Por ello, Europa y España deberían
aprobar un Plan de choque, como hicieron con la pandemia o la
hiperinflación tras la invasión de Ucrania, para afrontar este menor crecimiento y mantener las empresas y
el empleo. En Europa, tal medida no parece fácil y ya hay paises como Alemania
que hablan
de “reducir el Estado del Bienestar” para salir adelante de esta
crisis. En España, un acuerdo para reanimar la economía en los próximos
meses parece aún más difícil, a la vista de la tremenda polarización política,
que impide hasta afrontar juntos los incendios forestales.
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lunes, 15 de septiembre de 2025
Otoño incierto: tenemos más problemas
Tras la vuelta de vacaciones, este otoño se presenta muy
incierto, con más problemas económicos que antes del verano. Por un lado, Europa
ha cerrado con Trump un acuerdo comercial muy negativo, que va a
agravar el estancamiento de la economía europea, que apenas creció
un 0,1% en el 2º trimestre, con una crisis en Alemania y
problemas en Francia e Italia. Además, la incertidumbre ha impedido que
baje el Euribor en agosto (y los tipos del BCE en septiembre). Y las locuras de Trump y su abultada
deuda debilitan el dólar, fortaleciendo al euro (+13% este año), lo que
nos resta competitividad y encarece los productos europeos y el turismo. En
España, los problemas de Alemania y Francia más los altos precios y el euro
fuerte han frenado en julio el impulso del turismo, el motor
de nuestro “milagro económico”, junto a los inmigrantes (atacados
dentro y fuera). Así que la polémica coyuntura política, internacional y
nacional (extrema polarización) , pone en peligro los logros de la
economía española tras la pandemia. Pintan bastos.El verano nos trajo, además de las olas de calor y los
incendios, un pésimo acuerdo
comercial entre la Unión Europea y EEEU, presentado en un club de golf
de Trump en Escocia el 27 de julio. La Comisión Europea se ha afanado en
defender la bondad del acuerdo, porque es mejor aceptar un arancel del 15%
que el 30% que nos iba a imponer Trump si no pactábamos. Y añaden que hemos
salido “mejor parados” que la mayoría de paises (salvo Reino
Unido, que tendrá un arancel del 10%), igual que Japón (15%) y mucho menor que
el 35% de Canadá, el 25% de México o el 50% de Brasil e India (ver
mapa aranceles), mientras China negocia todavía bajarlo del 30%.
Pero en realidad, el acuerdo arancelario
aceptado por Europa es una
humillación en toda regla. Básicamente, porque Trump impone un
arancel del 15% a la mayor parte de los productos europeos (que ahora
pagaban el 1,43% de media) mientras EEUU paga un 0% por vender sus
productos en Europa. Eso, traducido
en cifras, es escandaloso: de los 850.000 millones de productos europeos
exportados a USA en 2024, ahora (desde el 7 de agosto), la mayoría (780.000
millones exportados) pagan aranceles del 15%, lo que tendrá un coste para
los europeos de 117.000 millones de euros, un “impuesto” que nos pone Trump
para reducir su abultada deuda y bajar impuestos a los norteamericanos (ricos).
Pero hay más
concesiones. Una, que a cambio de ponernos sólo un 15% de arancel
(no el 30% con que amenazaba), Europa se compromete a comprar a EEUU
petróleo, gas y equipamiento nuclear por valor de 700.000 millones de dólares,
además de comprarles 40.000 millones en chips y compras millonarias de material
militar. Y si Europa no lo hiciera, amenaza Trump, nos subiría los aranceles.
Además, EEUU acepta rebajar los aranceles de los coches y piezas del
automóvil europeas al 15% (del 35% inicial, ahora en el 27,5%) si Europa
abre su mercado a productos norteamericanos agrícolas y pesqueros
(alimentos, frutos secos, soja…), que ahora podrán vendernos sin restricciones,
una
medida que ya ha legislado Bruselas para que los coches europeos sólo
paguen un 15% de arancel en USA. Y por si acaso nos sentimos ya “tranquilos”,
Trump ha amenazado con incluir también en el futuro una rebaja de la
vigilancia sobre los servicios digitales, para forzar a Bruselas a que
no controle tanto a las tecnológicas ni les cobre (tasa Google) si no
queremos problemas...
Así que Europa ha cedido en casi todo,
mientras Trump lanza cada día una nueva amenaza, que alimenta la incertidumbre
en las empresas, inversores y paises. Y además, el Tribunal de apelaciones
de EEUU acaba de decir que los
aranceles de Trump no son legales, aunque permite que sigan en vigor hasta
el 14 de octubre. Pero Trump lo va a recurrir ante el Tribunal Supremo USA,
donde tiene mayoría conservadora. Así que los aranceles seguirán adelante,
dañando la economía internacional y sin que por el momento dañen a los
estadounidenses, que los acabarán pagando con más inflación y menos crecimiento
a medio plazo. Pero mientras, Trump pretende recaudar millones de dólares del
resto del mundo y presentar unos logros que le permitan ganar las elecciones de
medio mandato (noviembre 2026).
En consecuencia, desde principios de agosto, los aranceles
de Trump dificultan las exportaciones a EEUU del resto del mundo, que pagan
una media cercana al 20% (el 50% de aranceles al aluminio y al acero). Eso va a
tener una consecuencia inmediata: menos ventas en EEUU y menos
comercio mundial, encareciendo la mayoría de los productos y recortando el
crecimiento y el empleo. Y también en Europa. En el primer trimestre, tras el anuncio
de aranceles el 2 de abril, muchos paises aceleraron las ventas a EEUU, antes
de que entraran en vigor. Y eso aumentó las exportaciones europeas y el
crecimiento. Pero ahora, cuando los aranceles ya están en vigor, el
frenazo económico en la UE será inevitable. De hecho, ya se ha
producido: la economía de la UE-27 creció un +0,5% en el primer
trimestre de 2025 y después se ha estancado, creciendo
sólo un +0,1% en el 2º trimestre, según Eurostat.
Sobre todo lo ha notado Alemania, el país europeo
que sale peor parado por los aranceles de Trump, dado que allí van el 10,4% de
sus exportaciones: en el 2º trimestre, según
Eurostat, la economía alemana ha caído un -0,1% (tras crecer un 0,3%
en el primer trimestre), sufriendo sobre todo sus multinacionales del automóvil
y numerosas industrias. También ha caído en el 2º trimestre la economía de Italia
(-0,1%), otro país que depende mucho de las ventas a USA (el 10,4% de
sus exportaciones totales). Y ha tenido menos efecto en Francia, que
crece un +0,3% en el 2º trimestre, porque vende menos a EEUU (el 8% de sus
exportaciones), aunque es un porcentaje alto, como el de Finlandia (9,7%), Suecia
(8,9%) y Austria (8,2%), si bien el país más afectado es Irlanda (el 32% de sus
exportaciones van a EEUU). España, de momento, sigue siendo el país que
más crece (+0,7% en el 2º trimestre), por una menor dependencia comercial de
EEUU (4,6% de nuestras exportaciones), pero nos acabará afectando, sobre todo
si el resto de Europa entra en recesión este otoño/invierno.
De momento, la crisis en Alemania y Francia ya ha
retraído el turismo hacia España en los últimos meses, según los datos
de pernoctaciones
hoteleras del INE. Y en julio, aunque España tuvo un récord histórico de
turistas (más de 11 millones), sólo aumentaron un 1,6% sobre 2024 y cayeron
los turistas alemanes (-4,8%) y franceses (-3,1%), estancándose los
turistas británicos (+0,7%), una tendencia que ha podido repetirse en agosto y
que supondría un cierto “freno” del boom turístico, el motor de nuestro
crecimiento récord. De hecho, el empleo en España ha cerrado su peor verano en 6 años, con casi 200.000 afiliados menos en agosto.
Otro factor que juega a la contra de Europa (y de España) es
la debilidad del dólar, motivada por la errática política de
Trump y su abultada deuda (36,2 billones de dólares, el 124% de su PIB),
que provoca una revalorización del euro frente al dólar: +13,2%
en lo que va de año (el euro cuesta hoy 1,1728 dólares frente a 1,036 a
principios de año). Eso significa que todos los productos europeos cuestan en
dólares un 13% más, lo que resta competitividad a los productos de la UE y
encarece Europa (y España) a los turistas no europeos. Y encima, los expertos
apuestan porque Trump siga dejando caer al dólar (para reforzar sus
exportaciones), hasta el nivel de 1,20
euros por dólar (casi +16% revalorización), lo que dañaría más a Europa.
Así que lo que antes era una amenaza, la subida de aranceles,
es ya una realidad desde el 7 de agosto, y está dañando
a las grandes empresas exportadoras europeas, sobre todo al
automóvil, los bienes de equipo y maquinaria, el vino, la industria del lujo,
la aeronaves, la siderurgia y la industria química y farmacéutica. En el caso
de España,
el sector más afectado es la industria alimentaria (USA es su 2º
gran mercado, tras Europa), el vino (España es el 4º exportador
europeo), el aceite (somos el primer exportador europeo a USA),
la industria de componentes de automóvil (no exportamos coches a
EEUU, pero los coches que exporta el resto de Europa llevan piezas fabricadas
en España) y la industria farmacéutica.
Lo más preocupante es que “el bombazo” de los
aranceles de Trump pillan a Europa
en medio de una profunda crisis política, agravada por los problemas económicos en Alemania y la crisis política en Francia, donde ha caído el primer ministro). La Unión Europea se tiene que
plantear a la vez cómo afronta una serie de problemas de futuro: configurar una
Defensa europea (con más gasto militar, que pone en peligro otros
gastos económicos y sociales), cobrar un mayor protagonismo
geoestratégico (los conflictos de Ucrania y Gaza revelan el escaso peso
internacional de la UE), configurar una política de inmigración
(Europa necesita mano de obra extranjera, pero el auge de la extrema derecha
europea fuerza a los paises a posturas xenófobas), una postura más decidida
ante la crisis climática (crece el negacionismo en muchos paises
y en la Comisión Europea, lo que fuerza a suavizar políticas medioambientales)
y, sobre todo, la urgencia de dar un salto adelante en la mejora de la
competitividad europea, impulsando la tecnología, la digitalización y
la industrialización para competir con USA y China. Cuestiones claves en la que
la actual Comisión Europea no avanza, mientras la humilla Trump.
Y en el caso de España, las consecuencias de los
aranceles y el menor crecimiento de Europa y el resto del mundo nos van a
acabar de hacer daño, rebajando el consumo, las exportaciones y las inversiones
(por la incertidumbre), lo que se traducirá, antes o después, en menor
crecimiento y menos empleo, después de varios años de “milagro económico”
tras la pandemia. La incertidumbre por los aranceles, incluso, ha frenado
la bajada del precio del dinero: el
Euribor, en agosto, ha subido (al 2,114%), tras 6 meses a la
baja. Y el BCE frenó la semana pasada sus rebajas de tipos (siguen en el 2%), por temor a un repunte de la inflación, lo que sigue aumentando el Euribor (2,17% en septiembre), dificultando la rebaja de las futuras hipotecas (aunque bajará la cuota de las antiguas cuando se revisen).
Pero si alguna vez hace falta acordar algo es ahora, para
afrontar el posible estancamiento económico en Europa y la desaceleración
económica en España. Urge
aprobar unos Presupuestos que reanimen la economía,
con un pacto fiscal que consiga aumentar la recaudación para
afrontar el necesario mayor gasto en protección civil ante el cambio climático
(incendios, inundaciones, malas cosechas…). La
enseñanza de los incendios de este verano es que el Estado (desde la
Administración central a las autonomías y Ayuntamientos) sólo puede afrontar
las catástrofes con más medios y para eso hace falta gastar más. Y eso pasa por
recaudar más, por ingresar más de los que más tienen, lo que
exige una reforma fiscal que Europa nos lleva pidiendo décadas. Pero con el
actual panorama político, ni Presupuestos ni reforma fiscal ni acuerdos contra
la crisis climática.
Las otras dos prioridades económicas de
este otoño deberían ser la vivienda y la ejecución de los Fondos Europeos, porque queda
menos de un año (hasta agosto de 2026) para comprometer los proyectos
pendientes (sólo se
han comprometido 53.600 millones de 163.014 que recibiremos, entre
subvenciones y créditos), dado que si
no se ejecutan se perderán los Fondos UE. Y eso exige también pactar las
reformas pendientes, requisito obligado para que llegue el dinero que falta (hemos perdido ya Fondos UE por el rechazo de la derecha y los nacionalistas en el
Parlamento a la subida de impuestos al gasóleo exigida por Bruselas). Urgen
pactos para terminar las reformas pendientes y para promover la construcción de
viviendas, pero ambos parecen imposibles.
Ya lo saben: tenemos problemas, tendremos más en los
próximos meses y la solución pasa por acuerdos políticos y económicos para
afrontarlos. Pero como esto es imposible, iremos a peor. Y serán los
políticos, al menos una parte de ellos, los responsables de que
España ponga fin al mejor balance económico de las últimas décadas.
Pintan bastos.
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lunes, 21 de abril de 2025
Crece el ahorro de los hogares (¿milagro?)
Las familias españolas están ahorrando más,
en 2024 y 2023, tras recuperarse de la pandemia, la crisis de la energía y la
alta inflación. Y lo mismo pasa en Europa, el continente que más ahorra,
mientras EEUU gasta y apenas ahorra. La explicación del “milagro”
está en la mejora del empleo, en que sueldos y pensiones suben
más que la inflación y en que estamos “escaldados” por varias crisis
(desde 2008) y preferimos guardar algo para “la próxima”. Pero este
ahorro es muy desigual y sólo alcanza a la mitad más rica, algunos
jubilados e inmigrantes. Ahora, esperan que ahorro siga alto en 2025, por
temor a una nueva crisis tras los aranceles de Trump. España y otros 6
paises europeos quieren aprovechar mejor este ahorro, ahora paralizado
en depósitos poco remunerados: preparan una nueva Cuenta europea
que lo dirija a inversiones europeas, desde la digitalización al medio
ambiente o la Defensa. Que el alto ahorro europeo sea “la gasolina” para que
Europa sea más competitiva. Enrique Ortega
Europa es un continente que ahorra bastante, sobre todo los paises ricos del centro y norte. En 2024, los europeos ahorraron el 14,41% de su renta bruta disponible, aumentando su tasa de ahorro de 2023 (13,67%), según Eurostat. Se ha superado con creces la tasa de ahorro que teníamos los europeos antes de la pandemia (12,30%), aunque luego se disparó en 2020 (al 17,20% de la renta disponible) por los confinamientos y la crisis. En el caso de la zona euro (20 paises), la tasa de ahorro fue mayor: un 15,30% de la renta disponible, otro récord desde la pandemia (18,70% en 2020). Y esta alta tasa de ahorro en la zona euro contrasta con la baja tasa de Estados Unidos, donde ahorraron la tercera parte que en la zona euro (el 5,2% de su renta disponible). En general, los estadounidenses ahorran menos y gastan más, comprando más fuera (alto déficit comercial) y endeudándose : tienen una deuda pública y privada de las más altas del mundo, que financia el ahorro del resto del mundo.
Dentro de Europa, los
paises que más ahorran son Alemania (20,3% de su renta disponible, 1
de cada 5 euros), Suecia (18,26%) y Francia (17,65%), más Paises
Bajos (14,69%) e Irlanda (13,52%), seguidas de España (13,43%
ahorro de la renta disponible), por delante de Bélgica (13%), Italia (11,23%), Portugal
(10,88%) y Dinamarca (10,36%), según los datos de Eurostat (diciembre 2024). En
todos los paises ha aumentado la tasa de ahorro respecto a antes de la
pandemia (17,90% ahorraba Alemania en 2019 y 14,55% Francia), pero el mayor
salto en el ahorro lo ha dado España: ahorramos +5,38% en 2024
(13,43%) que en 2019 (ahorrábamos el 8,05%), un aumento inferior al de Francia
(+3,1%), Alemania (+2,53%), Italia (+0,76%), Portugal (+2,93), la zona euro
(+2,68%) o la UE-27 (ahorra +2,5%).
El Banco Central Europeo (BCE) ha
llamado recientemente la atención sobre el fuerte aumento del ahorro
en Europa, en 2024 y 2023, que atribuye a varias causas:
un aumento de los ingresos de los europeos (gracias al aumento del
empleo y a que los salarios y pensiones han subido más que la inflación,
mejorando el poder adquisitivo), un aumento de las ganancias en Bolsa y dividendos,
así como bonos y alquileres), el efecto positivo de las ayudas públicas
y, sobre todo, “una mayor cautela a la hora de gastar”, por un aumento
de la “incertidumbre estructural”, tras haber sufrido varias
crisis (la de 2008 a 2012, la pandemia y la crisis de la energía y la alta
inflación tras la guerra de Ucrania), que lleva a los europeos a ser “más prudentes
en el gasto” y ahorrar más para afrontar el futuro.
En el caso de España, el mayor aumento en la tasa de
ahorro tiene su origen en el fuerte aumento de la renta bruta disponible:
alcanzó la cifra de 1.027.715 millones de euros en 2024, +8,7% que en 2023, según
el INE. Y de estos ingresos, se destinaron al consumo 889.060
millones (+7,1%), otros 71.734 millones a la inversión (+6%) y se
ahorraron 139.900 millones, un 23% más que en 2023. Eso significa que hemos
ahorrado el 13,6% de la renta disponible, mucho más que antes de la
pandemia (8,5% en 2019) y también más que a lo largo de este siglo (8,6% de
ahorro entre 2000 y 2019).
Este fuerte aumento del ahorro en España tras la pandemia
se
debe a varios factores. Uno, clave, porque ha aumentado mucho el empleo
(+1.881.000 empleos creados desde 2019) y también han subido los sueldos
de estos trabajadores, aumentando su capacidad de gasto y ahorro. Dos, porque
han aumentado los pensionistas y el importe de su pensión, lo que se
traduce en más ingresos. Tres, que han aumentado las subvenciones y ayudas
públicas (carburantes, electricidad, IVA alimentos…), que suponen ingresos
adicionales para muchos. Y cuatro, que han aumentado las rentas percibidas por depósitos,
acciones, deuda, Fondos y dividendos, así como por alquileres (3 millones
de familias ingresan por las casas que alquilan). Además, la inflación se ha
moderado en 2023 y 2024, lo que ha permitido a las familias un mayor poder
adquisitivo estos años, gastar y ahorrar más.
Hay más ahorro, pero mal repartido, porque
muchas familias siguen con problemas para llegar a fin de mes y no pueden
ahorrar. Así que hay
grandes diferencias en el ahorro, según los ingresos de los hogares:
casi la mitad del ahorro total en España (el 49%) procede del 25% de los hogares
con rentas altas, otro 28% del ahorro procede del 25% de hogares con rentas
medias-altas, un 21% adicional viene del 25% de hogares con rentas medias-bajas
y sólo el 2% del ahorro lo aportan el 25% de hogares con rentas bajas,
según
un estudio de CaixaBank Research.
Otro factor que explica la desigualdad en el ahorro es la
edad: son las generaciones de 65 a 74 años (los jubilados) los
que explican el fuerte aumento del ahorro en España tras la pandemia, según CaixaBank
Research. Y también ahorran más los autónomos que los asalariados. Así,
si el ahorro global de los españoles ha crecido un +4,6% desde 2019, los que
tienen entre 65 y 74 años han ahorrado un +6,4%, mientras que los
menores de 35 años sólo han aumentado su ahorro un +5,8% y los que tienen entre 35 y 44 años lo
aumentaron un +3,3%. Los expertos consideran que las generaciones
mayores ahorran más para afrontar posibles problemas de salud y para ayudar
a hijos y nietos. También una parte de los inmigrantes ahorran más, para
enviar remesas a sus paises de origen: desde España se enviaron
10.183 millones de euros al extranjero en 2024, según
el Banco de España.
El FMI alerta que es la primera vez que crece el
ahorro, en España y en Europa, en un contexto que no es de crisis,
con un cierto crecimiento y una fuerte creación de empleo (y con una inflación
por debajo del 3%). Lo atribuyen a una
falta de confianza de los consumidores en el futuro, a que
mantienen una elevada incertidumbre, a pesar de que no estamos ya en crisis
(incluso España crece más que antes de la pandemia). Esta alta tasa
de ahorro provoca que crezca menos el consumo de las familias, que
aporta más de la mitad del crecimiento de los paises. En definitiva, más
ahorro equivale a menos consumo y a menos crecimiento. Y tampoco
ayuda este ahorro a la inversión, otro motor de la economía (muy débil
en Europa), porque la mayor parte está “inmovilizado”
en cuentas y depósitos bancarios o en deuda, inversiones poco productivas.
Pero parece que este contexto de ahorro fuerte,
en Europa y en España, va a seguir en 2025, según
prevé CaixaBank Research, que apuesta porque las familias ahorren este año
casi lo mismo que el pasado (un 13% de su renta disponible, frente al
13,6% en 2024). Y esa previsión está hecha antes de conocer los
aranceles de Trump, que han enturbiado todas las previsiones económicas
y podrían provocar inflación y recesión. Dos amenazas que llevarán a muchas
familias (las que pueden) a gastar menos y ahorrar más en 2025. Y eso
llevará a muchos paises a un menor crecimiento y a crear menos empleo.
La clave ahora es “hacer de la necesidad virtud” y aprovechar
esta alta tasa de ahorro, en Europa y en España, para financiar
el salto hacia adelante que necesita Europa para modernizarse y
competir en el mundo. El gran objetivo es “desviar”
parte de los 11 billones de euros que los europeos mantienen en cuentas y depósitos
bancarios (percibiendo unos mínimos intereses) a la inversión, conseguir
que una gran parte del ahorro de las familias se dirija a financiar la
inversión europea a largo plazo.
Para lograrlo, España y otros 6 paises europeos
(Francia, Alemania, Italia, Paises Bajos, Polonia y Luxemburgo) están
trabajando en aprobar una nueva Cuenta europea de inversión, para
que los ahorradores europeos dirijan ahí una buena parte del ahorro ahora
improductivo, para lo que contemplan ofrecerles un trato fiscal muy favorable y
una alta rentabilidad, armonizando las distintas rentabilidades europeas. Con
una parte del ahorro europeo en esta nueva Cuenta europea se podrían
financiar parte de las inversiones necesarias en digitalización, transición
energética y Defensa y Seguridad. Y evitar la fuga de ahorro europeo a Estados
Unidos: cada año, 300.000 millones de euros de financiación europea
emigra a USA para comprar acciones de empresas tecnológicas o deuda pública.
Actualmente, España y los otros 6 paises promotores están
estudiando
diversas iniciativas europeas para captar ahorro (desde la cuenta de
ahorro en Suecia al plan de Francia para
invertir en cotizadas o la compra de deuda en Italia), para configurar una Cuenta
europea de inversión que sea atractiva para los inversores, un producto de
inversión “paneuropeo” perfectamente identificable y que permita a los ahorradores
saber dónde está su dinero. El objetivo es tener diseñada esta nueva
Cuenta europea de inversión para junio
y lanzarla al mercado este otoño, para financiar parte de los múltiples
proyectos de inversión que tiene previstos la Comisión Europea para “dar el
salto” y competir mejor en el mundo.
En resumen, que las crisis nos han hecho más
ahorradores (los que pueden) y eso hace que cada año dejemos de gastar
un porcentaje mayor, “por si vienen mal dadas” en el futuro. Y 2025, con la
incertidumbre de los aranceles y la guerra comercial de Trump, lo normal es que
el ahorro vuelva a subir, en España y en Europa. Este menor consumo puede
frenar algo el crecimiento, pero el
alto ahorro puede utilizarse para financiar las inversiones que necesitan Europa
y España para modernizar su economía y ser más competitivos. Para
conseguirlo, hay que ofrecer seguridad y rentabilidad a los ahorradores. Ahorro
hay.
Europa es un continente que ahorra bastante, sobre todo los paises ricos del centro y norte. En 2024, los europeos ahorraron el 14,41% de su renta bruta disponible, aumentando su tasa de ahorro de 2023 (13,67%), según Eurostat. Se ha superado con creces la tasa de ahorro que teníamos los europeos antes de la pandemia (12,30%), aunque luego se disparó en 2020 (al 17,20% de la renta disponible) por los confinamientos y la crisis. En el caso de la zona euro (20 paises), la tasa de ahorro fue mayor: un 15,30% de la renta disponible, otro récord desde la pandemia (18,70% en 2020). Y esta alta tasa de ahorro en la zona euro contrasta con la baja tasa de Estados Unidos, donde ahorraron la tercera parte que en la zona euro (el 5,2% de su renta disponible). En general, los estadounidenses ahorran menos y gastan más, comprando más fuera (alto déficit comercial) y endeudándose : tienen una deuda pública y privada de las más altas del mundo, que financia el ahorro del resto del mundo.
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lunes, 24 de febrero de 2025
Exportaciones estancadas (antes de aranceles)
Las exportaciones parecen un tema teórico para
economistas, pero nos afectan a todos: aportan un tercio
del crecimiento y mantienen 4,6 millones de empleos. En 2024,
las exportaciones se estancaron (+0,2%), tras 40 años aumentando
año tras año (salvo en 2009, 2020 y 2023). La culpa es del estancamiento
de la economía europea, donde van el 73,7% de nuestras exportaciones,
aunque subieron las ventas a Latinoamérica, Asia y África. Ahora
preocupa que caigan en 2025 y 2026, dos años en que nos restarán
crecimiento, por la debilidad de la economía europea y los aranceles
con que amenaza Trump. España se verá menos afectado que la mayoría de Europa,
pero dañarán a la industria siderúrgica, farmacéutica y al campo,
sobre todo al aceite, vino, carnes y pescados. Por eso, urge que Europa
tome medidas defensivas ante los aranceles USA y ayude a los paises a
diversificar sus exportaciones. Y en España, hay que aprobar un Plan de
choque para ayudar a nuestros exportadores, un motor clave de la
economía y el empleo. Enrique Ortega
España ha protagonizado un histórico “milagro exportador”, promovido por el ingreso de España en la CEE, la apertura exterior de nuestra economía y la crisis financiera de 2008, que obligó a muchas empresas a buscar mercados fuera. Así se explica que España lleve 40 años aumentado sus exportaciones, desde 1995: año tras año hemos exportado más, salvo tres años en que cayeron (2009, 2020 y 2023). Con ello, hemos pasado de exportar 22.933 millones de euros en 1986 (el 10% del PIB) a 159.889 millones en 2009 (15% del PIB) y 384.465 millones en 2024 (el 24,13% del PIB). O sea, que exportamos 16 veces más que hace 40 años. Y además, aunque también importamos más, el “agujero comercial” (-40.275 millones de euros) se cubre de sobra con los ingresos por las exportaciones de servicios y por el turismo, con lo que España ha conseguido algo que parecía imposible hace unas décadas: tenemos “superávit con el exterior” desde 2013, algo inaudito en nuestra historia (de 1961 a 2012 tuvimos déficit con el exterior 45 de estos 52 años).
Las exportaciones no sólo facturan ya una cuarta
parte de nuestros ingresos como país y nos permiten ser más autosuficientes (tener
divisas suficientes para crecer y no tener que endeudarnos tanto) sino que han
sido claves para conseguir el crecimiento y el empleo de las últimas dos
décadas. Así, tras
la crisis de 2008, la economía española entró en recesión, pero hubiera
caído mucho más de no ser por la ayuda de las exportaciones: en 2009,
por ejemplo, el PIB cayó un -3,6%, pero hubiera caído bastante más (también el
empleo) si las exportaciones no hubieran aportado un +2,8% al crecimiento. Y
las exportaciones volvieron
a salvarnos con la pandemia:
en 2020, cayeron menos que la economía (-2,2%, frente al -10,9% que cayó
el PIB). Y en la recuperación posterior, las exportaciones han sido un motor
clave: en 2022
aportaron más de un tercio del crecimiento (2,3% del 6,2% que
creció el PIB) y lo mismo en 2023 (1%
del 2,7% de crecimiento del PIB).
En 2024, la aportación de las exportaciones al
crecimiento español (y al empleo) ha sido algo menor, aunque
importante: un 0,4%
del 3,2% que creció el PIB (la 8ª parte). Y eso porque las exportaciones
se han estancado en 2024, creciendo sólo un +0,2% sobre 2023. Aún
así, las ventas al exterior de España han sido de 384.464 millones de
euros, el
2º mejor dato de nuestra historia (tras el récord de 387.599 millones
en 2022, el “repunte” tras la pandemia). Y las exportaciones han conseguido “mantenerse”
en un año malo para todos los paises, por el bajo crecimiento
europeo y el proteccionismo comercial. Así, las exportaciones
alemanas cayeron -1,3% y las francesas -1,6%, mientras las
británicas caían un -5%, creciendo un +2,3% las de EEUU, un +7,1%
las de China y un 6,2% las de Japón.
El estancamiento de las exportaciones
españolas en 2024 se debe a la caída de las ventas a Europa (-0,6%),
debido a que la UE creció sólo un 0,8%, Alemania siguió en recesión (-0,2%) y
apenas crecieron Francia (+1,1%) e Italia (+0,5%), mientras España creció un
3,2%. La mayor caída de nuestras exportaciones, según
Comercio, se ha dado con Francia (-3,9%), nuestro primer cliente,
seguida de las ventas a Alemania
(-1,2%) y Bélgica (-18,1%), aunque han crecido las exportaciones a
Italia (+0,9%), Paises Bajos (+0,8%) y Portugal (+0,8%). Con todo, España cerró
2024 con un superávit comercial (más exportaciones que importaciones) con
toda Europa (+43.247,3 millones de euros, +2,5% que en 2023). Y tenemos superávit
comercial con 17 de los 26 paises restantes de la UE (con todos, salvo
Alemania, Paises Bajos, Austria, Eslovaquia, Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Hungría
y República Checa). En contrapartida al “pinchazo” de las exportaciones a
Europa, en 2024 aumentaron nuestras ventas a Latinoamérica (+1,9%), Asia
(+3,5%), Africa (+6,4%) y Australia (+18,1%), bajando sólo las
exportaciones a EEUU (-3,8%), China (-1,5%) y Oriente Medio (-1%).
Por sectores, las exportaciones
españolas que más cayeron en 2024 fueron las de bienes de equipo
(-0,5%, por menores ventas de material de transporte y maquinaria industrial), productos
químicos (-2,3%, por la bajada del -12,4% en la exportación de medicamentos),
automóviles (-1,4%), semimanufacturas (-1,4%, sobre todo por la caída
del -11,6% en la exportación de hierro y acero o el -3,4% de las ventas de
cerámicas) y energía (-7,6%, por menores exportaciones de petróleo, gas,
carbón y electricidad). Pero crecieron el año pasado las exportaciones
españolas de alimentos (+6,8%), nuestra 2ª mayor partida exportadora
(71.793 millones), de ropa y calzado (+2,7%) y materias primas (+6,2%).
Por autonomías, la mayoría exportó más, salvo Madrid (-5,4%), País Vasco
(-5,1%), Comunidad Valenciana (-2,7%) y Cataluña (-0,5%), según
Comercio.
Lo que preocupa ahora es la esperada bajada de las
exportaciones españolas en 2025 y 2026, rompiendo la racha de las últimas
cuatro décadas. La
última previsión del Gobierno apunta que las exportaciones se frenarán,
por las tensiones proteccionistas en el comercio mundial y el bajo crecimiento
europeo: la
Comisión Europea prevé que la UE-27 crezca sólo un +1,5% en 2025, con
crecimientos mínimos del +0,7% en Alemania, un +0,8% en Francia y un +1% en
Italia (muy por debajo del 2,6% de crecimiento previsto para España este año). De
cumplirse estas previsiones, las exportaciones no ayudarían al crecimiento
de España ni en 2025 ni en 2026: “restarían”
un -0,3% y un -0,4%, después de varios años en que han aportado (“sumado”)
un tercio del crecimiento (y la 8ª parte en 2024).
Estas perspectivas “sombrías” sobre las
exportaciones españolas en 2025 y 2026 podrían incluso empeorar si Trump
cumple con sus amenazas
de imponer aranceles a los productos europeos, lo que
frenaría aún más todas las exportaciones. De momento, Trump ha amenazado con subir
un 25% los aranceles (impuestos) que han de pagar las exportaciones de hierro y
acero que entren en EEUU. Y anuncia que el
próximo 2 de abril concretará los aranceles (podrían ser un 25%) que impondrá a las
importaciones europeas, en especial a los coches, chips, productos
farmacéuticos y alimentos vendidos por Europa.
Estados Unidos es un mercado clave para Europa,
ya que allí se dirigen el 20% de las exportaciones europeas y la
UE-27 tiene un superávit comercial (más exportaciones que importaciones) con
EEUU de 200.000 millones de euros (2024), según
Eurostat. Imponer un arancel del 10% al 25% a los productos europeos
(que ahora pagan un 2% de media) dañaría sobre todo a la
industria europea del automóvil, a la industria química y farmacéutica, a la de
material de transporte, muebles y bienes de equipo, así como a los alimentos
europeos, según
un estudio de CaixaBank Research. Y los paises más afectados
serían Irlanda, Alemania e Italia, los paises europeos que más exportan
a USA.
España sería el 4º país europeo menos afectado
por un aumento de los aranceles de EEUU (tras Rumanía, Eslovaquia y Croacia), según
este estudio, pero nos provocarían unas pérdidas de ventas de 1.338 millones
de euros anuales. EEUU
es el 6º país cliente de las exportaciones españolas (tras Francia,
Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido), con 18.179 millones exportados
en 2024 (el 4,7% del total) y 28.192 millones importados (el 6,6% del
total), lo que significa que tenemos un déficit comercial de -10.120
millones de euros con EEUU (-9.363 en 2023), mientras toda la UE-27
tiene superávit. Nuestras compras a USA se concentran en energía
(gas y petróleo) y tecnología, mientras nuestras ventas (las que pueden
sufrir si imponen aranceles) se
concentran en bienes de equipo (6.228 millones en 2023, básicamente
maquinaria y material de transporte), semimanufacturas (4.974 millones, sobre
todo metales, hierro y acero), alimentación (2.441 millones) y manufacturas de
consumo (1.146 millones, sobre todo ropa, calzado y juguetes).
Ahora queda esperar a ver cómo la Administración USA
concreta sus amenazas de aranceles, que ya implantó
Trump en su primer mandato y afectaron mucho a las exportaciones españolas
de hierro y acero y a ciertos alimentos (aceituna negra, aceite y vino). Ahora,
el
mayor temor se centra en las exportaciones españolas de
hierro y acero, en medicamentos y productos químicos, en maquinaria y material
de transporte, en el automóvil (España apenas exporta coches directamente a
USA, pero sí automóviles y componentes a Europa, que luego se verían
negativamente afectados por una subida de aranceles) y, sobre todo en
alimentos: aceites, aceitunas, vino, carnes, pescados y mariscos.
Mientras las empresas de estos sectores están
muy preocupadas, Europa espera a concretar su reacción comercial a
que Trump concrete sus aranceles. Pero todo el mundo apuesta a que
habrá subida
recíproca de aranceles europeos y eso se traducirá en menores
exportaciones y un menor crecimiento económico en Europa, así como un repunte
de la inflación (si la UE-27 se ve obligada a imponer aranceles a los
productos importados de EEUU, en especial al gas y petróleo, así como a algunos
productos tecnológicos). Por ello, la clave es que
Europa reaccione también con
otras medidas, especialmente dos: diversificar mercados
(multiplicando los acuerdos comerciales con Latinoamérica, India, Asia, África
y Australia) y favorecer a los exportadores europeos, con promoción,
financiación e incentivos.
Entre tanto, España debe tomar también sus propias medidas, acordado el Gobierno, las autonomías y las fuerzas sociales (patronal y sindicatos) un Plan de choque de apoyo a la exportación, para evitar que frene el crecimiento y pueda seguir manteniendo y creando empleo. Es básico también diversificar mercados, promoviendo oficinas comerciales y Ferias en más paises, con nuevas ayudas a la internacionalización de las empresas, no sólo las grandes que ya exportan (sólo 45.931 empresas han exportado en 2024 y los tres años anteriores), con más financiación pública y privada, mejorando la formación exportadora de los jóvenes emprendedores y las empresas y promoviendo la exportación de productos y servicios de más valor añadido (sólo exportamos un 6,8% de productos de alta tecnología, frente al 17,7% de media en las exportaciones europeas).
En definitiva, la economía ha crecido más gracias al “tirón
exportador” pero ahora está en riesgo, por el menor
crecimiento en Europa (nuestros tradicionales compradores) y por la amenaza de Trump
de subir los aranceles, encareciendo (y frenando) nuestras exportaciones
y las del resto del mundo. Los
aranceles perjudican a todos,
pero hay que responder a esta imposición con aranceles
europeos y buscando nuevos mercados. Y para ello, hacen falta medidas y ayudas
europeas, pero también españolas. Urge que los políticos acuerden un
Plan de choque para apoyar a la exportación, clave para el crecimiento
y el empleo.
España ha protagonizado un histórico “milagro exportador”, promovido por el ingreso de España en la CEE, la apertura exterior de nuestra economía y la crisis financiera de 2008, que obligó a muchas empresas a buscar mercados fuera. Así se explica que España lleve 40 años aumentado sus exportaciones, desde 1995: año tras año hemos exportado más, salvo tres años en que cayeron (2009, 2020 y 2023). Con ello, hemos pasado de exportar 22.933 millones de euros en 1986 (el 10% del PIB) a 159.889 millones en 2009 (15% del PIB) y 384.465 millones en 2024 (el 24,13% del PIB). O sea, que exportamos 16 veces más que hace 40 años. Y además, aunque también importamos más, el “agujero comercial” (-40.275 millones de euros) se cubre de sobra con los ingresos por las exportaciones de servicios y por el turismo, con lo que España ha conseguido algo que parecía imposible hace unas décadas: tenemos “superávit con el exterior” desde 2013, algo inaudito en nuestra historia (de 1961 a 2012 tuvimos déficit con el exterior 45 de estos 52 años).
Entre tanto, España debe tomar también sus propias medidas, acordado el Gobierno, las autonomías y las fuerzas sociales (patronal y sindicatos) un Plan de choque de apoyo a la exportación, para evitar que frene el crecimiento y pueda seguir manteniendo y creando empleo. Es básico también diversificar mercados, promoviendo oficinas comerciales y Ferias en más paises, con nuevas ayudas a la internacionalización de las empresas, no sólo las grandes que ya exportan (sólo 45.931 empresas han exportado en 2024 y los tres años anteriores), con más financiación pública y privada, mejorando la formación exportadora de los jóvenes emprendedores y las empresas y promoviendo la exportación de productos y servicios de más valor añadido (sólo exportamos un 6,8% de productos de alta tecnología, frente al 17,7% de media en las exportaciones europeas).
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