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lunes, 22 de junio de 2026

Lecciones tras la última crisis energética

Tras la firma del Acuerdo preliminar entre EEUU e Irán, el mundo espera que bajen los precios del petróleo, gas y carburantes, que han costado millones a los consumidores. Pero no será rápido: falta desminar Ormuz, restablecer el tráfico marítimo y reparar las instalaciones dañadas, más reponer las reservas de crudo. Los expertos creen que el mercado energético no se normalizará hasta fin de año, aunque en 2027 podría haber exceso de crudo y menores  precios. A España le ha afectado menos esta crisis que a otros paises, gracias al aumento de las renovables, que han permitido tener la luz a la mitad de precio que en Europa. Pero seguimos con un problema grave: el 68,4% de la energía consumida viene de fuera, somos los más dependientes de Europa (58,4%). Por eso, urge electrificar la economía, “huir del petróleo” en vehículos (electrificarlos), viviendas (calefacción por bombas de calor), industrias y transportes (aviación, barcos y trenes). Sólo así seremos más independientes frente a la próxima crisis energética (que llegará, seguro).

                     Los precios de los carburantes seguirán altos hasta fin de año y podrían bajar en 2027

El principio de Acuerdo firmado el miércoles entre EEUU e Irán pone un final provisional a la última crisis energética, que estalló el 28 de febrero, con los ataques de EEUU e Israel a Irán, disparando los precios del petróleo brent de 72,48 dólares/barril  (27 febrero) a 118,35 dólares (31 marzo), para bajar algo en abril (108,23 el día 27), mantenerse en mayo (107,77 el día 12) y bajar en junio (78,48 dólares/barril el 18 de junio, tras el pre-Acuerdo, aunque repuntó por encima de los 80 dólares el viernes, tras los nuevos ataques israelíes al Líbano. Pero los expertos insisten en que la crisis no se resolverá en unos días, que la normalidad en los mercados energéticos tardará tiempo: hay que “desminar” el estrecho de Ormuz, hay que agilizar el tapón de buques en la zona y agilizar el tráfico marítimo y hay que reparar las instalaciones energéticas dañadas en Irán y los paises del Golfo (el 80% afectadas). Y además, los paises más afectados por esta crisis (China, India, Japón y el sudeste asiático) tienen que reponer sus reservas, que están al mínimo, como también las europeas.

Todo este proceso de “normalización” puede durar entre 4 y 5 meses, según ha alertado la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que precisa que habrá déficit de petróleo en lo que queda de año (más demanda para cubrir reservas y el mayor gasto en verano, mientras la producción crecerá a menor ritmo), con lo que auguran precios altos (sobre los 75 dólares barril) hasta fin de año. Después, la AIE confía en que haya un superávit de petróleo en 2027, lo que podría hacer bajar los precios, entre 65 y 70 dólares el año que viene. Pero claro, estas previsiones saltarían por los aires si el conflicto con Irán se reproduce, si EEUU e Irán no llegan a un alto el fuego definitivo en estos 60 días que se han dado para negociar los aspectos más complejos de un acuerdo de paz definitivo, con Israel complicándolo.

Mientras parece que ha pasado lo peor de esta crisis energética (la 5ª de las últimas décadas, tras las crisis de 1973,1979, 2000-2008 y la de 2022-2023), es un buen momento para sacar lecciones y enseñanzas para el futuro. En el caso de Europa, esta crisis ha sido menos dañina que la crisis energética que sufrimos tras la invasión de Ucrania (24 febrero 2022), porque entonces Europa dependía en exceso del petróleo y sobre todo del gas, que disparó su precio mucho más que ahora : pasó de 74 euros/MWH el día 22 a 107 euros el 24 y 337 euros en agosto de 2022, mientras ahora ha subido sólo de 30,6 euros/MWh en enero a 67,50 euros en mayo 2026. Y además, la mayor parte de los paises tomaron medidas y aprobaron ayudas (en España, la “excepción ibérica”, poniendo un tope al precio del gas que salvó el recibo de la luz). Además, aquella crisis energética duró casi dos años, mientras que el conflicto de Oriente Medio ha durado menos de 4 meses.

España ha sido uno de los paises europeos menos afectados por esta 5ª crisis energética, por varias razones. La primera, que sólo el 10% de todo el petróleo que importamos procede del Golfo Pérsico (Arabia Saudí e Irak) y el 2% del gas importado (de Catar), lo que ha limitado el impacto directo en el aprovisionamiento, aunque no el impacto de las subidas globales (petróleo, gas y carburantes)  y la incertidumbre del mercado. Otro factor que nos ha ayudado es que ha mejorado la “eficiencia energética” de la economía española: ahora consumimos un tercio menos de energía para producir que hace 20 años (100 de intensidad energética frente a 150 en 2014, según CaixaBank Research). Eso nos hace más competitivos y reduce los costes energéticos, junto al ahorro energético, a las menores compras hechas al inicio de 2026, por temor al estallido del conflicto. La consecuencia ha sido muy evidente: en el primer trimestre de 2026, España ha reducido un -22,5% su déficit energético, el recibo por las compra-ventas de petróleo, gas y carbón importado: 7.377 millones pagados (enero-marzo 2026), frente a los 9.529 millones pagados en el primer trimestre de 2025, según Comercio.

Pero la mayor ayuda frente a esta crisis energética la ha tenido España con las renovables. El creciente peso de las energías renovables (eólica, solar, hidráulica) en la generación de electricidad (han aportado el 60,3% de la electricidad producida de enero a mayo, frente al 42,8% que aportaron en 2022) ha permitido contener el precio mayorista de la electricidad y con ello, el precio final del recibo. Así, el precio mayorista de la electricidad fue de 41,77 euros/MWh en marzo, 42,44 euros en abril y 54,23 euros en marzo, frente a 71,67 euros en enero y 16,41 euros/MWh en febrero. Y lo más importante, España ha conseguido producir una electricidad de las más baratas de Europa: ese precio mayorista de 54,23 euros/MWh en mayo era similar al de Francia (52,2 euros, por su elevado parque nuclear), casi la mitad del precio de Alemania (98,29 euros/MWh) y menos que la mitad de Italia (119,51 euros/MWh). Y lo mismo pasaba el jueves 18 de junio: España tenía un precio mayorista de 94,90 euros/MWh, frente a 98,32 euros Francia, 117,63 euros Alemania y 132,22 euros/MWh Italia… 

Veamos en detalle por qué pasa esto, comparándonos con Alemania. En mayo, ellos tenían un 65% de la electricidad renovable frente al 60,5% de España (aunque parezca mentira, Alemania apostó antes por el sol, el aire y el agua). Pero produjeron un 34,1% de la electricidad con gas y carbón, mientras en España estas energías fósiles sólo generaron un 18,8% de la electricidad (gracias también al 17,1% nuclear, energía que no aporta nada en Alemania). Resultado: como el gas casi duplicó su precio (de 31 euros/MWh en febrero a 50 en mayo), la generación de electricidad costó casi el doble en Alemania que en España.

La apuesta española por las renovables (que han pasado de generar el 47,2% de la electricidad en 2021 al 60,3% este año) ha servido para proteger a los consumidores (particulares y empresas), que hemos pagado de media 10 euros menos al mes en nuestro recibo de lo que hubiéramos pagado en esta crisis sin tantas renovables, según un estudio de la consultora Ember. Y eso que desde el apagón (abril 2025), los usuarios pagamos un extra en la factura para que REE mantenga disponibles centrales de gas e hidroeléctrica, lo que supone un coste adicional en el recibo de unos 5,5 euros mensuales, según el grupo ASE.

A pesar de estas ventajas ante la última crisis energética, España tiene un gran punto débil, su enorme dependencia energética frente al exterior: importamos casi el 70% de toda la energía que consumimos, todo el petróleo (50% de la energía consumida) y todo el gas (19%) y carbón (1%), mientras las renovables (autoabastecimiento) suponen sólo el 19,5% de la energía total que consumimos y la nuclear otro 10,5% (autoabastecimiento a medias, porque el uranio y el combustible enriquecido se importan). Una dependencia energética de España (68,4% en 2024) muy superior a la media europea (UE-27 importa el 58,4% de la energía que consume), siendo el 63,7% en Alemania, el 44,4% en Francia y el 73,4% en Italia.

Esta alta dependencia de España de los combustibles fósiles (petróleo y gas, básicamente) se debe a que los principales sectores económicos están “enganchados” a los hidrocarburos, lo que les hace muy vulnerables cuando hay una crisis energética y se disparan los precios. Es cierto que España lidera la producción de electricidad renovable, pero está muy retrasada en la sustitución de hidrocarburos por energías limpias. Por ejemplo, en la movilidad y el transporte, donde seguimos dependiendo del petróleo: el 90,3% de los vehículos que circulan por España son diesel (18,4 millones, el 58,9% del total) o de gasolina (10,5 millones, el 33,8% del parque) y sólo el 21,4% de los coches que se venden son electrificados (eléctricos e híbridos enchufables). En las viviendas, donde el 95% de los hogares tienen calefacción de gasoil o gas (sólo el 5% tienen bombas de calor, con electricidad). En las industrias, donde el 75% utilizan todavía fuel o gas. Y en el transporte ferroviario (sólo el 65% de la red está electrificada) aéreo o marítimo, donde apenas han penetrado los combustibles alternativos.

Así que el gran reto de España (y de Europa) es “huir” de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y “electrificar la economía, generando electricidad con energías renovables que son 100% nacionales y aseguran la autosuficiencia energética. En Europa, sólo el 23% de las necesidades energéticas se abastecen con electricidad, según Eurostat, y en España ese porcentaje es del 24%, con lo que queda mucho por hacer. Un ejemplo de lo que se puede conseguir lo ofrece Noruega: el 47% del consumo final de energía lo aporta la electricidad, desde los coches eléctricos (98% de todos los que se venden) a su uso en la industria, las viviendas o los transportes. Y además, el 98% de esa electricidad que se consume en Noruega procede de fuentes renovables (allí, principalmente, plantas hidroeléctricas). Si España igualase a Noruega en esta electrificación, algunos estudios calculan que podríamos ahorrar un tercio de las importaciones anuales de petróleo y gas (nos gastamos 40.000 millones de euros en 2025…).

Por todo ello, la gran enseñanza de esta nueva crisis energética es que Europa y España deben acelerar la electrificación de las economías, con incentivos a los conductores, las viviendas, las industrias y los transportes para que “huyan” del petróleo y se pasen a consumir electricidad (en redes o baterías). Y no sólo para no depender tanto del petróleo y del gas, que se produce en el extranjero (en paises en muchos casos “conflictivos”),  para verse menos afectados por las crisis energéticas, sino también para lograr una mayor autonomía energética y lograr importantes ahorros de divisas en importar menos energía. Unos ahorros que justifican los incentivos y ayudas públicas a conductores, viviendas, empresas y transportes para ayudarles a “huir” de los combustibles fósiles.

Eso debería obligar a España y al resto de paises europeos a invertir más en energías renovables, en baterías para almacenar esta energía y en fortalecer las redes eléctricas, para que puedan hacer frente a la mayor “electrificación” de la economía sin apagones… Todos estos son los objetivos del Plan del Clima PINIEC 2023-2030, cuyo propósito es “electrificar” un 35% de la economía para 2030 (ahora es el 24%) y que el 81 % de esa electricidad se genere con fuentes renovables (hoy es el 60,3%). Ahora, tras esta nueva crisis energética por la guerra en Irán, el Gobierno Sánchez está pensando en acelerar aún más esa electrificación de la economía, con más ayudas para vehículos, viviendas, industrias y transportes.

En paralelo, la Comisión Europea presentará hoy (22 de junio) un paquete de medidas para acelerar el abandono del petróleo, el gas y el carbón en Europa, con un Plan de acción para fomentar la electrificación de las economías europeas. La principal medida que propone Bruselas a los paises es reducir los impuestos que paga la electricidad, hoy muy elevados (hasta el 51% de la factura media de los hogares europeos son impuestos y cargos fijados por los Gobiernos, lo mismo que el 37% de la factura eléctrica de las empresas), para que sean muy inferiores a los impuestos y tasas que pagan los combustibles fósiles. Esto debería llevar, por ejemplo, a bajar los impuestos a la luz (21% de IVA y 5,15% del impuesto especial de la electricidad, más otro impuesto del 7% a la producción que acaban pagando los consumidores) y subir los impuestos al gasóleo y la gasolina, medidas impopulares reiteradamente exigidas por Bruselas y que Podemos, el PP y Vox han vetado en el Congreso…

En resumen, que estamos a la espera de si el Acuerdo preliminar entre EEUU e Irán se convierte en 60 días en una verdadero acuerdo de paz, mientras los mercados energéticos intentan normalizarse, un proceso que durará meses (eso si no vuelven las hostilidades). Pero deberíamos aprovechar esta nueva crisis energética para que España (y Europa) reduzcan su elevada dependencia energética del exterior, para que la próxima crisis (que llegará) nos dañe menos, a los consumidores y a la economía. Y eso obliga a acelerar la electrificación de las economías, a huir del petróleo y el gas y sustituirlo por electricidad renovable en los vehículos, las calefacciones, las industrias y los transportes. Una verdadera reconversión energética que nos haga más autosuficientes y menos vulnerables ante futuras crisis energéticas. Aprendamos de una vez.

lunes, 23 de marzo de 2026

Ayudas públicas frente a la guerra de Trump

Este sábado se cumplirá el primer mes de la guerra de EEUU e Israel contra Irán, que ha disparado los precios de la energía y que pagamos los consumidores, en los carburantes, la luz, los fertilizantes, transportes, materias primas y alimentos. Sin embargo, esta guerra en Oriente Medio pilla a España mejor que la de Ucrania, con menos inflación, más peso de las energías renovables y más recaudación fiscal. De momento, aumentará nuestros precios un +0,7% y rebajará el crecimiento un -0,4%, aunque dependerá de lo que se agraven los ataques y de su duración. Mientras Europa no ha aprobado todavía ayudas, el Gobierno aprobó el viernes una rebaja de impuestos a los carburantes (20-29 céntimos/litro) y la luz, más ayudas directas a transportistas, agricultores, pescadores e industrias, valoradas en 5.000 millones de euros. Pero si Trump y Netanyahu escalan sus ataques (por tierra), la energía se disparará más y harán falta nuevas ayudas, esta vez a los alimentos. Y pueden arrastrarnos a otra grave crisis.

        Los carburantes, entre 20 y 29 céntimos más baratos, por las ayudas públicas

El primer efecto económico de los ataques de EEUU e Israel a Irán, el 28 de febrero, fue la subida inmediata de la energía, en especial el petróleo y el gas natural, cuya cotización ha ido subiendo en paralelo a los ataques y contraataques, más tras el cierre del Estrecho de Ormuz,  los bombardeos de Israel a refinerías de Irán y los de Irán a plantas de gas en Qatar. Así, el precio del Brent, el barril de referencia en Europa, se ha disparado de 72,48 dólares por barril que costaba el 27 de febrero a los 109,33 dólares el viernes 20 de marzo (+50,84%). Y el gas natural, clave para la producción de electricidad y para muchas industrias, ha subido mucho más: de 31,95 dólares (mercado holandés TTF) a 61,85 euros (+93,58%).

La primera consecuencia de la guerra y de la subida del petróleo y del gas ha sido la subida de los carburantes, ya al día siguiente de los primeros ataques, a pesar de que el petróleo que acaba en las gasolineras ha sido comprado entre 2 y 4 meses antes, según un estudio de COAG, que pide intervenir a la Comisión de la Competencia (CNMC) contra las petroleras, por haber subido los precios antes que les suban el petróleo y los carburantes que compran. En cualquier caso, la gasolina ha pasado de costar 1,44 euros/litro el 27 de febrero a 1,805 el viernes 20 de marzo (+25,34%). Y el gasóleo ha subido de 1,39 euros/litro a 1,936 euros/litro (+39,28%), superando a la gasolina. Esto pasa porque las refinerías europeas sufren un déficit crónico de gasóleo y lo tienen que importar, sobre todo de China, que ha cerrado su exportación para asegurar su abastecimiento, lo que dispara más el precio.

Otro efecto de la guerra en Oriente Medio ha sido la subida de la luz, por el encarecimiento del gas, aunque se ha podido contrarrestar por la gran aportación de las energías renovables (viento, agua y sol). El precio de la luz en el mercado mayorista saltó de 14,5 euros/megavatio el 28 de febrero a un máximo de 136,86 euros el 10 de marzo, para bajar después a 28,88 euros/MWh el 18 de marzo, un mínimo de 6,45 euros el 15 de marzo (con 9 horas “gratis”) y 41,47 euros/MWh este sábado 21, más cara que la media de febrero (16,41 euros/MWh) pero la mitad que en enero (71,17 euros/MWh). Por ello, se espera una subida de la factura de la luz este mes, pero ligera (en febrero, el recibo medio fue de 63,19 euros). Lo importante es que el alto porcentaje de electricidad renovable (63,2% en febrero) sigue permitiendo que España tenga la luz más barata de Europa: el sábado 14 de marzo, por ejemplo, el precio mayorista era 14,39 €/MWh en España y 100 €/MWh en Francia, Italia y Alemania…

Otra subida que ha provocado esta guerra ha sido la de los fertilizantes, claves para los agricultores y la producción de alimentos: una parte proceden de los paises del Golfo, que ya no pueden exportar por el cierre del estrecho de Ormuz, lo que ha encarecido su precio internacional un +30% (al subir también el gas natural con el que se fabrican), aunque la mayor parte de los fertilizantes que consume España vienen del norte de África (Marruecos, Argelia, Egipto) y de Rusia. Y el aumento del gasóleo también aumenta los costes de los agricultores y de los pescadores, que tendrán que repercutirlo a los consumidores.

Además, la subida del petróleo y los carburantes, más el aumento del riesgo y los seguros, han duplicado ya el precio del transporte marítimo (subida de 4.000 dólares por contenedor), por el que llegan el 80% de las mercancías importadas. Y ha subido también el coste del transporte por carretera (los transportistas pagan ahora +40% por el gasóleo) y el coste del transporte aéreo (el precio del jet fuel ha subido entre el 25 al 30%), por lo que ya han subido los billetes de avión (un +9%), aunque la mayor parte de las compañías aéreas tienen asegurado un precio fijo (más barato) para el 60 al 80% de sus contratos de carburante…

Y también han visto aumentar sus costes muchas industrias, sobre todo las que consumen más gas y electricidad, como la industria química, la metalúrgica, la cerámica y las cementeras. Y otras están más expuestas ahora al corte de la cadena de suministros internacionales, como las farmacéuticas, el automóvil y las empresas logísticas, que se arriesgan a cortes en sus procesos de producción, por falta de principios activos o suministros. Y lo más preocupante es la alimentación, porque los mayores costes energéticos y del transporte más los problemas de agricultores y pescadores se acabarán trasladando a los alimentos y a los precios de los supermercados, sobre todo si la guerra dura meses. El mayor riesgo es que suban ya el pan, los cereales, la pasta, el aceite de girasol, las carnes y los pescados. Y además, ya ha subido el Euribor (del 2,222 al 2,658), lo que afectará negativamente a los hipotecados, mientras el BCE podría verse obligado a subir los tipos.

Así que el coste de la guerra de Trump y Netanyahu ya lo estamos pagando y lo pagaremos más si escala el conflicto o si dura mucho. Aunque, de momento, sus consecuencias económicas son menores que la invasión de Ucrania (febrero 2022), por varios motivos. Uno, que entonces el petróleo llegó a costar 180 dólares (ahora 108) y el gas escaló a los 200 euros (62 ahora, cuando además el gas sólo genera el 15% de la electricidad en España, frente al 40% en Alemania y el 90% en Italia). Segundo, que entonces partíamos de una inflación anual previa mucho más alta (5,9% en la zona euro y 7,6% en España) que ahora (1,9% en la zona euro y 2,3% en España).Tercero, que los tipos estaban al 0%, lo que animaba al consumo y a hipotecarse y ahora están al 2%, lo que frena más las subidas. Y cuarto, que España está más preparada para afrontar otra crisis, tanto porque tiene menos déficit público (2,5% del PIB en 2025 frente al 6,9% en 2021) y puede gastar más en ayudas como porque tenemos una menor dependencia del petróleo y el gas, gracias a las renovables (han generado un 55,5% de la electricidad en 2025, frente al 46,7% en 2021).

Con todo, la guerra es muy preocupante, no sólo por las muertes y los desplazados que ha provocado (4 millones de iraníes, libaneses e iraquíes pueden acabar en Europa, como pasó con los iraquíes en 2015), sino porque puede escalar, máxime si Netanyahu persiste en atacar por tierra y Trump consigue los 200.000 millones de dólares que ha pedido “para matar a los malos”. Los mercados presionan a Trump para acabar con esta guerra (que ha provocado la caída de las Bolsas y amenaza con otra recesión), lo mismo que muchos norteamericanos, que empiezan a sufrir la inflación (el galón de diesel, 3,85 litros, ha superado los 5 dólares, el mayor precio desde diciembre de 2022), pero Trump es imprevisible y está muy presionado por el lobby judío en EEUU, que ve una oportunidad histórica en apoyar al ultra Netanyahu para borrar a Irán del mapa y consolidarse como potencia regional.

Mientras, Europa ha tardado 3 semanas en posicionarse ante el conflicto en Oriente Medio (“no es nuestra guerra”, dijo el Consejo Europeo el jueves), defendiendo finalmente el derecho internacional y llamando a la desescalada, a la apertura del estrecho de Ormuz y a la negociación, aunque no se han atrevido a criticar explícitamente a EEUU y a Israel, pero sí al régimen de Irán. Y lo peor es que no han aprobado medidas económicas concretas, a diferencia de lo que hicieron tras la pandemia y la invasión de Ucrania: prometen presentar “ayudas temporales, adaptadas y específicas” y mientras proponen a los paises que bajen impuestos a la electricidad y que ayuden a las empresas y sectores más vulnerables, sin hablar ahora de aportar Fondos europeos.

En España, el Gobierno Sánchez aprobó el viernes un paquete de ayudas que incluyen rebajas fiscales a los carburantes y la electricidad, más ayudas específicas al transporte, la agricultura y la pesca, también a las industrias más consumidoras de electricidad y gas. Son 80 medidas, con un coste total de 5.000 millones de euros (“el coste de esta guerra para España”, por ahora). Se baja al 10% el IVA de los carburantes (supondrá una rebaja de 20 a 23 céntimos por litro en el gasóleo y de 26 a 29 céntimos/litro en la gasolina, un ahorro de 12 a 16 euros al llenar un depósito de 55 litros), se concede una ayuda de 20 céntimos por litro de gasóleo a los transportistas, agricultores y pescadores, unas ayudas equivalentes a los fertilizantes, se bajan los dos impuestos a la electricidad (el IVA del 21 al 10%, también al gas, los pellets y la leña), se bonifican un 80% los peajes a las industrias electrointensivas (ahorrarán 200 millones de euros), se congela el precio del butano y propano, se extiende hasta fin de año el bono social eléctrico (descuentos) y se refuerza el bono social térmico. Además, y para asegurar que estas rebajas de impuestos lleguen a los consumidores, se dan más prerrogativas a la Comisión de la Competencia (CNMC), para que vigile los procesos y evite abusos en los márgenes de petroleras, eléctricas y otras empresas.

Ahora, el Gobierno Sánchez intentará aprobar este paquete de ayudas ("el mayor de Europa", según la vicepresidenta Aagesen) en el Congreso, este jueves, lo que no será fácil. Y en paralelo, tendrá que vigilar que las rebajas fiscales lleguen a los ciudadanos, que lo noten en bajadas de carburantes, luz y fertilizantes, que no sirvan para mejorar el margen de las petroleras, eléctricas y empresas. Y mientras tanto habrá que vigilar la evolución de los alimentos, donde ya hay algunos productos que están subiendo en los supermercados, aunque la mayoría esperan para hacerlo (gracias a que llevan dos años aumentando aumentado márgenes y beneficios: recordemos que Mercadona tuvo en 2025 con un beneficio neto de 1.729 millones de euros, un 25% más que en 2024).

Pero la clave es lo que escale y dure la guerra en Oriente Medio. Porque si continúa otro mes más, hasta finales de abril, el petróleo podría dispararse hasta los 180 dólares por barril, según Arabia Saudí. Y eso arrastraría al gas y a la electricidad, a los carburantes, al transporte marítimo y terrestre, a los costes de la industria, los agricultores y la pesca, y, al final a los alimentos, con lo que el Gobierno tendría que tomar nuevas medidas, como la rebaja del IVA a los alimentos (una medida regresiva, porque beneficia más a los que más tienen y gastan). Y en este escenario, una guerra más duradera, sería imprescindible que Bruselas y los 27 aprobaran nuevas ayudas, como el tope al gas y otras medidas extraordinarias.

En definitiva, estamos ante una guerra peligrosa y preocupante, que puede tener un alto coste para los paises y sus ciudadanos, desde Europa a EEUU, más para los ciudadanos iraníes y libaneses. Y lo peor es que una guerra se sabe cuando empieza pero no cuando acaba ni cómo. Y estamos en manos de dos políticos ultras e imprevisibles (Trump y Netanyahu), que pueden decidir cualquier cosa, a costa del resto del mundo. “Piensen en lo impensable y prepárense para ello”, aconsejó hace días al mundo la presidenta del FMI, Kristalina Georgieva. Pedro Sánchez dijo el viernes que España tiene ahora “el mayor escudo social y económico de los países europeos” y que estará vigente el tiempo que sea necesario y si hace falta “lo ampliará". Urge ahora que Europa tenga una respuesta similar, con un paquete de medidas para ayudar a los 27.

Al final, nos ha caído encima otra crisis, tras la pandemia (2020), la guerra de Ucrania (2022), los problemas climáticos (inundaciones e incendios), el chantaje arancelario de Trump (2025) o la actual guerra en Oriente Medio. Pedro Sánchez insiste en que tras todas estas crisis, España ha salido más fuerte, siendo el país europeo que más crece en los últimos tres años. Y recuerda el dato: en 2025, el 41% de todo el empleo creado en Europa ha sido creado en España… Es verdad. Pero la clave es que Europa reaccione junta y que tomemos medidas al margen de la política partidista. Porque una guerra como esta exige unidad de acción y de respuesta, no usarla para atacar al Gobierno y hacerle caer, como se ha intentado en las crisis anteriores. La política está para resolver los problemas y más cuando son graves como esta guerra. Veremos qué pasa.