Mostrando entradas con la etiqueta déficit público.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta déficit público.. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de mayo de 2018

El problema nº 1 : España recauda poco


España es el país con más déficit público de toda Europa. La culpa no es que gastemos más que los demás países, porque somos el 10º país que menos gasta. La causa del “agujero” en nuestras cuentas públicas está en que ingresamos mucho menos: somos el 8º país que menos recauda por impuestos. Si España  recaudara como el resto de Europa, ingresaríamos 81.500 millones más cada año. Y con esos ingresos extras, España no tendría déficit y podría gastar más en pensiones, empleo, sanidad, educación, tecnología y tantas cosas que necesitamos. Por eso, la clave es recaudar más. ¿Cómo? Subiendo algunos impuestos (carburantes e IVA reducidos), recortando beneficios fiscales y haciendo que paguen más impuestos los que pagan poco (grandes empresas, bancos, multinacionales y ricos), no la mayoría de españoles. Pero ni PP ni Ciudadanos quieren hablar de eso y defienden incluso bajar impuestos. Así se agrava el problema. Porque no se pueden tener unos servicios de Suecia con unos impuestos de Marruecos (algunos privilegiados).


enrique ortega


España lleva varios años siendo el país europeo con más déficit público: el 3,1 % del PIB en 2017, el triple que la UE-28 (-1% déficit), por delante de Portugal (-3%), Rumanía (-2,9%), Francia (-2,6%), Italia (-2,3%) y hasta Grecia (superávit 0,8% del PIB). Y este año 2018 también seremos líderes en déficit público, un 2,6% del PIB, 31.000 millones de agujero en las cuentas públicas (ingresos-gastos), cuatro veces más déficit que la media europea (-0,6% del PIB de déficit en 2018), según las últimas previsiones de la Comisión Europea.

La culpa de este déficit público “estructural” en España no está en que gastemos más que los demás países. Al contrario, gastamos menos que la media: un 41% del PIB en 2017 frente al 45,8% en la UE-28 y al 47% del PIB que gastan los países euro. O mucho menos del 56,5% del PIB que gasta Francia, el país con más gasto público, el 48,9% de Italia, el 43,9% de Alemania o el 41,1% de Reino Unido, según los datos de Eurostat (2017). Eso quiere decir que España gasta 55.835 millones menos cada año que la media europea, siendo el 10º país de los 28 con menos gasto público. Y a pesar de eso, somos los que tenemos más déficit.

La culpa es del otro lado de las cuentas, de que ingresamos menos que la mayoría. España recaudó en 2017 el 37,9% del PIB, frente al 44,9% que recaudó la UE-28, el 45,8% que recaudaron los países del euro y la alta recaudación de Francia (53,9% del PIB), Italia (46,6%), Alemania (45,2%) e incluso Reino Unido (39,1% del PIB), según los datos de Eurostat (2017). Eso quiere decir que si España recaudara como los demás países europeos, ingresaríamos 81.456 millones de euros más cada año (o 91.929 millones más si recaudáramos como la media de los 19 países del euro donde estamos). Con ello, podríamos tapar el agujero del déficit y encima gastar más dinero en necesidades públicas, de las pensiones al paro.

El problema pues no es que España gaste mucho sino que recauda muy poco. Y este problema no es nuevo, lo teníamos ya antes de la crisis. Así, en 2004, en plena burbuja inmobiliaria,  España recaudaba poco  más que ahora: un 38, 7% del PIB (37,9% en 2017), frente al 44% la UE-28 (5,3% de diferencia). Y aunque marcó un máximo en 2007 (41,4 % del PIB de recaudación en España, frente al 44,7% en Europa), luego cayó la recaudación (hasta un 36% en 2011, frente al 44% en Europa) y apenas se ha recuperado hasta el 37,9% actual, a pesar de tres años de fuerte crecimiento, manteniéndose un 7% de diferencia con Europa. O sea, que con crisis o con recuperación, España recauda bastante menos.

¿Por qué España recauda menos? Básicamente, “porque España tiene un sistema impositivo muy ineficiente”, señala un reciente informe de FEDEA. Al compararnos con el resto de Europa, demuestra que España recauda porcentualmente menos en todos los impuestos, desde el IRPF y el IVA a los impuestos especiales, las tasas y el impuesto de sociedades. Veámoslo en cada impuesto.

En el impuesto sobre la renta (IRPF), España es el tercer país europeo que menos recauda, sólo por detrás de Grecia y Portugal, según este estudio de Fedea: un 7,5% del PIB de media, frente al 10% de media europea, el 9% de Alemania o Francia, el 12% de Italia o el 27% de Dinamarca. Y eso no porque tengamos unos tipos del IRPF bajos (los marginales, por cada euro más de renta, son de los más elevados de Europa), sino porque los tipos efectivos que realmente se pagan son bajos. Y eso, porque en el IRPF hay muchos beneficios fiscales, que restan ingresos: 14.800 millones en 2016, un 18,6% de la recaudación perdida. Además, con los tipos y exenciones, la presión fiscal de las familias españolas es inferior a la europea: un matrimonio paga por IRPF una media del 13,9% de los ingresos, frente al 14,5% de media en la UE-28, según la OCDE. Y también las cotizaciones sociales son más bajas.

En el IVA, somos también el tercer país europeo que menos recauda, tras Irlanda e Italia: el 6,3% del PIB frente al 6,9% de media en la UE. Y eso después de que  el IVA haya subido dos veces (en 2000 y en 2012), hasta el 21%, un tipo en línea con la media europea (del 19% que se paga de IVA en Alemania al 25% en Suecia o Dinamarca). El problema vuelve a estar en las bonificaciones, en que hay muchos productos y servicios que pagan el IVA reducido (10%) y superreducido (4%), con lo que el tipo efectivo del IVA en España, el que realmente se paga es del 15,2% frente al 20,1% de media en la UE-28, según el estudio de Fedea. Y eso porque sólo en 2016, con esas bonificaciones de tipos a muchos artículos y servicios (como el discutible 10% de IVA que pagan hoteles y restaurantes), se dejó de recaudar 22.333 millones de euros, lo que supuso perder el 32% de la recaudación potencial por IVA.

En el impuesto de Sociedades (que pagan las empresas), la recaudación en España está también a la cola de Europa: el 2,3% sobre el PIB, por debajo del 2,5% que recauda la Europa del euro. Y estos ingresos se han desinflado no sólo por la crisis (caída ingresos del ladrillo) sino porque los Gobiernos (ZP y Rajoy) han bajado el tipo nominal, del 35% al 25% actual,  inferior a la media de la UE (28%) y de países como Francia o Bélgica (34%), Italia (31%) o Alemania y Portugal (30%), según el informe de FEDEA. Y además, ese tipo no se aplica, porque también aquí hay beneficios fiscales en cantidad: 3.800 millones de euros en 2016, el 15% de la recaudación que se pierde. Y con ello, las grandes empresas, gracias a las deducciones fiscales que consiguen, pagan un tipo efectivo del 7,3%, menos que las pymes (15% beneficios) y que la mayoría de contribuyentes (14,9% ingresos). Y se da incluso el caso de que hay grandes empresas, como el Santander o el Corte Inglés, que han conseguido algunos años que Hacienda les devuelva…

Un inciso importante sobre el impuesto de Sociedades. La legislación les permite a las grandes empresas ahorrarse impuestos futuros con "créditos fiscales" que se les conceden por hacer provisiones sobre activos, aportaciones a Planes de pensiones de empleados y pérdidas en alguna filial. En noviembre de 2011, el Gobierno Rajoy autorizó a los bancos a apuntarse 50.000 millones de euros en activos fiscales diferidos (los DTA), créditos fiscales que les permitirían pagar menos impuestos en el futuro. Y gracias a ellos, los 4 grandes bancos tienen 58.717 millones en créditos fiscales, que les permitirán ahorrarse unos 15.000 millones en impuestos en los próximos años (sólo 6.000 el Santander). Y si sumamos los créditos fiscales de las demás empresas del IBEX, sobre todo eléctricas, petroleras, telecos y constructoras, suman 100.000 millones de créditos fiscales, un "premio" para que se ahorren 25.000 millones en impuestos estos años. Por eso la recaudación de Sociedades cayó a la mitad (23.143 millones en 2017 frente a 44.823 en 2007), mientras nosotros pagamos más.

Veamos ahora los impuestos especiales (carburantes, alcohol y tabaco), donde España también recauda menos que el resto de Europa: un 2,1% del PIB frente al 2,3% de media en la UE-28 y el 3% en Dinamarca, Finlandia, Reino Unido o Grecia. El alcohol paga en España la mitad de impuestos que en Europa (0,10% PIB frente al 0,20%). El tabaco paga un 78,8% del precio de venta, a medias entre el 62,5% de Luxemburgo y el 87,5% de Grecia. Y donde hay una gran diferencia es en los carburantes: en el diesel, España es el 5º país UE con menos  impuestos (0,573 euros/litro frente a 0,667 en Alemania, 0,941 en Francia o 1,01 euros en Italia) y en la gasolina, el 7º país donde se pagan menos impuestos (0,683 euros/litro frente a 0,880 en Alemania, 0,890 en Reino Unido, 0,941 en Francia o 1,014 en Italia).

En las herencias, el impuesto de sucesiones y donaciones, España recauda cada año 3.250 millones menos que la media europea. Y nos quedan las tasas y precios públicos, donde España es el 2º país con menos recaudación de Europa, tras Irlanda: recauda el 2,2% del PIB, frente al 3,1% de la UE-28, el 3,2% de Alemania, el 4% de Francia y el 7,5% de Finlandia.

En resumen, como se ha visto, España recauda menos en todos los impuestos, no tanto porque tengamos los tipos más bajos (que también) sino porque deja de ingresar cada año 40.000 millones en beneficios fiscales por IRPF, IVA y Sociedades, de los que se benefician unos españoles (los que tienen Planes de pensiones, los restaurantes o las grandes empresas con filiales en el extranjero) y no otros, en perjuicio de la recaudación general. Y además, hay mucho fraude fiscal, en el IVA, en impuestos especiales, Sociedades y el IRPF (menos), estimado en unos 40.000 millones de euros anuales por los Técnicos de Hacienda (GESTHA). Por todo ello ingresamos menos que Europa (81.500 millones menos).

El resultado de esta “ineficacia fiscal” es que España lleva 4 años creciendo y sin embargo, en 2017 recaudó menos que en 2007: 198.100 millones de euros frente a 200.676 millones recaudados en 2007, según Hacienda. En el IRPF ya recaudamos más que antes de la crisis (77.038 frente a 72.614 millones), igual que en el IVA (63.647 millones frente a 55.851, el mayor “salto” en la recaudación total) y en impuestos especiales (20.308 frente a 19.786 millones en 2007), pero donde está “el gran agujero” es en el impuesto de sociedades: en 2017 se recaudaron 23.143 millones, casi la mitad que en 2007 (44.823 millones). Y eso a pesar de que las empresas llevan tres años largos con beneficios y ganan ya más que en 2008 (267.680 millones en 2017 frente a 169.206, según el INE) . Y su porcentaje de beneficio bruto, el 42,8% de la producción, es de los más elevados de Europa (40% de media en la UE).

Así que hay margen para recaudar más, en todos los impuestos pero sobre todo en Sociedades, haciendo que las grandes empresas, bancos y multinacionales paguen más impuestos, lo mismo que los más ricos, que pagan “legalmente” poco acogiéndose a empresas pantalla o a SICAV (y a paraísos fiscales). La Comisión Europea ya le ha dicho a España que debe recaudar más por IVA (quitando el IVA reducido y superreducido a muchos productos y atacando más el fraude del IVA podría recaudar 16.000 millones más) y subir los impuestos al gasóleo y a la gasolina (otros 2.000 millones más de ingresos), así como varios impuestos medioambientales (otros 2.000 millones extras). Pero el ministro Montoro se niega, mientras confía en aumentar la recaudación con el puro crecimiento de la economía y con un nuevo impuesto, sobre las tecnológicas, que no estará listo hasta 2019 (lo tiene que aprobar Europa) y que sólo reportará entre 600 y 1.500 millones extras al año.

La mejora de la recaudación, esos 81.500 millones más que nos faltan cada año para “recaudar como europeos”, pasa por una reforma fiscal en todos los impuestos, haciendo que paguen más los que hoy pagan “legalmente menos” (grandes empresas, bancos, multinacionales y los más ricos), no la mayoría de los españoles, que ya pagan el 83% de todos los impuestos (empresas y ahorradores pagan el 17% restante). Pero eso supone hacer pagar más impuestos a sectores poderosos, con mucha influencia política y mediática, razón por la que no lo quieren aplicar ni el PP ni Ciudadanos, que defienden bajadas de impuestos, este año (incluso han bajado “de tapadillo” el impuesto al juego online, del 25 al 20%) y sobre todo en 2019, de cara a las próximas elecciones. Un camino que recortaría aún más la recaudación y nos impediría gastar más en lo que hace falta.

Porque la urgencia de recaudar más es porque ayudaría a solucionar los mayores problemas de España. Si conseguimos ingresar 40.000 millones más (de los 81.500 menos que recaudamos respecto a Europa), podríamos reducir drásticamente el déficit (10.000 millones) y destinar los 30.000 millones restantes a gastos públicos que nos hacen mucha falta: luchar contra el paro (4.000 millones), las pensiones (10.000 millones), paliar la pobreza (4.000 millones), mejorar la sanidad y la educación (2.000 millones cada una), paliar el déficit en Dependencia (1.000 millones) y destinar el resto (4.000 millones) a tecnología, infraestructuras, digitalización y modernización de la economía, para asentar la recuperación. Pero todo eso no puede hacerse con el sistema fiscal ineficiente que tenemos y sin una lucha más decidida contra el fraude fiscal, con más medios (hay 1.928 contribuyentes por inspector frente a 860 en Francia o 729 en Alemania).

En resumen, el problema nº 1 es que España recauda poco y si lo resolviéramos, recaudando como el resto de Europa, tendríamos mucho futuro ganado. No podemos exigir unas pensiones y unos servicios públicos “europeos” cuando tenemos una recaudación fiscal tercermundista. Si queremos un país más moderno, un mejor Estado del Bienestar, más empleo y mejores pensiones, alguien tendrá que pagarlo. Y deben ser los que hoy pagan menos, no la mayoría de españoles que viven de una nómina y ya pagan bastante. O se recauda más o no se podrá gastar más en lo que hace falta  y seguiremos con el déficit público muchos años. Este debería ser el gran debate, pero nadie lo hace hoy día (tampoco la "oposición") . Así nos va.

jueves, 24 de octubre de 2013

Tenemos paro para rato


Hemos salido de la segunda recesión en cinco años. Es una buena noticia. Pero seguimos en crisis, con un crecimiento casi inexistente (+0,1%). Y lo peor: vamos a seguir estancados otro lustro. El FMI augura que España crecerá menos del 1% hasta 2018. Y así, apenas se creará empleo y el paro seguirá dentro de 5 años en el 25% (uno de cada cuatro españoles sin trabajo y la mitad de los jóvenes). Este verano, el paro ha bajado por segundo trimestre consecutivo, según la EPA de hoy, pero ha sido más porque hay menos gente buscando trabajo (aumentan los “desanimados”) que porque se haya creado empleo: ha sido poco (+39.500 empleos, la cuarta parte que en el trimestre anterior), temporal y en el turismo, cayendo el empleo en los demás sectores. Así que no echen las campanas al vuelo. Seguimos estancados y con 5,9 millones de parados, más del doble que Europa. Un drama.

                                                                      Enrique Ortega
El primer problema de España, el paro, sigue ahí, con o sin recesión. La EPA del tercer trimestre no es como para echar cohetes. Apenas se crea empleo: +39.500, la cuarta parte que el trimestre anterior (+149.000), a pesar de ser el verano. Y es un empleo casi todo temporal y en el sector servicios (turismo y hostelería), ya que el empleo ha caído en el campo, en la construcción y en la industria. Y todavía hay 133.900 ocupados menos que a principios de año. En cuanto al paro, baja en 72.800 personas en el tercer trimestre (la tercera parte que en el segundo, que bajó en 225.200) y la mitad de esa bajada se debe a que siguen cayendo los que buscan trabajo (-33.300 en el trimestre y -194.000 en lo que va de año), porque crecen los “desanimados”, personas que ya ni buscan empleo (jóvenes e inmigrantes que se van de España) y mujeres y mayores de 50 años que lo ven tan negro que ya ni buscan trabajo. De no ser por ellos, seguiríamos por encima de los 6 millones de parados (ahora son 5.904.700).

Lo peor no es sólo que apenas se cree empleo y el paro sea elevadísimo. Hay tres datos más en la EPA muy preocupantes. Uno, que más de la mitad de los parados, 3.456.400 (58,5%) llevan más de un año sin trabajar (2.176.000 de ellos más de 2 años y 1.200.000 más de 3 años). Un dato preocupante, porque cuanto más tiempo se lleva en paro, menos posibilidades hay de encontrar empleo (sólo unos 11,7% pasados los dos años). El segundo, que sigue habiendo dos Españas para el paro y que las autonomías donde supera el 30% han ido a peor: Melilla (41,2% de paro), Andalucía (36,7%), Canarias (35,12%), Extremadura (33,2%) y Ceuta (31,85%). Y tercero, que más de la mitad de los parados EPA no cobra ningún subsidio: de los 5.904.700 que se consideran parados, sólo cobran  el 48,77 % (2.879.784 en agosto, según datos de Empleo), un 47% el subsidio de 821 euros y la mayoría 426 euros. Sólo hay 8 autonomías donde más de la mitad de los parados cobran (País Vasco, Extremadura, la Rioja, Cantabria, Navarra, Galicia, Castilla y León y Aragón) y en las 11 restantes hay una mayoría que no cobra, destacando la bajísima cobertura de Melilla (sólo 33,5% parados EPA cobran), Murcia (38,6% cobran) y Canarias (41,6%).

Al final, lo importante es que, si corregimos el efecto calendario de la EPA (que sea verano), cae el empleo y crece el paro en el tercer trimestre de 2013. Y van 22 trimestres consecutivos así, desde abril de 2008. Y que tenemos un 25,98% de paro, más del doble del paro europeo (10,9%) y muy lejos del paro de Alemania (5,2%), Reino Unido (7,6%), Francia (11%) o Italia (12%). Es lo grave.

Y lo preocupante es que las perspectivas son poco halagüeñas, a pesar de que acabamos de salir de la segunda recesión (9 trimestres de crecimiento negativo, entre el 2º trimestre 2011 y el 2º trimestre de 2013). En el tercer trimestre, España ha crecido un mínimo 0,1% y el Gobierno confía en crecer un 0,7% en 2014 y un 1,2% en 2015. Pero hay tres riesgos muy serios para conseguirlo. El primero, que no despega el consumo (por culpa del paro, los bajos salarios, los impuestos y recortes) y así es difícil crecer. Segundo, que no hay crédito y además es caro, con lo que las empresas, que no venden, siguen asfixiadas y aumentan los cierres y suspensiones de pagos (Fagor, Panrico, Pescanova…). Y tercero, que España tiene difícil cumplir con el recorte del déficit prometido a Bruselas, como ha advertido el Gobernador del Banco de España, por la caída de la recaudación. Y si no se cumple, el Gobierno tendrá que hacer recortes adicionales (o subidas de impuestos), que pondrán en peligro la débil recuperación. Más si Rajoy ha prometido a Bruselas otro ajuste de 17.000 millones en autonomías y Ayuntamientos para 2014-15.

Por todo ello, el FMI cree que España apenas crecerá en los próximos años entre un 0,2% (2014) y un 0,9% (2017), vaticinando que sólo creceremos por encima del 1 %  en 2018  O sea, otro lustro estancados y una década perdida, como las de Latinoamérica (años 80-90) o Asia (años 90) o la de Alemania (su crisis duró entre 1995 y 2005).

O sea, que nos queda por delante una recuperación lenta y larga. La peor consecuencia es que apenas se creará empleo, porque para dar trabajo de verdad hay que crecer en torno al 2% al menos. De ahí que el FMI estime que España va a seguir perdiendo empleo este año (-510.000 empleos según el Gobierno español) y también en 2014 (-123.000 empleos prevé el FMI, frente a -20.000 la patronal CEOE y -30.000 el Gobierno). Y aunque se cree empleo neto después, será insuficiente y el paro no bajará del 25% hasta 2018, según el FMI.

Tenemos, pues, paro para rato y muchos de los 5,9 millones de parados actuales tendrán difícil volver a trabajar, tras pasar cuatro, cinco o siete  años en el paro antes de que empiece a crecer de verdad la economía. Ese es el drama de verdad, al margen del triunfalismo del Gobierno, los récords de la Bolsa y la llegada de dinero extranjero a España a la caza de gangas (en deuda, acciones, empresas, viviendas, edificios y solares). Y la mayoría de las  familias tampoco notan la recuperación, porque los salarios siguen y seguirán cayendo, los impuestos no bajarán hasta 2015 (si bajan) y los recortes siguen ahí, datos que no alientan a gastar. Y si no se consume más, las empresas no venden y apenas crecemos. El círculo vicioso de la austeridad.

Un país con un 25% de paro (y el 56% los jóvenes) no puede estar tranquilo porque haya empezado a crecer una décima y menos si va a tardar otro lustro en crecer suficiente para crear empleo. Hay que acelerar la recuperación, porque tenemos un problema que no tiene ningún otro país europeo: el doble de paro. Eso exige un Plan de choque contra el paro, con cuatro patas. Una, dedicar más recursos al desempleo, porque no es de recibo que más de la mitad de los parados no cobren nada (lo que ha disparado la pobreza). Dos, invertir más en formación (la mitad de los parados carecen de formación) y en subvencionar los contratos fijos, con menos cotizaciones y rebajas fiscales. Tres, poner en marcha una reforma fiscal que aumente la recaudación en 50.000 millones (se puede), haciendo que paguen más grandes empresas, multinacionales y los más ricos, bajando impuestos a la mayoría. Y cuatro, negociar con Bruselas un plan de ayudas a los sectores y empresas con más futuro, a la innovación, la tecnología, el turismo y las exportaciones, para reducir la brecha de paro con la UE.

Se puede y se debe bajar el paro al 15% en unos años. Pero hace falta otra política que ponga el foco no en recortar el déficit sino en crear empleo, como ha pedido  incluso el FMI. Si no se acaba con esta austeridad suicida, Rajoy conseguirá un país con menos déficit y muy atractivo para los inversores pero un país que apenas crece y donde uno de cada cuatro (o de cada cinco) españoles siga sin trabajo. No podemos permitirlo.