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jueves, 15 de octubre de 2020

La pandemia no frena el Cambio Climático


El coronavirus ha desplomado la actividad económica y la movilidad, provocando un menor consumo de energía y menos emisiones de gases de efecto invernadero. Pero ha sido de marzo a junio: a partir de julio, han vuelto a subir las emisiones y van camino de aumentar como antes de la pandemia, según alerta la ONU. Por eso, piden a los paises medidas más drásticas contra el cambio climático, que no se olviden por la COVID 19 de este reto, donde nos jugamos el Planeta. Y la Agencia Internacional de la Energía acaba de pedir un recorte más drástico de emisiones, duplicar las renovables para 2030 y que los ciudadanos nos impliquemos más, viajando menos en avión y en coche y cambiando nuestros hábitos. Mientras, el Gobierno aprobó en mayo (en plena pandemia) una Ley contra el Cambio climático, que se llevará un tercio de los fondos europeos. La clave es aprovechar las inversiones verdes para salir de esta recesión y salvar el medio ambiente. No hay Planeta B.

 

La actividad del hombre provoca un aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 75% del Cambio Climático en los últimos 60 años, según advirtieron, ya en 2011, los científicos Mark Huber y Reo Knutti, de la escuela Politécnica de Zúrich. Y esas emisiones han ido creciendo año tras año, aunque a un ritmo menor en las últimas dos décadas: si las emisiones de CO2 aumentaron un +3% anual entre 2000 y 2009, en la década siguiente (2010-2018) han crecido un +0,9% anual, por un menor uso del carbón. Y en 2019, las emisiones de CO2 se estabilizaron (en 33,3 millones de Gigatoneladas), por primera vez desde 2015-2016, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), que revela cómo crecen las emisiones de los paises en desarrollo y bajan las de los paises industrializados, en especial Europa (-5%), EEUU (-2,9%) y Japón (-4,3%).

Este año 2020, con la pandemia, las emisiones de gases de efecto invernadero han bajado,  por la profunda recesión desatada en todas las economías y la baja movilidad (internacional y nacional), sobre todo de marzo a junio. La última estimación de Carbon Monitor es que las emisiones de CO2 entre el 1 de enero y el 31 de agosto de 2020 han bajado en el mundo un -6,5%, sobre todo por la caída de emisiones en el transporte (contribuye a la mitad de la caída total, con un -3,3), la producción de electricidad (-1,5%), la industria (-1,2%), la aviación nacional (-0,3%) y el consumo residencial (-0,2%). Eso sí, la caída en las emisiones CO2 varía por paises: -2% en China, -13,4% en India,  -12,7% en Brasil, -12,4% en EEUU, -7,1% en Japón, -4,4% en Rusia y  -10,6% en la UE-28, con una bajada del -12,8% en Alemania, -12% en Reino Unido, -11,8% en Italia. -11,6% en Francia y -17,2% en España, el país con una mayor reducción de emisiones por la pandemia.

Con estos datos de emisiones los 8 primeros meses, la previsión de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) es que 2020 termine con una rebaja del -7% en las emisiones de CO2, la mayor de este siglo, fruto de una caída del consumo de energía del -5%. Pero su temor es que el consumo energético se reactive en 2021 y años siguientes, con una previsión de aumento del consumo energético del +4 al +9% para 2021-2030. Y con este esperado repunte del consumo, volverían a crecer las emisiones.

Pero no hay que esperar a los próximos años. La ONU dio en septiembre la voz de alarma: el consumo energético ya está aumentando y las emisiones de CO2 están subiendo desde julio, con el final de los confinamientos, y ya están a niveles de antes de la pandemia. Así que no podemos “cantar victoria”. Y además, este último informe de la ONU (“United in Science 2020”) recuerda al mundo que, a pesar de la pequeña “tregua” de la pandemia, la acumulación de CO2 en la atmósfera se encuentra en el nivel más elevado de los últimos 3 millones de años. Concretamente, en primavera de 2020, el nivel de CO2 en la atmósfera superó las 410 partes por millón (ppm). Y el 9 de abril, el observatorio de Hawái  alcanzaba un récord histórico de CO2 (417,18 ppm), que en el caso de España (observatorio de Izaña, en el Teide) se superó el 18 de abril, con 418,7 ppm de CO2.

Y no son únicamente las emisiones de CO2, que suponen el 82% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI, que provocan el recalentamiento de la atmósfera). La ONU recuerda que se han disparado en los últimos 15 años las emisiones de metano (CH4, un 11% de los GEI y responsable de la cuarta parte del calentamiento global), procedentes de la extracción de gas natural, los humedales y la ganadería. Y también preocupan las crecientes emisiones de óxido nitroso (N20, responsable del 5% de las emisiones de GEI), un gas que tiene un efecto invernadero 300 veces más potente que el CO2 y que procede de la agricultura (fertilizantes)y la ganadería (purines), de la generación de comida. Sin olvidar los hidrofluorocarbonos (HFC), provocados por los sistemas de refrigeración y aire acondicionado, responsables del 2% restante de GEI.

El último informe de la ONU no sólo advierte sobre el actual repunte de emisiones (a pesar de la pandemia)  y la concentración de GEI en la atmósfera sino que recuerda al mundo sus preocupantes efectos sobre la Tierra y nuestras vidas. Primero, está provocando un importante aumento de la temperatura: el quinquenio 2016-2020 será el más cálido en la historia y la temperatura de la Tierra ya está 1,1ºC por encima de 1850-1900 y 0,24 ºC por encima de la temperatura media del quinquenio anterior (2011-2015). Esto hace temer a la ONU que en el próximo quinquenio (2020-2024) se pueda superar en algún momento los 1,5ºC más de temperatura sobre 1850-1900, el techo que la Cumbre del Clima de París (diciembre 2015) se fijó como máximo sostenible para finales de siglo.

Este aumento constatable de la temperatura, por la acumulación de gases (GEI), no sólo está provocando oleadas de incendios cada vez más graves (megaincendios como los de California) sino que derrite los glaciares (el hielo del Ártico tiene la mitad de espesor que hace 40 años) y provoca un aumento del nivel del mar, que ha subido ya 3,6 milímetros anuales de 2006 a 2015 y que podría subir más de 1 metro para 2100 en Europa (donde un tercio de la población vive a 50 kilómetros de la costa). Y todo ello ha modificado el clima, con un aumento de fenómenos extremos: oleadas de calor, sequías, inundaciones y un aumento de huracanes, tormentas tropicales y ciclones. Sin olvidar la acidificación de los océanos (que absorben el exceso de calor y un 30% de las emisiones de CO2), con el consiguiente deterioro del medio marino. Y están en peligro de extinción 1 millón de especies de los 8 millones existentes, según la Plataforma IPBES (impulsada por la ONU).

Por si fuera poco todo este daño al Planeta, el Cambio Climático ya afecta seriamente a nuestra salud: la polución atmosférica y las emisiones de GEI causan ahora 7 millones de muertes “prematuras (evitables) en el mundo (400.000 de ellas en Europa y 10.000 en España), según la OMS, que advierte que el Cambio Climático no sólo provoca enfermedades respiratorias (cáncer de pulmón, asma, neumonía), sino que la contaminación pasa a la sangre y provoca también enfermedades cardiovasculares, infartos e ictus. Y el Cambio Climático, además de destruir el Planeta y enfermarnos, daña también nuestra economía, provocando enormes pérdidas: si no se frenan las emisiones, el crecimiento mundial caerá entre un 15 y un 25% para 2100, según un estudio en Nature.

A pesar de todo este apocalipsis en el horizonte, la mayoría de los paises no están tomando medidas eficaces contra el Cambio Climático, advierte el último informe de la ONU, que teme que el mundo se olvide del medio ambiente por la angustia del COVID 19. Ya en la última Cumbre del Clima, en diciembre pasado en Madrid, la ONU urgió a recortar más las emisiones y ya desde 2020, para reducirlas un -50% en 2030 y conseguir suprimirlas en 2050 (cero emisiones: sólo se emiten los gases que se absorban). Es la única manera de que la temperatura no suba +1,5ºC para 2100 (recordemos que ya ha subido 1,1ºC) y con ello se salve el clima, las especies y la Tierra. Pero los meses han pasado y con las urgencias de la pandemia, la ONU constata ahora que no se ha avanzado contra el Cambio Climático. Y por eso lanza esta alerta: urgen compromisos de los Gobiernos, empresas, ciudades y grandes emisores para conseguir cero emisiones en 2050. Hay que actuar ya.

Este martes 13 de octubre, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) acaba de lanzar una hoja de ruta a los paises para conseguir ese gran objetivo de cero emisiones en 2050. Lo primero, dice, es que más paises aprueben Planes con ese objetivo, algo que por ahora sólo han hecho la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Corea y Nueva Zelanda, más algunas multinacionales (en España, Repsol e Iberdrola). China ha anunciado por sorpresa que se compromete  a conseguirlo para 2060, mientras EEUU dependerá de que Trump pierda las elecciones en noviembre. Entre tanto, la IEA plantea ahora recortar las emisiones un 60% entre 2019 y 2030, aumentar el peso de la electricidad renovable del 27% al 60% y conseguir que en 2030, la mitad de los coches que se vendan sean eléctricos (pasar de 2 millones vendidos en 2019 a 50 millones en 2030), lo que supone duplicar la producción de baterías cada 2 años. Y todo ello exige cuadruplicar  las inversiones mundiales en energías limpias: de 380.000 millones invertidos en 2019 a 1,6 billones en 2030.

Un enorme esfuerzo que la Agencia Internacional de la Energía pide a Gobiernos, empresas y grandes ciudades, pero también a los ciudadanos. De hecho, propone 11 medidas con las que todos podemos ayudar a luchar contra el Cambio Climático, destacando cuatro con más impacto: sustituir los vuelos de menos de una hora por viajes en tren, cambiar los viajes en coche de menos de 3 kilómetros por trayectos a pié o en bicicleta, reducir la velocidad global del tráfico en 7 km/hora y subir el aire acondicionado en verano o bajar las calefacciones en 3ºC. Y cambiar los hábitos alimenticios y de consumo.

En medio de estas alertas de la ONU y la IEA, España es de los paises que “se ha puesto las pilas” en la lucha contra el Cambio Climático. Primero, el 19 de mayo (en plena pandemia), el Gobierno aprobó el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que ahora tiene que debatirse en el Congreso. Los 2 grandes objetivos son conseguir cero emisiones en 2050 y que toda la electricidad sea 100% renovable antes de esa fecha. Para ello, el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030 contempla 81 medidas, con 4 objetivos intermedios para 2030: reducir las emisiones un 23% (sobre las de 1990), duplicar el consumo de renovables (al 42% del consumo final), duplicar la electricidad 100% renovable (del 37,5% en 2019 al 74% en 2030, con el cierre en 2025 de todas las centrales de carbón) y mejorar la eficiencia energética (un +39,2% para 2030). Y otro objetivo más: que en 2040 sólo se vendan coches 0 emisiones. Todo ello exige, según este Plan, que España destine más de 200.000 millones a inversiones verdes en la próxima década, lo que reportará de 250.000 a 300.000 empleos netos anuales.

Con la tremenda recesión provocada por la pandemia, el Gobierno considera la lucha contra el Cambio Climático como el principal motor de la reconstrucción del país. Así, en el Plan de Recuperación enviado a Bruselas, el Gobierno pretende destinar a inversiones verdes un tercio de los Fondos europeos, un 37% de los 72.000 millones de inversión prevista en 2021-2023 (otro 33% irá para digitalizar la economía y el resto para corregir desequilibrios regionales y de género). Entre las medidas destacadas por el presidente Sánchez está alcanzar 250.000 coches eléctricos para 2023 (había 56.100 a finales de 2019) y 5 millones de vehículos eléctricos en 2030, habilitar 100.000 puntos de recarga, rehabilitar 500.000 viviendas para que consuman menos energía y restaurar 3.000 kilómetros de ríos. la vez, se ha aprobado un Plan de fomento del hidrógeno renovable en industrias y vehículos (100 “hidrogeneras”, 150 autobuses, 5.000 camiones, 2 líneas de tren y 5 puestos de suministro de hidrógeno en puertos y aeropuertos para 2030).

Con el dinero europeo y fondos públicos y privados españoles, las primeras inversiones verdes empezarán en 2021, incluyendo nuevas ayudas a la compra de coches eléctricos. Pero también habrá que conseguir recursos penalizando las industrias y energías más contaminantes, con más impuestos verdes (donde España podría ingresar 3.000 millones de euros anuales, según la Comisión Europea). Y eso pasa por aumentar los impuestos a los carburantes contaminantes (gasolina y gasoil), porque son mucho más bajos en España: pagamos 14,85 céntimos menos por litro de impuestos en la gasolina súper que la media UE-27, 15,78 céntimos menos que los alemanes y 23,86 céntimos menos que los franceses, según el último Boletín Petrolero UE. Y también pagamos  11,50 céntimos menos por litro de impuestos en el gasóleo  que la UE-27, 5,70 céntimos menos que los alemanes y 25,11 céntimos menos que los franceses. También se debería subir el impuesto de matriculación a los coches más contaminantes, sobre todo a los todoterrenos y SUV.

La angustia del coronavirus no puede hacernos olvidar que el Cambio Climático es un problema aún más grave, uno de los tres grandes retos de este siglo, junto a la revolución tecnológica y el envejecimiento. Y mientras seguimos con la mascarilla y la prevención frente al COVID 19, tenemos que cambiar nuestros hábitos para ayudar a reducir las emisiones: viajar menos en avión, usar menos el coche, rebajar la calefacción y el aire en trabajos y domicilios, ajustar nuestro consumo y nuestras compras, reciclar los residuos y comer menos carne (una fuente de metano y N20). En definitiva, emitir menos gases cada día, “vivir de otra manera”, aunque nos cueste. Porque no hay Planeta B.

 

jueves, 17 de mayo de 2018

Más emisiones de CO2 en España (y en la UE)


Rajoy apoyó el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, firmado en 2016, pero en 2017, España fue el 4º país europeo que más aumentó las emisiones de CO2, un 7,4%. Lo peor es que todo el mundo las aumentó (menos: un 1,4%) y también otros 19 países europeos, tras tres años de contenerlas o bajarlas.”Estamos perdiendo la batalla contra el Cambio Climático”, advirtió el presidente Macron en diciembre. Y esto sucede cuando el CO2 en la atmósfera ha vuelto a batir otro récord histórico y el clima está descontrolado. Europa ha bajado algo la guardia y este 2018 aprobará (dividida) su estrategia futura, mientras EEUU ha tirado la toalla con Trump y China avanza despacio. España debe aprobar este año una Ley de Cambio Climático que será polémica, por el cierre de las centrales de carbón y nucleares (que el Gobierno quiere retrasar) y porque hace falta subir impuestos (carburantes y empresas) y gastar más para lograr una economía más limpia. No podemos seguir contaminando así

enrique ortega

Los humanos seguimos contaminando el Planeta. En octubre de 2017, la Agencia Meteorológica Mundial (OMM) lanzó su última alerta: la concentración de CO2 en la atmósfera (el gas responsable del 80% del efecto invernadero) alcanzó las 403,3 partes por millón (ppm), superando otra vez la barrera de los 400 ppm, que se superó por primera vez en 2015. Un nivel de CO2 que multiplica por 1,43 los niveles preindustriales (anteriores a 1.750). Y aunque no hay datos recientes, todo apunta a que han crecido también otras emisiones provocadas básicamente  por el hombre (61%) de metano (12% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero), oxido nitroso N02 (5% emisiones) y gases fluorados (3% de los GEI). Unas emisiones que provocan un “efecto paraguas” (invernadero) y aumentan la temperatura del Planeta así como los fenómenos climáticos extremos (sequías, inundaciones, etc.).

Lo preocupante es que la cantidad de CO2 en la atmósfera sigue creciendo a pesar de que las emisiones mundiales de CO2 se han estancado en los últimos tres años, en 2014 (+0,7%), 2015 (+0,06%) y 2016 (+0,6%), porque también juegan otros factores climáticos (como el Niño). Por eso, los expertos temen que se hayan disparado los niveles de CO2 en la atmósfera, dado que en 2017 las emisiones subieron a nivel mundial un 1,4%, según la Agencia Internacional de la Energía,  tras tres años de estancamiento. Las emisiones repuntaron en 2017 porque se disparó el consumo de energía (creció un 2,1%, el doble que en 2016)  y aumentó mucho el consumo de petróleo (por sus bajos precios en 2017 y el tirón del transporte), del gas y sobre todo del carbón (para generar electricidad, más en Asia). Precisamente, las economías asiáticas fueron culpables de dos tercios del aumento de emisiones de CO2, más por India (emisiones subieron 2%) y el sudeste asiático que por China (aumentó sus emisiones un 1,7%). Y subieron las emisiones en Europa (+1,5%), aunque bajaron en EEUU (-0,5%, por mayor consumo de gas), Japón y Reino Unido.

Lo más llamativo es que las emisiones de CO2 hayan subido durante 2017 en Europa, un 1,8% de media, según los últimos datos de Eurostat, tras haberse reducido los años anteriores. Y no es un hecho aislado, sino que suben en 20 países europeos, encabezados por Malta (+12,8%), Estonia (11,3%), Bulgaria (+8,3%) y España (+7,4%), la mayor subida de las emisiones de CO2 de la última década, tras haber caído las emisiones de 2009 a 2016 (por la crisis), con la única excepción de 2015 (subieron un 3,5%). Sólo se redujeron las emisiones de CO2 en 7 países europeos: Finlandia (-5,9%), Dinamarca (-5,8%), Reino Unido (-3,2%), Irlanda (-2,9%), Bélgica (-2,4%), Letonia (-0,7%) y Alemania (-0,2%).

El aumento de las emisiones de CO2 en España está muy vinculado a la generación de electricidad y a un mayor consumo de energía en la industria y los transportes. La falta de lluvias en 2017 provocó un menor aporte de la energía hidroeléctrica (7% de la generación eléctrica frente al 14% en 2016, según REE) y de la energía eólica y solar, con lo que las renovables han perdido mucho peso para generar la luz: del 40,8% en 2016 al 33,3% en 2017. Y ese hueco lo han rellenado el carbón (que aportó el 17% de la luz, frente al 13,9% en 2016) y las centrales de gas (del 10,2 al 13,9% en 2017), que también emiten CO2 aunque menos que el carbón. El verdadero problema de las emisiones está en las 15 centrales térmicas de carbón, que generaron ellas solas 46 millones de toneladas de CO2, el 19% de todas las emisiones que se hacen en España, encabezadas por la central de Aboño en Asturias, de EDP (8,2 millones Tm CO2), As Pontes en A Coruña, de Endesa (8,1 millones Tm) y Litoral en Almería, también de Endesa (7 millones Tm CO2). Baste decir que de las 10 instalaciones que más CO2 emitieron en 2017 (responsables de dos tercios de las emisiones industriales totales), 8 eran centrales térmicas de carbón.

¿Quién emite CO2 en España? El principal “culpable” es el sector de los transportes (27% de las emisiones totales), según el balance 2016 del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), debido sobre todo al gran peso de los camiones en el transporte y a la aviación. Le sigue la generación eléctrica (con el 18%) y la industria y los procesos industriales (23%, más un 4% del refino): las emisiones de las 1.184 industrias españolas sometidas al sistema europeo de derechos de CO2 fueron de 144,44 millones de Tm de CO2  (el 40% de las emisiones totales) y aumentaron un 10,44% en 2017, según la Comisión Europea. Las que más subieron fueron las emisiones de la industria eléctrica (+18,97%) y poco las del resto de industrias (+0,9%), destacando los aumentos de emisiones de la aviación (+13,20%), la cal (+8,2%) y la cerámica y azulejos (+7,9%), aunque las industrias que más contaminan son las eléctricas, cementeras, refinerías y siderúrgicas.

Tras el transporte (27%), las eléctricas y la industria (45% de las emisiones CO2), el tercer gran emisor en España es el sector residencial, básicamente las viviendas, el comercio y los servicios (13% de las emisiones), destacándose la importancia creciente de las emisiones ligadas al turismo, que podría emitir cuatro veces más CO2 del que se pensaba (hasta el 8% de las emisiones totales), desde el viaje en avión al transporte y las emisiones en las vacaciones, algo que debería preocupar especialmente a un país como España, que recibe 83 millones de turistas al año. Y en cuarto lugar están las emisiones de la agricultura y la ganadería (el 11% del total), dos tercios ligadas a la ganadería y a la mucha carne que comemos: producir 1 kilo de cordero supone 10.629 gramos de CO2 equivalente, frente a sólo 140 gramos de CO2 por kilo de naranjas o 299 gramos por kilo de tomates. Y el resto de emisiones (4%) proceden de la gestión de residuos (basuras).

Este aumento de las emisiones de CO2 en 2017, en España y en el mundo, pone en peligro los objetivos del Acuerdo de París (2015), firmado por 195 países, que pretende recortar (a partir de 2020) las emisiones de CO2 entre el 20% y el 30% para 2030, con el objetivo de que la temperatura de la Tierra suba a finales de siglo entre 1,5 y 2 grados, no los 3 o 4 grados que subiría si no se hiciera nada (lo que destrozaría en Planeta). Pero hoy, casi dos años y medio después, el mundo ha avanzado poco en medidas concretas para asegurar esos recortes. Y la retirada de EEUU ha dinamitado la recaudación del Fondo verde previsto de 100.000 millones de dólares anuales para ayudar a la reconversión energética de los países en desarrollo. “Estamos perdiendo la batalla contra el Cambio Climático”, reconoció el presidente Macron en una cumbre especial que convocó en París en diciembre pasado.

Un hecho que preocupa, además de la retirada de EEUU del Acuerdo de París, es que Europa, la abanderada mundial contra el Cambio Climático, ha rebajado sus planteamientos, debido sobre todo a  Alemania, muy presionada por su poderosa industria del automóvil (pro-diesel) y por el carbón: de las 10 industrias europeas que emiten más CO2, 7 son centrales de carbón de  Alemania (y las otras tres de Polonia y Bulgaria). Precisamente, los países del Este son otro frente que frena los recortes más drásticos de emisiones. Este año 2018, el Consejo Europeo debe aprobar los objetivos para cumplir la Cumbre de París y todo apunta a que serán menos ambiciosos de lo que muchos piden: un 20% de renovables para 2020 y un 27% para 2030 (la Comisión Europea defendía el 30% y la Eurocámara el 35%). Además se podría retrasar el cierre de las centrales de carbón, hasta 2025 o incluso 2030.

España está a la espera de que se aprueben estas directrices europeas, pero trabaja en una Ley de Cambio Climático que Rajoy ha prometido para este año. De momento, se creó una Comisión de 14 expertos, nombrados por el Gobierno (4), partidos (7) y fuerzas sociales (3), que el 2 de abril presentó su informe sobre el escenario energético que debería haber en España en 2030: quedaría una sola central de carbón frente a las 15 actuales, se prorrogaría la vida de las 5 nucleares y aumentaría el peso del gas y las energías renovables, sobre todo la energía solar fotovoltaica (se multiplicaría por 10). Con este escenario, las renovables aportarían en 2030 el 62% de la electricidad (ha sido el 33,3% en 2017) y el 29,7% de toda la energía consumida (el 27% va a ser el objetivo de Europa). Y además, los expertos proponen un impuesto específico al CO2 y gases contaminantes (en sustitución de los actuales impuestos a los hidrocarburos y la electricidad) y subir los impuestos al diesel (+28%) y a la gasolina (+10%), así como el IVA de los carburantes (+1/1,3%). Con más renovables y más ingresos fiscales, los expertos creen que se podría aligerar la factura de la luz y bajarla un 6,8%.

A partir del informe, el Gobierno tiene que aprobar y mandar al Parlamento un proyecto de Ley de Cambio Climático, aunque también podría esperar a ver qué aprueba Europa. El problema luego es consensuar las medidas a aprobar, porque las posturas están muy distanciadas. Los temas más polémicos son dos: las centrales de carbón y las nucleares. El Gobierno Rajoy quiere retrasar el cierre de las 15 centrales de carbón, mientras PSOE y Podemos quieren cerrarlas para 2025. Y sobre las 5 nucleares, el PSOE plantea que se cierren en 2028, cuando la última cumpla 40 años de vida, mientras el Gobierno Rajoy plantea prorrogar su funcionamiento 10 años más, argumentando el ministro Nadal que si no “la luz subiría un 25%”. Una falacia, porque algunos estudios señalan que el efecto del cierre sería de una subida de la luz de 8 a 11 euros anuales por hogar (un 2/3%). Y muchos reiteran que aunque las nucleares no emiten CO2, tienen riesgos y serios problemas con sus residuos.

La clave de futuro son las energías renovales, por las que habría que apostar al máximo para reducir las emisiones de CO2, máxime cuando su avanzada tecnología ya permite que sean muy eficientes, con unos costes de generación casi nulos. Pero para ello hace falta un sistema de subastas más transparente, con ayudas e inversiones no con recortes como ha hecho el Gobierno Rajoy desde 2012. Y también apoyar la autogeneración, suprimiendo el llamado “impuesto al sol”, como defiende el Comité de expertos.

Hay que reducir las emisiones de CO2 y la clave está en la producción de electricidad, las industrias y el transporte. En el sector eléctrico, la clave es recortar el uso del carbón, el fuel y el gas, reducir el peso de las nucleares y compensarlo con más renovables, más autoconsumo, más ahorro y más importaciones (el 5% de la luz y podría ser el 10%). En las industrias, implantar una estrategia de palo (cobrar más por cada Tm emitida: se pagan 13 euros y debería ser más de 20, como en Reino Unido) y zanahoria (ayudas a la reconversión eléctrica), centrada en las 10 empresas que son responsables del 25% de emisiones de CO2 de España, según el Observatorio de la Sostenibilidad: Endesa, Gas Natural, Repsol, EDP, Arcelor Mittal, Cepsa, Iberdrola, Viesgo, Cementos Portland y Cemex.

Y en el transporte, el sector más contaminante, urge subir los impuestos a los carburantes (sobre todo al diésel, que paga un 23% menos de impuesto que la gasolina), encarecer la matriculación de los vehículos contaminantes (el 80% de los coches diésel acaban no pagando este impuesto) y un Plan para reducir el peso de los camiones (reciben incluso 306 millones  de subvención por el gasóleo que consumen) en favor del ferrocarril y el transporte marítimo. Sin olvidar otros Planes específicos para reducir las emisiones del turismo, las viviendas (con ayudas al cambio de calefacciones y aislamiento de edificios) y en la alimentación, para reducir el consumo de carne y productos lácteos, que generan importantes emisiones de la ganadería industrial.

Todo ello exige decisión política, hacer pagar los costes a quien contamina y, sobre todo, inversiones cuantiosas, para reconvertir una economía “enganchada al petróleo y al carbón” en una economía más limpia. Eso exige invertir unos 10.000 millones de euros al año de aquí a 2050, según un estudio de la consultora Deloitte. Una buena parte de este dinero tendrá que salir de los impuestos medioambientales y en algunos casos, de los consumidores, que tendremos que pagar más (al principio) por una energía más limpia. Pero si no se toman medidas, los costes del Cambio Climático serían mucho mayores. Y no olvidemos que, según todos los expertos, el Cambio Climático afecta más a España que al resto de Europa.

Estamos ante uno de los grandes problemas de este siglo y más en España, uno de los cinco únicos países de Europa (junto a Chipre, Irlanda, Austria y Portugal) que ha aumentado sus emisiones de CO2 entre 1990 y 2017. Así que tenemos que “ponernos las pilas”, con decisiones razonables y no políticas, forzando la resistencia de los contaminadores. Nos jugamos mucho: el futuro de nuestros hijos y nietos, incluso el futuro del Planeta.  

   

lunes, 14 de marzo de 2016

España aumenta las emisiones de CO2


En diciembre pasado, 195 países se comprometieron en París a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, para frenar el Cambio Climático. Pero España ha empezado con mal pie: en 2015 aumentó un 4,5% sus emisiones de CO2, que también subieron en 2014, mientras bajaban en casi toda Europa. La culpa es de que consumimos más carbón, gas y petróleo que nunca, ahora que son más baratos. Y se han reducido las energías renovables, por los recortes de Rajoy y la falta de lluvia y viento. Pero no es algo coyuntural: España es el país europeo donde más han aumentado las emisiones de CO2 en los últimos 25 años. Somos el país más “sucio” de Europa y eso obliga a una profunda reconversión de nuestra economía y de nuestras vidas, para gastar menos energía y más limpia. No sólo tenemos que crecer más: tenemos que crecer más limpiamente. Urge una Ley contra el Cambio Climático y ayudar a salvar el Planeta. Y más España, porque estamos peor.
 

enrique ortega


España va en dirección contraria a la mayoría de Europa: mientras casi todos los países están reduciendo sus emisiones de gases de efecto invernadero (sobre todo CO2), España contamina más. En 2015, las emisiones aumentaron entre un 4 y un 5%, según un reciente informe del  Observatorio de la Sostenibilidad de España. Ya en 2014, las emisiones habían subido otro 1,1%, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, rompiendo así una racha de bajada de emisiones, entre 2008 y 2013, por la crisis y el crecimiento negativo.

Tanto en 2015 como en 2014, las emisiones de gases de efecto invernadero subieron en España porque aumentamos mucho el consumo de combustibles fósiles, los más contaminantes: carbón, petróleo y gas. El principal culpable del aumento de emisiones es el carbón, cuyo consumo creció un 23,4% en 2015, empujado por unos bajos precios internacionales que hicieron que las eléctricas lo utilizaran para producir más luz (22,7% de la electricidad en 2015, por delante de la electricidad procedente con la energía eólica y nuclear). También creció el consumo de gas natural  para las centrales eléctricas (+18,8%en 2015), una energía que contamina menos que el carbón pero que también emite CO2. Y se disparó el consumo de carburantes y petróleo, con un récord histórico en la importación de crudo (64,6 millones de Tm), favorecido por  el desplome de los precios internacionales. Mientras, el recorte de ayudas públicas y el mal tiempo (falta de lluvia y viento) provocaron que las energías renovables (eólica y solar) perdieran peso  en el mix energético.

La subida de emisiones en 2014 y 2015 rompe con la reducción de emisiones que se produjo en España entre 2008 y 2013, no por políticas del Gobierno sino por la crisis: la economía no creció (cayó) y tanto empresas como particulares consumieron menos energía y emitieron menos CO2, un -5,88% en esos 6 años. En realidad, las industrias emitieron lo mismo y las refinerías más, pero el balance se salvó porque las eléctricas emitieron menos CO2. En realidad, emitieron más, pero pudieron compensarlo comprando “derechos de C02”, una especie de impuesto que pagaron por contaminar y que “les quitaba” las emisiones. Sólo en 2008 pagaron 800 millones de euros. ¿Saben quién lo pagó?  Nosotros, los consumidores, como recargo en el recibo de la luz. Así que “trampa legal” y no recorte real de emisiones.

Lo verdaderamente preocupante es que, si tomamos los últimos 25 años, España es el país de Europa donde más han aumentado las emisiones, en toneladas de CO2, según los datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA). Sólo entre 1990 y 2013, casi 32 millones de Tm de CO2 equivalente. Y si tomamos el aumento de emisiones en porcentaje, España es el cuarto país europeo que más ha aumentado sus emisiones de gases de efecto invernadero entre 1990 y 2015: un +16,5%, sólo por detrás de Chipre (+59%), Malta (37%) y Suecia (+25%). Y es uno de los 6 únicos países europeos que ha aumentado sus emisiones de CO2 en los últimos  25 años (junto a los tres anteriores, Portugal e Irlanda): 22 de los 28 países UE han reducido sus emisiones de CO2 desde 1990, un -25% de media. Vamos en dirección contraria.

España ocupa el lugar 41 entre los 58 países del mundo que más luchan contra el Cambio Climático, según el ranking del Climate Change Performance Index. Y el puesto 26 entre los 28 países UE, sólo mejor que Estonia y Austria. Ello se debe a un exceso de consumo de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) y a un menor peso de las energías renovables (15,8 % de la energía total en 2014, según la Comisión Europea, aún lejos del 20% que tiene Europa como objetivo para las renovables en 2020).

¿Quién es culpable de las emisiones en España? Casi la mitad de los gases de efecto invernadero, el 44%, los emiten las eléctricas (21%) y las industrias (23%), en especial las cementeras (9%), las refinerías (5%), la siderurgia (4%) y resto de industrias (5%). En total, la mayoría de emisiones las producen 1.049 instalaciones, pero hay 10 empresas que son culpables del 65% de las emisiones energéticas e industriales (28,6% de las emisiones totales) : Endesa (31 millones Tm emitidas 2014), Repsol (más Petronor, 16,4 millones TM), Gas natural (10,3), Hidrocantábrico (8,3), Arcelor Mittal (5,5), Cepsa (4,8). Eón (3,8), Iberdrola (2,8), Cemex (2,7) y Cementos Portland (2,2). En definitiva, el meollo de las emisiones está en 5 eléctricas, 1 acería, 2 petroleras y 2 cementeras. En el caso de las eléctricas, los bajos precios del carbón y el gas en los mercados internacionales provocan que produzcan electricidad con más emisiones, mientras el Gobierno Rajoy ha dado un tajo a las renovables (-2.500 millones, un recorte del 25% de las ayudas entre 2012 y 2014). Y en las industrias, les compensa comprar derechos de CO2, pagar por contaminar, antes que invertir en las instalaciones para producir más limpio.

La otra gran fuente de emisiones en España es el transporte, responsable del 25% de las emisiones de CO2. Y está aumentando porque hay más vehículos (se vendieron más de 1 millón de coches en 2015) y se mueven más, con un aumento del consumo de carburantes (+3,7% en 2015). Pero el problema de fondo es que en España la mayoría de las mercancías se transportan por carretera (el 85%, frente al 45% en Europa), que junto a los automóviles privados y los autobuses suponen dos tercios de las emisiones totales de CO2 y las que más están creciendo (más que las de la industria). El resto de emisiones proceden de la vivienda y los servicios (14% CO2 emitido), la ganadería y la agricultura (12%) y el tratamiento de los residuos urbanos (5% emisiones restantes).

Ya sabemos quien contamina y emite más CO2 en España. Ahora falta tomarse en serio el recorte drástico de estas emisiones, porque están creciendo y vamos a contracorriente de Europa y en contra del acuerdo firmado en la Cumbre del Clima de París, en diciembre pasado.  Allí, 195 países se comprometieron a recortar las emisiones, a partir de 2020, aunque sin compromisos obligatorios y con objetivos insuficientes: si cada país recorta lo prometido en París, al mundo le sobrarán todavía 15 millones de toneladas de C02 en 2030 para cumplir con el objetivo de que la temperatura suba menos de 2 grados a finales de siglo, según los informes de la ONU. Eso significa que el mundo tendrá que hacer recortes extras a partir de 2020. Pero es un punto de partida para luchar contra el Cambio Climático, una guerra donde Europa está a la vanguardia: pretende recortar un 40% las emisiones para 2030 (sobre 1.990) y ya lleva un 25% de recorte.

De momento, ese objetivo UE de recorte de emisiones no se ha repartido entre los países europeos, lo que se hará este año. Pero a España podría tocarle un recorte del 25 al 30% de las emisiones para 2030 (sobre las de 1.990), un objetivo doblemente difícil porque nosotros no hemos recortado nada sino que hemos aumentado las emisiones un 16,5%. Así  que el esfuerzo tendrá que ser mucho mayor al del resto de Europa: un recorte del 31%  al 46% en los próximos quince años. Un reto que obliga a una auténtica “revolución energética” en España. Por un lado, habrá que esforzarse en ahorrar energía, en consumir menos y de forma más eficiente, porque la mejor manera de emitir menos CO2 es gastar menos energía, desde las empresas a los particulares y el transporte. Y por otro y fundamental, habrá que huir” del petróleo, el carbón y el gas y promover las energías renovables.

El Observatorio de la Sostenibilidad aporta una serie de recetas para que España emita menos gases de efecto invernadero. La primera, reducir y suprimir las subvenciones a las energías sucias: acabar con las ayudas al carbón nacional (que el Gobierno Rajoy negocia con Bruselas hasta 2018), al gas natural (por mantener centrales de gas que sobran) y al petróleo, subiendo impuestos a los carburantes (menores que en Europa). Y en paralelo, apoyar con ayudas, precios e impuestos a las energías renovables, sobre todo para producir electricidad.  Otra medida pasa porque las empresas que contaminen paguen más (los derechos de CO2 se pagan a 7 dólares/Tm emitida, cuando debían estar a 20 dólares), exigiéndoles inversiones para reducir emisiones o el cierre (se podrían cerrar todas las centrales de carbón sin que faltara electricidad, porque hay un excedente de centrales equivalente a las térmicas).


También hay que potenciar el transporte alternativo a los camiones, por tren y barco, encareciendo los carburantes y los impuestos a los vehículos más contaminantes. Además, hay que fomentar  el ahorro energético y un consumo menos contaminante en las viviendas, construyéndolas también de otra manera. La Administración pública (Estado, autonomías, Ayuntamientos) debería dar ejemplo, con bajas emisiones en sus edificios y vehículos, promoviendo contratos con “empresas limpias”. Y los ciudadanos tenemos que emitir menos CO2, con el coche, la calefacción, el uso de la electricidad, las compras o la comida (consumir mucha carne aumenta las emisiones).

No es un reto fácil y España tiene que recortar más emisiones que el resto de Europa. Pero hay que empezar cuando antes. Porque el Cambio Climático avanza imparable, especialmente en la zona mediterránea y en España,  como demuestra el Observatorio de Sostenibilidad: 2015 ha sido el año con la temperatura media más alta de la historia, llueve menos, sube el nivel del mar, hay cambios en las especies y la climatología  (sequías, incendios, inundaciones) crea serios problemas en todo el mundo, con daños económicos, personales y a las cosechas, aumentando el hambre y los precios de los alimentos.

Urge que el próximo Gobierno apruebe una Ley contra el cambio Climático, que han prometido desde Rajoy al acuerdo PSOE-Ciudadanos o Podemos. Y todos los partidos, salvo el PP y UPN, han firmado un acuerdo para aprobar lo antes posible en el Congreso un Decreto que fomente el autoconsumo eléctrico, para que los ciudadanos puedan instalar paneles solares o molinos eólicos sin tener que pagar un impuesto, como aprobó en 2015 el Gobierno Rajoy (el llamado impuesto al sol). Es un primer paso para configurar “un pacto político contra el CO2”, algo que debería unir a todos. Porque hay que salir de la crisis sin hundir más el medio ambiente, sin destrozar más el clima. Con una economía más limpia. Nos jugamos el futuro y la subsistencia del Planeta. Es algo muy serio. Y más para España, porque estamos peor.