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jueves, 26 de noviembre de 2015

Cambian las bajas laborales: más control


A partir de este 1 de diciembre, cambia el sistema de las bajas laborales: los partes de baja se recogerán  cada más tiempo pero el trabajador enfermo tendrá que pasar revisiones médicas de las Mutuas patronales, que podrán pedir al médico y al INSS el alta del trabajador si no están de acuerdo con su baja. El Gobierno Rajoy cede así a la presión de los empresarios, que llevan años pidiendo más control de las bajas laborales, aduciendo que hay mucho fraude. El absentismo laboral parece haber subido algo en los últimos meses, pero los pagos por bajas laborales han caído un 35% con la crisis. Y hay trabajadores que van enfermos a trabajar, por miedo al despido. Recordemos que los españoles trabajan más horas que la mayoría de europeos y la mayoría hacen horas extras, la mitad sin cobrarlas. Hay que controlar el absentismo, sí, pero sin demagogia. Y a la vez, gastar más en mejorar  la salud laboral, porque con la crisis nos ponemos más enfermos.
 

enrique ortega


En España se pierden al año 221 millones de horas de trabajo por absentismo laboral, lo que cuesta 9.381 millones de euros, algo más de la mitad a la Seguridad Social (4.878,37 millones en 2014), que paga las bajas a partir del día 16, y el resto a los empresarios (4.503 millones de euros en 2014), que pagan las bajas del 4º al 15º día (del 1º al 3º día de baja no se cobra nada). Este coste, aunque no es muy abultado y apenas crece (un 1,3% en 2015), nunca ha gustado a la patronal CEOE, que lleva décadas quejándose del absentismo laboral y denunciando un “abuso” en las bajas de los trabajadores (se ha quejado incluso de los 4 días por fallecimiento fuera de un familiar directo), por lo que exigen más control y una rebaja de las cotizaciones sociales que pagan cada mes para costear las bajas.

Rajoy recogió el guante de la batalla patronal contra el absentismo y empezó cambiando la norma en la reforma laboral que aprobó en febrero de 2012: permitió que una empresa pueda despedir a un trabajador si falta al trabajo 10 días en dos meses, incluso con baja médica. Hasta entonces, ese despido era improcedente si la plantilla tenía una tasa baja de absentismo (“los jetas podían salvarse si tenían compañeros cumplidores”). Ahora, si un trabajador falta a su trabajo, aún con bajas justificadas, más del 20% de las jornadas hábiles en dos meses (más de 9 días) o el 25% en cuatro meses (los discontinuos, en un año), puede ser despedido con 20 días por año (máximo 12 meses). Se excluyen las bajas de más de 20 días, con lo que la diana de la reforma son las bajas más cortas, que son las que pagan las empresas (del 4º al 15º día). Un catarro o un esguince mal curado que vuelven, por ejemplo.

Pero el Gobierno Rajoy no se quedó ahí. En julio de 2014 aprobó una nueva Ley de Mutuas, las asociaciones patronales (creadas en 1900) que se ocupan de las bajas por accidente laboral o enfermedad profesional y que gestionan también el pago de las bajas por enfermedad común, con un Presupuesto de 10.000 millones de euros, aportado por la Seguridad Social y las cuotas empresariales. Esta nueva reforma dio más poder a las Mutuas patronales en la gestión de las bajas laborales, a la vez que se privatizaba una parte de su trabajo: los chequeos médicos a los trabajadores y la prevención están ahora en manos de hospitales privados, en especial del grupo IDC-Quirón (se ha adjudicado Fremap, Mutua Universal, la Fraternidad y MC Mutual), y la aseguradora Catalana de Occidente (que se ha quedado con Asepeyo). Y en paralelo, aprobó un decreto-ley para cambiar el sistema de bajas laborales, un cambio que entra en vigor este 1 de diciembre.

El cambio en el sistema de bajas laborales tiene dos partes. Una modifica las normas por las que se rigen las bajas laborales, agilizando el proceso. Si ahora hay que renovar las bajas cada 7 días, desde el 1 de diciembre, la fecha para recoger los partes de confirmación varían según las bajas: si son muy cortas (menos de 5 días), el médico entrega la baja y el alta a la vez; si son cortas (5-30 días), el parte de confirmación es cada 14 días; si son medias (31-61 días), cada 28 días; y si son largas (de 61 días a 365), el parte de confirmación se entrega cada 45 días. Pero a cambio de estas menores visitas, el médico tendrá que hacer más papeleo. Por un lado, cuando dé una baja, tendrá que incluir en ella cuál es el tiempo previsto para el alta (si es corta, media o larga), ayudado por una tabla estadística que le van a proporcionar con  lo habitual según las dolencias. Y además, el médico tendrá que hacer informes periódicos para informar de la evolución del trabajador al que ha dado la baja.

El otro gran cambio, el más importante, es que las Mutuas patronales tienen ahora un gran poder en la gestión de las bajas: desde el primer día, podrán pedir al empleado de baja que acuda a una revisión médica con ellos, para investigar su dolencia (ahora tenían que esperar al día 16 de la baja para pedir esa revisión). Y si tras ese análisis deciden que puede volver a trabajar, enviarán un informe motivado de alta al médico, que deberá contestar en cinco días. Si no lo hace o se niega a dar el alta, la Mutua puede recurrir a la Seguridad Social (INSS), que tiene cuatro días para contestar. Y tanto la sanidad pública (SNS) como la Mutua podrán pedir al INSS el cambio en la consideración de la baja (si es enfermedad profesional o enfermedad común, por ejemplo) y también puede reclamar el trabajador. Algo importante: si el trabajador de baja no acude a la revisión de la Mutua, automáticamente deja de cobrar la baja, aunque luego tiene 10 días para justificar por qué no acudió (si lo hace, recuperará el cobro y si no, lo pierde definitivamente).

El nuevo sistema, según el Gobierno, ahorrará papeleo y costes, unos 500 millones al año según el Ministerio de Empleo. Pero los sindicatos lo critican, porque dicen que sólo busca reducir las bajas y no se preocupa de la salud de los trabajadores. Los que están más molestos son los médicos de familia de la sanidad pública (SNS), con tres quejas serias. Una, que se les ha puesto unos “vigilantes”, los médicos de las Mutuas, para “poner en duda” su trabajo. Dos, que se les obliga a hacer mucho más papeleo: tendrán que estimar la duración de cada baja (no siempre fácil) y emitir muchos más informes, ya que se les exige ahora un informe complementario cada dos partes de confirmación (eso da hasta 9 informes en una baja de un año frente a los 2 informes actuales). Y la tercera queja, que las Mutuas patronales tendrán acceso a los historiales médicos de todos los trabajadores, algo potencialmente peligroso.

Además, los médicos del SNS se quejan de que las Mutuas (y las empresas) están cargando en la sanidad pública el coste de atender bajas por enfermedad común que en realidad deberían ser bajas por enfermedad profesional. La diferencia es importante: una baja por enfermedad profesional o accidente de trabajo la gestionan las Mutuas al 100% (ellos dan las bajas y altas) y las empresas tienen que pagar al trabajador el 75% del sueldo (o lo que diga el convenio). Si la enfermedad es común, la atención al trabajador y la gestión de la baja recae en la sanidad pública y la empresa se ahorra dinero, porque se paga sólo el 60% del sueldo (salvo que el convenio haya pactado un pago mayor). Los sindicatos critican este fraude (estiman que una cuarta parte de las bajas son realmente enfermedades profesionales), que engorda los costes de la sanidad pública, en beneficio de las Mutuas privadas.

Estos importantes cambios en el sistema de bajas laborales llegan cuando algunas fuentes hablan de un cierto repunte del absentismo laboral, desde mediados de 2014, año en que las horas perdidas habrían aumentado, por primera vez en 6 años, desde el inicio de la crisis: estaríamos en el 4,4% de absentismo (2014), frente al 4,9% en 2007, según estimaciones de Addeco. Con todo, hay otro dato más importante: el pago por bajas laborales ha caído un 35% con la crisis, al menos en la parte que paga la Seguridad Social (a partir del 16º día de baja): si el INSS pagó 7.533,87 millones para bajas en 2008, en 2014 pagó sólo 4.878,37 millones. Y para este año 2015, hay presupuestado sólo un 1,3% más (4.972 millones). Así que no se ha disparado el coste de las bajas, sino que ha bajado mucho con la crisis, algo lógico porque hay menos empleados y  los trabajadores se lo piensan mucho, con tanto paro, antes de no ir a trabajar. Incluso, los sindicatos denuncian que muchos van a trabajar enfermos.

Parece claro que el absentismo laboral es algo muy negativo, para las empresas y para la economía, pero quizás se esté utilizando para forzar más recortes en las bajas, con la excusa de un mayor control. Y en paralelo, no se habla de otros datos que hablan de lo contrario, de que los españoles trabajan más que el resto de europeos. De hecho, hay 11 países europeos que trabajan menos horas que España (1.665 horas en 2013), entre ellos Alemania (trabajan 280 horas menos al año) o Francia (176 horas menos), aunque trabajamos 100 horas menos al año que la media de la OCDE. Y por si fuera poco, el 85% de los trabajadores españoles hacen más horas de las que deben, según Randstad. De hecho, 2 de cada 5 trabajadores españoles (el 41%) hacen al menos 8 horas extras a la semana, según un informe de Regus. Y cada semana se hacen en España  10 millones de horas extras “ilegales” (que superan las 2 horas extras legales por semana), según datos del INE recogidos por el PSOE. Y otro dato más, que no suele citar la patronal: más de la mitad de las horas extras hechas en 2014 no se pagaron, se hicieron “gratis”, según un informe de UGT. Eso es “presentismo”, no absentismo.

A estas alturas del mundo, todos los expertos reiteran que por trabajar más horas no se es más productivo, sino que el objetivo es trabajar menos con más eficacia, para que haya empleo para más gente. Sobre todo en España, un país con horarios laborales de locos (se sale de trabajar a las 8 de la tarde, cuando la mayoría de europeos están cenando), que dificultan la conciliación familiar y no favorecen la productividad, que depende más de la organización del trabajo, la integración laboral, la innovación y la tecnología.

Otro tema preocupante es la salud laboral, que la crisis ha deteriorado: el paro, la precariedad y los problemas laborales han agravado el estrés laboral, provocando más accidentes y un aumento de los problemas psicológicos y psiquiátricos, que son ya el tercer motivo de las bajas laborales, tras las gripes y las dolencias musculares o roturas. España invierte poco en prevención laboral y las empresas han recortado su gasto en salud laboral, lo que puede provocar un aumento de las horas perdidas. Tener trabajadores sanos (y satisfechos con su trabajo) es la mejor receta contra el absentismo, no multiplicar los controles y “criminalizar” las bajas por una minoría que defrauda. La mayoría quiere trabajar y cobrar su sueldo íntegro, no estar de baja.

lunes, 26 de octubre de 2015

Crece el negocio de la sanidad privada


La salud atrae cada día más dinero porque los inversores piensan que es un buen negocio: vivimos más años y hay más viejos que gastan más en su salud. En España hay 455 hospitales privados (con un tercio de camas y la mitad de médicos que la sanidad pública), que facturan 10.000 millones, el doble que hace una década. Y se multiplican compras y fusiones, con protagonismo de Fondos extranjeros, que acaban de quedarse un tercio de las empresas de prevención de las Mutuas, recién privatizadas. También buscan el turismo sanitario. Este “boom” de la sanidad privada se financia por dos vías: los desvíos de pacientes y pruebas de la sanidad pública (23-30% de ingresos) y los pagos de los seguros médicos, contratados por 11 millones de españoles. Y han crecido por los recortes en la sanidad pública, que disparan  las listas de espera y deterioran la asistencia. Urge un pacto que recomponga la sanidad pública, evitando que se hunda más en beneficio de la privada.
 

enrique ortega


España gasta en sanidad más de 95.000 millones de euros al año (un 9,29% del PIB), en línea con la media de la OCDE (9,27%) y Reino Unido (9,27%) pero mucho menos que Francia (11,61%) y Alemania (11,27% PIB). Pero la gran diferencia es que aquí, los recortes han reducido drásticamente el gasto público sanitario  (dos tercios del gasto total) y han tenido que ser los particulares, las familias, las que aumenten mucho su gasto  para cuidar su salud. Así, el gasto público en sanidad (68.607 millones en 2012) se ha recortado en 10.000 millones (1 de cada 7 euros) entre 2009 y 2013, siendo España el quinto país de la OCDE donde más ha caído el gasto sanitario con la crisis (tras Grecia, Luxemburgo, Irlanda y Portugal). Y en contrapartida, ha tenido que subir el gasto sanitario privado (27.064 millones en 2012), que tiene un peso mayor que en el resto de Europa (28,3% del total frente al 16% que supone el gasto sanitario privado en Reino Unido o el 23,3% en Alemania).

Así que los recortes en la sanidad pública han obligado a las familias a gastar más en sanidad. De hecho, en 2014, el gasto privado en salud fue el que más creció, un 9,8%, según el INE. Y las familias ya gastan 955 euros anuales en salud (3 euros más que en 2007 cuando el gasto total de las familias ha caído en 5.000 euros con la crisis). La mayor parte de este gasto (20.000 millones) es gasto “de bolsillo”, en medicinas, dentistas y tratamientos, y el resto (7.100 millones) se destina a contratar seguros privados  de salud, sobre todo de asistencia sanitaria. De hecho, ya hay 11,4 millones de españoles que tienen un seguro médico privado: 7,27 millones son particulares, 2,2 millones son trabajadores asegurados por sus empresas y otros casi 2 millones más (1,94) son funcionarios a los que sus Mutualidades (MUFACE, Mugeju-Justicia e ISFAS-militares) pagan un seguro médico privado.

Los seguros médicos son los seguros que más crecen (+3,8%), mientras caen los del automóvil y se estancan los de hogar: en  2014, los seguros de asistencia sanitaria facturaron 6.430 millones de euros. Y hay una verdadera guerra comercial” por colocarnos un seguro médico, mientras su precio ( de 160 a 250 euros de media mensual para una familia con 2 hijos) ha subido este año un 3,3%, por el aumento del IVA sanitario (del 10 al 21% en enero) y el encarecimiento de la tecnología y la asistencia médica. Además, las aseguradoras se cubren frente al aumento de costes (más viejos que viven más años), subiendo las pólizas o echando a los enfermos crónicos y los ancianos, como denuncian los corredores de seguros.

La razón básica de que crezcan los seguros médicos privados es el deterioro de la sanidad pública, tras cinco años de recortes, que se han llevado por delante a 5.000 profesionales (médicos y enfermeras) y ha deteriorado la calidad de la sanidad pública, de las mejores del mundo. De hecho, se han disparado las listas de espera para operarse (511.923 pacientes esperaban a finales de 2014, 87 días de media, frente a 374.194 en 2009) y para acudir al especialista (1,88 millones, un tercio con más de 60 días de espera) y ha empeorado la atención, tanto en los ambulatorios como en los hospitales. Y además, la atención es muy desigual entre autonomías: la Fundación en defensa de la Sanidad Pública suspende a la sanidad pública de Cataluña (48 puntos sobre 98), Canarias (44) y Valencia (45), aprueba raspado a Madrid (56 sobre 98) y da notable al País Vasco (80 puntos), Navarra (71)  y Asturias (70 puntos). Y frente a este deterioro de la sanidad pública, crecen los españoles que se pagan un seguro médico privado para ser atendidos antes (y a veces mejor).

En definitiva, el auge del gasto sanitario privado descansa sobre los recortes y el deterioro de la sanidad pública desde 2012. Los mayores beneficiados son los hospitales privados, que han duplicado su negocio en la última década: hay 455 hospitales privados (53% del total), con 52.360 camas (33% del total y 236.567 profesionales (53.790 médicos, la mitad de los 110.000 médicos de la sanidad pública, aunque muchos hacen “doblete”). Y facturan más de 10.000 millones de euros (9.960 millones en 2013, según la consultora IDIS), que salen de dos fuentes de financiación: la sanidad pública (23-30%) y los seguros médicos (66%).

Y es que la mitad de los hospitales privados (224) viven en gran medida de los conciertos con la sanidad pública, que cada día más les transfiere pruebas diagnósticas (TAC, ecografías, mamografías, escáneres…), operaciones y hasta el tratamiento ambulatorio de pacientes. Incluso en Cataluña, hay 32 hospitales privados integrados en la red sanitaria pública. Y en dos autonomías, los gobiernos del PP han transferido a hospitales privados la gestión de hospitales públicos: 5 en la Comunidad Valenciana y cuatro en Madrid (más el centro regional de análisis). Al final, este “desvío de trabajo” de los hospitales públicos le reporta a los hospitales privados con ánimo de lucro (no Fundaciones) un 23% de sus ingresos, que en algunos casos sube al 35% (grupo IDC-Quirón, el líder del sector) y hasta el 79,5%( IDC-Fundación Jiménez Díaz, que lleva incluso la atención primaria de medio millón de madrileños). El mayor peso de los conciertos con la sanidad privada se da en Cataluña (25% del gasto sanitario total) y Madrid (10,8%), donde Esperanza Aguirre duplicó los pagos a la sanidad privada entre 2007 y 2010, como también hizo el PP en la Comunidad Valenciana y Galicia.

La otra fuente de ingresos de los hospitales privados (66%) son las aseguradoras, por el pago de servicios a sus pacientes con seguros de asistencia médica. En España hay 103 compañías que hacen seguros médicos, pero sólo 10 son importantes (se reparten el 82% del mercado) en un negocio muy concentrado, donde las 3 primeras compañías (Adeslas, Sanitas y Asisa) acaparan el 58,1% del mercado. Por eso, hasta ahora eran las que imponían precios y condiciones a los hospitales privados, que han buscado ser más fuertes con compras y fusiones, para poder negociar mejor con las aseguradoras.

En consecuencia, los recortes de la sanidad pública, el aumento de los seguros privados y la necesidad de tener más tamaño para negociar con las aseguradoras han llevado a los hospitales a ganar tamaño, con compras y fusiones, sobre todo en 2014 y 2015, de la mano de grandes inversores, sobre todo Fondos de inversión extranjeros, que han visto en la sanidad privada un buen negocio. En julio de 2014, el grupo ICD Salud (controlado por el Fondo luxemburgués CVC, dueño de la Fórmula 1, que ya había comprado en 2012 el Grupo Capio) compró el grupo Quirón y en diciembre ambos compraron el Ruber, creando IDC-Quirón, el mayor grupo hospitalario español (44 hospitales, 1.700 millones de facturación  y el 30% del mercado) y el tercero de Europa (tras el alemán Fresenius Helios, 117 hospitales, y el francés Genérale de Santé, con 106). Le sigue HM Hospitales (familia Abarca), que sumó  en 2014 a sus hospitales madrileños los gallegos del grupo Modelo y el IMI de Toledo, y que facturará 300 millones este año. El tercer grupo son los hospitales de la aseguradora Asisa (250 millones) y el cuarto el grupo Vithas (200 millones facturan los antiguos hospitales de Adeslas, ahora propiedad de la familia Gallardo y la Caixa). Y completan el “top ten” hospitalario el grupo Hospiten (191 millones), la Clínica Universitaria de Navarra (150 millones), el grupo valenciano Nisa (148 millones), Sanitas (158) y el grupo Pascual (120 millones).

En conjunto, los 458 hospitales privados facturaron 9.960 millones en 2013 y este año podrían superar los 12.000 millones, el doble que hace una década. Una parte son de hospitales privados sin ánimo de lucro (Hermanos de San Juan de Dios y Hermanas Hospitalarias) pero dos tercios del pastel (6.185 millones en 2013) se lo llevan los hospitales “privados privados”. Y en este grupo, los 5 grandes se llevan más de la mitad del negocio, con IDC-Quirón a gran distancia del resto (30% del mercado y el 40% en Madrid). Y ha crecido más este verano, al adjudicarse las principales empresas de prevención de salud laboral de las Mutuas, privatizadas por el Gobierno Rajoy. IDC Quirón se ha adjudicado Fremap (líder del sector), Mutua Universal, la Fraternidad y MC Mutual (la 6ª), cuatro servicios de prevención que tienen detrás 105.000 empresas y 4.450.000 trabajadores, lo que supone 1,6 millones de reconocimientos médicos al año, más la diaria labor de prevención laboral. Con ello, el grupo hospitalario IDC-Quirón se lleva un 30% de todo este negocio de la prevención laboral, otros 400 millones a sumar a su facturación. La aseguradora Catalana de Occidente se ha quedado con Asepeyo, la segunda del sector. Y el resto se lo han llevado pequeñas empresas, algunas sanitarias.

Los expertos auguran más compras y fusiones en los hospitales privados en España, para ganar tamaño y competir en precio frente a las aseguradoras. Y porque hay mucho dinero interesado en invertir en la sanidad, que mueve ya el 10/15 % del PIB mundial, no sólo en hospitales sino también en medicamentos y en tecnología médica. Los inversores ven negocio en la salud  en todo el mundo, porque cada vez se vive más años y hay más viejos que han de cuidar de su salud, mientras el estilo de vida y la contaminación multiplican las enfermedades crónicas, desde las cardiovasculares, el cáncer y el alzhéimer a la diabetes, la obesidad y la hipertensión.


En el caso de España, hay un incentivo adicional: el turismo sanitario, un mercado que mueve 7.000 millones en el mundo y donde la sanidad privada española empieza a jugar fuerte, por su cualificación profesional, nuestro clima y seguridad y los mejores precios: ponerse una prótesis de cadera en la Costa del Sol  cuesta la cuarta parte que en EEUU (12.852 euros frente a 50.000) y un implante dental en Madrid  vale la mitad que en Londres y la tercera parte que en Nueva York (1.288 euros frente a 2.800 y 3.500). De hecho, algunos ven posible que Madrid se convierta en el Houston español de la salud: IDC-Quirón Salud estudia instalar un gran hospital privado en la futura "quinta torre de Madrid" y la Clínica Universitaria de Navarra ya construye un hospital en la capital.

Mientras la sanidad privada y sus hospitales “hacen su agosto”, con más pólizas y pacientes cada mes, la sanidad pública languidece y ya es la quinta preocupación de los españoles (Barómetro CIS septiembre 2015) , que la dan una nota de 6,31 puntos, la más baja desde 2008. Los nuevos Gobiernos autonómicos se han encontrado con una sanidad pública sin recursos, muy deteriorada y que financian una parte sustancial de la sanidad privada, a través de conciertos y privatizaciones. Algunos, como los nuevos gobiernos de la Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla la Mancha, Baleares, Aragón, Navarra y Extremadura, quieren dar marcha atrás y renacionalizar servicios. Pero para ello, necesitan contar con más Presupuesto y no lo tienen. Por eso, urge en la próxima Legislatura un gran pacto sanitario, donde se asegure una mayor financiación (estatal y autonómica) para recuperar la sanidad pública,  que además se ha quedado tecnológicamente obsoleta por falta de inversiones. Sanidad privada sí, para el que pueda y quiera pagársela, pero no a costa del hundimiento de la sanidad pública. No negocien con nuestra salud.