Los autónomos en España son una parte importante de los empleados y llevan casi dos décadas superando los 3 millones de personas. En octubre de 2025, cotizaban como autónomos a la Seguridad Social 3.438.744 ocupados, el 15,74% de todos los cotizantes (21.839.592). Al comienzos de este siglo XXI (1 enero 2000), había en España 2.528.340 autónomos cotizando, el 17,34% de los ocupados, y en 2012 superaron los 3 millones (3.049.047 cotizantes, el 18,47% de todos los ocupados), porque la crisis transformó a muchos parados en autónomos. Y después, la cifra ha ido aumentando poco a poco, hasta los 3.264.711 en 2019 (el 16,93%) y 3.369.335 de media en 2024 (15,93%), aunque perdiendo peso en el total de ocupados porque han crecido más estos años los asalariados que los autónomos. Y la gran mayoría de autónomos (2.958.654 hoy) no tienen asalariados.
jueves, 27 de noviembre de 2025
Cotizaciones autónomos: mucha demagogia
Los autónomos en España son una parte importante de los empleados y llevan casi dos décadas superando los 3 millones de personas. En octubre de 2025, cotizaban como autónomos a la Seguridad Social 3.438.744 ocupados, el 15,74% de todos los cotizantes (21.839.592). Al comienzos de este siglo XXI (1 enero 2000), había en España 2.528.340 autónomos cotizando, el 17,34% de los ocupados, y en 2012 superaron los 3 millones (3.049.047 cotizantes, el 18,47% de todos los ocupados), porque la crisis transformó a muchos parados en autónomos. Y después, la cifra ha ido aumentando poco a poco, hasta los 3.264.711 en 2019 (el 16,93%) y 3.369.335 de media en 2024 (15,93%), aunque perdiendo peso en el total de ocupados porque han crecido más estos años los asalariados que los autónomos. Y la gran mayoría de autónomos (2.958.654 hoy) no tienen asalariados.
jueves, 8 de mayo de 2025
España y el lastre de la "economía sumergida"
España tiene un problema fiscal de fondo, reiterado en este blog: recaudamos por impuestos menos que la mayoría de Europa, lo que nos obliga también a gastar menos que otros paises. En 2024, España recaudó el 42,4% de lo que produjo (PIB), frente al 46,1% que ingresó de media la UE-27, el 46,8% de su PIB que ingresó Alemania, el 46,9% de Italia y el 51,3% que recaudó Francia, según los datos de la Comisión Europea. A lo claro: que ingresamos 58.946 millones de euros menos de lo que nos correspondería según la media europea. Y 70.000 millones menos que si recaudáramos como Alemania, 71.691 millones menos que Italia y 141.789 millones menos que si recaudáramos como Francia. Y por eso, también podemos gastar menos que ellos: el 45,4% del PIB frente al 49,2% de gasto en la UE-27. ¿Por qué recaudamos menos que la mayoría de Europa? Básicamente, porque tenemos más fraude fiscal y recaudamos menos en todos los impuestos. En el IRPF, somos el tercer país europeo que menos recauda, sólo por detrás de Grecia y Portugal, según este estudio de Fedea: un 7,5% del PIB frente al 10% la UE-27, el 9% que recaudan Alemania o Francia, el 12% de Italia o el 27% en Dinamarca. Y no porque tengamos tipos más bajos, sino porque hay muchas deducciones y exenciones fiscales. En el IVA, somos también el tercer país que menos recauda, tras Irlanda e Italia: el 6,3% del PIB frente al 6,9% de media en la UE. La culpa es del exceso de productos con el IVA reducido (al 10%) o superreducido (4%). En el impuesto de Sociedades (empresas), la recaudación española está a la cola de Europa: el 2,3% del PIB, por debajo del 2,5% que recauda la zona euro. Otra vez, la culpa son las enormes exenciones y beneficios fiscales, que restan recaudación. Y en los impuestos especiales (carburantes, alcohol, tabaco), también España recauda menos: un 2,1% del PIB frente al 2,3% de media europea y el 3% en los paises nórdicos, debido a que el tabaco, el alcohol y los carburantes pagan menos impuestos en España. Y también ingresamos menos por las herencias (-3.250 millones menos cada año que la media UE), las tasas y los precios públicos.
jueves, 23 de febrero de 2023
Menos autónomos (y más agobiados)
En España trabajan ahora 497.000 personas más que antes de la pandemia, pero la mejoría es porque hay más asalariados: trabajan 25.200 autónomos menos que en 2019. Lo peor fue en 2022, cuando se perdieron -111.200 autónomos, en el comercio, hostelería, industria y el campo. Y la afiliación de autónomos ha caído también en enero de 2023. El problema que tienen los autónomos es que les están subiendo los costes y bajando las ventas, por la inflación, lo que agobia sus negocios, junto a la subida de cotizaciones, tras una reforma para que coticen por lo que ingresan y no por los mínimos, la única manera de asegurarles el derecho a paro y una pensión más digna. Pero también hay un problema de fondo: muchos parados y jóvenes se han hecho autónomos sin un proyecto claro de negocio y la mitad de negocios mueren antes de 5 años, por poca profesionalidad y financiación. Ojo a ser autónomo como un atajo para sobrevivir.
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| Enrique Ortega |
Los datos de la EPA son claros: hay más personas trabajando en España que antes de la pandemia (+497.000 ocupados), pero la gran mayoría son trabajadores asalariados (+525.400), porque lo que son autónomos han bajado (-25.200 sobre los de 2019), cayendo también los negocios familiares (-7.000) y los empresarios sin asalariados (-57.200). Esta caída de los autónomos ha sido sobre todo en 2022, donde se redujeron en 111.200, cerrando el año con 3.086.800 personas estimadas como autónomos por la EPA, la cifra más baja desde marzo de 2013 (3.033.400 autónomos), muy alejada del máximo histórico de autónomos en España, alcanzado en septiembre de 2008 (3.622.000).
Esta estadística mide los que se declaran autónomos en la EPA que hace trimestralmente el INE. La otra manera de medirlos son los autónomos que se afilian a la Seguridad Social, que están dados de alta y pagan una cuota mensual: eran 3.324.048 autónomos a finales de 2022 (más de los que estimaba la EPA). Pero esta estadística indica lo mismo: había -56.620 autónomos menos dados de alta que antes de la pandemia (3.267.428 a finales de 2019), según la Seguridad Social. Y en 2022, un año en que creció el empleo asalariado (+397.300 trabajadores), dejaron de cotizar -1.204 autónomos, sobre todo en el comercio, la industria, la hostelería y el campo, aumentado en el resto de sectores. Y por si la tendencia no estuviera clara, en enero de 2023 (el último mes con datos), se dieron de baja otros -20.800 autónomos (quedando en 3.301.916), la mayor bajada en enero desde 2012.
De este total de autónomos afiliados a la Seguridad Social (3.301.916), una minoría son autónomos del campo (171.372 en enero 2023) y el resto (3.131.292) son trabajadores afiliados al régimen especial de autónomos (RETA), con actividad en los demás sectores. Pero de estos autónomos RETA, sólo 2 millones son los autónomos propiamente dichos (exactamente 2.018.080), trabajadores por cuenta propia que no están integrados en cooperativas, sociedades o colegios profesionales (otros 1.035.239 autónomos no individuales) ni son sus familiares que trabajan con ellos (en un bar o una tienda) y están también dados de alta (191.443 autónomos más). El retrato robot de estos 2 millones de autónomos “puros”, trabajadores por cuenta propia individuales, es un hombre (63,8%), que supera los 40 años (el 74,3% del total) y que tiene un negocio en el sector servicios (el 73,5% del total), seguidos muy lejos por los autónomos de la construcción (11,50%), la agricultura (10,85%) y la industria (donde trabajan sólo el 4,15% de los autónomos), según la Seguridad Social.
La mayoría de los autónomos trabaja sólo (o con la ayuda de un familiar, que cotiza pero no tiene sueldo) y sólo el 20,8% de los autónomos (1 de cada 5) tienen trabajadores a su cargo: en total, los autónomos, emplean a 860.177 trabajadores y la mayoría tienen sólo 1 trabajador (219.446 autónomos), siendo una minoría los autónomos que tienen 5 o más trabajadores (sólo 43.167 autónomos de los 2 millones de autónomos “puros). Y se da el caso de que un 7% de los autónomos por cuenta propia (141.457) trabajan también como asalariados por cuenta ajena, sobre todo los más jóvenes. La casi totalidad de los autónomos son españoles (el 86,6%) y entre los autónomos extranjeros destacan los del resto de la UE (91.359 autónomos) y Sudamérica (50.824). Y las regiones con más autónomos totales (de los 3,34 millones) son Andalucía (564.797), Cataluña (557.537), Madrid (419.594), Comunidad Valenciana (362.228), Galicia (205.912), Castilla y León (187.000) y Euskadi (168.582).
Estas son las cifras oficiales de autónomos (3,3 millones de afiliados a la SS, de los que autónomos “puros” son sólo 2 millones), pero una parte son “falsos autónomos”, ocupados que trabajan realmente como asalariados, pero que se han dado de alta como autónomos por imposición de su empresa. Recientemente se ha hecho famoso el caso de Antonio Garamendi, el presidente de la patronal CEOE, que figuraba como autónomo y ahora se ha regularizado como “asalariado” (de lujo, con un sueldo de 400.000 euros anuales). Pero antes, han saltado los casos en las empresas de reparto (Glovo) o paquetería (Amazon), donde se mantiene empleados como autónomos, para ahorrarse su cotización y reducir costes (no tienen derecho a vacaciones, bajas o indemnización). Se estima que en España hay más de 225.000 falsos autónomos. De hecho, la ministra de Trabajo informó en enero que en los últimos 3 años, la inspección de Trabajo ha regularizado la situación de 80.000 personas que trabajaban como “falsos autónomos” (40.000 de ellos, en 2022). Este fraude se da sobre todo en empresas de transportes y repartidores, plataformas digitales, cooperativas cárnicas, educación, seguros, periodistas, comerciales, fisioterapeutas o peluquerías.
Sean autónomos de verdad o falsos, el caso es que la cifra de autónomos está cayendo y no se han beneficiado de la recuperación del empleo, ni tras la crisis de 2008 (hay -107.092 afiliados menos que en mayo de 2008), ni ahora tras la pandemia (hay -56.620 afiliados que en 2019). ¿Qué pasa con los autónomos, por qué sufren más las crisis? Con la pandemia y la inflación, a los autónomos se les han disparado los costes y no han podido repercutirlo en su negocio, por la caída del consumo y las ventas. Tienen poco tamaño y no pueden imponer precios y condiciones, como las medianas y grandes empresas. Y encima, les han subido los sueldos de sus empleados, el salario mínimo (ojo: recordemos que 4 de cada 5 autónomos no tienen asalariados a su cargo) y sobre todo, los impuestos que pagan (Hacienda ha desvelado mucha “economía sumergida”, negocios que no declaraban) y, más recientemente, las cotizaciones que pagan a la Seguridad Social (SS).
Los autónomos tenían (y tienen) un problema en España: el 85,3% cotizan por la base mínima, según el último dato de la SS. Incluso lo hacen el 90% de los autónomos que tienen menos de 40 años o que llevan menos de 5 años de alta. El precio de pagar esta baja cotización es que tienen pocos derechos. Hasta ahora, no tenían derecho a paro como los asalariados, sólo a una complicada prestación por baja de actividad (por la que tenían que cotizar aparte) que pocos recibían. Y lo peor: su pensión al jubilarse era mínima. El dato es impactante: a 1 de enero, la pensión de jubilación media de un autónomo era de 910,94 euros, poco más de la mitad de la jubilación media de un asalariado (1.527.81 euros).
Han sido décadas en que los distintos Gobiernos han hecho “la vista gorda”, permitiendo que los autónomos declararan a Hacienda menos de lo que ganaban (por “módulos”) y cotizaran lo mínimo, a cambio de menos derechos. El año pasado, el Gobierno negoció y pactó con los sindicatos, la patronal y las organizaciones de autónomos un nuevo sistema, en el que los autónomos iban a cotizar por lo que ingresaran realmente, con lo que tendrán ahora derecho a paro parcial (será el 50% de la base reguladora, de 4 meses a 2 años, sin la exigencia de cerrar el negocio ni darse de baja en la SS) y al cotizar más, tendrán mejores pensiones en el futuro.
Las nuevas cotizaciones de autónomos se han pagado por primera vez a finales de enero, con 15 tramos de cotización y cuotas que van de 230 euros al mes (esta cuota mínima baja 64 euros y será 200 euros en 2025), para los que ingresen menos de 670 euros, a 500 euros mensuales (590 en 2025), para los que ingresen más de 6.000 euros mensuales. El nuevo sistema mantiene la tarifa plana de 80 euros al mes para los autónomos que empiezan (hasta 2 años), baja la cuota de los autónomos que ingresan menos de 1.300 euros, la mantiene para los que ingresan entre 1.300 y 1.700 y la sube progresivamente para el resto. Otra novedad es que los autónomos pueden cambiarse de tramo de cotización (si varían sus ingresos) hasta 6 veces al año. Y se simplifica la reducción por gastos: un 7% fijo de lo que ingresen.
La idea, apoyada por todas las organizaciones de autónomos, es ir cotizando más poco a poco, para tener más derechos y coberturas. Hasta aquí bien. Pero el nuevo sistema de cotizaciones se ha estrenado con otros dos cambios, que han asustado a los autónomos, porque han visto que su cuota de este enero 2023 les ha subido entre 40 y 100 euros. El primer cambio es que muchos autónomos cotizan con una revalorización automática de su base de cotización, que se actualiza cada año con la inflación. Cuando el IPC subía un 2 o 3% (o bajaba), no se notaba. Pero este año, la revalorización automática de las bases ha sido del +8,6%. Y encima, en enero ha habido una segunda novedad: ha entrado en vigor el Mecanismo de Equidad Generacional, un extra de cotización del +0,6% (que también pagan los asalariados, un 0,2% ellos y un 0,4% sus empresas), para ir engrosando la hucha de las pensiones en la próxima década y evitar déficits.
Así que a los autónomos se les ha juntado en la cuota de enero la nueva cotización por sus ingresos reales (más alta para la mayoría), la revalorización automática de las bases por la inflación y la nueva cuota para salvaguardar las pensiones. Y se han encontrado pagando entre 40 y 100 euros más al mes, precisamente cuando el resto de costes (energía, alquileres, compras, créditos…) apenas baja o incluso sube. Así se explica que la cifra de autónomos siga bajando, en un año donde la economía y el empleo crecerán menos.
El problema de futuro para los autónomos es que la subida pactada ahora es "transitoria", hasta 2026. A partir de esa fecha, las cotizaciones de los autónomos españoles crecerán mucho más, según se ha comprometido el Gobierno Sánchez con Bruselas, para reducir a medio plazo el déficit de sus pensiones. Se ha prometido aumentar un 50% sus cotizaciones actuales para 2032, cuando deberán cotizar lo mismo que los trabajadores asalariados. Eso les supondrá cotizar entonces unos 6.500 millones más (sobre los 12.000 que cotizarán ahora). Claro que la subida futura, a partir de 2026, la tendrá que pactar y concretar con los autónomos el futuro Gobierno, aunque sea el actual el que la ha acordado con Bruselas dentro de las reformas exigidas para recibir los Fondos europeos.
Pero hay un tema de fondo, que entra en crisis en situaciones como la actual. Para muchos, hacerse autónomo era una especie de “atajo para trabajar”, una forma de sobrevivir en momentos de crisis, donde ha sido difícil encontrar un empleo asalariado. Es lo que pasó tras la crisis financiera de 2008 y luego con la pandemia y la inflación: algunos de los que perdieron su trabajo, cobraron el paro de una vez y tiraron de ahorros para “hacerse autónomos”. Eso explica que la Europa del sur, con empleos más inestables, sea la zona con más autónomos. Y que España sea el 6º país europeo con más autónomos (el 15,3% de los ocupados en 2020), por detrás de Grecia (27,9%), Italia (20,2%), Polonia (17,9%), Chequia (16,3%) y Holanda (15,6%), por delante de la media UE (13,3% de empleos autónomos). Y paises con un empleo asalariado importante tienen menos autónomos, como Dinamarca (7,5%), Alemania (7,6%), Suecia (8,6%) o Francia (11,5%), según Eurostat.
Por un lado, la mala situación del empleo fuerza más a
hacerse autónomo. Y por otro, muchos “emprendedores” se lanzan a poner un
negocio sin la suficiente formación, ni proyecto ni financiación. Y duran poco tiempo. De hecho, sólo la
mitad de los trabajadores autónomos por cuenta propia (esos 2 millones de
autónomos propiamente dichos) llevan
más de 5 años de alta en la SS, la otra mitad no lleva tanto tiempo. Y los
datos revelan que al tercer año de vida sólo sobreviven el 84% de los
autónomos, al 4º año el 73% y al 5º año poco más de la mitad, mientras a los 10
años sólo sobrevive el 42% de los autónomos, según
un estudio de Iberinform sobre 3 millones de negocios creados desde 1990.
Así que en muchos casos, “el atajo” para salir del paro acaba en cierre
y frustración.
En definitiva, que ser autónomo no es fácil. Pero urge reforzar a los que tienen iniciativa y apuestan por un negocio con un proyecto viable. Eso exige un Plan de choque, para reforzar la situación de los autónomos más vulnerables, favoreciendo ayudas para su lanzamiento, desde subvención a los planes de negocio a financiación pública y privada y ligada a la obtención de objetivos. No se trata de llenar el país de tiendas, bares o asesores informáticos, sino de definir qué actividades pueden ser un caldo de cultivo para proyectos autónomos y acompañar a los emprendedores para que sobrevivan. Sobre todo en proyectos pequeños y locales, que escapan a las grandes empresas. Es algo en lo que deberían colaborar especialmente Ayuntamientos y autonomías, así como las grandes empresas y los bancos, creando una red complementaria de autónomos que dinamicen la economía, la innovación y el empleo, apoyándose sobre todo en los jóvenes. Sin atajos.
lunes, 11 de mayo de 2020
Coronavirus: 2 décadas pagando su factura
Comienza la fase 1 de la desescalada, aunque sólo para 29 provincias y el 51% de españoles, quedando fuera Madrid y la mayor parte de Cataluña, las dos Castillas y la Comunidad Valenciana. Crucemos los dedos: avanzamos casi a ciegas, sin saber cuántos contagiados asintomáticos hay y si sufriremos un repunte que nos haga perder lo ganado. Mientras, avanza la “emergencia económica”, aunque muy diferente a la de 2008. Primero, porque se han perdido 950.000 empleos en mes y medio, frente a 3.500.000 entre 2008 y 2014. Y eso, porque hay 3,4 millones de trabajadores “aparcados” en ERTEs, más 1.400.000 autónomos, que esta vez han salvado temporalmente su empleo. Y otra diferencia: hay 8 millones de trabajadores, autónomos y parados (más de 1 de cada 3 activos) que cobran una ayuda mensual, mientras en la otra crisis, la mitad de parados no cobraban nada. Y hay ayudas millonarias a empresas y autonomías. Una elevada factura, que tardaremos 2 décadas en pagar. Ya hay quien pide “ajustes” para los próximos años, por un déficit “insostenible”, del que culparán al Gobierno. ¿Les suena?
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| enrique ortega |
El coronavirus avanza imparable por el mundo y en las últimas 2 semanas ha contagiado a 1,1 millones de personas más: hoy, a los 131 días de detectarse el primer caso, son ya 4.103.136 contagiados en 187 paises, con 282.726 muertos, según la Universidad Jhons Hopkins. El epicentro de la pandemia sigue en Europa (1.677.046 contagiados), pero donde más crece es en Estados Unidos, con 1.329.799 contagiados, seguido de España (224.390 contagiados), Reino Unido (220.449), Italia (219.070), Rusia (209.688), Francia (177.094), Alemania (171.879) y Brasil (162.699), que podría ser el epicentro de la pandemia en las próximas semanas. Una de cada cuatro muertes por coronavirus se han dado en Estados Unidos (79.528 muertos), seguido de lejos por Reino Unido (31.930 muertos), Italia (30.560), España (26.621 muertos), Francia (26.383), Brasil (11.123) y Bélgica (8.656), el país con más muertos por millón de habitantes (755), seguido de España (566). La letalidad (muertos/contagiados) es menor en España (11,9) que en Francia (18,9), Bélgica (16,3), Reino Unido (14,7), Italia (13,9), Holanda (12,8) o Suecia (12,4), según los datos de Sanidad.
Tras 8 semanas de confinamiento, en España sigue bajando el ritmo de contagios, aunque todavía crecen algo cada día (+621 ayer, un 0,27%), también porque ahora se hacen más test, aunque las cifras no siempre son homogéneas entre autonomías. También aumentan menos los hospitalizados (465 ayer, +0,38%) y los enfermos COVID en las UCIs (+36 ayer, un 0,31%). Y aumentan menos los muertos (143 ayer, un +0,54%, frente a los 950 del 1 de abril), el 86,6% mayores de 70 años. Un dato importante: 17.500 mayores han muerto en residencias de ancianos por coronavirus o síntomas compatibles con COVID19, el 68% de todos los muertos en esta pandemia, según este estudio de El País.
Otra semana más, los datos confirman que la pandemia se reduce de forma muy desigual por autonomías. El mapa de contagios demuestra que siguen concentrados en 6 autonomías, con más contagiados por 100.000 habitantes que la media española (32,70): Castilla y León (70,64), Cataluña (68,73), Navarra (51,97), Madrid (51,79), La Rioja (46,40) y Castilla la Mancha (36,11). Y hay muchas regiones con un nivel mínimo de contagios: Murcia (2,28 por 100.000 habitantes), Canarias (4,23), Andalucía (6,94), Baleares (8,35), Asturias (9,48), Melilla (10,41) y Ceuta (11,80), según los datos de Sanidad de ayer. Hay autonomías donde no hay apenas nuevos hospitalizados por COVID 19 (Ceuta, Melilla, Murcia, Canarias, Baleares, Cantabria, Navarra o la Rioja) mientras aumentan 123 en Madrid, 97 en Cataluña o 74 en Castilla y León. No hay nuevos ingresados en UCI por coronavirus en 10 autonomías, Ceuta y Melilla, de 1 a 3 en otras 4, mientras aumentan en 36 en Madrid y 12 en Cataluña. Y hay 11 regiones con casi ningún muerto nuevo por COVID 19, mientras los fallecidos ayer se concentran en Madrid (46), Cataluña (25), Madrid (38), Castilla la Mancha (21), País Vasco (15) y Castilla y León (12), según los datos de Sanidad.
Estas diferencias en contagios, hospitalizados, enfermos en UCIs y muertos han sido el factor más determinante para decidir si una autonomía (sus provincias y zonas sanitarias) podían pasar hoy a la fase 1 de la desescalada, que supone abrir parcialmente terrazas y comercios, permitir visitas y grupos de 10 personas y realizar muchas actividades culturales y económicas con precaución. Pero Sanidad y el Comité de expertos han añadido otros criterios, entre los que destacan 2 indicadores sanitarios claves (poder disponer en 5 días de entre 1,5 y 2 camas de UCI para enfermos COVID por 10.000 habitantes y entre 37 y 40 camas hospitalarias para enfermos agudos de coronavirus) y un sistema de detección precoz de los nuevos contagios a través de atención primaria, que permita realizar test PCR a los pacientes con síntomas y detectarlos y aislarlos en 48 horas. Y protocolos para las residencias de ancianos. Además, Sanidad tiene en cuenta la capacidad de rastreo y seguimiento de los contagios de las autonomías, su movilidad y datos socioeconómicos (actividad y empleo).
Teniendo en cuenta estas exigencias, todas las autonomías pidieron a Sanidad pasar a la fase 1 desde hoy, salvo Cataluña y Castilla y León, que reconocían no estar preparadas en la mayor parte de su territorio. La sorpresa la dio Madrid, que pidió pasar a la fase 1, en contra de la opinión de su directora de salud pública, que dimitió antes de firmar la solicitud, por considerar que Madrid no estaba preparado para un rebrote, tras ser el epicentro de la pandemia, con 1 de cada 3 contagiados, hospitalizados y muertos en España. Sanidad se ha resistido a la presión (del gobierno de Madrid, los empresarios, el PP y Ciudadanos) y retrasa la entrada de Madrid en la fase 1, como parece lógico dado el tremendo alcance de la epidemia en la capital. Pero la presidenta Díaz Ayuso (ver foto portada El Mundo ayer) lo ha tomado como "una crítica política" a su gestión sanitaria (ver aquí un balance), que el líder del PP, Pablo Casado, elogió el 2 de mayo como "lo que haríamos para toda España".
Al final, Sanidad ha decidido que pasen hoy a la fase 1 un total de 29 provincias, donde viven el 51% de los españoles (ver mapa). Quedan todavía en la fase 0 y no pasan Madrid y la mayor parte de Cataluña (6 de las 9 zonas sanitarias, entre ellas Barcelona, Girona y parte de Lleida), de Castilla y León (salvo 26 zonas sanitarias en todas las provincias, menos en Segovia), de Castilla la Mancha (no pasan Toledo, Ciudad Real y Albacete), de la Comunidad Valencia (sólo pasan 10 zonas sanitarias, 1 en Castellón, 3 en Valencia y 6 en Alicante) y tampoco Málaga y Granada en Andalucía. Estas 21 provincias “suspendidas” pueden solicitar durante esta semana pasar a la fase 1 el lunes 18, si mejoran su situación y corrigen las deficiencias.
Ahora, con media España en la fase 1 de desescalada, habrá que “cruzar los dedos” para que no se produzca un rebrote de contagios y muertes. La estrategia para evitarlo exige un comportamiento ejemplar de los ciudadanos (evitar contactos, desinfectar y limpiar manos y zonas comunes, utilizar guantes y mascarillas) y, sobre todo, hacer más test (se han hecho ya 1.625.211 PCR y 842.550 test serológicos, según el presidente Sánchez, aunque de forma muy desigual según las autonomías) y rastrear los contagios y sus contactos, dos tareas en las que deben centrarse ahora los Centros de salud, los médicos y enfermeras de atención primaria, que carecen de personal y medios, a pesar de los nuevos contratos prometidos y del dinero transferido a las autonomías.
Sobre los test, la novedad es que los médicos de atención primaria tienen que hacer test PCR a los pacientes con síntomas de coronavirus, lo que debería detectar nuevos casos. Hasta ahora, sólo se hacían a sanitarios, residencias de ancianos y personal de riesgo, pero ahora deben generalizarse. Y parece que hay test PCR suficientes, una vez que la industria farmacéutica española “se ha puesto las pilas” y fabrica ahora 3 millones de test PCR al mes (100.000 diarios), según asegura la patronal Fenin. Además, la multinacional catalana Grifols ha descubierto un nuevo test para detectar el COVID 19, del que va a fabricar 1 millón a la semana en San Diego (USA), y dará prioridad de suministro a España. En paralelo, las grandes empresas están haciendo test PCR (5.800 Seat) y serológicos (Endesa e Iberdrola) a sus empleados, a través de laboratorios privados, “al margen” de Sanidad, que teme que empresas y trabajadores se crean así seguros y descuiden las medidas de protección.
Pero no basta con detectar nuevos casos de coronavirus. Es importante rastrearlos, hacer un trabajo de investigación para detectar el origen de los contagios y, lo más importante, descubrir todas las personas con las que ha estado en contacto, para hacerles un test y aislar a los contagiados asintomáticos. Para este trabajo, que los epidemiólogos consideran clave, España sólo cuenta con unos 500 sanitarios destinados a vigilancia epidemiológica, cuando necesitaríamos 14.000 “rastreadores”, según estima el Instituto Johns Hopkins, que deberían salir de nuevos contratos de médicos y enfermeras jubilados o estudiantes. Y en paralelo, urge contar ya con alguna aplicación informática para móviles que ayude a detectar contactos de posibles contagiados. Y, de cara a detectar posibles rebrotes, hay una herramienta nueva, que se ha probado con éxito en Holanda y la Comunidad Valenciana: el análisis de las aguas residuales, que detectan 16 días antes la emisión de restos de virus en las heces.
Mientras se intenta evitar el rebrote de la pandemia, sus daños económicos son más patentes cada día. La Comisión Europea acaba de publicar sus previsiones de primavera y confirma lo que ya habían dicho el FMI, el Banco de España y el Gobierno: los efectos de la pandemia van a ser más graves en España, porque tenemos un modelo económico y un exceso de precariedad laboral que nos hacen más vulnerables. La economía caerá un -9,4%, más que la media UE (-7,4%), Francia (-8,2%) o Alemania (-6,5%) y como Italia (-9,5%). El paro aumentará mucho más, al 18,9% en España (+4,8%), frente al 11,8% en Italia (+1,8%), el 9% en la UE-27 (+2,3%), el 10,1% en Francia (+1,6%) y el 4% en Alemania (+0,8%). Y lo más preocupante, se disparará en España el déficit público (del -2,8% al 10,1% del PIB) y la deuda pública (del 95,5 al 115,5%: 117.868 millones más en un año). O sea, que el coronavirus no sólo nos daña más ahora sino que nos hipoteca para el futuro.
Y eso, porque la crisis del coronavirus se ha afrontado de una forma distinta que la crisis de 2008. Hay 2 diferencias importantes. Una, que se ha tratado de salvar el empleo. Basten dos datos. En 2009, la economía cayó un -3,8% y se perdieron 1.210.800 empleos. Ahora, la economía se ha desplomado un -5,2% en el primer trimestre y se han perdido 947.896 empleos (898.822 entre el 12 de marzo y el 31 y sólo 49.074 en abril, tras “prohibirse” los despidos por el Gobierno a finales de marzo). Y entre 2019 y 2013, la economía española cayó un -8,8% y perdió -3.560.000 empleos, mientras ahora se espera que el PIB caiga -9,4% en 2020 y se pierdan -1.737.000 empleos, según la Comisión Europea. Esto es porque se han evitado despidos con los ERTES, donde hay “aparcados” 3,4 millones de trabajadores y 1,4 millonesde autónomos, la cuarta parte de la población ocupada en España.
La otra gran diferencia con la crisis de 2008 es que se ha tratado de ayudar a los afectados (“no dejar a nadie atrás). Y así, además de que todos los 947.896 parados nuevos cobren el paro (al margen de lo cotizado), cobran también ayudas los afectados por ERTEs (3,4 millones), los autónomos que han cesado su actividad (1,4 millones) y la mayoría de empleadas de hogar (250.000 que cotizan de las 400.000). En total, son 8 millones de personas que cobran ayudas públicas desde que se inició el estado de alarma y hasta nueva orden (se han prorrogado los ERTES hasta finales de junio). Algo que contrasta con la crisis de 2008: con Zapatero, cobraron ayudas el 78,68% de los parados en 2009, el 76,70% en 2010 y el 69,20% en 2011, según los datos del SEPE. Y con Rajoy y sus recortes, la cobertura bajó al 64,3% en 2012, al 61,43% en 2013 y al 57,88% de 2014. Y si contabilizamos los parados estimados por la EPA (5.896.300 en 2013, el peor año de la crisis), menos de la mitad cobraban un subsidio (el 47,5%). Y aún bajaron al 45,11% en 2014.
Al final, las ayudas a estos 8 millones de trabajadores afectados hoy por el coronavirus cuestan cada mes (mitad de marzo, abril, mayo y seguro junio) 4.512 millones, a los que sumar 2.000 millones en pago de cotizaciones y 750 millones en moratorias y aplazamientos de cuotas, 6.750 millones al mes, según Trabajo. Y a eso hay que sumar el resto de ayudas a empresas y autónomos, más las ayudas para alquileres y los fondos para la sanidad y gastos sociales. Todo ello suma ya 36.000 millones de euros, según el Gobierno, a los que sumar el nuevo Fondo de 16.000 millones aprobados la semana pasada para las autonomías (10.000 para sanidad), que se les da sin tener que devolverlo. Todo esto y más que habrá que gastar después, en la reconstrucción de la economía. Por eso, la Comisión Europea cree que el déficit público subirá este año al -10,1% (+69.337 millones).
Un agujero en las cuentas públicas que habrá que tapar con más ingresos (difícil con una economía en recesión), con ayudas europeas (será difícil que nos den ayudas a fondo perdido, sólo créditos: más deuda) y básicamente, con más deuda pública, que ya era muy elevada por la anterior crisis : pasará del 95% del PIB en 2019 al 115,6% en 2020 (+117.868 millones) y se mantendrá en el 113,7% en 2021, según las previsiones de la Comisión Europea. Una “hipoteca” que será una losa para la reconstrucción, no sólo porque nos obligará a pagar unos 50.000 millones al año en intereses (dos tercios del gasto en sanidad), sino porque nos deja a merced de los inversores, de los “mercados”. Y si nos suben la deuda sólo un 1%, serían 35.000 millones extras.
Ya se han alzado voces que hablan de una deuda “insostenible”. La Autoridad Fiscal independiente (la AIReF) ha publicado este informe donde indica que, aún con ajustes (10.000 millones al año, como hizo Rajoy desde 2012), el déficit público de España no volverá al nivel previo al coronavirus (2,8% del PIB en 2019) hasta 2028. Y la deuda, que se reduce más lentamente, no bajaría al nivel de 2019 (95% del PIB) hasta 2038. Así que saldar la factura del coronavirus nos costará 2 décadas. Y eso, con ajustes.
Este es un debate que vendrá en unos meses, cuando ya no haya muertos por el coronavirus y sólo se hable de la reconstrucción, de la mano de “expertos económicos” y “fundamentalistas”de la austeridad, en Alemania, Holanda, Austria, Finlandia y buena parte de la Comisión Europea. Y en España, de la mano del PP (quizás con ayuda de Ciudadanos), que aprovecharan el debate de los Presupuestos 2021 para tumbar al Gobierno (tiene una mayoría muy débil), forzar elecciones anticipadas y llegar al poder para “sanear la economía y las cuentas públicas tras una gestión desastrosa de los socialistas”. ¿Les suena?
Ahora, el reto es otro: salvar vidas y empleos, cueste lo que cueste. Eso obliga a mantener los ERTEs y las ayudas lo que haga falta, seguir prohibiendo los despidos y evitar que las cifras del paro se disparen como en la crisis de 2008. Y ayudar a los que se quedan sin ingresos, a esas nuevas familias que han caído en la pobreza y triplican sus peticiones a Cáritas y la Cruz Roja. Hay que vencer al virus y ayudar a los que sufren la pandemia, lo que haga falta y durante el tiempo que haga falta. Ya afrontaremos después cómo pagarlo, solos o con ayudas de Europa. Y por supuesto, sin nuevos recortes.

