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jueves, 13 de abril de 2023

El trabajo precario daña la salud mental

La pandemia y la nueva crisis desatada por la inflación y la guerra en Ucrania han deteriorado más la salud mental de los españoles: 4 de cada 10 valoran la suya negativamente, según una reciente Encuesta. Y gracias a un informe encargado por Trabajo a 45 expertos, sabemos que un tercio de las depresiones y problemas mentales son causados por la precariedad laboral: contratos inestables, largas jornadas, bajos salarios, mala valoración profesional, falta de incentivos, problemas con los jefes… El informe revela que 11,9 millones de españoles adultos (asalariados, autónomos y parados), el 50,8% del mercado laboral, están en una situación laboral “precaria”. Y muchos acaban con depresiones, angustias y hasta suicidios (11 al día), la mayoría sin tratamiento adecuado y consumiendo ansiolíticos a mansalva. Los expertos proponen medidas para reducir la precariedad y mejorar la deficiente atención a la salud mental, con la colaboración de convenios y empresas, lo que reduciría los problemas mentales. No es sano mantener una economía que funciona con trabajadores “dopados”.

Enrique Ortega

La salud mental es un problema que preocupa en todo el mundo, al haberse deteriorado con las últimas crisis, desde la crisis financiera de 2008 a la pandemia y la crisis actual por la inflación y la guerra en Ucrania. Aproximadamente, 1 de cada 8 personas en el mundo (más de 1.000 millones) sufren algún trastorno mental, según el informe 2022 de la OMS, lo que provoca graves problemas psicológicos y económicos, en medio de una desatención sociosanitaria general. En Europa, 1 de cada 6 personas (84 millones de europeos) tienen cada año un problema de salud mental, ya sea ansiedad, depresión o trastornos por el uso del alcohol y drogas, afectando más a las clases sociales más desfavorecidas. Y en España, los datos oficiales indican que los problemas mentales tienen una elevada prevalencia entre los mayores de 15 años: afectan a 4,5 millones de españoles, el 11,1% de la población adulta.

Estos datos revelan que un 5,8% de españoles adultos (2.372.859 personas) tienen “ansiedad crónica: son 1 de cada 12 mujeres, 1 de cada 28 hombres, 1 de cada 12 desempleados, 1 de cada 23 personas que trabajan y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar. Y otro 5,3% de españoles adultos (2.1608.302 personas) sufren depresión”: son 1 de cada 4 mujeres, 1 de cada 31 hombres, 1 de cada 13 desempleados, 1 de cada 40 que trabajan y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar. La mayoría de estos trastornos mentales son derivados a los Centros de salud, que no cuentan con personal especializado, lo que se traduce en que híper recetan fármacos al paciente: España es el país del mundo que consume más ansiolíticos e hipnóticos por habitante, según las estadísticas internacionales. De hecho, casi el 11% de los adultos han consumido tranquilizantes, relajantes o partillas para dormir en las últimas semanas (1 de cada 7 mujeres). Y los enfermos aguantan así, “dopados”, hasta que su situación se agrava y acaban en las urgencias de un hospital o en una de las escasas unidades de atención psicológica de los hospitales, repletas y con listas de espera.

Y al final, muchos de estos pacientes con problemas mentales acaban suicidándose, la brutal constatación de que la atención mental falla. El 2021 se produjeron en España 4.003 suicidios (11 diarios) y todo apunta a que en 2022 se habrá alcanzado otro récord, dado el salto de suicidios en el primer semestre (2.015 suicidios). Cada año se suicidan en el mundo 700.000 personas, muchas con trastornos mentales. Y el suicidio es la 4ª causa de muerte prematura entre los jóvenes de 15 a 29 años, según la OMS, quien reitera que en los paises desarrollados se dan más los suicidios en personas con problemas económicos, rupturas sentimentales o problemas de salud.

Este preocupante panorama de la salud mental se ha agravado con la pandemia y la actual crisis derivada de la inflación y la guerra en Ucrania, según la última Encuesta de la Confederación de Salud Mental de España, publicada en marzo de 2023: 4 de cada 10 encuestados valoran negativamente su salud mental y el 75% creen que la salud mental española se ha deteriorado tras la pandemia. Al preguntarles por las causas de este deterioro de su salud mental, los encuestados señalan tres factores: no poder pagar el alquiler o la hipoteca, miedo a perder el trabajo o temor a no poder pagar las facturas. En general, todos destacan que la 1ª causa de su angustia o depresión son sus condiciones de vida y de trabajo, sus dificultades económicas para llegar a fin de mes. Y en especial, la precariedad del trabajo, sobre todo de mujeres, jóvenes, inmigrantes y mayores de 45 años.

Para analizar el efecto de la precariedad laboral en los trastornos mentales, el Ministerio de Trabajo encargó, en abril de 2022,  un Informe sobre precariedad laboral y salud mental (pionero en el mundo) a un equipo multidisciplinar de 11 expertos y 34 colaboradores externos a la Administración. El Informe se presentó el 17 de marzo y ofrece una conclusión apabullante: un tercio de los casos de depresión que se dan en España (170.000 de los 511.000 casos totales) se deben a la precariedad laboral. Y en consecuencia, podrían ser evitados (los casos, su atención sanitaria, sus costes y pérdidas económicas  y los suicidios que provocan) si los españoles tuvieran trabajos más decentes y menos precarios.

¿Cuál es la relación entre precariedad y trastorno mental? Así lo explica Joan Benach, doctor en Salud Pública y coordinador del Informe: “El conocimiento científico muestra con claridad cómo la precariedad laboral es un determinante social tóxico de la salud. El mal empleo penetra en los cuerpos y en las mentes de las personas precarizadas y genera ansiedad, depresión, abuso de drogas y alcohol, y un mayor riesgo de suicidio”. Por eso, propone actuar en dos frentes: reducir la precariedad laboral y a la vez atender a los que sufren trastornos de salud mental por su situación laboral y socioeconómica.

El estudio tiene una primera parte que analiza el alcance de la precariedad laboral en España, con los datos más recientes. Y su conclusión es impresionante: a finales de 2022, 11,9 millones de españoles adultos (15 años y más), el 50,8% del mercado laboral,  estaban en una situación de precariedad laboral: son trabajadores con contratos temporales, trabajadores con contrato a tiempo parcial involuntario (trabajan por días o por horas porque no encuentran trabajo a jornada completa), subocupados (apenas trabajan), autónomos precarios (o por trabajo o por ingresos irregulares) y parados sin empleo que habían trabajado antes. En total, se suman 8.1 millones de asalariados. 1,2 millones de autónomos y 2,6 millones de parados, todos “precarios”. Un 50,8% del total del mercado laboral están “precarizados”, porcentaje que ha bajado algo desde 2019 (52%) pero que queda muy lejos de 2007 (48,4% precarios).

Esa es la precariedad laboral global, pero tienen más precariedad las mujeres (53,3% precarias), los mayores de 40 años (57,3%) y los jóvenes, sobre todo los que tienen estudios medios y superiores. Además de su precariedad laboral, el impacto en la salud mental es mayor en las mujeres, según este Informe, porque han de atender a su trabaja, su casa, sus hijos y hasta a sus padres dependientes. También se agrava la salud mental entre los precarios inmigrantes (el riesgo de problemas mentales se triplica al perder su trabajo), los autónomos y los trabajadores jóvenes empleados en plataformas digitales y Call centers. Y en todos los casos, tiene mucho que ver el nivel de renta, los ingresos de las personas precarias: el impacto negativo sobre su salud mental es 2,5 veces mayor entre los que tienen menos renta.

Además de la precariedad laboral, los problemas mentales se agravan por una deficiente atención sanitaria a estos enfermos, según revela el Informe de los expertos. Los médicos de familia poco pueden hacer, en consultas saturadas, más que recetarles psicofármacos para salir del paso. Y en los casos más graves, derivarlos hacia médicos especialistas o a Centros de Salud Mental, escasos y saturados. Hoy día, la demora para la primera visita psiquiátrica son 12 meses y con otro problema adicional: las visitas sucesivas de demoran demasiado (de 3 a 5 meses), lo que dificulta el seguimiento, junto a la enorme rotación de profesionales (que exige al paciente “empezar de nuevo con cada médico”). En el caso de los hospitales, hay pocas unidades y plantas de Psiquiatría, muy agobiantes para pacientes y familias. Y los Centros de Día y Rehabilitación, una buena solución, son aún más escasos. Resultado: el que quiere una buena atención mental, ha de pagarse un especialista privado.

Y en paralelo, las personas con problemas de ansiedad o depresión tienen otros problemas, desde el trabajo a la estigmatización social. Las empresas no facilitan las bajas por depresión (un 15% de las bajas totales) y estigmatizan a los que las piden, no ayudando al trabajador con cambios laborales. Y en muchos casos, estar de baja por depresión o tener problemas mentales aísla más a estos enfermos de la sociedad, dificultando su recuperación y agravando su situación. Falta una política integral para mejorar la salud mental, desde las empresas (Planes de detección de riesgos) a los Centros de Salud, los especialistas y los hospitales, mejorando los medios y el personal de atención sanitaria especializada, hoy claramente insuficiente: en España hay 9,6 psiquiatras por cada 1000 habitantes, menos de la mitad que la media europea, y 6 psicólogos clínicos para cada 100.000 habitantes, la tercera parte que en Europa.

Los españoles, sobre todo los más jóvenes, ven cada vez más claro los daños mentales que les están creando algunos trabajos con condiciones laborales muy precarias (contratos temporales, por días y horas, horarios sin límite como en algunas consultoras, actividades muy rutinarias, falta de integración y participación en la organización, escasas perspectivas de mejora y carrera laboral, bajos salarios…). Y así pasa que el 27% de los trabajadores están dispuestos a abandonar su trabajo, según un reciente estudio de InfoJobs y Esade, que refleja que los descontentos han aumentado un 4% (eran el 23% en 2021). Y curiosamente, un tercio de los que buscan irse del trabajo (el 32%) lo hacen “para proteger su salud mental, por delante de los que buscan mejores condiciones económicas (27%) o los que buscan mayores posibilidades de conciliación laboral (24%). Así que la clave para cambiar de trabajo es “cuidar la salud mental”, el bienestar emocional más que el salario.

El informe sobre precariedad y salud laboral encargado por Trabajo propone un abanico de medidas para mejorar la salud laboral. La primera y previa al resto es contar con indicadores de precariedad laboral y su impacto sobre la salud mental de los trabajadores, para no actuar a ciegas y poder vigilar la evolución de los trastornos mentales. La segunda, Impulsar y aprobar un Código de Trabajo, para avanzar hacia un empleo digno y sostenible, reduciendo la precariedad (como ha hecho la última reforma laboral). Además, proponen reforzar la salud mental en las empresas, dentro de las políticas de prevención de riesgos laborales y en la negociación de los convenios colectivos. El informe propone también  avanzar hacia la jornada laboral de 32 a 35 horas, reducir el trabajo parcial no deseado y seguir mejorando el salario mínimo, además de facilitar la conciliación laboral y fomentar la economía de los cuidados (para reducir el estrés de las mujeres). Y en paralelo, reforzar el sistema sanitario, desde los Centros de Salud a los especialistas y Unidades psiquiátricas en los hospitales, mejorando la prevención y el sistema de salud mental comunitario.

Este Informe y las recomendaciones que incluye deberían llevar a nuevas medidas legales para reducir la precariedad laboral (un nuevo Estatuto de los Trabajadores para el siglo XXI), aprobando el nuevo Estatuto del Becario, la regulación específica de las plataformas digitales, el refuerzo de derechos en los sectores más precarizados y la incorporación de algunos trastornos mentales al Catálogo de enfermedades profesionales. Y resulta clave centrar parte de la inspección de trabajo (aunque tiene pocos medios) en vigilar las condiciones de trabajo (horarios, turnos) que más están provocando problemas mentales.  Además, el Informe abre otro debate que algún día debería lanzarse en España: la necesidad de avanzar en la “democratización del trabajo”, para conseguir que los trabajadores participen más en la organización de sus tareas”, porque la cultura empresarial del “ordeno y mando y la generalización de “jefes tóxicos” está detrás del aumento del estrés laboral. Y por supuesto, el Informe de los expertos propone reforzar el sistema público de salud en la atención mental, con mayor coordinación y medios entre la atención primaria y la especializada y en colaboración con las empresas y sus políticas de salud laboral.

En definitiva, el deterioro de la salud mental en los últimos años es un fiel reflejo de la precarización de la economía y los retrocesos en las relaciones laborales tras varias crisis. Como dicen los autores del Informe, “necesitamos un modelo laboral saludable, sostenible y democrático”.  Que ir a trabajar no sea un suplicio y una fuente de estrés y de problemas mentales para muchos trabajadores. Para conseguirlo, no basta con que el Gobierno apruebe reformas para reducir la precariedad y dignificar salarios y empleos. Hace falta un cambio de mentalidad en los empresarios, que deben organizar sus negocios para que sean rentables pero no a costa de explotar y deprimir a sus trabajadores. “Una economía que necesita personas precarias, dopadas con cafeína, ansiolíticos y antidepresivos para poder trabajar, no es una sociedad sana”, señala el doctor Joan Benach, coordinador de este Informe sobre precariedad y salud mental. Tomen nota.

jueves, 16 de abril de 2020

El coronavirus exige reforzar la salud mental


El coronavirus no solo nos enferma y mata sino que nos obliga a un largo confinamiento que está deteriorando nuestra salud mental, provocando ansiedad, angustia, irritabilidad, insomnio y miedo al futuro, más entre los que han perdido su trabajo o negocio. Por eso, la ONU propone incluir la salud mental en la estrategia contra el coronavirus, atendiendo especialmente a ancianos, niños y personas con problemas mentales previos. Aunque se haga, esta pandemia va a empeorar nuestra salud mental, bastante deteriorada antes del coronavirus: 1 de cada 10 adultos  (4,5 millones de españoles) tenía problemas de salud mental (sobre todo depresión)  y más de 2 millones consumían ansiolíticos habitualmente. Y había 10 suicidios diarios. Una deficiente salud mental que se agravó con la crisis de 2008, sobre todo entre los parados. Y faltan psicólogos, psiquiatras, unidades especializadas y medios en atención primaria, según alertó en enero el Defensor del Pueblo. Urge un Plan de choque contra los daños mentales del coronavirus. Hay que salir vivos y "cuerdos".

enrique ortega

Antes del coronavirus, la mala salud mental ya era una de las “pandemias ocultas” del mundo, según los datos de la OMS: 500 millones de personas sufren trastornos mentales, sobre todo depresión (300 millones), trastornos bipolares (60 millones), esquizofrenia y otras psicosis  (21 millones), demencia (47,5 millones) y trastornos en el desarrollo (incluido el autismo). Y lo más preocupante es que esta pandemia “mental” apenas se trata: sólo se atienden del 35 al 50% de los casos en los paises ricos y menos del 24% en los paises pobres, con cuidados poco especializados. Y esta grave desatención mental tiene un alto coste, en vidas humanas (800.000 suicidios al año en el mundo) y en costes sanitarios y económicos (bajas laborales y pérdidas de productividad), más de 1 billón de dólares al año.


La OMS advertía, a finales de 2019, que el problema de la salud mental en el mundo va a peor y que en 2030, la salud mental será la primera causa de discapacidad en el mundo”. Y “el principal reto sanitario de Europa”. Ya hoy, la salud mental es el gran problema sanitario de Europa, según el informe “Health at a Glance Europe 2018”, elaborado por la OCDE, que cifra en 84 millones los europeos que tienen algún problema de salud mental (el 17,67% de la población). España figura en este informe como el 7º país europeo con peor salud mental (18,32% de la población con problemas), por encima de la media UE-28 (17,67%), Alemania (17,95%), Reino Unido (17,70%) e Italia (16,86%), aunque mejor que Finlandia (18,77% población con problemas de salud mental), Holanda, Francia (18,49%), Irlanda, Portugal (18,34%) y Estonia. España tiene un nivel medio de ansiedad (nos superan los paises más ricos del norte) y un nivel bajo de depresión, alcohol y drogas. En conjunto, Europa tiene un alto coste por su mala salud mental: 84.000 suicidios anuales (230 diarios) y 600.000 millones de euros en costes sanitarios y laborales.


En España, como en la mayoría de Europa, la salud mental era un problema preocupante (aunque socialmente “oculto”) antes del coronavirus. Los datos oficiales, de la Encuesta ENSE 2017, la última publicada por Sanidad, son impactantes: más de 1 de cada 10 españoles adultos (15 y más años), el 10,8%, dijo haber sido diagnosticado de algún problema de salud mental (son 4,55 millones de personas, casi el doble de mujeres que hombres), sobre todo ansiedad y depresión  Y 1 de cada 100 niños (0 a 14 años) han sufrido trastornos de conducta (1,8%), trastornos mentales (0,6%), autismo o similar (0,6%), unos 50.000 menores (más niños que niñas). Y en el caso de los mayores de 65 años, 3 de cada 10 señalaron algún grado de deterioro cognitivo y casi un tercio tenían dificultad cognitiva (34,5% de las mujeres y el 27,2% de los hombres). En todos los casos, tienen más problemas mentales los españoles de clases bajas (13,5%) que los de clases altas (5,9%) y también más deterioro cognitivo y más discapacidad mental, que afecta al 3,8% de la población (1,78 millones de españoles, más en mujeres que en hombres).


El deterioro en la salud mental provoca que hayan aumentado las visitas al psicólogo o al psiquiatra: iban el 3,5% de los españoles en 2011 y fueron el 5,4% en 2017 (el 6,1% de las mujeres y 4,6% de los hombres). Y, sobre todo, ha disparado el consumo de ansiolíticos: hay más de 2 millones de españoles que los consumen habitualmente, aumentando cada año los jóvenes que consumen ansiolíticos o antidepresivos (el 12,4% los ha consumido alguna vez, son 241.000 jóvenes), que además empiezan antes. Y un dato revelador: sólo el 19% de los ansiolíticos los prescriben los psiquiatras, según estos profesionales, mientras el 81% los prescriben los médicos de familia, que se los facilitan a los pacientes ante la dificultad para que encuentren una cita de un especialista, saturados con listas de espera. Y este abuso de los ansiolíticos preocupa también porque se ha comprobado que está muy vinculado con el aumento del deterioro cognitivo e incluso con el Alzheimer.


Si este es el panorama “oficial” de la salud mental en España, la crisis de 2008 y sus secuelas (paro, recortes, empleo precario, desigualdad) la empeoraron aún más, según un estudio encargado por Sanidad a 6 expertos universitarios y publicado en 2018. Ahí se ve que la salud mental ha empeorado sobre todo en dos grupos: los parados y los que tienen un empleo precario. Su riesgo de padecer una enfermedad mental era del 29,2%, frente al 14,9% que tenían el resto de ocupados. Además, el estudio revela que la salud mental se ha deteriorado más entre los españoles sin estudios y las familias de los parados y trabajadores precarios, sobre todo entre sus esposas (malos tratos y angustia por las dificultades del hogar) y sus hijos (trastornos de conducta, adicciones y fracaso escolar). Otro estudio, publicado en 2019 por la Obra Social de la Caixa, revela que el mayor daño en la salud mental se ha dado entre los parados de larga duración (más de 1 año): comprobaron que un aumento del 10% en el paro en la construcción (subió del 6 al 24% con la crisis) supuso  un aumento del 3% en las enfermedades mentales de estos parados. Y eso, porque el desempleo provoca, en muchos casos, aislamiento, depresión y trastornos mentales.


Todos estos problemas de salud mental tienen un alto coste para España. Primero, en vidas: en 2018 hubo 3.539 suicidios, según el INE, casi 10 muertos diarios (el doble que por accidentes de tráfico: 1.846 muertes). Y otras 200 personas intentan suicidarse cada día sin conseguirlo, según Salud Mental España. Los datos revelan que hay un suicidio cada 2,5 horas, que 3 de cada 4 son hombres (aunque las mujeres lo intentan el triple que los hombres)  y que el 40% son de personas entre 40 y 59 años, aunque están aumentando los suicidios entre los jóvenes (es la 2ª causa de muerte entre los 15 y 29 años). El segundo gran coste de la mala salud mental es el coste económico: ronda en España los 80.000 millones de euros anuales, la mitad son costes sanitarios  y la otra mitad bajas y menos productividad.


La salud mental sedeterioró con la crisis pero no ha mejorado con la recuperación. Es más, la previsión es que siga empeorando: el 15% de los adultos (hoy son el 10,8%) tendrán algún problema de salud mental a lo largo de su vida, según prevé Salud Mental España. Serán pues 5,8 millones de españoles que necesitarán atención mental, y eso sin contar los efectos del coronavirus. El problema es que faltan medios y personal para atenderlos, como alerta también Salud Mental España: hay pocos psicólogos y psiquiatras, las consultas de especialistas están colapsadas en la sanidad pública (los que pueden, se buscan un psicólogo o psiquiatra privado) y faltan unidades especializadas en los hospitales, mientras no hay formación adecuada ni atención en los centros de salud. Y además, Salud Mental España se queja de que no se incluya la salud mental en los programas de salud y denuncian que hay “un estigma social” sobre las enfermedades mentales y el suicidio. Que los Gobiernos y la sociedad “miran hacia otro lado”.


En enero de este año, en vísperas del coronavirus, el Defensor del Pueblo lanzó una alerta a la sociedad y al Ministerio de Sanidad sobre el deterioro de la atención a la salud mental en España. El informe revela que España tiene una media de 6 psicólogos clínicos por 100.000 habitantes, la tercera parte que Europa (18 de media). Y que el número se ha duplicado (aunque es bajo) en Madrid, Canarias, Navarra y Cantabria, pero que apenas ha mejorado desde 2009 en las demás autonomías. Y en psiquiatras clínicos, España tiene 10,5 por 100.000 habitantes, frente a 17,40 en Italia, 22,8 en Francia o 27,3 en Alemania, según Eurostat (datos 2017). El informe alerta de la falta de especialistas (que provocan listas de espera de 3 meses y más), falta de unidades especializadas en los hospitales y ausencia de atención mental especializada en los centros de salud. Por todo ello, llamaba a Sanidad y a las autonomías areforzar la atención mental de forma urgente”. 


Estas carencias en la salud mental vamos a sufrirlas ahora más con el coronavirus. Primero, por el impacto negativo de la cuarentena, cuyos efectos ya se han visto en anteriores pandemias con un menor confinamiento: aumento de la angustia, ansiedad, miedo, ira, nerviosismo, soledad, irritabilidad, insomnio y bajos estados de ánimo que pueden provocar depresión. Y que agravarán la situación de los que ya tenían antes problemas mentales, a los que habrá que sumar los afectados por muertes y contagios, los ancianos y niños. Y también los afectados por la emergencia económica, los que hayan perdido su empleo o su negocio. Por todo ello, los psiquiatras y los psicólogos han elaborado unas Guías que están disponibles en Internet para ayudar a sobrellevar esta pandemia. Y el Comité permanente de la ONU ha propuesto reforzar la salud mental de los afectados por coronavirus, integrando la atención mental en la atención a contagiados y familias, desarrollando atención psicológica al personal sanitario que lucha contra la pandemia y creando atención telefónica o video llamadas para mayores aislados, niños, discapacitados y enfermos mentales anteriores. Lo urgente es incluir la atención mental en la emergencia sanitaria contra el coronavirus, reforzando los centros donde están aislados (y solos, sin visitas) los enfermos mentales.


Pero no basta con esta atención de urgencia. Hay que preparar ya el futuro, la salida del confinamiento, cuando millones de españoles salgan de sus casas, muchos con un trauma encima que hay que evitar que les enferme. Urge preparar y tener listo un Plan de choque de atención mental, reforzando la atención especializada en los Centros de Salud, con la contratación de psicólogos y psiquiatras y con formación específica a los médicos de familia. Y reforzar con contrataciones la atención especializada y las unidades psiquiátricas de los hospitales, así como los centros especializados donde los enfermos mentales han sufrido con dureza esta cuarentena. O se hace, o se multiplicarán las depresiones y trastornos mentales, aumentando también los suicidios. Y a medio plazo, en cuanto se pueda, Sanidad tiene que aprobar la Estrategia Nacional de Salud Mental (incluyendo un Plan de prevención del suicidio), que estaba ultimando con expertos cuando llegó el coronavirus. 


Los recortes en la sanidad española de la última década nos han pillado más indefensos frente al coronavirus. Y las carencias en la atención mental, denunciadas por los profesionales y el defensor del Pueblo, nos pillan también indefensos para afrontar sus secuelas psicológicas. Por eso, hay que reforzar la sanidad y la atención mental, con dinero y personal, para vencer al coronavirus y sus daños en la salud física y mental de los españoles. Tenemos que salir vivos y "cuerdos" de esta terrible pandemia.