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lunes, 8 de noviembre de 2021

Cumbre Clima Glasgow: se acaba el tiempo

Este viernes se clausura la Cumbre de Glasgow, el 26º intento de 196 paises para frenar el Cambio Climático. Tras la presencia de 120 líderes mundiales (ausentes China y Rusia) y múltiples reuniones, no se esperan grandes avances, salvo tres acuerdos parciales no vinculantes sobre el metano, el carbón y la deforestación. La ONU alerta que con los Planes de recortes de emisiones presentados por 120 paises, la temperatura de la Tierra subirá 2,7º y no 1,5º, el tope para impedir los desastres ligados al Cambio Climático. Por eso, pide al mundo recortes adicionales, del -22% al -55% para 2030. Recortes que tienen que empezar ya, no vale prometerlos para 2050. China e India siguen aferrados al carbón mientras Biden tiene problemas para aprobar su Plan y Europa da ejemplo recortando más. España destinará a la transición ecológica el 39% de Fondos UE. Lo grave es que cada país va a su aire y se acaba el tiempo. Nos jugamos el Planeta.

Enrique Ortega

La pandemia supuso una brusca caída de la actividad económica y del consumo de energía, lo que permitió reducir las emisiones de CO2 (-5,4%), por primera vez desde 2015. Pero ha sido un espejismo. Con la reanudación de la actividad y el inicio de la recuperación económica, el mundo ha vuelto a consumir más energía y las emisiones de CO2 volverán a aumentar este año, un +4,9%, la mayor subida desde 2010, según la estimación de Global Carbon Project. Así que volvemos a la casilla de salida, con una previsión de emisiones este año de 36,4 Gigatoneladas,  un volumen similar al de antes de la pandemia (36,7 GTm en 2019). Y eso porque se va a utilizar más el carbón (responsable del 40,38% de las emisiones de CO2), sobre todo en China e India, el gas (responsable del 20,32%) y también el petróleo (causante del 31,59% de las emisiones mundiales de CO2.

Esta vuelta atrás se debe a que esperan en 2021 un aumento de emisiones de CO2 en China (+4%), el mayor emisor del mundo (30,5% del total de emisiones esperadas), en Estados Unidos (+7,6%), el 2º mayor emisor de CO2 (14% emisiones), la Unión Europea (+7,6%), el tercer mayor emisor (7,7% del CO2 total) y la India (+12%), el 4º mayor emisor (7,4%) y el que más verá aumentadas sus emisiones este año 2021. En el resto del mundo (que concentra el 40,65% de emisiones restantes), las emisiones subirán algo menos (+2,7%), según el estudio de Global Carbon Project. Y la ONU lanza otra alerta: sólo el 18% de las inversiones que se están haciendo para recuperar la economía son “verdes”. O sea, que el 82% del gasto para salir de la crisis agravará las emisiones de gases de efecto invernadero.

Lo peor es que a este ritmo de crecimiento de emisiones (desde 2015, cuando se aprobaron los objetivos de la Cumbre del Clima de París), el mundo superará en 11 años el tope de emisiones que podrían permitir no superar la temperatura del Planeta en 1,5º para 2100. Quiere esto decir que si no se toman ya medidas de recorte efectivo de emisiones, en 2032 llegaremos a “un punto de no retorno”. Y por eso, la ONU pide con urgencia un cambio de rumbo: en vez de aumentar las emisiones, como se va a hacer en 2021 (+1,6 Gigatoneladas), habría que reducir 1,4 Gigatoneladas cada año hasta 2050. Y empezar ya a hacerlo.

El último informe de la ONU alerta de que está muy bien que los paises hablen de emisiones netas cero para 2050, pero que hay que hacer recortes drásticos desde ahora para cumplirlo. Y advierte que con los Planes de recortes que han presentado en el último año 120 paises del mundo, las emisiones no se reducirán sino que crecerán un 16% hasta 2030. Y eso provocaría un aumento de la temperatura del Planeta de +2,7º, algo inasumible porque provocaría una catástrofe climática (olas de calor, inundaciones, sequías, huracanes), la subida del nivel del mar y el desastre ecológico (y económico). Por eso han insistido en la Cumbre de Glasgow: hay que hacer más recortes de los anunciados, recortes adicionales del -22% al -50% para 2030 si queremos mantener la subida en +1,5º y salvar el Planeta.

El mensaje es claro: hay una brecha enorme entre los recortes prometidos y los que hacen falta. Hay que recortar más drásticamente las emisiones y de aquí a 2030. Se acaba el tiempo. “Estamos cavando nuestra propia tumba”, dijo en Glasgow el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Y reiteró que no basta con hacer recortes extras de emisiones de 2021 a 2030. La ONU urge a “eliminar el carbón”, en 2030 para los paises industrializados y en 2040 para el resto del mundo. Y eliminar de una vez los subsidios de los Gobiernos a los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), que recibieron 375.000 millones de euros públicos en 2020, el triple que a las energías limpias (130.000 millones de subvenciones), según este informe de la OCDE. También propone fijar una tasa mundial a las industrias y sectores que producen emisiones de CO2, un mercado similar al que existe en Europa. Y sobre todo, que los paises ricos aporten ya los 100.000 millones de dólares anuales a los paises pobres y en desarrollo, para ayudarles a “descarbonizar" su economía.

De momento, los grandes paises contaminantes no han cogido el guante y se resisten a aprobar recortes extras de emisiones, que les obligarían a grandes inversiones y a un drástico reajuste energético. Sólo la Unión Europea se adelantó, en la Cumbre de diciembre  2020, al aprobar un mayor recorte de emisiones para 2030: si antes prometieron recortarlas un -40%, ahora lo harán un -55%, una decisión apoyada por los 27 paises, aunque hay reticencias al ajuste en Polonia, Hungría y la República Checa. EEUU, China e India no han anunciado recortes adiciones de emisiones para 2030, aunque todos venden que harán fuertes retoques para 2050 (demasiado tarde). De momento, 74 paises, entre ellos la UE, EEUU y Japón han prometido “emisiones cero” (el CO2 que se emita menos el que se recoja) para 2050. China, Rusia, Arabia Saudí y Australia prometen “cero emisiones” para 2060. Y la India, para 2070. A todos, la ONU les insiste: vale, pero díganme lo que va a recortar para 2030.

Y aquí, algunos grandes paises no dan buenas señales contra el Cambio Climático. China (30,5% de las emisiones mundiales) está volviendo al uso del carbón, la energía más contaminante: el Partido Comunista ordenó hace un mes aumentar la producción de carbón para producir electricidad (ya el 65% de sus kilovatios son “negros”), a la vista de la reactivación de la economía y del encarecimiento del gas. Y por eso, desde mediados de octubre, la producción de carbón en China ha aumentado 11,5 millones de toneladas diarias. Y también han pedido a sus refinerías que produzcan más carburantes, para acabar con el racionamiento. Todo indica que China sigue priorizando el crecimiento sobre la ecología.

Aún más preocupante es el caso de India, aunque emita menos (7,4% del CO2 total). Se niega a presentar recortes concretos para 2030 (más allá de que va a potenciar las energías limpias) y sigue apostando por el carbón: con él obtiene el 70% de su energía y tiene previstas o en construcción 50 nuevas centrales eléctricas de carbón. Rusia (4,7% emisiones totales) no ha prometido recortes concretos para 2030 y tiene el hándicap de ser uno de los mayores productores de petróleo, gas y carbón del mundo. Y Japón, el 5º país más contaminante del mundo (3% emisiones mundiales), ha prometido aumentar su recorte de emisiones un -46% para 2030 (frente al -16% antes, aunque sigue con una alta dependencia del carbón.

Estados Unidos, el 2º mayor emisor del mundo (14% del total), ha prometido en Glasgow recortar a la mitad sus emisiones y su nuevo presidente, Joe Biden, lleva meses empeñado en demostrar que su país va a liderar la lucha contra el Cambio Climático, tras el fatídico paréntesis de Trump. Ya en la reciente Cumbre de Roma del G-20 presumió de una cifra: 550.000 millones de dólares que va a invertir contra el Cambio Climático. Pero tiene problemas en casa para aprobarlo: dos senadores demócratas (conservadores) están vetando el Plan en el Congreso, donde tampoco cuenta con el apoyo republicano.

Los mayores avances contra el Cambio Climático se dan en Europa (7.7% de las emisiones globales, donde la Comisión Europea ha aprobado el Next Generation EU, un ambicioso Plan de inversiones de 750.000 millones de euros, un 30% de ellos para políticas contra el cambio climático, a las que también destinarán un tercio del Presupuesto UE 2021-2027 (1,07 billones de euros).  En el caso de España, la transición energética es la prioridad del Plan de recuperación 2021-2023, con una inversión total de 28.152 millones de euros, el 39,1% de los Fondos Europeos esperados. Y en el Presupuesto para 2022 ya se incluyen 13.750 millones de inversiones verdes: renovables, hidrógeno verde, movilidad urbana, apoyo coche eléctrico, rehabilitación de viviendas, transporte ferroviario, infraestructuras hidráulicas, residuos…

A la vista de este panorama de los principales paises contaminantes, no parece que el mundo  avance suficiente contra el Cambio Climático. Y en paralelo, los paises pobres (que emiten poco porque crecen poco), se quejan de falta de medios para “descarbonizarse y de que los paises ricos no aportan los 100.000 millones anuales para ayudarles (deberían haberlos depositado en 2020). Al final, el problema de fondo es evidente: todas las economías (más las grandes) han de hacer una profunda “reconversión energética”, cambiando a fondo su economía, lo que exige cuantiosas inversiones: será necesario invertir entre 1 y 4 billones de dólares al año hasta 2030. Y un total de 17 billones para conseguir el objetivo “cero emisiones en 2050, según el FMI. Una cifra que asusta a los Gobiernos y a las empresas, por lo que retrasan lo más posible tomar medidas drásticas. Pero si no se hace, las consecuencias del Cambio Climático serán dramáticas y su coste mucho mayor.

De momento, no parece que el mundo haya aprendido de la pandemia para afrontar unido una lucha decidida contra el Cambio Climático. Eso sí, en Glasgow ha habido mucho “postureo” y se han “vendido” tres acuerdos que tienen 2 problemas: no son vinculantes ni globales. El primero, propiciado por EEUU y la UE, un Compromiso Global por el metano, el 2º gas más responsable del calentamiento global (un 25%) tras el CO2 (responsable del 66%). Se pretende reducir las emisiones (causadas por la ganadería, los cultivos de arroz y los vertederos) un -30% para 2030. Pero el acuerdo, respaldado por 103 paises, no cuenta con el apoyo de China, India o Rusia. El segundo acuerdo de Glasgow, propiciado por Reino Unido, pretende frenar la deforestación mundial en 2030. Cuenta con el apoyo de más de 100 paises, entre ellos Brasil, China, Rusia y EEUU, pero los ecologistas lo critican porque se da otra década para que algunos paises sigan destrozando los bosques (que absorben casi el 30% del CO2). Y el tercer acuerdo no vinculante pretende limitar el uso del carbón: lo han firmado 40 paises, pero no los 4 mayores consumidores del mundo, China, EEUU, India y Australia.

Además de estos “Acuerdos para la galería” (que no vinculan a los firmantes), la Cumbre de Glasgow ha sido aprovechada por el mundo financiero para vender que “el dinero es verde”: 450 grandes aseguradoras, Fondos de inversión y bancos (entre ellos los españoles) han firmado una “Alianza Financiera para el Cero neto” (GFANZ) en la que se comprometen a alcanzar emisiones cero en 2050 y movilizar 130 billones de dólares para luchar contra el Cambio Climático. Suena muy bien, si no fuera porque desde 2015 (firma del Acuerdo de París) los 60 mayores bancos del mundo han invertido 4 billones de dólares en petróleo, gas y carbón, en energías fósiles, según Reclaim Finance (25.736 millones el Santander y 17.452 millones el BBVA). Y la mayoría de los bancos siguen financiando empresas contaminantes, un grifo que les pide cortar la Agencia Internacional de la Energía.

Los bancos se han puesto las pilas contra el Cambio Climático porque saben que los desastres naturales y medio ambientales van a repercutir en sus balances. Según un reciente estudio del Banco Central Europeo (BCE), el Cambio Climático puede recortar un 4% la riqueza europea para 2030 y causar pérdidas al 40% de las empresas para 2050. Y eso generaría riesgos de crédito en la banca. De hecho, la banca española sería la 3ª más afectada en Europa, tras la de Grecia y Portugal: el BCE estima que un 60% de las empresas españolas podrían tener sus créditos expuestos por el Cambio Climático. Y eso no sólo porque los riesgos medioambientales son mayores en el sur de Europa sino también porque el 80% de créditos que dan nuestros bancos van a empresas con altas emisiones.

La ONU reitera Cumbre a Cumbre que el deterioro ambiental avanza y que cada vez queda menos tiempo. Pero casi nadie escucha y los paises tratan de recuperar sus economías antes que salvar el clima. Nadie quiere ir más adelante en los recortes que el resto (salvo la UE), porque el ajuste energético tiene un alto coste a corto plazo, aunque muchos beneficios a medio y largo plazo: el principal, la supervivencia del Planeta. Y aunque los ciudadanos se manifiesten en contra del Cambio Climático (los jóvenes), tampoco lo consideramos una prioridad vital. Y no estamos dispuestos a cambiar de hábitos: coger menos el coche, viajar menos en avión, pagar más impuestos por los carburantes, ahorrar energía en casa, consumir menos, comer menos carne o comprar menos alimentos importados y más de proximidad… Así no salvamos el Planeta.

jueves, 15 de octubre de 2020

La pandemia no frena el Cambio Climático


El coronavirus ha desplomado la actividad económica y la movilidad, provocando un menor consumo de energía y menos emisiones de gases de efecto invernadero. Pero ha sido de marzo a junio: a partir de julio, han vuelto a subir las emisiones y van camino de aumentar como antes de la pandemia, según alerta la ONU. Por eso, piden a los paises medidas más drásticas contra el cambio climático, que no se olviden por la COVID 19 de este reto, donde nos jugamos el Planeta. Y la Agencia Internacional de la Energía acaba de pedir un recorte más drástico de emisiones, duplicar las renovables para 2030 y que los ciudadanos nos impliquemos más, viajando menos en avión y en coche y cambiando nuestros hábitos. Mientras, el Gobierno aprobó en mayo (en plena pandemia) una Ley contra el Cambio climático, que se llevará un tercio de los fondos europeos. La clave es aprovechar las inversiones verdes para salir de esta recesión y salvar el medio ambiente. No hay Planeta B.

 

La actividad del hombre provoca un aumento continuo de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 75% del Cambio Climático en los últimos 60 años, según advirtieron, ya en 2011, los científicos Mark Huber y Reo Knutti, de la escuela Politécnica de Zúrich. Y esas emisiones han ido creciendo año tras año, aunque a un ritmo menor en las últimas dos décadas: si las emisiones de CO2 aumentaron un +3% anual entre 2000 y 2009, en la década siguiente (2010-2018) han crecido un +0,9% anual, por un menor uso del carbón. Y en 2019, las emisiones de CO2 se estabilizaron (en 33,3 millones de Gigatoneladas), por primera vez desde 2015-2016, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), que revela cómo crecen las emisiones de los paises en desarrollo y bajan las de los paises industrializados, en especial Europa (-5%), EEUU (-2,9%) y Japón (-4,3%).

Este año 2020, con la pandemia, las emisiones de gases de efecto invernadero han bajado,  por la profunda recesión desatada en todas las economías y la baja movilidad (internacional y nacional), sobre todo de marzo a junio. La última estimación de Carbon Monitor es que las emisiones de CO2 entre el 1 de enero y el 31 de agosto de 2020 han bajado en el mundo un -6,5%, sobre todo por la caída de emisiones en el transporte (contribuye a la mitad de la caída total, con un -3,3), la producción de electricidad (-1,5%), la industria (-1,2%), la aviación nacional (-0,3%) y el consumo residencial (-0,2%). Eso sí, la caída en las emisiones CO2 varía por paises: -2% en China, -13,4% en India,  -12,7% en Brasil, -12,4% en EEUU, -7,1% en Japón, -4,4% en Rusia y  -10,6% en la UE-28, con una bajada del -12,8% en Alemania, -12% en Reino Unido, -11,8% en Italia. -11,6% en Francia y -17,2% en España, el país con una mayor reducción de emisiones por la pandemia.

Con estos datos de emisiones los 8 primeros meses, la previsión de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) es que 2020 termine con una rebaja del -7% en las emisiones de CO2, la mayor de este siglo, fruto de una caída del consumo de energía del -5%. Pero su temor es que el consumo energético se reactive en 2021 y años siguientes, con una previsión de aumento del consumo energético del +4 al +9% para 2021-2030. Y con este esperado repunte del consumo, volverían a crecer las emisiones.

Pero no hay que esperar a los próximos años. La ONU dio en septiembre la voz de alarma: el consumo energético ya está aumentando y las emisiones de CO2 están subiendo desde julio, con el final de los confinamientos, y ya están a niveles de antes de la pandemia. Así que no podemos “cantar victoria”. Y además, este último informe de la ONU (“United in Science 2020”) recuerda al mundo que, a pesar de la pequeña “tregua” de la pandemia, la acumulación de CO2 en la atmósfera se encuentra en el nivel más elevado de los últimos 3 millones de años. Concretamente, en primavera de 2020, el nivel de CO2 en la atmósfera superó las 410 partes por millón (ppm). Y el 9 de abril, el observatorio de Hawái  alcanzaba un récord histórico de CO2 (417,18 ppm), que en el caso de España (observatorio de Izaña, en el Teide) se superó el 18 de abril, con 418,7 ppm de CO2.

Y no son únicamente las emisiones de CO2, que suponen el 82% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI, que provocan el recalentamiento de la atmósfera). La ONU recuerda que se han disparado en los últimos 15 años las emisiones de metano (CH4, un 11% de los GEI y responsable de la cuarta parte del calentamiento global), procedentes de la extracción de gas natural, los humedales y la ganadería. Y también preocupan las crecientes emisiones de óxido nitroso (N20, responsable del 5% de las emisiones de GEI), un gas que tiene un efecto invernadero 300 veces más potente que el CO2 y que procede de la agricultura (fertilizantes)y la ganadería (purines), de la generación de comida. Sin olvidar los hidrofluorocarbonos (HFC), provocados por los sistemas de refrigeración y aire acondicionado, responsables del 2% restante de GEI.

El último informe de la ONU no sólo advierte sobre el actual repunte de emisiones (a pesar de la pandemia)  y la concentración de GEI en la atmósfera sino que recuerda al mundo sus preocupantes efectos sobre la Tierra y nuestras vidas. Primero, está provocando un importante aumento de la temperatura: el quinquenio 2016-2020 será el más cálido en la historia y la temperatura de la Tierra ya está 1,1ºC por encima de 1850-1900 y 0,24 ºC por encima de la temperatura media del quinquenio anterior (2011-2015). Esto hace temer a la ONU que en el próximo quinquenio (2020-2024) se pueda superar en algún momento los 1,5ºC más de temperatura sobre 1850-1900, el techo que la Cumbre del Clima de París (diciembre 2015) se fijó como máximo sostenible para finales de siglo.

Este aumento constatable de la temperatura, por la acumulación de gases (GEI), no sólo está provocando oleadas de incendios cada vez más graves (megaincendios como los de California) sino que derrite los glaciares (el hielo del Ártico tiene la mitad de espesor que hace 40 años) y provoca un aumento del nivel del mar, que ha subido ya 3,6 milímetros anuales de 2006 a 2015 y que podría subir más de 1 metro para 2100 en Europa (donde un tercio de la población vive a 50 kilómetros de la costa). Y todo ello ha modificado el clima, con un aumento de fenómenos extremos: oleadas de calor, sequías, inundaciones y un aumento de huracanes, tormentas tropicales y ciclones. Sin olvidar la acidificación de los océanos (que absorben el exceso de calor y un 30% de las emisiones de CO2), con el consiguiente deterioro del medio marino. Y están en peligro de extinción 1 millón de especies de los 8 millones existentes, según la Plataforma IPBES (impulsada por la ONU).

Por si fuera poco todo este daño al Planeta, el Cambio Climático ya afecta seriamente a nuestra salud: la polución atmosférica y las emisiones de GEI causan ahora 7 millones de muertes “prematuras (evitables) en el mundo (400.000 de ellas en Europa y 10.000 en España), según la OMS, que advierte que el Cambio Climático no sólo provoca enfermedades respiratorias (cáncer de pulmón, asma, neumonía), sino que la contaminación pasa a la sangre y provoca también enfermedades cardiovasculares, infartos e ictus. Y el Cambio Climático, además de destruir el Planeta y enfermarnos, daña también nuestra economía, provocando enormes pérdidas: si no se frenan las emisiones, el crecimiento mundial caerá entre un 15 y un 25% para 2100, según un estudio en Nature.

A pesar de todo este apocalipsis en el horizonte, la mayoría de los paises no están tomando medidas eficaces contra el Cambio Climático, advierte el último informe de la ONU, que teme que el mundo se olvide del medio ambiente por la angustia del COVID 19. Ya en la última Cumbre del Clima, en diciembre pasado en Madrid, la ONU urgió a recortar más las emisiones y ya desde 2020, para reducirlas un -50% en 2030 y conseguir suprimirlas en 2050 (cero emisiones: sólo se emiten los gases que se absorban). Es la única manera de que la temperatura no suba +1,5ºC para 2100 (recordemos que ya ha subido 1,1ºC) y con ello se salve el clima, las especies y la Tierra. Pero los meses han pasado y con las urgencias de la pandemia, la ONU constata ahora que no se ha avanzado contra el Cambio Climático. Y por eso lanza esta alerta: urgen compromisos de los Gobiernos, empresas, ciudades y grandes emisores para conseguir cero emisiones en 2050. Hay que actuar ya.

Este martes 13 de octubre, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) acaba de lanzar una hoja de ruta a los paises para conseguir ese gran objetivo de cero emisiones en 2050. Lo primero, dice, es que más paises aprueben Planes con ese objetivo, algo que por ahora sólo han hecho la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Corea y Nueva Zelanda, más algunas multinacionales (en España, Repsol e Iberdrola). China ha anunciado por sorpresa que se compromete  a conseguirlo para 2060, mientras EEUU dependerá de que Trump pierda las elecciones en noviembre. Entre tanto, la IEA plantea ahora recortar las emisiones un 60% entre 2019 y 2030, aumentar el peso de la electricidad renovable del 27% al 60% y conseguir que en 2030, la mitad de los coches que se vendan sean eléctricos (pasar de 2 millones vendidos en 2019 a 50 millones en 2030), lo que supone duplicar la producción de baterías cada 2 años. Y todo ello exige cuadruplicar  las inversiones mundiales en energías limpias: de 380.000 millones invertidos en 2019 a 1,6 billones en 2030.

Un enorme esfuerzo que la Agencia Internacional de la Energía pide a Gobiernos, empresas y grandes ciudades, pero también a los ciudadanos. De hecho, propone 11 medidas con las que todos podemos ayudar a luchar contra el Cambio Climático, destacando cuatro con más impacto: sustituir los vuelos de menos de una hora por viajes en tren, cambiar los viajes en coche de menos de 3 kilómetros por trayectos a pié o en bicicleta, reducir la velocidad global del tráfico en 7 km/hora y subir el aire acondicionado en verano o bajar las calefacciones en 3ºC. Y cambiar los hábitos alimenticios y de consumo.

En medio de estas alertas de la ONU y la IEA, España es de los paises que “se ha puesto las pilas” en la lucha contra el Cambio Climático. Primero, el 19 de mayo (en plena pandemia), el Gobierno aprobó el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que ahora tiene que debatirse en el Congreso. Los 2 grandes objetivos son conseguir cero emisiones en 2050 y que toda la electricidad sea 100% renovable antes de esa fecha. Para ello, el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030 contempla 81 medidas, con 4 objetivos intermedios para 2030: reducir las emisiones un 23% (sobre las de 1990), duplicar el consumo de renovables (al 42% del consumo final), duplicar la electricidad 100% renovable (del 37,5% en 2019 al 74% en 2030, con el cierre en 2025 de todas las centrales de carbón) y mejorar la eficiencia energética (un +39,2% para 2030). Y otro objetivo más: que en 2040 sólo se vendan coches 0 emisiones. Todo ello exige, según este Plan, que España destine más de 200.000 millones a inversiones verdes en la próxima década, lo que reportará de 250.000 a 300.000 empleos netos anuales.

Con la tremenda recesión provocada por la pandemia, el Gobierno considera la lucha contra el Cambio Climático como el principal motor de la reconstrucción del país. Así, en el Plan de Recuperación enviado a Bruselas, el Gobierno pretende destinar a inversiones verdes un tercio de los Fondos europeos, un 37% de los 72.000 millones de inversión prevista en 2021-2023 (otro 33% irá para digitalizar la economía y el resto para corregir desequilibrios regionales y de género). Entre las medidas destacadas por el presidente Sánchez está alcanzar 250.000 coches eléctricos para 2023 (había 56.100 a finales de 2019) y 5 millones de vehículos eléctricos en 2030, habilitar 100.000 puntos de recarga, rehabilitar 500.000 viviendas para que consuman menos energía y restaurar 3.000 kilómetros de ríos. la vez, se ha aprobado un Plan de fomento del hidrógeno renovable en industrias y vehículos (100 “hidrogeneras”, 150 autobuses, 5.000 camiones, 2 líneas de tren y 5 puestos de suministro de hidrógeno en puertos y aeropuertos para 2030).

Con el dinero europeo y fondos públicos y privados españoles, las primeras inversiones verdes empezarán en 2021, incluyendo nuevas ayudas a la compra de coches eléctricos. Pero también habrá que conseguir recursos penalizando las industrias y energías más contaminantes, con más impuestos verdes (donde España podría ingresar 3.000 millones de euros anuales, según la Comisión Europea). Y eso pasa por aumentar los impuestos a los carburantes contaminantes (gasolina y gasoil), porque son mucho más bajos en España: pagamos 14,85 céntimos menos por litro de impuestos en la gasolina súper que la media UE-27, 15,78 céntimos menos que los alemanes y 23,86 céntimos menos que los franceses, según el último Boletín Petrolero UE. Y también pagamos  11,50 céntimos menos por litro de impuestos en el gasóleo  que la UE-27, 5,70 céntimos menos que los alemanes y 25,11 céntimos menos que los franceses. También se debería subir el impuesto de matriculación a los coches más contaminantes, sobre todo a los todoterrenos y SUV.

La angustia del coronavirus no puede hacernos olvidar que el Cambio Climático es un problema aún más grave, uno de los tres grandes retos de este siglo, junto a la revolución tecnológica y el envejecimiento. Y mientras seguimos con la mascarilla y la prevención frente al COVID 19, tenemos que cambiar nuestros hábitos para ayudar a reducir las emisiones: viajar menos en avión, usar menos el coche, rebajar la calefacción y el aire en trabajos y domicilios, ajustar nuestro consumo y nuestras compras, reciclar los residuos y comer menos carne (una fuente de metano y N20). En definitiva, emitir menos gases cada día, “vivir de otra manera”, aunque nos cueste. Porque no hay Planeta B.

 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Cambio Climático: más CO2 y pocas soluciones


Mañana se clausura en Bonn la 23 Cumbre del Clima, sin avances para concretar los recortes de emisiones aprobados en la Cumbre de París de 2015. El CO2 sigue creciendo en la atmósfera y bate todos los récords históricos, mientras los expertos alertan de que el consumo energético crecerá un 30% hasta 2040 y que si no se toman medidas drásticas, la temperatura del Planeta subirá entre 3 y 4 grados, no el 1,5 grado deseable. El mundo está en una preocupante encrucijada, con Trump fuera de control y China, India y paises emergentes emitiendo cada vez más. Europa aprueba medidas para aumentar las renovables y los coches eléctricos, mientras España volverá a emitir más CO2 este año, por el auge del carbón y la sequía. Y no tendremos Ley del Cambio Climático hasta dentro de 1 año. Urge que paises, políticos y ciudadanos tomemos medidas para afrontar el mayor problema del siglo XXI. Se acaba el tiempo para salvar el Planeta y nuestras vidas.


enrique ortega


El 30 de octubre, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) dio una nueva alerta: la concentración de CO2 en la atmósfera alcanzó en 2016 las 403,3 partes por millón (ppm), un nuevo récord histórico, que casi duplica el CO2 de niveles preindustriales (antes de 1750). Y daban un dato escalofriante: la última vez que la tierra conoció una cantidad de CO2 comparable fue hace entre 3 y 5 millones de años, cuando la temperatura era entre 2 y 3 grados más alta y el nivel del mar era entre 10 y 20 metros más alto que hoy.

El nivel de CO2 en la atmósfera sigue subiendo a pesar de que las emisiones mundiales se han estancado en los últimos tres años, en 2014(+0,7%), 2015 (+0,06%) y 2016 (+0,2%). Pero han sido muchas décadas de emitir CO2 a mansalva y el gas se queda ahí durante milenios y más en los océanos. Además, lo preocupante es que las emisiones de CO2 van a volver a crecer en 2017, un 2%, hasta alcanzar 41,5 gigatoneladas, según dos estudios difundidos días antes de la Cumbre de Bonn. Y eso porque subirán las emisiones de China (+3,5%), India (+2%) y paises emergentes, aunque bajarán en EEUU y Europa.

Actualmente, los mayores emisores de CO2 son China (29,17% de todas las emisiones en 2016), Estados Unidos (14,01%), Unión Europea (9,60%), India (7,08%), Rusia (4,60%) y Japón (4%), repartiéndose el 21,54% restante entre el resto del mundo. Pero esta estadística es engañosa, por partida doble. Por un lado, China, India y los emergentes emiten mucho hoy porque están creciendo, pero Occidente lleva más de dos siglos emitiendo CO2. Y, sobre todo, hay que tener en cuenta la población, las emisiones por habitante. Y aquí, Occidente bate todos los récords, encabezando el ranking Canadá (18,62 Tm CO2/cápita en 2016), Australia (17,22), Arabia Saudí (16,1), Estados Unidos (15,56), Rusia (11,54), Japón (9,68), Europa (8), China (7,45) e India (1,92), según puede verse en este mapa. En Europa, las mayores emisiones de CO2 por habitante se dan en Alemania (9,47 Tm), Italia (6,30), Reino Unido (5,5), España (5,44 Tm/habitante), Francia (5,12) y Portugal (4,82 Tm).

El CO2 (emitido por los transportes, la industria, las eléctricas, las viviendas, la agricultura y ganadería y los residuos) es culpable del 80% de los gases de efecto invernadero, una especie de “paraguas” que rodea la Tierra y evita que el calor salga a la atmósfera exterior. El resto del problema se debe a las emisiones de metano (12% emisiones), óxido nitroso NO2 (5% emisiones) y gases fluorados (3%). Y lo que pasa es que las emisiones de metano no dejan de crecer desde hace una década, agravando así el aumento de CO2. El 39,2% del metano es de origen natural pero el 60,8% restante se debe a actividades humanas: un tercio  a la ganadería (los 2.500 millones de cabezas de ganado emiten metano), otro tercio a la producción y distribución de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), un 18%  a la gestión de basuras y aguas residuales y otro 9% por los arrozales. Al final, los paises pobres y en desarrollo de África, Asia y Latinoamérica producen el 64% del metano que va a la atmósfera y un 30% los paises ricos del norte.

En la Cumbre de París de 2015,195 paises firmaron un Acuerdo para recortar las emisiones sólo de CO2, no las de metano y demás gases de efecto invernadero. El objetivo es recortar las emisiones de CO2 entre el 20% y el 30% para 2030, para que la temperatura de la Tierra suba a finales de siglo entre 1,5 y 2ºC, no los 3º o 4ºC que subiría si no se hiciera nada. Y en paralelo, la promesa de crear un Fondo verde de 100.000 millones de dólares anuales para ayudar a los paises más pobres a reconvertir su energía y paliar los daños del Cambio Climático. El Acuerdo de París era limitado (porque los recortes son voluntarios, no vinculantes para los paises) e insuficiente: científicos del IPCC (organismo de la ONU) señalaron después que, con los recortes prometidos en París, la temperatura subiría de 2,9 a 3,4 grados a finales de siglo, no los 1,5º-2ºC deseados.  Pero aun así, era un importante punto de partida, la primera vez que todo el mundo se ponía de acuerdo en reducir emisiones (a partir de 2020), ya que el actual Protocolo de Kioto (en vigor de 2005 a 2020) solo fue aprobado (en 1997) por Europa y 10 pequeños paises, no por EEUUU, China, Rusia, India o Japón, los mayores emisores.

Han pasado dos años de la firma del Acuerdo de París y apenas se ha avanzado contra las emisiones de CO2, mientras el Cambio Climático se hace omnipresente: mayores temperaturas (2016 y 2017 serán los años más calurosos del siglo), sequías, huracanes, inundaciones, malas cosechas y hambrunas… Y además, Donald Trump retiró en junio de 2017 a EEUU del Acuerdo de París, con lo que queda en el aire el importante recorte de emisiones prometido por Obama: entre el 26% y el 28% para 2015 (sobre 2005). En esta Cumbre de Bonn había que avanzar en las medidas para recortar las emisiones y decidir quien aporta los 100.000 millones del Fondo verde, pero apenas se ha concretado nada y todos los Planes quedan para la próxima Cumbre del Clima de finales de 2018, en Katowice (Polonia), el país más “sucio” de Europa.

Lo preocupante de no concretar medidas para recortar las emisiones es que mientras, el mundo sigue consumiendo energía y emitiendo CO2 de forma imparable ahora que se crece más. Y la Agencia Internacional de la Energía acaba de alertar que el consumo de energía se va a disparar en el mundo: crecerá un +30% de aquí a 2040, debido al fuerte crecimiento esperado (+3,4% anual del PIB) y al aumento de población (de 7.400 a 9.000 millones), pero sobre todo al fuerte crecimiento del consumo energético en China (casi duplicará su consumo energético para 2040), India (lo triplicará con creces), resto de Asia y Oriente Próximo (lo duplicarán) y África (triplicará su consumo de energía), mientras crecerá poco en Europa y USA. O sea que el mundo en desarrollo crecerá a costa de disparar su consumo energético (petróleo y gas, pero también carbón) y emitir lo que antes han emitido los paises ricos. Y con este horizonte, no hay manera de luchar contra el Cambio Climático.

Así que la lucha contra el Cambio Climático no está tanto en Occidente (que también: somos los que más emitimos por habitante) sino en conseguir que el mundo en desarrollo crezca de otra manera, con combustibles más limpios, para lo que van a necesitar la tecnología y las ayudas de Occidente. Y no será fácil, porque no van a poner en peligro su crecimiento por la ecología. Pero ahí nos jugamos todos el futuro, en Asia, Latinoamérica y África.

Mientras, Europa sigue a la vanguardia política de la lucha contra el Cambio Climático y tanto Merkel como Macron han acordado en Bonn celebrar una Cumbre extraordinaria en diciembre, en París, con 100 Jefes de Estado mundiales, para reforzar la lucha contra el cambio Climático ahora que no se puede contar con EEUU . Entre tanto, la Comisión Europea teme que 7 paises europeos no puedan cumplir sus recortes de emisiones para 2020 (Alemania, Austria, Finlandia, Bélgica, Luxemburgo, Irlanda y Malta) y ha optado por "dar una vuelta de tuerca"  y elevar los objetivos medioambientales de la UErecortarán sus emisiones un 40% para 2030 (sobre las de 1990) y elevarán al 35/40% la aportación de las energías renovables. Además, el 8 de noviembre han aprobado límites más estrictos a las emisiones de los coches, con importantes ayudas a los coches eléctricos. Y quieren  cambiar el sistema que penaliza las emisiones de CO2 de eléctricas e industrias (45% de las emisiones totales en la UE), porque actualmente el precio en el mercado del CO2 está muy barato (7 euros por Tm, cuando debía estar en 30 euros) y a las empresas les compensa pagarlo en vez de invertir en sistemas para contaminar menos.

Entre tanto, España va a su aire, también en esto de las emisiones y las medidas contra el Cambio Climático. En 2016 se redujeron las emisiones de CO2 un 3,5%, tras subir en 2014 (+0,5%) y 2015 (+3,5%). Pero este año 2017, las emisiones de CO2 volverán a subir en España, dado que la sequía ha provocado un aumento del consumo de carbón y un menor peso de la electricidad  producida con fuentes renovables (33,7% frente al 38,9% en 2016 y el 40,5% en 2013 y 2014). Pero lo peor es nuestra “historia”. España es uno de los 5 únicos paises de Europa (junto a Chipre Irlanda, Austria y Portugal) que ha aumentado sus emisiones de CO2 entre 1990 y 2015 (+16,6%) mientras los 23 restantes y la propia UE las reducían (-23,7%), según los datos de la Agencia europea de Medio Ambiente. Así que ahora, cumplir con los Acuerdos de París y recortar las emisiones nos va a costar mucho más que al resto. Porque nos tocará en el reparto reducir las emisiones un 26% sobre 1990: significará reducir ese 26% más el 16,6 de aumento…

¿Quién tiene que reducir las emisiones de CO2 en España? Pues los que contaminan: el 27% de las emisiones las causan los transportes (25% la carretera), el 23% las industrias, el 18% las eléctricas, el 12% las viviendas y edificios, el 11” el campo (70% la ganadería), el 4% las refinerías y otro 4% la gestión de residuos, según el balance 2016 enviado a Bruselas por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente. Así que ahí urge actuar. De momento, el Gobierno ha estado recibiendo aportaciones de expertos hasta finales de octubre (más de 300) y ahora tiene que preparar un proyecto de ley de cambio Climático, que dice va a aprobar en el primer trimestre de 2018. Y luego, tendrá que pactarla en el Congreso, con lo que se espera que la Ley española de Cambio Climático no esté lista hasta finales de 2018.

La primera medida que han propuesto a España la Agencia Internacional de la Energía y la OCDE es que el Gobierno recorte las ayudas públicas a los combustibles fósiles, que suponen 1.100 millones de euros al año, según el IDIMA: 470 millones a las centrales térmicas de carbón y gas, 339 millones de exenciones fiscales al transporte y 400 millones a la agricultura (devolución impuesto hidrocarburos). Es una locura financiar con dinero público el consumo de energías que envenenan la atmósfera. Otra medida clave es acabar con el carbón en la generación de electricidad (hoy aporta el 17% de la luz), ya que 9 de las 10 instalaciones que más contaminan en España son centrales térmicas de carbón. Y aquí se da el contrasentido de que Iberdrola quiere cerrar dos centrales de carbón y el ministro de Energía se opone, “por temor a que falte suministro” (la realidad es que la oferta eléctrica duplica la demanda). La clave es apoyar las energías renovables y reducir las centrales de gas (emiten CO2) y las nucleares (potencialmente peligrosas y generan unos residuos costosísimos).

Los transportes, la mayor fuente de CO2, exigen un amplio paquete de medidas. Desde recortar el peso de la carretera (83% de las mercancías frente al 45% en Europa) a fomentar el ferrocarril y el coche eléctrico: en España se venden 4.750 coches eléctricos al año (el 0,4% de las ventas de 2016) y haría falta tener 300.000 coches eléctricos en 2020 (el 5% de las ventas) para cumplir con los Acuerdos de París, según Deloitte. Y eso no se va a conseguir con ayudas ridículas, como los 35 millones recién aprobados por el Plan Movalt (la Comisión Europea acaba de aprobar 1.000 millones para promover el coche eléctrico).

Otro sector clave es la industria (23% emisiones), donde urge una política del palo (endurecer el coste de la Tm de CO2 emitida) y la zanahoria (ayudas públicas y créditos para reconvertir las instalaciones). Y lo mismo en el campo, a la vez que los consumidores nos concienciamos de que comemos demasiada carne, culpable de muchas emisiones: debemos saber que producir 1 kilo de cordero supone emitir 10.629 gramos de CO2, 7.275 gramos de CO2 para 1 kilo de vaca, 2.592 gramos de CO2 para 1 kilo de cerdo, 1.409 gramos 1 kilo de pollo o sólo 299 gramos de CO2 para producir un kilo de tomates o 140 gramos para 1 kilo de naranjas. Y otro tanto en nuestras casas y edificios, al poner la calefacción o ahorrar energía: habría que rehabilitar energéticamente 12 millones de viviendas (la mitad del parque español) de aquí a 2050 para cumplir con la Directiva energética de la UE.

Al final, recortar emisiones de CO2 (y metano) pasa por tratar de ahorrar energía y consumir energías más limpias, huyendo en lo posible del petróleo, el carbón y el gas. Y todo ello exige inversiones, cuesta dinero. Exige una inversión entre 330.000 y 385.000 millones de euros de aquí a 2050, según un estudio de la consultora Deloitte, la mayoría (65%) en el sector eléctrico. Eso supone gastar unos 10.000 millones al año contra el Cambio Climático. Una buena parte de ese dinero podría venir de los impuestos verdes, ya que España está a la cola de Europa en impuestos medioambientales: ingresamos el 1,8% del PIB frente al 2,5% de media en la UE-28. Con estos impuestos a industrias y particulares que contaminan podrían ingresarse 7.800 millones más al año. Y podríamos empezar subiendo los impuestos a los carburantes, porque en España la gasolina paga un 27% menos de impuestos (18  céntimos menos/litro) y el gasóleo un 25,6% menos (14 céntimos menos/litro) que la media europea. Eso sí, otra parte del esfuerzo inversor lo tendríamos que hacer los consumidores, que tendríamos que pagar precios más altos para tener una economía más limpia.

Pero es lo que hay: o se toman medidas y se gasta dinero en reconvertir la economía para que deje de consumir a todo trapo energías contaminantes o cada vez habrá más emisiones, subirá la temperatura del Planeta (ya llevamos +1,1ºC sobre la era preindustrial) y el Cambio Climático nos pasará factura, en olas de calor, sequías, huracanes, inundaciones, malas cosechas  y subidas del nivel del mar peligrosas para los millones que viven en las costas. Un Cambio Climático que, según los expertos, afectará más a España que al resto de Europa. No podemos arriesgarnos a todo eso. Pero el tiempo para tomar medidas se acaba, como acaban de advertir 15.000 científicos en una carta pública. Paises, políticos y ciudadanos tenemos que afrontar en serio el problema, el más grave de este siglo. Nos jugamos el Planeta y nuestras vidas, pero sobre todo las de nuestros nietos y sus descendientes.