España era, el siglo pasado, un país de emigrantes: en 1970, 2,4 millones de españoles trabajaban en Europa y el resto del mundo, mientras aquí sólo vivían unos 250.000 extranjeros. Con el fuerte crecimiento de los años 90, volvieron los españoles y llegaron más extranjeros, hasta 1.472.458 habitantes nacidos fuera en el Censo del año 2.000 (el 3,63% de la población). A partir de ahí, los extranjeros han crecido mucho, en dos oleadas, según los datos del INE. La 1ª oleada de inmigrantes se produjo entre 2003 y 2009, año en que ya había 6.466.278 extranjeros en España (el 13,83% del Censo). Con la crisis financiera y europea, la cifra de inmigrantes se estancó, hasta 6.753.098 en 2019 (el 14,36% de la población). Y a partir de ahí, tras la pandemia y el posterior crecimiento, se produjo la 2ª oleada de inmigrantes, pasando de 7.231.195 habitantes nacidos fuera en 2020 (el 15,23%) a 10.004.581 extranjeros censados el 1 de enero de 2026 (el 20,18% de la población), según el INE.
Así que necesitamos que sigan llegando inmigrantes para
crecer y sostener las pensiones y los servicios públicos. La previsión del INE (hecha
en 2022) es que los nacidos fuera de España aumenten desde los 10.004.581 censados
de 2025 (20,18% de la población) a 11.725.081 censados en 2032, a
13.937.681 en 2042 y a 15.865.207 censados en 2052 (el 30% de la población entonces). Y
que sigan aumentado hasta 17.658.512 habitantes de fuera en 2062 a 19.295.222
censados nacidos fuera de España en 2072 (el 36,5% de la población).
Otra estimación,
del estudio de Funcas, proyecta 18,5 millones de habitantes “extranjeros”
en 2050 (el 35% de la población española dentro de 24 años).Y con
estos inmigrantes, la población total de España no dejará de crecer,
desde los 50 millones a finales de 2026 a 52,5 millones en
2050 y 52.886.370
habitantes para 2072.