Mostrando entradas con la etiqueta prima de riesgo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prima de riesgo. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de septiembre de 2022

Segunda subida (peligrosa) de tipos de interés

Hoy jueves, el BCE subirá el precio oficial del dinero (+0,50%, quizás +0,75%), tras subirlo a finales de julio (+0,50%), por primera vez desde 2011. Una medida que pretende frenar la inflación en Europa, pero que va a ser poco eficaz, porque esta vez la inflación no es porque la economía esté recalentada y el dinero más caro no va a frenar el precio del gas, la luz o los alimentos. Pero la subida de tipos, que va a seguir en los próximos meses, va a tener un alto coste para la economía, para las familias y empresas: encarece las hipotecas (120 euros al mes), los créditos y la deuda pública, recortando aún más los ingresos de las familias y negocios, lo que reducirá su consumo e inversión y recortará el crecimiento, agravando los efectos de la inflación. Por todo ello, la subida de tipos es una receta peligrosa (e inútil), que puede provocar la recesión en Europa y daña más a los más vulnerables. Atajen la inflación por otros caminos, que los hay.

Enrique Ortega

Los tipos de interés son una herramienta básica de la política económica. El precio oficial del dinero lo fijan los bancos centrales (Banco Central Europeo, Reserva Federal USA, Banco de Inglaterra, Banco de Japón…), instituciones independientes de los Gobiernos, para que puedan decidir libremente cuando encarecen o abaratan el dinero, como principal “arma” contra la inflación. Cuando las economías crecen mucho, hay un exceso de consumo e inversión, los precios se disparan y hay riesgo de que la inflación se “coma” los ingresos de familias y empresas, provocando una crisis. Receta: los bancos centrales suben los tipos de interés, el dinero es más caro, se gasta y se invierte menos y la economía “se enfría”. Es lo que pasó en la “burbuja” de principios de siglo, cuando los tipos estaban en el 5,25% (USA, 2006 y 2007) y el 4% (Europa 2007). Pero llegó la crisis financiera, en 2008, y los bancos centrales hicieron lo contrario (ver gráfico): bajaron el precio oficial del dinero para “reanimar la economía”, bajando los tipos al 0% (en 2009 en USA y en 2016 en Europa), donde han estado hasta que estalla la actual inflación, desatada por la invasión de Ucrania.

La inflación “objetivo para todos los bancos centrales es el 2% anual. Y como rondaba esa cifra, más con el parón económico de la pandemia, han estado “tranquilos” hasta 2021. El año pasado, la recuperación de la actividad tras lo peor del COVID, la mayor demanda, la falta de productos en China y otros productores, más los “atascos” en el comercio marítimo mundial, ya dispararon los precios en primavera y verano (4,2% inflación en USA en mayo y 3% en la zona euro en agosto). A finales de 2021, la inflación creció más (6,8% anual en USA y 5% en la zona euro), debido a la energía y a las maniobras de Putin para recortar la oferta de gas. Pero tanto el BCE como la Reserva Federal esperaron a tocar los tipos: pensaron que era una inflación “temporal”, que se iría corrigiendo. Pero con la invasión de Ucrania (24-F 2022), la inflación mundial se disparó (7,9% en marzo en USA y 7,4% en la zona euro).

La Reserva Federal USA no esperó más y el 17 de marzo de 2022 subió los tipos de interés un +0,25% (por primera vez desde 2018), cuando llevaban en el 0% desde marzo de 2020, por la pandemia. Y como la inflación no cae, sino que sigue subiendo (hasta un máximo del +9,1% en julio, el récord en 40 años), la Reserva Federal hace tres subidas más (+0,50% en mayo y +0,75% en junio y julio), hasta dejar los tipos en el 2,25%, aunque volverá a subirlos este mes de septiembre (+0,50%) y los siguientes, en un escenario que prevé dejarlos en torno al 3% a finales de 2022.

Mientras, el BCE “se ha estado pensando” subir tipos, porque temía llevar a Europa a la recesión si encarecía el dinero en plena crisis por la invasión de Ucrania. Y finalmente, presionado por los bancos centrales más “ortodoxos” (Alemania, Holanda, Austria y países bálticos), decidió subir tipos moderadamente (+0,50%) el 21 de julio, la primera subida del dinero en Europa desde noviembre de 2011. Y hoy, 8 de septiembre (con una inflación histórica del +9,1% en la zona euro en agosto), el BCE aprobará la 2ª subida de tipos (frente a las 5 subidas que hará EEUU), que podría ser incluso del +0,75%, dejando el precio oficial del dinero en el 1,25% (o el 1%), la mitad que en USA.Y hay fuertes presiones de países y expertos para que la subida del dinero siga y ronde el 2% a finales de año.

Hasta aquí, el distinto camino en la subida de tipos de EEUU y Europa, mientras también han subido tipos los demás países, desde Reino Unido (1,75%) o Canadá (2,50%) a China (3,65%), salvo Japón (-0,10%). La duda es si la receta de subir tipos servirá contra la inflación actual, porque esta vez (a diferencia de los años de la burbuja previa a 2008) no estamos ante una inflación de demanda (no suben los precios porque haya mucha actividad y la economía esté “recalentada”) sino ante una inflación de oferta (de costes), por el aumento desmesurado de la energía, los alimentos y las materias primas. Y por eso, ya hay expertos que alertan de que la receta “ortodoxa” de combatir la inflación encareciendo el dinero no va a funcionar, porque la subida de tipos no evitará que sigan subiendo el gas natural, la electricidad, el petróleo, los carburantes o los alimentos. Mercados que se rigen por otros mecanismos y donde Putin juega con los precios como “arma de guerra” contra Occidente.

El problema es que la subida de tipos puede no funcionar contra la inflación, pero es seguro que va a empeorar la situación de las familias y empresas europeas. De hecho, ya lleva meses haciéndolo, al haber subido el Euribor (el tipo al que se prestan los bancos europeos entre ellos) desde diciembre de 2021: estaba en negativo (-0,502) y se puso en positivo ya en abril (+0,013%), tras la primera subida de tipos en USA (marzo), y ha cerrado agosto en el +1,249%, el Euribor más alto desde mayo de 2012 (+1,266%). Y los expertos prevén que el Euribor cierre el año en el entorno del +1,8 al +1,9%, tras estar en negativo (por los tipos al 0%) entre febrero de 2016 y marzo de 2021.

¿Qué consecuencias tiene esta fuerte subida del Euribor? La primera y más llamativa, que las familias pagarán más por su hipoteca: se estima que hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo de interés variable y el 90% de ellas referenciadas al Euribor (pagan de interés el Euribor más un diferencial del 1 al 2%). Así que las 3,6 millones de familias con una hipoteca variable referenciada al Euribor les ha subido o les va a subir su cuota mensual cuando la revisen (anualmente). La estimación es que, con el Euribor actual, la cuota de una hipoteca media (150.000 euros a 25 años) les suba 120 euros al mes (1.400 euros al año). Y será más cuanto más suban los tipos y el Euribor.

Además de pagar más por su hipoteca, los jóvenes y las familias tendrán más difícil conseguir una hipoteca nueva, porque ahora, al subir las cuotas y el dinero, los bancos “mirarán con lupa” (más) a los solicitantes, porque temen que les suban los impagos, dado que el endeudamiento de las familias ha aumentado con la pandemia, hasta los 704.000 millones de euros, según el Banco de España. Y lo mismo pasará con la solicitud de los créditos personales, que también se han encarecido. Además, la banca está tratando de que los clientes (nuevos y antiguos) contraten hipotecas a tipo fijo (más caras), que ahora parecen más convenientes, pero que pueden ser una mala opción a 25 años, cuando lo normal es que la inflación y los tipos vuelvan a niveles normales (en torno al 2%).

La subida de tipos perjudica también a las empresas, que ya están sufriendo la subida del Euribor a 3 meses, el que se utiliza con sus créditos: ha pasado del -0,572% en diciembre de 2021 a un tipo récord del +0,654% a finales de agosto. De hecho, en el primer semestre de 2022 (antes de la 1ª subida del BCE), el interés medio de los créditos a las empresas había subido entre un +11 (los préstamos de hasta 250.000 euros) y un +22% (los préstamos de más de 1 millón de euros), según el Banco de España. Así que las empresas tendrán que pagar más por los nuevos créditos y por los que ya tienen. El saldo “vivo” del crédito de la banca a las empresas es de 561.373 millones de euros y dos tercios de esa deuda está referenciada a tipo variable, los que más van a notar la subida de los tipos y el Euribor. Y estos mayores costes financieros les llegan a las empresas cuando aún están pendientes de pagar los créditos ICO solicitados para afrontar la pandemia (lo peor lo tienen las pymes, que están pendientes de devolver 130.000 millones de estos créditos).

Junto a las familias y las empresas, el Estado (el Presupuesto, todos) también sufrirá la subida de tipos hecha y por hacer. Primero, porque se han encarecido (y se encarecerán más) los intereses que hay que pagar por la deuda pública: si en enero de 2022, España colocaba sus bonos a 10 años pagando un 0,60% de interés, en junio ya pagábamos el 2,779% y ayer 7 de septiembre había que pagar a los inversores el 2,709% (una “prima” de riesgo o plus de 1,14% frente al bono alemán, que se colocaba pagando el 1,5640%). Este encarecimiento de la deuda, por la subida de tipos, irá a más y aumentará la factura de intereses del Presupuesto 2022 y 2023, después de pagar 31.675 millones en 2021 (la segunda mayor partida de gasto público, tras las pensiones). El problema es que esta mayor factura en pagar los intereses de la deuda pública podría ser de 12.000 millones extras entre 2022 y 2025, según la AIReF, lo que significa que la subida de tipos puede comerse en tres años el presupuesto anual de sanidad, educación y cultura juntos.

Así que la subida de tipos y de los intereses de la deuda complica aún más las cuentas públicas, restando recursos para otros gastos y ayudas (después de que las medidas contra la inflación hayan supuesto ya un gasto público extra de 30.000 millones de euros). Y todo será medianamente asumible mientras no estalle otra crisis de la deuda en Europa, como en 2010-2012. El BCE ha asegurado que no va a permitir que los mercados “especulen” contra la deuda de Italia, Grecia, España y Portugal, encareciéndola aún más, para lo que aprobó en julio un “mecanismo anti fragmentación, que permite la compra extraordinaria de deuda de los países que sean injustificadamente “atacados” por los mercados. Hasta ahora ha funcionado, pero veremos si es efectivo tras las elecciones en Italia, el 25 de septiembre, cuando existe el riesgo de que “vuelva el baile” contra la deuda de los países del sur.

En definitiva, que la receta de subir tipos contra la inflación tendrá un alto coste para familias, empresas y las cuentas públicas de los países. Y hay un coste más: la depreciación del euro. Al tener EEUU un tipo de interés más alto que Europa y reforzarse el dólar como “moneda refugio” de esta crisis (como en todas), el euro lleva meses perdiendo valor frente al dólar y ayer cotizaba a 0,9904 euros por dólar, el precio más bajo desde que existe la moneda europea (llegó a cotizar a 1,2324 euros en junio de 2021) y una caída del -12,7%   desde la invasión de Ucrania (cotizaba el 23-F a 1,1344 euros por dólar). Eso significa que la caída del euro encarece un +12,7% todos los productos importados que Europa y España pagamos en dólares (la mitad de lo que importamos). Así que otra consecuencia de la subida de tipos es que cae el euro y eso “alimenta más la inflación, al tener que pagar más euros por el gas, el petróleo, los carburantes, alimentos y materias primas que compramos en dólares...

Como vemos, la medicina de subir tipos tiene muchas contraindicaciones, un alto coste, sin que tengamos garantías de que baja la inflación (muy poco en USA y nada en Europa). A pesar de eso, los responsables de los bancos centrales, reunidos en agosto en USA, abogaron por más subidas, por “más ricino”, aun reconociendo que “la guerra contra la inflación puede ser algo doloroso para las familias y empresas” (Jerome Powell, presidente Reserva Federal USA). En el BCE, hay hoy un debate entre “halcones” (Alemania, Holanda, Austria, bálticos) y “palomas “ (Francia, España) para ver si suben más (0,75%) o menos (0,50%) los tipos y cuanto más hay que subirlos los próximos meses, dado el riesgo de que la medida recorte el crecimiento y provoque una recesión en Europa.

Además, lo que está claro es que el coste de la subida de tipos, aunque “doloroso” para todos, es mayor para las familias y empresas más vulnerables: afecta más a las familias con menos ingresos que están hipotecadas y a las pymes en peor situación tras la pandemia, así como a los países más endeudados (Grecia, 189% deuda/PIB, Italia (152,6% deuda, Portugal, 127% deuda y España, 117,7% deuda). Así que “el ricino de los tipos” no afecta por igual a todos. De hecho, el propio Banco de España considera que “afectará más a las familias más vulnerables”, porque pagar ahora la hipoteca les supondrá más del 36% de sus ingresos (ya recortados por la subida de la energía y los alimentos, que se llevan una mayor porción de sus gastos que en las familias más ricas).

En resumen, que la receta de subir los tipos en plena crisis de inflación puede ser ineficaz y es muy costosa para muchas familias, empresas y países vulnerables, entre ellos España. Así que habría que aplicar la medicina con mucho cuidado, para no agravar más la salud de los más afectados por la disparada inflación. Y convendría buscar otras recetas. Empezando por una estrategia energética internacional, que busque ahorrar en el consumo de energías fósiles contaminantes (petróleo y gas) y racionalizar la oferta, con acuerdos con los países productores y medidas de defensa contra los precios disparados (como la decisión del G-7 y la Comisión Europea de poner un tope al precio del petróleo y gas). También hay que reestructurar los mercados de alimentos y materias primas, con acuerdos internacionales y stocks de seguridad, que eviten altibajos de precios y hambrunas). Hay que recomponer las cadenas de suministros, racionalizando el tráfico marítimo, y diversificando la producción de componentes, para que Occidente no dependa tanto de Asia. Y hay que conseguir una política racional de producción de bienes y servicios, para evitar la falta de productos, inversiones y plantillas (mal pagadas) en medio mundo. Hay que redefinir” el capitalismo, tras la pandemia y la inflación. Medidas a medio plazo, pero más eficaces que el atajo de subir tipos.

jueves, 21 de julio de 2022

Subida de tipos: poco efecto y muchos riesgos

Hoy 21 de julio, el Banco Central Europeo (BCE) sube los tipos de interés, por primera vez en 11 años. Y volverá a subirlos en septiembre. Intenta así combatir la alta inflación en la zona euro (+8,6%). Pero la medida parece poco eficaz, porque esta inflación no se debe a que la economía esté “recalentada” por mucho consumo y haya que “enfriarla” encareciendo el dinero, sino a la subida de la energía y los alimentos, que no bajarán porque suban los tipos. Ahora, el dinero más caro va a encarecer créditos e hipotecas, agobiando aún más a familias y empresas. Y a los Gobiernos, porque les subirán los intereses de la deuda pública, recortando su margen para ayudas. Y si Putin corta el gas, las subidas de tipos serán la puntilla que lleve a Europa a otra recesión en otoño. La “medicina” del BCE contra la inflación puede ser inútil y peligrosa. Atajen la inflación por otras vías.

Enrique Ortega

El mundo lleva décadas de dinero barato, para atajar primero la crisis de 2008, reanimar luego las economías, afrontar la pandemia y después ayudar a la recuperación. En Europa, tras el doble error del BCE con Trichet (subió los tipos dos veces, en abril y julio de 2011, agravando la crisis de la deuda), llegó Draghi el 1 de noviembre de 2011 y dos días después utilizó el BCE para bajar los tipos de interés 6 veces, del 1,50% al 0% en marzo de 2016, un nivel en el que se han mantenido hasta ahora. Y en paralelo, puso en marcha un programa de compra de deuda, para ayudar a los paises más endeudados del sur (Grecia, Italia, España y Portugal), dos medidas que ayudaron a superar la grave crisis financiera europea de 2010. A partir de 2018 y 2019, la economía europea empezaba a recuperarse, pero sin mucha fuerza, por lo que el BCE mantuvo los tipos a cero y las compras de deuda. Y en 2020 y 2021, con la pandemia, siguió “dopando” con dinero barato la economía, otra vez en crisis.

Pero en 2022, Putin invade Ucrania (24-F) y se acelera la inflación, que ya repuntaba desde el verano de 2021, por la mayor demanda tras la pandemia, el cierre parcial de China (“la fábrica del mundo”), los “atascos” en el comercio mundial y la brusca subida de la energía. En marzo, los precios se dispararon  y EEUU toma la iniciativa: subir los tipos de interés (en el 0% desde 2020, por la pandemia), un +0,25%. Y vuelve a hacerlo en mayo y junio de 2022, colocando los tipos en el 1,50-1,75%  (la Reserva Federal volverá  a subirlos otro +0,75% el próximo 27 de julio). Mientras, el BCE no se decide a seguirles, porque la economía europea está más débil que la de EEUU y la presidenta Lagarde teme frenarla más si sube tipos.

Pero la inflación europea sigue disparada (+8,6% en junio, una subida nunca vista) y los “ortodoxos” del BCE presionan para subir tipos, como en USA. Así que, el mes pasado, Lagarde (BCE) se compromete a subirlos dos veces, hoy (+0.25%, aunque podría ser un +0.5%) y en septiembre (otro +0,50% o más, según se comporten los precios este verano. Y no se descarta otra tercera subida en diciembre, para colocar los tipos oficiales en el 1,5% a finales de 2022 (con una inflación prevista entonces del 7,1%). Y en el 2% en 2023 (donde se espera una inflación del 3,5%, aún lejos del 2% de objetivo de inflación), todavía muy por debajo de los tipos en EEUU, que se pueden colocar en el 3,75% en 2023. Además, desde el 1 de julio, el BCE ha dejado de comprar deuda pública de los paises (sobre todo de Italia, España y Grecia), para retirar estímulos a la economía y atajar así la inflación.

La subida de tipos oficiales en Europa es una medida de primera magnitud, que va a afectar drásticamente a familias, empresas y paises. De hecho, la expectativa de que el BCE subiera los tipos, como USA, lleva subiendo el precio del dinero en los mercados desde principios de año. Así, el Euribor (el interés al que se prestan los bancos entre ellos) está subiendo, tras estar en tipos negativos desde febrero de 2016 (ver gráfico): llegó a su mínimo histórico en diciembre de 2021 (Euribor al -0,501%) y a partir de ahí empezó a subir en enero, febrero y marzo de 2022 (todavía en negativo, en el -0,237%), para ponerse en positivo en abril (Euribor medio al +0,013%), seguir subiendo en mayo y junio (Euribor al +0,852%, el interés más alto de los últimos 10 años) y alcanzar ayer, un interés del +1,164%, un Euribor desconocido desde 2011 (+2,044%).

Así que, aunque los tipos oficiales del BCE suban hoy,  las familias con una hipoteca ya han visto subir su cuota en los últimos meses, si les ha tocado la revisión anual con el Euribor. Y son muchas las familias afectadas: se estima que hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo variable, y el 90% de ellas referenciadas al Euribor (se paga un interés del Euribor+ un porcentaje, del 1 al 3%). Así que 3,6 millones de familias tienen una hipoteca variable que les ha subido ya o les va a subir en los próximos meses, cuando se prevé que el Euribor llegue al 1,5% (y al 2% en 2023). La estimación de subida, para una hipoteca media de 150.000 euros a 25 años, es de 1.396 euros al año, unos 116 euros más de cuota cada mes.

Además, la subida del Euribor y la subida oficial del BCE ya han encarecido los créditos al consumo (para comprar desde un electrodoméstico, un coche o un viaje) que subirán aún más en los próximos meses, dificultando las cuentas de las familias, que tendrán más difícil el que se les conceda (por el temor de la banca a los impagos). La subida de tipos es preocupante para las familias, porque ahora están más endeudadas que antes de la pandemia: tienen deudas por 704.000 millones de euros, según el Banco de España.

La subida de tipos también perjudica mucho a las empresas, que tienen una deuda financiera de 962.000 millones de euros, también más que en 2019, según el Banco de España. Ahora, les subirán los intereses y tendrán más dificultad para financiarse, sobre todo las pymes de los sectores con alta inflación y que más se han visto afectadas por la pandemia. De hecho, el Banco de España ha alertado que están en riesgo de impago el 24% de los créditos concedidos a empresas de sectores vulnerables (hostelería, restaurantes, refino, ocio y transporte), unos 21.500 millones de créditos dudosos o en vigilancia especial.

La subida de tipos del BCE afecta mucho a los distintos paises europeos, sobre todo a los más endeudados: Grecia (su deuda pública alcanza el 193,3% del PIB), Italia (150,8%), Portugal (127,4%), España (118,4%), Francia (112,9%), Bélgica (108,2%) y Chipre (103,6%), según la Comisión Europea. Y les afecta de dos maneras: pagarán ahora más intereses por su elevada deuda pública y además, tienen el riesgo de que “los mercados” (inversores y bancos) se pongan nerviosos y vendan la deuda de estos paises, dificultado su financiación (y encareciéndola) y provocando otra crisis financiera en la Europa del sur, como en 2010-2012.

España es uno de los paises más afectado negativamente por la subida de tipos. Por un lado, tendremos que pagar más por colocar la deuda pública, que en mayo (tras el aumento de las ayudas pública por la pandemia y la inflación) ascendía ya a 1.456.000 millones de euros. De hecho, si en enero de 2022 España colocaba sus bonos a 10 años al 0,60%, en junio ya nos pedían el 2,779% para financiarnos y ahora el tipo es el 2,53%. Eso supone que habrá que dedicar más dinero del Presupuesto a pagar intereses: +12.000 millones extras entre 2022 y 2025, según la estimación de la AIReF, que prevé que tengamos que pagar hasta el 3% para colocar la deuda pública española.

El otro riesgo es que España, y los paises de la Europa del sur (en especial Italia y Grecia) tengan problemas para financiarse, que los inversores no quieran nuestra deuda, ahora que el BCE ha dejado de comprarla. Eso se detecta ya en la subida de la “prima de riesgo”, el porcentaje extra que tenemos que pagar respecto a Alemania para que nos financien: ahora está en el 238% para Italia (ha de pagar un 2,26% más que Alemania para financiar su deuda), en el 219% para Grecia, el 124% para España y el 114% para Portugal. El BCE ha dicho que aprobará un sistema para evitar estas diferencias, para que el sur no pague más por endeudarse y eso rompa el euro, pero no será fácil… Y más con el problema añadido de la inestabilidad política en Italia.

En definitiva, que la subida de tipos (la que ya tenemos en los mercados y la oficial aprobada hoy por el BCE) va a encarecer aún más los costes de las familias y empresas y de los paises, obligándoles a gastar más en pagar intereses, a costa de recortar ayudas y otros gastos. Así que si teníamos un grave problema con la inflación disparada (más costes para todos), ahora las familias, empresas y Gobiernos tienen otro problema: el dinero más caro. O sea, más costes aún, menor margen de maniobra para gastar e invertir. Un mayor riesgo de que se frene más el crecimiento y el empleo, de que vayamos a otra recesión, sobre todo en Europa, donde la economía creció sólo un 0,7% en el primer trimestre (UE-27), pero mucho menos en Alemania (+0,2%), Italia (+0,1%) y España (+0,3%), cayendo en Italia (-0,2%), según Eurostat. Y con la amenaza del corte total del gas ruso, que si se confirma, llevaría a Alemania, Italia y a toda Europa a otra recesión en el último trimestre de 2022.

Como se ve, el coste y los riesgos de subir los tipos de interés, tras 11 años en el 0%, son muy elevados. Entonces, ¿por qué se encarece el dinero? La teoría monetaria “ortodoxa” indica que es la mejor arma contra la inflación que atenaza al mundo: con el dinero más caro, se gasta y se invierte menos, baja la demanda y con ella los precios. Pero en la actual coyuntura, esto no es así, porque la teoría funciona cuando tenemos una “inflación de demanda”, cuando una economía está “recalentada”, hay demasiado gasto y hay que frenarlo para bajar los precios. Pero ahora no pasa esto, sino que tenemos “una inflación de oferta”: han aumentado los costes, sobre todo la energía y los alimentos, y no van a bajar ni la luz ni los carburantes ni los cereales porque el dinero sea más caro. Al contrario, van a aumentar otros costes (créditos, hipotecas e intereses de la deuda pública y privada) y eso alimentará aún más la inflación, reduciendo el margen de familias, empresas y Gobiernos.

Pero las autoridades monetarias de EEUU y Europa no quieren ver este análisis, se agarran a la vieja ortodoxia de que la mejor arma contra la inflación es subir los tipos. Pero ahora no es así: es una medida poco eficaz y con múltiples costes. Lo que puede provocar es deteriorar más la salud del enfermo, al quitarle la respiración asistida del dinero barato. El gran objetivo no es sólo bajar la inflación sino evitar que el mundo entre en otra recesión, tras la larguísima crisis de 2008 y la pandemia. Y con las subidas de tipos hechas y anunciadas, el enfermo entrará en coma. Y encima no bajará la inflación.

Es hora de que Europa (y EEUU y el G-7) se planteen otras alternativas frente a la inflación, que no sea “el ricino” de los tipos. Hay que negociar a nivel mundial una recomposición de las economías, aumentando la oferta de energía (petróleo y gas), con acuerdo con la OPEP y los principales productores (dejando a Rusia al margen). Hay que reestructurar los mercados de alimentos y materias primas, con acuerdos internacionales y la creación de stocks de seguridad, que eviten los altibajos de precios y las hambrunas. Y hay que recomponer las cadenas de suministros, desde Asia a Europa y EEUU, racionalizando el tráfico marítimo de mercancías y la globalización. Y hay que replantear una política racional de producción internacional de bienes y servicios, para evitar los cuellos de botella derivados de la falta de inversiones y la escasez de plantillas (mal pagadas) en medio mundo. En definitiva, hay que “redefinir el capitalismo”, tras la crisis, la pandemia y la guerra.

Pero claro, todo esto es muy difícil y exige tiempo y valentía política, algo que no parecen tener los líderes actuales, que prefieren dejar la solución a la inflación en manos del BCE y la Reserva Federal, anclados en sus viejas recetas monetarias, hoy inútiles y peligrosas. Así que ahora, por si no teníamos bastante con la inflación disparada, nos subirá la hipoteca, los créditos y el coste de la deuda pública. Un nuevo problema para arreglar otro. Y “más boletos” para que este otoño entremos en crisis, tras el espejismo del turismo récord este verano. Lo siento, pero con la subida del BCE hoy, hay menos motivos para la esperanza.

domingo, 24 de febrero de 2013

Entre parches (Rajoy) y más recortes (Bruselas)


Rajoy dijo en el Congreso que ha evitado que el barco se hunda y que estamos “en la antesala” de la recuperación (algún día acertará). No dijo que su política de recortes ha llevado a la economía a caer más del triple que en 2011 y perder 850.000 empleos. Ahora, Rajoy nos vende  “reanimar la economía”, con 900 millones anuales para crear empleo juvenil (con más contratos basura), una pequeña dosis de crédito e incentivos para que los jóvenes pasen de ser parados a emprendedores. Medidas que están bien, pero que sin consumo y sin ventas, no servirán de mucho: es como dar aspirinas a un enfermo en coma.Hace falta reanimar la economía con estímulos potentes, como han hecho EEUU, Japón, China o Brasil, todos menos Europa. Pero Bruselas no quiere y va a exigir  a España más ajustes: subir impuestos y más recortes, este año y sobre todo para 2014. Una receta que ya conocemos y que nos traerá más recesión y más paro. Así no salimos a flote.  
enrique ortega

Tras 14 meses de Gobierno, Rajoy comenzó su discurso sobre el Estado de la Nación con el mejor balance de su gestión: 5.965.400 parados. Lo que no dijo es que 691.800 son “suyos”, fruto de una política de recortes que ha llevado a España a la recesión, con una caída de la economía (-1,5%) que es casi cuatro veces la que heredó en 2011(-0,4%).

Para Rajoy, “España ya tiene la cabeza fuera del agua” (mejor hubiera dicho: “seguimos con el agua al cuello”). Y presumió de cuatro logros discutibles. Uno, que España no se ha hundido, que no ha habido rescate y ha vuelto la confianza en España. Un dato: la prima de riesgo estaba en 310 cuando tomó posesión en diciembre 2011 y en 354 el día del debate. Y si los mercados nos han dado una tregua, no ha sido tanto por la política de ajustes de Rajoy como por la amenaza del BCE en julio de intervenir. Pero en cualquier momento puede volver el baile, incluso este lunes a tenor del resultado de las elecciones en Italia. El segundo, la reforma financiera, costosa y que aún durará un par de años, a costa de no tener crédito. El tercero, el superávit exterior, aunque no dijo que se debe más al desplome de las importaciones que a las exportaciones, que apenas crecen (+3,8%, la tercera parte que en 2010 y 2011), por la recesión en Europa. Y cuarto, que ha bajado el déficit público al 6,9%: un fracaso, ya que el objetivo era bajarlo al 6,3% del PIB y a pesar de los duros recortes, no se ha conseguido.

Ahora, vigilados por Bruselas, Rajoy seguirá con los recortes previstos para 2013 (“no hay que retroceder ni un milímetro”, dijo de cara a Bruselas y los mercados), pero vendiendo, de cara adentro, que va a “estimular” la economía. Y lanzó un “Plan” de 10 folios que se resume en tres medidas: incentivos a la contratación de jóvenes, algo más de crédito y estímulos para que haya más emprendedores (autónomos). Un Plan con más palabras que dinero.

Para facilitar la contratación de los jóvenes (55% en paro), el Gobierno dedicará 3.500 millones en cuatro años, 900 anuales, una cifra ridícula si la comparamos con los 40.000 millones de ayudas públicas recién entregadas a la banca. Se permite a las empresas contratar temporalmente (6 meses) a parados menores de 30 años y se abre la puerta a los contratos a media jornada (minijobs con mini sueldos), incentivando la contratación de jóvenes parados con rebaja de cotizaciones y que cobren el paro y monten un negocio. La segunda medida pretende conseguir 45.000 millones más de financiación, aunque la mitad es pública (ICO) y los bancos sólo pondrán 10.000 millones (ayudándoles con el riesgo), una cifra ridícula si se piensa que los tres grandes (Santander, BBVA y la Caixa) redujeron sus créditos en 35.000 millones el año 2012. Y la tercera, facilidades para que haya más emprendedores.

Son medidas que están bien, pero tienen un problema: no van a funcionar mientras la economía esté en recesión. Porque mientras no se reanime el consumo y las ventas, las empresas no pensarán en contratar (ni jóvenes ni parados mayores de 30 años, de los que el Gobierno se ha olvidado), ni regalando cotizaciones o contratos basura. Y tampoco se pedirá crédito, suponiendo que la pyme o el autónomo consigan dar garantías al banco. Y para hacerse empresario, hay que ver una economía viva, que consuma e invierta, no un país sumido en la recesión. Y saber qué empresa montar: En España sobran pymes y autónomos, faltan grandes empresas, sobran empresas en los servicios y faltan industrias y tecnología. No vale crear 30.000 nuevas empresas de un empleado (autónomos) en actividades sin futuro que al primer problema cierran.

El “Plan de estímulo” de Rajoy es mejor que los recortes de antes, pero no deja de ser un parche de cara a la galería, una aspirina para una economía en coma. Así no salimos del agujero. Y menos, con la última previsión de Bruselas : en 2013 la actividad volverá a caer (-1,4%, frente al –0,5% que dice el Gobierno) y el paro seguirá creciendo hasta el 27%, tras perderse otros 500.000 empleos. No valen paños calientes: hay que cambiar de política y poner a España a trabajar, recaudando 50.000 millones más (ya he explicado en este blog que se puede, sin subir impuestos a la mayoría de la población) y destinando una parte a reanimar de verdad la economía, con un enérgico Plan con cinco patas: un ambicioso programa de formación y reciclaje de los 6 millones de parados, un Plan de empleo con medidas valientes no sólo para jóvenes sino para mujeres y mayores de 45 años, un Plan para reducir el endeudamiento de familias y empresas , una potente inyección de crédito y liquidez en la economía y un programa de ayudas a la inversión y la exportación de los sectores con más futuro (industria, turismo, automóvil, agroalimentación, TIC y nuevas tecnologías, energías renovables, educación, industria sanitaria, dependencia y algunas infraestructuras…).

Es algo que ya está inventado, son los Planes de estímulo de verdad que han puesto en marcha Estados Unidos, Japón, China, Brasil y la mayoría del mundo, salvo Europa, donde la receta de salir de la crisis con recortes nos ha llevado a la recesión. Hay otro camino y se ha visto aquí en España con el Plan PIVE del automóvil: gastando 75 millones públicos en ayudar a las ventas, se ha recaudado el doble en impuestos, evitando pagar más paro. Lo contrario, los recortes, llevan a más recesión, menos ingresos, menos consumo, más paro, menos crecimiento, alto déficit, más recortes, menos crecimiento, más paro… Un círculo vicioso.

Pero ni Rajoy ni Merkel ni los fundamentalistas de Bruselas quieren verlo. Y ahora, la Comisión Europea se descuelga con que hay que seguir con los ajustes: les preocupa 2014, donde tras dos años de recesión, las cuentas públicas volverían a tener un agujero del 7,23%, en vez del 3% impuesto por Bruselas. Saben que cumplir este objetivo es imposible y están dispuestos a darnos árnica” a cambio de más ajustes, de más recortes, ya este año 2013 y más para 2014. No lo quieren decir en público todavía, pero exigirán a  España dos cosas: subir impuestos para 2014 (otra vez IRPF, IVA y todo lo que se pueda) y seguir con los recortes en pensiones, desempleo, Administración (funcionarios, autonomías y Ayuntamientos) y servicios públicos (educación, sanidad, servicios sociales y Dependencia). Más de lo mismo.

Más impuestos y nuevos recortes que van a profundizar la recesión y destruir más empleo. Ya sin ellos, la previsión de Bruselas es hoy que España seguirá en la UVI en 2013, sin consumo, sin ventas, con la economía cayendo otro año más (-1,4%) y con más paro (27%). Así, Rajoy tendrá que empezar el próximo debate del Estado de la Nación, en febrero de 2014, diciendo que la recuperación ya está aquí… con 6.500.000 parados. Un drama insoportable para una de cada dos familias. Puede evitarse. Cambien, por favor.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Hacia un segundo rescate con más recortes


Agosto ha sido un mes más tranquilo de lo temido, pero con septiembre han vuelto las tensiones a los mercados. España sigue en el punto de mira y se apunta un segundo rescate blando para este otoño: Bruselas y el BCE comprarían deuda española, para bajar el coste de financiarnos, y a cambio, controlarían más nuestras cuentas y nos forzarían a nuevos ajustes, en pensiones, desempleo y despido de empleados públicos. Un segundo rescate que supondrá más sacrificios, menos crecimiento y más paro, agravando el problema de fondo: la economía sigue en recesión y así no se recauda y no se recorta suficiente el déficit público. Y eso crea desconfianza en los inversores, que temen no cobrar. Frente al parche de los rescates, hay que cambiar de política, en Bruselas y en España, para crecer y crear empleo.
enrique ortega
El BCE tranquilizó a los mercados en agosto, al asegurar Mario Draghi que ayudaría a los países presionados en su prima de riesgo (España e Italia). Pero ahora, los mercados esperan hechos. España no puede seguir muchos meses más pagando casi un 7% por financiarse y con el crédito cerrado a bancos, empresas y autonomías. Y Europa teme que la crisis de la deuda española (e italiana) acabe haciendo saltar por los aires el euro, sobre todo cuando no se ha desactivado la bomba de Grecia. Hay que hacer algo ya. España es demasiado grande para ser intervenida: habría que meter 500.000 millones de euros (más que lo aportado a Grecia, Portugal e Irlanda juntos), una cantidad imposible de vender a los contribuyentes europeos, sobre todo a los alemanes. Y otro tanto para Italia. Así que hay que buscar otro camino: el rescate blando, por la puerta de atrás: gastar mucho menos en comprar deuda española e italiana, para bajar su precio y aliviar a los dos países.

No hay otro camino para salvar el euro a bajo coste. Todavía habrá polémica sobre la forma de presentar este segundo rescate a España, pero se acabará aprobando, en septiembre o tras las elecciones del 21-O. Pero con una condición: quien ayuda y paga, manda. Merkel, Bruselas y el BCE no quieren que España baje la guardia en sus ajustes si nos ayudan. Así que será un rescate con condiciones. Por un lado, más control de las cuentas públicas, más papel de “los hombres de negro” de Bruselas en la gestión de la economía española. Y por otro, más presión para que el Gobierno Rajoy siga con los ajustes planteados por los dirigentes europeos: menos gasto en pensiones, en desempleo, en funcionarios  y en las autonomías.

Rajoy sabe que no tiene otro camino que pedir una nueva ayuda y ahora no la rechaza de entrada, aunque quiere vender que la consigue sin condiciones. Pero Merkel y los fundamentalistas de Bruselas van a aprovechar para imponer sus reformas de contrabando, su ideología conservadora: recortar el sector público, el Estado del Bienestar, los derechos sociales y laborales. Y de paso, asegurar que los recortes garantizan el pago de intereses a sus bancos, alemanes y franceses, nuestros principales acreedores.

El asunto se complica porque las autonomías están asfixiadas, sin ingresos y sin crédito: cada mes tienen problemas para pagar nóminas y a proveedores. Y antes de fin de año han de devolver más de 15.000 millones de deuda. Por eso, tres ya han pedido el rescate al Gobierno: Cataluña (5.027 millones), Comunidad Valenciana (4.500 millones) y Murcia (300), aunque hay otras que lo están pensando, como Canarias, Castilla-la Mancha, Baleares y Andalucía (ha pedido 1.000 millones de adelanto). El Gobierno ha creado un Fondo de 18.000 millones para ayudarlas, pero a cambio, les intervendrá aún más sus cuentas, exigiéndoles un duro ajuste, con fuertes recortes de gasto y subida de impuestos.

Entre el rescate a España y los rescates a las autonomías, se endurecerán los recortes este otoño. Primero, con despidos entre el personal interino y contratado de las autonomías, más de 50.000 según los sindicatos, junto a una posible bajada de sueldos para 2013. Segundo, con subida de impuestos y tasas, desde el agua, los transportes a muchos servicios públicos. Después, habrá que esperar nuevos recortes en el desempleo, cuyo gasto sigue subiendo como el paro. Y habrá nuevos cambios en pensiones, como exige Bruselas, empezando por más trabas a la jubilación anticipada y un anticipo de la jubilación a los 67 años, sin descartar una congelación de pensiones para 2013 e incluso no compensar la desviación de la inflación este año (algo reconocido por Ley pero que costará 3.500 millones). Y si la subida del IVA no surte efecto en los ingresos, habrá más subidas de impuestos antes de fin de año, empezando por los carburantes y siguiendo con nuevos impuestos ecológicos.

Nuevo rescate, más recortes y en consecuencia, menos consumo, menos inversión, menos crecimiento, más recesión. Más paro. Es el fruto que hemos recogido de más de dos años de la misma política fundamentalista, que lucha contra la crisis con recortes tras recortes y que ha llevado a la recesión a 12 países europeos (España, Italia, Gran Bretaña, Holanda y Bélgica entre ellos), con Francia medio paralizada. Una recesión que se agrava en España (-1,7% este año y -1,3% en 2013, según el FMI) y que provoca una caída de la recaudación, impidiendo cumplir con el recorte del déficit público: hasta julio, el Estado alcanzó ya el déficit previsto para todo el año. Y eso puede provocar que en octubre o noviembre haya que hacer más recortes, para cumplir con Bruselas. Más recesión. Una pescadilla que se muerde la cola y que preocupa a los mercados: si no crecemos y no recaudamos, temen no cobrar sus inversiones.

Merkel, el BCE y los fundamentalistas de Bruselas persisten en su política, a costa de duros sacrificios y una profunda recesión y paro en la Europa del sur. El rescate anunciado es sólo un parche más para imponer su política, con la excusa y la presión de los mercados. Una política que no nos saca de la crisis, sino que ha provocado una segunda recesión en tres años. Hace falta explorar otro camino, reanimar las economías del sur de Europa, con más consumo e importaciones de la Europa del norte y con un plan Marshall de inversiones para crear empleo, sobre todo entre los jóvenes, mujeres y mayores de 50 años. Si no, con más recortes, la economía entrará en un coma más profundo. Y el otoño será agitado, con más crisis social. El país está a punto de estallar.

domingo, 29 de julio de 2012

Las peores vacaciones de la crisis


El Gobierno dice que no se va a ir de vacaciones en agosto, con la amenaza de un rescate a España en cualquier momento. Muchos españoles tampoco: uno de cada cuatro no cogerá vacaciones por la crisis y los que lo hagan, saldrán pocos días y gastando lo mínimo. España no está para vacaciones, asustada por una larga recesión que se va a extender hasta 2014, unas cifras récord de paro y una falta de confianza en el futuro, en los políticos y en Europa. Y con la mayoría de las autonomías, desde la Comunidad Valenciana a Murcia o Cataluña con problemas para pagar sus sueldos cada mes, como el Estado. Son las peores vacaciones de la crisis, porque no podremos descansar tranquilos, pensando en lo peor para septiembre (si llegamos). Hay que cambiar de política ya y probar otro camino, en Europa y en España.
enrique ortega

Teóricamente, la última Cumbre europea y el superajuste de Rajoy iban a calmar los mercados: Europa había asegurado el futuro del euro y España cumplía con los recortes y las reformas de los fundamentalistas de Bruselas. Tutti contenti. Pero no era así: los dirigentes europeos sólo habían tratado de ganar tiempo y el mayor recorte de la democracia (65.000 millones) sólo vale para ahondar en la recesión. El propio Gobierno lo reconoció unos días después, al admitir que la economía española iba a decrecer también en 2013 (-0,5%), cuando en abril esperaban crecer (+0,2%). Era la confirmación del temor de los inversores: si España no crece, el Estado no recauda y temen no cobrar su deuda. Venden y se van. O se quedan pidiendo hasta un 7,6 % por prestarnos a 10 años, un tipo cercano ya al de Grecia, Irlanda o Portugal al ser rescatados (8,5%).

Para arreglar las cosas, el ya no sonriente ministro Montoro, habla del riesgo de no poder pagar las nóminas. Y las autonomías, una bomba de relojería para los mercados, lo empeoran pidiendo el rescate del Estado: primero la Comunidad Valenciana (3.500 millones) y luego Murcia (300 millones) y Cataluña (4.000 millones), aunque son varias más las que están en apuros y pidiendo créditos para pagar sus nóminas: Andalucía, Castilla la Mancha, Madrid y Canarias. En conjunto, tienen que refinanciar 15.838 millones de créditos en el segundo semestre y no tienen quien les preste en el mercado. Así que pedirán ayuda al recién creado Fondo de Liquidez Autonómico, dotado con 18.000 millones, aunque a cambio de este rescate pierdan autonomía, como Grecia con Bruselas: Montoro les mandará a sus funcionarios para controlar las cuentas in situ, habrán de presentar nuevos Planes de ajuste (con más recortes y despidos públicos) y tendrán que presentar cada mes su presupuesto para visar ingresos y gastos. Estarán intervenidos: quien paga manda.

¡Vaya panorama¡ España bajo vigilancia de Bruselas, por el rescate bancario (100.000 millones) y las autonomías bajo vigilancia de Madrid. Y todos haciendo recortes que complican más las cosas, porque  hunden sus economías y les restan recaudación, empeorando sus agujeros. Y claro, los inversores huyen de España, asfixiada para poder financiarse, con la prima de riesgo por las nubes (llegó a 649 puntos), por encima de la que tenían al ser rescatados Grecia (578), Portugal (537) o casi Irlanda (662). Un panorama que no puede durar mucho sin ser intervenidos, aunque el rescate no arregla nada: los países intervenidos pagan hoy más por su financiación (Portugal un 11% y Grecia un 26%) y se les ha obligado a unos Planes de ajuste más duros que ha hundido sus economías y provocado grandes sacrificios a sus ciudadanos.

La alternativa sería cambiar de política, ir por otro camino, en Europa y en España, abandonando el fundamentalismo de Bruselas: obsesionarse por el bajo crecimiento europeo (Alemania crece ahora menos del 0,5% y hay 12 países en recesión) y el paro, más que por el déficit y la deuda. Y reanimar la economía europea, con más gasto (y más inflación) en la Europa del norte y con programas de gasto público para reanimar el empleo en la Europa del sur, especialmente en España, donde el paro avanza hacia los 6 millones de personas. Por el otro camino, el de dos años largos de recortes y ajustes dolorosos, ya sabemos donde hemos acabado: en la recesión y a las puertas de ser intervenidos. Sólo si los mercados ven que España crece confiarán en poder cobrar sus inversiones.

Pero no parece que Merkel y Bruselas estén por cambiar de política. Siguen con su fundamentalismo, con creer que hay que seguir haciendo sangrías al enfermo para curarle. Y no quieren que nos ayude el BCE (salvo frases  de Draghi para rebajar de momento la alta tensión de esta semana), por si acaso bajamos la guardia: manteniendo la presión de los mercados seguiremos la senda de los ajustes. Pero ya se les ha ido la mano en el ricino y ni los ciudadanos ni los mercados ven salida. El problema es que nos han llevado demasiado al límite y ahora, evitar la muerte es complicado: España (e Italia) son demasiado grandes para salvarlos, con más de 2,5 billones de deuda pública detrás, una bomba de relojería que si explota se lleva por delante la banca europea, el euro y la economía mundial. Están jugando con fuego, por no dar su brazo a torcer (pura ideología conservadora) y ayudar con la compra de deuda por el BCE. Aunque eso sólo sería ganar tiempo: si España y Europa no crecen, la desconfianza seguirá en los mercados y la tensión volverá antes o después.

Con este panorama, agosto va a ser un mes complicado, mucho más que el año pasado, y habrá que ver si llegamos a septiembre sin ser rescatados (más), lo que tampoco arreglaría nuestros problemas, sobre todo el principal: crear empleo, algo que el Gobierno retrasa hasta 2014, con la idea de acabar la Legislatura con más paro (22,3% en 2015) que empezó (21,6% en 2011). Este  es el gran fracaso de Rajoy y de los fundamentalistas de Bruselas: poner el país patas arriba, recortando a diestro y siniestro, con millones de españoles pasándolo mal en estos años, para al final acabar con más parados de los que teníamos. Vaya negocio.