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jueves, 23 de marzo de 2017

60 años UE: Europa debate su futuro


Este sábado 25 de marzo, los líderes europeos se reúnen en Roma para celebrar los 60 años del nacimiento de la Unión Europea y reflexionar sobre la Europa del siglo XXI, ya sin Reino Unido. Los grandes paises, con Alemania a la cabeza, apuestan por una “Europa a 2 velocidades”, donde algunos avancen más en Defensa, seguridad o inmigración mientras otros se queden rezagados. Es una mala salida. La receta debería sermás Europa”, más Presupuesto único, más unión bancaria, eurobonos y deuda compartida, más inversiones europeas y, sobre todo, políticas para crear más empleo y reducir el paro, la pobreza y la desigualdad, las grandes preocupaciones de los europeos y el origen de tantos populismos. Hay que avanzar hacia los Estados Unidos de Europa, para ser más fuertes y competitivos en un mundo globalizado, donde si los europeos no lo remediamos, el futuro será de Asia y América. Una Europa más fuerte, no varias Europas y volver al nacionalismo en cada país.
 
enrique ortega

Antes de afrontar el futuro de Europa, será útil echar un vistazo al pasado, a esos 60 años donde Europa ha ido creciendo, lentamente y con muchos problemas, desde los 6 miembros (Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) que crearon la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957 a los 12 miembros de 1986 (con Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, que entraron en 1973, más Grecia, España y Portugal), los 15 de 1995 (con Austria, Suecia y Finlandia), los  25 de 2004 (tras la entrada de 8 paises del Este, más Malta y Chipre) y los 28 de 2013 (tras la entrada de Rumanía y Bulgaria, en 2007, y de Croacia). Por el camino se creó en 1993 el mercado único (libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales) y en 1999 el euro, ahora con 19 países, la segunda moneda más usada del mundo, mientras se avanzaba menos en fiscalidad, unión bancaria, inmigración o Europa social.

Dos han sido los grandes logros de la Unión Europea en estos 60 años. El primero, asegurar la paz entre los europeos, tras dos Guerras mundiales y muchos siglos antes de conflictos armados. El segundo, una cierta riqueza y prosperidad. Europa salió de la II Guerra mundial exhausta (leer el excelente libro “Postguerra”, de Tony Judt), con 55 millones de muertos, la economía destruida y mucho hambre hasta mediados de los 50, pero en dos décadas se recompuso y a pesar de las crisis (años 70, 80, 90 y la actual), la Unión Europea es la segunda zona del mundo con mayor nivel de vida (29.500 euros per cápita), tras EEUU (51.000 euros per cápita).

Ahora, el Brexit, la salida de la UE de Reino Unido (que intentó ingresar tres veces, por el veto francés) y el cambio geopolítico mundial provocado por la llegada de Trump fuerzan a Europa a replantearse su futuro, aprovechando los 60 años del Tratado de Roma. Pero los problemas están ahí de antes: es la Gran Recesión de 2008 la que ha puesto a prueba la Unión Europea y la que ha desvelado claramente sus fallos, básicamente la falta de liderazgo político y económico para avanzar en el proceso de integración, que ha sido muy lento. Europa tiene una moneda común pero ha avanzado muy poco en otras políticas: fiscales, financieras, deuda, laborales, sociales, Defensa y Seguridad, medioambientales, migratorias, educativas, tecnológicas, digitales… Y con la crisis, se ha notado más esta “no unión”.

El mayor problema de la Unión Europea ha sido lo mal que han gestionado esta crisis sus líderes, los de Bruselas y los de los distintos paises, con Merkel a la cabeza. Hay un dato clave: en octubre de 2009, en el peor momento de esta crisis, Europa y EEUU tenían el mismo nivel de paro, el 10% (ver este gráfico). Y hoy, USA tiene el 4,8% de paro y la zona euro justo el doble, el 9,6%, según Eurostat. ¿Qué ha pasado, por qué el balance es tan diferente? Pues porque ambos continentes han aplicado recetas distintas. Estados Unidos básicamente tres: inyectar liquidez al sistema (bajando tipos, del 5,25% en 2007 al 0,25% en 2008, y comprando deuda), aprobar un enorme Plan de inversiones (800.000 millones de dólares en 2009) para reanimar la economía y bajar los impuestos. Mientras, Europa abandonó sus estímulos en 2010, forzó  recortes a los paises más débiles (Grecia, Portugal, Irlanda y España)  y bajó más lentamente los tipos de interés (en 2008, cuando USA los tenía en el 0,25%, aquí estaban en el 2,5%) para incluso subirlos después (en abril y julio de 2011, el BCE subió los tipos, del 1 al 1,50%), llevando a Europa a una segunda recesión, en 2012 (-0,7% PIB) y 2013 (-0,3%), mientras EEUU crecía ya desde 2010 (+2,5%).

Los líderes europeos, Bruselas y sobre todo Merkel y Alemania, se empecinaron en “ir contra corriente”, en frenar en 2010 las políticas de dinero barato y reactivación de la economía que aplicaron con éxito EEUU, Reino Unido, Japón, China, Brasil y muchos paises. Optaron por “el fundamentalismo del déficit”, la austeridad, que ha sido “un suicidio para Europa”, porque ha metido a muchos paises en un bucle siniestro: hacen recortes, recaudan menos, aumenta su déficit y su deuda, crecen menos, recaudan menos, tienen que hacer más recortes y así siguiendo. Es lo que ha pasado en Grecia, en Portugal y en España, países que tienen hoy más deuda que en 2010 y donde la austeridad se ha llevado por delante empleos y riqueza, agravando la pobreza y la desigualdad. Y todo con un objetivo, digámoslo claro: se recetaban recortes para asegurar que los paises tenían dinero para pagar los intereses de la deuda de los bancos alemanes y franceses, los más “pillados” por el exceso de deuda en la Europa del sur. Incluso las presiones de Merkel y Bruselas llevaron a Zapatero a cambiar la Constitución, en 2011, con apoyo de Rajoy, para asegurar que el pago de intereses de la deuda tiene prioridad sobre los demás gastos, pensiones incluidas. Inaudito pero cierto.

Esta política de recortes y austeridad podría haber roto el euro y Europa si no hubiera actuado “de bombero” el Banco Central Europeo, el BCE. En noviembre de 2011, con Europa al borde de la segunda recesión (2012 y 2013), Draghi accedió como presidente del BCE y empezó a bajar los tipos de interés, del 1,50% que los encontró al 0% en que los situó en marzo de 2016 y donde siguen ahora. Además, en julio de 2012 soltó a los mercados su famosa frase (“el BCE hará lo necesario para sostener el euro”), que ciertamente salvó la moneda europea y evitó el rescate de España (fue Draghi, no Rajoy), aunque no el rescate bancario. Y en 2013 volvió a calmar a los mercados, con bajadas de tipos y el anuncio de compras de deuda pública y privada, que empezaron en marzo de 2015 (7 años más tarde que en USA y Reino Unido)  y que han inyectado ya 1,4 billones de euros en la débil economía europea. Una inyección de dinero barato que mantendrá hasta 2018.

El BCE ha impedido que el euro y Europa se rompan, pero la economía europea languidece, a pesar de estar “dopada” por el BCE. “No vemos cimientos sólidos en el crecimiento actual”, acaba de decir de Europa la economista jefe de la OCDE. Y es que la zona euro creció un 1,7% en 2016 (1,9% la UE-28) y para 2017 se espera un menor crecimiento, del 1,5%, que será igual en Alemania y menor en Italia (+0,9%), Francia (+1,4%) y Reino Unido (+1%), con un +2,3% en España. Y con tan bajo crecimiento, el empleo crecerá poco (+1%) y el paro se mantendrá en el 9,6%, con casi 21 millones de europeos sin trabajo. Y mientras la economía no despega, hay ya 119 millones de pobres en Europa (un 23,7% de europeos viven con menos del 60% de los ingresos medios, según Eurostat) y ha aumentado la desigualdad, con un 20% de los jóvenes europeos sin trabajo, cuatro veces los de EEUU. Y así, con un continente estancado, que no crece y pierde peso en el comercio mundial (ha perdido cuota, del 42,7%en 2005 al 38% en 2016, según la OMC), con mucha deuda, mucho paro y demasiada pobreza y desigualdad, crece el populismo y los euroescépticos.

¿Qué se puede hacer? Los dirigentes de la Comisión Europea (la mayoría, como su presidente Juncker, culpables del estancamiento económico y político actual por su pésima gestión de la crisis) se han “sacado de la manga” un pretendido Libro Blanco que propone 5 soluciones de futuro resumibles en tres: seguir como estamos, avanzar en la integración o quedarse en un punto medio, ir a una Europa a 2 velocidades donde los paises que quieran avancen en algunos temas y los demás no. Una propuesta, la de una Europa a varias velocidades, que gusta a Alemania (siempre que sea ella quien mande) y que apoyan también Francia (Hollande se va en mayo), Italia (con un líder desconocido y elecciones pronto) y España, donde Rajoy ve la oportunidad de afianzarse en la política europea entre tanto líder caducado. Pero que no gusta a los paises del Este, porque temen quedar relegados frente a un "club de élites" (la centro Europa rica). De momento, lo que Merkel y Rajoy piensan es en avanzar en la Europa de defensa y Seguridad, gastar más en armamento para construir un esbozo de Ejército europeo ante las críticas de Trump. Pero no les preocupa avanzar en crecer más, en recortar el paro y la pobreza, en invertir más, en apostar por la tecnología y la competitividad, los grandes retos del futuro para Europa.

La Europa a 27 tiene hasta la Cumbre de diciembre de 2017, cuando pasen las elecciones en Francia (mayo) y Alemania (septiembre), para decidir entonces por dónde avanza sin Reino Unido y con Trump y la crisis internacional ensombreciendo el panorama. Todo apunta a que si gana Merkel, Alemania seguirá pilotando la futura UE, con el apoyo de Francia, Italia y España, pero sin querer afrontar los problemas de fondo, que exigen más Europa y no varias Europas, con un acuerdo entre distintos paises (no siempre los mismos) para afrontar cada problema.

El gran reto de la futura Unión Europea es unirse más, no dispersarse. Y eso pasa por aprobar un potente Presupuesto europeo, que tenga más fondos para sacar a Europa del letargo. Hoy día, el Presupuesto europeo es sólo el 1% del PIB de la UE, mientras en EEUU el Presupuesto federal es el 20% del PIB. Así que hay que conseguir más recursos para Europa, con mayor aportación de los paises y, sobre todo, con nuevos impuestos europeos, como la Tasa Tobin (sobre operaciones financieras) que han aprobado 11 paises y no se aplica, impuestos medioambientales, recargos sobre el IVA y más control fiscalmultinacionales, grandes empresas y los más ricos (que apenas pagan impuestos). Y luego, con más recursos, la futura UE podría gastar más en políticas de empleo y formación, en tecnología y en inversiones públicas, en reindustrialización y digitalización, en política social y en los jóvenes y las mujeres.

Además, la UE debería funcionar como una verdadera Unión y crear ya un Tesoro europeo que emitiera  deuda pública conjuntamente (eurobonos), para que los paises más endeudados y más pobres del sur pagaran menos intereses (Alemania pagaría más y por eso Merkel no quiere). También hay que avanzar en la Unión Bancaria, creando un Fondo europeo de Garantía de depósitos (Alemania tampoco quiere). Y en la Unión Fiscal, para que no suceda como ahora, que las empresas pagan en unos paises el 35% (Bélgica) y en otros el 12,5% (Irlanda). Y en la Europa de la energía, cuando Alemania se busca su gas en Rusia. Y en un seguro de paro europeo, así como prestaciones sociales a 27. Sin olvidar una política realista de inmigración, en vez de plantearse “echar a 1 millón de emigrantes ilegales”, al estilo Trump: Europa es un continente envejecido, el único que perderá población para 2050 (habrá 31 millones menos de europeos) y necesitará emigrantes a medio plazo.

El gran problema de Europa es que se ha quedado a medio camino en su unión y los grandes paises quieren retomar poder y competencias, para crear no una Europa sino varias, al menos tres: los paises ricos del norte, con Alemania y sus paises limítrofes, la retrasada Europa del sur y la más pobre Europa del Este, que no despega y teme quedarse relegada, mientras tienen allí cada vez más poder políticos antieuropeos, como los de Polonia o Hungría. Habría que recuperar el espíritu de los fundadores de Europa, avanzar en la Europa económica, política y social, que defiende la democracia real y la prosperidad, frente al autoritarismo y el populismo. Una Europa más competitiva y abierta, que gane en riqueza y empleo, para que 510 millones de personas no teman la “invasión” de emigrantes que se sumen a los 49 millones actuales. No es un reto fácil, porque Asia y América pelean por dominar el futuro. Pero Europa puede mantenerse, avanzando todos juntos, explotando el potencial de 27 paises, no buscando salvarse cada uno como pueda. Es la hora de unirse más, de avanzar, no de buscar atajos dispersando fuerzas. Más juntos y más Europa.

martes, 6 de diciembre de 2016

Europa no aprende:vetan estímulos económicos

Da igual que haya Brexit, que gane Trump y  que Italia entre en crisis política mientras la economía europea sigue estancada y con el doble de paro que EEUU, como acabo de explicar en Economía a lo claro. Los fundamentalistas de la austeridad no están por la labor de reanimar la economía europea, ni siquiera inyectando unos mínimos 50.000 millones de euros (0,5% del PIB de Europa), como proponía el presidente de la Comisión, el conservador Juncker. Alemania y los paises ricos del norte lo vetaron ayer en el Eurogrupo: no habrá inversiones extras para reanimar la economía europea, como habían pedido también el FMI, la OCDE, el G-20, Obama y el BCE. Y Francia, España  y los paises del sur se han “achantado”, aunque les supondrá crecer menos y crear menos empleo. Rajoy no dice nada y la  “oposición” menos. Quien manda, manda. Aunque lleven a Europa al estancamiento económico y social y al populismo o a la extrema derecha. Locos austericidas

lunes, 27 de octubre de 2014

Cumbre UE:inversiones en el aire y más recortes


Llevamos dos meses diciendo que viene el lobo de la tercera recesión, pero los Gobiernos europeos siguen sin tomar medidas. En la Cumbre europea de la semana pasada, hablaron de energía y se limitaron  a apoyar un Plan de inversiones pendiente de concretar y que se queda corto: 300.000 millones en tres años (el 0,76% del PIB europeo) de inversiones públicas y privadas, sin que los países pongan un euro nuevo. Y mientras intentan calmar a los países y mercados con esta “zanahoria” inversora, Merkel y los fundamentalistas de la austeridad (que dominan la nueva Comisión Europea) siguen con “el palo” de los ajustes: han pedido por carta a 6 países, entre ellos Francia e Italia, que recorten más su gasto en los Presupuestos 2015. O sea, más de la misma medicina: la austeridad, que ha llevado a Europa al estancamiento, el paro y la desigualdad. Si imponen más recortes (aunque aderezados con pocas inversiones más), la tercera recesión será un hechoCambien de una vez.
 
enrique ortega

Los últimos datos que vienen de Europa confirman el estancamiento económico de la zona euro, que no creció nada (+0% PIB) en el segundo trimestre, tras un mínimo crecimiento en el primero (+0,2%). En Alemania, las exportaciones (su “motor”) cayeron en agosto y su economía podría haber pinchado otra vez en el tercer trimestre (cayó un -0,2% en el segundo), lo que ha obligado al Gobierno a rebajar 6 décimas su previsión de crecimiento para 2014 (+1,2% ahora). Francia va camino de un crecimiento negativo, tras dos trimestres sin crecer (+0%PIB). Italia ya está en recesión (lleva dos trimestres decreciendo) y va a seguir así. Y otros cinco países euro se han sumado al club de los que decrecieron alguno de los dos primeros trimestres de 2014: Dinamarca (+0,8 /-0,3%), Holanda (-1,4%/+0,5%), Suecia (-0,1 /+0,2), Finlandia (-0,3% /+0,2) y Portugal (-0,6/+0,6). Lo peor, además, es que este estancamiento de Europa coincide con una crisis en Latinoamérica y con un freno al crecimiento de China y otros emergentes, como demuestra la caída del petróleo.

España sufre este estancamiento europeo, en sus exportaciones (cayeron un 2% en el segundo trimestre) y en su crecimiento, que se ha reducido dentro de lo mínimo que es: del +0,6% en el segundo trimestre al +0,5% en el tercero, según estima el Banco de España. Y aunque crece el empleo, lo hace mucho menos: + 151.000 en el tercer trimestre frente a +402.400 en el segundo. Además, llevamos tres meses con inflación negativa, otro indicador de debilidad económica, mientras el crédito (más caro), la inversión y el consumo no despegan. Y, sobre todo, seguimos siendo líderes en paro (tras Grecia) y en déficit público (tras Japón), ocupando un lugar destacado en deuda pública (100%PIB). Y hemos perdido cinco puestos en el ranking mundial, pasando del 9º al 14º. Razones como para no presumir mucho de que “vamos mejor que el resto de Europa”, como hace Rajoy.

Ante este panorama, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de reiterar que Europa debe tomar medidas urgentes para reanimar la economía, con menos recortes y más inversiones. Y lo mismo ha pedido la OCDE y el G-20. Pero los líderes europeos no han hecho nada este año, primero preparando las elecciones de mayo y después pactando la nueva Comisión que se estrena el 1 de noviembre. Así que para frenar los temores de “los mercados” (si Europa no crece, no podrá pagar sus deudas), ha salido a la palestra otra vez el Banco Central Europeo (BCE), a hacer “de bombero” como en julio de 2012, cuando las declaraciones de Draghi evitaron la ruptura del euro. En julio de 2013 volvió a calmar los mercados, asegurando tipos bajos y liquidez. Y en junio de 2014, nos aseguró otro verano tranquilo al bajar los tipos (al 0,15%) y anunciar que en septiembre subastaría 400.000 millones para que los bancos pudieran dar más créditos. Ahora, ha ido más allá, al comprar (desde el 20 de octubre) bonos de bancos europeos, para inyectar más dinero a la economía europea.

Pero el problema de Europa no es que falte liquidez (“estamos sentados sobre una montaña de liquidez” ha dicho con razón el ministro alemán de Finanzas). Lo que falta es actividad, demanda solvente que pida ese dinero: la prueba es que los bancos europeos sólo pidieron en septiembre al BCE 82.600 millones de los 400.000 disponibles. Europa no tira porque falte crédito (aunque el poco que hay sea caro) sino porque las empresas no venden ni invierten porque los ciudadanos (endeudados y con bajos ingresos) apenas consumen. Por eso, la receta del FMI, la OCDE y muchos expertos es que hay que reanimar la economía a base de mejorar los salarios, bajar impuestos y, sobre todo, aumentar las inversiones públicas, para que “tiren” de las inversiones privadas, de la actividad y del empleo. Vamos, lo contrario de lo que lleva haciendo Bruselas, Merkel y los fundamentalistas de la austeridad desde 2010.

Como la realidad es tozuda, el hecho cierto es que la tercera recesión está a las puertas de Europa (el FMI ve 40% posibilidades) y eso obliga a sus  líderes a “hacer algo”. Por eso, el nuevo presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (responsable, como presidente del Eurogrupo entre 2005 y 2013, de lo mal que se ha gestionado la crisis del euro) ha querido “mejorar la imagen” de los burócratas de Bruselas, ofreciendo un Plan de inversiones a nivel europeo para atajar la recesión, Plan que la Cumbre europea respaldó la semana pasada. Suena bien, pero ojo. Primero, el Plan cuenta con pocos recursos: 300.000 millones en tres años (2015-2017), lo que supone anualmente el 0,76% del PIB europeo (como una gota de agua caliente en una bañera helada). Segundo, el Plan no se presentará hasta finales de diciembre, con lo que entraría en vigor para primavera de 2015, como pronto (demasiado tarde). Y tercero y más importante: no se va a gastar ni un euro nuevo, por imposición de Merkel: se pretende que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) amplíe capital y movilice recursos públicos (créditos que los países europeos, ya muy endeudados, tendrían que devolver) y privados. Algo difícil. Ya en junio de 2012 nos engañaron, aprobando con la propaganda habitual un "Pacto de Crecimiento y Empleo (PCE)" de 180.000 millones que se ha quedado en nada.

Este nuevo Plan de inversiones (aún muy en el aire) es “la zanahoria” que ofrece la nueva Comisión y la Cumbre a los europeos y a los mercados, para intentar tranquilizarlos. Pero en paralelo, viene el palo de los recortes, impulsado por Merkel y los fundamentalistas de la austeridad, que han ganado peso en Bruselas: ahora, los dos vicepresidentes económicos de la nueva Comisión, el finlandés Kaitanen y el letonio Dombrovskis, son dos políticos conservadores y ex primeros ministros que aplicaron en sus países duras dosis de austeridad. Y aunque toman posesión el 1 de noviembre, ya han empezado a actuar: Kaitanen ha enviado una carta a Francia, Italia, Eslovenia, Malta y Austria donde  les dice que los Presupuestos presentados para 2015 no son suficientemente austeros para cumplir el déficit y que tienen que recortar más, según el documento filtrado por el italiano Matteo Renzi, muy molesto.

Así que por un lado, el gobierno europeo le pone una vela (pequeña) al crecimiento, pero por otro, sigue forzando ajustes que hundirán más la economía europea: Francia ha propuesto recortar 50.000 millones en tres años e Italia unos 15.000 en 2015. Más los ajustes de la Europa del sur, desde Grecia a Portugal pasando por España (Presupuestos 2015). Merkel lo ha dejado claro: hay que seguir con los ajustes y Alemania no está dispuesta a gastar e invertir más para reanimar la economía europea, como le piden el FMI, la OCDE y el G-20. Defiende la posición de los países (y bancos) acreedores: que los deudores gasten menos para que ellos puedan cobrar. Pero si Europa entra en la tercera recesión, si no se crece, será más difícil pagar. Francia e Italia, gobernados por la izquierda, plantean suavizar los ajustes, pero lo tienen difícil con la nueva Comisión y Merkel, apoyada además por sus compañeros de coalición, los socialdemócratas (“Endeudar más a Alemania no va a generar más crecimiento en Italia, Francia, España o Grecia”, ha dicho el líder del SPD). Es una pelea desigual: el que paga y presta (Alemania) tiene la sartén por el mango (y el mango también).

Todo apunta a que, tras esta Cumbre, los líderes europeos vuelven a intentar ganar tiempo (como Rajoy en España), sacando de la chistera un Plan de inversiones descafeinado, que reanimará poco y tarde la economía,  mientras se preocupan de que todos los países recorten sus déficits, lo que hundirá a Europa en la tercera recesión. Y sólo cuando estemos al borde del abismo, quizás empiecen a priorizar la reactivación sobre la austeridad. De momento, les puede su ideología (“los zombis de la austeridad europeales llama el Nobel Joseph Stiglitz)  y su fundamentalismo no les deja ver que sus recetas, impuestas desde 2010, han fracasado claramente: dejan recesión, paro histórico, pobreza y desigualdad, mientras Estados Unidos (e incluso Reino Unido), con otra política, están saliendo adelante. “O logramos acercar a los ciudadanos a la UE o fracasamos; o logramos reducir el paro de manera draconiana o todo se irá al traste. Es la última oportunidad”. La frase es del nuevo presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, ante el Parlamento Europeo, el 22 de octubre. Es un buen diagnóstico. Lo malo es que sus recetas llevan a Europa al coma.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Europa (y España) se juegan la tercera recesión


A mediados de agosto, Eurostat dio la alarma: Europa no crece, Italia está en recesión, Francia casi y la economía alemana cae. Los líderes europeos, asustados, han convocado una Cumbre extraordinaria en octubre para reanimar la economía (la tercera en tres años). Prometen un Plan de inversiones, sin dinero nuevo, que no estaría hasta febrero de 2015. Mientras, piden al BCE que les saque las castañas del fuego, como en 2012 y 2013. Draghi ha bajado testimonialmente los tipos y va a comprar créditos a los bancos para inyectar dinero a la economía europea, pero lo que hace falta no es sólo liquidez sino reanimar las economías con un verdadero Plan Marshall europeo. Eso choca con la austeridad (suicida) que pregona Merkel y apoya Rajoy. Se espera que Francia, Italia y España hagan más recortes en 2015, para reducir sus déficits. Y eso podría llevar a Europa a la tercera recesión de esta crisis, hundiendo la tímida recuperación española. Cambien, reanimen la economía europea como ha hecho Obama con éxito. Si no, vamos hacía atrás, otra vez al agujero.


La economía europea no despega, tras cuatro años de austeridad. Al contrario, empeora: la zona euro se ha estancado en el segundo trimestre, creciendo un 0% (frente al +0,2% del primer trimestre), según Eurostat. Y la UE-28 creció sólo un +0,2%, frente al +0,3% del trimestre anterior. Lo más preocupante es que las tres grandes economías europeas están estancadas o cayendo: Italia ha caído en su tercera recesión en esta crisis (-0,1% en el primer trimestre y -0,2% en el segundo), Francia está parada (creció un 0% en el primer y segundo trimestre) y Alemania, el motor de Europa, decrece un -0,2% en el segundo trimestre (+0,7% en el primero), por el pinchazo de sus exportaciones y la crisis con Rusia.

Otro dato preocupante es la baja inflación europea, que cayó un -0,3% en agosto y está en el 0,4% anual (el dato más bajo desde 2009), con 4 países con inflación negativa (España entre ellos). Un indicador claro de que la economía europea está enferma y un factor que retrasa las compras y el consumo, debilitando las ventas, las inversiones y el empleo, muy débil. De hecho, Europa tiene 27 millones de parados, 2 millones más que en 2008, una tasa de paro del 11,5% (zona euro), la más alta desde la postguerra. Lo positivo es que el euro se ha debilitado, hasta los 1,30 euros/dólar (desde 1,40 en mayo), lo que facilita las exportaciones europeas, pero es otro síntoma de que el ahorro se va de Europa a EEUU (que subirá tipos en 2015), algo que antes o después va a encarecer la deuda y las primas de riesgo. Y lo más preocupante es que la crisis de Ucrania y las sanciones a Rusia van a ser la puntilla para Alemania y la Europa del este, agudizando el estancamiento europeo.

En medio de este panorama, Rajoy “saca pecho” con el dato de que España crece más que la mayoría de Europa: +0,6% en el segundo trimestre, tras crecer también los tres trimestres anteriores (+0,1% el tercero de 2013, +0,2% el cuarto y +0,4% el primero de 2014).Es cierto, pero se trata de un crecimiento muy coyuntural, ligado a la temporada turística y a las rebajas, como demuestra que en agosto se ha roto la racha de mejora del empleo, con una pérdida de casi 100.000 afiliaciones a la Seguridad Social. Un crecimiento pequeño, que aporta un empleo escaso, precario (muchos contratos temporales y por horas) y mal pagado.

Y lo peor es que España lleva ya un año con baja inflación (desinflación) y los dos últimos meses con inflación negativa (-0,5% de inflación anual en agosto). La baja inflación es un cáncer para la recuperación: retrasa las compras de los consumidores, retrae las ventas y las inversiones de las empresas y por tanto la creación de empleo. Además, dificulta devolver las deudas, en un país donde el Estado debe más de un billón de euros (100% PIB) y las empresas y particulares 1,86 billones más. Sin ventas y con salarios de miseria (1 de cada 7 trabajadores son pobres), resulta más difícil desendeudarse y además consumir o invertir. Y más si no hay crédito (ha caído otro 10% este año), el doble de caro que en Alemania.

Rajoy presume de que la recuperación de España está ahí y se apoya en la caída de la prima de riesgo, que ronda los 120 puntos (2,15% interés bono a 10 años) cuando hace dos años estaba en 610 (6,8% en 2012). Un síntoma de que algo va mal, de que los mercados no ven proyectos privados rentables para invertir y de momento se conforman con la deuda, a la espera de que suban los tipos en EEUU (2015) y se vayan allí. Porque una economía que crece al 0,6% no es atractiva. Y menos cuando las exportaciones llevan tres meses cayendo y ya no tiran de la economía. Y van a tirar menos en los próximos meses si Francia, Italia, Alemania o Portugal, nuestros principales compradores, no crecen. Y lo mismo el turismo.

Si Europa va mal, España irá a peor. Y hay un gran riesgo de que Europa caiga en la tercera recesión de esta crisis, tras una primera en 2009 (-4.5% PIB), por las hipotecas basura en USA, y otra segunda en 2012-2013 (-0,7% y -0,4% la zona euro), por culpa de la austeridad impuesta por Merkel y Bruselas en mayo de 2010, tras la crisis de Grecia. Los dirigentes europeos han visto las orejas al lobo, sobre todo el francés Hollande y el italiano Renzi, y han pedido al Banco Central Europeo (BCE) que les ayude, que haga de “bombero” como en 2012 y 2013. En julio de 2012, el BCE evitó la ruptura del euro y el rescate de España (y de Italia) con la famosa frase de Draghi: “haré lo que sea necesario para sostener al euro”. En julio de 2013 volvió a calmar los mercados, asegurando tipos bajos y liquidez. Y en junio de 2014, aseguró otro verano tranquilo al bajar los tipos (al 0,15%) y anunciar que este septiembre subastaría 400.000 millones para que los bancos pudieran dar más créditos.

Las medidas del BCE y los anuncios de Draghi han evitado una catástrofe pero no el estancamiento de la economía europea. Ahora, el 4 de septiembre, el BCE ha ido más lejos: bajó los tipos del 0,15% al 0,05% (algo impactante, pero poco efectivo) y anunció para octubre la compra de créditos a la banca privada (deuda vinculada a préstamos e hipotecas concedidos), en otro intento de inyectar liquidez, dinero, a la débil economía europea. Son medidas decididas pero tardías (se debieron tomar en 2012). Además, Draghi es prudente y no se atreve a lanzar toda su artillería para estimular la economía europea (podría comprar bonos y deuda privada, como hacen EEUU y Reino Unido desde 2009), por no despertar más los recelos de Alemania.

La actuación del BCE animará algo a la economía europea pero es insuficiente. Porque el problema de Europa no es la falta de liquidez (aunque falte crédito accesible en el sur) sino que no hay demanda ni inversión, que la economía está sin pulso, sin crecer y sin inflación, como Japón en los últimos 25 años. Y por eso, lo que urge es reanimar la economía desde los Gobiernos. De momento, los líderes europeos han convocado una Cumbre extraordinaria el 7 de octubre en Italia “a favor del empleo, el crecimiento y la inversión”. Suena bien, pero hay precedentes de Cumbres similares inútiles. En junio de 2012 se celebró una Cumbre donde los 27 aprobaron un “Pacto por el Crecimiento y el Empleo” que se quedó en nada. Y en junio de 2013, otra Cumbre europea aprobó un Plan de empleo juvenil (apoyado en tres Cumbres más ese año), con sólo 6.000 millones para los 28, que no se ha puesto en marcha en España hasta julio de 2014.

Ahora, el reelegido presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha prometido un Plan para movilizar 300.000 millones de inversiones públicas y privadas en Europa. Suena bien, pero tiene dos pegas. Una, que el Plan no se aprobará hasta febrero de 2015 (y 2014 será un año perdido). Y la otra, que no habrá un euro nuevo, según él mismo ha aclarado: se tratará de aprovechar mejor los recursos existentes. Es una concesión a Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, que no quieren gastar más para reanimar la economía europea. Y que insisten en que hay que seguir con el rigor presupuestario, con reducir los déficits. Así que lo seguro es que seguirán los recortes, ya anunciados en Francia e Italia. Y también en España en 2015, aunque sea un año electoral: la Comisión ya le ha dicho a Rajoy que para cumplir el déficit tendrá que recortar 20.000 millones extras en 2015. Lo veremos en los Presupuestos que se presenten a finales de septiembre. Y a las autonomías, Montoro les ha enviado 255 medidas de ahorro (más recortes).

El dilema de Europa es que si Francia, Italia, España (junto a Grecia, Portugal y algunos países del Este) hacen más recortes, la tercera recesión será un hecho. Y si se pone en marcha un Plan de reactivación europeo, Alemania y los países ricos del norte tendrán que pagarlo y dejar que la Europa del sur retrase el recorte del déficit. Más austeridad, como defiende Europa desde 2010, o reanimar la economía, como viene haciendo EEUU desde 2008. El balance de ambas políticas es incontestable: Europa está estancada y EEUU crece al 4% (2º trimestre 2014). Europa tiene un 11,5% de paro (zona euro), tras perder 2 millones de empleos, y EEUU tiene un 6,2%, tras crear Obama 9 millones de empleos.

Europa debe acabar con la política de austeridad, reanimando la economía europea con un Plan de inversiones públicas y privadas potente: los sindicatos han propuesto un Plan Marshall europeo que destine un 2% del PIB durante 10 años a inversiones, para crear 11 millones de empleos. Además, Alemania y la Europa más rica deben fomentar el consumo y la inflación, mientras en la Europa del sur se flexibilizan los objetivos del déficit público, para dar más margen a fomentar la inversión, la investigación, la formación y el empleo. Y ayudar a que los países del sur paguen su deuda, mutualizándola con eurobonos, para rebajar intereses. Y facilitar la renegociación de la deuda de empresas y particulares, para que puedan consumir e invertir, mientras se facilita el crédito, comprando el BCE más deuda privada.

En España, el Gobierno debería mejorar la recaudación y luchar de verdad contra el fraude fiscal: si recaudáramos como Europa, se podrían ingresar 90.000 millones más, para reducir el déficit y sostener inversiones públicas y el Estado del Bienestar. Además, hay que fomentar el consumo, con menos impuestos indirectos y salarios más altos (la mitad de los españoles ingresan menos de 1.000 euros al mes). Y el crédito y la inversión, con una política activa de fomento del empleo, que exige gastar más en formación y en colocar a los parados. Hay que volcarse en la reindustrialización, la educación, la investigación, el turismo y la exportación. Y corregir la pobreza y la desigualdad, un lastre para el crecimiento.

Si Europa se estanca o cae en la tercera recesión, España no se recupera. Rajoy no debería aliarse con Merkel y sus recortes sino sumarse a Hollande y Renzi para forzar un cambio en Europa, para reanimar la economía y salir de cuatro años de estancamiento, fruto de una austeridad suicida. Lo necesitamos más que nadie, porque tenemos el doble de paro. O cambian de política o vamos al abismo. Todos, pero nosotros más.