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lunes, 27 de enero de 2025

Medicamentos: bajada y cambio copagos

Ha pasado desapercibido, pero el 1 de diciembre bajaron miles de medicamentos, muchos sólo unos céntimos, aunque supone un ahorro de 65 millones en nuestras compras en farmacias. Son ya 15 años con rebajas anuales, para compensar la subida del gasto farmacéutico, que sigue en cifras récord. Una rebaja que tiene dos efectos negativos: hunde los ingresos de las farmacias pequeñas (imprescindibles) y fomenta que “falten” algunos medicamentos (766 ahora), porque a los laboratorios no les compensan los bajos precios (la mitad de las medicinas cuestan menos de 5 euros) y las exportan a paises europeos donde cuestan más. Para asegurar el suministro y la investigación, el Gobierno ha pactado con las farmacéuticas una Estrategia 2024-28, para potenciar esta industria y conseguir que España  sea más autosuficiente (también Europa). Además, en unas semanas, aprobará nuevos copagos para los medicamentos: los que ganen menos de 35.000 euros pagarán igual y el resto algo más, para controlar el gasto en recetas y reducir el despilfarro. Evitemos tener una farmacia en casa.

                              Enrique Ortega

El gasto farmacéutico imparable ha sido y es una obsesión de todos los Gobiernos, porque cada vez vivimos más, hay más atención sanitaria, crecen las enfermedades crónicas y aparecen medicamentos innovadores (más costosos). En España, el gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas y otros 4.000 millones más de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar cada año “los precios de referencia”, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente un genérico (con la patente caducada), que ya suponen el 66% de los fármacos vendidos en España.

Esta rebaja de los precios de referencia (normalmente el 1 de enero, aunque en 2016 se hizo dos veces) supone que cada año se fijan los nuevos precios máximos de muchos medicamentos, para conseguir un ahorro del gasto. Esta vez, la rebaja entró en vigor un mes antes, el 1 de diciembre de 2024, y afecta al precio de 17.655 medicamentos (13.933 que se venden en farmacia y 3.722 que se dispensan en hospitales. Sanidad señala que esta nueva rebaja de los precios de referencia supone un ahorro total de 139,05 millones de euros en 2025, la mayor parte para los usuarios que compramos medicinas en las farmacias (65,54 millones de ahorro) y el resto (73,51 millones) para los hospitales.

Esta rebaja global (-139,05 millones) es menor que la de los últimos años (fue de -217,89 millones en 2024, -270,89 en 2021, -234,13 en 2022 y -170 millones en 2021), pero este es el año en que se produce la mayor rebaja a los medicamentos que se venden en las farmacias (-65,54 millones, frente a -57,13 en 2014, -41,75 en 2023, -64,72 en 2022 y -43,92 en 2021). Quizás no haya notado esta rebaja cuando haya ido con su receta a la farmacia, porque los nuevos precios bajan sólo unos céntimos o pocos euros en el PVP. Por ejemplo, Crestor, un medicamento para el colesterol, baja de 9,85 a 9,83 céntimos (-0,20%). Aldactone, un diurético, baja de 3,62 a 2,50 euros (-30,94%). Deltius (Vitamina D) baja de 15,61 a 9,37 euros (-39,97). Finasterida (para la hiperplasia de próstata) baja de 2,92 a 2,50 euros (-14,38%). Y Janumet (un antidiabético), baja de 28,1 a 27,3 euros (-2,70%).

Otra vía menos conocida, que utiliza el Gobierno (éste y los anteriores) para frenar la factura farmacéutica es la revisión mensual de precios de algunas medicamentos (pocos) según van caducando las patentes y entran los genéricos: cada mes, Sanidad envía una comunicación a los Colegios farmacéuticos con los precios que bajan y el precio máximo que paga el SNS por esos medicamentos con receta. Y la farmacia rebaja el PVP del medicamento afectado: si el laboratorio de marca no baja su precio, estará obligada a vendernos un genérico.

Por las dos vías, los precios de los medicamentos que compramos llevan 15 años bajando, aunque apenas lo notamos porque suelen ser unos céntimos y además nosotros no pagamos el PVP del medicamento, sino el copago que nos corresponde (del 10 y 40% al 60% máximo, según seamos pensionistas o activos y nuestros ingresos). Pero los que sí notan esta rebaja, de forma negativa, son las farmacias y los laboratorios farmacéuticos, que critican este sistema de precios de referencia y las rebajas mensuales porque reducen mucho sus ingresos y apenas suponen un ahorro del gasto farmacéutico, que sigue al alza.

El primer impacto de la bajada de precios (anual y mensual) lo sufren las 22.222 farmacias españolas, sobre todo las más pequeñas (3.000 venden menos de 300.000 euros anuales) y especialmente las 707 farmacias “con viabilidad económica comprometida” , la mayoría rurales. Lo que les sucede a la mayoría de farmacias es que dispensan muchas más recetas que hace años y facturan menos. Eso pone en riesgo la viabilidad económica de muchas farmacias, claves en la atención sanitaria de los españoles, como se vio claramente durante la pandemia: ven reducir sus ingresos mientras les aumentan sus costes. Y tratan de buscar alternativas en las ventas sin receta (cremas y demás), que les suponen el 30% de los ingresos. Pero el núcleo de su actividad, las recetas (70% ventas), se resiente cada año.

Otro impacto negativo de estas bajadas de precios lo sufren los laboratorios farmacéuticos. Tras 15 años de rebajas impuestas, los medicamentos en España son los más baratos de Europa, un 15% por debajo del precio medio en la eurozona. Y tras cada bajada (anual y mensual), muchos laboratorios se ven desincentivados a vender en España, donde más de la mitad de los medicamentos (55,9%) cuestan menos de 5 euros y el 37,9% cuestan menos de 2,5 euros (sólo el 14,8% de los fármacos valen más de 20 euros), según Farmaindustria. Y esos son precios de venta al público (PVP), porque nosotros pagamos mucho menos, por los copagos (la mayoría, del 10 al 40% del PVP), con lo que la mayoría de las medicinas nos cuestan menos que un café o una cerveza...  Estos bajos precios de venta en España provocan dos problemas: hay desabastecimiento de algunos medicamentos (porque ya no les compensa fabricarlos) y otros “se desvían” a la venta en paises del centro y norte de Europa, donde se cobran más caros que en España.

El problema es serio porque estos bajos precios son una de las causas del desabastecimiento de algunos medicamentos en España, junto a otras (como los problemas de producción de principios activos en paises emergentes o en las cadenas internacionales de suministro). Y cada vez hay más medicamentos “en falta” en las farmacias. Ahora hay 766 medicamentos en falta, según la web de la Agencia del Medicamento, que quita importancia al problema señalando que afecta sólo al 4,28% de las presentaciones. Pero inquieta a los que necesitan Concerta (para su hijo con TDAH), Ozempic (para la diabetes), Kreon (para el cáncer de páncreas), Hydrea (para la leucemia) o Pylera (para el Hellycobacter Pilori), sólo 5 ejemplos de fármacos ahora “en falta” (aunque se pueden sustituir por otros).

La cuestión de fondo es que rebajar año tras año los precios de los medicamentos no parece la mejor solución para frenar el gasto farmacéutico, mientras afecta negativamente a las cuentas de las farmacias y a los laboratorios. De hecho, la factura farmacéutica se moderó en los primeros años de aplicación de los precios de referencia (2010) y con la implantación de los copagos (Rajoy en julio de 2012), pero después ha seguido creciendo, por el envejecimiento de la población, la mayor atención sanitaria, el aumento de las enfermedades crónicas y la irrupción de medicamentos innovadores. Y por otra causa de la que poco se habla: los médicos tienen cada vez menos tiempo para atender a sus pacientes y se ven presionados a recetar a tutiplén, mientras todos gastamos de más en medicamentos (muchos nos cuestan, con los copagos, menos que un café o una cerveza) y tenemos “una farmacia en casa”.

La consecuencia es que el gasto en farmacias no ha parado de crecer, después de bajar entre 2009 (máximo de 12.506 millones) hasta 2013 (9.183 millones): subió a 10.792 millones en 2019 y a 12.720 millones en 2023 (otro máximo). Y en 2024, el gasto fue de 12.217 millones hasta noviembre, con lo que alcanzará otro récord histórico: 13.300 millones y 1.200 millones de recetas ( ojo, son 3,3 millones de recetas diarias). Y a este gasto en farmacias hay que sumar el gasto farmacéutico en hospitales, que se ha disparado, pasando de 6.579 millones en 2015 a 7.489 en 2019 y 9.603 millones en 2023. Y a la vista de los datos hasta octubre, 2024 se cerrará con 10.720 millones de gasto farmacéutico en hospitales. En total, 24.020 millones de gasto farmacéutico en 2024.

Una cifra que “asusta”, porque supone el 20% del gasto sanitario en España. Sin embargo, algunos expertos creen que estamos en un gasto farmacéutico “asumible”, porque supone un porcentaje del PIB (1,55%) inferior al de 2009 (1,70%) y 2021 (1,72%), como en 2003 (1,56%). Y porque nuestro gasto farmacéutico por habitante (284,4 euros en 2022) es más bajo que el de la eurozona (425,9 euros/habitante) y que el de paises como Alemania (643,4 euros/habitante), Francia (491,1), Italia (326,5) o Finlandia (319), según Farmaindustria. Y además, el 80% de los medicamentos (unidades) que se venden en las farmacias están a precio de genérico. Y donde compiten, los genéricos tienen ya una cuota del 66%.

Con todo, preocupa el elevado gasto farmacéutico, porque irá a más a medida que aparezcan nuevos medicamentos innovadores contra más enfermedades, a un alto coste. Por eso, ya desde la época de Montoro (ministro de Hacienda con Rajoy), los distintos Gobiernos han pactado con la industria farmacéutica (Farmaindustria) para intentar controlar la subida de la factura farmacéutica, por distintas vías (desde los precios de referencia a las revisiones anuales y la negociación del precio de nuevos fármacos). Y tras la pandemia, donde quedó clara la dependencia exterior de Europa y España en suministros farmacéuticos, Bruselas se ha obsesionado con asegurar un mayor autoabastecimiento farmacéutico para Europa, reforzando la industria farmacéutica europea.

En este contexto, el Parlamento Europeo aprobó, en noviembre de 2021, la Estrategia Farmacéutica Europea, que contempla ayudas públicas a la investigación para conseguir nuevos fármacos “europeos” a precios asequibles, potenciando las compras públicas (como se hizo con las vacunas) y tratando de fortalecer a los laboratorios europeos. En ese camino, el Gobierno español aprobó, ya en noviembre de 2021, un Plan, el PERTE de Salud de Vanguardia, para movilizar y financiar la fabricación de medicamentos y terapias innovadoras, destinando 982 millones de Fondos europeos en 2022 y 2023.

Este Plan ha dado sus frutos, consolidando a España como el 2º país del mundo (tras EEUU) con más ensayos clínicos de nuevos fármacos. Y en diciembre de 2022, los directivos de las 14 principales multinacionales farmacéuticas y grandes laboratorios españoles acudieron a la Moncloa para ofrecer al presidente Sánchez su colaboración para convertir a España en un “polo europeo” de producción de nuevos medicamentos, al igual que somos el 2º mayor fabricante europeo de automóviles: se comprometieron a invertir 8.000 millones de euros entre 2023 y 2025 para impulsar la investigación y producción de nuevos fármacos en España, donde las farmacéuticas tienen 174 plantas y emplean a 54.965 trabajadores, con una facturación de 23.000 millones de euros. A cambio, el Gobierno se comprometió a elaborar con ellos un Plan Estratégico a medio plazo, para asegurar el futuro del sector, garantizar el autoabastecimiento y colaborar en la sostenibilidad del gasto farmacéutico.

Recientemente, en diciembre de 2024, el Gobierno ha aprobado la Estrategia de la Industria Farmacéutica 2024-2028, con la colaboración del sector. Se trata de una “hoja de ruta” para garantizar el acceso a medicamentos de calidad, fomentar la innovación y asegurar la estabilidad presupuestaria con un gasto farmacéutico “asumible”, buscando que España sea uno de los paises líderes de la industria farmacéutica europea. Dentro de esta estrategia a medio plazo se incluyen medidas para evaluar la eficacia y el coste de los medicamentos y un nuevo sistema de fijación de precios, concretado también en diciembre, con la aprobación de un Decreto-ley para una nueva regulación de los precios de los medicamentos, que busca reforzar los genéricos y biosimilares,  además de mejorar los criterios de inclusión de nuevos medicamentos, con más participación de médicos y pacientes.

En paralelo, Sanidad aprobará en las próximas semanas una nueva Ley del Medicamento (la actual es de 2006), que permitirá recetar a enfermeras y fisioterapeutas, facilitará la sustitución de medicamentos por los farmacéuticos, dará más poder a la Agencia del Medicamento para prevenir desabastecimientos y, sobre todo, cambiará el actual sistema de copagos (impuestos por Rajoy en 2012). Por lo que se ha filtrado, el cambio está en que se cambian los 3 tramos de ingresos actuales por 6 tramos; pagarán lo mismo los activos que ganen menos de 18.000 euros (40% copago) y hasta 35.000 euros (50%), pero pagarán más los que ganan de 35.000 a 65.000 (55%, ahora 50%) y de 60.000 a 100.000 (60%, ahora 50%), así como los que ganan más de 100.000 (65% copago, ahora 60%). Y en cuanto a los pensionistas, seguirán pagando un copago del 10% si la pensión está por debajo de 60.000 euros, subiendo al 60% los que reciben de 60.000 a 100.000 euros de pensión (ahora pagan el 10%) y el 65% los que reciben más de 100.000 (ahora su copago es el 60%), subiéndoles también el límite mensual si reciben entre 60.000 y 100.000 euros de pensión.

En resumen, que los medicamentos nos cuestan algo menos desde el 1 de diciembre, pero lo importante es conseguir que tengan un precio “suficiente para que las pequeñas farmacias no tengan que cerrar y a los laboratorios les compense fabricarlos. Y para asegurar el abastecimiento y que las farmacéuticas investiguen y ofrezcan nuevos fármacos. Europa y España han aprobado Estrategias a medio plazo, que garanticen fármacos, ingresos, investigación y precios asumibles, para los países y pacientes. Y además, se van a modificar los copagos, para que trabajadores y pensionistas paguen en función de sus ingresos reales, para reducir el despilfarro de medicamentos. Nos jugamos la salud y el bolsillo.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Los medicamentos vuelven a bajar

A partir del 1 de enero, notará que algunos medicamentos son más baratos, aunque sólo unos céntimos la mayoría. Bajan otro año más los precios de referencia, para rebajar la abultada factura en recetas y hospitales. Pero tiene dos efectos negativos. Uno, que agrava las débiles cuentas de miles de farmacias pequeñas, que venden más y ganan menos. Y otro, que desalienta a los laboratorios para vender en España, porque tenemos los medicamentos más baratos de Europa. Eso fomenta las exportaciones de medicinas (han crecido más del 40% en 2021 y 2022) y el desabastecimiento de algunos medicamentos en España (637 ahora). Además, las sucesivas rebajas de precios (15 desde 2010) han hecho que la mitad de las medicinas cuesten menos de 3,50 euros (pagamos entre 1 y 1,40 euros: menos que un café), lo que desalienta la investigación de nuevos fármacos. Urge ahorrar bajando las recetas, pero  evitando que falten medicamentos y  logrando que lleguen sin retraso los nuevos fármacos. Apostar por nuestra salud sin racanear.

Enrique Ortega

El aumento del gasto farmacéutico es una obsesión de todos los Gobiernos en las últimas dos décadas y sobre todo de las autonomías, que tienen que pagar la mayor parte de la factura (la otra parte la pagamos los pacientes, con los copagos). Y además, la previsión es que este gasto farmacéutico crezca más en el futuro, por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y los nuevos medicamentos (cada vez más caros). Además, en España, el deterioro de la atención primaria fomenta que los médicos (sin tiempo para atender a los pacientes) receten más, a lo que se une un abuso de los antibióticos, los ansiolíticos y la automedicación. De hecho, las recetas han pasado de 706 millones en 2004 a más de 1.000 millones que se financiarán este año 2022.

El gasto farmacéutico se disparó en 2009, con un récord de recetas (casi 1.000 millones) y 12.505 millones de gasto en recetas más otros 4.000 millones de gasto farmacéutico en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia, un sistema creado en 1997 por el que la sanidad pública (el SNS) sólo financia un precio máximo por cada medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos, más baratos, que ya suponen en España el 41% de los medicamentos vendidos (65% en Europa) y el 21% de las ventas.

La rebaja de los precios de referencia, desde 2010, surtió afecto, pero poco, ya que el gasto en recetas sólo bajó a 11.135 millones en 2011. Al llegar Rajoy a la Moncloa, en 2012, estableció un copago farmacéutico (los pacientes pagaban del 10 al 60% de la receta), que fue bastante efectivo: el gasto en recetas se redujo drásticamente en 2012 (9.770 millones) y 2013 (9.183 millones). Pero luego, el gasto en recetas volvió a aumentar en 2014 (9.360 millones) y año tras año, hasta 2019 (10.793 millones). En 2020, con la pandemia, el gasto en recetas  aumentó más (a 11.678 millones), pero sobre todo el gasto farmacéutico en hospitales (otros 7.883 millones, frente a 5.153 en 2014). Y en 2021, el gasto farmacéutico volvió a subir: 12.531 millones en recetas (+7,3%) y 8.425 millones (+6,9%) en hospitales, un total de 20.956 millones de euros, el 24% del gasto sanitario total. Y este año 2022, llevamos un gasto hasta septiembre de 16.122 millones, con lo que se podría cerrar el año con 21.500 millones de gasto farmacéutico en recetas y hospitales, todo un récord.

Frente a esta bola creciente del gasto farmacéutico, el Gobierno (este y los anteriores) han tomado dos medidas. Una, poco conocida, es la revisión mensual de precios de medicamentos, según van caducando las patentes y entran los genéricos: Sanidad envía una comunicación cada mes a los Colegios farmacéuticos con los precios que bajan, con el precio máximo que paga el SNS por un medicamento con receta. Y la segunda medida, a finales de cada año (en 2019 se hizo dos veces), es la publicación de una Orden con los nuevos precios de referencia y las nuevas agrupaciones de miles de medicamentos, que bajan de precio desde el 1 de enero, para ahorrar en el gasto en recetas y hospitales.

Esta vez, la Orden con los nuevos precios de referencia (BOE 28 noviembre) revisa los precios de 17.097 presentaciones de medicamentos, 13.552 dispensados en farmacias y 3.545 medicamentos hospitalarios, estableciendo los nuevos precios  a los que se financian desde el 1 de enero de 2023. La medida supondrá un ahorro de 270,89 millones en la factura farmacéutica pública (sólo un 1,25% del gasto esperado), que se repartirá entre un ahorro de 229,14 millones para los hospitales y 41,75 millones para las recetas en farmacia (que ahorrarán en su mayoría  las autonomías y poco los pacientes: pagaremos unos 4,7 millones menos en copagos en 2023). Este año, la rebaja de los precios de referencia es mayor que la hecha para 2022 (234,13 millones de ahorro) y para 2021 (170 millones).

Para la mayoría, los que compramos medicamentos con receta en la farmacia, esta nueva rebaja se va a notar poco, (ver listado con los nuevos precios). Veamos algunos ejemplos: crema Betnovate para la dermatitis (baja de 2,87 a 2,86 euros, -0,38%), Pulmicort, para el asma (baja de 3,08 a 3,06 euros, -0,65%), Climen para terapia hormonal menopausia (baja de 3,70 a 3,14%. -15%), Ursobilane para cálculos biliares (baja de 15,05 a 14,99 céntimos, -0,4%), heparina Clexane (baja de 40,62 a 38,29 euros, -5,73%), Equasym para el déficit de atención hipercinético (baja de 29,18 euros a 26,07, -10,6%) o Forsteo pluma recargada para la osteoporosis (baja de 317,27 euros a 252,16, -20,5%). Estos son los nuevos precios venta al público, no los que pagan los pacientes, que sólo abonan el copago (10% los jubilados y entre el 30 y el 40% del PVP los trabajadores). Así que en muchas de las 13.552 presentaciones rebajadas en las farmacias, la rebaja será de unos céntimos.

Los que sí van a notar esta nueva rebaja de los medicamentos (y van 15 ya) son las 22.164 farmacias que hay en España, sobre todo las más pequeñas (3.000 venden menos de 300.000 euros anuales) y especialmente las 858 farmacias rurales “con viabilidad económica comprometida”. Ya sufrieron una caída de ventas en 2020, con la pandemia, y aunque se recuperaron algo en 2021, su facturación vuelve a estancarse o caer en 2022, con la menor venta de test COVID y mascarillas. Lo que sucede a la mayoría de las farmacias es que dispensan más recetas y facturan menos, porque los precios de los medicamentos financiados llevan bajando desde 2010, además de los “sustos mensuales” (revisión adicional de algunos precios). Eso pone en riesgo la viabilidad económica de muchas farmacias,  claves en la atención sanitaria, como se ha visto con la pandemia: ven reducir su facturación mientras les aumentan los costes. Y tratan de buscar alternativas en las ventas sin receta (cremas y demás), que les suponen el 30% de los ingresos. Pero el núcleo de su actividad, las recetas (el 70% de las ventas) se resiente año tras año.

Otro riesgo de esta nueva bajada de precios de los medicamentos está en los laboratorios. Tras 15 años de rebajas de precios, los medicamentos en España son los más baratos de Europa, un 15% por debajo de la media de la eurozona. Y tras cada rebaja, los laboratorios (extranjeros y españoles) se ven desincentivados a vender en España, donde la mitad de los medicamentos cuestan menos de 3,50 euros, según Farmaindustria (y nosotros, con el copago, los pagamos entre 0,35 y 1,40 euros: más baratos que un café). Esta rebaja continuada de los precios de referencia provoca dos consecuencias: hay desabastecimiento de algunos medicamentos en España y cada vez más se desvían a otros mercados, sobre todo al centro y norte de Europa, donde los cobran más caros que en España.

El problema más serio es el desabastecimiento de algunos medicamentos en España, que se ha agravado en los últimos años, a pesar de que las últimas Órdenes de nuevos precios de referencia aplican excepciones y precios ponderados para determinados medicamentos esenciales, asegurando además un precio mínimo de 1,60 euros. Pero aún así, los farmacéuticos alertan que cada vez hay más medicamentos “en falta”, en concreto 637 hoy, según la web de la Agencia del Medicamento, que quita importancia al problema señalando que el desabastecimiento afecta sólo al 3,42% de las presentaciones. Pero la propia Agencia reconoce que el desabastecimiento de medicamentos ha crecido un 31% en el primer semestre de 2022. Según su informe, el 25,3% se deben a problemas de fabricación, otro 24,6% a déficit de capacidad en las plantas, un 22% a aumentos de la demanda y el 8% restante a problemas en el suministro de principios activos. Pero muchos expertos reiteran otra causa: con los bajos precios que tienen algunos medicamentos, a los laboratorios no les compensa producirlos. O les compensa más venderlos fuera de España, más caros.

Un indicador de lo que está pasando es el tremendo salto que han dado las exportaciones de medicamentos desde España, sobre todo en 2021 y 2022: ya saltaron de 7.162 millones de euros exportados en 2007 a 10.482 en 2012 y luego volvieron a saltar a 12.558 millones en 2020, para crecer más del 40% el año pasado y este: 17.646 millones exportados en medicamentos en 2021 y 20.017 en 2022, sólo entre enero y octubre, lo que duplicarán este año las exportaciones de medicamentos de antes de la pandemia. Los medicamentos son la 3ª mayor partida exportadora de España, tras los coches y los derivados del petróleo. Y las principales exportaciones han ido,  en 2022,  a Bélgica, Suiza, China y Francia.

Los recortes continuados en el precio de los medicamentos (que apenas suponen ahorro en la factura farmacéutica), no sólo ponen  en peligro las cuentas de muchas farmacias y provocan desabastecimiento de medicamentos sino que además, desincentivan la llegada a España de nuevos fármacos innovadores. Los datos son muy explícitos. Por un lado, los españoles sólo accedemos a la mitad de los nuevos medicamentos que se autorizan en Europa: en 2022, solo estaban disponibles en España 85 de los 160 nuevos fármacos autorizados en Europa entre 2017 y 2020, según la patronal Farmaindustria. Un porcentaje (53%) que, además, baja año tras año (llegaron el 62% en 2018) y es muy inferior al de Alemania (llegan el 92% de los nuevos fármacos), Italia (79%), Reino Unido (68%) o Francia (62%). Y además de no llegar la mitad, los nuevos fármacos que llegan tardan 517 días en autorizarse su inclusión para financiarlos, frente a 337 días de media en Europa (y los 180 días que debería tardarse legalmente).

Los dos problemas, nuevos medicamentos que no llegan y otros que tardan demasiado en poder recetarse, tienen una causa común: los bajos precios que se pagan en España. Hay una negociación permanente entre Sanidad y los laboratorios para fijar el coste de los nuevos fármacos, donde algunos laboratorios intentan “abusar” con los precios que piden y Sanidad intenta “ahorrar en la factura farmacéutica” retrasando la autorización, a costa ambos de los pacientes que esperan un nuevo fármaco para sus dolencias (muchas graves).

Además, el racaneo en los precios de los nuevos medicamentos (una parte justificado y otra no) disuade también a los laboratorios para investigar en España, máxime cuando el proceso de crear un nuevo medicamento tarda de 10 a 12 años y sólo 3 de cada 10 nuevos medicamentos generan retornos suficientes como para compensar la inversión realizada en la investigación, según Farmaindustria. Eso sí, España compensa a los grandes laboratorios por su excelente sanidad hospitalaria y el potencial investigador de nuestras Universidades, lo que se traduce es que somos el país líder en Europa en ensayos clínicos de nuevos medicamentos y el 2º del mundo, tras EEUU. Y esta es una baza que utiliza Sanidad, la aportación pública a la investigación, para intentar pagar menos por los nuevos fármacos.

Otro factor a tener en cuenta, según la industria farmacéutica, es que la inversión en nuevos medicamentos acaba ahorrando costes al sistema sanitario: por cada euro invertido en fármacos innovadores, se ahorran entre 2 y 7 euros en prestaciones sanitarias (consultas, ingresos hospitalarios e intervenciones), según algunos estudios. Eso sí, en España, las bajadas de precios y los intentos de ahorro han reducido el peso de los fármacos innovadores (los que tienen menos de 10 años): tenían un 32,5% de cuota en 2013 y bajaron al 28,3% en 2018, según el último dato de Farmaindustria. Y los propios médicos se quejan de que no disponen de fármacos nuevos para muchas enfermedades.

Al final, hay una oportunidad de mejorar la oferta de medicamentos a un precio asumible: potenciar la industria farmacéutica, aprovechando las ayudas europeas. Es lo que pretende Europa, para ser más autosuficiente tras el “susto” de la pandemia: en noviembre de 2021, el Parlamento Europeo aprobó la Estrategia Farmacéutica Europea, que contempla ayudas públicas a la investigación farmacéutica para conseguir nuevos fármacos “europeos” a precios asequibles, potenciando las compras públicas, como se hizo con las vacunas. A partir de ahí, las multinacionales ya han empezado a posicionarse, para trasladar sus actuales fábricas de Asia a la Unión Europea. En esta carrera, España quiere adelantarse, para lo que aprobó, ya en noviembre de 2021, un Plan, el PERTE de Salud de Vanguardia, para movilizar y financiar la fabricación de medicamentos y terapias innovadoras, destinando a ello 982 millones de Fondos europeos entre 2022 y 2023. El PERTE pretende digitalizar el sistema sanitario y parte de la atención sanitaria y potenciar terapias avanzadas en el tratamiento de enfermedades (en especial la diabetes, enfermedades degenerativas y el ELA) y el desarrollo de fármacos innovadores, en colaboración con la industria farmacéutica, los investigadores y los grandes hospitales, buscando que España sea un país atractivo para las multinacionales farmacéuticas y sus ensayos clínicos.

La semana pasada, el PERTE de Salud de Vanguardia consiguió un gran logro: los directivos de las 14 principales multinacionales farmacéuticas y de los mayores laboratorios españoles acudieron a La Moncloa para ofrecer al presidente Sánchez su colaboración para convertir a España en un polo europeo de producción de nuevos medicamentos, al igual que somos el 2º mayor fabricante europeo de automóviles: se comprometieron a invertir 8.000 millones de euros entre 2023 y 2025 para impulsar la investigación y producción de fármacos en España y contratar a 4.500 jóvenes al año para sus 103 plantas españolas. Y creen que el Gobierno español puede atraer a otros paises a seguir este camino, promoviendo una potente industria farmacéutica europea. Por su parte, el presidente Sánchez se comprometió a elaborar un Plan Estratégico para la Industria Farmacéutica, para reforzar el abastecimiento, facilitar el acceso a nuevos fármacos y colaborar en la sostenibilidad del sistema sanitario.

En definitiva, que parece que se abre el camino para que España sea un país puntero en la producción de medicamentos innovadores, que facilite la investigación y asegure nuestro suministro a precios asequibles. Eso obligará a respaldar esas inversiones de futuro con precios razonables y financiables, huyendo del racaneo que apenas ahorra y provoca desabastecimientos. Por nuestra salud y nuestra economía.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Bajan los medicamentos


Este sábado 1 de octubre bajan de precio más de 1.000 medicamentos, unos céntimos por envase la mayoría, aunque las autonomías se ahorrarán 125 millones. Con esta bajada, la tercera en 25 meses, España se consolida como uno de los paises europeos con las medicinas más baratas, lo que es bueno pero también malo: facilita la exportación de medicinas a paises donde las paguen mejor (fomentando el desabastecimiento en España), dificulta que los laboratorios investiguen aquí y hunde a las farmacias (1.000 necesitan ayudas públicas para no cerrar). El problema es que, a pesar de estas bajadas, el gasto farmacéutico lleva dos años y medio subiendo, porque hay más viejos (gastan más) y porque los medicamentos son más sofisticados y más caros, aunque también se abuse del consumo. Hay que controlar el gasto farmacéutico, pero con cuidado, porque ya es de los más bajos de Europa: si una medicina cuesta ya como una cerveza (y menos), los laboratorios pueden irse a otro país a investigar y muchas farmacias acabarán cerrando. Y lo pagaremos en nuestra salud.
 
enrique ortega

El Estado (las autonomías) pagaba el 100% de las recetas con nuestros impuestos hasta que en julio de 2012 el Gobierno Rajoy introdujo el “copago”, con el que ahora pagamos una parte de las medicinas que nos recetan (40-60% los trabajadores y parados, 30% los mutualistas y 10% los jubilados, con un tope mensual de 8 a 18 euros). Con todo, la factura farmacéutica es muy abultada (26 millones de euros al día, sólo en recetas) y por eso el Gobierno introdujo, en 1997, un mecanismo para pagar menos a los laboratorios por las medicinas: el sistema de precios de referencia. Consiste en que la sanidad pública sólo financia un precio máximo por medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos (ya suponen 40% de las ventas), más baratos. Y así, cada año revisan a la baja los precios que se pagan a los laboratorios, para lograr más ahorros en la factura farmacéutica.

Este sistema ha permitido forzar una bajada anual de los precios de los medicamentos, sobre todo desde 2010. Las últimas bajadas fueron el 1 de septiembre 2014 y el 1 de diciembre de 2015, a las que se suma ahora la rebaja que entra en vigor el 1 de octubre y se aplicará a 1.062 medicamentos, los más consumidos (ver listado). La rebaja es pequeña, porque un 75% de las medicinas revisadas bajan menos del 5%, un 6,7% entre el 5 y el 10%, otro 6,4% entre el 10 y el 20% y sólo el 11,5% bajan más, según Diariofarma. En definitiva, que si nos toca la rebaja, lo notaremos sólo en unos céntimos, aunque para el Estado (las autonomías, que son las que pagan la mayor parte de las recetas) supone un ahorro de 125 millones de euros, tampoco mucho (la factura de 5 días de recetas). Pero algo es algo.

Esta nueva rebaja consolida a España como el país con las medicinas más baratas de Europa, salvo Portugal y algunos países del Este, según datos de Farmaindustria para 2014: una media de 0,20 euros por unidad estándar, un 15% menos que la media de precios de la eurozona (0,24 euros/unidad) y un 33% más baratas que en Alemania (0,30 euros). Esto, que parece una buena noticia, también tiene consecuencias negativas. Por un lado, que los laboratorios instalados en España tienen ahora menos incentivos para investigar y descubrir fármacos innovadores: de hecho, lo son 2 de cada 10 medicamentos autorizados. Por otro, al estar los precios tan bajos en España, los laboratorios (y sobre todo almacenes y redes ilegales) tienden a exportarlos, a venderlos fuera (en Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y algunos paises del Este), donde los precios están hasta un 30% más altos. Y eso provoca desabastecimientos de algunas medicinas en España, en farmacias y hospitales, sobre todo de algunas vacunas, anticancerígenos y fármacos para quimioterapia, trasplantes, leucemia, epilepsia y Parkinson. De hecho, a finales de septiembre, hay 199 medicamentos “en falta”, según esta lista que publica cada día la Agencia Española del Medicamento. La mayoría se sustituyen por otro fármaco, pero eso causa incertidumbre a muchos pacientes.

Otra consecuencia negativa de tener los medicamentos más baratos de Europa es que se están hundiendo las cuentas de muchas farmacias: aunque vendan más medicinas (hay más recetas), al haber bajado los precios desde 2010, su facturación ha bajado y con ello sus márgenes y sus beneficios. Las ventas medias de 3.000 farmacias están en unos 400.000 euros anuales (300.000 de recetas) y su beneficio neto anual ronda los 26.000 euros, 2.166 euros al mes. Con eso, difícil mantener la farmacia y contratar a alguien. Y si hay 2.000 farmacias más que en 2011 (ya son 22.000), más a repartir un negocio que se recorta. Sin olvidar las deudas de las autonomías, con meses de retraso en pagarles. La consecuencia es que hay 3.000 farmacias al límite de la viabilidad económica, según la patronal FEFE. Y 1.000 de ellas (sobre todo rurales) sobreviven gracias a ayudas que reciben de las autonomías.

El Gobierno sigue presionando con bajadas a laboratorios y farmacias porque las autonomías están asfixiadas con el gasto sanitario (un tercio de su Presupuesto total) y farmacéutico (16% del gasto sanitario), que ha vuelto a subir en los dos últimos años y medio, tras los recortes y el copago que aprobó el Gobierno Rajoy en 2012: si el gasto en recetas bajó desde un máximo de 12.505 millones en 2009 a un mínimo de 9.183 millones en 2013, volvió a subir en 2014 (9,360 millones) y 2.015 (9.533 millones). Y sigue aumentando en 2016, un 3,68% hasta julio (5.578 millones). Y a eso hay que añadir el gasto en medicamentos en los hospitales, que en 2015 fue de otros 6.675 millones, con un fuerte aumento del  26,2%, aunque este año baje ligeramente (-0,3%, 3.097 millones hasta junio).

La factura de los medicamentos (recetas y hospitales) roza ya los 1.300 millones al mes (casi 44 millones diarios), a pesar de que el Gobierno fuerce a la baja los precios a laboratorios y farmacias. Y eso pasa por tres razones. La primera, porque somos un país envejecido donde las personas viven más años y cada vez consumen más medicinas: cada año hay 120.000 nuevos jubilados que “tiran” más de recetas. En segundo lugar, los medicamentos son cada vez más sofisticados y más caros (sobre todo en tratamientos hospitalarios), lo que lleva incluso a que muchos hospitales retrasen la introducción de nuevos fármacos para “ahorrar”, a costa de los pacientes (caso tratamiento hepatitis C). Y en tercer lugar, todavía hay una “cultura de consumo”, de ir al médico a que nos recete y tener grandes botiquines en casa, aunque el copago haya reducido algo el despilfarro.

España gasta 44 millones al día en medicamentos y parece una barbaridad a la que hay que poner coto. Pero ojo: hay que recortar este gasto “con cabeza”. Primero, porque España gasta menos en medicamentos que el resto de Europa: el gasto farmacéutico por habitante era en España de 224,8 euros (2013), un 25,3% inferior a la media del gasto de la eurozona (300,9 euros) y menor al de Bélgica (342 euros), Francia (369), Alemania (402) o Irlanda (424 euros). Y segundo, porque las medicinas ya están “tiradas de precio”: el 51% de los medicamentos que se recetan cuestan menos de 3,5 euros (y pagamos 1,40 euros o menos). Y con estos precios, a los laboratorios les compensa menos investigar en España (prefieren instalarse en paises con más ventas y mejores precios). Y se arriesga la supervivencia de las farmacias, que no son unas “tiendas” sino un eslabón clave en la atención sanitaria, ayudando a los pacientes y colaborando con los médicos.

El equilibrio no es fácil, pero resulta obligado: hay que intentar gastar menos en medicamentos sin desatender la investigación y la salud. Y todo ello sabiendo que los tratamientos futuros serán cada vez más caros. Pero hay que huir de las políticas de ajuste a corto plazo, de los recortes sin más. El Gobierno Rajoy, en funciones, obsesionado por cumplir el déficit que exige Bruselas, está presionando a las autonomías a que recorten sus gastos, también en sanidad y en medicamentos (un 16% de sus Presupuestos). De hecho, a finales de julio y principios de agosto, el ministro Montoro (en funciones) envió una carta a 7 autonomías (Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía, Extremadura, Aragón, Castilla la Mancha y Murcia) en la que les instaba a “recortar su gasto” en lo que queda de año, porque tenían su déficit por encima de lo previsto. Y para 2017, aún deberán recortar más, si España quiere cumplir con las exigencias de déficit de Bruselas.

Eso supone que podría haber nuevos ajustes en el gasto sanitario y farmacéutico, a finales de 2016 y sobre todo en 2017, máxime si sigue gobernando Rajoy, aunque la mayoría de autonomías las controle la oposición (pero están sin recursos, financieramente “asfixiadas”). El PP puede seguir avanzando para que el Estado deje de financiar los fármacos para dolencias leves (analgésicos y antipiréticos,antiácidos, laxantes…), como ya empezó a aprobar en 2015, lo que podría “ahorrar” al Presupuesto unos 560 millones al año. También podrían ampliarse los porcentajes del copago o estudiarse otra vez el copago de los medicamentos que se dan en los hospitales. Y está el debate de cómo financiar los tratamientos “supercaros” que se avecinan (cáncer, hepatitis C, VIH, Alzheimer, esclerosis múltiple…).

El debate futuro es muy serio: qué medicamentos se financian y cuánto. “Echar cuentas” a la hora de plantearse salvar vidas con nuevos fármacos. Y en paralelo, forzar a los usuarios a pagar más por las medicinas, con el copago (se pagan dos veces: con los impuestos y en la farmacia) o sacándolas del sistema. Y forzar a los laboratorios y a las farmacias a bajar precios, poniendo las medicinas al precio de una cerveza (y menos), aunque eso se cargue la investigación, la innovación y a una parte de las farmacias.

Las alternativas no son fáciles, pero no pueden quedarse en más recortes y más copagos de medicamentos, que pagan los más débiles (jubilados y enfermos crónicos). Ni seguir forzando bajadas de precios, que hunden la investigación y las farmacias. Habría que actuar en varios frentes. Por un lado, pactando precios con la industria farmacéutica (ya se firmó un acuerdo con Farmaindustria para frenar el gasto, en noviembre de 2015), sin asfixiar sus ventas y sus beneficios, para que sigan investigando. Por otro, racionalizando las recetas, para que los médicos receten sólo lo necesario y los pacientes dejen de tener abultados botiquines que acaban tirando. Y sobre todo, buscando más recursos públicos (haciendo que paguen más impuestos los que pagan poco: grandes empresas, multinacionales y grandes fortunas), para hacer frente a un gasto farmacéutico que, aunque se consigan ahorros, va a seguir creciendo en el futuro. Porque vivimos cada vez más y se descubren nuevos fármacos para salvar vidas cada vez más caros. No podemos ser “tacaños” en esto.  

jueves, 7 de mayo de 2015

Tope de gasto a los medicamentos


Montoro tiene preparado “un regalo envenenado” a los Gobiernos autonómicos que salgan de las elecciones del 24-M: prestarles dinero sin interés para que financien la sanidad a cambio de que recorten el gasto farmacéutico, poniéndole un tope en otoño. Lo justifica porque ha subido la factura farmacéutica en 2014, tras cuatro años cayendo y a pesar del copago implantado en 2012. El mayor gasto se debe al envejecimiento, a que hay 120.000 nuevos mayores cada año que gastan más en medicinas, aunque paguen 8 ó 18 euros al mes. España ya gasta en medicamentos menos que Europa y no se debía recortar más ni rebajar  drásticamente el precio de las medicinas, de las más baratas de Europa. Porque cuando los medicamentos cuestan lo que una cerveza, los laboratorios no investigan y se exportan (legal e ilegalmente) a otros  países donde pagan más, faltando en España. Hay que huir del recorte fácil y apostar por una medicación responsable, que evite el despilfarro.
 
enrique ortega

Ha subido el gasto farmacéutico, en 2014 y en 2015, tras cuatro años de fuertes recortes. En 2014, aumentaron un 1,05% las recetas prescritas (868,63 millones, 18,6 por español al año) y un 1,92% el gasto en recetas, que fue de 9.359,97 millones de euros, según Sanidad. Los mayores aumentos del gasto farmacéutico se dieron en Melilla (+8,96%), Extremadura (+5,96%), Madrid (+5,39%), Ceuta (+4,77%) y Navarra (+4,10%), bajando solo en el País Vasco (-3,80%) y Galicia (-1,64%). Y en 2015 sigue aumentando  la factura farmacéutica en recetas: 2.374,8 millones entre enero y marzo, un 1,84 % más que en 2014. Además ha que sumar el gasto farmacéutico en hospitales públicos, que también subió un 1,2%, hasta los 4.658 millones, en 2014. Y Farmaindustria prevé que crezca otro 2,8% este año 2015 (más del triple que el gasto en recetas).

El aumento del gasto farmacéutico se debe, sobre todo, al envejecimiento de la población, a que aumenta el número de españoles mayores de 65 años, que suelen gastar más en medicamentos. Así, en enero de 2015 había 8.572.779 españoles mayores de 65 años, 641.615 más que en enero de 2010. Y no es sólo que haya 120.000 nuevos jubilados cada año, que “tiran” más de recetas. Es que casi un tercio de todos los jubilados son mayores de 80 años (2.726.024 españoles), los que porcentualmente necesitan más medicinas. Además, los nuevos medicamentos (sobre todo hospitalarios)  también son más costosos. Y, sobre todo, se ha difuminado el “efecto ahorro” inicial del copago implantado por el Gobierno Rajoy en julio de 2012: al principio, los jubilados (y los activos) se “cortaron” un poco de pedir recetas, al tener que pagar una parte, pero luego volvió a aumentar el gasto (y el despilfarro en muchos casos), porque se habían “acostumbrado” a pagar (entre 8 y 18 euros al mes la mayoría de los jubilados).

Con ello, se ha roto la rebaja del gasto farmacéutico, la mayor hecha en Europa (salvo Grecia), al reducirse la factura en recetas en 3.322,4 millones entre 2009 (el año récord de gasto, con 12.505 millones) y 2013 (9.183,2 millones de gasto). Un ahorro del 27% en cuatro años, forzado por varias medidas tomadas primero por Zapatero (imposición de rebajas de precios a laboratorios y descuentos a farmacias) y luego por Rajoy: copago a los pensionistas (10%) y a los activos (40-60%) y retirada de medicamentos financiables por el SNS (el 1 de septiembre de 2012 salieron 412 fármacos de la financiación pública, “el medicamentazo”). Además, el gasto por receta es también menor por la creciente penetración de los genéricos más baratos (47,9% de las medicinas en valor y 78,3% en unidades dispensadas)  y por las sucesivas rebajas de precios impuestas a los laboratorios, la última en septiembre de 2014. Eso sí, mientras, el gasto farmacéutico en hospitales no ha dejado de crecer, pasando de 4.380 millones (2010) a 4.658 (en 2014).

Ahora, la subida del gasto farmacéutico preocupa al Gobierno y sobre todo a las autonomías, porque muchas no están pagando las recetas a sus farmacias, a las que adeudan varios meses por falta de liquidez. Es el caso de Cataluña, Murcia, Valencia, Baleares, Canarias y Extremadura, donde han tenido que destinar 1.683 millones del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) concedido por Hacienda a pagar recetas. Ahora, el ministro Montoro promete destinar más dinero (sin interés) en 2015 a un Fondo para financiar la sanidad y los fármacos, pero con una condición: que las autonomías pongan un tope al gasto farmacéutico, que no podrá crecer más que la economía (+2/2,5% este año).

Y ya lo han aprobado, vía una enmienda a las Leyes de financiación de las comunidades, aprobada en solitario por el PP el 9 de abril en el Congreso (con el voto en contra de todos los demás partidos). Con ello, las autonomías tendrán que enviar antes del 30 de junio sus datos de gasto farmacéutico (y sanitario) entre enero y mayo de 2015. Y si ha crecido más que la economía, la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos les aprobará medidas para recortar el gasto (farmacéutico y sanitario), que deberán aplicar si no quieren perder dinero del futuro Fondo sanitario. Los partidos se han quejado de que es una injerencia “anticonstitucional” del Gobierno en la gestión autonómica. Y los médicos (OMC) han  criticado con dureza este tope al gasto farmacéutico, ligado a la economía y no a la salud. Mientras, la industria farmacéutica va a firmar (a finales de mayo) un pacto con Hacienda (no con Sanidad), aceptando este tope de gasto, porque prefieren asegurarse un crecimiento a medio plazo (el de la economía) que estar al albur de rebajas y recortes según vaya el gasto ( y además, les han prometido a cambio acelerarles el plazo de autorización de nuevos medicamentos, más caros).

Nadie está en contra en poner orden en el gasto farmacéutico, donde hay todavía despilfarro: muchos pensionistas que “tiran de receta” (con la colaboración de algunos médicos y las consultas “a minuto”) y acumulan medicamentos sin usar o caducados. El problema es que Gobierno y autonomías están utilizando el gasto farmacéutico (14,5% del gasto sanitario) como la vía fundamental para recortar el gasto sanitario: el 79% del ajuste sanitario se ha hecho en los medicamentos. Y al hacerlo, el Gobierno “se ha pasado de frenada: si hasta 2010 había mucho despilfarro, hoy España tiene un gasto en recetas por debajo de la media europea (0,88% del PIB, inferior al 1% que propone Bruselas). Y el gasto farmacéutico público total por habitante era en España de 232 euros (2002), un 23% inferior a la eurozona (301 euros) y aún más bajo que el de Francia (383,6 euros) y Alemania (384,7 euros), según Eurostat. Y en 2014 subió a 300 euros por habitante (recetas y hospitales), un gasto menor que en Europa y similar al de España 2005, según Farmaindustria.

¿Cuál es el problema de este drástico recorte del gasto farmacéutico?  Los bajos precios de los medicamentos, forzados por las sucesivas rebajas impuestas a los laboratorios desde 2010. Con ello, el precio medio de las medicinas en España está un 15% por debajo de la media de la eurozona (y un 31% más bajo que en Alemania), según Farmaindustria. Y con los últimos precios de referencia, implantados en septiembre de 2014, el Gobierno ha obligado a los laboratorios a que apliquen el precio del país que lo tenga más bajo en Europa. O sea que si ya teníamos los fármacos más baratos tras Portugal, Eslovaquia y Estonia, ahora acabarán siendo los más baratos de Europa. Algo que suena bien, pero tiene dos problemas.

El primer problema es que si caen drásticamente los precios de los medicamentos, los laboratorios tienen menos incentivos para investigar y descubrir otros nuevos. De hecho, el gasto en I+D+I de la industria farmacéutica (líder en investigación) ha caído desde 2010. Y sólo 2 de cada 10 medicamentos autorizados son innovadores, lo que tiene mucho que ver con que cada vez se venden medicamentos más baratos: un 51% cuestan menos de 3,5 euros y sólo un 14% valen más de 20 euros, habiendo bajado drásticamente la cuota de los medicamentos innovadores (del 4,1% en 2010 al 2,8% en 2014).

El segundo problema es que si cae drásticamente el precio de los medicamentos en España, los laboratorios tenderán a exportarlos fuera, a países como Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y países del Este, donde los precios están hasta un 30% más altos. Y también se exportan medicamentos ilegalmente, a través de redes de farmacias (que “distraen” medicamentos y vacunas destinados a los españoles) y almacenes que exportan ilegalmente, con un 80-150% de beneficio: ya hay 80 imputados (entre boticarios y almacenes) y más de 200 farmacias investigadas, en distintas operaciones desde 2014. Ahora, la Agencia del Medicamento ha preparado un Plan para cruzar datos de compras y ventas y reducir este fraude, que además va a ser perseguido con más penas: el 1 de julio entra en vigor el nuevo Código Penal, que establece de 1 a 4 años de prisión e inhabilitación profesional para un delito que hasta ahora sólo tenía sanciones administrativas.

La consecuencia de tener medicamentos con precios muy bajos, que cuestan lo que una cerveza, es que se exportan más (legal e ilegalmente) y eso provoca desabastecimientos de algunas medicinas en España, en farmacias y en los hospitales, sobre todo algunas vacunas, anticancerígenos y fármacos contra los efectos de la quimioterapia, los trasplantes, la leucemia, la epilepsia y el Parkinson. Actualmente, existen 185 medicamentos “en falta”, según esta lista que publica cada día la Agencia Española del Medicamento. La mayoría se sustituyen por otros, pero eso causa incertidumbre a muchos pacientes.

Otro efecto de esta carrera (inútil) por rebajar como sea la factura farmacéutica es que se está cargando muchas farmacias, cuyas cuentas no les salen por el doble efecto de la caída de ventas (más recetas con menos gasto) y el aumento de los descuentos forzados, más la morosidad de muchas autonomías. Con ello, la caída de márgenes ha sido del 34% en los últimos cinco años y eso lleva a que un 20% de las 21.559 farmacias españolas estén con problemas y un 5% (más de 1.000) en riesgo de cerrar, según Cofares, poniendo en peligro un eslabón clave de la asistencia sanitaria en España. Y en cuanto a los usuarios, el recorte se está dando en los medicamentos financiados, que son cada día menos. Y por el resto, los medicamentos “libres” (39% ventas, casi la mitad de las unidades vendidas), cada vez pagamos más. De hecho, la Cruz Roja ha advertido que un tercio de las familias que les piden ayuda es para comprar medicinas que no cubre la sanidad pública.

Hay que poner orden en el gasto sanitario, eso es indudable. Pero no con un tope ligado a lo que crezca la economía. Hace falta un gran acuerdo con los médicos para que receten menos, lo imprescindible, porque se abusa de los medicamentos (sobre todo de los antibióticos) y muchos de los nuevos fármacos que sacan los laboratorios no son innovadores (no aportan ventajas y si un mayor precio). Y hace falta una campaña de mentalización a los pacientes, sobre todo a los mayores, para evitar el abuso y el despilfarro. Sin olvidar los hospitales, que tendrían que vigilar más su gasto farmacéutico,  sin amenazar con copagos a los pacientes. Pero luego, habrá que pagar los medicamentos por lo que valen, sin racanear en el pago para rebajar el déficit a costa de que no se investigue o se exporte y falten medicinas en España. Esto es muy serio y no puede decidirse con criterios contables. La salud no tiene precio.