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jueves, 16 de marzo de 2017

España, guerras comerciales y globalización


Malas noticias para el mundo: EEUU tuvo en enero el mayor “agujero” comercial de los últimos 5 años, por China y México, tras cerrar 2016 con un déficit de 502.000 millones de dólares, el mayor desde 2012. Son datos que alimentarán la retórica proteccionista de Trump y desatarán guerras comerciales. Pero EEUU no es un perdedor de la globalización: ha aumentado sus exportaciones y su cuota comercial desde 2005, aunque han ganado más China, México y Corea. Quien más ha perdido es Europa, sobre todo Francia, Reino Unido y Alemania. España es el único país europeo que mantiene su cuota comercial y el 6º país del mundo que más ha aumentado sus exportaciones, que cerraron 2016 con un récord histórico. La crisis ha forzado a nuestras empresas a vender más fuera, tirando precios y salarios. Pero ahora, con la tormenta que amenaza al comercio mundial, urge un Plan de apoyo a las exportaciones españolas, para que no retrocedan. Mucho crecimiento y empleo depende de ellas.
 
enrique ortega

La globalización es la nueva forma de organización del capitalismo en las tres últimas décadas y consiste en tomar el mundo como mercado, para producir y vender. El otro día compré en el súper un chuletón de carne polaca sacrificada en Dinamarca y envasada en Francia. Y cada día usamos un móvil hecho en China o un coche fabricado en Eslovaquia con piezas alemanas y componentes españoles. Esta globalización ha trastocado la economía y a los paises, con claros ganadores y perdedores. El país ganador con la globalización es China, la “fábrica del mundo”, que en 2005 era el tercer exportador mundial, por detrás de Alemania y EEUU, y que hoy es el primero, tras triplicar en estos 11 años sus exportaciones (de 762.050 a 2.180.000 millones de dólares). Y el gran perdedor, según los datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sido Alemania, que en 2005 lideraba el ranking de paises exportadores y ahora está en tercer lugar, tras China y EEUU, después de aumentar poco sus ventas exteriores en esta década larga (de 969.960 a 1.338.000 millones de dólares).

Estados Unidos, por mucho que diga Trump, no es una “víctima” de la globalización, sino que también ha salido ganando: se mantiene el segundo en el ranking exportador mundial (como en 2005) y es el 2º país que ha ganado más cuota comercial desde 2005 (un +0,57%, hasta el 9,24%), tras China (+5,97% de cuota entre 2005 y 2016, con el 13,1% del comercio mundial), por delante de los otros tres únicos paises más que también han ganado cuota en estos once años : Corea (+0,41%), México (+0,33%) y Brasil (+0,06%), según la OMC. Eso sí,  las exportaciones USA han aumentado un 61,8% (entre 2005 y 2016), menos que las de China (+179,1%), México (+76%) y Corea (+ 74,8%), los tres paises que más han aumentado sus ventas exteriores en los últimos once años.

El gran perdedor de la globalización ha sido Japón, el 4º país en el ranking de exportadores, que se ha dejado un 1,66% de su cuota comercial (4,18% ahora). Pero a nivel de continentes, el gran perdedor ha sido Europa, que ha pasado de tener el 42,7% de las exportaciones mundiales (2005) al 38% (2016), mientras Asia era el único continente que ganaba un 7% de cuota comercial, perdiendo también cuota Latinoamérica (-0,3%) y Norteamérica (-0,1%), según los datos de la OMC. Y Europa ha perdido un 4,7% de cuota porque la han perdido sus cuatro mayores paises, Francia (-1,29%), Reino Unido (-1,18%), Alemania (-0,8%, con un 8,67% del comercio mundial) e Italia (-0,69%), que han perdido mercados mundiales en beneficio de China y otros paises emergentes.

En este contexto, España ha salido bien parada de la globalización: no ha perdido apenas cuota de mercado en el mundo (-0,03% entre 2005 y 2016), tenemos un 1,72% del comercio mundial (ocupamos el lugar 17 en el ranking de paises exportadores) y, sobre todo, somos el 6º país del mundo donde más han crecido las exportaciones desde 2005, un 49,3%, sólo por detrás de China (179,1%), México (+76,4%), Corea (+74,8%), EEUU (+61,8%) y Brasil (+60,4%), muy por delante del crecimiento que han tenido las exportaciones en Holanda (+39,2%), Alemania (+38,9%), Italia (+23,1%), Bélgica (+17,2%), Rusia (+14,2%), Canadá (+9,8%), Francia (+8,2%), Japón (+8,1%) y Reino Unido (+4,4%).

Así que Europa tiene un serio problema exportador, de competitividad frente al resto del mundo, del que se salva España, gracias al enorme esfuerzo hecho sobre todo desde 2012: entre 2000 y 2007, las exportaciones españolas crecieron menos que el comercio mundial (+4,7% frente al 7,4%), con lo que España perdió cuota comercial, pero entre 2012 y 2016, las exportaciones españolas han crecido más que las mundiales (+4,4% frente al 3%) y hemos ganado cuota en el mercado mundial, mientras la perdían Alemania y los principales paises europeos. Eso se debe a la crisis, que ha forzado a las empresas españolas a vender fuera al caer las ventas dentro, y sobre todo a que los exportadores han “tirado precios”, gracias a tres años de inflación negativa (2014 a 2016) y a una rebaja de salarios y costes financieros, además de la ayuda extra de un euro débil (desde 2015).

Gracias a estos factores, las exportaciones españolas cerraron 2016 con un récord histórico: 254.530 millones de euros de ventas exteriores, un 37,5% más que en 2007 (185.023 millones). Y en 2016, España aumentó sus exportaciones lo mismo que creció el comercio mundial (+1,7%), pero mucho más que Europa (-0,1%) y que la zona euro (+07%), que Alemania (+1,2%), Italia (+1,1%), Francia (-0,9%) y Reino Unido (-0,2), e incluso más que China (-6,4%), USA (-3,2%) o Japón (-7,4%), según los datos del Ministerio de Economía. Y este “tirón exportador” fue de gran ayuda para la economía, ya que aportó el 0,5% del 3,2% que creció el país en 2016. Y para muchas grandes empresas, como las del IBEX, las ventas fuera de España suponen ya dos tercios de sus ingresos (y de su empleo).

Pero ahora, de cara a 2017 y 2018, la “euforia exportadorade España choca con dos duras realidades externas. Una, que el comercio mundial ha “pinchado” y crece por debajo de la economía mundial, en 2016 y también este año 2017, donde la OMC espera un aumento del comercio mundial del 1,8 al 3%, que probablemente será realmente menor. Y la otra gran incertidumbre  es Trump y su amenaza de guerras comerciales con China y México, además del recorte de todas las compras norteamericanas al exterior. El riesgo de una “tormenta comercial” en el mundo es grande y más tras publicarse hace unos días que el déficit comercial de enero en EEUU ha sido de 44.300 millones de dólares, el mayor “agujero comercial” norteamericano desde marzo de 2012, provocado por el aumento del déficit con México (+22%) y China (+12,5%), las dos “bestias negras” de Trump. EEUU ya cerró 2016 con un déficit comercial de -502.000 millones de dólares, el mayor de los últimos 5 años, un 60% debido al déficit comercial con China (-300.000 millones de dólares). Y Trump ya ha dicho que el abultado déficit comercial es “un riesgo para la seguridad nacional”.

Ahora, tras salirse EEUU del Tratado Comercial del Pacífico (TPP), denunciar el Tratado comercial con Canadá y México (NAFTA) y paralizar el Tratado comercial con Europa (TTIP), Trump quiere recortar las importaciones norteamericanas, poniendo aranceles (impuestos) y trabas a las exportaciones chinas, mexicanas, latinoamericanas, asiáticas y europeas, lo que provocará una nefasta ola de proteccionismo que frenará aún más el comercio mundial. Y forzará a China a querer vender más en Europa, ya que lo tiene más difícil en USA. Todo ello en un momento en que exportar es más difícil, porque sube la inflación en España (más que en Europa) y subirán los tipos y los costes energéticos y financieros, además de los salarios (tras cuatro años "devaluados"). Y también será un problema en 2017 el Brexit (Reino Unido es nuestro 4º mayor cliente y podemos perder exportaciones entre 500 y 1.000 millones de euros, según un informe del Gobierno español) y el estancamiento económico y la incertidumbre política de Europa, con un pequeño crecimiento en Francia, Italia y Portugal, tres paises donde van el 30% de las exportaciones españolas.

Por todo ello, España debería aprobar un Plan de apoyo a las exportaciones, para ayudar a las empresas a vender fuera ahora que será más difícil. Y ese Plan de choque debería centrarse en tres frentes: diversificar productos a exportar, diversificar paises donde vender y ampliar el número de empresas y regiones exportadoras, junto a medidas de apoyo financiero (faltan créditos y avales para exportar), ayudas institucionales (más gasto en promoción exterior y Ferias) y mejor asesoramiento (consultoría y Oficinas comerciales).

El primer gran reto para reforzar la exportación española es diversificar lo que vendemos fuera. Hoy, las tres cuartas partes de lo que exportamos (el 78%) se concentra en 4 sectores, de los que somos tremendamente dependientes: bienes de equipo, maquinaria (29,3% del total), automóviles (17,7%), alimentos (16,9%) y productos químicos (14,1%). Basta con que una multinacional del automóvil decida recortar su producción o haya heladas y se estropeen las cosechas para que pinchen seriamente nuestras exportaciones. Y además, la mayoría de lo que exporta España son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles) y sólo un 10% de lo exportado tiene un alto contenido tecnológico, los productos donde hay más demanda mundial. Y así resulta que exportamos productos de menos valor, donde competimos en precio, no en tecnología y calidad.

El segundo reto es diversificar también los paises a los que vendemos, porque estamos demasiado centrados en Europa: supuso el 72% de las exportaciones en 2016 (un 66,3 en la UE-28 y un 51,8% en la zona euro). Y eso supone que las exportaciones españolas están concentradas en los mercados que crecen menos y no en los que crecen más, que son los mercados asiáticos y americanos. Las exportaciones españolas a Asia son un 6,1% del total (frente al 10% en Alemania y Francia) y también son bajas las exportaciones a Latinoamérica (5,3% del total), Oriente Medio (3,3%) o África (6,4%), las zonas con más potencial futuro.

El tercer reto es ampliar las empresas y regiones españolas que exportan. Ya ha habido un gran avance, al alcanzarse las 148.794 empresas que exportaron en 2016 (un 46,7% más que en 2008), pero sólo la tercera parte de ellas exportan con regularidad (49.792 empresas). Y de ellas, son sólo 5.000 empresas las que exportan casi todo (el 87,5% del total). Así que la gran mayoría de las 3,2 millones de empresas españolas no exportan ni tienen esta “vía de escape” cuando las ventas interiores no dan más de sí. Además, la exportación está demasiado concentrada en 5 regiones españolas, que acaparan dos tercios de las ventas exteriores: Cataluña (24,7%), Andalucía (11,7%), Madrid (11,5%), Comunidad Valenciana (10,9%) y País Vasco (8,4%). En las 12 autonomías restantes, la exportación ayuda muy poco al crecimiento y el empleo.

En resumen, España ha salido bien parada de la globalización y exporta con más fuerza que muchos paises europeos, pero todavía tiene mucho que hacer, porque exportamos casi la mitad que Italia (con una economía similar) y la cuarta parte (en relación al PIB) que Bélgica, Holanda, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia o Hungría, economías muchos menores. Así que no caigamos en un “falso triunfalismo exportador. Y más cuando el mundo está preocupado por la caída del comercio mundial y las amenazas proteccionistas de Trump, que serán muy negativas para todos. Hay que pactar un Plan de apoyo a las exportaciones, con medios, para no retroceder y ganar mercados, un factor clave para crecer más y crear más empleo en España. Y para eso, no basta con tirar precios y salarios como hasta ahora, intentar ser “la China de Europa”, sino modernizar la economía y las empresas, industrializar más el país, innovar y gastar en tecnología y digitalización, para ofrecer productos y servicios más competitivos, de más valor y calidad. Mejorar el “made in Spain”.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Con sueldos mileuristas no hay recuperación

El sueldo de los españoles sigue bajando. Y la Comisión Europea acaba de decirnos que bajarán también en 2014 y 2015. Con ello, se arriesga la débil recuperación, ya que si las familias ingresan menos o lo mismo, seguirán sin consumir, las empresas no venden y así no crecemos ni se crea empleo. Es algo sencillo que no entienden ni el FMI, ni Bruselas ni la patronal, que defienden seguir moderando los salarios, no para crear empleo (no se crea) sino para recomponer los beneficios empresariales, que crecen un 18% y se llevan ya más pastel de la renta que los sueldos. Después de devaluar los salarios cuatro años, para exportar mejor, es hora de pensar en otras cosas que sí mejoran nuestra competitividad: formación, innovación y tecnología, crédito, costes energéticos, más industria, organización del trabajo… Porque con salarios chinos ahogamos el consumo pero a la larga no competimos mejor. Sólo hay más pobreza y desigualdad. Así no habrá recuperación.
 
enrique ortega

El año 2013 acaba como empezó: con recortes en los sueldos de los que trabajan. Los pocos trabajadores que firman convenios sectoriales (4,2 millones hasta octubre) han conseguido una subida media del 0,55%, pero a un tercio les han impuesto congelación o bajada de sueldos. Y lo mismo al 60% de los que han firmado convenios de empresa. El resto, sin convenio, aún peor. Con ello, los sueldos llevarán a final de año 15 meses cayendo. Y el coste por unidad de trabajo, que había subido hasta 2009 (a pesar de la crisis, provocando mucho paro) lleva ya cuatro años bajando, según datos de la Comisión Europea: 2010 (-1,7%), 2011 (-1%), 2012 (-3%) y 2013 (-1,3%).

España es uno de los 7 países europeos donde bajan los sueldos en 2013 (el que más, junto a Grecia y Chipre) y el tercer país cuyos salarios han perdido más poder adquisitivo entre 2010 y 2012, un 6%, tras Portugal (-10%) y Grecia (-20%), mientras crecía en Alemania (+1,5%). Y el coste laboral por hora trabajada en España (2011) es un 25,3% inferior a la zona euro: 20,6 euros por hora frente a 34,2€ en Francia, 30,1€ en Alemania o 26,8€ en Italia.

Con este recorte y congelación de sueldos, nos encontramos un país donde el sueldo más frecuente son 15.500 euros brutos al año (2011), según el INE. Y un país donde 7,5 millones de trabajadores (más de la mitad de los 13,7 millones de asalariados) declaran a Hacienda ganar menos de 1.000 euros al mes. Y la mitad de ellos son minieuristas: ganan entre 400 y 1.000 euros al mes, como fruto de la tremenda precariedad laboral. Los que tienen peores sueldos son los que entran nuevos a trabajar: ganan un 30% menos que sus compañeros de empleo, según un informe de Infoempleo y Adecco. Y a los que más bajan el sueldo,  a los trabajadores de empresas en crisis (limpieza,concursos…)

Son datos doblemente injustos, porque contrastan con los beneficios empresariales, que crecen un 18% este año, según el Banco de España, mientras los bancos ganan un 80% más este ejercicio. Y los beneficios de las empresas del IBEX crecen un 12,9%, mientras 534 de sus directivos ganan más de un millón al año, 90 veces lo que sus empleados (en Europa hay una campaña, 1:12,  para que nadie gane más de 12 veces). Lo más llamativo es que, con la crisis, los beneficios empresariales superaron en 2012 a los salarios (46,1% frente a 44,2%) en el reparto del pastel de la renta española, por primera vez desde 1982.

Los salarios no van a mejorar con la pretendida “recuperación”: los costes salariales seguirán cayendo en 2014 (-1,1%) y 2015(-0,6%), según el informe de otoño sobre España de la Comisión Europea, que vaticina nuevas pérdidas de poder adquisitivo de los trabajadores españoles:- 1,4% en los dos próximos años, a pesar de la baja inflación. Y también dice que, a pesar de este sacrificio, no se creará empleo neto en España hasta 2015.

La Comisión Europea, por boca del comisario económico Olli Rhen, ha reiterado este verano que España debe seguir con la moderación salarial y que quien la rechace es “culpable de que no se cree empleo”. Apoyaba así la tesis de “los hombres de negro” del FMI, que este verano recomendaron a España bajar un 10% los salarios para crear empleo y bajar el paro un 6% (¡al 20%¡). Lo mismo que predican el Banco de España, la patronal y numerosos expertos. Todos tienen en común dos cosas. Una, olvidan la historia económica: la caída de salarios hunde el consumo y el crecimiento. Dos, sus sueldos millonarios: 22.963 euros al mes(más dietas) Olli Rhen, 324.000 euros netos al año Cristian Lagarde (FMI) y 81.320 euros al semestre Luis María Linde (gobernador Banco de España). Todos ganan en un mes lo que un español medio en uno o dos años. Así es fácil pedir moderación salarial.

Pero, ¿sirve de algo la moderación salarial? Evidentemente, un país en crisis y con 6 millones de parados no puede tener los sueldos disparados, máxime si quiere competir con otros países. Pero hundir los sueldos tampoco es bueno, salvo para aumentar los beneficios empresariales. Primero, porque un problema agravado de España es el alto endeudamiento de las familias, que deben todavía 798.000 millones (618.500 en hipotecas). Y si no tienen ingresos, difícilmente lo podrán pagar, con lo que aumentan los morosos y los problemas de los bancos (peligrando la costosa reforma financiera). Segundo, con la congelación o caída de los salarios, las familias tienen muy difícil llegar a fin de mes y gastan lo imprescindible. Resultado: no hay consumo, que es el responsable del 60% del crecimiento en nuestra economía. Y sin consumo no hay ventas, las empresas no ingresan ni para pagar sus deudas y en lugar de crear empleo, lo reducen o cierran.

La devaluación de los salarios se justifica para ser más competitivos fuera y exportar más, algo logrado desde 2011, aunque en 2013 se estén desinflando las exportaciones (crecen menos), por el bajo crecimiento europeo y mundial. Pero aun así, las exportaciones sólo aportan el 21% del crecimiento español (un tercio que el consumo), sólo ayudan a 6 regiones (Navarra, Murcia, País Vasco, Cataluña, Galicia y Aragón) y benefician a 136.773 empresas de 3,2 millones (sólo 5.000 empresas concentran el 86% de las exportaciones). Y tan importante para exportar es la moderación salarial como la financiación (no hay) y la cotización del euro, que sigue por encima de 1,35 dólares, con lo que la moneda fuerte (sin que el BCE haga nada) se come nuestro sacrificio salarial.

Se ha repetido muchas veces, la última, este verano, la OIT: prolongar los recortes salariales pone en peligro el crecimiento (al caer el consumo) y el empleo, además de aumentar la pobreza (21,6 % de nuestros hogares) y la desigualdad. Y como se ve, no ayuda a crear empleo: en los dos años de Gobierno Rajoy se han perdido 1.230.000 empleos, a los que habrá que sumar otros 30.000 en 2014 (123.000 según el FMI). Es hora de cambiar de política, de reanimar el consumo con ligeras subidas para los sueldos más bajos y medios, congelando y bajando los más altos. Y mejorar la competitividad por otras vías: recorte otros costes (energía, transportes), crédito accesible y barato, más formación, más innovación y tecnología, mejora de productos, nuevos modelos de negocio, más industrias y empresas de mayor tamaño, mejor organización del trabajo, más integración laboral

No todo pueden ser los salarios. España no puede aspirar a ser la China de Europa. Hundir los salarios puede ayudar a la exportación, pero luego hace falta competir con algo más que precio, con producto, innovación y calidad. Y dentro, no podemos aspirar a una economía low cost, donde compremos de saldo a costa de sueldos de miseria. Muchos empresarios buscan aprovechar la crisis para recomponer sus beneficios a costa de sus trabajadores, acuciados por el miedo al paro. Pero así, con empleados malpagados y desmotivados no se compite. Sólo se sobrevive un tiempo. Pero ya llevamos 4 años y lo que nos queda. Hay que montar los negocios sobre sueldos dignos, porque si exigen sueldos chinos es que no son viables. Y además, si hunden aún más los salarios, no saldremos de la crisis. Sólo seremos más pobres.

domingo, 3 de junio de 2012

La devaluación de los salarios


Los fundamentalistas de los recortes tienen otra obsesión, en España y en Bruselas: que se recorten los salarios (no los suyos, claro), para competir mejor. Al principio de la crisis, los salarios en España siguieron subiendo como si nada y las empresas ajustaron sus costes recortando empleo. Pero a partir de 2010, los sindicatos pactaron bajas subidas y ahora los costes laborales llevan 9 trimestres bajando y son de los más bajos de Europa. Cuatro de cada diez empresas redujeros sus salarios en 2011.Y el Gobierno Rajoy quiere que sigan bajando hasta 2016, perdiendo más poder adquisitivo. Eso sí, suben los sueldos millonarios de los directivos, equivalentes hasta a los de mil empleados. Y sigue sin crearse empleo, porque con salarios a la baja no hay consumo ni ventas y no se crece ni crea empleo. Moderación sí, pero no sueldos mileuristas a la China.  
enrique ortega

Antes de que España entrara en el euro, se podía mejorar la competitividad de nuestros productos devaluando la peseta (tres veces en los noventa): los artículos valían menos y se vendían mejor. Pero en el euro, la única manera de competir fuera es tener mejores productos y menores costes, desde la energía y los impuestos o cotizaciones a los salarios, que es “lo más fácil de ajustar” (y más con la amenaza del paro). Es lo que algunos defienden, en Bruselas y en España, como “la devaluación interna”. A lo claro: trabajar cobrando menos.

España, con salarios más bajos que la mayoría de Europa, afrontó la crisis de 2008 sin rebajar los salarios, como hicieron muchos países: en plena crisis (2009), los salarios subieron un 5,6% (+0% en Alemania). Y  las empresas ajustaron costes despidiendo gente: 2,5 millones de empleos perdidos. En 2010, los sindicatos aprendieron y pactaron tres años de moderación salarial, que ha surtido su efecto: los costes laborales (CLU) llevan nueve trimestres cayendo, desde principios de 2010 y han bajado un 2,5% a principios de 2012. Y en 2011, cuatro de cada diez empresas rebajaron sus salarios.

España es el tercer país de Europa cuyos salarios han perdido más poder adquisitivo entre 2010 y 2012, un 6%, tras Portugal (-10%) y Grecia (-20%), mientras crecía en Alemania  (+1,5%). Y el coste laboral por hora trabajada en España (2011) es un 25,3% inferior a la zona euro: 20,6 euros por hora frente a 34,2 € en Francia, 30,1 € en Alemania o 26,8 € en Italia.

En enero de este año, sindicatos y patronal pactaron más moderación salarial para 2012 (+0,5%), 2013 y 2014 (+0,6%), pero unos días después, el Gobierno convertía este acuerdo en papel mojado con la reforma laboral, que permite rebajar los sueldos al mínimo de convenio o incluso que una empresa se descuelgue de los salarios de convenio si le caen dos meses las ventas. Con ello, se han multiplicado las rebajas extras de sueldo, que se verán también en el sector público. Y el Gobierno, en el Plan de Estabilidad enviado a Bruselas apuesta por congelar  salarios y más rebajas de los costes salariales hasta 2016: -1,7% (2012), -1,0 (2013 y  -0,5% (2014 y 2015). Eso supondrá una pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores del 5,6% en la legislatura de Rajoy.

En paralelo, mejorarán los márgenes empresariales, por menores costes salariales y una posible rebaja de cotizaciones en 2013. De hecho, las rentas empresariales ya ganan a las salariales en el reparto de la renta: suponen ya el 47,6% de la renta frente a 45,4% el de los trabajadores (que tenían un 53% en los años 80 y el 50,74% en 2009). Y este desigual reparto empeorará en los próximos años, porque habrá menos asalariados trabajando (el Gobierno espera perder 635.000 empleos en 2012 y 66.000 en 2013) y seguirán cayendo los salarios reales, por la crisis y la reforma laboral.

 No es sólo que los asalariados pierdan parte del pastel de la renta sino que además, crecen las desigualdades entre la mayoría de los trabajadores y los ejecutivos de las grandes empresas: 534 directivos de las 35 empresas del IBEX ganaron en 2011 más de un millón al año, 24,68 veces lo que un  empleado de sus empresas (antes de la crisis, 23,53 veces). Y hay una decena de presidentes y consejeros delegados que ganan más de 3 millones al año, mientras defienden públicamente la moderación salarial (de otros). El mejor pagado, Pablo Isla, presidente de Inditex ganó 20,3 millones, el sueldo de 1.000 de sus empleados. Y los 12,7 millones de Alfredo Sáenz (Santander) o los 10,27 millones de Cesar Alierta (Telefónica) equivalen al  sueldo de 250 de sus empleados. Un escandaloso contraste con 8 millones de asalariados (la mitad) que son  mileuristas. Y además, la mitad de los ejecutivos de empresas IBEX tienen contratos blindados, con 2 a 5 años de indemnización (frente a 20 días el resto).

La moderación salarial es obligada en plena crisis, para mejorar la competitividad, pero el problema es que no sea excesiva. Porque la moderación a secas, sin incentivos al trabajador para que produzca mejor, fomenta la apatía y el absentismo. Además, con caídas de salarios, las familias no pueden reducir su endeudamiento (más crisis financiera) ni consumir, con lo que caen las ventas, la inversión y el empleo. Y no salimos de la recesión. Y encima, los bajos salarios no aseguran vender más: nuestras exportaciones han pinchado este año porque 12 países de Europa están en recesión. La clave no es sólo moderar los salarios en la Europa del sur sino que la Europa del norte consuma más y tire del resto.

Además, la competitividad no pasa sólo por tener bajos salarios: hay que tener productos con calidad, innovación, diseño y precio (los salarios bajan, pero los precios no tanto), empresas bien organizadas y con tecnología, un personal formado y una estructura económica competitiva, no basada sólo en el turismo y el ladrillo. De hecho, de las cuatro autonomías con costes laborales más altos (País Vasco, Madrid, Cataluña y Navarra), tres son las que tienen menos paro, mientras las tres con salarios más bajos (Andalucía, Extremadura y Canarias) están a la cabeza del desempleo.

En definitiva, moderación salarial sí, pero no salarios a la China, porque entonces no se consume ni se vende. Competir no es sólo tener los sueldos más bajos de Europa sino bajar también otros costes (energía, cotizaciones)  producir mejor, con calidad e innovación. Y no cargar la competitividad sobre unos salarios mileuristas mientras otros se hacen millonarios. Otra vez más, el fundamentalismo nos lleva por el camino equivocado.