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lunes, 2 de marzo de 2026

La mitad del crecimiento, por los inmigrantes

El 1 de enero vivían en España 10 millones de personas nacidas en el extranjero, frente a 1,4 millones el año 2.000 y los 7 millones de 2020. Un aluvión de extranjeros que la derecha rechaza pero que han evitado el colapso del país, porque los nacidos en España caen desde 2012. Los nacidos fuera son ya el 21,35% de los trabajadores y eso ha aumentado cotizaciones, ingresos fiscales y el consumo: entre 2022 y 2025, casi la mitad (el 47%) del crecimiento español ha sido por los inmigrantes, que además usan menos la sanidad y otros servicios públicos. Y como la población autóctona seguirá cayendo, seguirán llegando extranjeros: serán el 35% de la población en 2050. Por eso, el Gobierno ha aprobado una regularización (residencia) para 500.000 inmigrantes que ya están aquí e intenta ordenar la entrada legal de inmigrantes (la inmigración ilegal cayó un 42% en 2025). Ahora, el reto es integrar a esta quinta parte de la población, por justicia y por economía. Los necesitamos.

                         Enrique Ortega

España era, el siglo pasado, un país de emigrantes: en 1970, 2,4 millones de españoles trabajaban en Europa y el resto del mundo, mientras aquí sólo vivían unos 250.000 extranjeros. Con el fuerte crecimiento de los años 90, volvieron los españoles y llegaron más extranjeros, hasta 1.472.458 habitantes nacidos fuera en el Censo del año 2.000 (el 3,63% de la población). A partir de ahí, los extranjeros han crecido mucho, en dos oleadas, según los datos del INE. La 1ª oleada de inmigrantes se produjo entre 2003 y 2009, año en que ya había 6.466.278 extranjeros en España (el 13,83% del Censo). Con la crisis financiera y europea, la cifra de inmigrantes se estancó, hasta 6.753.098 en 2019 (el 14,36% de la población). Y a partir de ahí, tras la pandemia y el posterior crecimiento, se produjo la 2ª oleada de inmigrantes, pasando de 7.231.195 habitantes nacidos fuera en 2020 (el 15,23%) a 10.004.581 extranjeros censados el 1 de enero de 2026 (el 20,18% de la población), según el INE.

Así que la población española nacida fuera se ha multiplicado por 6,8 veces en este siglo, pasando de ser 1 de cada 27 habitantes a 1 de cada 5. ¿Quiénes son? El 51% son mujeres y la mayoría jóvenes (dos tercios tienen entre 25 y 44 años), sobre todo de Marruecos (1,17 millones), aunque últimamente crecen más los latinoamericanos: 980.000 de Colombia, 690.000 de Venezuela, 470.000 de Ecuador, 450.000 de Argentina y 430.000 de Perú, además de los 520.000 rumanos. Y donde hay más población extranjera es en Baleares (el 27,7% en 2024, cuando la media nacional era el 18,65%), Cataluña (23,8% de los habitantes, frente al 10,6% en 2004) y Madrid (23,8% frente al 13,1% en 2004), Canarias (22,6%), Comunidad Valenciana (22,5% frente al 11,3% en 2004) y Murcia (19,5% frente al 11% en 2004). De estos 10 millones nacidos fuera de España, 3 millones tienen ya la nacionalidad española (doble nacionalidad).

La llegada de esta población “extranjera” ha evitado un colapso económico en España, porque han suplido la caída de la población española, que sucede desde 2012, porque hay menos nacimientos (por la baja natalidad: 1,10 niños por mujer, cuando hacen falta 2,1 para garantizar el reemplazo generacional) que muertes. Así, en 2011 se produjo el máximo de población nacida en España (40.512.654 habitantes), una cifra que cae después año tras año, hasta los 39.566.144 habitantes nacidos en España en el Censo de 2025: casi 1 millón menos de habitantes autóctonos (-946.510), por el desplome demográfico.

Precisamente, la llegada masiva de inmigrantes ha permitido cubrir con creces esta caída y conseguir que la población total de España crezca: de 47.190.493 habitantes en 2011 a 49.570.725 habitantes el 1 de enero de 2026, según el INE. Y eso ha permitido que España aumente su mano de obra disponible, la base del fuerte crecimiento tras la pandemia. Así, la población activa (personas que trabajan o buscan trabajo) ha aumentado en 1.781.600 personas en los últimos 6 años (2020-2025), pero de ellos, sólo 152.000 nuevos activos son nacidos en España: el 91,4% restante son nuevos activos nacidos fuera (1.628.700).

Esta mayor fuerza laboral ha permitido el fuerte crecimiento de la economía, mayor que en Europa, y la creación de 2.496.400 empleos en estos 6 años, el 40% de todos los empleos creados en Europa. Y dos terceras partes han sido para trabajadores nacidos fuera de España: 1.614.700 empleos han sido para extranjeros (1.106.600) y para foráneos con doble nacionalidad (508.000), mientras los nacidos en España consiguieron 881.700 nuevos empleos. La mayor parte de este nuevo empleo “extranjero” ha sido para jóvenes y personas de mediana edad, con poca formación, que trabajan en la hostelería, la construcción, el comercio, empleadas de hogar y en los cuidados, con contratos más precarios y menores sueldos que los trabajadores nacidos en España.

Tras estas ganancias de empleo, trabajan en España 22.463.300 personas (diciembre 2025), de los que 17.666.400 son empleados nacidos en España (el 78,6%) y 4.796.800 son trabajadores nacidos fuera de España (3.575.900 extranjeros y 1.220.900 con doble nacionalidad), el 21,3% de los ocupados (eran el 14,86% en 2008), según la EPA. Un colectivo de trabajadores “extranjeros” que sufre múltiples discriminaciones laborales, según un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones: “se concentran en profesiones con menor cualificación, peores condiciones, mayor temporalidad, mayor riesgo de accidente, jornadas de trabajo más largas y peor remuneradas”, dice textualmente.

Los datos lo corroboran. Por un lado, los salarios medios de los inmigrantes (1.846 euros brutos) son un 26,4% inferiores a la media salarial de los españoles (2.508 euros mensuales) y también menores a los salarios de los trabajadores con doble nacionalidad (2.040 euros brutos), según el decil de salarios del INE. Y otros estudios señalan que los inmigrantes ganan un 29% menos que los nativos, la mayor diferencia en Europa, debido a que tienen peores contratos y jornadas y a que trabajan en los sectores peor pagados. Y la situación es peor para las mujeres inmigrantes (el 51% de los extranjeros que llegan ahora), que sufren una doble penalización laboral: por ser mujer y por ser inmigrante. Además, los inmigrantes sufren más el paro: su tasa de desempleo es del 14,51%, frente al 9,01% los españoles.

Frente a la derecha y la extrema derecha, que culpan a los inmigrantes de quitar empleos a los españoles, la realidad es que la mayoría de los inmigrantes ocupan trabajos que los españoles no buscan o no quieren (o donde los empresarios “prefieren” contratar a inmigrantes para ahorrarse costes). Y la realidad no es sólo que los inmigrantes han permitido aumentar el empleo y mantener el crecimiento, sino que además han sido claves para aumentar los ingresos por cotizaciones sociales. Así, en diciembre de 2025 había 3.135.582 trabajadores extranjeros cotizando, el 14,9% del total de afiliados a la SS (eran el 10,9% en 2019) y casi 1 millón más cotizantes que en 2019.Un balón de oxígeno para la SS, porque cada inmigrante cotiza unos 4.000 euros anuales… Además, los inmigrantes pagan también impuestos (pocos el IRPF, pero todos el IVA y los demás impuestos y tasas). Y gastan, consumen.

Por todo ello, la llegada de estos 10 millones de extranjeros y esos 4,8 millones que trabajan y cotizan han sido un motor clave del crecimiento español estos años. Un reciente informe de Funcas (Cajas) aporta un dato revelador: entre 2022 y 2025, casi la mitad del crecimiento español (el 47%) fue gracias a la inmigración, que aportó el 4,26% del 8,9% que creció el PIB esos 4 años. Un dato que refleja muy bien los efectos positivos de la inmigración. Y añaden que también han sido decisivos para el “boom” del turismo y el despertar de la construcción, además de ayudar a frenar la inflación: el menor coste de esta mano de obra extranjera ha evitado una mayor subida de precios en España.

Y además de ser el principal motor del crecimiento español, los inmigrantes no han empeorado los servicios públicos, como revelan distintos informes. En sanidad, los inmigrantes utilizan menos las visitas al médico de cabecera, consultas y hospitalización, sólo algo más las urgencias (porque sufren más accidentes laborales), según un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones. Y otro estudio, de la Revista Clínica de Familia, señala que los extranjeros van menos al médico de familia (78,4% frente al 82,9% los españoles), al especialista (45% frente al 54,9%), a los hospitales (5% frente al 8,5%) y se vacunan menos (34,2% frente al 56%) y se hacen menos mamografías (66,4% frente al 82,8%), utilizando las urgencias como los españoles.

Sobre la educación, las familias inmigrantes concentran a sus hijos más en centros públicos, porque los privados y concertados les “filtran”, aunque no lo reconocen. Y suelen tener más problemas para integrarse en los centros, lo que provoca un mayor abandono escolar temprano, según el estudio de Migraciones: lo sufren un 31% de los alumnos inmigrantes frente a un 11% los españoles. Y los inmigrantes se matriculan más en FP básica, pero menos en FP de grado medio y superior, también en la Universidad. Además, los inmigrantes sufren más los problemas de vivienda, porque tienen menos pisos en propiedad y el 56% viven en alquiler. Y el 7,5% de los inmigrantes viven en la calle, sin un techo, según ese estudio. Además, los inmigrantes suponen el 17,52% de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital (son el 20% de la población) y el 28,89% de las rentas de inserción autonómicas.

En el futuro, la población nacida en España va a seguir cayendo (porque las mujeres españolas son madres más tarde y tienen menos niños), según las proyecciones del INE: los 39.566.144 habitantes actuales nacidos en España (79,82% del Censo) caerán a 39.013.557 habitantes en 2032, a 37.046.757 habitantes en 2052 (el 70,42%), a 35.134.659 habitantes en 2062 (66,56%) en 2062 y a 33.591.148 habitantes nacidos en España en 2072 (el 63,52% del total). O sea, que entre 2025 y 2072, los nacidos en España serán casi 6 millones menos… 

Así que necesitamos que sigan llegando inmigrantes para crecer y sostener las pensiones y los servicios públicos. La previsión del INE (hecha en 2022) es que los nacidos fuera de España aumenten desde los 10.004.581 censados de 2025 (20,18% de la población) a 11.725.081 censados en 2032, a 13.937.681 en 2042 y a 15.865.207 censados en  2052 (el 30% de la población entonces). Y que sigan aumentado hasta 17.658.512 habitantes de fuera en 2062 a 19.295.222 censados nacidos fuera de España en 2072 (el 36,5% de la población). Otra estimación, del estudio de Funcas, proyecta 18,5 millones de habitantes “extranjeros” en 2050 (el 35% de la población española dentro de 24 años).Y con estos inmigrantes, la población total de España no dejará de crecer, desde los 50 millones a finales de 2026 a 52,5 millones en 2050 y 52.886.370 habitantes para 2072.

En definitiva, que la población española sólo crecerá y mantendrá el crecimiento y el empleo si los inmigrantes siguen llegado, porque la población autóctona seguirá cayendo, un problema que tiene toda Europa. Por eso, las políticas contra los inmigrantes de la derecha y la extrema derecha no son solamente injustas: suponen un “suicidio económico”. Por eso, el Gobierno Sánchez está empeñado en mantener el flujo de inmigrantes, aunque ordenando su llegada y luchando contra la inmigración ilegal (con vigilancia y acuerdos con los paises emisores, como Marruecos, Mauritania y los paises del Sahel), medidas que están dando fruto: en 2025, la inmigración ilegal cayó un -42,6%, hasta los 36.775 inmigrantes, según Interior.

Como se ve, la mayor parte de los inmigrantes (+540.371 netos en 2025) no entran irregularmente (sólo el 6,8%), sino que llegan como viajeros o turistas y se quedan ilegalmente. En estos momentos, se estima que viven en España unos 800.000 inmigrantes irregulares, sin papeles. El Gobierno acaba de aprobar una regularización extraordinaria, para que puedan obtener la residencia los que acrediten que vivían aquí al menos 5 meses antes de diciembre de 2025 y carezcan de antecedentes penales, lo que podría beneficiar a 500.000 inmigrantes irregulares (la mayoría mujeres). Esta sería la 7ª regularización, tras las 3 de Felipe González en 1.986 (38.294 inmigrantes), 1.991-92 (114.423) y 1996 (21.294), las dos de Aznar, en 2000 (264.153) y 2001 (239.174) y la de Zapatero, en 2005 (576.506 inmigrantes). Para que se lleve a cabo, entre abril y junio, el Gobierno tiene que conseguir aprobarla en el Congreso, donde votarán en contra Vox y PP, con la duda de Junts.

La regularización pretendeponer al día” a medio millón de extranjeros irregulares que podrán conseguir una autorización de residencia por un año (y por 5 sus hijos), para incorporarse después a las figuras de integración que contempla la reforma del Reglamento de  Extranjería, aprobada en 2024 y en vigor desde mayo de 2025. Ahí se introdujeron cambios para ordenar y flexibilizar la llegada legal de inmigrantes: concesión de visados, autorizaciones de trabajo y residencia para actividades de temporada (campo), contratación en los paises de origen, ampliación de los supuestos de arraigo y reducción plazos (de 3 a 2 años), simplificación procesos reagrupación familiar y flexibilización de los permisos de trabajo, para favorecer la llegada legal de los inmigrantes que las empresas necesitan. Dos estudios, uno de la Fundación La Caixa y otro de la Universidad de Navarra coinciden en señalar que la anterior regularización (ZP en 2005) “no produjo un efecto llamada” y que sus efectos positivos sobre el empleo, los salarios y la recaudación superan a los posibles efectos negativos.

No basta con regularizar a los inmigrantes irregulares y canalizar mejor las llegadas. Los expertos insisten que urge integrar mejor a los 10 millones de habitantes nacidos fuera que ahora viven en España, porque sufren una discriminación laboral, salarial, de vivienda, educación y atención social. Y esta discriminación, además de injusta, tiene efectos económicos negativos, penaliza la productividad, el crecimiento y los servicios públicos de todos. De hecho, la discriminación global a los extranjeros está haciendo perder al país 17.000 millones de euros, según el informe del Observatorio español del racismo y la xenofobia. “Acoger al que viene de fuera no es solo un deber, sino un paso para garantizar el Estado del Bienestar”, señaló Pedro Sánchez en 2024, al anunciar un Plan para la integración de los inmigrantes, abierto a consulta pública en 2025 y pendiente de aprobación.

En resumen, los inmigrantes no nos invaden ni nos quitan trabajo o servicios públicos, sino que están sustituyendo a los españoles que no nacen y permiten que el país crezca y cree empleo y riqueza, cotizando a la Seguridad Social y pagando impuestos. Si ya son 1 de cada 5 habitantes y para 2050 serán 1 de cada 3, no queda más remedio que ordenar su llegada e integrarlos mejor, para que colaboren en la mejora del país. Los necesitamos, pero en condiciones de más igualdad con los demás españoles. Se lo han ganado.

lunes, 5 de febrero de 2024

Inmigrantes logran la mitad del empleo nuevo

 

De cada 10 nuevos empleos creados en 2023, sólo 4 han ido a españoles: los 6 restantes han sido para extranjeros (4,26) y residentes con doble nacionalidad (1,74). Lo mismo ha pasado con los 1.280.000 empleos creados en España desde 2019: sólo 465.700 (el 31,3%) han sido para nacidos en España. Los extranjeros están copando muchos nuevos empleos en sectores con trabajados duros y bajos sueldos, que no quieren muchos españoles: hostelería (40% afiliados SS son extranjeros), el campo (35%), la construcción, cuidados a mayores o inmobiliarias (25%) y empleadas de hogar (45% afiliadas son extranjeras). Con la caída de la población nacida en España, los inmigrantes crecen cada año y ya suponen el 14,2% de los ocupados, cuando eran el 1,3% en 1986. No deberíamos rechazarlos, porque están contribuyendo al mayor crecimiento y a salvar las cotizaciones (pensiones), la recaudación y el consumo. Pero hay que organizar su llegada, para frenar la inmigración ilegal, buscando la mano de obra formada que falta en muchos sectores.

                Enrique Ortega

La llegada de extranjeros ha cambiado visiblemente el mapa de la población española en este siglo. Baste un dato: si en 2002 había censados en España 1.737.972 extranjeros (el 4,32% de la población), en octubre de 2023 el censo recogía ya 6.373.463 residentes extranjeros (el 13,15%), casi 1 de cada 7 españoles, según el INE. La llegada de extranjeros se concentró en los años 90 del siglo pasado y sobre todo hasta 2008, con el “boom” del ladrillo y el turismo, para frenarse después con la crisis financiera (hubo inmigrantes que se fueron entre 2009 y 2014). Y los extranjeros han vuelto a España tras la pandemia, sobre todo en 2022 (+580.000 censados) y 2023 (+283.843 hasta octubre).

Lo más llamativo es que la población residente en España habría caído en esta década de no ser por la llegada de inmigrantes, ya que desde 2012 hay menos nacimientos que defunciones y los inmigrantes tienen el doble de tasa de natalidad y son más jóvenes que los españoles nacidos aquí (37 años de edad media frente a 45 años). Así, en 2023 superamos la cifra de 48 millones de españoles (48.446.594 habitantes censados el 1 de octubre), que son un millón largo más (+1.127.644 habitantes) de la población que teníamos antes de la pandemia (47.318.950 habitantes el 1 de enero de 2020).

 Pero ojo: en estos casi 4 años, la población nacida en España se ha reducido en -426.677 habitantes (de 40.303.297 a 39.876.640 censados). Y si hemos ganado población como país ha sido porque han aumentado los habitantes nacidos fuera, +1.555.201 censados más (de 7.014.763 habitantes nacidos en el extranjero en enero de 2020 a 8.569.954 ahora). Y con ello, los residentes en España nacidos fuera han pasado de ser el 5,69% de la población en 2002 al 17,68% en 2023. Y pronto serán 1 de cada 5 censados.

Este aluvión creciente de extranjeros, hacia España y hacia el resto de Europa, pelea cada día por conseguir un empleo. Y en los últimos años, después de la pandemia, copan una gran parte de los nuevos empleos que se han creado en España. El dato más llamativo es el de 2023, según la EPA recién publicada: de los 783.000 nuevos empleos creados, más de la mitad han sido para extranjeros (333.700, el 42,6% del total) y para personas con doble nacionalidad (+136.200, el 17,4% del total), destinándose sólo 313.100 de los nuevos empleos a españoles (el 40% del empleo creado). Un reparto similar también se dio en el empleo creado en 2022 (+279.000 empleos totales) y 2021 (+840.600 empleos tras la debacle de 2020, por la pandemia). Y, en consecuencia, de los 1.280.000 empleos netos creados en España respecto a antes de la pandemia (diciembre 2019), la mayoría han sido para trabajadores nacidos en el extranjero (553.000 empleos, el 43,2% del total) y los que tienen doble nacionalidad (261.300 empleos, el 20,4%), copando los españoles menos de un tercio del nuevo empleo creado estos 4 años (465.700, el 31,2%), según la EPA.

A finales de 2023, trabajaban en España 3.022.300 trabajadores extranjeros, el 14,13% del total de ocupados, 1 de cada 7 trabajadores con empleo (21.246.900 ocupados), según la EPA, además de 974.200 trabajadores con doble nacionalidad, frente a 17.250.400 trabajadores españoles. Tomando sólo los trabajadores extranjeros (esos 3 millones), hay más hombres (1.601.900) que mujeres (1.420.300, aunque son ellas las que han crecido más desde 2019). La mayoría de estos trabajadores extranjeros proceden de Latinoamérica (1.187.400 trabajadores, +440.000 que en 2019), seguidos de lejos por los trabajadores extranjeros de la UE (880.800, +71.700 que en 2019), los 241.300 trabajadores europeos de fuera de la UE (+44.400 que en 2019) y otros 712.000 trabajadores nacidos en el resto del mundo (+104.200 ocupados que en 2019).

La mayoría de estos 3 millones de trabajadores extranjeros llevan en España 7 años o más (1.970.300) y si les sumamos los que llevan de 4 a 6 años (otros 554.300), podemos concluir que dos de cada tres inmigrantes que trabajan en España llegaron antes de la pandemia. Y sólo 231.500 llevan trabajando aquí 1 año o menos, según la EPA. Los trabajadores extranjeros se concentran en Cataluña (689.900 a finales de 2023, el 18,3% de los trabajadores), Madrid (587.900, el 16,8% del total), Comunidad Valenciana (385.700, el 16,7%) y Andalucía (351.100 trabajadores extranjeros, el 18,3% del total), aunque su peso destaca más en Baleares (138.800 trabajadores extranjeros, pero suponen el 26,4% del empleo), también en Canarias (138.800 extranjeros, el 18,4%) y Murcia (104.800, el 15,3% de la mano de obra).

Para saber dónde trabajan los extranjeros hay que ir a los datos de afiliación a la Seguridad Social: 2.712.113 trabajadores extranjeros cotizaban a la SS en diciembre de 2023, menos de los 3.022.300 que reconocían estar trabajando según la EPA. Esa cifra de cotizantes extranjeros supera en +549.714 cotizantes a la de diciembre de 2019 (2.162.399 cotizantes extranjeros), lo que refleja un aumento del +25,42% en cuatro años, más del triple del aumento del conjunto de cotizantes a la SS desde 2019 (+1.422.751 cotizantes, +7,3%). A lo claro: los ingresos de la SS (y nuestras pensiones) se han salvado por los inmigrantes. Sólo en 2023, casi un 40% de los nuevos cotizantes fueron extranjeros (+211.436 de un aumento de +549.714 cotizantes), según Trabajo.

La mayoría de los cotizantes extranjeros (2.668.766 afiliados medios en 2023) son hombres (1.495.935), aunque han crecido más las cotizantes mujeres (son 1.172.806). Y destacan los trabajadores extranjeros de mediana edad (1.464.971 cotizantes tienen entre 35 y 54 años), aunque crecen los más jóvenes (900.310 trabajadores extranjeros tienen menos de 35 años), según Trabajo. Los paises de origen son básicamente Latinoamérica (1,1 millones) y Europa (853.188 extranjeros proceden de la UE), destacando por nacionalidades los trabajadores rumanos (328.545 cotizantes) y marroquíes (319.433), a los que siguen de lejos italianos (174.664), colombianos (174,583), venezolanos (148.324), chinos (115.952), peruanos (70.708), ecuatorianos (69.815) y ucranianos (65.694).

La mayoría de los trabajadores extranjeros cotizan en el régimen general de la SS (1.834.654), pero hay un número muy importante cotizando en el régimen especial agrario (229.420 cotizantes, 97.205 de Marruecos y 40.260 de Rumanía), como empleadas de hogar (168,773 cotizantes, 23.073 rumanas, 14.139 colombianas, 21.423 hondureñas, 12.431 paraguayas, 3.987 ecuatorianas y 2089 dominicanas) y como trabajadores del mar (4.022  cotizantes, 867 senegaleses, 712 indonesios y 508 marroquíes), además de 428.989 que cotizan como autónomos no del campo (63.967 chinos, 46.772 rumanos, 38.330 italianos, 27.004 marroquíes, 26.005 británicos y 18.711 venezolanos).

Los trabajadores extranjeros se concentran en unos pocos sectores: la hostelería (ahí trabajan el 20,5% del total de inmigrantes), el comercio (otro 16,8%) y la construcción (11,2% del total) aglutinan casi la mitad de los extranjeros que trabajan en España), siendo muy baja su presencia en la industria (8,1% de todos los inmigrantes), el transporte (6,3% de ellos), las actividades profesionales (5% del total de extranjeros) y la educación (5%) y la sanidad (5%).  Esto ha llevado a que los inmigrantes tengan un gran peso en algunos sectores: son casi el 40% de los trabajadores de la hostelería, el 35% de los trabajadores del campo y la pesca, el 30% en la construcción, un 25% en servicios (como los cuidados a mayores), otro 25% en inmobiliarias. Y un 45% de las empleadas del hogar.

¿Por qué los extranjeros consiguen más empleos? Muchos expertos coinciden en que buscan trabajo en sectores y empleos más duros, con peores condiciones de trabajo y bajos sueldos, que no quieren los españoles, como el campo, la hostelería, las empleadas del hogar, los cuidados a mayores y las residencias, el comercio y el transporte y la logística. Trabajos con horarios muy amplios, contratos precarios y unos sueldos menores, como en la hostelería (los más bajos: 14.632 euros brutos, frente a 25.896 de media) y el comercio. De hecho, los inmigrantes ganan de media un 36% menos que los trabajadores españoles (especialmente las mujeres), según la Agencia Tributaria. Y para los que insisten en que “los inmigrantes nos roban trabajo”, es falso: 4 de cada 10 se incorporan a ocupaciones elementales y mal remuneradas, con un salario medio que es un 56% del que reciben los españoles, según un informe del Defensor del Pueblo.

Además, el trabajo de los inmigrantes aporta diversas ayudas claves a la economía española. Por un lado, es uno de los motores del fuerte crecimiento en los últimos años, tras la pandemia, al proporcionar una mano de obra abundante (y barata) a sectores que han sido claves, como el turismo, el comercio, el campo, la construcción y muchos servicios. Eso ha permitido mejorar los ingresos por cotizaciones de la SS y asegurar las pensiones, aumentando la recaudación de impuestos. Y su gasto ha mantenido el consumo y la actividad, tirando del empleo. Para los que piensan que también los emigrantes se llevan una gran parte de los gastos sociales, desde la sanidad a la educación o las ayudas públicas, muchos estudios revelan que aportan más de lo que reciben.

Pero la principal aportación de los inmigrantes es que están salvando la demografía, al compensar con su llegada (y sus hijos) la caída de la población española, lo que permite contar con la mano de obra y los ingresos y cotizaciones que necesitamos. Y los inmigrantes “nos van a salvar aún más en el futuro”, según las preocupantes proyecciones de población del INE. Así, los nacidos en España van a caer de 40.229.931 personas en 2020 a 37.108.939 españoles en 2050 y a 33.794.071 en 2070. Una caída de “españoles” de -6,5 millones sobre 2020, que el INE espera que se compense con los inmigrantes: su previsión es que los extranjeros residentes pasen de 7.471.460 en 2020 a 12.801.174 en 2050 (+5,8 millones) y 16.795.740 extranjeros censados en 2070 (+9,8 millones).

Con este “panorama demográfico”, España (y Europa) necesitarán a los inmigrantes en las próximas décadas para mantener sus economías. Lo ha dicho claramente la ONU: Europa necesita abrir sus puertas a 60,8 millones de trabajadores extranjeros para 2050. Y en el caso de España, necesitamos 7 millones de inmigrantes más entre 2020 y 2050 (más de los 5,8 millones que espera el INE), según el Centro de Desarrollo Global de Washington. De hecho, el problema de falta de trabajadores se está dando ya en varios sectores, tras la pandemia, según alertan los empresarios del turismo y la hostelería, el campo o la construcción, el transporte y la logística (sectores con muchos inmigrantes), así como en el sector tecnológico y digital más las energías alternativas.

Cara al futuro, hay que “canalizar” la llegada de trabajadores extranjeros, organizando y planificando sus llegadas de forma legal y ordenada. Es lo que intentó hacer el Gobierno Sánchez en julio de 2022, al reformar el Reglamento de Extranjería, para facilitar la contratación de inmigrantes en sus paises de origen y a la vez regularizar parte de los inmigrantes irregulares que ya están en España (más de 500.000), facilitando su formación en los empleos donde falta mano de obra. Así, en 2022 se concedieron 16.100 permisos de trabajo en origen para extranjeros (hasta 9 meses al año, que se renuevan si vuelven a sus paises de origen). En 2023, el ministro Escrivá pretendió avanzar por este doble camino, apoyado por los empresarios: contratar temporalmente fuera y formar a los inmigrantes que ya están dentro. Pero chocó con la oposición de la ministra de Trabajo y los sindicatos y no se aprobó ninguna reforma por la anticipación electoral. Ahora, su sucesora, la ministra Elma Saiz ha anunciado una reforma de la contratación de extranjeros, en el primer trimestre de 2024, para “simplificar trámites y mejorar la protección de los inmigrantes”.

Mientras la reforma llega, hay un gran debate que no se afronta, ni en España ni en Europa: como planificamos la incorporación futura de inmigrantes, qué tipo de empleos necesitamos cubrir y cómo los buscamos de forma ordenada y legal. Hace falta un Pacto político sobre inmigración, que hurte el tema a la extrema derecha y nos ayude a preparar el futuro económico y social, para el que necesitamos a los inmigrantes, que ya han sido claves estos años: el 30% de todo lo que ha crecido España en los últimos 20 años ha sido gracias a los inmigrantes, según este informe del Defensor del Pueblo. Los inmigrantes no nos “roban” el trabajo, nos ayudan a construir el presente y el futuro.