a la Dependencia o la Ciencia.

El problema de 2018 es que el nuevo ajuste que se quiere aprobar es más peligroso este año, porque en lugar de recibir ayuda exterior (como de 2014 a 2017), la economía va a sufrir el “viento en contra” de tres subidas muy importantes, que llevan ya varios meses: el petróleo, el euro y los tipos de interés. Tres problemas que, junto a la crisis en Cataluña, van a frenar el crecimiento, con lo que es mucho más peligroso agravarlo con más recortes. Si hay algún año en que la economía española necesita un“empujón desde dentro” es 2018. Por eso, lo que el Gobierno debería hacer es olvidarse de más ajustes y reanimar la economía, con más gasto y más inversión, para compensar los “vientos en contra” que vienen de fuera. Más gasto y más inversión en lo que hace falta, desde un Plan de empleo hasta recuperar lo perdido en sanidad, educación, Dependencia o Ciencia, junto a un Plan contra la pobreza. Inyectar unos 30.000 millones más a la economía, no restarle otros 9.000 millones.

Y este mayor gasto e inversión es posible, porque España puede y debe recaudar más, dado que tenemos un grave problema de ingresos, como ha reiterado la Comisión Europea: España recaudará en 2018 un 38% de su PIB, mientras la media de la UE-27 recaudará el 44,6%. Eso se traduce en que España recauda 72.000 millones de euros menos al año que la media europea, debido a que tenemos más fraude fiscal (en IVA y otros impuestos) y a que pagan menos impuestos (“legalmente”) las grandes empresas, las multinacionales y los más ricos. Así que el problema de que tengamos el tercer mayor déficit público de Europa (Bruselas estima que será el 2,4% en 2018, sólo por detrás del 3,9% de Rumanía y el 2,9% previsto para Francia) no está en que gastemos más (al contrario, gastamos menos: el 40,4% del PIB frente al 45,5% de media en la UE-27), sino en que ingresamos menos.

En definitiva, que si recaudáramos impuestos como los demás europeos, España ingresaría 72.000 millones más al año, no tendríamos déficit (son -34.000 millones) y podríamos gastar más en lo que hace falta, en empleo, formación, tecnología y servicios públicos. Pero en lugar de ir por este camino, haciendo que paguen más los que pagan poco, el Gobierno (y Ciudadanos) pretenden bajar la recaudación en 2018, en 2.000 millones, bajando impuestos. Algo que sólo puede hacerse a costa de recortar gastos de otro lado, algo que no deberíamos permitirnos, porque hace falta de casi todo, tras tantos años de recortes. La vía debería ser la contraria: subir impuestos, no a la mayoría que ya los pagamos, sino a las grandes empresas, multinacionales y ricos, que apenas pagan. Y por eso tenemos más déficit y nos hacen recortes año tras año. También en 2018, aunque frenen la economía y el empleo.

Este es el escenario económico en el que se plantean los Presupuestos 2018. Y salvo por puro "fundamentalismo" ideológico, nadie debería defender más austeridad: la economía necesita más que nunca reanimarse este año, porque de fuera vienen “vientos en contra” y todavía necesitamos crecer más que los demás, porque tenemos más del doble de paro (16,7% frente al 7,3% en la UE-27). Así que el Gobierno no puede pedir que le apoyen  con unos Presupuestos que van en contra de lo que España necesita. Ni con “regalos” a los nacionalistas ni con “chantajes”. Propongan otros Presupuestos, los que España necesita en 2018. Un “empujón desde dentro, con más recaudación. No más austeridad.

lunes, 1 de enero de 2018

2018, un año con el "viento exterior" en contra


Entramos en 2018, el quinto año de la recuperación, aunque el 70% de los españoles no la notan, según el informe FOESSA. Pero 2018 será más difícil, porque se acaba la ayuda exterior, el “viento de cola” que es responsable (no la política de Rajoy) de más de la mitad del crecimiento y del empleo creado estos años, según los expertos: petróleo barato, euro débil y dinero casi gratis. En el último trimestre de 2017, el “viento exterior” ha cambiado y en 2018 lo tendremos “de cara”, con el petróleo, el euro y los tipos al alza, lo que frenará nuestro crecimiento y empleo. Y tampoco ayudará la crisis política en Cataluña, que frenará la recuperación. Por ambas razones, España crecerá menos y se crearán 140.000 empleos menos que en 2017. Para contrarrestarlo, Gobierno y oposición deberían acordar reanimar la economía dentro (aumentando inversiones, gasto social y sueldos), no hacer más recortes como pretende Rajoy con el Presupuesto 2018. Empujar la economía desde dentro.

enrique ortega

Entre 2014 y 2017, España se benefició de la inestimable ayuda exterior, en forma de precios bajos del petróleo, un euro barato y una inyección de liquidez a la economía con el dinero al 0% de interés y compras masivas de deuda pública por el Banco Central Europeo (BCE), tres factores que han supuesto, según los expertos, más de la mitad del crecimiento total (+11,2% del PIB) y del empleo creado (1.725.000 empleos, precarios y mal pagados) en España estos cuatro años de recuperación, no la política de Rajoy, que ha frenado un mayor despegue con sus recortes. Eso sin olvidar que el 70% de los españoles no notan todavía esta recuperación, según la encuesta del informe FOESSA 2017.

Ahora, ese viento exterior favorable ha cambiando de dirección y sopla en contra desde los meses finales de 2017, aunque lo que notaremos más en 2018, porque frenará la recuperación. El primer frenazo nos lo dará el petróleo, cuyo precio se ha disparado desde el verano pasado, tras haber caído un 75% entre 2014 y 2016, un gran regalo para todas las economías pero más para la española (más dependiente del crudo exterior). Si el petróleo comenzaba 2017 en 57 dólares barril y luego caía hasta un mínimo de 44,82 dólares en junio, en verano volvía a subir y superaba en octubre la barrera de los 60 dólares, para cerrar el año 2017 en torno a los 67 dólares, un 49% más caro que en junio y el precio más alto de los últimos dos años y medio. Y todo apunta a que en 2018, si la OPEP y Rusia mantienen los recortes de producción pactados, el crudo costará  más de 65 dólares, muy por encima del precio estimado por el Gobierno Rajoy en su Plan Presupuestario (54,8 dólares).

Este mayor coste del petróleo es una muy mala noticia porque aumentará los costes de las empresas y la factura del petróleo del país, recortando el crecimiento. De hecho, la factura energética hasta octubre de 2017 se encareció en 9.475 millones de euros sobre el año anterior, lo que podría restar un 0,5% al crecimiento del PIB en 2017 y más en 2018. Para entender la importancia del cambio de tendencia, recordemos que la bajada del petróleo entre 2014 y 2016 ahorró a España casi 60.000 millones de euros en la factura energética, un “regalo exterior” que añadió un 2,5% al crecimiento del PIB esos años (casi un tercio).

Además, esta fuerte subida del petróleo (+138,6% desde enero de 2016) ya ha encarecido los costes de las empresas y recortado sus beneficios, según los datos del Banco de España: el margen de las 884 mayores empresas creció sólo un 0.8% hasta septiembre, por el alza de costes de la energía, y por eso sus beneficios solo suben un 4,8%, la mitad que en 2016. Y también notamos la subida del petróleo los ciudadanos, en el coste de la luz (la factura media habrá subido 76 euros en 2017) y en los carburantes: la gasolina ha subido un 5,76% sobre el precio de julio de 2017 y el gasóleo un 9,5%. Y esta subida del crudo se ha arrastrado a toda la economía, con lo que la inflación media subió un 2% en 2017, comiéndose la escasa subida de los salarios (+1,4%) y las pensiones (0,25%). Y los expertos apuestan porque el petróleo caro mantenga alta la inflación media en 2018, en el 1,6%.

Otra subida clave para España es la del euro. Entre 2014 y 2016, la cotización del euro nos había dado un regalo, como el petróleo, bajando de un máximo de 1,35 euros por dólar a principios de 2014 a 1,038 euros por dólar el 20 de diciembre de 2016, un 23% menos. Y muchos expertos apostaban porque en 2017 llegaría a cotizar a la par con el dólar, a 1x1. Pero la errática política de Trump y la recuperación política y económica en Europa (aunque débil) han tirado a la baja del dólar y han vuelto a impulsar el euro, que superaba los 1,20 euros por dólar el 20 de agosto (1,20065 €/$). Y aunque luego ha bajado algo, por la falta de Gobierno en Alemania y la subida de tipos en EEUU, volvió a subir los últimos días y cerró 2017 con una cotización que de 1,2016 euros por dólar, una subida del 14,15% sobre enero  (1,0526 €/$). Ahora, si Merkel logra configurar un Gobierno de coalición y tras la drástica bajada de impuestos de Trump, el euro podría volver a remontar, hasta los 1,20/1,25 euros por dólar en 2018.

Esta subida del euro es una mala noticia para Europa, porque es un continente que exporta más de lo que importa y ahora sus productos son un 14% más caros que hace un año. Pero un euro fuerte hace más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo. Y si estos países exportan ahora menos fuera de Europa, por la fortaleza del euro, también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españolas al resto del mundo por la subida del euro, que encarece nuestros productos un 14%. Y esto es especialmente preocupante porque el 48,4% de las exportaciones españolas se dirigen a países no euro, a los que ahora sale más caro comprarnos. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores del crecimiento español en los últimos 3 años: en 2016 aportaron un 0,5% del 3,3% que crecimos.

El daño de un euro fuerte no acaba en frenar las exportaciones, es también un torpedo al turismo, el gran motor del crecimiento español: si el euro subió un 14% en 2017, eso significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 14% más por visitar España, además de la subidas extra que provoca en los billetes aéreos (que suben también por el petróleo más caro). Y todo esto afecta al 40% de todos los turistas que nos visitan, a 32 de los 82 millones de turistas que habrán venido en 2017, especialmente a los británicos, nórdicos, rusos, americanos y asiáticos. Menos mal que el euro se ha revalorizado poco frente a la libra (un +0,04%: cotiza prácticamente igual que hace un año), con lo que su fortaleza no afecta a los turistas que más nos visitan, los británicos, un 23% de todos los extranjeros.

Y hay un tercer efecto negativo de tener un euro fuerte, del que no se suele hablar. Los empresarios, sobre todo los exportadores y turísticos, a los que les suben sus productos y servicios por la fortaleza del euro, tratan de contrarrestar esta subida del 14% recortando otros costes. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: ahora tratarán de que suban poco o nada, deteriorando aún más las contrataciones. Y además, si estaban pensando en aumentar la plantilla, esperarán a que el euro (y el petróleo) bajen. Así que, mira por dónde, la subida del euro y de la energía son dos obstáculos para que los trabajadores consigan mayores subidas de salarios en 2018. Y con ello, las familias no tendrán más dinero para gastar, ahora que, además, la inflación se come parte de sus ingresos. Todo esto debilitará el consumo interno y frenará el crecimiento y la recuperación.

Y vayamos a la tercera subida que viene, la de los tipos de interés. La bajada del precio del dinero (en EEUU desde 2008 y en Europa desde 2010) y la compra masiva de deuda pública inyectaron liquidez en las economías y salvaron al mundo de una catástrofe, a Europa del hundimiento del euro y a España del rescate (no Rajoy). Ahora, el viento sopla al contrario y lo que viene son subidas de tipos de interés y menos liquidez, menos dinero en las economías. De entrada, EEUU ha subido los tipos de interés tres veces en 2017 (marzo, junio y diciembre) y cinco en los dos últimos años (diciembre 2015, diciembre 2016 y las tres de 2017), con lo que el precio del dinero ha pasado del 0% al 1,25/1,50%. Y Europa seguirá el mismo camino, aunque con algo de retraso, porque el BCE teme ahogar la recuperación. Pero en enero de 2018 reducirá a la mitad sus compras de deuda y podría subir los tipos de interés en septiembre de 2018, para seguir subiéndolos (hasta el 1%) en 2019.

Si la compra de deuda pública por el BCE y el dinero al 0% salvaron a España del rescate, ahora el cambio de política, aunque sea suave, nos afectará más que al resto de europeos,  porque España es uno de los países más endeudados del mundo, con 2,73 billones (con b) de deuda, por la que en 2018 habrá que pagar más intereses, tanto el Estado y las autonomías (1,135 billones es deuda pública) como las empresas (897.250 millones de deuda) y las familias (706.023 millones de deuda). Y si el BCE compra la mitad de deuda, España lo sufrirá mucho (nos ha comprado 224.000 millones de deuda estos años, al 4º país que más, abaratando extraordinariamente su coste). Para dar idea de cómo nos afecta la esperada subida de tipos, un dato: el Estado español se ahorró 16.615 millones de euros (el 1,5% del PIB) en intereses de la deuda pública entre 2014 y 2017, gracias a la compra de deuda y la bajada de tipos en Europa. Si vamos a pagar más intereses por  la deuda pública, a partir de 2018, será más gasto para el Presupuesto y menos dinero para gastar en inversiones y gasto social. Y lo mismo les pasará a empresas (menos dinero para invertir y crear empleo) y familias (créditos e hipotecas serán más caras, con lo que podrán consumir menos).

Y no es sólo que el petróleo, el euro y los tipos de interés frenen la recuperación en 2018. Es que además, este nuevo año, esos factores y otros (como la incertidumbre política en USA, los riesgos de proteccionismo en el comercio mundial y la redefinición de Europa) van a provocar un menor crecimiento de las economías avanzadas, según el FMI, que no ayudará a España: salvo EEUU, que crecerá algo más (2,3 frente a 2,2% de 2017), crecerán algo menos China (6,5% frente a 6,8%), Japón (0,7% frente a 1,5%) y la zona euro (1,9% frente a 2,1%). Y en Europa, todos los países, salvo Francia (1,7% frente a 1,6%), crecerán algo menos en 2018 (un 2,2% frente al 2,4% de 2017): desde Alemania (2,1 frente a 2,2) a Reino Unido e Italia (1,3% frente a 1,5% en 2017). Y también España: 2,5% frente a 3,1% en 2017, según las previsiones hechas en noviembre por la Comisión Europea.

Y esta previsión está hecha antes de saber los resultados de las elecciones autonómicas en Cataluña, que arrojaron una mayoría absoluta de escaños para el independentismo. Si no se vislumbra una solución, algo nada fácil, la incertidumbre política agravará la fuga de empresas, turistas e inversiones  de Cataluña y afectará al resto de España, frenando aún más la recuperación. Este “viento de cara” interior podría frenar el crecimiento en 2018 entre el 0,3% (OCDE) y el 2,2% (estimación más negativa del Banco de España y la Autoridad Fiscal), lo que podría suponer, con la ayuda del petróleo, el euro y los tipos, liquidar la recuperación.

Por todo ello, 2018 puede ser un año más complicado que 2017 y el año en que España pierda una parte de su crecimiento y de su empleo, tanto por los factores exteriores como por la crisis de Cataluña. La previsión es crecer menos (frente al 3,1% de 2017, entre un 2,3% que espera el Gobierno y un 2,5% que vaticinan el FMI, la OCDE, la Comisión Europea y el Banco de España) y eso se traducirá en menos empleo: podrían crearse 440.000 empleos, frente a los 580.000/600.000 nuevos empleos creados en 2017.

No deberíamos contentarnos con este panorama para 2018, que podría empeorar si se dispara el petróleo o se enquista más el problema de Cataluña (o si Rajoy convoca elecciones en junio, por la falta de apoyo de Ciudadanos). Por eso, Gobierno y “oposición” deberían acordar un Plan de choque para reanimar la economía desde dentro y contrarrestar los “vientos de cara” que vienen de fuera y la crisis en Cataluña. Y Rajoy no debería pensar en otro Presupuesto con recortes para 2018, como ha planteado Montoro para seguir rebajando el déficit: del 3,1 % del PIB en 2017 al 2,2% prometido a Bruselas, otros 10.000 millones de ajustes en 2018 (que no tienen sentido, porque ya estamos en el 3% de déficit que exige el euro). Si los recortes son siempre discutibles, porque frenan el crecimiento y el empleo, sería una irresponsabilidad hacerlos en un año que se espera difícil.

Lo que habría que hacer en 2018 es reanimar la economía desde dentro, con un Presupuesto que aumente el gasto en inversiones necesarias (educación, infraestructuras, tecnología, reindustrialización, digitalización) y en gasto social (sanidad, Dependencia, ayudas sociales y un Plan contra la pobreza), en tanto se fomenta fiscalmente la inversión y la creación de empleo de más calidad, así como una mejora de los salarios, para reanimar el consumo, el crecimiento y el empleo. Urge, frente al “viento de cara exterior”, un Plan de choque que podría inyectar unos 20.000 millones en la economía.


¿Cómo? Consiguiendo recaudar más, algo posible porque España recauda bastante menos que el resto de Europa, por el mayor fraude fiscal y porque pagan menos impuestos las grandes empresas, multinacionales y los más ricos. España recauda un 37,7% del PIB frente al 46,1% que recaudan los países euro, según Eurostat (2016). Eso significa que si recaudáramos impuestos como los demás europeos, podríamos ingresar 96.000 millones más al año. Con eso, no tendríamos déficit y podríamos gastar más en inversiones y gastos sociales, para crecer más y crear más empleo. Este es el camino: recaudar más (sin que paguemos más la mayoría, solo algunos que defraudan “legalmente”) y no recortar impuestos en 2018, como defienden el PP y Ciudadanos. Si lo hacen, habrá menos dinero para gastar y España crecerá aún menos en 2018.

Bueno, no es que sea pesimista, es que España no está aislada y es un hecho cierto que los factores que empujaron la recuperación entre 204 y 2017 (petróleo, euro y tipos) van a jugarnos a la contra este año 2018, con el tremendo añadido de la crisis política en Cataluña. Por eso, habría que tomar medidas para contrarrestarlo, aunque me temo que Rajoy seguirá con su política de “esperar y ver” y la oposición seguirá “a uvas”. Así nos va.

Con todo, personalmente, les deseo lo mejor este año. ¡Feliz 2018¡

jueves, 7 de diciembre de 2017

Suben petróleo, euro y tipos: un mal cóctel



Está pasando desapercibido, por Cataluña y el puente, pero el petróleo cuesta ya más de 63 dólares barril, un precio que duplica con creces el mínimo de 2016 y que supone una subida del 42% sobre este verano. Y en paralelo, el euro ha subido otro 12,5% este año frente al dólar, mientras el precio del dinero se prepara para subir, tanto en EEUU como en Europa, tras varios años de coste cero. Son tres subidas preocupantes, porque el petróleo barato, el euro débil y el dinero barato han sido responsables de más de la mitad del crecimiento de la economía española en los últimos tres años, no la política de Rajoy. Y ahora, si cambia el viento exterior y en vez de tenerlo “de cola” lo tenemos “de cara”, la recuperación y el empleo peligran. Por eso, ante esta incertidumbre exterior, es importante que el Gobierno no recorte más en el Presupuesto 2018 y reanime la economía. Que "empuje" desde dentro.


enrique ortega


El petróleo agudizó la crisis financiera, al saltar de los 36,61 euros por barril en septiembre de 2008 a 126,65 euros en la primavera de 2011 (+245%), un elevado precio que se mantuvo hasta los 115 euros de junio de 2014. A partir de ahí, empieza a bajar con fuerza y cierra el año 2014 con un precio de 55,46 dólares por barril. Durante 2015 siguió bajando, con altibajos, hasta los 37,36 dólares a fin de año. Y el 20 de enero de 2016 alcanzó su precio mínimo, 27,88 dólares por barril. O sea, el precio del petróleo cayó un 75% entre 2014 y 2016, la tercera mayor caída del crudo en los últimos 24 años, desde la década de los 90. A partir de este desplome, el petróleo volvió a subir en 2016, hasta cerrar el año pasado en 57 dólares barril y luego bajó a un mínimo de 44,82 dólares en  junio de 2017. Pero es sólo una tregua, porque el crudo volvió a subir este verano y el 27 de octubre superaba la barrera de los 60 dólares barril, un precio que se mantiene y ahora ronda los 63 dólares.

Eso significa que el petróleo vuelve a costar caro, un 128% más que en enero de 2016 y un 41% más que este verano. Es mucha subida en poco tiempo. El primer detonante de estas nuevas subidas fue la decisión de la OPEP y Rusia, el 30 de noviembre de 2016, de recortar la producción de crudo (en 1,8 millones de barriles diarios), por primera vez en 8 años, para reanimar los precios. El 25 de mayo de este año, los firmantes acuerdan extender el recorte hasta marzo de 2018 y hace dos semanas, el 29 de noviembre, una nueva reunión en Viena de la OPEP (14 países) y otros 10 países productores (entre ellos Rusia, el 2º productor mundial, México y Nigeria y Libia, que no se habían sumado a los recortes anteriores) acordó extender los recortes de producción durante todo 2018.

Si cumplen con los recortes, como han hecho en 2017, los precios del petróleo podrían  mantenerse en los próximos meses entre 60 y 65 dólares barril, por encima de la última previsión del Gobierno Rajoy para 2018, que es un precio del petróleo de 54,8 dólares por barril. Este mayor precio puede trastocar el crecimiento y las cuentas de la economía mundial y muy especialmente de España, uno de los países europeos más dependientes del crudo. De hecho, la factura energética hasta septiembre se ha encarecido en 9.000 millones de euros sobre la del año pasado (30.000 millones frente a 21.000). Y esta mayor factura del petróleo (y del gas) puede restar a España un 0,5% de crecimiento del PIB, más incluso que la crisis política en Cataluña. Para entender la importancia del cambio de tendencia, recordemos que la bajada del petróleo entre 2014 y 2016 ahorró a España casi 60.000 millones de euros en la factura energética, añadiendo un 2,5% al crecimiento del PIB esos años.

Además, esta subida del petróleo ya está encareciendo los costes de las empresas y recortando sus beneficios, según los datos del Banco de España: el margen de las 884 mayores empresas ha crecido sólo un 0,8% hasta septiembre, por el alza de costes de la energía, y eso ha provocado que sus beneficios suban solo un 4,8%, la mitad que en 2016. Y también notamos la subida del petróleo los ciudadanos, en el coste de la luz (la factura media ha subido 79 euros hasta finales de noviembre) y en los carburantes. La gasolina sube ya un 6% sobre el precio de julio y el gasóleo otro 9,2%. Y esta subida del crudo se arrastrará a toda la economía, con lo que la inflación media de 2017 subirá al 2%, comiéndose la mínima subida de los salarios (+1,4% aumento convenios) y pensiones (+0,25%). Y los expertos apuestan porque el petróleo mantenga alta la inflación también en 2018, en el 1,6%.

Otra subida clave para España es la del euro. La cotización nos había dado una tregua, como el petróleo, bajando de un máximo de 1,35 euros por dólar a principios de 2014 a 1,038 euros por dólar el 20 de diciembre de 2016, un 23% menos. Y muchos expertos apostaban porque este año 2017 iba a llegar al 1x1 con el dólar: que cotizaran igual el euro y el dólar. Pero la errática política de Trump en USA y la recuperación política y económica en Europa (débil) han trastocado la bajada y este año 2017, el euro ha vuelto a subir, superando incluso los 1,20 euros por dólar (1,2065 el 20 de agosto), para quedar ahora en torno a 1,185 euros por dólar, lo que supone una revalorización del 12% sobre el valor de principios de año. Y si Merkel consigue armar un gobierno de coalición la próxima semana o si la Reserva Federal USA no sube los tipos este mes, es probable que el euro acabe el año cerca de los 1,20 euros por dólar y se encamine a los 1,25 euros/dólar en 2018, según los expertos.

La subida del euro es una mala noticia para Europa, porque es un continente que exporta más de lo que importa y ahora sus productos son un 12% más caros que en enero. Pero tener un euro fuerte hace aún más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo. Y si estos países exportan ahora menos fuera de Europa (por la fortaleza del euro), también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españolas al resto del mundo por la subida del euro, que encarece nuestros productos un 12%. Y eso es especialmente preocupante porque un 48% de las exportaciones españolas se dirigen a países no euro, que pagan ahora en dólares y otras monedas devaluadas, con lo que nuestros productos les salen más caros. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores del crecimiento español en los tres últimos años: sólo en 2016, aportaron la 8ª parte del PIB (0,5% del 3,2%).

Pero el daño de tener un euro fuerte no acaba ahí, en encarecer y dificultar nuestras exportaciones. Es también un torpedo al turismo, el gran motor de nuestro crecimiento: si el euro ha subido un 12% este año, significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 12% más para venir a España, además de sufrir ya la subida de viajes (el combustible supone un tercio de los costes de las aerolíneas) y hoteles. Y esto afecta al 40% delos turistas que nos visitan, a 32 de los 82 millones que se esperan este año, especialmente a los británicos, nórdicos, rusos, americanos y asiáticos. Menos mal que el euro se ha revalorizado menos frente a la libra, un +2,6% este año, con lo que su fortaleza afecta menos a los turistas británicos, que suponen el 23% de todos los que nos visitan.

Y hay un tercer efecto negativo de tener un euro fuerte, del que no se suele hablar. Los empresarios exportadores, turísticos y el resto (a los que les suben costes por la mayor inflación), tratan de contrarrestar esta subida del euro, que encarece un 12% sus productos y servicios, recortando otros costes. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: ahora tratarán de que suban poco o nada, deteriorando más los sueldos y contrataciones. Y además, si estaban pensando en aumentar la plantilla, esperarán a que el euro (y el petróleo) bajen. Así que, mira por donde, la subida del euro y de la energía son dos obstáculos para que los trabajadores consigan mayores subidas de salarios en 2018. Y con ello, las familias tendrán menos dinero para gastar, sobre todo ahora que sube la inflación. Eso debilitará el consumo interno y frenará el crecimiento y la recuperación.

Y vayamos a la tercera subida que se barrunta, la de los tipos de interés. La bajada del precio del dinero, desde 2008, salvó al mundo de una catástrofe, a Europa del hundimiento del euro y a España del rescate: el BCE bajó los tipos del 3,75% en 2008 al 0% en que están desde 2015, inyectando además liquidez en la economía con la compra masiva de deuda pública, lo que salvó a Europa y a España (no la política de Rajoy). Ahora, todo apunta a que va a cambiar la situación. Por de pronto, en EEUU ya se han producido 4 subidas de los tipos de interés en los dos últimos años (diciembre 2015, diciembre 2016, marzo y junio 2017), con lo que los tipos oficiales están ahora entre el 1 y el 1,25%. Y la próxima semana se reúne la Reserva Federal USA (12 y 13 diciembre) para decidir si los sube otro 0,25%, algo que quizás retrase a la primavera de 2018 (porque la recuperación y el empleo no son fuertes). Pero haga lo que haga EEUU ahora, el BCE tendrá que acabar siguiendo su senda y subiendo los tipos en 2018, entre 0,25 y 0,50% a lo largo del año. Así que se acabará la época del dinero barato, lo que puede frenar la recuperación, en Europa y en España.

La subida de tipos, antes o después, es más preocupante para nosotros porque España es uno de los países más endeudados del mundo, con más de 2,73 billones (con b) de deuda actualmente, que nos cuesta una enorme factura en intereses, factura que aumentará en 2018.La mayor parte de la deuda, 1.135.869 millones de euros, es deuda pública, del Estado y la Seguridad Social ( 821.250 millones), las autonomías (283.984) y Ayuntamientos(30.635 millones), deuda que ha aumentado un 40% desde que gobierna Rajoy. La otra parte es deuda privada, de las empresas (897.876 millones de euros, a septiembre 2017) y de las familias (706.023 millones de deuda, sobre todo en hipotecas), deuda que ha bajado ya por debajo de la que tenían en 2006, gracias a importantes amortizaciones. Este elevado endeudamiento hace a España muy vulnerable, según la Comisión Europea,  ante las esperadas subidas de tipos, que van a suponer un mayor pago de intereses a la administración, las empresas y las familias. O sea, más gasto público (que puede forzar más recortes) y más costes privados, otra amenaza para la inversión, el consumo, el crecimiento, la recuperación y el empleo.

En definitiva, que está cambiando el panorama económico: si entre 2014 y 2017 España se benefició de “viento de cola” exterior, con ayuda de un petróleo más barato, un euro débil y dinero casi gratis, que han sido claves para la recuperación, ahora empezamos a sufrir el “viento de cara”, con subidas del petróleo, el euro y los tipos que pueden frenar el crecimiento y el empleo, más de lo ya esperado para 2018, un año donde Bruselas espera que España crezca el 2,5%, seis décimas menos que 2017 (+3,2%). Así que ojo a la coyuntura internacional, que nos puede hacer más daño que la crisis en Cataluña.

Ante este cóctel peligroso (petróleo caro, euro fuerte y tipos al alza), España tendría que reforzar su frente interno, tratando de reanimar la economía el próximo año, no aprobando más recortes, como piensa el Gobierno Rajoy para el Presupuesto 2018. No está la coyuntura exterior como para forzar más ajustes, sobre todo si España cierra este año con un déficit público del 3,1% del PIB, casi en línea con el sacrosanto 3% que exige la disciplina del euro. Y sin embargo, sí hace falta tomar medidas para crecer más y contrarrestar el freno que van a suponer el petróleo, el euro, los tipos y la crisis en Cataluña. Habría que reanimar los salarios, con subidas por encima del 2%, y reanimar la inversión pública, con la ayuda de una mayor recaudación, que es posible si se reduce el fraude fiscal y pagan más impuestos los que pagan pocos (grandes empresas, multinacionales y los más ricos). Recordemos que hay margen para recaudar más, porque España ingresa 96.000 millones menos al año que la media de países euro (el 37,7% del PIB en vez del 46,1%, según Eurostat).

La clave, pues, está en ingresar más para gastar más y contrarrestar así el “viento en contra” que se ha levantado en la economía mundial y que afecta especialmente a España, más vulnerable que otros países europeos a las subidas del petróleo, el euro y los tipos. Un debate que nadie plantea, ni Gobierno ni “oposición”, enfangados en las elecciones catalanas, pero que es de gran calado para todos: nos jugamos la recuperación y el empleo.

jueves, 1 de junio de 2017

El euro está fuerte: malo para España


Los medios informan mucho de la prima de riesgo o las Bolsas, pero poco de la cotización del euro, que nos afecta mucho más. La moneda europea lleva meses subiendo y supera los 1,12 dólares, la cotización más alta del último medio año. Y eso cuando los expertos esperaban que este año cayera, hasta quedar en 1x1 frente al euro, por la victoria de Trump. Pero la gestión del nuevo presidente USA es un caos, mientras Europa conjura sus problemas (Holanda, Francia) y mejora su economía, lo que fortalece el euro frente al dólar. Y eso es más malo que bueno, sobre todo para España: perjudica al turismo y las exportaciones, dos motores básicos de nuestro crecimiento. Y los empresarios tratan de compensar el mayor precio exterior de sus productos no subiendo los salarios aquí. O sea, que si ven que el euro sigue fuerte, por encima de 1,10 dólares, sepan que es malo para exportar, traer turistas y subir sueldos. Ojo al euro.
 

                                                                         enrique ortega

Tras el triunfo de Donald Trump en EEUU, el 8 de noviembre, todos los expertos apostaban por una subida del dólar y una caída del euro. La razón era sencilla: el programa de Trump pretendía un Plan de inversiones de un billón de dólares, que haría subir la inflación y los tipos de interés, atrayendo muchos capitales a EEUU. Y con esta mayor demanda, el dólar subiría frente a las demás monedas, incluido el euro. Y así pasó al principio: si antes de las elecciones, el 4 de noviembre, el euro cotizaba a 1,1133 dólares, tras el inesperado triunfo de Trump empezó a caer y el 24 de diciembre cotizaba a 1,0396 dólares. O sea, hacían falta menos dólares para comprar un euro. Y todos los expertos apostaron porque en 2017, el euro seguiría bajando y pronto cotizaría a 1x1 frente al dólar.

Pero no ha sido así. El euro cerró el año cotizando a 1,05 dólares y empezó a subir poco a poco, primero a 1,06 dólares (16 febrero), luego a 1,07 dólares (15 marzo), a 1,08 dólares (24 marzo), a 1,09 dólares (15 mayo), a 1,10 (16 mayo), a 1,11 (17 mayo) y hasta 1,1226 dólares por euro (23 mayo), lo que supone una revalorización del 8% desde noviembre (ver gráfico con la evolución del euro desde la victoria de Trump en noviembre). Y hoy 1 de junio cotiza a 1,1225 dólares por euro. En paralelo, la libra esterlina también ha ido subiendo frente al dólar, superando los 1,30 dólares por libra el 18 de mayo, algo que no se veía desde septiembre de 2016 (hoy la libra está algo más débil pero firme, a 1,2875 dólares por libra).

El dólar ha caído en este medio año, en vez de subir como se esperaba, por dos razones básicas. La primera y fundamental, porque la gestión del nuevo presidente Trump ha sido un desastre: no se le han visto iniciativas serias, no ha conseguido aprobar sus primeras reformas (extranjeros y reforma sanitaria) y no avanza en su reforma fiscal y su Plan de inversiones, mientras se multiplican los errores políticos (relación con Rusia) y las dudas de que aguante toda la Legislatura (se empieza a hablar de “echarle”, del impeachment como a Nixon). Y en paralelo, la segunda razón: Europa mejora. Por un lado, se conjuran las incertidumbres políticas, tras la victoria de Macron en Francia y las encuestas favorables al nuevo triunfo de Merkel en septiembre, lo que propiciaría un fuerte eje París-Berlín para relanzar el proyecto europeo. De hecho, la propia Comisión Europea presentó ayer, 31 de mayo, un Libro Blanco donde plantea reformas de fondo para apuntalar al euro a medio plazo (Presupuesto europeo, Tesoro UE y un tipo de "eurobonos") . Y en el terreno económico, la zona euro ha crecido algo más en el primer trimestre de 2017 (+0,5%) y está subiendo la inflación en Europa (1,4% en mayo frente al 0,6% de noviembre), lo que indica que hay más actividad, más demanda, algo más de “alegría” en la economía europea.

La consecuencia es que el euro sigue fuerte, rondando los 1,12 dólares. Y que ahora los expertos apuestan porque seguirá así, porque el euro va a seguir subiendo, con altibajos, y puede cerrar el año entre 1,15 y 1,20 dólares por euro, sobre todo si Merkel gana las elecciones alemanas en septiembre y Macron consigue reanimar la economía francesa, mientras Grecia parece salir del bache (muy despacio y con un altísimo coste social) y Portugal mejora. En paralelo, el euro se fortalece también frente a la libra: hoy cotiza a 0,8732 libras por euro, lo que significa que el euro se ha revalorizado un 14,75% frente a la moneda británica desde el Brexit de junio.

Podría parecer que si el euro sube y se fortalece es una buena noticia para los europeos. Pero no es así. Tener una moneda demasiado fuerte es un mal negocio para Europa, porque es un continente muy abierto, que exporta fuera el 13% de lo que produce (PIB). Y ahora, con la subida del euro, todos los productos europeos se han encarecido automáticamente un 8%, así que son más difíciles de vender en Asia, América y el resto del mundo. Esta revalorización del euro afectará negativamente al crecimiento de todos los paises, pero muy especialmente de Alemania, la “locomotora” del continente, que exporta el 60% de sus productos fuera de Europa y que va a exportar y crecer este año menos si el euro sigue fuerte.

Pero un euro fuerte hace aún más daño a España que al resto de Europa, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos “productos intermedios” a Alemania y Francia, por ejemplo, y si estos paises exportan menos fuera de la zona euro, también nos comprarán menos. Un recorte indirecto que se suma al recorte directo que pueden sufrir las exportaciones españolas al resto del mundo por el efecto de la subida del euro, que encarece nuestros productos un 8%. Y eso es preocupante porque un 48% de todas las exportaciones españolas se dirigen a paises no euro, que suelen pagar en dólares ahora devaluados, con lo que comprarnos les sale ahora más caro. Y recordemos que las exportaciones son uno de los motores claves del crecimiento: aportaron en 2016 la octava parte del crecimiento español (0,5% del 3,2% que creció el PIB).

Pero el daño del euro fuerte no acaba ahí, en encarecer y dificultar nuestras exportaciones. Es un torpedo para el turismo, otro de los motores del crecimiento español: si el euro sube un 8% significa que los turistas de fuera de la zona euro han de pagar un 8% más por venir a España, que los viajes y hoteles les cuestan más. Y eso afecta a un tercio de los turistas que vienen, a 26,63 millones de turistas que vienen de la Europa no euro (sobre todo Reino Unido), de América, Asia, Oriente Medio y resto del mundo. Especialmente preocupante es la caída de la libra frente al euro (casi un 15% desde el Brexit), que se puede notar este verano con los turistas británicos (17,8 millones, el 23,6% de todos los turistas que llegaron a España en 2016).

Eso sí, un euro fuerte también tiene algunas consecuencias positivas, ya que abarata las importaciones, con lo que todos los productos que compramos fuera son un 8% más baratos. Eso debería afectar sobre todo al petróleo, que está subiendo en dólares pero que nos cuesta menos en euros. Con lo que deberían bajar los carburantes (gasolina y gasóleo), aunque menos de lo que sube el euro, porque las petroleras no suelen trasladar toda la bajada al precio final. También es bueno un euro fuerte para que los españoles viajemos al extranjero (fuera de la Europa del euro), porque nos costará menos.

Y hay un tercer efecto negativo del euro fuerte del que no se habla. Los empresarios del turismo y los que exportan intentan contrarrestar esta subida del euro, que encarece sus productos y servicios, recortando otros costes, para subir lo menos posible sus precios. Y donde lo tienen más fácil es en los salarios: tratarán de que no suban o incluso que bajen. Y si estaban pensando en aumentar la plantilla (del hotel o la empresa exportadora), no lo harán para contrarrestar la subida del euro. Así que si cae el dólar y sube el euro, será más difícil que suban los sueldos de los trabajadores españoles. Así de claro. Y con ello, las familias tendrán menos para gastar, sobre todo ahora que encima sube la inflación. Y eso hará que España crezca algo menos en 2017 (se espera un +2,8%) y se creen menos empleos (se esperan +420.000).

Así que, como se ve, lo que haga el euro nos afecta a todos, de una u otra manera, desde el turismo, las exportaciones, los salarios y el empleo. Y poco se puede hacer, porque el futuro de la cotización del euro va a depender de lo que haga Trump y de la marcha de Europa, de cómo se resuelvan múltiples incertidumbres interrelacionadas. Pero dicho esto, algo sí se puede hacer, tanto a nivel de Europa como de España. En el continente, la Comisión Europea debería poner en marcha un Plan de reactivación de la economía europea, para compensar con inversiones públicas y más gasto el esperado recorte de las exportaciones por el euro fuerte. Y lo mismo en España: el Gobierno y la oposición deberían acordar un Plan de choque, para compensar los daños a la exportación y al turismo de un euro fuerte. Con medidas específicas a ambos sectores y reanimando las inversiones públicas y el gasto, no con los recortes previstos en el Presupuesto 2017. Y se puede hacer si mejora la recaudación, si el Estado ingresa más (podrían conseguirse hasta 45.000 millones extras al año) reduciendo el fraude y haciendo que paguen más las grandes empresas, multinacionales y los más ricos.

En resumen, que cuando oigan hablar de la cotización del euro, sepan que es algo que les toca de cerca, que afecta directamente al crecimiento y al empleo, a su sueldo, por la vía de sus efectos sobre las exportaciones, el turismo y los costes de las empresas. Y que todo lo que sea un euro por encima de 1,05 ó 1,10 euros por dólar es preocupante y una mala noticia, aunque pueda servir para bajarnos algo los carburantes. Así que, ojo al euro.