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jueves, 23 de mayo de 2019

Elecciones 26-M: nos jugamos mucho


Para los 4 grandes partidos, las elecciones del domingo son “la 2ª vuelta” de las últimas generales: unos buscan confirmar su victoria y otros una “remontada” que atenúe su derrota del 28-A. Para nosotros, no debería ser así, porque en estas elecciones autonómicas y municipales nos jugamos mucho, nuestro día a día: la sanidad, la educación, las políticas de empleo, la dependencia, las ayudas sociales, la Justicia, la vivienda, el tráfico o la contaminación y los servicios públicos, que dependerán mucho de quien gobierne nuestra región o ciudad. Porque España es el 2º país más descentralizado de Europa y la mitad del gasto lo hacen autonomías y Ayuntamientos. Ahora, están en juego el Estado del Bienestar y los servicios públicos, lo que exige reformar con urgencia la financiación autonómica y reordenar los impuestos, que la derecha promete bajar, algo imposible (faltan recursos) si no queremos más recortes. Defendamos unas regiones y ciudades que funcionen y mejoren nuestra vida. Votemos.



España se ha convertido en el 2º país más descentralizado de Europa y del mundo, tras Alemania y por delante de Bélgica, Austria o Estados Unidos, según el indicador de Autoridad Regional elaborado por la Universidad de Oxford. Y el gasto autonómico y local supone ya la mitad de todo el gasto público, un porcentaje sólo inferior al de Dinamarca, Suecia y Bélgica, donde tiene un mayor peso el gasto local, según Eurostat. Eso quiere decir que gran parte de los servicios públicos, desde las políticas de empleo a la sanidad, la educación, la justicia, la vivienda  o las ayudas sociales los gestionan las autonomías y Ayuntamientos, no el Gobierno central. Y por eso, es tan importante o más votar quien va a presidir nuestra autonomía o nuestra ciudad que quien va a estar en La Moncloa. Nos jugamos mucho.

Las autonomías tienen mucho que decir en el problema que más preocupa a los españoles, el paro. Primero, porque son las que gestionan las oficinas de empleo (SEPE) y por tanto, las responsables de ayudar a los parados a encontrar trabajo (sólo al 2%), con cursos de formación y asesoramiento especializado. Las diferencias en la gestión del SEPE y en los medios de que disponen son muy patentes entre autonomías, aunque la mayoría adolece de falta de medios y personal. Pero hay más: las autonomías tienen también competencias en política económica, gestionando ayudas a las empresas y a la promoción de empleo. Y tienen mucho que decir a la hora de atraer inversiones o apoyar la exportación, el turismo o la investigación. Y todo esto se acaba notando en el empleo y el paro. No es casualidad que las dos autonomías más ricas, Navarra y el País Vasco, sean las que tienen menos paro (8,19% y 9,62%) y que las tres autonomías más pobres, con menos industria, tecnología y exportación, sean las que tienen más paro: Extremadura (22,52%), Andalucía (21,08%) y Canarias (21,03%). Cuenta mucho la historia y la política económica que se haga en Europa y en España, pero ayuda o entorpece lo que se haga en las autonomías.

Las autonomías gestionan la mayoría de las competencias que afectan al Estado del Bienestar, a los servicios públicos. Los últimos Gobiernos autonómicos, elegidos en 2015, trataron de paliar los recortes que les dejaron Rajoy y Zapatero. Concretamente, entre 2009 y 2017, las políticas sociales de las autonomías sufrieron un recorte de -8.255 millones, un 7,07%, según un reciente estudio de los Directores y Gerentes de Servicios Sociales. Y ese recorte social  fue mayor en 5 autonomías, las “campeonas del ajuste”: Cataluña (-19,96%), Castilla la Mancha (-18,76%), Canarias (-8,53%), Aragón (-7,90%) y Galicia (-7,5%). En 2017, sólo 6 autonomías habían recuperado ya el gasto social de antes de la crisis: Baleares (+7,96%), Navarra (+7,94%), País Vasco (1,87%), Cantabria (+1,20%), Asturias (+0,50%) y Comunidad Valenciana (0,22%). Y es bueno conocer  las autonomías que más gastaron por habitante en políticas sociales en 2017: Navarra (3.247 euros), País Vasco (3.196), Extremadura (2.780), Asturias (2.734) y Cantabria (2.705 euros). Y las que menos gastaron: Madrid (2.065 euros, el 34,6% menos que Extremadura), Canarias (2.131), Baleares (2.180), Andalucía (2194) y Cataluña (2.227 euros).

Dentro de este gasto social autonómico, la principal partida es la sanidad: de los 68.483 millones que España gastó en Sanidad en 2017, según el Ministerio, el 92,71% (63.494 millones) lo gastaron las autonomías (y un 0,9% los Ayuntamientos). En esta partida sanitaria, el recorte entre 2009 y 2017 fue de 5.993 millones, un -9,3%, que vuelve a ser mayor en Cataluña (-27,51% de recorte sanitario), Castilla la Mancha (-14,35%), Aragón (-12,67%) y Extremadura (-9,79%). De hecho, sólo hay 5 autonomías que gastan ahora (2017) en Sanidad más que antes de la crisis: Baleares (+12,30%), Navarra (+7,45%), Cantabria (+3,3%), Asturias (+1,60%) y País Vasco (+1,02%).

Las diferencias en el gasto sanitario por autonomías (2017) son muy llamativas. En cabeza están el País Vasco (1.648 euros/habitante), Navarra (1.616), Asturias (1.614), Aragón (1.434) y Extremadura (1.428 euros), mientras a la cola del gasto sanitario están Andalucía (1.255 euros, un 50% menos que en Euskadi), Madrid (1.133), Cataluña (1.178), Murcia (1.197) y Comunidad Valenciana (1.230), las cinco con un gasto inferior a la media española (1.255 euros). Esto se traduce en menos camas de hospital, menos médicos o enfermeras y menos medios, que el ciudadano sufre en una peor atención y en mayores o menores listas de espera (48 días para operarse en el País Vasco y 132 en Cataluña, por ejemplo). Al final, se ha configurado un mapa de “4 Españas sanitarias”, según el ranking de la Federación en Defensa de la Sanidad Pública. Una sanidad “buena” en el País Vasco (94 puntos sobre 118), Navarra (83), Aragón (80) y Castilla y León (83 puntos). Una sanidad “regular” en Asturias (78), Castilla la Mancha y Extremadura (77), La Rioja (76) y Madrid (73). Una sanidad “deficiente” en Baleares (72 puntos), Galicia (71), Andalucía (68), Cantabria y Murcia (66). Y una sanidad “mala” en Cataluña (65 puntos), Valencia (63) y Canarias (53). Recuérdenlo al votar.

El segundo capítulo de gasto social de las autonomías es la educación: si España gastó 49.458 millones en 2017, según el Ministerio, el 83,6% lo aportaron las autonomías (41.333 millones en 2017). Aquí, el recorte del gasto educativo entre 2009 y 2017 fue de 2.800 millones, un -6,9%, aunque fue mayor en Castilla la Mancha (-19,35%), Asturias (-12,03%), Cataluña (-12%), Canarias (-11,61%) y Castilla y León (-10,45%), según el informe de los Directores de Servicios Sociales. Y sólo hay 3 autonomías que gasten en educación (2017) más que antes de la crisis: Baleares (+2,19%), la Rioja (1,20) y Extremadura (+014%).

Las diferencias en el gasto educativo por autonomías son también muy llamativas. Las que más gastan en educación por habitante (2017) son el País Vasco (1.245 euros), Navarra (1.004 euros), Extremadura (943 euros), Cantabria (906) y Comunidad Valenciana (887 euros), mientras están a la cola del gasto educativo Madrid (682 euros, un 82,5% menos que Euskadi), Canarias (770), Asturias (721), Baleares (766) y Cataluña (769 euros), las cinco por debajo del gasto medio español en educación (818 euros). El gasto no es todo, pero explica en buena parte las enormes diferencias educativas entre regiones, desde el porcentaje de repetidores (41,5% en Aragón o 39,2% en Murcia frente al 23,8% en Euskadi) al fracaso escolar (23,5% en Andalucía y 7% en el País Vasco) o el bajo nivel educativo (46,3% de jóvenes poco formados en Castilla la Mancha frente a 19,3% en el País Vasco).

El tercer gran capítulo de gasto autonómico es el gasto social, desde la dependencia a la renta básica o las ayudas familiares. Si en España se destinan 17.723 millones al gasto social (2017), el 61,7% de ese gasto lo hacen las autonomías (10.935 millones), el 25,2% los Ayuntamientos (4.466 millones) y sólo el 13,2% restante lo hace el Estado central. Y también aquí ha habido recortes, aunque las autonomías ya han recuperado el gasto social de 2009 (gastan 550 millones más), salvo 4 que todavía gastan menos: Castilla la Mancha (-31,70%), Galicia (-13,88%), Andalucía (-5,88%) y Cataluña (-1,19%). Los que hacen un mayor gasto social por  habitante son Navarra (626,2 euros), Extremadura (408,3), Asturias (398,6) y La Rioja (397 euros), estando a la cola de gasto social Baleares (117 euros, la quinta parte que Navarra), Canarias (154), Comunidad Valenciana (204) y Murcia (230). Las autonomías que hacen más y mejor gasto social son el País Vasco (7,20 puntos sobre 10), Castilla y León (7,45) y Navarra (7,15) y es "irrelevante" en Madrid (3,20 puntos), Comunidad Valenciana (3,30), Murcia (3,35) y Canarias (3,75 puntos), según el ranking regional de gasto social 2018 elaborado por los Directores de Servicios Sociales.

El gasto en Dependencia, la atención a ancianos y jóvenes discapacitados, es el mayor gasto social de las autonomías, que financian ya el 83,7% del gasto público en Dependencia (7.458 millones en 2017), frente al 16,3% que pone el Estado central (la Ley establece que fuera 50%/50%). Los drásticos recortes de Rajoy a la Dependencia (-5.000 millones) han sido compensados por las autonomías con un retraso en el reconocimiento de las ayudas, un desvío a los servicios más baratos (low cost) y unas listas de espera injustificables: hay 250.037 dependientes con derecho reconocido que no reciben ayudas (diciembre 2018), un 19% del total. Y aquí también hay diferencias: hay 5 autonomías donde las listas de espera superan el 25% de los dependientes (Cataluña, Canarias, la Rioja, Andalucía y Cantabria). Y otras 5 autonomías donde apenas hay dependientes esperando la ayuda (Castilla y León, Ceuta, Melilla, Navarra y Castilla la Mancha). En el pago de rentas mínimas, a familias sin ingresos, la cifra de ayuda es baja (314.562 beneficiarios) y hay grandes diferencias entre los 300 euros mensuales que se pagan en Murcia o los 385 en la Comunidad Valenciana y los 672 euros que pagan en el País Vasco o los 600 euros de Navarra.

Otro gasto autonómico importante es la Justicia, transferida y gestionada por 12 autonomías, todas salvo Castilla y León, Castilla la Mancha, Extremadura, Murcia y Baleares. Esto ha llevado a una “Justicia a varias velocidades”, según los recursos de cada autonomía para juzgados, personal y medios informáticos (con 9 sistemas distintos). Incluso alguna autonomía, como Madrid, se ha planteado devolver las competencias de Justicia, en medio de un colapso general, con enormes atascos y retrasos, sobre todo en la jurisdicción social y mercantil.

Otra competencia transferida a las autonomías desde hace décadas es la vivienda. El Gobierno central aprueba un Plan estatal de Vivienda (vigente el 2018-2021), pero quien gestiona las ayudas a la compra y alquiler son las autonomías. Pero hacen poco más que de oficinas. La mayoría no hacen política de vivienda, porque les faltan recursos. Un ejemplo: en 7 autonomías no se promovió ni una vivienda pública (VPO) en 2018, según Fomento, y sólo 2.418 en Madrid, 633 en Cataluña o 859 en Euskadi. Y tampoco lo hacen los Ayuntamientos (sí muchas grandes ciudades europeas), más preocupados por controlar los precios de los alquileres que en promover viviendas municipales para alquileres sociales.

Los Ayuntamientos podrían ser claves en la política de vivienda si contaran con más recursos (suelo tienen) y gastaran menos en encierros o fiestas populares y más en promover viviendas municipales, como Viena o Berlín. En manos de la gestión municipal están importantes servicios públicos, desde los transportes al agua y la recogida de basuras o el control de la contaminación, cada vez más preocupante (hay 15 millones de españoles respirando un aire que la Unión Europea considera “insalubre”, sobre todo en Madrid, Barcelona, Bilbao, Granada, Avilés, Málaga y la Costa del Sol). Sin olvidar importantes servicios municipales como guarderías (escasísimas), polideportivos, bibliotecas y centros de mayores, que han sufrido con dureza los recortes y subidas de tasas que pagamos todos.

Las autonomías y Ayuntamientos se presentan a estas elecciones del 25-M con sus cuentas más saneadas, tras 6 años de duros ajustes (2010-2015). En el caso de las autonomías, su déficit ha bajado drásticamente, del 1,66% del PIB en 2015 al 0,23% en 2018 (-2.810 millones). Y 5 autonomías tuvieron superávit en 2018: País Vasco, Navarra, Asturias, Canarias y Galicia. Este menor “agujero” presupuestario (a costa de cuantiosos préstamos de Hacienda) les ha permitido gastar algo más desde 2015, aunque a costa de aumentar su deuda: de 124.239 millones en 2010 a 263.269 millones en 2015 y 293.128 millones en 2018. Una deuda muy concentrada en 4 autonomías: Cataluña (78.732 millones, el 34% de su PIB), Comunidad Valenciana (47.084 millones, el 41,7% de su PIB), Andalucía (35.409 millones, el 21,9% de su PIB) y Madrid (33.270 millones, el 14,6% de su PIB), mientras apenas tienen deuda La Rioja (1.591 millones), Cantabria (3.171), Navarra (3.445) y Asturias (4.351 millones).

Los Ayuntamientos tienen unas cuentas mucho más saneadas, gracias a los drásticos recortes que han sufrido en los servicios sus ciudadanos. Tienen superávit presupuestario (+0,52%del PIB en 2018, más que el 0,44% de 2015) y una pequeña deuda (25.781 millones), que sólo ha aumentado estos años en Murcia, Zaragoza y Bilbao. La deuda municipal se concentra en Madrid (2.762 millones, 662 millones menos que en 2015 y muy lejos de los 7.773 millones de 2012), Zaragoza (855 millones), Valencia (439) y Málaga (408 millones). Y lo más llamativo: los Ayuntamientos españoles tienen más ahorro (27.000 millones en depósitos bancarios) que deuda, porque Montoro y su Ley de estabilidad les ha impedido gastar más e invertir, a pesar de tener liquidez.

Con este panorama, lo lógico es que los Ayuntamientos que salgan de estas elecciones gasten e inviertan más, en muchos servicios sin recursos, desde los transportes a la limpieza pasando por bibliotecas y centros de mayores. Y lo mismo las autonomías, casi sin déficit, aunque todavía con demasiada deuda. Por eso es una “irresponsabilidad” prometer bajar impuestos, autonómicos y municipales, como defienden Ciudadanos, PP y Vox. Porque en la próxima Legislatura, las autonomías tendrán que reforzar el Estado del Bienestar, recuperar el gasto en sanidad, educación y Dependencia que muchas no han recuperado todavía. Y fortalecer la Justicia, la vivienda y los servicios públicos, junto a los Ayuntamientos. Si se bajan los impuestos autonómicos, no se podrá gastar más en tanto como hace falta, salvo que se suban impuestos que no se ven (como tasas), mucho más injustos.

Precisamente, uno de los retos de las autonomías es reordenar sus impuestos propios, porque son bajos (sólo suponen el 21% de sus ingresos, el 79% restante son tributos cedidos por el Estado) e injustos, mal equilibrados, en medio de una pelea por quién baja más sucesiones o subvenciona el impuesto de patrimonio (en Madrid no se paga). Urge pactar un nuevo sistema de financiación autonómica, que corrija las injusticias actuales (Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Cataluña, Baleares y Castilla la Mancha pierden), pero también las autonomías deben tener mayor “corresponsabilidad fiscal” y saber que si quieren tener mejor servicios públicos tienen que cobrar más impuestos, no vivir de las transferencias del Estado y de la deuda. Y crear mecanismos de compensación, Fondos para corregir el hecho de que haya 3 Españas (rica, pobre e intermedia) y que los españoles tengan mejor o peor sanidad, educación o servicios sociales según donde vivan, como pasa ahora.

Como se ve, no estamos ante problemas menores y por eso nos jugamos mucho en estas elecciones autonómicas y municipales del 25 de mayo: el futuro del Estado del Bienestar y la mejora de los servicios públicos, muy deteriorados con los recortes. Es hora de analizar lo que han hecho los Gobiernos autonómicos y sus propuestas de futuro para mejorar nuestro día a día, desde los hospitales, colegios, residencias o ayudas públicas al transporte, la vivienda, la contaminación, la limpieza o las guarderías públicas. Y votar en consecuencia, por encima de ideologías y “segundas vueltas”. Un voto útil para mejorar nuestra vida cotidiana. Voten.

jueves, 16 de mayo de 2019

La brecha entre las 3 Españas


Quedan diez días para las elecciones autonómicas y nadie habla de un problema grave que arrastramos desde hace décadas: las tremendas desigualdades entre regiones, que configuran 2  Españas, o mejor 3 Españas: la rica (País Vasco, Navarra, Madrid, Cataluña, Baleares, Asturias, la Rioja y Aragón), la pobre (Extremadura, Murcia, Canarias, Castilla la Mancha, Andalucía, la Comunidad Valencia y Ceuta) y la intermedia (Galicia, Castilla y León, Cantabria y Melilla). Y lo más preocupante es que son las mismas regiones que en el año 2000 y casi idénticas a las de 1977, con más desigualdad incluso ahora que antes de la crisis. Y al ritmo actual, se tardarán 80 años en reducir a la mitad la brecha de riqueza entre regiones. Urge aprovechar estas elecciones para empezar a corregir las históricas desigualdades entre regiones, con empleo, formación, medidas fiscales, inversiones públicas, reindustrialización, tecnología, infraestructuras y una financiación más justa y equitativa. No puede haber 3 clases de españoles, según donde vivan. Es otra de las grandes asignaturas pendientes de nuestra democracia. Piense en ello al votar el 28-M.


enrique ortega

La región española que más produce es Cataluña (231.277 millones de euros en 2018, un 19,1% del PIB español) y la que menos La Rioja (8.391 millones, el 0,7% del PIB), junto a Ceuta (1.700 millones) y Melilla (1.564 millones), que aportan el 0,1% del PIB. Pero hay que tener en cuenta la población y lo importante es lo que se produce por habitante (PIB/habitante): quien más produce por persona es más rico. Y en España, la región más eficiente, la que más produce por habitante es Madrid (34.916 euros en 2018, un 135,1% de la media española) y la que menos Extremadura (18.134 euros por habitante en 2018, un 70,3% de la media española: 25.854 euros/habitante), según los datos recién publicados por el INE. Y por eso, Madrid y Extremadura son la región más rica y más pobre de España.

Las 7 regiones más productivas en 2018 (y por tanto, las más ricas), que superaron la producción media española (25.854 euros PIB/por habitante) fueron Madrid (34.916 euros, un 135,1% de la media), País Vasco (34.079 euros, el 131,8% de la media), Navarra (31.809 euros, el 123%), Cataluña (30.769 euros, el 119%), Aragón (28.640 euros, el 110,8%), La Rioja (26.833 euros, el 103,8%) y Baleares (26.764 euros, el 103,5% de la media española), según la Contabilidad regional publicada por el INE a finales de abril. Lo llamativo es que estas 7 regiones más ricas son las mismas que antes de la crisis, que en 2007 y en 2000, según las series del INE, aunque el País Vasco ha subido del 4º al 2º lugar.

En el otro extremo, tenemos las 7 regiones menos productivas y por tanto las más pobres, que están por debajo del PIB/por habitante medio español (esos 25.854 euros en 2018): Extremadura (18.134 euros, un 70,3% de la media española), Melilla (18.482 euros, el 71,5%), Andalucía (19.132 euros, el 74%), Ceuta (20.032 euros, el 77,5%), Castilla la Mancha (20.645 euros, el 79,9%), Canarias (21.031 euros, el 81,3%) y Murcia (21.134 euros, el 81,7% del PIB por habitante medio español), según la Contabilidad regional del INE. Y la mayoría son las mismas regiones que eran pobres antes de la crisis, en 2007 y 2000, aunque han salido de este grupo de menos productivas y más pobres Galicia y Asturias (pobres en el año 2000), incorporándose Canarias, Ceuta y Melilla (intermedias en el 2000).

Y queda la 3ª España, la intermedia, que produce menos que la media pero algo más que esas 7 regiones pobres. En 2018 formaban este grupo la Comunidad Valenciana (22.659 euros de PIB/habitante, el 87,6% de la media española), Asturias (23.087 euros, el 89,3%), Galicia (23.294 euros, el 90,1%), Cantabria (23.817 euros, el 92,1%) y Castilla y León (24.397 euros, el 94,4% de la media española), según la Contabilidad Regional del INE. Un grupo muy similar a la España intermedia de antes de la crisis, aunque en el año 2.000 estaban Canarias, Ceuta y Melilla, que han caído al pelotón de la España más pobre, mientras han mejorado Galicia y Asturias, que antes de la crisis eran pobres y ahora “intermedias”.

En este siglo, los grupos de regiones pobres, ricas e intermedias apenas han variado, aunque hay regiones que han ganado peso (aportan más a la producción total del país) y otras lo han perdido, según los datos del INE. Hay 8 regiones que han mejorado su posición económica, que han  mejorado su porcentaje sobre el PIB español: Galicia (+12,5%: de producir el 77,6% del PIB en 2000 al 90,1% en 2018), País Vasco (+9,2%), Extremadura (+6,6%), Aragón (+6%), Asturias (+5,3%), Castilla y León (+3,7%), Castilla la Mancha (+1,8%) y Madrid (+1,2%: de producir el 133,9% del PIB español al 135,1% en 2018). Y otras 11 regiones empeoran su posición, aportan hoy menos al crecimiento español que en 2000: Baleares (-22,2%: producían el 125,7% de la media y han bajado al 103,5%), Melilla (-17,2%), Canarias (-16,4%), Ceuta (-12,6%), La Rioja ( -8%), Comunidad Valenciana (-7,7%), Navarra (-4,3%), Cataluña (-2,6%: producía el 121,6% del PIB/habitante español en 2000 y ahora producen el 119%), Murcia (-1,9%), Cantabria (-1,3%) y Andalucía (-0,2%).

Un dato importante es que la brecha entre las regiones más productivas (más ricas) y las menos eficientes (más pobres) se mantiene, a pesar de que llevamos ya 5 años largos de recuperación económica. Así, si en el año 2000, Madrid producía más del doble que Extremadura por habitante (21.333 euros frente a 10.145, 2,10 veces más), en 2008 produjo 1,93 veces más (32.155 euros frente a 16.653), en 2013 (el peor año de la crisis), la brecha subió a 1,97 veces (30.188 euros frente a 15.280) y en 2018, a pesar de la recuperación sólo bajo a 1,92 veces (34.916 euros frente a 18.174 euros). La brecha se mantiene.

Y, lo más llamativo: esta brecha entre regiones más o menos productivas se arrastra desde  hace siglo y medio, según el libro “La desigualdad regional en España 1860-2015”, escrito por tres catedráticos universitarios (Díez-Minguela, Martínez-Galarraga y Tirado). La desigualdad regional aumentó entre 1860 y 1910, se redujo después entre 1910 y 1950, volvió a bajar entre 1960 y 1985 y lleva aumentado desde 1986, a raíz de la entrada de España en Europa, debido a que una economía más abierta ha agravado las diferencias regionales, al competir mejor unas autonomías que otras en estos 33 años siendo europeos. Y lo peor: al ritmo actual, se tardarán 80 años para reducir a la mitad la actual diferencia de riqueza entre las regiones españolas, según un documentado informe realizado por Fedea.

¿A qué se debe que unas regiones hayan ido mejor que otras? Básicamente, a su estructura productiva y la mayor o menor creación de empleo, al peso de la industria (más resistente a la crisis), al mayor o menor peso del turismo y la construcción (ayudan en la recuperación, pero caen más en la crisis), al peso de las exportaciones, al aumento o caída de la población (las regiones que más han crecido, como Madrid o País Vasco, han ganado población, española e inmigrante), al nivel educativo, a la tecnología, a la inversión pública y empresarial y, en los dos últimos años, a las pensiones: hay provincias muy envejecidas (norte y centro), donde las pensiones ha supuesto una inyección de ingresos que mejora el consumo y el crecimiento, como ha pasado en Asturias, Castilla y León, Galicia, País Vasco, Aragón Cantabria, la Rioja y Extremadura (autonomías con más de un 20% de población que supera los 65 años), frente a Murcia, Canarias o Baleares (15,3% de mayores), que no han tenido esta ayuda.

Un caso especial es Madrid, la región española más productiva, entre 2000 y 2018, y la que más creció en 2018 (+3,7% frente al 2,6% toda España), mientras se espera que este año 2019 supere a Cataluña (en 2018, el PIB madrileño fue 230.018 millones frente a 231.277 millones de Cataluña). El PP atribuye “el milagro de Madrid” a que gobiernan esta comunidad desde 1995, pero la causa es otra: el factor capitalidad”. Ser capital de un país aporta un crecimiento “extra”, porque las instituciones públicas y la capitalidad atraen empresas, inversiones y talento. Es lo que ha pasado en toda Europa, donde las regiones de la capital son las más ricas en 25 de los 28 paises de la UE (todas las capitales, salvo Dublín, Lisboa y Zagreb). Y han ganado peso más que Madrid: una media del 3,5% en la UE-28 frente al 1,3% de Madrid, según Eurostat. Y en paises muy centralizados, el factor capital ha ayudado aún más: París ha crecido su enorme peso en el PIB francés (30,8%) un 2,5% más que el resto de Francia y Londres (23,4% del PIB británico) un 3% más, mientras Madrid (un 19% del PIB español) aumentaba su peso el 1,3% entre 2000 y 2018.

Hasta aquí, el análisis de la riqueza creada por cada región (PIB por habitante) y las grandes diferencias entre las 3 Españas. Pero, al final, hay contrapesos, factores que juegan para que los españoles de las distintas autonomías tengan más o menos renta: las transferencias públicas (pensiones, desempleo, dependencia), las subvenciones y prestaciones sociales, las inversiones públicas,  los impuestos y deducciones fiscales, que acaban determinando lo que cada español recibe finalmente, la renta por habitante. Esto es lo que determina el mapa de la riqueza o pobreza final. Y aquí se repite, con pocos cambios, el mapa de las 3 Españas, según los últimos datos publicados por el INE (de 2017).

Hay una España rica, con una renta por persona que supera los 12.000 euros anuales en 8 autonomías: País Vasco (14.397 euros), Navarra (13.583), Madrid (13.099), Cataluña (12.712), Baleares (12.665), Asturias (12.244), La Rioja (12.131) y Aragón (12.110 euros). En total, ahí viven 20.806.290 españoles, el 44,5% de la población total. Curiosamente, estas 8 autonomías son las mismas que tenían más renta en el año 2.000 y en 2014, tras lo peor de la crisis. Pero lo más llamativo es que son casi las mismas autonomías que eran las más ricas en 1977, al inicio de la democracia, aunque entonces cambiaba el orden: Baleares, Madrid, Cataluña, La Rioja, País Vasco y Navarra, según puede comprobarse en las estadísticas históricas 1850-2000 que recopiló en su día el Banco de Bilbao (una joya). A comienzos de siglo se incorporó al grupo Aragón y en 2008, tras la Ley del Cupo (2002), el País Vasco y Navarra encabezan el grupo de las más ricas.

La España pobre son 6 autonomías más Ceuta, que tienen una renta por habitante inferior a los 10.000 euros, según las últimas estadísticas del INE (referidas a 2017): Extremadura (8.250 euros), Murcia (8.702), Canarias (8.863), Castilla la Mancha (9.045), Andalucía (9.116), Ceuta (9.676) y la Comunidad Valenciana (9.801 euros). En total, ahí viven 20.144.190 españoles, el 43,1% de la población.  Son las mismas autonomías pobres que en el año 2000, 2008 y 2014, salvo Galicia, que ha salido de este grupo y la Comunidad Valenciana, que no estaba al inicio del siglo y ha entrado entre las pobres. Pero, otra vez, lo preocupante es que estas autonomías pobres son casi las mismas que en 1977, al inicio de la democracia: entonces eran las más pobres Extremadura, Andalucía, Castilla la Mancha, Murcia, Galicia y Canarias, por este orden, según las series históricas del BB.

En medio quedan las 3 autonomías y Melilla que conforman “la España intermedia”, que rondan la renta media española (11.074 euros en 2016), según los últimos datos del INE: Cantabria (11.293 euros), Castilla y León (11.239), Galicia (10.753 euros) y Melilla (10.161 euros). En conjunto, 5.772.500 habitantes, el 12,4% de la población española. Un grupo intermedio que ha cambiado algo más en los últimos 40 años, ya que antes incluía a Galicia, Asturias y Aragón, que han mejorado su estatus, y a la Comunidad Valenciana, que lo ha empeorado y pasa al grupo de las “pobres”.

Y lo peor no es sólo que siga habiendo 3 Españas, sino que han aumentado las diferencias de renta. Si en 1977, un balear tenía 1,81 veces la renta de un extremeño, mejoró algo en el año 2000, cuando un aragonés ingresaba 1,53 veces lo que un andaluz, pero ha empeorado después: si un vasco tenía una renta en 2008 que era 1,65 veces la de un extremeño, en 2017 es ya 1,74 veces mayor que antes de la crisis. Se agrava la desigualdad.

Un fracaso de España y los distintos gobiernos democráticos. Y más cuando, tras 33 años en Europa,  6 regiones españolas siguen todavía con una renta por debajo del 75% de la renta media europea: Extremadura (63% renta media UE-28), Melilla (67%), Andalucía (68%), Castilla la Mancha (72), Ceuta (73%) y Canarias (75%), según los últimos datos de Eurostat (para 2016). Y sólo 4 regiones españolas superan la renta media europea: Madrid (125% de la renta media UE-28), País Vasco (121%), Navarra (114%) y Cataluña (110%).

¿Qué se puede hacer? Lo primero, abrir el debate sobre la desigualdad interregional, sobre estas graves diferencias entre españoles según donde vivan, no sólo en renta, paro, sueldos sino en servicios públicos, desde sanidad a educación, dependencia o ayudas a la pobreza, la familia o la vivienda. No podemos dejar que la extrema derecha encabece este debate sobre la España de las autonomías. Denunciar las desigualdades no es poner en cuestión el modelo autonómico sino afrontar una grave situación, reforzada por cientos de datos. Y una desigualdad que se puede mejorar, en unas décadas, si se toman medidas.

La primera y fundamental es reforzar el papel reequilibrador del Estado, a través de múltiples instrumentos que deben ir a corregir las desigualdades entre regiones: políticas económicas, Planes de empleo, inversiones públicas, planes de reindustrialización, infraestructuras, ayudas públicas e impuestos. Porque los Gobiernos gastan mucho dinero en inversiones y ayudas públicas, pero gastan mal, no ayudan a reducir las desigualdades, según le acaba de decir a España un informe de la OCDE. Es clave reformar la política fiscal y que los impuestos ayuden al reequilibrio territorial.

Otro objetivo clave del Gobierno central debería ser asegurar la homogeneidad de los servicios públicos, porque no es de recibo que la atención sanitaria, la educación, la dependencia, las ayudas al desempleo o a la pobreza sean distintas según donde uno viva, porque hay autonomías que gastan más y otras menos, además de gestionar mejor o peor. Así, por ejemplo, si uno enferma, no es lo mismo hacerlo en el País Vasco (cuya sanidad recibe 90 puntos sobre 114 de la Fundación en Defensa de la Sanidad Pública), Navarra (90 puntos) o Aragón (82 puntos) que en Canarias (49 puntos), Comunidad Valenciana (59), Cataluña o Andalucía (59 puntos). Y lo mismo si uno es un anciano dependiente, parado o  pobre. Urge garantizar unos servicios mínimos iguales y crear un Fondo de compensación para mejorar el Estado del Bienestar en las autonomías pobres.

Otra medida urgente es reformar el sistema de financiación autonómica, que se debería haber modificado en 2014. Hay que reequilibrar ingresos y aportaciones, para que no haya autonomías ganadoras (País Vasco, Navarra, Cantabria, la Rioja, Extremadura, Castilla y León, Galicia, Aragón, Asturias y Canarias) y perdedoras (Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Cataluña, Baleares y Castilla la Mancha). Y reforzar el Fondo de Compensación interterritorial, dando más peso a criterios como paro, renta, envejecimiento y dispersión de la población. Y además, hay que asegurar más recursos públicos a las autonomías, porque tienen muchas competencias y les faltan ingresos. Y hay que hacerlo a costa de reducir la parte del Estado, ya que es un país muy descentralizado: si hoy gasta el 50% de los ingresos totales (y el 35% las autonomías y 15% los Ayuntamientos), habría que pasar a un reparto 40/40/20 al menos. Esa debería ser la base fiscal del Estado federal que se defiende.

Estas elecciones autonómicas deberían ser una oportunidad para afrontar el grave problema de las 3 Españas, que arrastramos desde hace siglo y medio. Una desigualdad regional que no sólo es injusta para media España sino que torpedea la recuperación del conjunto del país, como advirtió en febrero la Comisión Europea, al no potenciar el crecimiento de la España más atrasada. Urge plantear el problema, sin demagogia ni partidismo, y promover un gran Pacto autonómico para conseguir una España más vertebrada. Es una de las asignaturas pendientes de nuestra democracia. Piense en ello al votar el 28-M.