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jueves, 2 de abril de 2020

La Universidad estudia reconvertirse


Unos 10 millones de niños y jóvenes no acuden a clase por el coronavirus y todo apunta a que no volverán a las aulas hasta mayo, lo que complica su evaluación. Entre tanto, los rectores de las Universidades españolas están perfilando cómo debe ser la Universidad de 2030, para que no sea una “fábrica de parados” y garantice a los jóvenes un trabajo digno, dado que un tercio de universitarios están “subempleados”. Los rectores reconocen que hay un exceso de titulaciones y que deben “repensar” los estudios, porque las empresas se quejan de que no encuentran los profesionales que necesitan. Además, plantean desviar más jóvenes a carreras técnicas, porque ahora se concentran en los estudios con menos salidas. Y ligar la formación universitaria y profesional, con la FP dual. Pero sobre todo, piden más becas y más financiación pública, un 14,5% inferior a la europea. Mientras, el Gobierno retrasa hasta 2021 la nueva Ley Universitaria y prioriza mejorar las becas, abaratar las matrículas, mejorar los contratos de profesores y atajar el abandono universitario. Pero mejorar la Universidad cuesta dinero y nadie dice de dónde saldrá. Hay que hacerlo si queremos mejores universitarios y más empleo.

enrique ortega

España es un país con muchos jóvenes universitarios, más que la mayoría de Europa: un 44,3% de los jóvenes españoles (25-34 años) son universitarios, igual que la media de la OCDE (36 paises desarrollados) pero más que la media europea (42,9% en la UE-23) y que Italia (27,8% jóvenes son universitarios), Alemania (32,5%), Portugal (35%) o Finlandia (41,5%), superándonos sólo Reino Unido (50,85% jóvenes son universitarios) y Francia (46,85%), según los datos del “Panorama de la Educación 2019” (OCDE). Y en este curso 2019-2020 hay 1,6 millones de jóvenes estudiando en 82 Universidades (50 públicas y 32 privadas), cursando un Grado universitario (casi 1,3 millones), un Máster (220.000 alumnos) o un Doctorado (otros 90.000 universitarios), en su mayoría mujeres (el 55%) y españoles (sólo el 0,9% de los estudiantes de Grado son extranjeros, frente al 6,5% en Europa).


Lo primero que choca es que el número de estudiantes universitarios haya crecido con la crisis (+5% entre 2008 y 2017, según las estadísticas de la CRUE), a pesar de que hay menos jóvenes en edad de ir a la Universidad, un 22% menos que en 2008 (por la caída de la natalidad en los años 90). El “milagro” está en la estrategia de las Universidades, que ante los drásticos  recortes del Estado y las autonomías, han visto la urgencia de “atraer alumnos” como fuera, multiplicando la oferta de títulos y Máster (sobre todo las Universidades privadas: 23 nuevas desde 1998), que han sido una extraordinaria fuente de ingresos a partir del tremendo aumento de tasas (+30% hasta 2018), autorizado en 2012 por el Gobierno Rajoy. En definitiva, al caer la financiación pública, las Universidades han necesitado captar más alumnos cada año para sobrevivir, “pedalear más para no caerse”. A costa de un exceso de alumnos y una “inflación de títulos”, en Grados (se ha pasado de 1.275 en 2008 a casi 3.000 títulos este curso) y sobre todo en Másteres (de 1.736 a más de 3.600), un “exceso de oferta”, que ha devaluado la enseñanza universitaria


Los rectores niegan esta estrategia, al señalar en su reciente informe “La Universidad española en cifras” que “no hay un exceso de universitarios ni de Universidades”. Pero los datos indican que el porcentaje de jóvenes (19-24 años) matriculados en la Universidad es mayor en España (31,6% en el curso 2017-2018) que en la media de la OCDE (29,1%) y que en Reino Unido (25,3%), Alemania (26,6%) y Francia (26,8%). Y reconocen que se han aumentado un 20% las titulaciones desde 2008, más que los universitarios (+5%). En cuanto al número de Universidades, España tiene 1 Universidad por cada 718.462 habitantes, menos que Francia (1 por 562.185 habitantes), Reino Unido, EEUU, Canadá, Japón o Corea del Sur y más que Alemania (1 Universidad por 998.795 habitantes) e Italia.


Los rectores también destacan que la Universidad española es eficiente y su rendimiento equiparable e incluso mejor que la Universidad de la mayoría de paises. Por un lado, la tasa de abandono de los estudios en el primer año (18,7%) es similar a otros paises, salvo Reino Unido, Canadá y Suecia, los tres paises con las Universidades más eficientes. Y por otro, la tasa de finalización de los estudios en el tiempo teórico es en España del 49% de los alumnos, mejor que en Finlandia (43%), Suecia (42%), Francia (41%) o USA (38%), y sólo peor que 5 de los 23 paises analizados por la CRUE: Reino Unido (71% universitarios finalizan en plazo sus carreras), Irlanda (63%), Israel, Japón y Corea.


Además, los rectores quieren “quitar hierro” al hecho de que España no tenga ninguna Universidad en el top 100 del ranking de Shanghái 2019 de las mejores Universidades del mundo. De hecho, la mejor situada, la Universidad de Barcelona, figura en el puesto “151 al 200” y hay otras 12 Universidades españolas entre las 500 mejores. Los expertos consideran que este ranking valora sobre todo las Universidades más antiguas y más grandes, con premios Nobel y fuertes presupuestos, lo que penaliza a las españolas. Pero si se comparan en aéreas concretas de conocimiento, España tiene 10 Universidades entre las 50 mejores (y 17 entre el top 200) del ranking QS, que valora la reputación académica y empleabilidad.


Eso sí, España tiene una gran diferencia con otros paises: aquí, los universitarios estudian pocas carreras técnicas, las titulaciones STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), que son las que consiguen más empleo. España es el país europeo grande donde menos alumnos se matriculan en titulaciones STEM: un 23,4%, frente al 28,1% en la UE-23, el 25,5% en Italia y Francia, el 30,5% en Reino Unido y el 37,5% de alumnos matriculados en Alemania, según los datos de los rectores (CRUE). Y además, las matrículas en estas carreras técnicas han caído un -6,1% entre 2013 y 2017, sobre todo en ingenierías (-15,7%, que llega al -60% en ingeniería civil) y telecos (-2,9%), aunque han crecido las matrículas (todavía bajas) en matemáticas (+17,1%), Informática (+8,6%) y Ciencias (+6,1%). 


Y otra importante diferencia, como revelan las estadísticas del CRUE, es el mayor coste de las Universidades españolas: somos el 11º país (de 23 estudiados) con las tasas universitarias más altas. De los grandes, sólo se paga más por la Universidad en Reino Unido y en Italia, mientras no se paga casi nada en Francia y es gratuita en muchos paises europeos, entre ellos Alemania, Dinamarca, Suecia o Finlandia. En España, el 73% de los universitarios pagan tasas, un precio medio de 1.050 euros por año en Grado pero con una gran diferencia entre titulaciones y autonomías: se pagan unos 2.000 euros por Grado en Cataluña, 2,8 veces el coste de estudiar en Galicia (700 euros). Y además, el sistema de becas es muy insuficiente (2.000 euros anuales de media, según la CRUE), porque se han recortado en la última década y dejaron fuera a 45.000 universitarios, al exigirles una nota media de 6,5 puntos (desde 2018 son 5,5 puntos), lo que preocupa extraordinariamente a los rectores, porque, junto a las tasas,  lleva a un sistema universitario “excluyente.


Con todo, el mayor problema de la Universidad española es, para muchos, que es “una fábrica de parados, algo que rechazan explícitamente los rectores, aportando los datos de que los universitarios españoles tienen menos paro y más empleo que el resto de españoles. Y es verdad. Pero los datos también reflejan otros 2 hechos incontestables. Uno, que los universitarios españoles tienen el 2º nivel más alto de paro entre los universitarios europeos: el 8,4% de paro frente al 3,9% de media en la UE-23 y en la OCDE, sólo mejor que Grecia (14%) y muy lejos del 2% del paro universitario en Alemania. Y el otro dato, que la tasa de empleo de los universitarios españoles en la tercera más baja de Europa: trabajan el 81,6% de los titulados, frente al 86,1% en la UE-23, el 90% empleados en Suecia o Paises Bajos, el 89,5% en Alemania o el 85% en Francia, sólo menos que en Grecia (74,5%) e Italia (81%), según los propios datos de los rectores. Eso sí, de los 2.016.000 empleos creados en España entre 2015 y 2019, el 56% han sido para titulados universitarios.


Otro dato importante es que los universitarios ganan más que el resto de españoles, según confirman las estadísticas de la CRUE: un adulto con título de Grado gana un 52% más que una persona con Bachiller (en la OCDE ganan un 44% más) y un empleado con un Máster gana un 85% más (en la OCDE ganan +91%). Además, la brecha salarial por género es menor  entre los universitarios españoles: las mujeres ganan un 18% menos (-21,9% entre todos los ocupados). Y es inferior a la brecha universitaria en Europa (-24% de media) que oscila entre el -30% en Italia, el -29% en Francia y el -26% en Alemania, según la OCDE.


Para los rectores, el problema más grave de la Universidad española es su escasa financiación, tanto pública como privada. En conjunto, España destina el 1,3% de su riqueza (PIB) a financiar la Universidad, frente al 1,5% de media en la OCDE (y el 2% en EEUU). Y si miramos sólo la financiación pública, España destina el 0,83% del PIB, frente al 0,97% en la OCDE y el 0,98% del PIB en la UE-23. Eso significa que la Universidad española recibe un 14,5% menos de financiación pública que las Universidades extranjeras. Traducido, significa que le faltan 2.400 millones de euros al año (1.600 públicos). Y no es sólo que se financie peor que en otros paises, es que además, el esfuerzo público (% sobre PIB) para financiar la Universidad es hoy menor que hace 22 años, según los rectores


Y además, esta financiación pública  por universitario está muy mal repartida por autonomías: hay Gobiernos autonómicos que aportan mucho más que la media (6.210 euros por universitario), como la Rioja (9.000 euros), País Vasco (8.500), Cantabria (8.000), Galicia (7.800) y Navarra o la Comunidad Valenciana (7.500 euros), y otras que financian mucho menos, como Madrid (5.000 euros por universitario, Baleares (5.100), Extremadura (5.200), Murcia (5.500) o Andalucía y Castilla la Mancha (aportan 5.900 euros por alumno). Así que depende de la región, unas Universidades están peor financiadas que otras.


Pero todas las Universidades han perdido recursos, dado que el gasto por alumno universitario ha caído de 8.595 euros en 2008 a 8.063 euros en 2017, según la CRUE. El mayor recorte en la financiación  lo ha hecho el Estado (de aportar el 11% del gasto en 2008 a aportar un 5,6%, 451,90 euros por universitario en 2017), seguido de las autonomías (aportaban el 80% del gasto y ahora financian el 77%, 6.210 euros por alumno en 2017), mientras los alumnos ahora pagan más: si financiaban el 9% en 2008, en 2017 aportan ya el 17,4% del gasto total, 1.400 euros de media por alumno. 


Estos recortes y la menor financiación frente a Europa han obligado a las Universidades a hacer múltiples ajustes, que han deteriorado la calidad de la enseñanza, máximo si ahora ofrecen un 20% más de títulos. Por un lado, entre 2008 y 2017 se perdieron 8.288 puestos de personal docente e investigador, que fueron suplidos con personal contratado en condiciones muy precarias, lo que ha permitido mantener la plantilla total (98.362 empleados en 2017) pero con mucha más inestabilidad laboral y docente. Además, no se ha podido invertir apenas en infraestructura y equipamiento, con un enorme deterioro físico de la Universidad. Y se ha sufrido en primera línea el ajuste en Ciencia, donde, tras un recorte del 22% en I+D+i (2009-2018), España invierte la mitad que Europa.


En consecuencia, lo primero que piden los rectores para perfilar la Universidad de 2030 son más recursos, sobre todo públicos pero también privados. Y, en contrapartida, ofrecen realizar un reajuste en las titulaciones y en los contenidos de la enseñanza universitaria. Reconocen que hay un exceso de oferta de títulos y Máster y que además, “no se corresponde con lo que piden las empresas”. Es hora de que la Universidad española abra sus estudios a los que necesitan las empresas, que se quejan de que los universitarios que les llegan (salen 114.000 nuevos licenciados cada año) no tienen la preparación que necesitan. No es que estén mal formados, sino que “les faltan habilidades cognitivas, motivacionales, sociales e instrumentales”, según lo que trasladan a los rectores. Y por eso, resulta clave una enseñanza universitaria “más práctica”, además de abrir “pasarelas” entre la enseñanza universitaria y la formación profesional, con proyectos de FP dual para universitarios, como las 14 nuevas titulaciones que van a ofrecer las 3 Universidades vascas. 


La reconversión universitaria también tiene que llegar a los alumnos, que no pueden seguir matriculándose de carreras sin salida laboral y huir de las titulaciones STEM. Todos los alumnos de Bachillerato que dudan sobre qué estudiar deberían conocer este estudio de Ivie y la Fundación BBVA, que analiza cómo les ha ido 4 años después a los universitarios que acabaron en 2014. Demuestra que los titulados de las ciencias de la salud y las ingenierías han encontrado más trabajo, más estable y mejor pagado que los estudiantes de humanidades y ciencias sociales. Dos ejemplos extremos: medicina (92,1% trabajando, 99,7% como licenciados, con base cotización 34.290 euros) y turismo (65,5% trabajan, sólo el 14% como licenciados y con 19.861 euros de base imponible). Y lo mismo, para bien, los que han estudiado óptica, farmacia, ingenierías y matemáticas. Y para mal, los que estudiaron comunicación, arte y Bellas artes, comercio, relaciones laborales, geografía, arqueología, diseño, publicidad o sociología. Habría que ponerlo en el tablón de Secretaría…


Mientras la Universidad se “autoanaliza”, el nuevo ministro de Universidades declaró en el Congreso que no lanzará el debate sobre una nueva Ley de Universidades hasta 2021, con lo que no entraría en vigor hasta el curso 2022-2023 como pronto (la actual es de 2001 y reformada parcialmente en 2007). Antes, el Gobierno tiene otras prioridades: reformar la política de becas (más recursos, mayores importes y que lleguen a más familias, subiendo el ingreso familiar: frente a los 13.909 actuales, los rectores proponen 18.629 euros), aprobar un nuevo Estatuto del personal docente (para acabar con los falsos asociados y reducir la enorme precariedad de un tercio de las plantillas), un Plan para atajar el abandono universitario y, sobre todo, reducir las tasas universitarias para volver a los costes anteriores a 2012. Aquí, los rectores “tiemblan”: las Universidades no pueden bajar tasas si el Estado y las autonomías no aumentan su aportación. Y nadie habla de hacerlo, de financiar más. Algo difícil mientras no se reforme la financiación autonómica y aumente la recaudación.


En resumen, que tenemos un diagnóstico que explica por qué la Universidad española no funciona bien, básicamente por falta de dinero y por unos planes de estudio que no ayudan a trabajar. Es hora de afrontar los cambios necesarios, con un Pacto entre políticos, autonomías, Universidades, docentes, empresas y alumnos, para acordar un marco estable que alumbre la nueva Universidad 2030. Nos hace mucha falta.

lunes, 9 de octubre de 2017

Universidad: cara, pocas becas y menos alumnos


Un millón y medio de jóvenes han comenzado otro curso en la Universidad, el 5º año consecutivo en que bajan los alumnos, por la caída de matrículas en las universidades públicas (suben en las privadas). Se debe, sobre todo, al elevado precio de Grados y Máster, que aunque se congelan o bajan este curso, son un 40% más caros que en 2011. Y las becas no ayudan: llegan a más universitarios, pero con 300 euros menos por alumno. Mientras, las Universidades siguen con escasos Presupuestos: crecen algo este curso, como los dos anteriores, pero sólo han recuperado un tercio de los 1.900 millones que les recortaron. Con esta penuria, les resulta difícil mejorar una enseñanza poco útil: un 16% de universitarios están en paro (7,4% en Europa)  y un tercio trabajan en empleos que no les exigen título. Urge un Pacto educativo que asegure a la Universidad una financiación estable y una educación de calidad y más orientada al empleo. Para que no sea una “fábrica de parados.


                                                                                                                                                                        enrique ortega  
 
Las 84 Universidades españolas (50 públicas y 34 privadas), que tuvieron el curso pasado 1.492.206 alumnos en Grados y Master (1.247.237 las públicas y 244.969 las privadas), volverán a perder alumnos este curso 2017-2018, por 5º año consecutivo. Desde el máximo de universitarios en el curso 2011-2012 (1.610.000 alumnos), la Universidad española ha perdido 118.905 alumnos, por la caída de matrículas en las universidades públicas, ya que aumentaron en las privadas. La caída se ha debido a la pérdida de alumnos en los estudios de Grado (4 a 6 años), donde hay 178.539 universitarios menos que en 2011-2012, mientras han subido los alumnos de Master (+59.745) y de Doctorado (+27.479), porque muchos universitarios prorrogan sus estudios ante la falta de empleo.


La caída de alumnos en la Universidad española se debe a tres causas. Una, la caída de la natalidad en los años noventa, causante de que haya un 6% menos de jóvenes entre 18 y 24 años. La segunda, que una parte de los jóvenes que antes iban a la Universidad tras el Bachillerato, se han ido a estudiar Formación Profesional de Grado Superior, porque piensan que tiene más salidas : ya la estudian más de 350.000 jóvenes, cuando sólo eran 221.000 en el curso 2011-2012. Y la tercera razón, quizás la más importante, porque estudiar en la Universidad es mucho más caro en los últimos años, por culpa de la subida de tasas aplicada en 2012 y el menor importe de las becas, que se conceden con más restricciones (de ingresos y docentes).


Este curso 2017-2018, muchas Universidades públicas han congelado sus tasas e incluso algunas las han bajado, como Madrid: un 5% las de Grado y un 10% los Master, tras haberlas bajado también los dos cursos anteriores. Pero estas rebajas no son suficientes para compensar las subidas aplicadas desde 2012. Así, en el caso de Madrid, los Grados han bajado un 20% pero antes subieron un 62% (balance: +42%). Y los Master han bajado estos tres años un 30%, pero antes subieron un 124% (balance: +94%). En todas las Universidades, estudiar hoy es entre un 30 y un 50% más caro que hace 5 años.


Y además, persisten las grandes diferencias entre Universidades, entre públicas y privadas y, sobre todo, entre regiones. Así, el coste de un crédito para una misma carrera (Medicina) varía entre 21,53 euros y 260,83 euros (un curso de Grado tiene 60 créditos) entre la Universidad pública y la privada, según un reciente estudio de la OCU. Y dentro de las Universidades públicas, las diferencias de precio son abismales: las más caras son las de Cataluña (33,58 euros por crédito: 2.014 euros un curso de Grado), Madrid (28,83 euros/crédito) y Castilla y León (24,48 euros). Y las más baratas, Andalucía, Galicia y Cantabria (de12,57 a 13,58 euros/crédito, según los estudios elegidos).


Al final, el resultado es que la Universidad española es una de las más caras de Europa. Hay 15 paises europeos donde la Universidad es casi gratuita: por menos de 100 euros al año se puede estudiar una carrera y completar su formación con un Master, según un estudio de Comisiones Obreras de 2016. Entre ellos están Alemania, Austria, Finlandia o Suecia. En el extremo opuesto, hay cuatro paises donde estudiar un Grado es más caro que España (Reino Unido, Irlanda, Letonia y Lituania, con más de 2.000 euros de coste anual) y luego ya hay un segundo grupo de paises caros para estudiar, donde además de España (1.100 euros de media un primer curso de Grado) están Italia y Holanda. Y en los Master, España está en el grupo de los paises más caros de Europa, junto a Reino Unido, Irlanda, Letonia, Lituania, Grecia, Bulgaria y Rumanía, con un coste medio de 2.020 euros anuales. A final, el estudio revela que de los 37 paises europeos analizados, España es el 8º país más caro para estudiar un Grado y un Máster. Y el 6º más caro (Grado) tomando sólo la Unión Europea.


No es sólo que estudiar en la Universidad sea más caro en España. Además, tenemos menos becas. España ocupa el puesto 14 entre 37 paises europeos en el porcentaje de universitarios con beca: unos 300.000, un 23% de los universitarios, frente a un tercio que reciben ayudas en Francia, Reino Unido  y muchos paises, según el estudio de CCOO. Y además, España ocupa el puesto 22 (entre 37 paises) por importe medio de las becas, más bajo que en el resto de Europa porque invertimos en becas un tercio menos que la OCDE, según el presidente de la Conferencia de Rectores. A partir de 2013, con la reforma que aprobó el Gobierno Rajoy, el sistema de becas cambió: se hizo más restrictivo (en criterios económicos y notas exigidas)  y ahora las reciben más estudiantes pero con menos importe. Las becas han bajado en 13 de las 17 autonomías: la beca media universitaria ha caída 300 euros desde 2011 (-12%) y más en las regiones más pobres, como Extremadura y Castilla la Mancha: cobran hasta 500 euros menos que en 2011, según los datos de una respuesta parlamentaria. Y, curiosamente, de los 20 Campus donde las becas han subido más estos últimos cinco años, la mayoría (14) son Universidades privadas.


Pero además de escasas, las becas universitarias se rigen por un sistema muy deficiente, que ha provocado encierros de protesta de alumnos este verano. Primero, por el calendario de concesión: se solicitan de agosto a mediados de octubre y se conceden con el curso en marcha, por lo que el alumno se tiene que matricular sin saber si tiene beca o no (en Francia, se sabe antes de empezar el curso). Segundo, la cuantía es muy desigual según regiones y se da el caso de que las becas son más bajas donde estudiar resulta más caro: la beca media más baja se da en La Rioja (1.292 euros), Baleares (1.579), Madrid (1.706 euros), Cataluña (1.743) y Asturias (1.773) y las becas más altas se dan en Extremadura (2.926 euros), Castilla la Mancha (2.579), País Vasco (2.519 euros), Galicia (2.490) y Andalucía (2.556) y Castilla y León (2.327), con un importe medio de 2.166 euros (curso 2016-2017). El tercer problema es que una parte de la beca (la variable, que depende del dinero a repartir y el número de solicitantes) se recibe al final del curso para el que se solicita (en junio, al conocerse las notas), con lo que las familias primero gastan y luego reciben esa parte de la beca (debería abonarse toda la beca al principio de curso, con las notas del curso anterior).


Entre tanto, las Universidades no consiguen superar su crisis financiera (déficit y deuda), a pesar de la brutal subida de tasas, por culpa del drástico recorte sufrido años atrás en la aportación del Estado (12% de la financiación) y sobre todo de las autonomías (financian el 82% de las Universidades públicas). Este curso 2017-2018 sube un 3% la media de Presupuestos de las Universidades públicas, algo más que en 2015-2016 y 2016-2017, los tres últimos cursos en que las Universidades han congelado o aumentado ligeramente sus gastos. Pero es todavía muy insuficiente para reponerse del recorte sufrido entre 2012 y 2015: 1.900 millones de euros, un 18% de su Presupuesto. Y por ello, apenas han podido mejorar plantillas (perdieron un 10%, 15.000 personas) y no pueden todavía invertir en mejoras (desde aulas a laboratorios o calefacción). Simplemente, se mantienen, a la espera de que se reforme el sistema de financiación de las autonomías y puedan conseguir más recursos.


El problema de fondo es que la Universidad española cuenta con pocos recursos públicos, menos que la mayoría de Europa. El gasto por alumno universitario en España era de 12.489 dólares en 2014 (último dato aportado por la OCDE), un 22% menos de los 16.164 dólares que se gastaban en Europa (UE-22) y de los 16.143 dólares que gastaban los 35 paises OCDE. Y el gasto es mucho menor que el de EEUU (29.328 dólares/universitario), Reino Unido (24.542 dólares), Suecia (24.072 dólares), Canadá (21.326), Japón (18.022), Finlandia (17.893), Alemania (17.180) o Francia (16.422), sólo superior a Portugal (11.813) o Italia (11.510), según los indicadores educativos OCDE 2017. Y si tomamos el esfuerzo económico que dedica cada país a su Universidad, en España supone el 1,3% del PIB, inferior al 1,4% de la UE-22, el 1,6% de la OCDE o al esfuerzo que hacen EEUU (2,7% PIB), Corea (2,3%), Reino Unido o Finlandia (1,8%), Holanda o Suecia (1,7%) o Francia (1,5%).


Pero el problema de la Universidad española no es sólo de falta de dinero. Hay un problema evidente de calidad de la educación impartida: “el conjunto de habilidades de los graduados de educación superior se sitúa entre las más bajas de la OCDE, lo cual denota una educación universitaria de baja calidad…”, dice textualmente el informe de la OCDE "España 2017" (página 43), presentado en marzo de este año. Y añade que “estas bajas habilidades se deterioran después en los trabajos”, porque los universitarios españoles se emplean en tareas para las que no estudiaron (teleoperadores, camareros, vendedores o cajeras de supermercados) o porque las empresas no les forman (porque tienen contratos temporales y precarios).


La mejor muestra de que la Universidad española no funciona bien, no enseña para trabajar, es que los universitarios españoles trabajan menos que sus compañeros europeos (el 76% de los que tienen 25 a 34 años, frente al 82% en la UE-22 y el 87% en Alemania, Reino Unido o Suecia y el 86% en Francia) y que hay más del doble de universitarios parados (25-34 años): el 16% en España frente al 7,4% en la UE-22 y el 6,6% en la OCDE, con mínimos del 2,9% de paro universitario en EEUU, el 3,1% en Alemania o Reino Unido y el 6,7% en Francia. Y además, entre los que trabajan, hay muchos universitarios en precario: el 34,4% de universitarios españoles trabajan en puestos de baja cualificación, frente al 23% en Europa.  Un tercio de universitarios trabajan sobrecualificados, un despilfarro como país.

¿Qué se puede hacer? El propio informe de la OCDE da varias recetas, que el Gobierno Rajoy desoye sistemáticamente. La primera, asegurar una financiación suficiente para la Universidad, ligada no sólo al número de alumnos sino a baremos de calidad. Eso pasaría por aumentar las aportaciones del estado y las autonomías a las Universidades, para acercar el gasto a niveles europeos. Supondría destinar unos 2.200 millones de euros más cada año a la Universidad, frente a los 12.000 millones actuales. Y eso sin pensar en hacer gratuita la Universidad, algo que costaría 1.300 millones más al año, según CCOO. Pero se gaste lo que se gaste, la clave es controlar bien esos recursos y que no sea “café para todos”: que una parte sea una aportación fija (a tanto por alumno) y otra variable, según unos objetivos que la Universidad debería cumplir para cobrarlo. Es lo que se aplica ya en las Universidades de Cataluña, Andalucía, Galicia y Valencia y que Madrid quiere aprobar para el curso 2018-2019. Y que haya auditorías externas para rendir cuentas, como pide la OCDE.

Pero el problema de la Universidad no es sólo el dinero. Hay que aplicar  una serie de reformas que reiteran, año tras año, la OCDE y muchos expertos. Por un lado, ajustar la oferta, recortando titulaciones (hay 2.781 Grados y 3.772 Master) y fusionando centros (hay 234 Campus, con estudios similares  a pocos kilómetros de distancia. Por otro, la OCDE propone reducir la “endogamia” en la selección de profesores, incorporando a más extranjeros y del mundo empresarial: en 2015-2016, 3 de cada 4 profesores universitarios (el 73,1%) daban clase en la misma Universidad donde hicieron el Doctorado, según datos del Ministerio de Educación. Y en Canarias, Asturias y Valencia, eran más del 80%.

Otro reto pendiente de la Universidad española es conseguir una mayor internacionalización: incorporar a más alumnos y profesores extranjeros, para lo que necesitan mejorar la calidad de su oferta educativa. Y en paralelo, mejorar su capacidad investigadora y divulgativa, aumentando la inversión en I+D+i y los trabajos en revistas científicas, un “escaparate” que mejoraría su posición internacional. Actualmente, España es el único gran país que no tiene una Universidad en el Top 200 del ranking mundial Shanghái (si la tienen Italia, Portugal, Irlanda o Brasil). Las primeras Universidades españolas están entre las 200/300 mejores y son la Universidad de Barcelona, la Pompeu Fabra y la Universidad de Granada.

Con todo, el mayor reto es conseguir que los universitarios se preparen mejor para encontrar un empleo decente ligado a lo que han estudiado. Eso exige repensar a fondo carreras y temarios, en contacto con las empresas y los expertos en empleo, para dotar a los universitarios de las habilidades que se van a demandar en el futuro, sin olvidar por supuesto la formación complementaria (“humanística”) que la Universidad debe aportar . No se trata de “devaluar los títulos”, con carreras más cortas y luego Master más caros: pasar del 4+1 actual (4 años de Grado más 1 de Master) al 3+2 (o incluso 3+1), que ya implantaron el curso pasado algunas Universidades catalanas y que pueden ofrecer ya este curso todas las Universidades, aunque sólo para carreras nuevas. Se trata de otra enseñanza Universitaria, más práctica y con experiencias en empresas, más ligada a los futuros empleos.

Todo ello pasa por lograr un gran Pacto educativo y universitario, donde se asegure a los Campus una financiación suficiente y estable a medio plazo, a cambio de objetivos y reformas, con más participación de las empresas en la planificación y formación y una mejor coordinación entre autonomías, para que no haya 17 sistemas universitarios dispares (como ahora). Y un empujón a la Formación Profesional Superior, que cada vez tiene más salidas. Necesitamos otra Universidad, además de otro modelo económico y laboral, si queremos un mejor futuro para los jóvenes. Que deje de fabricar parados o subempleados.

jueves, 8 de junio de 2017

Más Selectividad, no estudiar para trabajar


Esta semana y la que viene se celebran en toda España los últimos exámenes de la Selectividad, el “filtro” al que se enfrentan 300.000 jóvenes bachilleres para acceder a la Universidad. Será la última vez: el año que viene, cada Universidad pondrá sus pruebas de acceso, como en casi todos los paises. Seguirá habiendo “filtros”, que dejan fuera a un 20% de jóvenes que quieren estudiar una carrera, porque muchas están saturadas. El contrasentido es que tenemos más universitarios que la mayoría de Europa y a la vez el doble de paro entre los que tienen una carrera. Porque los estudios van por un lado y las ofertas de trabajo por otro. Y las empresas se quejan de que les faltarán casi 2 millones de profesionales cualificados para 2020. Urge un gran acuerdo entre las Universidades y las empresas para delimitar estudios y carreras, planificando la formación a medio plazo. Lo contrario es estudiar para parados. Menos Selectividad y más preocuparse de enseñar para trabajar.



                                                                                            enrique ortega

Este año no debería haber pruebas de Selectividad. La polémica Ley educativa aprobada por el Gobierno Rajoy, la LOMCE, establecía que este curso desaparecían las tradicionales pruebas de Selectividad y se cambiaban por una reválida en 2º de Bachillerato y una prueba de acceso que fijaba cada Universidad. Pero la comunidad educativa se ha opuesto a las reválidas y los rectores de las Universidades le pidieron al Gobierno que retrasara un año las nuevas pruebas de acceso, porque no estaban preparados. Y así, en noviembre pasado, el Gobierno Rajoy acordó con los rectores y las Universidades que este año volvería a haber Selectividad y que la aplicación de la LOMCE se dejara para el año que viene (?).

Así que esta semana y la que viene, unos 300.000 jóvenes que han terminado el Bachillerato se enfrentan a varios días de pruebas para superar la Selectividad y poder luego estudiar una carrera. Las pruebas son bastante similares a las de años anteriores, con pequeños cambios. Hay una prueba obligatoria, que consta de 4 ejercicios, uno por cada materia troncal (Lengua y Literatura, Historia de España y Lengua extranjera) y el cuarto a elegir en función de la modalidad de bachillerato cursado (Matemáticas, Latín, Materias Aplicadas a las Ciencias Sociales y Arte), más un 5º ejercicio sólo en las autonomías con lengua oficial propia. La principal diferencia con la selectividad de 2016 es que los alumnos no se examinan ahora de las asignaturas de 1º de bachillerato (Filosofía, Historia Universal, Economía e Historia Contemporánea). Y para los que quieren mejorar nota, hay una prueba voluntaria, en la que se examinan de un máximo de 4 materias troncales de 2º de Bachillerato que han de ser diferentes a las materias elegidas en la fase obligatoria.

Al final, tras estas dos pruebas, el alumno consigue una nota de acceso a la Universidad, que suma tres componentes: el 60% de la nota media del Bachillerato más el 40% de la nota sacada en la prueba obligatoria de Selectividad más las calificaciones obtenidas en las 2 mejores materias de las cuatro examinadas en la prueba voluntaria. En total, pueden conseguir un máximo de 14 puntos. Y con esta “nota de corte”, mirar a ver si superan el mínimo exigido por cada Universidad (se puede utilizar este buscador de 2017),  mínimo que varía según la carrera (12,84 en Medicina o 6,50 en Humanidades) y, sobre todo, de si va a estudiar en Madrid o Barcelona o en provincias (para Administración de Empresas, ADE, oscila entre 11,14 puntos en la Pablo de Olavide de Madrid y los 5,07 en Castilla la Mancha). Al final, un 90% de los bachilleres aprueban la selectividad y un 80% logra ingresar en la carrera que prefieren, algunos cambiando de ciudad.

Las pruebas de acceso a la Universidad, en España la Selectividad, es algo que de una u otra forma se hacen en todos los paises, aunque en la mayoría no se trata de una prueba similar para todos los bachilleres, sino que cada Universidad es la que fija las pruebas de acceso de los estudiantes, aunque hay paises, como Alemania, donde también cuenta el expediente del Bachillerato. Y en Estados Unidos, además de aprobar el examen de acceso (el SAT), cuentan mucho el historial académico previo y las recomendaciones que se aporten.

El año que viene, para junio de 2018, en España dejará de haber exámenes de Selectividad como hasta ahora y serán las Universidades las que fijen las normas y pruebas de acceso a sus distintas carreras. Eso romperá con la uniformidad y homogeneidad actual, porque las pruebas de acceso serán diferentes por autonomías y Universidades, más rigurosas en unas y menos en otras, con lo que “el filtro” será muy diferente. Y si ahora hay poca diferencia entre estudiar una carrera en un sitio que en otro, en el futuro será muy importante dónde se ha licenciado un universitario, desde las pruebas de acceso al final de la carrera. Y más porque la tendencia es que las Universidades españolas sean cada vez más autónomas, tanto para ofrecer planes de estudios como para cobrar tasas diferentes.

Ya hay Universidades, en Cataluña, que este curso han empezado a ofrecer licenciaturas de 3 años en vez de 4, una posibilidad abierta por el ministro Wert en 2015. Y el próximo curso 2017-2018, habrá más Universidades que ofrecerán licenciaturas de 3 años, a las que sumar 1 ó 2 años de Master (3+1 o 3+2). El único requisito, acordado en mayo de 2017 por el Consejo de Universidades, es que han de ser carreras “nuevas” (se teme que algunas Universidades "maquillen" carreras viejas...). De momento ya hay autorizadas 11 nuevas titulaciones de 3 años en Cataluña, la mayoría en Universidades privadas. Un sistema que permite ofrecer un título en menos tiempo y coste para las Universidades, además de atraer a estudiantes para hacer 2 años complementarios de Master (en vez de 1 como ahora), por los que las Universidades cobran un 50% más que por un curso de Grado.

Además de títulos distintos, las Universidades tienen precios distintos, sobre todo tras la fuerte subida de tasas decretada en 2012, que osciló entre el 20% (Andalucía o Castilla la Mancha) y el 60% (en Barcelona y Madrid), mientras sólo Galicia y Asturias las han congelado. Así, un grado de medicina o uno de Ingeniería cuesta 2.372 euros en Cataluña, el triple que en Andalucía (757 euros) y el doble que en Extremadura (1.111 euros). Y un grado de Derecho cuesta el doble en Cataluña (1.516 euros) que en Andalucía (757 euros). Y un master en la Universidad pública de Barcelona tiene un precio medio de 4.000 euros, frente a 1.800 euros máximo en las universidades de Andalucía.

Sean cuales sean los precios, estudiar en la Universidad en España se ha encarecido mucho y somos el 6º país de Europa con los grados universitarios más caros (1.100 euros de media), tras Reino Unido, Irlanda, Italia, Letonia y Lituania, según un estudio elaborado por comisiones Obreras. Y el 7º país más caro de Europa en Master (se pagan 2020 euros de media), tras esos mismos paises y Grecia. Y según un estudio de los propios rectores, España es el cuarto país más caro para estudiar en la Universidad (1.257 euros de media en 2013-2014), sólo por detrás de Reino Unido (4.409 euros), Irlanda (2.500 euros) e Italia (1.300 euros). De hecho, apenas se paga por estudiar en la Universidad en Alemania (200 euros) , Francia (283 euros) o Polonia (41 euros) y hay 11 paises europeos donde estudiar en la Universidad es gratuito (Austria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, malta, Noruega, Escocia-RU, Suecia, Turquía y Chipre). Y además de ser más cara, el Gobierno Rajoy ha endurecido los criterios y  recortado la cuantía de las becas a los universitarios.

La consecuencia de que la Universidad sea más cara y hayan bajado las becas es doble. Por un lado, hay 134.000 estudiantes que han dejado la Universidad desde 2012, según un informe de la Fundación CyD. Y por otro, han aumentado los alumnos en las universidades privadas, ahora que se han acortado los precios en Grados y sobre todo en los Master al subir más las tasas en las públicas. De hecho, los alumnos en los Grados de las 32 universidades públicas han crecido un 17,6% entre el curso 2008-2009 y el 2015-2016, mientras caían un 6,3% en las 50 Universidades públicas. Y en los Master, han crecido los alumnos de las públicas un 167% en estos 7 cursos, mientras aumentaban un 587% en las privadas. El resultado es que las Universidades privadas han ganado cuota de mercado a costa de las públicas: de un 11 a un 13% (173.381 alumnos) en enseñanzas de Grado y de un 15 a un 32% (52.710 alumnos) en enseñanzas de Master entre 2008-2009 y 2015-2016, según datos oficiales del Ministerio de Educación.

Las Universidades públicas pierden peso mientras no consiguen recuperarse de los recortes aplicados por Zapatero y sobre todo Rajoy: -1.370 millones, el 14% del Presupuesto de 2010. Y eso lleva a un problema de fondo, de falta de recursos: el gasto público en España por cada universitario es de 12.604 dólares, un  20% inferior a los 15.665 euros de gasto medio en Europa (UE-22) o a los 15.772 dólares por universitario que gasta la OCDE, según el informe “Education at a glance 2016”. Y España, como país, dedica el 1,3% de su PIB a financiar la Universidad, por debajo del 1,5%  del PIB que gasta la OCDE (34 paises). O sea, que tendríamos que gastar 2.250 millones de euros más cada año en la Universidad.

Pero hay más problemas en la Universidad española que la falta de dinero. Uno importante es ajustar la oferta universitaria, recortando titulaciones (hay 2.637 Grados y 3.661 Master) y fusionando Centros (hay 234 Campus, con ofertas de estudios similares a pocos kilómetros de distancia). Otro reto es reducir la endogamia (7 de cada 10 profesores trabajan en la misma Universidad donde leyeron su tesis) y abrir la docencia al mundo económico y empresarial. Y sobre todo, fomentar la autonomía universitaria y las auditorías de eficiencia y calidad (para que las Universidades españolas compitan en el mundo: sólo hay una, la de Barcelona, entre las 200 mejores Universidades del mundo). Pero, con todo, el mayor reto de la Universidad española es conseguir que sus licenciados trabajen.

Hoy por hoy, los títulos universitarios no son una garantía de empleo, aunque tengamos más universitarios que el resto de Europa (32,6% de los adultos frente al 27,1% en la UE). El 10,89% de los universitarios están en paro, menos que el conjunto de españoles (18,75% en paro) pero el doble de parados que en Europa (5,7% de paro entre universitarios) y en la OCDE (4,9% paro universitario). Y además, 1 de cada 3 universitarios que trabajan (el 33,7%) están subempleados, sobrecualificados: han hecho una carrera pero trabajan de otra cosa, de teleoperador o cajera de supermercado. Lo que sucede es que apenas hay trabajo para algunos licenciados (sólo el 4,8% de las contrataciones para Humanidades y Ciencias Sociales y un 9,7% para salud), mientras las contrataciones se concentran en licenciados en ADE, Economía y Derecho (40%), Ciencias e Ingenierías (27%), Informática y TICs (17,7%), según un estudio de la Fundación Everis sobre lo que demandan las empresas.

Cara al futuro, la brecha entre lo que se estudia y lo que necesitarán las empresas se va a agravar: en 2020 faltarán en el mercado español 1,9 millones de profesionales altamente cualificados, sobre todo perfiles STEM, el acrónimo en inglés de especialistas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, según un estudio de Randstad. Y además, no bastará con tener esos títulos. Las empresas se quejan de que los universitarios españoles les sobra teoría y les falta formación práctica, habilidades para afrontar el reto laboral, que necesitan mejorar en idiomas y entorno digital, ser más flexibles y saber trabajar en equipo. Y saber adaptarse mejor a los cambios, empezando por cambiar de ciudad o país para trabajar.

Urge pensar menos en la Selectividad, en filtrar a los alumnos para entrar en la Universidad, y pensar más en lo que estudian para mejorar su salida laboral. Y eso exige un gran acuerdo Universidad-empresa, donde el mundo docente se abra a las necesidades de las empresas para configurar las carreras con más futuro, que mejor aseguren un empleo. Y enseñar practicando, en la Universidad y en las empresas. Esa debería ser la obsesión de la Universidad, los alumnos y los políticos cara a los próximos cursos. Enseñar para trabajar.