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jueves, 23 de diciembre de 2021

Una Navidad más desigual

Otra vez estamos en las fiestas de Navidad, el epicentro del consumo anual, con las calles y tiendas llenas, igual que restaurantes, espectáculos y hoteles. A pesar del preocupante repunte de la pandemia, los españoles han recuperado las ganas de disfrutar y gastar, más estas Navidades que las de 2019, según varios estudios, sobre todo en regalos, comidas y viajes. Pero ojo, uno de cada tres españoles va a gastar menos, porque no ve claro el futuro o porque la pandemia ha mermado su economía. No podemos olvidar que hay más pobres que antes de la pandemia: 11 millones de personas vulnerables, según Cáritas, 6 millones de ellos en pobreza severa. Y en cambio, también hay más ricos. Así que esta Navidad será aún más desigual, con unos viajando al Caribe y otros a las colas del hambre (un millón y medio de familias). No es demagogia ni ser “cenizo”, sólo realista. Disfrutemos de la Navidad, pero ayudemos a los que lo están pasando mal. Cuídense. ¡Feliz Navidad!

Enrique Ortega

La pandemia ataca otra vez con virulencia, pero la mayoría de españoles quieren olvidarlo y celebrar la Navidad con más gasto. Se ve en las riadas de gente con bolsas por calles y centros comerciales, la compra de comida, la búsqueda de regalos, las reservas en restaurantes y lugares de ocio o los viajes. Tenemos más contagios que la Navidad pasada, pero la mayoría estamos vacunados y eso nos da cierta seguridad para salir y disfrutar, tras casi dos años de dura pandemia. Y muchos pueden gastar más, porque han ahorrado, siempre que no hayan perdido el trabajo o la empresa. Todo esto lleva a que esta Navidad aumentará el gasto de los españoles, incluso superando a la Navidad de 2019, antes de la pandemia.

Es lo que refleja el estudio del gasto navideño que realiza desde hace 17 años la consultora Deloitte: los hogares españoles gastarán esta Navidad una media de 631 euros, un 14% más que en 2019. Aunque la cifra de gasto parece baja, lo importante es que refleja una tendencia de mayor gasto. Eso sí, el estudio refleja también un gasto desigual: un 62% de los consumidores gastarán más, porque tienen más ahorro,  y otro 38% gastarán menos, básicamente porque se han reducido sus ingresos, por la incertidumbre ante la pandemia y por la fuerte subida de precios. La misma tendencia indica otro estudio de Cetelem: el gasto esta Navidad (531 euros por persona, más “creíble”) será un 11% superior al de antes de la pandemia, a la Navidad de 2019, aunque sólo un 23% de españoles gastarán más, un 21% gastará menos y el 56% restante gastará lo mismo.

La organización de consumidores OCU hace cada año una encuesta sobre el gasto navideño y la de esta Navidad 2021 refleja un gasto por persona de 641 euros, un 22% más de gasto que en 2020 y casi el gasto de 2019 (655 euros). La encuesta también refleja lo que las demás: que aunque parezca que todos vamos a gastar más, sólo lo hará el 25%, mientras que un 17% de personas van a gastar menos y la mayoría (59%) igual. Algo más de la mitad del gasto navideño se irá en regalos (348 euros por persona), seguido de lejos por el gasto en comidas familiares (97 euros), viajes (80), lotería (61), comidas con compañeros de trabajo (31) y fiestas fuera de casa (24 euros por persona de media).

Mucho de este gasto se ha hecho ya en el Black Friday y el resto se ha adelantado, por temor al desabastecimiento y las subidas de precios. Y más de la mitad de las compras navideñas son ya online, disparándose el pago con tarjeta: en noviembre (Black Friday), el gasto con tarjeta en España fue un 40% superior al de noviembre de 2019, según BBVA Research. Esta generalización del pago con tarjeta está permitiendo mayores ingresos por comisiones a los bancos y preocupa el crecimiento de las tarjetas “revolving, esas tarjetas que incorporan un crédito que permite pagar en plazos lo gastado esta Navidad (no todo al mes siguiente, como el resto). Con ello, los consumidores que las usan están pagando un interés elevadísimo: era del 18,8% en julio y ahora los bancos lo han subido al 20,17%.

La imagen “navideña” de millones de personas comprando y tirando de tarjeta de crédito encubre otra realidad: la de millones de españoles que lo están pasando mal, peor tras la pandemia, y que no pueden lanzarse a la fiebre consumista. Aunque no lo parezca, son muchos. Exactamente, 12.495.120 españoles estaban a finales de 2020 en riesgo de pobreza o exclusión social, según la definición europea de la tasa AROPE, que incluye los que tienen bajos ingresos, carencias materiales severas o subempleo. Son el 26% de la población española, frente al 21,9% de europeos que están en esa situación de pobreza o exclusión social (96,5 millones), lo que coloca a España en el 4º lugar del ranking de pobreza y exclusión social, sólo por detrás de Rumania (35,8%), Bulgaria (33,6%) y Grecia (27,5%), según Eurostat. Y si miramos sólo a los que tienen bajos ingresos, los que ganan menos del 60% de la media española (9.626 euros al año un soltero y 20.215 euros una familia con dos niños), resulta que en España hay 9.939.300 personas “pobres” (el 21% de la población), que con esos ingresos tienen muy difícil “gastar con alegría esta Navidad” (y sobrevivir día a día). Son cifras oficiales (INE) de finales de 2020, 142.000 pobres más que la Navidad de 2019. Y habrán aumentado otra vez en este año 2021.

La alegría consumista de la Navidad también encubre que hay muchas familias que no son oficialmente pobres (ganan más de 20.215 euros) pero que tienen apuros económicos, incluso teniendo trabajo. Así, la última Encuesta de Presupuestos Familiares (INE) refleja que un 10% de los españoles (4.740.000 personas) llegan a fin de mes “con mucha dificultad , que un tercio largo (el 35,4%) de las familias no pueden hacer frente a gastos imprevistos, que un 13,5% se retrasa en el pago del alquiler o los recibos, que un 10,9% no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada (el dato es de 2020, antes de dispararse el recibo de la luz) y que un 5,4% no se puede permitir comer carne o pescado cada 2 días…

Esta es la realidad de los datos oficiales, aunque muchas de estas familias se endeuden o “hagan maravillas” para gastar esta Navidad. Eso sí, enfrente hay españoles y familias que viven cada año mejor y gastan sin problemas. De hecho, la pandemia ha hecho que haya más ricos y con más ingresos: las 100 mayores fortunas de España han aumentado su patrimonio un 17% en 2021, según la revista Forbes. Y esto acrecienta la desigualdad, que es muy escandalosa, según el reciente informe del Word Inequality Lab, centro coordinado por el economista francés Thomas Piketty: el 10% más rico concentra el 57,6% de la riqueza española, más de 8 veces la riqueza del 50% más pobre (6,7% del total). Y sólo el 1% más rico tiene el 24,2% de toda la riqueza en España, más que el 40% de en medio (que concentra el 35,8% de la riqueza total). Y ese  1% más rico ha aumentando su trozo del pastel desde 2013 (tenían el 21,1% de la riqueza total del país).

El problema ya no es sólo que vivimos en una sociedad dual, con una minoría de ricos cada vez más ricos y unos pobres cada vez más pobres, sino que no están funcionando los sistemas públicos para reducir las desigualdades (impuestos, ayudas sociales, transferencias e inversiones públicas) y que la pobreza se está haciendo crónica y se hereda. Así, el 30% de los españoles adultos en riesgo de pobreza vivieron en una familia con una mala situación financiera cuando tenían 14 años y de los que vivían en familias con recursos, sólo el 16,6% viven ahora en situación de pobreza, según un reciente estudio de Eurostat, que sitúa a España como el 4º país que más sufre este problema de “pobreza heredada” (tras Bulgaria, Rumanía e Italia). Y otro dato llamativo: la pobreza también depende del nivel educativo de los padres: el 22,9% de los pobres actuales tienen padres con bajo nivel educativo, el doble de pobres (11,4%) que tienen padres con más estudios. Aquí, España es el 7º país de Europa con la mayor brecha de oportunidades por la educación.

Bueno, son datos impactantes, que no pretenden “amargar la Navidad”, sino recordar que 1 de cada 4 españoles lo está pasando mal y habría que tenerlo presente estos días, más que nunca.Esta Navidad, cada portal importa”, es el lema de la campaña de Cáritas, que nos recuerda que hay portales, vecinos, con problemas para comer, pagar el alquiler o los recibos y llegar a fin de mes. De hecho, Caritas atiende a 2,8 millones de personas, mientras la Cruz Roja tiene a otros 1,7 millones en sus programas sociales. Y hasta 1,5 millones de familias reciben comida de los Bancos de alimentos. Es esa otra España que muchos quieren olvidar, pero que está ahí y necesita nuestra ayuda, más incluso en Navidad.

Estas fiestas son fechas de buenos propósitos, pero la España que lo pasa mal necesita medidas, no promesas ni palabras. Un tema clave a mejorar es el ingreso mínimo vital, que no está funcionando como denuncia Cáritas y todas las ONGs: sólo se ha concedido al 18,6% de las familias en pobreza severa y casi a la mitad se le ha denegado, por un exceso de requisitos mal diseñados. El dato es revelador: sólo había 362.017 solicitudes aprobadas (con 824.441 beneficiarios) a fecha 3 de diciembre, menos de la mitad de los 850.000 previstas por el Gobierno. Ahora se espera que los beneficiarios aumenten, al haberse aprobado ya en el Congreso la nueva Ley, que introduce mejoras: se mirarán los ingresos del año en curso (no los de antes de la pandemia), se elevan los umbrales de ingresos y se reduce de 12 a 6 meses la antigüedad de la unidad de convivencia. Además, se ha puesto en marcha el registro de mediadores, que permitirá a las ONGs acreditar la idoneidad de los potenciales beneficiarios. Y ya está aprobado el complemento por hijo, de 100 a 50 euros al mes.

Otro cambio que urge es modificar la Ley de subvenciones, como piden los gerentes de servicios sociales, para simplificar y reducir los trámites que se exigen para cobrar las ayudas básicas (para comida, ropa y pago del alquiler) que conceden los servicios sociales de los Ayuntamientos y que se retrasan ahora hasta 2 meses, por exceso de burocracia. Sería un cambio muy importante porque hablamos de 1 millón de ayudas que se solicitan cada año, con una cuantía media de 184 euros por ayuda.

Y queda afrontar el grave problema de la pobreza infantil, que afecta a 2,2 millones de niños y adolescentes en España (el 28,3% de los menores sufren pobreza y exclusión social), según Save the Children, lo que nos coloca como el tercer país europeo con más pobreza infantil, tras Rumanía y Bulgaria. La Comisión Europea lleva años llamándonos la atención y el Gobierno Sánchez les ha prometido presentar un Plan antes del 15 de marzo de 2022, para destinar 779 millones a luchar contra la pobreza infantil, 527 de ellos serán Fondos europeos. El objetivo es reducir a la mitad la pobreza infantil (de 2,2 a 1,1 millones)… para 2027.

Junto a estas medidas urgentes, es prioritario que toda la política económica y social, que la ansiada recuperación busque reducir la pobreza y la desigualdad, un grave problema antes que ahora ha agravado la pandemia: tenemos 11 millones de personas en situación vulnerable y de exclusión social, 2 millones más que en 2018, según el último informe Foessa presentado por Cáritas en octubre. Y de ellos, 6 millones de personas están en situación de pobreza severa. Un problema no sólo social, también económico (lastra el consumo y con ello el crecimiento y la recaudación) y político (su desapego desarma la democracia y alienta los populismos y extremismos). Por  eso no podemos olvidarles nunca: sin ellos no se puede construir un futuro estable. Tampoco les olvidemos esta Navidad: no son sólo los que piden en los semáforos, pueden ser nuestros vecinos. Ayudémosles si podemos. Y cuidémonos mucho frente al COVID ¡Feliz Navidad!

lunes, 20 de diciembre de 2021

Salvar la Navidad a costa de contagios y muertos

La 6ª ola de la pandemia avanza imparable: los contagios se han multiplicado por 12 en los últimos dos meses y se han duplicado en 2 semanas. España está en "riesgo muy alto". Y la Agencia de Salud Pública europea (ECDC) alertó el jueves de “una explosión de casos en las próximas semanas”: los contagios podrían saltar de los 511 actuales a más de 1.000 a finales de enero, superando todas las olas anteriores. Por eso, el ECDC pide a los paises medidas para reducir contactos sociales, preparar los hospitales para una avalancha y acelerar la vacunación. Pero en España, nadie quiere tomar medidas excepcionales, como reducir aforos y reuniones esta Navidad, por temor al “efecto Díaz Ayuso” (coste político) y para no “frenar la recuperación”. Sabemos lo que costó “salvar la Navidad” en 2020: un millón de contagios y 10.680 muertos. Ahora, con la variante ómicron (más contagiosa) y 3,65 millones españoles sin completar la vacunación, “salvar la Navidad” 2021 podría costarnos 3.000 muertos más. ¿Compensa?

Enrique Ortega

La pandemia en el mundo sigue estabilizada, con un ligero alza de contagios desde finales de octubre, hasta los 4,52 millones la última semana. Son ya 274,71 millones de contagiados por COVID 19 en 193 paises, el 3,5% de la población mundial, según la Universidad John Hopkins. Por continentes, América lidera los contagios (99,11 millones), pero se acerca Europa (93,60 millones), quedando lejos el sudeste asiático (44,79), Mediterráneo oriental (16,97), Pacífico (10,75) y África (6,71), según la OMS. Por paises, Estados Unidos encabeza el ranking, con 50,84 millones de contagios, seguida por India (34,74) y Brasil (22,21) más Reino Unido (11,42 millones), Rusia (10,03), Turquía (9,17), Francia (8,73), Alemania (6,81), Irán (6,17), España (5.455.527 contagios), Argentina (5,38), Italia (5,38), Colombia (5,10), Indonesia (4,26), Polonia (3,95 millones) y México (3,93).

Los muertos por la pandemia son muy elevados (5.354.588 fallecidos, el 1,95% de los contagiados), pero también se han estabilizado a la baja desde mediados de octubre, con 47.596 muertos la última semana, según la Universidad John Hopkins. Casi la mitad se han producido en América (2.378.490 muertos por COVID 19), seguida de Europa (ya sumamos 1.619.560 fallecidos) y, a distancia, el Sudeste asiático (716.076), Mediterráneo oriental (312.896), África (154.185) y el Pacífico (149.799), según la OMS. Por paises, el líder sigue siendo EEUU (806.438 muertos), junto a Brasil (617.803) y la India (477.554), seguidos de México (297.863 fallecidos), Rusia (291.336), Perú (202.225), Reino Unido (147.679), Indonesia (144.002),  Italia (135.641), Irán (131.083), Colombia (129.458), Francia (122.478), Argentina (116.903), Alemania (108.356),  Polonia (91.485) y España (88.708 muertos hasta el viernes).

Europa ha sido el continente donde más ha avanzado la pandemia en las últimas semanas, con una incidencia media de 814 contagios por 100.000 habitantes (a 14 días). Los contagios están disparados en Reino Unido (1.153 contagios), donde la nueva variante ómicron es dominante, e Irlanda (1.283 contagios)  pero también en Chequia (1.760), Bélgica (1.690), Suiza (1.502) o Paises Bajos (1.497contagios). Y la incidencia es muy elevada en Francia (1.025 contagios por 100.000 habitantes), Alemania (835 contagios y 437 muertos diarios), Polonia (808 contagios) y Austria (754),. Con una incidencia alta pero menor están Portugal (548 contagios), España (511 contagios por 100.000 habitantes el viernes) e Italia (410), que siempre tenía más incidencia pero que ahora tiene menos), siendo los paises con menos contagios Rumanía (68) y Suecia (344), según Sanidad.

España es todavía el 4º país europeo con menos incidencia del coronavirus, pero el salto en los contagios ha sido espectacular: se han multiplicado por 12  en los dos últimos meses (desde que se inició esta 6ª ola, el 15 de octubre, con 40,85 contagios por 100.000 habitantes y se han duplicado en las últimas 2 semanas (eran 248 el 3 de diciembre). Con ello, España está ya en riesgo “muy alto (más de 500, según el nuevo semáforo de Sanidad) y tenemos en este nivel extremo a 12 autonomías, donde viven 18,5 millones de españoles, el 40% de la población. Entre ellas, destacan 3 autonomías con los contagios disparados: Navarra (1.359 contagios por 100.000 habitantes), País Vasco (1.038), Aragón (843). Y otras 9  autonomías superan también los 500 contagios: Castilla y León (703), Ceuta (699), La Rioja (698), Asturias (657), Melilla (619), Baleares (592), Comunidad Valencia (563), Murcia (538) y Galicia (512). Están en riesgo “alto (de 300 a 500 contagios) Cataluña (483), Madrid (482, tras triplicarse los contagios diarios en la última semana), Cantabria (436), y Canarias (425). Y sólo están en riesgo “mediolas 3 autonomías restantes: Extremadura (331), Andalucía (286) y Castilla la Mancha (245 contagios por 100.000 habitantes).

Estos contagios son los detectados oficialmente”, con las pruebas PCR o test comunicados a las autoridades sanitarias (1.155.232 pruebas la última semana, un 30% más que hace dos semanas). Unas pruebas que varían mucho según las autonomíasNavarra, líder en contagios detectados, es también la región donde se hacen más pruebas: 4.707 por 100.000 habitantes, el doble que la media española (2.456) y más del doble que Madrid (2.199 pruebas, menos de la mitad PCRs, 66.487 semanales, una cifra de las más bajas en toda España). Pero algunos expertos creen que la cifra real de contagios puede ser mayor de lo que refleja Sanidad, porque se hacen más pruebas “particularmente”, personas que compran un test en las farmacias (se agotan periódicamente, por haberse disparado la demanda) y no comunican el resultado, bien porque los Centros de salud están colapsados (no cogen el teléfono) o bien porque no quieren confinarse (o lo hacen en silencio).

Otro problema es que no se hace un trabajo de rastreo de muchos de los nuevos contagios (el 37,4% son “casos sin contacto”, según Sanidad), sobre todo en las regiones donde se han disparado, porque las autonomías siguen con poco personal, aunque algunas han vuelto a pedir rastreadores militares. Y cuando se rastrea, es con poco éxito (se detectan 2 contactos de media, 3 en algunas regiones). Eso está permitiendo una tremenda “transmisión comunitaria”, descontrolada, con un porcentaje “oficial” de positivos del 12,52% (1 de cada 8 pruebas da positiva), que se dispara en Aragón (19,13% de positivos), Navarra (18,49%),  Comunidad Valenciana (17,71%) y Castilla y León (16,50%), según Sanidad.

Los contagios se están concentrando en los grupos de edad menos vacunados: los niños (705 contagios por 100.000 habitantes en los menores de 11 años) y sus padres (631 contagios entre 20 y 29 años, 621 entre 40 y 45 y 614 entre 30 y 39 años), siendo mucho menores los contagios entre adolescentes (342 entre 12 y 19 años y mayores de 70 años (208 entre 70 y 79 y 163 entre los mayores de 80 años), quedando entre medias los de 50 a 59 años (448 contagios) y los de 60 a 69 años (454 contagios), todos por debajo de la media.

Lo preocupante de la pandemia no es sólo que se hayan disparado los contagios sino que se han disparado también las hospitalizaciones y los enfermos en UCI, la mayoría personas sin vacunar, pero también vacunados mayores con patologías previas. El viernes había ya 6.667 enfermos hospitalizados por COVID, según Sanidad, más del triple que hace un mes (2.180 el 15 de noviembre). Eso supone que los enfermos COVID ocupan ya el 5,35% de las camas hospitalarias, aunque el porcentaje es mayor en País Vasco (7,92%), Aragón (7,40%), Cataluña (7,10%) y Baleares (7,08%). Peor están las UCIs, con 1.306 enfermos el viernes, el triple que hace un mes (427), con un 14% de camas ocupadas por enfermos UCIS graves, una ocupación que salta al 25,22% en Cataluña (1 de cada 4 enfermos en UCI es por COVID), País Vasco (22,54% de camas), Navarra (20,34%), Castilla y León (19,67%) y la Comunidad Valenciana (19,11% camas UCI ocupadas por enfermos COVID).

Otro rasgo destacado en las últimas semanas es el aumento de muertes por COVID: 327 fallecidos en la última semana (viernes 10 al viernes 17 de diciembre), según Sanidad, cuando en la anterior murieron 222, en la anterior 204 y en la última semana de noviembre “sólo” hubo 145 muertos por COVID. Las autonomías con más muertos COVID son la Comunidad valenciana (36 la última semana),  Andalucía (22), Castilla y León (21), Galicia (18),  Asturias  y Canarias (15), Aragón y Madrid (14). Otro dato preocupante es el repunte de  contagios (de 253 a 545 semanales el último mes) y  muertes (de 6 a 28 semanales) en las residencias de ancianos, aunque todos estos mayores tienen las tres dosis de la vacuna.

Con este panorama, preocupan las próximas semanas y las fiestas de Navidad. El Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) lanzó una alerta el jueves 16, vaticinando “una explosión de casos durante las próximas semanas” debido a la mayor transmisión de la variante ómicron (“se expande a un ritmo nunca visto antes”, ha advertido el director general de la OMS) y a su capacidad de escapar de las defensas desarrolladas por las vacunas. A lo claro: el virus se contagia ahora mucho más y es más resistente a las vacunas. Por ello, el ECDC advierte que puede venir “una gran ola”, mayor que todas las conocidas hasta ahora, porque temen un crecimiento exponencial de los contagios.  Y por eso, piden a los paises europeos tres cosas: reforzar el uso de mascarillas y medidas de protección (evitar reuniones masivas, reducir los contactos sociales, extender el teletrabajo, aumentar las pruebas diagnósticas y rastrear al máximo los positivos), preparar a los hospitales para acoger una ola de enfermos y acelerar las vacunaciones.

En España, nadie parece darse por enterado y tanto el Gobierno como las autonomías no quieren tomar medidas excepcionales para frenar esta avalancha de contagios, como han hecho en Alemania, Italia, Francia y sobre todo Paises Bajos (han impuesto un confinamiento estricto hasta el 14 de enero). Aquí no hay directrices para todo el país (salvo la mascarilla en interiores y la recomendación de distancia social, ventilación y limpieza de manos) y sólo algunas autonomías han aprobado exigir el “pasaporte COVID” para entrar en restaurantes y locales de ocio, con permiso de los Tribunales. Pero nadie quiere aprobar otras medidas más duras, como volver a los aforos y restricción de horarios en hostelería, hoteles y comercios. Ni restringir a 10 personas los encuentros sociales (como la Navidad pasada). Todos los políticos sufren “el síndrome Díaz Ayuso” y temen que si ponen medidas restrictivas pierdan votos. Y el Gobierno no quiere promover más restricciones para no poner en peligro la recuperación, su gran baza política.

Todos insisten que la solución es vacunar, vacunar y vacunar. Es verdad, pero ninguno reconoce que el ritmo de vacunaciones se ha frenado. Y, sobre todo, que todavía hay demasiados españoles sin vacunar, aunque tengamos un porcentaje de vacunados muy superior al del resto de Europa: el 79,6% de los españoles tiene puestas las 2 dosis. Pero todavía falta inmunizar a muchas personas, que son donde se refugia el virus: hay 3.656.853 españoles sin poner las 2 dosis, según se deduce de los datos de Sanidad. La cifra sólo ha bajado en 193.516 personas desde el 25 de noviembre. Los más preocupantes son las 153.916 personas con más de 60 años que faltan de inmunizar, porque son los principales candidatos a acabar en una UCI. Y hay otros 1.336.777 españoles más entre 40 y 60 años sin inmunizar totalmente. El resto, otras 2.166.160 personas, son españoles entre 12 y 40 años que tampoco tienen puestas las 2 dosis. Y a todo esto hay que añadir a los niños (3,3 millones de 5 a 11 años), cuya vacunación acaba de empezar.

Estos datos, de los que casi nadie habla, exigen un Plan para repescar a los no vacunados, con medidas para convencerles que inicien o completen su vacunación (campañas, llamadas, trabajo sanitario en los colectivos y zonas más afectados…) y medidas para forzar a vacunarse a los colectivos estratégicos, como acaba de hacer Baleares con los sanitarios y personal de residencias. Incluso la patronal CEOE está a favor de obligar a la vacunación a los trabajadores, porque son un riesgo sanitario…y económico. El debate se ha planteado ya en Italia (es el primer país occidental que ha aprobado la vacunación obligatoria de los trabajadores, tras imponerlo antes a sanitarios y profesores) y en Alemania o República Checa (impondrán la vacunación obligatoria a los sanitarios en marzo), siendo muchos los paises europeos que imponen restricciones a los no vacunados. En Francia, más de 15.000 sanitarios han sido ya sancionados por no vacunarse antes del plazo del 15 de octubre.  Pero este debate se evade en España, porque Gobierno y autonomías temen “el efecto Ayuso” : las imposiciones restan votos y lo popular es defender “la libertad”… para que cualquiera pueda contagiarnos.

Así que España desoye las recomendaciones del Centro Europeo de Prevención de Enfermedades (ECDC): ni más restricciones, ni medidas para reforzar los hospitales (donde encima hay menos personal por contagios de cenas y vacaciones) ni acelerar la vacunación de los no vacunados (por las buenas o por las malas). Todos a mirar para otro lado, para “salvar la Navidad”, como si no amenazara “la gran avalancha de contagios” de la que advierte el ECDC. Otra vez el falso dilema “salud o economía” : si se disparan los contagios, se frenará la recuperación

Pero recapacitemos de lo que estamos hablando. Sabemos lo que nos costó “salvar la Navidad” en 2020: 1 millón de contagios y 10.680 muertos, según los datos de Sanidad (15 diciembre-31 enero). Ahora, a la vista de lo que ha pasado las últimas dos semanas y sabiendo que queda lo peor, los contagios de Navidad, Fin de año y Reyes, me arriesgo a estimar el coste de “salvar la Navidad” de 2021, aunque la mayoría estemos vacunados: más de 1 millón de nuevos contagios hasta finales de enero, 90.000 hospitalizados  y 3.000 muertos más. ¿Compensa?

lunes, 15 de noviembre de 2021

Los alimentos suben en cadena

Si ha ido al súper en las últimas semanas, habrá visto que alimentos y otros productos están más caros, desde el pan a los aceites, yogures, refrescos o artículos de limpieza. Una subida en cadena que empieza con unos precios récord en el mundo de cereales, aceites, lácteos, carnes o azúcar, los más altos de la última década según la FAO. Sigue con los transportes (el precio de un contenedor se ha cuadruplicado) y la subida de la energía, plásticos o cartones, que encarecen los costes de la industria. Y la subida de los fertilizantes (+100%), la luz y los carburantes han subido los costes a agricultores y ganaderos, aunque no pueden repercutirlos. Al  final, intermediarios y supermercados rematan y la cadena de subidas es imparable, cuando no usan un “truco” que se generaliza: recortar el peso de los alimentos envasados para “mantener” el precio. Todo apunta a que esta Navidad, los alimentos y productos subirán todavía más, hasta la primavera. Ojo al carro de la compra.
Enrique Ortega

La inflación está disparada, con una subida anual de los precios del +5,4% en octubre, la más elevada en España en casi 30 años (desde septiembre 1991), según el INE. La culpa la tiene la subida de la luz (+62,8% anual) y los carburantes (+ 30,5% el gasóleo y + 26,5% la gasolina), pero también los alimentos, que llevan varios meses subiendo, hasta un +1,8% anual en octubre (+2% los alimentos elaborados). En la lista de subidas destaca la fuerte subida del aceite (+23,9% anual), los refrescos ( +10,7%), la carne de cordero (+7,2%), las pastas (+7%), los alimentos para bebé (+5,3%), los huevos (+4,3%) y la leche (+3,2%), según el INE, aunque suben casi todos los alimentos, artículos de limpieza y demás productos que componen la habitual cesta de la compra.

La subida de los alimentos es una cadena que se inicia en los mercados internacionales, donde el precio de los alimentos básicos ha alcanzado un precio récord en la última década (desde julio de 2011), según el boletín de octubre de la FAO (la agencia de la ONU para la alimentación). El trigo volvió a subir un 5% y ya se ha encarecido un 41% anual, igual que el resto de cereales, desde el arroz al maíz (+38% de subida anual).Los aceites vegetales ya acumulan una subida anual del +60%, desde el aceite de palma, soja o girasol al aceite de oliva, por la falta de mano de obra (por la COVID en algunos paises. Los productos lácteos han subido un 15% en el último año y las carnes otro 25%, con precios internacionales récord desde 1.990. Y el azúcar acumula una subida anual del +50%.

En la mayoría de los casos, se han unido una serie de circunstancias: reducción de cosechas por factores meteorológicos adversos (Cambio Climático), menos mano de obra para recolectar (por los efectos de la pandemia y la reducción de movilidad) y, sobre todo, una mayor demanda de alimentos, que choca con una reducción de las reservas en 2020, lo que ha llevado a los intermediarios y paises a aumentar sus compras para acumular stocks.

Y tras estas subidas en origen, el mercado internacional de alimentos se ha visto sometido a una enorme subida y retrasos en los transportes, sobre todo en el tráfico marítimo de contenedores, que mueve el 90% del comercio mundial (ver el interesante libro “El 90% de todo”): el precio de transportar un contenedor se ha cuadruplicado (de 2.500 dólares en 2020 a casi 10.000 en octubre de 2021), encareciendo todos los productos y retrasando su entrega (escasez que tira también al alza de los precios). Y este encarecimiento del transporte es importante para los alimentos, porque muchos de ellos recorren una media de 2.500 kilómetros para llegar al plato de europeos y norteamericanos. Un ejemplo son las naranjas de Sudáfrica, la carne de Argentina, el cordero de Australia, las manzanas de Uruguay, los garbanzos de México, los ajos de China o la panga de Vietnam

En el caso de España, una buena parte de los alimentos que consumimos son importados: este año 2021, hasta agosto (último dato oficial), hemos comprado alimentos extranjeros por valor de 26.586 millones de euros, un 10% más que en los ocho primeros meses de 2020, según los datos de Comercio exterior. Las importaciones que más han crecido son los aceites (+17%, 2.432 millones hasta agosto), las bebidas (+16,9%, 1.052 millones) y el pescado (+9,9%, 4.427 millones importados), destacando las compras fuera de carnes (1.427 millones), frutas y hortalizas (3.904 millones), azúcar, café y cacao (1.959 millones), lácteos y huevos (1.373 millones), tabaco (1.049 millones) y otros alimentos (6.914 millones).

La globalización de la comida” provoca que muchos de los alimentos que compramos tengan que viajar miles de kilómetros hasta llegar al súper y a nuestra mesa. En el caso de España, los alimentos importados que nos llegan recorren 3.829 kilómetros, según un estudio universitario encargado por la ONG Amigos de la Tierra. Eso, ahora, supone cuatro veces más de costes de transporte. Y además, comer productos lejanos contribuye a aumentar las emisiones de CO2: la importación de alimentos y su producción intensiva es responsable del 31% de todas las emisiones mundiales de CO2, según la FAO. Y en el caso de España, se estima que la importación de alimentos provoca 4,2 millones de Tm de CO2 (de un total de 271,2 millones de toneladas emitidas por nuestro país en 2020).

Volviendo a la cadena de alimentos, los importados ya encarecidos en origen suben no sólo por el transporte, también por los retrasos en los envíos (hay “un tapón” en el comercio mundial) y por la subida de muchos otros costes que está sufriendo la industria agroalimentaria: subida de la luz, transporte interior y subida del cartonaje y los plásticos (por la subida internacional y la falta de stocks).

En el caso de los alimentos producidos en España, agricultores y ganaderos llevan meses quejándose de que les están subiendo también los costes y no se los pueden repercutir a la industria agroalimentaria ni a los grandes distribuidores, que les imponen sus condiciones. Los costes al campo han subido de media un 50%, en especial los fertilizantes (han subido un +100%, la electricidad (repercute en muchos ganaderos, por el consumo eléctrico de las granjas, el ordeño y el refrigerado de leche) y los carburantes (el gasóleo para tractores y maquinaria), así como la subida de los plásticos para los invernaderos (+100%). Y denuncian que hay muchos agricultores y ganaderos que producen ya a pérdidas, lo que puede poner en peligro algunas explotaciones (sobre todo, granjas de leche).

Los agricultores y ganaderos se quejan de que no pueden repercutir estas subidas, con lo que se amplía la brecha entre los precios que ellos reciben por los alimentos y los que nosotros pagamos: era de 4,41 veces más en octubre, cuando fue de 4,15 veces hace un año, según el Índice IPOD de COAG. Veamos algunos ejemplos llamativos:  ternera (la pagamos 3,24 veces más que el precio que ellos reciben: a 15,99 euros el kilo cuando les pagan a ellos 3,77 euros/kilo), cerdo (4,34 veces), pollo (2,22 veces), leche (1,42 veces), ajo (pagamos 8 veces más de lo que reciben), cebolla (7 veces), patata (6 veces: les pagan 0,17 euros kilo y nos la cobran a 1,19 euros), tomates (1,92 veces, manzana (4,7 veces), sandía (6,13 veces) o uvas (4,48 veces). La diferencia se queda por el camino: intermediarios, distribuidores, grandes superficies y supermercados.

Al final de la cadena, somos los consumidores los que pagamos estos mayores costes, con una subida generalizada de casi todos los productos y también los alimentos. Los súper y grandes superficies han tratado de retrasar lo más posible la subida, debido a la guerra de precios que mantienen entre ellas, pero ya han visto que es inevitable. Eso sí, utilizan “trucos” para que no nos demos cuenta al comprar. Uno de ellos es no subir “los productos escaparate”, aquellos en cuyo precio se fija más el cliente. Otro es ofrecer ofertas puntuales y 2x1, con lo que también nos damos menos cuenta de la subida. Y el último “truco”, de las industrias pero con el silencio de las tiendas: ofrecer productos envasados con el mismo precio pero con menos cantidad de producto o con menos unidades. Lo ha denunciado la OCU, con ejemplos concretos: un bote de Cola-Cao que pierde 40 gramos (-5%), una tarrina de Tulipán que pierde 50 gramos (-10%), un paquete de yogures Activia con 5 gramos menos cada uno (-4%), espaguetis y macarrones Gallo con menos peso (-10%) o lomos de merluza Pescanova con 40 gramos menos (de 400 a 360 gramos, -10%)…

En conclusión, por una vía u otra, con ofertas o recortes de cantidad, los alimentos son más caros. Y todo apunta a que así seguirán, porque las causas (subida materias primas, transporte y energía, más los “atascos” en el comercio mundial) van a continuar, al menos hasta la primavera. Y no dudemos que los distribuidores, híper y supermercados aprovecharán la mayor demanda de Navidad para una nueva subida de precios en diciembre. Urge que el Gobierno y  sobre todo las autonomías (tienen transferido el consumo) vigilen los escandallos de costes y los precios, evitando abusos, tanto en la cadena de intermediarios como en los vendedores finales, desde malpagar a los agricultores y ganaderos a recortar el peso de los alimentos envasados sin avisarlo. Y habría que poner “multas ejemplares”, para limitar las malas prácticas y evitar que se generalicen. Porque los alimentos son un gasto imprescindible, con más peso en las familias con menos recursos, a las que les suben muchos costes básicos  (luz, carburantes, alquileres, alimentos…) pero no los sueldos (han subido el +1,55% hasta octubre, la cuarta parte que los precios). Ojo a la cesta de la compra.

lunes, 11 de enero de 2021

Pandemia: la Navidad trajo la 3ª ola

 

Por fin acabaron las fiestas, donde la mayoría de españoles intentaron “salvar la Navidad”, viajando a ver a su familia (“con papeles”), comprando regalos y comida (“con mascarilla”), paseando por calles iluminadas (“con distancia”) y comiendo y cenando con familiares (“repartidos y con cuidado”). El coste de “no quedarse en casa por Navidad es muy explícito: 368.460 contagios nuevos (10.000 diarios) y 6.164 muertos (162 muertos cada día), entre el 1 de diciembre y el 7 de enero. Y falta recoger “los frutos” de Nochevieja y Reyes. Estamos en la 3ª ola, con un nivel de contagios “extremo” (350 por 100.000 habitantes), superando a Italia, Alemania y Francia. Ahora, el Gobierno rechaza un confinamiento estricto y las autonomías campan a su aire, unas cerrando parcialmente y otras abriendo (Madrid). Todo apunta a que así seguiremos, con más contagios y muertos hasta el verano. O más tarde si se retrasan las vacunas. Y como la pandemia sigue imparable, la economía no se recupera. No aprendemos.

Enrique Ortega

La COVID 19 ha cumplido su primer año de existencia y la pandemia sigue imparable, batiendo récords: supero ya los 800.000 contagios diarios (862.260 el 7 de enero) y los 15.000 muertos al día (29 y 30 de diciembre o 5 de enero), según las estadísticas de la Universidad Johns Hopkins. Hoy son ya 90.293.028 contagiados en 191 paises, destacando el alcance de la pandemia en América (38.861.668 contagiados), Europa (28.794.000 contagiados), sudeste de Asia (12.257.684), Oriente Medio (5.149.132), África (2.135.878) y Pacífico (1.184.664), según la OMS. Por paises, los más afectados son EEUU (22.295.028 contagiados), India (10.466.595), Brasil (8.105.790), Rusia (3.366.715), Reino Unido (3.081.368), Francia (2.840.864), Turquía (2.326.256), Italia (2.276.491), España (2.050.360) y Alemania (1.929.410), seguidos de Colombia (1.786.900), Argentina (1.722.217), México (1.534.039), Polonia (1.385.522), Irán (1.286.406), Sudáfrica (1.231.597), Ucrania (1.154.553), Perú (1.026.180), Paises Bajos (885.098), Chequia (835.454), Indonesia (828.026), Rumanía (671.284) y Bélgica (664.606) contagiados), según la Universidad Jhons Hopkins.

También aumentan imparables las muertes por la COVID 19, que ascienden hoy a 1.935.060 fallecidos en todo el mundo, concentrados en América (910.741 muertos) y Europa (626.726 fallecidos), según la OMS. Por paises, destaca la mortalidad en EEUU (374.329 muertos, con el récord de superar las 4.000 muertes el 8 de enero: más que en los atentados del 11-S), Brasil (203.100), India (151.160), México (133.706), Reino Unido (81.567), Italia (78.755), , Francia (67.885), Rusia (60.963), Irán (56.171), España (51.874 muertes el 8 de enero, según Sanidad: somos el 12º país con más muertes COVID por millón de habitantes), Colombia (46.114), Argentina (44.495), Alemania (40.939), Perú (38.049), Sudáfrica (33.163), Polonia (31.189), Indonesia (24.129), Turquía (22.807), Ucrania (20.709) y Bélgica (20.078 muertos), según la estadística de la Universidad Jhons Hopkins.

Con este panorama, la 3ª ola de la pandemia sigue preocupante en Europa, donde continúa el rebrote de nuevos contagios diarios en Reino Unido (+52.618 contagios y 1.172 muertes el viernes 8),  en Francia (+21.703 contagios y 277 muertes diarios), Alemania (+31.849 contagios y 1.188 muertes el viernes 8), Polonia (+12.119 contagios y 186 muertes), Chequia (+17.773 contagios y 185 muertes), Paises Bajos (+7.099 contagios y 174 muertes), Portugal (+9.927 contagios diarios y 95 muertes) o Bélgica (+2.997 contagios diarios y 56 muertes), según Sanidad. España, con 25.456 nuevos contagios el viernes 8 de enero (la segunda más alta de toda la pandemia), ha pasado de ser el 2º país UE con menos contagios (tras Irlanda), hace dos semanas, a tener ahora una tasa de contagios (350 por 100.000 habitantes) superior a la de Francia (298), Alemania (306), Italia (349,6), Austria (328,8), Polonia (308) y Bélgica (171 por 100.000 habitantes).   

Con este repunte de contagios, iniciado el viernes 11 de diciembre (189,5), España mantiene una tasa de contagios recientes (350 por 100.000 habitantes) considerada de “riesgo extremo, según los semáforos de Sanidad, al superar los 250 contagiados/100.000 habitantes. Y lo peor es que hay 13 autonomías en situación de “riesgo extremo” (antes de Navidad eran sólo 6): Extremadura (799 contagios recientes por 100.000 habitantes), Baleares (546 por 100.000), Madrid (507, más del doble que antes de Navidad), Cataluña (435), Castilla la Mancha (453), La Rioja (424), Comunidad Valenciana (393), Melilla (326), Castilla y León (326), Murcia (293), Aragón (322), Ceuta (275) y Navarra (253 contagiados por 100.000 habitantes), según Sanidad. Y del resto, han empeorado Cantabria (248), Galicia (243), el País Vasco (220) y Andalucía (197), las 4 autonomías en “riesgo alto”, librándose solamente Canarias (133 contagiados/100.000) y Asturias (151), ambas con “riesgo medio”.  

Este aumento de contagios es especialmente preocupante en Madrid (salta de 190 contagios por 100.000 habitantes el 9 de diciembre a 507 el 8 de enero) y Cataluña (que salta de 187 contagios a 435 el viernes 8 de enero), porque ambas concentran el 40% de todos los contagios registrados en España. Y el repunte se produce a pesar de que esta Navidad se han hecho menos pruebas (PCRs y test) muchos días, por ser festivos o estar los centros de salud cerrados o con personal de vacaciones. Se hicieron 857,960 pruebas del 30 al 6 de diciembre, pero bajaron en 778.933 la semana siguiente (por el 8 festivo), subieron la siguiente (14 al 20 diciembre) a 967.677 (la gente quería “viajar con su PCR hecha”) pero luego bajaron a 770.982 (25 al 31) y a 804.158 (del 29 al 4 de enero). Y preocupa además que se  haya duplicado el porcentaje de positivos: el 14,09% ahora frente al 7,7% el 14 de diciembre.

La cifra de hospitalizados sigue al alza en el último mes (de 12.552 el viernes 4 de diciembre a 14.951 este viernes 8 de enero, con una tasa de ocupación del 12,22% de las camas públicas. (Sanidad considerariesgo altouna ocupación del 10 al 15%). Y preocupa el “riesgo extremo” (ocupación superior al 15%) en Ceuta (23,34 % camas ocupadas por enfermos COVID), Canarias (16,22%) y Extremadura (15,17% ocupación camas). Los ingresados en UCIs han bajado, pero poco (de 2.371 el 4 de diciembre a 2.318 este viernes 8 de enero). Y ocupan ya el 24,05% de las camas UCI disponibles, aunque el riesgo es “extremo” (más del 25%) en 6 autonomías: Extremadura (38,80 % camas UCI ocupadas por enfermos COVID), Castilla la Mancha (35,76%), Ceuta (35,61%), Comunidad Valenciana (35%), Castilla y León (32,05%) y Canarias (26,25%).  

Lo más preocupante es que sigue habiendo muchas muertes: +1.037 la última semana larga (jueves 31 diciembre al viernes 8 de enero), una media de 129 muertes diarias (126 diarias la semana anterior, de Navidad, y 196 diarias la semana del puente de la Constitución). Y los mayores aumentos de mortalidad se concentran en la Comunidad Valenciana (+222 muertos del 31 de diciembre al 8 de enero), Andalucía (+128 muertos los últimos 8 días), Madrid (+143), Cataluña (+105 muertos), País Vasco (+75) y Castilla y León (+62 muertos). Ya se han producido 19.200  nuevas muertes en los últimos 3 meses, más de un tercio del total (51.874 muertes oficiales por COVID 19). La mortalidad sigue alta  porque aumenta la edad de los contagiados y vuelve a haber rebrotes en las residencias de ancianos, origen de 28.600 muertes, el 55% del total en esta pandemia. Y algunos expertos advierten que el “pico” de muertes por COVID se dará este mes de enero.

Hecho el balance de contagios, hospitalizados y muertos, parece evidente que avanzamos en la 3ª ola de la pandemia, iniciada el 11 de diciembre y agravada con la Navidad. El 7 de diciembre publicaba en este blog un artículo titulado “El dilema de la Navidad: fiestas o vidas”. Y vaticinaba que la Navidad podría "costarnos" 7.000 muertos. Hoy, pasadas estas fiestas, ya se puede ver el trágico balance de lo que muchos españoles han escogido: “salvar la Navidad”, no renunciando a viajes, salidas a la calle y a tiendas o reuniones y comidas de amigos y familiares (eso sí, con el autoengaño de que “tomaban precauciones”). Los datos publicados por Sanidad son explícitos: 368.460 nuevos contagiados (10.000 diarios) y 6.164 muertos (162 cada día) entre el 1 de diciembre y el 7 de enero de 2021. Un trágico balance que pudo evitarse. Y falta la factura, en contagios y muertos, de Nochevieja y Reyes, que aún no se refleja en las cifras de Sanidad.

No hemos aprendido nada de esta pandemia, aunque se cumplen 9 meses del inicio del confinamiento. Empezamos la desescalada, el 22 de junio (tras más de 3 meses encerrados), con la pandemia bajo control: 125 contagios diarios, 8,3 contagios nuevos por 100.000 habitantes y 6 muertes diarias (22 junio). Pero nos dedicamos a viajar y a ir de vacaciones como si nada, a “salvar el turismo y la economía” pero no la salud. Y el 29 de julio ya superamos los 50 contagios por 100.000 habitantes. El 31 de agosto ya habíamos cuadruplicado los contagios (205,53), con un máximo de 294,04 contagios el 29 de septiembre). Con el final de las vacaciones, en la primera quincena de octubre se estabilizan los contagios, pero enseguida vuelven a subir, hasta alcanzar la 2ª ola un pico el 4 de noviembre, con 528,75 contagios por 100.000 habitantes, 63 veces la tasa del inicio de la desescalada (ver gráfico evolución incidencia). El 25 de octubre, el Gobierno Sánchez decreta un nuevo estado de alarma (hasta mayo), para amparar legalmente que las autonomías tomen medidas más duras contra esa 2ª ola (cada una a su aire). Y se rebajan los contagios a un nuevo mínimo el 10 de diciembre: 188,72 contagios por 100.000 habitantes. Pero no aprendemos y se rechaza adoptar medidas duras ante la Navidad: en vez de forzar que nos quedemos en casa, se habla de “salvar la Navidad”. Y en menos de un mes, los contagios pasan de 188,72 a los 350 del viernes 8, que llegarán otra vez a 400 en los próximos días.

Tras esta evolución de la pandemia, estando en plena 3ª ola, los expertos y epidemiólogos lo tienen claro: lo único efectivo para frenar la curva y bajar los contagios de 25 sería confinar el país 6 semanas. Pero el Gobierno no quiere proponer un confinamiento domiciliario, como le pedía Castilla y León, según ha confirmado el ministro Salvador Illa. Y estos días, las autonomías tratan de reforzar las medidas, sobre todo en Castilla y León (confinamiento perimetral hasta mayo), Comunidad Valenciana, Murcia, Cataluña, Extremadura, Baleares, Andalucía y Aragón, mientras Madrid (la 3ª autonomía con más contagios) abre su confinamiento perimetral y mantiene un inútil confinamiento por zonas (a 1,2 millones de madrileños). Otra vez más, se rehúye tomar  medidas más estrictas (como han hecho Reino Unido, Alemania o Francia) y se intenta bajar poco a poco los contagios, que seguirán elevados (por encima de 200) uno o dos meses más, hasta que se noten los efectos de las vacunaciones en residencias y hospitales.

La gran esperanza de doblegar la pandemia son las vacunaciones. Pero van más lentas de lo necesario. Se inició el domingo 27 de diciembre y en la primera semana sólo se habían administrado el 11,5% de las dosis recibidas de Pfizer Biontech (1,3% en el País Vasco, 1,7% en Baleares o Murcia, 3% en Madrid, 5,3% en Comunidad Valenciana, 6,8% en Cataluña  y 18,4% en Andalucía, frente al 52,5% en Canarias, Ceuta y Asturias). Y aunque ha mejorado la vacunación en la 2ª semana, todavía va lenta: se han administrado el 37,4% de las dosis recibidas (277.976 de 743.925), con datos de Sanidad del viernes 8, que revelan un gran retraso en Madrid (14,3%), Cantabria (19,7%), Extremadura (21,8%), Comunidad Valencia (26,1%) y Cataluña (32%), aunque van mejor en Asturias (75,2%%), Melilla (67%), Galicia (65,9%), Ceuta (63,4%) y Andalucía (49,5%).

El retraso en la vacunación, que se podía haber preparado con tiempo (el presidente Sánchez lo anunció el 22 de noviembre), revela el problema de fondo de esta pandemia: la falta de medios sanitarios y los fallos de planificación. Poner 1 millón de vacunas a la semana durante 33 semanas exige una programación meticulosa y sobre todo personal que vacune, en residencias, hospitales y centros de salud, personal que habría que haber contratado o reservado exclusivamente para esta tarea, 7 días a la semana, las más horas posibles. Porque no puede apoyarse esta masiva vacunación en enfermeras y personal que hacen otras tareas ni buscar “atajos”, como Madrid, subcontratando la vacunación con la Cruz Roja.

Si la vacunación se retrasa, como se teme en España, Europa y en todo el mundo, se retrasa también el final de la pandemia y la recuperación de la economía. El Banco Mundial ha alertado estos días que la economía mundial crecería este año 2021 la mitad (en vez del +4%, el 1,6%) si los paises retrasan la vacunación. Y además, la 3ª ola, que es ya un hecho, va a retrasar en toda Europa y en España la recuperación de la actividad y el consumo, que se esperaba incluso para finales de 2020 y no llegó apenas. Todo apunta a que la economía va a crecer poco este primer trimestre de 2021, algo más el 2º y sólo se recuperará de verdad en el verano, dependiendo de la evolución de los contagios y del porcentaje de españoles que estén vacunadas (hacen falta dos tercios al menos).

Si la 3ª ola está ya aquí y la vacunación se retrasa, habrá que mantener varios meses más las restricciones en la movilidad y en algunos negocios, como hostelería, comercio y turismo. Y eso puede ser la puntilla para muchas pymes, que llevan meses facturando la mitad o menos y con los costes casi iguales. Eso puede aumentar los cierres de bares, restaurantes, comercios, agencias de viajes y hoteles en los próximos meses, por lo que urge prorrogar los ERTEs (se ultima ampliarlos hasta el 31 de mayo) y ampliar las ayudas a negocios y familias, a costa de un mayor déficit público. El propio Banco de España ha advertido de que la tercera ola de contagios podría agravar las pérdidas de las empresas (estima que la mitad han tenido pérdidas en 2020 y hasta un 75% en algunos sectores) y esto podría provocar problemas financieros en un 40% de las empresas, que no ingresan lo suficiente para pagar intereses. Por ello, pide flexibilizar la devolución de los créditos ICO y mantener la moratoria para evitar que muchas empresas entren en concurso de acreedores.

En resumen, que la 3ª ola provocada por la Navidad no sólo daña la salud y mata a 162 personas cada día, sino que daña a la economía y pone en apuros a miles de empresas y empleos, que no podrán sobrevivir en 2021 si no se contienen los contagios y si no se mantienen y amplían las ayudas públicas. Hay que volcarse en doblegar la curva, aprender de los errores de la desescalada y de la Navidad para no repetirlos en abril (“hay que salvar la Semana Santa) y en verano (“hay que salvar el turismo”). Lo que hay que salvar son vidas, porque sólo así se salvan empresas y empleos. Y para eso, hay que ser más estrictos en la movilidad y los confinamientos y vacunar contra reloj. Nos quedan todavía 6 meses duros, en los que no podemos bajar la guardia otra vez. Seamos serios.