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lunes, 9 de febrero de 2026

El ahorro no renta

La mayor parte de la gente no puede ahorrar, porque muchos sueldos y pensiones son bajos y se los come la inflación. Pero los que sí ahorran tienen otro problema: apenas sacan rentabilidad a su dinero. Las familias españolas tienen 1,1 billones en cuentas corrientes y depósitos que apenas les rentan, para beneficio de los grandes bancos, que en 2025 ganaron 34.000 millones (+7%). Lo mismo pasa en Europa, donde las familias tienen 10 billones en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad. Y además, los que invierten se llevan su dinero a EEUU (300.000 millones al año). Por esto, la Comisión Europea ha recomendado a los paises que lancen una nueva Cuenta de ahorro e inversión, para fomentar que el ahorro se dirija a empresas y proyectos europeos innovadores. El Gobierno español ha abierto consultas para perfilar esta cuenta, pero la banca intenta “desinflarla”, para que no atraiga dinero de depósitos, Fondos y Planes que les reportan altos beneficios. Atentos a esta futura cuenta, donde Europa se juega financiar su futuro.

                            Enrique Ortega

Los europeos somos los ciudadanos occidentales que más ahorramos, sólo superados por algunos paises del Golfo y Asia. En el tercer trimestre de 2025, los ciudadanos de los 20 paises euro ahorraron el 15,1% de su renta bruta disponible (el 14,6% la UE-27), muy por delante del 5% que ahorraron en EEUU, el 3,5% de Canadá, el 10% en Reino Unido, el 1% en Japón o el 5% en Corea del Sur (ojo: 43,4% es la tasa de ahorro en China). El ahorro de los europeos (UE-27), alto desde hace décadas, se disparó con la pandemia (pasó del 12,7% de la renta bruta disponible en 2019 al 25,1% en 2020, el récord del siglo), para bajar después en 2021 (16,6%) y 2022 (12,71%), al dispararse la inflación tras la invasión de Ucrania. Pero luego ha subido en 2023 (13,70%), 2024 (14,54%) y 2025 (14,6% en el tercer trimestre de 2025), según Eurostat. Las causas de este alto nivel de ahorro de los europeos son que priorizamos la seguridad frente a la rentabilidad, empujados por el progresivo envejecimiento y la baja formación financiera. Además, el BCE señala que en los últimos años han aumentado los ingresos de una parte de los europeos por rentas de intereses, dividendos y alquileres, aumentando su capacidad de ahorro.

Dentro de Europa, el país con la mayor tasa de ahorro es Alemania (ahorran el 19,4% de su renta), seguido por Francia (18,6%), Austria (17,34%), Paises Bajos (14,77%) y Bélgica (14,02%), por delante del ahorro en España (el 12,8% de la renta bruta disponible al inicio de 2025), que supera en ahorro a Italia (12%) y Portugal (12,4%), según Eurostat. La media de ahorro en Europa (UE-27) está en el 14,6%, la más alta desde 2021 (17,69%).

En España, la tasa de ahorro de los hogares ha sido tradicionalmente baja, con una media de ahorro del 8,7% de la renta bruta disponible entre 1999 y 2019, básicamente porque los sueldos son más bajos que en el resto de Europa, la inflación alta y muchas familias han optado por comprar una vivienda antes que ahorrar. Pero en 2020, con la pandemia, se frenó el consumo y se disparó el ahorro, hasta el 14,8% de la renta bruta disponible en 2020 (7,4% en 2019). Posteriormente, el ahorro ha ido bajando, en 2021 (13,8%), 2022 (7,2%) y 2023 (11,7%), para subir algo en 2024 (13,6% de ahorro). Y volvió a bajar en 2025, alcanzando un 12% de ahorro sobre la renta bruta disponible el tercer trimestre de 2025, según el INE.

Esta mayor tasa de ahorro en España (12% frente al 8,7% de media entre 1999 y 2019) se explica por varias razones: hay más gente trabajando (casi 2,5 millones más que en 2019), con contratos más estables y algo mejor pagados, que ahora han ganado algo poder adquisitivo por una inflación más moderada (+3,5% subieron los salarios en 2025, frente a una inflación media del 2,7%) y hemos tenido unos tipos de interés altos (por encima del 4% una buena parte de 2023 y 2024), lo que anima al ahorro, junto a las fuertes subidas de las Bolsas.

Pero ¿quién puede ahorrar en España? Sólo el 43,7% de los españoles ahorran de forma habitual, mientras el 19,4% no ahorran nunca y el 36,9% sólo algunos meses, según un estudio de Triodos Bank. Y entre estos que ahorran algo, el 39,5% solo consiguen ahorrar el 10% de su salario y sólo el 20,3% ahorran el 20% de sus ingresos, el porcentaje que recomiendan los expertos y que pocos pueden cumplir, básicamente porque la mayoría tiene bajos salarios (el 70% de los asalariados gana menos de 2.659 euros brutos) y pensiones (la mitad son inferiores al salario mínimo, menores de 1.184 euros mensuales), mientras la inflación se ha disparado en los últimos años (+23,5% entre 2020 y 2025), sobre todo los alquileres (+35%).

Si ahorrar es difícil, el gran problema que tienen los que lo consiguen es sacar una cierta rentabilidad a sus ahorros, algo que la mayoría no consigue. Básicamente, porque un tercio del ahorro de los españoles (el 32,81% en 2025, según INVERCO) está en  cuentas corrientes y depósitos, que apenas dan rentabilidad: en diciembre de 2015, según el Banco de España, las familias tenían 1.094.300 millones metidos en cuentas a la vista (con el 0,14% de rentabilidad) y depósitos a plazo (1,64% de rentabilidad), una cifra de “ahorro conservador” que ha aumentado tras la pandemia (había 853.200 millones en cuentas y depósitos en 2019). Eso significa que este ahorro no renta nada (los escasos intereses se los come la inflación). Y los ahorradores no los mueven a otro lado por miedo al riesgo y porque no tienen “cultura financiera” (España es el 4º país europeo con menos formación financiera).

Otra parte del ahorro (567.500 millones en 2025, el 17,06% del total) lo tienen las familias en Fondos de inversión, un producto que está siendo rentable estos años pero por el que pagan altas comisiones anuales a las gestoras (bancos). Y otra parte del ahorro (390.515 millones, el 11,74% del total) está en Bolsa, en acciones, que estos años reportan altas plusvalías (el Ibex ha subido un +49,27% en 2025), pero que es una inversión poco elegida por los ahorradores, por miedo a otra debacle: sólo el 12% de los españoles invierte en Bolsa, frente al 19% los europeos y el 55% los norteamericanos. 

Y otra parte del ahorro va a contratar Planes de pensiones y seguros de vida o de ahorro, donde había 255.329 millones de euros en 2025 (el 7,7% del total invertido). En conjunto, los activos financieros de las familias, la inversión de su ahorro alcanzó los 3.324.603 millones de euros en 2025 (3,3 billones), según Inverco, el triple de lo que tenían a principios de siglo (1,03 billones) y un 31,8% más del valor de sus activos en 2019. Pero el problema, insisto, en que la mayor parte de este dinero renta poco a los ahorradores, salvo en Bolsa (últimamente) y algunos Fondos (con altas comisiones).

Esta baja rentabilidad de buena parte del ahorro le viene muy bien a la banca, que apenas remunera las cuentas corrientes y depósitos, no sólo ahora (donde lo más que ofrecen por un depósito a plazo, con muchos condicionantes, es el 2%)  sino cuando el tipo oficial del dinero superaba el 4%. Gracias a eso y al aumento de las comisiones (por Fondos, acciones y seguros, más tarjetas y cuentas), la banca española lleva varios años con altísimos beneficios, en buena parte gracias a los ahorradores: en 2021, los 6 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) ganaron 20.003 millones, en 2022 otros 20.850 millones, en 2023 ganaron 26.088 millones (+26%), en 2024 otros 31.768 millones (+21,7%) y en 2025 han ganado 34.000 millones (+7%). Si sumamos, el beneficio de los 6 grandes bancos ha sido de 132.709 millones en los últimos 5 años…

Pero esta baja rentabilidad del ahorro no es un problema sólo de España. En Europa se estima que los ahorradores tienen concentrados 10 billones de euros en depósitos con bajos rendimientos, lo que supone un 31,2% del ahorro en inversiones con baja rentabilidad, un porcentaje que es casi la tercera parte en EEUU (sólo tienen el 12% en cuentas y depósitos con bajo interés). Pero además, Europa tiene otro problema: ahorramos mucho, pero una buena parte de ese ahorro se va fuera, sobre todo a las empresas tecnológicas y a las Bolsas de EEUU. El informe Letta ya alertó hace un par de años que si los europeos ahorran 1,2 billones al año, la cuarta parte (300.000 millones anuales) se van a EEUU. 

Así que el problema del ahorro en Europa es doble: un 34% está poco remunerado y la cuarta parte se fuga a USA, mientras nuestro continente tiene un déficit de inversión, sobre todo en nuevas tecnologías e innovación. Por eso, el 18 de marzo de 2025, la Comisión Europea lanzó una iniciativa, la Unión de Ahorro e Inversiones, “para canalizar cientos de miles de millones de euros de nuevas inversiones hacia la economía europea”. El objetivo es avanzar en la integración financiera de Europa (ahora hay 27 mercados diferentes), con una estrategia apoyada en 3 ejes: avanzar hacia un mercado financiero único, ofrecer a los ahorradores unos activos financieros más atractivos y dirigidos a Europa (con el sello “Finance Europe) y mejorar la educación financiera de los europeos (sólo el 18% tienen un alto nivel).

Avanzando en esta Estrategia, la Comisión Europea aprobó el 30 de septiembre de 2025 una Recomendación a los paises miembros para “lanzar una cuenta de ahorro e inversión en toda la UE”, para conseguir el traspaso de buena parte del dinero que está colocado en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad a los mercados de capitales (Bolsas), con un segundo objetivo de que ese ahorro se quede en Europa, para financiar las enormes inversiones necesarias en reindustrialización, Defensa, tecnología, digitalización y energías renovables, donde Europa necesita invertir 750.000 millones de euros anuales, según el Informe Draghi.

Tras esta Recomendación, son los paises los que tienen la competencia de crear esa nueva Cuenta de Ahorro e Inversión con el sello “Finance Europe”. La Comisión sólo exige tres condiciones a esa Cuenta: que la cartera de inversiones incluya al menos un 70% para empresas europeas, que el horizonte de inversión contemplados sea al menos de 5 años y que una parte sustancial de la Cuenta se invierta en Bolsa.

El Gobierno español ha abierto en enero un  periodo de reflexión sobre esta nueva Cuenta europea de ahorro e inversión, dirigido a las Bolsas, los bancos e instituciones, también abierta a particulares. Y tras cerrar este proceso el 30 de enero, el ministro de Economía estudia ahora una propuesta para enviar a Bruselas, como los demás paises. El problema va a estar en la banca (española y europea), porque esta Cuenta le puede quitar mucho del ahorro que ahora está (improductivo) en cuentas corrientes y depósitos, desviándolo a la renta fija (deuda) y a las Bolsas. Por eso, ahora están presionando para “desinflar” esta Cuenta, en España y en el resto de Europa, y quitarle atractivos (uno de ellos será su fiscalidad, su tributación, que Bruselas quiere sea baja y con incentivos al ahorro dirigido a inversiones europeas).

Esta futura Cuenta de ahorro e inversión europea parece “un tema técnico”, pero es clave para Europa y para España, porque puede ayudar a conseguir dos objetivos claves: que los europeos ahorren con más rentabilidad y que Europa cuente con la inversión de los europeos, reteniendo aquí el ahorro necesario para modernizar la economía europea y conseguir competir con USA y China. El ahorro es la gasolina de la inversión y necesitamos que compense más ahorrar y que ese dinero no se fugue y se quede en Europa. Por eso es clave que esta Cuenta europea sea atractiva, sencilla y rentable. A ver qué pasa.  

jueves, 12 de diciembre de 2024

Bajan tipos, pero suben pisos e hipotecas

El Banco Central Europeo (BCE) ha bajado hoy jueves el precio oficial del dinero, un -0,25%, hasta el 3%. Es la 4ª bajada de tipos desde junio, tras las 10 subidas hechas en 2023 y 2024, que pusieron los tipos en el 4,5%. Esta bajada ha sido posible porque los precios siguen moderados, en Europa y en España, pero los tipos son aún demasiado altos, dado que la economía europea está estancada y Alemania en recesión. Pero el BCE no quiere bajarlos más rápido y quedarán en el 2% en 2025, aunque dependerá de los conflictos geopolíticos y las medidas de Trump, que podrían relanzar la inflación. Mientras, familias, empresas y Gobiernos disfrutan ahora de tipos más bajos, pero mucho más elevados que en 2022. Y aunque ha bajado el Euribor (2,395% en diciembre), como los pisos son ahora mucho más caros, hay que pagar más de cuota hipotecaria que en 2021,2022 y 2023. Así que aunque bajen los tipos, comprar piso es más caro.

                            Enrique Ortega

La inflación europea parece controlada (2,3% en noviembre la UE-27 frente al 10,6% que llegó a alcanzar en octubre de 2022) y eso ha decidido al BCE a abrir la mano y volver a bajar hoy un -0,25% los tipos de interés, dejando el tipo de referencia  en el 3%, el precio del dinero que teníamos en 2006. Es la 4ª bajada de tipos que hace el BCE, tras las de junio, septiembre y octubre de 2024, rebajado los tipos oficiales del 4,50 al 3%. Unas bajadas que todavía no compensan las 10 subidas de tipos aprobadas por el BCE entre julio de 2023 y septiembre del 2024, que dispararon el precio del dinero del 0% (en que estaban desde marzo de 2016) hasta el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2001.

Esta 4ª bajada de tipos del BCE sigue la senda de las bajadas hechas por otros grandes bancos centrales. Así, la Reserva Federal USA, que marca la política monetaria mundial, hizo su 1ª  bajada de tipos en septiembre de 2023, tras haberlos subido 11 veces desde marzo de 2022 (hasta un máximo del 5,25%). Y los bajó por 2ª vez, el 7 de noviembre de 2023, dejándolos en el 4,50% actual. Y el Banco de Inglaterra, que también subió 14 veces sus tipos oficiales (del 0 al 5,25%, entre julio de 2022 y septiembre de 2023), empezó a bajarlos también en agosto de 2024  y por 2ª vez en noviembre pasado, dejándolos en el 4,75% actual.

El BCE ha bajado los tipos más veces (4 en vez de 2) y los mantiene más bajos (3% en vez del 4,50 y el 4,75% de USA y Reino Unido) porque la economía europea está estancada y apenas crece: tiene que suavizar “el ricino monetario” que aplicó contra la alta inflación y que ha provocado un mayor debilitamiento de la economía europea. En 2023, la UE-27 sólo creció un +0,4%, siete veces menos que la economía USA (+2,9%) y algo más que Reino Unido (+0,3%), mientras Alemania cerró en recesión (-0,3%). Y para este año 2024, la Comisión Europea prevé un crecimiento bajo, del +0,9% en la UE-27, con Alemania otra vez en recesión (-0,1%), un bajo crecimiento de Italia (+0,7%) y Francia (+1,1%) y mayor en España (+3%). Y mientras, EEUU crecerá el triple (+2,7%) y Reino Unido un +1%.

Así que no está la economía europea como para tener tipos altos, aunque esos mayores tipos de EEUU y Reino Unido estén atrayendo capitales y fortaleciendo el dólar, en perjuicio del euro, que sigue depreciándose casi un -7% (ha llegado a cotizar en noviembre a 1,042  dólares, cuando cotizaba a 1,119 dólares en agosto). Este es otro motivo de preocupación para el BCE, porque si el euro sigue depreciándose y cotiza a 1x1 con el dólar, las importaciones europeas que se hagan en dólares (energía y equipos) serán más caras y eso reanimará la inflación, que ahora parece controlada. Pero de momento, preocupa más el estancamiento de la economía europea, que exige bajar los tipos para reanimarla.

De hecho, muchos expertos critican al BCE por haber aplicado este ajuste monetario tan drástico, esa subida de tipos del 0 al 4,50% en sólo 14 meses, que fue la puntilla para la débil economía europea. Ya insistí al escribir sobre las 10 subidas de tipos de 2022 y 2023 que podía provocar este “estancamiento” y que no era una política correcta, como señalaban muchos expertos, porque la inflación de los últimos años era una inflación de costes (básicamente, por la subida de la energía), una “inflación de oferta” y no la típica “inflación de demanda” que teníamos a principios de siglo, cuando los precios subían por el fuerte crecimiento económico y el exceso de consumo, con lo que la subida de tipos sí resultaba efectiva para “enfriar la economía”. Pero en 2022 y 2023, los precios subieron no por un exceso de consumo sino por la subida del gas, el petróleo y las materias primas, más los embudos en las cadenas de suministro y el comercio internacional. Así que la subida de tipos poco podía hacer y de hecho, la bajada drástica de la inflación se ha conseguido por medidas de los Gobiernos en los mercados energéticos y las ayudas a familias y empresas, no con las subidas de tipos, que han hundido a economías, familias y empresas.

El propio Banco de España, que cree que las subidas de tipos han servido para “anclar las expectativas, para evitar males mayores (que subieran más los salarios y los márgenes empresariales, disparando más la inflación), reconoce y cuantifica el daño que han hecho a la economía española estas subidas de tipos: han restado al crecimiento un -2,65% del PIB entre 2022, 2023 y 2024, lo que supone un coste cercano a los 40.000 millones de euros. Un coste que han sufrido directamente en sus bolsillos las familias (al pagar más por hipotecas y créditos), las empresas y hasta los Gobiernos, al encarecerse su deuda. Y aunque han bajado los tipos, todos pagan ahora mucho más que en 2021 y 2022.

Las familias españolas se han beneficiado de la bajada de la inflación, pero a un alto coste para los que pagan una hipoteca o un crédito. Así, los 4 millones de familias que están pagando una hipoteca se han “empobrecido”, al subirles su cuota mensual: los tipos medios de las hipotecas pasaron del 1,38% en 2021 al 2,96 en 2022 y al 3,80% en diciembre de 2023, estando ahora (octubre 2024) en el 3,20%, todavía por encima de 2021 y 2022, según los datos del Banco de España. Y los créditos personales (para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje) han pasado del 6,10% en 2021 al 7,69% a finales de 2023 para costar en octubre un 7,41%, subiendo también el tipo de las tarjetas. A lo claro: una hipoteca de 150.000 euros, a 25 años y un tipo variable del Euribor+1%, costaba en noviembre de 2021 una mensualidad de 532,85 euros, pasó a 878,81 euros en noviembre de 2023 y ahora cuesta algo menos, 751,42 euros, pero mucho más que hace 3 años.

Las empresas también han sufrido la dureza de la subida de tipos y aún pagan más por el dinero que antes del ajuste. Así, el tipo por descubierto saltó del 1,56% en 2021 al 4,79% en diciembre de 2023 y en octubre estaba en el 4,46%, según el Banco de España. Los créditos de hasta 250.000 euros pasaron del 1,69% en 2021 al 5,33% a finales de 2023 y todavía cuestan el 4,43%.Los créditos de 250.000 euros a 1 millón saltaron del 1,29% en 2021 al 5,08% en 2023 y están ahora en el 4,11%. Y los créditos de más de 1 millón de euros, que costaban el 1,04% en 2021, saltaron al 4,98% en 2023 y estaban en octubre en el 4,22%.

Y la subida de tipos también hizo daño a los Estados, al encarecer su deuda, que siguen colocando a tipos muy altos aunque hayan bajado los tipos. El bono español a 10 años pasó de pagar el 0,415% de interés en noviembre de 2021 al 3,65% en diciembre de 2022 y un máximo del 3,949% en septiembre de 2023, bajando ahora (diciembre 2024) al 2,763%. Eso se traduce en que España tiene que pagar más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024, frente a 30.175 millones pagados en 2022), con lo que se puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas y pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE ha sido alto y no se compensa con las 4 bajadas hechas desde junio. Pero hay un sector que ha salido muy beneficiado estos años: la banca, gracias a los mayores intereses cobrados a familias, empresas y Estados. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron sus beneficios un +28% en 2022 (ganaron 20.850 millones) y otro +26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos del BCE, los 6 grandes bancos españoles han ganado un +19,7%% más en 2024 (23.656 millones de enero a septiembre),un beneficio histórico. 

Ahora, el BCE irá decidiendo que hace con los tipos “mes a mes, con un ojo puesto en la inflación y el otro en la marcha de la economía. En principio, su objetivo es aprobar más bajadas de tipos en 2025, al menos 4 más de -0,25% cada una, para dejar los tipos en el 2%, para el verano o para fin de año (si hay problemas por medio). Los riesgos de que repunte la inflación son elevados, por varias causas: los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, así como la incertidumbre geopolítica internacional, especialmente la toma de posesión en enero de Donald Trump y el temor a que imponga aranceles a América, China y Europa, que aumentarían la inflación mundial y frenarían el comercio y el crecimiento internacional. Y no ayudará tampoco la tensión política dentro de Europa, con una Comisión más virada a la derecha ( que conlleva un mayor peso de las posturas ortodoxas duras en el BCE), con crisis políticas en Francia y Alemania y un constante enfrentamiento en España.

Así que lo que hagan los tipos en 2025 va a depender mucho de las circunstancias geopolíticas y de su efecto sobre la inflación. Pero de momento, las 4 rebajas ya hechas por el BCE apenas suponen un alivio para las familias, empresas y el Presupuesto, como hemos visto. En el caso de las hipotecas, la bajada del Euribor ya beneficia a los que tienen una hipoteca y revisan anualmente su cuota: cerró noviembre en el 2,5006% (el 8º mes consecutivo que baja), frente al 4,022% de noviembre de 2023 y el 2,828% de 2022 (ojo: en noviembre de 2021 era negativo, -0,487%). Eso supone un “alivio” de 127 euros menos al mes en una hipoteca tipo (150.000 euros a 25 años al Euribor+1%). Y lo mismo pasará en los próximos meses, con pequeñas rebajas: el Euribor puede cerrar el año en el 2,350% (frente al 3,679% en diciembre 2023) y bajar al 2% para el verano de 2025.

El problema lo tienen los que piensan en pedir una hipoteca ahora, con los tipos y el Euribor más bajos: tendrán que pagar una cuota mayor que si hubieran pedido la hipoteca en 2021,2022 y 2023. Y eso porque la subida de los pisos se ha comido con creces el ahorro en los tipos de las hipotecas. Veamos las cuentas, a lo claro. Un piso medio en España, de 90m2, costaba 162.900 euros en noviembre de 2021, 170.460 en noviembre de 2022, 182.430 en noviembre de 2023 y 201.960 euros en noviembre de 2024, según el portal Idealista. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 462,94 euros en 2021, 706,91 euros en 2022, 855 euros en 2023 y 809,37 euros al mes ahora. Mínimo ahorro.

Pero las cuentas salen peor en las grandes ciudades, donde el coste de los pisos ha subido mucho más. Veamos el caso de Madrid, con los datos el portal idealista. Un piso medio, de 90 m2, costaba 289.120 euros en noviembre de 2021, 252.440 euros en noviembre de 2022, 365.760 euros en noviembre de 2023 y 440.190 euros en noviembre de 2024. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 821 euros en 2021, 1.461,60 euros en 2022, 1.714 euros en 2023 y 1.764,09 euros en noviembre de 2024. Siempre más cuota, ahora por la subida de los pisos.

En resumen, que las 4 rebajas de tipos del BCE apenas reducen la cuota de la hipoteca a los que la estaban pagando (-127 euros al mes) y la subirá para la mayoría de los que piensan ahora en hipotecarse y compran piso, porque los precios han subido mucho más de lo que han bajado las hipotecas. Así que no hay que confiarse: sin medidas drásticas para aumentar la oferta de viviendas (los últimos estudios indican que hacen falta 3,5 millones), la mayoría de españoles no podrán pagar una hipoteca, aunque bajen los tipos. Y aunque los bancos han entrado en una nueva “guerra” por colocar hipotecas a tipo fijo, del 3 al 3,5%, aprovechando que “están bajando los tipos”. Sí, bajan, pero no la cuota de la hipoteca que hay que pagar por conseguir una vivienda mucho más cara.

Cara a 2025, la evolución de los tipos será muy incierta, por Trump, las guerras y la incertidumbre geopolítica. Y existen muchos riesgos de que vuelva a subir la inflación. Por eso, habría que evitar que el BCE vuelva a las andadas y frene las bajadas actuales o incluso vuelva a subir tipos. Las medidas contra la inflación deben ser otras, actuando sobre los mercados energéticos y eléctricos, con ayudas y bajadas del IVA, no a golpe de tipos, que frenan la economía y tienen un alto coste para familias, empresas y Estados. Tomen nota.

jueves, 6 de junio de 2024

1ª bajada (mínima) de los tipos de interés


El BCE ha bajado hoy jueves el precio oficial del dinero, un -0,25%, tras subirlo 10 veces (del 0 al 4,5%) en 14 meses (julio 2022-septiembre 2023), para recortar la inflación, que bajó por otras medidas (cambios mercado energético y ayudas públicas). El BCE lleva 9 meses retrasando esta bajada, por temor al repunte de la inflación, a pesar del daño que este “ricino” monetario ha hecho a la economía europea (estancada y Alemania en recesión), a familias y empresas: los hogares y compañías españolas han pagado 48.000 millones más en intereses, permitiendo a los bancos beneficios récord. Ahora, el BCE no tiene prisa en aprobar nuevas bajadas, quizás en septiembre (otro -0,25%), si los baja EEUU. Y podría no hacer más rebajas este año, para bajar otro -1% en 2025 (hasta el 3%). Pero el BCE y la Reserva Federal USA) no piensan volver a tipos al  0% (como tuvimos de 2016 a 2022), aunque Europa necesita invertir mucho. La ortodoxia del BCE y la derecha económica defiende tipos altos, caiga quien caiga
 
                     Enrique Ortega

Hoy se ha iniciado una nueva era en la política monetaria internacional, con la primera rebaja de tipos en los últimos 8 años, aprobada por el Banco Central Europeo (BCE), que ha reducido el precio oficial del dinero un -0,25%, dejándolo en el 4,25%, el precio que tenía en agosto de 2023. Una rebaja que ha retrasado 9 meses, tras aprobar en septiembre de 2023 la última subida de tipos (+0,25%), la 10ª subida aprobada en sólo 14 meses (desde julio de 2022 a septiembre de 2023), que elevó el precio del dinero del 0% (en que estaba desde 2016) al 4,50%, el tipo más alto en Europa desde 2008.

Esta subida del BCE, en 2022 y 2023, siguió la estela de otros bancos centrales, que utilizaron la política monetaria (encarecer el dinero) como la herramienta básica para atajar la inflación, desatada tras la pandemia, la invasión de Ucrania y los precios disparados de la energía y las materias primas. El primero en romper la tendencia de tipos al 0% fue el Banco de Inglaterra, que aprobó una primera subida el 16 de diciembre de 2021 (antes de la invasión de Ucrania) y realizó 14 subidas de tipos hasta la última de agosto de 2023 (del 0 al 5,25% actual). Le siguió la Reserva Federal USA, que aprobó su 1ª subida en marzo de 2022 y ha hecho en total 11 subidas, la última en julio de 2023 (del 0 al 5,25% actual). Y quien más retrasó la 1ª subida fue el BCE, hasta el 27 de julio de 2022, realizando 10 subidas en total, la última el 14 de septiembre de 2023 (del 0 al 4,50% de subida en sólo 14 meses).

Los expertos esperaban que la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el BCE iniciaran antes el camino de las bajadas, a finales de 2023 y esta primavera. Pero EEUU no se atrevió a aprobar bajadas, tampoco en mayo pasado, a la vista del último repunte de la inflación (3,4% anual en abril) y de que la economía y el empleo crecen con fuerza. El Banco de Inglaterra ha seguido su senda, de mantener los tipos desde el verano pasado. Y el BCE no se atrevió tampoco a bajarlos en las reuniones de octubre y diciembre de 2023 ni en las de enero, marzo y abril de 2024, a pesar de que muchos expertos y paises pedían “bajar la guardia” y los tipos, para reanimar la economía europea. Pero el BCE ha desaprovechado 5 reuniones para bajar los tipos, porque piensa que la inflación no está controlada, y ha apostado en la reunión de hoy (6 de junio) por una mínima bajada (-0,25%).

Con ello, el BCE mantiene un precio oficial del dinero altísimo (4,25%, el más alto desde 2008) y lo justifica por dos razones. Una, que la inflación no está controlada (2,6% de inflación anual en mayo en la UE-27, por encima de su objetivo del 2%) e incluso ha subido el último mes (+0,2% en la UE y +,04% en Alemania o España). Y temen que todavía suba más en el verano (algo habitual), por los alimentos y la energía. El otro motivo de preocupación del BCE son los salarios, que suben en Europa más que el año pasado (+4,7% en el primer trimestre en la zona euro y +6,2% en Alemania), algo lógico tras dos años de pérdida de poder adquisitivo y de subida disparada de los beneficios empresariales. Pero temen que los mayores salarios se trasladen a precios, olvidando que el mismo BCE indicó que el principal responsable de la subida de precios (dos tercios) fueron los altos márgenes empresariales.

Ahora, el BCE espera a ver qué hacen la inflación y los salarios en los próximos meses para decidir cuando vuelve a bajar los tipos. Otro elemento clave es lo que haga la Reserva Federal USA, que se reúne del 11 al 13 de junio, aunque no se espera que siga al BCE y baje los tipos. La primera bajada en EEUU podría aprobarse en la reunión del 30 y 31 de julio o si no, en la reunión del 17 y 18 de septiembre, la última antes de las elecciones presidenciales del 5 de noviembre. Para el BCE es importante ver lo que hace la Reserva Federal USA por dos razones. Una, porque si el BCE baja tipos y no lo hace EEUU (que mantiene un 5,25% de interés frente al 4,25% en la zona euro), los ahorradores se sentirán aún más atraídos a invertir en Norteamérica, que crece más y tiene más competitividad industrial y tecnológica. Y la otra, que la diferencia de tipos entre USA y Europa puede depreciar al euro (ahora cotiza a 1,0873 dólares, frente a 1,111 a finales de 2023) y eso encarecería las importaciones europeas y nos provocaría “inflación importada”.

Así que el BCE se piensa cuando volver a bajar los tipos. No se espera que lo haga en la próxima reunión, el 18 de julio, aunque hay mayoría de expertos que apuestan porque los baje en la reunión siguiente, el 12 de septiembre (sobre todo si los baja la Fed USA el 31 de julio). No esperan que los baje después, en la reunión del 17 de octubre (en Eslovenia) y dudan si los bajará (por 3ª vez este año) en la reunión del 12 de diciembre. Todo dependerá de lo que haga la inflación, los salarios y la Fed USA, pero la mayoría de expertos creen que el BCE va a ser muy conservador y sólo bajará los tipos 2 veces, hasta el 4% a finales de 2024. Y luego, en 2025, esperan que los baje sólo un -1%, hasta dejarlos en el 3%. 

Todo dependerá también del resultado de las elecciones europeas, porque dentro del BCE hay dos tendencias: los “halcones”, que defienden una mayor “ortodoxia” (hasta que la inflación no se afiance en el 2% objetivo, no hay que bajar mucho los tipos), apoyados por Alemania, Paises Bajos, Austria y los paises bálticos, y las “palomas”, los consejeros del BCE que defienden unos tipos más bajos, para reanimar la deprimida economía europea, apoyados por Francia, Italia y España. Si la derecha conservadora (y la ultraderecha) ganan peso en el Europarlamento y en la futura Comisión Europea, eso jugará a favor de la “ortodoxia” monetaria en el BCE, retrasando y suavizando la bajada de tipos.

La realidad es que esta “ortodoxia” monetaria se ha revelado “inútil” y “dañina para Europa, por lo que urge cambiarla. “Inútil” porque la drástica subida de tipos (la más rápida en la historia del BCE) apenas ha contribuido a rebajar la inflación en Europa, que se ha recortado por otros motivos. Y eso porque no hemos sufrido una “inflación de demanda (la economía crece mucho, está “recalentada” y por eso se disparan los precios, que pueden frenar una subida de tipos), sino una “inflación de oferta”, de costes, motivada por la subida disparada de la energía y los alimentos, ya antes de la invasión de Ucrania y agravada después. Así que por mucho que subieran los tipos, eso no iba a bajar los precios del petróleo, el gas, la electricidad o los alimentos. Por eso, la inflación subió del 8,6% en junio de 2021 al 11,1% en noviembre y en agosto de 2023 todavía estaban en el 5,3%, a pesar de las 9 primeras subidas de tipos del BCE. Y la inflación europea bajó del 3% en octubre pasado, no por las subidas de tipos sino por las medidas tomadas para reducir el consumo de gas ruso, los cambios en el mercado eléctrico y las ayudas públicas contra la inflación.

Pero lo más grave es que estos tipos disparados han sido “dañinos” para la economía europea, sus empresas y familias. El balance económico es evidente: la zona euro acabó el año 2023 en recesión (el PIB de los 19 paises euro cayó un -0.1% en el 3º y 4º trimestre), la UE27 estancada (+0% creció el PIB entre junio y diciembre) y Alemania, “el motor” del continente cayó un -0,3% en todo 2023, mientras Francia creció sólo un +0,7% e Italia un +0,9% (sólo España creación un 2,5%), según Eurostat. Y este año 2024, en el primer trimestre, la economía europea sigue estancada, crece sólo un +0,3%, con un mínimo crecimiento de Alemania y Francia (+0,2%) e Italia (+0,3%), algo más España (+0.7%).

Europa está estancada y las 10 subidas de tipos han sido “la puntilla”, al recortar drásticamente el consumo y la inversión, mucho más que los precios. El coste de las subidas de tipos para España es impresionante, según los datos del Banco de España: las familias y las empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), multiplicando por 2,6 los intereses pagados entre 2023 y 2021. Esta enorme factura de intereses extras explica que la banca española haya tenido unos beneficios récord en 2023: 26.088 millones ganados entre los 5 grandes (Santander, BBVA, Caixa, Sabadell y Bankinter), un 26% más que en 2022.Y este año 2024, gracias a que el BCE no ha bajado antes los tipos, la gran banca ganó 6.676 millones en el primer trimestre (+17,2%). Y eso gracias a que cobran más por hipotecas y créditos, pero apenas pagan más por los depósitos: la banca española es la 5ª que menos paga por los depósitos a plazo, una media del 2,49% (marzo 2024), frente al 3,16% de media en la zona euro, 3,75% en Italia, 3,59% en Francia o 3,22% que pagan en Alemania, según el BCE. Y por el ahorro a la vista, el 0,19%.

El daño de los tipos altos a la economía se concreta en el daño a las familias, las empresas y los Gobiernos (por el mayor coste de la deuda pública). Respecto a los hogares, la mayor factura son la subida de las hipotecas, que están pagando 4 millones de familias y que han subido con el Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), ha subido después mes a mes, hasta un máximo del +4,160% en octubre de 2023, encareciendo la revisión de hipotecas (anual o semestral). Y aunque el Euribor baja en los últimos meses, cerrando a 3,680% en mayo, las últimas revisiones de hipotecas apenas reducen la factura (16 euros al mes las que se revisen en junio). Y todavía las hipotecas son muy caras: 833 euros al mes ahora (150.000 euros a 25 años, con Euribor+1%), frente a 585 euros que costaban hace dos años. Y si pedimos un crédito personal, nos cobran el 7,78% (marzo 2024), similar al de hace un año (7,95%) y mucho más caro que en 2021 (6,10%), según el Banco de España.

Las empresas también han visto encarecer sus créditos, además de ser más difíciles. Los créditos hasta 250.000 euros han pasado del 1,69% en 2021 al 4,30% en marzo de 2023 y al 5,13% en marzo de 2024, según el Banco de España. Los créditos de 250.000 a 1 millón de euros han pasado de 1,29% al 4,15% y el 4,86%. Y los créditos superiores al millón de euros pasaron de costar 1,04% a 3,94% y 4,72% en marzo 2024. También los Gobiernos europeos tienen que pagar más por colocar su deuda pública. En el caso de España, el bono a 10 años ha saltado de pagar 0,41% en noviembre 2021 a 2,46% en noviembre 2022, 3,94% en septiembre 2023 (el máximo) y 3,29% en junio 2024. Más gasto público en intereses que no se puede gastar en sanidad, educación, Dependencia, pensiones y ayudas sociales.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE ha sido y es elevado, aunque no parecen tener prisa en “bajar la guardia”, al menos hasta que la inflación baje al 2% objetivo (tras el verano de 2025). Por eso, parece evidente que Europa (y el mundo) no volveremos por un tiempo a los tipos al 0% , que tuvimos en Europa y en EEUU durante 6 años (entre marzo de 2016 y marzo o julio de 2022). La idea del BCE es bajar este año un -0,5% y otro -1% en 2025, manteniendo después los tipos en el 3% “el tiempo que haga falta”. Y algo parecido en EEUU y Reino Unido. Eso suponiendo que la derecha más conservadora (y más “ortodoxa” monetariamente) no avance en Europa e imponga tipos de interés altos, combinados con más austeridad presupuestaria.

Frente a esta “ortodoxia monetaria”, algunos expertos defienden un cambio de política del BCE, que pasaría por subir ligeramente el objetivo de inflación, del 2 al 3%, para reanimar a la economía europea , que está estancada frente a la economía USA (su PIB creció un 2,5% en 2023, frente al 0,4% que creció la zona euro y la UE-27). Eso permitiría rebajar algo más los tipos, al entorno del 1-2%, y facilitar las inversiones que tanta falta hacen en Europa: en energías renovables y descarbonización, digitalización, tecnología, Defensa y Seguridad, reindustrialización y mejora de la competitividad. Para todo eso hace falta un proyecto europeo, que se juega en las elecciones de este domingo, pero también otra política monetaria, un BCE, que ayude a la economía, empresas y familias, no que las hunda con una “ortodoxia trasnochada”, que prioriza la inflación y no el crecimiento y el empleo. Un debate que nadie abre y que resulta clave para nuestro futuro.

lunes, 13 de marzo de 2023

Depósitos: la "tacañería" de los bancos

Este jueves, el BCE vuelve a subir los tipos de interés, al 3,5%. Y se encarecen las hipotecas, con el Euribor rozando el 4%. Pero si tiene dinero ahorrado, los bancos sólo le pagan un 0,59% de media. Y los hogares tienen casi un billón de euros en depósitos, sin sacarles rentabilidad aunque suban los tipos. Pero los bancos sí están haciendo el agosto: no pagan casi nada por el ahorro y cobran mucho más por hipotecas y créditos. Los 6 grandes bancos ganaron 20.850 millones en 2022 (+28%), un récord histórico. Algunos ahorradores hacen cola para comprar Letras del Tesoro, que pagan el 3,29%. Pero la mayoría siguen sin sacar rentabilidad a sus depósitos y la banca les ofrece comprar Fondos de inversión, con bajo interés y muchas comisiones. Todo apunta a que la rentabilidad de los depósitos no subirá del 1%, sobre todo porque los 6 grandes bancos controlan el 75% del ahorro y no quieren pagar más. Estamos en sus manos.

Enrique Ortega

El tipo de interés oficial del dinero está en el 3% y subirá este jueves al 3,5%, tras la 6ª subida del BCE desde julio de 2022. Con ello, el Euribor, el tipo al que se prestan los bancos y que determina el precio de las futuras hipotecas, roza ya el 4%, cuando estuvo en negativo hasta marzo de 2022 (-0,237). Pero si miramos la otra parte, lo que pagan los bancos por el dinero, el interés es mínimo: los depósitos bancarios se remuneraban al 0,64% de media a finales de 2022, según el Banco de España. Y en enero de este año, los bancos han bajado incluso lo que pagan por el dinero, al 0,59% de media, casi seis veces menos de lo que cobran por una hipoteca: 3,345% de interés en enero, según el Banco de España.

Este tipo mínimo del 0,59% es el que los bancos españoles están pagando por el casi billón de euros que las familias tienen en depósitos: se superó, por primera vez en la historia, el listón del billón de euros en diciembre de 2022 (1.004.342), un 48% más que en 2008 (678.904 millones ahorrados por los hogares en depósitos) y un gran salto desde antes de la pandemia (853.200 millones en depósitos en 2019), porque las familias se lanzaron a ahorrar tras el confinamiento y la incertidumbre por la nueva crisis. Los bancos han estado estos años sin pagar casi nada por estos depósitos: remuneraban el 0,07% en junio de 2022, antes de la primera subida de tipos del BCE, y sólo subieron al 0,27% en septiembre, para cerrar el año pagando el 0,64%, que ahora baja al 0,59%.

Además de no pagar casi nada por el ahorro, los bancos españoles son los que menos pagan entre los bancos de los grandes paises europeos, según los datos del BCE: ese 0,69% que pagaban en diciembre por los depósitos a menos de 2 años es menor del 1,20% que pagaban los bancos de la zona euro, del 1,83% que pagaban los bancos italianos o el 1,40% de los bancos alemanes, con 9 paises europeos pagando más del 1% por los depósitos. Y en los depósitos a más de 2 años, los bancos españoles pagaban un 0,97% de media a finales de 2022, frente al 1,81% que pagaban los bancos de la zona euro, el 2,15% de Italia, el 2,11% de Francia y el 1,70% de los bancos alemanes. No sólo pagan menos por el ahorro. Los bancos españoles también cobran más por las hipotecas: 3,345% en enero de este año, frente al 3,160% que cobraban los bancos de la zona euro.

El Banco Central Europeo (BCE) ya ha lanzado varias advertencias a los bancos europeos, apoyadas por el Banco de España, para que suban el interés a los depósitos, quejándose de que esta vez no han repercutido apenas la subida de tipos en el ahorro, como sí hicieron en las subidas de tipos de 2005 y 2010. El BCE tiene otra razón de peso para “amonestar a los bancos: si está subiendo los tipos oficiales (6 veces este jueves) es porque encareciendo el dinero quiere frenar la actividad, para bajar la inflación. Pretenden no sólo encarecer el crédito sino también subir en paralelo el interés que se paga por los depósitos, para que las familias ahorren más y gasten menos, para frenar así la demanda y la inflación. Así que la “racanería” de la banca desbarata sus planes

La banca ha reaccionado subiendo algunos tipos de sus depósitos, pero sólo a modo de “efecto escaparate”, utilizando bancos online o subiendo la remuneración a algunos clientes y empresas, pero no el interés medio que pagan, que incluso bajó en enero. Y esta resistencia a pagar más por el ahorro se debe a que la banca no lo necesita, porque tiene un “exceso de liquidez, no necesita más recursos para prestar tras todos estos años en que el BCE se ha dedicado a crear liquidez, comprando deuda, para evitar una mayor crisis tras la pandemia. Actualmente, la proporción entre préstamos y depósitos supera el 90% en la banca española (prestan menos del dinero disponible). Una situación completamente diferente a la de 2007, cuando les faltaba liquidez para prestar (la ratio entre préstamos y depósitos superaba el 140%), e incluso la de 2009 a 2015 (con una ratio prestamos/depósitos del 110 al 120%). En resumen: como no necesitan dinero para prestar (les sobra liquidez), apenas lo pagan.

Ante este panorama, hay muchos ahorradores enfadados con la banca, que están buscando otro destino para su dinero. Ya en enero y febrero, muchos se lanzaron a comprar Letras del Tesoro a un año, con colas ante las oficinas del Banco de España después de que colapsase la web del Tesoro para comprar Letras online. La fiebre por las Letras del Tesoro sigue ahí y en la subasta del 7 de marzo se han recibido peticiones por 1.050 millones de particulares, tras anteriores peticiones de 1.200 millones en enero y febrero, duplicando con creces cada mes las peticiones de Letras de particulares en todo 2021 (400 millones). En esta subasta de marzo, el Tesoro ha pagado un tipo del 3,295% (2.983% en enero), 5,5 veces más rentabilidad de la que paga la banca por los depósitos y con una mínima comisión (0,15%).

Una parte de los ahorradores se han ido a las Letras, pero son una minoría: el saldo en depósitos de las familias bajó en enero (por primera vez), pero sólo en 13.300 millones, con lo hay casi 1 billón de euros rentando el 0,59%. A partir de ahí, los ahorradores “pelean con sus bancos” para que les den más intereses. Y la banca responde de dos maneras. Por un lado, trata de subir algo el interés a sus mejores clientes (de “banca privada”) y a las empresas (que son “más exigentes” y tienen más recursos), que están recibiendo un tipo del 1,66% (el triple que la media de clientes). Y por otro, intentan colocarles Fondos de inversión, un producto sencillo para ellos y por el que reciben altas comisiones de las gestoras (que cobraron a sus clientes 3.500 millones en 2021 en concepto de comisiones).

Ahora, pues, la pelea de los bancos no es por captar el ahorro (no hay “guerra del pasivo, como en 2007 o en 2019, porque los bancos no necesitan liquidez) sino por evitar que sus clientes se vayan, ofreciéndoles Fondos con la etiqueta de “alta rentabilidad”. De hecho, los Fondos están captando la mitad del dinero que se ha ido de los depósitos a plazo, según INVERCO, que prevé un aumento de dinero en los Fondos del 9,66% en 2023, hasta alcanzar los 336.000 millones de euros. La banca está centrando su oferta de Fondos, frente a las Letras del Tesoro, en Fondos conservadores, concretamente en 4 tipos: Fondos de renta fija (ligados a la deuda pública), Fondos monetarios (deuda a corto), Fondos “garantizados” y Fondos con “rentabilidad objetivo”, dos fórmulas que ofrecen una rentabilidad garantizada, que no es tal, como advierte la CNMV, que se queja de que los bancos no advierten a sus clientes del riesgo que tienen todos los Fondos. En cualquier caso, el “truco” es ofrecer una “rentabilidad escaparate”, que evite fugas de clientes y asegure jugosas comisiones.

Toda esta operativa de los bancos, que se resume en cobrar lo más posible por el crédito y pagar lo menos posible por el ahorro, ha sido una bendición para sus márgenes, que se han disparado con la actual subida de tipos, multiplicando sus beneficios. Además de mejorar el negocio con sus clientes, la banca española (y europea) ha hecho también negocio con el BCE, aprovechando sus medidas para asegurar la liquidez en Europa. Trataré de explicarlo, porque es algo complejo y poco conocido, pero bastante escandaloso.

El Banco Central Europeo (BCE), a la vista de la debilidad de la economía europea primero y de la pandemia después, inyectó 2,2 billones de euros a la economía, a través de líneas de financiación a la banca (a 742 bancos europeos), un dinero por el que las entidades pagaban un interés negativo (o sea, cobraban) del -0,5% primero  y el -1% después. Muchos bancos europeos no prestaron todo este dinero y lo depositaron en el BCE, que les cobraba por ello el interés que recibían (primero el -0,5% y luego el -1%). Hasta aquí bien. Pero en julio, el BCE elevó la remuneración a los bancos de estos depósitos al 0%, con lo que la banca europea hacía negocio, al haber recibido dinero del BCE al -1%. Y en septiembre, el Banco Central Europeo elevó el tipo de interés a los bancos (“tipo de facilidad de depósito”) al 0,75%, con lo que el negocio que hacían por depositar el dinero que les habían prestado en el BCE (“arbitraje”) era “redondo”. Tal es así, que a principios de septiembre sólo tenían depositados en el BCE 683.000 millones y para finales de octubre ya tenían 4,6 billones.

El beneficio extra de la banca europea con este dinero, que en su mayoría les había prestado el BCE (para prestar y reanimar la economía, no para especular), era importante: sólo en el cuarto trimestre de 2022, los expertos estimaron que ganarían 8.000 millones extras, sobre todo los bancos españoles e italianos, los que más han utilizado este sistema. De hecho, la estimación hablaba de que este “arbitraje” permitiría a Unicaja y Bankinter aumentar un 50% sus beneficios en el 4º trimestre de 2022 y a CaixaBank un 30%. Finalmente, el 27 de octubre, el BCE cambió el sistema y desde el 23 de noviembre, los bancos cobran el mismo interés por el dinero depositado en el BCE que lo que pagan por los créditos recibidos. Pero en estos meses, han hecho un negocio redondo, a costa del BCE y los europeos.

Con este negocio extra y el habitual de subir los márgenes (cobrando más por el crédito que lo que pagan por el ahorro), la banca española ha hecho su agosto, mientras familias y empresas se agobian con la subida de tipos. En 2022, los 6 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) han tenido un beneficio de 20.850 millones, un 28% más que en 2021, los mejores resultados de su historia para Santander y BBVA.

Y además, dos bancos españoles son los más rentables de Europa, con la mayor rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE): BBVA (6.420 millones de beneficio, un 15,3% de rentabilidad) y Santander (9.605 millones y el 13,4%), por delante del finlandés Nordea (3.595 millones de beneficio y 13,3%), del francés Credit Agricole (8.144 millones de beneficio y 12,6%), del italiano UniCredit (5.227 millones de beneficio y 10,7%) y el francés BNP Paribas (3.145 millones y 10,2% de rentabilidad). Y en 7ª posición está CaixaBank (3.145 millones y 9,8% de rentabilidad), por delante del francés Societé Genérale (2.108 millones y 9,6%), del holandés ABN Amro (1.867 y 8,7%) y Deutsche Bank (5.025 millones y 8,4% de rentabilidad).

Los bancos españoles ganan más, entre otras cosas, porque sus clientes pagamos más por las hipotecas y créditos y cobramos menos por los depósitos y el ahorro. Y su beneficio récord, a costa de la mejora de márgenes (ingresaron 71.532 millones por margen de intereses) y la drástica subida de comisiones (ingresaron 26.280 millones en 2022) se ha destinado en mayor medida a repartir dividendos a sus accionistas y a pagar “supersueldos”. Así, este año 2023, los grandes bancos repartirán entre el 40 y el 55% de sus beneficios en dividendos, con lo que también lideran la banca europea: el Sabadell se sitúan en primer lugar por rentabilidad de dividendo (9%), cerca del italiano Intesa San Paolo (9,1%), ocupando el 6º lugar el BBVA (6,9%) y el 8º CaixaBank (6,4% de rentabilidad por dividendo).

Otra parte del histórico beneficio se ha ido en sueldos a directivos y ejecutivos. Ya en 2021, hubo 221 banqueros españoles que cobraron más de 1 millón de euros (se repartieron casi 500 millones en sueldos, con 2,16 millones de media), siendo los terceros mejor pagados de Europa, tras Austria (38 banqueros con 2,41 millones de media) y  Liechtenstein (10 banqueros y 2,31 millones), por delante de Francia (1,88 millones para 371 banqueros), Alemania (1,76 millones para 589) e Italia (1,69 millones para 351 banqueros).

Con estos beneficios, dividendos y sueldos, el Gobierno Sánchez y el Congreso aprobaron  un impuesto temporal sobre beneficios extraordinarios de la banca, por la subida de tipos, que grava el 4,8% de los intereses y comisiones cobrados en España. Así esperan recaudar 1.500 millones sobre los beneficios de 2022 y otros 1.500 millones sobre los beneficios 2023. El 15 de febrero, la patronal bancaria AEB y la de las Cajas (CECA) presentaron dos recursos ante la Audiencia Nacional contra este impuesto. Y además, cada banco ha recurrido ya el pago del impuesto que han tenido que hacer en febrero, como anticipo a cuenta del impuesto correspondiente a 2022. Además de esta “batalla jurídica”, los bancos utilizan el impuesto como “argumento” para explicar por qué no pagan más por los depósitos

En los próximos meses, no se espera que la banca remunere mejor el ahorro, salvo “ofertas escaparate” que ya están haciendo bancos online, neobancos y bancos tradicionales sólo para sus mejores clientes y empresas. Los expertos creen que, con el Euribor al 4%, los bancos no pagarán más del 25%, o sea que el tope estará en el 1% de media. Al menos hasta que el BCE reduzca más la liquidez en Europa, a partir de junio. Pero si no tira el crédito y las hipotecas se frenan por los altos tipos, tampoco la banca va a necesitar más liquidez ni entrar otra vez en peleas por el ahorro. Sobre todo cuando entre los 6 grandes bancos controlan el 75% de los depósitos. Poco podemos hacer ante un oligopolio.

 

lunes, 13 de diciembre de 2021

Bancos: más monopolio y más comisiones

A finales de diciembre, nos cargarán en cuenta las comisiones que bancos y cajas cobran trimestral o semestralmente a sus clientes. Una media de 140 euros al año. Pero esta vez, el cargo será mayor, porque en septiembre subieron comisiones casi todos los bancos. Y eso porque necesitan cobrarnos más para resarcirse de la caída de márgenes, por el menor crédito y los bajos tipos de interés. Gracias a estas comisiones, los grandes bancos han vuelto a tener beneficios este año, más incluso que antes de la pandemia. Y pueden imponernos mayores comisiones porque son más fuertes, tras las fusiones: con el cierre de sucursales, los grandes bancos y cajas son un monopolio (operan ellos solos) en un tercio de códigos postales de las localidades donde están abiertos (la mitad de los municipios), según el Banco de España. Sólo nos queda pagarles lo que digan o irnos, algo que ellos mismos promueven para los clientes que no les interesan. Un abuso al que nadie pone coto. A pagar tocan.

Enrique Ortega

En la última década, tras la anterior crisis de 2008, se ha trastocado la esencia del negocio bancario: coger dinero con una mano (lo más barato posible) y prestarlo con la otra (lo más caro posible). Por un lado, empresas y particulares han salido escaldados de endeudarse tanto y piden menos créditos, que ahora se miran con lupa para concederlos a cuentagotas, Y por otro, la bajada drástica de los tipos de interés hace que los márgenes de la banca se reduzcan, poniendo en peligro sus abultados beneficios (y el dividendo de sus accionistas). La solución que buscaron fue reducir costes de forma drástica, por dos vías: recorte brutal de plantillas (han perdido 113.000 empleados desde 2008, un 40% de su personal) y cierre de sucursales (han desaparecido 23.391 oficinas desde 2008, el 51,2%). Y en paralelo, han buscado ser más grandes, fusionándose con otros bancos o comprando entidades en crisis, para rebajar así sus costes y cobrar ayudas fiscales millonarias. Pero no ha sido suficiente. Y por eso, en los últimos años, nos fríen a comisiones a los clientes.

Actualmente, los ingresos por las comisiones que bancos y cajas nos cobran son claves para sus cuentas. Basta analizar los resultados de los 5 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankinter) hasta septiembre de 2021: han ganado 15.582 millones de euros, superando los malos resultados de 2020 por la pandemia (-7.734 millones perdidos de enero a septiembre) e incluso ganan ya un +48,86% más que antes de la pandemia (10.467 millones de beneficios entre enero y septiembre de 2019). Y la partida que más les crece son los ingresos por comisiones: 15.444 millones que nos han cobrado de enero a septiembre de 2021, un +11,1% más que en los nueve primeros meses de 2020. Y por si creemos que se debe a la recuperación tras la pandemia, veamos la comparación con 2019: en los nueve primeros meses de 2019, los ingresos por comisiones de los 6 grandes bancos (entonces estaba Bankia, ahora en las tripas de CaixaBank) fue de 6.931 millones de euros, un -1% menos que en 2018. Así que este año han ingresado por comisiones cobradas a los clientes más del doble que en 2019 (+122,8%).

Pero como el crédito se recupera lentamente y los tipos apuntan a que seguirán bajos hasta 2023 (y ya no pueden cerrar más sucursales ni despedir a más empleados), los bancos ven que tienen que seguir ingresando más por comisiones para seguir aumentando beneficios. De ahí que en septiembre, las 10 mayores entidades financieras dieran otra vuelta de tuerca y anunciaran a sus clientes una nueva subida de comisiones. Una subida que afecta a casi todos los clientes y que es mayor en los no vinculados, los que no tienen la nómina o pensión domiciliada. Y en paralelo, a los que sí la tienen, les exigen ahora una mayor cuantía para subirles menos las comisiones: si antes se les exigía una nómina o pensión mínima de 600 euros, ahora ya son 800 euros. Y en algunos casos, como el Deutsche Bank, se exige ahora una nómina de 1.500 euros para subir menos las comisiones.

La mayoría de los bancos han subido en septiembre las tres vías que utilizan para cobrarnos comisiones: la comisión por mantenimiento de cuenta (el Santander ha subido esta comisión 94 euros anuales, Ibercaja 48 y Kutxabank 40 euros), la comisión por emisión de tarjeta (ha subido un 7,5%) y por mantenimiento de tarjeta (ha subido de 7 a 8,50 euros) y la comisión por descubierto (de 4 euros ha pasado a 18 euros), según el seguimiento hecho por la asociación ASUFIN.

Con esta subida, la comisión media por cuenta queda ahora en 140 euros anuales para los clientes vinculados (110 euros por mantenimiento de cuenta y 30 por la tarjeta de débito) y mucho más para el resto, sobre todo los que no tienen nómina o pensión ni recibos domiciliados. Pero esto es una media, según ASUFIN. Porque hay entidades que cobran mucho más, como Santander (el banco que cobra más comisiones: 276 euros de media, 1,5 veces más que hace un año) o Bankinter (180 euros de media). Y otros que cobran menos, como Abanca (78 euros de comisión media, la entidad más barata) o Unicaja (92 euros anuales, 60 por mantenimiento de cuenta y 32 por la tarjeta). Y además, se han disparado las comisiones que los bancos cobran por tener acciones o Fondos de inversión.

La subida constante de comisiones no tiene sólo un fin recaudatorio, de asegurar ingresos que la banca no consigue con su negocio tradicional. Es una forma también de “seleccionar clientes”, según denuncia ASUFIN: me interesan los que tienen más ingresos y “tienen todo conmigo” (desde la nómina a la hipoteca o los Fondos de inversión), porque son clientes “rentables”. Y el resto, los que tienen nóminas bajas y encima no se vinculan conmigo, les breo a comisiones y les cobro por todo, hasta 2 euros por retirar dinero de ventanilla, buscando que se harten y se vayan, porque “no quiero ese tipo de clientes”. Esta estrategia es más propia de los grandes bancos, con millones de clientes y muchas oficinas, que son los más duros con la subida de comisiones. Y “abren más la mano” los pequeños, los necesitados de clientes.

Esta estrategia está creando una brecha bancaria entre unos clientes, los rentables, y el resto, que no interesan tanto y sufren las consecuencias, porque no pueden “vivir sin los bancos” en una sociedad tan bancarizada como la española. Sólo les queda quejarse y poner reclamaciones (las motivadas por comisiones crecieron un 91% en 2020), que no van a ningún lado, porque las comisiones son legales y están comunicadas al Banco de España. Y la otra vía es cambiar de banco e intentar negociar con otro, si se tienen “contrapartidas” (nómina, pensión, hipoteca, acciones, Fondos…), algo que le falta a muchos clientes.

Los bancos y cajas nos cobran ahora más comisiones no sólo porque “lo necesitan más sino “porque pueden hacerlo”, porque ahora que son menos tienen más poder sobre el mercado y sus clientes. Es una de las consecuencias negativas de las fusiones: hay menos bancos para operar y los que quedan son más fuertes. De hecho, los 5 grandes bancos españoles controlan ya dos tercios del mercado bancario (el 66,4% de los activos). Una concentración bancaria que supera la de Francia, Italia o Alemania. Veamos los datos. El indicador de concentración bancaria es el índice Herfindalh-Hirschman. España tiene un índice de 1.081 puntos, según el BCE, que indica una “concentración moderada”, todavía alejada de la “concentración alta” (índice superior a 1.800, que tienen Finlandia, Holanda, Lituania, Chipre o Grecia) y de la situación de "monopolio" (índice superior a 2.500, que sólo tiene Estonia), aunque es uno de los paises donde el índice se ha duplicado (era 497 en 2008). Pero tenemos una concentración bancaria (índice 1.081 puntos) que casi duplica la de Francia (688) o Italia (675) y triplica la de Alemania (325 puntos).

Pero la mayor fuerza de la banca no es sólo que haya menos entidades. Es que además, como han cerrado más de la mitad de sucursales, las oficinas bancarias que quedan abiertas tienen mucho más poder en media España. Y digo en media España porque el 54% de los municipios españoles no tienen ninguna sucursal bancaria (4.443 de 8.151 municipios, ver el mapa de oficinas cerradas por autonomías), según los datos del Banco de España y el INE. Eso supone 1,6 millones de españoles sin una oficina bancaria cerca. El resto, el 46% de localidades con banco, tienen en muchas ocasiones los servicios de un solo banco, con lo que tienen muy fácil subir comisiones y seleccionar clientes. El Banco de España acaba de publicar el dato y es impresionante: en 1 de cada 3 códigos postales donde hay banco sólo opera una única entidad bancaria. Hay un monopolio bancario de hecho.

Las provincias con más códigos postales en situación de monopolio bancario son Toledo (70 códigos postales), A Coruña (60), Badajoz (59), Pontevedra (54), Cáceres y Girona (53), Lleida (50), Orense (48), Ciudad Real y Cuenca (47), Barcelona (46), Asturias (45), Zaragoza (44), Valencia (43) y Zamora (40), según el Banco de España. Así que los españoles que tienen menos bancos donde elegir son los que viven en Extremadura, Galicia, Castilla la Mancha y Cataluña. Apenas aparece Castilla y León porque ahí el problema es otro: el 83,41% de sus municipios no tienen ninguna oficina bancaria.

Esta situación de monopolio beneficia sobre todo a CaixaBank, que opera en solitario (sin competencia) en 460 códigos postales (de los 1.619 existentes), seguida a mucha distancia de Abanca (monopolio en 187 códigos postales, sobre todo en Galicia), Unicaja (monopolio en 127 códigos postales, sobre todo en Andalucía), Ibercaja (monopolio en 127 códigos postales, sobre todo en Aragón) y varias Cajas (Kutxabank, Caja Mar, Caja Sur) y Cajas Rurales (Eurocaja Rural, Albacete, Ciudad Real, Jaén). Curiosamente, el Santander sólo está en monopolio en 23 códigos postales y el BBVA en 32.

Estos datos oficiales (Banco de España) reflejan el panorama bancario tan desolador que tenemos: más de media España sin una oficina bancaria y en la otra media, un tercio de lugares con sólo un banco o Caja que hace y deshace. Y todo ello con menos oficinas y menos empleados, con un peor servicio que ahora nos cobran mucho más caro. Unas comisiones bancarias que se han duplicado en los últimos dos años y que seguirán subiendo, cada trimestre o semestre, hasta que se recupere más el crédito y suban los tipos. Y como telón de fondo, unos bancos con más poder, que “seleccionan” a sus clientes.

Ante este panorama, poco se puede hacer, salvo intentar negociar con nuestra entidad o cambiar de banco (que hará lo mismo). Quizás apostar por la banca online (ING y Openbank), que suelen cobrar menos comisiones, o arriesgarnos con los “neobancos” (N26, Revolut, Bnext, Bitsa, Rebellion Pay, Bnc10, Monesa, Qonto, Nickel, Vivid Money…), que buscan entrar en España (sin comisiones) y que no sabemos lo que nos cobrarán en el futuro. Incluso las telecos nos ofrecen servicios bancarios: Movistar Pay, Orange Bank… Y tenemos un amplio abanico de plataformas de pago, desde PayPal a Amazon Pay o Google Pay.

El Parlamento Europeo nos abrió en 2016 otro camino, la “cuenta bancaria básica”, que Rajoy retrasó al máximo (fue aprobada a finales de 2017) y que la vicepresidenta Calviño no ha perfilado hasta marzo de 2019. Se trata de una cuenta bancaria que permite realizar los servicios básicos (domiciliar recibos, realizar transferencias y disponer de una cuenta de débito para sacar dinero en cajeros y pagar en comercios europeos), con el pago de una comisión de 3 euros mensuales (36 euros al año). Los bancos y cajas están obligados a hacernos esta cuenta básica, que tiene 2 limitaciones: no podemos abrirla si ya tenemos una cuenta en el banco (hay que abrirla en otro donde no seamos clientes) y tiene un límite de 120 operaciones al año (adeudos y transferencias).

La verdad es que esta cuenta no ha tenido mucho éxito, porque la mayoría de clientes no saben que existe y la banca no les informa. Y también porque exige cambiar de banco, con las complicaciones de cambiar nómina, pensión y domiciliaciones. Pero puede ser una alternativa para los clientes que usen poco su banco. Otra vía, que se abrió también en marzo de 2019, es la cuenta bancaria básica gratuita, para personas sin recursos (que ingresen menos de 13.557 euros los solteros, menos de 16.947 euros las familias de menos de 4 miembros y menos de 20.336 euros la familias de 4 y más miembros). Permitirá realizar los servicios bancarios básicos, como la otra cuenta básica, pero gratis.

Para la mayoría de españoles, sólo nos queda intentar descifrar las comisiones que nos cobran periódicamente los bancos y tratar de “negociar” que las suban menos, aunque tengamos que darles algo a cambio (como hacernos un seguro o comprar un Fondo). Estamos en manos de los bancos y cajas y cada vez más, porque hay menos oficinas cerca, con mucha más fuerza para imponernos sus condiciones: “son lentejas…”. Ni la Comisión Europea ni los Gobiernos ponen coto a esta prepotencia. Así que habrá que seguir pagando.