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domingo, 30 de octubre de 2011

Europa: otro parche hasta la próxima crisis

Días de reuniones maratonianas en Bruselas para acabar en otro parche, con medidas insuficientes y en la dirección equivocada, que provocarán nuevas tensiones en los mercados y agravarán la crisis en España. Merkel, Sarkozy  y la Comisión han  vuelto a imponer sus viejas recetas conservadoras, añadiendo ingeniería financiera y obligando a un saneamiento de toda la banca europea (sobre todo española), para tapar el riesgo de los bancos franceses y alemanes en Grecia. Otro paso más en año y medio de decisiones equivocadas, basadas en los recortes sin más, que han llevado a Europa al estancamiento. La crisis griega se ha cerrado en falso y se van a agravar las tensiones contra Italia y España, con Francia en el horizonte. El riesgo ahora es que se rompa el euro.  

Europa había aprobado un Plan en la Cumbre de julio, que se fue al garete en agosto. Y la crisis de la deuda se agravaba con Italia, seguía con  España y podía alcanzar a Francia, amenazando la incipiente recuperación de EEUU y el crecimiento de los países emergentes. ¿Por qué falló?. Porque los planes de ayuda a Grecia tardaron en aprobarse tres meses y la economía helena, con durísimos ajustes, profundizó su recesión y quedó claro que no podía pagar su deuda. Se convoca esta nueva Cumbre para reconocerlo y perdonarles el 50% de la deuda, en vez del 21% de julio (si se hubiera hecho entonces, mejor nos habría ido). Pero el problema no está cerrado: la banca no ve claro que sea Grecia quien garantice la quita, hasta noviembre el FMI no aprueba la entrega de otros 8.000 millones de ayudas europeas (más de la mitad de los 65.400 millones recibidos hasta ahora han ido a pagar intereses de la deuda, sobre todo a  bancos franceses, alemanes y británicos) y queda despejar de dónde van a salir las nuevas ayudas que necesitan hasta 2014. Y sigue el riesgo de que no paguen.
Aprobada la quita a Grecia, quedaba  resolver el segundo problema: ayudar a los bancos europeos con deuda griega, que ahora vale la mitad. Un problema centrado en la banca francesa (40.000 millones) y alemana (25.000 millones), mientras la española sólo tiene 448 millones de deuda griega. Pero Merkel y Sarkozy quieren tapar las vergüenzas de sus bancos y aprovechan para un segundo saneamiento bancario (en 2008, los contribuyentes ya destinaron 407.000 millones a sanear la banca europea, salvo la española). Con la excusa de la deuda, exigen más dinero para tapar otros agujeros: los activos tóxicos (Dexia no tenía deuda y ha tenido que ser intervenido), la morosidad, la crisis del ladrillo, la falta de liquidez... Café para todos. Y a España, dos tazas: 26.161 millones más de capital a los cinco grandes (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia y Popular), la cuarta parte de todo el saneamiento europeo (106.447 millones) y el doble que los bancos alemanes y franceses juntos.

Un despropósito. Por tres razones. Es un sinsentido obligar a los bancos a capitalizarse para cubrir la deuda pública que tienen, en teoría 100% segura. ¿Quién comprará entonces deuda europea?. Segundo, ¿quién va a pagar el saneamiento?. Bruselas dice que no se hará con dinero público, pero no están los mercados como para invertir en bancos. Y tercero, si a los bancos se les exige más capital, tendrán que restringir aún más el crédito, torpedeando la inversión. Sólo en España, el 88% de las pymes ya denuncian problemas para financiarse.

El tercer problema de la Cumbre era frenar el contagio de Grecia a Italia, España y quién sabe si Francia. Se trataba de potenciar el Fondo europeo de rescate, pero Merkel (que paga la  mitad) no quería poner un euro más. ¿Solución?. Hacer “ingeniería financiera”. Dedicar los 250.000 millones disponibles (de los 440.000 iniciales) a asegurar un 20% de la deuda de países con problemas, con lo que se “cubre” un billón de euros. Y de paso, intentar que los países emergentes (China, Rusia, Brasil o India) entren en un Fondo paralelo para comprar deuda europea (o ayudan o nos hundimos todos…). Otro despropósito. Primero, porque garantizar un 20% de deuda es insuficiente y un mal mensaje a los mercados: si se garantiza en parte es porque hay riesgo de no cobrarla. Y segundo, tientan a los mercados a nuevas presiones, para subir la garantía y el Fondo (a 2 ó  3 billones, quien sabe). Y en el camino, los especuladores intentarán cobrar más intereses por la deuda europea (ya se pagan 330.000 millones al año).

Medidas equivocadas para no tomar otro camino, el de EEUU, Japón o Gran Bretaña: tienen mucha deuda y escasos problemas para financiarla, porque los mercados saben que están detrás los Tesoros y bancos centrales, para intervenir y apoyarla con compras si hace falta. Lo mismo podría hacer Europa: que el BCE comprara más deuda de países en apuros, algo que Alemania ya no quiere que haga porque genera inflación (¿y qué?) y por dogmatismo ideológico. Y además, un Tesoro europeo que emitiera deuda europea, ayudando a financiar los países más débiles. Pero Merkel no quiere, porque Alemania pagaría más y porque cree que así Grecia, España, Italia y la Europa del sur no harían los deberes… Como si estos países tuvieran déficit y deuda por vagos: ha sido por la crisis (España tenía superávit entre 2005 y 2007, mientras Alemania tenía déficit) y por endeudarse, en beneficio de los bancos alemanes y franceses, sobre todo, que han prestado sin tino.
Otra Cumbre más, la crisis se ha cerrado en falso y sin tener en cuenta el mayor problema de Europa: el estancamiento de la economía y el paro, sobre todo en los países del sur. Merkel, Sarkozy y los conservadores de Bruselas sólo hablan de recortes, de ajustes, de “sangrar al enfermo para curarlo” como dice el Nobel Krugman. Y así lo van a matar. Porque una Europa que no crece no puede pagar la deuda y eso es lo que más preocupa ahora a los mercados. Por eso, seguirán las tensiones y la receta volverá a ser más recortes, que traerán menos crecimiento y más tensiones. Una espiral infernal, que sólo podrá cambiarse cuando cambien los políticos de Francia y Alemania, en 2012 y 2013. Será demasiado tarde. Antes, iremos de crisis en crisis hasta la caída del euro. Pero están ideológicamente ciegos para verlo. Ojala me equivoque.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Nuevo curso: más crisis y viejas recetas inútiles

Ha sido un agosto de locos, el peor mes desde que estalló la crisis. Europa y Estados Unidos han estado a los pies de los mercados, con pérdidas históricas en las Bolsas y la deuda, mientras los políticos confirmaban su incapacidad, insistiendo en duros ajustes. En España, Gobierno y oposición, incapaces de hacer un pacto contra el paro, se han puesto de acuerdo en horas para reformar la Constitución y liquidar el déficit público para 2020. Una aberración ideológica en el país con más paro de Europa y con grandes necesidades de modernización. Al final, la crisis se ha agravado y las recetas conservadoras, la obsesión por la austeridad, han llevado a Europa, desde Alemania a España, a no crecer casi nada. Ahora, el temor a la recesión preocupa más que los déficits  y la deuda.
                                                                                Ilustración: Enrique Ortega
Con los políticos de vacaciones y la típica volatilidad de agosto, los mercados redoblaron su apuesta contra la deuda europea, subiendo el tiro hasta Italia (cuya prima de riesgo subió por encima de España) e incluso hasta Francia, con rumores de bajada de rating. Y a ellos se sumó la pelea política de Obama por el déficit, que puso a Estados Unidos contra las cuerdas, angustiando al mundo. Merkel y Sarkozy interrumpieron sus vacaciones para lanzar un nuevo mensaje de reforzar el Gobierno europeo, vacío de medidas concretas. Sólo otra receta ideológica: hay que seguir con los ajustes, apoyando los nuevos recortes anunciados por Italia, Francia y España. Y liquidar el déficit en la Constitución de cada país.  
Justo una semana después, Zapatero sorprende llevando al  Congreso un pacto con Rajoy para acabar con el déficit público. Tras 7 años de no pactar nada ni luchar juntos contra el paro, PSOE y PP se ponían de acuerdo en horas para reformar la Constitución y que España sólo pudiera tener un 0,40% de déficit en 2020 (ahora es un 7%). Todo para “calmar a los mercados”. Y como siempre, Zapatero quiere ser el primero de la clase: sólo Alemania prohíbe el déficit en su Constitución, pero el pacto PSOE-PP va más allá: fijará que la deuda no puede superar el tope europeo (60% del PIB, desde el 64% actual de España) y que pagar los intereses de la deuda será prioritario, por encima de otros gastos como el paro o las pensiones. Ni Alemania ni ningún país del mundo han incluido estos compromisos en su Constitución.
El polémico pacto es un intento más de dar confianza a los mercados (donde no ha surtido apenas efecto), pero sobre todo una hipoteca ideológica para el futuro, gobierne quien gobierne: se pierde un instrumento clave para la política económica, el poder utilizar el presupuesto como palanca contra la crisis. Es la típica receta conservadora, de Merkel, el BCE y la Comisión, pero en el caso de España es un error doblemente grave. Un error coyuntural, porque tenemos más del doble de paro que Europa y el Presupuesto debería ayudar a crear empleo. Y un error estructural, porque España tiene menos peso del gasto público y una gran necesidad de invertir en modernizarse, en educación, tecnología e infraestructuras. Tener el mismo déficit que Alemania, con el triple de paro y veinte años de retraso, es un lujo que no deberíamos permitirnos. Y menos imponerlo en la Constitución a las generaciones futuras.
El problema no es el déficit sino en qué se gasta. Si es para mantener TV autonómicas sectarias, AVE sin viajeros o aeropuertos sin aviones, hay que recortarlo. Pero si es para hacer frente a la crisis, para ayudar a las empresas a crear empleo, a modernizar el país, a preparar el futuro, entonces es obligatorio gastar. Y buscar nuevos ingresos, como han hecho ya Francia, Gran Bretaña, Italia (con marcha atrás) o Portugal, con subidas de impuestos de Gobiernos conservadores. Pero en España, Rajoy ya ha dicho que no subirá impuestos.
Llevamos año y medio de crisis de la deuda y la receta sigue siendo más recortes. Un camino equivocado que está dando sus frutos(indeseables): Europa está estancada, crece menos que antes. Las cifras de crecimiento del 2º trimestre son espeluznantes: +0,1% Alemania, +0% Francia, +0,3% Italia, +0,2% España, +0,2 % Reino Unido, +0 % Portugal, -6,9% Grecia… Un +0,2 % de media los 17 países  de la zona euro. Y un 0,2 % los 34 países de la OCDE, EEUU incluido (+0,3%).
Este es el problema que cada día preocupa a más expertos y que empieza a calar en los mercados: existe el riesgo de recesión, de que en vez de salir de la crisis, vayamos para atrás. Y cada nuevo ajuste, cada nuevo recorte, frena más el crecimiento. Por eso ha sido la pelea de Obama, que anuncia para septiembre un plan para reanimar la economía, con tipos al 0,25% dos años más. Enfrente, Europa ha subido dos veces el dinero, hasta el 1,50%, y sigue predicando recortes, incluso para países como España, con el 21,2% de paro. Y si no se crece, difícil será cumplir con los ajustes y pagar la deuda. Ahí está el fondo de la reciente desconfianza de los mercados.
Cara al nuevo curso, volverán las tensiones a los mercados, porque Europa no ha hecho los deberes: no se han puesto en marcha las medidas para defender la deuda de los países periféricos, no se lanzan los eurobonos (un solo continente, una sola deuda, apoyando los fuertes a los débiles) ni el Tesoro europeo, con una reforma del papel del BCE. Y sobre todo, se sigue por el camino equivocado, el de los recortes, en vez de tratar de reanimar las economías para salir de la crisis y crear empleo. Merkel, Sarkozy y los conservadores de Bruselas, obsesionados con la austeridad,  seguirán sin tomar medidas de fondo hasta que los mercados o la recesión nos pongan  al borde del abismo.
Mientras, en España, nos esperan cuatro meses muy difíciles hasta que haya nuevo Gobierno, con nuevos recortes autonómicos (el tijeretazo de Cospedal  y antes el de Mas) y otros posibles ajustes “de fin de año” (¿pactados también entre PSOE y PP?), derivados del mayor coste de la deuda (3.500 millones) y los menores ingresos fiscales. Sigue sin haber consumo y las empresas ni venden ni logran financiarse. Y no se crea empleo, salvo precario (más ahora que el Gobierno ha abierto la mano a ampliar los contratos temporales y de formación). Todo apunta a un otoño caliente, con mucho descontento. Y a que 2012 nos traerá un nuevo Gobierno, pero que no será tampoco el año de la recuperación.

domingo, 24 de julio de 2011

Europa salva el euro a medias

La Cumbre del euro de este jueves ha sido más efectiva de lo esperado. Europa ha visto las orejas al lobo y los pasajeros de primera clase (Francia y Alemania) han visto tan cerca el hundimiento del euro (el Titanic) que han aceptado medidas que llevaban año y medio rechazando, la última vez en la Cumbre de junio. De entrada, se le da un respiro a Grecia (también a Portugal e Irlanda) para que paguen su deuda, con algún coste para los bancos. Y se utiliza al Fondo de rescate como fuerza de choque para defender a la Europa del sur de la especulación de los mercados, que de momento han plegado velas. Pero los líderes europeos se han quedado a medio camino y no han avanzado en crear la deuda y el Tesoro europeos. Y no reaniman la economía de la UE, que apenas crece. Y así no se sale de la crisis.
Europa sólo parece reaccionar cuando se encuentra el borde del precipicio. Y las últimas dos semanas, el euro ha estado al borde de la ruptura. A las tensiones sobre la deuda de Grecia, Portugal e Irlanda, habituales en el último año, se sumó un grave encarecimiento de la deuda española y algo inédito: los ataques a Italia, uno de los cinco fundadores de Europa. Y para colmo, los seguros de la deuda francesa llegaron a duplicar a los de la deuda alemana. Era la luz roja definitiva. Merkel y Sarkozy, acompañados del presidente del BCE, estuvieron hasta la madrugada para acordar las medidas de urgencia que llevaban año y medio sin aceptar. Y el jueves, a los demás sólo les quedó hacer el paripé y firmar.
La primera decisión ha sido dar un respiro a Grecia, para evitar que suspenda pagos. Para ello, la UE y el FMI le van a prestar otros 109.000 millones de euros, a devolver en más plazo (un mínimo 15 años y hasta 30, frente a los 7,5 años del Plan de ayudas 2010) y con menos interés (3,5% en vez del 5). Además, Merkel salva la cara ante sus contribuyentes y logra que Francia y el BCE acepten que la banca privada acreedora de Grecia también ayude, aportando otros 50.000 millones, de una de estas tres formas: canje de la deuda actual por otra con otras condiciones (menos tipo), ampliación del plazo de devolución de la deuda actual y recompra por Grecia de la deuda que tienen las entidades. Al final, les supondrá una pérdida media (quita) del 21%, pero los principales bancos europeos (BBVA entre ellos) ya lo han aceptado. Mejor eso, dar un respiro a Grecia, a que suspenda pagos y no cobrar.
Bruselas acuerda también bajar los tipos y ampliar los plazos para que Irlanda y Portugal devuelvan mejor los créditos de la UE y del FMI. Pero Sarkozy dice que implicar a la banca privada ha sido una excepción sólo para Grecia, aunque Merkel no ha sido tan radical. La realidad es que si ambos países siguen estancados, sin crecer, no podrán pagar y habrá que repetir el esquema griego: más facilidades de la banca privada si quieren cobrar.
Otra decisión importante ha sido dotar a Europa de armas para defender la deuda de los países atacados por los mercados. Para ello, se permite que el Fondo europeo de rescate (dotado con 440.000 millones de euros) pueda hacer tres cosas básicas: comprar deuda en el mercado secundario (para que no caiga), dar créditos a los países atacados para defenderse (sin tener que pasar por la humillación de pedir un rescate) y dar ayudas para recapitalizar los bancos con problemas por tener deuda de países atacados (caso de los bancos griegos si las agencias bajan el rating de Grecia por este acuerdo). Tres medidas que son una respuesta eficaz al pulso a los mercados, ahora más calmados.
En resumen, se trata de dar oxígeno a Grecia, Irlanda y Portugal (con algún coste para la banca, que les prestó sin tino) y defender la deuda de los países atacados por los mercados, lo que beneficiará a España. Si estas dos decisiones se hubieran tomado en mayo de 2010, Europa se hubiera ahorrado muchos disgustos y los ciudadanos de Grecia, Irlanda, Portugal y España no habrían sufrido en sus carnes ajustes tan duros. Además, no habríamos estado año y medio pagando un coste extra por la deuda, más de 15.000 millones, que se han llevado los especuladores. Y los bancos y las empresas no tendrían tantos problemas para financiarse, invertir y crear empleo. Es el coste de año y medio de parches, nacionalismos egoístas e indecisiones de los dirigentes europeos, con Merkel y Sarkozy a la cabeza.
Ahora, han avanzado, pero se quedan a medio camino. No han decidido la creación de una Agencia europea de rating, que se enfrente al chantaje de las tres hermanas (Mody´s, Standard &Poors y Finch). No han hablado de emitir deuda europea, la solución definitiva para evitar las tensiones (como en EEUU, con estados, como California, en quiebra), algo que no quiere Alemania, porque pagaría más con la deuda común. Y no quieren ni hablar de un Tesoro único europeo, el único instrumento de intervención rápida que tienen 15 países para defenderse juntos sin toda la burocracia y lentitud actual.
Y sobre todo, los dirigentes europeos (casi todos conservadores) no han hablado de reanimar la economía europea, de un Plan Marshall no para Grecia, sino para Europa. De acabar con la política de recortes y reactivar selectivamente la economía (lean este artículo del Nobel Krugman). Media Europa, sobre todo la del sur (incluso Francia), está estancada. Y en lugar de reanimar la actividad, como ha hecho EEUU, promoviendo la inversión y el empleo, se deja que el BCE suba los tipos (y lo volverá a hacer). Habría que lanzar un mensaje no sólo a los mercados, sino a los ciudadanos: vamos a tomar medidas para salir de la crisis, para crear empleo. Pero no. Esperarán otro año más, a que la Europa del sur no vea una salida, a que los ciudadanos se indignen más, a que los mercados vuelvan a la carga. Y quizás entonces hagan algo. Otra vez tarde.

miércoles, 29 de junio de 2011

El problema es Europa, no Grecia

Se repite la historia de marzo con Portugal. La última Cumbre europea ha dejado a Grecia a los pies de los mercados, forzando al país a un nuevo ajuste, aún más duro, a cambio de nuevas ayudas muy condicionadas. Trece meses después de estallar la primera crisis de la deuda, en mayo de 2011, sigue la inestabilidad  en los mercados y los tres países intervenidos están peor que antes, pagando cada vez más por financiarse, sin crecer y en medio de una grave crisis social. Y España, con un año largo de ajuste duro, sigue presionada por los mercados y tampoco crece ni mejora. El problema no son los países periféricos, sino la errónea política adoptada por los conservadores de Bruselas, injusta e ineficaz. La crisis seguirá.

La última Cumbre europea, del 23 y 24 de junio, ha sido una encerrona a Grecia, como lo fue la Cumbre de marzo con Portugal. En la tarde del jueves, antes de la cita oficial, el presidente del Consejo europeo, Van Rompuy, acompañado de Merkel, Sarkozy y Trichet (presidente BCE), convocó en su despacho al presidente Papandreu para darle un ultimátum: no habría un euro para Grecia si no había garantías de que gobierno y oposición aprobaban un nuevo Plan de ajuste. Primero, la aprobación del Parlamento heleno y luego los 12.000 millones pendientes de entrega del primer Plan de rescate (110.000 millones), que Grecia necesita para pagar su deuda en agosto. Y sólo así se aprobaría en julio un segundo Plan de rescate (100.000 millones, pero poco de ello dinero nuevo).
En paralelo, los Gobiernos europeos se reunían con sus bancos para “pedirles” que echaran una mano a Grecia. Merkel y Sarkozy habían comprendido, tras un año de desgaste, que si Grecia suspendía pagos, iban a tener que pagarlo sus contribuyentes y ellos en las elecciones. Y que la salida era que los bancos e inversores, sobre todo alemanes y franceses (que tienen el 50% de la deuda griega), y el BCE, dieran una tregua a Grecia: renovar la deuda que vence, al menos otros cinco años, en vez de exigir su cobro, como garantía de que algún día la cobrarán. Y mientras, garantizarse el pago de intereses, el doble de los habitualesAbrir algo la mano o forzar las condiciones y no cobrar.
A cambio, Bruselas exige a Grecia un nuevo plan de ajuste, para que recorte gastos y libere 28.300 millones para pagar los intereses de la deuda y no aumentarla. Un durísimo Plan que pasa por el despido de 150.000 funcionarios (1 de cada 4), recorte de sueldos (15%) y pensiones (10%), y un fuerte aumento de impuestos para la inmensa mayoría de griegos. Y un plan de privatizaciones, para ingresar otros 50.000 millones, en el que ya están “pescando” empresas alemanas (Deutsche Telecom, Fraport) y de otros países europeos.
Este nuevo Plan de ajuste va a agravar la crisis económica griega, como los anteriores, que han provocado una recesión (-4,5% PIB en 2010 y -3,5% en 2011), un  paro del 16 % y una caída de rentas (al 89% de la renta UE), con el consumo y la inversión por los suelos. Es lo que ha pasado con Irlanda y Portugal: los planes de ajuste han empeorado la economía, han encarecido los intereses y ven cada día más difícil pagar su deuda. Incluso España, con un año largo de duro ajuste, está pagando un 1% más por la deuda (5,64%) que en mayo de 2010: son 12.400 millones más de gasto para el Presupuesto, se encarece la financiación de bancos y empresas y se dificulta la recuperación y el empleo (deuda 1% más cara = 160.000 empleos).
Las recetas de los conservadores de Bruselas son injustas e inútiles y han hecho perder 13 meses a Europa y muchos millones de euros, que han ganado los especuladores. Hay que ir por otro camino. La clave es admitir que ni Grecia ni los demás países periféricos son los culpables de la crisis: se debe al excesivo endeudamiento, propiciado por los bancos europeos, que se lanzaron a prestar sin tino hasta 2008. Y ahora quieren imponer unas condiciones leoninas a sus deudores. Grecia es un desastre de economía, pero no es la única culpable de tener 320.000 millones de deuda. Y todos saben que no podrá pagarla tal cual.
Por eso, lo primero es renegociarla, ajustar plazos y tipos de interés, flexibilizarla para que puedan pagarla, lo mismo que Portugal o Irlanda. La banca tiene que pagar su parte de esta crisis que ayudó a crear. Y eso va mucho más allá de lo que han aceptado esta semana los bancos franceses y alemanes.Hará falta también emitir deuda europea y un mayor protagonismo del BCE y de Bruselas ante el FMI (que ha llevado la iniciativa en la crisis griega) y ante los mercados (no dejarles que fijen su ley). Y en paralelo, ayudar a estos países a reanimar sus economías, con planes europeos de inversiones, con ayudas estructurales, con políticas sensatas, no con duras políticas de ajuste que van a matar al enfermo en vez de curarlo y a crear una grave fractura social en el sur de Europa.
Pero este camino no interesa a la Europa rica del norte, que ya ha salido de la crisis y que no quiere gastar un euro más en la Europa del sur, con la que se hicieron más ricos sus bancos e inversores. Y eso es lo que representan Bruselas y los gobiernos conservadores de 23 de los 27.Pero no es una cuestión ideológica, sino económica y práctica: por este camino, el de los últimos 13 meses, los países con problemas estarán cada vez peor, los mercados seguirán nerviosos y harán falta nuevas ayudas a cambio de más recortes. Y se condena a una serie de países a una década de atraso y estancamiento, abriendo una peligrosa brecha social y política, con millones de indignados. Hasta que el sistema estalle porque la crisis llegue a un país grande, España o Italia. Está en juego el euro y Europa. Reaccionen y prueben otro camino.