Mostrando entradas con la etiqueta banca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta banca. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de febrero de 2026

El ahorro no renta

La mayor parte de la gente no puede ahorrar, porque muchos sueldos y pensiones son bajos y se los come la inflación. Pero los que sí ahorran tienen otro problema: apenas sacan rentabilidad a su dinero. Las familias españolas tienen 1,1 billones en cuentas corrientes y depósitos que apenas les rentan, para beneficio de los grandes bancos, que en 2025 ganaron 34.000 millones (+7%). Lo mismo pasa en Europa, donde las familias tienen 10 billones en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad. Y además, los que invierten se llevan su dinero a EEUU (300.000 millones al año). Por esto, la Comisión Europea ha recomendado a los paises que lancen una nueva Cuenta de ahorro e inversión, para fomentar que el ahorro se dirija a empresas y proyectos europeos innovadores. El Gobierno español ha abierto consultas para perfilar esta cuenta, pero la banca intenta “desinflarla”, para que no atraiga dinero de depósitos, Fondos y Planes que les reportan altos beneficios. Atentos a esta futura cuenta, donde Europa se juega financiar su futuro.

                            Enrique Ortega

Los europeos somos los ciudadanos occidentales que más ahorramos, sólo superados por algunos paises del Golfo y Asia. En el tercer trimestre de 2025, los ciudadanos de los 20 paises euro ahorraron el 15,1% de su renta bruta disponible (el 14,6% la UE-27), muy por delante del 5% que ahorraron en EEUU, el 3,5% de Canadá, el 10% en Reino Unido, el 1% en Japón o el 5% en Corea del Sur (ojo: 43,4% es la tasa de ahorro en China). El ahorro de los europeos (UE-27), alto desde hace décadas, se disparó con la pandemia (pasó del 12,7% de la renta bruta disponible en 2019 al 25,1% en 2020, el récord del siglo), para bajar después en 2021 (16,6%) y 2022 (12,71%), al dispararse la inflación tras la invasión de Ucrania. Pero luego ha subido en 2023 (13,70%), 2024 (14,54%) y 2025 (14,6% en el tercer trimestre de 2025), según Eurostat. Las causas de este alto nivel de ahorro de los europeos son que priorizamos la seguridad frente a la rentabilidad, empujados por el progresivo envejecimiento y la baja formación financiera. Además, el BCE señala que en los últimos años han aumentado los ingresos de una parte de los europeos por rentas de intereses, dividendos y alquileres, aumentando su capacidad de ahorro.

Dentro de Europa, el país con la mayor tasa de ahorro es Alemania (ahorran el 19,4% de su renta), seguido por Francia (18,6%), Austria (17,34%), Paises Bajos (14,77%) y Bélgica (14,02%), por delante del ahorro en España (el 12,8% de la renta bruta disponible al inicio de 2025), que supera en ahorro a Italia (12%) y Portugal (12,4%), según Eurostat. La media de ahorro en Europa (UE-27) está en el 14,6%, la más alta desde 2021 (17,69%).

En España, la tasa de ahorro de los hogares ha sido tradicionalmente baja, con una media de ahorro del 8,7% de la renta bruta disponible entre 1999 y 2019, básicamente porque los sueldos son más bajos que en el resto de Europa, la inflación alta y muchas familias han optado por comprar una vivienda antes que ahorrar. Pero en 2020, con la pandemia, se frenó el consumo y se disparó el ahorro, hasta el 14,8% de la renta bruta disponible en 2020 (7,4% en 2019). Posteriormente, el ahorro ha ido bajando, en 2021 (13,8%), 2022 (7,2%) y 2023 (11,7%), para subir algo en 2024 (13,6% de ahorro). Y volvió a bajar en 2025, alcanzando un 12% de ahorro sobre la renta bruta disponible el tercer trimestre de 2025, según el INE.

Esta mayor tasa de ahorro en España (12% frente al 8,7% de media entre 1999 y 2019) se explica por varias razones: hay más gente trabajando (casi 2,5 millones más que en 2019), con contratos más estables y algo mejor pagados, que ahora han ganado algo poder adquisitivo por una inflación más moderada (+3,5% subieron los salarios en 2025, frente a una inflación media del 2,7%) y hemos tenido unos tipos de interés altos (por encima del 4% una buena parte de 2023 y 2024), lo que anima al ahorro, junto a las fuertes subidas de las Bolsas.

Pero ¿quién puede ahorrar en España? Sólo el 43,7% de los españoles ahorran de forma habitual, mientras el 19,4% no ahorran nunca y el 36,9% sólo algunos meses, según un estudio de Triodos Bank. Y entre estos que ahorran algo, el 39,5% solo consiguen ahorrar el 10% de su salario y sólo el 20,3% ahorran el 20% de sus ingresos, el porcentaje que recomiendan los expertos y que pocos pueden cumplir, básicamente porque la mayoría tiene bajos salarios (el 70% de los asalariados gana menos de 2.659 euros brutos) y pensiones (la mitad son inferiores al salario mínimo, menores de 1.184 euros mensuales), mientras la inflación se ha disparado en los últimos años (+23,5% entre 2020 y 2025), sobre todo los alquileres (+35%).

Si ahorrar es difícil, el gran problema que tienen los que lo consiguen es sacar una cierta rentabilidad a sus ahorros, algo que la mayoría no consigue. Básicamente, porque un tercio del ahorro de los españoles (el 32,81% en 2025, según INVERCO) está en  cuentas corrientes y depósitos, que apenas dan rentabilidad: en diciembre de 2015, según el Banco de España, las familias tenían 1.094.300 millones metidos en cuentas a la vista (con el 0,14% de rentabilidad) y depósitos a plazo (1,64% de rentabilidad), una cifra de “ahorro conservador” que ha aumentado tras la pandemia (había 853.200 millones en cuentas y depósitos en 2019). Eso significa que este ahorro no renta nada (los escasos intereses se los come la inflación). Y los ahorradores no los mueven a otro lado por miedo al riesgo y porque no tienen “cultura financiera” (España es el 4º país europeo con menos formación financiera).

Otra parte del ahorro (567.500 millones en 2025, el 17,06% del total) lo tienen las familias en Fondos de inversión, un producto que está siendo rentable estos años pero por el que pagan altas comisiones anuales a las gestoras (bancos). Y otra parte del ahorro (390.515 millones, el 11,74% del total) está en Bolsa, en acciones, que estos años reportan altas plusvalías (el Ibex ha subido un +49,27% en 2025), pero que es una inversión poco elegida por los ahorradores, por miedo a otra debacle: sólo el 12% de los españoles invierte en Bolsa, frente al 19% los europeos y el 55% los norteamericanos. 

Y otra parte del ahorro va a contratar Planes de pensiones y seguros de vida o de ahorro, donde había 255.329 millones de euros en 2025 (el 7,7% del total invertido). En conjunto, los activos financieros de las familias, la inversión de su ahorro alcanzó los 3.324.603 millones de euros en 2025 (3,3 billones), según Inverco, el triple de lo que tenían a principios de siglo (1,03 billones) y un 31,8% más del valor de sus activos en 2019. Pero el problema, insisto, en que la mayor parte de este dinero renta poco a los ahorradores, salvo en Bolsa (últimamente) y algunos Fondos (con altas comisiones).

Esta baja rentabilidad de buena parte del ahorro le viene muy bien a la banca, que apenas remunera las cuentas corrientes y depósitos, no sólo ahora (donde lo más que ofrecen por un depósito a plazo, con muchos condicionantes, es el 2%)  sino cuando el tipo oficial del dinero superaba el 4%. Gracias a eso y al aumento de las comisiones (por Fondos, acciones y seguros, más tarjetas y cuentas), la banca española lleva varios años con altísimos beneficios, en buena parte gracias a los ahorradores: en 2021, los 6 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) ganaron 20.003 millones, en 2022 otros 20.850 millones, en 2023 ganaron 26.088 millones (+26%), en 2024 otros 31.768 millones (+21,7%) y en 2025 han ganado 34.000 millones (+7%). Si sumamos, el beneficio de los 6 grandes bancos ha sido de 132.709 millones en los últimos 5 años…

Pero esta baja rentabilidad del ahorro no es un problema sólo de España. En Europa se estima que los ahorradores tienen concentrados 10 billones de euros en depósitos con bajos rendimientos, lo que supone un 31,2% del ahorro en inversiones con baja rentabilidad, un porcentaje que es casi la tercera parte en EEUU (sólo tienen el 12% en cuentas y depósitos con bajo interés). Pero además, Europa tiene otro problema: ahorramos mucho, pero una buena parte de ese ahorro se va fuera, sobre todo a las empresas tecnológicas y a las Bolsas de EEUU. El informe Letta ya alertó hace un par de años que si los europeos ahorran 1,2 billones al año, la cuarta parte (300.000 millones anuales) se van a EEUU. 

Así que el problema del ahorro en Europa es doble: un 34% está poco remunerado y la cuarta parte se fuga a USA, mientras nuestro continente tiene un déficit de inversión, sobre todo en nuevas tecnologías e innovación. Por eso, el 18 de marzo de 2025, la Comisión Europea lanzó una iniciativa, la Unión de Ahorro e Inversiones, “para canalizar cientos de miles de millones de euros de nuevas inversiones hacia la economía europea”. El objetivo es avanzar en la integración financiera de Europa (ahora hay 27 mercados diferentes), con una estrategia apoyada en 3 ejes: avanzar hacia un mercado financiero único, ofrecer a los ahorradores unos activos financieros más atractivos y dirigidos a Europa (con el sello “Finance Europe) y mejorar la educación financiera de los europeos (sólo el 18% tienen un alto nivel).

Avanzando en esta Estrategia, la Comisión Europea aprobó el 30 de septiembre de 2025 una Recomendación a los paises miembros para “lanzar una cuenta de ahorro e inversión en toda la UE”, para conseguir el traspaso de buena parte del dinero que está colocado en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad a los mercados de capitales (Bolsas), con un segundo objetivo de que ese ahorro se quede en Europa, para financiar las enormes inversiones necesarias en reindustrialización, Defensa, tecnología, digitalización y energías renovables, donde Europa necesita invertir 750.000 millones de euros anuales, según el Informe Draghi.

Tras esta Recomendación, son los paises los que tienen la competencia de crear esa nueva Cuenta de Ahorro e Inversión con el sello “Finance Europe”. La Comisión sólo exige tres condiciones a esa Cuenta: que la cartera de inversiones incluya al menos un 70% para empresas europeas, que el horizonte de inversión contemplados sea al menos de 5 años y que una parte sustancial de la Cuenta se invierta en Bolsa.

El Gobierno español ha abierto en enero un  periodo de reflexión sobre esta nueva Cuenta europea de ahorro e inversión, dirigido a las Bolsas, los bancos e instituciones, también abierta a particulares. Y tras cerrar este proceso el 30 de enero, el ministro de Economía estudia ahora una propuesta para enviar a Bruselas, como los demás paises. El problema va a estar en la banca (española y europea), porque esta Cuenta le puede quitar mucho del ahorro que ahora está (improductivo) en cuentas corrientes y depósitos, desviándolo a la renta fija (deuda) y a las Bolsas. Por eso, ahora están presionando para “desinflar” esta Cuenta, en España y en el resto de Europa, y quitarle atractivos (uno de ellos será su fiscalidad, su tributación, que Bruselas quiere sea baja y con incentivos al ahorro dirigido a inversiones europeas).

Esta futura Cuenta de ahorro e inversión europea parece “un tema técnico”, pero es clave para Europa y para España, porque puede ayudar a conseguir dos objetivos claves: que los europeos ahorren con más rentabilidad y que Europa cuente con la inversión de los europeos, reteniendo aquí el ahorro necesario para modernizar la economía europea y conseguir competir con USA y China. El ahorro es la gasolina de la inversión y necesitamos que compense más ahorrar y que ese dinero no se fugue y se quede en Europa. Por eso es clave que esta Cuenta europea sea atractiva, sencilla y rentable. A ver qué pasa.  

jueves, 24 de junio de 2021

A gastar tocan

El 1 de julio empiezan las rebajas de verano y las tiendas y grandes almacenes buscan que nos lancemos a comprar, tras el parón de la pandemia. Los españoles tienen “ganas de gastar y ya se ve en bares y restaurantes, tiendas, compras con tarjeta y viajes, aunque todavía no se recuperan las ventas de coches y electrónica. La “gasolina” del consumo es el ahorro acumulado por las familias durante la pandemia, el mayor en la historia reciente y el 4º mayor en Occidente. Para animar las compras, la banca se ha lanzado a una campaña de créditos personales. Y el 71% de los españoles piensan irse de vacaciones, aunque la mayoría se quedará en España y gastará algo menos. Este relanzamiento del consumo de las familias, sobre todo este verano, es clave para la recuperación, porque aporta el 57,3% del crecimiento del PIB. Para no ponerla en peligro, hay que seguir bajando los contagios, controlar la inflación y mejorar el empleo. A gastar tocan.

Enrique Ortega

La pandemia ha disparado el ahorro en todo el mundo, por el confinamiento, la menor movilidad y el miedo al futuro, aunque muchas familias no han podido meter en la hucha porque han perdido ingresos y empleos. En conjunto, el mundo ha ahorrado 4,5 billones de euros durante la pandemia, el 6% del PIB mundial, según Moody´s. Un ahorro que ha sido desigual, por paises y por familias. Ha sido mayor en Estados Unidos (1,35 billones), por los enormes estímulos aprobados por el Gobierno (4 billones de euros en un año) y menor en Europa (400.000 millones ahorrados). Y por paises, los que más han ahorrado durante la pandemia han sido EEUU (el 12% de su PIB), Reino Unido (10%), Canadá (9,5%) y España (8% del PIB), por delante de la media mundial (6% del PIB) y la europea (4,4% del PIB ahorrado), también más que Alemania o Italia (6%) o Francia (5%).

La otra característica del ahorro durante la pandemia es que ha sido muy desigual por familias, concentrándose más en los hogares con ingresos medios y altos, que son los que han visto reducir menos sus ingresos. De hecho, en EEUU, dos tercios del ahorro total se han concentrado en el 40% de familias con más ingresos, según Moody´s. Y lo mismo ha pasado  en Europa y España, donde la pandemia ha disparado el ahorro pero también la desigualdad. Dos datos reveladores. Uno, en 2020, el mundo ha sumado 5,2 millones de millonarios en dólares (han subido de 50,9 a 56,1). Y dos, en España  hay ya 1.147.000 millonarios (tienen más de 1 millón de dólares), según el informe de Credit Suisse.

En España, el ahorro de las familias se ha disparado con la pandemia: los hogares han ahorrado el 14,8% de su renta disponible en 2020, según el INE, el mayor porcentaje en este siglo y desde que se tienen estadísticas, más del doble de lo que ahorraron en 2019 (el 6,3%), a pesar de que las familias ingresaron menos (-3,3%). El ahorro fue a más trimestre a trimestre, disparándose sobre todo en el último trimestre (ahorraron un 19%  de su renta en plenas Navidades) y alcanzando un ahorro total de 108.844 millones en todo 2020. La mayor parte de este ahorro (67.200 millones) fue a los bancos, a cuentas y depósitos, donde los españoles tenían a finales de 2020 un total de 919.054 millones depositados, un récord histórico. Y otra parte (37.000 millones) lo invirtieron en Bolsa y Fondos, aprovechando la gran bajada de cotizaciones de los valores el año pasado. Y el mayor ahorro se ha concentrado durante la pandemia en las rentas más altas, según este informe del Banco de España.

Este “ahorro embalsado” de las familias durante la pandemia empieza a gastarse ahora, desde marzo de 2021, según varios indicadores sobre consumo y ventas. Y se ha confirmado en mayo, con un aumento del gasto en tarjetas del +19% sobre mayo de 2019, según los datos de clientes de CaixaBank y BBVA. Este repunte del consumo, alimentado por el ahorro generado durante la pandemia, lo hemos visto en bares y restaurantes, en tiendas y en los viajes de fin de semana. Ahora se espera que el repunte del consumo aflore con las rebajas de julio, donde tiendas y grandes almacenes esperan un fuerte aumento de ventas (han contratado a 140.000 personas), aunque todavía serán menores a las de 2019. Y queda recuperar la venta de electrónica, bienes de consumo duradero y, sobre todo, las ventas de coches, que todavía son un 36% inferiores a las de 2019 (enero-mayo).

La esperanza es que el ahorro embalsado durante la pandemia aflore más este verano y sea “la gasolina” para un fuerte repunte del consumo en el tercer trimestre, que se mantenga después en Navidades. La previsión de BBVA Research es que el consumo de las familias crezca este año un +6,1%, tras haber caído un -12,1% en 2020, según el INE. Y que se mantenga creciendo un +6,8% en 2022, consiguiendo recuperar el nivel de consumo anterior a la crisis en el 2º semestre del año que viene, no antes. Y este repunte del consumo de las familias es clave para conseguir la recuperación de la economía, porque supone el 57,3% del crecimiento del PIB español. El resto del crecimiento esperado  (+5,5% en 2021) tiene que venir de las exportaciones, el consumo público y la inversión (pública y privada), alimentada por un Presupuesto expansivo y los Fondos europeos (19.000 millones este año).

Para relanzar este consumo de las familias, un factor clave son las vacaciones de los españoles. El objetivo del sector turístico (Exceltur) es conseguir un 90% de la ocupación turística del turismo nacional que hubo en 2019. De momento, parece que hay “ganas de irse de vacaciones”, tras tantos meses de escasa movilidad, aunque no todo el mundo piensa en viajar este verano: sólo lo harán el 71% de los españoles, según una reciente encuesta del Observatorio Nacional de Turismo emisor. El 29% restante no viajará, la mayoría por su situación económica (el 40%), otros por miedo a la pandemia (el 24%), un 15% más porque “así” no les resulta atractivo viajar y el resto porque trabajan o no pueden. Del 71% de españoles que sí viajarán este verano, la mayoría (77%) se quedará en España y optarán por el clásico “sol y playa” pero también por “destinos rurales”. La mayoría se irá de vacaciones en coche (79%) o avión (20%), una semana (56%) y sólo unos pocos (18%) dos semanas. Un tercio irá a un hotel (32%), otros tantos (32%) a su apartamento, un 22% a un apartamento, un 6% a una casa rural y un 4% a un camping (4%). Y gastarán de media 566 euros por persona, bastante menos que en 2019 (719 euros por persona).

Los españoles suponen la mitad del negocio del sector turístico. La otra mitad  del gasto lo hacen los extranjeros, que este verano volverán en parte: se esperan 45 millones de turistas extranjeros este año, más del doble que en 2020 (18,96 millones) y algo más de la mitad de turistas que antes de la pandemia (83,7 millones en 2019). Y su gasto salvará parte del negocio turístico español este año: los extranjeros podrían gastar 40.000 millones de euros en 2021, según Exceltur, el doble que el año pasado y menos de la mitad del gasto que hicieron los turistas extranjeros en 2019 (92.237 millones).

Ante este repunte del consumo de las familias, los bancos se preparan para aprovecharlo y financiar parte de las compras y viajes. Ya hay una “mini-guerra” entre las entidades con  ofertas de créditos personales, un negocio que les deja altos márgenes, con tipos que rondan el 7,90% TAE (cuando el dinero les cuesta el 0%). Se trata de créditos preconcedidos a los clientes vinculados y créditos rápidos, de 2.000 a 60.000 euros, algunos con una “tarifa plana mensual” a cambio de cero intereses. Y la otra vía de financiación son las tarjetas de crédito, cuyo uso ha crecido un 10% en los últimos meses. Aquí, muchas entidades tratan de colocar a los clientes las tarjetas “revolving, que parecen más fáciles de pagar (se paga una cantidad al mes, no todo lo gastado en el mes anterior, como los tarjetas de crédito tradicionales) pero que en realidad son un crédito que se renueva mes a mes, a costa de altísimos intereses, que llegan hasta el 20% TAE (a partir de este 20%, el tipo de interés sería “usurario”, según la sentencia del Supremo) y más, según denuncian asociaciones de consumidores.

Los bancos también han redoblado su oferta de hipotecas, para aprovechar una mayor demanda ahora, pasado lo peor de la pandemia y aprovechando la bajada de algunos pisos. En marzo de 2021 se concedieron 36.886 hipotecas sobre viviendas, un 35,1% más que un año antes, con un importe medio de 137.129 euros por hipoteca. Aquí, la batalla de la banca es conseguir que los clientes firmen una hipoteca a tipo fijo, a un tipo medio que ronda el 2,75% TAE, en lugar de una hipoteca a tipo variable, que está al Euribor+0,99% (-0,486 el Euribor hoy más casi un 1% da un TAE del 0,51% para estas hipotecas). Las entidades juegan con el miedo a una futura subida de tipos para colocar esas hipotecas a tipo fijo a 20 años, que ya suponen más de la mitad (el 56%) de las nuevas hipotecas que se firman.

Con el ahorro acumulado durante la pandemia y la ayuda de créditos y tarjetas, el consumo repunta en los últimos tres meses y se espera que crezca más este verano, con el tirón del turismo y las vacaciones. Este consumo de las familias es clave para sostener la recuperación y permitir una mejora del crecimiento y el empleo en la segunda mitad de 2021. Pero hay dos riesgos. Uno sanitario: si repuntan los contagios este verano, por la mayor movilidad y la llegada de turistas extranjeros, las familias podrían frenar su consumo y sus viajes, frenando la recuperación. El otro, que se dispare la inflación y se coma parte del ahorro y del gasto previsto, por una subida extra de los precios turísticos, en bares y restaurantes, en los alimentos, los carburantes y en la energía (luz). Habría que “vigilar” esos precios, evitar que algunos sectores y empresas aumenten en exceso sus márgenes para compensar lo perdido con la pandemia. Sería asfixiar el consumo y la recuperación.

A corto plazo, las “ganas de gastar” tras la pandemia va a relanzar sin duda el consumo y la economía. Pero pasadas las “ansias iniciales”, a medio plazo, el consumo necesita asentarse en una mejora de ingresos de la mayoría de las familias, lo que exige mejorar el empleo y los salarios, estancados durante la pandemia. Y, sobre todo, una mejora de las expectativas: si los hogares ven que la pandemia se deja atrás, que las empresas vuelven a facturar y a vender más, si los trabajadores salen de los ERTEs y hay más empleo, volverá la confianza y aumentará el consumo de las familias y el crecimiento del país. Eso exige tiempo y que no haya sobresaltos, ni en la salud ni en la economía. Y que empiece a notarse, en unos meses, el impacto del mayor gasto público y los Fondos europeos. Por eso, hasta finales de 2022 no volveremos a gastar ni a estar como antes de la pandemia. Paciencia.

jueves, 6 de mayo de 2021

Banca: despidos escandalosos

En plena pandemia, mientras la mayoría de empresas tratan de salvar sus empleos, los grandes bancos españoles planean despedir este año a 21.000 empleados, el 11,2% de su plantilla. Y no es por la actual crisis (ya tienen beneficios), sino por el ajuste del negocio y las fusiones que el Gobierno apoyó, aunque ahora critique los despidos. Y los sindicatos (que han pactado otros 100.000 despidos antes) amenazan con movilizaciones porque ahora les bajan las indemnizaciones… El problema de fondo es que la banca tiene que cambiar totalmente su modelo de negocio, ante la competencia de los bancos online y los gigantes de Internet, porque así no sobreviven ni con la cuarta parte de plantilla. Y es un escándalo que despidan en plena crisis, cuando han recibido ayudas públicas y tienen elevados beneficios para repartir dividendos a sus accionistas y pagar sueldos y bonus estratosféricos a sus directivos. Y encima, nos dejan sin servicio en media España y nos “fríen” a comisiones a los clientes. Necesitamos “otra banca”.

Enrique Ortega

Seguimos pagando los platos rotos de la “burbuja financiera” que se creó en España a comienzos de este siglo y que estalló en 2008. A finales del siglo XX y comienzos del XXI, bancos y Cajas se lanzaron a una loca carrera por dar crédito, sobre todo al ladrillo, lo que les permitió conseguir 122.438 millones de euros de beneficios entre 2000 y 2008, el triple que en la década anterior. Para ello, llenaron España de sucursales (de 25.786 en 1980 a 45.707 en septiembre de 2008) y de empleados (pasaron de 226.804 a 276.497 en 2008). Pero entre 2008 y 2010 estalló la burbuja y bancos y Cajas comenzaron los ajustes, cerrando sucursales (18.778 entre 2008 y 2016) y despidiendo personal, año tras año: 9.114 en 2009, 5.994 en 2010, 15.433 en 2011, 11.664 en 2012, 18.339 en 2013 (el récord hasta 2021), 14.297 en 2014, 5.100 en 2015 y 9.574 en 2016. Y no se paró ahí, porque han seguido cerrando sucursales y ajustando plantillas hasta 2019. En total, bancos y Cajas han cerrado 23.073 sucursales (el 50,5%) y despedido 94.922 empleados (el 34%).

Este duro proceso de ajuste, junto a los cierres y absorciones de entidades por la crisis financiera de 2013, les ha permitido mantener un alto nivel de beneficios: 100.604 millones ganados entre 2009 y 2019. Pero cada vez les resulta más difícil ganar más, porque el negocio bancario se ha complicado. Por un lado, apenas hay demanda de crédito, porque empresas y bancos salieron escaldados de endeudarse, y encima los tipos de interés están en el 0%, con lo que su margen bancario se resiente. Y por otro lado, cada vez tienen más competencia, de nuevos financiadores de empresas y particulares,  nuevos bancos online sin estructura que les quitan clientes y los gigantes de Internet (Apple, Google, Amazon, Facebook) y las telecos, que ofrecen servicios financieros. La solución que ven es lanzarse a nuevas fusiones, ganar tamaño para competir mejor. Pero las fusiones tienen un problema: se duplican sucursales y personal: hay que hacer más recortes.

Y así llegamos a 2021, en que hay que ejecutar los despidos y cierres de sucursales derivados de las fusiones anteriores, tras el paréntesis de 2020, por la pandemia. CaixaBank anuncia primero 8.291 despidos (que ahora reduce en 500), el tercer ERE en 2 años, fruto de la absorción de Bankia (culminada en marzo de 2021). Dos días después es BBVA el que anuncia 3.800 despidos (que también reduce luego en 350). Y Santander ya ha negociado el despido de 3.572 empleados más, el tercer ERE en 6 años, esta vez como consecuencia de la absorción en 2018 del Popular. Y quedan los despidos de 1.800 empleados del Sabadell, 750 despidos más de Ibercaja y 2.000 más por la fusión de Unicaja y Liberbank. En total, los expertos creen que habrá 21.000 despidos en la banca este año 2021, lo que supone un 11,5% de sus ya menguadas plantillas (181.575 empleados). Y en paralelo, se cerrarán este año otras 4.000 sucursales más (de las 22.589 que quedaban).

Varios ministros del Gobierno han criticado estos despidos en un año de pandemia, donde “no estamos para despidos”. Pero este Gobierno apoyó con entusiasmo la fusión de CaixaBank con Bankia (y antes la absorción del Popular), aunque sabían que iban a acarrear despidos. Y choca también la crítica de los sindicatos bancarios, que amenazan ahora con “movilizaciones, cuando han pactado antes sin problemas casi 100.000 despidos desde 2008. La diferencia está en que los despidos actuales ofrecen menos indemnizaciones y eso es lo que critican, no los despidos. De hecho, los EREs de la banca han sido “un chollo” para los despedidos, que han disfrutado de condiciones que ya querrían el resto de despedidos: indemnizarles con el 65 al 80 % del sueldo, apuntarse al paro a los 58 y jubilarse anticipadamente a los 63 años. Ahora, Caixabank ofrece bajas indemnizaciones (20 días por año y hasta el 50% del sueldo) y la mitad de los despedidos son menores de 50 años, que no podrán jubilarse anticipadamente. Y además, CaixaBank empeora también las condiciones de los empleados que se quedan: les quita pagas (una curiosa, “por defunción de familiares”), ayudas por natalidad, recorta las mejoras salariales y, sobre todo, reduce la aportación del Plan de pensiones de los empleados. Por eso tanta protesta.

Estos nuevos despidos de los grandes bancos son escandalosos por varias razones. La primera, porque España no está para despidos masivos, con casi 4 millones de parados y una tasa de paro que duplica con creces la europea. Y se fomentan las jubilaciones anticipadas, que quiere penalizar la prometida reforma de las pensiones. Además, no se hacen porque la banca tenga pérdidas. En 2020, el año de mayor recesión económica (-10,8%) desde la guerra civil, todos los grandes bancos tuvieron beneficios (1.361 millones CaixaBank, 230 millones Bankia, 1.305 millones BBVA), salvo el Santander (-8.771), que apuntó pérdidas por una actualización del Fondo de comercio de sus filiales y por provisiones extras. Pero en 2021, los beneficios de la banca se disparan. El Santander los ha multiplicado por 5 en el primer trimestre , mientras BBVA ha ganado 1.210 millones (perdió 1.792 el primer trimestre de 2020). Y lo mismo CaixaBank, que ha multiplicado también por 5 sus beneficios este primer trimestre (+514 frente a +90 el año pasado. Mientras, FACSET prevé que los 7 grandes mejoren un 60% sus beneficios y ganen este año 15.000 millones de euros.

Pero además, estos despidos son un escándalo porque algunos reducen plantilla cuando han recibido ayudas públicas, como CaixaBank, que se queda con una Bankia donde los españoles han puesto 24.000 millones de ayudas públicas (que ya veremos si recuperamos). Y la fusión le permite además a CaixaBank conseguir beneficios fiscales, ahorrarse 7.400 millones en impuestos. Y también conseguirá otros 7.878 millones de beneficios extraordinarios, por el fondo de comercio negativo: la diferencia entre lo que CaixaBank paga y su valor en libros se computará como beneficio contable. Y estas ayudas fiscales y contables han beneficiado también en estos años, de una u otra forma,  a Santander, BBVA o Sabadell, que han absorbido Cajas y bancos en crisis.

Otra razón por la que estos despidos son escandalosos es que la banca los justifica para reducir costes y equilibrar sus cuentas cuando llevan décadas destinando entre un 40 y un 50% del beneficio neto a pagar dividendos a los accionistas, no a reducirlos para reconvertirse y competir mejor. En 2019, repartieron 7.300 millones en dividendos (el 44% del beneficio de 2018), que podrían haber ido a evitar los 5.607 despidos de ese año. En 2020 repartieron menos, unos 2.000 millones, porque el BCE aprobó una recomendación el 27 de marzo para que renunciaran al pago de dividendos y la recompra de acciones, para “garantizar la solvencia y la financiación”. Pero algunas Juntas de accionistas ya lo habían aprobado para esa fecha y así BBVA, Sabadell, Bankia, Abanca, Ibercaja y Cajamar repartieron todo el dividendo en el primer trimestre de 2020 (con cargo a los beneficios 2019). Y sólo Santander y CaixaBank recortaron la cuantía, según el Banco de España. Ahora, tras este lapsus, van a repartir de nuevo dividendos en abril y mayo, un 15% de los beneficios de 2019 y 2020. Sí hay dinero para pagar a los accionistas, no para mantener las plantillas.

La cuarta razón por la que estos despidos bancarios son un escándalo es que contrastan con los sueldos millonarios y los “bonus” (primas) de los directivos bancarios, que están entre los banqueros mejor pagados de Europa (ver cuadro) . Mientras el BBVA despide 3.450 nuevos empleados este año, su presidente ganó 4,09 millones en 2020 (tuvo el detalle de bajarse el sueldo, por la pandemia, desde los 7,28 millones en 2019) y su consejero delegado 3,43 millones (6,19 en 2019), más bonus, acciones y planes de pensiones. Y mientras Caixabank despide a otros 7.791 empleados (y recorta ingresos al resto), su consejero delegado gana 2,83 millones (3,76 millones en 2019) y el nuevo presidente Goirigolzarri (que era el de Bankia) ha triplicado su sueldo (de 500.000 a 1,65 millones). Y lo mismo en el Santander (6,82 millones la presidenta y 6,02 millones el consejero delegado) y en el Sabadell (1,99 y 1,46 millones), sin olvidar los sueldos y bonus de sus ejecutivos.

Y además, el cierre de sucursales (a finales de 2021 habrá 18.500, el 40% de las que había en 2008) y los despidos (habrá 160.500 empleados, el 58% que en 2008) perjudicarán al servicio que se ofrece a la mayoría de los clientes. La patronal bancaria siempre argumenta que España tiene muchas más oficinas que el resto de Europa (1 por 1.700 habitantes frente a 1 por 5.000 en Alemania), pero olvidan decir que aquí hay más dispersión de población. Y que tenemos menos empleados de banca por habitante: 37 por 100.000 habitantes frente a 54 de media en la UE-27. Y además, la reconversión bancaria se ha cebado más en la España rural: la mitad de los municipios españoles (4.114 municipios) no tienen oficina bancaria, según un estudio de IVIE. Y ese dato sube al 80% de los pueblos en 6 provincias (Ávila, Salamanca, Guadalajara, Segovia y Soria), a más del 75% de los municipios en otras tres (Burgos, Valladolid y Zamora) y al 60% de los pueblos en Cuenca o Teruel. Y además, con los últimos cierres y los que habrá en 2021, los más afectados por la falta de sucursales, cajeros y empleados son las grandes ciudades, en especial Madrid y Barcelona.

El ajuste de la banca no sólo nos afecta a los clientes porque nos atienden peor, al contar con menos sucursales y empleados, sino que sobre todo lo notamos en que intentan cobrarnos más comisiones, para compensar lo que no ingresan por créditos e hipotecas. Ya en 2020, los 5 grandes bancos consiguieron 23.666 millones de euros por cobro de comisiones, más de la cuarta parte (un 27,67%) de su margen bruto. Y el Banco de España les anima incluso a seguir subiéndolas, para mantener sus beneficios. Con ello, los 10 principales bancos españoles cobran de media 140 euros al año de comisiones a sus clientes menos vinculados, un coste que varía entre los que más cargan comisiones (Caixa Bank y Santander, una media de 240 euros al año) y el que menos (45 euros de comisiones Bankinter), con 120 euros el Sabadell y otros (ver cuadro con lo que cobran las entidades). Y ahora, con la crisis, BBVA, Santander y CaixaBank han dado “una vuelta de tuerca” a sus clientes, exigiéndoles que contraten más servicios para no cobrarles más comisiones.

Con la crisis financiera y los cierres y despidos de 2013, bancos y Cajas empeoraron su imagen pública ante los clientes: “La reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, dijo en 2015 Gonzalo Gortázar, hoy consejero delegado del mayor banco de España, Caixabank. Y desde entonces, no ha mejorado, con los despidos, cierres y cobro de comisiones. De hecho, “los clientes desconfían más de su banco tras la COVID por el cobro de comisiones”, según un reciente estudio “Emociones de la banca 2021”. Así, tienen aún más difícil competir, sobre todo entre los jóvenes, con los neobancos por Internet (N26, Qonto, Pleo, Vivid…), tarjetas y medios de pago online (PayPal, Vialet, Nickel) , nuevas financieras (hay 403 Fintech), telecos que ofrecen cuentas y créditos (Orange, Movistar) y los grandes de Internet (Google, Amazon, Apple).

El problema de la banca española no es que tenga muchos empleados o sucursales: ni siquiera con la cuarta parte de su plantilla puede afrontar los bajos tipos de interés, la escasa demanda de crédito y el reto tecnológico. No es una cuestión de recortar costes al máximo, sino de recomponer su negocio desde casi cero, repensarlo y diversificarlo totalmente. Y en ese camino, tendrán que reconvertir sus plantillas no suprimirlas (formarlas en otro negocio) y recomponer sus relaciones con los accionistas (el beneficio tendrá que ir a cimentar un nuevo futuro) y el sueldo de sus directivos. Y, sobre todo, el servicio que prestan a los clientes y lo que cobran por ello, en un mundo de servicios low cost y gratuitos. En paralelo, los Gobiernos tendrán que asegurar otros canales de financiación a empresas y particulares, no sólo dejarnos en manos de la banca. Y lo mismo el BCE y el Banco de España: tendrán que asegurar que el dinero (la sangre de la economía) fluye con flexibilidad y sin tanta especulación, con más oferta, no sólo 4 bancos que controlan dos tercios del mercado.

Necesitamos la banca, pero otra banca, más transparente, más eficiente y más justa, volcada en la recuperación y el empleo, no en destruirlo. Y necesitamos otras empresas que compitan con ellos en prestarnos múltiples servicios financieros, pero con más control público que ahora, para que no suframos más sustos y crisis. Controlar a quien mueve nuestro dinero es clave.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Tras el control horario, más horas extras (+gratis)


Desde el 12 de mayo, las empresas tienen obligación de llevar un control horario de entrada y salida de sus trabajadores, medida aprobada por el Gobierno Sánchez (con el apoyo legal del Tribunal de Justicia europeo) para frenar las horas extras. A pesar del fichaje obligatorio, en el 2º trimestre se han hecho más horas extras que en el 1º, según la EPA. Y también más horas extras gratis. Los sindicatos denuncian retrasos y fraude en la aplicación del control horario en muchas empresas. Y piden más inspectores, multas más altas y una reforma laboral que prohíba a los empresarios imponer horarios excesivos. El problema es grave porque estas horas extras impiden crear 180.000 nuevos empleos al año y, como muchas no cotizan, dejan a la Seguridad Social un “agujero” de 650 millones anuales. Más 1.800 millones que dejan de ganar los trabajadores que hacen horas gratis. Al final, trabajamos más horas que en Europa, para ganar menos y ser un país menos productivo.



En España hay una larga tradición de “hacer horas extras, como en toda la Europa del sur. Una fórmula para que los trabajadores “redondeen” sus ingresos (antes era el pluriempleo) y las empresas se ahorren costes y, sobre todo, cotizaciones sociales, con lo que ambas partes “colaboran”. Eso aumenta, de hecho, la jornada laboral efectiva. Así, la jornada media pactada en los convenios (marzo 2019) es de 148,6 horas al mes  (37,15 horas semanales), según el INE, pero más de la mitad de los ocupados trabajan más de 40 horas semanales efectivas: 8,81 millones (el 44,5% de los ocupados) trabajan de 40 a 49 horas semanales y otros 1,44 millones (el 7,3%) trabajan incluso más de 50 horas a la semana, según la EPA. Los que trabajan jornadas más largas son los jóvenes (el 55% tienen entre 25 y 34 años) y los empleados en hostelería, comercio, construcción y algunas industrias, sobre todo en Madrid, Baleares, Canarias, Cantabria y Galicia.

La jornada real de trabajo supera mayoritariamente las 40 horas porque, tras los drásticos recortes de plantillas entre 2008 y 2014, las empresas imponen jornadas más largas a los trabajadores que quedan (gracias a la reforma laboral de 2012) y también porque se están haciendo más horas extras, tras haberse reducido con la crisis. En los años de bonanza económica se llegó al récord de horas extras: 10,2 millones a la semana en el primer trimestre de 2008, según el INE. Pero luego estalló la recesión y las empresas recortaron las horas extras, bajándolas a la mitad, hasta un mínimo de 4,5 millones de horas semanales en el verano de 2012. A partir de ahí, la reforma laboral aprobada por Rajoy dio “amplios poderes” a los empresarios para fijar la jornada y las horas extras, que empezaron a subir, hasta los 6,5 millones de horas extras semanales en la primavera de 2015. Y en 2016 y 2017 se mantuvieron por encima de los 6 millones de horas extras semanales, alcanzándose un récord a finales de 2018, con 6.435.000 horas extras semanales, el récord desde 2009.

Lo llamativo no es sólo el récord de horas extras, sino que casi la mitad de las horas extras no se pagan: a finales de 2018, no se pagaron el 46% del total de horas extras, concretamente 2.962.000 horas semanales que se hicieron gratis, según la EPA. Un porcentaje mayor de horas gratis que antes de la crisis, ya que en 2008 no se pagaban el 40%. Estas horas extras trabajadas gratis suponen un importante ahorro de costes para las empresas: si el coste total de una hora de trabajo ronda los 20 euros (según el INE), con esas casi 3 millones de horas gratis, las empresas se ahorran 56 millones a la semana, 2.700 millones al año (descontando las semanas de vacaciones). Y los trabajadores pierden, al no cobrarlas, 13 euros por hora (coste salarial horario, según el INE), o sea 38 millones a la semana y 1.824 millones de euros al año. Pero es eso o la amenaza de despido.

Pero el abuso de las horas extras gratis tiene otros costes. Para la Seguridad Social, porque las empresas no cotizan por esas casi 3 millones de horas semanales gratis: UGT estima que se pierden 650 millones de euros anuales en cotizaciones. Una cifra clave para un sistema de pensiones que tiene un déficit de -19.000 millones de euros anuales. Además, los trabajadores que hacen horas extras gratis no sólo pierden ingresos sino también pierden derechos al cotizar por menos horas de las que realmente hacen: cobrarán menos al coger una baja laboral, en la indemnización por despido, al cobrar el desempleo y, sobre todo, al cobrar la pensión cuando se jubile.

Pero lo más grave de las horas extras (pagadas o gratis) es que “quitan trabajo” a parados que podían hacer esas tareas, ya que muchas empresas suplen el contratar a nuevos trabajadores alargando las jornadas de sus empleados con horas extras, pagadas o no. De hecho, si no se hicieran esas 6,43 millones de horas extras a la semana, las empresas necesitarían contratar a 173.216 nuevos trabajadores (contando las 37,15 horas de jornada media pactada). UGT estima que se podrían crear 180.000 nuevos empleos anuales a tiempo completo si no se realizaran horas extras. Una cifra muy importante para un país como España que tiene más del doble de paro que Europa (13,9% frente al 6,3% en la UE-28, según Eurostat).

Por todo esto, la batalla contra las horas extras lleva años siendo una obsesión de los sindicatos, sobre todo los de banca, porque las instituciones financieras las han utilizado mucho tras la crisis. En 2015 y 2016, la Audiencia Nacional dictó 3 sentencias que obligaban a la banca a llevar un registro de jornada para comprobar horarios y horas extras. Pero la banca afectada (Bankia, Sabadell y Abanca) las recurrió y finalmente el Tribunal Supremo les dio la razón, en 2 sentencias (23 de marzo y 30 de abril de 2017) que anulaban la obligación del registro diario  de jornada, señalando que las empresas solo debían llevar un registro de horas extras y comunicárselo cada mes a los trabajadores afectados. Pero la “batalla legal” no acabó aquí, porque la Audiencia Nacional, a raíz de un nuevo recurso sindical en Deutsche Bank, dictó un auto, el 19 de enero de 2018, donde trasladaba la cuestión al Tribunal de Justicia de la UE. Y el 31 de enero de 2019, el abogado general de la UE daba la razón a los sindicatos y proponía al Tribunal de la UE que declare que “la Carta Social Europea y la Directiva 2003/88 imponen a las empresas la obligación de implantar un sistema de cómputode jornada laboral”, sentencia que se espera en los próximos meses.

Con este apoyo legal europeo, el Gobierno Sánchez (en funciones)  aprobó el 8 de marzo de 2019 un nuevo real decreto-ley sobre control de horarios, pactado con los sindicatos y al que se opuso la patronal CEOE. Un decreto convalidado el 3 de abril por la Diputación permanente del Congreso, con el apoyo de PSOE y Podemos, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra del PP. La nueva normativa obligaba a las empresas a establecer un registro diario de jornada desde el 12 de mayo donde se especifique la hora de entrada y de salida y que deben guardar 4 años. Este registro de jornada debe estar a disposición del trabajador, los sindicatos y la inspección de trabajo, que lo lleva pidiendo muchos años. Y establece sanciones a las empresas que incumplan, de 626 a un máximo de 6.250 euros de multa.

La patronal y muchas empresas han criticado este registro de jornada, que se ha ido aplicando con muchos retrasos y dudas, a pesar de que el Ministerio de Trabajo publicara en su web esta Guía para aplicarlo. Y los sindicatos han denunciado retrasos y fraudes, sobre todo en pequeñas empresas que no lo aplican o llevan un control manual a posteriori. Quizás por todo esto, el control horario ha sido poco efectivo hasta ahora, al menos no ha servido para reducir las horas extras, que han aumentado en el 2º trimestre, según la EPA: han pasado de 5.679.400 horas extras semanales en el primer trimestre a 6.020.700 en el segundo. Y dentro de ellas, han aumentado también las horas extras gratis y su peso: de 2.636.700 (el 41,6% del total) a  2.912.600 (el 48,37% de las horas extras). Eso sí, lo positivo es que en la primera mitad de 2019 se han hecho menos horas extras totales (5.549.300 semanales) que en el primer semestre de 2018 (5.824.000).

Viendo los datos de la EPA, los sectores que han aumentado sus horas extras (pagadas y gratis) en el segundo trimestre, a pesar del control horario, son la hostelería (+99.100 horas extras semanales), el ocio y entretenimiento (+71.600), la educación (+52.100) la industria (+49.500 horas extras), la construcción (+45.000), información y comunicación (+38.200), la administración pública (+37.500),  y el transporte (+14.900), bajándolas el comercio (-88.200 horas extras semanales), actividades profesionales (-75.200), banca y seguros (-14.200) y sanidad (-5.500 horas). Con todo, los sectores donde se hacen más horas extras son la industria (424.200 horas semanales), la hostelería (377.500), la educación (294.800), el comercio (239.200), las actividades profesionales (212.900), la información y comunicaciones (192.500), y las finanzas y seguros (166.700 horas semanales). Dos tercios de las horas extras (66%) las hacen los hombres y el resto las mujeres, que han bajado sus horas extras.

En realidad, los que hacen horas extras son una minoría de trabajadores: 764.100 empleados en el 2º trimestre de 2019, según la EPA, un 4,57% de los asalariados (en el primer trimestre eran 735.500, el 4,49%). La mayoría de los que hacen horas extras tienen entre 30 y 49 años y trabajan en la hostelería, servicios profesionales y la industria. De ellos, la mayoría son los que hacen de 4 a 6 horas extras a la semana (216.100 asalariados), los que hacen de 10 a 12 horas semanales (145.700), de 1 a 3 horas (137.600) , de 7 a 9 horas (83.000) y 16 horas o más (83.000), mientras hay 73.000 asalariados que “no saben” cuantas horas extras hacen. De este grupo que hace horas extras, sólo la mitad, 329.700 asalariados hacen horas extras gratis, mientras otros 35.200 las hacen a la vez cobrando y gratis, según la EPA. Y entre los que hacen más horas gratis, vuelven a estar los profesionales y los que trabajan en hostelería, comercio y servicios.

Los sindicatos denuncian, además, que hay un enorme fraude en los horarios laborales, no sólo porque se hagan más horas de las pactadas sino porque hay sectores (hostelería, comercio, servicios) donde dominan los contratos a tiempo parcial y los trabajadores tienen un contrato por horas o media jornada y acaban haciendo la jornada completa, sin cobrar la mayoría de obras extras que hacen. De hecho, hay ya 2.951.500 ocupados con contrato a tiempo parcial (un 15%, casi 1 de cada 6 trabajadores), según la EPA. Las tres cuartas partes  son mujeres (2.186.200 trabajan a tiempo parcial, por horas o días), sobre todo en el comercio, hostelería, servicio doméstico y servicios.

A la vista de que el control horario no ha frenado las horas extras ni el fraude, los sindicatos piden medidas más efectivas, básicamente reforzar la inspección de Trabajo (tiene la mitad de plantilla que en Europa: 1 inspector por cada 15.000 asalariados frente a 1 por 7.300 trabajadores en la UE-28), aumentar las multas por no cumplir el registro horario (son muy bajas, de 626 a 6.250 euros, y a las empresas les compensa arriesgarse), introducir un mayor control horario en los convenios colectivos y, sobre todo, que el Gobierno apruebe una  reforma laboral que limite el enorme poder de fijación de horarios que les dio Rajoy a los empresarios en 2012. Más jornadas pactadas y menos abusos.

Reducir las horas extras es clave para crear más empleo. Y, en contraposición, tener una jornada laboral mayor que en Europa no nos ayuda a ser más competitivos. De hecho, la jornada laboral media en España era de 37,7 horas semanales en 2018, frente a 37,1 horas en la UE-28 y 36,5 horas semanales en la zona euro (trabajan 62,4 horas menos al año), según Eurostat. Y sin embargo, España está a la cola en productividad (ocupamos el lugar nº 26 en el ranking mundial del Foro Económico Mundial), somos el país nº 14 en Europa por renta per cápita y tenemos más del doble de paro. Porque ser más productivos y más ricos no depende de trabajar más horas sino de ser más eficientes, algo que depende del modelo económico (poca industria y demasiados servicios), del tamaño de las empresas (demasiadas pymes), del desarrollo tecnológico, de las infraestructuras, de las formación de los trabajadores y de la organización del trabajo (poco participativa en España). No vale con hacer horas y “calentar” el asiento.

Ahora, otra prioridad del futuro Gobierno debería ser hacer cumplir la normativa de los controles horarios y favorecer la reducción de las horas extras, aflorando el fraude y penalizándolas con cotizaciones para que sean sustituidas por nuevos empleos. Y promover un cambio legislativo y un acuerdo social, sobre el control horario, para convencer a las empresas que no pueden seguir obligando a hacer horas extras gratis y que no por muchas horas van a competir mejor. No olviden el dato: tenemos 1.800.000 empleos menos que la media de Europa: un 67% de adultos trabajando frente al 73,2% en la UE-28. Una parte es porque el modelo económico no da de sí más empleo. Pero otra parte es porque está mal repartido, porque algunos hacen horas de más. Hay que trabajar menos horas, con más eficiencia, para que trabaje más gente, como en Europa.