Mostrando entradas con la etiqueta salarios jóvenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta salarios jóvenes. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de septiembre de 2024

Jóvenes: trabajo más precario y peor pagado

El empleo de los jóvenes ha crecido más que el del resto de españoles. Y también ha bajado porcentualmente más el paro juvenil. Una gran noticia que no puede ocultar otra: los jóvenes siguen teniendo empleos más precarios, a pesar de la reforma laboral: 1 de cada 3 que trabajan tienen un contrato temporal (el doble que todos los trabajadores) y 1 de cada 4 tienen un contrato a tiempo parcial (por horas o días), el doble que todos los empleados. Esta doble precariedad lleva a que los jóvenes cobran sueldos mucho más bajos: ganan una cuarta parte menos que el sueldo medio y 8 de cada 10 jóvenes declaran sueldos inferiores al salario mínimo. Así, la mayoría de jóvenes no pueden hacer planes de futuro, independizarse (sólo el 17%) y comprar o alquilar un piso (carísimos: un alquiler se lleva el 92% de su sueldo). Está claro: o mejoramos los trabajos de los jóvenes y los alquileres o les condenamos a un futuro incierto. Y nadie toma medidas.

                            Enrique Ortega

El alto crecimiento de los últimos años, tras la pandemia, y la reforma laboral (en vigor desde marzo de 2022) han servido para crear muchos más empleos (+1.717.800 ocupados desde diciembre de 2019) y que sean más estables y menos precarios. Curiosamente, la mejora del empleo ha beneficiado más a los jóvenes. Por un lado, los menores de 30 años han conseguido estos años 415.200 nuevos empleos, +15%, casi el doble del aumento del empleo total (+8,6%), según la EPA. Y si analizamos el último año (junio 2023-junio 2024), los menores de 30 años se han llevado la cuarta parte de los empleos creados (108.700 de 426.300), un aumento del +3,5% (frente al 2% que creció todo el empleo). Y ha crecido más el empleo de los más jóvenes (+14,6% entre 16 y 19 años) y los que tienen entre 20 y 24 años (+7,15%), creciendo poco entre 25 y 29 años (+0,6% el último año).

Con ello, los jóvenes españoles batieron en junio 2024 un récord histórico de empleo (trabajaban 3.192.400 jóvenes menores de 30 años) y también un récord de afiliación a la Seguridad Social: 3.328.710 afiliados menores de 30 años. Por otro lado, el paro de los jóvenes ha caído más que el paro general: del 24,8% en junio de 2019 al 19,8% en junio de 2024 (-5%), la tasa juvenil más baja desde 2005, mientras el total del paro bajaba estos 5 años del 14,02% al 11,27% (-2,8%). Y otra vez, bajó más el paro de los más jóvenes (-41% entre 16 a 19 años) y los de 20 a 24 años (-25%) que en el resto (-16,2% paro 25 a 29 años).

Hasta aquí las buenas noticias. Porque cuando se profundiza en el empleo juvenil creado, se ve que el empleo de los jóvenes sigue siendo mucho más precario que el del resto, según revela un reciente estudio de UGT. Así, en junio de 2024 había 1.982.200 asalariados jóvenes (menores de 30 años) con contrato indefinido, el 66,38% de los jóvenes asalariados, frente a un total de 15.498.800 asalariados indefinidos, el 84% del total. Así que un tercio de los jóvenes asalariados (el 33,62%) tienen un contrato temporal, el doble que el conjunto de asalariados (sólo el 16% son temporales). Eso sí, la reducción de la temporalidad entre 2021 y 2024 ha sido mayor entre los jóvenes (-21,2%) que en el conjunto de trabajadores (-9,2%).   Así que la reforma laboral ha beneficiado más a los jóvenes, pero todavía sus contratos son el doble de temporales que los del resto de asalariados. Y además, esa temporalidad es mucho mayor entre los que tienen de 16 a 19 años (63,5% tienen contratos temporales) y entre los que tienen de 20 a 24 años (41,4% contratos son temporales).

El 2º dato que revela la precariedad del trabajo de los jóvenes, según denuncia el estudio de UGT, es que tienen un alto porcentaje de contratos a tiempo parcial (trabajan menos horas de la jornada habitual o menos días a la semana). En junio de 2024, el 25,7% de los contratos de los jóvenes (menores de 30 años) que trabajan son a tiempo parcial, el doble de los contratos a tiempo parcial que tienen el conjunto de los trabajadores, un 13,6%. Y otra vez, los más jóvenes, los que tienen de 16 a 19 años tienen más contratos a tiempo parcial (el 57,4%), al igual que los jóvenes de 20 a 24 años (36,4% con contratos a tiempo parcial), bajando sólo entre los de 25 a 29 años (16,4 % contratos a tiempo parcial).

Una parte de estos jóvenes trabajan menos horas (o días) porque quieren” (el 42,4%), para compaginar el trabajo con los estudios. Algo que sólo hacían el 18,7% hace una década, lo que indica que ahora, con las sucesivas crisis, muchos jóvenes buscan un trabajo por horas (compatible con sus estudios) “para ayudar en casa". Pero casi la otra mitad de jóvenes que trabajan a tiempo parcial (el 42,3%) lo hacen porque no encuentran un trabajo a tiempo completo”. Son “lentejas”: o trabajan sólo unas horas o unos días o siguen en paro. Y esta es la principal razón  para los jóvenes de 25 a 29 años que trabajan a tiempo parcial (el 57,3% lo hacen porque no encuentran otro empleo).

En resumen, que los jóvenes han conseguido más empleos y rebajar más el paro que el resto de trabajadores, pero siguen con trabajos mucho más precarios, con más contratos temporales y a tiempo parcial. La consecuencia de esta doble precariedad” es que ganan menos: su salario medio es una cuarta parte menor al del conjunto de los trabajadores. Según el decil de salarios EPA 2022, el salario medio bruto de los menores de 30 años es de 1.558,3 euros mensuales (por 12 pagas), 18.699,3 euros brutos anuales, el 73,2% del salario medio nacional (2.128,4 euros brutos, 25.536 euros anuales). Y además, estos salarios de los jóvenes han subido menos (un +9,6% desde antes de la pandemia hasta 2022) que los del conjunto de trabajadores (+11,4%), según el estudio de  UGT.

Esa es la media salarial de los menores de 30 años, porque la mayoría de jóvenes, los que trabajan con menos de 26 años ganan aún menos: el 80% tenían un sueldo inferior al salario mínimo a tiempo completo (14.000 euros en 2022), según la Agencia Tributaria. Y también ganaban menos del SMI el 40% de los jóvenes de 26 a 35 años. Otra estadística, la Encuesta de Estructura Salarial del INE (2022) revela que mientras el salario medio de todas las edades era de 26.948 euros brutos, los menores de 20 años ganan 10.597 euros (el 39%), los de 20 a 24 años 15.181 euros (el 56%) y los de 25 a 29 años, 20.459 euros (el 76%). Y el último estudio del Consejo de la Juventud señala que los jóvenes (menores de 30 años) ganan 1.050,77 euros netos al mes.

Con este panorama, trabajos más precarios y sueldos muy bajos, los jóvenes que trabajan tienen difícil sobrevivir y más todavía emanciparse. Por un lado, con la alta inflación de los últimos 3 años (+16% de subidas acumuladas), han perdido poder adquisitivo y el 41,7% de los jóvenes no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, según el INE, frente al 37,1% el conjunto de españoles. La mayoría de los jóvenes trabajadores tienen problemas para llegar a fin de mes y 1 de cada 5 jóvenes está en situación de pobreza (ingresan menos del 60% de la media del país): un 21,4% de jóvenes son considerados “pobres, según el INE, frente al 20,2% del total de españoles.

La consecuencia inmediata de la alta precariedad laboral de los jóvenes y sus bajos salarios es que no pueden emanciparse: sólo el 17% de los jóvenes menores de 30 años están emancipados en España (el 4,6% de 16 a 24 años y el 39,4% de 25 a 29 años), frente al 31,9% en la UE-27. El resto, viven con sus padres y se emancipan mucho más tarde que en Europa: a los 30,4 años de media, frente a los 26,3 años en Europa.

La clave de que dos tercios de los  jóvenes españoles vivan con sus padres (el 65,6% de los que tienen de 18 a 34 años, frente al 49,6% en la UE-27) no está sólo en su trabajo precario y mal pagado: se agrava por los altísimos precios de la vivienda, en propiedad y en alquiler. Para poder comprar un piso, los jóvenes necesitan tener un 25% del precio ahorrado (o que se lo den sus padres), para la entrada y los gastos iniciales. Y después, pagar una hipoteca media de 750 euros mensuales, que supone el 72% de un sueldo joven medio. Y para pagar un alquiler, ya necesitan 968 euros de media, según el estudio de UGT. Y además, pagar los gastos fijos de la vivienda (agua, luz, Internet y gastos comunitarios). Un estudio del Consejo de la Juventud revela que el coste de un alquiler y sus gastos fijos son ya 1.131 euros al mes, 80 euros más de lo que ganan los jóvenes en España (1.050,77 €) . Y hay que comer, pagar transporte, vivir… Imposible.

Este es el negro panorama de los jóvenes que tienen un trabajo. Pero aún lo tienen peor los jóvenes que lo buscan, que no trabajan y están en paro: 786.000 parados con menos de 30 años en junio 2024, según la EPA. Y cada año hay unos 350.000 jóvenes que terminan sus estudios (Bachillerato y FP más 200.000 licenciados universitarios) y buscan su primer trabajo, una “odisea”. Según las estadísticas, el 25% de estos jóvenes tardan más de 1 año en colocarse, más tiempo cuanto menos formación tengan.

Los datos revelan que España es uno de los paises europeos donde los jóvenes tienen más problemas para trabajar una vez terminados sus estudios, según Eurostat. Así, de los jóvenes (entre 20 y 34 años) que terminaron sus estudios hace entre 1 y 3 años, sólo trabajan en España el 78,7%, frente al 83,5% que lo consiguen en la UE (y el 93,2% en los Paises Bajos, el 91,5% en Alemania o el 80,1% en Francia, bajando al 67,5% en Italia). Este porcentaje (78,7%) es menor para los que acaban Bachillerato o FP de Grado medio (64,2% trabajan en España y el 78,1% en la UE-27) y sube entre los licenciados universitarios (83,1% en España, frente a 87,7% en la UE-27). Esa menor “empleabilidad” explica que la tasa de paro juvenil en España sea la mayor de Europa: 25,5% de paro entre los menores de 25 años, casi el doble que la UE-27(14,5%) y cuatro veces el de Alemania (6,6%). 

¿Por qué los jóvenes españoles tienen más problemas para trabajar? Hay varias causas. Una clave es su formación: muchos jóvenes están poco formados (incluso muchos no han terminado el Bachillerato ni la FP de Grado medio) y, sobre todo, tienen una formación que no es la que piden las empresas. En el caso de los licenciados universitarios (200.000 al año), la mayoría han estudiado carreras no técnicas (no STEM: ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), con menos demanda por parte de las empresas, que se quejan (un 75%) de  que no encuentran los perfiles de trabajadores que necesitan (big data, ciberseguridad, desarrolladores, TIC, trabajadores digitales…).

Otra razón que explica las dificultades de los jóvenes es su escasa experiencia. Es normal que un joven que busca su primer empleo no tenga experiencia, pero la “culpa” es de las Universidades que les forman y de las empresas, que deberían “forzar las prácticas” durante los años de formación (pero menos de la mitad de los universitarios las hacen). Y luego, hay que reformar el sistema actual de prácticas y becas fin de estudios, para conseguir que los jóvenes aprendan y no sirvan sólo como mano de obra barata para las empresas.

En los últimos años, hay también un cierto “recelo empresarial a contratar jóvenes. Lo revela una reciente Encuesta hecha a 1.200 dirigentes empresariales, donde el 40% piensan quelos graduados universitarios no están preparados para ingresar en el mundo laboral”, alegando 2 causas: que la generación Z (nacidos de 1977 a 2012) “no tiene ética de trabajo” (“pasan mucho”) y “les faltan habilidades de comunicación”. Eso hace que muchas  empresas prefieran contratar a mayores de 30 años (y menores de 45…).

Otra causa de la menor empleabilidad de los jóvenes es que sufren un cierto “tapón generacional: hay menos movilidad laboral y los trabajadores mayores no cambian de trabajo y se quedan más años en las empresas, lo que dificulta el acceso de los jóvenes. Esto lleva a que las plantillas de las empresas españolas estén cada vez más envejecidas y baje el porcentaje de jóvenes: en 2005, el 41% de los ocupados tenían menos de 35 años y ahora son solamente el 25%, mientras los mayores de 45 años copan el 50,1% del empleo total. Y las empresas no hacen apenas contratos de relevo (un trabajador mayor trabaja un 75% y el resto lo cobra de jubilación, mientras le sustituye un joven), porque les supone un mayor coste (en cotizaciones y sueldos reales) y también al Estado (más pensiones).

Y hay otra causa más, muy importante, que explica los problemas de los jóvenes para trabajar: las oficinas de empleo (SEPE) no les ayudan, ni a preparar currículums ni a divulgar demandas ni a recolocarse. Y como los jóvenes lo saben (creen que el SEPE es para “sellar y cobrar el paro”, los que lo cobran), resulta que el 58% de los jóvenes sin trabajo ni siquiera se registran como parados en el SEPE, mientras buscan trabajo por distintos portales privados de empleo (en los que sí confían) y por familiares y conocidos.

Al final, resulta que "la generación más formada de nuestra historia", los jóvenes que tienen menos de 30 años, están en paro o trabajan de forma precaria, con sueldos tan bajos que no les permiten emanciparse y formar una familia. Un drama para muchos jóvenes, que viven peor que sus padres y abuelos, lo que les hace perder interés por la política y la sociedad o radicalizarse. Y que exige medidas que los políticos no toman: reformar la enseñanza (desde el colegio a la Universidad) para formar en lo que necesitan las empresas, una mejor orientación educativa y laboral, una reforma drástica de las oficinas de empleo (para que ayuden a los jóvenes a colocarse), una política de prácticas y formación en las empresas, más ayudas a su contratación y, sobre todo, ayudas directas a los jóvenes para que puedan alquilar una vivienda, con promociones públicas. Un Plan para los jóvenes, porque nos estamos cargando su futuro. Y el nuestro.

lunes, 6 de febrero de 2023

Las plantillas han envejecido

En España trabajan ahora casi tantas personas como en 2007 (20,5 millones). Pero hay una importante diferencia: dos de cada tres trabajadores (64,18%) tienen más de 40 años, mientras en 2007, la mayoría de los que trabajaban tenían menos de 40 años (54,23%) y los mayores de 40 años eran minoría (45,77%). Así que en estos últimos 15 años, las plantillas se han envejecido, básicamente porque los más jóvenes (menores de 30 años) consiguen menos empleos: de ser 1 de cada 4 ocupados en 2007 han pasado a ser ahora 1 de cada 7 ocupados. Y son los que más han perdido empleo con  la crisis financiera, la pandemia y la inflación. Además, los más jóvenes tienen contratos más precarios y ganan menos: 1.123.000 trabajadores jóvenes (menos de 35 años) ganan el salario mínimo. Para mejorar la productividad  de la economía y aumentar el empleo total (menor al de Europa), las empresas deben contratar a más jóvenes y rejuvenecer plantillas, con ayudas públicas. Abran paso a los jóvenes.

Enrique Ortega

En los últimos 15 años, España ha casi recuperado el empleo que tenía antes de la crisis financiera: del récord de 20.510.600 ocupados alcanzado en 2007 (septiembre) se cayó al mínimo de 16.634.700 ocupados en 2013 (marzo), para recuperar una gran parte en 2019 (19.966.900 ocupados en diciembre), perder una parte con la COVID (19.344.300 ocupados a finales de 20020) y ganar empleo en 2021 y 2022, cerrando el año pasado con 20.463.900 ocupados, casi los mismos empleos de 2007, según la EPA. Hemos vuelto a la ocupación histórica de antes de la crisis financiera, pero con un cambio muy importante: hoy, la mayoría de los que trabajan tienen más de 40 años (el 64,18%), cuando hace 15 años no llegaban a la mitad de los trabajadores (45,77%). Y han perdido peso los trabajadores menores de 40 años: eran mayoría en 2007 (54,23%) y ahora son la tercera parte (35,82%).

El cambio en la edad de los que trabajan lo resume muy bien este dato, en 2007, había 11,12 millones de trabajadores menores de 40 años y hoy son sólo 7,33 millones (-34%). Y los mayores de 40 años, que eran 9,3 millones de trabajadores en 2007, han subido hoy a 13,13 millones (+40%), según la EPA (INE). Un cambio silencioso en la estructura por edades del empleo, causado por el envejecimiento de la población y por el menor peso del empleo joven, por la pérdida de ocupación de los jóvenes en las últimas crisis y sus menores posibilidades para conseguir los nuevos empleos creados.

Otra vez más, los datos de la EPA son muy explícitos sobre la caída del empleo de los más jóvenes. Si en 2007, casi 1 de cada 4 trabajadores tenía menos de 30 años (eran 4.952.700 ocupados, el 24,14% del total), a finales de 2022, los trabajadores jóvenes sólo suponían 1 de cada 7 trabajadores (2.875.100, el 14,03% del total). Y así, ahora trabajan 2 millones menos de jóvenes que en 2007 (-41,94%). Por el otro lado, los mayores de 45 años han pasado de ser un tercio de los trabajadores en 2007 (6.621.100 ocupados, el 32,27% del total) a ser ahora casi la mitad (10.145.700 trabajadores, el 49,55% del total). Y así, ahora trabajan 3.524.600 mayores de 45 años más (+53,23%) que en 2007. Y eso se traduce en un envejecimiento generalizado de las plantillas: si la edad media de los que trabajaban en 2007 eran 39,7 años, ahora roza los 45 años.

¿Qué ha pasado? Además del hecho evidente de que los jóvenes de 2007 tienen hoy 15 años más, el problema es que los más jóvenes han perdido mucho empleo con las tres crisis que hemos sufrido y además, no han conseguido la mayoría de los nuevos empleos creados en estos años, que han ido sobre todo a los mayores de 45 años. Veámoslo crisis a crisis.

En la crisis financiera de 2008-2013, España perdió 3.875.900 empleos. Dos tercios de estos empleos suprimidos los perdieron los más jóvenes: -2.663.300 empleos perdieron los trabajadores que tenían entre 16 y 29 años, según la EPA, una caída de su empleo del -53,7%, que fue mayor entre los más jóvenes (-85,3% del empleo perdieron los que tenían entre 16 y 19 años y -60,42% los que tenían entre 20 y 24 años). Los trabajadores con edades medias (entre 30 y 44 años) perdieron -1.345.800 empleos (-15,06%, una caída un tercio menor a la de los más jóvenes). Y los mayores de 45 años acabaron ganando empleo a pesar de la dura crisis: a principios de 2013 ya trabajaban +133.800 mayores que en 2007, perdiendo sólo algo de empleo (-3,5%) los de 45 a 49 años.

En el siguiente ciclo, la recuperación económica de 2013 a 2019, España ganó 3.332.200 empleos, el 86% de los perdidos con la crisis financiera. Pero otra vez, los más jóvenes salieron peor parados: las personas de 16 a 29 años recuperaron 482.800 empleos, sólo el 18,12% de los perdidos antes. Los trabajadores de edad “mediana” (30-44 años) ganaron 308.000 empleos, el 22,8% de los perdidos. Y el tercer bloque, los mayores de 45 años, volvió a salir ganando: aumentan 2.541.400 empleos. Y como también habían ganado empleo durante la crisis (+133.800), resulta que, a finales de 2019, hay 2,67 millones de trabajadores mayores de 45 años ocupados que en 2007 (aumentan su empleo un +40%).

Seguimos. En 2020 estalla la 2ª crisis, por el COVID 19, y España pierde -622.600 empleos en 2020 (-3,11%). Pero otra vez, el balance es muy desigual por edades. Los más jóvenes (16 a 29 años) son porcentualmente los que más empleos pierden: -288.800 empleos, el -10,4% del empleo que tenían a finales de 2019. Los trabajadores de edad “mediana” (30-44 años) perdieron -465.600 empleos, un -5,89% de los que tenían en 2019. Y de nuevo, los mayores de 45 años ganaron empleo en vez de perderlo (salvo los de 50 a 54 años): +131.800, un +1,4% del empleo que tenían antes de la pandemia, según la EPA.

Y vayamos al cuarto ciclo, la crisis de la inflación y la guerra de Ucrania, que se superó con  la recuperación del empleo en 2021 y 2022, año que España cerró con 497.000 empleos más que antes de la pandemia (en 2019), rozando los 20,5 millones de empleos de 2007. Esta vez, los más jóvenes (16 a 29 años) tuvieron que esperar a 2022 para recuperar el empleo de 2019 (porque en 2021 seguían con menos). Y ganaron +102.900 empleos sobre 2019 (+3,71%). Una novedad  es que los trabajadores de edad media (30-44 años) no han conseguido todavía recuperar el empleo de 2019: pierden aún -355.300 empleos (-4.49%). Y los que vuelven a ganar empleo son los mayores de 45 años: a finales de 2022 trabajaban +849.400 mayores más que antes de la pandemia (+9,13%, el triple de aumento que los más jóvenes). Así que llevan 15 años ganando empleo, pase lo que pase, y por eso ahora los mayores de 45 años suponen dos tercios de los trabajadores.

Al final, la reflexión es que los jóvenes son los primeros que pierden empleo con las crisis y los que tienen más difícil recuperarlo y ganar empleos nuevos. Por eso, además, la tasa de paro de los más jóvenes (29,6% entre 19 y 25 años)  duplica con creces la tasa de paro española (13,1% en diciembre). Y somos el país europeo con más paro juvenil, duplicando la media europea (15% de paro juvenil en la UE-27) y multiplicando por 6 la tasa de paro juvenil de Alemania (5,8% en diciembre de 2022), según Eurostat.

No es sólo que los jóvenes en España tengan el doble de paro que en el resto de Europa sino que además tienen una menor tasa de empleo, trabajan porcentualmente menos jóvenes aquí: sólo están ocupados el 36,2% de los jóvenes de 15 a 29 años, frente al 47,4% que trabajan en la UE-27 y el 68,1% de los jóvenes en Alemania, según Eurostat. O sea que si España consiguiera que los jóvenes trabajaran como en el resto de Europa, habría 703.500 jóvenes (15 a 29 años) más trabajando. Y si la ocupación fuera como en Alemania, deberían trabajar aquí 2 millones más de jóvenes que los que trabajan (son 2.875.100).

Además de trabajar menos los jóvenes (menos que hace 15 años y menos que en Europa), sufren también otro problema: tienen peores contratos. Por un lado, son líderes en contratos temporales: a finales de 2022, había 1.049.900 jóvenes (16-29 años) con contrato temporal, el 36,5% de los que tenían trabajo asalariado, cuando en el conjunto de España, los contratos temporales los tenían solo el 17,92% de los asalariados. Y eso que la reforma laboral ha conseguido aumentar los contratos fijos de los jóvenes, 359.700 más que hace un año (en 2021, el 51,55% de sus  contratos eran temporales). Y además, hay 756.000 jóvenes (16 a 29 años) con contrato a tiempo parcial, por días o por horas: lo tienen 1 de cada 4 jóvenes ocupados (el 26,4%), sobre todo mujeres jóvenes (un tercio con contrato a tiempo parcial),  cuando en el conjunto de empleados sólo lo tienen el 13,6% de los ocupados.

En definitiva, los más jóvenes tienen más contratos precarios y por eso tienen sueldos más bajos que el resto de trabajadores. Eso se debe a que tienen más proporción de contratos temporales (cobran un 70% del sueldo que tienen los contratos fijos, según el INE) y de contratos a tiempo parcial (que cobran el 36% de un contrato a jornada completa). Además, la mayoría de los más jóvenes que trabajan tienen poca antigüedad en su empleo, que es un componente clave de los salarios: los que llevan menos de 1 año trabajando ganan el 57% del sueldo de los que llevan 10 años o más, según el INE.

El resultado es que los salarios de los jóvenes son mucho más bajos que los del resto de trabajadores, según la estadística del INE (2021): el sueldo medio de los que trabajan con 16 a 24 años es de 1.234,9 euros brutos, 1.037 euros netos al mes, 393 euros menos (-27,5%) que el salario mediano de todos los trabajadores. Y dos tercios de los asalariados menores de 25 años ganaban un salario neto inferior a 1.147 euros netos mensuales. Eso se traduce en que 1 de cada 3 jóvenes menores de 24 años cobran el salario mínimo. Y también 1 de cada 5 trabajadores de 25 a 34 años. En total, 1,35 millones de trabajadores jóvenes (menores de 35 años) cobran el salario mínimo, que ha subido a 1.080 euros en 14 pagas.

Con este bajísimo nivel de ingresos y un tercio de contratos precarios, resulta casi imposible que los jóvenes se emancipen, aunque tengan trabajo (menos aún los 486.000 menores de 25 años que están en paro). De hecho, sólo el 15,9% de los jóvenes españoles (de 16 a 34 años) están emancipados, viven fuera de la casa de sus padres, la mitad que en Europa (donde la tasa de emancipación alcanza el 32,1%). Y eso, porque además de tener menos empleo y peores sueldos, chocan con el problema de los altos precios de los alquileres y la dificultad para conseguir y pagar una hipoteca, lo que retrasa el formar una familia y ser padres, agravando así la baja natalidad en España.

Este evidente envejecimiento de las plantillas en España, del que no se habla tiene unas consecuencias muy negativas sobre la economía y la protección social: tener menos porcentaje de jóvenes trabajando hace más difícil la necesaria transición tecnológica y agrava un problema estructural de Espala, la baja productividad. Además, si España tuviera la tasa de empleo juvenil de otros paises, contaría con más trabajadores para cotizar y pagar impuestos, lo que despejaría el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar.

¿Qué se puede hacer? A corto plazo, incentivar la contratación de jóvenes en las empresas, bonificando sus contratos. El 10 de enero, el Consejo de Ministros aprobó un Decreto-Ley para destinar 1.821 millones a bonificar la contratación de colectivos con problemas: discapacitados, mujeres, mayores de 45 años y jóvenes. La idea es concentrar las ayudas y dirigirlas a crear empleos fijos. En el caso de los jóvenes, la medida estrella es bonificar con 275 euros al mes (durante 3 años) la contratación de jóvenes de menos de 30 años con baja cualificación. Además, se bonifica también (con 366 euros al mes) la contratación de jóvenes desempleados para sustituciones por embarazo, lactancia o cuidados. Y se bonifica la cotización de los nuevos contratos de formación en alternancia para la Formación Profesional (compatibilizan trabajo y formación en las empresas). Y se bonifican también los contratos formativos y de relevo (un joven por un mayor) que se hagan indefinidos, así como los contratos de investigadores. El problema es que estas ayudas no entrarán en vigor hasta el 1 de septiembre

A medio y largo plazo, hacen falta otras medidas. Primero en el campo de la formación y la educación, porque España tiene demasiados jóvenes poco formados (por la lacra del abandono escolar, que afecta al 13,3% de los jóvenes de 18 a 24 años): un 27,7% de los jóvenes (25 a 34 años) tienen la ESO o menos, frente al 11,8% de media en Europa y el 14,2% en Occidente, según la OCDE. Eso obliga a reformar la educación, desde la escuela a la Universidad, promoviendo más la Formación Profesional (sólo un 12% de los jóvenes españoles están matriculados en FP, frente al 25% en la UE-27 y el 40% en Alemania) y reformando las enseñanzas universitarias, para que se adapten mejor al mercado de trabajo. Porque igual que tenemos más jóvenes en paro, también tenemos más licenciados en paro y un alto porcentaje de universitarios en trabajos básicos: un 34,5% de los universitarios realizan trabajos para los que estánsobrecualificados”, frente a un 21% en la UE-27.

Y además de facilitar su contratación y mejorar su formación, España necesita más jóvenes, fomentar la natalidad, para aumentar el número de empleados, cotizantes y contribuyentes. Porque cada año nacen menos niños (337.380 en 2021 frente a 397.632 en 2000) y hay menos jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo: si en 1.995 entraron 750.000 jóvenes mayores de 16 años, en 2005 entraban sólo 450.000 y ahora rondan los 200.000. Así, ya tenemos un problema de falta de mano de obra (que cubren los inmigrantes), pero se agravará para 2050, con la baja natalidad y el menor empleo por la tecnología. Así que urge aumentar la natalidad y los jóvenes en edad de trabajar, con ayudas a las familias, a la vivienda y a la conciliación laboral de las mujeres, que ayudarían a rejuvenecer plantillas.

Al final, la reflexión es que España crea empleo pero se reparte mal, beneficiando más a los que tienen más edad, que están “taponando” su relevo con jóvenes, a los que se destina ahora para cubrir vacantes y empleos de temporada, desde las rebajas a la Navidad o el verano. No se fomenta ni la formación adecuada ni el empleo de los jóvenes y acabamos contando con una “generación perdida, desmotivada, que ha sufrido muy negativamente las últimas tres crisis. Hay que abrir paso a los jóvenes.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Bajan los sueldos y Europa pide que suban


Es muy fuerte: la economía y los beneficios empresariales llevan 4 años subiendo pero los sueldos bajaron en 2016, por primera vez en 10 años. Y ahora, los españoles ganan 94 euros al mes más que en 2008 (+0,4%), un aumento ridículo que se ha comido la inflación (+11.7%). Para compararnos con Europa, sepamos que un español tarda 19 meses en ganar lo que un alemán en un año. O sea, tenemos unos sueldos de pena: el 30% de los trabajadores son mileuristas y el 70% ganan menos de 1.557 euros netos al mes. Y no solo es injusto que los sueldos no se beneficien de la recuperación, es que además pueden ponerla en peligro, porque no se reanima el consumo y hacen peligrar las pensiones. Por ello, la Comisión Europea y el BCE acaban de pedir que los sueldos suban en Europa. Mientras, los salarios perderán poder adquisitivo en España, en 2017 y 2018. Y así se frena el crecimiento y el empleo.


enrique ortega

El INE acaba de dar la alerta: el salario medio de los españoles bajó en 2016, por primera vez en los últimos 10 años: el sueldo bruto fue de 1.878,1 euros al mes, un 0,8% menos que en 2015, según el Decil de Salarios de la EPA 2017. Ese es el sueldo bruto y si descontamos cotizaciones y otros conceptos, quedaría en 1.596 euros netos en 12 pagas (o 1.368 euros netos en 14 pagas). Un sueldo muy bajo. Y esa es la media. Quiere decir que hay trabajadores que ganan menos. Concretamente, pueden hacerse tres bloques de sueldos entre los 15.282.000 asalariados españoles, según el INE. Un 30% (4,5 millones) son mileuristas: ganan menos de 1.229 euros brutos al mes (1.045 netos en 12 pagas o 895 euros netos en 14 pagas). Otro 40% de trabajadores (6,11 millones) están regular pagados: ganan entre 1.229,3 y 2.137 euros brutos al mes (entre 1.045 y 1.816 euros en 14 pagas y entre 895 y 1.557 euros en 14 pagas). Y sólo hay un 30% de asalariados (4,5 millones) relativamente bien pagados: ganan más de 2.137 euros brutos mensuales (más de 1.816 euros netos en 14 pagas o más de 1.557 euros netos en 12 pagas).

Como puede verse, los sueldos son bajos en España y apenas han subido en los últimos años. De hecho, el sueldo medio bruto anual ha pasado de 21.638 euros en 2008 a 22.771 euros en 2016, según la Encuesta de coste laboral del INE. Son 1.133 euros al año, 94 euros más al mes (+0,4%), un aumento mínimo que se ha comido con creces la inflación (+11,7% de inflación media en esos 8 años). Y ese ha sido el aumento medio de los que trabajan. Porque un joven que entra ahora a trabajar, recibe un sueldo que es un 12% inferior al que se cobraba en 2008, según FUNCAS. Y esta devaluación de los nuevos sueldos, causada por el alto paro y la reforma laboral de 2012, ha tirado de todos los sueldos a la baja.

Además de bajos, los sueldos en España son muy desiguales, según el Decil de Salarios del INE 2017. Primero, por sexos: las mujeres ganan un 20% menos que los hombres (1.661 euros brutos frente a 2.075), debido a que tienen empleos más precarios (más contratos temporales y a tiempo parcial) y en sectores peor pagados (servicio doméstico, comercio, administrativas y hostelería). Segundo, por edad: un 71,2% de los jóvenes menores de 25 años son mileuristas (ganan menos de 1.229 euros brutos) y cobran 7,7 euros la hora, la mitad de lo que cobran los mayores de 55 años (14 euros la hora). Tercero, por la formación: el 90% de los que tienen poca formación (la ESO o menos) son mileuristas o tienen sueldos medios (entre 1.229 y 2.137 euros brutos). Cuarto, por tipo de contrato: los trabajadores temporales ganan un 63% menos que los trabajadores con contrato indefinido y los que trabajan a tiempo parcial, unas horas, ganan el 35% de los que trabajan a jornada completa. También juega mucho la antigüedad (los que llevan más de 10 años trabajando ganan casi el doble que los nuevos) y el puesto de trabajo: los directores y gerentes ganan el triple que un camarero.

Con todo, un elemento clave de desigualdad salarial es el sector donde se trabaja, según los datos del INE. Los salarios más bajos se concentran en el servicio doméstico (832 euros brutos al mes, 7007 euros netos), el campo (1.159 euros brutos) y la hostelería (1.172 euros brutos) y los más altos en banca y seguros (3.126 euros brutos de media), eléctricas (3.070), información y comunicaciones (2.655) y educación (2.378 euros brutos). También cuenta mucho el tamaño de la empresa: el salario medio bruto en las pymes de menos de 10 empleados (1.363 euros mensuales) es la mitad que en una gran empresa (2.640 euros de sueldo medio bruto). Y ganan más, en general, los que trabajan para la Administración pública (2.623 euros brutos) que los que trabajan en una empresa privada (1.694 euros, un tercio menos), ganando más los funcionarios de las autonomías y menos los de los Ayuntamientos. Por último, hay mucha diferencia de sueldos por autonomías: donde más se gana es en el País Vasco (2.235 euros de sueldo medio bruto, un 19% más que los 1.878 euros de la media española), Madrid (2.165,8 euros brutos), Navarra (2.085), Asturias (1.957 euros) y Cataluña (1.952 euros). Y donde menos en Extremadura (1.613 euros brutos, un 14% menos que la media española), Murcia (1.628 euros), Canarias (1.631 euros) y Andalucía (1.686 euros).

Tras esta radiografía de los sueldos españoles, comparémoslos con los europeos. Según un estudio de Adecco, el sueldo medio bruto en España (2016) era un 15,4% inferior a la media de los sueldos europeos (1.636 euros frente a 1.934 euros). España se sitúa en la zona intermedia, con 12 paises europeos donde se gana más: en cabeza, Dinamarca, donde se ganan 3.637 euros brutos (más del doble que en España), Luxemburgo (2.986 euros) e Irlanda (2.668), seguidos de Alemania (2.576 euros, un 36,5% más), Reino Unido (2.395 euros brutos), Francia (2.249 euros) o Italia (1.977 euros). Y hay otros 15 paises con sueldos más bajos que España, de los que en 12 ganan menos de 1.000 euros brutos (Grecia, Portugal y 10 paises del Este, con Bulgaria (380 euros brutos de sueldo) y Rumanía (499 euros) a la cola.

La comparación de los sueldos españoles con la Europa rica se resume en este dato: un trabajador español necesita trabajar 19 meses para ganar lo que un alemán en un año. Y en este otro: España es el tercer país europeo con más porcentaje de trabajadores pobres, los que ganan menos del 60% de la renta media del país. Tenemos un 13,1% de trabajadores que pueden considerarse “pobres” aunque tengan un empleo (son 2 millones de asalariados), frente a un 9,5% de media en la UE-28 o en Alemania y Portugal, el 11,5% de Italia, el 8,6% en Reino Unido o el 7,9% en Francia. Y sólo nos ganan en porcentaje de trabajadores pobres Rumanía (el 18,9%) y Grecia (14,1%). Como para presumir de salarios.

España ya tenía antes de la crisis sueldos más bajos que Europa, pero ahora se ha agravado la brecha salarial porque los sueldos han subido menos en España en los últimos años, por el elevado paro y la reforma laboral aprobada por Rajoy en 2012. Así, los salarios en convenio, que habían subido un 12% entre 2007 y 2011, como si no hubiera crisis (y eso provocó una mayor pérdida de empleo) moderaron las subidas después, en 2012 (+1,16%), 2013 (+0,53%), 2014 (+0,57%), 2015 (+0,48%), 2016 (+1,06%) y 2017 (+1,4% hasta octubre). Y como los precios han subido más, los salarios españoles, además de bajos, han perdido poder adquisitivo, más que los europeos: un -8,6% entre 2008 y 2015, según el INE. Y aunque lo ganaron en 2016 (porque cayó la inflación media un -0,2%), volverán a perder poder adquisitivo en 2017 (la inflación media será del 2%) y en 2018 (1,6% de inflación prevista).

Estos datos de los salarios, con mínimas subidas que se come la inflación, contrastan con la recuperación de la economía (crece desde 2014) y sobre todo, con la recuperación de los beneficios empresariales, que crecen desde 2014. Así, las empresas españolas ganan ya un 1,6% más que antes de la crisis, según la Contabilidad nacional del INE (473.032 millones en 2016 frente a 465.182 millones en 2008). Y las grandes empresas del IBEX, que pelean por no subir los sueldos a sus empleados, han ganado un 18% más este año (31.683 millones hasta septiembre), mientras los sueldos de los convenios suben un 1,4%. Y con esto, los salarios han perdido un trozo en el reparto del pastel de la renta nacional (PIB): si en 2008 se llevaban el 51,6%, en 2016 era el 47,6%, mientras los beneficios empresariales mantienen su porción (42,2%) y aumentaba el trozo de renta nacional que se llevan los impuestos (de 8,8% en 2008 al 10,25% actual).

Mientras los trabajadores españoles apenas han visto mejorar sus sueldos, la competitividad de España no ha mejorado, sino que ha empeorado, a pesar del “sacrificio salarial”. Y eso porque hay otras cosas que cuentan a la hora de competir en Europa y en el mundo: los precios (la inflación lleva 15 meses seguidos subiendo más en España que en Europa), la moneda (el euro ha subido frente al dólar y eso encarece los productos españoles fuera de Europa) y otros costes, como la energía (la luz le cuesta a nuestras industrias un 28,3% más que a las alemanas y un 30,3% más que a las francesas, según Industria), el dinero (los créditos a empresas y familias son más caros en España), la distribución (hay demasiados “intermediarios” que suben los precios) y la logística (España compite peor por estar físicamente en un extremo de Europa). Así que de poco vale que los sueldos españoles no suban o incluso bajen (2016) si a las empresas les sube la luz, el dinero o el transporte.

Es hora de que suban más los salarios y dejemos de ser la China de Europa. Primero, por pura justicia, porque no puede ser que suban los beneficios de bancos y empresas pero no los sueldos de quienes trabajan. Pero también por pura economía: si los sueldos se estancan y se los come la inflación, las familias reducen su consumo, crecen poco las ventas, se crece menos y se crea menos empleo. Además, con sueldos bajos, los jóvenes no pueden pensar en independizarse y formar una familia y tener hijos, en un país envejecido donde cae la población. Y así, con menos gente trabajando y mal pagada es difícil asegurar el futuro de las pensiones, que tienen un “agujero” de 18.950 millones de euros.

Por todo ello, muchos expertos han empezado a pedir que suban más los salarios, como acaba de hacer la Comisión Europea: “sería importante para sostener la expansión en Europa”, ha dicho el economista jefe de la Comisión, preocupado porque la recuperación no avanza, por los riesgos económicos (subida del petróleo, el euro y, pronto, los tipos de interés) y políticos (Brexit, Trump, populismos y Cataluña). Y el presidente del BCE, Mario Draghi, ha pedido a los agentes sociales "que den prioridad a las subidas de sueldos" en Europa. Pero no parece que el Gobierno Rajoy ni los empresarios españoles estén por la labor. Por un lado, Hacienda ofrece a los funcionarios una  subida del 5,34% en los próximos 3 años (hasta el 8% con productividad), que los sindicatos consideran insuficiente. Y la patronal no ha sido capaz de llegar a un acuerdo salarial para 2017 y tampoco parece posible lograrlo para 2018, al ofrecer subidas del 1,5 al 2%, que apenas cubrirían la inflación prevista (1,6%). Mientras, UGT pide un 3% de subida salarial para 2018.

Si es verdad que la economía se recupera, tienen que subir más los salarios, sobre todo en los sectores y empresas que han recuperado sus ventas y beneficios, que han salido claramente de la crisis. Hay que buscar un pacto salarial con un calendario de subidas importantes a cuatro años vista. Y en paralelo, Gobierno y oposición deben pactar una mayor subida del salario mínimo, que está en 707 euros, para colocarlo en 1.000 euros de aquí a cuatro años (en Alemania o Francia, el salario mínimo está hoy en 1.480 euros). Sólo así, con sueldos dignos, puede alimentarse el consumo, el crecimiento y el empleo. Claro que para eso hace falta, en paralelo, reducir la precariedad laboral, porque si los salarios españoles son tan bajos es porque un tercio de los contratos son precarios y mal pagados. Sólo con contratos decentes se pueden conseguir sueldos decentes. Empecemos a mejorar ambos. No podemos seguir siendo la China de Europa. Porque tirar los sueldos no basta para competir mejor. Y arruina al país, además de hundir a la mayoría de las familias.   

jueves, 3 de noviembre de 2016

Jóvenes "ni-nis" pierden ayudas europeas


Hay dos datos económicos de octubre que han pasado casi desapercibidos. Uno, que España es el 4º país de la OCDE con más jóvenes que ni estudian ni trabajan (“ni-nis”): 1.603.226, el 22,7% de los jóvenes de 15 a 29 años. El otro, que España es el tercer país que menos se ha beneficiado del Plan europeo de empleo juvenil, aprobado en 2013: las ayudas han llegado al 10,7% de “ni-nis” españoles, frente al 60% de “ni-nis” alemanes o el 80% de franceses. Y lo peor: 4 de cada 5 “ni-nis” españoles no se han inscrito aún en este Plan, no saben que existe. Y un tercer dato, de propina : sólo 1 de cada 8 nuevos empleos creados en los últimos tres años han sido para menores de 30 años. Son tres graves muestras de un país y un Gobierno que no afrontan la grave situación de los jóvenes: viven peor que sus padres y con ellos (el 78%). Urge darles prioridad en un Plan de choque contra el paro y en un urgente Pacto educativo, para mejorar su formación y empleo. No podemos dejarles tirados.
 
enrique ortega

Esta ya larga crisis se ha cebado sobre el empleo de los jóvenes: de los 3,8 millones de empleos perdidos en España entre junio de 2008 (el momento mejor) y marzo de 2014 (el peor), un 60% (- 2.283.600 empleos) los perdieron los jóvenes, los menores de 30 años. Y el tajo fue tan tremendo que los jóvenes perdieron en estos 5 años más de la mitad de los empleos que tenían en 2008. Por eso, España es el país desarrollado donde más cayó el empleo juvenil entre 2007 y 2015, según un informe de la OCDE de octubre. Y lo atribuyen a que en España muchos jóvenes trabajaban en la construcción y en la hostelería, con muy poca formación, y por eso la crisis los echó a un lado con más virulencia.

En consecuencia, con esta caída dramática del empleo juvenil, el paro se ha disparado entre los menores de 30 años: si en junio de 2008 había 943.800 parados entre 16 y 29 años, ocho años después, en junio de 2016, los parados jóvenes eran ya 1.249.600, un 32,4% más. Y la tasa de paro se ha duplicado: es del 63,52% entre los jóvenes de 16 a 19 años (era del 41% en 2008), del 43,33% entre los de 20 a 24 años (era del 18,56%) y es del 26% entre los 25 y 29 años (era del 11,8% en 2008). En conjunto, el 42% de los jóvenes de 16 a 25 años está en paro en España en septiembre (EPA tercer trimestre), más del doble que en Europa (19,6%).

Este es el primer problema de los jóvenes españoles: su bajo empleo y su elevado paro, sólo superado por Grecia. Pero hay otro muy preocupante: España es líder en Europa en abandono escolarsegún los recientes datos de Eurostat. Concretamente, un 19,8% de jóvenes españoles (18 a 24 años) habían dejado sus estudios prematuramente (sólo con la ESO o sin terminarla): son 631.520 jóvenes españoles que habían abandonado las aulas en 2015. Un porcentaje que casi duplica la tasa europea de abandono escolar, el 11%, aunque hay 17 paises que la mantienen por debajo del 10%, mientras se acercan a ese nivel Alemania (10,1%) y Reino Unido (10,8%). La causa de este elevado abandono escolar en España es el deterioro del sistema educativo (los recortes) y, sobre todo, las fugas provocadas por la burbuja inmobiliaria y el turismo en la década del 2.000, que provocó la huida de estudiantes a la construcción y el turismo (con un récord de abandono escolar del 32,2% en 2014).

Estos dos problemas, alto paro juvenil y enorme abandono escolar, se traducen en un colectivo de jóvenes llamados ni-nis”: ni estudian ni trabajan. Y lógicamente, aquí España también está en cabeza: somos el cuarto país con más “ninis” de Occidente, un 22,7% de los jóvenes de 15 a 29 años, sólo por detrás de Turquía (29,8%), Italia (26,9%) y Grecia (24,7%). Y muy por delante del porcentaje de “ni-nis” de Europa  y la OCDE (14,6%, ambos), EEUU (14,4%) o Japón (10,1%), según los datos que ha sacado la OCDE en octubre. En los 34 países de la OCDE hay 40 millones de jóvenes “ni-nis”, de los que 13 millones son europeos y 1.603.226 jóvenes españoles “ni-nis” (15-29 años). El mayor porcentaje de “ni-nis” se da entre los jóvenes de 25 a 29 años (19,7% “ni-nis” en Europa y 25% en España), seguidos de cerca por los jóvenes de 20 a 24 años (17,3% “ni-nis” en la UE y 22,2% en España), destacando que el mayor porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan se da entre las mujeres, sobre todo entre las madres solteras, según la OCDE.

El Parlamento Europeo promovió, desde 2010, que había que dar alguna salida a estos 13 millones de “ni-nis” europeos y consiguió que el Consejo europeo del 7 y 8 de febrero de 2013 hiciera un hueco presupuestario (mínimo, de 6.400 millones hasta 2020) para aprobar un Plan de empleo Juvenil, que salió adelante en la Cumbre europea del 22 de abril de 2013. El Plan se llamó Garantía Juvenil  y suponía ofrecer a los jóvenes europeos (antes de 4 meses desde que acabaran sus estudios o estuvieran en paro) una de estas 3 alternativas: un trabajo, unas prácticas remuneradas o formación.

La iniciativa, aunque con pocos recursos, era buena, pero empezó sufriendo muchos retrasos antes de ser puesta en marcha por los países europeos. Y más en España. El Gobierno Rajoy estuvo meses peleando con Bruselas para que nos adelantaran los fondos (España es el país que recibe la mayor aportación del Plan, casi 1.900 millones) y el resultado  es que el Consejo de Ministros no dio luz verde a  la Garantía Juvenil hasta el 4 de julio de 2014, 14 meses después de que lo aprobara el Consejo Europeo. Y una vez aprobado formalmente, su implantación ha seguido siendo lenta: a finales de 2014 sólo se habían inscrito 20.660 jóvenes, al año (30 junio 2015) sólo 71.101 y han tenido que pasar 2 años para superar los 300.000 inscritos (y eso, tras subir en julio de 2015 la edad para inscribirse en el Plan, de 25 a 29 años). A finales de septiembre de 2016 (último dato oficial) había 341.097 jóvenes inscritos en el Plan de Garantía Juvenil, sólo un 21% de los 1.603.226 jóvenes de 16 a 29 años que ni estudian ni trabajan en España, según la OCDE.

O sea, que 4 de cada 5 “ni-nis” españoles no se han registrado todavía en el Plan de empleo europeo de 2013. Los expertos lo achacan, además del retraso en aprobarlo en España, a que no se ha divulgado suficiente entre los jóvenes, como critica el Instituto de la Juventud. Otra crítica es que el proceso de inscripción resulta complejo. Y otro problema es que la puesta en marcha del Plan la gestionan las autonomías y cada una va a su aire: así, lo están haciendo mejor Andalucía (38% de todos los inscritos), Cataluña (13%) y Madrid (10%) pero van muy lentos en Extremadura, Castilla la Mancha o Murcia (4% inscritos), en Aragón (2%), Baleares y Canarias (3%) o en Ceuta (726 inscritos), la Rioja (933), Navarra (4.797) y País Vasco (4.378 jóvenes inscritos).

Al final, estos retrasos reiterados en la aplicación del Plan de Garantía Juvenil se han traducido en la segunda noticia de este blog: España es el tercer país europeo que menos se ha beneficiado del Plan europeo de empleo juvenil, según el reciente balance de la Comisión Europea: sólo han recibido ayudas un 10,7% de los jóvenes sin trabajo ni formación (ni-nis), él menor porcentaje tras Hungría (3% jóvenes) y Malta (6%), empatados con Italia (10,7%) y muy alejados de Alemania (60% de ni-nis han recibido ayudas) y Francia (80% de jóvenes beneficiados), dos paises con la tercera parte de paro juvenil que España pero que ya tenían preparada toda la infraestructura de webs y solicitudes antes incluso de aprobarse el Plan. Y hay otro problema con España: las ayudas que se han dado a los jóvenes “ni-nis” con dinero europeo han sido sobre todo para formación (55%), sólo un 32% han recibido un trabajo y el resto unas prácticas, mientras en Europa, el 70,2% de jóvenes han recibido un empleo y sólo un 13,6% cursillos o un 16,2 % cursillos. O sea, España no sólo ha conseguido menos ayudas, sino que se han traducido en menos empleos y más cursos que en Europa.

Esta es la dura realidad a la que se enfrentan los jóvenes españoles: tienen el doble de paro y no se benefician de las ayudas europeas, por incompetencia del Gobierno (y su propio “abandono” como “ni-nis”). Y eso les pasa cuando las empresas españolas, que llevan dos años y medio creando empleo (precario sí, pero empleo), tampoco cuentan con ellos, con los jóvenes. El dato es esclarecedor: de los 1.392.300 nuevos empleos creados en España en 2014, 2015 y 2016 (hasta septiembre), sólo 173.600 (un 12,4% han sido para jóvenes menores de 30 años, según la EPA. O sea, que sólo 1 de cada 8 nuevos empleos son para los jóvenes. Con una excepción, este verano: de los 226.000 nuevos empleos creados, 159.200 (nada menos que dos tercios) fueron para menores de 30 años, según la EPA del tercer trimestre. Ahora falta ver los próximos trimestres para saber si se ha iniciado o no un cambio de tendencia. 

Pero hasta ahoralos jóvenes se han quedando fuera de los nuevos empleos. Y los que consiguen un trabajo, tardan y es muy precario. Los jóvenes que acaban sus estudios necesitan 2 años para encontrar empleo (el doble que los alemanes) y 6 años en encontrar un trabajo fijo (frente a 2 años de alemanes o daneses), que muchas veces no es para lo que estudiaron (el 57% de los jóvenes están “sobrecualificados” para el trabajo que hacen), según un documentado estudio de la OCDE (2015). Y además, los jóvenes sufren más la precariedad que el resto de españoles: un 71% de sus contratos son temporales y un 42% trabajan a tiempo parcial (un tercio, por menos de una semana). Y por ello, su sueldo es muy bajo: el salario medio bruto de un joven de 20 a 24 años era de 11.835 euros brutos (690 euros netos en 14 pagas), la mitad del salario medio español (22.858 euros brutos), según los últimos datos del INE (2014).

Con estos ingresos, los pocos jóvenes que trabajan (2.382.500, el 33,7% de los 7.062.670 jóvenes españoles que tienen entre 16 y 29 años) apenas pueden mantenerse. Y peor están esa mayoría de jóvenes restante, que no tienen trabajo ni ingresos. Todo ello se traduce en una gran penuria económica de los jóvenes, que les impide emanciparse: un 70% de los jóvenes españoles de 22 a 29 años viven con su familia, frente a un 16% en Francia, un 21% en Alemania y un 30% en Reino Unido, según el informe de la OCDE de 2015. Y si ampliamos la franja de edad, de 16 a 30 años, el 78,5 % de los jóvenes españoles viven con sus padres, más hombres (82,6%) que mujeres (74,4%), según datos del Consejo de la Juventud (2014). En definitiva: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y con ellos.

Los datos son demasiado abrumadores como para no hacer nada. ¿Qué se puede hacer? Algunos repiten “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso a Europa, en 2014, bajar el salario mínimo (en España es de 655 euros al mes, una miseria) para animar a las empresas a que contraten a jóvenes. O la patronal CEOE, que ha pedido varias veces al Gobierno aprobar un contrato de formación para menores (… ¡de 35 años¡) que tenga un salario inferior al mínimo (similar a los famosos “mini-jobs”  de 400 euros que tanto se utilizan en Alemania). En definitiva, ofrecerles “contratos basura” aprovechando que casi  la mitad está en paro.

Las medidas a tomar deberían ir por otro lado. La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España de 2015, es más y mejor formación, mejorar la educación de los jóvenes españoles, desde el Colegio a la Universidad.  Y eso porque consideran que nuestros jóvenes están mal formados, como revela periódicamente el informe PISA. Y además, lo que se les enseña, poco tiene que ver con lo que luego demandan las empresas. Eso exige un cambio en el sistema educativo, con dos objetivos: recuperar parte de los alumnos perdidos (esos 631.520 jóvenes españoles que han abandonado las aulas) y conseguir formarles mejor, a ellos y al resto. Porque el 98% de los empleos del futuro (para 2025) van a ser solamente para los que estén muy formados, para los que tengan educación superior (un 58,4% para universitarios y FP superior) o estudios medios (39,3% de los empleos), según la Fundación BBVA e Ivie. Y en España, hoy, los jóvenes están poco formados para ese reto: un 40% de los jóvenes de 16 a 34 años tienen sólo la ESO (o ni siquiera) frente al 29% en Europa. Y sólo el 30,7% tiene Bachillerato o FP, frente al 45% en Europa. Eso sí, tenemos más universitarios que Europa (29,3% de jóvenes frente a un 26%), pero falla la parte de abajo de la pirámide educativa.

Junto a un gran cambio educativo, el  otro bloque de medidas en favor de los jóvenes deberían ser cambios en la política de empleo: urge poner en marcha un Plan de choque contra el paro centrado en los jóvenes, las mujeres y los mayores de 50 años. Y eso pasa por un mayor esfuerzo en formación, en cursos eficaces para parados jóvenes, ligados a lo que demandan las empresas, junto a un mayor esfuerzo en la formación dual, en acuerdos con empresas para que complementen con prácticas la formación de los jóvenes, sobre todo en la Formación Profesional (FP), que debe relanzarse mucho más (como en Europa). Y urge una reforma de las oficinas de empleo (SEPE), con más medios y personal, para que puedan asesorar a los jóvenes a colocarse (hoy sólo colocan a un 1,7% de los parados).

La tarea no es sencilla, pero lo grave es que se hace muy poco mientras se están perdiendo varias generaciones de españoles, en el paro y la apatía, sin darles una salida educativa ni profesional. No podemos tolerar el drama de los ni-nis, que 1 de cada 4,5 jóvenes españoles ni trabaje ni estudie, no sepan qué hacer con su vida. Es un fracaso de todo el país, que hipoteca la vida de todas las familias y nuestro futuro. Incluso la política y la democracia.